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En el desierto.

domingo, 17 de diciembre de 2017
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desierto(Jn 1,6-8.19-28)

El desierto tiene una larga tradición espiritual. Simbólicamente representa un lugar privilegiado de encuentro con la divinidad. También es el lugar de la preparación, de la austeridad y de la búsqueda de Dios. Bíblicamente representa un lugar especial para Israel que ha tenido que atravesarlo antes de llegar a la tierra prometida. Los profetas eligen este lugar como símbolo de la restauración: del desierto, Dios sacará una tierra fértil. Y en el NT, Juan Bautista y Jesús mismo tendrán que atravesarlo.

La descripción del desierto bíblico no coincide con nuestra idea actual. La RAE lo define como un lugar despoblado, o como un lugar en el que la falta de agua hace que no haya vegetación. El ambiente en el que está el bautista, por ejemplo, no es así: hay agua para bautizar (y sumergirse) y concurren personas de distintos lugares.

Así Juan el bautista se presenta en este desierto, como la voz que clama en el desierto, retomando el anuncio del profeta Isaías. Y lo que anuncia es que el Reino está cerca.

A nivel personal podemos hablar de desierto espiritual: “El desierto es parte de la condición y del espíritu humano. Es la experiencia del vacío, la soledad, la frustración, la ruina y aridez que periódicamente nos invade” (Segundo Galilea 1928-2010). Y a nivel colectivo hoy muchos desiertos aparecen en medio de las personas debido a las serias dificultades de comunicación. Aunque estamos juntos, constatamos sorderas generadas por la falta de atención e incomprensiones. Muchas veces, en especial las mujeres, decimos y repetimos, con más y distintos argumentos, nuestras formas de entender la vida, las relaciones y nuestra experiencia de Dios pero no es lo habitual ser escuchados con empatía y mucho menos que la realidad se reordene en diálogo con nuestra voz. Somos con Juan una voz que grita en el desierto, que cae en el vacío, que no se escucha.

Y esto es así porque, por otro lado, saber escuchar es un don y una tarea. Jesús nos pide: “Estén atentos”, porque el Reino está entre nosotros. Pero ello es un regalo para los pobres, para los sencillos, para los enfermos, para quienes trabajan por la justicia…

Es entre ellos, donde se hace eco débil o con más fuerza de la voz que anuncia que el Reino está cerca, a la puerta. Y donde se constata que Dios saca de los desiertos una tierra fértil y fecunda. El desierto, como lugar de pobreza espiritual y social y como hábito de atención, es así lugar privilegiado de encuentro con Dios.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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¿Yo soy o me lo creo?

domingo, 17 de diciembre de 2017
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juanDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Jn 1,6-8: Fue un hombre enviado por Dios, Juan … que viene para dar testimonio de la luz … no era él la luz.

o Es propio del ser humano vivir en la luz, en la verdad o, cuando menos, en búsqueda de la verdad y la luz. No es sano vivir en la apatía o en el fanatismo fundamentalista político o eclesiástico.

La desidia lleva al abandono en la vida, el fanatismo a la agresión y violencia. Fundamentalismos no, búsquedas.

o Se trata de vivir en la luz, de amar y buscar la luz de la Verdad.

o Es noble tarea la de ser testigos de la verdad y de la luz: ante los hijos, familia, amigos, en el trabajo, en la sociedad, en la misma Iglesia, en la injusticia, en las tinieblas. Más vale encender una vela que maldecir la oscuridad.

o Nunca faltarán hombres y mujeres libres que viven desde la LUZ.

o A veces ser testigos de la verdad tiene sus riesgos: mártir significa: testigo. La verdad os hará libres, (Jn 8,32). La libertad nos puede costar brillo social, cargos, puestos, dinero y ello en la vida social, en la vida diocesana.

o ¿Soy testigo de la verdad, de la luz?

Jn 1,19 Este es el testimonio de Juan

o Testigo quien ha experimentado una vivencia y la transmite. El testimonio es una especie de vida que se hace palabra y se comunica a los demás. Tanto la cultura, como la historia, como la fe se fundamentan en el testimonio. Transmitir la fe no es ser un charlatán papanatas del catecismo, sino comunicar lo vivido desde JesuCristo.

o Nadie da lo que no tiene. Transmitiremos si es que tenemos la experiencia vivida en el orden de los valores: familia, justicia, libertad, cristianismo

desert_walkJn 1,8.20ss Juan Bautista no era la luz ni el Mesías.

o Todo el evangelio de san Juan está compuesto (sobre todo la cristología) desde un continuo “YO SOY” aplicado a Cristo.

o Desde el comienzo en el evangelio de Juan late ya el ser: en el principio ERA la Palabra … Y todo el evangelio es un continuo “YO SOY”: Yo soy el pan de vida, Yo soy el agua, Yo soy la luz del mundo, Yo soy el Buen pastor, Yo soy el camino, las verdad y la vida, yo soy la resurrección y la vida, yo soy rey …

o En una civilización del vacío, de la nada (nihilismo), bueno es que nos afirmemos en el ser, en quien es fundamento de la existencia.

o Juan Bautista es un hombre contracultural. Vive lejos de la sociedad (en el desierto), lejos del Templo. No es un eclesiástico de conveniencia y acomodaticio a los vaivenes de las ideologías religiosas y del poder.

o Juan Bautista dice de él que “no es”: YO NO SOY: no soy la luz, no soy el Mesías, no soy el Cristo, no soy Elías, no soy profeta, no soy digno…

o Juan Bta “no se cuelga medallas”, ni busca puestos o sedes, Jesús es (“Yo soy”), Juan Bautista “no es” (“NO SOY”). Juan es testigo de la luz. Muchas veces “nos lo tenemos muy creído” en la vida: yo soy tal, soy de tal familia, soy amigo de, he estudiado en tal sitio, soy o tengo tal cargo, yo soy el que mando, etc …

No es lo mismo ser la luz, lo cual solamente es Cristo: Yo soy la luz del mundo, (Jn 812), que ser un “iluminado y creído” en la vida familiar, social, política, en la Iglesia.

Mucho menos Juan Bautista es -ni se siente- el Mesías. Siempre se han dado “pseudo-mesías”, “salvadores de diócesis”, “salvapatrias” y “redentores”. No faltan hoy. Tal vez me tengo por más y mejor que los demás, tengo mis “toques” racistas y desprecio al emigrante, al que no es de los nuestros, etc. (¿)

o ¿Quizás me siento en posesión de la verdad, de la fe, de la solución política, me falta poco para suplantar al Mesías?

Jn 1,22-23 ¿Quién eres tú? YO SOY LA VOZ, que grita en el desierto.

o Juan Bautista es la voz; la Palabra es Cristo: En el principio existía la Palabra, (Jn 1,1). Juan es voz, “porta-voz”. La Palabra es otro: Cristo.

o Muchas veces nos creemos que nosotros somos la Palabra, que tenemos la verdad, que estamos en posesión de la verdad. Harto haremos en la vida si escuchamos y transmitimos la Palabra.

o El desierto evoca la esclavitud de Egipto, los cuarenta años de desierto en la vida, el exilio de Babilonia. Juan Bautista se sitúa en el desierto, en la dureza de la vida y anuncia al Libertador. Juan Bta no es el Libertador, pero lo anuncia viviendo el desierto.

o A Cristo no se le anuncia a bombo y platillo litúrgicos o de grandes concentraciones, sino “a pie de obra”, sufriendo con quien sufre en el desierto de la vida.

o ¿Soy voz que intenta trasmitir el Evangelio del Señor?

Jn 1,24-27 Los enviados eran judíos, sacerdotes, levitas y fariseos … En medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

imageo Es la ironía de San Juan. Los que preparan toda la película son “los del partido”, los judíos , los eclesiásticos: sacerdotes, levitas, fariseos … y son precisamente quienes desconocen a Cristo ¡Vosotros no conocéis al que está en medio del pueblo!

o Quienes más hablan son quienes menos conocen -¡y menos aman!- al Mesías. El Mesías no tiene más remedio que decir y hacer lo que “yo” pienso y digo.

o Juan Bautista se considera que -ante el Mesías- no está ni a la altura del zapato. NO SOY digno de desatar sus sandalias …

o Los fariseos, sacerdotes, levitas, etc. se creen, ¿nos creemos?, que podemos dominar tanto al Mesías como al pueblo. La honestidad personal de Juan Bautista hace bien.

