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El paso de Jesús…

martes, 30 de julio de 2019
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El paso de Jesús de este mundo al Padre abarca, en una unidad estrechísima, pasión y resurrección: a través de su pasión es como llegó Jesús a la gloria de la resurrección. Pasión y paso van unidos entre sí; la Pascua cristiana es un transitus per passionem: un paso a través de la pasión. Pero hay una síntesis más importante: la que se da entre la Pascua de Dios y la pascua del hombre. ¿Cómo se lleva a cabo esa síntesis en la nueva definición de la Pascua? En Jesús, los dos protagonistas de la Pascua -Dios y el hombre- dejan de aparecer como alternativos o yuxtapuestos y se convierten en uno solo, porque, en Cristo, la humanidad y la divinidad son una misma persona. El autor y el destinatario de la salvación se han encontrado; la gracia y la libertad se han besado. Ha nacido la «nueva y eterna alianza»; eterna, porque ahora nadie podrá separar ya a los dos contrayentes, convertidos, en Cristo, en una sola persona.

Con todo, queda una duda por disipar: entonces ¿es sólo Jesús quien lleva a cabo la Pascua? ¿Es sólo él quien pasa de este mundo al Padre? ¿Y nosotros? El de Jesús no es un paso solitario, sino un paso colectivo, de toda la humanidad, al Padre. En Pascua nació la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, como espiga crecida en la tumba de Cristo. En consecuencia, todos hemos pasado ya, con Cristo, al Padre y «nuestra vida está escondida ya con Cristo en Dios» (cf. Col 3,3); sin embargo, todos debemos pasar aún. Hemos pasado In spe e in sacramento, en esperanza y por el bautismo, pero debemos pasar en la realidad de la vida cotidiana, imitando su vida y, sobre todo, su amor.

*

Raniero Cantalamessa,
El misterio pascual,
Milán 1985, pp. 19-21).

***

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«Hacia una nueva civilización II», Stefano Cartabia.

martes, 30 de julio de 2019
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Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 12/07/19.- Nuestra colaboración y nuestra responsabilidad para con la nueva civilización tiene un eje insustituible: uno mismo. El camino empieza por uno mismo. La sabiduría perenne siempre lo supo y plasmó el conocido aforismo común a todas las tradiciones: “si yo cambio, el mundo cambia”.

Puesta esta piedra esencial podemos echar una mirada a unos aspectos donde podemos ver la nueva civilización emergiendo y donde podemos colaborar con nuestra responsabilidad y lucidez.

LA NUEVA CIVILIZACIÓN Y SUS IMPLICACIONES

1. Religiones

La nueva civilización está afectando sensiblemente a lo religioso. En general las religiones mundiales están pasando por situaciones de crisis, especialmente aquellas que tiene una fuerte organización institucional, como por ejemplo la iglesia católica adentro del cristianismo.

La crisis de las religiones y lo religioso es un signo evidente de la nueva civilización que está emergiendo. Justamente porque lo religioso toca una de las esferas más profundas y sensibles del ser humano desde la antigüedad: la relación con la preguntas últimas (definitivas). Preguntas últimas que podemos resumir así: ¿de dónde vengo? ¿Adonde voy? ¿Hay un Ser trascendente? ¿Qué sentido tienen el mal, el dolor y la muerte? ¿Se puede ser feliz en nuestra existencia humana?

Estas son las preguntas religiosas, más allá de la creencias, más allá de los supuestos ateísmos.

La “crisis” de las religiones y lo religioso es un aspecto de la Gran Muerte. Hay que cruzar la Gran Muerte con apertura y radicalidad.

La Gran Muerte en lo religioso se manifiesta esencialmente en el quiebre de la convicción de poseer la verdad. Por muchos siglos cada religión o tradición religiosa estaba convencida de “ser la mejor”, la “auténtica”, la sola poseedora de la verdad.

La nueva civilización está quebrando esta convicción mental y egoica.

Vamos hacia una transformación esencial del fenómeno religioso. Posiblemente las religiones subirán una transformación radical – tal vez algunas desaparecerán – y nos encontraremos en la espiritualidad. La espiritualidad pertenece a la esencia de nuestro ser y del Universo, en cambio el fenómeno religioso está vinculado a la historia y las culturas y por eso mismo está sujeto al cambio, le renovación, la transformación.

En la genuina espiritualidad nos estamos ya encontrando: cristianos, budistas, hinduistas, musulmanes, judíos, ateos. Nos estamos encontrando a partir de la experiencia del Ser, de la Vida, del Amor. Experiencia del Ser que se tiñe maravillosamente de las diferencias, las respeta, las valora, las custodia.

¿Cómo colaborar responsablemente a la nueva civilización en este aspecto?

Cuestionando nuestras posturas mentales, nuestros juicios, nuestra cerrazón.

Cayendo en la cuenta que nuestra pretensión de “tener la verdad” es puramente mental y en el fondo anti-evangélica. Además en lo concreto es un obstáculo en la vivencia existencial del Amor, núcleo – dicho sea de paso – del mensaje evangélico.

Abriendo la mente a otras posibilidades. Escuchando radicalmente el otro desde el silencio mental. Ejercitando la mente al silencio y poniéndonos a servicio de la primacía del Espíritu.

Es el camino del silencio, la interioridad, la profundidad que marca lo genuino de todas las religiones desde los orígenes de la humanidad.

2. Política

La crisis política es mundial. En la actualidad, tal vez como nunca antes, la humanidad sufre una carencia de lideres políticos. Me atrevo a decir –por lo que conozco– que en el mundo occidental casi no hay un líder político digno de ese nombre.

Son pocos los gobiernos que se escapan de los escándalos debidos a la corrupción, a los abusos de poder, a medidas anti-democráticas o hasta anti-humanas.

Esta crisis política es –otra vez– la dimensión de la Gran Muerte.

El camino democrático que rige en gran parte de la humanidad está llegando a su implosión. La nueva civilización vislumbra otra democracia, más autentica, más humana. Tal vez la democracia no es el último estadio en la evolución política de la humanidad. Hay algo más, hay algo mejor.

La nueva civilización está sugiriendo, desde muchos lugares del planeta, otra manera de vivir la democracia.

Surgen experiencia, propuestas, intentos de una democracia nueva.

¿Cómo colaborar?

Reconociendo y desarticulando a nivel personal lo que la Gran Muerte está haciendo a nivel de macro-política: nuestra tendencia al poder, a la fama, al dinero, a la comodidad, a la apariencia, al prestigio.

La clase política surge de la base y desde la base y es reflejo de una sociedad.

Reconociendo en nosotros lo que juzgamos y vemos “afuera” es el primer paso para colaborar con una nueva forma de hacer política.

Mientras hacemos esto – trabajo nunca acabado – podemos crear esta conciencia en nuestros círculos vitales. En lugar de rechazar lo político podemos aportar conciencia y lucidez. Podemos dialogar, crear comunidades, espacios para reflexionar juntos y crecer en lucidez en lugar de la crítica estéril.

Escuchando al otro con radicalidad y sin prejuicios. El otro es siempre mucho más que sus opiniones, ideologías, posturas.

Solo desde una real escucha y aprecio podrá surgir una nueva política; una política que se fundamente en el Ser y no en el pensar.

3. Economía

Otra dimensión donde está actuando la nueva civilización es la economía. Las continuas crisis económicas y financieras que de vez en cuando sacuden también Wall Street y los bancos es la Gran Muerte que tiene que atravesar –y está atravesando– la economía mundial. El sistema económico mundial está también a punto de colapsar. Sigue la absurda e inhumana brecha entre la extrema riqueza y la extrema pobreza. Sigue una economía virtual y muy poco real: el mundo del fútbol es un perfecto ejemplo. Así como el mundo del espectáculo, la televisión y las redes sociales.

Desde muchas partes la nueva civilización está sugiriendo una manera más humana de vivir la economía.

Surgen, cada vez más, experiencias y propuestas que apuntan a la sobriedad, al compartir, a la solidaridad.

¿Cómo colaborar?

Saliendo de la tentación del tener. Saliendo de la ilusoria creencia que la felicidad viene del poder, del tener, del aparentar.

Siempre más nos estamos dando cuenta de eso, aunque los medios y las redes sociales a menudo empujan en la otra dirección y nuestra falta de lucidez nos hace caer e ilusionar.

También es esencial dejar a un lado todos estos medios y redes para centrarnos en nosotros mismos: la plenitud la descubrimos adentro. Hasta que no vamos hacia adentro la seguiremos buscando afuera y caeremos en la ilusión y en una economía muy poco humana y humanizante.

Podemos colaborar con la nueva civilización creando espacios sanos de interioridad y profundidad… para nosotros mismos y para los demás.

Creando espacios y momentos de una sano y sobrio compartir.

Volver a la sobriedad y saborearla es un medio muy eficaz para darnos cuenta de la plenitud que ya somos y tenemos.

Muy útil es también desprendernos de vez en cuando de todo lo que no usamos y no nos es necesario: ropa, objetos, proyectos, etcétera…

Nos daremos cuenta que después de un primer momento de “dolor” se abrirá un espacio enorme de libertad y plenitud.

Porque al desprendernos y al dar, caemos en la cuenta que somos el mismo amor que estamos dando y viviendo.

4. Sexualidad

Todo lo relacionado a la sexualidad tiene una gran importancia y fuerza en el ser humano. La energía sexual es tal vez la más potente en el ser humano, es la energía que concentra las demás dimensiones. Por eso es la energía también más bella, la que engendra vida.

La crisis de lo sexual es evidente: es también esta la Gran Muerte.

La liberación sexual que estamos viviendo nos aportó muchos aspectos nuevos e importante, abrió las puertas a una comprensión más integral de la sexualidad humana. Pero estamos viendo que no es suficiente. Lo sexual sigue generando sufrimiento, sentimientos de culpas, situaciones inhumanas.

¿Por qué? 

Porque se está viviendo como una dimensión aislada de nuestro ser. La liberación sexual se centró en una supuesta libertad y se enfocó en el placer y el puro individualismo.

El placer por el placer – lo sabemos bien – no nos lleva a la experiencia de plenitud.

Buscar en el simple placer la plenitud es como buscar el océano en un vaso de agua.

Somos mucho más que el simple placer sexual. Somos mucho más que nuestra genitalidad.

La nueva civilización intenta integrar lo sexual a toda la persona humana y a todo el ser. Aprender a vivir una sexualidad integrada a nuestra dimensión psíquica y espiritual es fuente de crecimiento y de auténtica plenitud.

¿Cómo colaborar con esta dimensión?

También en este aspecto el primer paso es siempre el crecimiento personal en conciencia: ¿cómo vivo la dimensión sexual en mi existencia?

Reconocer y asumir los que nos duele, las heridas, los sentimientos, las dificultades y los fracasos, es esencial.

