Comentarios desactivados en ¿Ritos de purificación o ritos religiosos?
Hoy en día no resulta demasiado difícil entender el porqué de algunos ritos de purificación que hacían los judíos: lavarse las manos antes de comer, bañarse después de venir de un lugar público como la plaza o lavar a fondo los utensilios de la cocina… Con la explosión vírica que vivimos la actualidad, estos ritos se han vuelto parte de nuestra cotidianidad y hasta muchas veces se han vuelto actos cotidianos que realizamos con mayor o menor periodicidad pero que se han extendido y universalizado.
En el evangelio, Jesús se muestra contrario de ciertos ritos que venían de la tradición judía. ¿Por qué? Tal vez porque se confunden los ritos que eran necesarios para la salud y el bienestar físico de la sociedad con aquellos que son los propiamente religiosos. El problema no es la acción de lavarse (que puede ser ciertamente acertada) sino el convertir en impureza la no realización de este ejercicio. De hecho, Jesus lo explica: “sus doctrinas son preceptos humanos y tradiciones de los hombres”. Se trata de cuestiones prácticas y útiles, pero no propiamente religiosas; por eso dice “dejáis de lado el mandamiento de Dios”.
Y Jesús desarrolla, no para los escribas sino para el resto de la gente, lo que es la impureza. No se trata de lo que se hace, siguiendo o no la tradición humana, sino de lo que brota del corazón. Desautoriza así la moral social de impureza en pos de una moral personal e interior de las intenciones del corazón. De hecho, no elimina la categoría de impureza, sino que la vuelve personal y sobre todo aquello que tienen sus raíces en el corazón.
Este giro en la comprensión de impureza es altamente significativo porque el judaísmo estaba asentado sobre muchas categorizaciones sociales de impureza ritual y por tanto de los continuos ritos de purificación. Así la religión estaba plagada de estos ritos al punto de opacar la importancia de las intenciones y propósitos personales y lo más importante de excluir a aquellos que no las cumplían, como será el caso de los discípulos de Jesús. Las categorías de impureza marcaban inclusión y exclusión tanto ritual como social y muchos no podían participar en la vida religiosa y social por lo menos por algún tiempo. Jesús elimina estas exclusiones y refuerza la conversión personal.
En nuestra situación actual debemos volver a diferenciar entre ritos de salud y bienestar general y aquellos que dan el culto a Dios que tiene que ver con aquello que está en nuestro interior y que es el motor de nuestras acciones. No está demás advertir que no podemos convertir los ritos cotidianos de higiene en ritos religiosos de modo que oculten o disminuyan el verdadero culto a Dios. La importancia y la significatividad que hoy han adquirido estos ritos han llegado a niveles cuasi religiosos en el sentido de que pueden ocupar tanto nuestra atención que se disminuya la curiosidad y la vigilancia del verdadero culto a Dios y el cuidado interior y de las relaciones propias de un corazón cercano a Dios.
Los ritos efectivamente tienen la fuerza de traer a nuestra atención aquello que es importante, aquello que puede orientarnos en la búsqueda de sentido y aquello que puede configurar políticamente nuestras acciones. Por ello, volver a poner a Dios en el centro de nuestras acciones simbólicas y rituales puede también reorganizarnos en torno al Dios de la vida y no dejarnos llevar por acciones que tiendan a la autorreferencialidad o que aumenten el miedo.
Lavarse las manos y ponerse gel hidroalcóholico es necesario. Adorar al Dios que da la vida es más que necesario…
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Domingo XXII del Tiempo Ordinario
29 agosto 2021
Mc 7, 1-8.14-15.21-23
Los humanos tenemos tendencia a absolutizar lo propio y utilizarlo como criterio para juzgar a los demás. Pueden ser nuestras ideas, creencias o costumbres: las colocamos en un pedestal y pretendemos que los otros comulguen con ellas.
Tal funcionamiento parece encerrar un sentimiento no confesado de inseguridad. Conseguir que los otros las acepten supone afianzarlas para repetirnos a nosotros mismos que estamos en la verdad. En el mismo movimiento, conseguimos desterrar las ideas o costumbres ajenas, cuya sola existencia es fuente de incertidumbre para quien ha absolutizado lo propio.
