Cuanto más nos engolfamos en la inmensidad de la bondad divina, tanto más vamos adquiriendo conocimiento de nosotros mismos. Comienzan a abrirse las fuentes de la gracia y a abrirse las flores magníficas de las virtudes. La primera, la mayor, es el amor de Dios y del prójimo. Cómo puede encenderse ese amor sino en la llama de la humildad? Porque sólo el alma que ve su propia nada se enciende de amor total y se transforma en Dios. Y transformada en Dios por amor, cómo podría dejar de amar a toda criatura por igual? La transformación de amor hace amar a toda criatura con el amor con que Dios creador ama a todo lo por él creado. Y es que hace ver en toda criatura la medida desmesurada del amor de Dios.
Transformarse en Dios quiere decir amar lo que Dios ama. Quiere decir alegrarse y gozarse de los bienes del prójimo. Quiere decir sufrir y contristarse por sus males.
Y como el alma abierta a estos sentimientos está abierta al bien y sólo al bien, no se enorgullece al ver las culpas de los hombres, ni juzga, ni desprecia. Estos sentimientos le impiden el orgullo que nos lleva a juzgar. Y le lleva a ver no sólo los males morales de su prójimo sufriéndolos y haciéndolos suyos, sino también los males corporales que afligen a la humanidad, y por el amor que la transforma totalmente, los reputa como males propios.
Comentarios desactivados en “Me odian por ser lesbiana, pero Dios me ama”: la iglesia keniana que abre sus puertas a personas LGTBIQ+
Retrato de Jacinta Nzilani, quien afirma que, por declararse lesbiana, ha sufrido todo tipo de humillaciones y abusos, el 20 de julio de 2025 en la iglesia Cosmopolitan Affirming Church (CAC) de Nairobi, Kenia. JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ
En Kenia, un país donde la homosexualidad sigue castigada por ley y el estigma y el rechazo amenazan la vida cotidiana, un templo ofrece a las personas ‘queer’ un espacio para rezar, resistir y sentirse aceptados
En un momento del culto, Jacinta Nzilani, una mujer de 60 años, la persona más mayor de cuantas se han congregado hoy, se levanta y pide el micrófono. La mayoría de los presentes (los más veteranos ataviados con elegantes trajes de domingo, los jóvenes con ropa ancha y deportiva), la observan expectantes. “Yo vengo de un pueblo, que está en una zona rural muy remota, en donde ni siquiera tenemos agua. ¡Oh, creedme! ¡Allí la gente me odia! ¿Sabéis por qué? Porque soy lesbiana. Esa es la única razón que tienen. Yo sé lo que es pasar por eso. Pero, aun así, sé que Dios me ama”, comienza. La gente aplaude, se emociona y vuelve a guardar silencio para que Nzilani siga hablando: “Sé que vamos a encarar muchos problemas, tantos que ni siquiera puedo decirlos. Pero vamos a ser fuertes, vamos a amarnos. Por eso estamos aquí, para celebrar el amor de Dios”.
En realidad, una de las cosas que convierten en especial la historia de Nzilani es precisamente que quiera contarla en público. Lo hace gracias a la Cosmopolitan Affirming Church (CAC), una iglesia keniana que se inspira en las tradiciones religiosas cristianas y que da la bienvenida abiertamente a las personas LGTBIQ+. No es algo sencillo en un lugar como Kenia, una nación donde el código penal castiga “el sexo contra el orden natural” con penas de hasta 14 años de prisión” . Aunque lo cierto es que en la práctica no suele aplicarse esta ley, personas como Jacinta Nzilani sufren discriminación y violencia a menudo. “Yo estuve casada con un hombre. No me declaré lesbiana abiertamente hasta los 45 años. Desde entonces me han escupido, me han agredido sexualmente para saber qué me pasaba… He pasado muchas cosas horribles”, cuenta.
Queríamos un lugar para ser nosotros mismos y conectar con Dios, pero la seguridad es un problema. Este es el décimo espacio que utilizamos. Estamos aquí desde el 2021
Caroline Omolo, cofundadora de CAC y pastora de la iglesia
“Queríamos un lugar para ser nosotros mismos y conectar con Dios, pero la seguridad es un problema. Este es el décimo espacio que utilizamos. Estamos aquí desde el 2021”, explica Caroline Omolo, una mujer de 49 años que fue cofundadora de CAC en 2013 y que actualmente es una de las pastoras de la iglesia. Habla sentada en una silla de la oficina de la asociación, que se encuentra situada en la tercera planta de un edificio de Nairobi, la capital del país. Es una sala contigua a la habitación donde se realizan los cultos todos los domingos. Encima de su cabeza, una pantalla recoge las imágenes de la decena de cámaras de vigilancia que custodian la sede. “La iglesia, en total, tiene 780 miembros. Al culto de cada domingo acuden de 70 a 150 personas, dependiendo del día. Aquí viene gente de diferentes contextos y ambientes”, cuenta.
La pastora Caroline Omolo dirige unas palabras a los feligreses congregados en la sede de la CAC, en Nairobi, Kenia, el 20 de julio de 2025. JOSÉ IGNACIO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ
Omolo habla de las dificultades afrontadas durante todos estos años. Desde el complicado comienzo, en el que ni siquiera disponían de un lugar de reunión, “nos juntábamos en una casa particular hasta que una organización de trabajadoras sexuales nos prestó su sede”, hasta las historias de discriminación y también los casos que suponen ventanas abiertas a la esperanza. Uno de los últimos sucedió en febrero de 2023, cuando la Corte Suprema keniana, en una votación de 3 a 2, ratificó la inconstitucionalidad de rechazar la inscripción de una asociación LGTBIQ+ basándose únicamente en la orientación sexual de los solicitantes. Esta decisión confirmó, por lo tanto, que el derecho a formar asociaciones (recogido en el artículo 36 de la Constitución aprobada en 2010), se aplica a todas las personas del país sin excepción. “Desde entonces, ha habido un aumento de registro de organizaciones con las siglas LGTBIQ+”, confirma Caroline Omolo.
Temor y desconfianza
Pero, si bien hay motivos para la esperanza, también los hay para la desconfianza o el temor. Solo unas semanas después de la decisión de la Corte Suprema, un parlamentario presentó la llamada Family Protection Bill, un proyecto de ley que buscaba penalizar la promoción y financiación de toda actividad LGTBIQ+, prohibía explícitamente la homosexualidad y las uniones del mismo sexo e incluso hablar con pronombres distintos al sexo asignado al nacer. En su articulado recogía, además, la pena de muerte para casos de “homosexualidad agravada” (relación con menor o persona vulnerable, o la transmisión de una enfermedad mortal) y establecía condenas de siete años de prisión para quienes faciliten espacios para realizar “actividades homosexuales”. El texto, que fue ampliamente divulgado, no se ha convertido en ley ni se ha debatido formalmente en Parlamento, aunque activistas LGTBIQ+ han denunciado que ha generado estigma, acoso y violencia.
Kevin (nombre ficticio), un joven de 22 años que vive en Nairobi, lleva dos años acudiendo a las reuniones religiosas de la CAC. “Un amigo me habló de este lugar. Vine por curiosidad y, como me gustó, decidí quedarme. Ahora intento no faltar ni un domingo”, explica. Kevin afirma también que aquí puede ser él mismo sin renunciar a su fe, algo que no sucede ni en su casa ni con sus familiares más cercanos. “No, mi madre no sabe que soy gay. No sé si se lo diré más adelante. A lo mejor tengo que vivir toda la vida así, ocultando mi orientación sexual. La verdad es que no he pensado qué voy a hacer en un futuro”, dice. A su lado, John (nombre ficticio), de 23 años, ha venido con las uñas pintadas y habla de la importancia del boca a boca para que fructifiquen lugares como este: “Es la primera vez que vengo, pero me he sentido bien, seguro. Creo que volveré”, afirma.
Algunas veces, he ido a entrevistas y solo me preguntan por mi sexualidad. Les digo: creo que te interesan mis habilidades, no con la persona que duermo.
Godfrey Adera, pastor de la iglesia keniana
Godfrey Adera (Linkedin)
Godfrey Adera, de 32 años, es otro de los pastores de esta iglesia. Durante su sermón, pronuncia frases como: “¿Por qué se suicidan más hombres gais? Por la presión social, porque nos han enseñado que los hombres no lloran. Nos dicen: sé un hombre, sé fuerte. Pero, ¿y qué pasa si quiero llorar toda la noche? Pues no pasa nada. Nada. No os preocupéis por la opinión que la gente tiene de vosotros. Eso no lleva a ningún lado. Dios nos ama tal y como somos”. Después, cuando concluye el culto, explica a este periódico: “Yo no puedo conseguir un buen trabajo en Kenia. Y no es precisamente porque me falte formación, sino porque la gente me señala como gay. Algunas veces, he ido a entrevistas y solo me preguntan por mi sexualidad. Les digo: creo que te interesan mis habilidades, no con la persona con la que duermo”.
Aunque en los últimos años han proliferado este tipo de espacios en más lugares de África, no suele ser lo habitual. Tanto es así que Adera descubrió la existencia de una iglesia en su país que acoge y cuida a las personas LGTBIQ+ cuando estaba cursando un Máster en Teología en Corea del Sur. Él lo recuerda así: “En una clase, el profesor mencionó esta asociación. Yo nunca había oído hablar de ella, y eso que era el único keniano de todo el grupo. Volví al hotel, la busqué en internet y les escribí para presentarme”. De regreso a Kenia, comenzó a colaborar activamente en las actividades de la CAC y a luchar desde aquí por los derechos LGTBIQ+ en un contexto en el que a menudo resulta una labor complicada. “En ocasiones, los miembros de otras congregaciones religiosas no me respetan. Hay quien ha visto mis publicaciones en redes sociales, o ha leído los artículos que escribo, y me dice: estás hablando de cosas de las que no tendrías que hablar”, cuenta.
Tanto Godfrey Adera como Caroline Omolo son conscientes de que, en ocasiones, grupos ultraconservadores occidentales empujan para que proyectos de ley tan represivos como el mencionado, o como los que ya se han aprobado en países como Uganda, sean una realidad en el continente. Pero aseguran que ellos seguirán luchando desde la fe para lograr espacios seguros e inclusivos. “La religión va de bienestar, de amarse. Es un error usarla para hacer daño, para criminalizar a gente que de ninguna manera es criminal”, finaliza Adera. Por su parte, Omolo reconoce el conflicto, pero mira al futuro con esperanza: “Si este proyecto de ley es aprobado, nuestras vidas van a estar en peligro. Pero si todo sigue un camino normal, el riesgo será mínimo. Yo miro a un futurodonde pueda registrarme con mi pareja [en el registro civil] sin mirar por la seguridad, donde pueda organizar este tipo de eventos sin preocupación”.
