Comentarios desactivados en Cuando la religión amenaza.
Domingo XVI del Tiempo Ordinario
23 julio 2023
Mt 13, 24-30
Indudablemente, el surgir de las grandes religiones -no hace más de siete mil años- constituyó un momento importante en la evolución de nuestra especie: se desarrollaron ahí capacidades simbólicas, organizativas, relacionales, en definitiva, se creció en el proceso de humanización.
De la misma manera, resulta igualmente innegable la capacidad de la religión para movilizar a las personas y despertar lo mejor de ellas mismas, en forma de solidaridad, compasión, servicio, amor… Esto se produce cuando religión y humanización caminan en paralelo.
Sin embargo, a lo largo de la historia, la religión no solo no ha estado libre de perversiones -todo lo humano puede ser ambiguo y, tal como rezaba el adagio latino, “corruptio optimi pessima” (la corrupción de lo mejor se convierte en lo peor)-, sino que ha generado sufrimiento tan intenso como inútil.
Eso se ha producido siempre que, en un contexto social determinado, la religión se hizo fuerte, adquiriendo un lugar de dominio y detentando un poder más o menos absoluto.
En tales situaciones, la religión ha implementado mecanismos poderosos que han tenido como objeto controlar las conciencias para forzar que la población se sometiera a su propio proyecto. Aquí han ocupado un lugar preponderante las amenazas, los castigos y el sentimiento de culpa -tan omnipresente como nocivo-, sostenido todo ello por un “corpus” doctrinal, que se presentaba como incuestionable.
En las épocas de mayor poder religioso, ese cuerpo doctrinal adoptó la forma de absolutismo, tanto cognitivo como moral. La institución, que se consideraba a sí misma como poseedora de la verdad absoluta, se erigía igualmente como juez inapelable y, llegado el caso, como implacable verdugo.
La religión podía, por ejemplo, etiquetar a personas y comportamientos como “trigo” o “cizaña” -por utilizar la imagen de la parábola de Jesús- pero, en lugar de reconocer que ambas realidades se dan siempre de forma inseparable -tal como había sugerido el propio Jesús en la citada parábola-, promovían la condena e incluso la extirpación de todo aquello que, según su particular criterio, se consideraba “cizaña”. No es extraño que asistamos ahora a todo un proceso de desafección religiosa y rechazo de la religión institucional. Desafección y rechazo provocados, no solo por actitudes y comportamientos autoritarios, sino por creencias míticas que resultan inasumibles para la conciencia moderna.
Tampoco es casual que la perversión que he mencionado se produjera siempre en situaciones de poder cuasi omnímodo, porque este, que únicamente busca perpetuarse e imponerse, no se lleva nunca bien con la verdad.
Comentarios desactivados en Trigo y cizaña: hay que tener paciencia histórica en la vida
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
DOMINGO XVI del AÑO
01.- Trigo y cizaña.
La historia de la humanidad, nuestra propia historia personal es un largo recorrido tejido de bien y de mal, de trigo y cizaña.
En el lenguaje teológico se suele decir que estamos en una historia de salvación, al mismo tiempo que en una historia de daños y males, (historia salutis – historia damnationis).
La gran tentación suele ser la de extirpar cuanto antes el mal, arrancar la cizaña. Especialmente las posturas y temperamentos violentos y fanáticos enseguida esgrimen el hacha de guerra.
Jesús no actúa así. Jesús no es un fundamentalista fanático que actúa agresiva y fulminantemente.
Las precipitaciones y las prisas no son buenas consejeras. El crecimiento es lento y paciente.
Jesús y el Dios de Jesús son pacientes
Dejad crecer juntos el trigo y la cizaña hasta la cosecha, hasta a siega.
02.- ¿Dios solamente trata con los puros y perfectos?
No parece muy sensato –ni razonable- pensar que el ser humano solamente accede a Dios y tiene relación con Dios cuando es perfecto o santo. Esto es un fundamentalismo fanático nada cristiano. Jesús comía con pecadores y publicanos. La mayor parte de las personas con las que Jesús trataba eran gente débil, pecadora, pagana, enferma.
Según el Evangelio de Jesús, todo ser humano vive, vivimos, nuestra historia con experiencias de gracia y de miseria.
La parábola de la cizaña y el trigo es una descripción de nuestra propia vida personal.
Sentirnos alejados de Dios cuando en nosotros crece la cizaña, el mal, sería un suicidio espiritual, que no tiene nada que ver con la parábola que hemos escuchado.
Si somos cristianos, sabemos que hemos de dar cuenta de nuestra vida; pero también sabemos y confiamos que, el Dios que siembra una tiene paciencia infinita y la paciencia y la bondad- son la justicia de Dios.
03.- ¿Una religión y una Iglesia perfectas?
Ni las religiones, ni el cristianismo, ni la Iglesia se miden por su perfección, sino por el contenido de bondad y misericordia que conllevan.
La entraña de lo que Jesús siembra es que nunca perdamos la memoria de que somos “hijos De Dios ”. Que –como el hijo pródigo- no perdamos nunca la memoria de la “casa del Padre”. ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi Padre…!
Ni la religión ni la Iglesia son una comunidad de “puros”.
Siempre ha habido en la Iglesia una tendencia al puritanismo. Por ejemplo: Los cátaros medievales franceses (s XII) pretendían una iglesia ultrapuritana, una iglesia de élite. ¿No se estará repitiendo esta misma actitud hoy en algunos modernos movimientos eclesiásticos?
Jesús nos ofrece esta parábola de la cizaña: la paciencia y la bondad de Dios hacen posible el crecimiento de la buena semilla y la conversión. No nos salvamos por nuestra “pureza”, sino por la paciente bondad de Dios.
Curiosamente esta parábola del trigo y la cizaña solamente la narra el evangelista San Mateo: un evangelio para judeo-xtnos. Los judíos creían en una religión de “puros”, cumplidores estrictos de la ley, de los ritos, de las purificaciones. En el cristianismo –en la vida- las cosas no son así. Somos una comunidad de publicanos y pecadores, trigo y cizaña.
No se trata de que la humanidad sea un “imperio cristiano de la Iglesia”, simplemente se trata de ser levadura, fermento, sal de la tierra…
03.- Paciencia histórica.
La vida no crece a tirones, ni a golpes. Tanto personal como social y comunitariamente, la existencia y la madurez humana requieren procesos, recorridos, altibajos, retrocesos. En la vida atravesamos por momentos y situaciones de todo tipo, de trigo y de cizaña.
No es cuestión de arrancar precipitadamente la mala hierba, no es cosa de excomulgar, de condenar, de imponerse con poder. Son tentaciones fanáticas.
En la vida hay que tener paciencia histórica. Las personas podemos cambiar podemos evolucionar, madurar. En ocasiones nacemos a una nueva vida -como Nicodemo- siendo ya mayores, quizás viejos.
Hay que saber esperar, que al fin y al cabo toda siembra es una esperanza.
Dios sabe esperar, es más, la paciencia de Dios es nuestra salvación, (2Ped 3,15).
Comentarios desactivados en Debemos sembrar semillas LGBTQ+ en el Sínodo, incluso cuando la mayoría falla
La reflexión de hoy es del editor gerente de Bondings 2.0, Robert Shine.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el 15º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.
La esperanza abundó en octubre de 2021 cuando el Papa Francisco lanzó el “Sínodo sobre la Sinodalidad”. Este proceso de varios años de caminar juntos como pueblo de Dios es visto por muchos como el evento eclesial más importante desde el Concilio Vaticano II en la década de 1960. Es muy probable que sea la marca definitoria del pontificado de Francisco.
Ya llevamos casi dos años en este viaje. Varias etapas han ido y venido —local, diocesana, nacional, continental—, frecuentemente marcadas por la escucha, la apertura, el diálogo y la reflexión. Los temas LGBTQ+ fueron prominentes en cada etapa, apareciendo en muchos informes nacionales y en seis de los ocho informes continentales. El documento de trabajo para la asamblea de este octubre incluye dos referencias a la inclusión LGBTQ+, y un documento anterior de la oficina del Sínodo reconoció cuán frecuente era el problema a nivel mundial. Y ahora, habrá una serie de líderes de iglesias LGBTQ positivos que participarán en la asamblea del Sínodo en Roma este octubre.
Lo confieso: este camino sinodal todavía me emociona mucho y tengo grandes esperanzas en él. A menudo me he preguntado cómo debe haber sido ser católico después del Vaticano II cuando había tanta energía por la reforma en la iglesia y la justicia en el mundo. Ha sido difícil de imaginar.
Crecí en una iglesia diferente donde Benedicto XVI era Papa y el abuso sexual del clero era lo que ocupaba los titulares. Si bien aún quedan muchos desafíos para la iglesia y el mundo, ahora entiendo un poco mejor cómo era esa energía en la era posterior al Vaticano II, cuando tantos profetas hablaron y comenzaron tantos grupos católicos de justicia.
Aún así, algunas personas hoy me advierten que maneje las expectativas. Estas advertencias no provienen de los críticos abiertos del Sínodo, sino de amigos y colegas comprometidos con el camino sinodal, pero que cuestionan esa esperanza inicial que una vez compartimos.
Todo esto estaba en mi mente cuando me senté con las lecturas de hoy que presentan la parábola del sembrador. Las lecturas no me entusiasmaron. No solo es una parábola que todos conocen, sino que incluso es una parábola que Jesús explica directamente. Muchas reflexiones sobre esta parábola se centran en los “héroes” de esta historia: las semillas que caen en tierra fértil y dan frutos en abundancia. Estas semillas, que Jesús explica, son las personas que escuchan la palabra de Dios y la entienden. Ellos son quienes debemos esforzarnos por ser con vidas interiores ricas y relaciones fructíferas con Dios. En resumen, todas las lecturas parecen bastante sencillas.
Sin embargo, la mayor parte de la parábola y la explicación de Jesús en realidad no se trata de los aparentes héroes, las semillas en tierra fértil. En cambio, se presta más atención a los fracasos: las semillas en un sendero que se convirtió en comida para pájaros, las semillas quemadas por el sol por carecer de raíces, las semillas estranguladas por las espinas. Las tres cuartas partes de las semillas arrojadas por el sembrador de la parábola simplemente murieron. Si las semillas son la palabra de Dios, esa es una tasa de fracaso bastante alta para recibir a Dios.
Cambiemos un poco la parábola presentando a las personas y aliados LGBTQ+ como sembradores. Las semillas son nuestras historias, nuestra fe, nuestras alegrías y esperanzas, nuestras penas y ansiedades, nuestra defensa y ministerio, siendo arrojadas por el paisaje, en este caso la Iglesia Católica. Si somos honestos, a menudo es cierto que nuestra tasa de fracaso es casi la misma que la de Dios. Trabajamos mucho, nos arriesgamos tanto, nos sacrificamos bastante y, sin embargo, las semillas que echamos fracasan: se topan con gente que no comprende, gente que nos acepta pero con limitaciones, gente que es aliada hasta que cuesta, gente dispuestos a ceder su privilegio para crear equidad para otros.
No quiero sugerir que el fracaso, ya sea en la palabra de Dios o en nuestro trabajo, deba ser el enfoque. El fracaso no es la comida para llevar aquí. La conclusión es que incluso cuando la tasa de fallas es alta, Dios todavía produce bienes en gran abundancia. La historia de la iglesia está repleta de historias de cómo las semillas de la palabra de Dios fueron plantadas en la rica tierra de pequeñas comunidades o incluso de una persona singular con una fe profunda, que luego tuvo un impacto enorme para cambiar el mundo.