La inseguridad que parece esconderse en ese modo de funcionar guarda estrechos lazos con el narcisismo. Debido a su característica auto-referencialidad, la personalidad narcisista es incapaz de ponerse en la piel del otro y de entender mapas mentales diferentes del propio. Eso explica su notable dificultad para convivir en la diferencia.
Por el contrario, cuando somos capaces de ir desprendiéndonos del caparazón narcisista en el que buscábamos refugio, emerge la empatía -con la consiguiente capacidad de comprender otros mapas mentales-, el respeto, el no-juicio y la valoración de los otros.
Comprendemos entonces que, como nosotros mismos, toda persona hace en todo momento lo mejor que sabe y puede, de acuerdo con su “mapa” mental, deudor a su vez de las experiencias vividas. Y sin tener que aprobar ni justificar lo que alguien hace en un momento determinado, podemos, sin embargo, entenderlo. Porque no miramos su acción desde nuestros propios esquemas, sino que ha crecido en nosotros la capacidad de “leer” su propio interior. Esto se llama madurez humana, que se manifiesta en amor. Por el contrario, la falta de comprensión de otras personas denota auto-referencialidad y, en consecuencia, incapacidad de salir del propio “mapa” mental. Es un síntoma claro de narcisismo.
Comentarios desactivados en El mero cumplimiento del Derecho Canónico no significa ser cristiano.
Del blog de Tomás Muro, La Verdad es Libre:
Nacimiento de la moral
Necesitamos estructurar la existencia humana:
+ Organizamos el trabajo: contratos laborales, calendario laboral, derecho laboral, vacaciones, etc.
+ Configuramos las fiestas, (incluso las suprimimos en tiempo de pandemia).
+ Configuramos la sanidad (Osakidetza).
+ Ordenamos la sexualidad: matrimonio (monogamia o poligamia, según los países), homosexualidad, transexualidad, etc.
+ Organizamos el tráfico (se circula por la derecha o por la izquierda).
Todos estos aspectos son como una configuración de la ética, de la moral
Podríamos decir que la primera moralidad está ya en el Génesis, donde -de modo mitológico- se habla ya de bien y mal: el árbol de la ciencia del bien y del mal.
Los diez mandamientos son también una plasmación de la moral. Los tres primeros mandamientos hacen referencia a Dios, pero los siete restantes hacen referencia a la vida cotidiana: la familia, la vida, la sexualidad, la propiedad… y se encuentran en toda constitución política humana.
En la vida hay bien y mal.
Así pues, en la vida hay bien y mal como consecuencia de la necesidad de estructurar la vida y de la libertad del comportamiento humano.
Aquí es donde Nietzsche sigue “haciendo buena carrera” entre nosotros. La gente puede que no lo sepa, pero fue este filósofo el que negó la existencia del bien y del mal, no hay valores, no hay verdad, vivid errantes en la noche que nos envuelve.
¿No será esta la noche sociológico-cultural que nos envuelve?
Dios ha muerto (Nietzsche), no hay valores, estamos en la noche de la nada, por tanto vive como si nada…
La pandemia que estamos viviendo está causando mucho sufrimiento físico y de tendencias depresivas, y está poniendo a la luz la nada en que vivimos.
Probablemente detrás de los botellones, del pillaje al romper escaparates y robar se esconde un vacío enorme y una nada infinita.
¿Y qué está bien o mal?
Ahora bien, ¿qué está bien o mal en la vida y quién dice lo que está bien o mal en la vida y por qué está bien o mal una actitud, una acción?
Secularmente las religiones creaban y dictaban (en el mejor sentido de la palabra dictar) la moral y la ética. Pero desde la Revolución francesa (1789) y con el laicismo consiguiente, las religiones han entrado en una fuerte crisis.
Un ejemplo anacrónico sería la moral islámica que pretenden imponer los talibanes: la sarhía o ley islámica.
