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Segundo Domingo de Adviento. Ciclo B. 10 Diciembre, 2017

domingo, 10 de diciembre de 2017
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“Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias.”

(Mc 1, 1-8)

Encendemos la segunda vela de nuestra corona de adviento que nos ilumina con esta Palabra. Por una parte nos encontramos con algunas de las primeras palabras escritas sobre Jesús, el primer evangelio, que dice “comienzo de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Así de claro; Jesús, Hijo de Dios, buena noticia… ¿qué más podemos pedir?

Por otra parte, nos encontramos con Juan el Bautista. Bien, por si fuera poco el primer versículo, por si nos parece que no tiene el peso, la profundidad suficiente, aquí tenemos un hombre que con su actitud nos lo dice todo. Es la primera persona a quien nos describe Marcos en su obra. Podría ser el protagonista pero no lo es, es más, su actitud es de quitarse del medio “detrás de mí viene…, yo no soy digno…”

Juan sabe bien estar atento, alerta, vigilante y anunciar. Sabe de alentar y de dar esperanza. Sabe de escuchar y escucharse, se conoce y reconoce sus límites “el que es más fuerte que yo”.

¿Y si unimos las dos ideas? Marcos comienza el evangelio pero no lo termina, no le pone un final. Habla de Jesús y al llegar al último capítulo vemos a las mujeres asustadas porque la tumba está vacía, incluso hay un añadido sobre experiencias de los discípulos, pero no termina. Queda abierto porque nosotras mismas, las cristianas de hoy, continuamos escribiendo la buena noticia de Jesús con nuestras actitudes, nuestro día a día. Y Juan nos da una pista importante de cómo hacerlo, estando atentas, vigilantes, a la escucha, con esperanza… adviento. Tarea fuerte para nuestro discipulado.

Oración

Ven Señor Jesús, el mundo te necesita.

Ven Señor Jesús, te esperamos.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Siempre hay profetas que ven antes el camino.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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baptist_Mc 1, 1-8

El evangelio del domingo pasado no hablaba de estar despierto. Hoy hablan los  centinelas: los profetas. No se trata de un adivinador del porvenir. Tampoco se trata de un ser humano separado y elegido por Dios, que le va indicando lo que tiene que decir a los demás. Profeta es todo aquel que está despierto. La principal característica del profeta es precisamente su inserción en el pueblo y su preocupación por la suerte de los más humildes. Su principal objetivo ha sido denunciar la injusticia.

Verdadero profeta sería el que ha llegado a una experiencia de su verdadero ser y, fiel a ella, ayuda a los demás a descubrir el camino de lo humano. Falso sería el que conduce al hombre a mayor egoísmo. El problema está en que lo “humano” solo se puede valorar desde lo humano. Por eso no hay manera de distinguir lo falso de lo verdadero mientras no se tenga una mínima experiencia de humanidad.

No debemos extrañarnos de encontrar tantos y tan expresivos textos para este tiempo litúrgico. Lo que el segundo Isaías anuncia es un evangelio (buena noticia). El destierro había acabado con toda una teología triunfalista que invitaba a dormirse en los laureles de sentirse elegidos, sin aceptar ninguna responsabilidad para con Dios ni para con los demás. Las denuncias de todos los profetas advertían de que no se puede confiar en Dios mientras se practica toda clase de atropellos e injusticias.

La primera palabra del evangelio de Mc es “arje”, que en griego designa el comienzo de un texto, pero  también algo mucho más profundo. El evangelio de Jn comienza también con esta palabra y lo traducimos: “en el principio” = origen. “Arje” significa origen y fundamento; es decir, aquello que ha sido la causa de que otra cosa surja. La Vulgata lo tradujo por “Initium” que también significa “origen”. El texto se debía traducir: “Éste es el origen de la alegre noticia de Jesús el Ungido, el Hijo de Dios.

Tampoco euanggelion” debemos traducirlo por evangelio, que es un concepto muy elaborado, sino por buena noticia. Quiere decir que comienza el evangelio que es todo él una buena noticia. Lo mismo tenemos que decir de “Jesous”“Christos”  que en griego están separados y significan simplemente, Jesús el ungido. Con el tiempo, los cristianos unieron el nombre con el adjetivo y confesaron al Jesucristo que ha llegado hasta nosotros. Este texto es un resumen de todo lo que en él se va a proponer.

Este evangelio, a pesar de ser el primero que se escribió, no sabe nada de la infancia de Jesús. Esto es muy interesante a la hora de interpretar los textos de Lc y Mt, que vamos a leer en todo el tiempo de Navidad. Estos relatos se fueron elaborando a través de los primeros años de cristianismo y no tienen nada que ver con la historia. Son relatos míticos y leyendas, casi todas anteriores al cristianismo, que se han cristianizado para darnos un mensaje teológico, no para informarnos de lo que pasó.

Mc pasa directamente a hablarnos de Juan Bautista como último representante del profetismo. El Bautista es uno de los personajes claves en el tiempo de Adviento, porque se trata del último de los profetas del AT. Debemos recordar que hacía casi trescientos años que no se había conocido un verdadero profeta. Todos los evangelistas lo consideran el heraldo de Jesús, lo anuncia, lo propone al pueblo y es protagonista de su nacimiento en el Espíritu (bautismo), donde empieza Jesús a manifestar lo que realmente era.

No podemos asegurar que este relato responda a una situación histórica. Es muy poco lo que sabemos sobre la relación de Jesús con Juan. De todos modos, es cierto que el primer dato histórico sobre Jesús, que encontramos en fuentes extrabíblicas es su bautismo por parte de Juan. No es descabellado suponer que a Jesús, un buscador incansable, le llamara la atención un personaje como Juan que ya era famoso cuando él empezó su vida pública. A Juan, como a Jesús, no le gustaba el cariz que había tomado la religión judía.

Los primeros cristianos dieron al Bautista un papel relevante en la aparición del cristianismo; seguramente mayor del que hoy le reconocemos. La prueba está en que, en un momento determinado, vieron la necesidad de marcar distancias entre Jesús y Juan para dejar claro quién era el más importante. Seguramente esa relevancia se deba más a la necesidad de justificar una figura tan desconcertante como la de Jesús, conectándole con el profetismo del AT, que a una real influencia de Juan en la doctrina de Jesús

Preparadle el camino al Señor. Este grito es el mejor resumen del espíritu de Adviento. Pero fijaros que fuerza el sentido del texto, que habla de prepararle un camino a Yahvé, mientras Mc habla de preparar un camino a Jesús. El texto está insinuando que si Dios no llega a nosotros es porque se lo impedimos con nuestra actitud vital, que orienta su preocupación en otras direcciones. Él viene, pero nosotros nos vamos.

Yo bautizo con agua, pero él bautizará con Espíritu Santo. Es la clave del relato y marca la diferencia abismal entre Jesús y Juan. Las primeras comunidades tenían muy clara la originalidad de Jesús frente a los personajes del pasado. Toda la relación con Dios, hasta la fecha, era consideraba como externa al hombre y en relación desigual. Dios era el soberano y el ser humano el súbdito. Jesús manifiesta una relación con Dios distinta. Él está empapado del Espíritu y nos sumerge (bautiza) a todos en ese mismo Espíritu.

Los textos de este domingo nos hablan de utopía. Isaías dice: Aquí está vuestro Dios. Pedro: Nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia. El salmo: La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan. Mc: Él bautizará con Espíritu Santo. En un mundo tan poco propicio al optimismo, encontrarnos con esta oferta, pude ser impactante. Pero tampoco tenemos que caer en el triunfalismo. Derrotismo y triunfalismo son estrategias extremas que utiliza el yo para fortalecerse.

Hoy la necesidad de estar alerta es más apremiante que nunca, porque jamás se han ofrecido al ser humano más caminos falsos de salvación. Hay toda una gama de productos disponibles en el mercado, desde las drogas hasta los gurús a medida. Por eso necesitamos más que nunca de la figura del profeta. Seres humanos que por su experien­cia personal puedan arrojar alguna luz en esa maraña de senderos que se entrecruzan y que la inmensa mayoría son sendas perdidas que no llevan a ninguna parte.

Podemos volcarnos sobre lo sensible, buscando el placer inmediato o descubrir las posibilidades de plenitud que todos tenemos. El no tomar una decisión, es ya tomar partido por lo que nos pide el cuerpo. No despertar, es seguir dormidos. Decidirse por lo más difícil solo es posible después de una toma de conciencia, que tiene que ir más allá de los sentidos y de la razón. Es una iluminación que me empuja por un camino que ni siquiera sé a donde me va a llevar, pero estoy convencido que me hará más humano.

Meditación

La experiencia del bautismo es la clave para entender a Jesús.
Después de esa experiencia personal, dice a Nicodemo:
Hay que nacer del agua y del Espíritu.
El único camino hacia lo humano es el que Jesús recorrió.
Tenemos que sumergirnos en lo sagrado.
Tenemos que dejarnos inundar por lo divino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Camino abierto a otros Caminos.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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1172982384_f1El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos. Pero también se pudre y huele mal toda vida que no fluye (Pablo D’Ors)

10 de diciembre, domingo II de adviento

Mc 1, 1-8

Una voz clama en el desierto: Preparad los caminos del Señor, allanad sus senderos 

José Mª Castillo (1929), escritor y teólogo exjesuita granadino, nos indica con el siguiente texto de su libro La religión de Jesús, la mejor manera de seguir los caminos espíritu: “La Buena Noticia de Jesús no empezó en el Templo, ni vino de sus funcionarios y sus ceremonias, sino del desierto, de un profeta del desierto. El Evangelio no empieza en lo religioso, sino en lo laico. El principio y fundamento para respetar y vivir lo religioso es empezar por respetar lo laico. Cuando la religión no respeta este criterio, hace daño a la gente y la aleja de Dios”. Y hace la idea de que, frente a la propuesta de Juan el Bautista centrada en el pecado y la confesión de los pecados (Lc 3, 3), el interés de Jesús fue la vida, la felicidad y la alegría de la gente. 

El Evangelio, Camino abierto a otros caminosEn cada una de sus amplias rotondas encontramos múltiples direcciones, todas ellas idóneas para que cada persona pueda alcanzar su meta. Lo importante es no detenerse nunca. Lo que Jesús nos aporta es descubrir que, como él, somos Vida.

Pablo, con su mapa de autopistas abiertas a los gentiles, dice en Romanos: “¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de prudencia el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones, qué incomprensibles sus caminos!” (Rom 11, 33)

La mejor y más segura, la de la humanidad. Del poema sinfónico del húngaro Franz Liszt Lo que se oye en la montaña, dice el musicólogo alemán Carl Dahlhaus en su obra La música del siglo XIX“El poeta percibe dos voces: una dice ‘Naturaleza’, la otra ‘Humanidad’. Ambas forcejean entre sí, se entrecruzan y fusionan hasta que finalmente se disuelven y extinguen en una contemplación sagrada”Liszt nos muestra con hondura y profundidad interior, caminos abiertos hacia todos los seres que nos acompañan en la aventura de la existencia. En su oratorio, Christus, encontramos tanto aspectos humanistas como espirituales. No olvidemos que, junto con la música, la lectura de los Evangelios le llevó a adoptar actitudes místicas en algunos momentos de su vida.

En el Antiguo Testamento, dos mujeres del paganismos, Ruth y Noemí. Lo que importa es que estas dos mujeres, unidas por la solidaridad y el amor, van a recorrer un camino juntas y van a acercarse juntas a la experiencia de Dios: “No insistas en que te deje y me vuelva. A donde tú vayas, yo iré, donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será el mío, tu Dios será mi Dios” (Rut 1, 16). Un Dios, Yahvé, que escoge a los oprimidos, que escoge a los marginados, que escoge a los pobres y que les acompaña en su proceso de liberación, y para el que, siglos más tarde, Isaías demanda se le prepare un buen pasaje: “Una voz grita: En el desierto; preparad un camino al Señor; allanad en la estepa un camino para nuestro Dios” (Is 40, 3).

El dramaturgo y novelista brasileño, Paulo Coelho, nos dice en El Peregrino de Santiago –concha, bastón y calabaza– que la paz se logra siempre que se sigue recorriendo caminos“Todo el entorno reflejaba una paz infinita, la paz de un mundo que todavía tenía mucho más para crecer y crear, y que sabía que para esto era necesario continuar caminando, siempre caminando”. Sin detenerse, porque, como escribió Pablo D’Ors en Biografía del silencio: “El agua que no corre se estanca, se pudre y huele mal; eso lo sabemos todos. Pero también se pudre y huele mal toda vida que no fluye”.

