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Cuatro historias de padres e hijos. Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo C.

domingo, 30 de marzo de 2025
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HIJO-PRÓDIGO5_thumb1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado, a propósito de la conversión, Jesús contaba cómo un viñador intenta salvar a la higuera infructuosa pidiendo un año de plazo al propietario. Nosotros debíamos identificarnos con la higuera y agradecer los esfuerzos del viñador por impedir que nos cortasen. El evangelio de este domingo sigue centrado en la conversión, pero con un enfoque muy distinto: el propietario se convierte en padre, y no tiene una higuera sino dos hijos. Conociendo la historia de la parábola y teniendo en cuenta la lectura de la carta de Pablo podemos hablar de cuatro padres y distintos hijos.

  1. El hijo rebelde y el padre irascible que perdona (Oseas)

            La idea de presentar las relaciones entre Dios y el pueblo de Israel como las de un padre con su hijo se le ocurrió por vez primera, que sepamos, al profeta Oseas en el siglo VIII a.C. En uno de sus poemas presenta a Dios como un padre totalmente entregado a su hijo: le enseña a andar, lo lleva en brazos, se inclina para darle de comer; pasando de la metáfora a la realidad, cuando era niño lo liberó de la esclavitud de Egipto. Pero la reacción de Israel, el hijo, no es la que cabía esperar: cuanto más lo llama su padre, más se aleja de él; prefiere la compañía de los dioses cananeos, los baales. De acuerdo con la ley, un hijo rebelde, que no respeta a su padre ni a su madre, debe ser juzgado y apedreado. Dios se plantea castigar a su hijo de otro modo: devolviéndolo a Egipto, a la esclavitud. Pero no puede. “¿Cómo podré dejarte, Efraín, entregarte a ti, Israel? Me da un vuelco el corazón, se me conmueven las entrañas. No ejecutaré mi condena, no te volveré a destruir, que soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti y no enemigo devastador” (Oseas 11,1-9).

            El hijo que presenta Oseas se parece bastante al de la parábola de Lucas: los dos se alejan de su padre, aunque por motivos muy distintos: el de Oseas para practicar cultos paganos, el de Lucas para vivir como un libertino.

            Mayor diferencia hay entre los padres. El de Oseas reacciona dejándose llevar por la indignación y el deseo de castigar, como le ocurriría a la mayoría de los padres. Si no lo hace es “porque soy Dios, y no hombre”, y lo típico de Dios es perdonar. Lucas no dice qué siente el padre cuando el hijo le comunica que ha decidido irse de casa y le pide su parte de la herencia; se la da sin poner objeción, ni siquiera le dirige un discurso lleno de buenos consejos.

  1. El hijo arrepentido y el padre que lo acoge (Jeremías)

            La gran diferencia entre Oseas y Lucas radica en el final de la historia: Oseas no dice cómo termina, aunque se supone que bien. Lucas se detiene en contar el cambio de fortuna del hijo: arruinado y malviviendo de porquerizo, se le ocurre una solución: volver a su padre, pedirle perdón y trabajo.

            ¿Cómo se le ocurrió a Lucas hablar de la conversión del hijo? Oseas no dice nada de ello, pero sí lo dice Jeremías. A este profeta de finales del siglo VII a.C. le gustaban mucho los poemas de Oseas y a veces los adaptaba en su predicación. Para entonces, el Reino Norte ha sufrido el terrible castigo de la invasión asiria. El pueblo lo atribuye a sus pecados y decide convertirse, diciendo a Dios: “Vuélveme y me volveré, que tú eres mi Señor, mi Dios; si me alejé, después me arrepentí, y al comprenderlo me di golpes de pecho; me sentía corrido y avergonzado de soportar el oprobio de mi juventud”. Y Dios responde: “Si es mi hijo querido Efraín, mi niño, mi encanto. Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión” (Jeremías 31,18-28). En estas palabras, que reflejan el arrepentimiento del pueblo y su confesión de los pecados, se basa la reacción del hijo en Lucas.

  1. El padre con dos hijos muy distintos (evangelio)

            Sin embargo, cuando leemos lo que precede a la parábola, advertimos que el problema no es de Dios sino de ciertos hombres. A Dios no le cuesta perdonar, pero hay personas que no quieren que perdone. Condenan a Jesús porque trata con recaudadores de impuestos y prostitutas y come con ellos.

            Entonces Lucas saca un as de la manga y depara la mayor sorpresa. Introduce en la parábola un nuevo personaje que no estaba en Oseas ni Jeremías: un hermano mayor, que nunca ha abandonado a su padre y ha sido modelo de buena conducta. Representa a los escribas y fariseos, a los buenos. Y se permite dirigirse a su padre como ellos se dirigen a Jesús: con insolencia, reprochándole su conducta.

            El padre responde con suavidad, haciéndole caer en la cuenta de que ese a quien condena es hermano suyo. “Estaba muerto y ha revivido. Estaba perdido y ha sido encontrado”. La mayoría de los escribas y fariseos responderían: “Bien muerto estaba, ¡qué pena que haya vuelto!” Y no podríamos condenar su reacción porque sería la de la mayoría de nosotros ante las personas que no se comportan como nosotros consideramos adecuado. El mundo sería mucho mejor sin ladrones, asesinos, terroristas, adúlteros, abortistas, gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, banqueros, políticos… y cada cual puede completar la lista según sus gustos e ideología.

            La diferencia entre el padre y el hermano mayor es que el hermano mayor solo se fija en la conducta de su hermano pequeño:se ha comido tu fortuna con prostitutas”. En cambio, el padre se fija en lo profundo: “este hermano tuyo”. Cuando Jesús come con publicanos y pecadores no los ve como personas de mala conducta, los ve como hijos de Dios y hermanos suyos. Pero esto es muy difícil. Para llegar ahí hace falta mucha fe y mucho amor.

  1. El padre con un hijo y multitud de adoptados (2ª lectura)

            Lo que dice Pablo a los corintios permite proponer una historia en línea con lo anterior. Este padre tiene un hijo y una multitud de adoptados que dejan mucho que desear. Pero no se queda en la casa esperando que vuelvan. Les manda a su hijo para que intente traerlos de vuelta. No debe portarse como el hermano mayor de la parábola, no debe reprocharles nada ni “pedirles cuenta de sus pecados”. Sin embargo, para conseguir convencerlos, deberá morir, cosa que acepta gustoso. ¿Cómo termina la historia? “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”. De nosotros depende. Podemos seguir lejos o volver a nuestro padre.

Nota sobre la 1ª lectura

            La primera lectura de los domingos de Cuaresma recoge momentos capitales de la Historia de la Salvación. Después de Abraham (2º domingo) y Moisés (3º), se recuerda el momento en que el pueblo celebra por primera vez la Pascua desde que salió de Egipto y goza de los frutos de la Tierra Prometida.

LOS TEXTOS DE LA LITURGIA

Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué:

Hoy os he despojado del oprobio de Egipto».

Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos:

El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo reconciliando consigo y nos encargó el ministerio de reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Lectura del evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: 

+ Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre:

«Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».

El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo:

«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo:

«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados:

Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó:

Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre:

Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo:

Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

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IV Domingo de Cuaresma. 30 marzo, 2025

domingo, 30 de marzo de 2025
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“Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos.”

(Lc 15, 1-3.11-32)

Estamos ya en plena Cuaresma, y hoy se nos muestra cómo es el amor de Dios.

Es algo bastante común tener roces con quienes quieres, en la familia, en la comunidad… El hijo pequeño de la parábola quiere romper definitivamente con su familia. Pedir su parte de la herencia era querer olvidarse de su padre y de la vida a su lado. No nos resulta muy lejana esa sensación de querer decir ¡basta! Algo que sorprende de esta historia es que el padre le da lo que le pide. A pesar de estar demandando una barbaridad, él acepta.

Pero las cosas no van bien para quien se ha marchado y prefiere humillarse ante su familia antes que morirse de hambre, y vuelve cabizbajo… “Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, y profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”. ¡Qué maravilla de escena! Es tan fácil cerrar los ojos y ver al padre, anciano, corriendo, abrazando y besando a su pequeño… Así es el amor de Dios: sin límites, sin condiciones, sin letra pequeña. ¡Una pasada! Ojalá vivamos este amor, no como una teoría, una cosa que nos han contado, sino como una experiencia que nos transforma la vida. Que nos sintamos vestidas con los mejores trajes, con anillo y sandalias nuevas, y que celebremos la fiesta de la vida.

Pero la parábola no termina ahí. También a veces podemos no saber ver ese amor de Dios. Quizás por costumbre, porque no pasa nada nuevo, nos olvidamos que la vida junto a Dios es siempre motivo de gozo, de acción de gracias. La historia queda abierta. Siempre tenemos la libertad de elección. Dios nos quiere libres.

Oración

Gracias Señor, por tu amor. Gracias por estar siempre dispuesto a acogernos, incondicionalmente.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Soy hijo menor, soy, sobre todo, hijo mayor.

domingo, 30 de marzo de 2025
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El retorno del Hijo Pródigo, de James Tissot. Brooklyn Museum

DOMINGO 4º DE CUARESMA (C)

Lc 15,11-32

La parábola no va dirigida a los pecadores, sino a los fariseos. Se trata de un relato ancestral presente en muchas culturas. Son tres arquetipos del subconsciente colectivo. Es un prodigio de conocimiento psicológico. Los tres personajes nos represen­tan. Yo mismo tengo que ser el Padre que tiene que integrar y acoger todo lo que hay en él de imperfecto. Ser hijo no es vivir sometido al padre o renegando de él, sino identificarse con él.

El padre es nuestro verdadero ser, lo divino que somos y tenemos que descubrir en lo hondo de nuestro ser. No hace referencia a un Dios que nos ama desde fuera, sino a lo que hay de Dios en nosotros. Esa profunda realidad que somos está siempre esperando abrazar todo lo que hay en nosotros. Es el fuego del amor que espera fundir todo el hielo que hay en nosotros. Esa realidad fundante nunca lucha contra nada, sino que lo integra todo.

El hijo menor es nuestra naturaleza egocéntrica y narcisista que nos domina mientras no descubramos lo que somos. Es la ola que quiere independizarse del océano, porque lo considera una cárcel. Quiere ser «yo«. Cree que lo que no es ella la puede aniquilar. De ahí, surge la inseguridad. Tiene que retornar a su verdadero ser, porque lo que alcanza por otro camino nunca podrá satisfacerle. Ser hijo menor es un mal trago que nunca asimilará.

El hijo mayor representa también nuestro “ego”, pero un yo que ya ha experimentado su verdadero ser; aunque no se ha identificado con él. Vive al lado de su naturaleza esencial (el Padre), pero sigue aún apegado a su naturaleza egocéntri­ca. De ahí que permanezca en la dualidad que le parte por medio. El “yo” y el “ser verdadero” aún siguen separados. El Padre que ya ha descubierto y acepta en el exterior, lo tendrá que descubrir en su interior.

El aparente buen comportamiento está motivado por el miedo a perder al Padre externo. No es ninguna virtud sino una manifestación más de su egoísmo y falta de seguridad en sí mismo. Le falta dar el último paso de desprendimiento del ego e identificarse con lo que hay de divino en él, el Padre. Todos tenemos que dejar de ser “hermano menor”, y “hermano mayor”, para convertirnos finalmente en “Padre”.

La insistencia maniquea de nuestra religión en el pecado ha hecho que nos sintamos hermano menor. Ninguno de los que vais a leer este escrito se debe sentir hermano menor.

Todos tenemos más rasgos del mayor. Nos irrita que otra persona que se ha portado mal, sea tan querida como nosotros. Rechazar al hermano es rechazar al Padre. No solo no nos identificamos con el Padre, sino que intentamos que el Padre se identifique con nosotros.

El padre espera a uno con paciencia durante mucho tiempo, sin dejar de amarle en ningún momento; pero también sale a convencer al otro de que debe entrar y debe alegrarse; demuestra así, en contra de lo que piensa y espera el hermano mayor, que su amor es idéntico para uno y para otro. El Padre espera y confía que los dos se den cuenta de su amor incondicional. Ese amor debía ser el motivo de alegría para uno y para otro.

El objetivo de la parábola es llevarnos al Padre. No se trata de imitarle. No hay por ahí fuera alguien a quien imitar. Yo tengo que convertirme en Padre. Dios necesita de mí para existir y hacerse presente entre los seres humanos. Vivir junto a Dios sin conocerlo es hacer de Él un ídolo. Lo malo de esta opción es que seguiremos creyendo que caminamos en la verdadera dirección, lo que hace mucho más difícil que podamos rectificar.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Abba.

domingo, 30 de marzo de 2025
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«Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente».