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Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo

domingo, 27 de agosto de 2017
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AMOR CELOSO

Tú pides,
pides siempre,
pides mucho,
Señor.
Lo pides todo.
Te gusta ir entrando, como un fuego,
vida adentro de aquellos que te aman
y abrasarles las horas, los derechos, el juicio.
Tú haces los eunucos y los locos del Reino.
Abusas del amor
de los que son capaces
de abusar de tu Amor.

No muchos, más bien pocos.

(Todos podrán salvarse,
pocos quieren salvarte plenamente).

Teresa de Jesús, que lo sabía
de andar trochas y noches del Carmelo,
te lo advirtió. Inútilmente, claro.
Sigues siendo el Total,
la zarza ardiendo
sobre el Horeb de todos los llamados.

Delante de tu Gloria, Amor celoso,
no hay más gesto posible que descalzar el alma.
Tú eres. Tú nos haces.
Calcinándonos,
el Viento de tus llamas nos liberta.
Tú nos amas primero, en todo caso.

*

Pedro Casaldáliga.
Todavía estas palabras, 1994

***

 

 

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió:

«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

*

Mateo 16,13-20

***

***

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El que quiera seguirme…

domingo, 19 de junio de 2016
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Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice:
«Sígueme».
Él se levantó y le siguió.
(Mc 2, 14).

*

Tú eres el Mesías de Dios… El Hijo del hombre tiene que padecer mucho… Él se levantó y le siguió.

*

«Resulta natural en los periodos de renovación eclesiástica que la sagrada Escritura se nos vuelva mucho más rica. Tras las indispensables órdenes del día y consignas de combate de las controversias eclesiásticas, bullen una búsqueda e investigación intensas referentes a lo único que nos interesa: Jesucristo mismo. ¿Qué ha querido decirnos Jesús? ¿Qué quiere hoy de nosotros? ¿Cómo nos ayuda hoy a ser cristianos fieles?

En definitiva, lo importante para nosotros no es lo que quiere este o aquel hombre de Iglesia, sino saber lo que quiere Jesús. Cuando acudimos a la predicación deseamos oír sus propias palabras. No sólo por interés personal, sino pensando también en todos los hombres para los que la Iglesia y su mensaje se han vuelto extraños. Estamos firmemente persuadidos de que serían otros hombres completamente distintos los que escucharían la Palabra, y otros hombres completamente distintos los que se apartarían de ella, si Jesús mismo y Jesús solo, con su palabra, se encontrase en medio de nosotros en la predicación.»

*

Dietrich Bonhoeffer
El Precio de la Gracia. Ed. Sígueme, 1968n

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***

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó:

«¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?«

Pedro tomó la palabra y dijo:

«El Mesías de Dios.«

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió:

«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día

Y, dirigiéndose a todos, dijo:

«El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará

*

Lucas 9, 18-24

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«Reconocer a Jesús el Cristo». 24 Tiempo Ordinario – B (Marcos 8,27-35)

domingo, 13 de septiembre de 2015
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24-852860-228x300El episodio ocupa un lugar central y decisivo en el relato de Marcos. Los discípulos llevan ya un tiempo conviviendo con Jesús. Ha llegado el momento en que se han de pronunciar con claridad. ¿A quién están siguiendo? ¿Qué es lo que descubren en Jesús? ¿Qué captan en su vida, su mensaje y su proyecto?

Desde que se han unido a él, viven interrogándose sobre su identidad. Lo que más les sorprende es la autoridad con que habla, la fuerza con que cura a los enfermos y el amor con que ofrece el perdón de Dios a los pecadores. ¿Quién es este hombre en quien sienten tan presente y tan cercano a Dios como Amigo de la vida y del perdón?

Entre la gente que no ha convivido con él se corren toda clase de rumores, pero a Jesús le interesa la posición de sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». No basta que entre ellos haya opiniones diferentes más o menos acertadas. Es fundamental que los que se han comprometido con su causa, reconozcan el misterio que se encierra en él. Si no es así, ¿quién mantendrá vivo su mensaje? ¿Qué será de su proyecto del reino de Dios? ¿En qué terminará aquel grupo que está tratando de poner en marcha?

Pero la cuestión es vital también para sus discípulos. Les afecta radicalmente. No es posible seguir a Jesús de manera inconsciente y ligera. Tienen que conocerlo cada vez con más hondura. Pedro, recogiendo las experiencias que han vivido junto a él hasta ese momento, le responde en nombre de todos: «Tú eres el Mesías».

La confesión de Pedro es todavía limitada. Los discípulos no conocen aún la crucifixión de Jesús a manos de sus adversarios. No pueden ni sospechar que será resucitado por el Padre como Hijo amado. No conocen experiencias que les permitan captar todo lo que se encierra en Jesús. Solo siguiéndolo de cerca, lo irán descubriendo con fe creciente.

Para los cristianos es vital reconocer y confesar cada vez con más hondura el misterio de Jesús el Cristo. Si ignora a Cristo, la Iglesia vive ignorándose a sí misma. Si no lo conoce, no puede conocer lo más esencial y decisivo de su tarea y misión. Pero, para conocer y confesar a Jesucristo, no basta llenar nuestra boca con títulos cristológicos admirables. Es necesario seguirlo de cerca y colaborar con él día a día. Esta es la principal tarea que hemos de promover en los grupos y comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

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«Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho». Domingo 13 se septiembre de 2015 Domingo 24º de tiempo ordinario

domingo, 13 de septiembre de 2015
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51-ordinarioB24 cerezoDe Koinonia:

Isaías 50, 5-9a: Ofrecí la espalda a los que me apaleaban.
Salmo responsorial: 114: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.
Santiago 2, 14-18: La fe, si no tiene obras, está muerta.
Marcos 8, 27-35: Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

 Cuando los cristianos se propusieron la transformación del mundo esclavista, inhumano y violento que había impuesto el imperio romano, no comenzaron su labor apelando al hambre de la gente, ni a sus deseos de «acabar con los opresores romanos», sino que apelaron a la conciencia. En efecto, los discursos que prometen remediar el hambre, sólo son efectivos en la medida en que la carencia, la desprotección y el abandono son vistos como injusticias. De lo contrario, no pasan de ser una búsqueda de satisfacciones inmediatas y poco duraderas. Lo mismo ocurre con el deseo de derrocar a los poderosos del imperio y colocar allí a la gente del pueblo. Al poco tiempo, los líderes se llenan de ambiciones y se convierten en tiranos implacables. La única alternativa que queda y de la cual nos habla la carta de Santiago, es la frágil dignidad humana. Si la comunidad no está dispuesta a transformar en su interior toda esa realidad de muerte, miseria y marginación, es inútil que se proponga transformarla afuera. La solidaridad de la comunidad no sólo es un camino para remediar la injusticia en «pequeña escala», es una alternativa de vida. La solidaridad de una comunidad nos permite descubrir que «otro mundo es posible» y que el destino no está atado a la destrucción y la barbarie. La fe cristiana no es tal si se contenta con mirar, desde la barrera, el circo en el que mueren tantas personas inocentes.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas. La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa. Esto puede sonar un poco «patético», sin embargo, basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.

El camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús. Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, los seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro. Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían. Pedro, Juan y Santiago, líderes del grupo de Galilea, siguen aferrados a la ideología del caudillo nacionalista o del místico líder religioso y no descubren en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.

Este episodio marca el centro del evangelio de Marcos y es el punto de quiebre en el cual el camino de Jesús sorprende a sus seguidores. Ninguno está de acuerdo con él, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos, torcida por las ideologías sectarias y triunfalistas.

El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la «Pasión», la «Cruz», debe ser tomada siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado… Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros… Véase el amplio comentario que hacemos al respecto en este próximo día 14, fiesta de la «exaltación» de la Cruz. Leer más…

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Dom 13.9.15. Jesús y Pedro, una historia cruzada.

domingo, 13 de septiembre de 2015
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 24, tiempo ordinario. Mc 8, 27-33. Éste es uno de los textos más difíciles de entender de la historia de Jesús y del evangelio (especialmente del de Marcos), una historia cruzada de confesión de Pedro, de mala interpretación de Jesús, y de rechazo de Jesús que quiere situarle en el buen camino. Una historia antigua, que ilumina de forma sorprendente la historia papal de nuestros días, con un Papa Francisco que quiere escuchar y cumplir la voluntad de Jesús, según el evangelio.

