Comentarios desactivados en “Pascua: el amor vence a la muerte ”, por Kamiruaga
De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):
Hoy celebramos la Pascua, la fiesta de las fiestas, fundamento de la fe cristiana. En este día estamos llamados a anunciar con alegría a todos los hombres la victoria de la vida sobre la muerte, porque Jesús, el Mesías, ha resucitado y está vivo para siempre: Él, que se hizo hombre como nosotros, murió de muerte violenta y fue sepultado, ha resucitado de entre los muertos, primicia de todos nosotros (cf. 1 Co 15,20; Col 1,18), llamados en Él y con Él a la vida eterna. Sí, Jesús fue resucitado por Dios como respuesta a su vida vivida, a su modo de vivir el amor hasta el extremo: nos abrió así un camino para recorrer aquí en la tierra y después en el más allá, un camino que nada ni nadie podrá cerrar jamás…
Pero escuchemos el relato de la resurrección de Jesús según la “otra” perspectiva del cuarto evangelio. El texto se abre con una expresión extraña, que literalmente suena como: «el primero de la semana». El autor está parafraseando el libro de Génesis, donde el primer día de la creación es llamado “día uno” (Gen 1,5). De este modo quiere decirnos que la resurrección de Jesús es el cumplimiento de la primera creación, es la nueva creación: el Espíritu Santo que había hecho surgir la vida en las aguas primordiales preside ahora la resurrección de Jesús, acontecimiento que da origen al día sin ocaso, a la vida eterna abierta a todos los hombres y a toda la creación.
Aquel primer día, cuando todavía era de noche, la noche que comenzó con la traición de Judas (cf. Jn 13,30), María Magdalena fue al sepulcro. Su corazón está envuelto en las tinieblas de la desesperación y de la no fe, porque aún no ha comprendido el cumplimiento que se produjo en la muerte de Jesús, no puede creer en la resurrección de la que ciertamente le había hablado su Maestro.
María no va a ungir el cadáver, como nos cuentan los otros evangelios, sino simplemente porque no puede separarse de Jesús a quien había seguido y amado. Ella había sido una mujer pecadora, habitada por siete demonios (cf. Lc 8,2), pero en el encuentro con Jesús había florecido como nueva criatura: Él la había cuidado, había depositado en ella la confianza en la posibilidad de una conversión, de una vida nueva, y ahora ella cuida a Jesús, abandonada por todos…
Pero le espera una novedad inaudita: «Vio que la piedra había sido removida del sepulcro». Asustada y asombrada por esta visión, María corre hacia Pedro y el discípulo amado para anunciarles su interpretación del sepulcro vacío: «¡Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto!». Aquí termina la primera parte de su historia –la encontraremos de nuevo un poco más adelante, cerca del sepulcro, y entonces el Resucitado se le revelará llamándola por su nombre (cf. Jn 20,11-18)– y comienza la de los dos discípulos.
Corren juntos, pero el discípulo amado corre más rápido que Pedro y llega primero a su destino. Sin embargo, reconoce la precedencia de Pedro y no entra en el sepulcro, sino que espera que Pedro llegue y entre primero: uno llega primero al sepulcro por el amor con el que es amado, el otro entra primero por la elección de la comunidad cristiana como «Roca» por parte del Señor.
Pedro, sin embargo, aunque «vio las vendas en el suelo y el sudario doblado en un lugar apartado», no comprende en la fe el acontecimiento extraordinario de la resurrección de Jesús y, por el momento, permanece en la oscuridad de la incredulidad.
Para el discípulo amado, sin embargo, las cosas son diferentes: «el otro discípulo entró también… y vio y creyó». ¿Qué vio? Ningún objeto en particular, es la ausencia misma la que, interpretada por el amor, revela una Presencia a su corazón. En el amor que lo une a Jesús, el discípulo amado deja espacio dentro de sí a la buena noticia por excelencia, que también Pedro proclamará más tarde: «Dios resucitó a Jesús, librándolo de los dolores de la muerte» (Hch 2, 24).
Sí, la fe pascual nace del amor: sólo el amor a Jesús nos permite comprender en profundidad la Palabra de Dios contenida en las Escrituras y discernir, a partir de un sepulcro vacío, que «Cristo ha resucitado según las Escrituras» (1 Co 15,4).
Así, en palabras de un antiguo Padre de la Iglesia, «quien conoce el misterio de la resurrección llega a conocer el propósito por el cual Dios en el principio creó todas las cosas».
Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de Pascua, 20 de abril de 2025
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Hermanos y hermanas, los que llamamos “Testigos” fueron personas en cuya vida se cruzó un día un galileo como ellos, de Nazaret. Hoy, día de gran fiesta para todos nosotros, puede ser una buena ocasión para preguntarnos si nosotros también nos hemos encontrado con el Resucitado. Oremos.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
• Padre Madre buena, que nuestra Iglesia sea mensajera y pregonera de la gran noticia de la Resurrección de Jesús. Que todos los hombres y mujeres que se acerquen se encuentren con el rostro vivo y cercano de Jesús de Nazaret.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
• Padre Madre buena, que todos nosotros y nosotras seamos testigos de la Resurrección de Jesús siendo cauces de vida y liberación; que nuestras palabras y gestos sean Buena Noticia y vida en nuestros contextos cotidianos.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
• Padre Madre buena, que llegue la luz y la alegría de la Resurrección de Jesús a todos los hombres y mujeres que todavía viven bajo el yugo de la enfermedad, la oscuridad y el sin sentido existencial.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
• Padre Madre buena, que la certeza de la Resurrección de tu hijo nos llene de paz y esperanza cuando nos sintamos tristes por la muerte de nuestros familiares y amigos.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
• Padre Madre buena, que en este tiempo de Pascua que hoy comenzamos seamos fuerza liberadora y sanadora junto a todos los que sufren por cualquier causa.
Verdaderamente ha resucitado Jesús. ¡Aleluya!
Padre Madre buena, que acertemos a contagiar la alegría que vivimos en este día, que seamos Palabra, Vida, Sentido, Esperanza en lo de cada día y con los de cada día.
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Textos para la Vigilia Pascual
Primera lectura:
Génesis 1,1-2,2
Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: “Que exista la luz.”
Y la luz existió.
Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz “Día”; a la tiniebla, “Noche”.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios: “Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.”
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.
Y así fue.
Y llamó Dios a la bóveda “Cielo”.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios: “Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.”
Y así fue.
Y llamó Dios a los continentes “Tierra”, y a la masa de las aguas la llamó “Mar”.
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: “Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.”
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios: “Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.”
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios: “Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.”
Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y Dios los bendijo, diciendo: “Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.”
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: “Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.”
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.”
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.”
Y dijo Dios: “Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.”
Y así fue.
Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.
Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.
*
Salmo responsorial: 103.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor; ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas. R.
De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. R.
Desde tu morada riegas los montes, y la tierra se sacia de tu acción fecunda; haces brotar hierba para los ganados, y forraje para los que sirven al hombre. R.
Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
O bien; :
Salmo responsorial: 32.:
La misericordia del Señor llena la tierra
La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos; encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano. R.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres. R.
Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
*
Segunda lectura:
Génesis 22, 1-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:
– “¡Abrahán!”
Él respondió:
– “Aquí me tienes.”
Dios le dijo:
– “Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.”
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:
– “Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.”
Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
– “Padre.”
Él respondió:
– “Aquí estoy, hijo mío.”
El muchacho dijo:
– “Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”
Abrahán contestó:
– “Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.”
Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
– “¡Abrahán, Abrahán!”
Él contestó:
“Aquí me tienes.”
El ángel le ordenó:
– “No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.”
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio “El Señor ve”, por lo que se dice aún hoy “El monte del Señor ve”.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:
– “Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.” Leer más…
Llegó Jesús con ellos a un huerto llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. (Mt. 26, 36-37)
En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y la noche de Jerusalén ya no escondía
la densidad del abandono.
El Maestro lo supo,
y no un presentimiento, una certeza
comenzó a golpearle contra la soledad.
Ahora la soledad no era
aquella extensión dulce donde encontrar al Padre,
ni era
el campo de batalla donde el Hijo
de Dios fuera tentado como Hijo
de Dios.
La soledad era una fuerza
incontenible: vaciaba de luz
todas las casas del espíritu, dolía
como el frío
cuando hiela la sangre.
La soledad mordiendo
el corazón del hombre,
la soledad poniendo al descubierto
al hombre, solo al hombre.
(La soledad es una calle larga
que lleva a la tristeza).
Quiso salir de la ciudad. Bajo la luna
la espalda de los que se volvían era un incendio
que le abrasaba la memoria.
Acaso
fueran piadosos los olivos con su óleo
de intimidad donde resuena
la palabra del Padre.
¡Oh paradoja del ascenso
donde los pies se hunden
en el lodo del hombre!
¡Oh paradoja del conocimiento
donde todo es maraña de raíces!
Getsemaní no es una zarza ardiendo,
es la espesura sin piedad
donde el hombre está solo,
desnudamente solo, sin asilo,
despojado del hombre,
despojado de Dios.
Getsemaní no es óleo, es agonía,
es otra vez un campo de batalla donde el Hijo
del Hombre ha de enfrentarse
con todos los demonios del hombre:
el tedio, la amargura, la angustia, los peldaños
que van a dar al morir.
Getsemaní no es óleo. Es agonía:
y en el centro del huerto queda solo
un verdadero hombre verdadero
abrazado al silencio de Dios, pero obediente.
Fiat, Señor, digo hoy contigo,
fiat, Señor, aunque me duela.
II
NO ERA EL SUEÑO, SEÑOR…
Bajo la luna llena encanecían los olivos.
La quietud era sólida y destilaba
un plomo ardiente que invadía los cuerpos.
El silencio
se había vuelto mineral
y en la sangre aún rompían las palabras
anunciadoras y terribles
que se habían mezclado con el vino.
Regresó y volvió a encontrarlos dormidos, pues sus ojos estaban cargados (Mt. 26, 43)
No era el sueño, Señor, era el espanto
lo que subía
río arriba del alma hasta los ojos:
era el espanto
de ver luchar a Dios y no hacer nada.
III
EL BESO
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. (Mt. 26, 56)
En la piedra del miedo
se habían afilado las traiciones
y ahora
iban subiendo entre las luces,
ensayando
el más turbio, el más falso
de los besos.
¿Quién dijo que el amor era un abrazo?
Este beso no es beso, es un cuchillo
que asesina de lejos y empozoña
el corazón de muchos y lo cubre
de la callosidad del abandono.
En el puente del beso se ha cumplido
lo que dijeron los profetas, pero
Señor te pido ahora que me quites
esa suerte de puente y que me dejes
del lado del amor, en tus orillas.
IV
ORACIÓN PARA NO DORMIR
Pedro lo siguió de lejos (Mt., 26, 58)
Oh, Señor, en esta hora
en que también se confunde
la distancia con el miedo,
si Tú me ves que me aparto
de tu agonía y que duermo
para no ver al que sufre
ni ver mi interior desierto,
mírame, que yo te sigo,
aun como Pedro de lejos.