En segundo lugar podemos dar paso para vivir una sexualidad cada vez más integrada, antes que nada con nosotros mismos y después con nuestro entorno.

La sexual es una energía que nos conecta y relaciona con todo y con todos. Siempre nos relacionamos a partir de nuestra dimensión sexual y sexuada, con las personas, las cosas, la naturaleza.

El camino de integración abarca también la vivencia de la sexualidad en una existencia y vocación concreta. Vivimos la sexualidad a partir de un estilo de vida.

Todo esto significa que también hay que ordenar la sexualidad: el desorden sin duda no lleva a la integración y a la experiencia de plenitud. La sexualidad, como toda energía, requiere y busca un orden. La energía desordenada es destructiva.

A nivel más familiar y social es fundamental la educación. Tal vez es este uno de los campos donde el camino educativo resulta de fundamental importancia.

Educar en su amplio sentido de acompañar, escuchar, orientar, dialogar, perdonar, recomenzar. Educar la sexualidad es un camino largo y nunca acabado.

5. Ecología

La nueva civilización se está expresando y revelando con un tinte especial en la ecología. La triste y conocida crisis ecológica es la Gran Muerte por la cual se resucitará a una conciencia ecológica integral y humana.

La dimensión ecológica tiene estricta vinculación a las dimensiones políticas y económicas que ya hemos tratado y no creceremos como humanidad sin integrar estas tres dimensiones.

La tierra está herida: hoy hay más conciencia que nunca. El ser humano es parte de la tierra, del agua, del fuego, del aire: hoy hay más conciencia que nunca.

Está emergiendo, desde la nueva civilización, una nueva y exquisita conciencia ecológica. Lenta pero segura, va surgiendo. Lenta porque tiene que lidiar con el ego colectivo obsesionado por el éxito y el poder que hemos visto en el nivel político y económico. Segura porque la tierra está despertando y nos está despertando. También en este nivel no hay marcha atrás.

La nueva civilización supone el despertar de la tierra y su evolución en conciencia.

Nos estamos dando cuenta – los pueblos originarios lo saben desde siempre – que la tierra y lo que vive en ella es un ser consciente. Todo evoluciona hacia niveles de conciencia cada vez mayores. En ámbito cristiano es la intuición que expresó muy claramente Teilhard de Chardin en el siglo pasado. Nada está “muerto”: simplemente vive en otro nivel de conciencia.

¿Cómo colaborar?

Volviendo a un contacto sereno y real con la tierra. Volviendo a la creación y sus multiformes y hermosas manifestaciones.

La comunión serena y prolongada con la naturaleza nos puede regalar un crecimiento importante en conciencia.

Salir de nuestras ciudades y entornos contaminados de ruido y escuchar los arboles, el viento, las flores, los pájaros.

Renunciar con coraje a la televisión y darse un tiempo de calidad para “sentir la tierra”.

La tierra nos está llamando, nos está amando.

¿Escucharemos su voz? ¿Nos dejaremos amar?

Conclusión

La nueva civilización es meta y camino, es camino y meta.

Ya está, porque late en el corazón del mundo. Ya está, porque es lo que, realmente y auténticamente, somos.

Descubrir que el camino es la meta es el comienzo de la verdadera paz y del disfrute. Caminar en la meta es éxtasis.

Como dice el sabio hindú Nisargadatta:

Una vez que te des cuenta que el camino es la meta y que siempre estás en el camino, no para alcanzar una meta, sino para gozar de su belleza y sabiduría, la vida deja de ser una tarea y se torna natural y simple, se convierte en éxtasis…”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* “HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN I” en ECLESALIA, 08/07/19

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Basta escuchar a las piedras

lunes, 29 de julio de 2019
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Dios existe. Basta con escuchar a las piedras, basta con escuchar, a lo largo de los milenios, a los innumerables glorificadores del Nombre impronunciable: los santos, los sabios, los profetas, los humildes creadores de amor y de belleza, esos que tejen incesantemente, en la trama carnal, un hilo de eternidad para impedir que la tela se desgarre. Esos a quienes Dios consuma con su ausencia. Esos que van al desierto y cuyo holocausto puro libera al mundo de la asfixia. Esos que se sientan en la mesa de los pecadores para encarnar al Infinito en el amor. Tenía que leer yo enseguida en Berdjaev: «El argumento principal en favor de Dios reside en el mismo hombre y en su vocación. El mundo ha conocido profetas, mártires, héroes, contemplativos, buscadores y siervos desinteresados de la verdad, creadores de auténtica belleza, bellos ellos mismos, hombres de una gran profundidad, poderosos en el espíritu. Y, sobre todo, los que han dado testimonio de que la única situación jerárquica elevada en este mundo es ser crucificados por la verdad. Todo esto no prueba, pero sí muestra…, todo esto permite descubrir a Dios».

Dios existe. Él es «el centro en el que convergen las líneas. En él encuentra su incandescencia el ser del mundo. El es el espacio sin límites de nuestra libertad. Sin él, no seríamos más que partículas irrisorias del universo y de la historia. El es el arco, la flecha y el blanco, el comienzo, el medio y el fin, el centro y la circunferencia o, más bien, el no situado, el que está siempre más allá y, sin embargo, es nuestro lugar. Porque es el totalmente otro y el que es más que nosotros mismos».

*

Olivier Clément,
El otro sol,
Narcea, Madrid 1983

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«Hacia una nueva civilización I», por Stefano Cartabia, Oblato.

lunes, 29 de julio de 2019
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Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 08/07/19.- ¿Adónde va el mundo? ¿Adónde va nuestro mundo? Este mundo que es mío, tuyo y de todos a la vez. Preguntarse adónde va el mundo es preguntarse adónde estoy yendo yo y adónde estás yendo tú.

El cambio de época revolucionó nuestro mundo y nuestra cosmovisión: estamos aprendiendo a mirar el mundo con otros ojos y comprendemos el mundo y la vida desde otro nivel de conciencia. El cambio de época afectó y está afectando a los cimientos de las culturas, los pueblos, las sociedades, las religiones.

Está cambiando radicalmente la manera de comprender la vida y con ella la auto-comprensión del ser humano: ¿Quién soy yo? ¿Qué es la vida? ¿Qué sentido tiene vivir? ¿Quién es el ser humano? Preguntas que en muchos ambientes se explicitan y que en otros quedan ocultas, pero preguntas que están presentes, pulsantes, hoy más que nunca. Como el aguijón en la carne de Pablo (2 Cor 12, 7). Vamos – ya estamos yendo – hacia una nueva civilización.

La conciencia humana evoluciona: un hecho innegable que a muchos cuesta asumir. Tal vez por miedo, comodidad, inseguridad. Decir que la conciencia humana evoluciona es afirmar justamente el primado de la conciencia sobre todas las cosas. Y afirmar la primacía de la conciencia es afirmar la lucidez espiritual: puedo saber que estoy sabiendo. Puedo darme cuenta de mí mismo, de las cosas, del mundo. Soy (puedo ser) consciente, soy (puedo ser) autoconsciente y, en todo caso y siempre, soy conciencia.

Decir conciencia es decir: sé, he visto, estoy presente a mí mismo. Ser consciente de un árbol es saber –por experiencia– que este mismo árbol está ahí, frente a mí. Lo estoy viendo, lo estoy experimentando, aparece en mi conciencia.

Como pasa con lo “exterior” pasa también con lo “interior”: puedo ser consciente de mis estados mentales y emocionales. Sé cómo me siento: lo estoy experimentando, lo estoy viendo, puedo nombrarlo.

La nueva civilización está emergiendo desde esta evolución de la conciencia. Cada vez más la humanidad se hace consciente y este crecimiento en la consciencia plantea una revisión esencial de las preguntas que nombramos hace un rato.

  • ¿Cómo contribuir personalmente a la nueva civilización que está surgiendo?
  • ¿Cómo contribuir colectivamente a esta civilización?

CARACTERÍSTICAS ESENCIALES DE ESTA NUEVA CIVILIZACIÓN

1. Emerge lo Uno, la Unicidad

Uno de los rasgos más evidentes de la nueva civilización es el emerger de lo Uno o la Unicidad. En todos los campos del saber y de la experiencia humana surge el descubrimiento de lo Uno y el anhelo hacia lo Uno. Más allá de los conflictos que siguen afectando a nuestro mundo y a nuestra humana convivencia, el surgir de lo Uno es imparable. Es imparable porque pertenece intrínsecamente a la manifestación del Ser y a la evolución de la conciencia. Los conflictos que subrayan las diferencias y no las asumen, son el último intento del ego colectivo para salvar su ficticia existencia. Como los conflictos individuales e internos que cada ser humano experimenta indican la rebeldía de un ego que no quiere desaparecer.

El anhelo de unidad pertenece al corazón humano desde que este apareció en el Universo. La silenciosa voz de lo Uno sigue latiendo y animando al ser humano desde las raíces.

¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Antes de nada una aclaración: digo “Unicidad” y no “Unidad” porque en la palabra Unidad se esconde todavía la dualidad. Parecería ser que la Unidad es la síntesis de lo dual. Hablando de Unicidad subrayo Eso que no tiene segundo: el Uno en el sentido que nada se le opone y nada existe fuera de Él.

Retomamos la pregunta: ¿Qué es Eso que llamamos Uno o Unicidad?

Es el Misterio esencial que nos define más allá de cualquier definición. El Misterio que las religiones, las tradiciones espirituales y la filosofía estuvieron buscando desde siempre. Es el Origen, desde donde venimos, en el cual vivimos, y adonde estamos yendo.

Lo llaman Dios, Vida, Ser, Nada, Vacío, Conciencia, Supremo Principio, Fuente, Espíritu… en realidad como lo llamemos tiene poca importancia. Importa experimentarlo, importa sentirlo, importa vivirlo. Más que nada: importa dejarse vivir por Eso.

Es la Vida en la cual y desde la cual vivimos.

Es el Ser en el cual y desde el cual somos.

Es el Respiro que nos respira.

Es el Principio Único. No puede haber dos.

Cada persona lo sabe y lo puede experimentar por sí mismo.

Alcanza también con preguntarse a uno mismo con sinceridad y lucidez: ¿Qué hay detrás o debajo de cada experiencia –por breve que sea– de plenitud? Cuándo me siento realmente pleno: ¿que estoy experimentando?

Siempre, en el fondo de cada experiencia humana de plenitud, está, de alguna manera, la experiencia de lo Uno. Si escarbamos y llegamos al fondo de cada experiencia de plenitud encontramos la sensación de lo Uno. Nos sentimos uno con nosotros mismos y con el Universo.

Lo que ocurre es que a menudo confundimos la real experiencia de plenitud con momentos de placer, con sentimientos y afectos.

Sentirse psicológicamente y espiritualmente en comunión con este Principio, con lo Uno, es la fuente suprema de la Paz y la experiencia cumbre de un ser humano.