Estos últimos dos años, las personas LGBTQ+ y sus aliados han estado sembrando semillas de inclusión a lo largo del proceso sinodal. Es probable que muchas de esas semillas, quizás la mayoría, fracasen. Pero solo se necesitan unas pocas semillas en la tierra adecuada para que Dios produzca un bien tremendo. No podemos saber qué conversación tuvimos, carta que escribimos, recurso que compartimos u oración que pronunciamos que será la semilla que echará raíces. Por eso debemos seguir sembrando ampliamente, predicando la inclusión a todo aquel que escuche y testimoniando la santidad de nuestras identidades y nuestro amor.
El viaje continúa hasta octubre de 2024 con más altibajos por venir. Pero cuando veo cuán poderoso ha sido el impacto de los católicos pro-LGBTQ+ en este proceso hasta ahora, ¿cómo no puedo tener esperanzas? No obtendremos todo lo que buscamos. Eso es seguro. Sin embargo, sí creo que habrá muchos buenos frutos de las semillas que arrojamos que están encontrando un suelo fértil.
Para ver la cobertura completa de Bondings 2.0 del Sínodo sobre la sinodalidad, haga clic aquí. Para ver todos los recursos del New Ways Ministry sobre el Sínodo, incluida una lista completa de los participantes de la asamblea de octubre de 2023 con registros LGBTQ+, haga clic aquí.
—Robert Shine (él/él), New Ways Ministry, 16 de julio de 2023
Comentarios desactivados en “Aprender a sembrar como Jesús”. 15 Tiempo ordinario – A (Mateo 13,1-23)
No fue fácil para Jesús llevar adelante su proyecto. Enseguida se encontró con la crítica y el rechazo. Su palabra no tenía la acogida que cabía esperar. Entre sus seguidores más cercanos empezaba a despertarse el desaliento y la desconfianza. ¿Merecía la pena seguir trabajando junto a Jesús? ¿No era todo aquello una utopía imposible?
Jesús les dijo lo que pensaba. Les contó la parábola de un sembrador para hacerles ver el realismo con que trabajaba y la fe inquebrantable que le animaba. Las dos cosas. Hay, ciertamente, un trabajo infructuoso que se puede echar a perder, pero el proyecto final de Dios no fracasará. No hay que ceder al desaliento. Hay que seguir sembrando. Al final habrá cosecha abundante.
Los que le escuchaban la parábola sabían que estaba hablando de sí mismo. Así era Jesús. Sembraba su palabra en cualquier parte donde veía alguna esperanza de que pudiera germinar. Sembraba gestos de bondad y misericordia hasta en los ambientes más insospechados: entre gentes muy alejadas de la religión.
Jesús sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Todos sabían que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras tan desiguales. Pero eso no desalentaba a nadie: ningún labrador dejaba por ello de sembrar. Lo importante era la cosecha final. Algo semejante ocurre con el reino de Dios. No faltan obstáculos y resistencias, pero la fuerza de Dios dará su fruto. Sería absurdo dejar de sembrar.
En la Iglesia de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan palabras de esperanza y gestos de compasión.
Esta es la conversión que hemos de promover hoy entre nosotros: ir pasando de la obsesión por «cosechar» a la paciente labor de «sembrar». Jesús nos dejó en herencia la parábola del sembrador, no la del cosechador.
Comentarios desactivados en “Salió el sembrador a sembrar”. Domingo 16 de julio de 2023. 15º domingo de tiempo ordinario.
Leído en Koinonia:
Isaías 55,10-11: La lluvia hace germinar la tierra Salmo responsorial: 64: La semilla cayó en tierra buena y dio fruto. Romanos 8,18-23: La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios Mateo 13,1-23: Salió el sembrador a sembrar
El libro del profeta Isaías se divide en tres parte: la primera la podemos llamar el libro de la denuncia; la segunda el libro del anuncio y la tercera la consolación. El texto que hoy leemos pertenece a esta última sección del libro y nos da ya una pista para la interpretación del pasaje. Isaías III nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para reemprender de nuevo su ciclo. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.
Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica no gira en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que ellos reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo, la comparación resalta dos elementos muy importantes: la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa y la palabra retorna a su fuente de origen.
El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor desicivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero el terreno responde de manera desigual.
La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, forman parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.
Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano qué respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. En el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basándonos en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta de los profetas que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reinado de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible el amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.
La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del Evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas, sino que procuran siempre que la palabra del profeta sea eficaz en la historia.
Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2,4-25), aguarda con impaciencia la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad. La propuesta de Jesús nos abre a la esperanza de un futuro en el que la Humanidad se reconoce en la justicia y en el amor solidario, y no en la muerte y la guerra. Leer más…
Comentarios desactivados en 16.7.23 (Dom 15 TO). Salió Jesús a sembrar (Mt 13, 3-9).
Del blog de Xabier Pikaza:
Salió a sembrar en toda tierra el Reino… y precisamente por hacerlo como hizo, sembrando en toda tierra, sin limitarse a mantener según ley oficial su rebaño en la buena tierra de los justos… por sembrar donde decían que no era lugar ni momento de siembra (entre pobres, excluidos, enfermos, desterrados, impuros…) le mataron, y su vida así sembrada fue semilla de Reino en toda tierra.
Ahora, este año 2023, son muchos los que dicen que llevamos decenio sin haber sembrado. Vivimos de rentas caducadas y de rebusca mezquina, mientras la tierra se angosta sin agua de vida, sin semilla de palabra. Nos hemos especializado en ser pastores de un rebaño de rediles viejos, mientras son pocos los que salen a los campos de la siembra
Dicen que llevamos decenios sin siembra verdadera de evangelio, como si debiéramos limitarnos a enterrar muertos antiguos, en contra de Jesús que decía: «Dejad que los . Jesús nos dice hoy que tomemos el zurrón de las semillas y sembremos, a fondo perdido, en esperanza de futuro, en toda tierra.
| X.Pikaza
Evangelio
Mt 13 3b Salió el sembrador a sembrar, 4 y, al sembrar, unas semillas cayeron al borde del camino; y vinieron los pájaros y las comieron. 5 Y otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y, como la tierra no era profunda, brotaron en seguida; 6 pero, en cuanto salió el sol, se quemaron y por falta de raíz se secaron. 7 Otras, en cambio, cayeron entre zarzas, y crecieron las zarzas y ahogaron la semilla. 8 Pero otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien; otras sesenta; otras treinta. 9 Quien tenga oídos oiga [1].
Sembradores de palabra
Jesús nos ha hecho sembradores de Palabra. Éste es nuestro primer oficio en la iglesia. Hay un sembrador principal que es Dios; hay un director de sembradores que es Jesús… Con él estamos todos nosotros, sembradores de evangelio en las nuevas tierras de la vida, el año 2023. Vamos a sembrar, hermanos, a sembrarnos nosotros mismos como palabra de evangelio.
‒ ¿Por qué hay diversas tierras, y algunas son malas para la semilla: el camino, el pedregal, el zarzal? ¿No hizo Dios todas las tierras buenas (Gen 1)? El problema no se resuelve simplemente diciendo que las tierras son los seres humanos que deben hacerse buenos, como en la forma actual de la parábola, sino que debemos preguntar: ¿por qué hizo Dios o permitió que hubiera tierras malas, hombres y mujeres que parecen incapaces de acoger la semilla?
‒ Si el sembrador es Dios ¿por qué actúa de esa forma, como si no conociera su oficio de sembrador que sólo siembra en buena tierras?¿Por qué ha dejado que parte de su semilla cayera en la tierra dura del camino, en el zarzal o el pedregal? ¿Por qué no ha hecho primero que todos los terrenos (hombres y mujeres) fueran buenos? En esa línea, el texto parece estar suponiendo que Dios (o el mesías sembrador) no conoce bien su oficio, pues malgasta semilla en terrenos al parecer poco aptos. ¿O es que Dios quiere que todos los terrenos sean aptos?
— La siembra del Dios-Mesías depende de que nosotros (sus sembradores) salgamos al campo de la vida y sembremos su palabra en toda tierra, de forma creadora. Eso sigue significando que la obra mesiánica se entiende en forma dramática y dialogal, condicionada no sólo para bien, sino también para mal, por la acogida-respuesta de los hombres, conforme a la división de las diversas tierras, que no parece paritaria, sino desigual (pues hay tres tipos de mala tierra, y sólo un tipo de buena):
‒ Camino duro y pájaros (13, 4). Sembrar en el camino, sin que la semilla pueda hundirse en la tierra, es dejarla a merced del viento o de los pájaros. Jesús ha de saberlo, y sabe (en forma de parábola) que los pájaros están ahí, formando una amenaza para la siembra, un riesgo para la obra de Dios. Sobrevuelan sobre el campo; pero sólo son peligrosos allí donde la tierra es dura y no absorbe la semilla, es decir, allí donde es como un camino pisado y repisado.
Éstos son los pájaros de Dios de Mt 6, 25-34 (señal de su providencia generosa), pero mirados desde otra perspectiva, esos pájaros son signo del peligro que corre la semilla cuando no penetra en la hondura de la vida humana, quedando así a merced de esos pájaros, que comen todo lo que encuentran. ¿No se podría decir, en esa línea, que las semillas del camino son bendición para los pájaros, pero no sirven para la cosecha?
‒ Pedregal y sol que quema la semilla (13, 5-6). El sol es necesario para que madure la semilla, como saben bien los agricultores. Sin tierra con agua (¡aquí ausente!) y sin luz-calor de sol no hay cosecha. Pero allí donde la tierra carece de profundidad y no acoge en hondura la semilla, y no permite que las raíces de la planta penetren y se arraiguen, por ser pedregosa, en vez de tener profundidad y ofrecer un “humus” (lugar de alimentación y crecimiento para la semilla), calienta el sol y se convierte en fuego que calcina y quema la planta recién nacida. Dios mismo es semilla, pero si el hombre no tiene profundidad y no le acoge ni Dios puede germinar en su tierra.
‒ Campo de espinas que ahogan la semilla (13,7). Además de los pájaros del aire y del sol ardiente, que quema las pequeñas raíces de las plantas en tierra pedregosa, la siembra puede y en algún sentido debe crecer en un espacio de “competencia biológica”, en un contexto de enfrentamientos vitales donde actúan también otras plantas que estaban ya allí, que (en sentido externo) pueden ser más poderosas que la semilla sembrada.
Frente a la planta buena de Dios hay otras, que parecen más adaptadas y más fuertes y pueden ahogarla. También las espinas tienen derecho a crecer, también los cardos, todo tipo de variedades agrarias. Ciertamente, si quiere sobrevivir como especie “inteligente”, el hombre debe quitar espacio a las espinas y cardos, para que brote la buena semilla, pero si destruimos toda la inmensa variedad de especies vegetales que parece inútiles (con pesticidas…) corremos también el riesgo de destruir la vida humana.
‒ Semilla buena en tierra buena (13, 8). Aquí se expresa el “milagro” de la siembra: buena semilla en buena tierra. ¿Tierra buena “de Dios”, es decir, en estado natural, o tierra buena roturada y preparada, limpiada y regada cuidadosamente por los hombres? A pesar de todos los enemigos que pueden actuar y actúan, desde fuera y desde dentro de la tierra, el sembrador se arriesga, y prepara la tierra, y una parte de su semilla cae sobre un lugar adecuado, de manera que su obra resulta positiva, tiene éxito. Aquí también peguntamos: ¿Por qué es buena la tierra, en qué medida es obra suya y en qué medida es resultado del esfuerzo del labrador que la cuida y prepara?
Mirada desde sí misma, esta parábola no puede razonarse, está ahí, como visión originaria, , para que aprendamos a pensar, para que respondamos. En ese contexto debemos plantear la función del mesías sembrador y de nosotros sus colaboradores, su cuadrilla de siembra.
Así nos dice Jesús que salgamos a sembrar, este año 2023, en esta tierra que muchos parecen haber abandonado. Podría haber dicho Jesús: Salió el sembrador y una parte de su semilla cayó entre ruinas de campo abandonados, por olvido quizá de los sembradores antiguos…,quizá por cambio de los tiempos.