1. Pedro formula la buena confesión de fe, diciendo que Jesús es el Mesías, es decir, el Cristo, no un simple profeta. Lo que dice es recto, pero corre el riesgo de cerrarse en una tradición israelita muy limitada, en una postura común de la iglesia posterior, que busca el poder para triunfar (hacer que triunfe Dios). Éste es el Pedro que quiere “salvarse a sí mismo” (tomar el poder religioso) pensando que honra a Jesús.

2. Pero Jesús no acepta la “toma de poder” social y/o religioso que le propone Pedro. Por eso, le rechaza, diciendo que su postura es “diabólica”. Jesús no puede aceptar a este Pedro del poder, sino que le condena, diciendo que representa y defiende a Satán, no al Dios creador del amor, que se introduce en la vida de los hombres, estando dispuesto a fracasar con (por) ellos.

Esta “confesión” de Pedro, con el rechazo y corrección de Jesús sigue estando en la raíz de la historia cristiana, representada por papas y simples cristianos que buscan, promueven y defienden (buscamos, promovemos…) el poder social o religioso de Cristo (¡poder, no amor de servicio!). Así lo pondré de relieve en las reflexiones que siguen, divididas en dos partes: (a) la buena confesión de Pedro; (b) la mala interpretación, con la corrección de Jesús. Buen domingo.

1 Mc 8, 27-30. PEDRO, LA BUENA CONFESIÓN
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27 Y salieron Jesús y sus discípulos hacia las aldeas de Cesárea de Filipo y en el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy yo? 28 Ellos le contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que uno de los profetas. 29 El siguió preguntándoles: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro le respondió: Tú eres el Cristo. 30 Y les prohibió terminantemente que hablaran a nadie acerca de él

La respuesta de la gente es parcial y bondadosa, porque otros (cf. 3, 20-35) habían afirmado que es un emisario de Satán, alguien que quiere destruir la obra de Dios en su pueblo.

1. Es Juan Bautista. Algunos opinan que Jesús es el mismo Juan Bautista, que ha revivido, como pensaba Herodes con miedo: ¡Si Jesús es Juan que ha vuelto (ha resucitado) él puede venir a destruirnos! Pero, en nuestro caso, la gente que identifica a Jesus con Juan no lo hace por miedo, sino, básicamente, de un modo positivo, en la línea de las esperanzas de Israel.

2. Es Elías. En un contexto semejante se sigue situando la visión de aquellos que le identifican con Elías o con otro profeta, conforme a una tema que habíamos destacado al comienzo del evangelio (comentando 1, 1-7). La esperanza de un profeta escatológico ha sido el «humus» o caldo de cultivo principal del movimiento mesiánico judío, según ha destacado Flavio Josefo, tanto en el libro sobre La guerra judía como en Las antigüedades de los judíos.

¿Y vosotros?Respuesta de Pedro.¡Tú eres el Cristo! (8, 29).

Quien habla así es el “Pedro histórico” (del tiempo de la vida de Jesús, cuyo recuerdo se mantiene en las comunidades), pero es también el Pedro de la Iglesia, quien, según Marcos, ha visto y confesado a Jesús como Cristo, pero no dado el paso para confesarle de verdad como Hijo de Hombre que entrega la vida por todos. Éste es el momento clave de la “confesión de Pedro”, una confesión que, como indicará, a partir de aquí, todo el evangelio de Marcos, no es la adecuada, de forma que Jesús debe rechazarla (o corregirla).

–Jesús responde pidiendo a todos que se mantengan en silencio (8, 30). Ha preguntado para escucharles. Ahora les manda que callen, pues lo que Pedro ha dicho sólo puede entenderse bien en un contexto pascual. En un primer momento, este silencio que Jesús impone a sus discípulos forma parte de su “estrategia” mesiánica: No quiere que expongan sus milagros, ni pregonen su condición mesiánica fuera de contexto, antes de que culmine su camino de entrega de la vida. Más aún, el silencio que les pide es todavía más profundo: ¡Les manda que no hablen de él a nadie! (hina mêdeni legôsin peri autou; 8, 30).

¡Tú eres el Cristo! (9, 29). Según Pedro (¡el Pedro de la primera iglesia cristiana!), que Jesús ha superado los esquemas del Bautista y de los predicadores penitenciales de su tiempo, pues él busca y promueve desde Israel, en clave mesiánica (como Cristo), la llegada del Reino, como ha venido mostrando la parte anterior del evangelio (1, 14−8, 26). Conocemos por ella lo que Jesús ha ido expandiendo en las tierras del entorno del Mar de Galilea.

− Valor. En un plano, la respuesta de Pedro es acertada, porque el mismo redactor de Marcos la ha tomado como suya, poniéndola precisamente en el título de su libro (“Evangelio de Jesús el Cristo, Hijo de Dios”: cf. 1, 1). En ese aspecto podemos afirmar que Pedro ha sido el primero en confesar el mesianismo de Jesús, hablando en nombre del resto de los seguidores, quizá en el tiempo de la vida histórica de Jesús, pero, sobre todo, en el tiempo de la Pascua. Por eso Marcos le ha presentado como “el Pedro”, en el sentido de piedra-fundamento (cf. 3, 16) de un camino/edificio que aún no ha culminado (cf. 16, 6-7).

− Ambigüedad. Pero, en otro plano Marcos sabe (y quiere decir) que esa respuesta de Pedro resulta radicalmente ambigua (y que se puede manipular satánicamente), de manera que Jesús no quiere que se utilice, a no ser cuando se entienda y asuma el sentido de su entrega mesiánica (es decir, de su muerte). Este Jesús de Marcos no se opone simplemente a Pedro, como persona, sino al proyecto mesiánico que Pedro ha representado en la primera Iglesia, un proyecto que choca con el camino de entrega de Jesús, que no reconoce ni acepta el sentido de su muerte. Para decirlo con otras palabras, este Pedro de Marcos es un “cristiano a medias”, alguien que en el fondo rechaza a Jesús, como irá mostrando el resto del evangelio.

Pedro ha llamado a Jesús “Cristo”, y al hacerlo ha querido resituar su obra en el ámbito de las promesas y esperanzas mesiánicas de Israel. De esa forma ha reconocido el poder de Jesús y le ha visto como alguien con facultades para realizar algo que los otros no pueden. Pues bien, en esa línea, Pedro dice a Jesús en este pasaje que ha llegado su hora y le pide que se ponga al servicio de un mesianismo triunfante israelita, que empiece ya su obra verdadera. Eso es lo que dijo en el tiempo de la historia de Jesús, y lo que ha seguido diciendo en la primera Iglesia. Según eso, Pedro no ha visto la “novedad” radical de Jesús (en línea de evangelio, en línea de Pablo), sino que le ha seguido encerrando en la red de un mesianismo intraisraelita.

Esta designación (nominación) de Jesús como Cristo desencadena los acontecimientos. Hasta ese momento, su proyecto se presentaba como abierto, de manera que podía interpretarse y aplicarse quizá en varias direcciones.

(a) En este momento, Pedro toma el liderazgo del grupo y quiere mover el proyecto de Jesús en la línea del mesianismo nacional, triunfante, de Israel; lo que él dice parece bueno, conforme a la esperanza de Israel y a las posibilidades de Jesús, en este contexto de su vida.

(b) Pero el verdadero Jesús tiene otro plan y, por eso, pedirá a Pedro y a su gente que se callen, que no lo diga a nadie, pues lo que podrían decir en esa línea es falso. Leer más…

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Del Mesías glorioso al Hijo del Hombre sufriente. Domingo 24. Ciclo B

domingo, 13 de septiembre de 2015
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Mc 8,27-35_2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El evangelio de Marcos se divide en dos grandes partes, divididas por el pasaje que hoy leemos. Hasta este momento se ha ido planteando el enigma de quién es Jesús, y ahora es él quien plantea la pregunta a sus discípulos: ¿quién dice la gente que soy yo?

Lo que piensa la gente

Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Mal 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra». En cualquier caso, resulta interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto.