Pero hoy en día problemas como la muerte, eutanasia, el aborto, divorcio, los problemas de la identidad de género, transexualidad, etc. están regulados no por la moral religiosa, sino por las leyes civiles y laicas,
Ahora bien: ¿Todo lo legal es ético y moral? Yo creo que no. No todo lo que está legislado por una constitución o por unas leyes parlamentarias es ético ni moral. Un sistema económico que mantiene hambruna crónica a tantos millones de niños, de personas, será legal, pero no parece que sea ético. La pena de muerte es legal (al menos en determinados países y estados), pero es profundamente inmoral. La frivolidad con la que se aborda el problema de la eutanasia no parece que sea moral.
Una ética universal.
H Küng, -notable teólogo recientemente fallecido- dedicó muchos años de su vida a estudiar el problema de si es posible una ética universal para todo ser humano, para toda la humanidad. Es pensable y posible una ética universal. ¿Dónde estaría la fundamentación de una ética mundial? En el ser humano. Todo ser humano debe recibir un trato humano.
Recuerdo que, siendo joven estudiante en Roma, en un encuentro con el notable moralista de la Universidad Gregoriana, el padre Fuchs (1912-2005), le pregunté: ¿Cuál es el último fundamento y la razón última de la moral? ¿Por qué no se puede matar a una persona, por qué no se puede robar, etc.? Recuerdo que me contestó: por la misma persona humana, por el respeto –y amor- a la misma persona humana
La fundamentación de una ética universal está incrustada en el mismo corazón del hombre: no matar, no robar, no mentir, no hacer uso indebido de la sexualidad, etc.
La moral de Jesús es el amor
La moral de Jesús no tiene ni su fuente ni “su sede” en la ley, sino en el interior del ser humano.
Ya dentro del Evangelio, la moral cristiana es el seguimiento de Cristo, no el cumplimiento de unas leyes: la moral cristiana es vivir libre y gozosamente en bondad /amor, y libertad.
La moral cristiana no se reduce al mero cumplimiento de unas leyes o cánones eclesiásticos o a una normativa en gran medida referente al campo sexual en el que casi todo era pecado.
Del hecho de que una persona cumpliera con todas las normas y preceptos del Código de Derecho Canónico no se concluiría que fuese cristiano.
Escribía Karl Rahner (1904-1984) que la Iglesia no debiera imponer tantos preceptos y normas. El único criterio cristiano de moralidad es el amor, las concreciones las iremos poniendo las personas. En el fondo es una variante de lo decía San Agustí: Ama y haz lo que quieras.
La moral cristiana no es un sistema represivo, ni una tortura, sino que es vivir gozosamente conforme a Cristo, lo cual serena el alma y hace personas.
Es hermoso y realizado seguir a Cristo.
Bernard Häring, “padre de la nueva visión de la moral cristiana” que brotó en torno al Vaticano II, publicó allá en los años conciliares una gran obra titulada: La ley de Cristo. Se trata de seguir a Cristo, no preceptos y cánones.
Tal vez suene un poco fuerte, pero dan que pensar aquellas palabras de Paul Tillich (1886-1965), teólogo luterano alemán, que luchó a brazo partido contra el nazismo hitleriano:
Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias convicciones y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide -ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: el Nuevo Ser (JesuCristo), el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera. [1]
Es hermoso y realizador escuchar y seguir a Cristo: el amor, las bienaventuranzas, la paz, la libertad, hoy estarás conmigo en el Paraíso, amaos unos a otros, perdonar setenta veces siete…
El bien hace bien a todos, el amor humaniza a todos. La moral de Jesús es: misericordia quiero y no sacrificios (Mt 12,7).
Termino recordándome a mí mismo aquello que decía S Felipe de Neri a sus hermanos de congregación, allá en el siglo XVI en el centro de Roma.
Sed buenos si podéis
[1] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, Barcelona, Ed Nopal, 1968, 160.
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Quien se acerca a Jesús, con frecuencia tiene la impresión de encontrarse con alguien extrañamente actual y más presente a nuestros problemas de hoy que muchos de nuestros contemporáneos.