Ampliación: Sobra la siembra en parábolas
Volvamos a leer el texto. Austeramente describe Jesús lo que sucede a la semilla, empleando experiencias normales de la agricultura, de manera que sus oyentes puedan entenderlo. Todo es normal, prosa concreta, sin atisbo de enseñanza exclusivista de corte de reyes o palacio de nobles. Pero escuchada mejor esa parábola y otras resultan sorprendentes, una enseñanza más alta y paradójica, pensada para que la gente piense por sí misma.
Una educación de campo. Esta parábola del sembrador parece sencilla… Muchos mayores tenemos todavía en los ojos la imagen del abuelo en los campos duros de la tierra antiguo. Aquel abuelo nos decía: Un buen sembrador siembra sólo en buena tierra y no desperdicia los granos entre piedras, caminos y zarzas. Jesús, en cambio, parece empeñarse en sembrar sobre suelos que no pueden prepararse, pues no son apropiados para ello (camino, pedregal, zarzal).
Un viejo amigo educador me decía: Esta nueva juventud no es «materia de religión» (no es campo donde pueda sembrarse el evangelio…); y sin embargo seguía buscando, imaginando, sembrando…. Para el futuro, me decía, quizá para sus nietos. Pero tenemos que seguir sembrando, y hacerlo de otra forma, como hizo Jesús, que rompió los métodos pedagógicos de los escribas y sacerdotes de su tiempo:
Es evidente que necesitamos una sabiduría más alta. La parábola expresa la sabiduría de Dios, que dice su palabra por Jesús, sembrando semilla en toda tierra.
El buen científico, hombre de sistema, busca eficacia y calcula, piensa de antemano y escoge la tierra más fértil y adecuada. Nos diría quizá no no tenemos métodos; que hagamos ciencia, si queremos progresar, que dejemos la siembra de evangelio.
Pero nosotros estamos empeñados en sembrar como Jesús… Él sabía que los sembradores de evangelio necesitamos una lógica distinta, propia del Dios sabio, que introduce su semilla/palabra en toda tierra.
Jesús no era sabio de puras razones, sino que iba enseñado (sembrando su palabra, sembrándose a sí mismo) en la universidad de la calle, para que todos pudieran pensar y sentido el color y sentido de las cosas, no porque él las dijera desde arriba (que nos las decía así), sino porque al decir sus palabras se decía a sí mismo. No era un erudito en el sentido normal, repetidor de textos al servicio del sistema.
Jesús aparece en el evangelio como sabio, pero haciendo a todos podamos ser sabios a su lado, pues ofrece y comparte su palabra con pobres, ignorantes, enfermos…. No busca imágenes herméticas, ni signos de sabiduría especializada. Al contrario, él mira donde todos miran: hacia el lago de los pescadores, hacia el campo de los sembradores, hacia el monte donde guardan su rebaño los pastores… y dice su palabra de iluminación, de comunión, de promesa.
Jesús enseña a sus oyentes a mirar y ver de otra manera. De esa forma se ha fijado en el padre que reparte la herencia entre sus hijos, en las muchachas que acompañan a la novia, en la mujer que amasa el pan o busca la moneda perdida en las esquinas de la casa. Él ha mirado también a los arrendatarios y obreros, con aquellos que hacen guardia por miedo a los ladrones, de tal manera que en un primer nivel sus parábolas parecen algo de tal forma simple que todos las entienden. Pero luego, al pensar mejor en ellas, descubrimos su extrañeza, de forma que debemos pensarlas y entenderlas por nosotros mismos.
Las parábolas emplean, de esa forma, un lenguaje de choque que los niños pueden entender y acoger mejor que los mayores, los “ignorantes” mejor que los letrados. No son alegorías, de manera que no pueden interpretarse detalle a detalle, sino que han de entenderse en su conjunto, evocando en ellas la imagen central, para destacar después su novedad, que es paradójica, pues rompe el nivel del razonamiento ordinario, la lógica diaria, para introducirnos en el espacio sorprendente de la gracia de Dios que se expresa en la vida humana. No pueden entenderse desde la lógica normal, sino que nos transportan a un nivel de realidad donde saber es sorprenderse, subiendo de plano, para entrar en la vida en Dios, como volveremos a poner de relieve en el capítulo final de este libro.
Jesús no ha contado las parábolas para divertir a los curiosos, como un bufón de corte a quien se le permite decir cosas prohibidas a otros; no ha tejido sus poemas para distraer a los demás, sino para interpelarles, haciendo que ellos mismos se vuelvan creadores, sorprendidos, iluminados, incitados:
‒ Las parábolas sorprenden. Donde todo parecía normal introducen ellas un signo más alto de interrogación. ¿Se puede arrojar la semilla entre las zarzas? ¿Debe el padre recibir al hijo pródigo y darle una nueva herencia después que ha gastado la primera, a detrimento del hijo que ha quedado en casa? ¿Es justo el patrono que paga al jornalero de la hora undécima lo mismo que al primero? ¿Puede el comerciante gastar todo su dinero por comprar ado ante estas y otras parábolas sin hallar una respuesta, pues quieren saber sin comprometerse, de manera que acaban mirando y no ven. Por el contrario, aquellos que deciden entrar en su dinámica saben que ellas son verdaderas.
No se pueden entender por pura ciencia, si no hay un compromiso personal que nos permita penetrar en ellas. Por eso, todas las hermenéuticas teóricas (propias de intérpretes que quieren ser neutrales) resultan incapaces de hacernos entender su contenido, pues Jesús, como poeta, sólo cuenta su secreto al que se deja interpelar y enriquecer por su palabra, penetrando en ella. Lógicamente, él no ha fundado una escuela de templo, para organizar los ritos de los sacerdotes y realizar mejor los sacrificios. Tampoco ha creado una academia rabínica, para interpretar mejor la Ley y las tradiciones, en la línea de los nuevos especialistas rabínicos, sino que ha sido más bien un sabio mesiánico, contador de parábolas, no para saber más, sino para ser y hacer, es decir, para madurar como seres humanos y ayudarse unos a otros.
‒ Las parábolas son sabias siendo paradójicas: no ofrecen enigmas en el sentido usual de la palabra, ni adivinanzas de iniciados, sino que exponen de forma sencilla, pero sorprendente, el lado más profundo de la realidad, situándonos en aquello que parece conocido (siembra o viña, pesca o tesoro del campo…), para introducirnos desde allí hacia lo desconocido y fundamental, que es la presencia gratuita y creadora de Dios, que invierte y transfigura todo, para abrirnos así un camino de Reino.
‒ Ellas hablan desde el lugar donde gracia de Dios y tarea de la vida se vinculan, haciendo pasar ante nosotros una serie de figuras paradójicas (samaritano, publicano, pródigo, mendigo…), para mostrarnos la extrañeza creadora del Reino. Ellas no pueden entenderse como inversión de la realidad actual (al modo hegeliano marxista), pues esa inversión sigue estando al servicio de un sistema de violencia. Superando ese nivel (tesis y antítesis, poder del sistema), las parábolas nos llevan el lugar de la sabiduría primera, donde se revela Dios y los humanos aprenden a entenderle, en gracia sorprendida.
Jesús eleva su mensaje sobre (contra) la verdad oficial de su entorno (sospecha de ella), no para criticarla con envidia o destruirla con violencia, sino para llevar a sus oyentes al más hondo manantial de su saber, para mirar las cosas y personas desde la ribera de la gratuidad, con los ojos salvadores de Dios.
Precisamente allí donde parece que todo está resuelto, donde sacerdotes y jerarcas judíos o cristianos elaboran su sistema de seguridades, expulsando a los pobres o pequeños, ha proclamado Jesús su protesta creadora, en favor de ellos. Él no es un erudito al servicio del gran “todo” (la seguridad del sistema, el señorío de los poderosos), sino sabio que habita al interior de la vida de hombres y mujeres, poniéndose siempre al lado de los pobres. Desde ese fondo, sus parábolas son voz de aviso: denuncia para aquellos que buscan seguridades a costa de los otros; anuncio de salvación para los excluidos del sistema.
Notas
[1] En general, cf. J. D. Crossan,The seed parables of Jesus, JBL 92 (1973) 244-266; Ch. Dietzfelbinger, Das Gleichnis vom ausgestreuten Samen, en E. Lohse. (ed.), Der Ruf Jesu und die Antwort der Gemeinde, FS Joachim Jeremias, Vandenhoeck, Göttingen 1970, 80-93; B. Estrada-Barbier, El Sembrador: perspectivas filológico-hermenéuticas de una parábola, Pontificia, Salamanca 1994;X. Léon-Dufour, La parábola del sembrador, en Estudios de Evangelio, Cristiandad, Madrid 1982.
[2] Sobre ese simbolismo sagrado, cf. M. Astour, La Triade de Déesses de Fertilité à Ugarit et en Grèce, Ugaritica 6 (1969) 9-23; L. Cencillo, Mito. Semántica y realidad, BAC, Madrid 1970; I. Cornelius, The Many Faces of the Goddess, BO, Freiburg/Schweiz 2004; W. Herrmann, Aštart, MIO 15 (1969) 6-52; J. Morgenstern, Some significant Antecedents of Christianity, Brill,Leiden 1966, 81-96.
[3] Entendido así, lo que parece desinterés de Dios, que crea tierras muy distintas, y del Mesías, que se atreve a sembrar en todas ellas, puede presentarse como signo de un interés más hondo, pues Dios ofrece su palabra a toda tierra, un tema que dentro del evangelio de Mateo puede interpretarse como expresión de universalidad: Dios puede sembrar también y encontrar buena respuesta en tierra de gentiles, de manera que todo colabora al fin al despliegue de su obra, como supone Pablo en Rom 8, 28… Pero el tema de fondo no es aquí la oposición entre judíos y gentiles (entre buenos y malos sin más, como veremos en la parábola de la cizaña: 13, 24-43), sino entre diversos tipos de tierra, que por ahora aparecen de forma simbólica, y pueden aplicarse a todos los seres humanos, dentro y fuera de Israel.
El tema es mi tierra, la siembra de Dios en mi vida. Mirada así, esta parábola puede interpretarse desde dos perspectivas:
(a) Una, más emergentista, supone que todo está dado de algún modo en la primera tierra, y que el mesías de Dios actúa como buen partero, en línea mayéutica, para que nosotros descubramos lo está ya dentro de nuestra propia tierra, como ha puesto de relieve A. Torres, Repensar la revelación. Trotta, Madrid 2008.
(b) Otra, más creacionista, pone de relieve el poder de la semilla, que no es puramente nuestra, sino del mismo Dios, que se va haciendo semilla/palabra en la historia de la humanidad, y en nuestra propia historia… No todo está en la tierra, pues también es fundamental la palabra que viene de fuera y sorprende, transforma a los hombres. He desarrollado el tema en Antropología bíblica 2005..
Ya que este año el domingo 15 coincide con la fiesta de la Virgen del Carmen, aprovecho el envío para felicitar a todas las que celebren su santo. Feliz día.
Crisis ayer, hoy y siempre
Que la Iglesia actual (al menos en España) está en crisis no lo puede negar nadie. Baja el número de los que se confiesan cristianos, el número de bautismos y matrimonios, la práctica sacramental. Pero las crisis no son una novedad de la Iglesia actual. Se han dado siempre.
Una crisis con cinco interrogantes y siete parábolas: Mateo 13
El evangelista Mateo tuvo que enfrentarse a una de ellas. Probablemente no fue la primera. Pero él intentó ver sus diversos aspectos y ofrecer respuestas válidas a partir de la palabra de Jesús.
Al llegar a este momento de su evangelio (c. 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.
Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:
¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.
¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensaje? ― El trigo y la cizaña.
¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.
¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.
¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.
Este domingo se lee la primera; el 16, las tres siguientes; el 17, las otras tres.