Mírame y en tu mirada
sostenme para que el fuego
de tanto amor me despierte
siempre que me venza el sueño.
El día de Jueves Santo se celebra la memoria de la primera vez que Nuestro Señor tomó el pan y lo convirtió en su cuerpo, tomó el vino y lo transformó en su sangre. Esta verdad requiere de nosotros una gran humildad, que sólo puede ser un don suyo. Me refiero a esa humildad de mente por la que conocemos la verdad de que lo que antes era pan ahora es su cuerpo y lo que antes era vino ahora es su sangre. Por eso nos arrodillamos para honrar a Jesús en el Santísimo Sacramento. Sucesivamente, cuando se ora ante el altar de la Reserva, nos damos cuenta de cómo estamos unidos a él en el sufrimiento del huerto de Getsemaní, tan cercanos a él como María Magdalena cuando lo encontró en el huerto el primer domingo de pascua: este hecho es el que nos causa más extrañeza.
El día de Jueves Santo […] evocamos también cómo nuestro Señor, durante la última cena, se levantó y se puso a lavar los pies de sus apóstoles y, con este gesto, nos mostró algo de la divina bondad.
Jesús nos revela en qué consiste lo divino. Jesús lavó los pies de sus discípulos para mostrar las atenciones y la gran bondad que Dios tiene con nosotros. Es un pensamiento maravilloso que podría ocupar nuestra mente y nuestras plegarias.
Si esta bondad divina puede manifestársenos, ¿qué podremos hacer nosotros a cambio? ¿No deberíamos igualar esta dulce bondad suya, que rebosa amor por nosotros, y brindar la misma bondad y el mismo amor? Esto demostraría que el amor, la caridad cristiana, no es sólo una palabra fácil, sino algo que nos lleva a la acción y al servicio, especialmente al de los pobres y al de cuantos pasan necesidad.
*
Basil Hume,
El Misterio y lo absurdo,,
Cásale Monf. 1999, 107s
Comentarios desactivados en «El lector de salmos», por Dolores Aleixandre
Cada judío nace con el libro de los salmos grabado en el corazón y sus palabras forman parte del tejido relacional que los vincula con su Dios. El judío Jesús pertenecía a ese pueblo de orantes que acudían a los salmos para expresar su alabanza, sus súplicas, sus temores, sus sufrimientos o sus alegrías.
Una breve frase al final del relato de la última cena, antes de salir hacia Getsemaní, es significativa: “Cantaron el himno y salieron hacia el monte de los Olivos” (Mt 26,30). Alude al salmo 136 con el que terminaba el ritual de la cena pascual y Jesús recitó (¿cantó?) aquella noche estas palabras: “Me cercaban y me acorralaban, me rodeaban como avispas, empujaban para derribarme; (…) me envolvían redes de muerte, me alcanzaban los lazos del abismo…”.
Los escenarios que recreaban aquellas imágenes eran estremecedores y Jesús debió intuir oscuramente que también él iba a sentirse cercado, atacado por un enjambre peor que de avispas, atrapado entre redes, empujado y derribado por una muchedumbre hostil.
No es de extrañar que se identificara con la confesión del salmista: “Caí en tristeza y angustia”, pero que, al pronunciar la continuación del salmo, se contagiara también de la certidumbre de otras palabras: “Alma mía, recobra tu calma, que el Señor fue bueno contigo, arrancó mi vida de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies de la caída…, el Señor fue mi auxilio…”.
También él se sentía habitado por una confianza que ni en los peores momentos iba a quebrarse, y aquella noche sintió que le alcanzaba la seguridad de una promesa: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.
Al terminar la oración en el huerto, dijo a sus discípulos: “Está hecho. Llega la hora” y esa expresión “está hecho” anticipa el “está consumado” de la cruz. Es el anuncio del término de una carrera, de la rendición después de un combate, de un ceder, soltar, abandonar la resistencia, entregarse sin condiciones como exhortaba un salmo: “Rendíos y reconoced que yo soy Dios” (Sal 46,11).
En la cruz va a ser “el rendido” y su gesto de inclinar la cabezaevoca una actitud de consentimiento absoluto al Padre, el final coherente de su apuesta arriesgada de confiar por encima de todo. No se había protegido antes y tampoco podía hacerlo ahora, porque no hay nada tan vulnerable como el costado de un hombre crucificado.
Un salmista había dicho: “Al atravesar el valle de las lágrimas, alumbrarán un manantial” (Sal 84,7). Jesús había atravesado ese valle, confiando en que su muerte alumbraría un manantial. Había perdido su vida vaciándola como un cántaro, pero la había ganado y moría convertido en fuente.
Dolores Aleixandre
Jubilada feliz. Encajando el envejecer con cierto garbo (de momento). Convencida de la fuerza de la Palabra y de la bondad última de las personas. Adicta a la Biblia y a contársela a otros. Agradecida a la vida, al cariño de tantos amigos y al sentido del humor. Aficionada al cine, a la música polifónica y a Gomaespuma. Lectora desordenada y escritora de vuelo corto. Orgullosa de ser columnista de alandar. Tratando de callarme más, rezar más y vivir más atenta al latido del corazón de Dios en el corazón del mundo.
Comentarios desactivados en Jesús para ti, Jesús para el mundo .»Procesión» de imágenes de Semana Santa
Del blog de Xabier Pikaza:
Se llamaba Jesús, como Josué, primer conquistador israelita, pero la tradición cristiana ha resaltado su sentido mesiánico diciendo que Jesús significa “Dios salva” (Mt 1, 21), añadiendo que es el Cristo, ungido de Dios o Mesías (cf. Mc 8, 29 par).
A partir de aquí, los cristianos le han dado otros títulos, han destacado otras funciones y así he querido hoy destacar algunas, ofreciendo una nueva procesión personal de Semana Santa
| Xabier Pikaza
1.JESÚS ES HIJO DE…
Entre los hebreos un hombre se definía por su padre (en hebreo ben, en arameo bar, en árabe ibn) y así Jesús aparece como “hijo” de una serie de personajes que definen hasta hoy su identidad:
‒ Hijo de Abraham. Todos los judíos se consideraban hijos de Abraham, patriarca original de los semitas occidentales, también se consideran hijos de Abraham (por línea de Agar e Ismael) los árabes… Pablo le presenta así como Hijo de Abraham, heredero de las promesas en Gal 3‒4 y en Rom 4, lo mismo que Mt 1, 1.
‒ Hijo de David (Mc 10, 48; cf. 12, 37), heredero de las promesas mesiánicas, rey vencedor sobre los enemigos del pueblo… Pronto esa visión de Jesús como hijo de David toma matices distintos: Es sabio como Salomón, es misericordioso…
‒ Hijo de María(Mc 6, 3), denominación sorprendente de tipo metronímico, pues le vincula con la madre más que con el padre… Esa es la visión que está en el fondo de la historia de los magos en Mt 2, lo mismo que en los evangelios de la infancia (Lc 1‒2, Mt 1‒2).Esa visión ha marcado toda la tradición cristiana.
‒ Hijo de hombre, título que aparece en diversos contextos de poder (Mc 2, 10.28), de entrega de la vida (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 33) y de venida escatológica (cf. Mc 13, 26; 14, 62). Jesús es Hijo de hombre porque ha nacido de otros, integrándose en una experiencia y proceso de generación. Pero, al mismo tiempo, es Hijo de Dios: proviene de la humanidad, naciendo de Dios, conforme al testimonio unánime de los evangelios. Esta solidaridad receptiva le define, desde el principio de la iglesia como Aquel que depende de otros naciendo de Dios, como aquel que ofrece a los otros la vida del amor de Dios
‒ Hijo de Dios, como pone de relieve Marcos en el comienzo de su evangelio (Mc 1, 1). Este título tiene una larga prehistoria, no sólo en el paganismo ambiental (donde cualquier taumaturgo o místico puede llamarse Hijo de Dios), sino en el judaísmo, donde el pueblo israelita y su rey reciben este nombre de hijos de Dios. Por su especial vinculación con Dios, en plano de conocimiento profundo y obediencia (cumplimiento de la voluntad divina), Jesús se llamó a sí mismo Hijo de Dios. No es Hijo de Dios quien puede y manda, imponiéndose sobre los demás, sino quien puede y ama, obedeciendo en gesto de entrega de la vida. Siguiendo en esa línea, la comunidad cristiana le ha concebido después como el Hijo de Dios por antonomasia (el Hijo), no sólo en su vida temporal (en vocación/bautismo o nacimiento), sino en la misma intimidad de lo divino (cf. Mt 11, 25-30 par, y en todo el evangelio de Juan.
2 NOMBRES DE ACCIÓN, LAS OBRAS DE CRISTO
‒ Exorcista, vencedor. Los evangelios le presenta como aquel que ha luchado contra el Diablo (Mc 1, 12-13), expulsando a los demonios, como indica la controversia de Mc 3, 21-30. En esa línea aparece como el gran Vencedor, el más Fuerte (Christus Victor), que libera a los hombres de la opresión (posesión) de lo diabólico.
‒ Sanador, terapeuta… Éste es quizá (con el de exorcista) el nombre más importante que le atribuye la tradición sinóptica… La verdadera libertad es la “salud”: Que los hombres, en especial los enfermos y excluidos vivan… Una tradición muy temprana, propia de los adversarios, le llamará muy pronto mago, hechicero…, hombre de fondo diabólico que cura en un sentido para oprimir mejor. Así le presentan los adversarios dentro del mismo judaísmo como en el mundo pagano, como ha puesto de relieve el filósofo Celso en el siglo II d.C. Cristo es el gran engañador.
‒ Maestro, rabino, rabbi… (cf. Mc 4, 18; 5, 35; 9, 17.38; 10, 17.20.35; 12, 14.19.32, etc.), título que se utiliza en varios niveles, desde dentro y desde fuera de la Iglesia, presentándole como alguien que tiene autoridad para enseñar y formar discípulos. Éste es el título más utilizado por la tradición cristiana primitiva… Jesús es el gran Maestro, el que enseña (el didáskalos…). No se impone como rey, sino que dirige e ilumina a los hombres por la verdad… En esa línea, en el juicio de Pilato, según el evangelio de Juan, él es rey porque “enseña”, porque dice la verdad.
‒ Profeta y siervo de Dios. Es Profeta (Mc 6, 15; 8, 28), no se limita a enseñar como maestro, sino que proclama la palabra, en gesto de anuncio y denuncia, en una línea que puede compararse a la de Juan Bautista. Pues bien, Jesús se ha pensado y presentado a sí mismo como Profeta escatológico en quien viene a culminar la esperanza israelita. Así le han visto e invocado también tras la pascua los judeo-cristianos. Pero, al mismo tiempo, ellos le han llamado Siervo (Servidor) de Dios, porque ha realizado la tarea de Dios sobre el mundo, en la perspectiva del Siervo de Yahvé del Segundo Isaías. Muchos israelitas veneraban (e incluso esperaban) la figura de un misterioso Siervo de Dios que debía enseñarles la lección fundamental de la historia: aceptar y transformar el sufrimiento. Aprender a sufrir y sufrir por los demás: ésta es la máxima experiencia salvadora. De un modo consecuente, siendo profeta escatológico, Jesús aparece también como el Siervo sufriente de Dios. No ha realizado su tarea triunfando, imponiendo su vida sobre los demás, sino muriendo por ellos, en actitud expiatoria (cf. Hch 4, 30; Mt 12, 15-21).