Hay gestos y palabras de Jesús que nos impactan todavía hoy porque tocan el nervio de nuestros problemas y preocupaciones más vitales. Son gestos y palabras que se resisten al paso de los tiempos y al cambio de ideologías. Los siglos transcurridos no han amortiguado la fuerza y la vida que encierran, a poco que estemos atentos y abramos sinceramente nuestro corazón.
Sin embargo, a lo largo de veinte siglos es mucho el polvo que inevitablemente se ha ido acumulando sobre su persona, su actuación y su mensaje. Un cristianismo lleno de buenas intenciones y fervores venerables ha impedido a veces a muchos cristianos sencillos encontrarse con la frescura llena de vida de aquel que perdonaba a las prostitutas, abrazaba a los niños, lloraba con los amigos, contagiaba esperanza e invitaba a la gente a vivir con libertad el amor de los hijos de Dios.
Cuántos hombres y mujeres han tenido que escuchar las disquisiciones de moralistas bienintencionados y las exposiciones de predicadores ilustrados sin lograr encontrarse con él.
No nos ha de extrañar la interpelación del escritor francés Jean Onimus: «¿Por qué vas a ser tú propiedad privada de predicadores, doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan sencillas, tan directas, palabras que siguen siendo palabras de vida para todos los hombres?».
Si muchos cristianos que se han ido alejando estos años de la Iglesia conocieran directamente los evangelios, sentirían de nuevo aquello expresado un día por Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos».
Comentarios desactivados en “¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.” Domingo 22 de agosto de 2021. Domingo 21 º ordinario
De Koinonia:
Josué 24, 1-2a. 15-17.18b: Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios! Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor. Efesios 5, 21 – 32: Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Juan 6, 60-69: ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.
Josué organiza la gran asamblea de Siquem, como la reunión constitutiva del pueblo de las tribus. Es el punto de partida de un movimiento nuevo que arranca del Éxodo. El pueblo debe aceptar su nueva identidad teológica, social, cultural. Es fundamental identificar al Dios del Éxodo: el que ve la opresión del pueblo, el que oye el griterío de dolor y conoce sus sufrimientos, el que está decidido a bajar para librarlo del poder de los opresores (Ex 3,7-8). El Dios de sus Padres, el Dios de la Historia.
Las tribus proceden de diferentes orígenes culturales, religiosos, étnicos, pero ahora se aglutinan, gracias a la fe en este Dios del éxodo, en un solo pueblo: Israel. Es la teología, la fe en Yahvé y no la sangre quien los compacta para una alianza tribal.
El corazón de esta alianza tribal es la fe común en este Dios de los pobres. Pero supone también, identificar a los dioses »extraños» a los dioses cananeos y egipcios, imágenes corrompidas de Dios, que generan esclavitud y muerte: un sistema de impuestos, una vida de esclavos, una religión opresora. Cambiar esos dioses por el Dios del Éxodo, fundando una sociedad de leyes para la vida, de reparto de la tierra, de culto nuevo basado en la pascua es el tema central de esta gran asamblea de Josué en Siquem.
Las tribus de Israel hacen un pacto de amor con este Dios de los pobres. Unos desposorios, como nos insinúa la carta a los Efesios. «Una Iglesia dócil al Mesías» «para hacerla radiante, sin mancha, ni arruga, ni nada parecido».
Las palabras de Jesús chocan con la mentalidad vigente. Hace veinte siglos parecía inadmisible que una persona pudiera comunicar un mensaje tan exigente y tan liberador. Hoy, seguimos en el mismo plan: tratamos de endulzar las palabras de Jesús para que no hieran nuestros prejuicios. Con frecuencia queremos convertir la palabra de Jesús en el ejercicio de un conjunto de ritos. Pero, la palabra de Jesús nos desestabiliza, nos desquicia y nos lleva a cuestionar la vida diaria. A veces, incluso, decimos como los discípulos. «Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? No obstante, si queremos seguir a Jesús, la única respuesta posible es un «sí» rotundo, un «amén» decidido y generoso. Queremos seguirlo y queremos ser como él. No deseamos contentarnos con los laureles que nos ofrece el mundo, sino que anhelamos caminar con el Nazareno la difícil y tortuosa vía del pueblo de Dios en la historia.
