Del blog de Xabier Pikaza:
El asno de Jesús, comienzo de Pascua
Este año humilde de coronavirus nos permite entender mejor la historia del comienzo pascual, con el asna y su pollino, conforme a la extraña y preciosa historia del evangelio de Mateo, que toca este año (imagen de S. Baudilio de Berlanga, Museo de Indianápolis, con la borrica y el pollino).
Éste suele llamarse domingo de ramos, porque algunos discípulos o amigos alfombraron de ramos el camino; en otros lugares de dice domingo de palmas (dominica in palmis), porque en vez de ramas en general se habla de palmas de palmera, de gloria o victoria. Podría decirse también domingo de los mantos, pues algunos de los que vienen con Jesús ponen sus mantos sobre el asno de Jesús o sobre el suelo por el que tienen que pasar el asno que lleva a Jesús en su grupa. Pero yo prefiero llamarle domingo de la borrica con su borriquillo.
Jesús no viene en las nubes del cielo (como en los apocalipsis, desde Daniel), con el rayo que fulgura y rompe de luz las sombras de las nubes; Jesús no es el Dios que cabalga en un trono de nubes, como en las grandes visiones del Antiguo Testamento (en Salmos y en Ezequiel).
Jesús no viene tampoco montado sobre un caballo espléndido de guerra, con la espada victoriosa en la mano… No es uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis (Ap 6). Ni es tampoco el jinete de la espada de Ap 19, que vence con ella a las bestias.
No viene sobre una nave de los espacios estelares, como en las guerras de galaxias… ni con inventos nuevos de ciencias extrañas… Viene con lo más simple, uno de los primeros animales domesticados, que han permitido que los hombres y mujeres se extiendan por todo el mundo.
Él viene sobre un asna prestada, animal de campesino, borrica de tierra humilde, de labradores pobres, que camina a paso de hombre… Como he dicho, no viene en carro de guerra, ni avión militar, ni en un intergaláctico, sino con una “pobre burra” y encima prestado para la ocasión, pues él no tenía burro que llevara sus enseres, sino que llevaba su ropa y sus pertenencias a cuestas.
Este signo animal de Jesús resulta central para entender su vida y mensaje… Éste Jesús de la pascua empieza siendo amigo de animales domésticos, cercanos, de esos que nos han permitido vivir, trabajar, caminar durante milenios, desde el extremo de China en Oriente hasta el Finisterre europeo. Vino así en una burra, para situarse y situarnos en la madre tierra de la que venimos y a la que volvemos como nos recuerda la historia de coronavirus, imagen fuerte de nuestra grandeza humilde, cercana a la del asna madre, animal de Jesús.
Jesús vino sobre una humilde asna carga y compañía, sobre una asna prestada, acompañada de su pollino, como dirá el evangelio de Mateo que comentaré. Éste es uno de los signos más hermosos del evangelio: Un Asna a la que sigue su Pollino, madre y cría, ternura animal, gozo humano…
Este pasaje central del evangelio de Mateo nos sitúa ante un Jesús muy cercano, Jesús del asna madre, no del caballo de guerra, como mostrará el texto de Job, que cito al final…
Este Jesús del Asna y de cría se parece y se diferencia infinitamente del Asno macho de Oro de Apuleyo (el Asno de Oro…, Imagen 2). Este Jesús del asna se parece más Asno de la Cruz, quizá la primera representación burlesca (y certera) del misterio de la cruz… (imagen 3).
Asno Bíblico, no caballo.
El asno suele vincularse en Israel al “sacrificio de la alianza”, que se celebraría en Siquem, cuyos habitantes se llamaban “hijos de Hamor” (=del Asno). Aparece en Zac 9, 9 como signo de un rey pacífico que no vendrá montado en un caballo de guerra, sino en un animal de trabajo. Jesús se aplica ese signo de “realeza pacífica” cuando entra en Jerusalén montado en un asno.
Gran paradoja: Como conquistador sobre un asno (Mc 11, 2-6 y paralelos).Jesús venía de Jericó y, para llegar a Jerusalén, debía pasar por el Monte de los Olivos, lugar clave en la tradición mesiánica de Israel (cf. Zac 14, 4), como recuerda Flavio Josefo, al hablar de un judío egipcio, que anunció desde allí la caída de los muros de la ciudad (cf. Ant 20, 169-172). Pero Jesús quiso entrar pacíficamente, montado sobre un asno de labranza, sin armas.
Vino como mesías davídico, pero, a diferencia de David, no quiso tomar la ciudad por la fuerza, ni provocar militarmente a Roma, de manera que los soldados del César le vieron entrando, desde la Torre Antonia, sin intervenir, aunque Pilatos, el gobernador, debió tener miedo y por eso, después, le condenó a morir con la acusación de ser “Nazoreo, Rey de los Judíos” (Jn 19, 19).
Vino como peregrino, con (como) otros galileos y con sus discípulos (por el camino de Jericó), para celebrar en la ciudad de las promesas, la fiesta de la libertad del pueblo. Era tiempo de Dios, y llegó en su nombre, realizando el signo del asno. Había cumplido su misión en Galilea, y llegó a culminarla en Jerusalén, ante las autoridades, entrando abiertamente sobre un asno, de forma no militar, pero muy provocadora, condenando a los poderes de la ciudad, e invitando a todos al Reino.
Evangelio de Mateo
21 1 Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces, envió Jesús a dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está frente a vosotros, y enseguida encontraréis un asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. 3 Y si alguien os dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.
4 Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta: 5 Decid a la hija de Sión: He aquí que viene a ti tu Rey, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.
6 Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: 7 trajeron el asna y el pollino; luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima de ellos. 8 La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! 10 Y cuando él entraba en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la muchedumbre decía: Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea[1].
(Resumen de mi comentario de Mateo)
Esta escena ofrece una historia teologizada (entendida como revelación de Dios) y una teología o profecía historizada en unos acontecimientos concretos. Ambas perspectivas no se oponen, como a veces se ha pensado, sino que se implican mutuamente. En esa línea, la novedad del pasaje no está en el hecho de que evoca y despliega varios elementos simbólicos, sino en el hecho de que todo transcurre de un modo verosímil[2].
‒- Cuando se aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos… (21, 1). Mateo ha corregido la versión quizá confusa de Mc 11, 1, que hablaba de Betfagé y Betania de una forma al parecer equivocada, invertida. Para ello ha simplificado el tema, omitiendo la referencia a Betania y situando correctamente a Betfagé cerca de Jerusalén. En este contexto resulta importante la referencia al Monte de los Olivos, que Zac 14, 2 colocaba con exactitud, frente a Jerusalén, diciendo que Dios lo partiría para culminar su obra.
Jesús viene, pues, por el lugar por donde ha de entrar el mismo Dios, y prepara de la manera más humilde su manifestación en la ciudad, como pretendiente mesiánico montado en una cabalgadura ajena (21, 2-3). No tiene ni siquiera un asno propio, ha venido a pie desde Galilea. Pero quiere entrar sobre un asna y por eso la pide prestada, en una aldea (kw,mh) del entorno, frente a Betfagué y el Monte de los Olivos. El asna y su pollino pertenecen por tanto a Jerusalén. Jesús no los trae de fuera (¡no son suyos!), los pide prestados (21, 3). Leer más…
Biblia, Espiritualidad
Ciclo A, Dios, Domingo de Ramos, Evangelio, Jesús, Pasión del Señor, Semana Santa
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