Alba de mi silencio
Del blog Nova Bella:
En ti me he silenciado…
El corazón del mundo
está en tus ojos, que se vuelan
mirándome.
En ti me he silenciado…
La hora más sencilla para amarte es ésta
en que voy por la vida dolida del alba.
*
***
Del blog Nova Bella:
En ti me he silenciado…
El corazón del mundo
está en tus ojos, que se vuelan
mirándome.
En ti me he silenciado…
La hora más sencilla para amarte es ésta
en que voy por la vida dolida del alba.
*
***
Del blog de la Communion Béthanie:
Cristo dice : «Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado.» (Juan 15,12).
Necesitamos silencio para acoger estas palabras y ponerlas en práctica.
Cuando estamos agitados e inquietos, tenemos tantos argumentos y razones para no perdonar y no amar demasiado fácilmente. Pero cuando tenemos «nuestra alma en paz y silencio«, estas razones se desvanecen.
Posiblemente evitamos a veces el silencio, prefiriéndo todo ruido, palabras o distracciones cualesquiera que sean, porque la paz interior es un asunto arriesgado: nos hace vacíos y pobres, disuelve la amargura y las rebeliodías, y nos conduce al don de nosotros mismos.
elle nous rend vides et pauvres, elle dissout l’amertume et les révoltes, et nous conduit au don de nous-mêmes.
Silenciosos y pobres, nuestros corazones son conquistados por el Espíritu Santo, llenos de un amor incondicional.
De una manera humilde pero cierta, el silencio conduce a amar.
*
Extraído de «El valor del silencio» de Taizé.
***
Del blog Nova Bella:
Aquellas palabras en el silencio oscuro de la noche brillaban como ascuas celestes, eran pura magia. En aquella voz cada palabra era sagrada. Y también lo eran las pausas, aquél silencio dentro del silencio, como una joya deslumbrante en sus estuche.
*
Luis Landero
***
ECLESALIA, 09/10/17.- El reloj marcaba las cinco y media de la madrugada. Asomada a la ventada de la cocina con un vaso de agua en la mano, contemplé la luna llena en todo su esplendor, al tiempo que escuchaba el sonido del silencio en la gran ciudad.
De vuelta a la cama pensé: “¡Qué bien vendría un gran espacio de silencio para serenar los ánimos y que pudieran abrirse cauces de diálogo, de palabra serena!”
Necesitamos silencio. Digerir lo que se nos vino encima. Un silencio reparador del que no pueden estar exentos ni los políticos ni los medios de comunicación.
No pude volver a dormir… así que me puse a escribir. En mi ayuda vino William Shakespeare: “Aprender a descifrar lo que escribe el silencio, escuchar con los ojos, es la inteligencia del corazón”. Necesitamos este silencio que dices, William, pero no sabemos lo que es.
“Deja hablar a tu corazón, interroga los rostros, no escuches las lenguas…”, ahora era Umberto Eco el que intentaba espabilar mi ánimo. Pero resonaban dentro de mí palabras, gritos, discursos, proclamas, abucheos, sirenas, desprecios, amenazas… Gracias, Umberto, por tu consejo.
Mi corazón dijo: ¡Silencio, por favor! Imaginé plazas y calles llenas de gentes en silencio, atentos a la escucha sanadora de las no-palabras, no-gritos, no-discursos, no-proclamas, no-abucheos, no-sirenas, no-desprecios, no amenazas…
El silencio mantenido durante un corto espacio de tiempo me provocó un hondo e intenso bostezo reparador.
“Mantener el silencio, ¡qué extraña palabra! Es el silencio es que nos mantiene”, susurró Georges Bernanos cuando pasé al lado de un libro y ojeé al azar unas páginas.
Diste en la clave, Bernanos: es el silencio el que nos mantenía desde el origen de la humanidad, dando vigor y permanencia, conservando nuestro ser esencial. El silencio ha desaparecido de nuestras vidas y andamos encorvados y cayendo en los precipicios que vamos creando.
“Nada ha cambiado tanto la naturaleza del hombre como la pérdida del silencio”, aportó Max Picard a esta extraña conversación.