TEXTO

“No se enciende un candil para taparlo con un celemín, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos en la casa” (Mt 5, 15)

Él es, y yo soy consciente
de sentir la misma piel.
Bordamos los pensamientos
sobre la arena del mar.
Es un tejer y bordar
de pensar y sentimientos.
Serie perfecta de acordes
en las riberas del mar.
Es un tejer y bordar
de glorias misericordes.

(Evangélico Cuarteto. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Mensajeros y constructores de caminos.

domingo, 10 de diciembre de 2017
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thumb_8_battista_predica_opa(Mc 1,1-8)

“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”. Me pregunto cómo habría sido, en los inicios del cristianismo, la transmisión oral de las palabras y acciones de Jesús, cuántas personas compartirían historias sobre él, cómo habrían repetido sus enseñanzas, cómo se narrarían unos a otros la experiencia de encuentro con él y cómo, pasados los años, comenzarían a poner todo por escrito. Un tiempo de gestación oral y escrita para que en nuestras manos se encuentre hoy este evangelio, ¡esta buena noticia!

Me sobrecoge este inicio tan solemne que formula una orden concreta, como si fuera condición sine qua non para continuar con la lectura: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Esta Palabra, siempre oportuna, se nos regala especialmente en el tiempo de Adviento y nos recuerda que acoger al Señor no es una cuestión de planteamientos racionales. Prepara el camino al Señor implica, además, deseo, conversión, empeño y confianza.

  • DESEO de acoger a nuestro Señor del mejor modo posible. Deseamos que no encuentre obstáculos en el trayecto, que no existan murallas ni concertinas que lo frenen, que pueda venir libre y sereno. Deseamos que encuentre acogida, espera decidida, mesa preparada, abrazo y calor de hogar. Deseamos que venga pronto, que no tarde, para que con su luz ilumine la noche de nuestro mundo y nuestras oscuridades. Deseamos no distraernos para poder reconocerlo.
  • CONVERSIÓN, porque preparar un camino requiere transitar por él. La con-versión supone movimiento y conlleva itinerancia, capacidad para salir del espacio conocido y atreverse a pisar ahí donde todavía no hay confirmación de suelo seguro. Conversión y movimiento porque el imperativo es en plural: “¡preparad!”, invitándonos a encontrarnos con otros para realizar la misión a la que somos enviados y, así, a convertirnos en oteadores de la mejor senda, la que posibilita el cruce con otros caminos, el encuentro y el diálogo.
  • EMPEÑO, porque la Palabra nos habla de allanar y esto supone asumir el sudor y dedicar el esfuerzo necesario para llevar a cabo tal empresa. Empeño porque se requiere perseverancia, permanencia, fortaleza y valentía, capacidad para recomenzar siempre de nuevo, aunque una y otra vez surja algún inconveniente en el camino. Requiere capacidad para interpretar los signos de los tiempos para acertar en qué lugar concreto hemos de adentrar la pala en la tierra.
  • Y CONFIANZA. La que nace de la certeza de que el Señor está viniendo, la que nos hace apostar porque todo merece la pena. Confianza en la Promesa. Confianza en su Palabra. Confianza en que su invitación permanece en el tiempo, a pesar de que él conoce bien nuestras colinas y oquedades. Confianza en que, con él, todo es posible.

Juan nos recuerda este envío desde el desierto, el lugar privilegiado para la conversión, el cambio y la transformación; el espacio donde se vence la tentación de adorar a otros dioses. Quizás lo hace porque es allí a donde debemos marchar en este tiempo de Adviento para preparar el camino, y no a las calles encendidas de luces fugaces, a las tiendas repletas o a las mesas abundantes. Cada uno conocerá cuál debe ser el desierto por el que transitar este tiempo para allanarle el sendero al Señor, que viene.

“Preparad el camino”. Las palabras de Juan nos remiten a Isaías y podemos rememorar el imperativo que el profeta pronuncia antes: “Consolad, consolad a mi pueblo, habladle al corazón”. Como Juan, también hoy nosotros somos invitados a convertirnos en mensajeros de esta buena noticia de Dios que, en la persona de Jesús, nos trae a todos consuelo y esperanza.

Hay que preparar el camino, es el tiempo oportuno para ello. Deseémoslo, convirtámonos, empeñémonos, confiemos. El Señor viene.

Inma Eibe, ccv

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Principio de la buena noticia…

domingo, 10 de diciembre de 2017
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1jlfbwePrincipio de la buena noticia... El comienzo del  evangelio de Marcos nos plantea una cuestión central de nuestra vida cristiana: ¿es Jesucristo buena noticia para cada uno de nosotros? No una costumbre, ni una fe heredada que no se ha convertido en opción personal, sino una relación que está en el centro de nuestra existencia, un tesoro que  hemos encontrado gratuitamente, una suerte maravillosa que nos llena de alegría. Estamos a tiempo: es el principio…

Esa buena noticia la siguen anunciando hoy los que expresan con sus vidas y a veces con sus palabras la misma pasión y el mismo fuego que incendió la vida de Juan Bautista.

Nos recuerdan  que  quienes hemos recibido en el bautismo la unción profética, tenemos la tarea de consolar, reconciliar,  enderezar lo torcido,  allanar lo sinuoso y  “ver la belleza de nuestro Dios”. ¿Dónde acudiremos  para descubrirla? Porque es verdad que resplandece en la hermosura de la creación y en las maravillas de que es capaz el ser humano, hecho a su  imagen y semejanza, pero el desafío está en  descubrirla también en los “lugares de abajo”, allí donde campean la oscuridad, la enfermedad, la pobreza o la muerte.

El Evangelio invita a recibir revelación y consuelo precisamente en esos lugares,  a hacer la experiencia de que la belleza y la bondad de Dios residen también ahí y que nos toca ahora a nosotros prolongar esa belleza en nuestro mundo y dejar en él un rastro de sanación, plenitud y alegría.

Dolores Aleixandre

Fuente Fe Adulta

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El Evangelio es anterior a los evangelios

domingo, 10 de diciembre de 2017
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feastofchristthekingpaintingDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. COMIENZO DEL EVANGELIO DE JESUCRISTO.

En vida de Jesús no se habían escrito los evangelios. Los cuatro evangelios se irán redactando entre el año 70 y el año 100, más o menos.

Pero, aunque en vida de Jesús no había evangelios, había evangelio, había buena noticia: él mismo, JesuCristo es la buena noticia. El evangelio es anterior a los evangelios.

En cierto sentido el comienzo del evangelio de san Marcos tiene algún parecido al menos teológico con el comienzo del evangelio de San Juan.

San Juan inicia su evangelio con la expresión: En el principio, (en el origen) existía la Palabra (Evangelio), (Jn 1,1).

San Marcos inicia su experiencia cristiana, su vivencia de JesuCristo (que eso es un evangelio) con la expresión: Comienzo del Evangelio de JesuCristo.

El comienzo no se refiere al comienzo de un libro, el comienzo de la vida de Jesús. (Los evangelios tienen relatos de la vida de Jesús, pero los evangelios no son “vidas de Jesús”).

Tanto san Juan como san Marcos expresan su fe en que desde el origen, “por principio” el fundamento de la existencia humana y el sentido de la vida y de la historia es el Evangelio, la Palabra de Dios, la buena noticia de JesuCristo, la salvación.

Marcos y Juan lo dejan bien claro: por principio, desde el origen la creación y la vida son eu (buena) angelion (noticia).

Estamos en una historia de salvación.

02. ¿CUÁL O QUÉ ES EL EVANGELIO DE JESÚS?

250px-brotvermehrungskirche_bw_3-2Podríamos pensar que el Evangelio de JesuCristo es un anecdotario de palabras y algunos hechos de Jesús, como un recuento de algunas cosas que Jesús dijo e hizo. Dicho así eso no sería ni el evangelio, ni tan siquiera un evangelio.

También podríamos pensar que Los evangelios son como las constituciones de una congregación religiosa, o una serie de normas que, proviniendo de Jesús, habrían renovado la religión mosaica, la religión judía. Tampoco sería esto el Evangelio de JesuCristo.

El Evangelio de JesuCristo no es un entramado de dogmas, ritos y preceptos religiosos. El Evangelio de JesuCristo consiste en llevar la buena noticia a los pobres, anunciar libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año de gracia y salvación del Señor.
(Lc 4,18-19)

Jesús pasó su vida haciendo el bien: haciendo el bien y sanando a cuantos sufrían bajo el poder del diablo, porque Dios estaba con él (HH 10,38).

El Evangelio de Jesús consistió y consiste en aliviar sufrimientos. Jesús curó y dio vida a infinidad de enfermos: leprosos, ciegos, paralíticos, neuróticos y epilépticos, mujeres que perdían la vida (hemorroísa), Jesús pone como modelo de comportamiento a los pobres (viuda que echa veinte céntimos en el Templo), a un samaritano (extranjero y maldito) que deja de ir a Misa, porque tiene que llevar al hospital a un hombre al que habían asaltado y le habían dejado medio muerto en la cuneta de la vida. El evangelio de Jesús es dar de comer a la gente (entendamos como entendamos la multiplicación de los panes).

El Evangelio de JesuCristo “es” el comedor social ATERPE, villa BETANIA (SIDA), el BANCO DE ALIMENTOS; el evangelio de Jesús es acoger o ayudar a los REFUGIADOS. El Evangelio de Jesús “son” los gestos del papa Francisco con los mendigos, con los refugiados. Evangelio es la presencia de D. Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia, en Bayona haciendo de mediador en el desarme por la paz en el pueblo vasco. El evangelio de Jesús es bondad, misericordia, es hacer el bien. El Evangelio “es” y estaba en Mons Oscar Romero, en Ignacio Ellacuría y sus compañeros mártires.

03. NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO.

San Pablo dirá en su carta a los Romanos que: no me avergüenzo del evangelio, que es la fuerza de Dios para que se salve todo el que cree. (Rom 1,16).

Me parece que el evangelio de JesuCristo se resuelve en las diatribas, persecuciones y condenaciones dogmáticas o litúrgicas de las que no pocas veces sentimos vergüenza histórica.

Este mismo año celebramos quinientos aniversario del nacimiento de la Reforma protestante. ¡Cuántas barbaridades se han dicho y hecho en ambas partes de las que hoy sentimos vergüenza! Ahí no estaba el evangelio.

No nos avergoncemos de quien hace el bien, de quien entrega o nosotros mismo entregamos la vida a las misiones, a los pobres a hacer el bien. La fuerza de Dios es el bien, la bondad, no la ley ni el poder.

De este evangelio de Jesús no sentimos vergüenza, sino estima y gratitud.

04. CONSOLAD A MI GENTE, (Isaías – 1ª lectura).

multiplicacion-de-los-panes-y-de-los-pecesEstas cosas, este evangelio es de enorme consuelo

Pocas veces pensamos y hablamos del consuelo, tan necesario en la vida.

El consuelo es el descanso y alivio de las penas y sufrimientos que afligen y oprimen al ser humano.

Dios nos consuela: consolad, consolad a mi pueblo, (Isaías).

Volvamos al principio, volvamos a fundamentar la existencia: Nuestro Dios no amenaza, ni condena, más bien alivia y consuela, que son actitudes muy de nuestro Dios, de JesuCristo y, por tanto, entra también en nuestro

PRINCIPIO para con nosotros mismos y para con los demás. Seremos consolados por el Señor.

La misericordia, sentir compasión, consolar son cuidados muy evangélicos y cristianos.

Dios no nos abandona nunca, terminará en nosotros su evangelio.

Y esto existe y es desde el PRINCIPIO hasta el final.

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Solemnidad de la Inmaculada Concepción

viernes, 8 de diciembre de 2017
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Leído en Koinonia:

Génesis 3,9-15.20

 Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– “¿Dónde estás?”

Él contestó:

“Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.”

El Señor le replicó:

– “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?”

Adán respondió:

– “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

El Señor dijo a la mujer:

– “¿Qué es lo que has hecho?”

Ella respondió:

– “La serpiente me engañó, y comí.”

El Señor Dios dijo a la serpiente:

“Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.”