Cuando gustamos desde dentro la misericordia de Dios, cuando experimentamos interiormente la suavidad del amor de Dios, algo pasa dentro de nosotros. Se disuelven hasta las peñas. Nos convertimos en criaturas que penetran de tal modo los misterios del Señor y de una comunión fraterna tal que se puede comprobar cuan verdadera es la bienaventuranza del Señor, que nos dice: «Dichosos los misericordiosos». Cuando la misericordia es solamente fruto del cansancio, no digo que no tenga valor, pero manifiesta que todavía no me identifico con la misericordia que practico. Se reduce a un instrumento operativo, a un método de comportamiento. Pero cuando la misericordia recobra esa dimensión con la que me identifico, entonces soy dichoso. Entonces vivo el gozo de practicar la misericordia.
Y ésta es la razón por la que Dios es dichoso en su misericordia: no cansa ser misericordioso, depende de la perfección de su amor, de la plenitud de su amor. Estoy llamado a configurarme con mi Señor de tal modo que mi vida sea un testimonio de la misericordia divina en la vida de los hermanos. Quizás hemos encontrado en nuestra vida personas que son de verdad signo de la misericordia de Dios. Hay personas que defienden siempre a todos, a todos juzgan buenos. He conocido varias en mi vida, y las recuerdo con gran gozo. Por ejemplo, un hermano. Aunque le pincharas para hacerle decir algo carente de misericordia, perderías el tiempo.
Cuando una persona se identifica con la misericordia del Señor, todo es posible, y se es capaz de verdadera comunión con los otros. A primera vista parece que tiene que ser uno al que todo le resbala: no acusa a nadie, ni agravia a nadie, se deja coger todas las cosas por cualquiera. Pero los demás no pueden negarle nada. Tiene tal fascinación, que uno se convierte en una presencia incisiva en su vida. La serenidad interior de estas criaturas es admirable. Y la confianza en la bondad del Señor es absoluta en su vida espiritual.
Nosotros estamos llamados a identificarnos con el misterio de la misericordia del Señor, a vivirla con total serenidad, a ser en el mundo su continuación y sacramento.
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A. Ballestrero, Las Bienaventuranzas,
1986, 132-134, passim
Comentarios desactivados en Bernardo de Claraval: Amo porque amo, amo por amar.
Celebramos hoy la fiesta de San Bernardo, místico del camino hacia la unión espiritual con Dios, cantor del amor esponsal… Traemos uno de los textos del Oficio de Lectura preparados para hoy… Excelente meditación.
Amo porque amo, amo por amar
El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la creatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.
El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la creatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la creatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.
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De los Sermones de san Bernardo, abad, sobre el Cantar de los Cantares
(Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense, 2 [1958], 300-302)
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San Bernardo de Claraval Museo de Dijon – Dijon, Francia
Bernardo, primer abad de Clairvaux (Claraval) y doctor de la Iglesia, nació el año 1090 en el seno de una familia noble de Borgoña. Inflamado por el Espíritu y enardecedor de almas desde su juventud, entró a los 20 años en el monasterio de Cíteaux, conquistando para el ideal monástico a muchos jóvenes nobles.
Tras ser nombrando en 1115 abad de Claraval, convirtió muy pronto su monasterio en un cenáculo de vida espiritual y en un auditorio del Espíritu Santo. Fue llamado por príncipes, obispos y papas, refutó herejías, defendió los derechos de la Iglesia y al papa legítimo. Como doctor de la unión mística con el Verbo y cantor sublime de la Virgen María, es autor de numerosos tratados, cartas y sermones. Murió en 1 153, llorado en Claraval por más de 700 monjes y siendo padre de más de 160 monasterios.
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El fin del hombre es el reconocimiento de la verdad, que es Dios, lo que implica el conocimiento de la relación del hombre con Dios, que es una relación de indigencia. Como el obstáculo es el orgullo, el remedio es la humildad; la condición es la gracia, el encuentro con Dios en Cristo. El resultado es la estima del hombre por su dignidad recuperada de imagen de Dios: mientras que la ignorancia de sí y el orgullo disminuyen el valor del hombre, la humildad, reconocimiento de la necesidad de Dios, pero también de la capacidad de Dios que hay en el hombre, revela a éste lo que él mismo es. De este modo, «sale» de él mismo y se eleva, crece, «se extiende» a nuevas dimensiones, las del amor a Dios y al prójimo. El ser humilde se vuelve manso, misericordioso. Así, la fe vivida y, por así decirlo, transformada en humildad, en caridad, hace, según los modos de hablar de nuestro tiempo, salir al «mí mismo» del «yo»: despierta al yo a la libertad del «mí mismo», le hace convertirse en persona en presencia de Dios, en comunión de solidaridad con todos.
En Bernardo está siempre presente este mensaje de gloria, condicionado por su mensaje de humildad, este realismo extremo en la consideración de la miseria del hombre, y esta confianza indefectible en la gloria que está ya en él y no espera más que manifestar sus efectos. La función de la expresión literaria será hacer ver un poco de esta luz oculta que percibe la mirada de la fe. En Bernardo, como también en otros grandes espirituales que fueron escritores, la intensidad de la experiencia explica el carácter ferviente, apasionado de la expresión y, por consiguiente, la parte de exageración que ésta pueda tener: tanto si evoca las profundidades de nuestra bajeza o la sublimidad de las visitas del Verbo, parece ir a veces demasiado lejos, rebasar los límites de lo razonable y, en todo caso, de lo normal y de lo habitual. A decir verdad, se limita simplemente a revelar, a propósito de él mismo, lo que puede ser el caso de todos.
Sus escritos manifiestan un pensamiento a la vez contemplativo y tan comprometido como es posible. Cada uno de ellos empezó siendo un acto bien preciso, pero en cada uno de ellos alcanza Bernardo lo universal. Cuanto más lúcido es un ser sobre sí mismo, más ilumina a los otros sobre ellos mismos.
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J. Leclercq, Bernardo de Claraval,
Edicep, Valencia 1991, pp. 212-213.
Comentarios desactivados en San Bernardo de Claraval y San Malaquías: «el doctor melifluo» y el arzobispo a quien amaba
Cristo Abrazando a San Bernardo de Claraval
– obra de Francisco Ribalta
Amado corazón de mi corazón, llévate hacia ti mis afectos, esto es lo que más quiero.*
– Bernardo de Claraval –
Bernardo de Claraval, quien escribiera poesía homoerótica sobre Jesús, era un abad francés medieval que mantenía una amistad apasionada con una persona de su mismo sexo: el arzobispo irlandés Malaquías de Armagh.Bernardo es más conocido tanto por haber fundado 70 monasterios por toda Europa como por sus escritos místicos.Su fiesta es el 20 de agosto.
Su primer amor era Jesús, pero inundó a Malaquías con besos durante su vida.Después que Malaquías murió en sus brazos, se intercambiaron la ropa.Malaquías fue enterrado con el hábito de Bernardo.Bernardo se puso el hábito de Malaquías para dirigir el funeral y lo vistió hasta su muerte cinco años más tarde.Bernardo fue enterrado al lado de Malaquías, aún vistiendo el hábito de Malaquías.Malaquías (1094-1148) se convirtió en el primer santo nacido en Irlanda en ser canonizado.
Bernardo (1090-1153) fue consejero de cinco Papas y un reformador monástico que construyó la orden cisterciense de monjes y monjas.Se le conoce como el último de los Padres de la Iglesia. El más famoso dicho que se le atribuye es: «El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.»
Bernardo era un hombre de su tiempo, quien se dedicaba a las prácticas ascéticas rigurosas y que apoyaba las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana sobre el celibato.La gente de hoy podría decir que tenía una orientación «homosexual» al tiempo que se abstenía de tener contacto sexual.Los místicos y místicas medievales crearon formas alternativas de la sexualidad que desafían incluso las categorías actuales, pero que podrían ser englobadas bajo el término «queer». Estas personas místicas dirigían su sexualidad hacia Dios y experimentaban el amor de Dios a través de la amistad apasionada con otro ser humano.
Fue mentor de Aelredo de Rievaulx, el santo patrón de la amistad y también, según algunos, gay.Aelred viajaba de Inglaterra a Francia todos los años para visitar Claraval, donde Bernardo era abad.Según se informa, escribió su libro “The Mirror of Charity” («El espejo de la caridad») a petición de Bernardo.
Tanto monasterios como conventos proporcionaban una estructura social fuera del matrimonio, que atraía a muchas personas que hoy en día se definirían como LGBTI o queer.Los monjes y las monjas medievales que vivían en las comunidades del mismo sexo bajo un voto de celibato desarrollaron formas alternativas de vida y amor entre personas del mismo sexo.
El estricto ascetismo de Bernardo se equilibraba con dulces visiones eróticas, lo que le valió el título de Doctor Mellifluus (“El Doctor Melifluo”, ”boca de miel”). Bernardo optó por utilizar el Cantar de los Cantares, el libro más erótico de la Biblia, como vehículo importante para sus enseñanzas.Comenzó sus «Sermones sobre el Cantar de los Cantares» en 1135 y había completado 86 sermones cuando murió casi 20 años más tarde, aunque la serie de sermones todavía no había sido terminada.
«Jesús, para mí, es la miel en la boca, la música en el oído, una canción en el corazón», escribió en su decimoquinto sermón sobre el Cantar de los Cantares.
Sus obras menos conocidas incluyen Vida de San Malaquías de Armagh, que es su idealizado tributo al hombre a quien amaba, y «Salve Mundi Salutare» (citado a continuación), un poema de amor a Jesús, cuyo homoerotismo original ha sido suprimido en muchas traducciones contemporáneas.Este poema se convirtió en la base para el popular himno inglés “O Sacred Head, Now Wounded.”(«Oh cabeza sagrada, ahora herida.«)
Bernardo fue por desgracia asociado a la Segunda Cruzada, aunque habló en contra del maltrato de los cristianos hacia los judíos y apoyó a otra mística queer, Hildegard de Bingen,, en sus esfuerzos para lograr que sus visiones fueran publicadas.
Bernardo nació en una familia noble en en año 1090 en las afueras de Dijon, en la Borgoña francesa.Según la leyenda, su madre tuvo un sueño durante el embarazo en el cual un cachorro blanco ladraba en su vientre.Esto fue interpretado en el sentido de que daría a luz a un guardián de Dios.La imagen del perro blanco se convirtió en uno de los atributos de Bernardo, un símbolo utilizado en las imágenes del santo.