Lo que piensa Pedro

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?” Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás. Según Mc, la respuesta de Pedro se limita a las palabras “Tú eres el Mesías”.

¿Qué significaba este título? En el Antiguo Testamento se refiere generalmente al rey de Israel; un personaje que se concebía elegido por Dios, adoptado por él como hijo, pero normal y corriente, capaz de los mayores crímenes. Pero la monarquía desapareció en el siglo VI a.C., y los grupos que esperaban la restauración de la dinastía de David fueron atribuyendo al mesías esperado cualidades cada vez más maravillosas.

Los Salmos de Salomón, oraciones de origen fariseo compuestas en el siglo I a.C., describen detenidamente el papel del Mesías: librará a Judá del yugo de los romanos, eliminará a los judíos corruptos que los apoyan, purificará Jerusalén de toda práctica idolátrica, gobernará con justicia y rectitud y su dominio se extenderá incluso a todas las naciones. Es un rey ideal, y por eso el autor del Salmo 17 termina diciendo: «Felices los que nazcan en aquellos días».

Si imaginamos al grupo de Jesús, que vive de limosna, peregrina de un sitio para otro sin un lugar donde reclinar la cabeza, en continuo conflicto con las autoridades religiosas, decir que Jesús es el Mesías implica mucha fe en el personaje o una auténtica locura.

Lo que piensa Jesús de sí mismo

En contra de lo que cabría esperar, Jesús prohíbe terminantemente decir eso a nadie. Y en vez de referirse a sí mismo con el título de Mesías usa uno distinto: “Hijo del Hombre”, que parece inspirado en Ezequiel (a quien Dios siempre llama “Hijo de Adán”) y en Daniel. Lo importante no es el origen del título, sino cómo lo interpreta Jesús: el destino del Hijo del Hombre es padecer mucho, ser rechazado por las autoridades políticas, religiosas e intelectuales, sufrir la muerte y resucitar. En una concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto es inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. Un profeta anónimo la encarnó en el personaje del Siervo de Yahvé (Isaías 53).

Conflicto entre Pedro y Jesús

Igual que el poema del libro de Isaías, Jesús termina hablando de resurrección. Pero Pedro se queda en el sufrimiento, se lleva a Jesús aparte y le increpa, sin que Mc concrete las palabras que dijo.

Jesús reacciona con enorme dureza. Pedro lo ha tomado aparte, pero él se vuelve hacia los discípulos porque quiere que todos se enteren de lo que va a decirle: «¡Retírate, Satanás! ¡Piensas al modo humano, no según Dios!» La mención de Satanás recuerda lo ocurrido después del bautismo, cuando Satanás somete a Jesús a las tentaciones. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Jesús, que no ha visto un peligro en las tentaciones de Satanás, si ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, sino llena de violencia.

Enseñanza para todos

De repente, el auditorio se amplía, y a los discípulos se añade la multitud. Las palabras que Jesús (“el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvara”) parten de una idea conocida en el AT: la elección entre la vida y la muerte. Pero con una notable diferencia: elegir la vida equivale aquí a seguir a Jesús, eligiendo con ello negarse a sí mismo, cargar la cruz y morir. Cuando el discípulo acepta el destino del Siervo de Dios, el destino de Jesús, termina consiguiendo el triunfo, la vida verdadera.

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«Creer por experiencia propia». 3 Pascua – B (Lucas 24,35-48)

domingo, 19 de abril de 2015
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821287No es fácil creer en Jesús resucitado. En última instancia es algo que solo puede ser captado y comprendido desde la fe que el mismo Jesús despierta en nosotros. Si no experimentamos nunca «por dentro» la paz y la alegría que Jesús infunde, es difícil que encontremos «por fuera» pruebas de su resurrección.

Algo de esto nos viene a decir Lucas al describirnos el encuentro de Jesús resucitado con el grupo de discípulos. Entre ellos hay de todo. Dos discípulos están contando cómo lo han reconocido al cenar con él en Emaús. Pedro dice que se le ha aparecido. La mayoría no ha tenido todavía ninguna experiencia. No saben qué pensar.

Entonces «Jesús se presenta en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”». Lo primero para despertar nuestra fe en Jesús resucitado es poder intuir, también hoy, su presencia en medio de nosotros, y hacer circular en nuestros grupos, comunidades y parroquias la paz, la alegría y la seguridad que da el saberlo vivo, acompañándonos de cerca en estos tiempos nada fáciles para la fe.

El relato de Lucas es muy realista. La presencia de Jesús no transforma de manera mágica a los discípulos. Algunos se asustan y «creen que están viendo un fantasma». En el interior de otros «surgen dudas» de todo tipo. Hay quienes «no lo acaban de creer por la alegría». Otros siguen «atónitos».

Así sucede también hoy. La fe en Cristo resucitado no nace de manera automática y segura en nosotros. Se va despertando en nuestro corazón de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. De ordinario, crece rodeada de dudas e interrogantes: ¿será posible que sea verdad algo tan grande?

Según el relato, Jesús se queda, come entre ellos, y se dedica a «abrirles el entendimiento» para que puedan comprender lo que ha sucedido. Quiere que se conviertan en «testigos», que puedan hablar desde su experiencia, y predicar no de cualquier manera, sino «en su nombre».

Creer en el Resucitado no es cuestión de un día. Es un proceso que, a veces, puede durar años. Lo importante es nuestra actitud interior. Confiar siempre en Jesús. Hacerle mucho más sitio en cada uno de nosotros y en nuestras comunidades cristianas.

José Antonio Pagola

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«Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día». Domingo 19 de abril de 2015 Domingo tercero de Pascua

domingo, 19 de abril de 2015
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29-PascuaB3 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 3,13-15.17-19: Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.
Salmo responsorial: 4: Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor.
1Juan 2,1-5: Él es víctima de propiciación por nuestros pecados y también por los del mundo entero:
Lucas 24,35-48: Así estaba escrito: el Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.

En la lectura de los Hechos encontramos de nuevo a Pedro, que se dirige a todo Israel y lo sigue siendo invitado a la conversión. Pedro tranquiliza a sus oyentes haciéndoles ver que todo ha sido fruto de la ignorancia, pero al mismo tiempo invita a acoger al Resucitado como al último y definitivo don otorgado por Dios. La muerte de Jesús se convierte para el creyente en sacrificio expiatorio. No hay asomo de resentimiento ni de venganza, sino invitación al arrepentimiento para recibir la plenitud del amor y de la misericordia del Padre, que se concreta en la confianza y en la seguridad de haber recuperado aquella filiación rota por la desobediencia.

El creyente, expuesto a las tentaciones, rupturas y caídas no tiene por qué sentirse condenado eternamente al fracaso o a la separación de Dios. San Juan nos da hoy en su Primera Carta el anuncio gozoso del perdón y de la reconciliación consigo mismo y con Dios. El cristiano está invitado por vocación a vivir la santidad; sin embargo, las infidelidades a esta vocación no son motivo de rechazo definitivo por parte de Dios, más bien son motivo de su amor y su misericordia, al tiempo que son un motivo esperanzador para el cristiano, para mantener una actitud de sincera conversión.

En el evangelio nos encontramos una vez más con una escena pospascual que ya nos es común: los Apóstoles reunidos comentado los sucesos de los últimos días. Recordemos que en esta reunión que nos menciona hoy san Lucas, están también los discípulos de Emaús que habían regresado a Jerusalén luego de haber reconocido a Jesús en el peregrino que los ilustraba y que luego compartió con ellos el pan.

En este ambiente de reunión se presenta Jesús y, a pesar de que estaban hablando de él, se asustan y hasta llegan a sentir miedo. Los eventos de la Pasión no han podido ser asimilados suficientemente por los seguidores de Jesús. Todavía no logran establecer la relación entre el Jesús con quien ellos convivieron y el Jesús glorioso, y no logran tampoco abrir su conciencia a la misión que les espera. Digamos entonces que “hablar de Jesús”, implica algo más que el simple recuerdo del personaje histórico. De muchos personajes ilustres se habla y se seguirá hablando, incluido el mismo Jesús; sin embargo, ya desde estos primeros días pospascuales, va quedando definido que Jesús no es un tema para una tertulia intranscendente.