¡Qué útil sería examinar nuestras eucaristías…! ¿Generan un «movimiento de Jesús» en dirección hacia la Utopía solidaria de lo que Él llamaba Reino? ¿Van cambiando nuestro modo de pensar y actuar? ¿Nos hacen capaces de identificar las otras presencias del Dios entre los desheredados de la vida? El mismo Jesús, en cuya boca Juan puso estas palabras: «Yo soy el Pan de Vida», según Mateo también dijo: «tuve hambre y me diste de comer, cada vez que lo hicieron con mis hermanos más pequeños, era conmigo mismo con quien lo estaban haciendo» (Mt 25,35).
Completamos nuestra reflexión con palabras de José Antonio Pagola que continúan las que citábamos la semana pasada, sobre la forma actual de celebrar la Eucaristía: Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?
¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?
Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo. Leer más…
Comentarios desactivados en 22.8.21. ¿Vosotros no os marcháis? Transformación en Galilea, transformación actual de la Iglesia (Jn 6, 60-69). Dom 21 TO. Ante la crisis mayor de la Iglesia
Del blog de Xabier Pikaza:
Nunca un evangelio ha sido más actual. Muchos, quizá la mayoría, habían seguido a Jesús por conveniencia: Unos porque les daba de comer, otros porque le veían como garante de un tipo de sacralidad antigua, otros simplemente por tradición, por afán de poder, por algún tipo de visión mágica de la vida. Y así vinieron con él hasta Cafarnaúm de Galilea.
Pero de pronto, tras el “milagro” (¿aparente?) de la multiplicación de los panes y la experiencia (¿también aparente?) de ayuda en la tormenta, tras haber escuchado el sermón del pan de vida, muchos (polloi = todos) quedaron decepcionados y empezaron a marcharse, de forma que Jesús quedó prácticamente solo, con solo Doce discípulos al lado, y no todos dignos de fiar.
Las circunstancias no son las mismas, pero actualmente (año 2021) estamos asistiendo (al menos en la iglesia de Occidente) a un escenario y crisis semejante. Muchos se van de la Iglesia, por motivos parecidos a los del discurso y crisis de Galilea (sobre el cuerpo y la sangre de los seguidores de Jesús). Será bueno trazar una comparación.
| X. Pikaza
Texto
En aquel tiempo, muchos (=todos los) discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. «Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?» Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios»(Juan 6, 60-69)
(Imágenes de la sinagoga judía posterior de Cafarnaúm, con signos del judaísmo nacional).
TEMA DE FONDO, LECTURA HISTÓRICA DEL EVANGELIO DE JUAN
Esta nota final de capítulo del Pan de Vida (Jn 6) recoge y reinterpreta, desde la perspectiva del Discípulo Amado, en torno al año 100 d. C., un momento y un motivo fundamental de la historia de la Iglesia, que ha de verse a la luz de los comentarios anteriores sobre el tema (en este blog). Así lo indicaré de un modo telegráfico, poniendo después de relieve la actualidad de esta crisis y abandono de la iglesia, este año 2021, en que muchos y muchos quieren marcharse también de ella, por motivos en gran parte semejantes a los de este evangelio de Juan, en torno al año 100 d.C.
1.El narrador es el Discípulo amado, o alguien que escribe a su nombre, recogiendo en su evangelio el sentido del pasado y futuro de la Iglesia, en el paso de la segunda a la tercera generación de cristianos. Ésta es una narración “interesada” (escrita desde una perspectiva eclesial, la de la comunidad del Discípulo amado, no la de Mateo o la de los sucesores de Pablo. Es una narración particular (una entre varias),pero fundamental para entender el pasado y presente de la Iglesia, pasando de la “multitud de Galilea” (que abandonan a Jesús) a la comunidad de los Doce (con Pedro), mirada desde la perspectiva del Discípulo amado. Ésta ha sido para muchos la mayor crisis de iglesia hasta el momento actual (año 2021).
