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El Tribunal Supremo de los EE.UU. desestima la apelación de una condena de pena de muerte a un reo por ser homosexual

Martes, 26 de junio de 2018

640x0-noticias-charles-rhinesCharles Rhines | Foto: Uso permitido

Declarado culpable por asesinato en 1993, Charles Rhines es condenado a la pena de muerte por el hecho de ser homosexual al considerar el jurado que lo condena que la cadena perpetua no es un castigo para él debido a su orientación sexual. Sin embargo, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos desestima la apelación del reo, ratificando la condena de pena de muerte por ser homosexual. 

En 1993, Charles Rhines es declarado culpable del asesinato de Donnivan Schaeffer, un trabajador de una tienda de donuts en la que pretendía robar, al que apuñala y le arrebata la vida cuando solo tiene 20 años de edad. En cualquier otra circunstancia la pena habría sido cadena perpetua, pero el simple hecho de que Rhines sea abiertamente homosexual lleva a los miembros del jurado a considerar que merece la pena de muerte al interpretar que permanecer el resto de tus días en una cárcel rodeado de personas de su mismo sexo no sería una condena para él, sino un premio. Rhines apela esta sentencia al considerar que ha habido discriminación con respecto a su orientación sexual, pero el pasado lunes, 19 de junio, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos afirma que no encuentra ninguna razón para revisar el caso, confirmando la sentencia de pena de muerte por ser homosexual.

Durante las deliberaciones del juicio de Rhines, algunos miembros del jurado se dedican a discutir el hecho de que el acusado sea homosexual, según afirma uno de los integrantes de ese jurado, afirmando que se trata de un hecho que genera «mucho disgusto». Un segundo integrante del jurado, confirma este punto de vista, añadiendo que algunos piensan que el acusado «no debería poder pasar su vida con hombres en la cárcel» si es homosexual. «Si es gay, estaríamos enviándole donde quiere ir», asegura un tercer testigo que un miembro del jurado argumentaba para condenar a Rhines a la pena de muerte.

«Sabemos lo que significa la pena de muerte. Pero no tenemos idea de la realidad de la vida sin libertad condicional» es lo que un miembro del jurado escribe en una nota que le pasan al juez en el que pasan a hacerle una serie de preguntas, tales como si se le «permitiría mezclarse con la población general de reclusos», si podría «discutir, describir o alardear sobre su crimen a otros presos» o acerca de la posibilidad de que tuviera «un compañero de celda». Valoraciones que explican que sus prejuicios hacia las personas homosexuales les llevan a condenar al acusado a la pena de muerte en lugar de a cadena perpetua basándose única y exclusivamente en su orientación sexual y no en el crimen que había cometido, tal y como asegura Ría Tabacco Mar, miembro del Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender and H.I.V. Project de la Unión Estadounidense pro las Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés: American Civil Liberties Union.

El Tribunal Supremo establecía el año pasado una excepción importante para los casos de parcialidad racial en la sala del jurado tras descubrirse que un jurado decide condenar a un hombre acusado de contacto sexual no consentido y acoso porque «es mexicano y los hombres mexicanos cogen lo que quieren», en palabras del jurado. Una sentencia que el Tribunal Supremo sí considera discriminatoria y que interfiere con el derecho del acusado a obtener un juicio justo e imparcial. Si bien en el caso de Rhines el delito es todavía más grave que en el condenado mexicano, los jueces rechazan su pretensión de parcialidad, permitiendo que se mantenga la condena de muerte, no dando además ninguna explicación de su decisión para no revisar un caso que ha desatado las alarmas sobre el valor que el sistema de justicia proporciona a los miembros del colectivo LGBT en los Estados Unidos.

«El silencio del Tribunal (Supremo) envía un mensaje profundamente preocupante sobre el valor que se le da a la vida de las personas LGBT. La misma regla debería aplicarse cuando el prejuicio anti-LGBT contamina la toma de decisiones del jurado (…). Sin duda, la historia del racismo en Estados Unidos es única y exige garantías únicas. Pero eso no hace que la discriminación anti-LGBT sea menos objetable, particularmente cuando puede haber marcado la diferencia entre la vida y la muerte. [El tribunal] debería aprovechar la próxima oportunidad para corregir este error y reconocer que los prejuicios contra las personas LGBT no deberían desempeñar ningún papel en el sistema de justicia penal de los Estados Unidos. Sin embargo, eso probable que llegue demasiado tarde para el señor Rhines», asegura Tobacco Mar en un artículo publicado en The New York Times en el que asume que Rhines será ejecutado en función de una sentencia que no le condena por el delito que ha cometido, sino por su orientación sexual.

El 4 de octubre de 1961, Lenny Bruce es arrestado por obscenidad al pronunciar durante una de sus actuaciones un sustantivo considerado ilegal en aquel entonces en los Estados Unidos: «cocksucker» (chupapollas en español). Tras un juicio que se prolonga a lo largo de tres años, tanto el cómico como el propietario del local en el que actuaba son condenados por este delito. Diez años después de esa sentencia, Bob Fosse estrena el que es su tercer largometraje, Lenny (1974, EE.UU.), en el que incluye un chiste que parece anticiparse al jurado de Charles Rhines al bromear sobre el hecho de que enviar a los delincuentes homosexuales a la cárcel no parece un castigo, sino un premio.

De la misma manera que lo que hace más de cincuenta años era un delito y hoy parece una broma, lo que antes no era más que un chiste hoy se ha convertido en una paradójica realidad que permite situar a los Estados Unidos a la misma altura que los 8 países con los que se castiga la homosexualidad con la pena de muerte, como Irán, Arabia Saudí, Yemen y Sudán, algunas zonas de Somalia, Nigeria, Siria e Irak. En otra vuelta de tuerca de la realidad en el mundo de Donald Trump, las personas que proceden de alguno de estos países tienen la entrada prohibida en los Estados Unidos, a pesar de ser un país con el que tienen tanto en común.