“Sólo el silencio hace posible la escucha, es decir, la recepción en sí no sólo de la Palabra sino también de Aquel que habla” nos vino a compartir Enzo Bianchi. Traducido para todos, creyentes y no creyentes, nos dice que sólo el silencio hace posible la escucha, es decir, recibir y acoger, dentro de uno mismo, la palabra y a quien la está emitiendo; esperando que el que habló, escuche después la que recibirá de quien le ha escuchado.
Recuperemos el silencio en este tiempo convulso, que sea el primer movimiento que lleve a recuperar el diálogo desde una base sana y pacificadora.
¡Tomen asiento, mírense a la cara y resuelvan la maraña que envuelve a los de siempre: la gente, todos!
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Citas:
Shakespeare, Eco, Bernanos y Bianchi (“ESPERANZAS”, Ed. Lunwerg).
Max Picard (“Le monde du silence”).
Del blog Nova Bella:
«Invisible quietud. Brisa oreando
la melodía que ya no esperaba.
Es la iluminación de la alegría
con el silencio que no tiene tiempo»
*
Claudio Rodríguez
***
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Hay que predicar el mensaje de la misericordia de Dios por la humanidad. Hay que proclamar la palabra de la verdad. Nadie puede negarlo. Pero no son pocos los que comienzan a sentir la futilidad de incrementar la contínua riada de palabras que se vierten sin sentido sobre el mundo en todas partes, día tras día.
Para que el lenguaje tenga algún significado, debe haber intervalos de silencio en algún momento, para separar palabra de palabra, y expresión de expresión.
Quien se retira al silencio no necesariamente odia el lenguaje. Quizás sea el amor y el respeto por el lenguaje el que le impone silencio, pues la misericordia de Dios no se escucha en palabras a menos que se escuche en el silencio: antes y después de que se pronuncien las palabras.»
*
Thomas Merton.
Humanismo Cristiano. En el mar de los peligros.
***
Del blog de la Comunidad Anawin de Zaragoza:
“Permanece asiduamente en tu santuario interior… No te des a nada en exceso; conténtate con el uso sencillo de las cosas presentes de las que hay que ocuparse cuando es preciso, sin que tu corazón se pegue a ellas. Remite a Dios enseguida todo acontecimiento triste o alegre, vive sin multiplicidad, a fin de que Dios permanezca presente a ti. Rechaza todo impedimento… No desees complacer a nadie, salvo a Dios sólo. Elige con María la mejor parte, no vagabundees de aquí para allá… Vuelve sin cesar a la soledad, a la conversación interior. El que tú buscas no puede encontrarlo ningún sentido ni ninguna inteligencia, sólo las almas puras lo reciben. Que Él sea tu pensamiento, tu búsqueda continua, y, pase lo que pase, sigue tu camino. Vuelve siempre así al interior donde está presente la verdad misma. No llegarás jamás allá en el borboteo inconsciente de las palabras. Guarda, pues, silencio, permanece en paz, soporta todo, ten confianza en Dios, haz lo que esté en tu poder, y pronto recibirás una maravillosa luz para conocer los caminos perfectos de la vida interior”
*
Juan Lanspergio
***
Del blog Nova bella:
«Hay que escuchar a los árboles cuando callan
todo ser ha de alcanzar
-soñar o velar-
la raíz de su silencio, para vivir y morir en su infinito
no hay más palabra que la del bosque callado»
*
Alfonso Alegre Heitzmann
***
Del blog de las Monjas Trinitarias de Suesa:
“Solamente cuando podemos apaciguar nuestra mente, nuestros sentimientos, se abren los sentidos interiores.”
“Posiblemente, lo más complicado en nuestra vida de hoy es el ruido, que no nos deja ser personas, no nos deja escucharnos, que no nos deja sentarnos tranquilamente, que no nos deja ser lo que estamos llamadas a ser. Y necesitamos el silencio para eso.”
“A mí el silencio me suena a ternura y a cuidado, me suena a presencia constante, y me suena muchas veces a miedo, a temor por afrontar situaciones, cosas muy humanas, a cotidianidad, a profundidad, a realidad.”
“Cuando apagamos la radio, la tele, y te quedas en silencio inevitablemente surgen voces, recuerdos, palabras…y eso no siempre es bonito. Yo creo que es un medio más que un fin.”
Es en el silencio donde se aprende a contemplar a Dios. Existe una belleza y una verdad que sobrepasan el presente y que solo el silencio es capaz de revelar. La Palabra de Dios que ansiosamente buscamos, y que nos habla en el silencio interior.
