Dom 24.7.16. ¡Padre! El pan nuestro cada día… (el pan más alto)
Domingo 17. Tiempo ordinario(Lc 11, 1-13) El evangelio de este domingo recoge la catequesis central del evangelio de San Lucas sobre la oración, centrada en el Padre-nuestro, que no es Padrenuestro, sino simplemente Padre.Recordemos que el evangelio de Lucas ha destacado mucho la oración:
— El evangelio de la infancia (Lc 1-2) ha conservado antiguas fórmulas de oración cristiana: Benedictus, Magnificat, Nunc dimittis…
— Lucas presenta con frecuencia a Jesús en oración, como si todo su compromiso de Reino un despliegue y consecuencia de su comunión con Dios.
— Desde ese fondo ha de entenderse el pasaje especial de este domingo en el que los discípulos le piden que les enseñe a orar, y Jesús responde proclamando su oración:
Padre,
santificado sea tu Nombre
venga tu Reino.
Danos cada día nuestro pan más alto,
y perdona nuestros pecados, pues nosotros perdonamos a nuestros deudores,
y no nos introduzcas en tentación
Ésta es la oración de Jesús:
-Una invocación: Padre
-Dos peticiones «divinas» (centradas en el Nombre de Dios y el Reino)
-Tres peticiones «humanas» (pan, perdón de las deudas y liberación)
Éste es para muchos el texto más significativo del evangelio de Jesús y de toda la tradición cristiana, y desde ese fondo, en estos tiempos de crisis, en que muchos parecen dejar a un lado la oración, quiero comentarlo, conforme a la versión de Lucas.
Esta oración proviene sin duda de Jesús, y ha sido conservado por la tradición cristiana en dos formas, ligeramente distintas, la de Mateo, más litúrgica, ampliada por el mismo evangelista o por su iglesia (cf. Mt 6), y esta de Lucas (cf. Lc 11), más cercana al mensaje de Jesús. Éstas son algunas de las diferencias más significativas:
1. La oración de Lucas no es un Padre-Nuestro, pues a diferencia del de Mateo no empieza diciendo Padre-Nuestro sino simplemente Padre,
poniendo de relieve el don y gracia de Dios que es Padre, sin más…principio amoroso de toda realidad, persona a la que nosotros, los creyentes, nos atrevemos a invocar.
2. El Padre-nuestro de Lucas… no contiene la tercera petición del de Mateo: hágase tu voluntad… Ciertamente, el orante de Lucas se sitúa ante la voluntad de Dios tal como se revela en Jesús, pero no tiene que decirlo expresamente. Este Jesús de Lucas sabe bien que la voluntad de Dios no se impone por la fuerza, sino que se descubre en oración y en gesto de servicio a los demás….
3. La petición del perdón tiene en Lucas un matiz especial, pues vincula el pecado (contra Dios) y las deudas (frente al prójimo). De manera extraña y muy significativa pide a Dios que perdone nuestros pecados, pero añadiendo como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Éstos y otros matices iré precisando en lo que sigue, con el deseo de que los lectores puedan adentrarse de un modo personal en la oración de Jesús.
Imágenes.
1. Las dos versiones del Padre-nuestro (la que yo ofrezco de Lucas está más ajustada al texto, como verá quien siga leyendo)
2-3 El Padre-nuestro, en versión castellana y euskera, en las paredes del Santuario del Padrenuestro, en la colina del Monte de los Olivos, en Jerusalén. El lector interesado podrá encontrar fácilmente otras versiones del Padrenuestro, desde hebreo o arameo, pasando por el griego y latín, hasta muchas lenguas modernas. Buen domingo a todo (sigue)
Enséñanos a orar…
«Aconteció que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos (Lc 11, 1).
Lucas quiere presentar a Jesús como “maestro de oración” y así le muestra varias veces, orando en la montaña, de noche (Lc 6, 12; 9, 28) y diciendo a sus discípulos que oren sin cesar (18, 1). También en esta ocasión se encuentra orando y sus discípulos le ven y le piden: “enséñanos a orar….como Juan enseñó a sus discípulos”.
Ese añadido (como Juan enseñó…) es muy significativo y muestra en conjunto (con lo que sigue) cuatro cosas… Así lo muestra este texto que comentaremos de un modo muy sencillo, palabra a palabra, siguiendo el texto de Lucas 11, 1-13.
(1) Los discípulos de Juan formaban una “comunidad orante”, que tenía una oración específica, distinta de las oraciones de otros grupos judíos (sacerdotes, fariseos). Quizá lo que más distinguía a los discípulos de Juan era un tipo de oración escatológica, pidiendo la llegada del Reino de Dios, en actitud de ayuno (pues de dice que ellos ayunaban, y el ayuno y la oración solían ir unidos: cf Mc 2, 18).