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado /
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

 

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

“No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y María dijo al ángel:

“¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.”

María contestó:

“Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y la dejó el ángel.

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (8 de Diciembre de 1977)

AGRADECIMIENTOS AL SACERDOTE Y RELIGIOSAS

Yo quiero aprovechar esta oportunidad, pues, para agradecer a los padres norteamericanos este servicio tan insigne que nuestra diócesis aprecia inmensamente, así como también a las hermanas de San José que, junto con ellos los sacerdotes, están cultivando este mensaje de la palabra de Dios y alimentando con él a nuestro pueblo.

Quiero alegrarme también, porque junto a los sacerdotes y las religiosas un grupo de hombres y de mujeres, celebradores de la palabra, catequistas, asociaciones parroquiales y católicos que sienten la responsabilidad de la Iglesia en este momento tan trascendental de la historia de El Salvador no desfallecen en su difícil misión de predicar este mensaje del Señor. Celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es tener la oportunidad de acercarnos a la fuente misma desde donde brota todo ese río que no terminará de correr hasta la consumación de los siglos. La Iglesia, con su mensaje, con su palabra, encontrará mil obstáculos, como el río encuentra peñascos, escollos, abismos; no importa; el río lleva una promesa: «estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos» y «las puertas del infierno no podrán prevalecer», contra esta Voluntad del Señor.

EL PECADO DE ORIGEN

¿Cuál es la Voluntad del Señor?. El misterio de la Inmaculada Concepción de María nos está ofreciendo a la luz de esas lecturas que acaban de escuchar cuáles son los designios de Dios para con nosotros los hombres.

En la lectura se nos ha recordado la gran tragedia. Nuestros primeros padres, creados en Gracia de Dios para transmitirnos no sólo la vida natural, sino transmitirnos también la filiación Divina, pero bajo la condición de que hubieran sido obedientes a Dios, no obedecieron. Seducidos por el demonio, Eva seduce a Adán, los dos padres del género humano pierden la amistad de Dios porque han desobedecido. Desde entonces la humanidad ha caído en lo que se llama el pecado original, el pecado de origen, el pecado que traemos de nuestros primeros padres. Ahora se preguntan muchos: ¿qué culpa tengo yo de que Adán y Eva hayan pecado para decir que yo soy pecador?. Distingamos, hermanos, hay dos clases de pecados, el pecado original y el pecado personal. El pecado personal es el que tú cometes con tu propia voluntad cuando desobedeces un mandamiento de la ley de Dios; tú has pecado, tú eres responsable de ese pecado. Como Adán y Eva que personalmente desobedecieron a Dios, cometieron un pecado personal.

Pero ¿qué sucede cuando se comete un pecado personal?. Se pierde la amistad de Dios, el pecador es un desobediente a la ley de Dios; todo el que peca rompe la amistad con el Señor, prefiere su pasión a la Voluntad, a la ley del Señor. Así, Adán y Eva prefirieron alcanzar la felicidad no por los caminos de la ley de Dios sino por el engaño del demonio que se rió después del engaño; los hizo caer en pecado y ya están en la desgracia privados de la Gracia de Dios. De esa pareja, privada de la Gracia de Dios, ya no pueden nacer hijos que en el mismo momento de ser concebidos Dios le transmita también su vida divina, si la han perdido, y, habiendo perdido la vida de Dios, no la pueden transmitir; sólo transmiten la vida natural. Pero la vida natural que Adán y Eva comenzaron a transmitir a sus hijos y que esa vida ha llegado hasta nosotros a través de nuestro padre y de nuestra madre que nos engendraron es una vida privada de la Gracia de Dios. No supone una culpa personal, supone una herencia. Supongamos una comparación: un señor, dueño de hacienda, le dice al administrador: por premio y confianza que tengo vas a ser el dueño de mis fincas, pero mientras me obedezcas; todos los hijos que nazcan de tu familia considérense de esta hacienda, pero con tal que me obedezcan. Y un día, este administrador, creyéndose ya el dueño de todo, comienza a mal baratar la hacienda, a desobedecer a su jefe, a su patrón. El patrón le dice: te lo daba con la condición de obedecerme, no me has obedecido, lo siento mucho, vete de mi hacienda, quedas desheredado. Y naturalmente desde entonces, aquellos hijos que hubieran nacido también participantes de la felicidad de aquella hacienda, nacen ya fuera de la hacienda, desheredados, desechados de su patrón. Este es el caso del pecado original. Adán y Eva cometieron un pecado personal y Dios los arroja del Paraíso, les quita la amistad divina y tienen que nacer sus hijos, nosotros, privados de la Gracia. No es una culpa, el pecado original, es la falta de una herencia. Dios no está obligado a darnos su amistad divina cuando los que la perdieron, ya la perdieron para toda la familia, es una herencia que se ha perdido.

EL CRISTIANO REGENERADO

Esto nos decía la primera lectura, de tal manera que María, hija también de Adán tenía que nacer desheredada de la Gracia de Dios, en pecado. Sin embargo, hoy estamos celebrando que María fue concebida sin pecado, ¿cómo es esta excepción? San Pablo nos ha traído hoy la explicación. Si ahora cristianos -nosotros- tenemos la dicha de volver a encontrarnos en la Gracia de Dios porque un sacerdote administró el bautismo, y el hijo del pecado original que fue el niño que nació, que fui yo, ya le borró el bautismo, por la sangre de Cristo en la cruz, el pecado original; ese niño se ha vuelto a hacer hijo de Dios, el paraíso se ha recuperado gracias a Cristo. Y si por desgracia, yo bautizado, cometo un pecado personal, una desobediencia a la ley de Dios, Cristo ha dejado un sacramento de reconciliación. El sacerdote en el confesionario está devolviendo el paraíso a muchas almas que han perdido la amistad con Dios. Leer más…

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En María descubrimos lo que todos somos.

viernes, 8 de diciembre de 2017
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luciara_virgenLc 1, 26-38

Comprendo muy bien lo difícil que es superar prejuicios que durante siglos han moldeado nuestra religiosidad. Me anima a internarlo el recordar que desde pequeño he visto en el escudo de nuestra orden una sola palabra: veritas. No es que los dominicos nos sintamos en posesión de la verdad, pero nos han enseñado a tenerla como el horizonte hacia el que tiene que caminar el ser humano para poder ser libre, como nos dice el mismo evangelio. La mejor manera de acercarnos a la verdad es superando los errores.

Una fiesta de María es siempre un motivo de alegría, incluso de euforia, diría yo. Ésta de la Inmaculada es para mí la más hermosa y la más profunda. Pero el motivo de esa alegría está más allá de la figura histórica de María. Intentaré explicarme.

De la historia real de María no sabemos casi nada. Los evangelios a penas dicen nada. De una cosa estamos seguros, Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal. En esa normalidad debemos descubrir la grandeza de su figura. Si fundamentamos su grandeza en los abalorios y capisayos que le hemos añadido durante siglos, estamos minimizando su verdadero ser y dando a entender que en sí, no es suficientemente importante, puesto que le valoramos más los añadidos que le hemos colocado que su ser esencial.

En el mismo título de la fiesta (inmaculada) enseña la oreja el maniqueísmo que, desde S. Agustín, ha infeccionado los más recónditos entresijos de nuestro cristianismo. Fijaos bien en lo que sigue. En el evangelio de Lc, el ángel llama a María “kejaritomene” = gratia plena = llena de gracia. Pues bien, los cristianos hemos terminado hablando de la “sin pecado”. Ejemplo de cómo la ideología de turno puede tergiversar el evangelio.

Es maniqueísmo el dar por supuesto que lo normal para todo ser humano, es un estado de pecado, y que para ser un verdadero ser humano, alguien tiene que liberarnos de esa lacra. Es insostenible el mantener hoy que todo ser humano nace deshumanizado. Ridiculizamos la idea de Dios cuando aceptamos que el mal está en el inicio de toda andadura humana. Dios es el fundamento de todo ser, también de todo ser humano. La plenitud nunca puede consistir en quitar algo, aunque se trate de un pecado. La plenitud está en el origen de todo ser, no se debe al esfuerzo personal a través de una vida.

Pablo nos dice: Él nos eligió, en la persona de Cristo, para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor. Esta sería la traducción exacta, y no ‘irreprochables’ como dicen la mayoría de las traducciones. La Vulgata dice: “inmaculati”. Nada parecido se dice de María en todo el NT, y sin embargo la llamamos Inmaculada. ¿Por qué nos da pánico reconocer nuestro verdadero ser? Sería la clave para una interpretación actualizada de la fiesta. No debemos conformarnos con mirar a María para quedarnos extasiados ante tanta belleza. Si hemos descubierto en ella toda esa sublime belleza, es porque hemos podido imaginarla gracias a la revelación de lo que Dios es en nosotros.

Lo que decimos de María, debemos descubrirlo en cada uno de nosotros. Es ridículo seguir discutiendo si fue concebida sin pecado desde el primer instante o fue pura e inmaculada un instante después. Lo que debe importarnos es que en María y en todo ser humano hay un núcleo intocable que nadie ni nada puede manchar. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotros mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella.

Dios no puede hacer excepciones ni puede tener privilegios con nadie. María no es una excepción sino la norma. En María descubrimos la verdadera vocación de todo ser humano. Ser como María no es la meta del hombre, sino que partimos de la misma realidad de la que ella partió. Lo que estamos celebrando en esta fiesta de María nos indica el punto de partida de nuestro trayectoria, aunque también el punto de llegada.

Sobre la figura de María hemos montado durante casi dos mil años, un tinglado tal, que no sé cuanto tiempo necesitaremos para volver a la sencillez y pureza originales. María no necesita ni adornos ni capisayos. Es grande en su simplicidad, no porque la hayan adornado. Ni Dios ni los hombres tienen nada que añadir a lo que María era desde el principio. Basta mirar a su verdadero ser para descubrir lo que hay de Dios en ella, eso que siempre será limpísimo, purísimo, inmaculado. Si lo hemos descubierto en ella, será más fácil tomar conciencia de que también está en cada uno de nosotros.

Me habéis oído muchas veces decir que Dios no puede darnos nada, porque ya nos lo ha dado todo. Todo lo que tenemos de Dios, lo tenemos desde siempre. Nuestra plenitud en Dios, es de nacimiento, es nuestra denominación de origen, no una elaboración añadida a través de nuestra existencia. Lo que hay en nosotros de divino, no es consecuencia de un esfuerzo personal, sino la causa de todo lo que puedo llegar a ser. Aquí está la buena noticia que quiso trasmitirnos Jesús, tan desconcertante que le costó la vida.

María no necesita ningún adorno. Necio sería el que pintara un diamante; estúpido, si cubriera de purpurina una perla; fatuo, si pretendiera adornar una rosa, que acabara de abrirse en la mañana; insensato, si intentara acariciar la mariposa que acaba de salir de su capullo. María es el diamante y es la perla, la pura rosa; y también la mariposa. Limpia de toda ganga es más hermosa. Pero no es sólo ella. Siete mil son los millones de diamantes, que habitan junto a mí esta tierra. No me debo asustar, pues hablamos de Dios. Dios encarnado, que es lo mismo que hablar de lo divino, aunque cubierto de tierra y barro. De nada me servirá descubrir la perla en María si no la descubro en mí.

Si en Jesús hemos descubierto lo divino, ¿Qué necesidad tenemos de María? Aquí está una de las claves de la fiesta. Hay una enorme diferencia entre la manera de llegar a descubrir en Jesús la presencia de lo divino y la manera de encontrar en María esa misma presencia. Nos hacemos una imagen de Dios partiendo de los conceptos que manejamos los humanos. Esos conceptos son muy limitados y al aplicarlos a lo trascendente se quedan siempre cortos. El concepto de Dios al que llegamos a través de Jesús, no lleva a una idea exclusivamente masculina de Dios. Ese Dios masculino queda privado de toda la riqueza conceptual que puede encerrarse en una idea femenina de Dios.

Ésta es la aportación genial que ha hecho el pueblo creyente atribuyendo a la figura de María todo lo que la teología oficial le impedía aplicar directamente a Dios. En María se puede desplegar lo femenino de Dios que es tan importante o más que lo masculino. Todo el machismo que destila nuestra religión, quedaría superado si nos atreviésemos a pensar un Dios absolutamente femenino. Hay en lo femenino riquísimos contenidos que pueden ayudarnos a tomar conciencia de lo que es Dios como madre para cada uno de nosotros.