‒ Compasivo, misericordioso, hombre para los demás. Así le presentan sobre todo los evangelios de Mateo y Lucas (Manso y humilde de corazón, cargó con nuestros dolores…). Así le presenta la iglesia retomando un texto de Oseas, cf. Mt 9, 10‒13; 11, 1‒6. Según eso, la presencia de Dios en el mundo es la misericordia… Puso la misericordia por encima de un tipo de culto sacral judío o de justicia romana y por eso le mataron.
‒ Pastor, pescador… En la línea anterior, desde la perspectiva de su acción, la iglesia le presentará muy pronto como buen pastor, que guía a las ovejas (Jn 10)y también como pescador paradójico, con discípulos pescadores (Mc 1, 16-20). No pesca para matar a los peces, sino para salvar a los hombres…
‒ Mesías, el Cristo. Es quizá el nombre más discutido, aquel por el cual ha muerto, ha sido el Mesías o Cristo, como le llama Pedro (Mc 8, 29) y como supone la pregunta del sumo sacerdote (14, 61), con el sarcasmo de los sacerdotes (Mc 15, 32); para ellos, Jesús sería un pretendiente mesiánico (fracasado). Muchos judíos esperaban la llegada de un Mesías concebido sobre todo en términos políticos, instaurando y expresando sobre el mundo la verdad del Gobierno de Dios. Jesús estaba convencido de la verdad de esa visión (y en esa línea pudo presentarse como nazoreo), pero no quiso aceptar los aspectos militares vinculados con el mesianismo. Sabía que el Gobierno de Dios no se impone por las armas ni por otros medios de violencia. Por eso, evitó ese título a lo largo de su vida, aceptándolo sólo de manera abierta y clara al final de su camino, ante el tribunal que le condenaba a muerte. En esa línea, Rom 1, 2-3 afirma que Jesús fue “hijo de David” según la carne, es decir, en un plano histórico fracasado. Jesús no se ha limitado a proclamar la venida de un Reino futuro, independiente de su vida, sino que ha visto su misma vida integrada en ese reino.
3.NOMBRES DE PASIÓN Y MUERTE, EL CRISTO DE SEMANA SANTA
El Entregado, traicionado… (cf. Mc 9, 31 y 10, 33). Ésta es una de las tradiciones más importantes de los evangelios… Jesús no ha sido sólo crucificado (ajusticiado) por los hombres de la justicia de este mundo, sino que ha sido traicionado y entregado por aquellos en quienes había confiado…
El juzgado y condenado. Así le presenta no sólo la tradición sinóptica, sino el mismo Pablo en Gálatas. El hombre judío era el que estaba bajo la ley, el romano era el que estaba bajo la justicia… Pues bien, la mejor ley del mundo, la mejor justicia le han condenado. Así aparece Jesús como la piedra rechazada por los arquitectos de la historia (Mt 21, 42 par), conforme a una acerada tradición israelita (Sal 118, 22‒23). Así es Jesús, el hombre excluido, descartado para el templo del poder y sacralidad del mundo.
El Torturado, el Crucificado, hombre de dolores… (Mc 16, 6, en la línea de Is 53, 3). Así le llama el joven de la pascua, añadiendo que Dios le ha resucitado. Al principio, la crucifixión era un escándalo, algo contrario a la fe, tanto en línea israelita como griega. Pero después, una vez que se ha visto a Jesús como hombre verdadero, Hijo de Dios, se puede afirmar también el valor salvador de la crucifixión, viendo en ella el testimonio más grande del amor de Dios: sólo así puede ser Mesías de Dios aquel que ofrecesu vida por todos, porque Dios es vida que se ofrece y se comparte.
Nazoreo-nazareno (Mc 14, 67; 16, 3). Así le presenta el título de la cruz… Jesús nazoreo, rey de los judíos (Jn 19, 19), que indica su procedencia y condición: su procedencia geográfica (de Nazaret de Galilea) o su origen mesiánico (forma parte del nezer o estirpe mesiánica de Jesé-David, como parece indicar Mt 2, 23 y Jn 19, 19). Es la raíz, es la semilla de la nueva humanidad
4.NOMBRES DE PASCUA, VICTORIA DE CRISTO
‒ Resucitado. Éste es el nombre y título puede verse en el en el fondo de toda la tradición sinóptica, desde Mc 16, 6, y de 8, 31; 9, 31; 1, 34; 14, 28. Es el título de la tradición de San Pablo, la primera conocida y desarrollada por el mensaje de la iglesia. Resucitado no es el que sale de la historia de los hombres, para habitar en un mundo distinto de cielo supracósmico, sino aquel que es semilla de nueva humanidad.
‒ Primogénito de entre los muertos, el Precursor… Primero de los que renacen de la muerte (cf. Ap 1, 5). En esa línea se le llama el “pródromos” o explorador (Hbr 6, 20), el que abre una vía de humanidad, camino de futuro, promesa de vida… en una historia siempre amenazada por la muerte. La tradición posterior insistirá en Juan Bautista como precursor de Jesús. Pero la carta a los Hebreos presenta al mismo Jesús como pro‒dromos (primer correror, precursor) de la nueva humanidad… En esa línea se sitúa el evangelio de Juan cuando dice que Jesús ofrecerá a los hombres su espíritu (paráclito) para que hagan (hagamos) sus obras y aún mayores (Jn 14, 12)
‒ Señor. Gran parte de los exegetas de la primera mitad del siglo XX pensaban que Jesús sólo había sido venerado como Kyrios o Señor* divino en las comunidades helenistas, influidas por la cultura y religión griega. Para los primeros cristianos palestinos Jesús habría sido simplemente un profeta moralista y un predicador del reino futuro. Eso significaría que el cristianismo como religión sólo pudo nacer en un contexto de cultura griega. Pues bien, en contra de eso, debemos afirmar que el título y culto del Kyrios divino provienen de la comunidad palestina, que invocaba ya a Jesús en arameo como su Marán o Señor, pidiéndole que venga a culminar su obra. Lógicamente, ese mismo título, que pone de relieve la condición divina de Jesús (presente en las comunidades de los cristianos), sirve para definir su experiencia social: los que veneran a Jesús como Kyrios, deben oponerse al culto político imperial del «Kyrios» de Roma. Éste Jesús muerto y resucitado es el Nombre sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús… (Flp 2, 6‒11).
5.TÍTULOS PERSONALES: COMPAÑERO, NOVIO, AMIGO
‒ Novio y esposo del creyente, el gran amigo. Esta visión ha sido más desarrollada por mujeres, pero también por varones, al menos desde la Edad Media. Tiene raíces bíblicas, pues el Nuevo Testamento presenta a Jesús, al menos implícitamente, como esposo (cf. Mc 2, 19; Mt 25, 1-13; 2 Cor 11, 2; Ef 5, 22-33), siguiendo un mensaje de los profetas del amor de Dios (como Oseas y el Segundo y Tercer Isaías). En esta línea, la fe mesiánica más honda aparece como experiencia de enamoramiento y unión con Jesús, quien viene a presentarse como encarnación personal del amor de Dios. Éste es el Cristo de Teresa y Juan de la Cruz, de los enamorados de (en) Dios de todos los tiempos de la Iglesia. Éste es el Cristo místico, centro y sentido de la vida de millones de creyentes.
‒ Hermano universal, familia de Dios. Según la tradición, Jesús no se ha perpetuado en unos hijos que transmiten su memoria. Ciertamente, el Nuevo Testamento habla de sus hermanos (Santiago, Judas etc.) y afirma que dirigieron la iglesia de Jerusalén. Pero Jesús no ha trasmitido su memoria a través ellos, sino por medio de discípulos (seguidores, hermanos, varones y mujeres), que le han visto tras la muerte, reconociéndole como Señor (=Kyrios) y hermano de todos los que sufren (cf. Mt 25, 31-46). Jesús no ha dejado una familia, no ha fundado un califato, donde el poder va pasando por generaciones, de padres a hijos, como en las dinastías de reyes y sacerdotes del mundo, sino que extiende su familia como fraternidad universal, diciendo «haced discípulos a todos los pueblos» (cf. Mt 28, 16-20) y añadiendo «no llaméis a nadie Padre, pues sólo uno es vuestro Padre, el de los cielos y todos vosotros sois hermanos» (cf. Mt 23, 7-12). Así le presentó Karl Adam en un libro (Cristo, nuestro hermano) que deberá reformularse en nuestro tiempo.
‒ Hermano especial de los hambrientos y excluidos… No es hermano sólo espiritual, en línea genérica…, sino hermanos de los hambrientos, exilados, desnudos, enfermos y encarcelados de la tierra (Mt 25, 31‒47). Ciertamente, se puede cantar: “Porque Cristo nuestro hermano, nos ha redimido, Iglesia alégrate…”. Pero el canto se debe transformar en vida y obra: “Dar de comer a los hermanos más pobres, los hambrientos…”
‒ Novio, amigo, amor… Así aparece en el evangelio y en la tradición del Discípulo Amado… Jesús es en primer lugar aquel “Amado” primigenio, que ha venido para dejarse amar (como afirma la tradición del Shema de Dt 6, 4‒6: Amarás, Dios es aquel que se deja amar). Viene desde el principio bajo la imagen del novio cercano (cf. bodas de Jn 2, 1‒11), aparece luego (¡al mismo tiempo!) como amigo de todos los amigos (Jn 15, 15), y termina apareciendo en Dios como amor de todos los amores (1 Jn 4, 7‒9). La tradición posterior ha interpretado la realidad como “ser”, construyendo una cristología más ontológica que mesiánica. Conforme al evangelio, el ser es amor, y Cristo el amor encarnado. Leer más…
Comentarios desactivados en “Conspiración contra Jesús, el carpintero de Nazareth”, por Guillermo Jesús Kowalski
Viacrucis con las víctimas
Del blog de Jesús Kowalski Poliedro y periferia:
La semana de la compasión de Dios
Es un Dios que se hizo carpintero, como uno de tantos, pobre y sin “contactos” o “enchufes” que lo pudieran sacar airoso de la situación…pero hizo falta un complot religioso-militar para “acabar” con Él, ya que su tiraje popular ponía en riesgo los sistemas de este mundo basados en el tener, el poder, la violencia, la vanidad del lujo…
Él sabe lo que es la pobreza desde que nació… Centra su atención en los que sufren, en los descartados, desprecia a los soberbios, como proclamó su madre en el Magnificat (Lc 1,46). Y a los que ayuda les pide que no lo anden divulgando (Mc 1,43), que Él no vino para montar un club de fans en las redes para alimentar su vanidad.