Dije “psicológicamente y espiritualmente” porque a nivel más profundo es lo que somos y lo que no podemos no ser. Somos Eso.

Lo que ocurre es que no logramos sentirlo, vivirlo, experimentarlo: porque vivimos en la superficie y vivimos desde la mente.

La nueva civilización está percibiendo cada vez más indicios de todo eso.

Los reflejos en la vida concreta, personal y colectiva, son múltiples: la tecnología, los movimientos sociales y políticos, la globalización general, el encuentro de personas de distintos países pese a la terquedad de los gobiernos.

Hay distintas opciones –espirituales, artísticas y filosóficas– para introducirse (o continuar) este camino y afianzarse en él.

Afianzarse en este experiencia es contribuir a la nueva civilización desde la propia originalidad. Esto nos introduce al siguiente punto.

2. Se respetan y valoran las diferencias

La otra cara de la medalla de lo Uno es la multiplicidad. También este “problema” está al origen del ser humano: lo Uno y lo Múltiple. En nuestra experiencia –interna y externa– aparecen las dos dimensiones.

Experimentamos el Principio Único (tal vez inicialmente solo como anhelo) y también experimentamos la distinción. Experimentamos la Fuente y experimentamos los ríos. Experimentamos la Vida y experimentamos distintas maneras de vivir. Nos sentimos en comunión y nos sentimos distintos.

¿Qué ocurre?

Ocurre que lo Uno se manifiesta, se revela y se expresa a Sí Mismo. Esto engendra la distinción. Es la creatividad infinita.

Los budistas hablan de forma y vacío. El Vacío (lo Uno) se experimenta y revela como forma (múltiple). En la terminología budista podemos encontrar dos expresiones que –a la razón– parecen contradictorias: “el vacío es forma y la forma es vacío” y “el vacío es vacío y la forma es forma”.

Lo que sugieren es la relación intrínseca e inaferrable entre Vacío y forma, entre lo Uno y lo múltiple. Otra manera de decir lo mismo es hablar del Todo y la parte. En sentido estricto la misma relación que hay entre Vacío y forma, Uno y múltiple es la misma relación que hay entre el Todo y la parte: no existe el Todo sin la parte ni la parte sin el Todo y, a la vez, el Todo es Todo y la parte es parte. También la ciencia lo va confirmando y experimentando cuando habla de la estructura holística del Universo.

Afirma el sacerdote jesuita japonés y practicante zen Kakichi Kadowaki: “Esta relación dinámica entre lo uno y lo múltiple, la dialéctica contradictoria entre la parte y el todo, es el concepto central de la enseñanza cristiana.

No es tarea de la mente comprender este Misterio. Por eso trascender la mente es esencial. Justamente este es otro de los signos de la nueva civilización. La humanidad se está dando cuenta de que la mente –es decir lo racional, el pensamiento– no es el último estadio de la evolución. Somos mucho más que pensamiento, el Universo es mucho más que sus leyes científicas y demostrables aunque en ellas se revele y manifieste.

La nueva civilización está lentamente aprendiendo a respetar y valorar las diferencias. Surgen por todos lados dimensiones y formas distintas de la vida que piden aceptación y reconocimiento. Surgen infinitas formas de ser “humano” y de vivir que estamos aprendiendo a valorar y asumir. Todavía en muchos casos nos cuesta mucho, porque vemos solo esta cara de la medalla y no la Unicidad que subyace a todo. Cuando vemos solo la distinción sin lo Uno nos sentimos amenazados (es el ego que siente amenazado en realidad) y esto nos lleva a encerrarnos y defendernos.

El camino es aprender a ver lo distinto desde lo Uno (en término cristiano profecía: ver todo en Dios) y a ver lo Uno que se manifiesta en lo distinto (en término cristiano mística: ver a Dios en todo).

Entonces lo distinto se valorará en toda su unicidad, originalidad y belleza como expresión de lo Uno, como expresión del Mismo Espíritu que nos configura.

Pasamos así la tercera característica de la nueva civilización.

3. Primacía del Espíritu

¿Cuál es el eje de la nueva civilización que está emergiendo?

¿Adónde apuntar para insertarnos responsablemente en esto?

Sin duda podemos afirmar: la primacía del Espíritu.

La correcta relación entre las dos características que vimos antes –Uno y múltiple– solo la podemos vivir desde el Espíritu.

Decir Espíritu es decir interioridad, profundidad, silencio. Decir Espíritu es decir trascender la mente.

Como hemos visto, la relación entre lo Uno y lo múltiple no es algo que la mente pueda comprender, porque la mente es expresión del mismo Misterio. También la física cuántica nos está diciendo la misma cosa desde su punto de vista: el observador está involucrado en lo que ve y por eso lo que se ve no es estático, sino pura posibilidad. Es el famoso “gato de Schrödinger” que al mismo tiempo puede estar vivo o muerto.

Dice el teólogo y místico Bede Griffiths:

la mente humana como observadora está ya involucrada en aquello que observa. Lo que observamos no es la realidad en sí misma, sino la realidad condicionada por la mente humana, los sentidos y los varios instrumentos que son utilizados para extender los sentidos… La vieja comprensión de la ciencia está gradualmente dando lugar a la visión de que la conciencia y la realidad física deberían ser consideradas como aspectos complementarios de la realidad”.

En el fondo lo que afirma rotundamente la primacía del Espíritu es que toda dualidad surge, está abrazada y se consume en un Principio único e invisible que podemos llamar Espíritu.

La primacía del Espíritu hace caer toda estaticidad y fijación de la experiencia dual.

Por cuanto real nos parece ser la dualidad, más real es el Espíritu.

La experiencia dual es sumamente cambiante e inestable. La experiencia realmente espiritual es inmóvil y eterna.

Esta primacía del Espíritu está siendo visualizada y vislumbrada en este tiempo de cambio. Es un pasaje evolutivo esencial. Desde la oscuridad emerge el Espíritu dando origen a la nueva civilización.

La incomodidad que sentimos hacia un mundo dual e impermanente (todo cambia constantemente) y la necesidad de trascender esta misma dualidad no es otra cosa que el empuje y el soplo del Espíritu.

Solo desde el Espíritu podemos asumir, vivir, trascender toda expresión dual de la vida: espíritu/materia, bien/mal, humanidad/divinidad, tiempo/eternidad, vida/muerte.

El Espíritu impregna la materia. También la ciencia hoy en día lo está descubriendo y asumiendo. La cuántica nos dice que la materia es una manera de organizarse de la energía. Así la medicina, que va descubriendo cada vez más la relación constitutiva entre cuerpo, mente y espíritu.

Crecer y afianzarse en la primacía del Espíritu disuelve la paradoja de Uno y lo múltiple y nos permite vivir esta misma paradoja con sabiduría.

Como dice el zen: “La igualdad sin la diferenciación es mala igualdad; la diferenciación sin igualdad es mala diferenciación”.

Para enraizarse en la primacía del Espíritu, la nueva civilización tiene que pasar –ya la está cruzando– la Gran Muerte.

4. La Gran Muerte

La “Gran Muerte” es una expresión zen que indica el radical cambio de percepción –la manera de funcionar de la mente– que se necesita para vivir desde la primacía del Espíritu.

Es sumamente interesante que todas las grandes religiones y tradiciones espirituales de la humanidad sostienen y subrayan la necesidad de atravesar “la muerte” para aprender esta nueva forma de ver y de vivir.

En este sentido los cristianos tenemos muchas palabras de Jesús en el evangelio:

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará” (Mc 8, 35).

Más allá de las palabras y la enseñanza de Jesús, el evento histórico de la cruz asume una relevancia insustituible y tal vez única en la historia humana y expresa maravillosa y claramente la Gran Muerte.

La Pascua –muerte y resurrección– trasciende el acontecimiento histórico de Jesús de Nazaret para convertirse en símbolo eterno de la necesaria muerte para llegar a la resurrección: una nueva manera de ver y vivir.

San Pablo captó con extrema profundidad el alcance de la cuestión.

Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil 1, 21)
“¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rom 6, 3-4).

Pasar por la Gran Muerte nos trasforma radicalmente:

Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12, 1-2).

Tal vez el despertar de la conciencia –la primacía del Espíritu– solo la podemos alcanzar como seres humanos a través de esta muerte; y la muerte supone dolor.

Lo podemos descubrir en nuestra experiencia personal: cada vez que hemos crecido humanamente (o espiritualmente, que es lo mismo), hemos pasado por situaciones dolorosas. El dolor atravesado nos dio otra comprensión de nosotros mismos y de la vida en general: en otras palabras nuestro nivel de conciencia se fue ampliando y profundizando. El aprendizaje y el crecimiento en comprensión y conciencia supone dolor. Es así para la gran mayoría de los seres humanos, aunque pueden haber experiencias de iluminación gratuitas sin pasar por el dolor. El Misterio no lo manejamos.

Lo que está ocurriendo en el mundo –aunque seamos en muchos casos inconscientes– es este despertar a través del dolor. Las situaciones de dolor que la humanidad está viviendo y soportando son facetas de la Gran Muerte.

Las dificultades para asumir la primacía del Espíritu y vivir desde ahí la dualidad son el camino necesario que necesita la nueva civilización. Son los “dolores del parto” usando la hermosa imagen del Pablo.

Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8, 22-23).

En nuestra vida individual –microcosmos– ocurre lo mismo. Todas las situaciones de dolor que enfrentamos son los empujes del Espíritu que quiere emerger y manifestarse en plenitud. Es el Espíritu que desde las entrañas del cosmos acompaña la evolución del Universo.

Podemos colaborar con este empuje. Podemos ser más responsables de nuestra conciencia. Este camino de responsabilidad y conciencia nos ahorrará gran parte del dolor que el Espíritu utiliza para despertarnos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“HACIA UNA NUEVA CIVILIZACIÓN II” en ECLESALIA, 12/07/19

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“Tres llamadas de Jesús”. 17 Tiempo ordinario – C (Lucas 11,1-13)

domingo, 28 de julio de 2019
Comentarios desactivados en “Tres llamadas de Jesús”. 17 Tiempo ordinario – C (Lucas 11,1-13)

17-TO-C-600x399«Yo os digo: Pedid y se os dará. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá». Es fácil que Jesús haya pronunciado estas palabras cuando se movía por las aldeas de Galilea pidiendo algo de comer, buscando acogida y llamando a la puerta de los vecinos. Él sabía aprovechar las experiencias más sencillas de la vida para despertar la confianza de sus seguidores en el Padre Bueno de todos.

Curiosamente, en ningún momento se nos dice qué hemos de pedir o buscar ni a qué puerta hemos de llamar. Lo importante para Jesús es la actitud. Ante el Padre hemos de vivir como pobres que piden lo que necesitan para vivir, como perdidos que buscan el camino que no conocen bien, como desvalidos que llaman a la puerta de Dios.