Tuvieron que pasar varios siglos para que los cristianos empezasen a interesarse por la figura de María. Esto no invalida todo lo que se ha dicho sobre María, pero nos obliga a darle una valoración muy distinta. No podemos seguir interpretando como hechos históricos lo que son solo símbolos femeninos. No, María fue una mujer normal que llevó una vida normal. Nadie se fijó en ella. Cumplió siempre con sus obligaciones de madre y esposa. Eso que a nosotros nos parece una ordinariez, es lo más grande y digno de imitar.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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«Conquistar Canaán» por Carlos Osma

martes, 5 de diciembre de 2017
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guerrabibliaDe su blog Homoprotestantes:

Cristianos y cristianas lgtbi corremos los mismos riesgos que el resto cuando, decididos a apropiarnos de las palabras del texto bíblico, lo alejamos de tal forma de su sentido original que más que actualizarlo para que nos interpele, lo convertimos simplemente en una justificación de nuestros planteamientos previos. Aconseja el libro de Josué aquello de: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien[1]”. Algunos y algunas, decididos a prosperar y liberarnos de la ideología heteronormativa que nos ha pretendido robar el acceso a la Biblia, nos acercamos a ella de manera acrítica, repitiendo los mismos errores que cometen quienes la utilizan para deshumanizarnos y hacernos daño. Y cegados por nuestra voluntad inquebrantable de demostrar que somos fieles a lo que “nos dice la Biblia”, nos apropiamos de las promesas que supuestamente ella nos otorga: “Mira que te mando que seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas[2]”.

La primera vez que escuché los dos versículos que he citado anteriormente tendría unos quince o dieciséis años, fue en un encuentro de jóvenes cristianos que todo el mundo identificaba como heterosexuales. Para quienes allí estábamos, acostumbrados a ser una minoría insignificante en nuestro entorno, y llamados a evangelizar a toda persona que tuviéramos cerca, escuchar que Dios estaba del lado de nuestra pequeña minoría y que no nos abandonaría nunca; aunque parezca estúpido, nos otorgaba una identidad, un proyecto, y la falsa seguridad de que finalmente siempre tendríamos éxito. Al acabar el encuentro y volver a casa, busqué de nuevo estos textos y leí íntegramente el libro donde se encuentran. Allí descubrí que estas palabras fueron puestas en boca de Dios para decirle a Josué que, después de la huida de Egipto y de vagar durante años por el desierto, los israelitas tenían frente a ellos la tierra prometida donde podrían vivir en libertad. Para conseguirla bastaba con someter o expulsar a las personas que la ocupaban. No se hablaba de los sueños, de los sufrimientos, de la vida de quienes vivían en aquella tierra, eran simplemente personas que no formaban parte del pueblo de Dios y que no seguían la Ley; por tanto, eran susceptibles de ser eliminadas. Y así lo hicieron, en Jericó por ejemplo, “destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos[3]”. Algo que repitieron en el resto de ciudades hasta finalmente conquistar la tierra: “tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes y los hirió a filo de espada[4]”. Me escandalizó lo que leí, y me resultó imposible identificarme con el Dios de Josué, y la fe de quienes eran sus ciegos seguidores. Pero con el tiempo descubrí que todo lo que este libro explica forma parte del ADN de muchas comunidades cristianas: la fe en un Dios que divide el mundo en nosotros y ellos, y que anima a utilizar cualquier estrategia, por inhumana que sea, para imponer su voluntad. Todo ello apelando a una ley revelada e incuestionable.

Bastantes años después, estudiando más profundamente la Biblia, descubrí que el Dios con el que me topé en el libro de Josué, era realmente el Dios del rey Josías, que reinó en Judá entre el 639 y el 608 a.C. O más bien, al que apeló para llevar a cabo su proyecto político que consistía en expandir Judá hacia el norte para reconquistar el territorio de Israel, que casi cien años antes había caído en manos del Imperio Asirio, centralizar el culto en el Templo de Jerusalén y crear un gran Estado. Este proyecto necesitaba lo que hoy llamaríamos un relato que fuera consistente y le diera legitimidad. El libro de Josué lo consigue relacionando los anhelos de Josías con una historia heroica y triunfal sobre los orígenes del pueblo israelita, y haciendo del Libro de la Ley la norma divina básica que regía la vida del pueblo. Un Libro de la Ley que supuestamente el sumo sacerdote había descubierto en el Templo[5] durante el reinado de Josías, pero que los especialistas creen que fue compuesto en aquella época[6]. A Josías le importaba bien poco la vida de las personas que vivían en Israel, y por esa misma razón, su Dios quería acabar con ellas y robarles lo que era suyo. Pero de la misma manera, no daba valor alguno a la vida de sus súbditos, porque únicamente eran soldados al servició de sus aspiraciones. Que el Dios de Josías no podía cumplir sus promesas lo atestigua que finalmente este rey aspirante a mesías murió en la batalla de Meguido contra el rey de Egipto[7]. Veinte años después Nabucodonosor destruyó el reino de Israel, la ciudad de Jerusalén y el Templo, dando lugar a la deportación y el exilio a Babilonia de gran parte de la población israelita.

Muchos cristianos y cristianas de hoy, acostumbrados a reflexionar su fe a partir de una lectura literal de la Biblia que reconocen como Ley, siguen al Dios de Josías. Para ellos las personas lgtbi no tenemos vidas, ni esperanzas ni familias; solo somos una amenaza para sus deseos de conquistar el mundo a golpe de Biblia. Sus posiciones siempre son de lucha y confrontación, de posesión de la verdad frente a los que vivimos en el engaño, de depositarios de la salvación frente a quienes estamos perdidos en nuestro pecado. Y llaman a la guerra, una guerra que produce víctimas, que hace sufrir a gente a la que no quieren poner ni voz ni rostro, porque su teología se basa en la deshumanización de los diferentes. Se aferran a una Ley que llaman divina, pero que apesta a inhumanidad e intolerancia. Generan muerte sí, pero como Josías, no tienen futuro, porque quien predica y sigue a un Dios de muerte, finalmente logrará su objetivo de encontrarse cara a cara con él. Además, como en el caso de Josías, su discurso es sólo un falso relato disfrazado de religiosidad, con el que engañan a millones de personas que necesitan formar parte de un ejercito que les diga lo que tienen que hacer, y les prometa un mundo que no existe.

Ya hemos hablado de ellos, de quienes siguen al Dios de Josías, pero la pregunta más importante es sobre nosotros, sobre si las personas lgtbi debemos olvidar las promesas de Dios a Josué, y arrancar este libro de nuestras Biblias. En mi opinión, no creo que debamos hacer algo diferente a lo que hicieron los primeros cristianos cuando leían sus textos bíblicos: releerlos a partir del evangelio, de su experiencia con Jesús de Nazaret, y del Dios Padre que éste les había revelado. Un Dios de amor que llamaba a la salvación de todas y todos, que no hacía diferencia entre seres humanos, y que siempre se oponía a cualquier lectura legalista que produjese víctimas. Por eso más que idealizar la entrada de los israelitas en Canaán al gusto de los poderosos, quizás deberíamos tener en cuenta que en realidad sus tribus entraron de manera pacífica en el curso de las trashumancias[8]. Lo que buscaban no era expulsar o asesinar a otras personas, sino encontrar lugares donde poder vivir mejor junto a sus familias. Cuando cristianos y cristianas lgtbi llegamos frente a la tierra prometida, huyendo de aquel lugar donde no éramos humanos, sencillamente carne al servicio del Faraón heteronormativo; cuando por fin, tras dar vueltas por el desierto de la tentación, nos damos cuenta que ahora depende de nosotras y nosotros dar el paso definitivo que nos situará en una tierra más justa; deberíamos atrevernos a hacerlo teniendo en cuenta dos cosas importantes: Que las personas que allí viven deben ver respetada su voluntad de ser felices, y que nuestro bagaje, nuestra experiencia de liberación, no debe ser impuesta, pero sí compartida.

La sociedad en la que vivimos, la iglesia a la que pertenecemos, puede ser Egipto, y en ese caso solo nos queda la posibilidad de la huida si queremos ser felices. Pero también puede ser Canaán, una tierra con sus propias costumbres, que no nos lo pondrá fácil para construir lugares inclusivos pero donde es posible abrir espacios para la convivencia. En ese caso, podríamos dejar de escondernos, de permitir que otros y otras decidan por nosotros, de pasar desapercibidos. No es fácil, hemos sido educados para sobrevivir sin levantar sospechas, con una enorme capacidad para el mimetismo. Sin embargo, creo que ahora, para poder vivir en Canaán, ya no podemos conformarnos con eso, nuestro reto pasa por esforzarnos y ser valientes, no tener miedo ni desmayar, y confiar que el Dios de amor de Jesús esté a nuestro lado para poder vivir y compartir anhelos, sueños, temores, experiencias o deseos, de forma pública. Compartir no para hacer una sociedad a nuestra imagen y semejanza, sino una sociedad más inclusiva para todas y todos. Necesitamos una tierra como Canaán, pero Canaán también nos necesita a nosotras y nosotros. No lo lograremos con ejércitos ni con espadas, será el espíritu del Dios de amor de Jesús quien nos guie hasta la victoria definitiva. Una victoria donde la única víctima será la injusticia.

Carlos Osma

[1]    1,8

[2]    Jos 1,9

[3]    6,21

[4]    11,12

[5] 2 R 22,8.

[6] Finkelstein, I. “La Biblia desenterrada” (Editorial Siglo XXI. Madrid, 2003). Pág. 309.

[7] 2 R 23, 28-30.

[8] Von Rad, G. “Teología del Antiguo Testamento Vol I” (Ediciones Sígueme. Salamanca, 1969). Pág. 372.

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“Una Iglesia despierta”. 1 Domingo de Adviento – B (Marcos 13,33-37)

domingo, 3 de diciembre de 2017
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1609802_527682714013418_497079345_nLas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.

Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar Cristo, nos encuentre dormidos».

La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es solo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.

Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?

¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?

¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una “Iglesia dormida” a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?

¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede liberar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?

José Antonio Pagola

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” Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa”. Domingo 03 de diciembre de 2017. Domingo 1º de Adviento.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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01advientoB1cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!.
Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
1Corintios 1,3-9: Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Marcos 13,33-37: Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

La comunidad judía que retorna del exilio enfrenta un gran desafío: reconstruir los fundamentos de la nación, la ciudad y el Templo. No era una tarea fácil. La mayoría de los exiliados ya se habían organizado en Babilonia y en otras regiones del imperio caldeo. La mayor parte de los que habían llegado desde Judea cincuenta años antes ya habían muerto y los descendientes no sentían gran nostalgia por la tierra de sus padres. Los profetas los habían invitado continuamente a reconocer los errores que habían conducido a la ruina, pero la mayor parte de los exiliados ignoraban a los mediadores de Yahvé.

Algunos tomaron entre sus manos el proyecto de reconstruir la identidad, las instituciones y la vida de la nación. Sin embargo, no contaron inicialmente con mucho apoyo, Parecía una idea loca e innecesaria: para qué volver a Jerusalén si ya no haía remedio… Lo mismo nos ocurre a veces a nosotros, vivimos de la nostalgia del pasado pero no nos comprometemos a transformar la realidad del presente. Añoramos otros tiempos en que se vivía mejor, pero no rescatamos los valores que hacen posible una convivencia humana justa y equitativa.

Jesús hace a sus discípulos una recomendación que hoy nos sorprenden: mantenerse despiertos. ¡Todo lo contrario de lo que nosotros haríamos! Pero él tiene sus razones. Si cada día estamos embargados por las preocupaciones más superfluas, lo más seguro es que se nos pase la hora apropiada para realizar la misión que Jesús nos encomienda. Jesús, en el evangelio, nos enseña a estar en guardia contra los que creen que las enseñanzas cristianas son algo superfluo. El evangelio debe ser proclamado donde sea necesario, deber ser colocado donde se vea, debe ponerse al alcance de todos. Nuestra misión es hacer del evangelio una lámpara que ilumine el camino de la vida y nos mantenga en actitud vigilante.