Más de una vez se pasaba por alto las normas rituales cuando lo que estaba en juego era el hambre o la salud de la persona. A nadie andaba “psicopateando” con eso de la “culpa” para manipular la conciencia de la gente. Hoy también busca liberarnos del egoísmo y la vanidad, no para caer en otras esclavitudes rituales e ideológicas, sino para “amar como Él nos ha amado”
“Los dirigentes religiosos se dieron cuenta de que Jesús y ellos eran incompatibles…fueron lúcidos y consecuentes: o él o nosotros. Y tomaron la decisión lógica: hay que matarlo. Los sacerdotes exigían sumisión (hasta la muerte), mientras que Jesús daba la vida (para siempre).” (J.M.Castillo)
Jesús es la redención de la puerta de al lado. La salvación desde los pequeños, como el grano de mostaza, que se vuelve grande y estructural.
Jesús no llevó a cabo una de estas guerras moralistas actuales para demostrar que el adversario es peor. Él no vino a condenar, sino para salvar. El que lo sigue ya está cambiando el mundo para siempre, dejando una marca de eternidad en la historia.
Su nueva ética consistió en vivir la experiencia del mal en carne propia, solidarizándose con el doliente. Él decía con su vida: lo que a ti te pasa, a mí me pasa y vamos a hacer lo posible para solucionarlo, que para eso he venido al mundo, ése es el sentido de mi vida.
No le interesaba ser “bueno” cumpliendo con el “deber” o los reglamentos escritos por “los que mandan“. Conocía la trampa burguesa de los que “cumplen y mienten”. Era bastante criticado por esto. Más de una vez se pasaba por alto las normas rituales cuando lo que estaba en juego era el hambre o la salud de la persona. A nadie andaba “psicopateando” con eso de la “culpa” para manipular religiosamente las conciencias. Hoy también busca liberarnos del egoísmo y la vanidad no para caer en otras esclavitudes rituales e ideológicas, sino para “amar como Él nos ha amado” (Jn 13,34). No es un mandamiento más, sino uno “Nuevo“.
Sabía que el pecado era algo muy serio y no había que disimularlo en un mar de contravenciones ritualistas de control clerical. El pecado del mundo tiene que ver con usar los talentos de modo egoísta, para hacer daño, para someter y aprovecharse de los demás, para ser indiferentes al sufrimiento humano y la complicidad silenciosa con los sistemas injustos, máquinas reproductoras del mal.
A los “doctores de la ley” de ayer y de siempre no les gusta esta simplicidad, porque destruye su emperifollado chiringuito montado para “colar el mosquito y tragar el camello” (Mt 23,24). Por eso “Jesús no se fiaba de ellos, porque sabía lo que había su corazón” (Jn 2,24) Podrían engañar a muchos y sostener su sistema con trampas e hipocresía, pero “Dios ve en lo secreto” (Mt 6,6) y “no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz”. (Mc 4,22). La pandemia de pederastia de clérigos “célibes“, es una muestra de ese pus que sale a la superficie de un sistema farsante y soberbio, tan habituado a juzgar, condenar y discriminar a los demás.
A Jesús le interesaba las personas, ellas son lo real, no las ideas. Le interesaba y disfrutaba al darles de comer, curarlas, compartir la mesa, aliviar las cargas de la vida… Jesús es una vida para los demás, que Él llamó Reino de Dios y su Justicia.
Él no enseñó técnicas de introspección para gurúes, exóticas espiritualidades intimistas “fuga mundi” para unos pocos iluminados, sino la compasión para vecinos de la puerta de al lado. Puso todo de sí para darse de comer a los pobres y nos pidió que hagamos eso “en memoria de Él”…, en vez de “hacer tres carpas” para una embriaguez mística que nos aleje de la realidad. (Mc 9,5)
El centro de la vida de Jesús es la convivencia como fruto de la misericordia y el amor, no de la superioridad moral para justificar el dominio sobre los otros. Él vino para convivir, no para “mandar” y que le hagan reverencias…por ser “más sagrado” que la plebe “profana”. Las reverencias deben ser para los que sufren, a quienes llama “bienaventurados” y son el Templo de la Nueva Alianza. El mérito no es competir y ganarle a los demás, sino hacer crecer los talentos para el bien común, que nunca será “bien” si no tiende a ser “común” y alcanza a los excluidos.
“Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se anonadó así mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz”. (Filipenses 2 6)
Él es un Dios hecho carpintero, uno del montón, pobre y sin “contactos” o “enchufes” que lo pudieran sacar airoso de los problemas. No era como tantos otros delincuentes que hoy vemos entrar por una puerta y salir por la otra. Sin embargo, hizo falta un complot religioso-militar para “acabar” con Él, ya que su tiraje popular ponía en riesgo los sistemas de este mundo basados en el tener, el poder, la violencia y la vanidad del lujo protegido por un exagerado “derecho” de propiedad para pocos a costa de muchos.
“Los dirigentes religiosos del judaísmo se dieron cuenta de que Jesús y ellos eran incompatibles. El peligro mayor estaba en la fe de los que tomaban a Jesús en serio. La fe, cuando es fe de verdad, representa una amenaza de muerte para el templo y para todo sistema religioso-político. Los hombres del Sanedrín fueron lúcidos y consecuentes: o él o nosotros. Y tomaron la decisión lógica: hay que matarlo. Los sacerdotes exigían sumisión (hasta la muerte), mientras que Jesús daba vida.” (“La religión de Jesús…”J.M.Castillo)
Al comenzar su vida pública en el desierto, Jesús había sido tentado por el príncipe del mal para usar sus mismas artimañas . Pero para Él, el fin no justifica los medios. No usa el método del demonio para hacer la voluntad de Dios. Es la historia que se repite todos los días. Y cada día tiene su aflicción y su juicio.
La asimetría del poder económico, político o religioso generan las estructuras de pecado que condenan a Jesús. Ésta solo puede ser confrontada con la estructura de Gracia que Él inaugura y se llama Reino de Dios. Es un tejido de perdón y amor donde las asimetrías del sometimiento son allanadas y los dones e iniciativas individuales crecen para el servicio al Bien Común y no para las falsas meritocracias del postureo.
Jesús es la redención de la puerta de al lado. La salvación desde lo pequeño, como el grano de mostaza, que se vuelve grande y estructural. Su prédica no es bonachona y complaciente. Su propuesta de ser como niños para entrar en la lógica del Reino implica nacer de nuevo, una conversión profunda, una transformación que no está al alcance de lo humano pero que nos hace mucho mas humanos.
Jesús y el poder religioso.
Él pone el dedo en la llaga permanentemente. Su misericordia es conflictiva, “hace lío“. Polemiza a rabiar con los escribas y fariseos que se creen “dueños de Dios”, llama “zorro” a Herodes, hecha a los mercaderes del templo a latigazos.
Él sabe lo que es la pobreza desde que nació. No es como esos ricos buenorros con sentimiento de culpa que hacen un poco de beneficencia y volunturismo por el mundo para tranquilizar la conciencia y de paso posturearse aún más. Centra su atención en los que sufren, en los descartados, desprecia a los soberbios como proclama su madre en el Magnificat (Lc 1,46). Y a los que ayuda les pide que no lo anden divulgando (Mc 1,43), que Él no vino para montar un club de fans en las redes para alimentar su vanidad, como tantos predicadores del “éter“.
Ni se defiende en un juicio amañado cuya sentencia ya fue preparada de antemano. Incluso se muestra irreverente en el momento de ser juzgado ante Pilato: “ninguna autoridad tendrías sobre mi si no te fuese dada de arriba” (Jn 19)
Así como fue perseguido Jesús, sus seguidores de verdad, también lo son. Asistimos actualmente a una persecución fariseo- integrista del papa Francisco. Un fundamentalismo destructivo para la convivencia, la comunión eclesial y el servicio a la humanidad. El objetivo siempre es el mismo: callar a uno para que la ideología de este mundo siga beneficiándoles.
Una intransigencia pseudocatólica, cerrada al diálogo, que tiene más de Maurrás que de Francisco de Asís. Inspirados en los retrógrados Syllabus y Mirari vos más que en el esperanzador Gaudium et Spes. Reacios a comprender la evolución de la cultura y la ciencia, la democracia, las libertades, los derechos humanos, el nuevo papel de la Iglesia del Vaticano II y la Sinodalidad que vencen la soberbia del clericalismo y la autorreferencialidad eclesiástica.
El Nazareno continúa con su revolución de la compasión en las calles y en la voz de profetas como Francisco. Difícil encontrarlo en domesticadas imágenes en los templos de los mercaderes. Por eso están vacías las iglesias a no ser para el consumismo turístico que todo lo fagocita. Jesús es aclamado de día con ramos por un Pueblo sencillo que lo reconoce por su amor cercano que cura, alimenta y comparte. De noche, los conspiradores siguen planificando el sacrificio de los crucificados del mundo para perpetuar las estructuras del pecado.
Comentarios desactivados en El canto de tu pueblo.
Hoy queremos cantarte,
uniéndonos a la creación entera,
un canto nacido del corazón,
en las plazas y lugares de encuentro
de aldeas, pueblos y ciudades.
Porque tu paso y presencia
traen la alegría a nuestras vidas
y la paz a todos los rincones de la tierra.
Estamos cansados de las canciones militares,
pomposas y llenas de arrogancia,
que quieren comprar nuestra voluntad
y anuncian victoria con un gusto amargo
de sangre inútilmente derramada.
¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!
Las canciones religiosas
que resuenan en los templos e iglesias,
en otros tiempos tan llenas de fe y vida,
no atraen y dejan vacíos esos lugares de encuentro,
pues ya no conectan con nuestros sentimientos.
Tampoco las que las se oyen concursos y festivales
nos conmueven y enganchan;
sus notas, ritmo y letras
no sintonizan con nuestras necesidades,
pues nos ofrecen un mundo irreal
en el que no podemos ser protagonistas.
Llenando ondas y programas a todas las horas
se hacen presentes las canciones de amor
y, aunque sean artículo de consumo diario,
se marchitan en nuestros labios sus notas
que se negocian, venden y compran sin pudor.
En los nuevos templos, salas de fiestas y discotecas,
las noches de vísperas y fines de semana,
los disc-jockeys nos invitan con canciones
a ritmo trepidante y ensordecedor,
a olvidar fracasos, decepciones y penas.
Y las canciones populares de fiestas y romerías
parecen de otro tiempo y cultura,
pues aunque las cantemos y bailemos,
no nos proporcionan la vida y el gozo
del que hablan nuestros padres y abuelos.
¡Nosotros queremos entonar una canción nueva!
Déjanos entonarte nuestro canto,
el canto que nace de la vida nueva
que Tú nos das cada día y hora.
Déjanos cantar y bailar,
con ritmo alegre y fraterno,
el sentir de nuestra vida,
hecho canción y danza sin miedos
para jóvenes, ancianos y niños de pecho.