ADVERTENCIA PREVIA
El fragmento elegido, bastante largo, consta de tres partes:
1) Jesús cuenta la parábola del sembrador.
2) Los discípulos le preguntan por qué habla en parábolas. Jesús responde de forma enigmática y desconcertante.
3) Explica la parábola del sembrador.
La liturgia “por motivos pastorales”, permite limitarse a leer la primera parte. Que se suprima la segunda me parece lógico, porque es de los pasajes más difíciles del evangelio. Pero carece de sentido suprimir la explicación de la parábola. Sin ella, no se entiende nada.
1) El problema de la siembra y del sembrador
La parábola del sembrador responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Basta recordar dos detalles elementales: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:
― Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.
No recuerdo si esta parábola forma parte de “La vida de Brian”, pero es fácil imaginar la cara de desconcierto de los oyentes y los comentarios irónicos a los que se presta. Ni siquiera los discípulos se enteraron de lo que significaba e inmediatamente le preguntan a Jesús: ¿Por qué les hablas en parábolas?
2) Explicando lo oscuro con algo más oscuro [se puede y debe suprimir]
La pregunta sirve para introducir el pasaje más difícil de todo el capítulo.
― A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure. ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
La liturgia permite suprimir la lectura de esta parte y aconsejo seguir su sugerencia, pasando directamente a la explicación de la parábola. Por si a alguno le interesa, comento al final, en un Apéndice, este difícil pasaje.
3) El sentido de la parábola [se puede, pero no se debe, suprimir]
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.
¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes? Se distinguen cuatro casos.
1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesidades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos, hijos del mismo Padre.
2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para soportar las persecuciones.
3) Otros dan más importancia a las necesidades primarias (la comida, el vestido) que al objetivo a largo plazo (el Reino de Dios). Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto: ahogan la palabra de Dios.
4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Optimista, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano…).
Toque de atención y acción de gracias
La parábola podría leerse también como una llamada a la responsabilidad y a estar vigilantes: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo, la inconstancia cuando vienen las dificultades, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza.
Pero es más importante dar gracias porque el Señor ha sembrado en nosotros su palabra, la hemos acogido y, aunque solo sea un treinta por ciento, ha dado su fruto.
Invitación a la fe y al optimismo: Isaías 55,10-11 y Salmo 64
La crisis ante la situación actual puede venir en muchos casos de que centramos todo en la acción humana. Cuando nosotros fallamos y, sobre todo, cuando fallan los demás, creemos que todo va mal. Sólo advertimos aspectos negativos. En cambio, la primera lectura, que usa también la metáfora de la semilla y el sembrador, nos anima a tener fe en la acción misteriosa de la palabra de Dios, fecunda como la lluvia, que no dejará de producir fruto.
Así dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»
Este breve pasaje parece muy sencillo y teológico, casi al margen de la vida diaria. Sin embargo, es el punto final de los capítulos 40-55 del libro de Isaías, donde se anuncia la liberación de Babilonia y la vuelta a la patria. ¿Cómo será posible? A través de un rey humano, Ciro de Persia, y de la Palabra de Dios, que mueve la historia.
También nosotros debemos estar convencidos de que la semilla plantada no dejará de dar fruto. Será como la palabra del Señor, que «no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad».
La acción de Dios la subraya el salmo, usando también imágenes campesinas. El Señor no solo planta la semilla, también riega la tierra, iguala los terrones, envía la llovizna, bendice los brotes. Al final, «los valles se visten de mieses que aclaman y cantan». El futuro es más esperanzador de lo que a veces pensamos.
APÉNDICE: El pasaje más difícil
Para explicar este pasaje cuento una parábola que me he inventado.
Había una vez un profesor de Matemáticas. A los pocos días de clase, advirtió que sus alumnos se dividían en dos grupos. Unos se tomaba la asignatura con interés, preguntaban lo que no entendían, preparaban las evaluaciones. No eran unas eminencias matemáticas, pero seguían con atención las clases. Los del otro grupo eran todo lo contrario: no atendían a la explicación, ni siquiera miraban a la pizarra, no estudiaban en privado y siempre estaban armando jaleo. Al cabo de unos meses, molesto el profesor con esta actitud, anunció a todos: “A partir de mañana, la clase se divide en dos grupos. Al primero le dedicaré todo el tiempo que necesiten, incluso echando horas extraordinarias. Al segundo, sólo le dedicaré el tiempo fijado, y le explicaré las matemáticas en inglés”.
Esta parabolilla ayuda a entender la respuesta de Jesús. Comienza dividiendo a su auditorio en dos grupos: el de los discípulos («vosotros») y el de los que no quieren atender («los otros»). Los discípulos pueden conocer los misterios del Reino; los otros, no. ¿Por qué? Porque los discípulos se han comprometido con Jesús, están produciendo fruto, y los otros no hacen nada. Y «al que produce se le dará hasta que le sobre, mientras al que no produce se le quitará hasta lo que tiene». Las palabras de Jesús son más duras de lo que parece a primera vista. No dice «al que produce se le dará, y al que no produce no se le dará«. Dice: «al que no produce, se le quitará hasta lo que tiene» (le explicarán las matemáticas en inglés).
A continuación, desarrolla este tema, con una cita de Isaías. A la gente que no hace nada, que miran sin ver y escuchan sin oír ni entender, que le resbala todo, que pasa de todo, Jesús le habla en parábolas (en inglés) para que entiendan menos todavía y no se aclaren de ningún modo. «Por mucho que oigáis no entenderéis, por mucho que miréis no veréis, porque está embotada la mente de este pueblo». A Dios le gustaría curar a esta gente (igual que al profesor le gustaría que sus discípulos malos aprobasen), pero ellos se niegan a convertirse (a estudiar); y la reacción de Jesús es durísima: si no quieren convertirse, haré lo posible para que no me entiendan. Por eso les hablo en parábolas. En cambio, a los que quieren entender y ver Jesús les dice: «Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís vosotros, y no lo oyeron».
Aunque el pasaje resulte claro, surge una pregunta espontánea: ¿Es justa la actitud de Jesús? ¿No conseguiría más de la gente hablándoles con claridad? Hay que tener en cuenta que nos encontramos en el c.13 del evangelio. Jesús ha hablado ya mucho, sobre todo en el Sermón del Monte. Lo ha hecho con absoluta claridad, y a propósito de los temas más diversos: la actitud ante la ley, ante el dinero, ante las obras de piedad, el prójimo. Ha seguido enseñando de forma sencilla mediante sus milagros y en las discusiones con los fariseos. Pero no piensa pasarse así toda la vida. Tiene que explicar temas más difíciles, sobre todo en relación con el misterio del Reino de Dios. Y no está dispuesto a perder el tiempo por culpa de unos alumnos holgazanes, que sólo quieren tomarle el pelo. Más aún, va a usar las parábolas para que los oyentes que no están dispuestos a hacerle caso no entiendan el mensaje que va a transmitir.
Es importante tener en cuenta este contexto polémico para no sacar consecuencias equivocadas. Sería erróneo basarse en estas palabras del Evangelio para justificar una predicación oscura e ininteligible y echarle la culpa a los oyentes. O para criticar las dudas e interrogantes que puede sentir mucha gente con respecto a la formulación de ciertos dogmas o de determinados aspectos de la doctrina de la Iglesia. Estas palabras no se dirigen contra el que desea con sencillez y honradez que le expliquen determinadas cosas, sino contra el que se obstina en rechazar el evangelio y desprecia a Jesús y su mensaje tachándolo de ridículo, infantil o pasado de moda.
Comentarios desactivados en Domingo XV del Tiempo Ordinario. Ciclo A
“Aquel día salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas.” (Mt 13, 1-23)
Hoy domingo apetece salir de casa y acudir junto a Jesús al lago, sumarse a ese grupo de gente que se queda junto a la orilla para escuchar la Palabra. Coger la Biblia y volver a releer la parábola de la semilla como quien la escucha por primera vez, olvidando que nos la sabemos de memoria.
Sí, escucharla en profundidad y, cuando marche el gentío, acercarnos a Jesús para que nos explique qué significa la parábola. Pero también para alegrarnos al escucharle decir: “Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen.”
Dejemos que la fuerza de su Palabra moldee nuestro corazón, lo convierta en un corazón de aprendiz, de discípula, para que de verdad nuestros ojos vean y nuestros oídos oigan. Porque es precisamente en ese ver y en ese oír donde se encuentra nuestra felicidad.
Solo cuando somos capaces de ver y oír la Palabra nos convertimos en la tierra buena que acoge la semilla.
Por eso, hagamos el esfuerzo de dejarnos “educar” en su Evangelio. Sin prisas y sin pretensiones. Como la tierra que abraza la semilla y se deja traspasar por ella. Se deja traspasar por el tallo y las raíces. Se convierte en alimento y sustento. Pero permanece siempre a sus pies, humildemente.
Aprendamos de la humildad de la Tierra. No nos hagamos protagonistas. Cedamos todo el protagonismo a su Buena Noticia y disfrutemos de ella. Así seremos aprendices humildes. Alegres porque ven y oyen.
Oración Trinidad Santa, haz caer sobre nuestra tierra la semilla generosa de tu Palabra para que seamos espacio de tu
Comentarios desactivados en En cada uno de nosotros hay zarzas, piedras y tierra dura.
DOMINGO 15 (A)
Mt 13,1-23
Mateo agrupa siete parábolas en un solo capítulo. No es probable que Jesús haya dicho estas parábolas juntas. Marcos y Lucas las colocan en distintos sitios. La parábola es un género literario muy apropiado para hablar de la trascendencia. A partir de conceptos simples, tomados de la vida cotidiana y que todo el mundo conoce, nos proyecta hacia una realidad que va más allá de lo material. La parábola, por estar pegada a la vida, mantiene el frescor de lo genuino y auténtico a través del tiempo.
El relato en sí no es significativo; poco importa cómo nace y da fruto la semilla. Pero ese relato, en sí anodino, da que pensar, cuestiona mi manera de ser, me dice que otro mundo es posible y espera de mí una respuesta vital. Esta propuesta solo se puede hacer con metáforas. En toda parábola existe un punto de inflexión que rompe la lógica del relato. En esa quiebra se encuentra el verdadero mensaje. En esta parábola, la ruptura se produce al final. En la Palestina de entonces el diez por uno era una excelente cosecha. Tu tierra puede llegar a producir el ciento por uno.
El objetivo de las parábolas es sustituir una manera de ver el mundo miope, por otra abierta a una nueva realidad llena de sentido. Obliga a mirar a lo más profundo de sí mismo y descubrir posibilidades insospechadas. La parábola es un método de enseñanza que permite no decir nada al que no está dispuesto a cambiar, y decir más de lo que se puede decir con palabras al que está dispuesto a escuchar. Quien la oye debe hacer realidad la utopía del relato y vivir de acuerdo con lo sugerido.
La explicación, que los tres evangelistas ponen a continuación, no aporta nada al relato. Las parábolas ni necesitan ni admiten explicación. Jesús no pudo caer en la trampa de intentar explicarlas. La alegorización de la parábola es fruto de la primera comunidad, que intenta extraer consecuencias morales. Para descubrir el sentido hay que dejarse empapar por las imágenes. La parábola exige una respuesta personal, no retórica sino vital; obliga a tomar postura ante la alternativa de vida que propone. Si no se toma la decisión de cambiar, ya se ha definido la postura.
Los exégetas apuntan a que, en un principio, los protagonistas de la parábola fueron el sembrador y la semilla. El sembrador como ejemplo de generosidad y la semilla como ejemplo de potencial ilimitado. El objetivo habría sido animar a predicar sin calcular la respuesta de antemano. Hay que sembrar a voleo, sin preocuparse de donde cae. La semilla debe llegar a todos. Pretende que se descubra la fuerza de la semilla en sí, aunque necesite unas mínimas condiciones para desarrollarse.