Malaquías de Armagh, izquierda, y Bernardo de Clairvaux
por Rowan Lewgalon
Bernardo y un perro blanco, ambos con ojos azules, aparecen juntos en este llamativo retrato contemporáneo creado por la pintora Rowan Lewgalon, quien es una artista espiritual que reside en Alemania donde ejerce el sacerdocio como clériga en la Iglesia Católica Apostólica Antigua.
Cuando Bernardo tenía 19 años, su madre murió y él decidió unirse a una pequeña comunidad religiosa de monjes que acababa de ser creada en la zona.Estos monjes fueron llamados «los cistercienses», y su objetivo era la reforma monástica como un retorno a las normas más austeras de San Benito. Al cabo de tres años Bernardo fue enviado a fundar un monasterio cercano en un lugar cuyo nombre pasó a formar parte de su propia identidad: Claraval (Clairvaux en francés).
Unos 25 años más tarde conoció a Bernardo Malaquías, cuyo nombre irlandés era Maelmhaedhoc O’Morgair. Malaquias era primado de toda Irlanda cuando visitó por primera vez el convento de Claraval alrededor del año 1139.Bernardo tenía cerca de 50 años de edad y Malaquías era cuatro años menor.Pronto ambos se convirtieron en devotos y apasionados amigos.Malaquías incluso le pidió al Papa permiso para convertirse en monje cisterciense, pero el Papa se negó a concederle este permiso.
Malaquías viajó para ver a Bernardo por segunda vez en en año 1142.Estaban tan cerca que Bernardo literalmente lo cubrió de besos en una escena que fue descripta así por el sacerdote ortodoxo Richard Cleaver en su libro Know My Name: A Gay Liberation Theology (Conoce mi nombre: Una Teología de la Liberación Gay) (1995): «el relato de Bernardo es una lectura profundamente romántica para una persona gay moderna; ‘Oscula rui‘ dice Bernardo del reencuentro: ‘corrí a besarlo‘.»
Su relación había durado casi una década cuando Malaquías se reunió con Bernardo por tercera y última vez.Malaquías cayó enfermo cuando llegó a Claraval en el año 1148 y murió en los brazos de Bernardo en el Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre.Cleaver una vez más nos cuenta los detalles basados en los relatos de Geoffrey, el secretario y compañero de viaje de Bernardo:
“Geoffrey de Auxerre nos dice lo que pasó después.Bernardo se puso el hábito tomado del cuerpo de Malaquías ya que estaba siendo preparado para el entierro en Claraval, y lo usó para celebrar la misa de cuerpo presente. Eligió para cantar no una misa de réquiem sino la misa de un obispo confesor: una canonización personal y, de paso, un ejemplo del uso de la liturgia para hacer teología.El mismo Bernardo fue más tarde enterrado junto a Malaquías, en el hábito de Malaquías. Tanto para Bernardo como para nosotros hoy en día, este tipo de amor apasionado por otro ser humano era un canal indispensable para experimentar el amor De Dios”.
Después de la muerte de Malaquías, Bernardo vivió otros cinco años. Las esculturas y pinturas estaban prohíbidas en el monasterio Claraval durante su vida, sin embargo a finales del siglo XV el retablo en la abadía de Claraval exhibía una pintura del bautismo de Jesús y a Bernardo y Malaquías conjuntamente como testigos.
Bernardo murió el 20 de agosto de 1153 a los 63 años.Fue enterrado en la abadía de Claraval junto a Malaquías, vistiendo el hábito de Malaquías.Había vivido durante 40 años en comunidad con otros hombres cuyas relaciones amorosas los llevaron más cerca de Dios.
Bernardo y Malaquías en el retablo de Le Cellier
Bernardo y Malaquías reúnen a otros alrededor del trono de la Virgen y el niño en el Retablo de Le Cellier de 1509 de Jean Bellegambe.Bernard está a la izquierda mientras Malachy está a la derecha.Procede de una capilla de la abadía cisterciense de Clairvaux,
En el libro “Queerly Lutheran” de Megan Rohrer se ofrece una posdata intrigante: “Después de la muerte de Bernardo, muchos franceses creyeron que si pasaban bajo el arco iris de San Bernardo, sufrirían una metamorfosis de género”.
Una oración escrita por Geoffrey, el secretario de Bernardo muestra cómo la comunidad en Claraval entiende y celebra el amor entre Bernardo y Malaquías.Da las gracias a Dios por estas «dos estrellas de brillo tan sublime» y «tesoro doble.»
Como monje, Bernardo, naturalmente, dirigió gran parte de su energía erótica hacia Jesucristo.Esta actitud está muy bien expresada en su poema «Salve Salutare Mundi» (Salvador del mundo, te saludo).Escribió siete secciones, cada una dirigida a diferentes partes del cuerpo crucificado de Jesús: los pies, las rodillas, las manos, los laterales, el pecho, la cara y, finalmente, el corazón.
El poema se atribuye tradicionalmente a Bernardo de Claraval, aunque algunos eruditos modernos creen que pudo haber sido escrito por otro abad cisterciense, Arnulfo de Lovaina. También es conocido como “Oratio rhythmica ad singula membra Christi un cruce pendentis” (oración rítmica a los sagrados miembros de Jesús colgado en la cruz), o simplemente como Oratio Rhythmica.
El poema original, en todo su esplendor erótico, generalmente no se incluye en los libros que recogen los «escritos esenciales» de Bernardo. Sigue existiendo en algunas ediciones antiguas, las cuales son difíciles de encontrar. Las versiones y traducciones modernas están editadas de modo que eliminan gran parte del homoerotismo y, a veces incluso agregan referencias heterosexuales que están ausentes en el escrito original en latín.El original también está benditamente libre de términos eclesiales tales como «Señor«, y habla sólo del amor entre «tú»y «yo».
Como se ha dicho anteriormente, ese poema es la base de obras musicales muy importantes tales como el himno “O Sacred Head, Now Wounded” («O sagrada cabeza, ahora herida«) y el oratorio barroco “Membra Jesu Nostri”» (traducido generalmente como «Los miembros de nuestro Señor Jesús «), escrito por el compositor barroco danés Dieterich Buxtehude en 1680, más de 500 años después de la muerte de Bernardo.El ciclo de siete cantatas de Buxtehude se considera como el primer oratorio Luterano.Todo el oratorio se puede escuchar en el vídeo accesible en este enlace.
El clímax de este poema se expresa en el cuadro en la parte superior de este post: «Cristo Abrazando a San Bernardo» del pintor Francisco Ribalta.Este artista barroco español aparentemente pintó esta obra maestra en la Cartuja de Porta Coeli, en Valencia, España en torno al año 1625.
Las referencias a este poema y a numerosas pinturas de Bernardo con Cristo se incluyen en un capítulo completo dedicado a Bernardo en el libro de 2013 “Saintly Brides and Bridegrooms: The Mystic Marriage in Renaissance Art” de Carolyn D. Muir, profesora de arte en la Universidad de Hong Kong.
El sitio web para España del Museo Nacional del Prado en Madrid, donde actualmente se encuentra, dice: «La escena se basa en una de las visiones místicas del santo, extraído de uno de los libros religiosos más populares de la época barroca: ‘Flos Sanctorum’ o ‘Libro de las Vidas de los Santos’ de Pedro de Ribadeneyra, el cual fuera publicado en 1599″.
Todo el poema contiene 74 versos de cinco líneas cada uno, los cuales son demasiados para reproducir aquí. Gran parte del homoerotismo está implícito en el hecho de que este poema de amor fue escrito por un hombre para otro hombre: de Bernardo a Jesús con amor. Sin embargo, es muy difícil de encontrar, por lo que una selección de los versos más eróticos y menos conocidos se reproducen aquí tanto en el original en Latín como su traducción al castellano, la cual fuera realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez exclusivamente para este blog. La traducción al inglés de Emily Mary Shapcote fue publicada en el libro de 1881 “La vida de San Buenaventura de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.La versión en línea de ese libro contiene el poema completo en su apéndice.
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A las Manos Ad Manus
IX. Manos santas, os abrazo y gimiendo me deleito; dando lágrimas con besos doy las gracias a tantas águilas, clavos duros y santas gotas.
Manus sanctae vos amplector, Et gemendo condelector, Grates ago plangis tantis Clavis duris, guttis sanctis, Dans lacrymas cum osculis.
A los Costados Ad Latus
VII. Con mi boca te toco y ardientemente me estrecho junto a ti; ante ti arrojo mi corazón y con ferviente pecho paso mi lengua sobre ti, Llévame todo hacia ti.
Ore meo te contingo, Et ardenter ad me stringo In te meum cor intingo, Et ferventi corde lingo, Me totum in te traiice.
Al Pecho Ad Pectus
VIII. Tú eres el abismo de la sabiduría, las armonías de los ángeles a ti te alaban y de ti fluye lo que Juan, recostado, succionó, haz que yo habite dentro de ti.
Tu abyssus es sophiae Angelorum harmoniae Te collaudant, ex te fluxit Quod Joannes Cubans suxit, In te fac ut inhabitem.
Al Corazón Ad Cor
VI. Que por el centro de mi corazón pecador y culpable tu amor atraviese hacia donde todo él se arrebata languideciendo por la herida del amor.
Per medullam cordis mei, Peccatoris atque rei, Tuus amor transferatur, Quo cor totum rapiatur, Languens amoris vulnere.
VII. Ensánchate, ábrete, como una rosa que exhala su perfume milagrosamente, únete a mi corazón úngelo y perfóralo. ¿Qué puede sufrir quien te ama?
Dilatare, aperire, Tanquam rosa fragrans mire, Cordi meo te conjunge, Unge illud et compunge, Qui amat te quid patitur!
IX. A viva voz te llamo, dulce corazón, pues te amo inclínate hacia mi corazón para que él pueda acercarse hacia ti con devoto pecho.
Viva cordis voce clamo, Dulce cor, te namque amo; Ad cor meum inclinare, Ut se possit applicare, Devoto tibi pectore.
XI. Ábrete, rosa del corazón, cuya fragancia se expande milagrosamente; llama del deseo, haz que mi corazón te anhele.
Rosa cordis aperire, Cujus odor fragrat mire, Te dignare dilitare, Fac cor meum anhelare, Flamma desiderii.
XIII. Introduce tu corazón adentro de mi seno Para que esté cerca de ti en el dolor gozoso, Porque apenas se cautiva a sí mismo junto al [dolor] deforme y bello.
Infer tuum intra sinum Cor, ut tibi sit vicinum, In dolore gaudioso, Cum deformi specioso, Quod vix seipsum capiat.