Fuente Universogay

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , ,

Isherwood, el escritor gay que tuvo que decir adiós a Berlín

Lunes, 10 de noviembre de 2014

Christopher-IsherwoodEn enero se cumplirán 29 años del fallecimiento del escritor británico Christopher Isherwood.

Si hablamos de escritores especiales a lo largo de la historia tenemos que hablar inexorablemente de Christopher Isherwood (Cheshire, Reino Unido, 1904–Santa Mónica, Estados Unidos, 1986). Este hijo de excombatiente de la Gran Guerra, siempre tuvo claro que lo suyo era escribir y nunca se escondió en lo que se refiere a su sexualidad. De hecho, fue de los primeros escritores en proclamar abiertamente su homosexualidad en el siglo XX. No fue buen estudiante y no obtuvo título alguno, pero empezó a publicar muy joven y pronto comenzó a mostrar su inquietud para conocer personas y lugares que alimentaran sus ganas de vivir.

Auden_Isherwood_y_SpenderAuden, Isherwood y SpenderNo le gustaba pertenecer a ningún grupo literario, pero junto a sus íntimos amigos, los poetas Auden, también gay, y Spender, bisexual, tomó el relevo del grupo de Bloomsbury (no en vano, Virginia Woolf era amiga y editora de Isherwood). Los tres amigos estuvieron juntos en los hermosos años de la República de Weimar, donde empezó un activismo importante en la reivindicación de derechos homosexuales, y donde se podía disfrutar de cierta libertad para convivir en armonía. Isherwood dibuja un retrato fantástico de la sociedad berlinesa del momento en su libro más reeditado y de mayor difusión Adiós a Berlín, que fue adaptado al cine en dos ocasiones, la primera en 1955 bajo el título Soy una cámara y la otra para el musical de gran éxito Cabaret, dirigida por Bob Fosse y protagonizada por Liza Minnelli en 1972.

Isherwood se fue a Berlín con 25 años y permaneció allí de 1929 a 1933. Pero Hitler se hizo con el poder y el autor decidió irse del país previendo que todo cambiaría, como así fue. Pero ¿qué hubiera pasado si todo hubiera seguido igual en Alemania? ¿Si no se hubiera extendido esa especie de psicosis, después ampliamente justificada, entre los homosexuales que terminaron huyendo a otros países? Seguramente Isherwood se hubiera hecho alemán en vez de estadounidense, pero eso nunca lo sabremos. Sólo sabemos que tuvo que decir adiós a Berlín muy a su pesar y que ya nunca más volvió.

Después de salir de Alemania, Isherwood y Auden se marcharon a China donde escribieron tres obras de teatro y el libro Viaje a una guerra, donde hablaban de los conflictos entre China y Japón. La Segunda Guerra Mundial estalló y los escritores decidieron irse a Estados Unidos, aunque esta vez no se pusieron de acuerdo a la hora de elegir ciudad, así que como en Tú a Bostón y yo a California, Auden decidió quedarse esta vez en Nueva York e Isherwood se marchó a California, donde consiguió la nacionalidad estadounidense en 1946. Allí conoció grandes figuras de la literatura y otras expresiones artísticas del momento como Tennessee Williams, Truman Capote, Aldous Huxley, Ígor Stravinsky y muchos otros.

Su pasión por el cine le ayudó a conocer a Salka Viertel, célebre guionista del momento y madrina de un grupo de intelectuales y artistas europeos exiliados, con los que Isherwood tuvo contacto, como Thomas Mann o Bertold Brecht, y con un conocido grupo de actrices lesbianas y bisexuales encabezadas por Greta Garbo. Entre sus principales excentricidades fue su adhesión al hinduismo en 1943, pero no llevaba nada bien eso de guardar castidad y finalmente desistió.

En este aspecto, Isherwood dio buena cuenta de sus escarceos sexuales en un libro titulado The lost years, publicado a título póstumo, y en el que contabiliza más de 400 amantes entre 1945 y 1951. Además ofrece muchos detalles de sus encuentros amorosos y lo que él consideraba una carrera alocada y sin rumbo hacia ninguna parte. El título es sin duda muy elocuente, y decidió dedicar un libro a lo que él consideró unos años perdidos y sin saber adónde se dirigía en el terreno sentimental.

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C. Isherwood y D. BachardyNo fue hasta los 48 años cuando encontró la estabilidad que tanto ansiaba. Y se la dio un chico de 18 años, el pintor Don Bachardy, del que ya no se separaría hasta su muerte en 1986. El más que interesante documental Chris and Don: una historia de amor (2008), dirigido por Guido Santi y Tina Mascara, está inspirado en la convivencia de estos dos artistas en Santa Mónica, y cuenta con testimonios de Don Bachardy y otras personas que conocieron bien a Isherwood que nos ofrecen una óptica mucho más amplia de su vida y su obra.

Durante su último tercio de vida publicó A single man, la que para muchos críticos es su mejor obra, una novela dedicada al escritor Gore Vidal, que fue llevada al cine en 2009 por Tom Ford y protagonizada por Colin Firth. En 2011, la BBC produjo un telefilme titulado Christopher and his kind, donde Matt Smith interpreta a Isherwood, en una adaptación del libro autobiográfico escrito por el autor.

Recientemente, la editorial Acantilado ha anunciado que publicará seis obras del autor británico por primera vez en España.

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