No debemos dar importancia a la cantidad de respuestas. La intensidad de una sola respuesta puede dar sentido a toda la siembra. La sinuosa y larga trayectoria de la existencia humana queda justificada con la aparición de un solo Francisco de Asís o de una Teresa de Calcuta. Por eso Jesús pudo decir: El Reino ya está aquí, yo lo hago presente. Descubramos que el Reino puede estar creciendo, aunque el número de los cristianos está disminuyendo. Su plena manifestación depende de uno solo.
Más tarde se dio más importancia a las condiciones de la tierra (actitud de los oyentes). Esta alegorización no sería original de Jesús sino un intento de acomodarla a la nueva situación de los cristianos, cambiando el sentido original y haciéndola más moralizante. Aún en un sentido alegórico, no debemos pensar en unas personas como tierra buena y otras, mala. Más bien debemos descubrir en cada uno de nosotros la tierra dura, las zarzas, las piedras que impiden a la semilla fructificar.
No debemos identificar la “semilla” con la Escritura. Lo que llamamos “Palabra de Dios” es ya un fruto maduro, porque es la manifestación de una presencia que ha fructificado en experiencia personal. La verdadera “semilla” es lo que hay de Dios en nosotros. Lo importante no es la palabra, sino lo que la palabra expresa. Esa semilla lleva miles de años dando fruto, y seguirá cumpliendo su encargo. El Reino de Dios está ya aquí, pero su manera de actuar es lenta y paciente.
Juan dice: En el principio ya existía La Palabra; y la palabra era Dios. En la Palabra había Vida. La semilla es el mismo Dios-Vida germinando en cada uno. Dios está en sus criaturas y se manifiesta en todas ellas, constituyendo la semilla de todo lo que es. Los cristianos no somos privilegiados por recibir la semilla. Dios se derrama en todos y por todos de la misma manera (a voleo). Dios no se nos da como producto elaborado, sino como semilla que cada uno tiene que dejar fructificar.
Caemos en la trampa de creer que dar fruto es hacer obras grandes. La tarea fundamental del ser humano no es hacer cosas, sino hacerse. “Dar fruto” sería dar sentido a mi existencia de modo que al final de ella, la creación entera estuviera un poco más cerca de la meta. La meta de la creación es la UNIDAD. Yo no tengo que dar sentido a la creación sino impedir que por mi culpa pierda el sentido que ya tiene. Mi tarea sería no entorpecer la marcha de la creación entera hacia su objetivo.
Porque se trata de alcanzar la unidad en el Espíritu, esa plenitud de ser no la puedo encontrar encerrándome en mí mismo sino descubriendo al otro y potenciando esa relación con el otro como persona. Y digo como persona, porque generalmente nos relacionamos con los demás como cosas, de las que nos podemos aprovechar. Cuando hago esto me deshumanizo. Descubriendo al otro y volcándome en él, despliego mis posibilidades de ser. Hemos llegado a la esencia de lo humano.
“El que tenga oídos que oiga”. Esa advertencia vale para nosotros hoy. En aquel tiempo, era la doctrina oficial la que impedía comprender el mensaje de Jesús. Hoy siguen siendo los prejuicios religiosos los que nos mantienen atados a las falsas seguridades que nos sigue ofreciendo una religión muy alejada de los orígenes. Aferrarnos a esas seguridades sigue impidiendo una respuesta al mensaje. El evangelio es fácil de oír, más difícil de escuchar y cada vez más complicado de vivir.
Descubrir cuál sería el fruto al que se refiere la parábola sería la clave de su comprensión. El fruto no es el éxito externo, sino el cambio de mentalidad del que escucha. Debemos situarnos en la vida con un sentido nuevo de pertenencia, una vez superada la tentación del individualismo. El fruto sería una nueva manera de relacionarse con Dios, consigo, con los demás y con la naturaleza. No se puede crecer en humanidad sin relaciones. Toda meditación tiene como fin la unidad. Fray Marcos
Comentarios desactivados en El ocaso de la Palabra.
Mt 13, 1-23
«Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta»
Quiero empezar con las palabras de José Enrique Ruiz de Galarreta en el comentario que en su día hizo al texto de esta semana:
«Hoy —decía— se nos ofrece la oportunidad de hacer un íntimo acto de fe. Pensamos en el fragor del mundo, el vértigo de los negocios, el poder de las multinacionales, la corrupción de los gobiernos, la crueldad de tantos nacionalismos e integrismos, la sistemática explotación de las personas y la destrucción de la naturaleza… y sentimos terror ante el poder de “el mal”, destructivo y avasallador. Comparado con todo esto, ¿qué son los hombres y mujeres de buena voluntad? ¿qué fuerza tiene la honradez, la solidaridad y la compasión…?»
«Es necesario —añadía— reduplicar nuestra fe en la Palabra, en el poder de Dios. La levadura fermentará esta masa. La pequeña semilla se hará árbol que romperá los muros de piedra. Jesús, grano de trigo sembrado y triturado, no fracasó. Dios no fracasa. Hay que hacer un acto de fe —por encima de toda apariencia— en que la Humanidad llegará a ser dada a luz por la fuerza de la Palabra» …
Es reconfortante la fe de José Enrique en un final feliz, pero no podemos olvidar que para lograrlo no basta con el poder de la Palabra, sino que también se precisa nuestro trabajo. Dios quiso hacernos a nosotros, sus hijos, partícipes ineludibles de su obra, sembró su Palabra en Jesús, Jesús la sembró en nosotros, y nos invitó a sembrarla a nuestro alrededor para que el poder del mal vaya decayendo; para que la humanidad alcance su destino: «Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros» …
Era tal la fe de Jesús en el poder transformador de la Palabra, que no dudó en dar la vida para que prevaleciese; para que diese el fruto abundante que sin duda ha dado hasta llegar a nosotros. Pero nosotros, gente lista e ilustrada, hemos destruido todos los cauces de trasmisión de la Palabra, y lo hemos hecho de manera tan eficaz, que nuestros hijos o nuestros nietos ya no la conocen. Y éste es un problema de tal magnitud, que todos los demás palidecen ante él hasta casi desaparecer.
Y es que, si no hay Palabra, no hay semilla, ni cosecha, ni fruto, y el empeño de Jesús habrá sido en vano. Y, una vez más, cabe recordar que nuestra seña de identidad como cristianos es el compromiso con la misión. Que ser cristiano no consiste en hacer metafísica, ni en sentirse ufano de nuestro profundo conocimiento del evangelio, ni en abrazar espiritualidades ajenas o criticar a la jerarquía propia, sino en perdonar, en compadecer y en servir; es decir, en sembrar, en trabajar por el Reino… Pero claro, esta actitud es fruto de la Palabra… y desaparecerá si ésta desaparece.
La cultura religiosa ha sido tradicionalmente la cultura del pueblo, y el conocimiento generalizado de la Palabra hacía que la gente se comportase mejor. En el mundo de nuestros abuelos había un empeño colectivo en trasmitir la Palabra de padres a hijos, de generación en generación, y eso mantenía viva la esperanza en un mundo mejor y un final feliz. Pero hoy ese empeño ha desaparecido… y, sin Palabra, mantener la esperanza de la que hablaba José Enrique nos resulta cada vez más difícil.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí
Comentarios desactivados en Salió el sembrador a sembrar y sembró al voleo, a puñados, al viento.
DOMINGO XV TO
Mt 13, 1-23
La parábola del evangelio de hoy nos presenta la imagen de Dios como sembrador y como semilla (Palabra, Vida). Nos describe cómo es su sementera: abundante, arrojada al viento a puñados, con generosidad, con derroche y con alegría. Como todo sembrador, Dios espera una cosecha multiplicada (por cada grano una espiga) que corresponda a su esfuerzo y necesidad. La nueva cosecha la utilizará en las futuras siembras y como alimento de toda su familia.
El evangelio de este domingo, XV del TO, pertenece al capítulo 13 de Mateo. Está ubicado en el apartado “El misterio del Reino de los Cielos. Discurso Parabólico”. En este discurso se narran diez parábolas que intentan facilitar la comprensión del Misterio del Reino. El texto de hoy es la primera. El estilo parabólico, a través de la comparación y semejanza con hechos de experiencia cotidiana, introduce información nueva y de difícil comprensión para la audiencia a la que se dirige. Es un buen recurso para hacer fácil lo difícil. Lo usa con frecuencia el buen docente para favorecer el salto de lo familiar a lo desconocido y del signo al significado. De lo conocido a lo ignorado. De lo visible a lo transcendente. El estilo parabólico tiene un riesgo: quedarse en lo superficial (anécdota, letra) y olvidar lo profundo (mensaje). Quedarse en el signo y despreciar el significado. Leída superficialmente una parábola se entiende equivocadamente. No se entiende.
A los discípulos que estaban ese día oyendo a Jesús les resultó extraño ese modo de enseñar del Maestro. La ocasión era solemne. Había tanta gente que se tuvo que embarcar para ser oído por todos. Les enseñó muchas cosas, pero en parábolas. Y al acabar el relato del sembrador añadió: “El que tenga oídos, que oiga” Los discípulos se quedaron sin entender aquello. La pregunta que hacen a Jesús “¿por qué les hablas en parábolas?” los delata. Pocos versículos después pedirán a Jesús que les explique la parábola de la cizaña. Prueba de que necesitan ayuda para entender ese modo de hablar. Como los discípulos, tampoco nosotros, con frecuencia, entendemos el modo de hablar de Jesús y también le preguntamos ¿por qué nos hablas en parábolas? Seguro que si nos ponemos en el papel de discípulo, como a ellos, la respuesta que les da Jesús a ellos sirve para nosotros. Y podremos decir: Bienvenida esa pregunta que ha merecido esta respuesta.
La respuesta de Jesús: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos pero a ellos (a la gente que ha venido a oírle) no. Les hablo en parábolas porque mirando no ven y oyendo no entienden”. Y continúa con el texto de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis: Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan y yo los sane.
Mi reflexión sobre esta respuesta de Jesús. No basta oír o leer la Palabra, hay que entenderla con el corazón para hacerla vida. Esto exige un proceso con diferentes pasos: oír, escuchar, entender y poner en práctica. Si uno escucha la Palabra sin entenderla es inoperante. La Palabra entendida con el corazón, con la inteligencia espiritual, es la que da fruto al ponerla en acción. En este punto nos ayuda y completa la 1ª lectura de hoy: Is 55, 10-11 “Como baja la lluvia y la nieve sobre la tierra y no vuelve al cielo hasta empapar la tierra, fecundar y hacerla germinar, así será mi Palabra, no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo”.
La Palabra es la fuerza salvadora de Dios implantada en el corazón humano. Pero su poder salvador depende de la acogida y la respuesta que cada persona le da. Como la fertilidad de la semilla que siembra el sembrador depende del agua y la tierra, así la fecundidad de la Palabra depende de la interiorización y arraigo en la vida del ser humano. Para que la semilla sea fecunda tiene que transformarse debajo de la tierra y enraizar durante largo tiempo. Y tiene que caer en una tierra mullida, trabajada con anterioridad, dispuesta para acoger las semillas. No vale si cae en el camino, ni entre piedras ni zarzas. Así la Palabra producirá su fruto como Palabra viva, semilla fecunda, si cae en un corazón bien dispuesto.
Conclusión: No basta una lectura literal de la Escritura. Toda la Escritura es parabólica. Necesita ser comprendida, asimilada y actualizada para que produzca los frutos esperados, como luz y fuerza en el proceso de humanización y crecimiento de la persona.
Comentarios desactivados en Todos estamos sembrados
Domingo XV del Tiempo Ordinario
16 julio 2023
Mt 13, 1-23
(«Estar sembrado»: expresión coloquial para indicar que una persona ha sido especialmente acertada, ocurrente, ingeniosa o graciosa con su forma de hablar o actuar).