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*El epigrafe en la parte superior de esta entrada es una traducción también realizada por el Dr. Luis Ángel Sanchez del siguiente poema:
Cordis mei cor dilectum, In te meum fer affectum, Hoc est quod opto plurimum.
Esta entrada es parte de la serie Santos GLBTI por Kittredge Cherry en el blog Jesus in Love [Jesús enamorado].Ese blog presenta en las fechas adecuadas durante todo el año tanto santas y santos como mártires, héroes, heroínas y personas consagradas de especial interés para las personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (GLBTI) y sus aliadas y aliados.
Esta entrada es una traducción de «Saints Bernard of Clairvaux and Malachy: Honey-tongued abbot and the archbishop he loved» del blog Jesus in Love. Traducción de Hugo Córdova Quero. Los poemas de Bernardo de Claraval en esta entrada han sido traducidos por el Dr. Luis Ángel Sanchez, Profesor de Latín en las siguientes universidades de Argentina: Universidad de Buenos Aires (UBA), Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Agradecemos profundamente que un erudito como el Dr. Sanchez haya tenido la gentileza de realizar estas traducciones para nuestro blog. Las ideas vertidas en esta entrada pertenecen exclusivamente a su autora Kittredge Cherry.
Kittredge Cherry es una autora cristiana lesbiana que escribe regularmente sobre la espiritualidad LGBTQ. Tiene títulos en religión, periodismo e historia del arte. Fue ordenada por las Iglesias de la Comunidad Metropolitana y se desempeñó como su oficial ecuménica nacional, defendiendo los derechos LGBTQ en el Consejo Nacional de Iglesias. y Consejo Mundial de Iglesias.
Las lecturas del leccionario de hoy ofrecen una amplia gama de estados de ánimo e imágenes para elegir: una es pesimista, y si no te gusta, otra es pesimista, y si no te gusta, ¿qué tal una catástrofe? El pasaje del Evangelio por sí solo es uno de los fragmentos más concentrados de palabras duras que recibimos de Jesús, con algunas imágenes angustiosas que podrían resultarnos especialmente familiares en la comunidad queer. Si bien el salmo también se hace eco de algunas de las imágenes oscuras, también sugiere la respuesta a la inevitable pregunta: «¿Qué debemos sacar de esta colección?». Creo que la respuesta tiene dos partes: 1) hablar la verdad de Dios trae consecuencias negativas, pero 2) Dios siempre nos rescata, sin importar lo mal que se vean las cosas.
La primera lectura de hoy necesita contexto. La razón de la hostilidad hacia Jeremías en este pasaje radica en que Jeremías, hablando en nombre de Dios, anuncia que la única esperanza de Israel para evitar la devastación total a manos de Babilonia es rendirse y suplicar misericordia.
Recibe una recepción bastante típica para quienes traen malas noticias: el rey permite que sus enemigos lo arrojen a una cisterna, donde se hunde en el lodo del fondo. Pero cuando un consejero real siente lástima por Jeremías y pide clemencia, el rey da un giro de 180 grados y ordena que lo rescaten. Lo importante es el patrón del profeta que emerge: «Sigue las instrucciones de Dios, esto irrita a la gente, es atacado, pero al final se salva».
El salmo evoca algunas imágenes de Jeremías, al decir que Dios «me sacó del pozo de la destrucción, del lodo del pantano». Este es solo un ejemplo de su repetido estribillo: «Pasaba por momentos difíciles, y entonces Dios «piensa en mí», «se inclina hacia mí», «pone en mi boca un cántico nuevo» y es «mi ayuda y mi libertador». Como suelen hacer los salmos, este describe una imagen vívida de las aflicciones que podemos sufrir, para ilustrar la firmeza con la que debemos confiar en Dios para que nos rescate.
El pasaje de la Carta a los Hebreos es una confusa mezcla de altibajos. Nos ofrece la memorable y hermosa frase de «estar rodeados de una multitud de testigos», pero también dice, enigmáticamente: «En vuestra lucha contra el pecado, todavía no habéis [cursiva mía] resistido hasta el punto de derramar sangre». Es difícil saber si se trata de una buena o mala noticia, pero sin duda conlleva una fuerte sugerencia de que habrá derramamiento de sangre, en consonancia con las otras imágenes de peligro en las lecturas de hoy.
Si esperabas una nota positiva de aliento al finalmente llegar a las palabras de Jesús en el pasaje del Evangelio de Lucas, quizás aún necesites paciencia. De nuevo, el contexto, lamentablemente a menudo ausente en el leccionario, es crucial. La lectura de hoy forma parte de una larga serie de advertencias y parábolas apocalípticas (algunas escuchadas en domingos recientes) que Jesús pronuncia durante el viaje de Galilea a Jerusalén, con el fin de preparar a sus seguidores para el conflicto que se avecina, incluyendo predicciones de su propia Pasión. Al igual que Jeremías, Jesús no edulcoró la descripción de los males venideros, comenzando con la promesa de que había venido a «incendiar el mundo» y el deseo de que ya estuviera en llamas. Una vez más, necesitamos contexto para ver que esto es para nuestro bien. Así como la Pasión de Jesús condujo a la Resurrección, debemos soportar las tribulaciones con la esperanza del triunfo. Tras la imagen de la conflagración, Jesús promete que su venida traerá conflicto, no paz, a las familias y hogares: «El padre estará dividido contra su hijo, el hijo contra su padre, la madre contra su hija, y la hija contra su madre», y aún más repeticiones innecesarias. Estas divisiones familiares deberían resultarnos familiares a muchos, dadas las frecuentes reacciones de padres u otros familiares cuando nos declaramos gays, bisexuales, transgénero o no binarios. Yo mismo tuve bastante suerte: mis padres estaban un poco desconcertados y preocupados por cierta negación, pero me apoyaron tanto como supieron. Mi hermano estaba totalmente de acuerdo (él y mi cuñada habían asistido a desfiles del Orgullo años antes que yo, así que no me preocupaba mucho contárselo), y ninguno de mis otros familiares ha armado nunca un alboroto.
Pero soy plenamente consciente de que esto me convierte en uno de los afortunados: conozco a personas que fueron completamente rechazadas o repudiadas por sus familias, o que, en cierta medida, experimentaron reacciones mucho más desagradables que yo. Es lógico suponer que algunos de los que leen esto habrán experimentado ese dolor. Pero el mensaje de esperanza de las Escrituras nos invita a confiar en que, con Dios, el bien llegará, ya sea a pesar del conflicto o en su resolución. Muchos hemos podido compartir nuestras propias luchas con otras personas que necesitan validación y aliento, lo que convierte nuestro dolor en un tesoro.
Entonces, ¿dónde está la Buena Noticia? Decir nuestras verdades, en particular sobre nuestra identidad sexual o de género, puede provocar reacciones hostiles. Pero las Escrituras no nos dicen que Dios evitará toda hostilidad, sino que permanecerá con nosotros a través de ella.
Y el Evangelio dice algo aún más importante: que la venida de Cristo y la predicación de su mensaje provocaron el mismo tipo de rechazo y hostilidad. Es reconfortante reconocer esta similitud, y aún más, recordar la Resurrección después de la Pasión.
Michaelangelo Allocca, Ministerio Nuevos Caminos, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “El fuego del amor”. 20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-)
Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. Sin embargo, el amor está siempre en la fuente de toda vida sana, despertando y haciendo crecer lo mejor que hay en nosotros.
Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor, la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.
El amor está en el centro del Evangelio, no como una ley que hay que cumplir disciplinadamente, sino como el «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la Tierra, más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el Profeta de Galilea, Dios está cerca de nosotros buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia de un Dios que no habla de venganza, sino de amor apasionado y de justicia fraterna, es lo más esencial del Evangelio.
Jesús contempla el mundo como lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús sueña con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad que busca apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.
El gran pecado de los seguidores de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (P. Tillich), el alumbramiento de un hombre nuevo movido radicalmente por el fuego del amor y la justicia.
Comentarios desactivados en “No he venido a traer paz, sino división.”. Domingo 17 de agosto de 2025. 20º domingo del Tiempo Ordinario
Leído en Koinonia:
Jeremías 38, 4-6. 8-10: Me engendraste hombre de pleitos para todo el país. Salmo responsorial: 39:Señor, date prisa en socorrerme. Hebreos 12, 1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos. Lucas 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división.
Estamos en camino con Jesús y sus discípulos en su último viaje a Jerusalén, donde sabe que va a morir, y así se lo va diciendo. Esta subida a Jerusalén se alarga en el evangelio de Lucas como en ningún otro, pues aprovecha para situar ahí la mayor parte del material peculiar, sobre todo los discursos, las parábolas y los relatos que conoce por otro lado distinto a Marcos. Las frases que leemos en este domingo aparecen también en el evangelio de Mateo, pero en distinto orden y contexto. Esto hace que el sentido sea algo diverso, pues el contexto forma parte del significado de las frases; pero indica a la vez que muchos dichos de Jesús, como los de cualquier persona, son polivalentes; tienen alcances diversos y aplicaciones distintas según las circunstancias de los lectores u oyentes de los mismos. Así se nos abre también a nosotros el camino y la posibilidad de leerlos, con la libertad de los hijos de Dios, desde nuestra propia situación y para nuestro propósito. No es una traición, sino una fidelidad al Espíritu que inspiró a Jesús y a los evangelistas; pues ellos también se tomaron su libertad para situarlos diversamente y sacar sentidos distintos.
La liturgia, a su vez, nos pone estas frases en otro contexto diverso, al anteponer un episodio de la vida del profeta Jeremías, que suele llamarse “la pasión de Jeremías”; porque le toca sufrir golpes, burlas, acusaciones y prisión en una cisterna llena de fango por causa de la palabra de Dios que tiene que anunciar. El salmo que se nos propone es una súplica y acción de gracias a Dios, porque libra al pobre de la fosa; y parece así reforzar la situación del profeta, y anticipar una situación semejante para las frases del evangelio. Con ello se da un sentido de anuncio de la pasión, que ciertamente parece tener, sobre todo si lo leemos junto con la frase semejante de Marcos 10, 38; pero que no está muy resaltado en Lucas; apenas en la frase del “bautismo” por el que ha de pasar. El resto apunta a las diversas posturas que los hombres toman ante el mensaje de Jesús, como ya le acontecía a Jeremías y a otros profetas. Pero la segunda lectura, que nos presenta a Jesús como modelo germinal y definitivo de nuestra fe, vuelve a insistir en su pasión y cruz, y en la posibilidad de que también los cristianos nos veamos envueltos en la persecución y muerte; y, en todo caso, en la dura lucha contra el pecado, tanto personal como social.