Si alguien quiere imaginar a Dios, debe pensar en ese padre abrazando al sinvergüenza de su hijo que ha vuelto a casa lleno de miseria después de dilapidar la mitad de su hacienda… Habría sido un buen gesto haberle admitido como criado, pero, al restituirle a la condición de hijo va mucho más allá de la justicia y de la ética, sumergiéndose de lleno en el mundo del amor.

La imagen del padre saliendo todas las tardes al camino a esperarle es la mejor noticia que los seres humanos podíamos recibir; máxime porque el padre sabe que si algún día el hijo vuelve, va a volver por hambre, y no le importa, pues sólo le importa recuperarlo. Es de notar que el padre no justifica la conducta de su hijo… pero lo acoge. En ningún momento se siente ofendido ni trata al hijo pequeño como culpable, sino como víctima de su propio pecado. Nosotros hemos desarrollado una idea muy jurídica del pecado y solemos hablar del pecado cometido, pero desde criterios evangélicos sería más oportuno hablar del pecado padecido.

Y hablando de pecado, la parábola nos ofrece también una genial interpretación de su psicología. El error del hijo es creer que iba a estar mejor lejos de la casa de su padre, y ese error es la misma esencia del pecado. En la casa del Padre sólo hay amor y trabajo, y por esa razón nos seducen otras cosas que nos apetecen más, las abrazamos y nos equivocamos. También nos muestra sus efectos; el hijo pequeño echa a perder su vida, pierde su identidad y queda convertido en un esclavo.

Pero no podemos olvidar la otra cumbre de esta parábola, y es la conversación del padre con el hijo mayor exhortándole a trascender el mundo de la justicia fría y abrazar los dictados del corazón. Aparte del fondo del mensaje, llama la atención la sutileza del dialogo entre ellos. El hijo mayor le dice: «…y ahora que ha venido “ese hijo tuyo”, que ha devorado tu hacienda con prostitutas»y el padre le contesta: «…porque este hermano tuyo” estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado».

Un último apunte. Cabe destacar que un paterfamilias es ante todo el responsable de mantener la hacienda, y llama la atención que por amor a su hijo, el protagonista de hoy se desentienda de ella y actúe como lo haría una madre, capaz de sentir ese amor incondicional que sólo las madres son capaces de sentir.

Cuando una religión tiene un carácter matriarcal, Dios se caracteriza por profesar un amor incondicional e igual para todos. El creyente sabe que aunque haya pecado, su Madre le amará y no amará a otro más que a él. En las religiones con acento patriarcal ocurre que el Padre tiene exigencias, establece principios y leyes, supedita su amor a la obediencia, tiene predilección por los más obedientes y capacitados, y las cosas se complican… Nada que ver con el protagonista del texto de hoy.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Madurez humana – madurez espiritual.

domingo, 30 de marzo de 2025
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hijo-prodigoDOMINGO 4º CUARESMA (C)

Lc 15,1-3.11.32

Uno de los pasos importantes de la madurez humana es llegar a comer por sí mismo, sin necesidad de que nos acerquen el alimento a la boca.

El pueblo de Israel en su caminar por el desierto, después de la huida de Egipto, tuvo que descubrir por propia experiencia que la auténtica liberación no era solo la del opresor, hay otra mucho más profunda que es la de liberarnos de nosotros mismos.

Su inmadurez, reflejada en las quejas constantes a sus líderes por las dificultades del camino, era evidente también en sus reproches a un Dios que no cubría sus necesidades básicas. El desierto les ayudó a una auténtica transformación de su imagen de Dios.

Es verdad que durante un tiempo dependieron del maná que se les proporcionaba cada día y que recogían de manera gratuita, como nos lo cuenta la primera lectura de hoy. Añoraban las cebollas de Egipto, a pesar de la dura vida que tenían que soportar allí. Ante su insistencia Dios les proveyó durante un tiempo de un alimento que se les venía dado y por el que no se tenían que preocupar.

Pero llegó un momento en el que ya instalados en la tierra de Caná como fruto de su trabajo y esfuerzo pudieron comer  los productos de la tierra que ellos mismos habían cultivado y trabajado: panes ácimos y semillas tostadas.

La travesía por el desierto de nuestra vida es también un aprendizaje, un proceso de madurez en el que no podemos estar siempre culpando a los otros de lo que no funciona. Llegar a alimentarme para vivir en plenitud mi llamada a ser hija de Dios supone buscar una relación con Dios que no me la dará nadie: ni la jerarquía, ni la teología, ni los grupos cristianos, se trata de una experiencia personal que se va dando día a día a través de la oración, del silencio y de la Palabra, de la lectura de la realidad desde otra perspectiva, eso sí, contrastado con la comunidad cristiana.

La parábola del evangelio nos describe la inmadurez de dos hijos que no han descubierto su identidad. El pequeño busca fuera lo que ya tenía dentro de casa, pero quiere experimentar por sí mismo hasta que reconoce que se ha equivocado de camino y ha obviado que, en su casa, había alimento en abundancia y que había dado todo por supuesto.

El mayor, tan preocupado por cumplir la ley, creyendo que así agrada al padre, no entiende que el plan de Dios no es que se cumpla su voluntad, sino que desarrolle al máximo los talentos que se le han regalado gratuitamente y, siendo feliz, pueda también hacer felices a los demás. Por eso no se alegra con la vuelta a casa de su hermano, y solo le sale el reproche a ambos por no reconocer el trabajo realizado a lo largo de su vida para ser “reconocido y valorado”.

Ninguno de los dos ha entendido la llamada a ser personas maduras que se alimentan solas, porque han encontrado la fuente en casa, y es el Dios que Jesús nos presenta, el Abba, quien tiene que explicarles que hay más que de sobra para compartir y celebrar y que el auténtico gozo está, no solo en descubrir quién soy sino en que mis hermanos lo descubran y lo disfruten de la misma manera.

Claro que esta parábola es una llamada a la conversión; pero no como nos la han intentado interpretar, la vuelta del pecado a la gracia, sino algo mucho más profundo: un encuentro con el verdadero rostro de Dios y un conocimiento personal que me lleva a cambiar mi estilo de vida. En otras palabras, apuntar a una madurez personal cuando lo que se ha practicado en la Iglesia es ser dirigidos y dependientes de la jerarquía. No podemos por más tiempo echar balones fuera, hay que asumir esa relación filial a la que estamos llamados.

Me preocupa mucho que a la vez que se nos llena la boca con la palabra “sinodalidad” y se buscan maneras de crear una Iglesia más participativa están surgiendo, sobre todo dirigidos a personas jóvenes, movimientos que no van en esa dirección de buscar una maduración personal, sino otra vez una vuelta a un infantilismo en el que las personas son felices cuando les aseguran que, si cumplen con ciertas normas se van a “salvar”, y no se tienen que preocupar más que de obedecer.

Estos días participando de un webinar de mujeres teólogas con un gran recorrido y una  vida con muchas dificultades provocadas por el patriarcado, constataba una vez más que la institución no quiere que las cosas cambien, sino mantener unas estructuras que siguen siendo opresoras y que no ayudan a las personas a conseguir la madurez plena. Temen perder el poder, el control que han tenido siempre e intentan acomodar el evangelio a sus intereses. Por eso tanta gente queda tirada en el camino.

Para poder aclamar como el salmista: “Gustad y ved que bueno es el Señor” desde lo más profundo del corazón, supone querer hacer experiencia de ese Dios vivo que actúa en la historia, en mi historia. Dar razón de esa verdad me llevará por caminos por donde quizá no encontraré a mucha gente ya que supone mucho esfuerzo, tenacidad y resiliencia, pero tendré la certeza de que el Dios que me guía me llevará a la madurez humana y espiritual a la que estoy llamada.

Carmen Notario

Fuente Fe Adulta

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Volver a casa.

domingo, 30 de marzo de 2025
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IMG_0482Comentario al evangelio del domingo 30 marzo 2025

Lc 15, 1-3.11-32

Tengo para mí que una de las metáforas más adecuadas para entender nuestro momento cultural es aquella que habla del “regreso a casa”. Aunque hay demasiados ruidos en esta sociedad incierta y estresada que parecen ahogarla, no resulta difícil percibir un anhelo que se expande y que puede resumirse en esta expresión: Ven a casa”.

El ser humano anhela vivir en casa y, a mayor lejanía de la misma, más fuerte es el sentimiento de nostalgia. Pareciera que nos hemos hecho expertos en el arte de entretenernos, compensar, correr, huir…, vivir en la superficie. Las múltiples actividades, los crecientes pretextos para distraernos, los condicionamientos mentales y emocionales de cada cual parecen jugar a favor de una vida marcada por la superficialidad e incluso la inanidad. Con frecuencia, nos resignamos a sobrevivir y dejar pasar el tiempo.

Y, sin embargo, a poco que prestemos atención -en medio de alguna crisis o, simplemente, en un breve “descuido” por nuestra parte-, vuelve a hacerse presente el anhelo -la voz interior, el “instinto de vida”, el maestro o maestra interior- que una y otra vez susurra: “vuelve a casa”.

En la vida de la persona se produce una transformación radical cuando es capaz de experimentar, en sí misma, ese “lugar” interior al que nos referimos con la metáfora de la “casa”. Un lugar de quietud, en medio de cualquier oleaje; de calma, en medio de cualquier tempestad; de luz, en medio de cualquier oscuridad; de gozo o alegría serena, en medio de cualquier malestar o angustia… Ese es el lugar donde, finalmente, nos reconocemos a nosotros mismos: ahí nos sentimos ser, más allá de lo que hacemos. Y solo ahí es posible el descanso, en el sentido más hondo de esa palabra. Y es justamente de ese lugar de donde sale la invitación que nos repite: “vuelve a casa”. Quien lo ha experimentado, sabe que ese es el tesoro escondido -tan cercano, tan íntimo- capaz de transformar nuestra vida, nuestro modo de ver, de relacionarnos y de actuar.

Enrique Marínez Lozano 

Fuente Boletín Semanal

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Para el Padre no es problema el pecado: se conmovió…

domingo, 30 de marzo de 2025
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CCF4454C-E592-4776-84E8-3BBE8F89E80CDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Texto:

En aquel tiempo dijo Jesús:

«Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde

Y él les repartió  la hacienda

El Hijo Menor

Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.

Y entrando en sí mismo, dijo:

«¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me  muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros. Y, levantándose, partió hacia su padre.

El padre

«Estando todavía lejos el hijo menor, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo:

«Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus siervos:

«Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas  sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado

 Y comenzaron la fiesta.

El hijo Mayor

“Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo:

«Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.

«Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre:

«Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca  me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo  cebado!«

Había que celebrar una fiesta

«Pero él le dijo:

«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba  perdido, y ha sido hallado

Homilía: 

01.- El evangelio del Evangelio.

        La parábola del padre y los dos hijos, además de ser una obra maestra de la literatura, constituye el núcleo del Evangelio del Señor. Podríamos decir que esta parábola es el Evangelio del Evangelio. Si alguien nos pregunta qué es el cristianismo, el cristianismo es esta parábola.

02.- Parábola de amplio espectro.

        Es un relato intenso y emotivo que tiene -o puede tener- muchas lecturas y perspectivas según sea nuestra situación.

        Me voy a fijar en la memoria del Padre: vivimos de lo que recordamos y tal y como lo recordamos.

03.- El padre.

        En la parábola hay como un triángulo: el Padre, el hijo menor y el hijo mayor. Pero la figura central es el Padre: un padre que se conmueve y derrama bondad y misericordia. El Dios de JesuCristo es un padre que siente compasión, no es un juez.

La parábola la “preside” el padre, la bondad, el amor y la compasión del Padre. A Dios no le cuesta ningún trabajo ser bondadoso y perdonar.

        Lo central en el cristianismo es un Dios padre bueno, acogedor, perdonador siempre y con todos.

04.- Los dos hijos: dos caminos.

        El hijo mayor y el hijo menor representan dos caminos en la vida, dos estrategias para ser libres y supuestamente felices.

  • El hijo menor sigue la estrategia dionisíaca del placer, que le lleva a la degradación personal, a situaciones de muerte: estaba muerto y ha vuelto a la vida.
  • El hijo mayor sigue la estrategia del deber y del cumplimiento, que conduce a una religiosidad servil y esclava que sacrifica la alegría de vivir: no quiso entrar en la fiesta, en la vida.

04.1.- La diferencia está en la memoria de los dos hijos respecto del Padre.

El hijo menor

        Los dos hijos guardan una memoria muy distinta del Padre.