 La interpretación que se daba a estos textos del evangelio que apuntan hacia el futuro o hacia la escatología estuvo casi siempre revestida de un tinte apocalíptico y de temor: el Señor había establecido un plazo, que se nos podría acabar en cualquier momento, imprevisiblemente, por lo cual necesitábamos estar preparados para un juicio sorpresivo y castigador que el Señor podría abrir en cualquier momento contra nosotros. «Que la muerte nos sorprenda confesados». Este miedo funcionó durante mucho tiempo, durante tantos siglos como duró una imagen mítica de Dios, excesivamente calcada de la imagen del señor soberano feudal que dispone despóticamente sobre sus súbditos. El miedo a la condenación eterna, tan impregnado en la sociedad cristiana medieval y barroca, hizo que la «huelga de confesonarios» pudo ser en determinados momentos un arma esgrimida por el clero contra las clases altas, por ejemplo por parte de los misioneros defensores del pueblo contra los conquistadores españoles dueños de esclavos (recuérdese el film La misión). Causa sonrisas pensar en la eficacia que una tal «huelga de confesionarios» pudiera tener hoy día… Y es que la estrella de la «vida eterna», el dilema de la salvación/condenación eternas, brillaba con su potencia indiscutible en el firmamento de la cosmovisión del hombre y la mujer premodernos… Pero son tiempos idos. Sería un error enfocar el comentario a evangelios como el que hoy leemos en esa misma perspectiva, pensando que nuestros contemporáneos son todavía premodernos…

El estado de alerta, la mirada atenta al futuro que evita el adocenamiento o la rutina… sí que es una categoría y una dimensión del hombre y de la mujer modernos. Si lo interpretamos como «esperanza», la pertinencia del mensaje aún es más vigente.

¿Qué puede significar «Adviento» para la sociedad actual? Como nombre de un tiempo litúrgico significa bien poco, y no habría que lamentarse mucho ni gastar pólvora inútilmente, pues cualquier día –tal vez más pronto que tarde- la Iglesia cambiará el esquema de los ciclos de la liturgia, que clama a gritos por una renovación. Lo que importa no es el tiempo litúrgico, sino el Adviento mismo, el «Advenimiento» –que eso significa la palabra–, el «noch nicht Sein» como diría Ernst Bloch, aquello cuya forma de ser consiste en «no ser todavía pero tratando de llegar a ser»… Ateo como era, Bloch construyó toda su poderoso edificio filosófico sobre la base de la utopía y la esperanza, y presentó en bellas páginas inolvidables la grandeza heroica del santo y del mártir ateo, capaz de dar la vida en aras de su esperanza… Ebeling, en la misma línea decía: «lo más real de lo real, no es la realidad misma, sino sus posibilidades»… Lo real más real no es sin más lo real, sino las posibilidades de ser que lo que hoy es lleva consigo.

Después de los años 90 del siglo pasado, estamos en un tiempo en el que se dice que se ha dado un «desfallecimiento utópico». Con el triunfo del neoliberalismo y la derrota de las utopías (no «de las ideologías», alguna de las cuales siguen muy vivas), la cultura moderna –o mejor posmoderna- castiga al pensamiento esperanzado y utopista. El ser humano moderno-posmoderno está escarmentado. Ya no cree en «grandes relatos». Se nos ha impuesto una cultura anti-utópica, antimesiánica, a-escatológica, ¿sin esperanza?, a pesar de la brillantez de que hacen gala los productos de la industria mundial del entretenimiento; detrás del atractivo seductor de ese entretenimiento, la imagen de ser humano que queda está ayuna de toda esperanza que trascienda siquiera mínimamente el «carpe diem» o el «disfruta la vida». ¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad… ¿Cómo pues?

El Advenimiento que esperamos los cristianos no es la Navidad… Ni siquiera es «el cielo»… ¡Es el Reino! No es otro mundo… es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»! Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía: «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura anti-utópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… Podríamos no celebrar el adviento, pero no podemos dejar de darnos la mano con los santos y mártires ateos (quedan pocos) y con todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo.

Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno-sororal y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó «malkuta Yahvé» en su boca aramea, Reino de Dios, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio, ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta». Leer más…

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Dom 3.12.17. Ésta es la hora. Meditación de Adviento

domingo, 3 de diciembre de 2017
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 1 Adviento, ciclo B. Mc 13, 33-36.Ha terminado litúrgicamente el año del Señor, con la llamada a juicio de Mt 25, 31-46. Hoy empieza el nuevo año del Señor, con sus cuatro domingos de preparación (Adviento).

Ésta es la hora de la promesa, como indicará esta meditación de Advientocon la palabra de llamada y esperanza: Despertaos:

− Una Palabra de Dios (y de aquellos que nos han llamado a esta vida ) nos ha traído al mundo, y por ella seguimos viviendo en esperanza, pues si no fuera así (sin esperar) habríamos muerto hace milenios.

− Pero vivimos y seguimos avanzando, sobre un foso de amenazas, pero también de bellísimas tareas , y por eso debe os despertar un año más y superar las tempestades y los riesgos, en un tiempo que sigue amenazado por la muerte.

La liturgia de este domingo primero de adviento se atreve proclamar de nuevo su esperanza, como una gran trompeta, que no llama ya para la muerte, sino para la vida, por encima de las cuatro bestias que un día como hoy descubrió en el horizonte el profeta Daniel (Dan 7), como friso de pavor en la pared de los imperios: Un león, un oso, un leopardo… (poder de violencia…)y finalmente una más fuerte que todas, la del hierro de la guerra sobre pies de barro.

images-1Perseguidos por esa gran bestia (¡barro somos, con armas de hierro pretende matarnos!), podemos detenernos un año más (viene 2018), para escuchar lallegada (el Adviento) del Hombre de Dios, conforme a la esperanza profética, recreada por Jesús, de manera que podemos y debemos despertar. Es el tiempo de la gran palabra: Despertaos.

Empieza así otra vez el Adviento y vamos a celebrar de nuevo la esperanza, marcada por la Venida de Dios en quien creemos, Dios del sol y de la tarde huidiza sobre el agua de la vida. Así lo proclama este evangelio, que extiende ante nosotros una vía de esperanza. La palabra de este tiempo es “velad”, es decir, despertaos (agrhypneite: salid del sueño), mantened vuestra esperanza ante la llegada del Hombre Nuevo, no dejéis que el miedo o el sueño os domine. Buen día a todos, buen Adviento. Llega Dios, es decir, debemos llegar nosotros mismos, como nueva humanidad.

Texto litúrgico ampliado: Mc 13, 28-36

No me quiero limitar al texto reducido de la liturgia (Mc 13, 33-36). Prefiero verlo en su entorno (Mc 13, 28-26), mirado desde todo Mc 13, el más duro y más consolador de todos los textos de esperanza cristiana, un pasaje lleno de guerras y enfrentamientos, de hambres y terrores, pero también de caminos abiertos y presencias activas.

Este capítulo recoge la palabra que Jesús dirigió a sus cuatro discípulos primeros (Pedro y Andrés, Santiago y Juan), sobre el Monte de los Olivos, abriendo sus ojos, para que vieran el misterio de los tiempos (cf. Mc 13, 3-4).(El material de este comentario lo tomo de mi Evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2012)

a. (Está a las puertas)….
28 Fijaos en lo que sucede con la higuera. Cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, conocéis que se acerca el verano. 29 Pues lo mismo vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que ya está cerca, a las puertas.

b. (En esta generación, ya ha llegado)
30 Os aseguro que no pasará esta generación sin que todo esto suceda. 31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

b’ (Ni Cristo sabe, ni lo sabe el Hijo)
32 En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre.

a’ (despertad)
¡Cuidado! Despertaos (agrhypneite: salid del sueño), porque no sabéis cuándo llegará el momento. 34 Sucederá lo mismo que con aquel que se ausentó de su casa, encomendó a cada uno de los siervos su tarea y encargó al portero que velase. 35 Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. 37 Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡Velad!

Éste es el final del final

evangelio-de-marcosEl evangelio de Marcos ha dicho lo importante sobre la crisis de los tiempos, con la llegada del Hijo del Hombre, es decir, de la humanidad verdadera (Mc 13,24-27). Pero a fin de completar ese mensaje (¡viene el Hijo del Hombre!) en forma positiva, en clave de advertencia eclesial, este pasaje recoge dos palabras distintas pero complementarias.

(a) Por un lado la certeza de que hay Dios, y Dios mismo nos despierta, desde dentro, para que podamos asumir nuestra más honda realidad de humanos/divinos.
(b) Por otro lado la exigencia de que nosotros mismos salgamos del sueño en que estamos hundidos, un sueño de fantasías y violencias (Heidegger), de impotencias aprovechadas por los “opresores de turno”.

Esta es nuestra definición más honda: Somos seres que podemos despertar…

— (b) Todas estas cosas han de suceder en esta generación (13, 30).Ésta es una palabra que se puede atribuir al Jesús histórico: en esta misma generación (en este tiempo que es el nuestro) se cumple ya todo. Estamos al fin de los tiempos, ante la Hora decisivo. El Evangelio de Marcos dirige esta palabra de Jesús a los lectores/oyentes de su evangelio. Ahora, cuando se proclama esta palabra, sucederán estas cosas.

— (b’) Pero el día y la hora nadie sabe nada, ni siquiera Cristo, ni siquiera el Hijo de Dios, sino sólo el Padre (Mc 13, 32). Estas palabras han de tomarse absolutamente en serio: ni siquiera Cristo supo o calculó los tiempos; anunció y preparó la llegada de Dios, pero no anduvo fijando fechas. Esto significa que debemos evitar todo cálculo de tiempo; vivir en vigilancia, pero sin adivinanzas que no tienen sentido. El mismo Cristo deja el tiempo en manos de Dios Padre.

La culminación del tiempo es Dios (=nuestra vida en Dios)

Ante el misterio del fin (ante la hora) sólo existe una respuesta, sólo puede darse una palabra: ¡Estamos en manos del Padre, el único que sabe! Desaparecen todas las instancias de poder o ciencia, de lucha o angustia del mundo. Quedan en segundo plano los ángeles, lo mismo que los hombres y mujeres de la tierra, todo lo que pueden hacer o maquinar los poderes de la tierra. El mismo Hijo, a quien Dios ha dado su Espíritu y palabra (cf. Mc 1, 9-11), está a la escucha de Dios. En la raíz y meta de todo se halla el Padre, él solo es quien sabe.

Dios es Dios, ésta es la palabra, por tanto «despertad» (que Dios despierte en vosotros)

Pero, al mismo tiempo, sabiendo que todo se condensa en Dios, el evangelio nos sigue diciendo que estamos en la noche que precede a la aurora de la salvación. Como siervos vigilantes debemos mantenernos en el tiempo de tiniebla de este mundo, llenos de esperanza. Leer más…

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Súplica, realidad, vigilancia. Domingo 1º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

¿Cuatro semanas para prepararnos a recordar el nacimiento de Jesús? No. El Adviento es más que eso. No se trata de recordar romanticamente un hecho pasado, se trata de comprender a fondo lo ocurrido y prepararnos para el encuentro definitivo con el Señor.

Suplica (Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7)

La primera lectura nos sitúa siglos antes de la venida de Jesús. El pueblo de Israel se ve como un trapo sucio, como árbol de ramas secas y hojas marchitas. La situación no sería muy distinta de la nuestra. Pero el pueblo, en vez de culpar a los políticos, a los banqueros, al FMI, a Putin y a Trump, piensa que todo se debe a que Dios le oculta su rostro por culpa de sus pecados, porque nadie invoca su nombre ni se aferra a Él. Lo lógico sería que el pueblo prometiese cambiar de conducta, interesarse por Dios. Sin embargo, en vez de prometer un cambio le pide a Dios que sea él quien cambie: que recuerde que es nuestro Padre (la idea aparece al comienzo y al final de la lectura), que vuelva, rasgue el cielo y baje. ¿Cómo responderá Dios a esta petición?

Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre de siempre es Nuestro redentor. Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos y endureces nuestro corazón para que no te tema? Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad. iOjalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia! Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en e1. Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos. Estabas airado, y nosotros fracasamos: aparta nuestras culpas, y seremos salvos. Todos éramos impuros, nuestra justicia era un paño manchado; todos nos marchitábamos como follaje, nuestras culpas nos arrebataban como el viento. Nadie invocaba tu nombre ni se esforzaba por aferrarse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas en poder de nuestra culpa. Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tu mano.