Las tres llamadas de Jesús nos invitan a despertar la confianza en el Padre, pero lo hacen con matices diferentes. «Pedir» es la actitud propia del pobre. A Dios hemos de pedir lo que no nos podemos dar a nosotros mismos: el aliento de la vida, el perdón, la paz interior, la salvación. «Buscar» no es solo pedir. Es, además, dar pasos para conseguir lo que no está a nuestro alcance. Así hemos de buscar ante todo el reino de Dios y su justicia: un mundo más humano y digno para todos. «Llamar» es dar golpes a la puerta, insistir, gritar a Dios cuando lo sentimos lejos.

La confianza de Jesús en el Padre es absoluta. Quiere que sus seguidores no lo olviden nunca: el que pide, está recibiendo; el que busca está encontrando y al que llama, se le abre. Jesús no dice qué reciben concretamente los que están pidiendo, qué encuentran lo que andan buscando o qué alcanzan los que gritan. Su promesa es otra: a quienes confían en él Dios se les da; quienes acuden a él reciben «cosas buenas».

Jesús no da explicaciones complicadas. Pone tres ejemplos que pueden entender los padres y las madres de todos los tiempos. ¿Qué padre o qué madre, cuando el hijo le pide una hogaza de pan, le da una piedra de forma redonda como las que pueden ver por los caminos? ¿O, si le pide un pez, le dará una de esas culebras de agua que a veces aparecen en las redes de pesca? ¿O, si le pide un huevo, le dará un escorpión apelotonado de los que se ven por la orilla del lago?

Los padres no se burlan de sus hijos. No los engañan ni les dan algo que pueda hacerles daño sino «cosas buenas». Jesús saca rápidamente la conclusión. «Cuánto más vuestro Padre del cielo dará su Espíritu a los que se lo pidan». Para Jesús, lo mejor que podemos pedir y recibir de Dios es su Aliento, su Espíritu, su Amor que sostiene y salva nuestra vida.

José Antonio Pagola

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“Pedid y se os dará”. Domingo 28 de julio de 2019. 17º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 28 de julio de 2019
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42-ordinarioC17 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 18, 20-32: No se enfade mi Señor, si sigo hablando. 
Salmo responsorial: 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Colosenses 2, 12-14 Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados.
Lucas 11, 1-13: Pedid y se os dará.

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

Evangelio

La oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

PERDONANOS NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios. Leer más…

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28.7.19. Dom 17, ciclo C (Lc 11, 1‒13) Quien pide recibe, quien busca encuentra (es encontrado)

domingo, 28 de julio de 2019
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muralla-del-vaticano_20154Del blog de Xabier Pikaza:

Cuando oréis decid así : Oración, la puerta de la vida

Llamad y os abrirá, buscad y seréis encontrados

Estamos ante muros altos y puertas cerradas, y el evangelio de hoy supone que somos nosotros mismos los que las trancamos. Las trancamos, pero no podemos abrirlas por nosotros mismos, a base de esfuerzo, con puro dinero y violencia, pues así acabamos cerrando puertas y más puertas, de imposición religiosa, de dinero, de poder, de cultura de muerte y de infierno, a no ser que nos abramos por dentro a la Vida que es Dios y que el nos abra (abra con/por nosotros esas puertas).

Ése es el sentido y poder de la oración de la que nos habla hoy Jesús, al decirnos que llamemos, que abramos el corazón a Dios (es decir, que lo abramos unos a los otros), que oremos juntos, descubriendo así y dejando que se exprese en nuestra vida el más alto don de la Vida, que es Él (¡Dios mismo!) en nosotros,

‒ Hay un muro de poder religioso, que puede estar representado por un tipo falso “vaticano”, es decir por cien vaticanos,de origen cristiano o no cristiano, que nos imponen su ley sin libertad, religiones convertidas en sectas que atrapan a los hombres tras un muro kafkiano de palabras que se repiten y repiten, de leyes que se enroscan en sí mismas sin dejar resquicio a la experiencia del amor y a la esperanza de una comunión abierta al Reino.

‒ Hay un Muro de Mammón, de dinero que se guarda en cajas fuertes, blindadas tras cien llaves de control mecánico o electrónico, dinero real o virtual, que se expresa en miles y miles de millas de alambradas, para no dejar que lleguen los pobres, desde el Río Grande hasta Melilla, redes metálicas, campos de minas, mares y ríos de muerte, muros de inhumanidad.

un-inmigrante-intenta-por-primera-vez-saltar-la-valla-de-ceuta-para-dejar-espanaEstán los muros militares de guerrillas y naciones, de super‒estados y potencias al servicio de su puro poder y del dinero, como aquellos contra los que luchaba ya Jeremías (Jer 1), como aquellos a los que alude Jesús cuando habla de las  puertas del infierno. Así dicen defendernos de una violencia pequeña con otra mucho más dura (que a veces llaman legal). Sólo con oración, es decir, con Palabra de Dios, vivida por dentro y compartida en amor con los demás, puede romperse ese muto

‒ Hay un muro aún más fuerte de violencia cultural, el muro de aquellos que quieren convertirse en dueños del planeta tierra, a partir de un “pensamiento único”, que nos piensa y vigila, pero no con amor, para que seamos en libertad, sino para manejarnos a todos (ya no podemos decir “pienso, luego soy”, sino “me piensan y controlan, luego puede sobre‒vivir). Sólo se rompe ese muro en oración: Que cada hombre y/o mujer se descubra en libertad, por amor, para el amor abierto a todos, compartido, en experiencia y esperanza de resurrección.

          bermeo_sanjuan_h  No todos los muros se rasgan simplemente con orar (¡ábrete, Sésamo!)  en un sentido estrecho (con letanías vacías o liturgias impuestas), pero la verdadera oración es hoy más importante que nunca. Durante milenios, la humanidad ha sorteado peligros y ha logrado abrir caminos de esperanza y realidad (de futuro y vida actual) orando, situando la vida humana ante (el) el misterio de la Vida, pues no oramos simplemente a Dios, pidiendo que nos saque del pozo, sino que somos Dios orando, dejando a Dios que nos piense, que piense en nosotros, y que en él pensemos, amemos, seamos: Eso significa que el mismo Dios que es la Vida (el Hayyim) piensa, vida, actúa en nosotros.

No oramos simplemente a Dios, somos Dios orando (es el mismo Dios quien ora en nosotros, con gemido inefable (Rom 8)como canto de vida y amor en medio de la noche, ante el Muro que parece cerrado y que el abre. Dios cana en nosotros Canción de Filomela que es el Ruiseñor de la vida (no el búho del atardecer de Minerva o de Hegel), la Canción que escuchó y que enseñó Jesús, la canción de la “dulce filomela” con el que termina su Cántico Espiritual la amante de Juan de la Cruz que empezó diciendo “y pasaré los fuertes y fronteras”, es decir, y romperé los muros.

Y con esto empieza el tema del evangelio de este Domingo 17, ciclo C, al que dedicare esta postal de oración y la siguiente. Buen fin de semana a todos.

Evangelio de la oración

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. “Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»

Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle. “Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos. “Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?» (Lucas 11, 1-13).

EL HOMBRE, INDIGENTE MILLONARIO

1540-1Comencemos recordando que el hombre es indigente, ser que necesita de los otros. Nace como niño que no puede sostenerse sobre el mundo, y así empieza mendigando con su propia pequeñez y llanto la respuesta de los padres; por eso, un hombre solo, abandonado, que no pide y no recibe, es inviable, no puede realizarse como humano.

Esa actitud perdura cuando el hombre se hace adulto. Una persona que pretenda ser autónoma y rechace toda ayuda de los otros se convierte en antihumana. Por eso quiero interpretar y presentar la petición como actitud antropológica. Ciertamente, hay una petición que es degradante y opresora: aquella que mantiene a los hombres sometidos, no les deja ser y realizarse. Pero hay otra petición gratificante: aquella que me liga a los demás en actitud de gozo y de confianza: pido porque puedo confiar en ellos, porque sé que gozan y se alegran cuando pueden ayudarme.

 De esta segunda petición tratamos en las páginas que siguen. No pedimos humillados, temblorosos, como el siervo ante su amo. No pedimos tampoco desde arriba, como el amo que se impone sobre el siervo. Ni pedimos exigiendo, con la ley sobre la mano, como simples funcionarios de un estado que domina sobre todos. Pedimos porque somos solidarios, en un clima de confianza y mutua ayuda. El hombres es un indigente que pide, descubriendo a Dios en su interior, pidiendo en (con) él:

 a) Quien pide, no se impone: viene sin exigir, espera sin obligar; pide porque ama y confía en la respuesta de aquel a quien se acerca;

b) por eso, el suplicante ofrece (da) al hacer su petición: ofrece amor, se pone confiadamente en manos de aquel a quien se acerca con sus necesidades;

c) al pedir unos a otros, suscitamos comunión: la vida adquiere de esa forma un contenido más profundo porque nos sabemos implicados, solidarios, en la mutua ayuda de la petición y la respuesta.

PETICIÓN, APERTURA Y DESCUBRIMIENTO DEL HOMBRE

 imagesEn esta perspectiva situamos la petición religiosa, entendida en forma humana, sin más. Ciertamente, ella pudiera hallarse deformada por la magia: trataría de manipular a Dios, intentaría conseguir que lo divino se pusiera así al servicio de mis necesidades o caprichos. Pues bien, en contra de eso, debemos afirmar: la verdadera petición respeta siempre el misterio de la trascendencia de Dios y el sentido de nuestra existencia filial, de caminantes-peregrinos sobre el mundo.

‒ La tendencia protestante ha destacado la distancia que separa al hombre y a Dios: Dios se presenta siempre desde arriba; el hombre es sólo un ser necesitado. Por eso, la oración expresa nuestra absoluta dependencia ante el Señor. Conforme a la visión de Schleiermacher, la oración asume y cultiva nuestro sentimiento de absoluta dependencia: orando nos sabemos de algún modo sometidos y así lo confesamos ante Dios, pidiéndole su ayuda.

‒ Los católicos, en cambio, sin rechazar del todo la postura protestante, miramos a Dios como a un amigo, le sentimos solidario. No nos tiene simplemente sometidos; nos ofrece su amor y luego queda aguardando una respuesta. Por eso, la oración puede entenderse como diálogo con Dios: escuchamos su palabra y respondemos a sus peticiones. Leer más…

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“Aprendiendo a rezar”. Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 28 de julio de 2019
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Jesús-y-sus-discípulos-Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio. La primera lectura ofrece un tipo de oración muy curioso: la intercesión a través del regateo.

Primera lectura: Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

            En aquellos días, el Señor dijo:

            ‒ La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.

            Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

            Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:

            ‒ ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?