  • El hijo pequeño -perdido / muerto- (¿y quién no somos hijos pródigos y en situaciones de muerte?) recuerda siempre a su padre como padre, aún en las situaciones más sombrías de su vida. En su memoria histórica personal evoca al Padre: ¡cuántos jornaleros en la casa de mi padre..! Padre, no merezco llamarme hijo tuyo

El hijo mayor

  • El hijo mayor tiene otra imagen muy distinta de su padre: te he servido siempre (se siente esclavo) lo he cumplido todo, pero no has tenido un detalle conmigo…
  • La conversión no es tanto una cuestión moral cuanto el cambio de la imagen que tengo de Dios.
  • ¿Qué imagen y memoria tengo yo de Dios Padre?

04.2.- Me levantaré y volveré junto a mi padre.

        El hijo menor ha llegado a situaciones de muerte simbolizadas en el cuidado de los cerdos. Recapacita y piensa: volveré donde mi Padre y le diré: he pecado, ya no soy digno de ser hijo tuyo…

¿Escrúpulos y angustias de los exámenes de conciencia, elenco y enumeración de pecados?

        ¿Recapacito, pienso en la vida, en la casa del Padre?

04.3.- Respuesta del Padre

El Padre “no hace ni caso” de lo que le cuenta su hijo menor perdido y muerto.

Ya de lejos el padre ve a su hijo perdido y la acogida es la compasión. El Padre seconmueve y le devuelve a la vida: abrazos, “entra en casa”, túnica, sandalias, anillo, fiesta, música…

        La memoria del Padre es sanante, liberadora, rehabilita en la vida.

        También nosotros podemos llegar a situaciones de muerte, a abismos profundos y no sola ni principalmente por el pecado, sino también por nuestra debilidad humana, por nuestra frágil psicología, por la depresión soportar, por la depresión, por las noches oscuras del alma, abatimientos, decepciones. Dice el salmo 32:  se me secaba la savia, la vida”…

        La memoria de Dios Padre sana, nos devuelve a la vida, nos llena de “aliento vital” (nefesh) de ganas de vivir.  Abre horizontes.

        La última palabra del Dios de Jesús (del cristianismo) es la compasión bondad, el perdón, la gracia. La realidad última y definitiva cristiana es la casa el Padre: la vida, la fiesta.

04.4.- El hijo mayor.

        El hijo mayor es la figura enigmática y trágica de la parábola.

Nunca llama padre a su padre…

Nunca llama hermano a su hermano…

        El hermano mayor no considera a su hermano, hermano; mira a su hermano, al hijo menor, con desprecio y odio: ese hijo tuyo…que es un perdido. La mirada que el hermano mayor dirige a su hermano pequeño es la de Caín a Abel, es la mirada de los hermanos mayores a su hermano pequeño, José, (al que venden).

        El problema para Dios -y para el ser humano- no es tanto el pecado cuanto la libertad (envidia, legalismos, etc del hermano mayor) ¿Y si no quiere entrar a la fiesta, a la vida?

        ¿Dios es padre para mí?

        ¿Tal vez me comporto como hermano mayor?

04.5.- El Padre quiere también a su hijo mayor.

        El padre no deja tirado al hijo mayor, más bien le recuerda que siempre le ha querido: ¡Hijo mío … siempre estás conmigo … todo lo mío es tuyo!

        Todos somos hijos de Dios: “mayores y menores”.

        ¿Me siento querido por Dios?

        Y no quería entrar en la vida, en la fiesta, en la bondad.

        Esta es la tragedia: no quería entrar a la fiesta, a la vida, a la casa del Padre. El problema no es el pecado sino no querer entrar…

        De la religión servil y esclavizante solamente salimos guardando o volviendo a la memoria del Dios de bondad y amor.

05.- Reavivar el fuego de la bondad.

        Probablemente nos hace falta avivar el recuerdo nostálgico de la bondad de Dios. Ello crea o re-crea unas relaciones sanantes, acogedoras, libres y liberadoras, dialogantes, inteligentes,

        No perdamos nunca la memoria de Dios Padre que nos ama no porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es nuestro Padre.

  • Aplicar esta memoria a nuestra memoria personal, a nuestros viejos sentimientos, a nuestro propio pasado,
  • Hermosa tarea la de sanar la memoria y rupturas de nuestras familias, sociedad y comunidades cristianas,
  • Una iglesia en la que las relaciones las presidiera el Padre de la parábola, sería una iglesia de la vida y de la fiesta.
  • Haríamos bien en aplicar esta parábola -en la medida en que nos sea posible- a la memoria de nuestro pueblo, sería una gran labor pacificadora.

06.- Eucaristía: fiesta de la vida.

        La Eucaristía es fiesta, había que celebrar una fiesta. En ella evocamos cuestiones decisivas para el ser humano: el sentido de la vida, el perdón, la mesa fraterna, la bondad del Padre, el futuro en la casa del Padre…

        Siempre en la vida estamos hijos en situación de muerte. Dios no nos abandona, nos aguarda siempre, porque también como el hijo menor:

Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida

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«Entender el amor misericordioso de nuestro Dios y dar testimonio de ese mismo amor», por Consuelo Vélez.

domingo, 30 de marzo de 2025
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IMG_0521De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del IV domingo de cuaresma (30-03-2025)

Jesús acoge a los recaudadores de impuestos y pecadores y come con ellos, acción que para los fariseos y doctores de la ley es contraria a lo que ha de hacer un buen judío. A este contexto responde la parábola del padre y los dos hijos

En esta parábola llamada del “Hijo pródigo” o del “Padre misericordioso” o del “Hijo mayor”, Jesús muestra no solo la vuelta de los que no están en casa sino la actitud de aquellos que no se alegran por tal acontecimiento.

Quien no se alegra es el hijo mayor y con esto Jesús interpela a los fariseos y doctores y hoy nos sigue interpelando a nosotros cuando asumimos esa misma actitud.

Todos los recaudadores de impuestos y los pecadores se acercaban a escuchar. Los fariseos y los doctores murmuraban:

– Éste recibe a pecadores y come con ellos.

Él les contestó con la siguiente parábola:

“ Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre:

– Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde.

Él les repartió los bienes. A los pocos días el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo una vida desordenada. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó:

– A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros.

Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo:

– Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo.

Pero el padre dijo a sus sirvientes:

– Enseguida, traigan el mejor vestido y vístanlo; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.  Traigan el ternero engordado y mátenlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.

Y empezaron la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los sirvientes para informarse de lo que pasaba.  Le contestó:

– Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.

Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él le respondió:

– Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero engordado.

Le contestó:

– Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado

(Lc 15, 1-3.11-32)

Esta parábola tiene un marco que nos permitirá entender mejor su mensaje. Jesús acoge a los recaudadores de impuestos y pecadores y come con ellos, acción que para los fariseos y doctores de la ley es contraria a lo que ha de hacer un buen judío. Por eso las dos parábolas que preceden a esta, la del buen pastor y la de la mujer que encuentra la moneda tienen la intención de mostrar la alegría de encontrar aquello que se ha perdido. Cuando Jesús se sienta con los pecadores, está abriéndoles la posibilidad de ser incluidos en la mesa del reino y ellos están volviendo a casa. Por eso merece que se convoque a los “amigos y vecinos” -en el caso del buen pastor, y a las “amigas y vecinas” en el caso de la mujer para celebrar una alegría tan grande.

Pero en esta parábola llamada del “Hijo pródigo” o del “Padre misericordioso” o del “Hijo mayor”, Jesús se pude explayar mejor para mostrar no solo esa vuelta de los que no están en casa sino para interpelar a aquellos que no se alegran por tal acontecimiento. En este caso el hijo mayor que encarna, perfectamente, a los fariseos y doctores de la ley que le critican.

Desglosando un poco la parábola, vemos como el hijo mejor ha deseado, prácticamente, la muerte de su padre. Le pidió la herencia, se fue de casa, la malgastó y regresa, no tanto porque reconozca sus errores sino porque no tiene que comer. En realidad, es la necesidad la que lo hace volver.

Por su parte el padre se comporta muy distinto a la imagen de “padre” que se tenía en ese tiempo, no tan lejana a la que todavía se tiene. No es el padre autoritario, implacable y castigador de los malos hijos. Por el contrario, es el padre que lo divisa a lo lejos -pareciera que lo estuviera esperando- y se llena de compasión, es decir, lo acoge desde las entrañas. Por eso, no escatima en devolverle todo lo que el hijo había despreciado y pide a sus siervos lo vistan y adornen para el banquete que ofrecerá en su honor. El motivo ya lo conocemos desde las anteriores parábolas: estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado.

La actitud del hijo mayor contrasta, como ya dijimos, con la del padre. Escucha la música de la fiesta a lo lejos y, cuando sabe el motivo, le reprocha a su padre por el recibimiento que ha hecho a su hermano -a quien no llama así sino ese “hijo tuyo, mostrando la distancia que quiere poner de él-, y por no tener en cuenta que él nunca ha hecho algo semejante. El padre no desmiente lo que el hijo mayor dice de su hermano porque tiene razón frente al comportamiento del hijo menor, pero quiere mostrarle cuál es el amor del mismo Dios -que este padre de la parábola representa- que excede la lógica del deber, antecediendo la compasión y la misericordia para con todos, especialmente por los últimos.

Que, en esta cuaresma, tiempo de conversión y cambio, entendamos el amor compasivo de nuestro Dios para vivirlo y anunciarlo. De esa manera se abrirán caminos de alegría y fiesta porque a todos se les acoge y se les da una nueva oportunidad, haciendo real entre nosotros, la “alegre” mesa del reino, que siempre sienta de primeras a más necesitados de cada tiempo.

(foto tomada de: https://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/16469-parabola-del-hijo-prodigo-misericordia-del-padre)

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“El Dios excesivo ”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 30 de marzo de 2025
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IMG_0481El Hijo Pródigo | Giovanni Francesco Barbieri

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa cristiana):

Comentario a la lectura evangélica (Lucas 15,1-3.11-32) 

Sólo en el desierto podemos descubrir el vértigo de esta página evangélica.

Sí, amigos, necesitamos habernos despojado (y mucho) de nuestros prejuicios y moralismos para poder leer realmente esta página con el corazón abierto. Lucas construye todo su evangelio en torno a ella, teje una fina red para bordar esta parábola asombrosa, inquietante.

¿La conoces? Sí, la mal llamada del hijo pródigo, la que aprendimos en los aburridos años de catecismo, el hijo fugitivo que despilfarra todo el dinero de su herencia y luego vuelve, arrepentido, con el rabo entre las piernas y se convierte… sí, la conoces, ¿verdad?

Cuando -ay- teníamos que arrastrar nuestras pobres conciencias a la limpieza pascual para confesarnos y el cura nos hacía sentir como el hijo desgraciado… sí lo sabes, ¿verdad?

Pues olvídalo y lee.

Lee sobre dos hijos (¿Por qué nos olvidamos del segundo? Quizá se parece demasiado a nosotros…) que tienen una idea muy equivocada del Padre. El Padre es una máscara, un competidor («tengo que salir de casa para realizarme» piensa el primero), un déspota («tengo que trabajar toda mi vida siendo un buen chico sin un poco de satisfacción» piensa el segundo), una marioneta.

Como ese Dios en el que creemos o no creemos (es curioso pero es cierto: ¡mucha gente no cree en un Dios que no existe!) Ese Dios frustración del hombre, castración de la libertad, ese Dios al que hay que rendir cuentas, por amor de Dios, que muchos, demasiados (¡incluso cristianos!) llevan en el corazón entristecido.

Y lee sobre el primer hijo que lo gasta todo, que se hace Dios, que piensa que la vida es un subidón.

Hermoso, verdadero, justo.

Pero entonces la vida pasa factura, la verdad sale a la luz y el hijo pierde sus delirios de omnipotencia en el fango de los cerdos.

Y piensa, reflexiona.

¿Se arrepiente? ¡Por amor de Dios!

Lee bien: el hambre le hace volver, no el remordimiento; el estómago le impulsa, no el corazón.

Y, astutamente, prepara su excusa: «Sabes, tienes razón, qué estúpido soy, no merezco…».

No, sigue sin entender nada del Padre.

Y lee sobre ese otro hijo que vuelve del trabajo cansado y resentido por la fiesta. ¿Cómo culparle? Su corazón es pequeño pero su justicia grande: sí, es verdad, el Padre se comporta injustamente con él.

Pues bien…

Nada de finales bonitos. Lucas se detiene.

No dice si el primer hijo apreció el gesto del Padre y finalmente cambió de opinión.

Tampoco dice que el hermano, ablandado, entró.

No: la parábola termina abierta, sin soluciones previsibles, sin moralinas fáciles ni finales de príncipe azul. En absoluto: la verdad sigue ahí.

Se puede estar con el Padre sin verlo, se puede trabajar con Él sin alegrarse, se puede dejar que la fe se convierta en reverencia respetuosa sin que el corazón estalle de alegría.