Realidad (1 Corintios 1,3-9)

La respuesta de Dios supera con creces lo que pedía el pueblo en la lectura de Isaías, aunque de modo distinto. Dios Padre no rasga el cielo, no sale a nuestro encuentro personalmente. Envía a Jesús, y mediante él nos ha enriquecido en todo y nos llama a participar en la vida de su Hijo. Por consiguiente, añade Pablo, “No carecéis de ningún don”. En una época de crisis, en la que tanta gente se lamenta, a veces con razón, de las muchas cosas de que carece, estas palabras pueden resultar casi hirientes: “No carecéis de ningún don”. Buen momento el Adviento para pensar en qué cosas valoramos: si las materiales, que a menudo faltan, o las que proporciona Jesús: la certeza de que Dios es fiel, está de nuestra parte y nos mantendrá firmes hasta el encuentro final con Él.

Hermanos: La gracia y la Paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado, el testimonio de Cristo. De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. El os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de que acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

Vigilancia (Marcos 13, 33-37)

No deja de ser irónico que precisamente el evangelio no hable de Dios Padre ni de Jesús. Se centra por completo en nosotros, en la actitud que debemos tener: “vigilad”, “velad”, “velad”. Tres veces la misma orden en pocas líneas. Porque el Adviento no es sólo recordar la venida del Señor, es también prepararse para el encuentro final con Él.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuando es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: !Velad!”

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo B. 3 diciembre, 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017
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1adviento

“Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos. ¡Velad!”

(Mc 13, 33-37)

¡Ya está cerca! Es lo que nos dice y nos repite este tiempo de Adviento. Es la cuenta atrás de algo querido y esperado. La emoción empieza a hacernos cosquillas en el corazón porque lo que esperamos, mejor dicho, a quien esperamos es bueno, ¡muy bueno!

Como sucede cuando esperas a alguien miramos el reloj una y otra vez, como si al mirarlo hiciéramos que el tiempo pasara más deprisa. Y repetimos con emoción: ¡Ya llega!, ¡Ya queda menos! ¡MARANATHA!

Es Jesús mismo quien, al empezar el Adviento, nos aconseja que estemos despiertas. ¡Velad!  El día de Navidad tiene fecha en el calendario, pero el momento en el que Él se va a hacer presente en nuestra vida no sabemos cuál es.

Nos puede sorprender en la oración, pero también en el autobús, en una enfermedad, o en la mirada de una persona querida.

No, no sabemos el día ni la hora. Tampoco el lugar. En este primer domingo de Adviento te invitamos a traer al corazón algún momento de encuentro con Dios que haya sido significativo en tu vida, ese momento, o momentos, que guardas como un tesoro.

Acércate a él, destápalo despacio, como quien saca un objeto valioso de su caja y contémplalo. Deja que haga vibrar tu corazón, que lo ponga en marcha para empezar este Adviento. No tengas prisa; saborea tu recuerdo. Y cuando termines, no lo guardes, déjalo visible. Sí, como un adorno navideño. O como ese objeto que solo tú y otra persona sabéis que tiene mensaje.

Los símbolos nos conectan con nuestra realidad más profunda, por eso ante ellos experimentamos algo más que recuerdos. Son aliento y confianza.

Oración.

Enciende, Trinidad Santa, en nuestro corazón, esos recuerdos de tu paso por nuestras vidas, para que nuestro corazón pueda ser un lugar acogedor en el que vengas a nacer.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Sólo el despierto descubrirá que vive.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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jesus-meditando-600x400Mc 13, 33-37

Estamos en el día de Año Nuevo de la liturgia. Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús, si no nos obliga a vivir en constante Adviento. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora (mitología). Lo verdaderamente importante es descubrir que está viniendo en este instante.

Todo el AT está atravesado por la promesa y por la espera. Según el relato bíblico. Dios les va prometiendo lo que ellos, en cada momento más ansían. A Abrahán, descendencia; a los esclavos en Egipto, libertad; a los hambrientos en el desierto, una tierra que mana leche y miel; cuando han conquistado Canaán, una nación fuerte y poderosa; cuando están en el Exilio, volver a su tierra; cuando destruyen el templo, reconstruirlo; etc., etc. En el AT siempre les promete cosas terrenas porque es lo único que ellos esperan. Jesús promete algo muy distinto. «He venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Según el AT Dios les puso la zanahoria delante de las narices o el palo en el trasero para hacerles caminar según su voluntad. Tomado al pie de la letra sería ridículo. Dios no hace promesas para el futuro, porque ni tiene nada que dar ni tiene futuro. Las promesas de Dios son hechas por los profetas, como una estratagema para ayudar al pueblo a soportar momentos de adversidad, que ellos interpretaban como castigo por sus pecados. Nada de lo que anunciaron los profetas, se cumplió en Jesús. Gracias a Dios, porque todos los textos están encaminados hacia una salvación de seguridades materiales. Hoy podemos entender aquellas imágenes como metáforas de la verdadera salvación.

La clave del relato evangélico está en la actitud de los criados. Nos quiere decir que Dios está siempre viniendo. Él es “el que viene”. La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándole a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de fuera, lo tengo ya dentro.

Vigilad. Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida dormido, no pasa nada. Esto es lo que tendría que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es: o plenitud humana o simple animalidad.

Pues no sabéis cuándo es el ‘momento’. En griego hay dos palabras que traducimos al castellano por “tiempo”: “kairos” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, relacionado con el movimiento de los cuerpos celestes. Kairos sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión. Por no tener en cuenta esta sencilla distinción, se han hecho interpretaciones descabelladas. En el evangelio que acabamos de leer, se habla de kairos. Naturalmente que el hombre, como criatura se encuentra siempre en el chronos, pero lo verdaderamente importante para él es descubrir el kairos.

El punto clave de nuestra reflexión debe ser: ¿Esperamos nosotros esa misma salvación que esperaban los judíos? Si es así, también nosotros hemos caído en la trampa. Jesús no puede ser nuestro salvador. La mejor prueba de que los primeros cristianos, verdaderos judíos, no estaban en la auténtica dinámica para entender a Jesús, es que no respondió a sus expectativas y creyeron necesaria una nueva venida. Esta vez sí, nos salvará de verdad, porque vendrá con “poder y gloria”. ¿No os parece un poco ridículo? La médula de su mensaje es que la salvación, que Dios nos ofrece, está en la entrega y el don total.

Las primeras comunidades oraban: “Maranatha” (ven Señor). Vivieron la contradicción de una escatología realizada y otra futura. “Ya, pero todavía no”. “Ya” por parte de Dios, que nos ha dado ya la salvación. “Todavía no” porque seguimos esperando una salvación a nuestra medida y no hemos descubierto la verdadera salvación, que ya poseemos. Aquí radica el sentido del Adviento. Porque “todavía no” ha llegado la verdadera salvación, tenemos que tratar de adelantar el ya. Eso no lo conseguiremos si seguimos dormimos.

Luchar por un mayor consumismo, y creyendo que en él está la verdadera salvación, sería una trampa. Descubrir ese engaño sería estar despiertos. El ser humano sigue esperando una salvación que le venga de fuera, sea material, sea espiritual. Pero resulta que la verdadera salvación está dentro de cada uno. En realidad Jesús nos dijo que no teníamos nada que esperar, que el Reino de Dios estaba ya dentro de nosotros. En este mismo instante está viniendo. Si estamos dormidos, seguiremos esperando.

La falta de encuentro se debe a que nuestras expectativas van en una dirección equivocada. Esperamos un Dios que llegue desde fuera. Esperamos actuaciones espectaculares por parte de Dios. Esperamos una salvación que se me conceda como un salvoconducto, y eso no funciona. Da lo mismo que la espere aquí o para el más allá. Lo que depende de mí no lo puede hacer Dios ni lo puede hacer otro ser humano. Esta es la causa de nuestro fracaso. Seguimos esperando que otro haga lo que solo yo puedo hacer.

La religión me ofrece salvación, pero solo me salva de las ataduras que ella mismo me ha colocado. Dios es la salvación y ya está en mí. Lo que de Dios hay en mí es mi verdadero ser. No tengo que conseguir nada ni cambiar nada en mí auténtico ser, simplemente tengo que despertar y dejar de potenciar mi falso yo. Tengo que dejar de creer que soy lo que no soy. Esta vivencia me descentrará de mí mismo y me proyectará hacia los demás. Me identificaré con todo y con todos. Mi falso ser, mi individualidad, se desvanece.

El verdadero problema está en la división que encontramos en nuestro ser. En cada uno de nosotros hay dos fieras luchando a muerte: Una es mi verdadero ser, que es amor, armonía y paz; otra es mi falso yo, que es egoísmo, soberbia, odio y venganza. ¿Cuál de las dos vencerá? Muy sencillo y lógico. Vencerá aquella a quien tú mismo alimentes.

Como los judíos, seguimos esperando una tierra que mane leche y miel; es decir mayor bienestar material, más riquezas, más seguridades de todo tipo, poder consumir más… Seguimos pegados a lo caduco, a lo transitorio, a lo terreno. No necesitamos para nada la verdadera salvación o, a lo máximo, para un más allá. Si no sientes necesidad no habrá verdadero deseo, y sin deseo no hay esperanza. Hoy ni los creyentes ni los ateos esperamos nada más allá de los bienes materiales. También Dios sigue esperando.

Meditación

Para ver se necesita tener los ojos abiertos,
Pero también se necesita la luz.
Para nosotros la luz es Jesús.
Despertar solo depende de mí.
Puedo pasarme la vida entera dormido,
pero entonces no podrás culpar a nadie.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Una película dirigida a nadie

domingo, 3 de diciembre de 2017
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the-savior-suffers-in-gethsemane-_dsc0589-1800El amor da sentido a este mundo (Mónica Naranjo)

3 de diciembre, domingo I de adviento

Mc 13, 33-37

Que, al llegar de repente, no os sorprenda dormidos

El pueblo pide una teofanía, y el profeta Isaías la pide en arrebato: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes (Is 63, 19b) con tu presencia, como fuego que prende en los sarmientos o hacer hervir el agua!” (64, 1).

Cicatrices grabadas –(¿o filmadas, quizás?) – a sangre y fuego sobre la piel sensible de la Tierra. Penetrantes heridas que nos permiten ver el Evangelio con ojos de Proyecto salvador de Vida. Ojos de visión persistente y aguda, con aires de novedad y frescor de existencia“El amor da sentido a este mundo”, canta la artista Mónica Naranjo, protagonista de un videoclip rodado en la catedral de la Sagrada familia, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Barcelona, el coro Piug-reig y las gaitas Xuntanza de Cataluña: “Avui vull agrair la fie del sel, y amb tu celebrar que soc viu”. (“Hoy quiero agradecer la vida al cielo, y contigo celebrar que estoy vivo”). Un amor como el mostrado el pasado domingo 19 por el Papa Francisco en la Jornada Mundial de los Pobres, invitando a comer a 2500 menesterosos en Roma.

Quiso mantenerles alegres y despiertos, haciéndoles vivir durante un tiempo como la abeja que disfruta del néctar del pétalo de la flor y, al mismo tiempo, la fecunda. Y que, como dice el Evangelio: “Que al llegar Jesús, no os sorprenda dormidos” (Mc. 13, 36).

El inglés John Newton (17234-1807), comerciante de esclavos, y luego clérigo protestante, se hizo líder de la campaña parlamentaria para suprimir la trata de esclavos africana. Vio restañadas dichas cicatrices en su himno “Amacing Grace”, en el dolorido rostro de la esclavitud. Dice así:

“Sublime gracia del Señor que un infeliz salvó.
Fui ciego, mas hoy miro yo, perdido y él me halló. 

Su gracia me enseñó a temer, mis dudas ahuyentó.
¡Oh, cuán precioso fuera a mi ser al dar mi corazón!

En los peligros y aflicción que yo he tenido aquí,
su gracia siempre me libró, y me guiará feliz.

Y cuando en Sión por siglos mil, brillando esté cual sol,
yo cantaré por siempre allí, su amor que me salvó”.

(La violinista japonesa Ayako Ishikawa, tiene una versión preciosa del mismo, que puede audiovisualizarse en Internet).

Pablo Neruda lo cantó también de esta manera:

“Tengo deberes de mañana.
Trabajos de mediodía.
Debo abrir ventanas, echar abajo puertas,
romper muros, iluminar rincones.
Debo repartirme hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra”.