Me parece que este dato que nos cuenta Lucas sobre la confusión y la turbación de los discípulos no es del todo fortuito. Los discípulos creen que se trata de un fantasma; su reacción externa es tal que el mismo Jesús se asombra y corrige: “¿por qué se turban… por qué suben esos pensamientos a sus corazones?”.

Aclarar la imagen de Jesús es una exigencia para el discípulo de todos los tiempos, para la misma Iglesia y para cada uno de nosotros hoy. Ciertamente en nuestro contexto actual hay tantas y tan diversas imágenes de Jesús, que no deja de estar siempre latente el riesgo de confundirlo con un fantasma. Los discípulos que nos describe hoy Lucas sólo tenían en su mente la imagen del Jesús con quien hasta un poco antes habían compartido, es verdad que tenían diversas expectativas sobre él y por eso él los tiene que seguir instruyendo; pero no tantas ni tan completamente confusas como las que la “sociedad de consumo religioso” de hoy nos está presentando cada vez con mayor intensidad. He ahí el desafío para el evangelizador de hoy: clarificar su propia imagen de Jesús a fuerza de dejarse penetrar cada vez más por su palabra; por otra parte está el compromiso de ayudar a los hermanos a aclarar esas imágenes de Jesús.

Es un hecho, entonces, que aún después de resucitado, Jesús tiene que continuar con sus discípulos su proceso pedagógico y formativo. Ahora el Maestro tiene que instruir a sus discípulos sobre el impacto o el efecto que sobre ellos también ejerce la Resurrección. El evento, pues, de la Resurrección no afecta sólo a Jesús. Poco a poco los discípulos tendrán que asumir que a ellos les toca ser testigos de esta obra del Padre, pero a partir de la transformación de su propia existencia.

Las expectativas mesiánicas de los Apóstoles reducidas sólo al ámbito nacional, militar y político, siempre con característica triunfalistas, tienen que desaparecer de la mentalidad del grupo. No será fácil para estos rudos hombres re-hacer sus esquemas mentales, “sospechar” de la validez aparentemente incuestionable de todo el legado de esperanzas e ilusiones de su pueblo. Con todo, no queda otro camino. El evento de la resurrección es antes que nada el evento de la renovación, comenzando por las convicciones personales. Este pasaje debe ser leído a la luz de la primera parte: la experiencia de los discípulos de Emaús.

Las instrucciones de Jesús basadas en la Escritura infunden confianza en el grupo; no se trata de un invento o de una interpretación caprichosa. Se trata de confirmar el cumplimiento de las promesas de Dios, pero al estilo de Dios, no al estilo de los humanos.

De alguna forma conviene insistir que el evento de la resurrección no afecta sólo al Resucitado, afecta también al discípulo en la medida en que éste se deja transformar para ponerse en el camino de la misión. Nuestras comunidades cristianas están convencidas de la resurrección, sin embargo, nuestras actitudes prácticas todavía no logran ser permeadas por ese acontecimiento. Nuestras mismas celebraciones tienen como eje y centro este misterio, pero tal vez nos falta que en ellas sea renovado y actualizado efectivamente.

Queremos llamar la atención sobre el necesario cuidado al tratar el tema de las apariciones del Resucitado, y su conversar con los discípulos y comer con ellos… No podemos responsablemente tratar ese tema hoy como si estuviéramos en el siglo pasado o antepasado… Hoy sabemos que todos estos detalles no pueden ser tomados a la letra, y no es correcto teológicamente, ni responsable pastoralmente, construir toda una elaboración teológica, espiritual o exhortativa sobre esos datos, como si nada pasara, igual que si pudiéramos dar por descontado que se tratase de daos empíricos rigurosamente históricos, sin aludir siquiera a la interpretación que de ellos hay que hacer… Puede resultar muy cómodo no entrar en ese aspecto, y el hacerlo probablemente no suscitará ninguna inquietud a los oyentes, pero ciertamente no es el mejor servicio que se puede hacer para el para el pueblo de Dios…

Permítasenos transcribir sólo un párrafo del libro «Repensar la resurrección» (Trotta, Madrid 2003, cuyo resumen puede leerse o recogerse en la Revista Electrónica Latinoamericana de Teología, http://servicioskoinonia.org/relat/321.htm):

«Si antes influía sobre todo la caída del fundamentalismo, ahora es el cambio cultural el que se deja sentir como prioritario. Cambio en la visión del mundo, que, desdivinizado, desmitificado y reconocido en el funcionamiento autónomo de sus leyes, obliga a una re-lectura de los datos. Piénsese de nuevo en el ejemplo de la Ascensión: tomada a la letra, hoy resulta simplemente absurda. En este sentido, resulta hoy de suma importancia tomar en serio el carácter trascendente de la resurrección, que es incompatible, al revés de lo que hasta hace poco se pensaba con toda naturalidad, con datos o escenas sólo propios de una experiencia de tipo empírico: tocar con el dedo al Resucitado, verle venir sobre las nubes del cielo o imaginarle comiendo, son pinturas de innegable corte mitológico, que nos resultan sencillamente impensables».

Invitamos a leer el texto completo (o, mejor aún, el libro entero). Leer más…

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Dom 19.4.15 (Pascua 5). Jesús resucitado: Un “fantasma histórico” recorre…

domingo, 19 de abril de 2015
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viacrucislatinoamericano_15_smallDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 3 pascua. Retomo el “itinerario de pascua”, aparcado hace unos días en mi blog, con el evangelio del Dom 3 de Pascua (Lc 24, 35-49) parecido al de Jn 20, 19-21 (domingo anterior, escena de Tomás)resaltando sus seis rasgos más significativos, para comentarlos luego. Hablo de Jesús como “fantasma histórico”, en muy hondo sentido real (no literalista), distinto de aquel famoso “fantasma” que empezó a recorrer Europa el año 1843,

1. Jesús se aparece a muchos, no a unos pocos (dos o tres mujeres, Magdalena, Pedro, los 12…), como lo hacía en Jn 20, 19-31, revelándose así a la iglesia entera, en la que estamos incluidos nosotros, con los once (doce sin Judas), y con todos los restantes compañeros y compañeras, y los tres de Emáus(cf. Lc 24, 9-34). También a nosotros se nos muestra hoy, si ensanchamos el corazón y abrimos los oídos, los ojos, con las manos, de manera que no podemos decir ya que “aquellos vieron y nosotros no”, sino que todos nosotros podemos ver y sentir con el corazón como ellos.

2. Jesús se aparece de forma “histórica”, pero no en sentido historicista (físico), como parecen haber dicho desmañadamente algunos obispos hispanos en declaraciones discutidas de días pasados. No queremos discutir con ellos, pero nos sentimos obligados a ofrecer una respuesta más ajustada a los textos bíblicos y a la visión del evantelio. Nos hallamos ante una “historia nueva”, ante el comienzo y sentido de una experiencia distinta de presencia personal, que sólo con fe puede comprenderse (aceptarse), ante una realidad más honda, una “música” más alta de vida.

3. Ésta “aparición” pascual no se impone por la fuerza (de forma “tumbativa”), de manera que podemos y debemos afirmar (si no creemos y acogemos) que ese Jesús pascual es un “fantasma”, como empezaron diciendo los reunidos del principio: “¡creían ver un fantasma!”. ¡Evidentemente, eso creían! En un plano, Jesús resucitado forma parte de un tipo de “imaginación” sagrada, y así muchos han podido seguir dudando de la realidad de su presencia. Pero es un fantasma poderoso que recorre el mundo, abriendo para aquellos que escuchan su voz una dimensión de vida más real, más “histórica”, más alta.

4. Ese “fantasma” de Pascua nos introduce en la “herida de la historia”, en las llagas de los “crucificados”, que son signo de Dios (¡ver a Dios en los oprimidos y asesinados!), para hacernos de esa forma solidarios con la “carne” más sangrante de la historia humana. Es un fantasma que nos introduce en la realidad más concreta, llevándonos a compartir el alimento, de manera que sólo aprendiendo a comer en solidaridad podemos “comprender” su realidad. Por eso, Jesús sigue diciendo: ¿Qué tenéis de comer? Allí donde damos de comer y compartimos el alimento (aquí unos peces) sabemos que es él, que “está en persona” (ésta es la traducción exacta del texto litúrgico). Es él, Jesús, el que se muestra en vida, el que sustenta y pone en marcha nuestra nueva historia.