Parece que Jesús cambia aquí radicalmente su mensaje. La Buena Nueva nos parece tan hermosa, tan atenta a los débiles y pequeños, tan llena de amor y solicitud hasta por los pecadores y enemigos, que su mensaje no puede ser otro que el de una gran paz y armonía entre todos los hombres. Eso es lo que proclamaban ya los ángeles en el momento del Nacimiento (Lc 2, 24) y lo que vuelve a proclamar el Resucitado apenas se deja ver por los discípulos atemorizados (Lc 24,20-21). Aquí, sin embargo, Jesús parece decir todo lo contrario. Su mensaje no viene a producir paz y concordia entre todos, sino que lleva a la división incluso entre los miembros más allegados de la familia, padres e hijos, nueras y suegras. Pero no se trata de cualquier mensaje, de cualquier propuesta, sino de la presencia misma del Reino de Dios en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus actuaciones. No cabe oír esa Buena Nueva del Reino y permanecer neutral o indiferente; no cabe entusiasmarse con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Por eso hay que optar con pasión, hay que tomar decisiones y actuaciones que implican cambios muy radicales en la vida. Por eso nos van a afectar a todos profundamente, más allá incluso de los vínculos familiares, por muy respetables que estos sean. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su discípulo (Lc 14, 26).
El episodio de Jeremías nos pone un triste ejemplo de este sufrimiento que acarrea al profeta su fidelidad a la palabra de Dios, cuando el pueblo y sus líderes no la quieren escuchar. Él tenía que anunciar la destrucción del templo, de la dinastía davídica y de la ciudad de Jerusalén, por no querer someterse a Babilonia en ese momento. Era como poner punto final a las solemnes promesas hechas por Natán y otros profetas a David y a su ciudad capital, Jerusalén. Además, este descendiente de sacerdotes, debe predecir la ruina del templo salomónico. No le gustaban para nada esas desgracias que le tocaba anunciar, y sufrió enormemente por causa de esa misma palabra dura que debía predicar; pero lo que pretendía era precisamente que eso no ocurriera, porque le hacían caso, se convertían y se evitaban esas catástrofes. No logró esa conversión del pueblo, y menos aún de los líderes religiosos y políticos. Más bien logró esa división entre unos y otros, pues hasta entre el alto liderazgo político encuentra opositores y ayudantes, mientras el rey se deja llevar del viento político que sopla en cada momento. Pero la palabra de Dios y su profeta no es un viento cambiante, sino una palabra firme y segura, que exige darle fe y cambiar de mente y de conducta; que pide una opción radical de parte de los oyentes.
Esto mismo y en grado supremo le acontece al oyente de la Palabra que es Jesús. Por eso, el radicalismo con que se expresa en esta ocasión, pues se trata de la urgencia misma del Reino presente. Mateo dice en el pasaje paralelo: “¿cómo es que no son capaces ustedes de interpretar los signos de los tiempos?” (Mt 16, 3). Ver los signos de la gracia de Dios, de la presencia del Reino en las palabras y gestos humanos, en las acciones y hasta maravillas que acontecen en la vida. También en nuestro duro y doloroso presente, pues no existen tiempos sin gracia de Dios, sin presencia y fuerza de su Espíritu en medio de la historia, por oscura que sea. Ciertamente son los santos los que más perciben esto y donde mejor podemos ver los demás esa presencia, misteriosa pero eficaz, de la gracia de Dios en medio de esta empecatada historia humana; pero no faltan mil pequeños gestos, incluso o tal vez precisamente, en pobres y pequeños, en prostitutas y pecadores, en publicanos y hasta en ricos zaqueos y centuriones extranjeros. Hay gestos de solidaridad y simpatía con los pobres y pequeños, con los marginados y despreciados, que nos muestran esa fuerza del Espíritu de Dios y de Jesús actuando ya ese fuego en la tierra. Leer más…
Comentarios desactivados en 17.6.25. Que el fuego arda, que corte la espada. Dom 20 TO (Lc 12, 49; Mt 10, 34)
Del blog de Xabier Pikaza:
No son textos fáciles, ni el de Lucas, que presenta a Jesús como gran fuego (¡Que prenda la tierra, que arda toda entera!) ni el paralelo de Mt 10, 34-35 donde Jesús aparece como sembrador de una espada que destruye los pactos de opresión, para que hombres y mujeres de todos los pueblos podamos vivir en libertad.
Que el fuego de Dios arda y queme toda opresión, que su espada corte (rompa) todas las cadenas de unos hombres que encadenan con ellas a otros hombres
| X. Pikaza
LC 12, 49. FUEGO HE VENIDO A PRENDER A LA TIERRA
He venido a prender fuego en la tierra (πῦρ ἦλθον βαλεῖν) ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! (τί θέλω εἰ ἤδη ἀνήφθη.)
Con bautismo he de ser bautizado ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz al mundo? No, sino división.
Una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres;
El padre contra el y el hijo contra el padre,
la madre contra la hija y la hija contra la madre,
la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra (Lc 12, 49-53)
Los primeros cristianos, emocionados, sorprendidos, ardientes, concibieron a Jesús como fuego y su obra como incendio de Dios. Nosotros (2025), mientras gran parte del mundo está ardiendo por guerras, y enfrentamientos económicos e incendios forestales, damos la impresión de que el fuego de Jesús está apagado. Ese fuego ha de quemas todas las estructuras, estructuras y cadenas familiares, económicas, politicas
Hemos construido un cristianismo y una iglesia de adaptación y sacralización de lo que hay (de la injusticia, opresión social y guerra). Necesitamos fuego de Dios, para que arda, destruya el mundo antiguo y suscite un mundo verdadero, eso dice Jesús: “He venido a prender fuego…”. Sin superar (dejar a un lado) el mal del mundo con sus poderes “fácticos”, la iglesia no es fuego de Dios, no es Pentecostés (lenguas de fuego).Éste es un deseo muy hondo de Jesús que se define a sí mismo como fuego de transformación y vida. Él ha dicho en este contexto: “Yo soy fuego de Dios, he venido para que todo el mundo arda” Los evangelios posteriores, empezando por Marcos, matizan e interpretan esa imagen, pero en el fondo sigue estando la experiencia clave de Jesús que ha venido a prender fuego al mundo, en una línea de muerte y de resurrección: Sólo destruyendo un mundo anterior de pecado, puede crearse y nacer la vida de Dios.
Bautismo de fuego. Esa experiencia está vinculada de un modo especial al bautismo, entendido como culminación de la vida de Jesús que ha recreado el sacramento de Juan (cf. Mc 1, 1-8). En esa línea, conforme al testimonio del Q (retomado por Mt y Lc), frente al bautismo de Juan, que era en agua para perdón de los pecados, la iglesia más antigua ha definido su “sacramento” (experiencia inicial de Jesús) como bautismo en Espíritu Santo y Fuego (en el Espíritu de Dios, hecho palabra de Vida).
Así lo ha mostrado Lucas en su relato de Pentecostés (Hch 2), vinculado al Dios de Jesús que recrea a los hombres con sus “lenguas de fuego”, que reposan sobre cada uno de los creyentes, diciendo. No he venido a traer unión, sino división, no he venido a traer paz, sino espada, pero una espada para crear paz, una división para suscitar comunión más alto.
Jesús es signo y presencia de paz (Shalom) de Dios… Pero esa paz no es simple indiferencia, como si dijéramos “todo está bien, es bueno, démonos sin más un gran abrazo, dejando todo como estaba. Jesús inicia un camino de unión universal entre todos los hombres, pero ella exige una gran división, en forma de superación de un tipo de “familia” entendida como institución de opresión y poder de unos sobre otros. Se trata de “separar” aquello que nos parece unido: Padres e hijos, madres e hijas, suegros hermanos… No todo da lo mismo, no todo es igualmente bueno… La muerte y bautismo de Jesús se define aquí como gran incendio: Todo lo malo del mundo tiene que arder y morir para renacer… a la vida de Dios.
Este mundo, tal como está configurado (en opresión económico-social y lucha por el poder) tiene que arder y destruirse, para que llegue el nuevo bautismo, para que emerja el evangelio. Universal de comunión de vida Hemos tendido a “bautizar” (cristianizar) todo lo bautizadle, reyes y tiranos, ejércitos, conquistas, invasiones…, con imposiciones económicas de muerte.
Por eso tiene que arder el fuego de Jesús (no para después, al fin del mundo), sino ahora, aquí, como incendio histórico de Cristo.Sin que este fuego prenda no podrá haber nuevo nacimiento. Sin que este mundo arda, por los cuatro costados, no podrá darse de verdad iglesia. Este es un fuego de separación (tema que aparece en los 4 evangelios), fuego que separa y quema todo lo que destruye al hombre, para que pueda construirse mejor.
El fuego de Jesús quema para destruir lo malo (la opresión de unos sobre otros) y recrear lo nuevo en amor y justicia (cf. Is 43, 19-21), en una línea que ha puesto de relieve el conjunto del evangelio de Juan, de una forma condensada Pablo (Rom 13, 8-9) y especialmente Efesios (Ef 2).
Ese fuego separa y rompe (destruye) a un tipo de relaciones “familiares” (de padres e hijos, de parientes, pueblos y grupos que se aprovechan de su poder para dominar a otros). En esa línea, la iglesia de Jesús tiene que separarse de un mundo que se cierra en su egoísmo, con deseo de poder de unos sobre otros… Sin esa separación (persecución), sin ese fuego que quema lo malo, no se puede hablar de comunidad o cuerpo (sôma) de Jesús.
Antiguo Testamento.El fuego está ligado a lo divino como fuerza creadora y destructora.La revelación de Dios, que transciende y fundamenta los principios y poderes normales de la vida, se halla unida repetidamente al fuego. Hay fuego de Dios en la teofanía del Sinaí (Ex 19. 18), lo mismo que en la visión de la zarza ardiendo (Ex 3, 2) y en la nube luminosa (Ex 13, 21-22: Num 14, 14).
-El fuego va unido a las teofanías apocalípticas de Ez 1, 4.13.27 y Dan 7, 10 y, lógicamente, puede adquirir rasgos destructores para aquellos que se oponen al proyecto de Dios, dentro de de este mundo. En ese plano se sitúa el castigo de las antiguas ciudades pervertidas de la hoya del Mar Muerto (Gen 19, 24-25), lo mismo que la séptima plaga de Egipto (Ex 9, 24). Por eso, no es extraño que se diga que del seno de Dios proviene el fuego que devora a los rebeldes (Lev 10, 2) o destruye a los murmuradores de Israel en el desierto (Num 11, 1-3).