En definitiva, Una película sin destino particular, pero llena de esperanza, dirigida al mundo entero, como lo canta en esta Oda el poeta chileno:

ODA A LA CLARIDAD

No puedo
quedarme sentado.
Hasta luego.
Mañana
nos veremos.
Hoy tengo muchas
batallas que vencer.
Hoy tengo muchas sombras
que herir y terminar.
Hoy no puedo
estar contigo, debo
cumplir mi obligación
de luz:
ir y venir por las calles,
las casas y los hombres
destruyendo
la oscuridad. Yo debo
repartirme
hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Deterioro o evolución? ¿Vejez o gestación?

domingo, 3 de diciembre de 2017
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cosmosEmpieza el Adviento. ¿Para qué sirve el calendario litúrgico – los tiempos litúrgicos?

Si lo representamos gráficamente visualizamos un círculo donde empezando con el Adviento, recorremos los tiempos de la vida de Jesús, con sus celebraciones más importantes y los tiempos ordinarios que culmina con la celebración de Cristo Rey del Universo.

¿Acaso no es así la rueda de la vida? Tiempos de gestar, de dar a luz, de alimentar y cuidar de esa vida, tiempos ordinarios de vivir la rutina, el día a día buscándole el sentido a todo lo que ocurre en estos tiempos a veces áridos, o sin más. Otros, tiempos de persecución, de sufrimiento, de muerte, de enterrar y dejar ir, y tiempos de primavera en que la vida brota de nuevo. Y al final, de las etapas, un reconocimiento en los y las discípulas de que Jesús es el Señor, el “kerygma” de la comunidad cristiana.

Luego necesitamos tiempos de asimilar, de ser iluminados por dentro (Pentecostés: Él se hace presente, es el aliento de nuestra vida, de nuestra historia y de la del Universo, y por fin, empoderadas con esa Vida, llega el tiempo de trabajar, la misión, el envío en su nombre: las múltiples tareas en las que posiblemente los que leemos estos comentarios estamos involucrados pero, ¡observad! Cuán poco se nos consulta para tomar decisiones, para ir reformando la iglesia, desde abajo, para actualizarla y que diga algo al mundo de hoy.

Podemos decir que nos miramos en el tiempo litúrgico, como en un espejo, para entendernos desde las claves: “Jesús” y “comunidad cristiana”.

Buscando un icono de Adviento que me ayude a entrar e interiorizar este tiempo con su mensaje profético, me brota con fuerza el abrazo de Isabel y María. Mujeres embarazadas de la Vida, por obra del Espíritu. Mujeres bisagra entre el primer testamento y el segundo.

Isabel, mujer del Antiguo Testamento o primero, lo que llamamos la Ley, es estéril. Es decir, nos dice Lucas que el A.T. ha llegado a su fin, ya no puede engendrar más.

Nuestro texto de hoy, (Mc 13,33-37) típico de finales del año litúrgico, con lenguaje apocalíptico: “no sabéis cuando va a ser el momento” se refiere a la pasión del discípulo; “deja su casa” se refiere a la nueva comunidad. “Su autoridad” se refiere al Espíritu para borrar el pasado y comunicar vida. “Su tarea”, al modo personal de ejercer el servicio. “El portero,” a la comunidad en cuanto ha de abrir las puertas a todos. “Mantenerse despiertos”, a mantenerse fieles a las actitudes de Jesús y aceptar sus consecuencias…

Como decía, el texto de hoy adquiere vida, para mí, si lo leo desde el prisma del encuentro de Isabel y María, como icono de abrazar el pasado, para despedirlo, dejarlo ir, porque está estéril ya, y acoger el futuro, la comunidad de Jesús, que María está gestando. ¿Deterioro o Evolución? Depende de cómo se mire. Mejor interpretar que si dejamos con respeto ir lo viejo, evolucionamos, como el cosmos mismo, hacia un presente-futuro en continuo cambio, en continuo proceso hacia la Vida.

Isabel es bisagra porque está abierta. Zacarías representa lo viejo, lo incrédulo, por ello se le representa mudo, el primer testamento ya no tiene nada que comunicar. Su fe está dormida, anclada en un pasado. Isabel, aun siendo estéril biológicamente, queda llena del proceso de ir formando la vida que Dios ha querido regalarle.

¡Cuánta miga para nuestro hoy! “No os durmáis” nos dice Marcos, el sestear ralentiza la evolución. Si bloqueamos la energía de Dios, enmudecemos. No tenemos nada que decir. Y nos dedicamos a servirnos de las necesidades de los demás para sentirnos útiles, y justificar nuestra esterilidad.

Si seguimos mirando el pasado, la curia, envejecida y siempre con necesidad de renovación, paralizada, las parroquias cada vez con más espacio y el mundo cristiano no cristianizado, los que no están y tendrían que estar, los hijos que no aparecen por la iglesia…

Pero, la sabiduría del Adviento, mágico tiempo, nos va dando luz progresivamente indicándonos, de nuevo, que el camino es de Dios y éste me invita a dejar de dormitar, a ponerme en camino a la montaña donde Isabel me espera, porque ella como tú y yo está desconcertada por la vida que le sobrepasa.

El ponernos en camino, la apertura al misterio, el estar conectados, despiertos, abiertas al paso de Dios, permite que su energía desbloquee los tumores del alma, y siga la evolución de la comunidad cristiana, regalo y responsabilidad.

La iglesia necesita este Adviento. No es un tiempo de preparación para la Navidad, o sea de compras, de organización de comidas…sólo los y las que están despiertos son las vírgenes que engendran vida. Su inocencia les permite creer en el misterio.

Hoy la comunidad científica está revolucionada porque ha podido escuchar el eco del big bang o explosión original que dio origen a la vida.

Hoy la comunidad cristiana está a la escucha del paso de Dios, en nuestro mundo, en nuestra vida. Porque lo nuevo no viene de fuera, sino que lo sentimos y tocamos por dentro. “Manteneos despiertos, ahuyentad el sueño que no sabéis cuando va a ser el momento”.

¡Maranatha!

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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Fuente Fe Adulta

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Quien deja de esperar, deja de vivir.

domingo, 3 de diciembre de 2017
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01advientob1Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

ADVIENTO.

Comenzamos el año litúrgico con el tiempo de Adviento formado por los cuatro domingos, las cuatro semanas en las que nos preparamos a celebrar la Navidad.

02. VELAD.

El ser humano vive humanamente en cuanto aspira y proyecta, es decir, en cuanto espera.
Podríamos definir al ser humano como aquel que continuamente espera y queremos salir de nuestras limitaciones hacia una vida más plena y mejor. Somos una inquietud radical hacia el futuro.

En lo profundo de nuestro corazón hay una extraña potencia que nos dice que, aunque nuestra vida está tocada por las limitaciones y la muerte, no obstante, la vida tiene sentido y tiene un futuro.

Vivimos nuestra propia existencia como llamados al futuro. Somos un proyecto humilde y sencillo a realizar.

03. ¿QUÉ SERÁ DE MÍ?

77b5b734c8bb1540513e7236a3a2f885La experiencia que tenemos de nuestra vida, del mundo y de la historia es la de ser cuestiones penúltimas (no últimas) y de aquí nace la aspiración a una realidad plena y definitiva.

Todo ser humano que viva despierto -velad- vive con la pregunta de ¿qué será de mí mañana, pasado mañana? ¿Qué será de mí mismo, de mi trabajo, de mis proyectos, de mis aspiraciones, de mi familia y de otros seres cercanos o lejanos? ¿Qué será de la sociedad, de los desarrollos políticos, qué será de la vida, del universo?

La cuestión del futuro está ligada inseparablemente a la vida humana.

Velar, vivir lúcidamente es vivir esperanzadamente.

04. LA SEDACIÓN DEL BLACK FRIDAY
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Si en otros tiempos no lejanos se vivió -vivimos- con una esperanza tortuosa, quizás hoy en día vivimos con la esperanza anestesiada, o simplemente sin esperanza.

Las grandes cuestiones de la vida han sido recortadas y la cultura de la sociedad actual en occidente vive narcotizada. La vida es un divertimento, una supuesta “black (negritud – noche) freeday (libertad, día de libertad)”.

Pero cuando, por las circunstancias que fueren, uno despierta del sueño de esa “noche mágica” de ofertas, descuentos, de vuelos y viajes de consumismos, tiene -tenemos- ante nuestros ojos los eternos problemas humanos: ¿qué sentido tiene todo esto, si es que tiene alguno? ¿Por qué tanto sufrimiento y dolor? ¿Y la muerte?

No vendamos el presente fascinante a precio de futuro absoluto.

04. LA ESPERANZA PROTEGE.

f9ab959dd76581dea4215cc491a54139La esperanza protege de la desesperación y libera de la esclavitud de la frustración y el fracaso.

El cristiano que espera vive libre, no esclavo de los totalitarismos del consumo capitalista. Quien espera procede de modo no neurótico, ni fanático, ni con ansiedad.

El futuro que vigilantemente esperamos es la alegría del presente. El“más allá” es la fuerza del “más acá”.

05. EVANGELIZAR ESPERANZA.

Llama la atención que la Iglesia y gran parte de sus preocupaciones pastorales en nuestros ámbitos estén en cuestiones y problemas muy secundarios y no comuniquemos a unas gentes tan deprimidas y adormecidas un poco de esperanza.

Se habla y se achaca mucho a la gente, a la sociedad de laicismo, de secularización, de postcristianismo, etc. Se condenan divorcios, homosexualidades, incluso independentismos (cardenal Cañizares y el obispo de Almería), pero el problema es muy otro. El problema es que la gente no tiene ni futuro, ni ganas de vivir. (En el País Vasco tenemos un suicidio cada dos días, y hay que pensar que los intentos de suicidio hay que multiplicarlos por diez. No olvidemos el problema de la depresión, que si es un problema médico, mucho más es un problema cultural y de criterios).

Evangelizar hoy en día entre nosotros podría ser comunicar confianza en el futuro, esperanza.

06. EL FUTURO ES DIOS.

acb6c736023e921f629777512eba108fLa solución es el Mesías, salvador. Y el futuro absoluto del hombre es Dios

Estamos comenzando el Adviento, que fortalece nuestra esperanza en el futuro absoluto. Nosotros no esperamos ya una navidad, un nacimiento de Jesús. Agradecemos la Encarnación de Dios en Jesús, pero nosotros miramos al futuro absoluto, esperamos y confiamos en nuestra conclusión en Dios.

Decía el filósofo alemán Martín Heidegger que solamente Dios puede salvarnos.

En las situaciones de crisis sociales, culturales, eclesiásticas o personales más profundas, escuchemos la Palabra: pronto viene el Señor, no hurgues más en la herida. Te salvaré no temas, hemos rezado-cantado en el Rorate.

Esta vivencia acontece en lo profundo de nuestro ser y después se traduce en la vida. Esta experiencia liberadora surge en la debilidad de la esperanza.

La esperanza es débil, es la virtud (virtus: fuerza) más humilde. La esperanza, como el grano de trigo, es humilde, sencilla, pero llena de vida.

Porque la esperanza es débil la podemos perder con alguna facilidad. De esto saben mucho los depresivos, los psiquiatras, los maestros de espiritualidad, posiblemente todos nosotros.

Esperemos atentamente contra toda esperanza.

VEN PRONTO, SEÑOR.