Y ahora, por favor, deja de mirar a estos dos hijos y hermanos, tan parecidos a nosotros.

Pequeños y mezquinos, como nosotros.

Y contempla al Padre, por favor.

Y contempla a un Padre que deja ir a su hijo aun sabiendo que se hará daño.

Y contempla a un Padre que otea el horizonte cada día.

Y contempla a un Padre que no reprende («¡Te lo dije!»), que no acusa, que abraza, que silencia las excusas (y no las quiere), que devuelve la dignidad, que celebra.

Contempla a un Padre injusto, exagerado, que ama a un hijo que le deseaba la muerte («¡dame la herencia!»), que divagaba en el delirio («¡tengo derecho!»), un Padre que sabe que ese hijo aún no está curado por dentro, pero que tiene paciencia y ya lo celebra con una fiesta por todo lo alto, tirando la casa por la ventana.

Contempla a un Padre que sale a suplicar a su hermano mayor irritado, que intenta justificarse, explicar sus buenas razones.

Contempla a este Padre que acepta la libertad de sus hijos, que es paciente, que señala, que estimula.

Los interlocutores de la parábola se pusieron pálidos…

Entonces: ¿Dios es así? ¿Hasta aquí? ¿Tanto?

Sí, amigos. Dios es éste y no otro. Dios es así y no de otra manera.

¿Y el Dios en el que creeos es realmente éste? ¿Y el Dios que confesamos es finalmente así?

Jesús morirá para afirmar esta verdad, estará dispuesto a ser inmolado para no negar esta revelación inesperada.

Dios es el pródigo, no el hijo.

Porque lo que es exagerado, lo que es excesivo, en esta historia, es sólo el amor de Dios.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Me convertiré, Seré Evangelio viviente

sábado, 29 de marzo de 2025
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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| Alfonso Olaz OFS

Detente ya caminante!

Tus caminos desde antiguo,
ya son de los pasos perdidos,
no de los caminos de Jesus redimido

¡Detente ya hermano!
Aprisa, sube al monte de la luz
Aligera ya toda tu pesada carga
Arrollidate y da gracias a tu creador

Ahora ya, lleno de su fuerza,
con la hermana humildad
Y de la mano del hermano- Jesús,
sube con esperanza al monte de la Cruz, la de los dos

Hermano
¡Hasta ahora hiciste todo lo que quisiste!

Ahora, sé brújula del creador
y reorienta tus pasos fatigados:
por sus caminos, para ti blanqueados

Ya no tengas miedo
y abre tu corazón al hermano evangelio, al suyo

Déjate amar por él
Y conocerás al Amor
Para ser su amor
Que todo lo cuestiona

Serás un loco libre del amor
Del hermano cuerdo del evangelio
Testigo subversivo de El Salvador, de la incomodidad del mal
Para contar con tu vida
la vida de Jesús hermano

Con Él todo es posible
hasta Amar para encontrar La Vida
Con la tuya, ser ya la Suya
para siempre
Para Ser- Vida
Para ser Vida, para todos, para todos…
Del evangelio a la vida
De la vida al evangelio

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«El pseudoevangelio de la Iglesia, una alteración del mensaje evangélico de Cristo», por José Melero.

sábado, 29 de marzo de 2025
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«Una supuesta voluntad divina»

De su blog Se hace camino al andar:

El pseudoevangelio de la Iglesia católica titulado “Así es como Dios lo quiere” es una serie de mandamientos supuestamente procedentes de Dios para construir una iglesia sólida, permanente, fuerte y resistente a los cambios de los tiempos modernos. Emanan de la Iglesia y están legitimados por una supuesta voluntad divina en el transcurso de su historia.

El mencionado pseudoevangelio es una alteración del mensaje evangélico de Cristo. Ser cristiano ha significado, y en buena parte también significa hoy día, seguir fielmente las enseñanzas doctrinales y morales de ese pseudoevangelio, defendido con radicalismo por el Vaticano desde el siglo IV, cuando el emperador Constantino sustituyó la Iglesia originaria por una Iglesia ataviada de enorme poder político y religioso, de riquezas inconmensurables y de una estructura patriarcal-piramidal.

Estos son los 10 mandamientos supuestamente proclamados y defendidos por Dios en “Así es como Dios lo quiere” para que la Iglesia los aplique.

Bzs73jT1º Legitimad en mi nombre todas aquellas acciones que beneficien a la Iglesia, aunque sean consideradas inaceptables. Basta con hacerlas en mi nombre gritando “Deus vult” significando “¡Dios lo quiere!”, el grito de guerra de muchos de los ejércitos cristianos en la Edad Media. Ese grito tiene su origen cuando el papa Urbano II proclamó la primera cruzada en el siglo XI.

No desfallezcáis cuando las guerras de religión pretendan salvaguardar la existencia de la Iglesia. Defendedla cuando se produzcan ataques contra sus privilegios, incluso apoyando y bendiciendo a aquellos que utilicen las armas. Ofrecedles pleitesía, acogiéndolos bajo palio cuando visiten catedrales. Mantened esa pleitesía una vez hayan muerto, enterrándolos en basílicas y catedrales cerca del altar mayor como garantía de entrada en el Reino de los Cielos. No olvidéis que el fin justifica los medios.

2º.  No permitáis que las mujeres administren los sacramentos. Esa misión solo pertenece a los varones como dejó constancia mi Hijo al elegir doce discípulos, todos hombres, que le acompañaran, le siguieran, aprendieran sus enseñanzas y las proclamaran por todos los rincones de la Tierra.

No toméis en serio a los teólogos de la liberación como Juan José Tamayo al creer que el gran escándalo de la Iglesia católica, y desde hace siglos sin que haya cambiado nada, es la marginación de la que son objeto las mujeres. “Esto me parece no sólo un escándalo, sino la mayor contradicción porque va en contra del movimiento de Jesús de Nazaret, que es el punto de partida de la Iglesia y que fue un movimiento igualitario de hombres y mujeres, sin discriminación por razones de género. Creo que esto es lo que hoy más desacredita a la Iglesia Católica, donde las mujeres siguen estando discriminadas y siendo una mayoría silenciada. El diaconado femenino es una posibilidad, pero insuficiente por ser el grado inferior de la jerarquía”.

3º. Los pastores administradores de mis sacramentos deben ser célibes. De ese modo evitarán la carga que supone estar casados y tener hijos. Así dispondrán de más tiempo para dedicarse a las tareas sacramentales y pastorales.

celibato4º. El sexo clerical con menores debe evitarse, pero los culpables deben confesarse tantas veces como caigan en ese pecado. Para no desacreditar a mi Iglesia, que los obispos y el Vaticano   mantengan silencio, sin delatar a los culpables, cerrando con llave los archivos y no colaborando con la justicia.

5º. Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo. Sed, por tanto, fieles a la tradición elaborada durante siglos, ya que mantenerse en ella le da a la Iglesia una gran solidez, ahuyentando las novedades de los signos de los tiempos que van apareciendo, que le harían más mal que bien. Por tanto, rechazad todos aquellos movimientos que pongan en tela de juicio la estructura patriarcal y piramidal de la Iglesia como la democracia, el feminismo o la igualdad en derechos entre hombres y mujeres.

6º. Haced alianza con los poderosos de este mundo para garantizar a la Iglesia un gran poder político, religioso, económico y moral. No renunciéis a ningún privilegio proveniente de los poderes públicos. Mi Iglesia debe estar por encima de toda institución.

7º. Haced oídos sordos a las comunidades de base y a los teólogos de la liberación por pretender darle a la Iglesia un giro copernicano respecto a su estructura patriarcal-piramidal y a su enseñanza doctrinal y moral. No canonicéis a ninguno de ellos para no dar alas a su teología situada en las antípodas de la teología vaticana.

8º.  Castigad severamente a los herejes recurriendo a castigos severos como los aplicados por la Santa (bendecida por Dios) Inquisición. Incluso recurrid a la tortura y a la quema pública de los culpables para que sirva de lección para los que intenten salirse del redil de la Iglesia. Excomulgad a todos aquellos y aquellas que pretendan cambiar el rumbo de la Iglesia, ya que son indignos de pertenecer a ella.

WhatsApp-Image-2024-10-09-at-10.57.59-AM9º. Reconducid el sexo hacia la procreación, prohibiendo todo medio anticonceptivo. Las relaciones sexuales solo estarán permitidas dentro del matrimonio. Las parejas homosexuales deben estar excluidas del sacramento matrimonial, ya que sus relaciones son pecaminosas.

10º. El aborto queda prohibido, aunque se trate del aborto terapéutico en los casos en que el parto suponga un alto riesgo para la vida de la madre o en que el feto sufra graves malformaciones que le harían una vida inviable. También queda prohibido el divorcio, porque el matrimonio es para toda la vida, aunque desaparezca el amor y la convivencia suponga un gran sufrimiento. Prefiero el sacrificio antes que la misericordia, como traté a mi hijo al permitir que lo torturaran y lo clavaran en la cruz, a pesar de que me rogara que no le hiciera pasar por ese tormento, conformándose con acogerse a mi voluntad.

Reflexión final

Se necesita ser ciego para no ver que esos diez mandamientos han estado y continúan estando presentes en la Iglesia, salvo algunas excepciones como los mandamientos 1º y 8º que justificaban la violencia y el castigo, excepto la excomunión, que han sido anulados. Sobre el papel de la mujer en el mandamiento 2º, todavía no se ha plasmado el diaconado. Su papel se limita a ser catequistas y lectoras de las Sagradas Escrituras en las celebraciones. Sobre la pederastia clerical del mandamiento 4º, el papa Francisco ha dejado bien claro que los obispos deben denunciar y abrir los archivos de los casos conocidos de pederastas clericales, como él mismo hizo abriendo el “Secreto Pontificio”. Sobre el mandamiento 9º, a los homosexuales solo se les permite una simple bendición con la recomendación que se conviertan en heterosexuales. Lo correcto sería que fueran anulados todos esos mandamientos para que la Iglesia recupere su estatus originario.

Para que la iglesia deje de ser una institución ficticia y sin credibilidad no hay otro camino que tener como referente al Evangelio, los signos de los tiempos y los planteamientos de los teólogos de la liberación como Fray Bartolomé de las Casas, Leonardo Boff, Juan José Tamayo o José Ignacio González Faus que recientemente se ha ido.

El papa Francisco dejó bien claro en el Sínodo del mes de octubre del año pasado que los siguientes temas deberían quedar al margen de toda discusión, como el diaconado femenino, y por supuesto el sacerdocio femenino, el celibato opcional del clero y la pastoral LGTBI. También habría que añadirlos temas que consideró inamovibles en el décimo mandamiento de los diez que se propuso cumplir, como el aborto, el divorcio, el matrimonio homosexual, la eutanasia o el uso de anticonceptivos. Su postura es evidente: conservar la tradición, la estructura patriarcal-piramidal de la Iglesia sin dar cabida a la democracia y manteniendo la misoginia, la homofobia y una moral trasnochada sobre el sexo. Su intención es la de reforzar el pseudoevangelio de “Así Dios lo quiere”, y poner palos en la rueda de una Iglesia en salida.

Es un desconsuelo para los creyentes que Francisco en sus doce años de papado se haya conformado con pequeños cambios, cuando las perspectivas del pueblo creyente eran muy altas. Así lo confirmó Horacio con su frase tan acertada: “El monte estaba de parto y parió un ratón”.

José Melero Pérez

Fuente Fe Adulta

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Sobre la autojustificación y los higos

lunes, 24 de marzo de 2025
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IMG_0472New Ways Ministry ofrece una serie de reflexiones bíblicas para personas LGBTQ+ y sus aliados, titulada Journeys.Viajes«). Estos recursos son ideales para la reflexión individual, para conversar con un amigo o consejero espiritual, o para la reflexión comunitaria en una parroquia, escuela u otra comunidad de fe.

Hoy estrenamos una nueva entrega de la serie basada en la lectura del Evangelio de hoy.

Oramos para que estos recursos les ayuden en su camino personal con Dios.

Las lecturas litúrgicas del tercer domingo de Cuaresma, Ciclo C se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Si desean compartir sus reflexiones con otros lectores de Bondings 2.0, no duden en publicar sus respuestas en la sección «Comentarios» de esta publicación.

El Jesús de este evangelio no es el Salvador manso y apacible. Es el azote de los hipócritas que constantemente llaman a otros al arrepentimiento, ignorando su propia necesidad de arrepentimiento. Pero luego se transforma en Jesús, el narrador y el experto en jardinería. Jesús nunca nos reprende sin mostrarnos cómo mejorar. Jesús no se trata de talar árboles, sino de encontrar maneras de cultivarlos para que crezcan con mayor comodidad y productividad.