-Éste es el fuego que obedece a Elías, profeta (1 Re 18, 38-39; 2 Re 1, 10-12), castigando a los enemigos de Dios o a los mismos israelitas pervertidos (cf. Am 1, 4-7; 2, 5; Os 8, 14; Jer 11, 16; 21, 24; Ez 15, 7, etc.). Pero el fuego de Mt 25, 41 desborda el nivel histórico y debe situarse en una perspectiva escatológica: en el momento final de la historia, cuando Dios realiza el juicio supremo sobre el mundo.
-En esta línea siguen las formulaciones del profeta Joel, con su visión del fuego que precede y comienza a realizar el juicio (Jl 2, 3; 3, 3). También es importante el fuego en Ez 38, 22; 39, 6, que presenta el fuego como instrumento de la justicia de Dios, que destruye al último enemigo de los justos, Gog y Magog, antes de que surja un mundo de inocentes, perdonados. Por su parte, Mal 3, 1–3.9 anuncia la venida escatológica de Elías con el fuego de Dios que purifica y prepara la llegada de Dios. Éste es el fuego de Juan Bautista, que habla del Dios que viene a quemar la paja al lado de la era.
– Moisés, zarza ardiente. Conforme a un esquema usual en muchas tradiciones religiosas de oriente y occidente, la manifestación de Dios se encuentra vinculada al fuego: es llama que arde y calienta, como fuerza divina de eternidad. Moisés observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés pensó: Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume. Cuando Yahvé vio que se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí» (Ex 3, 2-4).
Este pasaje de Moisés vincula fuego y zarza (árbol y llama), en paradoja que ilustra el sentido del Dos de Israrl. Moisés ha tenido que salir de Egipto y llegar a la montaña sagrada del Sinaí y allí descubre a Dios en la zarza ardiente. Árbol y arbusto son desde antiguo signos religiosos, como aparece en la historia de Abrahán (encina de Moré: Gen 12, 6) y como sabe la tradición religiosa cananea, combatida por los profetas (con culto a las piedras y árboles sagrado, de Baal y Ashera).
Dicen que ha sido la ola de calor más larga desde que existen registros, con incendios en España, Francia, Turquía… En este contexto parece de mal gusto que Jesús se presente como un gran pirómano ansioso de pegar fuego al mundo. Y no para ahí la cosa. Los europeos concebimos el mes de agosto como un momento de vacaciones, de descanso, al menos para muchos. Y las lecturas de este domingo no ayudan a descansar. Comienzan hablando del profeta Jeremías, arrojado a un aljibe para que muera (1ª lectura). Sigue la carta a los Hebreos hablando de Jesús, que soportó la cruz, y nos recuerda que todavía no hemos derramado sangre en nuestra lucha con el pecado (2ª lectura). Y el evangelio, al deseo de Jesús de pegar fuego al mundo, añade que no ha venido a traer paz, sino división, incluso en el ámbito más íntimo de la familia.
Después de las enseñanzas de los domingos anteriores, centradas en lo que nosotros debemos hacer, Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.
Presupuesto necesario para entenderlo es conocer la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.
Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.
La misión: prender fuego
He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!
Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo,
El destino: la muerte
Tengo que pasar por un bautismo.
También esta imagen es enigmática, porque “bautizar” significa normalmente “lavar”; por ejemplo, los platos se “bautizan”, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan (y otros muchos judíos desde el profeta Ezequiel) al pecado: en el bautismo, cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva. El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.
La misión: dividir
¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.
Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño “será una bandera discutida”.
Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide a enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.
Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.
La unión de las tres frases
¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.
¿Tiene sentido todo esto para nosotros?
Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días que “venga a nosotros tu reino”; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.
El ejemplo de Jesús
Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida es fácil de entender para los antiguos cristianos, conocedores de las Olimpiadas griegas: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.
Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.
Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.
Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.
Reflexión final
Estas lecturas no han sido elegidas para amargarnos las vacaciones, pero nos ayudan a pensar en los que no tienen vacaciones, en los perseguidos por su fe y sus denuncias, como Jeremías; en los que han elegido un duro y peligroso trabajo de médico, enfermero, asistente social, ayudante de cualquier tipo, arriesgando su vida en Gaza, Ucrania, Siria, Sudán, Congo…; en las familias que se han roto porque uno o varios de sus miembros han decidido seguir a Jesús. Podemos hacer algo más útil que protestar del calor: pedir por ellos.
El evangelio de hoy nos puede dejar un poco perplejas. Estamos acostumbradas a ver a Jesús curando, predicando y recorriendo aldeas con sus discípulos, ¡y nos encanta verlo así!
En el fondo nos lo imaginamos imperturbable, siempre de buen humor, contento y apacible. Probablemente tuviera mucho de todo esto, pero los evangelios también nos muestran a un Jesús que se enfada, que denuncia, que se entristece.
Jesús no era un “Peter Pan” en un mundo maravilloso, se hizo humano, 100% humano, hasta sentir el cansancio en su cuerpo, la sed en su boca, la tristeza en su alma e incluso el miedo.
Tendemos a pensar que la bondad es neutral y por consiguiente que las personas buenas son las que no molestan. Grave error. La bondad genera conflicto porque se opone a todo lo que deshumaniza. Se opone a esa fuerza real y palpable que atraviesa el mundo: el mal.
El mal, una cierta maldad, nos es más cotidiana de lo que querríamos admitir y ensombrece todas nuestras relaciones… De la misma manera que nuestras casas o nuestra habitación se va llenando de cosas inútiles que se esconden en los armarios. También nuestra casa interior esconde alguna basura, y es con este material con el que Jesús quiere hacer una gran hoguera que arda.
Algunas fiestas populares en torno al fuego tienen su origen en la necesidad de hacer limpieza. La gente de los pueblos y los barrios a provechaba esa fecha para sacar una silla rota o un mueble viejo y con todo eso se hacía una buena hoguera en la que asar unas viandas y disfrutar juntas de la velada.
Hoy podríamos darnos una vuelta por nuestra casa interior y ver qué sobra, qué podemos sacar a la hoguera. Dejemos que Jesús vaya quemando nuestra cizaña.
Oración
Pasa, Trinidad Santa, por el fuego purificador de tu amor nuestras relaciones para que no nos separe ninguna oscuridad.
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DOMINGO 20 (C)
Lc 12,49-53
¿Qué clase de fuego trae Jesús al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases que no es fácil entender. Debemos estar muy atentos a la hora de interpretarlas para no llegar a conclusiones descabelladas.
Como armonizar las frases: no he venido ha traer paz, sino guerra, con aquella otra, la paz os doy, mi paz os dejo. No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista, sino del fuego que purifica.
¿Qué paz?
1.- En primer lugar, la paz romana, que se consigue con violencia. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Podemos descubrir ejemplos de esta paz en nuestro entorno.
2.- La paz justa es la que se da entre los que dialogan y defienden posturas distintas, pero que saben respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de intereses que puede impedir la guerra. Sería una paz positiva, pero no sería paz.
3.- La paz ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es la paz de los cementerios. Es una paz que anula la vida, porque la vida es lucha. Si llegáramos a conseguir esa paz, dejaríamos de vivir, estaríamos ya muertos.
4.- La paz de Jesús es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser. Esta es la autentica paz. Esta armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con Dios y los demás. Es la consecuencia de descubrir tu verdadero ser.
¿Qué guerra?
1.- La guerra para someter al otro, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona. Es el fruto del egoísmo más feroz. Surge siempre que utilizamos la superioridad para anular al otro. Es la guerra más frecuente y dañina.
2.- La guerra que hace el sometido, para salir de su situación. Hay que tener mucho cuidado de no caer en la misma violencia contra la que se lucha. Todo el evangelio es un canto a la no-violencia. Supera la opresión sin entrar en su misma dinámica.
3.- La guerra que se hace a otro porque es auténtico. Esta guerra no debemos provocarla, pero tampoco debemos temerla. No debemos actuar contra el que me molesta porque es mejor que yo, ni debemos dejar de ser humanos por no molestar.
4.- La guerra que debemos hacernos a nosotros mismos (Pablo). Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar mayor humanidad. Todo lo que potencie el egoísmo debemos combatirlo en nosotros.
Con estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar y qué “guerra” debemos aceptar como imprescindible. Debemos estar atentos, porque las diferencias son muy sutiles.
En estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo se ser humano. Debemos afrontar toda nuestra vida como un bautismo, como una inmersión en aguas abismales que en la tradición judía son el signo de lucha y sufrimiento.
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Lc 12, 49-53
«He venido a prender fuego a la Tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!»
Jesús crece en el seno de una sociedad de desiguales; de gente aceptada por Dios y gente rechazada por Él. Escucha en la sinagoga que Dios derrama bendiciones sobre los justos y envía calamidades a esa gran mayoría del pueblo que se ve condenada a una vida de miseria y exclusión por causa de sus pecados. Y esta idea de Dios le desconcierta, porque a él se le revuelven las entrañas ante la tragedia de aquella pobre gente rechazada y desalentada. Y se siente cada vez más incómodo dentro de esa fe que los condena de por vida…
Y se acaba rebelando.
Sale de su casa y se echa a los caminos de Galilea a proclamar que Dios no es el juez que nos castiga por nuestros pecados, sino el padre que nos ama como aman las madres. Sabe que esta concepción de Dios choca de bruces con la de los letrados y los fariseos, pero no se arredra ni duda en alimentar un permanente enfrentamiento con ellos que a la postre le costará la vida. Los tres primeros capítulos de Marcos muestran el grado de confrontación que desde el principio provoca con su actitud.
A aquella «chusma maldita que no conoce la Ley» –según expresión de los fariseos– les abre una vía a la esperanza. Les dice que no son unos pobres desgraciados como todos aseguran, sino que poseen la dignidad de hijos de Dios y son herederos de su Reino; que son los más importantes a sus ojos por ser los más necesitados; por delante de los sacerdotes, los doctores y los fariseos.
Y no sólo les habla, sino que cura sus enfermedades, les enseña y se ocupa de ellos como nadie lo había hecho jamás… Para esos míseros, malditos, desarrapados, excluidos, marginados, empecatados, abandonados, ignorados, a veces cojos o ciegos, casi siempre impuros, aquello es el reino de Dios en la Tierra. Ya no hay que esperar más; está allí, junto a ellos.
Y quieren hacerle Rey.
Las autoridades se sienten violentamente agredidas por ese impostor que arrastra tras de sí al pueblo, porque si lo suyo prevalece, todo su poder y su influencia acabarán por desaparecer. Cuando sube a Jerusalén y ven el entusiasmo que suscitan sus palabras, temen que su fuego se transmita a la gente y haga arder la sociedad entera.