5. Éste es un fantasma anunciado: ¿no era esto lo que os dije cuando estaba con vosotros, no era esto lo que dice la Escritura? Ciertamente, la pascua de Jesús sigue siendo una “sorpresa”, la gran novedad de la historia de los hombres. Peo, al mismo tiempo, este “fantasma histórico” (pascual) viene a revelarse y presentarse como la más honda y verdadera de todas las verdades y presencia de la vida humana. Este Jesús presente tras su muerte nos permite interpretar la historia y conocer su densidad (su realidad), no a partir de los vencedores, sino de los crucificados y excluidos. Éste es la lección suprema de la pascua: Por ella podemos entender, interpretar la historia, comprender el sentido de la vida de los hombres (y condenar toda la injusticia…).

6. La pascua se traduce finalmente en forma de perdón y reconciliación universal, algo que es contrario a toda pura fantasía. “Y en su nombre se proclamará la conversión y el perdón…”. Esto es lo que dice Jesús a todos los discípulos, no sólo a los Doce. Esto es lo que nos dice la pascua…, que no es una verdad para aceptar sin más, ni una “historia pasada”, sino una verdad para cumplir y una historia para realizar (para actualizar). La pascua de Jesús no se encuentra atrás (no se cierra en el pasado), sino que nos hace avanzar y crear, siendo así “pascua viviente”, resurrección para los hombres, creando historia de evangelio.

Buen domingo a todos, con el deseo de que acojáis al “fantasma realísimo” de Jesús resucitado.

imagesLucas 24,35-48.

En aquel tiempo, contaban los discípulos (venidos de Emaús) lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.» Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.

Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.» Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Comentario

Ésta es la aparición fundante de Jesús en Lc 24, 36-49. Sabemos que en el fondo siguen estando los Doce discípulos del grupo de Jesús, convocados a manera de signo del nuevo Israel escatológico. Pero el grupo en cuanto tal se ha roto (no son ya Doce) y se ha expandido (hay mujeres, parientes etc.). Ahora están reunidos todos los discípulos del principio, el conjunto de la Iglesia primitiva.

Según eso, Jesús no se aparece ya a los Doce, como representantes del nuevo Israel, ni simplemente a Magdalena o Pedro (como sabe y dice el texto anterior: ¡Ha resucitado el Señor de verdad, y se ha aparecido a Simón! Lc 24, 34), sino a la iglesia entera. Esta es la fiesta de todos los cristianos, día de gozo que funda todo el transcurso de la historia de la iglesia. Leer más…

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Perdón, resurrección y misión. Domingo 3º de Pascua. Ciclo B

domingo, 19 de abril de 2015
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20._jesus_appears_at_emmaus-lowresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El perdón

            Las tres lecturas de hoy coinciden en el tema del perdón de los pecados a todo el mundo gracias a la muerte de Jesús. La primera termina: “Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.” La segunda comienza: “Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.” En el evangelio, Jesús afirma que “en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”.

Gente con muy poco conocimiento de la cultura antigua suele decir que la conciencia del pecado es fruto de la mentalidad judeo-cristiana para amargarle la vida a la gente. Pero la angustia por el pecado se encuentra documentada milenios antes, en Babilonia y Egipto. Lo típico del NT es anunciar el perdón de los pecados gracias a la muerte de Jesús.

La resurrección y sus pruebas

            El evangelio de este domingo concede especial importancia al tema de la resurrección. Imaginemos la situación de los primeros misioneros cristianos. ¿Cómo convencer a la gente para que crea en una persona condenada a la muerte más vergonzosa por las autoridades, religiosas, intelectuales y políticas? Necesitaban estar muy convencidos de que su muerte no había sido un fracaso, de que Jesús seguía realmente vivo. Y la certeza de su resurrección la expresaban con los relatos de las apariciones. En ellas se advierte una evolución muy interesante:

  1. En el relato más antiguo, el de Marcos, Jesús no se aparece; es un ángel quien comunica a las mujeres que ha resucitado, y éstas huyen asustadas sin decir nada a nadie (Mc 16,1-8).
  1. En el relato posterior de Mateo, a la aparición del ángel sigue la del mismo Jesús; su resurrección es tan clara que las mujeres pueden abrazarle los pies (Mt 28,9-10).
  2. Lucas parece moverse entre cristianos que tienen muchas dudas a propósito de la resurrección (recuérdese que en Corinto había cristianos que la negaban), y proyecta esa situación en los apóstoles: ellos son los primeros en dudar y negarse a creer, pero Jesús les ofrece pruebas físicas irrefutables: camina con los dos de Emaús, se sienta con ellos a la mesa, bendice y parte el pan. Pero sobre todo el episodio siguiente, el que leemos este domingo, insiste en las pruebas físicas: Jesús les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de tocarlos, y llega a comer un trozo de pescado ante ellos.

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:

̶  Paz a vosotros.

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:

̶  ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

̶  ¿Tenéis ahí algo que comer?

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

  1. Juan parece matizar el enfoque de Lucas: Jesús ofrece a Tomás la posibilidad de meter el dedo en sus manos y en el costado. Pero ese tipo de prueba física no es el ideal. Lo ideal es “creer sin haber visto”, como el discípulo predilecto cuando acude con Pedro al sepulcro. En esta misma línea se mueve la aparición final junto al lago: cuando llegan a la orilla y encuentran ven las brasas preparadas y el pescado (Jesús no come) “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor”. Juan ha expresado de forma magistral la unión de incertidumbre y certeza. No hay pruebas de que sea Jesús, pero no les cabe duda de que lo es.
  1. La sección final del evangelio de Marcos, que se añadió más tarde, inspirándose en relatos conocidos, ofrece un punto de vista muy curioso. Las personas que hablan de la resurrección de Jesús no parecen las más dignas de crédito: de María Magdalena había expulsado siete demonios; los dos que dialogan con él por el camino dicen que se les apareció «con otro aspecto». Parece lógico que no les crean. Sin embargo, Jesús les reprocha su incredulidad.

He querido alargarme en estas diferencias entre los evangelistas porque a menudo se utilizan los relatos de las apariciones como armas arrojadizas contra los que tienen dudas. Dudas tuvieron todos y, de acuerdo con los distintos ambientes, se contó de manera distinta esa certeza de que Jesús había resucitado y de que se podía creer en él como el Salvador al que merecía la pena entregarle toda la vida.

La sección final de Lucas

            El hecho de que Jesús comiese un trozo de pescado podría ser una prueba contundente para los discípulos, pero no para los lectores del evangelio, que debían hacer un nuevo acto de fe: creer lo que cuenta Lucas.

            Por eso, Lucas añade un breve discurso de Jesús que está dirigido a todos nosotros: en él no pretende probar nada, sino explicar el sentido de su pasión, muerte y resurrección. Y el único camino es abrirnos el entendimiento para comprender las Escrituras. A través de ella, de los anunciado por Moisés, los profetas y los salmos, se ilumina el misterio de su muerte, que es para nosotros causa de perdón y salvación.

Y les dijo:

̶  Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

̶  Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

La mejor prueba de la resurrección de Jesús

Las últimas palabras de Jesús anuncian el futuro: “En su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.” La frase final: “vosotros sois testigos de esto” parece dirigida a nosotros, después de veinte siglos. Somos testigos de la expansión del evangelio entre personas que, como dice la primera carta de Pedro, “lo amáis sin haberlo visto”. Esta es la mejor prueba de la resurrección de Jesús.

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«Allanar el camino a Jesús». 3 Domingo de Adviento – B (Juan 1,6-8.19-28)

domingo, 14 de diciembre de 2014
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03advientoB3cerezo«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.

Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, provocan en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?

Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.

Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada. Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.

Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.

¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

José Antonio Pagola

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«En medio de vosotros hay uno que no conocéis.». Domingo 14 de diciembre de 2014. Domingo 3º de Adviento

domingo, 14 de diciembre de 2014
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imagesLeído en Koinonia:

Isaías 61,1-2a.10-11: Desbordo de gozo con el Señor.
Interleccional: Lucas 1,46-54: Me alegro con mi Dios.
1Tesalonicenses 5,16-24: Que vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado hasta la venida del Señor.
Juan 1,6-8.19-28: En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

 El profeta Isaías invita a todo el pueblo que retorna del destierro, y que ha visto que las promesas con que esperaban encontrar su tierra no son tan ciertas; lo invita a la esperanza. La acción de Dios es efectiva y eficaz. La Jerusalén que ahora ven arruinada, será en un futuro centro de peregrinaciones y a la que acudirán todas las naciones de la tierra. Es una realidad muy dura de pobreza, de tristeza y de cautiverio. Por eso, la vocación del profeta esta dirigida hacia esas personas. Se siente capacitado por Dios para el anuncio de «buenas noticias» de esperanza a los marginados del país. Las cosas están difíciles pero podemos salir adelante, Dios no nos abandona, parece decir el profeta. Aunque haya dificultades al regreso el Señor ha revestido al pueblo de ropas de salvación, le ha retornado el don de la tierra, y así como está hace germinar los frutos, quien hace germinar la justicia y la alabanza es el Señor.

El salmo recoge hoy la oración de María cuando visita a Isabel, que la tradición llama Magnificat. La oración esta basada en el cántico de Ana que encontramos en el 1Sam 2, 1-10. Se centra en dos grandes temas, por una parte los pobres y humildes son socorridos en detrimento de los poderosos, y por otra, el hecho de que Israel es objeto del favor de Dios desde la promesa hecha a Abraham (Gn 15,1; 17,1). María canta la grandeza de Dios salvador que se ha fijado en los humildes, especialmente en la pequeñez de María, y nos muestra que la lógica de Dios no siempre coincide con la lógica e los poderosos. Precisamente ha hecho una promesa con un pueblo pequeño cumpliendo la promesa de Abraham, se ha fijado en la humildad y pequeñez de María, ha derribado del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. La lógica de Dios pasa por el reconocimiento de los más pequeños como sujetos preferenciales de su acción. En eso consiste ser creyente. Esta es la palabra profética que la tradición pone en boca de María.

En la segunda lectura vemos como el apóstol Pablo invita a la comunidad de Tesalónica a la fidelidad. La vida de la comunidad tenía algunas dificultades: problemas con los animadores de la comunidad, peleas, desánimo, falta de fe, fornicación. Es una comunidad que se ha convertido del paganismo al cristianismo (1,9) y que ha dejado los ídolos, sus dioses, para seguir al Dios verdadero, pero que le cuesta desprenderse del todo de sus tradiciones antiguas, de su legado cultural. Parece que la exigencia de la vida de comunidad no le era satisfactoria a muchos que se sentían desilusionados. Es por esto que Pablo les llama la atención; reconoce que ha sido una comunidad que se ha esforzado por seguir a Jesús, que posee el Espíritu del Resucitado, pero que aún puede dar más. Les llama a estar alegres, a orar constantemente, a no dejarse desanimar. No se trata de rechazar todo lo que les viene de fuera y que les impide la vida de comunidad, se trata de examinar todo y quedarse con lo bueno. Les llama a fidelidad y a continuar en el camino que han emprendido. No hay que dejarse desanimar por los problemas, que siempre habrán, se trata de ser fieles al camino emprendido y vivirlo con alegría pues estamos convencidos que es el mejor camino a la felicidad.

El evangelio de Juan no presenta el testimonio de Juan el Bautista que ahondaremos a lo largo de esta semana litúrgica. La lectura nos introduce diciendo que este es el testimonio de Juan y luego nos cuenta que de Jerusalén los dirigentes judíos enviaron delegados para preguntarle si era el Mesías o Elías que precedería a la llegada del Mesías. La respuesta de Juan es ambigua. Si bien no se reconoce como Mesías tampoco se reconoce como Elías que ha de venir; sin embargo, sí se reconoce como la voz que clama en el desierto, que prepara la venida del Mesías. La respuesta genera una pregunta lógica en los emisarios judíos: si no eres, entonces ¿por qué bautizas? Su respuesta es parecida a la primera, el bautismo de agua es un bautismo purificador, si se quiere externo, pero quien vendrá traerá un bautismo que purificará a todo el ser humano y ante el cual el bautismo de Juan es solo anticipo. Es claro que la figura de Juan el Bautista tiene gran importancia para las primeras generaciones cristianas. Además de homologarlo con el profeta Elías, muchos de los seguidores de Juan pertenecieron a las primeras comunidades cristianas. Por otro lado, fue crítico ante el poder dominante de los romanos y de Herodes, lo que le llevó a la muerte. Fue un hombre que supo entregarse a su misión y que supo ver en el futuro que se avecinaba, los tiempos esperados. Leer más…

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Dom 14 12 2014. «Adviento, la gran libertad»

domingo, 14 de diciembre de 2014
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libertadDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3º de Adviento. Ciclo b. Is 61, 1-2a. 10-11 y Jn 1, 6-8. 19-28. El domingo pasado traté de Juan Bautista. Hoy quiero detenerme en la primera lectura (Is 61), poniendo de relieve la forma en que Jesús la aplica a su propio ministerio en Lc 4, 18-19.

El Adviento se entiende hoy como libertad de los oprimidos. Del sueño y tarea de la libertad, entendida en forma de esperanza y compromiso a favor de la justicia trata este pasaje de Isaías y su interpretación por parte de Jesús, en Nazaret.

Parte de la Iglesia (y gran parte de la humanidad actual) vive conforme al ideal de aquellos nazarenos de Lucas que no quiere la verdadera libertad, sino quedarse en lo que tienen. Por eso es necesario ese gran Evangelio de Adviento, que nos despierte a todos, desde el mensaje de Isaías

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Isaías se ha tomado muchas veces como «quinto evangelio» de la Iglesia cristiana, el evangelio de la libertad. Así quiero verlo hoy. Buen domingo de adviento, un saludo emocionado a todos los lectores de mi blog

Texto: Isaías 61,1-2a (+2b) y 10-11

El texto litúrgico toma dos pasajes de Is 61 y los une de un modo armónico. Yo quiero tratar sólo del primero (aunque el segundo es bellísimo) y lo completo con un medio verso que no ha sido introducido.

(a: Primer pasaje):
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren,
para vendar los corazones desgarrados,
para proclamar la amnistía a los cautivos,
y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor (Is 61, 1-2a)

(b: Texto suprimido)
y un Día de Venganza (yom naqam)para nuestro Dios;
para consolar a todos los afligidos… (Is 61, 2b).

(a’: Segundo pasaje) Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos (Is 61, 10-11).

a. Comentario a Is 61, 1-2

Voy a comentar los dos versos enteros (Is 61, 1-2) porque sólo así se entiende el mensaje del profeta (introduciendo también el medio verso de Is 61, 2b, suprimido por la liturgia)

Contexto:

Los nuevos ricos del siglo V y IV a. C., especialmente los sacerdotes, estaban acudiendo a la opresión legítima (cepos, prisiones, un tipo de sistema carcelario) para mantener el orden de su ley, en nombre de Dios. Había surgido una fuerte desigualdad, se habían roto los viejos tejidos sociales, muchos pasan hambre. La misma cultura sacral y urbana de Jerusalén estaba generando duras formas de opresión. Pues bien, en ese contexto eleva su voz el profeta, pidiendo a los judíos ricos que superen un tipo de ley de violencia (como si las cosas se arreglaran con la cárcel), creando más bien una cultura de solidaridad activa, que se expresa ante todo en la ayuda dirigida hacia los más necesitados, que forman parte de la «propia carne», es decir, de la misma humanidad.

Sobre la pura ley distributiva, que acaba siendo violenta (e incapaz de resolver los problemas de la convivencia), se eleva un tipo de ley superior, que nos e dirige ya a unos opresores externos (egipcios o babilonios imperiales), sino a los miembros más ricos y fuertes en la sociedad israelita. Contra ellos se eleva esta experiencia y acción liberadora del Siervo:

El texto entero:
El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí,
porque Yahvé me ha ungido, me ha enviado:
(1) para evangelizar a los oprimidos;
(2) para vendar los corazones quebrantados;
(3) para proclamar la liberación para los cautivos y la apertura de la cárcel para los prisioneros;
(4) para proclamar el Año de Gracia de Yahvé y un Día de Venganza (yom naqam) para nuestro Dios;
(5) para consolar a todos los afligidos… (Is 61, 1-2) (traducción propia):

He querido destacar las cinco veces que se repite el término para (con lamed hebreo), indicando la finalidad mesiánica de la misión de este profeta-siervo, que no ha venido simplemente a exigir a los demás un cambio, como parecía querer el texto precedente sobre el verdadero ayuno, sino a realizarlo, como delegado de Dios y portador de su salvación. Por eso dice que Yahvé le ha ungido con su Espíritu creador y salvador.