***

LUCAS 13:1-9

Algunos le contaron a Jesús sobre los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la de sus sacrificios.

Jesús les respondió: «¿Acaso creen que, por haber sufrido así, estos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos? ¡De ninguna manera! Pero les digo que si no se arrepienten, todos perecerán como ellos».

«¿O acaso creen que aquellos dieciocho que murieron cuando la torre de Siloé les cayó encima eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? ¡De ninguna manera! Pero les digo que si no se arrepienten, todos perecerán como ellos».

Y les contó esta parábola:

«Había una vez un hombre que tenía una higuera plantada en su huerto, y al ir a buscar fruto en ella y no encontrarlo, le dijo al hortelano: “Llevo tres años viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo he encontrado. Así que córtala”. ¿Por qué debería agotar la tierra?

“Él le respondió: ‘Señor, déjala para este año también, y yo labraré la tierra a su alrededor y la abonaré; quizá dé fruto en el futuro. Si no, puedes cortarla’.

***

PARA LA REFLEXIÓN

1.- Cuando algo terrible le sucede a una persona LGBTQ+, siempre puedes contar con que una persona religiosa santurrona venga y culpe a la identidad de la persona LGBTQ+. Jesús condena este comportamiento acusatorio en el Evangelio. ¿Has sido tú, como persona LGBTQ+ o aliado, alguna vez víctima de una piedad tan equivocada?

2.- La inclinación a acusar a otros de ser responsables de su propio sufrimiento es, por desgracia, una debilidad muy humana, y no se limita solo a las personas con una mentalidad demasiado moralista. ¿Podrías compartir alguna ocasión en la que hayas tenido estos pensamientos? ¿Pudiste superarlos? Si es así, ¿cómo?

3.- El secreto del futuro esperanzador de la higuera reside en que alguien la fertilice y cultive la tierra a su alrededor. ¿Hubo alguien en tu vida que te brindó ese apoyo mientras aprendías a aceptar tu identidad LGBTQ+ o la de un ser querido?

4.- En la primera parte del evangelio, el mensaje repetido de Jesús es arrepentirse «o todos perecerán». ¿Cuándo un acto de arrepentimiento te ha salvado de perecer? ¿Por qué es tan difícil arrepentirse? ¿Qué puede facilitarlo?

5.- ¿Has tenido la experiencia de cultivar y nutrir el crecimiento de otra persona en la comunidad LGBTQ+? ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Qué tipo de dificultades y alegrías experimentaste?

6.- En el evangelio, el destino de la higuera sigue siendo incierto. ¿Tienes esperanza de que prospere? ¿Dónde encuentras esperanza cuando la vida parece haber sido estéril durante tanto tiempo?

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***

ORACIÓN

Salmo 1:1-3

1 ¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
2 sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!

3 Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

 

***

MEDITACIÓN EN VIDEO

Tranquiliza tu mente, cuerpo, espíritu y corazón mientras escuchas esta versión musical de Lucas 13:1-9.

Francis DeBernardo, New Ways Ministry, March 23, 2025

Fuente New Ways Ministry

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“¿Para que una higuera estéril?”. 3 Cuaresma – C (Lucas 13,1-9)

domingo, 23 de marzo de 2025
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Jesús se esforzaba de muchas maneras en despertar en la gente la conversión a Dios. Era su verdadera pasión: ha llegado el momento de buscar el reino de Dios y su justicia, la hora de dedicarnos a construir una vida más justa y humana, tal como la quiere él.

Según el evangelio de Lucas, Jesús pronunció en cierta ocasión una pequeña parábola sobre una «higuera estéril». Quería desbloquear la actitud indiferente de quienes le escuchaban, sin responder prácticamente a su llamada. El relato es breve y claro.

Un propietario tiene plantada en medio de su viña una higuera. Durante mucho tiempo ha venido a buscar fruto en ella. Sin embargo, años tras año, la higuera viene defraudando sus expectativas. Allí sigue, estéril en medio de la viña.

El dueño toma la decisión más sensata. La higuera no produce fruto y está absorbiendo inútilmente las energías del terreno. Lo más razonable es cortarla. «¿Para qué va a ocupar un terreno en balde?».

Contra toda sensatez, el viñador propone hacer todo lo posible para salvarla. Cavará la tierra alrededor de la higuera, para que pueda contar con la humedad necesaria, y le echará estiércol, para que se alimente. Sostenida por el amor, la confianza y la solicitud de su cuidador, la higuera queda invitada a dar fruto. ¿Sabrá responder?

La parábola ha sido contada para provocar nuestra reacción. ¿Para qué una higuera sin higos? ¿Para qué una vida estéril y sin creatividad? ¿Para qué un cristianismo sin seguimiento práctico a Jesús? ¿Para qué una Iglesia sin dedicación al reino de Dios?

¿Para qué una religión que no cambia nuestros corazones? ¿Para qué un culto sin conversión y una práctica que nos tranquiliza y confirma en nuestro bienestar? ¿Para qué preocuparnos tanto de «ocupar» un lugar importante en la sociedad si no introducimos fuerza transformadora con nuestras vidas? ¿Para qué hablar de las «raíces cristianas» de Europa si no es posible ver los «frutos cristianos» de los seguidores de Jesús?

José Antonio Pagola

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“Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Domingo 23 de marzo de 2025. 3º de Cuaresma

domingo, 23 de marzo de 2025
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19-cuaresmaC3 cerezoLeído en Koinonia:

Éxodo 3, 1-8a. 13-15: “Yo soy” me envía a vosotros.
Salmo responsorial: 102: El Señor es compasivo y misericordioso.
1Corintios 10, 1-6. 10-12: La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.
Lucas 13, 1-9:  Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

Análisis

El texto del libro del Éxodo nos presenta una versión -la más conocida, seguramente- de la así llamada vocación de Moisés, que es también la “autopresentación” de Yavé.

Las antiguas opiniones sobre diferentes fuentes hablan de dos antiguas tradiciones que se integran en este texto. Según Gen 4,26 Enosh fue el primero en invocar el nombre de Yavé, sin embargo, acá Moisés no lo conoce por lo que Diosa se lo debe revelar. Por otra parte el nombre del monte es Horeb y no Sinaí, y el suegro de Moisés es Jetró mientras que en 2,18 es Reuel. Así se ha hablado de las diferentes tradiciones a las que históricamente se las llamó Elohista y Yahvista, aunque el tema hoy está en discusión (en especial la antigüedad de éstas, y la existencia del primero).

Muchos elementos podríamos señalar, pero destaquemos solo algunos:

Moisés es llamado, y como es frecuente en los relatos de vocación de la Biblia se sigue un esquema similar: (1) oración y respuesta, v.7 y v.9; (2) promesa de salvación, v. 8 y v.10; (3) encargo, v.16-17 y v.10; (4) objeción, 4,1 y v.10; (5) signo, 4,1-9 y v.12; (6) nueva objeción, 4,10 y v.13; (7) respuesta final de Dios, 4,13-16 y 4,17. Como se ve, parecería que las dos fuentes entremezcladas tienen el mismo esquema. Que se utilice un “relato de vocación” nos pone en el contexto de los profetas, lo que no es ajeno al texto, ya que Moisés debe ser “escuchado” como uno que habla “en nombre de Dios”.

Otro elemento es lo que causa la intervención de Dios: lo que lo motiva es “el clamor”. El grito de dolor no deja a Dios “fuera” de la historia. Desde el clamor de la sangre de Abel, Dios toma partido por “los-que-claman”, los que sufren la opresión e injusticia (Gn 18,21; 19,13; Ex 11,6; 22,22: “no dejaré de oír su clamor”; 1 Sam 9,16; Is 5,7; Sal 9,13). El clamor de su pueblo no le permite “hacer oídos sordos”, y frente a ese dolor es que elige y envía a su elegido “Moisés”.

Finalmente digamos algo sobre el ”nombre” de Dios. Entre los antiguos semitas, el “nombre” es el sentido, es su misma existencia. Que Dios tenga nombre, y distinto del nombre que recibió hasta ahora indica que algo ha cambiado (cambiamos de Dios); este es un Dios que se muestra a partir de la historia, como un Dios que manda a los que elige para dar respuesta a los clamores que lo conmueven y no lo dejan indiferente. ¿Qué significa el nombre de Dios? Podemos preguntarnos qué significó en su origen, y qué significó para los lectores del Éxodo. No es fácil dar respuesta, lo cierto es que parece incluir el verbo “ser”/“estar”: las opiniones más sólidas hoy son tres: “yo soy el que hace ser”, lo que remite a que Dios es creador, aunque no se entiende a qué viene esta confesión de fe en este momento; además de que el reconocimiento de Dios como creador parece más tardío, como en el 2º Isaías, en tiempos del exilio); “yo soy el que soy” en el sentido de resaltar Dios existe, mientras que los dioses-ídolos no existen (en ese sentido parece usarlo Os 1,9), el marco remite en cierto modo a la alianza y la “duplicación” destaca la soberanía de Dios que “hace misericordia con quien hace misericordia” (Ex 33,19), es decir: siempre; finalmente, “yo soy el que estaré” (con ustedes), es el Dios de la presencia salvadora, el que acompaña la historia. Este último por el contexto, y el anterior por el marco son los que nos parecen más probables: Dios garantiza su presencia y se enfrenta con los dioses de Egipto: el clamor de su pueblo por el sufrimiento no puede quedar impune.

La Primera carta de Pablo a los Corintios presenta muchas dificultades cuando pretendemos “ubicarla”. Parece muy desordenada, y no es evidente que todo esté en el lugar que Pablo lo pensó. Sabemos que Pablo contesta preguntas escritas que la comunidad le ha hecho (7,1) y es probable que cada vez que usa “con respecto a” también lo esté haciendo (7,1.25; 8,1; 12,1; 16,1.12). Eso no impide que se hayan introducido en el resto de la carta textos provenientes sea de otras cartas o de nuevas circunstancias que exigieron una reelaboración del escrito por parte del mismo Pablo (esta última es nuestra opinión pero no es el caso destacarla acá). En principio, entonces, el texto de 1 Cor 10,1-13 pertenece al bloque donde Pablo responde acerca de la carne ofrecida a los ídolos.

La referencia a las figuras (typos) del AT que recuerdan el bautismo y la eucaristía, parecen decir que no se debe creer que por ser partícipes de la comunidad sacramental, no por estar bautizados y tomar parte de la eucaristía tenemos la garantía de no caer (eso sería hacerse un ídolo; ver 11,30). La idolatría es la clave de la unidad (lamentablemente omitida por el texto litúrgico). Los israelitas cayeron, y también nosotros debemos cuidarnos de no caer: “el que crea estar de pie cuide de no caer” es la conclusión y la clave del texto.

El Evangelio se ubica en el “viaje a Jerusalén” donde Lucas presenta muchos textos de su fuente propia, “L”, un poco -aparentemente- desordenados. Sin embargo, el relato presenta una cierta semejanza en la forma con lo que viene diciendo: en 12,51 también había preguntado “creen que…” y su respuesta fue “les aseguro que…” concluyendo con una parábola. En este caso se presenta abruptamente una situación histórica, con una aparente interpretación religiosa. Jesús corrige esa interpretación e incluso presenta otra situación semejante que se prestaría a la misma interpretación. “No, les aseguro” es la corrección que Jesús propone (vv.3.5) para lo cual presenta otra parábola (vv.6-9).

El acontecimiento histórico nos es desconocido. Se han propuesto diferentes hechos, pero ninguno coincide exactamente con este. Es extraño que Flavio Josefo no lo haya narrado siendo, como es, muy poco amigo de Pilato. Pero el debate supone un (o dos) acontecimiento(s) ocurridos realmente. La mezcla de sangre de galileos con la de los sacrificios hace pensar en la fiesta de la Pascua: en esa fecha Pilato y los peregrinos -también los de Galilea- se encuentran en Jerusalén, y los laicos participan de los sacrificios ya que deben llevar a su casa, o lugar de tránsito, el cordero para ser comido en familia. El otro hecho afecta a 18 personas, si el primero es incidental, este es ocasional, en el primero hay un criminal, pero en el segundo hay un hecho casual, lo común de ambos son los muertos y la interpretación que los interlocutores de Jesús hacen del hecho. De la torre de Siloé sabemos de su existencia, y su ampliación. Josefo la narra, pero no cuenta -tampoco- ningún accidente de este tipo. No sabemos si Lc no está pensando o puede estar releyendo la caída de Jerusalén posterior al 70, pero más allá del o los hechos históricos, lo importante es la respuesta a la imagen de Dios que todo esto supone.