Unidos a la creación entera,
a los pequeños, débiles y pobres,
a emigrantes, refugiados y sin patria,
a creyentes, agnósticos, ateos e indiferentes,
queremos cantarte una canción nueva.
La canción de la fraternidad y la esperanza,
porque Tú nos amas,
y hemos visto y sentido tu paso
por nuestro pueblo, iglesia y casa,
y te has dignado pararte y llamar
a las puertas de nuestras entrañas.
Comentarios desactivados en Domingo de Ramos de 2025: Un Evangelio para un momento desgarrador
La publicación de hoy es de la Dra. Nicolete Burbach, colaboradora invitada y responsable de justicia social y ambiental en el Centro Jesuita de Londres, Reino Unido. Su investigación se centra en el uso de las enseñanzas del Papa Francisco para abordar las dificultades de la Iglesia en su encuentro con lo trans.
Las lecturas litúrgicas de hoy (Domingo de Ramos) se pueden encontrar haciendo clic aquí.
¿Qué decir de la lectura del Evangelio de hoy? Nos enfrentamos a todo el caos y la complejidad de una historia que abarca no solo la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, sino también los misterios de la última cena, la agonía en el huerto, el arresto y el juicio de Cristo, las traiciones de Pedro, la flagelación, la crucifixión y, finalmente, la muerte y sepultura de Cristo.
Al igual que los discípulos, me abruma la tarea de tener que dar sentido a todo esto. Pero hay algo extrañamente familiar en esta sensación. Un vistazo a las noticias pinta la imagen de un mundo en agonía, temblando en su propio Getsemaní ante lo que está por venir, o retorciéndose en las muchas cruces de nuestra época, o colgando muerto, en la oscuridad, con toda esperanza aparentemente perdida. Vivimos en un tiempo de incertidumbres, miedos y ansiedades. Un tiempo que exige explicación, y sin embargo, parece desafiarla constantemente.
Escribiendo como persona trans, soy consciente de cómo nuestra historia sigue de cerca el Evangelio en este aspecto: tuvimos nuestra propia entrada triunfal a principios de la década de 2010, creciendo lentamente en aceptación hasta el punto de que la vida trans se hizo posible como nunca antes. Y luego todo se vino abajo.
Como los discípulos en el Cenáculo, nos reunimos con nuestros seres queridos. En un gesto que esperábamos fuera cristiano, juramos que siempre estaríamos ahí el uno para el otro, pasara lo que pasara. Sin duda, fue como un discipulado, porque aún estamos aprendiendo el verdadero significado de esa promesa.
Morirá gente. Está muriendo. Cruces en las laderas, testimonio de la violencia del Estado. La oscuridad cubre la tierra. Los cuerpos son bajados y enterrados. Es todo lo que se puede hacer por ellos.
Existen diferencias vitales entre la situación de los discípulos y la nuestra. Aunque hoy podemos ver a Cristo en las personas crucificadas, no deben ser sacrificadas. Nuestra responsabilidad hacia ellas va más allá de ser un testigo mudo y pasivo, lamentando su destino al pie de la cruz, tras haber permanecido impasibles mientras se clavaban los clavos. Es deber de todo cristiano defender a las personas que son secuestradas de las calles, detenidas o privadas de los derechos y recursos que necesitan para vivir. Esto significa más que simplemente hablar de ello. Resiste arrestos y deportaciones. Identifica las organizaciones que se oponen a estas injusticias en tu zona y únete a ellas. Trabaja con humildad, en silencio, para no revelar nada que pueda perjudicar tu causa.
Pero recuerda también que esta lucha será larga. Y en este sentido, el Evangelio de hoy nos deja desolados. No ofrece una conclusión consoladora ni para su historia ni para la nuestra. Sin embargo, hay un pequeño indicio de lo que está por venir; un pequeño gesto de violencia, absorbido por el horror de la Crucifixión, que, sin embargo, habla más allá de sí mismo: el velo ante el Santo de los Santos, el centro del Templo, el eje del mundo, se rasga. Es como si las sombras detrás se precipitaran a inundar la tierra; pero esto también es una especie de iluminación: Dios está más cerca de nosotros en este momento que nunca en la historia del mundo. Él está allí, colgado en la Cruz.
Hoy recordamos la Pasión. Y en ella, recordamos la cercanía de Dios, no a pesar del terror y la oscuridad de nuestro tiempo, sino simplemente en él.
Este consuelo tiene sus límites. El Evangelio termina con el cuerpo frío y destrozado en el sepulcro. Del mismo modo, la mera cercanía de Dios no nos saca de esta oscuridad. Sin embargo, en la figura del velo rasgado, podemos vislumbrar la verdadera naturaleza de la Crucifixión. Del cuerpo rasgado de Cristo fluye la promesa de salvación; una que une al mundo entero en la justicia de Dios. Una promesa de que todo cuerpo azotado será levantado de la cruz, todo daño reparado, todo régimen brutal derrocado.
Si nuestro momento actual parece informe e incierto, es porque sus bordes están deshilachados, como un paño rasgado. Es porque está desgarrado y lacerado, como la epidermis abierta de un cuerpo traspasado. Es un momento desgarrado por la violencia.
Pero esta apertura da a algo más que violencia. Porque esos cuerpos, colgados en la cruz o destrozados en la tumba, un día resucitarán.
—Dra. Nicolete Burbach, Centro Jesuita de Londres, 13 de abril de 2025
Comentarios desactivados en “Con los crucificados” Domingo de Ramos – C (Lucas 22,14-23,56). 10 de abril 2022
El mundo está lleno de iglesias cristianas presididas por la imagen del Crucificado, y está lleno también de personas que sufren, crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido: enfermos privados de cuidado, mujeres maltratadas, ancianos ignorados, niños y niñas violados, emigrantes sin papeles ni futuro. Y gente, mucha gente hundida en el hambre y la miseria en el mundo entero.
Es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que esa cruz plantada por los cristianos en todas partes: «memoria» conmovedora de un Dios crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes que sufren de manera injusta en nuestro mundo.
Esa cruz, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre con nosotros. A Dios le duele el hambre de los niños de Calcuta, sufre con los asesinados y torturados de Iraq, llora con las mujeres maltratadas día a día en su hogar. No sabemos explicarnos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo supiéramos, no nos serviría de mucho. Solo sabemos que Dios sufre con nosotros. No estamos solos.
Pero los símbolos más sublimes pueden quedar pervertidos si no recuperamos una y otra vez su verdadero contenido. ¿Qué significa la imagen del Crucificado, tan presente entre nosotros, si no vemos marcados en su rostro el sufrimiento, la soledad, la tortura y desolación de tantos hijos e hijas de Dios?
¿Qué sentido tiene llevar una cruz sobre nuestro pecho si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros? ¿Qué significan nuestros besos al Crucificado si no despiertan en nosotros el cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados?
El Crucificado desenmascara como nadie nuestras mentiras y cobardías. Desde el silencio de la cruz, él es el juez más firme y manso del aburguesamiento de nuestra fe, de nuestra acomodación al bienestar y nuestra indiferencia ante los que sufren. Para adorar el misterio de un «Dios crucificado» no basta celebrar la Semana Santa; es necesario además acercarnos más a los crucificados, semana tras semana.
Comentarios desactivados en “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”. Domingo 13 de abril de 2025. Domingo de Ramos
Leído en Koinonia:
Isaías 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado. Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. Filipenses 2, 6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo. Lucas 22, 14-23. 56: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.
El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» significa ungido, siervo, enviado, pero en sí, la idea más profunda de «Mesías» que el pueblo de Israel asumió es la espera de la aparición salvífica de un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».
En el Primer Testamento es Isaías el profeta quien más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.
La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.
La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible…
El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.
En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.
Lucas, como es sabido, es considerado como el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista que ha marcado toda la tradición que nos entrega, con el pensamiento del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, por las viudas, por los huérfanos, por los pecadores, por las mujeres.
Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abba misericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).
En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los hombres, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.
A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cercenó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).
Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.
Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.
La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.
Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse al Señor, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz pero seguirá viviendo en medio de nosotros.
Nota para lectores críticos
El evangelio de hoy es más largo que de ordinario: toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. Por otra parte, la homilía debería enfocarse pues hacia el conjunto de la Pasión y su significado. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.
Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de cómo Jesús salva a la humanidad y en qué consiste esa salvación. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.
Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».
El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que elaboró san Anselmo de Cartebury en el siglo XI sobre la tradición jurídica del derecho romano. En este sentido. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano, por su parte, quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con ello la dignidad ofendida de Dios, y restablecer así las relaciones de Dios con la humanidad.
Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Además, no está en el Nuevo Testamento: es una elaboración teológica, muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media: el derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre de los siervos, las obligaciones jurídicas relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir («re-d-emere»), re-comprar al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.
Esta teología, hoy ya insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral tienen todavía en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «redención».
Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en n sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana… para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.
Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, le pertenecía, y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).
Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»…
¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:
-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas ni descripciones metafísicas;
-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una… y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;
-que las teologías son contingentes, no necesarias;
-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas en directo del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;
-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los correspondientes cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad y pueden acabar resultando inaceptables y hasta desechadas;
-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;
-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.
La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto. Leer más…
Comentarios desactivados en Ramos. 13.4. 25 . Hija-Sion danzando gozosa, Rey de Paz en un asno
Del blog de Xabier Pikaza:
Danza con fuerza, Hija-Sion; grita aclamando, Hija-Jerusalén. Tu tu rey viene a ti; justo y amoroso, montado sobre un asno. Destruirá el carro de combate de Efraim, el caballo de Jerusalén, el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra (cf. Zac 9,9-10).
| Xabier Pikaza
Hacia comienzos del III a. de C., asumiendo quizá temas y hasta textos anteriores, el autor a quien llamamos 2º Zac (Zac 9-14), redacta una obra profética centrada en el mesianismo escatológico: culminando su acción anterior e invirtiendo los medios de poder que triunfan en el mundo (violencia de los imperios).
El el mismo Dios va a desvelar su misterio en Sión/Jerusalén. Desde ese fondo ha de entenderse cl último y, en algún sentido, el más paradójico y fuerte de todos los pasajes que tratan de la Hija-Sion, de la Nueva Jerusalén
Danza con fuerza, Hija-Sión; grita aclamando, Hija-Jerusalén; he aquí que tu rey viene a ti; justo y vencedor es él; humilde, montado sobre un asno, sobre un pollino, cría de borrica. Destruirá el carro de Efraim y el caballo de Jerusalén Y destruirá el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones; y su dominio será de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra, (Zac 9,9-10).
La traducción del texto es fácil, aunque el principio del verso 10 está en el TH en primera persona (y yo destruiré …), como si fuera el mismo Dios y no el rey mesiánico el encargado de quebrar la fuerza guerrera de Efraín y Judá. Sea como fuere, el sentido de fondo parece el mismo y así conservamos la traducción visual, en tercera persona: el anunciador profético sigue invitando a la Hija-Sion al canto gozo, conforme a lo visto en Sof 3,14-18 y Zac 2,14-17, pero ahora los motivos para el gozo son algo distintos.