La interpretación habitual de esta parábola -como la de tantas otras- se halla condicionada por un marcado dualismo: un dios separado hace llegar su palabra a los humanos, quienes serían responsables de hacerla o no fructificar. ¿Es posible leerla con otra clave, desde un marco no dualista? ¿Hacia dónde apuntaría, en ese caso, su contenido?
Cuando se comprende que nuestro “Fondo” es uno y el mismo que el Fondo de todo lo que es -que el Fondo de lo real solo es uno y compartido: aquello que las religiones han llamado “Dios” y lo han imaginado como un ser separado-, la lectura se modifica radicalmente. Y, por lo que se refiere a nosotros mismos, alcanzamos a percibir nuestra naturaleza paradójica, los dos niveles que nos constituyen: la personalidad (nivel psicológico) y la identidad (nivel profundo o espiritual).
En el plano de la personalidad, aparecemos como seres frágiles, vulnerables y, en último término, impermanentes: formas transitorias e incluso fugaces. La identidad -el “Fondo” al que he hecho referencia-, sin embargo, es consciencia pura, plenitud de presencia. Con lo cual, podría decirse que somos la consciencia una que se despliega en una forma (o persona) particular. Podemos así comprendernos -de nuevo la paradoja- como realidad plena que, a la vez, se despliega en un proceso histórico: plenitud que notamos, al mismo tiempo, como potencialidades que buscan materializarse; aspiraciones que anhelan tomar cuerpo. Por decirlo metafóricamente, como personas, nos descubrimos habitados por “semillas” que aspiran a fructificar.
En ese mismo sentido, podemos decir que el Fondo último se visualiza en nosotros como dinamismo fecundo, sabio y poderoso que, en condiciones adecuadas, florece en belleza, verdad y bondad. Para ello, todo el conjunto de condiciones requeridas ha de posibilitar que la persona pueda vivirse en una consciencia de unidad, en una actitud de aceptación profunda, de rendición a lo que es, de alineamiento y docilidad a la vida, de vivir diciendo sí, o más exactamente, dejando que la vida pueda vivirse en ella.
Comentarios desactivados en La última Palabra de Dios es Jesús.
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- La semilla y la vida.
El mundo rural nos pilla ya muy lejos a nuestras generaciones, pero es hermosa la parábola del sembrador, de la semilla.
Es hermosa la tarea sembrar en la vida.
La Palabra de hoy tiene como tema central la siembra de la Palabra, de la semilla llena de vida que, a su vez, nos hablan de cosecha y de vida.
Los evangelios están llenos de referencias a la vida. Jesús sana, es pan de vida, agua de vida, multiplica los panes (solidaridad), rehabilita, perdona, etc.
Un grano de trigo, es una semilla humilde, pequeña, pero llena de vida. La vida de la semilla es callada, silenciosa, paciente: va creciendo poco a poco: duermas o veles, de día o de noche la semilla sigue creciendo, desarrollando toda su vitalidad. Aunque nos olvidemos de la semilla, esta sigue creciendo.
La vitalidad de la semilla no depende –al menos no depende solamente- del trabajo humano, de los esfuerzos humanos. La semilla está llena de vida en sí misma. La vitalidad la da Dios, no nosotros.
02.- Jesús sale de casa y se embarca, va a la mar (el lago).
+ El evangelio de hoy comienza diciendo que Jesús sale de casa, va al mar, se embarca. Es una clara referencia al Éxodo: el pueblo salió de la esclavitud y a través de las aguas “bautismales” del mar Rojo, se abrió el camino de la libertad.
+ La barca es también el Arca de Noé, la iglesia, el refugio de salvación.
03.- Salió el sembrador a sembrar la semilla.
La semilla es la Palabra.
La Palabra no es un mero concepto, una idea que decimos o escribimos entre otras muchas.
La Palabra expresa el contenido del ser de la persona. Solemos decir –y con razón- que esta persona es de palabra. No quiere decir que habla bien, sino que es de fiar.
Cuando Dios habla (Revelación) no dice cosas sobre doctrina, moral, liturgia, leyes y normas, etc. Cuando Dios nos habla, no dice cosas, palabras, se dice a sí mismo. Y, como Dios es amor (1Jn 4,8), cuando Dios dice “se” dice en amor.
Por otra parte -y además-, Jesús es la Palabra. Lo que Dios nos quería decir se llama Jesús. El Verbo, la Palabra se hizo uno de nosotros.
La palabra era la vida. La semilla es vida, no palabrería. Dios es y dice, se dice a sí mismo: Vida en amor.
04.- La Palabra es –como la semilla- eficaz.
Isaías nos lo decía en la 1ª lectura:
Como la lluvia y la nieve bajan del cielo,
y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,
la fecundan y la hacen germinar,
y producen la semilla para sembrar
y el pan para comer,
así también la palabra que sale de mis labios
no vuelve a mí sin producir efecto. (Isaías 55,10-11)
El Concilio Vaticano II estuvo a punto de decir que la Palabra (la Biblia) es un sacramento que tiende a realizar lo que significa. Lo dejaron en que “la palabra de Dios es “como un sacramento”.
La palabra de Dios, la semilla no es un discurso de la infinita verborrea de la campaña electoral.
La palabra, la semilla es eficaz, está llena de vida.
05.- Siembra y esperanza.
La semilla del Reino de Dios crece siempre.
Cuando se siembra es porque se espera la cosecha. Nadie siembra por sembrar o para pasar el rato. Se siembra para crear y cosechar vida.
Toda siembra supone que hay que saber esperar (esperanza) con calma y paciencia.[1] Quizás hemos de saber vivir en una “pasividad esperanzada” en vez de un mundo religioso a golpe de trompeta jurídica, decretos, prisas, y precipitaciones…
Cuesta tiempo que un grano de trigo vuelva a ser espiga y pan. Cuesta mucho tiempo, dedicación y, a veces, sufrimiento, educar un niño, un adolescente.
No tengamos urgencias ni ansiedades morales, ni precipitaciones en las conversiones, en los cambios personales, sociales, políticos, teológicos, pastorales, etc. porque nos puede invadir la ansiedad, y la ansiedad puede generar miedo, angustia, lo cual puede llevarnos a pretender solucionar las cosas con una insaciable prisa y avidez.
06.- Noble tarea la de sembrar.
Es importante sembrar, propagar la semilla en la familia, en los colegios, en la cultura. Ahí queda depositada en el barro –en la tierra- humano, en la tierra. El barro del Génesis es bueno, la semilla también. Es la vida, ya brotará. Seguramente que nos despistaremos en la vida, la juventud no está en la Iglesia, etc. Habremos de echar manos de la parábola del trigo y la cizaña, (Mt 13,24-30). No tengamos prisas, menos tengamos ansiedades. La semilla dará fruto.
No sé si los ministros-consejeros de educación se dan cuenta de que a un niño aparcan en la guardería infantil con un año y no se despega del pupitre hasta que a los veintitantos años salga de la Universidad. Y ¿qué se le dice, qué se siembra en estos niños – adolescentes – jóvenes durante más de 20 años?
Platón decía que debían gobernar los filósofos. No sé si esto debiera ser así, pero al menos cabría esperar que la siembra (educación) debiera estar en manos de gente, políticos que le hayan echado una “pensada” a la vida, en gente de palabra… La vida es más hermosa y más seria como para dejarla en manos de los políticos
Sería -es- una dejación no sembrar ideas sensatas, valores nobles en las nuevas generaciones. No es bueno ni hace bien a nadie dinamitar de los planes de educación la filosofía, la poesía, la contemplación, la fe, los sistemas de pensamiento y la ética.
Decía Martin Luther King (1929-1968), líder del movimiento de liberación de los negros que: Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol»
Sembremos vida.
[1] Este es el paso del Paleolítico al Neolítico: es el tránsito de la caza a la agricultura, que requiere espera y esperanza entre la siembra y cosecha.
Comentarios desactivados en ¿Están los católicos LGTBIQ+ leyendo las mismas Escrituras que algunos líderes de la iglesia?
M. Hakes
La publicación de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos). M. es miembro de la Comunidad de Trabajadores Católicos de Panes y Peces en Duluth, MN. Tanto en su trabajo remunerado como voluntario, son activos en la intersección de la fe y la homosexualidad y están comprometidos con el trabajo de justicia y liberación.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el 14º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.
“Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra; has revelado a los pequeños los misterios del reino”. (Mateo 11:25)
Como católico queer, a veces me siento en misa y me pregunto si los líderes de nuestra iglesia están leyendo las mismas escrituras que yo. Las lecturas de hoy son uno de esos momentos.
En el Evangelio de hoy, nos encontramos con Jesús hablando a una multitud reunida sobre las reacciones dispares que la gente ha tenido hacia él y hacia Juan el Bautista. Jesús destaca el hecho de que Juan vino como un asceta, viviendo una vida estricta y disciplinada, pero la gente lo acusaba de estar poseído. Por otro lado, Jesús fue etiquetado como un glotón y un borracho que lo asociaron con los pecadores.
Cuando Jesús pregunta a la multitud acerca de Juan, el escritor del Evangelio hace que Jesús use la segunda persona del plural («vosotros»): «¿Qué salisteis a mirar al desierto? […] ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta” (11:7, 9).
Luego, cuando Jesús explica su parábola sobre “esta generación”, cambia de la segunda persona del plural (“vosotros”) a la tercera persona del plural (“ellos”): “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘ Tiene un demonio’; Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Mira, un comilón y un borracho, amigo de publicanos y de pecadores!” (11:18-19a).
¿Por qué este cambio gramatical? ¿Quiénes son estos críticos desconocidos? Quiénes son»?!
“Ellos” ciertamente no pueden ser la multitud que escucha, que se describe con mayor frecuencia en el evangelio de Mateo como abiertos y ansiosos por recibir las enseñanzas de Jesús. Sin embargo, vemos antes en Mateo capítulo 9 y más tarde en el capítulo 12, el escritor de Mateo se refiere a los fariseos de esta manera.
A lo largo de los Evangelios, Jesús tiene poco tiempo para la hipocresía religiosa. Las palabras más duras de Jesús a menudo están dirigidas a los líderes religiosos listos para una lucha teológica, centrada en las minucias de la ortodoxia, o la creencia correcta, y la ortopraxia, o la práctica correcta, en lugar del acompañamiento pastoral y compasivo de los creyentes. Jesús insiste en la fe genuina y la obediencia a Dios por encima de la simple adhesión a las tradiciones religiosas o prácticas legalistas. La verdadera justicia y autoridad espiritual no proviene de títulos religiosos o credenciales teológicas. Tal autoridad se deriva de la profundidad de una relación amorosa con Dios, y se demuestra en cómo nos preocupamos por los demás y el mundo que nos rodea, especialmente por los más marginados.
Dado el aumento de la retórica y las políticas anti-trans y anti-queer en los círculos católicos, y en nuestra sociedad en general, solo puedo concluir que estoy leyendo un Evangelio diferente al de algunos de nuestros líderes religiosos. Obligados a teologías rígidas y prácticas legalistas, parecen haber olvidado de alguna manera que la inmensidad inclusiva de Dios y el amor de Dios no están sujetos a las enseñanzas de la Iglesia. De hecho, la enseñanza de la Iglesia debe adaptarse a nuestra comprensión y experiencia cada vez más profundas de Dios, el amor de Dios y la diversidad de la creación de Dios.
¿Cómo cambiaría nuestro mundo si comenzáramos a volver a centrar nuestros numerosos debates enfocándonos en las personas en lugar de las ideologías, en los individuos en lugar de las instituciones, en la experiencia vivida en lugar de las expectativas rígidas? ¿Qué pasaría si empezáramos a escuchar la voz de Dios a nuestro alrededor, especialmente en los lugares más inesperados?