            El Señor contestó:

            ‒ Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.

            Abrahán respondió:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?

            Respondió el Señor:

            ‒ No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.

            Abrahán insistió:

            ‒ Quizá no se encuentren más que cuarenta.

            Le respondió:

            ‒ En atención a los cuarenta, no lo haré.

            Abrahán siguió:

            ‒ Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?

            Él respondió:

            ‒ No lo haré, si encuentro allí treinta.

            Insistió Abrahán:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?

            Respondió el Señor:

            ‒ En atención a los veinte, no la destruiré.

            Abrahán continuó:

            ‒ Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?

            Contestó el Señor:

            ‒ En atención a los diez, no la destruiré.

            He titulado este episodio “Un regateo inútil” porque, en definitiva, no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecen irremisiblemente porque no se encuentran en ella ni siquiera diez personas inocentes.

            En realidad, el mensaje fundamental de este episodio no es la oración de intercesión sino la dificultad de compaginar las desgracias que ocurren en la historia con la justicia y la bondad de Dios. Este tema preocupó enormemente a los teólogos de Israel, sobre todo después de la dura experiencia de la destrucción de Jerusalén y del destierro a Babilonia en el siglo VI a.C.

            En una religión monoteísta, como la de Israel, el problema del mal y de la justicia divina se vuelve especialmente agudo. No se le puede echar la culpa a ningún dios malo, o a un dios secundario. Todo, la vida y la muerte, la bendición y la maldición, dependen directamente del Señor. Cuando ocurre una desgracia tan terrible como la conquista de Jerusalén y la deportación, ¿dónde queda la justicia divina?

            El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

            El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. Tiene otros recursos para evitar el problema. El más frecuente, no pensar en él. Si piensa, decide que Dios no es el responsable de invasiones, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Con este planteamiento salvamos la bondad y la justicia divina. Los antiguos teólogos judíos veían la acción de Dios de forma más misteriosa y profunda. No eran tan tontos como a veces pensamos.

Evangelio: la oración modelo y la importancia de insistir (Lucas 11,1-13)

            El evangelio recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, la que distingue a sus discípulos, y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios?

            Demasiada materia para un solo domingo. Comentaré los dos temas por separado.

            Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)


            Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

            ‒ Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. 

            Él les dijo:

            ‒ Cuando oréis decid:

            “Padre,

            santificado sea tu nombre,

            venga tu reino,

            danos cada día nuestro pan del mañana,

            perdónanos nuestros pecados,

            porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo,

            y no nos dejes caer en la tentación.”

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

            El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

            Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

            Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

            Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

            Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

            Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

            Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

            El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

            Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

            Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

            Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

            Comunitaria. Padre nuestro», danos, perdónanos, etc.

            En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

            Y les dijo:

            ‒ Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

            Pues así os digo a vosotros:

            Pedid y se os dará,

            buscad y hallaréis,

            llamad y se os abrirá;

            porque quien pide recibe,

            quien busca halla,

            y al que llama se le abre. 

            ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

            ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente?

            ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

            Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

            El ejemplo del amigo importuno

            En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

            El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

            Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

            La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

            En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

            Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

            El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

            Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 28 julio, 2016

domingo, 28 de julio de 2019
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Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

(Lc 11,1- 13)

Lo habitual en la vida de Jesús es orar,  los textos hacen referencia a su oración muchas veces. En esta ocasión Jesús no está solo, cerca de él están sus discípulos, que oran con él. Jesús ora con frecuencia, y se deja ver orando. No se esconde el testimonio creíble del poder de la oración. Y despierta el deseo de Dios en los corazones que lo ven: «Enséñanos a orar».

Son ellos, sus discípulos, quienes toman la iniciativa, de donde sale la propuesta… Esto no deja de ser un reto para nosotras y para todas las personas que llevan en el corazón la Buena Noticia y desean contarla a quienes están a su lado. A veces, nos perdemos en fórmulas y teorías que no despiertan ningún deseo en quienes nos miran; y eso que los textos de nuestra tradición ya nos dicen que «la letra mata y el Espíritu da vida». (2 Cor. 3,6).

Estamos viviendo tiempos convulsos, violentos, agresivos. Duele vernos tan perdidas, tan rapaces…. Indigna verse tan manipulada por las noticias, donde nos presentan buenos buenísimos y malos malísimos, como en las películas de indios y vaqueros. Como si no existieran las personas que trabajan por la paz, que oran por la paz, que encuentran en la religión la consistencia de la vida. Como si no fueran muchos más quienes mueren fieles a Dios que quienes matan por un pseudodios. Y en este tsunami la gente busca, y busca con deseo de algo más profundo, y aparecen los guías espirituales, gurús, chamanes…

¿Y en la Iglesia? ¿Dónde están los maestros de oración que tanto estamos necesitando? Esos que despiertan el deseo de Dios, como lo hace Jesús.

El Papa escribe a las monjas: «Vivid (….) contribuyendo a que Cristo nazca y crezca en el corazón de las gentes sedientas, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es camino, verdad y vida.» (cfr. Vultum Dei nº.37). El reto está en mostrarnos, en dejarnos ver orando, con hondura, sencillamente, sin fórmulas vacías, con espontaneidad y sobre todo, sobre todo, con profunda confianza. Y Cristo nacerá en los corazones sedientos, nacerá y crecerá con raíces hondas, libres, fuertes.

¿Cómo, dónde, cuándo? No tenemos respuestas, ni teorías, solo deseo, un profundo deseo de relacionarnos con Dios, Abba, como Jesús lo hace. Deseo de sumergirnos en la relación amorosa de la Trinidad. Para ello ya nos lo dice Jesús, ¡pidamos el Espíritu a nuestro Padre!

Oración

Enséñanos a orar, también a nosotras, como hiciste aquellos primeros discípulos.

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Abba, la manera de llamar a Dios más desconcertante.

domingo, 28 de julio de 2019
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img_20180706_085745Lc 11,1-13

El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una vivencia única de Dios, que no tuvo más remedio que expresar en el paradigma de su cultura.

Esto no quiere decir que Jesús se sacó el Padrenuestro de la manga. Todas y cada una de las expresiones que encontramos en él se encuentran también en el AT. No es probable que lo haya redactado Jesús tal como nos ha llegado, pero está claro que tiene una profunda inspiración judía. Tanto Jesús como los primeros cristianos eran judíos sin fisuras. No nos debe extrañar que la experiencia de Jesús se exprese o se interprete desde la milenaria religión judía. Esto no anula la originalidad de la nueva visión de Dios y de la religión. La originalidad no está en la letra sino en la nueva relación del hombre con Dios que destila.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa, que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis… ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasar brevemente el de Lc.

Padre. En el AT se llama innumerables veces a Dios padre. Sin embargo, el “Abba” es la piedra angular de todo el evangelio. Se pone una sola vez en labios de Jesús, pero lo hace con tal rotundidad, que se ha convertido en clave de su mensaje. El llamar a Dios Papá supone sentirse niño pequeño, que ni siquiera sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que nos debe dar. La aparente oración debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo mismo lo que necesito y está siempre dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Por aplicar a Dios una falsa idea de padre, le hemos aplicado también la idea de dominador y represor. Esto nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. Por eso es liberador atrevernos a llamarle Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de superar la literalidad de las palabras y de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir y pensar de Él. Uniendo el concepto de padre y el de madre, superamos la dificultad de dejar cojo el concepto de Dios, pero además nos obligamos a ampliar el abanico de los atributos que le podemos aplicar.

No hay padre ni madre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre y madre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre” Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Santificado sea tu nombre. Aquí “nombre” significa persona, ser. En el AT se manifiesta, en numerosas ocasiones, que la tarea fundamental del buen judío es dar gloria a dios. Nada ni nadie puede añadir algo a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa presencia en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte, ni está aquí ni está allí, está dentro de vosotros. Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga patente.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Encontramos aquí una clara alusión al maná, que había que recogerlo cada mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara de dar solo al que le pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, porque también nosotros perdonamos. En la biblia hay muchas referencias a que Dios solo perdona cuando nosotros hemos perdonado. Sería ridículo (Abrahán en la primera lectura) que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender de Él a perdonar. Dios no perdona, en Él los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Dios es perdón. El descubrir que Dios me sigue amando sin merecerlo es la clave de toda relación con Él y con los demás.

No nos dejes ceder en tentación. Encontramos en el AT muchos pasajes en los que se pide a Dios que no tiente a los que rezan. Se creía efectivamente, que Dios podía empujar a un hombre a pecar. De ahí que tanto el griego como el latín apuntan a que “no nos induzca a pecar” el mismo Dios, lo cual no tiene para nosotros ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo. La única manera de no caer es precisamente la oración, es decir, la toma de conciencia, de lo que soy y de lo que es Dios.

Meditación

Como Padre, es fundamento de todo lo que yo soy.
Mi existencia depende totalmente de Él en todo momento.
Como Padre es el único modelo al que debo imitar.
Cuando experimente que yo y el Padre somos uno,
habrá terminado mi camino de perfección.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Petite et dabitur vobis.

domingo, 28 de julio de 2019
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rezacruzAl final sólo se tiene lo que se ha dado (Isabel Allende)

28 de Julio. DOMINGO XVII DEL TO

Gén 18, 20-32

Abrahám siguió: Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más (v 32)

Lc 11, 1-13

Y yo os digo, pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre (v 9-10)

Y se le abre un camino y un destino. Al igual que con su danza rítmica, las sabias abejas de mi colmena indican a sus compañeras de trabajo dónde se encuentran las flores con más noble néctar, que libado, llevarán a los panales donde -fabricantes expertos-, elaboran la rica miel para mi mesa.

La forma de orar también es un camino, un proyecto que empeña toda la vida del hombre.

 

El objetivo de todo discípulo es ser como su Maestro. Como cristiano, discípulo de Jesús, estás llamado a imitar a Jesús, a reproducir su imagen. Esto es lo que se llama “cristificación”. Nuestra meta y objetivo debería ser, sin duda“alcanzar la estatura de Cristo” (Rm 8,30), es decir, ser otro Cristo.

Pero para alcanzar este objetivo, es preciso tan solo una forma de trabajo organizada, disciplinada y constante: un Proyecto personal de Vida, lo que no implica que dejemos de hacer las cosas que normalmente hacemos o que cambiemos de vida. Jesús no nos pide que declinemos tal o cual actividad, o tal o cual relación. Sólo espera que centremos el corazón en Él, de manera que veamos las cosas desde otra perspectiva.

No se trata, entonces, de inventar un Proyecto para tu vida. El Proyecto ya existe y es Cristo mismo al que debes conocer, acoger e imitar para vivir en Él y como Él. Esta es finalmente la condición de un discípulo. Es la amistad la que nos lleva a acoger los sentimientos de Jesús, a imitarle. Por eso el proyecto de vida implica sobre todo tener “fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de nuestra fe” (Hb 12,2).