 

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“Un juicio extraño”. 26 de noviembre de 2017. Solemnidad de Cristo Rey. Mateo 25, 31 – 46

domingo, 26 de noviembre de 2017
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01_ultimate_exterface(Imagen Exterface)

Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola

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“Se sentará en el trono de su gloria”. 26 de Noviembre de 2017. Ciclo A. Jesucristo Rey del universo

domingo, 26 de noviembre de 2017
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Leído en Koinonia:

Ezequiel 34,11-12.15-17: A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.
Salmo responsorial: 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Corintios 15,20-26.28:Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.
Mateo 25,31-46:Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

Problemática pastoral concreta de la festividad de Cristo Rey

Vamos a comenzar removiendo obstáculos, porque hay problemas respecto a los posibles significados de esta fiesta. Veamos algunos:

a) El origen de esta fiesta y su contexto original. Esta fiesta fue establecida en un contexto anterior al Vaticano II, en 1925, por Pío XI, y con un espíritu muy cercano al de cristiandad, cuando el Vaticano expresaba claramente su deseo de que el cristianismo fuera la religión oficial, la religión de los Estados cristianos. Al confesar a Cristo como Rey universal se quería con ello vehicular el deseo de que también la Iglesia fuese testigo y participante ya aquí en la tierra de esa realeza: una realeza de Cristo reconocida, redundaba inevitablemente en una Iglesia respetada, favorecida por el Estado, con alto estatus en la sociedad, fuerte y organizada, que aunque no podía ya revestirse de poder político temporal, al menos podía participar de él por una relación estrecha y armoniosa con los poderes sociales. Durante mucho tiempo, el título de “Cristo Rey”, el “reinado social del Corazón de Jesús”… incluyeron esos aspectos de autoencumbramiento de la Iglesia, olvidando que la práctica de Jesús de Nazaret fue muy distinta, incluso totalmente contraria.

b) El concepto de Reino-monárquico. El Reino no es hoy día la forma más frecuente de organización sociopolítica. La mayor parte de los países son repúblicas, de diferentes rostros, y los reinos que persisten, ya no lo son en su forma clásica, sino en adaptaciones a la cultura política actual (por ejemplo las monarquías “parlamentarias”) que, al superarla, niegan en el fondo la esencia misma de lo que era un “reino”.

Aun siendo conscientes de la limitación inevitable que todo lenguaje teológico tiene por su misma naturaleza analógica, figurada, simbólica, apofática… cada vez más se viene insistiendo en que la palabra “reino” no sería la más adecuada para expresar la utopía bíblico-mesiánica del Reino de Dios, porque en esta altura de la historia la palabra «Reino» ya no expresa una forma de organización sociopolítica deseable para los humanos. Cada vez se evidencia más la dificultad de hablar de Dios (y de Cristo) como “rey”, y de su proyecto escatológico como un “reino”. ¿Estamos seguros de que un reino, una monarquía, podría ser una analogía del “Reino de Dios” realizado? La realización del reino de Dios, ¿no exigiría la superación de muchos aspectos de lo que es una monarquía, un “reino”? Acaso una comunidad, ¿puede ser comparada con un «reino», con una «monarquía»? ¿Y una familia?

Pablo Suess viene proponiendo la expresión “democracia participativa del RD” para corregir la evocación que el término clásico conlleva. Ya sabemos que no se puede simplemente sustituir una expresión por otra, pero es bueno aludir con frecuencia a esa insuficiencia de la expresión clásica, para hacer caer en la cuenta a los oyentes, y para liberar al contenido (el Reino mismo, el significado), de las limitaciones del significante (una palabra no completamente adecuada).

Para hablar del Reino puede ser mejor hablar del Proyecto, de la Utopía de Dios… que hacemos nuestra: queremos «construir la Democracia de Dios, cósmica, pluralista, inclusiva, y por eso, amorosa, encarnación viva del Dios de los mil rostros, colores, géneros, culturas, etnias, sentidos…».

c) Connotación de género en la palabra “Reino”.

Es útil saber que en el ámbito de la teología feminista angloparlante se rechaza también la expresión (God’s Kingdom), a causa de su machismo larvado (kingdom alude directamente a king, no a queen…). En castellano no tenemos ese problema en esta expresión, pero el saber que existe en otras lenguas invita a prevenirlo en su uso consciente.

Los grandes temas de la fiesta de hoy y de la semana

Hay varios grandes temas que podrían servir para orientar la reflexión de la homilía o la reflexión del círculo bíblico o la comunidad cristiana en torno a los textos de este domingo. Habrá que elegir entre ellos. Aquí sólo los apuntamos:

a) El Reino de Dios, como contenido del mensaje de Jesús. Jesús nunca se proclamó Rey: nada más lejos de Él. Lo que Jesús hizo fue ponerse al servicio total del Reino, de forma que éste fue el centro mismo de su predicación y de su vida, la Causa por la que dio la vida. Importa pues hacer honor a la identidad verdadera de Jesús: Él no fue rey, ni lo quiso ser nunca, por mucho que algunos cristianos crean que llamándolo así lo honran… La intención puede ser buena, pero el título que de hecho se le atribuye no podría ser de su agrado.

Jesús habló del Reino, fue su servidor y su mensajero, pero sus seguidores se olvidaron del Reino. y lo constituyeron a él como el Reino mismo, como el Rey… El mensaje fue sustituido por el mensajero. Jesús nos indicaba el Reino, como la Causa por la que estaba apasionado y por la que dio su vida, y un buen grupo de seguidores se olvidaron de esa causa, y se enamoraron de Jesús. Es preciso volver a Jesús, y su Causa…

Para hablar concretamente del Reino es bueno reparar en el texto del prefacio de esta fiesta, que da una «descripción» muy plástica de su contenido. Esa idea fue recogida en el conocido estribillo del Salmo 71 del compositor Manzano, que dice: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia… es Paz… es Gracia… es amor, ¡venga a nosotros tu Reino, Señor». Bien glosada, y debidamente justificada esa perspectiva teológica, puede ser un buen guión para la homilía. Y no debería faltar ese canto en la celebración de hoy.

b) La relación entre cristocentrismo y reinocentrismo. Una cierta interpretación de esta fiesta –muy común por lo demás en el cristianismo en general– propicia un cristocentrismo exagerado, absoluto, que no hace justicia a la verdad de la revelación, al mensaje real de Jesús, a lo que Jesús realmente dijo, no a lo que después dijeron que había dicho. Importa pues pastoralmente discernir una «correcta jerarquía de valores», que la teología de la liberación fue la primera que dio en llamar “reinocentrismo”, con tal fuerza de persuasión, que no hay teología ni espiritualidad honesta que se puedan resistir.

c) El mesianismo de Jesús. La aclamación o la espera de Jesús como Rey se dio en el contexto del mesianismo: se esperaba un liberador. Hoy la postración es tal que ni siquiera se espera nada, pudiendo hacer de la aclamación de Jesús como Rey algo bien alejado de lo que el mesías supuso realmente para los que lo esperaron.

d) La dimensión escatológica: el final de los tiempos, nuestro ineludible caminar en la historia, el “juicio final”… El final del año litúrgico nos hace tematizar en nuestra reflexión el final mismo de la historia, y el final también de nuestras vidas personales. Pero ya en un contexto mental diferente, en el que sabemos que nuestra aventura humana no es la razón del cosmos, que el mundo no acabará el día que Dios decida acabar el ciclo de la humanidad y pasar a la vida eterna, y que no se trata de que estemos aquí para una prueba que se verificará en el día del juicio final, tras lo cual iríamos al cielo o al infierno…

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 100 de la serie «Un tal Jesús», de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El juicio de las naciones». El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1500100 Puede ser escuchado aquí:http://www.untaljesus.net/audios/cap100b.mp3

La serie «Otro Dios es posible», de los mismos autores, tiene un capítulo (5 minutos de entrevista con Jesús que vuelve a la Tierra) titulado «¿Fin del mundo?», relacionado con el escenario en el que transcurre la imagen del evangelio de este domingo; puede ser recogido en:http://emisoraslatinas.net/entrevista.php?id=180089

Para la revisión de vida

El Reino de Dios fue el “leit motiv”, el estribillo de la vida de Jesús, el centro de su predicación, el motivo de sus milagros, la razón de ser de su fidelidad hasta la muerte, la corona de su resurrección. ¿Qué es para mí el Reino de Dios? ¿Está también en el centro de mi vida? ¿Es mi «Causa», como fue la de Jesús?
Tal vez yo soy de los muchos a quienes la expresión «Reino de Dios» vela más que revela el valor supremo de la vida de Jesús… ¿Me he preocupado por renovar mi comprensión de esa Utopía de Jesús, y de re-formularla adecuadamente?

Para la reunión de grupo

– Basándose en este texto del evangelio, se dice en la teología latinoamericana que, al fin y al cabo, los pobres (el amor efectivo hacia ellos, la opción por su causa) son el «único sacramento universal e imprescindible para la salvación». Todos los demás sacramentos, no son ni tan universales, ni tampoco imprescindibles. Comentar la frase y el tema.

– Si Jesús no fue rey históricamente –bien lejos que estuvo de serlo–, ni se llamó rey, ni dejó que le llamaran así, ni le hubiera gustado que le llamaran así, ¿tiene sentido que nosotros le aclamemos con ese título? ¿Por qué? ¿Podría un cristiano o una comunidad rechazar el dar ese título a Jesús, o ese título expresa un dogma? ¿Puede un cristiano ignorar o rechazar una advocación, una devoción, incluso una devoción oficial? ¿Por qué?

– La llamada “parábola del juicio final” nos cuenta claramente cuál es el criterio con el que «se nos va a examinar»: “tuve hambre y me diste de comer…”. ¿Me doy cuenta de que Dios no nos está pidiendo que hagamos nada «religioso», sino, sencilla y llanamente, que nos preocupemos del prójimo y lo ayudemos en todo lo que podamos?

– Contemplemos una imagen tradicional de “Cristo Rey”: corona, cetro, trono, ropaje… Hagamos un análisis simbólico de la imagen: ¿Qué evoca cada uno de estos elementos simbólicos en la mente o en la piedad de un cristiano/a sencillo/a? Hagamos a continuación un análisis teológico de lo expresado en la pregunta anterior. ¿Cómo calificar esas evocaciones? ¿Cuáles son evangélicas y cuáles antievangélicas? ¿En qué y por qué?

-Utilizar el episodio nº 100 de la serie radiofónica “Un tal Jesús” –citado más arriba– para una reunión de trabajo en el grupo o la comunidad. Tanto el texto como el audio –así como un sugerente comentario bíblico teológico– pueden ser tomados dehttp://radialistas.net/category/un-tal-jesus/

– ¿Qué podemos sugerir al sacerdote para la homilía e esta fiesta?http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/

Para la oración de los fieles

– Por la Iglesia de Jesús, para que siga siempre los pasos de aquél no vino a ser servido sino a servir, roguemos al Señor…

– Por todos los que ejercen poder y autoridad en este mundo, para que, como quería Jesús, acepten el poder como la herramienta que permite un servicio más universal y más eficaz, roguemos al Señor…

– Por las religiones que -como en otro tiempo el catolicismo- todavía hoy pretenden estados confesionales, santas cruzadas o repúblicas religiosas, en las que una religión impone a la sociedad la “realeza” de un Dios intolerante y uniformizador: para que comprendan que Dios es amor y pluralidad, y que está contra toda manipulación de su nombre, roguemos al Señor…

– Para que Jesús, el que “pasó haciendo el bien” y “se humilló pasando por uno de tantos” sea nuestro modelo, nuestro guía y -en ese sentido, sí- nuestro rey y nuestra fuerza en la “militancia” por el Reino de Dios, roguemos al Señor…

– Para que los cristianos, y especialmente los teólogos, entremos cada vez más en el nuevo paradigma del diálogo de las religiones, para que siempre sospechemos desconfiadamente de todo planteamiento cristocéntrico que venga a reducirse de hecho en un planteamiento eclesiocéntrico, roguemos al Señor…

Oración comunitaria

 Oh Dios que quisiste fundar todas las cosas en tu amor universal a todos los Pueblos, y en tu comunicación multiforme e inefable con todos ellos. Haz que toda la Creación y la Humanidad, unidas por el Cuidado mutuo y el Diálogo, logre la plenitud del Amor hacia el que siempre le has estado atrayendo. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.

Dios, Padre nuestro, que quieres que en nuestra vida nos veamos libres de toda esclavitud y que luchemos para liberar a los oprimidos, haciendo así presente tu Reino entre nosotros, te pedimos que guíes nuestros pasos para que construyamos un mundo en el que todos vivamos como hermanos, como auténticos hijos tuyos, en paz, en justicia y en libertad. Por Jesucristo.

Dios nuestro y de todos los Pueblos, Tú que, de un modo u otro, esperas a la Humanidad revestido de todos los nombres, por los caminos de todas las religiones; haznos comprender que Tú no quieres encomendarnos una evangelización que someta a los pueblos, ni que arranque culturas y religiosidades, sino un diálogo que promueva el Amor y la Justicia, la Verdad generosa y la Vida para todos y todas. Tú que vives y estás presente en todos los pueblos y religiones desde siempre y para siempre. Amén.

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