Y se conjuran para matarlo.
En definitiva, Jesús declara la guerra a la opresión, a la injusticia, a las leyes injustas, y tienen que matarlo para que su fuego no calcine las estructuras de Israel y a sus dirigentes con ellas. Nosotros en cambio somos gente dócil que convive en muy buena armonía con la sociedad de consumo y la injusticia atroz que ésta provoca; porque una cosa es tener fe en Jesús, y otra, muy distinta, que esa fe altere demasiado nuestro modo de vida o perturbe nuestro estatus…
Y es que, como decía Ruiz de Galarreta: «Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad».
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
Comentarios desactivados en El Padre contra el hijo.
Es claro que la estructura social de Israel en tiempos de Jesús se conformaba por descendencia, por lealtades familiares, por continuidad de tradiciones religiosas, políticas y de orden social. Los hijos varones siguen la norma paterna, las hijas continúan las tareas de sus madres y, si no hay marido, la relación se mantiene entre suegra y nuera.
El seguimiento de Jesús rompe esta “paz” social basada en estas estructuras. El texto de Lucas 12,49-53 es claro. Jesús afirma que viene a traer la “guerra” (.v. 51-52), la ruptura de la familia tradicional y su base como núcleo de una sociedad reglada. Los seguidores de Jesús posiblemente vinieran de tradiciones que exigían respeto y aceptación a las normas sociales. Los padres, madres, suegras… de judíos exigen continuidad en las tradiciones religiosas a sus protegidos y de ellos se esperaba lo mismo. Algunos que seguían a Jesús no podían continuar con ello. Por el contrario, entendían que tanto madres y padres, hijos e hijas, nueras o suegras podían independizarse y buscar modelos de relaciones diferentes. El seguimiento exigía así la transformación de relaciones familiares y sociales. El cristianismo de los orígenes vivió esta situación de manera drástica incluso con persecuciones y muertes. La “paz” entendida como lo contrario al conflicto no era una alternativa especialmente cuando los ideales propuestos por Jesús entraban en juego.
La paz verdadera es otra cosa, está en otro lugar. Es la que ofrece el resucitado: “la paz les dejo, mi paz les doy”. Es la paz que se simboliza con el fuego del Espíritu, es la paz que permanece en medio de la lucha, es una paz duradera. Es una paz en la cual la división y la violencia, lejos de opacarla, tienen el potencial incluso de dilatarla. Es una paz que sigue al perdón, a la reconciliación, pero no a un dejar pasar sino un enfrentarse desde la verdad del resucitado, a mirar con sus ojos y a desafiar estructuras extraccionistas. Estamos llamados a vivir en plenitud y eso no hay estructura social, tradición o lealtades capaces de menguarlo. En Cristo, “vivimos, nos movemos y existimos… somos de su descendencia” (Hc 17,28). Así explica Pablo a los atenienses la vida cristiana. Un estilo de relaciones en Cristo, una propuesta de paz verdadera.
Comentario al evangelio del domingo 17 agosto 2025
Lc 12, 49-53
La existencia humana -como la realidad en su conjunto- se halla atravesada por la paradoja. Porque la naturaleza de lo manifestado -de las formas- es polar. De hecho, sin tal aparente contraste, nos resultaría imposible pensar las cosas. Sabemos de la salud por la enfermedad, del frío por el calor, de la noche por el día, de la alegría por la tristeza…
Pero sucede que, al leer los polos como opuestos irreductibles, la mente se ve perdida en la paradoja, porque le resulta incoherente con lo que suele llamar el “principio de no contradicción”: si algo es “A” no puede ser “B”. Y así lo hemos asumido, hasta que ha llegado la física cuántica y nos ha hecho ver que tal principio, en el campo subatómico, salta por los aires, como se comprueba en la polaridad simultánea onda-partícula.
Los dos polos de todo lo real no son contradictorios, sino complementarios. No puede existir el uno sin el otro. Por eso, la paradoja es una contradicción solo aparente.
La mente no entiende que, si Jesús proclama la paz, aparezca en otra ocasión hablando de división. Y sus comentaristas tratan de justificar sus palabras, dando mil rodeos, sosteniendo cada cual la postura que previamente ha adoptado y aduciendo para ello razones de todo tipo.
La realidad, sin embargo, no es lineal, sino compleja en su sencillez. La paz convive con la división, con el fuego e incluso con la angustia, por decirlo con las imágenes que aparecen en el texto.
¿Cómo vivir la paradoja? Situándonos en aquel “lugar” donde es abrazada y trascendida. Si la paradoja afecta ineludiblemente al mundo de las formas, solo anclándonos en el Fondo que las trasciende, es posible la ecuanimidad o la Paz -ahora con mayúscula- que, al decir de Pablo, “trasciende todo lo que podemos pensar” (Carta a los Filipenses 4,7).
Comentarios desactivados en Fuego en la tierra… ¿Una iglesia que ni divierte ni convierte?
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- El cristianismo de Jesús es frontal
El evangelio que acabamos es de los que nos puede dejar un poco perplejos. Es un evangelio desconcertante, al menos a primera vista. Que Jesús diga que ha venido a traer fuego, que no ha venido a traer la paz, sino la división, etc. nos resulta chocante.
02.- Fuego.
En la tradición bíblica -y en la vida normal- fuego puede significar criéis, crisol, juicio, (Lc 3, 16-17). Puede significar también el Espíritu de Jesús en la Iglesia. (HH 2,1-13: Pentecostés). Cuando hablamos de fuego puede significar como una fuerza vital, energía que impulsa al ser humano
En todo caso fuego significa que el evangelio de Jesús no es algo anodino, sino que tiene fuerza; provoca una crisis profunda en la vida socio política, en el esquema religioso judío y en todo esquema religioso. En este sentido el fuego puede causar división, crisis, enfrentamientos.
¿No será este el caso de la fragmentación que se viene produciendo en el seno de la misma Iglesia?
03.- La sal ¿se ha vuelto insípida?
Al hilo de esta consideración, da la impresión de que el cristianismo que anunciamos hoy en día -al menos entre nosotros-, en estas viejas iglesias europeas ya no son las brasas de Emaús, ni el fuego de la zarza ardiendo de Moisés, ni las llamas de fuego de Pentecostés. Este cristianismo que presentamos no causa efecto ni reacción. Probablemente nuestro cristianismo está muy “descafeinado”.
¿La sal se habrá vuelto sosa?
El cristianismo es ya una cuestión doctrinaria, pero no hace arder el corazón (Emaús). Este cristianismo ni divierte ni convierte. Utilizamos la religión pero como quien paga la póliza del seguro o el impuesto de tráfico para circular por la vida y así llegar bien al peaje final de la existencia.
¿A qué se debe -si no- la casi nula presencia del Evangelio, del cristianismo en la vida pública, social, cultural, universitaria / escolar, incluso en la vida personal?
Es de recordar la voluntad -el fuego- del papa Francisco cuando les decía a los jóvenes para animar la vida de la Iglesia. “Hagan ruido”…
04.- La guinda del pastel y el “tío de América”.
J.A.T. Robinson (obispo anglicano (1919-1983) en su libro Sincero para con Dios, comentaba cómo el europeo “ilustrado” del siglo XX se vale y vive “perfectamente” sin la “hipótesis de trabajo” Dios.
En las cuestiones sociales, laborales, políticas, deportivas, etc. vivimos tranquilamente sin Dios. Nos son suficiente los estados, los parlamentos, el Ayuntamiento, las escuelas, los supermercados, los estadios, los cines, etc.
Los actos religiosos se han convertido en un adorno, la “guinda del pastel”, pero con muy escasa transcendencia.
Por otra parte, solamente recurrimos a Dios en las situaciones límite: Vamos a ver si Dios es capaz de curar este cáncer o para ver si soluciona la paz que nosotros, los humanos, no lo hacemos. Para muchas personas Dios es como “el tío de América” a ver si nos soluciona las cosas que nosotros no podemos o no queremos solucionar.
05.- El fuego símbolo del amor.
El fuego es símbolo del amor. Muchas veces vemos lo que amamos. ¿No ardía nuestro corazón?
El cristianismo es fuego que hace arder el corazón.
Él cristianismo no es un entramado de leyes y ritos, sino que es bondad, amor, porque la perfección de Dios es la misericordia.
Algo de todo esto es el fuego, la crisis y el Espíritu de Cristo: He venido a poner fuego en la tierra y ojala estuviera ya ardiendo.
Comentarios desactivados en “La paz no es ausencia de conflicto”, por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
XX Domingo del Tiempo Ordinario 17-08-2025
Jesús conoce bien las consecuencias que su mensaje trae porque los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división
Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo
La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo
Pidamos la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro
+ «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
(Lucas 12, 49-53)
El reino de Dios es la buena noticia del amor incondicional de Dios a todos, comenzando por los últimos. En primera instancia pensaríamos que es fácil anunciar este mensaje, pero no olvidemos que en los seres humanos también existe la libertad para escoger el egoísmo en lugar del amor, los propios intereses en lugar del bien común. De ahí que Jesús sea muy realista frente a las consecuencias que puede suscitar el mensaje que nos trae. De hecho, los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división. Por lo tanto, la misión encomendada es difícil porque supone interpelación y denuncia y esto no es fácil de aceptar. Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo. La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo.
Esta fue la suerte que corrió Jesús. Su cruz no fue algo querido por Dios Padre que Jesús tuvo irremediablemente que asumir. Su persecución, crucifixión y muerte fueron consecuencia de sus cuestionamientos y acciones frente a las instituciones religiosas de su tiempo. Jesús denuncia la ley cuando está no se pone al servicio del ser humano. Denuncia el templo cuando se centra en los ritos y no en las personas. No acepta que, en nombre de Dios, se excluya a cualquier ser humano, por la causa que sea. Por todo esto, Jesús incomoda a sus contemporáneos y estos no dudan en matarlo.
La vida de discipulado a la que estamos llamados no puede evadir ese camino. Si hay fidelidad a los valores que anunciamos, o en expresión del evangelio de hoy, “traer fuego a la tierra, deseando que arda”, no hemos de extrañarnos que generemos rechazo, persecución, división, enfrentamientos. Se exige, eso sí, una dosis grande de discernimiento para no confundir cualquier división con el anuncio del reino. Pidamos entonces la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro.
Comentarios desactivados en “Fuego – San Lucas 12, 49-53 -”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
Fuego – San Lucas 12, 49-53 –
Jesús vino a traer fuego. Él mismo lo dice.
No es el sentido común, ni la paz de los cementerios. El Evangelio no es un manual para niños buenos, el buenismo ingenuo, melifluo y tontorrón de los tibios con la cabeza inclinada y la voz melosa.
Porque la Palabra tiene que ver con el amor que quema y consume.
Y quien encuentra a Cristo, se incendia el corazón. Y esto, de alguna manera, debería poder vislumbrarse en nuestra pastoral, en nuestras comunidades, en nuestras vidas.
No violentas ni melosas, no gastadas ni cansadas, no repetitivas.
Porque quienes salvarán a la Iglesia, como escribía el Papa Benedicto, como siempre, serán los santos apasionados y encendidos, celosos de Dios y de su Reino. Y la Iglesia que construiremos, sencillamente, volverá a arder de amor porque estará encendida por Cristo.
Jesús vino a traer el fuego. Con demasiada frecuencia, nuestra fe apenas parece un microondas que calienta una sopa.
¿Será éste el objetivo del itinerario sinodal? ¿Acercarnos a Cristo para reavivar la llama en nosotros?
Entonces, y solo entonces, volveremos a hacer luz.
Luz en estas densas tinieblas.
Barro
¿Cuándo fue que, sentados sobre nuestras pequeñas certezas adquiridas, bajamos la guardia de tal manera que la sombra prevaleció sobre la luz y se unió a las sombras de otras personas hasta convertirse en un dragón al que miramos con indiferencia, sin miedo ni conciencia, como si fuera un perrito faldero?
Siempre ha sido así, diréis.
Quizás sea cierto, quizás la fragilidad que llevamos en el corazón sea la raíz de todo mal.
Y es inútil ilusionarse con combatirlo, ese mal, solo con nuestras fuerzas.
Necesitamos un Salvador, hoy más que nunca.
Porque, sumidos en la rutina diaria, nos estamos acostumbrando al mal.
A lo que se manifiesta con la violencia, la ira, la prepotencia, la delincuencia, …
Y lo que es aún más peligroso, a quienes responden a la violencia con santa ira, santa prepotencia, santa ferocidad, apelando a la justicia, justificándose, revistiendo de heroísmo la bilis que finalmente puede salir y envenenar cada palabra, cada juicio.
Estamos jugando con fuego, mucho.
Y los nudos se deshacen.
Dios ya no es el camino que nos lleva a la verdad, para darnos la vida.
Poco más que una referencia ancestral, esgrimida para sostener las diferentes posiciones.
Rabia que desborda, que ciega, que embrutece.
Por fin podemos ser malos sin sentirnos culpables.
Incluso en la Iglesia.
Estamos hundidos en el barro, como Jeremías.
Pero ese barro lo hemos creado nosotros, secando la fuente de agua viva que es Jesús, su Evangelio del reino, su Año de Gracia.
¡Desgraciado de mí!
Nacido cerca de Jerusalén, apasionado por Dios y su pueblo, Jeremías pasó su vida convenciendo al rey de Judá y al pueblo de Jerusalén de que no se opusieran al poder naciente de Babilonia.
El inquieto profeta sufrió mucho por esta situación, ya que quería anunciar la paz y tenía que reprender, quería profetizar el bien y veía acercarse la tragedia. Por desgracia, las predicciones de Jeremías se cumplieron; Jerusalén cayó bajo el rey Nabucodonosor y más de ocho mil cabezas de familia fueron deportadas a Babilonia.
Ser discípulos lleva a amar tiernamente a las personas destinatarias del anuncio, ser discípulos significa buscar en uno mismo la verdad para luego ofrecerla a los demás, ser discípulos significa no ser comprendidos precisamente por las personas que amas.
Aunque estemos sumidos en el barro, estamos llamados a gritar desde los tejados el anuncio del Evangelio.
Con la vida.
Es cierto: existe una violencia inherente a la vida.
Pero no es aquella que nos cuentan.
Lucha
El anuncio del Evangelio es signo de contradicción, el mundo, tan amado por el Padre que dio a su Hijo, vive con fastidio la intromisión divina y prefiere las tinieblas a la luz.
Y el adversario se viste de luz, de sensatez, de buenos propósitos.
De santos propósitos.
Sí, el Evangelio lleva consigo una carga de violencia e incomprensión.
Pero es una violencia sufrida.
Por amor a la verdad, por fidelidad al Evangelio.
Padre contra hijo
Jesús lo dice hablando de sí mismo, imaginando la evolución que tendrá su mensaje.
Tras la caída de Jerusalén a manos de los romanos y la ruina del Templo, los seguidores del Nazareno serán «excomulgados» por los rabinos, lo que provocará una dolorosa e irreparable fractura dentro de la recién nacida comunidad judeocristiana.
Aún hoy, muchos experimentan la contradicción de descubrir en Cristo una nueva familia, nuevas y duraderas relaciones con hermanos creyentes y, al mismo tiempo, un empobrecimiento de las relaciones y una creciente incomprensión con sus familiares de sangre.
He visto a padres arremeter con dureza, también con dureza sibilina, contra las decisiones radicales de sus hijos que decidían consagrar su vida al Reino.
Pero, sin llegar a estos excesos, creo que también a ti, amigo lector, te ha pasado que has visto cambiar la actitud hacia ti en la oficina o en la escuela precisamente por tu elección evangélica.
Si realmente somos discípulos, debemos contar con algunos contrastes, con algunos esfuerzos adicionales: ninguno de nosotros es más grande que el Maestro: si a Él le persiguieron, también nos perseguirán a nosotros.
Cristo es fuego.
Fuego que quema, que arde, que ilumina, que calienta, que consume.
Cristo es fuego y resplandece en nuestra vida.
Si es con el fuego con lo que se mide el discipulado, los bomberos de la fe pueden estar tranquilos. Por desgracia.
Dejémoslo arder.
Incendiamos el mundo.
De amor.
Joseba Kamiruaga Mieza CMF
***
Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 17 de agosto de 2025.
No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe… Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”
*
Martín Lutero,
1483-1546
***
***
María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …
Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible
Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.
Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.
Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.
Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.
Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.
*
Michel Hubaut
Oración extraída de «Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986
*
***
María, en su canto de alabanza, no engrandeció a Dios sólo de una manera abstracta por haber «levantado a los humildes» y haber «llenado de bienes a los hambrientos», sino que lo hizo indudablemente también porque conocía esta bajeza ante Dios mejor que cualquier otra criatura: Dios, el poderoso, en efecto, «ha mirado la humildad de su sierva», y por esa mirada proyectada sobre ella, no por su ensalzamiento, ella se alegra por «la grandeza del Señor». Si bien María era materialmente pobre, no se alegra por los dones materiales que le fueron concedidos […], sino por el don inaudito de una maternidad mesiánica, que no era tanto un don hecho a ella personalmente como un acto de misericordia hacia su «siervo Israel», que ha obtenido la «semilla de Abrahán»por la que había suspirado tanto tiempo. En su opción en favor de los pobres, María es perfectamente ella misma, no se ha alienado en absoluto en «otra María».
Sabe que ha llegado a ser Madre de una manera única e incomparable por pura gracia, y Madre no sólo de su único Hijo, sino, en él, de todos aquellos que mediante él y en él se han convertido en hijos e hijas de Dios en la Iglesia. (Y cuando aquí hablamos de Iglesia, sus confines permanecen indefinidos, porque la gracia de la redención de Cristo ha llegado, en efecto, a todos los hombres que nacieron antes que él y después de él.) «La mediación de María está ligada, efectivamente, a su maternidad, posee un carácter específicamente materno» (Redemptoris Mater 38) y, por eso, ella es el centro de la «comunión de los santos», «está como envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos» (Redemptoris Mater 41), de esa capacidad de ser-para-los-otros en el Reino de Dios como coronamiento sobrenatural de la estupenda posibilidad ya en el plano natural, o sea, de la capacidad de poderse apoyar y ayudar recíprocamente.
*
H. U. von Balthasar, «Comentario a la encíclica “Redemptoris Mater”», en H. U. von Balthasar – J. Ratzinger, María. El sí de Dios al hombre. Introducción y comentario a la encíclica«Redemptoris Mater», Brescia 31988, pp. 56ss, passim)
Comentarios desactivados en 15 de Agosto de 2025. Solemnidad de La Asunción de María.
1ª LECTURA
Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab
Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:
–“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.”
***
Salmo responsorial: 44
De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.
***
2ª LECTURA
1Corintios 15,20-27a
Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo
Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.
***
EVANGELIO
Lucas 1,39-56
El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
– “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”
María dijo:
– “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.
LA ASUNCIÓN DE MARIA
Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia.
Celebramos, pues, una verdad que no es inventada por los hombres. Por la seguridad de una fe verdaderamente católica, sentimos hoy la alegría profunda de que María realmente está en el cielo, no sólo con su espíritu, como están todos nuestros muertos, sino con su cuerpo glorificado ya en esta forma definitiva en que también nosotros vamos a ser glorificados, cuando se cumpla ese dogma de nuestro credo: creo en la resurrección de la carne, en la resurrección de los muertos. Pero lo dejaba Dios ese dogma para actualizarlo en 1900, este siglo tan proclive, tan inclinado al materialismo, como dijo el Papa Pablo VI en el Concilio: “Este Concilio no está hablando de un Dios y de un reino de los cielos, cuando los hombres sólo hablan de reinos de la tierra y de conquistas de la tierra”.
El mensaje, pues, de este día es muy oportuno, porque ese viaje de María en cuerpo y alma al cielo, es el índice más vigoroso a toda la humanidad para decirles que no está en esta tierra el destino del alma y del hombre que busca la verdadera felicidad, que hay un reino de los cielos definitivo, más allá de nuestras vidas, pero que se conquista precisamente trabajando en esta vida, entregándose al cumplimiento de los designios de Dios; así como María hizo de su vida terrenal un cumplimiento exacto, una colaboración íntima con el divino Redentor para salvar al mundo. Y por eso el Concilio Vaticano II, cuando recoge para nuestros días, más recientes todavía, el dogma de la asunción nos dice: “María llevada en cuerpo y alma a los cielo, es allá en el reino definitivo, el modelo y el principio de una Iglesia que ha de ser totalmente glorificada”. (GS 68) Es decir, esta Iglesia que todavía peregrina entre persecuciones y dolores en la tierra, mira a María y en ella contempla su destino inmortal y se anima a sufrir todos los dolores y persecuciones, porque sabe que a través de este dolor, como el dolor de María, Dios está labrando las piedras vivas de aquel templo glorioso en el cual Dios fungirá para siempre toda su majestad y toda su belleza. Leer más…
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