La amistad profunda con Jesús es una gracia que tenemos que pedir de manera continua. Ella es la que asegura la progresiva transformación, hasta llegar a decir como el apóstol: “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). ¡Este es el proyecto de todo verdadero cristiano!

Visto de este modo, el Proyecto de Vida es un itinerario de formación personal y de conversión. Y su finalidad es que te vayas configurando con Cristo a través de un trabajo continuo y constante.

Porque como dijo Isabel Allende, Al final sólo se tiene lo que se ha dado”

En Evangélico Cuarteto, escribí este Poema:

“Danos el pan de mañana” (Lc 11, 3)

EL HOMBRE QUE HACÍA MILAGROS

Se llamaba Jesús, y su mochila iba cargada siempre de milagros.
Milagros terrenales del amor que tenía a sus hermanos.
Los repartía a manos llenas entre los más necesitados.
Señor Jesús, escucha mi plegaria: soy un sin techo desahuciado.
Te ruego pan del cielo para el alma como tantos entonces te rogaron.
En Lucas pides pan para mañana: lo necesitan los desheredados.
Yo te suplico me lo des hoy mismo como tú mismo prometiste darnos.
¡¡Hay mucho pan en tu mochila, Nuestro Señor de los Desamparados!!

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Enséñanos a orar como tú.

domingo, 28 de julio de 2019
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jesus orandoDomingo XVII TO. Lc 11, 1-13.

Enséñanos porque necesitamos aprender a orar como tú. Jesús enseña desde su ejemplo. Jesús es un modelo y un maestro de oración. A lo largo de su vida, Jesús fue un hombre de asidua oración. Sus seguidores aprendemos de él y queremos ser como él.

Los textos litúrgicos de hoy hablan de la cercanía, compasión y misericordia de Dios con los hombres y de la posibilidad y necesidad que los hombres sienten de la relación, búsqueda y encuentro con Dios. El diálogo de Abrahán con Dios sobre Sodoma y Gomorra (Gén 18, 20-32) es un ejemplo: Abrahán “regatea” con Dios acerca del posible castigo sobre esas ciudades. Vemos a Abrahán ganando terreno a Dios y a Dios dejándose ganar. El Salmo 68 ratifica la gratitud y confianza en el Señor: “Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste” y en Lucas 11, 1-13 tenemos la enseñanza práctica que Jesús nos da para aprender a relacionarnos con Dios como él se relacionaba. Lucas en varias ocasiones nos presenta a Jesús retirándose en la noche o en la madrugada, a la montaña, a la soledad, al silencio para orar: bautismo en el Jordán, elección de los doce, confesión de Felipe en Cesarea, Transfiguración, Padrenuestro…

En el Evangelio de hoy, cuando Jesús está orando, los discípulos perciben que Jesús se transforma y expresan su deseo de aprender a orar como Jesús. “Enséñanos a orar”. Jesús aprovecha la ocasión para dar una catequesis sobre el papel de la oración en la vida e identidad de sus discípulos y utiliza como ejemplo de su enseñanza la oración del Padrenuestro.

Jesús utiliza la oración del Padrenuestro para enseñarnos cómo tiene que ser nuestra oración. En el Padrenuestro podemos ver el modelo de oración según la entendía Jesús: Comunicación en profundidad con Dios. Jesús es un creyente que necesita orar. Pertenece a un pueblo creyente y orante. Pero también en esto, Jesús es la novedad con respecto a la oración judía. Para Jesús la oración es el vehículo de comunión con Dios, de encuentro con Él. Para Jesús la oración es una necesidad, de ella saca la fuerza necesaria para cumplir la misión a la que se siente enviado. La practica con frecuencia porque encuentra en ella el alimento de su fidelidad y obediencia a la misión que sabe tiene que cumplir. Su ejemplo mueve a los discípulos a pedirle que les enseñe a orar como él.

La originalidad de Jesús expresada en la oración del Padrenuestro tiene dos aspectos principales. En primer lugar la oración se dirige al Abbá. Sabemos que Dios es para Jesús ‘Abbá’. Su oración no es al Poderoso, al Juez, al Amo, es a Abbá. La nuestra tampoco. Los que oramos no somos los esclavos, los temerosos, los asalariados… sino los hijos. Esto supone un giro de 180 grados en la imagen de Dios en el Padrenuestro, de cómo entender a Dios y, consecuentemente de cómo debemos relacionarnos con Él. Nuestra oración es una relación de un hijo con su padre. Esto trae como consecuencia primera que el planteamiento esencial es la seguridad de ser escuchado y atendido. No tenemos que ablandar a Dios. La segunda novedad del Padrenuestro es “nuestro”, de todos. Nos dirigimos al Abbá de todos los creyentes. El Padrenuestro es una oración desde la filiación divina y la fraternidad humana. Es la oración de los hijos, de los hermanos. Sentido personal y comunitario del Padrenuestro. A partir de este modelo, en cristiano, no vale el yo en singular sino el nosotros. Primera persona en plural.

Y lo que le pedimos a nuestro Padre es principalmente “que venga tu reino”. Todo lo demás es relativo a este deseo y anhelo principal. Danos cada día nuestro pan de mañana, que tiene poco que ver con la subsistencia material y mucho con la confianza en Dios y la petición del alimento espiritual. Pedimos perdón presentando nuestra propia actitud de perdonar. En realidad, nosotros perdonamos porque nos sentimos perdonados. En esta «petición» manifestamos por tanto que vivimos en el perdón, en la reconciliación, hacia Dios y entre nosotros. Y al final se manifiesta nuestra desconfianza en nuestras propias fuerzas, rogando a Dios que no nos ponga a prueba, porque sabemos de nuestra debilidad.

Al hilo de la catequesis del Padrenuestro y como conclusiones a sacar: El Padrenuestro resume el sentido que la oración tiene para Jesús y para nosotros. Nuestra limitación y el anhelo de Dios, su búsqueda. La oración como búsqueda de Dios, deseo, anhelo de Dios. Encuentro con lo más profundo de nuestra interioridad o ser verdadero y encuentro con la Presencia que nos habita. Dios es nuestro Padre y nosotros hermanos. Es la oración de los hijos que se dirigen al Padre común para hablarle de las cosas que todos comparten, el amor y el perdón.

La oración es un diálogo íntimo con Dios. Trato de amistad con Dios que transforma la vida del orante. La oración no es un quehacer reservado para algunos tiempos y lugares. En la oración de Jesús descubrimos que la oración es un ambiente vital en el que respira, crece y se desarrolla la vida del discípulo. La oración es un quehacer de todos los días, en todos los lugares y en todas las situaciones. Si es un diálogo íntimo con el amigo, con el Padre y con el Huésped del alma, es posible realizarla siempre y en todo lugar.

La metáfora que puede resumir todo lo dicho sobre el sentido de la oración cristiana es la fragua. La oración se parece a los trabajos sobre el hierro, al fuego ardiente, que facilita la transformación de la rigidez del metal en docilidad. El fuego unifica carbón y metal, “ignifica el hierro” y así se moldea con facilidad.

Para el cristiano la oración es una actitud y una práctica indispensables. Hasta convertirse en hábito de oración. La oración como experiencia humana de encuentro con Dios es la experiencia más transformadora que le cabe al hombre. Poder orar a Dios es un privilegio, es un don del Espíritu que Jesús nos facilitó. Si vivimos así nuestra actitud orante surgirá la necesidad de orar, en las alegrías y en las tristezas propias y ajenas.

Si experimentamos esa necesidad de la oración y la ponemos en práctica continuada hasta constituirse en hábito, en modo de vida, en estilo personal, nuestra oración será una constante, no vinculada a un espacio y un tiempo, sino una actitud orante que impregnará toda nuestra existencia. Esta debería ser nuestra aspiración como imitadores del estilo de vida de Jesús.

Necesitamos orar para mantener nuestro compromiso creyente. Para profundizar nuestra fe y entrega a las tareas del Reinado de Dios. Para mantener y mejorar nuestros compromisos como seguidores de Jesús. Para alimentar la vida interior, en el Espíritu. Para mejorar nuestro autoconocimiento. Para renovarnos cada día y volver a empezar de nuevo. Sin oración no hay resistencia ni perseverancia. Por necesidad de nutrirse para nutrir. De la abundancia del corazón habla la vida, el comportamiento.

El evangelio de hoy insiste: ¡¡Pedid, buscad y llamad!! Dios no deja de dar su Espíritu a quien lo pide, busca y llama. Este es el fundamento de la actitud de confianza y seguridad en la vida de un cristiano. Actitud de confianza en nuestro Padre Dios que no nos falla. Actitud proactiva, con iniciativas, con impulso y persistencia. Nosotros queremos y a veces no podemos (limitación, finitud) pero contando con Dios podemos mucho más de lo que imaginamos. Arriesgamos y estiramos nuestros límites y a veces los superamos.

Por todo esto y mucho más: ¡¡Señor, enséñanos a orar como tú!!

África de La Cruz Tomé

Fuente Fe Adulta

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Insistir para comprender.

domingo, 28 de julio de 2019
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parabola-del-amigo-inoportuno-o-insistente-2Domingo XVII del Tiempo Ordinario

28 julio 2019

Lc 11, 1-13

La petición brota de la carencia. Mientras persista la identificación con el yo separado, absolutizaremos nuestra vulnerabilidad y, con ella, nuestro sentimiento de indigencia. Llevado al campo religioso, no es de extrañar que, en la oración, haya ocupado siempre un lugar predominante la petición.

Es indudable que la persona en la que nos experimentamos se caracteriza por la debilidad, la fragilidad y la vulnerabilidad. Negar tal hecho nos instala en la mentira y hace que tratemos de acorazarnos, sin mucho éxito, en los más variados mecanismos de defensa, para aparentar una fortaleza y seguridad que nos eluden.

Si somos honestos, habremos de reconocer que mientras nos identificamos con el yo separado, la percepción de nosotros mismos aparece siempre coloreada por la carencia –el yo es un manojo de miedos y necesidades–, de la cual brota la petición e incluso la búsqueda, más o menos compulsiva, de “algo” (“Alguien”) que nos colme.

Todo se modifica cuando comprendemos que somos Plenitud, no porque el ego se infle y se atribuya una cualidad ilimitada. No, el sujeto de la Plenitud no es el yo separado –de hecho, mientras nos identifiquemos con él, no podremos percibir nuestra realidad profunda–, sino Eso que es consciente, el Fondo común que compartimos con todo lo que es.

“Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”. Ya se nos ha dado todo y todas las puertas se hallan abiertas ante nosotros. Se trata solo de caer en la cuenta, saliendo del estado hipnótico que nos mantiene encerrados en la creencia que nos identifica con el yo separado.

Y ahí es justamente donde necesitamos “insistir”. Pero no para conseguir los favores de un Dios aparentemente poco generoso, sino para romper la inercia que arrastramos y que erróneamente nos reduce al yo separado.

Una tal inercia solo puede superarse gracias a un trabajo constante de reeducación. Porque, aunque hayamos comprendido –o simplemente atisbado– que nuestra identidad es Eso que es consciente –una realidad ilimitada y transcendente, que se halla siempre a salvo–, nos veremos llevados, una y otra vez, de modo insistente, a percibirnos y comportarnos como si fuéramos el yo separado.

El único modo de superar la inercia pasa por detenernos, tomar distancia de la mente y re-situarnos, una y mil veces, en la comprensión de lo que realmente somos. En esta tarea, cualquier malestar repetitivo así como todo sufrimiento mental constituyen un aliado valioso, al hacernos ver que nos atrapan cuando –y porque– hemos desconectado de nuestra verdadera identidad y nos mantenemos apegados a la antigua creencia que nos reducía al yo vulnerable.

La persona en la que nos experimentamos seguirá siendo extremadamente vulnerable y su horizonte será la muerte pero, gracias a la comprensión, podremos acogerla con serenidad. Porque habremos comprendido que, tras la forma transitoria de la persona, somos Plenitud de presencia. Hemos encontrado el tesoro y la puerta se halla siempre abierta.

¿Me reconozco como Plenitud? ¿Cómo vivo la sensación de carencia?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Con el Dios del infierno mejor guardar distancias

domingo, 28 de julio de 2019
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imagesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Invitación a la oración.

La primera lectura (Abraham) y el evangelio que acabamos de escuchar son una invitación a orar.

Jesús oraba siempre. A lo largo de su vida, le podemos ver frecuentemente orando, confrontaba sus cosas, su vida, sus problemas con Dios Padre.

Los discípulos no le piden que les enseñe un “catón” o una serie de oraciones para repetirlas miméticamente. Esas oraciones se los sabían de memoria desde niños.

Los discípulos -la iglesia naciente- sienten la necesidad de aprender unas formas de oración, deseosos de unas formas ritualizadas que dieran solida identidad al grupo que se estaba constituyendo. Le piden que les enseñe a orar como Él, del mismo modos que Juan enseñó a los suyos.

Y Jesús le enseña a orar.

A pesar de los maestros de espiritualidad y de los muchos métodos de oración, que van surgiendo hoy en día para orar, la oración es algo sencillo: métete en tu habitación, cierra la puerta y ponte en brazos de Dios Padre. Guarda silencio y escucha a Dios Padre: Padre nuestro…

Con gran respeto para otras religiones y formas de oración, nuestra oración es ponernos en brazos e Dios Padre.

  1. La oración supone niveles más bien altos de consciencia.

En la vida tenemos diversas actividades: trabajamos, pensamos, tenemos vida familiar, relación con los amigos, relación social, en otros momentos, leemos, también tenemos un sentido celebrativo, deportivo, etc.

La oración supone un nivel de consciencia y lucidez más bien alto, sencillo, pero profundo. La oración de es un momento de consciencia personal ante Dios y también en la asamblea eclesial.

La oración supone un abrirse a la ultimidad de Dios. Orar es la actitud del ser humano que se abre a Dios y se pone en sus manos En la oración vemos y ponemos nuestra vida, nuestros criterios, nuestros caminos, nuestros problemas y nuestras esperanzas desde la luz de Dios.

En las diversas circunstancias de la vida: en la enfermedad, en el sufrimiento, en los peligros de la vida, en el trabajo, en un nacimiento en la familia, ante  la muerte, etc. una persona creyente ora, es decir, ve esas realidades desde Dios y ante Dios.

La oración es un acto de confianza en Dios Padre.

La vida y la fe pueden ser oradas, que no significa organizar vísperas o una Misa en la catedral, (otra cosa es que hayamos de tener fórmulas comunes), sino que la vida y la fe,  las vivimos ante y desde Dios.

  • o Ante un nacimiento no es igual la visión que tiene el médico que ha ayudado a dar a luz, que la familia que agradece a Dios esa vida que se hace presente entre ellos.
  • o Ante la creación no es lo mismo la estupidez capitalista que te quiere vender un viaje turístico a unas islas maravillosas, que quien agradece a Dios la belleza y bondad de la naturaleza. Con el salmo 8, por ejemplo.
  • o Ante determinadas encrucijadas de la vida: es muy distinto confrontar la vida ante Dios o ante el dinero que me van a pagar por tal trabajo, o el éxito que me va a reportar la sumisión a tal partido o el servilismo eclesiástico.

En la oración abrimos nuestra vida y la ponemos en manos de Dios.

  1. ¿Confrontar la vida ante qué tipo de Dios? Padre.

Naturalmente que es muy distinto confrontar la vida ante un tipo de Dios u otro.

Si he de presentarme ante un Dios del Derecho Canónico o ante el Dios del Santo Oficio o del juicio final de Miguel Ángel de la capilla Sixtina “es mejor morirse”. Ante un Dios -o una persona- judicial y justiciero uno no puede orar. Con un Dios que se parece a Hacienda o a la Inquisición, es mejor no hablar.

En nuestra experiencia cotidiana esto lo vivimos continuamente. Hay personas que tienen siempre una actitud de prepotencia y juicio: en el orden familiar, laboral, en la vida normal, en el campo episcopal: sistemáticamente su actitud es de juicio, de culpabilización. (Una existencia en medio de culpabilidades y condenas no puede orar).

La experiencia que Jesús tiene de Dios y lo que nos ha dicho es que Dios es Padre.

Es muy distinto orar, charlar y confrontar la vida con un amigo, a tener que tener que rendir cuentas a un Dios justiciero de cierta moral o del derecho canónico, o del mundo episcopal.

Uno puede charlar y pedirle consejo, dejarse iluminar por su Padre. Con el Dios y Padre de Jesús se puede tratar y charlar, orar. Con el Dios de ciertos entramados e instituciones católicas, no es posible orar.

  1. 04. Conclusión. No somos extraños para Dios.
  • o Tal vez, la lección más importante del evangelio de hoy acerca de la oración es que: no somos extraños para Dios, somos hijos de Dios, familia de Dios.
  • o Desde la visión católica: todos estamos imputados y culpabilizados ante Dios. Luego veremos quién se salva.
  • o Es todo lo contrario de Jesús: Dios es Padre. Con el Dios de Jesús, Padre, se puede tratar: es bueno hablar y tratar. Con el Dios de la moral, de muchos confesores católicos, con el Dios del juicio final y del infierno, mejor guardar distancias.

Jesús nos dice: No eres un extraño para Dios: somos sus hijos. Dios es mi, nuestra- familia. Por eso, cuando os dirijáis a Dios decidle:

Padre nuestro.

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El camino hacia Dios pasa por nuestra propia realidad

miércoles, 24 de julio de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«El camino hacia Dios pasa por nuestra propia realidad, por la observaciòn de los pensamientos, por el correcto trato con las pasiones y por una ascètica en la cual nos ejercitamos en la apertura a Dios. Solo por el camino de un sincero encuentro consigo mismo, de la escucha de nuestros pensamientos y sentimientos, de nuestros sueños, de nuestro cuerpo, de nuestra vida concreta, de nuestro trabajo y nuestra relaciòn con los demàs, llegaremos a ese Dios que transformarà todo lo que le ofrezcamos, hasta que tambièn en nosotros brille la imagen de Jesucristo, la imagen que Dios se ha hecho de cada uno de nosotros y que sòlo en y a travès de nosotros puede resplandecer en este mundo… Debemos y podemos trabajar en nosotros, podemos hallar nuestro verdadero yo, y encontraremos a Dios, quien en la oraciòn y la contemplaciòn cura nuestras heridas y calma el anhelo de nuestro corazòn»

*

Anselm Grûn

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Cristo de Velázquez

martes, 23 de julio de 2019
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Del Blog Nova Bella:

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Uno se olvida de que está delante de un cuadro

y te invade una profunda sensación de belleza….

y a uno le parece escuchar los pensamientos del pintor:

Dios es belleza y el hombre,

su criatura,

debe serlo también.

*

LLuis Pasqual

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“Nada hay más necesario”. 16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

domingo, 21 de julio de 2019
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16-TO-CEl episodio es algo sorprendente. Los discípulos que acompañan a Jesús han desaparecido de la escena. Lázaro, el hermano de Marta y María, está ausente. En la casa de la pequeña aldea de Betania, Jesús se encuentra a solas con dos mujeres que adoptan ante su llegada dos actitudes diferentes.

Marta, que sin duda es la hermana mayor, acoge a Jesús como ama de casa, y se pone totalmente a su servicio. Es natural. Según la mentalidad de la época, la dedicación a las faenas del hogar era tarea exclusiva de la mujer. María, por el contrario, la hermana más joven, se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra. Su actitud es sorprendente pues está ocupando el lugar propio de un «discípulo» que solo corresponde a los varones.

En un momento determinado, Marta, absorbida por el trabajo y desbordada por el cansancio, se siente abandonada por su hermana e incomprendida por Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano». ¿Por qué no manda a su hermana que se dedique a las tareas propias de toda mujer y deje de ocupar el lugar reservado a los discípulos varones?

La respuesta de Jesús es de gran importancia. Lucas la redacta pensando probablemente en las desavenencias y pequeños conflictos que se producen en las primeras comunidades a la hora de fijar las diversas tareas: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa por muchas cosas cuando en realidad solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará».

En ningún momento critica Jesús a Marta su actitud de servicio, tarea fundamental en todo seguimiento a Jesús, pero le invita a no dejarse absorber por su trabajo hasta el punto de perder la paz. Y recuerda que la escucha de su Palabra ha de ser prioritaria para todos, también para las mujeres, y no una especie de privilegio de los varones.

Es urgente hoy entender y organizar la comunidad cristiana como un lugar donde se cuida, antes que nada, la acogida del Evangelio en medio de la sociedad secular y plural de nuestros días. Nada hay más importante. Nada más necesario. Hemos de aprender a reunirnos mujeres y varones, creyentes y menos creyentes, en pequeños grupos para escuchar y compartir juntos las palabras de Jesús.

Esta escucha del Evangelio en pequeñas «células» puede ser hoy la «matriz» desde la que se vaya regenerando el tejido de nuestras parroquias en crisis. Si el pueblo sencillo conoce de primera mano el Evangelio de Jesús, lo disfruta y lo reclama a la jerarquía, nos arrastrará a todos hacia Jesús.

José Antonio Pagola

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” Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor”. Domingo 21 de julio de 2019. 16º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 21 de julio de 2019
Comentarios desactivados en ” Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor”. Domingo 21 de julio de 2019. 16º domingo del Tiempo Ordinario

41-ordinarioC16 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 18, 1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.
Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”.. Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que “ponga a la mujer en su sitio”. Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser “eficaces, productivos y competitivos”… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la “opción por lo fundamental”: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos. Leer más…

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Dom 21.7.19. Mujeres e Iglesia: Marta y María, la iglesia de las dos hermanas

domingo, 21 de julio de 2019
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Mary-Martha-cropDel blog de Xabier Pikaza:

Una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa (Lc 10, 38-42)

Culmina con este pasaje (Lc 10, 38-42) el espléndido conjunto de imágenes de Iglesia de Lc 10, que hemos venido comentando en domingos pasados:

  1. La Iglesia es Jesús con sus 72 discípulos, varones y mujeres, enviados por el mundo entero para anunciar e iniciar el Reino (Lc 10,1‒12)
  2. La Iglesia es el buen samaritano, el hombre libre (varón y/o mujer), que es Crito‒Mesías al servicio de la acogida y curación de todos los heridos y aplastados del camino (Lc 10,21‒37)
  3. 3. La iglesia es finalmente una casa de aldea (la aldea global) donde Marta y María (cf. de dos en dos: Lc 10, 1) reciben a Jesús y a sus 72, ofreciéndoles servicio y palabra, en un contexto de gran tensión (evangelio de hoy: Lc 10, 37‒42).

             Se advertirá que este tema y evangelio de la casa‒aldea de Marta‒María) viene inmediatamente después de del Buen Samaritano, como una concreción y expansión de su mensaje: Ésta es la casa‒hospedaje (mesón) donde el samaritano lleva al herido, la casa donde llegan (están, crean familia) Jesús y sus discípulos, la casa de la iglesia instituida, formada (animada) por dos mujeres, una más de servicio‒administración (Marta) y otra más de escucha y comprensión de la Palabra de Jesús.

            Entendido así el tema, vemos que Marta y María son dos “hermanas” (es decir, dos creyentes), que administran y animan una casa al servicio del evangelio de Jesús, una domus‒ecclesiae, una casa‒iglesia.  Para decirlo con palabras de hoy: Ellas son el Papa y los Obispos, los diáconos y teólogos de una Iglesia entendida como casa de mujeres.

La iglesia posterior, en general, a lo largo de más de 18 siglos y medio (desde el 150 d.C. en adelante) se ha esforzado por “silenciar” el mensaje de este evangelio, y así lo ha hecho a partir del “desgraciado” glosista de 1 Cor 13, 34 que, en nombre de un Pablo domesticado, pontifica diciendo que las mujeres callen en la Iglesia. En esa línea de silenciamiento de las mujeres se sitúan las llamadas “pastorales”, de un pastor casi anti‒paulino que organiza la Iglesia partiendo de hombres‒patriarcas (marginando a las mujeres y casados).

            De esa manera, este pasaje ha servido para “domesticar” a las mujeres en la Iglesia, de tres formas complementarias:

  1. Convirtiendo a Marta en pura criada material (de trabajos “domésticos” de servicio)…, olvidando que en el texto ella es la Dueña de la Iglesia, el primer “obispo/papa” conocido del evangelio de Lucas.
  2. Convirtiendo a María en pura “oyente pasiva”, una mística marginal o heráldica (es decir, monja de clausura, sin hombres a quienes enseñar), para decir que las mujeres pueden escuchar la palabra, pero no hablar, ni dirigir iglesias, cuando aquí ella aparece como la única que entiende la palabra de Jesús, como la primera “doctora/teóloga” de la Iglesia.
  3. En general, la Iglesia posterior, a partir de finales del siglo III d.C., no ha sabido qué hacer con estas y otras mujeres del evangelio, y las ha “metido” a todas en un mismo saco, identificando a las varias “marías”: La Magdalena, María/Marta las hermanas del muerto Lázaro, que es Jesús (en Jn 11), la mujer de la unción de Mc 14, 3‒4… todas ellas, al final, bajo el poder y al servicio de varones/patriarcas que han asaltado y tomado el poder en la Iglesia de Jesús.

41lD2GaqRXL._SX355_BO1,204,203,200_Pero al principio no era así, como seguiré indicando mañana o pasado, pues, por fortuna, tras o con este domingo 21.7.19 celebramos la fiesta de María Magdalena, que nos permitirá precisar los temas.

    Tómese un poco de tiempo y siga leyendo quien quiera entender mejor este pasaje de Marta‒María, la primera gran visión de conjunto de la Iglesia como casa de mujeres en Lc 10,38‒42, el evangelio grande de Marta y María. El texto es algo largo; es el resumen  de un trabajo publicado hace ya tiempo en un libro sobre la Mujer en Lucas (I. Gómez Acebo (ed.), En clave de Mujer, Relectura de Lucas, libro agotado descatalogado hace tiempo).

TEXTO

 38 Mientras iban ellos de camino, él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.39 Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

40 Marta, en cambio, estaba afanada (distraída) con mucho servicio; y acercándose {a El, le}dijo: Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude. 41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas; 42 una (sola) cosa es necesaria; en efecto, María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada.

COMENTARIO

Cristo_en_casa_de_Marta_y_María,_by_Diego_VelázquezJesús entró en cierta aldea… Este Jesús acogido en la aldea (o casa) es símbolo del conjunto eclesial. No aparece ya en forma individual histórica, como un hombre del pasado, sino como figura pascual: es el Señor al que se acoge, el Señor que forma parte profunda de la vida de la comunidad. Esta aldea es la de “Marta” (la iglesia de marta, que tiene una hermana llamada María).

– Solemos identificar la iglesia misionera con varones, conforme a una visión usual de los Doce, todos ellos varones (cf. Lc 9, 1-6). Pero Lc 8,1-3 ha mostrado que esa iglesia misionera está formada también por mujeres que acompañan a Jesús y le sirven (o sirven al grupo, según las lecturas posibles del texto).

– También solemos identificar a la iglesia que acoge con mujeres/esposas sometidas, conforme a una visión que ha sido popularizada por la imagen de la «iglesia esposa» (tal como ha culminado en Ef 5, 22-30 y Ap 21-22), o con monjas apartadas, que pueden ser místicas, pero que no dirigen la iglesia. Pero tampoco esta visión puede universalizarse, a pesar de que en nuestro texto sean precisamente dos mujeres (Marta y María) las que representan al conjunto de la iglesia. En diversos lugares de Lunas, la casa donde Jesús es recibido (signo de una iglesia) es propia de un varón, no de una mujer (cf. 5. 27-32; 7, 36-50; 19, 1-10 etc).

– Una mujer, llamada Marta le recibe en su «aldea» (en su casa). Ella tiene que actuar como representante de la aldea, es decir, del conjunto de la población: no le recibe en un lugar aislado, ni es una casa «especial», a nombre individual, sino en una aldea. Todo nos permite suponer que ella aparece, al menos simbólicamente, como representante y autoridad.

Marta aparece como «dueña» y/o responsable de la comunidad (o de la casa). No depende de nadie: no aparece como hija o esposa de un varón, sino simplemente como mujer autónoma, como persona que puede recibir y recibe a Jesús (o al conjunto de la iglesia misionera). Como veremos después, ella tiene que organizar el servicio de la comunidad.

Así aparecen, frente a frente, Jesús,el Salvador, como aquel a quien deben recibir los humanos en camino de reino) y Marta (=que significa en arameo la Señora, emparentada con la raíz Mar, Maran, Señor), como aquella que le recibem y María, su hermana, que es quien aprende y sabe. Si la narración acabara aquí tendríamos un paradigma normal de acogida: una comunidad cristiana, simbolizada por una mujer, recibe al Señor en el camino del reino. Pero resulta evidente que la narración tiene que complicarse, para volverse de esa forma paradigma o ejemplo verdadero de la vida de la iglesia.

mujeressacerdocio

María, la hermana de Marta: sentada a los pies del Kyrios, escuchando la Palabra. Significativamente, el texto no ha precisado más la función de Marta. De ella se dice sólo que «recibe» (en palabra que dentro del NT sólo aparece en nuestro texto y en el paralelo de Lc 19:6 donde se dice que Zaqueo, bajando apresurado del árbol, recibió a Jesús con alegría. Pues bien, en contra de lo que aparece en Zaqueo, ella no dialoga directamente con Jesús en torno a problemas de organización o riqueza, sino que su diálogo (su problema) se establece a través de su hermana.

 La relación de Marta con Jesús va a quedar profundizada y completada a través de la hermana María. Así aparecen enfrentadas (y completándose) las dos hermanas, por razón  de Jesús, a quien acogen, de formas complementarias.

  Es evidente que el texto ha presentado a Marta como figura positiva, contrapuesta a los samaritanos (de un pasaje inmediatamente anterior que no reciben a Jesús, no forman Iglesia…, cf. Lc 9, 55) que no reciben a Jesús. También es evidente que ella aparece como signo de la «totalidad acogedora» de la iglesia. Pero a partir de ella, el texto desarrolla la figura de su hermana María. Pues bien, a la luz de todo lo anterior, el término hermana   puede interpretarse de dos formas:

– María Puede ser hermana de Marta en el sentido familiar, de sangre (conforme a la interpretación usual, recogida por Jn 11, donde ellas, las dos hermanas posiblemente carnales, tienen un tercer hermano llamado Lázaro). Si leemos el texto así podemos suponer que María es más joven. No aparece como «dueña» de la casa (no es la que recibe a Jesús), aunque puede realizar y realiza una función importante.   Leer más…

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Todas contra Jesús. Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 21 de julio de 2019
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marta-maria-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

            Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

            La preciosa miniatura que adjunto contiene todos los elementos del relato: la encina de Mambré, los tres hombres, representados como ángeles, Abrahán y Sara. El artista ha convertido la tienda de Abrahán en una casa, casi una iglesia. El texto nos ayudará a comprender mejor el evangelio.

Salterio. Museo Conde. Chantilly,

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:

            ‒ Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.

            Contestaron:
‒ Bien, haz lo que dices.

            Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

            ‒ Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.

            Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

            Después le dijeron:

            ‒ ¿Dónde está Sara, tu mujer?

            Contestó:
‒ Aquí, en la tienda.

            Añadió uno:

            ‒ Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

¿Cuántos son los invitados?

            Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

            Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (“no pases de largo”), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas”). El plural se mantiene en las acciones siguientes (“comieron, dijeron”), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

            En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad. Aunque la idea carece de fundamento serio, sirvió de base para una de las creaciones artísticas más maravillosas: el icono de Andréi Rubliov, pintado hacia 1422-1428.

Trinidad-Rubliov

            Hospitalidad

            La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

            Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

            Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

            El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

            ‒ Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

            Pero el Señor le contestó:

            ‒ Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

¿Cuántos invitados a comer?

            En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trataba de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

            No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

            En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

            Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria” significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

            El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

            El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

            Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

            Como indiqué al comienzo, este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

            La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: “ve y haz tú lo mismo”.

            Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

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