Nunca ha sido fácil para las personas que se oponen a las normas sociales aceptar su singularidad creada por Dios. Las personas que se oponen a las normas sociales para abrazar su singularidad creada por Dios siempre se han enfrentado a obstáculos. Cuando reclamamos nuestras verdaderas identidades, siempre encontraremos resistencia. Sin embargo, una vez que comenzamos a vivir la plenitud de nuestro intrincado tejido, estamos obligados a ayudar a otros a hacer lo mismo: aceptarlos en su exquisita individualidad y desmantelar las ideologías, la moral y los sistemas que oprimen. Este es el camino de Jesús. Es la forma en que María cantó en el Magnificat. Una versión actualizada de este himno evangélico podría decir:
Dios ha dispersado a los soberbios en su vanidad. Dios ha derribado de sus tronos a los poderosos, y ha exaltado a los humildes; Dios colmó de bienes a los hambrientos y envió vacíos a los ricos.
Dios se ha sentado en medio de una autopista cantando el fin de la brutalidad policial. Dios ha bloqueado la construcción de una tubería, recordándonos que el agua es vida.
Dios ha abrazado a su hija trans el día que se legalizó su cambio de nombre celebrando la forma cada vez más plena en que se está viviendo a sí misma.
Cuando nos centramos en el amor de Dios y la gracia liberadora, ocurre la transformación.
Al final de la lectura del Evangelio de hoy, Jesús invita a todos los que están cargados y cansados a venir a él, prometiéndoles descanso y alivio. Verdaderamente, el yugo de amor y liberación de Jesús es mucho más fácil de llevar que las pesadas cargas impuestas por el legalismo religioso y las expectativas del mundo.
Que cada uno de nosotros opte por la carga más liviana, especialmente los líderes de la iglesia que no solo cargan a los demás, sino que también se cargan a sí mismos al limitar su imaginación y comprensión del amor de Dios.
-METRO. Merluzas (ellos/ellas), 9 de julio de 2023
Comentarios desactivados en “Dios se revela a los sencillos”. 14 Tiempo ordinario – A (Mateo 11,25-30)
Un día, Jesús sorprendió a todos dando gracias a Dios por su éxito con la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley, escribas y sacerdotes. «Te doy gracias, Padre… porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». A Jesús se le ve contento. «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Esa es la manera que tiene Dios de revelar sus «cosas».
La gente sencilla e ignorante, los que no tienen acceso a grandes conocimientos, los que no cuentan en la religión del templo, se están abriendo a Dios con corazón limpio. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está revelando su amor a través de él. Entienden a Jesús como nadie.
Sin embargo, los «sabios y entendidos» no entienden nada. Tienen su propia visión docta de Dios y de la religión. Creen saberlo todo. No aprenden nada nuevo de Jesús. Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a la revelación del Padre a través de su Hijo.
Jesús termina su oración, pero sigue pensando en la «gente sencilla». Viven oprimidos por los poderosos y no encuentran alivio en la religión del templo. Su vida es dura, y la doctrina que les ofrecen los «entendidos» la hacen todavía más dura y difícil. Jesús les hace tres llamadas.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que sienten la religión como un peso y a los que viven agobiados por normas y doctrinas que les impiden captar la alegría de la salvación. Si se encuentran vitalmente con Jesús, experimentarán un alivio inmediato: «Yo os aliviaré».
«Cargad con mi yugo… porque es llevadero y mi carga, ligera». Es la segunda llamada. Hay que cambiar de yugo. Abandonar el de los «sabios y entendidos», pues no es ligero, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exija menos. Exige más, pero de otra manera. Exige lo esencial: el amor que libera y hace vivir.
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hay que aprender a cumplir la ley y vivir la religión con su espíritu. Jesús no «complica» la vida, la hace más simple y humilde. No oprime, ayuda a vivir de manera más digna y humana. Es un «descanso» encontrarse con él.
Comentarios desactivados en “Soy manso y humilde de corazón”. Domingo 09 de julio de 2023. Domingo 14º de tiempo ordinario
Leído en Koinonia:
Zacarías 9,9-10:Mira a tu rey que viene a ti modesto Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Romanos 8,9.11-13:Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis Mateo 11,25-30:Soy manso y humilde de corazón
La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos añorados de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la lanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.
Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrelló con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencias posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de dar vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.
El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, apasionado por hacer realidad la Utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay en él el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni del sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el Santuario de Jerusalén, ni del gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos, la violencia incontenible.
Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.
Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrar al mundo que «otras maneras de organización eran posibles», que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedir a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revólver’ es un destino inexorable. No podemos pedir mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.
Jesús quiere una comunidad en la que los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del Reino. Una comunidad en la que los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida en plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.
Comentarios desactivados en 9.7.23. Venid a mí todos los cansados y oprimidos… Amor de Cristo, en forma de mujer (Dom 14 TO. Mt 11, 25-30)
Del blog de Xabier Pikaza:
Este evagelio condensa el mensaje de vida y amor de Jesús, formulado en parte desde el Q (cf. Lc 10, 21-22), con elementos desarrolados por el 4º Evangelio (un aerolito caído del cielo de Juan). Pero sólo Mateo lo ha formulado en su forma actual, como centro y compendio de su mensaje.
Es un testimonio fundamental de la tradición cristiana, como indicaré evocando sus nueve aportaciones principales para explicarlas después con cierto detalle a partir de Comentario de Mateo.
| X.Pikaza
Mateo 11,25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y aplastados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde/pequeño de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»
Nueve aportaciones:
Trasfondo, contra las ciudades galileas, centradas en su poder
Confesión de fe. Revelación de Dios a les pequeños (nêpioi), que no son sim más lossencillos
Contra la falsa sabiduría del poder, revolución social y sapiencial de los pobres.
Invitación a la vida, contra el riesgo de agotamiento, angustia de los hombres. Vivir en un mundo cansado
Invitación al “alzamiento”: Levantarse, superar la carga (fortion) de la vida.
Amor de Padre/Madre, primero de todos los amores
Amor de mujer/persona, deseo de Dios atracción de su sabiduría “carnal” (en forma de mujer)
Manso y humilde (pequeño), corazón divino de la vida humana
Tomar el yugo, cargar el peso de la vida. Aprender a vivir, la única terapia
Introducción, contexto (Mt 11, 20-24)
Éste es el pasaje introductorio, el contexto en que Mateo ha introducido la revelación de Jesús. No es el evangelio de su éxito, sino de su fracaso:
11, 21 ¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en vosotras…. Y tú, Cafarnaúm ¿te vas a encumbrar quizá hasta el cielo? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.
Ésta es la amonestación más significativa que la comunidad Q (cf. Lc 10, 12-15) ha dirigido a las ciudades del entorno de Galilea por no haber recibido el evangelio. Jesús y/o sus discípulos realizaron en ellas sus signos mesiánicos, para abrir un camino de Reino, desde los más pobres, con una propuesta de cambio en la vida económica y social. Pero esas ciudades les han rechazado, de manera que Jesús (Q, Mateo) les ha emplazado ante el juicio De Dios [1].
Estas ciudades aparecen así comparadas con Tiro y Sidón (ejemplos de maldad proverbial) y con Sodoma, ciudad del entorno del Mar Muerto, destruida según tradición por el fuego del cielo, a causa de su intensa maldad (Gen 18). [2] En especial destaca el destino de Cafarnaúm (comparada con Babel/Sodoma), ciudad dode Jesus habitaba, pero que e no se había convertido, no había aceptado su mensaje y el de sus enviados (11, 20; cf. 10, 15). Los portadores de la misión del Q, retomada aquí por Mateo, poseen una fuerte conciencia de elección. Oponerse el mensaje de Jesús significa para ellos rechazar al mismo Dios, corriendo el riesgo de perderse.
Yo te confieso Padre. La revelación de Jesús a los pequeños, pobres, aplastados (11, 25-30)
Este pasaje proviene también del Q (cf. Lc 10, 21-22) y tiene profundas resonancias joánicas, de forma que a veces se le ha visto como un aerolito caído del horizonte o entorno del cuarto evangelio e introducido en la tradición sinóptica. De todas formas, no es un texto extraño en Mateo, sino que responde bien a su trama, en el espacio de una intensa controversia de Jesús contra las ciudades galileas que no han creído en su mensaje (11, 20-24) y contra los fariseos que siguen aferrados a una forma «no misericordiosa» de entender la ley del sábado (cf. 12, 1-14).
En ese contexto, tomado del Q, Mateo ha insistido en la revelación de Dios a los pequeños, por encima de la pretendida grandeza de las ciudades galileas y de los maestros rabínicos. Mateo la introduce tras el envío de los discípulos a Galilea (Mt 10) y tras la condena de las tres ciudades (Corozaín, Betsaida, Cafarnaúm…), que han querido elevarse sobre el cielo, rechazando a Jesús y a sus enviados, como muestran las tres partes del pasaje:
Alabanza (11, 25-26).Proviene de la tradición pascual de la iglesia, que descubre y confiesa a Jesús, muerto ya y resucitado, como revelador del Padre. Pero, en su tenor original, evoca y actualiza la experiencia histórica de Jesús:
11 25 Yo te confieso, Padre, Señor de cielo y tierra, pues has ocultado esto a sabios y entendidos, y lo has revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, pues que esta ha sido tu voluntad [3].
Frente a los sabios y entendidos, representados por los galileos de 11, 20-24, se sitúan ahora los pequeños (nhpi,oi), que han acogido el evangelio. Así lo descubre Jesús, y da gracias al Padre por ello. Éste ha sido su descubrimiento mesiánico: La revelación de Dios en los pequeños, y no en las orgullosas ciudades de Galilea, ni en los sabios del judaísmo rabínico.
Leído de esa forma, ese pasaje nos sitúa ante un misterio divino y una revolución hmana: la manifestación de Dios rompe la dinámica religiosa de sabiduría y grandeza de las ciudades galileas(presumiblemente orgullosas por su conocimiento de la Escritura y por su forma de entender el judaísmo). En contra de ellas, eleva Jesús, por gracia de Dios, a los pequeños que escuchan su Palabra. Frente al círculo cerrado de los sabios y entendidos (avpo. sofw/n kai. sunetw/n) que se buscan a sí mismos y se creen suficientes, ratifica el Dios de Jesús el valor de los pequeños, en gesto de admiración exultante, revelándose por ellos como Padre.
En este principio se vinculan la hondura y universalidad, la profundidad y amplitud del evangelio de Mateo, que aparece así como portador de una revelación que no “cabe” en un pueblo de grandes y sabios. Este pasaje destaca así la autoridad de Dios Padre, a quien Jesús reconoce y alaba por su acción salvadora, en la línea del Éxodo, desvelando así su Nombre originario (cf. Ex 3, 14): Kyrios/Yahvé (¡Soy el que Soy!) del cielo y de la tierra, liberador sacral de los hebreos, siendo, al mismo tiempo, Padre que acoge y eleva a los pequeños. Éstas palabras (¡pues has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos…!) deben situarse en la historia de las comunidades cristianas de Galilea, que, en un momento de conflicto, entre el 40 y 70 dC, tendieron a desligarse del movimiento de Jesús, de forma que no pudo haber una “galilea cristiana”.
La manifestación del Dios de Jesús rompe la dinámica de sabiduría representada por las ciudades galileas, presumiblemente orgullosas por su conocimiento de las Escrituras, explicadas por los maestros fariseos que empezaban a misionar en la zona, oponiéndose a los discípulos de Jesús. Pues bien, frente a los “grandes fariseos” que operan en esas ciudades, rejudaizando Galilea de un modo rabínico, eleva Jesús a los pequeños que escuchan su Palabra, mostrando así que el Kyrios/Yahvé de la tradición judía es el Padre y defensor de los pobres, por encima de una sabiduría entendida como privilegio de una Ley propia de sabios y entendidos.