Comentario

Jesús nos enseña, en el texto de hoy a aprender a escuchar la voz de Dios en los acontecimientos de la historia. De hecho sus interlocutores también lo hacían, y por eso van a contarle los hechos, pero escuchaban mal, Dios no decía lo que ellos entendían. Es verdad que Dios habla, pero hay que aprender a escucharlo. Dios no nos dice que los muertos de esos acontecimientos drásticos eran pecadores, de hecho todos lo son. Lo que Dios nos dice es que por serlo, debemos convertirnos y dar frutos de conversión. Los frutos son una palabra de Dios para esta etapa de la historia.

Vivimos en sociedades llamadas cristianas. “Occidental y cristiana” se decía, y los frutos fueron torturas, desapariciones, asesinatos, delaciones, miedo, desesperanza… y más todavía: hambre, desocupación, analfabetismo, falta de salud y vivienda, desesperanza… y “por los frutos se conoce el árbol“. Hoy, muchos llamados cristianos siguen viviendo su fe muy lejos de los frutos de amor y justicia que nos pide el Evangelio: participan de mesas de dinero, de la tiranía del mercado, pagan sueldos “estrictamente «justos»” y precisamente bajos, están afiliados a partidos que nada tienen que ver con la Doctrina Social de la Iglesia (¿se puede -por ejemplo- ser cristiano y neo-liberal? ¡ciertamente no!). ¿Y los frutos? Individualismo, hambre, pobreza… Así, por ejemplo, vemos que uno de los problema que tenemos en América Latina para el reconocimiento “oficial” de nuestros mártires es que quienes los han matado “se llaman ellos mismos cristianos!”, y esto desconcierta a muchos.

No bastan las palabras. De nada sirve una higuera estéril. Una higuera debe dar higos ya que para eso ha sido plantada. Un pueblo redimido por Cristo, debe edificar, con su vida (y con su muerte si fuera necesario) un Reino que dé frutos de verdad, de justicia y de paz, de libertad, de vida y de esperanza…. Estamos lejos, ¡muy lejos! de lograrlo. Es verdad que en decenas de comunidades hay también frutos muy vivos de solidaridad, de paz, de oración, de justicia y de vida, de celebración y de esperanza… y podríamos multiplicar los frutos que vemos en las comunidades; pero todo lo anterior también es cierto. Faltan muchos frutos que dar, falta mucha vida que cosechar y alegría que festejar. El continente de la violencia, de la injusticia y el hambre reclama frutos de los cristianos. Y esos frutos deben darse en la historia. Los acontecimientos cotidianos, de dolor y de muerte, que tan frecuentes vivimos en América Latina nos dan una palabra de Dios, una palabra que debemos aprender a escuchar, que debemos comprender para no creer que Dios dice lo que no está diciendo. Jesús nos enseña la “dinámica del fruto” para aprender a reconocer allí un Dios que sigue hablando y que nos sigue llamando a la conversión. no para una conversión individual y personal, sino que dé frutos para los hermanos, para la historia y para la vida. Y la Cuaresma es tiempo oportuno para empezar a darlos… Leer más…

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Yahvé, Soy el que Soy. Verbo de comunión, no sustantivo de dominación

domingo, 23 de marzo de 2025
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IMG_0488Del blog de Xabier Pikaza:

Llevo varios días comentando el tema de las lecturas de este Dom 3 Cuaresma (23.3.25). En insistido en Ex 3 (Moisés y Mahoma, liberacíón de los hebreos), teniendo en el fondo Lc 13 (parábola del viñador).

Hoy, domingo, me centro con cierto temblor y mucha reverencia filológica y teológica, ante la definición y sentido de Dios como Yahve, verbo de acción/ser de Dios y de los hombres.

Siga leyendo quien desee llegar conmigo al centro de “gravedad” de la Biblia (judaísmo), tal como ha sido y sigue siendo entendido por judío, musulmanes, (a)gnósticos y cristianos.  Buen domingo a todos.

Moisés ante la zarza ardiente.

             Nació en la tribu sacerdotal de Leví, y su madre, no pudiendo ocultarlo, lo confió a las aguas del Nilo en un barco-cuna para que alguien que le viera se apiadara y le recogiera.

Bajó la hija del Faraón a bañarse en el río… Vio la cestilla con el niño, se compadeció y exclamó: `Es uno de los niños hebreos’. Entonces dijo la hermana de Moisés (que estaba escondida): ¿Quieres que vaya y llame a una nodriza de entre las hebreas, para que te críe este niño?’. La hija del Faraón le contestó: ‘Vete’. Fue la joven y llamó a la madre del niño. Y la hija del Faraón le dijo: ‘Toma este niño y críamelo, que yo te lo pagaré’. Tomó la mujer al niño y lo crió. El niño creció y ella lo llevó a la hija del Faraón, que lo tuvo por hijo y le llamó Moisés, diciendo: ‘De las aguas sacado’ (Ex 2, 5-10)

              Moisés renace en el Nilo y su madre (hebrea) le cría y alimenta hasta el destete, momento en que le acoge su madre adoptiva egipcia, la hija del Faraón. Es hombre de dos mundos: los egipcios le ofrecen un conocimiento que luego podrá poner al servicio de la libertad, para destruir desde dentro el sistema de poder del mundo. Será libertador de los hebreos, pero llevando en su vida y tarea el conocimiento del sistema de poder y de organizacíón económica de Egipto.

Tras ese comienzo, el texto calla. Deja que los años de Moisés transcurran oscuros en la casa y corte de la hija del Faraón. Lleva en la sangre el recuerdo de sus hermanos oprimidos y crece en un ambiente egipcio, pero no olvida a su pueblo.

En aquellos días, cuando Moisés ya fue mayor, salió a visitar a sus hermanos y comprobó sus penosos trabajos. Vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos. Miró a uno y otro lado y, no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena (Ex 2, 11-12).

             Ha sentido en su sangre la injusticia dl poder que mata, y mata él tambiién con violencia al opresor, pero pronto descubre que ese gesto ha sido peligroso: «Salió al día siguiente y vio a dos hebreos que se enfrentaban ente sí y reñían. Y dijo al culpable: ‘¿Por qué riñes a tu hermano?’. Este respondió: ‘¿Quién te ha hecho jefe y juez sobre nosotros? ¿Acaso estás pensando en matarme como mataste al egipcio?'» (Ex 2, 13-14). Supo que le perseguirían y tuvo que huir a Madián, en el desierto del Sinaí donde encuentra amigos que le acogen y ofrecen un lugar en su familia.

            Jetró, sacerdote y pastor de Madián, acoge al fugitivo, ofreciéndole la mano de su hija. Ciertamente, Moisés forastero (como indica el nombre de su hijo), pero en sentido estricto no es un exilado, ni está perdido, pues ha encontrado muchachas que le esperan en el pozo, un jefe de tribu que le acoge y una mujer que le hace padre. La historia debería concluir en este punto: Moisés fugitivo se instalará en la estepa, como los antepasados nómadas del pueblo. Pero el auténtico camino empieza ahora, desde Dios:

  1. Moisés era pastor del rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián.
  2. Una vez, llevó las ovejas… hasta Horeb (Sinaí).
  3. El Ángel de Yahvé se le apareció como llama de fuego, en una zarza.
  4. Vio la zarza estaba ardiendo, pero no se consumía. Dijo Moisés:
  5. Voy para ver este prodigio: ¿por qué no se consume la zarza?.
  6. Cuando Yahvé… vio que Moisés se acercaba dijo:
  7. ‘Yo soy el Dios de tus padres, Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios (Ex 3, 1-6).

  1. DIOS YAHVÉ, ZARZA ARDIENTE [1]

A diferencia de los egipcios, que habían encerrado a Dios en un sistema de ley sagrada (de trabajo, dinero y poder), Moisés empieza a verle en la naturaleza, como revelado en la montaña de la estepa (Horeb-Sinaí), Señor de la naturaleza, sobre el sistema de opresión de Egipto, que identifica lo sagrado con el orden económico-social. Dios fuego, poder transformador: llama de vida que jamás se consume, fuente de luz y calor, misterio.

Los egipcios habían per-vertido las fuerzas de la naturaleza, al convertirlas en principio de opresión. En contra de eso. Dios se manifiesta a Moisés como Yahvé, en la zarza de la vida que eternamente arde sin consumirse, enviándole a liberar a su pueblo de Egipto y diciéndole:

  1. Y ahora marcha, te envío al faraón
  2. para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel».
  3.  Moisés replicó «¿Quién soy yo… para sacar a los hijos de Israel de Egipto?
  4.  Respondió Dios: “Yo soy/estoy contigo; y esta es la señal…”.
  5. Moisés replicó Si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre?” ¿qué les respondo?».
  6.  “Yo soy el que soy/el quue actúo”. Esto dirás a los hijos de Israel:
  7. “Yo soy” (Yahvé) me envía a vosotros.  :
  8. El Señor, Dios de vuestros padres, Abrahán, Isaac, Jacob, me envía a vosotros.
  9. Este es mi nombre. Yahvé (yo soy/actúo) para siempre  (Ex 3, 10-17).

NOMBRE DE DIOS, ACCIÓN LIBERADORA

2024_72262_PORTADA_Ahora lo entiendo_Dios es verbo.inddÉste es el Dios de los padres, Dios de Abraham, Isaac y Jacob(pueblo elegido), protector de oprimidos, hebreos esclavizados en Egipto. Contra quienes piensan que Dios es pura tradición, opresión  de un pasado que nos sigue atando a lo que ha sido, frente a los que añaden que Dios nos aleja de la vida y carece de amor para cambiar la realidad, este Dios de Moisés viene y  como Presencia de liberación.

En un primer momento, Dios viene y actúa como lo divino, en forma singular (El) o plural (Elohim), ante la roca inmensa del desierto, revelándose en lo ´más pobre, amenazado, pequeño, inútil, como una zarza, pero una zarza  que arde sin cesar, sin apagarse nunca, sin perder nunca su fuego.

Dentro de la tradición israelita este Dios ha recibido otros nombres como: El-Sadai (quizá Señor de la altura), El-Elyon (Dios del Monte, Dios Excelso) etc., pero ahora no aparece como simple ElElohim (divinidad en general), ni como Baal, Señor cósmico, ritmo de la vida, sino como Yahvé (Soy-quien-estoy presente, soy el que actúo). Los israelitas han tomado a ese Nombre-Sin-Nombre, Dios queue no se identifiCa con ningúnn poder-imperio del mundo, como principio invisible, innombrable de todo lo que es y actúa (Soy-quien-actúo), como nombre del Dios de Moisés, quien debe presentarse ante los israelitas para deccirles.: Yo soy (’ehyh) me ha enviado a vosotros,Yahvé, Dios de vuestros padres (Ex 3, 11-15).

Esta denominación, Yahvé יהוה (YHVH),  con la que Dios se presenta a los israelitas, no es sustantivo, sino verbo activo, de una acción creadora,, como casi todos los nombres personales hebreos, queue no son sustantivos/sujetos, sino expresiones de una accón que son teófora (portadora de Dios), indicación de un verbo activo dvino, significan por ejemplo Dios-fortalece (Ezequias), Dios-escucha (Ismael), Dios-salva (Jesús), Dios Juzga (Daniel). Dios-generoso (Juan), Dios-recuerda (Zacarías), Dioes fuerte (Gabriel),  Dios cura (Rafael) etc.

 Moisés siente dificultad. Dios le ha pedido que abandone su nueva familia de la estepa de Madián, junto al Sinaí, quese enfrente al Faraón, opresor de los hebreos, sucesor de aquel que antaño pretendió matarle (cf. Ex 2,15-23). Dios le envía a liberar a los mismos hebreos que antes habían rechazado su arbitraje (Ex 2, 13-14; cf. Hech 7,24-34). Es normal que le cueste (cf. Jc 6,15; Lc 1,34 etc) y diga: ¿Quién soy yo…?

Así pregunta el ser humano que se descubre pequeño e incapaz ante la tarea de su vida. Pero Dios le responde: Yo estaré, (’ehyh) contigo como presencia activa en tu tarea, yo mismo seré tu vida, movimiento y existencia su itinerario. El hombre (Moisés) tiene queue definrse como es teofanía personal del Dios que vive, actúa y existe en por medio de él, en todo el pueblo de Israel (=Dios lucha, el que lucha con Dios)  como ’Ehyh,  Yahvé (=yo Soy/Actúo), verbo de todos los verbos, acción de todas las acciones, existencia de toda las existencias, añadiendo.

Dios se define de esa forma como  Yahvé (=Soy, estoy contigo), añadiiendo: ¡Y cuando saques al pueblo de Egipto responderéis (=adoraréis) a Elohim en este monte!(3,12), volveréis aquí para ser lo que yo soy, Verbo activo de vuestra vida. Moisés ha descubierto a Dios, le ha visto en el fuego de la zarza. Luego han de verle, haciendo el mismo itinerario ante Dios y con Dios todos los oprimidos (cf. Ex 19-24), pues el ser-acción de Dios en Moisés, ante la zarza ardiente  han de asumirlo todos los israelitas.

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Dom 3 Cuaresma. Moisés: Libertad y alianza con Dios (Libro del Éxodo, 23.3.25)

domingo, 23 de marzo de 2025
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IMG_0447Del blog de Xabier Pikaza:

La primera lectura recoge el tema de la experiencia principal de Moisés. A partir de ella ofrezco una visión general  de su historia como precursor del cristianismo y testigo de la primera alianza de Dios con Israel en el AT.  Buen domingo de cuaresma a todos.

El texto que sigue es largo…. Nadie intente leerlo entero si no le interesa mucho, como lección de una clase avanzada de  libro, que he venido exponiendo en algunos de mis libros.

Lectura. Éxodo 3, 1-8a. 13-15

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios.

El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: -«Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza.» 

Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

– «Moisés, Moisés

Respondió él:

– «Aquí estoy

Dijo Dios:

– «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.» Y añadió: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.» 

Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios.

El Señor le dijo:

– «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel

Moisés replicó a Dios:

– «Mira, yo iré a los israelitas y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. «Si ellos me preguntan cómo se llama, ¿qué les respondo?  »

Dios dijo a Moisés:

– «»Soy el que soy«; esto dirás a los israelitas: «‘Yo-soy’ me envía a vosotros«.» Dios añadió:  «Esto dirás a los israelitas: «Yahvé (Él-es), Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Éste es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación«.»

 MOISÉS. PROFETA‒LIBERADOR

IMG_0448En sentido crítico no sabemos (casi) nada de su historia, de manera que algunos han negado incluso su existencia, de manera que sólo podemos hablar del “Moisés de la fe”, recreado por los maestros israelitas del V a.C. para construir partiendo de él su identidad literaria y trazar su futuro, como él mismo dice en Dt 18, 9.15[1]:

 No imitarás las abominaciones de esos pueblos (de los cananeos)… que escuchan a astrólogos y magos, pero a ti no te lo permite Yahvé, tu Dios, sino que te suscitará un profeta como yo, de entre los tuyos, tus hermanos. A él escucharás.

 La identidad de Israel se funda así en Moisés y se mantiene a través  de los nuevos profetas, que han de sucederle. De un modo significativo, los cristianos identifican a ese profeta anunciado por (como) Moisés con Jesús, y los musulmanes  con  Mahoma:

Los judíos han permanecido vinculados totalmente a Moisés, a quien conciben como depositario principal (definitivo) de la revelación, aunque afirman con Dt 18, 15 que él tendrá (=ha tenido) sucesores (como Samuel o Elías, Isaías o Ezequiel, Amós o Jeremías…), pero añadiendo que ellos se han limitado a confirmar y avalar lo que Dios había dicho ya a Moisés, como supone Ex 2-4 (vocación profética y revelación del Nombre: Yahvé) y como ratifica la Misná: «Moisés recibió la Torah en el Sinaí y la transmitió a Josué, Josué a los ancianos, los ancianos a los profetas, los profetas a los hombres del Gran Sanedrín…» (Abot 1,1).

Los cristianos han interpretado Dt 18,15 como anuncio de Jesús, y así lo ratifica el sermón fundacional de Pedro en el Pórtico del Templo: “Moisés dijo el Señor Dios suscitará en medio de vosotros un profeta como yo… Y todos los profetas, desde Samuel en adelante, anunciaron lo que está sucediendo en estos días” (Hch 3, 22-24). Siguen siendo importantes los profetas antiguos, como Moisés, pero su palabra ha sido asumida, culminada y de algún modo abrogada por Jesús, que se presentó y actuó como profeta final y verdadero, ofreciendo a los hombres el Evangelio o Testamento definitivo de Dios.

El Islam presenta a Mahoma como el profeta prometido por Moisés, como el “sello de la profecía” (es decir, como la culminación de todos los profetas): “Decid: Creemos en Dios y en lo que se nos ha revelado, en lo que se reveló a Abrahán, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus; en lo que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No distinguimos a ninguno de ellos y nos sometemos a Dios” (Corán 2, 136; cf. 3, 84; 6, 84-86).

 En esa línea, siendo verdadera, la doctrina de los profetas ha sido recogida por Muhammad, de forma que todo se contiene ya en el Corán como culmen y cierre (sello) de la profecía(Corán 33, 40). Por eso, a diferencia de los cristianos, que conservan la Ley de Moisés como Biblia (Primer Testamento), los musulmanes han prescindido de la Biblia de Moisés y de Jesús, y así presentan el Corán sin “antiguo testamento”.

 En las reflexiones que siguen presentamos a Moisés según la fe (Biblia) judía como vidente y caudillo, legislador, organizador del cultov y hagiógrafo, escritor del Pentateuco, partiendo de Ex 2-4.

Infancia y huida. En tierra de Madián

Ex 2 empieza presentándole como hombre de frontera, entre los hebreos dominados y los dominadores egipcios. En sentido estricto, el no debería haber vivido, pues el Faraón hacía matar a los niños varones, para que el pueblo sometido no creciera y los esclavos no se alzaran y pudieran destruir su imperio. Pero las comadronas desobedecían al Faraón y no mataban a los hebreos (Ex 1, 15-21). Viendo eso, el Faraón mandó que “todo niño hebreo fuera arrojado al Nilo, de manera que sólo vivieran las niñas” (Ex 1, 22).  Pero…

 Un hombre de la casa de Leví tomó como mujer a una hija de Leví. Concibió la mujer y dio a luz un hijo. Y viendo que era hermoso lo tuvo escondido durante tres meses. Pero no pudiendo ocultarlo ya por más tiempo, tomó una cestilla de papiro y la calafateó con betún; metió en ella al niño y lo puso entre los juncos, a la orilla del río (Ex 2, 1-3).

 Era de la tribu de Leví (trasmisora de tradiciones sacrales), y su madre lo confió a las aguas en un barco-cuna, siendo recogido por la hija del Faraón, que  lo acogió, lo adoptó y educó, escogiendo como nodriza a la misma madre hebrea, “que tomó al niño y lo crio. El niño creció y ella lo llevó entonces a la hija del Faraón, que lo tuvo por hijo y le llamó Moisés, diciendo: De las aguas lo he sacado” (Ex 2, 5-10)

IMG_0450Moisés fue, según eso, un hombre de dos mundos, hebreo de estirpe, egipcio de cultura. Llevaba en su memoria el recuerdo de sus hermanos oprimidos, pero creció enn la corte del imperio (como algunos recreadores del judaísmo, tras el exilio, entre ellos Nehemías y Esdras en el siglo V a.C.).Podía haber aprovechado su “dorado exilio” egipcio (como otros muchos judíos en el rico exilio babilonio), y lo normal hubiera sido que olvidara a sus “parientes” oprimidos:

 (Pero), en aquellos días, cuando se hizo mayor, salió a visitar a sus hermanos y comprobó sus penosos trabajos. Vio también cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, uno de sus hermanos. Miró a uno y otro lado y, no viendo a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena (Ex 2, 11-12).

 Sale como harán Buda y Jesús, para compartir la vida de los oprimidos, iniciando un camino de violencia, para descubrir que resultaba imposible (ineficaz), pues el faraón (es decir, el sistema imperial) no puede tolerar un tipo de rebelión armada, de forma que, como sigue diciendo el texto: “Moisés salió de la presencia del Faraón y se fue a vivir al país de Madián” (Ex 2, 14-15).  Esta “salida” de Moisés sin enfrentarse al faraón con armas resulta necesaria para los redactores del Pentateuco, pues tampoco ellos proclaman una guerra contra Persia, sabiendo que la “salvación” de Israel no está en la lucha y en un tipo de independencia político/militar, sino en la vuelta al auténtico Yahvé, con Moisés (como Moisés) en el desierto de Madián descubriendo allí a Dios (cf. cap. 1)[2].

Una tarea de liberación

     Humanamente hablando, la misión que Moisés había iniciado al rebelarse primero contra Egipto, para huir luego al desierto, podía haber terminado en la tierra de los madianitas, donde fue acogido y se integró, tomando esposa y engendrando hijos (Ex 2, 15-22). Pero Ex 2‒3 añade que, en vez de dejarle vivir y morir en Madián, olvidado de su pueblo “cautivo”, el Dios Yahvé, vinculado precisamente a la montaña sagrada de Madián (el Horeb, en el macizo del Sinaí), salió a su encuentro, se le mostró como el que “es” (y será) y le envió a liberar a los hebreos, como he puesto ya de relieve en cap. 1, diciéndole:

− Vete, yo te envío al Faraón, para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.

− ¿Quién soy yo para ir al Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?

− Yo estoy contigo y esta será para ti la señal de que te envío: cuando saques al pueblo de  Egipto, daréis culto en este monte (Ex 3, 10-12; cf. 4, 19-23).

  Aquí comienza después de los exilio la nueva historia de los israelitas,  que deben retomar el camino de Moisés, saliendo de Babilonia. En esa línea, toda la “historia” que sigue en el Pentateuco (del Éxodo al final del Deuteronomio) puede y debe interpretarse como un programa de liberación (de identificación y recreación) de los israelitas que deben recrear su pacto en la tierra prometida, con Aarón, “hermano” sacerdote de Moisés. Éste es el primer “evangelio bíblico”. Aarón proclama la palabra, dirigiendo los  hebreos la promesa y exigencia de la liberación, y Moisés realiza los prodigios en los que se revela la presencia de Dios.

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Tres maneras de morir y una sola de salvarse. Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo C.

domingo, 23 de marzo de 2025
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Higuera_Miguel_HernándezDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La higuera estéril

El evangelio de hoy es exclusivo de Lucas, sin correspondencias en Mateo y Marcos. Y las tres breves partes en que podemos dividirlo se centran en el mismo tema, muy apropiado a la Cuaresma: la conversión.

Lectura del evangelio según Lucas 13, 1-9

En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió:

– ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pareceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceareis de la misma manera.

Y les dijo esta parábola:

– Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?». Pero el viñador respondió: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar».

Tres maneras de morir

1) Asesinado por Pilato; 2) Aplastado por una torre; 3) Negándonos a convertirnos.

Todo comienza con el aparente deseo de informar a Jesús, galileo, de lo que ha hecho el procurador romano a otros galileos: matarlos mientras ofrecían sacrificios en el templo. Parece un informe imparcial, pero es una trampa muy astuta: nadie le pregunta qué piensa de este hecho; se limitan a contarle el caso. Si responde airadamente, se enemistará con las autoridades; si se calla la boca, se revelará como un mal galileo y un mal israelita.

Para quienes han venido a contarle el caso, todo se juega entre unos galileos muertos, Pilato y Jesús. Ellos se limitan a informar, como la prensa; el caso no les afecta personalmente. Y aquí es donde Jesús va a cazarlos en su propia trampa. Con una ironía muy sutil da por supuesto que sus informadores no le piden una declaración de tipo político (Pilato es un asesino, ¡muerte a los romanos!) sino de tipo religioso (esos galileos han muerto por ser pecadores). De hecho, la mayoría de los judíos de la época (y muchos cristianos actuales), consideran que una desgracia es consecuencia de un pecado.

Pero Jesús toma un rumbo distinto. Los importantes no son los galileos muertos, Pilato y Jesús. Los importantes son ellos, los que preguntan, que no pueden considerarse al margen de los acontecimientos. Si piensan que esos galileos eran más pecadores que ellos, se equivocan. También se equivocaron quienes pensaron que los dieciocho aplastados por el derrumbe de la torre de Siloé eran más pecadores que los demás.

La muerte no solo la provocan políticos injustos y criminales (Pilato) o desgracias naturales evitables (la torre). Hay otra amenaza mucho más grave: la que tramamos contra nosotros mismos cuando nos negamos a convertirnos.

Dios pide higos a la higuera, no pide peras al olmo

La historia de los galileos y de la torre la ha utilizado Jesús para avisar seriamente, y por dos veces: «Si no os convertís, todos pereceréis». Pero esta exhortación no debe interpretarse de forma equivocada. Dios no va a caer sobre nosotros como una torre ni va a mandar a sus ángeles con espadas desenvainadas. Mediante un breve parábola Lucas cuenta cómo nos va a tratar: como un agricultor sensato, realista y paciente.

Sensato, porque solo nos pide lo que podemos dar naturalmente, sin especial esfuerzo. De la higuera solo espera que dé higos, no plátanos ni melones. Lo que espera de nosotros es algo que cada uno debe pensar teniendo en cuenta sus circunstancias familiares y laborales, pero nunca esperará nada que exceda nuestra capacidad.

Realista, porque no se deja engañar. La higuera lleva tres años sin dar fruto. Con él no valen las excusas del mal estudiante que asegura haber trabajado mucho cuando no ha dado golpe en todo el curso. A nosotros podemos engañarnos diciendo que damos fruto; a Dios, no.

Paciente, porque ha esperado ya tres años, y todavía está dispuesto a conceder uno másSegún el Levítico, cuando se planta un árbol frutal, los tres primeros años no se pueden cortar sus frutos; el cuarto año, se consagran al Señor; al quinto se pueden comer (Lv 19,23-25). El propietario lleva tres años viniendo a buscar fruta en ella, lo cual significa que ha sido improductiva durante siete. Su decisión de cortarla es comprensible, ya que la higuera absorbe mucho alimento y quita las sustancias nutritivas a las cepas que la rodean.

Pero la parábola no habla solo del dueño de la viña. El gran protagonista es el viñador, el que intercede por la higuera y se compromete a cavarla y echarle estiércol. Ya que la higuera nos representa a cada uno de nosotros, el viñador tiene que ser Jesús. Se espera que la higuera produzca fruto no solo por ella misma sino también gracias a su acción.

En definitiva, la parabolita final matiza bastante la dureza de la primera parte del evangelio. Pero matizar no significa anular. Si nos empeñamos en no dar fruto, si no mejora nuestra relación con Dios y con el prójimo, por más que Jesús cave y trabaje, la higuera será cortada.

Nosotros no somos distintos ni mejores (1 Cor 10,1-6.10-12)

En el evangelio, Jesús advierte a los presentes que no deben considerarse mejores que los asesinados por Pilato o muertos por el derrumbe de la torre. La segunda lectura nos recuerdan que nosotros no somos mejores que el pueblo de Israel. A pesar de tantos beneficios divinos (paso del Mar, maná, agua que brota de la roca), muchos israelitas no agradaron a Dios y terminaron pereciendo en el desierto. Esto debe servirnos de ejemplo y escarmiento. Nos puede ocurrir lo mismo si nos comportamos igual que ellos. Dicho con las palabras del evangelio. «Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo».

No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento, espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.

Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se crea seguro, cuídese de no caer.

Historia de la salvación (II): vocación de Moisés (Ex 3,1-8.13-15)

La primera lectura de los domingos de Cuaresma se dedica a recordar grandes personajes o momentos de la Historia de la Salvación, para sugerir que la Pascua es el culmen de dicha historia. Tras recordar a Abrahán el domingo pasado, hoy se cuenta la vocación de Moisés.

La lectura del Éxodo nos habla de la preocupación de Dios por su pueblo esclavizado en Egipto. La vocación de Moisés será el primer acto de su liberación. Por eso, el estribillo del Salmo repite: «El Señor es compasivo y misericordioso». Pero igual de importante, o más, es la revelación del nombre de Yahvé. Los judíos, para evitar el uso indebido del nombre de Dios, nunca usan Yahvé, sino «el Señor» (adonay), «el nombre» (ha-shem), «los cielos» u otro circunloquio. El Concilio Vaticano II pidió evitar la forma hebrea para no herir la sensibilidad de los judíos. Por eso, siempre que aparece, las traducciones españolas usan «el Señor», igual que hicieron los judíos de lengua griega al traducir la Septuaginta. Esta decisión, válida para la liturgia, significa un empobrecimiento horrible a la hora de entender muchos textos del Antiguo Testamento.

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó, la zarza ardía sin consumirse.

Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza». Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

– Moisés, Moisés.

Respondió él: 

– Aquí estoy.

Dijo Dios:

– No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.

Y añadió:

– Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.

Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios.

El Señor le dijo:

– He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.

Moisés replicó a Dios:

– Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros». Si ellos me preguntan: «¿Cuál es su nombre?», qué les respondo?

Dios dijo a Moisés:

– Yo soy el que soy. Esto dirás a los hijos de Israel: «Yo-soy me envía a vosotros».

Dios añadió:

– Esto dirás a los hijos de Israel: El Señor, Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

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III Domingo de Cuaresma. 20 marzo, 2022

domingo, 23 de marzo de 2025
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Señor, déjala todavía este año;

yo cavaré alrededor y le echaré abono,

a ver si da fruto en lo sucesivo…”

(Lc 13, 1- 9)

Jesús nos habla de la igualdad. Nos dice que nuestra condición humana tiene grandeza y pequeñez, que nadie es mejor que nadie, que todos llevamos en nuestro interior semillas de humanidad y eternidad.

Nos habla de conversión, metanoia, cambio, mejor, transformación. Si disponemos nuestro ser al encuentro con el Amor de Dios, nuestras semillas de pequeñez, de límites, germinarán y serán fecundadas por Su Amor siendo transformadas. Así nuestra miseria, nuestro estiércol, que no nos gusta e intentamos ocultar, lo descubriremos como posibilidad de nuevo nacimiento. Un nacimiento no de seno humano sino del agua y del espíritu que es lo que posibilita la metanoia.

Jesús nos recuerda que es tiempo de transformar, de querer cambiar, de dejar de mirar nuestro ombligo, de erradicar nuestras pulsiones de dominio, poder, y vivir en la solidaridad donde todo es para todos. La maravilla es que todas las semillas que nos conforman no son ni buenas ni malas, son semillas, y toda semilla lleva en su interior posibilidad de fruto, germen de vida nueva.

Pero para ello hay que querer no tanto dar fruto, sino ser fruto. Y esto conlleva dejarse comer, entregarse, despertenecerse. Ser para los demás.

Así hace Dios con nosotras. No nos pide imposibles, lo único que quiere es que demos al cien por cien lo que somos.

No nos pide producir naranjas si somos higuera, ni nos pide producir limones si somos ciruelo, solo nos pide que seamos lo que estamos llamadas a ser.

Para ello nos riega con la ternura, la cercanía, la compasión, la escucha. Sí, esa es la metodología de Jesús, esperar, darnos tiempo y arropar nuestra tierra seca para que germine.

Oración

Jesús, viñador de nuestra tierra, gracias por tu espera paciente, por tu empeño constante, gracias por tu cercanía y compasión, riéganos con el agua de tu ternura, para que podamos ser ternura para nuestros hermanos.”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios no castiga, pero tampoco premia.

domingo, 23 de marzo de 2025
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lc-131-9-wpv_800xDOMINGO 3º DE CUARESMA (C)

Lc 13,1-9

El mensaje de hoy es muy sencillo de formular, pero muy difícil de asimilar. Con demasiada frecuencia seguimos oyendo la fatídica expresión: ¡Castigo de Dios! El domingo pasado decíamos que no teníamos que esperar ningún premio de Dios. Hoy se nos aclara que no tenemos que temer ningún castigo. “El Dios que premia a los buenos y castiga a los malos”.

Es un Dios que interviene en la historia a favor del pueblo oprimido. Así lo creían ellos, desde una visión mítica de la historia. No es Dios sino los seres humanos quienes podemos alcanzar la salvación. Esto es muy importante. Somos nosotros los responsables de que la humanidad camine hacia una liberación o que siga hundiendo en la miseria a los humanos.

Yo soy el que soy”. Estamos ante la intuición más sublime de toda la Biblia. Dios no tiene nombre, simplemente, ES. Todos sabemos que el discurso sobre Dios es siempre analógico, es decir: sencillamente inadecuado, y solo “sequndum quid”, acertado. A la hora de la verdad, lo olvidamos y defendemos esos conceptos como si fuera la realidad de Dios.

El evangelio de hoy nos plantea el eterno problema. ¿Es el mal consecuencia de un pecado? Así lo creían los judíos del tiempo de Jesús y así lo siguen creyendo la mayoría de los cristianos de hoy. Desde una visión mágica de Dios, se creía que todo lo que sucedía era fruto de su voluntad. Los males se consideraban castigos y los bienes premios.

Incluso la lectura de Pablo que hemos leído se pude interpretar en esa dirección. Jesús se declara completamente en contra de esa manera de pensar. Está claro en el evangelio de hoy, pero lo encontramos en otros muchos pasajes; el más claro, el del ciego de nacimiento en el evangelio de Jn, donde preguntan a Jesús, ¿quién peco, éste o sus padres?

Debemos dejar de interpretar como actuación de Dios lo que no son más que fuerzas de la naturaleza o consecuencia de atropellos humanos. Ninguna desgracia que nos alcance debemos atribuirla a un castigo de Dios; de la misma manera que no podemos creer que somos buenos porque las cosas nos salen bien. El evangelio de hoy no puede ser más claro, pero como decíamos el domingo pasado, estamos incapacitados para oír lo que nos dice.

Si no os convertís, todos pereceréis. La expresión no traduce adecuadamente el griego metanohte, que significa cambiar de mentalidad. No dice Jesús que los que murieron no eran pecadores, sino que todos somos pecadores y tenemos que cambiar de rumbo. Sin una toma de conciencia de que el camino que llevamos termina en el abismo, nunca lo evitaremos. Si soy yo el que camino hacia el abismo, solo yo podré evitar el precipicio.

La parábola de la higuera es clara. El tiempo para dar fruto es limitado. Dios es don incondicional, pero no puede suplir lo que tengo que hacer yo. Tengo una tarea asignada; si no la llevo a cabo, la culpa será solo mía. No tiene que venir nadie a premiarme o castigarme. El cumplir la tarea y alcanzar mi plenitud es el premio; no alcanzarla es el castigo.

¿Qué significa dar fruto? ¿En qué consistiría la salvación para nosotros aquí y ahora? Esta es la pregunta que nos debemos plantear. No se trata de hacer o dejar de hacer esto o aquello. La salvación no es alcanzar nada ni conseguir nada. Es tu verdadero ser, ya está en ti, porque ya estás identificado con Dios. Nuestra tarea consiste en descubrir y vivir esa realidad, que es tu verdadera salvación. Lo que no sea esta toma de conciencia es mitología.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Lo importante es el fruto.

domingo, 23 de marzo de 2025
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higueraLc 13, 1-9

«Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro…»

Una de las parábolas clave para entender los criterios de Jesús es la del fariseo y el publicano. El fariseo da gracias a Dios por ser como es y ni siquiera se atribuye el mérito de ser así… pero el autor nos dice que no alcanzó la justificación que buscaba. Y nos preguntamos: ¿Cómo puede una oración de acción de gracias de un hombre justo no ser grata a Dios?

Parece una parábola paradójica, pero la explicación es muy sencilla: el fariseo había recibido mucho y se había quedado con todo. Pensaba que las virtudes con las que Dios le había favorecido eran parte de su Haber, cuando en realidad formaban parte de su Debe. Las había recibido para dar fruto y, según el sentido de la parábola, no lo había dado. Recuerdo decir a Ruiz de Galarreta: «Me preocupan más mis virtudes que mis pecados», y es lógico, porque el pecado es consustancial a nosotros, pero las virtudes –los talentos– las hemos recibido para compartirlas.

El espíritu de Dios solo se puede manifestar en nuestro mundo si está encarnado, y esto significa que en él no puede haber amor, sino personas que amen y sean amadas, ni puede haber misericordia, sino personas misericordiosas. El amor, la misericordia, la tolerancia o la simpatía, solo pueden darse en las personas; solo pueden darse encarnados. Y eso implica que si yo he recibido sabiduría, empatía o cualquier otro talento, es para que haya sabiduría y empatía en el mundo; y no me los puedo guardar para mí solo, sino que deben dar fruto.

Los frutos que Dios espera de nosotros son los derivados del amor; reflejo directo de su amor. Pablo manifiesta esta idea de forma magistral en su primera carta a Corintios: «Si me falta el amor de nada me sirve… si no tengo amor nada soy». Conocer a Jesús, ahondar en su mensaje, guardar los mandamientos, pertenecer a la Iglesia, participar en sus ritos o frecuentar sus sacramentos, de nada me sirve si no amo y si ese amor no da fruto.

Los frutos del amor son la entrega, la fraternidad, la solidaridad, el desprendimiento, la misericordia, la tolerancia, la ayuda mutua… pues son el modo que tenemos los seres humanos de contribuir a la obra de Dios; es decir, de generar humanidad en torno nuestro y llevar la creación a plenitud.

Una cosa más; y ésta anecdótica. Si leemos la parábola de la higuera como si fuese una alegoría –cosa que no viene al caso porque rara vez las parábolas de Jesús tienen carácter alegórico–, ¿con quién identificaríamos a Dios; con el amo que quiere arrancarla… o con el viñador que quiere seguir abonándola un año más para darle otra oportunidad?…

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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