(2) Es muy posible que, al principio, los discípulos de Jesús oraran lo mismo que los de Juan. Además, todo nos permite suponer que los discípulos de Juan eran más orantes que los discípulos de Jesús… Juan era más “piadoso”. Por el contrario, Jesús ponía más de relieve otros aspectos de la vida: el pan compartido, la acogida mutua, la solidaridad…En ese primer momento, los cristianos es no tenían una oración característica, de tal manera que ni Pablo ni Marcos recogen una oración típicamente cristiana de cierta extensión. Sólo el “Abba” y el “Maranatha” parecen haber distinguido a los cristianos, que en el resto de las oraciones serían como los judíos… como los discípulos de Juan.
(3) De todas formas, la tradición cristiana recuerda una oración específica de Jesús, el Padrenuestro, que aparece transmitida por la tradición del Q (Mateo y Lucas), aunque en formas distintas. Podemos suponer que Jesús enseñó de alguna forma esa oración, que está vinculada a todo su mensaje, a su visión del reino. La versión de Lucas parece más cercana a las palabras de Jesús. Los añadidos de Mateo (nuestro, que estás en los cielos; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo; más líbranos del mal…) forman parte de la liturgia de la Iglesia.
(4) Tanto en su forma reducida (Lucas) como en su su forma externa, el Padrenuestro podría ser (es) una oración judía, pues todas sus palabras tienen una resonancia israelita. No tiene nada cristiano específico: ni Trinidad, ni Jesús como Hijo de Dios, ni Iglesia, ni Espíritu Santo, ni Eucaristía, ni sacramento… Jesús oró como un “judío mesiánico” y así nos enseñó a orar.
Pero, al mismo tiempo, el Padrenuestro es una oración universal, pues pueden asumirla todos los que creen en Dios y se atreven a invocarle con el símbolo de «Padre», pidiéndole pan compartido y perdón. No contiene tampoco ninguna referencia que sea exclusivamente judío (nombre de Yahvé, patriarcas, Moisés, Ley, templo, ciudad/tierra sagrada, expiación ritual, tradiciones nacionales, alimentos puros, purificaciones, fiestas o Mesías especiales…). Todo lo que el Padrenuestro pide es universal (padre, pan, perdón), siendo, al mismo tiempo, muy judío, muy cristiano, es decir, humano. Aquí comentamos el texto de Lucas:
Padre
El paralelo de Mateo es más extenso: Padre nuestro que estás en los cielos (Mt 6, 9). El Lucas es más sobrio y reza simplemente «Patêr ¡Padre!».
A Jesús y a sus compañeros les basta decir eso. Han dejado a un lado los restantes títulos y nombres de Dios, vinculados a la tradición de Israel (Yahvé, Dios de patriarcas o templo, de Ley o de pueblo), han superado las posibles elevaciones sacrales (o metafísicas) y sólo ponen de relieve aquello que vincula a Dios con todos los hombres, diciendo: ¡Padre!
Por situarse en un contexto más litúrgico, Mt 6, 9 ha querido ampliar la invocación: «¡Padre nuestro que estás en los cielos!».
De esa forma se acerca a los modos de orar del judaísmo, pues palabras como esas aparecen en textos rabínicos que empiezan diciendo: Abinu she-ba-shamayim (¡Nuestro Padre de los cielos!) o, de un modo más usual, Abinu Malkenu (¡Padre nuestro, Rey nuestro!), como en la plegaria de las Dieciocho Bendiciones. El orante de Lucas decía simplemente «Padre», en actitud de confianza radical, en gesto de nuevo nacimiento y eso resultaba suficiente.
Poder decir Padre (Padre/Madre) eso es ser cristiano: Saber que estamos en manos del Padre, que somos presencia de Dios (que él vive y se expresa en nosotros), esa es la oración cristiana. Nada más, eso sólo: Abba, Padre/Madre, dicho y vivido…para así crecer y ser personas desde Dios, eso es orar…
Santificado sea tu Nombre (hagiasthêtô to onoma sou).
El nombre de Dios es Padre (no es Rey, ni Ser Excelso, ni Señor Infinito…). Por eso, pedirle que su nombre sea santificado es decirle: Muéstrate como Padre; nosotros queremos mostrar que tú eres Padre. Hay que fijarse en la formulación, que está en una forma que suelen llamar “pasivo divino”: ¿Quién tiene que santificar el nombre de Dios? ¡Dios mismo! Por eso le decimos a él que santifique su nombre, que se muestre como Padre. Pero, al mismo tiempo, nosotros nos comprometemos a hacerle: queremos que, a través de nuestra vida, Dios se muestra en todo el mundo como Padre.
Pero aquí se utilizar la palabra “santificar”, es decir, mostrarse como “santo”. Éste es un tema tradicional israelita, que aparece ya en Ez 36, 23, donde el profeta pide a Dios que manifiesta su santidad… ¿Cómo debe hacerlo? liberando y salvando a los oprimidos y liberando a los presos…
Eso es lo que hace aquí Jesús, es lo que hacen aquellos que le siguen: piden a Dios que manifieste su honor y su gloria de Padre, que no se expresa a través de un tipo de victoria cósmica o militar, sino con la vida y honor de sus hijos. Dios santifica su Nombre (mostrándose santo) allí donde libera en amor a sus hijos oprimidos. Leer más…























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