Tema central de Is 61, 1-2

La liberación no es cosa de otros, algo que está en manos de las autoridades legales o políticas, sino tarea de aquellos que quieran actuar como «siervos de Yahvé», portadores del poder liberador de Dios, como hace este profeta:

(1) Este pasaje profético (de Isaías 3) asume la tradición de los profetas, especialmente del 2º Isaías, proyectando la gracia creadora de Dios y su salvación en las condiciones actuales de la historia del pueblo, que corre el riesgo de sancionar unas formas de opresión general.

(2) También asume y desarrolla la experiencia del Año Jubilar, entendido como Año de Gracia (=agradable a Dios). Conforme a la experiencia antigua, año sabático y jubilar se repetían cada siete y/o cuarenta y nueve años. Éste, en cambio, será el Año Definitivo, culmen de la libertad creadora de Dios.

(3) Este jubileo liberador está vinculada a la acción del profeta-siervo: no es algo que se pueda imponer por ley, ni un principio general que se aplica neutralmente a todos los humanos, sino efecto de una solidaridad y entrega personal del profeta, que ha sido enviado “para evangelizar-liberar-consolar…”.

(4) Conforme a una visión normal de la teología israelita, ese año de Gracia (jubileo salvador) será al mismo tiempo día de venganza, tiempo de destrucción para los poderes opresores. Sólo así, al reverso de esa destrucción o juicio de condena, se podrá entender y aplicar la salvación.

Aquí ha llegado y culminado la revelación israelita, vinculando la exigencia legal de liberación (jubileo) con la imaginación y tarea profética de entrega de la vida, a favor de los más pobres (presos y oprimidos del pueblo). Aquí ha llegado y aquí nos ha dejado, en un lugar espléndido de esperanza y compromiso en favor de los necesitados.

Lo único que falta es que podamos traducir y concretar estas palabras en perspectiva universal. Eso es lo que a nuestro juicio ha realizado Jesús de Nazaret, judío mesiánico, que asume y quiere expresar con su mensaje y en su vida la esperanza profética de Isaías y la experiencia del jubileo israelita.

Ampliación cristiana a Is 61, 1-2

Conforme a la tradición posterior de la iglesia, que ha releído el pasaje anterior de Is 61, 1-3 a partir de Lc 4,18-19 (como más tarde veremos), he querido mantener la palabra evangelizar (basar)) en su relación originaria con los oprimidos. El evangelio no ha sido en principio (en Israel), ni será en Jesús, una enseñanza de libertad interior, sino una experiencia y exigencia integral de liberación para los oprimidos.

El mismo Jesús, como Siervo-Profeta y portador de este mensaje, será un verdadero evangelizador; pero su anuncio profético-jubilar de Lc 4, 18-19 ha suprimido la oposición entre Año de Gracia y Día de Venganza, que nos seguía colocando en línea de talión (de oposición judicial) para destacar sólo el Año de Gracia del Señor, es decir, la liberación positiva. Leer más…

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«Preparación a la Navidad en tres actos». Domingo 3º de Adviento. Ciclo B.

domingo, 14 de diciembre de 2014
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10439347_671801269570491_4602481636228923258_nFotograma de «Salomé el Musical»

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La liturgia del tercer domingo de Adviento, teniendo en cuenta la cercanía de la Navidad, pretende ser una clara invitación a la alegría. El protagonista de la primera lectura afirma: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”; san Pablo pide a los tesalonicenses “estad siempre alegres”. Juan Bautista es demasiado serio para hablar de alegría, pero da testimonio de la luz que inundará el mundo, y eso también es motivo de gozo. Aparte de este dato común, la mejor forma de entender las lecturas es imaginarnos espectadores de una obra de teatro en tres actos.

Acto primero

Cuando se descorre el telón se ve un personaje de pie en el centro del escenario, rodeado de una multitud sentada en el suelo, pobremente vestida. Son antiguos desterrados en Babilonia, actuales oprimidos por el imperio persa. La escena está en penumbra, transmitiendo al espectador una sensación de agobiante tristeza; sólo un foco ilumina el rostro del protagonista. Mira en silencio, durante largo rato, a la multitud que le rodea. Finalmente, abre la boca y dice algo inaudito: “El Espíritu del Señor está sobre mí”. Suena a blasfemia. El Espíritu del Señor hace siglos que no se posa sobre nadie. Eso dicen algunos sabios: que el Espíritu se retiró después de la destrucción del templo de Jerusalén. Pero el personaje parece muy seguro de lo que dice. Y les habla de la misión que llevará a cabo movido por el Espíritu: “daros una buena noticia a vosotros que sufrís, vendar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, proclamar el año de gracia del Señor”.

Poco a poco, la luz que iluminaba sólo el rostro aumenta de intensidad y permite ver que el protagonista, a diferencia de los demás, está vestido de gala, envuelto en un manto regio y espléndido, que refuerzan la alegría de su rostro. Pero no habla como un rey a su corte. Se dirige a campesinos, con el lenguaje que pueden entender: “Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los cantos de alegría ante todos los pueblos.”

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.  Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos. (Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11)

Acto segundo

En el centro del escenario un muchacho de unos veinte años sentado a una mesa y escribiendo. Pablo camina por la habitación mientras dicta.

̶  “Guardaos de toda forma de maldad.”

̶  No sigas. (Lo interrumpe el muchacho cuando acaba de escribir la frase). Ya van siete consejos.

Pablo lo mira extrañado.

̶  ¿Los has ido contando?

̶  Claro. Los seis anteriores han sido: “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión. No apaguéis el espíritu. No despreciéis el don de profecía. Examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.” Ahora basta con que los encomiendes a Dios y les asegures su protección.

̶  ¿Cuál de esos consejos te viene mejor?

El muchacho se queda releyendo los consejos y pensando mientras cae el telón.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas. 

Acto tercero

Escena a orilla del río Jordán. En el centro Juan Bautista, rodeado de un grupo de sacerdotes y levitas. Las noticias que han llegado a Jerusalén son alarmantes. Cada vez más gente acude al río, y las autoridades temen que se produzca una revuelta. ¿Quién es ese Juan? ¿Es el Mesías, el rey que los liberará del poder romano? ¿Es cierto, como dicen unos, que es el profeta Elías, que ha vuelto a la tierra? ¿O es el profeta del que habló Moisés, el que otros esperan antes del fin del mundo? ¿Qué dice él de sí mismo?

Lo asedian a preguntas, pero no consiguen arrancarle más que negativas, cada vez más escuetas: “No soy el Mesías”. “No lo soy”. “No”. Al final, cansado de tanto interrogatorio, les da una clave que ellos probablemente no comprenden. “Yo sólo soy una voz que grita en el desierto. Al que deberías buscar es a uno que no conocéis, que viene detrás de mí, mucho más importante que yo.”

Los sacerdotes y levitas dan a Juan por imposible y se retiran.

Juan mira a sus discípulos y les comenta:

̶  Han venido desde Jerusalén queriendo saber quién soy yo, y no les interesa lo más mínimo saber quién es el que viene detrás de mí.

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:  este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:  ¿Tú quién eres?

El confesó sin reservas: Yo no soy el Mesías.

Le preguntaron: Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?

 Él dijo: No lo soy.

¿Eres tú el Profeta?

Respondió: No.

Y le dijeron: ¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?

Contestó: Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», Como dijo el profeta Isaías.

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?

Juan les respondió: Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Crónica del periódico

Como preparación a la Navidad se representó ayer una extraña obra en tres actos que provocó bastante desconcierto entre el público presente. En opinión de este comentarista, la clave se encuentra en el contraste entre los actos primero y tercero: el primero habla de un personaje seguro de sí mismo y de su misión; el tercero de Juan, que se empequeñece a sí mismo para poner de relieve la grandeza del que lo sigue. Y el que lo sigue es precisamente el que lo ha precedido, el protagonista del primer acto. Alguien con un mensaje de esperanza y alegría para los que sufren. Quien no esté de acuerdo con estas sutilezas deberá contentarse con poner en práctica los buenos consejos de Pablo.

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