Comencemos por cl mismo gozo de la Hija-Sión. Ella tiene que ponerse a danzar en gesto de fiesta solemne; danza y grita aclamando, porque llega el monarca. Estamos en una liturgia de entronización: avanza el rey, se forma el cortejo y, mientras va llegando, se le acerca la Hija-Sion para recibirle con la alegría desbordante de su baile. Organizador de fiesta mesiánica es el profeta, danzante jubiloso el pueblo (Hija-Sión), majestuoso el rey que viene.
Sof 3,14-18a iniciaba una danza nupcial: Zac 2,14-17 invitaba al baile religioso; sin negar del todo estos aspectos, Zac 9,9-10 nos lleva al centro de una gran ceremonia de coronación: al baile de un pueblo/muchacha que recibe con gozo emocionado y entusiasta a su rey salvador. I:1 rey que llega y la mujer que sale a recibirle danzando: este es el misterio final, el último acto de la historia.
Desaparecen o pasan a segundo plano los restantes oficios y figuras de la tierra: sacerdotes, militares, potentados… Toda la humanidad se ha condensado en esta Hija-Sión, esta ciudad-mujer, esta doncella que llena de juventud y esperanza se prepara para la danza triunfal de su rey. Ella no tiene más oficio que cantar y alegrarse; para eso se prepara. Ella podrá cantar porque tiene su rey En los dos casos anteriores el rey (o plenitud de poder) era un personaje divino.
Por eso, la Hija-Sión significaba la humanidad entera, varones y mujeres incluidos en esa figura femenina. Ahora, en cambio, la Hija-Sión, sin perder esa visión de totalidad, tiende a recibir y realizar una función particular porque el rey que viene es también figura humana (humilde, montado en un asno…).
Ciertamente, el rey que viene es justo, en la línea cíe la justicia de Dios, pero es también justo con los israelitas (y humanos) justos de la historia. Este rey es vencedor, en cuanto trae la victoria de Dios; pero el término empleado en este caso es pasivo, como para indicar que no realiza la salvación por sí sino que la recibe de Dios. Es rey hunnilde como humildes eran aquellos que formaban e1 resto de Israel en Sof 3,12. Viene montado en un asno, como en asno montaban los primeros salvadores y reyes de la historia israelita (cf Gen 49,11; Jc 5,10; 10,4; 12,14).
Una muchacha que danza gozosa, un rey de paz que avanza montado sobre un asno… Esta es la representación de la historia total. Los dos unidos forman el signo de la humanidad. Por eso hay que entenderlos uno desde el otro y con el otro.
La muchacha danzante sólo tiene sentido allí donde la vida no se entiende como guerra, allí donde el auténtico poder no es el caballo de -batalla ni el dinero sino el ser humano nuevo que avanza sobre un asno.
Por otra parte, la humildad amorosa del rey expresa algo que es mucho más que una virtud interna: no es el gesto interior e1 que aparece en primer plano sino todo el signo externo del varón que ha renunciado a las armas, a la lucha por la conquista, a la soberbia del dinero.
El asno del que aquí se trata no es un signo momentáneo que se aplica desde fuera a un ~<rey o varón que normalmente cabalga en tren de guerra o se impone en actitud de duro mando. El asno es la expresión permanente de la voluntad de diálogo, de la paz muma, de la renuncia a la violencia.
Este rey y esta mujer se encuentran. Son uno para el otro, uno con el otro, de tal forma que sus signos pueden cíe algún modo intercambiarse: monta la muchacha en el asno, danza el rey… o danzan ambos y ambos montan en camino nuevo de paz universal.Sion era cuanto tal ha desaparecido. Aquí no hay ciudad externa, ni templo separado. Ellos dos, cl varón y la mujer, en diálogo danzante, son el signo de la nueva humanidad, son todo Sion, si es que pudiera utilizarse ese lenguaje.
Pero el texto sigue diciendo que destruirá (¿quién? Dios o el mismo rey, según se lea el TH) el carro de Efraim y el caballo de .Jerusalén (9~,10). Normalmente, en la vieja tradición hímnica y profética de Israel carros y caballos suelen ir vinculados como expresión de poderío guerrero (cf Ex 15,1; Mi 5,9; Is 2,7). La novedad de nuestro texto está en el hecho de que separa ambos signos y atribuye los carros a Efraím y los caballos a Jerusalén, poniendo así sobre el mismo plano de violencia (y con la misma necesidad de conversión) a judíos y samaritanos. Ciertamente, la salvación está simbolizada en la Hija-Sion y en su rey. Pero esta Hija-Sión no pertenece ya sin más a Jerusalén; ella se abre al nuevo pueblo de la paz edificado por este rey humilde.
La paradoja (que el nuevo testamento ha captado en profundidad: Mt 21,5) consiste en el hecho de que este rey sin armas simboliza (y en algún sentido realiza) la victoria de la nueva humanidad sobre los grandes pueblos armados. No se trata de pedir que se desarmen los otros,, que empiecen renunciando a la violencia los pueblos enemigos. Este nuevo rey es signo cíe condena para los hermanos enfrentados, para judíos y samaritanos, en un tiempo (siglo III a. de C.) en que ambos se están enfrentando en visión de odio social y militar que será definitivo.
Sólo entonces, cuando judíos y samaritanos (Efraím y Jerusalén) depongan sus armas, cuando puedan darse la mano de la paz en torno al rey de no violencia, montado sobre un asno, podrá salir la Hija-Sión a bailar. Ambos, rey pacífico y muchacha danzante, forman como las dos caras de un mismo ideal mesiánico abierto hacia todos los pueblos, porque el texto sigue diciendo «destruirá el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones».
E1 arco constituye, con los carros y caballos, el signo máximo de guerra (cf 1 Sam 2,4). Parece que los pueblos han vivido hasta cl momento dominados por un tipo de lógica militarista: arco y espada han definido y decidido siempre sus disputas. Pues bien, asumiendo una lógica nueva de paz escatológica, que podemos ver en textos como Is 2,2-4; 11,1-9, nuestro pasaje ha elaborado un ideal de paz universal. Leer más…
Resulta imposible comentar en pocas líneas el relato de la Pasión en el evangelio de Lucas. De los diversos episodios exclusivos suyos, considero de especial interés las tres palabras que pone en boca de Jesús en la cruz. Ninguno de los evangelios trae las siete famosas palabras de Cristo en la cruz. Mateo y Marcos, solo una; Juan, tres; Lucas, otras tres. Sumándolas tenemos siete. Las tres de Lucas pueden servir de reflexión y oración.
Morir perdonando
Jesús y los dos malhechores acaban de llegar al Calvario. Crucificar a tres personas es un trabajo más lento y cruel de lo que puede imaginarse, pero Lucas no entra en detalles. Se limita a indicar lo que decía Jesús en este momento: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
El tema de los enemigos y del perdón ha aparecido en este evangelio desde el comienzo. Zacarías, el padre de Juan Bautista, alaba a Dios porque ha suscitado a un descendiente de David “para que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia toda nuestra vida”. Su esperanza no se cumplirá como él espera. A su hijo lo decapitará Herodes. Y Jesús no habla de verse libres de los enemigos. Lo que manda a sus discípulos es: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ahora, en el momento decisivo, Jesús va más adelante. No solo reza por los enemigos, sino que intenta comprenderlos y justificarlos: “no saben lo que hacen”.
Nunca es tarde para convertirse
Que Jesús fue crucificado entre dos malhechores lo dicen también Mateo y Marcos (aunque estos los llaman “ladrones”, que equivale a “terroristas”, cosa más lógica porque a los ladrones no los crucificaban, sino que los vendían como esclavos). Pero la mayor diferencia consiste en que en Mateo y Marcos los dos insultan a Jesús. Lucas cuenta algo muy distinto: mientras uno anima irónicamente a Jesús a salvarse y salvarlos, el otro lo defiende, reconoce su inocencia y le pide que se acuerde de él cuando llegue a su reino. Todos sabemos la respuesta de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Algún escéptico podría decir que Lucas ha inventado esta conversión tan inesperada del buen ladrón. Él respondería: “Si no fue así, pudo serlo”. Porque lo que intenta enseñarnos es que nunca es tarde para convertirse. En una parábola que comentamos hace tres domingos, el labrador pedía un año de plazo para la higuera estéril. Zaqueo tuvo el resto de su vida para demostrar su conversión. El buen ladrón solo dispone de unas horas antes de morir, aprovecha la ocasión de inmediato, y esas pocas palabras le sirven para salvarse. Al mismo tiempo, las palabras de Jesús suponen un consuelo para todos nosotros cuando se acerque la muerte: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Morir en manos de Dios
Lo último que dijo Jesús antes de morir también varía según los evangelios. Marcos y Mateo ponen en su boca el comienzo del Salmo 22: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué he has desamparado?”. Parece un grito de abandono, sin esperanza. Quien sigue leyendo el salmo advierte que el olvido de Dios y el sufrimiento dan paso a la victoria final. Aunque esto sea cierto, Lucas piensa que sus lectores no van a entenderlo y se pueden quedar con la sensación de que Jesús murió desesperado. Por eso, las últimas palabras que pone en su boca son: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. De este modo, el final de la vida terrena de Jesús empalma con el comienzo de actividad apostólica. En el bautismo escuchó la voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado”. Ahora, en el momento del dolor y la muerte, cuando parece que Dios lo ha abandonado, Jesús lo sigue viendo como “Padre”, un padre bueno al que puede entregarse por completo.
El relato de la pasión es una historia de dolor, injusticia, sufrimiento físico y moral para Jesús. Pero Lucas ha querido que sus últimas palabras nos sirvan de enseñanza y consuelo para vivir y morir como él.
Un comentario completo al relato de la pasión puede verse en J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús (Verbo Divino 2021), págs. 449-510.
El domingo de Ramos nos abre un gran pórtico que nos muestra, este año a través del Evangelio de Lucas, lo que vamos a celebrar a lo largo de esta Semana Santa.
¡Siéntate, corazón mío!
Como “todos los que conocían a Jesús, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, que estaban allí presenciando todo” (Lc 23,49), déjate tocar, déjate asombrar, déjate enamorar.
¡Siéntate, silénciate, contempla…!
Accede, corazón mío, a ese pórtico, ábrete a que sea el Espíritu mismo de Jesús quien te ayude a descubrir la fidelidad del Maestro en su entrega total, su confianza en el Padre. Es el corazón misericordioso que Jesús te ofrece lo que te hará misericordioso. Y esa misericordia entrañable te acercará a las hermanas/os que hoy siguen el camino de Jesús de Nazaret en medio de persecuciones, abusos, torturas, arrestos e incluso la muerte por ser fieles al Maestro. Recordamos los sentimientos de aquel cristiano, en tierras sirias, que en medio de la tortura dijo algo así a sus verdugos: “queréis que renuncie a mi fe cristiana, pero no puedo, porque mi corazón es de Cristo, está marcado por el amor a Cristo Jesús”.
Corazón mío, no hagas de estos días santos como aquella “gente que había acudido al espectáculo” (Lc 23,48) sino déjate sorprender, para que con el amor que Dios Padre te entrega a través del Espíritu puedas tú también decir con la confianza y abandono de Jesús: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46).
Lo que te preparas a celebrar no es la muerte, aunque ésta sea la de Jesucristo, sino el camino hacia la Pascua.
Oración
Tiempo de vida, tiempo de de luz, tiempo de amor. Señor, Jesús, Maestro bueno, dame un corazón que sepa contemplar, acoger, perdonar, amar… coge mi mano y conduce mis pasos a escuchar tu invitación: ¡Sígueme!
Comentarios desactivados en Por ser fiel a sí mismo, lo mataron.
DOMINGO 6º RAMOS (C)
Lc 22,14-23,56
La liturgia de este domingo es desconcertante. Empieza celebrando la entrada “triunfal”, y termina con la muerte. Es difícil armonizar estos dos aspectos de la vida de Jesús. Podríamos decir que ni el triunfo fue triunfo, ni la muerte fue derrota. Los evangelistas plantean la subida a Jerusalén como resumen de su actividad. La muerte se considera como la meta de su vida.
Jesús fracasó estrepitosamente porque la salvación que él ofreció no coincidía con la que esperaban los judíos. Jesús pretendió llevarlos a la plenitud. Ellos solo querían defender sus intereses. Lo que Dios quiere de cada uno es también la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser, pero nosotros solo queremos que Él se ponga al servicio de nuestro ego.
El fracaso humano de Jesús nos invita a reflexionar sobre el sentido de las limitaciones humanas. Si nuestro objetivo es evitar el dolor y buscar el máximo placer, nunca podremos aceptar el mensaje de Jesús. Él confió completamente en Dios, pero Dios no lo libró del dolor ni de la muerte. ¿Cómo podemos interpretar este aparente abandono de Jesús?
Es un disparate pensar que Dios exigió, planeó, quiso o permitió la muerte de Jesús. Peor aún si la consideramos condición para perdonar nuestros pecados. La muerte de Jesús no fue voluntad de Dios, sino fruto de la imbecilidad humana. La muerte de Jesús no fue un accidente; fue la consecuencia de su vida. Viviendo como vivió, era lógico que lo eliminaran.
Dios no está solamente en la resurrección, está también en la muerte. Es una lección que no acabamos de aprender. El dolor, el sacrificio, el esfuerzo lo seguimos asociando a castigo de Dios. Las celebraciones de Semana Santa nos tienen que llevar a la conclusión contraria. Dios está siempre en nosotros, pero necesitamos descubrirlo sobre todo en el dolor y la limitación.
Los primeros seguidores de Jesús, todos judíos, no tenían otro medio de explicar la muerte de Jesús. Nadie pudo prever lo que pasó en Jesús, porque rompió todos los moldes y lo que vivió y predicó no podía adivinarlo nadie trescientos o quinientos años antes de que sucediera. Aludir a la inspiración divina demuestra no tener idea de lo que significa la Escritura.
La pasión de Lucas tiene una clara tendencia catequética. Aunque utiliza la narración de Marcos, le da un toque de humanización muy significativo. Suaviza mucho la relación de los que están alrededor de Jesús con su persona. No todo es negativo. El mismo Jesús se relaciona con algunos con comprensión y como ayudándoles a entender lo que está pasando.
Lo importante no es la muerte física de Jesús ni los sufrimientos que padeció. Miles de personas, antes y después de Jesús, han padecido sufrimientos mucho mayores y más prolongados de los que sufrió él. Lo importante de Jesús en ese trance fue su actitud inquebrantable de vivir hasta sus últimas consecuencias lo que predicó.
Ni siquiera sabemos quién le mató, mucho menos podemos saber por qué lo mataron. Su muerte fue la consecuencia del rechazo por parte de los jefes religiosos. No debemos pensar en un rechazo gratuito y malévolo. Eran gente religiosa que pretendían ser fieles a la voluntad de Dios, que para ellos estaba definida de manera absoluta y exclusiva en la Ley.
Jesús debió tener razones muy poderosas para seguir diciendo lo que tenía que decir a pesar de que eso le acarrearía la muerte. Esa fidelidad a sí mismo es la clave de su muerte.
Seguramente la pasión fue el primer relato sobre Jesús que se redactó por escrito. A pesar de ello no podemos estar seguros de que lo que nos cuentan corresponda a sucesos reales. Los que más probabilidades tienen de ser inventados son los que cumplen a profecías del AT. Algunos han constatado más de 300. Veamos algunas fácilmente identificables:
Zacarías 9:9 “Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”.
Salmo 41:10 “Hasta mi amigo más íntimo, en quien yo confiaba, el que comió mi pan, se puso contra mí”.
Zacarías 11:12 “Yo les dije: «Si les parece bien, páguenme mi salario; y si no, déjenlo». Ellos pesaron mi salario: treinta siclos de plata.”
Zacarías 11:13 “Pero el Señor me dijo: Echa al Tesoro ese precio en que he sido valuado por ellos. Tomé los treinta siclos de plata y los eché en el Tesoro de la Casa del Señor”.
Isaías 53:7 “Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca”.
Isaías 53:4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Isaías 53:12 “Fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.
Salmo 22:16 “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies”.
Salmo 22:6-8 “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. 7. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: 8. Se encomendó al Señor; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía”.
Salmo 69:21 “Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre”.
Zacarías 12:10 “Y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito”.
Salmo 22:18 “Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes”.
Salmo 34:20 “El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado”.
Isaías 53:9 “Lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados aunque no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca”.
Jesús entra el domingo en Jerusalén acompañado de un grupo de galileos que le aclaman como el Mesías anunciado: «Hosanna al hijo de David»… Disuelta la comitiva, se dirige al templo, expulsa a los mercaderes y se enfrenta a unos sacerdotes de alto rango que le increpan: «¿Con qué autoridad haces estas cosas?»… Al atardecer se retira a la seguridad de Betania.
El lunes, desafiando a las autoridades, se dirige al templo y comienza a enseñarles desde la escalinata del pórtico de Salomón. Los judíos le escuchan entusiasmados y Jesús les urge a la conversión: «Todavía es tiempo»… Aparecen unos sacerdotes desafiantes y arremete contra ellos con la parábola de los viñadores homicidas: «Hará perecer a los labradores malvados y dará la viña a otros»… Sin darles tiempo a reaccionar, censura violentamente a escribas y fariseos: «¡Hipócritas!»…
Se conjuran para matarlo, pero temen a la multitud.
El martes vuelve al templo y se congrega en torno suyo gran número de personas. Unos fariseos, acompañados de unos herodianos, le ponen a prueba con una pregunta trampa sobre el tributo a los romanos: «Dad pues al César lo que es del Cesar»… Más tarde les toca el turno a los saduceos, y finalmente a los fariseos: «¿Quién es mi prójimo?»… «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó»…
Los que buscan desprestigiarle caen en la cuenta de que es demasiado listo; que por ese camino no van a conseguir su propósito, y endurecen la apuesta.
Vuelve el miércoles. Su auditorio sigue creciendo, pero su enfrentamiento con las autoridades sube sustancialmente de tono. Unos fariseos (asistidos por guardias del templo) irrumpen en el grupo, abren un claro delante de Jesús y arrojan a una mujer aterrada. «Moisés nos manda apedrear a estas mujeres, ¿tú qué dices?»… Y Jesús se juega la vida –y la pierde– por salvar la de la mujer, porque los santos fariseos no pueden perdonar que nadie les llame pecadores públicamente. Sale al monte de los olivos seguido de mucha gente y les manda el mensaje definitivo: «A mí me lo hicisteis»…
El jueves Jesús sabe que su tiempo se ha acabado y organiza una cena de despedida con sus íntimos; incluidas, claro está, las mujeres: «Yo soy el maestro y el señor, y os he lavado los pies»… «Haced esto en memoria mía»… Al acabar la cena salen de la ciudad por la puerta de las Aguas y remontan el torrente Cedrón. En el cruce de caminos Jesús se detiene. El de la derecha lleva a Betania, a la seguridad de la casa de sus amigos. El que sale al frente, a Jericó, y de allí fuera de la jurisdicción de quienes quieren matarlo. Duda unos instantes y toma la senda que sube a Getsemaní; a su destino: «Pero no se haga mi voluntad sino la tuya»…
Judas lo entrega, los levitas y los criados lo prenden, y el sanedrín lo condena a muerte por blasfemo: «¿Eres tú el hijo del Altísimo?… ¡Ha blasfemado!»…
El viernes, los sacerdotes lo entregan a los romanos, pero no le acusan de blasfemo sino de sedicioso. Pilato trata tibiamente de salvarlo, pero fracasa: «Nosotros no tenemos más rey que el César»… Su suerte está echada; los romanos lo torturan y lo crucifican: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»… «¿Por qué me has abandonado?»…«En tus manos encomiendo mi espíritu»…
Los profetas mueren lapidados, pero los sacerdotes se empeñan en que sea crucificado para crucificar también su doctrina… pero fracasan «porque Dios estaba con él»…
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí
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COMENTARIO AL EVANGELIO Lc 19, 18-40
13 de abril de 2025 – Domingo de Ramos
Con el Domingo de Ramos comenzamos el tiempo de la Semana Santa. La lectura del Evangelio de este Domingo se centra en la Pasión de Jesús. Tendremos ocasión, a lo largo de toda la semana, de profundizar en las diferentes situaciones de este dramático final de su vida.
Ahora bien, también es interesante centrarnos en lo que tradicionalmente se celebra el Domingo de Ramos: la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Tomo como base la narración de este hecho que realiza Lucas y que leeremos en la procesión de los Ramos de este Domingo.
La situación de esta escena de la vida de Jesús es profundamente importante para comprender su coherencia, su dramático final y la inconsistencia de quienes le vitorean y, posteriormente, desean su crucifixión.
Dice el texto que Jesús entra en Jerusalén para celebrar la fiesta de Pascua montado en un pollino. Parece que Lucas quiere mostrar que se cumplen las Escrituras profetizadas por Zacarías. El profeta invita a Jerusalén a cantar de alegría y júbilo porque viene su rey, justo y victorioso, trayendo la salvación, pero humilde montado sobre un asno.
Volvamos a la escena. Jesús es recibido por todo el pueblo y sus seguidores. Ellos aclaman a su gran héroe que ha logrado imponerse con su mensaje a un judaísmo que ya no da respuesta a las expectativas de liberación de su Pueblo.
Enseguida entran en la escena los fariseos. Ellos no soportan tanta alabanza a quien ya consideran un traidor. Su cobardía los lleva a no enfrentarse a Jesús y utilizan a sus seguidores para cortar radicalmente este momento inaguantable para ellos. En vez de decirle a Jesús que es un impostor para su pueblo, dan un rodeo, desplazan el problema y le piden que mande callar a sus discípulos y les reprenda. La respuesta de Jesús ya nos está hablando de que la liberación y el nacimiento de una nueva visión de Dios y del ser humano está naciendo: “si éstos callan, gritarán las piedras”. Ya no hay vuelta atrás, Jesús es consciente de que su vida en esta historia como humano se termina, pero serán sus seguidor@s quienes, tomando la palabra impregnada por su Espíritu, continuarán intentando que la nueva humanidad, la nueva creación, sea posible.
Un pueblo que grita con fervor alabando a Jesús no tarda ni una semana en decidir que ya no es el Mesías y que es un traidor. El pueblo es manipulado nuevamente por los fariseos, por el judaísmo institucional que sabe tocar sus puntos débiles, sus necesidades, su falta de firmeza, para hacerles cambiar de opinión y mirar a “su Rey” como un impostor. Desgraciadamente, a veces, así funciona la mente humana. Esta situación no es nueva en nuestro mundo, ocurre a nivel social, político, también religioso y eclesial. Cuántas veces se traicionan a personas referentes porque, egoístamente, no dan lo que se necesita, porque se envidia la luz que emanan y el ego queda cegado, no por esa luz sino por la envidia, la rivalidad o, simplemente la moda.
Todos llevamos dentro a un Jesús que entra triunfante tras el éxito de situaciones que nos han empoderado y llevamos dentro a ese pueblo débil e ignorante que se deja manipular y convencer para alejarse de lo que realmente plenifica y eterniza nuestra vida.
Tras la respuesta a los fariseos, dice el texto de Lucas, que “Al ver la ciudad, Jesús lloró por ella”. Ya asoma el Jesús sentible, humano, que avanza hacia su final lamentando la ceguera de la condición humana cuando no soporta la verdad y la luz.
En cualquier caso, unámonos a toda la Creación para vitorear a Jesús, que ha empoderado nuestra realidad humana, a través de la Divinidad, y que nos capacita para mirar de una manera nueva la muerte, la noche, el sufrimiento y el vacío. ¡Hosanna a la VIDA y a la LUZ!
Comentarios desactivados en La Cruz: Historia, creencia (interpretación) y simbolismo.
Comentario al evangelio del domingo 13 abril 2025
Domingo de Ramos
Jn 23, 1-49
Se ha pervertido tanto el significado de la cruz que resulta difícil proponer una lectura de la misma en clave positiva. De la cruz se ha dicho:
que fue consecuencia del pecado del ser humano;
que fue el castigo que dios infligió a su propio hijo para saldar la deuda del pecado;
que fue el modo como Jesús expió nuestro pecado y, de ese modo, nos redimió, salvó nuestras almas y nos abrió las puertas del cielo…
Tomado al pie de la letra, tal modo de presentarla daba como resultado la exaltación del dolorismo, la imagen de los seres humanos como esencialmente pecaminosos desde antes de su propio nacimiento y la idea de un dios sádico, vengativo y cruel. Hasta el punto de que uno no puede dejar de preguntarse cómo gran parte de la humanidad ha podido creer, durante siglos, en semejante caricatura de dios.
Dejando de lado toda esa interpretación, tal como se fue plasmando a lo largo de generaciones, en la enseñanza de la iglesia, transmitida a través de catecismos y predicaciones, cabe otra lectura del hecho de la cruz más ajustada, tanto en el plano histórico como en el simbólico.
Históricamente, destacan dos elementos: por un lado, la cruz fue la condena injustificable y cruel por parte del poder de turno contra un hombre inocente que, por diferentes motivos, les resultaba molesto y del que querían deshacerse a toda costa; por otro, pone de relieve la lucidez y coherencia de ese hombre (Jesús), viviendo la fidelidad a sí mismo por encima incluso del apego a su propia vida.
Simbólicamente, la cruz traslada un doble significado: por una parte, su propia forma -vertical y horizontal- simboliza la unidad de lo alto, lo profundo y lo ancho, del cielo y de la tierra, de todo lo real; en ese sentido, la cruz es abrazo que expresa la unidad radical de todo lo que es; por otra, el crucificado simboliza a la persona sabia que deja “clavado” su propio ego –se ha desidentificado de él– y vive en la verdad –serena, gozosa y entregada– de lo que es.
Comentarios desactivados en Ni en carro de combate ni con aranceles, Jesús entra humildemente en Jerusalén
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- Domingo de Ramos
Con el domingo de Ramos comenzamos la Semana Santa.
La escucha de la entrada de Jesús en Jerusalén y de la Pasión y muerte del Señor son ya homilía suficiente.
Nada más que un subrayado a la Palabra.
02.- Humildad de Jesús.
La vida y la historia van cambiando y podríamos decir que en cada momento la Semana Santa adquiere características y matices diversos. Quizás en estos momentos llama fuertemente la atención el contraste de la entrada de Jesús en Jerusalén con el prepotente contexto político y bélico que estamos viviendo.
Jesús entra humildemente en Jerusalén. Humildad es una palabra que proviene del latín: humus, que significa tierra donde nace y crece vida, el barro del Génesis de donde brota la vida. Los seres humanos somos poco más que barro…
La humilde entrada de Jesús en un asno choca frontalmente con la actitud de líderes políticos y parte de los pueblos que se muestran prepotentes con grandezas patrióticas y entran en el templo de la historia en carros de combate, drones, misiles, aranceles y poder.
¿Rearmando Europa se constituirá en una comunidad más fraterna?
¿Y si cambiáramos la prepotencia por la humildad, las armas por la paz, el racismo por la igualdad?
Soñemos con lo que anunciaba el profeta Isaías:
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
(Isaías 2,2-5)
03.- “Hoy” estarás conmigo en el paraíso
Lo último que hace Jesús es lo que ha hecho durante toda su vida: perdonar: hoy estarás conmigo en el paraíso.
Es el “hoy” de San Lucas: “Hoy”:
Hoy os ha nacido el salvador, (Lc 2)
Hoy se cumple la Escritura. (Lc 4)
Hoy ha entrado la salvación en tu casa, Zaqueo, (Lc 19).
Hoy estarás conmigo en el paraíso.
Hoy, no mañana, “hoy”, estamos ya perdonados y salvados.
Comentarios desactivados en «Llega un rey de Paz», por Consuelo Vélez
De su blog Fe y Vida:
Domingo de Ramos (13-04-2025)
(Nota aclaratoria: En la eucaristía de este día se lee toda la pasión del Señor Jesús (Lucas 22, 14-23,56) pero para este comentario nos detendremos en la entrada de Jesús a Jerusalén)
Para Lucas Jesús es “el profeta”, con lo cual todo se organiza para ir cumpliendo lo anunciado
Jesús realiza un “signo profético”, un signo contracultural al entrar en un asno. Este animal es signo de paz, al contrario del caballo que es signo de guerra
La entrada “triunfante” de Jesús a Jerusalén, pronto tomará el rumbo de la pasión que celebraremos en los días que siguen
De nuestra fidelidad, dependerá que sea Dios quien tenga la última palabra, como la tendrá con la resurrección de su Hijo después de su pasión
Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén. Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «
+ Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; y si alguien les pregunta: «¿Por qué lo desatan?», respondan: «El Señor lo necesita».
Los enviados partieron y encontraron todo como él les había dicho. Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron:
– «¿Por qué lo desatan?».
Y ellos respondieron:
– «El Señor lo necesita».
Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar. Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino. Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto. Y decían:
– «¡Bendito sea el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!».
Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron:
– «Maestro, reprende a tus discípulos».
Pero él respondió:
+ «Les aseguro que, si ellos callan, gritarán las piedras”
(lc 19, 28-40).
En este comienzo de la Semana Mayor, se lee el relato de la pasión, condensando en este día, lo que va a sucederle a Jesús como consecuencia de su predicación. Precisamente, este relato nos sitúa, por una parte, en la llegada de Jesús a Jerusalén y, por otra, en el éxito que su misión iba teniendo entre los suyos, incluso para proclamarlo rey, con lo cual, es comprensible, que la persecución que también se estaba gestando, se acelere y prefieran llevarla a cabo para liberarse, de una vez por todas, de este personaje que va consiguiendo más seguidores.
Cabe anotar que todo el evangelio de Lucas se estructura con la subida de Jesús a Jerusalén, allí donde matan a los profetas (“no conviene que un profeta perezca fuera de Jerusalén” Lc 13, 33), y para Lucas Jesús es “el profeta”, con lo cual todo se organiza para ir cumpliendo lo anunciado.
Llama la atención que Jesús va a entrar en un asno, contrastando con esto la entrada de los reyes de los imperios, quienes entrarían en un “caballo”. El asno es señal de paz mientras que, el caballo, es señal de guerra. En otras palabras, Jesús realiza un “signo profético”, un signo contracultural para lo que sería habitual en su tiempo y responde de esa manera al rey esperado por Israel: “Exulta sin freno, hija de Sion, grita de alegría, hija de Jerusalén. He aquí que viene a ti tu rey (…) Él suprimirá (…) los caballos de Jerusalén, será suprimido el arco de combate y él proclamará la paz a las naciones” (Zac 9, 9-10).
Por otra parte, el hecho de que Jesús mande a sus discípulos por el asno y les diga que si les preguntan porqué lo desatan, respondan que “el Señor lo necesita”, significa la autoridad con la que Jesús habla, autoridad que comienza a ser reconocida por muchos.
En el evangelio de Lucas a Jesús no lo saludan con ramos sino extendiendo sus mantos sobre el camino (los otros evangelistas si se refieren a ramos). Además, lo reciben llenos de alegría y alabando a Dios. De esa manera se manifiesta el reconocimiento que sus discípulos están haciendo de sus obras porque, en verdad, con sus actitudes y sus milagros, Jesús está haciendo presente la salvación esperada. Pero en esta misma entrada se presentan los fariseos -será la última vez que aparezcan en el evangelio de Lucas- diciéndole a Jesús que mande callar a sus discípulos. Jesús responde con la misma autoridad que había manifestado antes: “si ellos callan, gritarán las piedras”, es decir, el reconocimiento que están haciendo no es por la benevolencia de los suyos sino porque efectivamente la salvación va llegando con Él.
Sin embargo, esta entrada “triunfante” como muchas veces se dice, pronto tomará el rumbo de la pasión que celebraremos en los días que siguen. Efectivamente, el bien y la bondad dan frutos, pero las fuerzas del anti reino se empeñan en acallarlos y, en ocasiones, lo logran. Jesús tendrá que pasar por la cruz, pero no desistirá de su fidelidad. Recordemos que en el pasaje de las tentaciones el diablo le ofreció sus reinos para darle poder sobre ellos. Jesús no quiere ese reinado y, por eso, afronta la cruz, con la confianza puesta en el Rey del cielo, es decir, en el Dios bondad y bien para la humanidad.
Reconozcamos hoy, también nosotros, a este Rey de paz que se hace presente en muchos hechos de nuestra realidad, sabiendo que el mal siempre está acechando y, de nuestra fidelidad, dependerá que sea Dios quien tenga la última palabra, como la tendrá con la resurrección de su Hijo después de su pasión.
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