El Dios grande (justificación del orden establecido) no necesita ser Padre (en el sentido de Jesús), porque es más bien Señor, Justo Juez, responsable de un orden y justicia de talión, dando a cada uno lo suyo (de acuerdo a lo que sabe y tiene). Por el contrario, el Dios de los pequeños tiene que ser y es Padre. Fundándose en el Dios de su seguridad nacional y legal, los galileos han rechazado a Jesús, pero él alaba a Dios Padre a través de los pobres, a quienes recibe en amor, ofreciéndoles su más alto conocimiento [4].
Revelación paterno- filial (11, 27).
Ese Dios de los pequeños se define ahora como Padre de Jesús, a quien se revela en plenitud. No estamos ya ante Moisés, un hombre de gran importancia, pero que recibe y ofrece una Ley que no se identifica con él. A diferencia de eso, la verdad de Dios se identifica con el mismo Jesús, como indica esta parábola más honda del mutuo conocimiento entre Padre e Hijo. Jesús no es sabio en la línea de los maestros de las ciudades galileas, ni es prudente en la línea de los expertos rabinos, sino que es y actúa como Hijo de Dios y Revelador del Padre, manifestándose de un modo total a (y en) los pequeños.
En esa línea, el conocimiento que Jesús tiene y transmite se identifica con su ser de Hijo. No es el resultado de un estudio especial (como el de los nuevos sabios galileos), ni una comprensión mas minuciosa de la Ley, sino una experiencia de filiación, que él puede y quiere compartir con todos aquellos que le escuchan y acompañan, empezando por los pequeños. Ésta es su transformación, la más sencilla (¡volver al principio de la vida!), la más fuerte de todas.
Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
El pasaje de este domingo contiene una acción de gracias, una enseñanza y una invitación.
Acción de gracias. Jesús ve que la gente se divide ante él, y las cataloga en dos grupos. El de los «sabios y entendidos«, que tienen una sabiduría humana, y por eso se escandalizan de Jesús o lo rechazan. Son especialmente los escribas, que dominan las Escrituras tras muchos años de estudio; también los fariseos, muy unidos a los escribas, que siguen sus enseñanzas y se consideran perfectos conocedores de la voluntad de Dios. Pero están también los “sabios y entendidos” desde un punto de vista humano, los que se consideran capacitados para criticar a Juan Bautista y a Jesús aunque no hayan estudiado teología.
Por otra parte, está el grupo de la «gente sencilla», sin prejuicios, a la que Dios puede revelarle algo nuevo porque no creen saberlo todo. Pescadores, un recaudador de impuestos, prostitutas, enfermos… Esta gente acepta que Jesús es el Mesías, aunque no imponga la religión a sangre y fuego; acepta que es el enviado de Dios, aunque coma, beba y trate con gente de mala fama; se deja interpelar por su palabra y enmienda su conducta. Esto, como la futura confesión de Pedro, es un don de Dios. La capacidad de ver lo bueno, lo positivo, lo que construye. Los sabios y entendidos se quedan en disquisiciones, matices, análisis, y terminan sin aceptar a Jesús.
Enseñanza. En pocas palabras tenemos un tratadito de cristología, centrado en lo que tiene Jesús y en lo que puede revelarnos. Lo que tiene, se lo ha dado el Padre. El mejor comentario se encuentra en el cuarto evangelio, donde se dice que el Padre ha dado a Jesús los dos poderes más grandes: el de juzgar y el de dar la vida. A estos dos poderes se añade aquí el de revelar al Padre. Estas personas sencillas, a través de Jesús, van a conocer a Dios como Padre, no como un ser omnipotente o un juez inexorable. Él se lo revelará, porque es el único que puede hacerlo.
Invitación. Pero esta revelación del Padre no es algo abstracto, teórico. Es un respiro para los rendidos y abrumados por el yugo de las leyes y normas que les imponen las autoridades religiosas. Los rabinos hablaban del “yugo de la Ley”, al que los israelitas debían someterse con gusto y con deseo de agradar a Dios. Pero ese yugo se volvía a veces insoportable por la cantidad de mandatos y prohibiciones, y por la idea tan cruel de Dios que transmitían. En cambio, el yugo de Jesús pone a la persona por delante de la Ley, como lo demostrarán los dos relatos inmediatamente posteriores, centrados en la observancia del sábado.
Resumen. Estos versículos contienen un dinamismo muy curioso: el Padre revela al Hijo, el Hijo revela al Padre, pero el gran beneficiado es el hombre que acoge esa revelación; se ve libre de una imagen legalista, dura, agobiante, de Dios y de la religión. Su piedad, al hacerse más divina, se hace más humana.
Un rey sencillo, pero de inmenso poder (Zacarías 9,9-10)
El hecho de que Jesús se presente como «manso y humilde» trae a la memoria la promesa de un rey «modesto, montado en un asno», anunciado por el profeta Zacarías. Estamos, probablemente, a finales del siglo IV a.C., poco después de que Alejandro Magno haya pasado por Palestina camino de Egipto. A la imagen grandiosa del monarca macedonio, montado en su caballo Bucéfalo, contrapone el profeta la imagen de un rey de apariencia modesta, montado en un burro, pero de enorme poder, capaz de llevar a cabo lo que otros profetas habían atribuido al mismo Dios: sin necesidad de ejército (destruirá los carros de guerra de Efraín y la caballería de Jerusalén, romperá los arcos de los guerreros) instaurará la paz y dominará desde el Éufrates hasta el fin del mundo. Un rey excepcional, casi divino.
Los evangelistas relacionarán este texto con la entrada de Jesús en Jerusalén. En el contexto de este domingo, pretende reforzar la imagen de un Jesús manso y humilde, que no instaura la paz en las naciones sino en los corazones.
Así dice el Señor:
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén;
mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso;
modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica.
Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén,
romperá los arcos guerreros,
dictará la paz a las naciones;
dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.
«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey» (Sal 144)
El salmo elegido para este domingo reúne bien las dos lecturas. Recoge la imagen del rey, pero no destaca su poderío militar ni su dominio universal, sino su clemencia, misericordia, piedad, bondad. «Es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas». Igual que Jesús, que alivia a cansados y agobiados, el rey prometido «sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan». Por eso, la reacción que debemos tener al escuchar las palabras del evangelio es la de bendecir al Señor Jesús día tras día, por siempre.
Los evangelios no nos dicen explícitamente en ningún momento que Jesús riera o sonriera. Pero si agudizamos la vista y el oído nos encontramos con la sonrisa y la risa de Jesús.
Por ejemplo, en este fragmento del evangelio. Jesús siente la alegría y la complacencia al descubrir que la gente sencilla comprende la manera de ser de Dios. La gente humilde se abre al Reino. Jesús lo sabe y alaba al Padre. ¿Cómo?, ¡con una sonrisa en los labios!
¿Quién no se alegra cuando le sucede algo bueno? Por eso el evangelio de hoy nos ofrece la imagen de Jesús sonriente, con el rostro iluminado, compartiendo alegría con las gentes sencillas que lo están escuchando.
Y es que nos puede suceder que a fuerza de ver imágenes de Jesús en las que aparece serio, incluso en algunas parece que enfadado, acabemos olvidando que Jesús también sonreía. Se alegraba. Bendecía. Y probablemente se echaría unas risas con sus amigas y amigos.
Además, es imposible pensar que un Dios que ha creado cosas tan hermosas y es Amor, no tenga en su rostro una amplia sonrisa.
Tampoco parece muy creíble que a Jesús se le hubiera acercado mucha gente si hubiera ido por la vida con cara de pocos amigos.
Al final del evangelio de hoy Jesús invita a quienes están cansadas y agobiadas a acudir a él. Jesús quiere ser nuestro descanso y nuestro alivio. Nos ofrece su humildad y su sonrisa como lugar de nuestro descanso.
Estés como estés. Cansada o aliviada. Te invito a hacer un sencillo ejercicio. Imagínate a lo largo del día de hoy que Jesús te acompaña con su sonrisa. Cuando te acuerdes de Dios, acuérdate también de su sonrisa. Seguro que a lo largo del día acabas sonriendo más de una vez. Incluso puede que provoques alguna sonrisa.
Oración
Trinidad Santa, sonrisa compañera. Haznos imagen y semejanza de tu alegría.
Comentarios desactivados en Dios ni esconde ni revela nada a nadie.
DOMINGO 14 (A)
Mt 11,25-30
En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Los dos primeros se encuentran también en Lucas, pero en el contexto del éxito de los 72 y la intervención del Espíritu. En la primera comunidad cristiana todos eran personas sencillas, que no podían gloriarse de nada. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?
Te doy gracias, Padre, porque…”Lo importante no es la acción de gracias en sí sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios. Los engreídos, los sabios, tienen capacidad para crearse su propio Dios. Los “sabios y entendidos” eran los especialistas de la Ley. Su conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar.
¿Quiénes eran los sencillos? “El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. No tenía capacidad de razonamientos y les faltaba la mínima preparación para desplegarla. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla. Los sencillos eran los “sin voz”, “la gente de la tierra”, los descartados.
Estas cosas son las experiencias de Dios que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de conocimiento sino de experiencia profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie. El error de nuestra teología fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto dice que la única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús, haciendo nuestra la experiencia de Dios que él tuvo.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. La imagen de yugo se aplicaba a la Ley, que, tal como la imponían los fariseos, era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones, además de las tradiciones que eran innumerables y sumían a la gente en la imposibilidad de cumplirlas. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: “El sábado está hecho para el hombre…”. La principal tarea de Jesús es liberar al hombre de las ataduras religiosas.
Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús libera de los yugos y las cargas que oprimen al hombre y le impiden ser él mismo. No propone una vida sin esfuerzo; Sería engañar al ser humano que tiene experiencia de las dificultades de la existencia. Sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna plenitud. Lo que hagamos a favor del hombre traerá plenitud y felicidad.
Jesús propone un “yugo” pero no de opresión que vaya contra el hombre, sino para desplegar todas sus posibilidades de ser más humano. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se las quitas, ¿con qué volará? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.
Lo que acabamos de leer es evangelio (buena noticia). No hemos hecho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído. Dios no comparte con el hombre el conocimiento, sino su Vida. Sin conocer la evolución pueden disfrutar de buena salud.
Si Dios se revela a la gente sencilla, ¿Qué cauces encontramos en nuestra institución para que sean escuchados? ¿No estamos haciendo el ridículo cuando seguimos siendo guiados por los “sabios y entendidos” que se escuchan más a sí mismos que a Dios? A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de prohibirnos pensar por nuestra cuenta. Recordad la frase del catecismo: “doctores tiene la Iglesia…”.
Jesús no propone una religión menos exigente. Esto sería tergiversar el mensaje. Jesús no quiere saber nada de religiones. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino de sencillez no es fácil.
Cansados y agobiados eran los que intentaban cumplir la Ley, pero fracasaban en el intento. De esa frustración abusaban los eruditos para oprimirlos. Nada ha cambiado desde entonces. Los entendidos de todos los tiempos siguen abusando de los que no lo son y tratando de convencerles de que tienen que hacerles caso en nombre de Dios. Pío IX dijo: “solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca repetiría esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa manera.
Descubramos en qué medida separamos la fe de la vida, la experiencia del conocimiento, el amor del culto, la conciencia de la moralidad. Los predicadores seguimos imponiendo pesados fardos sobre las espaldas de los fieles. Nuestro anuncio no es liberador. Seguimos confiando más en los conocimientos teológicos, en el cumplimiento de normas morales y en la práctica de ritos, que en la sencillez de sabernos en Dios. Seguimos proponiendo como meta la “Ley”, no la Vida.
La gran carencia de nuestra comunidad hoy es la falta de experiencia interior. Por esa situación nunca se podrá superar condenando a los que se atreven a discrepar de la doctrina oficial o imponiendo normas que tratan de zanjar cuestiones discutibles. Lo que hay que enseñar a los cristianos es a vivir la experiencia de Jesús. Solo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Solo teniendo la misma vivencia de Jesús, conseguiremos la libertad para ser nosotros mismos.
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes