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Antonio Aradillas: “¡Mil mujeres muertas!”

Sábado, 15 de junio de 2019

asesinando-violencia-machista_2130396944_13673027_660x371“La cifra es escandalosa, escalofriante, asombrosa y terrible”

 “Al matar a una mujer, se mata a una madre, a una hija, a una hermana, a una abuela…Con su muerte, se quedan huérfanos, o no nacen, niños y niñas…”

“Mil mujeres son muchas mujeres. Su letanía es indescriptible y merecedora la mayoría de ellas, de haber ascendido ya con todos los honores al listado del martirologio”

La cifra es realmente escalofriante, asombrosa y terrible.  En nada menos que “mil” fue fijada la cantidad  de mujeres muertas, asesinadas o sacrificadas, por sus respectivas parejas, exparejas, aspirantes a pareja o lo que sea, oficialmente registrada desde el año 2003 en España, hasta el día 11 del presente mes de junio.

Y lo más grave del caso  es que, tal y como auguran  los técnicos y estudiosos en estas materias, los tiempos futuros dan la impresión de ser  menos benevolentes, sino todo lo contrario. Los noticiarios y espacios informativos se están encargando, con puntualidad, datos y detalles bochornosos y horripilantes, de tener al personal al corriente de  tan sangrante y cruel espectáculo.

A estas, por ahora, mil mujeres, las matan los hombres–varones, fundamental y degradantemente  porque ellas son mujeres-mujeres  y, mientras  ellos sean más hombres, siguen y seguirán siendo más  maltratadores y matones. Así se escribe la historia. Sus capítulos se desarrollan  con identidad dramática, cambiando solo los nombres y los apellidos  y alguna que otra circunstancia, agravante o eximente.  La imaginación de los pobres no da más de sí, y lo que importa salvar es que la palabra “varón” procede de “vir”, que, por encima, o  al margen de “virtud”, su fuente semántica más real y practicada  es la que se relaciona con la “fuerza”.

Manantiales secos de besos y abrazos

No cuentan en demasía, sino todo lo contrario, las preclaras y humanitarias condiciones de que, al matar  a una mujer, se mata a una madre,  a una hija,  a una hermana, a una abuela…Con su muerte, se quedan huérfanos, o no nacen,  niños y niñas.. Ni los abuelos podrán ya hacerles regalos, ni comprarles chucherías, aún en contra del criterio de sus respectivos padres y educadores, ni reír sus travesuras y ocurrencias buenas o “malas”, ni contarles cuentos, ni referirles los resultados de sus competiciones deportivas en el patio del “cole”, ni besarlos ni ser besados por ellos…

Matando a las mujeres, se mata también a las novias, con lo que se secan para siempre manantiales de besos y abrazos…Las puestas de sol, compartidas,  se borran indefinidamente, al igual que los más bellos y delirantes recuerdos propios y específicos de novios y  novias. Las despedidas se  vestirán sempiternamente de luto, al igual que toda esperanza de encuentro y recibimiento al regreso imposible de cualquiera  de ellos. De aquí en adelante, las llaves- todas las llaves- jamás abrirán. Solo servirán para cerrar y encerrar.

Sobre no pocas tumbas de las mujeres así sacrificadas  y muertas, harán sus nidos  los pájaros negros de indignos comentarios de algunos –y algunas-, de que “es posible  que parte de culpa de lo sucedido  también la tuviera la muerta…”

Sociedad, familia, Iglesia machistas

La sociedad, y la misma familia, todavía siguen siendo tan machistas o más, que los mismos machistas varones de primera división, con medallas, reconocimientos “oficiales” y ascensos  laborales, profesionales y tal vez “religiosos”.

Para las leyes –su redacción, interpretación y cumplimiento-, no es precisamente la mujer  objeto y sujeto de atenciones  especiales, tanto colectiva como personalmente. Entre otras cosas, porque  el de “persona” no es, para muchos,  atributo  absoluta y sagradamente  femenino. Más que nada, la mujer es de por sí no uno, sino muchos problemas, por lo que todas –casi todas- molestan, lo que exige prontas y definitivas soluciones, sean las que sean…

Para la misma Iglesia la mujer  es también un grave problema. Y lo es nada menos que “dogmático” o “semi dogmático”. Manadas de teólogos y de biblistas “oficiales” estarán siempre ”a la orden”  jerárquica para escudriñar  los textos “sagrados” , -“tradicionales de toda la vida”- con el fin de descubrir y potenciar  argumentos, signos y mentiras piadosas o impiadosas  condenatorios de la mujer, quien, por definición, es aliada  de Satanás con quien establece un indisoluble contubernio, tal y como en el colmo de locuras “teológicas” acaba de predicar uno de nuestros obispos, sin que la Curia le haya llamado la atención, sino que tal vez  reserve su nombre para posibles y santos  ascensos en el episcopado.

Mil mujeres son muchas mujeres. Su letanía es indescriptible y merecedora la mayoría de ellas, de haber ascendido ya con todos los honores al listado del martirologio cristiano. No sería decente olvidarse  de que el número de las muertes – muertes de las maltratadas no se reduce a las que sus nombres se hacen noticia sangrante en los titulares de las secciones de sucesos de los medios de comunicación al uso…”Los otros malos tratos”, es decir, los de dentro de casa, y  de los que hipócritamente casi nada se sabe, -aunque se presientan-, causan tan o más mártires…

Fuente Religión Digital

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