*
Pedro Arrupe
***
(Fotografía de Carmelo Blazquez)
Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte hasta que con su resurrección se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.
Hombre en Soledad
Contigo vengo, Dios, porque estás solo
en soledad de soledades prieta.
Conmigo vengo a Ti, porque estoy solo,
sintiendo por el pecho un mar de pena.
Qué tristeza me das, Dios, Dios, sin nadie
que te descanse, Dios, de tu grandeza,
que te descanse de ser Dios, sin nada
que te pueda inquietar o te comprenda.
Qué tristeza me doy, perdido en todo,
y todo mudo, tan lejano y cerca,
cada vez más presente ante mis ojos
en un mutismo que no se revela,
con el corazón loco por saberte,
preguntando en la noche que se adensa.
Con voz de espadas clamo por mi sangre,
rebusco con mis manos en la tierra
y escarbo en mi cerebro con mis ansias.
Y silencio, silencio, mudez tensa.
Dios, pobre mío, todo lo conoces.
Para Ti todo ha sido: nada esperas.
Hasta lo que me duele y no me encuentro
Tú lo conoces ya, porque en mí piensas.
Yo no conozco nada, Dios, y tengo
socavones de amor llenos de inquietas,
oscuras criaturas que me gritan
palabras, no sé dónde, que me queman,
preguntas que me tuercen y retuercen,
sábana viva chorreando estrellas.
Qué compasión me tengo, Dios, pequeño
llamando siempre a la inmutable puerta
con las palmas sangrando, a la intemperie
de mis luces y dudas y tormentas.
Qué compasión te tengo, Dios, tan solo,
siempre despierto, siempre Dios, alerta,
sin un pecho bastante, Dios, Dios mío,
que ofrezca su descanso a tu cabeza.
Cómo me dueles, Dios. Cómo me dueles,
herido por la angustia que te llena,
sin poder descansarte, sin caberte
en mis entrañas ni aun en mis ideas.
No puedo más Contigo, que me rompes
creciendo por mi dentro y por mi fuera,
cercándome, estrechándome, ahogándome,
dejando, sin saberlo, en mí tu huella.
Y soy hombre, Señor. Soy todo caspa
de angustiosa esperanza contrapuesta,
arcilla informe de reseco olvido,
quizá, capricho de tu indiferencia.
Señor, qué solo estás. Cómo estoy solo,
yo con mi carga insoportable a cuestas.
Tú, con todo y sin nada —(¡todo, nada! —
más que Tú, Dios perdido en tu grandeza,
muerto de sed de amor de algo supremo,
Dios, algo que te alegre y que te encienda.
Sin nada superior a Ti creado,
mi voz alzada al límite no llega
a rumor que resbale por tus sienes,
a brisa en tus oídos, que se secan
de no oír desde nunca una palabra
que antes de estar en hombre no supieras,
pobre Creador, Dios mío sin sosiego,
preso en tu creación, en diferencia.
A Ti vengo, Señor, porque estoy solo,
a veces aun sin mí. Pero no temas,
Señor que has puesto en mí necesidades
sin darme el modo de satisfacerlas.
Perplejo, recomido de inquietudes,
de Ti tengo dolor; de mí, conciencia
de ser como no quiero: ser inútil,
vana palabra, humana ventolera
con sabor de cenizas y de ortigas
clavándome alfileres en la lengua,
y un huracán de vida por la carne
que no ha encontrado carne que florezca.
Versos, versos, mas versos, siempre versos,
¿y para qué, Dios mío? Dentro queda
una fuente de llanto sofocado
minándome la hirviente calavera,
sin encontrar salida a la congoja
cada vez más patente. Y todo niebla.
Contigo vengo, Dios, porque estoy solo;
me huyes cada vez, más te me alejas.
¿No tienes qué decirme, Dios, qué darme?
¿No ves, Señor, no ves, Dios, cómo tiembla
este vaho que se alza de mi vida,
hierbecilla perdida que se hiela?
Encallece mi alma, Dios. Haz dura
la mano y la mirada: hazme de piedra.
Quítame el sentimiento que me escuece.
Borra, Señor, con sol, mi inteligencia.
Déjame en paz, en flor, en roca, en árbol,
en muda, resignada, dulce bestia
caminante con ritmo y sin sentido
por un mundo de instintos e inocencia,
o dame con la luz aquel sosiego
original del prado que apacientas
*
Ramón de Garciasol, Hombre en soledad,
***
Del blog de la Communion Béthanie:
Encontrar a Dios,
Rápido.
Dios está presente en toda la poesía.
No puede ser de otra manera.
Porque Dios es poesía.
Dios habita
profundamente
Las tentativas de las palabras
Y sobre todos los silencios,
El poema.
Susurra
Sin descanso
En las cesuras
Los suspendidos
Del poema.
Dios es el poeta del silencio.
El que mejor
Puede hablar de Él
En poema
Es aquel que
Deja todo espacio
Al silencio.
Dios es poeta del silencio,
Le viste de rimas, de ritmos,
Le hace cantar
Utiliza todos los sonidos
Todas las luminosidades
Para hacerle vibrar
Y tocar el corazón.
Dios es poeta del silencio
Escultor del Silencio
Pintor del silencio.
Lo redondea, lo espesa, lo trabaja.
El arabesco, lo colorea y lo hace sonar …
Esté presente en el silencio.
Respeta tu silencio, y luego explóralo.
Dios te espera allí, un lápiz en la mano, y
En los labios la sonrisa del Creador …
***
Del blog de Henri Nouwen:
«No hay dos vidas iguales. Lo mismo que hay una cantidad incontable de vinos, hay una variedad incalculable de vidas. A menudo comparamos nuestra vida con la de los demás e intentamos descifrar si son mejores o peores, pero esas comparaciones no nos sirven de mucho. Tenemos que vivir nuestra propia vida, no la de otros.
Tenemos que mantener firmemente entre nuestras manos nuestra propia copa. Tenemos que atrevernos a decir: «Ésta es mi vida, la que se me ha dado, y ésta es la vida que tengo que vivir lo mejor que pueda. Mi vida es única. Ningún otro vivirá esta vida mía. Tengo mi propia historia, mi propia familia, mi propio cuerpo, mi propio carácter, mis propios amigos, mi propia manera de pensar, de hablar y de actuar. Sí, tengo que vivir mi propia vida. Nadie tiene ante sí el mismo reto que yo. Estoy solo, porque soy único. Muchas personas pueden ayudarme a vivir mi vida, pero después de que todo haya sido dicho y hecho, tengo que hacer mis propias elecciones sobre cómo vivir».
Es duro decirnos esto a nosotros mismos porque al hacerlo nos enfrentamos a nuestra propia soledad. Pero, al mismo tiempo, es nuestro reto maravilloso porque lleva consigo el privilegio de nuestra unicidad. «
*
Henri Nouwen.
¿Puedes beber este cáliz?
***
Del blog Nova Bella:
Callemos a todo para que
en el silencio
oigamos los susurros del amor,
del amor humilde,
del amor paciente,
del amor inmenso,
infinito
que nos ofrece Jesús
con sus brazos abiertos
*
***
Fuente Foto: Juan y Jesús, detalle de las Bodas de Caná, por Christopher Olwage
Florence Nightingale, una mujer extraordinaria considerada precursora de la enfermería moderna, afirmó: “El ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Casi dos siglos más tarde, la ciencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno.
El silencio contribuye a regenerar el cerebro
Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, y ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal.
En este sentido, un grupo de investigadores alemanes del Research Center for Regenerative Therapies Dresden han descubierto que el silencio tiene un impacto enorme en el cerebro. Estos científicos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje.
Además, constataron que esas nuevas células eran capaces de diferenciarse e integrarse en el sistema nervioso central para cumplir diferentes funciones. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.
El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información
Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes.
Básicamente, esa red funciona reclutando una serie de regiones del cerebro, que son las encargadas de seguir trabajando por debajo del nivel de la conciencia. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas.
Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.
El silencio es el mejor antídoto contra el estrés
Las ondas del sonido provocan vibraciones en los pequeños huesos del oído, los cuales transmiten el movimiento a la cóclea, donde esas vibraciones se convierten en señales eléctricas que llegan hasta el cerebro. El problema radica en que nuestro cuerpo está programado para reaccionar de manera inmediata ante esas señales, incluso en medio de un sueño profundo. Por eso, el ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés.
Por eso, no es extraño que un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cornell haya descubierto que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol.
Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.
Por tanto, ahora ya lo sabes: disfruta del silencio. Tu cerebro, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.
Enrique Martínez Lozano
Fuente Fe Adulta
Hace ya dos meses que dos matrimonios amigos fuimos a ver Silencio, de Scorsesse. Entretanto, ha desaparecido de las carteleras y de los medios que todo lo devoran. Todo lo devoramos sin haberlo saboreado y sin tiempo para digerir y nutrirnos. En cuanto a la película como tal, carezco de criterio competente para afirmar si es buena o mala, ni me interesa en este momento. Nos dio para una larga y sabrosa sobremesa, con discordancia de opiniones y concordia comensal: ¿Apostatan realmente los jesuitas Ferreira y Rodrigues o solo fingen hacerlo? Por lo demás, ¿es la película fiel a la historia? Y las grandes cuestiones de fondo: ¿Qué es fe? ¿Qué es apostasía?…
Pero antes de nada: ¿Qué movía a unos jóvenes jesuitas –o franciscanos y dominicos– europeos a embarcarse hacia las lejanas islas de Japón, con una lengua, unas tradiciones y una religión tan distintas de las suyas, mientras su propia Europa se desangraba en guerras de cristianos por cuestiones de dogmas y de poderes? Les movía sin duda la mejor voluntad, pero no la mejor inteligencia de la fe. Iban en nombre de Jesús, pero al amparo de monarcas y de ricos mercaderes. Les inspiraba el evangelio liberador de Jesús, pero estaban sujetos a su letra, convencidos de que la fe consiste en profesar el Credo, el evangelio se identifica con religión cristiana y la religión cristiana católica es la única verdadera.
Creían con razón que el mensaje del evangelio es universal, pero ignoraban que el lenguaje y todas las formas en que lo expresaban eran –siguen siendo– radicalmente particulares. Embarcaban para enseñar lo que conocían, pero no para aprender lo que desconocían. Querían salvar a aquellas gentes, pero pensaban que la salvación era cosa del cielo después de la muerte, y que solo se podrían salvar quienes abrazaran sus creencias y recibieran su bautismo. Se exponían heroicamente a la tortura y la muerte, pero les confortaba la certeza de que obtendrían la corona suprema en lo más alto del cielo.
Eran mensajeros de Jesús. Solo que Jesús nunca pretendió fundar una religión, ni jamás se le pasó por la cabeza enviar a nadie a “convertir paganos”. Él se sintió profeta de Dios, de un mundo nuevo inminente, y, con un grupo de discípulos y discípulas, se fue a anunciarlo y vivirlo por caminos y aldeas. “Convertíos a la vida”, venía a decir.
Pero muy pronto el evangelio de la vida se convirtió en religión clerical, la Iglesia se alió con el imperio y los cristianos entendieron que Jesús los enviaba a cristianizar y, sin saberlo, a helenizar, romanizar y europeizar todo el mundo. Los profetas de un mundo nuevo se volvieron misioneros de la única religión que garantizaba el perdón de los pecados aquí y la vida feliz solo en el más allá.
En la nueva religión de los misioneros cristianos, muchos encontraron consuelo y libertad, la esperanza de sus vidas, y de buena gana apostataron de sus antiguas creencias y prácticas religiosas, incluso hasta morir torturados. Otros muchos, incontables, fueron sometidos contra su voluntad a una terrible disyuntiva: o apostatar o morir. Pero la Iglesia jamás ha proclamado mártires a cristianos disidentes o a quienes ella hizo morir por no apostatar de su religión o de su ateísmo.
A veces cambiaron las tornas, como en Japón a lo largo del siglo XVII, cuando el poder político impuso el budismo como religión de Estado, igual que los reyes europeos imponían su confesión católica, protestante o anglicana en sus reinos y en las tierras conquistadas. Muchos cristianos japoneses prefirieron entonces la muerte más terrible a la apostasía, mientras los monjes budistas cantaban mantras al Buda compasivo Amida, y ellos –los cristianos– se preguntaban por qué Dios callaba, sin atreverse a pensar que un Dios así no puede existir.
Otros –como el Kichijiro del film– apostataron del cristianismo para salvar su vida, pero condenándose a vivir el resto de su vida carcomidos por la culpabilidad. El jesuita Rodrigues también apostata, pero solo por salvar a otros, y vive el resto de su vida en el remordimiento de haber pisado un fumie, una mera tablilla con la imagen de Jesús. Mucho antes que él había apostatado el padre Ferreira, y no solo para salvar a otros sino también para salvarse a sí mismo. Y no tuvo remordimientos por haberlo hecho. Vivió en paz. Vivió.
En nuestra sobremesa hubo discrepancias al respecto: ¿apostató el sabio padre Ferreira por convicción o solo fingió hacerlo? Para mí, el padre Ferreira es el modelo del cristiano maduro, libre de la religión. Es el único que no apostata en realidad. Pues toda religión, el cristianismo incluido, no es en el mejor de los casos sino una representación de la Vida, como el fumie no era sino una representación de Jesús. ¿No querría tu mujer que pisaras su imagen por salvar tu vida y la de tus hijos? Preferir la religión a la vida propia y ajena: eso es apostatar.
Del blog de Henri Nouwen:
Debemos beber lentamente, saboreando cada sorbo, hasta el fondo. Vivir una vida completa es beber nuestra copa hasta que se quede vacía, confiando en que Dios la llenará con la vida eterna.
Es importante, sin embargo, ser muy concretos, tener nuestra mente muy clara cuando nos enfrentamos a la pregunta: «¿Cómo bebemos nuestra copa?». Necesitamos de ciertas disciplinas bien concretas que nos ayuden a asimilar y a interiorizar nuestros gozos y nuestras penas, y a encontrar en ellos nuestro único camino de libertad espiritual.
Me gustaría estudiar cómo tres disciplinas, la del silencio, la de la palabra y la de la acción, pueden ayudarnos a beber nuestra copa de la salvación.
La primera forma de beber nuestra copa es en el silencio. Puede parecemos una sorpresa porque estar silencioso parece que es no hacer nada. Pero es precisamente en el silencio cuando nos enfrentamos a problemas de nuestro verdadero ser. A menudo las penas de nuestras vidas nos abruman de tal forma que hacemos cualquier cosa para no enfrentarnos a ellas…..
El silencio es la disciplina que nos ayuda a sobrepasar la categoría de entretenimiento de nuestras vidas. En ese silencio es donde podemos hacer que emerjan nuestras penas y gozos de los lugares en los que se ocultan y donde podemos mirarnos a la cara diciendo: «No tengas miedo, puedes mirar tu propio caminar en la vida, sus lados brillantes y oscuros, y descubrir tu forma de ser libre».
Podemos encontrar el silencio en la naturaleza, en nuestra propia casa, en una iglesia o en un lugar de meditación. Pero donde quiera que lo encontremos, debemos mimarlo. Porque sólo en el silencio podemos conocer en profundidad quiénes somos y poco a poco mirarnos a nosotros mismos como dones de Dios.
Al principio el silencio puede asustarnos. En el silencio oímos las voces de las tinieblas: nuestros celos y nuestra rabia, nuestro resentimiento y nuestros deseos de venganza, nuestra lascivia y nuestra avaricia, nuestro dolor por las pérdidas, abusos o rechazos. Estas voces son a menudo ruidosas y persistentes. Todas esas realidades miserables pueden llegar a ensordecernos. Nuestra reacción más espontánea es salir corriendo y volver a nuestro entretenimiento. Pero si mantenemos la disciplina de permanecer y de no consentir que esas voces nos intimiden, perderán gradualmente su fuerza y pasarán a un segundo plano, dejando un espacio para las voces más suaves, más agradables, de la luz.
Estas voces hablan de paz, bondad, suavidad, gozo, esperanza, bien, perdón, y, sobre todo, de amor. Al principio pueden parecer tenues, insignificante y podemos pasarlo muy mal confiándonos a ellas. Sin embargo, son muy insistentes y se harán más fuertes si seguimos escuchándolas. Nos vienen desde lo más hondo de nosotros mismos y de muy lejos. Nos han estado hablando desde antes de nuestro nacimiento y nos revelan que no hay oscuridad en el que nos envió al mundo: sólo hay luz.
Son parte de las voces de Dios, que nos llamó desde toda la eternidad: «Mi hijo querido, mi favorito, mi gozo».
Los enormes poderes de nuestro mundo siguen pretendiendo ahogar esas voces suaves. Pero siguen siendo las voces de la verdad. Son como las que escuchó el profeta Elias en el monte Horeb. Allí Dios le habló no con la voz de un huracán, un terremoto o un incendio, sino como en un murmullo (1 Reyes 19,11-13). Este sonido nos quita todos nuestros miedos y nos hace darnos cuenta de que podemos enfrentarnos a la realidad, sobre todo a nuestra propia realidad. Estar en silencio es la primera forma de aprender a beber nuestra copa.»
*
Henri Nouwen.
¿Puedes beber este cáliz?
***
Del blog de la Communion Béthanie:
El hermano Roger es una profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su ori gen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).
*
“Espíritu Santo, Espíritu consolador, estar en tu presencia en un silencio apacible, ya es orar. Comprendes todo de nosotros, y a veces hasta un simple suspiro puede ser oración.»
*
Frère Roger de Taizé,
***
Del blog Pays de Zabulon:
Dios, marchas a mi lado.
Atraviesas mis sendas …
Cada día.
Tu presencia me sostiene,
me reconforta
A veces, me quedo sin palabras.
Me quedo sin voz.
Luego me llaman,
me piden
Cuéntanos de Dios.
No sé que decir.
Tú estás más allá de las palabras.
Más allá de todo.
Apenas logro balbucir.
Aprendo a decirte, Dios,
aprendo a decirme en ti, Dios.
Concédeme la gracia de conocerme.
Concédeme la gracia de
reconocerte…
en mí.
*
Guylain Prince, OFM,
en La Nouvelle Revue Franciscaine, nov. 2008
Fuente foto : Andrew Garfield en la película de Martin Scorsese, Silencio
***
De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:
También Sebastián y Francisco son mártires, testimonios de bautismo y muerte salvadores.
Fui a ver “Silencio” por tercera vez, acompañado por unos amigos japoneses, un matrimonio joven de antiguos alumnos míos en la universidad Sophia. No son católicos, pero están familiarizados con lo cristiano por su contacto con jesuitas. Quería conocer su reacción espontánea ante la proyección de los martirios y torturas. Por eso guardé silencio , para no condicionar su interpretación con la mía.
A la salida del cine, hacia la cafetería, caminábamos los tres sin decir palabra. Silencio japonés significativo. Como si los tres presintiéramos que cualquier comentario precipitado estropearía la impresión con que nos ha tocado hondo el impacto de las escenas martiriales.
Sentados ya a la mesa, tras el primer sorbo de té, dice mi amigo: Yahari yokatta , que significa,”Muy bien, por supuesto, me gustó…”.
¿Y a tí también?, digo dirigiéndome a su mujer. “Sí, mucho, me ha emocionado”, dice ella, y añade: “… Sasuga, ano futari… Aquellos dos misioneros hicieron lo que propio de ellos…” “(Sasuga significa “como era de esperar”, ano futari significa “aquellos dos”. Sin duda se refiere a Sebastián y Francisco, los dos protagonistas)
“Precisamente sobre esos dos quería yo saber vuestra reacción”. “ ¿Cuál de los dos…?”, digo sin acabar la frase, con ambiguedad japonesa.
A lo que responde él: “Los dos sufren y les cuesta dar el paso que dan”.
Y añade ella: “Los dos están dando la vida tirándose al agua para salvar a otros”
(En japonés, al pie de la letra, mi wo nagedasu significa “arrojar la propia persona”, es decir, arriesgar la propia vida dándola como quien se tira al agua desde un trampolín).
Tienes razón, Teruko-san, los dos dan la vida. Dices bien, Iwao san, los dos sufren al dar ese paso. Yo también le he percibido así. Creo que los tres hemos captado la genialidad de Scorsese al filmar en cámara lenta a Sebastián pisando el icono, en paralelismo con la escena de Francisco arrojándose al agua, mientras grita que lo lleven a él para ahogarlo en lugar de los que iban a ser martirizados. Más aún, la imagen de Sebastián, boca abajo en el suelo después de pisar, puede parangonarse con la del cadáver de Francisco, al salir a flote.
Me satisfizo comprobar que mis amigos, antiguos alumnos, habían captado intuitivamente el mismo vínculo de motivación que aúna dos opciones diferentes. Merecía la pena esforzarse en clase por aprender la ética del amor en situación, para poder vivir y convivir desviviéndose por los demás…
Hasta aquí mi comentario en torno a la charla con mis amigos japoneses. Pero mi lectura de la obra maestra de Scorsese va mucho más lejos, prolongando su intuición en una reflexión teológica, con la que no era oportuno fatigarles a ellos en aquel momento. Mi lectura en clave teológica de las dos escenas mencionadas es la siguiente.
Francisco no es un mártir suicida, al elegir ofrecerse como víctima en lugar de otros (como haría en otro caso, por ejemplo, el P. Maximiliano Kolbe )
Sebastián no es un “apóstata al pie de la letra” (ni rechaza creencias, ni rechaza a Cristo), sino hace una opción de morir a sí mismo de algún modo redentor.
Francisco y Sebastián se sumergen en un agua de bautismo, muerte y resurrrección.
Si en las escenas de los mártires crucificados, el oleaje de la marea protagonizaba el mensaje bautismal de muerte y ascensión, también la curva cóncava en cámara lenta de la caída de Sebastián sobre el icono (caída en la que pisar se torna abrazo), en el momento siguiente se hace plana sobre el suelo para pasar a convexa y elevarse conectando en el plano inmediatamente siguiente con el alzar del brazo que da la orden de elevar a los mártires colgados para liberarlos.
Sebastián no pisa el icono para librarse de torturas, ni lo pisa para quejarse del silencio divino. Lo pisa abrazando al crucificado, dejándose bautizar, es decir, morir con él para conseguir así liberar de sus cruces a los otros crucificados.
En japonés la apostasía se llama haikyô (que significa “dar la espalda a la creencia”) o kikyô (que significa “tirar o desechar la creencia”). Pero de los cristianos que pisaron el icono se dice que “cayeron tropezando” (en japonés, koronda) La ambigüedad del verbo korobu (tropezar y caer) abre la puerta a lecturas diferentes: ¿caer en pecado escandalizando o caer abrazando compasivamente al “Caído y Pisoteado” para unirse a su acción redentora que libra los que iban a ser ejecutados?…
Creo que Scorsese, con la hondura de estas escenas, ha superado al fin la “última tentación”. En el caso de su película La última tentación, tanto el público que le acusaba de blasfemo como quienes le alababan la originalidad, no percibían el enigma del silencio de Dios vivido por el mismo Cristo. Pensaba la gente que la tentación era Magdalena. Pero la última tentación para Jesús era la tentación de bajarse de la cruz (Véase Lc 4, 13: relacionado con Lc 22, 41-46)
Esta vez Scorsese no oculta que Jesús es el primero en angustiarse en la pasión ante el silencio de Dios. Ese Cristo no es un Pantocrator dominador, amenazante y exclusivista (que hubiera dicho: “prohibido pisarme”), sino un Cristo redentor y misericordioso (que dice: “puedes pisarme, que para eso he venido, para dejarme pisar y que puedan ser así desclavados de sus cruces otros crucificados”).
Esto es reconfortante para quienes creemos en Jesucristo, no porque nos resuelva el problema teórico del mal, ni porque nos resuelva el problema existencial del silencio de Dios, sino a pesar de que no los resuelva racionalizándolos, sino haciéndonos capaces de quedarnos junto con él en silencio ante el misterio y sumergirnos en el bautismo y éxodo pascual de muerte y resurrección liberadoras.
La última escena, con la serenidad y paz profunda que sugiere la despedida de la esposa, nos lleva de nuevo al mundo de lo misericordioso y maternal: la tinaja que sirve de féretro evoca un útero maternal y la esposa introduce discreta y silenciosamente en su interior la cruz que Sebastián ha conservado a escondidas. Este epílogo es una ascensión, como también en el pórtico de la película, con los tres jesuitas bajando y subiendo a la vez aquellas escalinatas, jugaba con la imagen de la ascensión: subir hacia abajo para llenarlo todo (cf. Ef 4, 10). Obertura y final han marcado el mismo ritmo que la escena del clímax, en la que caer tropezando es caer abrazandoy caer hacia arriba, sumergirse bautismalmente para ascender pascualmente…
Recordatorio
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Comentarios recientes