2.El Discípulo amado acepta el relato de las multiplicaciones, con la multitud de seguidores de Jesús en Galilea, buscando pan y poder político, pero las interpreta de un modo “crítico” (espiritual), narrando su fracaso (los seguidores de Jesús en Galilea abandonan en masa al Maestro, tras su interpretación de los panes y del reino.. Es importante la comida multiplicada, pero la comida sola no basta para entender a Jesús y seguirle (como sabe también la primera tentación de Mt 4 y Lc 4). Comprar a los hombres por “pan” por “dinero” podría ser algo diabólico; en el fondo del pan ha de estar la “palabra”, es decir, la comunicación entre los hombres y mujeres.
3.El Discípulo amado sabe, además, que muchos buscaron a Jesús para hacerle “rey”, pues les prometía comida (2ª o 3ª tentación en Lc 4 y Mt 4), pero añade que Jesús rechazó de manera tajante esa interpretación política de su evangelio. También en Lucas y Mateo Jesús rechaza el “reino político”, aunque lo hacen con otros matices. Lo cierto es que Jesús no quiso competir con el Imperio de Roma, ni alzarse en armas contra los poderes imperiales, aunque hubiera tenido posibilidades de hacerlo. Este rechazo del “reino político-militar” define el proyecto de Jesús, y hace que muchos de sus seguidores “políticos” le abandonen. Éste es el fondo de su gran crisis de Galilea.
4.El Discípulo Amado reinterpreta desde ese plano la “eucaristía”, tal como algunos podían entenderla, pasando de la “misa del pan y de los peces” (como abundancia material) al pan de la carne sangre, esto es, de la vida, entendida en un sentido radicalmente personal (experiencia de Dios) y totalmente carnal: La verdadera eucaristía es el don de la vida de cada uno, es decir, de la carne y sangre compartida… Todo nos permite suponer que el Discípulo Amado no niega le eucaristía de la Última Cena de los sinópticos y Pablo (1 Cor), pero la interpreta en forma de “comunión carnal”, de comunicación personal de vida, de nueva y más alta experiencia de participación.
5.La mayoría de los discípulos de Jesús se marchan… Pueden admirar a Jesús, con su camino de multiplicación… pero quieren otra cosa, otro pan, otro reino. Quieren que el Pan sea pan (poder económico) y el Reino sea reino, dominio político sobre el mundo. Lo que les ofrece Jesús les parece sklêros, duro, una transformación personal que no están dispuestos a asumir… Ellos no quieren ese lenguaje del Discípulo Amado, ni esa participación de la carne (es decir, de la vida entera). No es que rechacen a Jesús por “malo”, simplemente se van, quieren otra cosa. No dice, como muchos hoy, quizá engañándose a sí mismos “Jesús sí, iglesia no”. Ellos dicen simplemente “este Jesús no”. Su discurso no vale para ese tiempo (año 100 d.C. o 2021 d.C.).
6.Conforme a este relato, el seguimiento de Jesús requiere una nueva experiencia de Dios, esto es, una experiencia distinta de la vida, una nueva dimensión, una forma superior de comprensión de Dios, de su presencia y acción, del sentido de la propia vida. Ciertamente, Jesús resuelve en un plano los problemas de la vida (el pan, el reino…), pero lo hace abriendo un horizonte distinto de economía, de política.
7.El gran fracaso galileo de Jesús, en Cafarnaúm. Todos se van… Uno a uno. Han venido buscando un tipo de pan y de poder, y al principio pensaron que Jesús respondía a sus deseos. Pero después, tras un largo sermón (Jn 6) han descubierto el sentido del Pan de Jesús, han comprendido el alcance de su Reino, y no quieren ni ese pan ni ese reino. Venían a por otra cosa, no la han encontrado, se van, cada uno a su pan, a su negocio, a su forma de entender el Reino. El Discípulo Amado, escribiendo hacia el año 100, a unos 70 años de distancia de los hechos, afirma que el proyecto galileo de Jesús ha terminado siendo un rotundo y total fracaso. No ha quedado nada. No sé si hoy, año 2021, podríamos decir algo semejante: Se van muchos cristianos ¿Ha fracasado el proyecto cristiano-occidental del proyecto de Jesús, según la Iglesia católica?
8.Quedan los Doce… No se van. Pedro responde en nombre de todos (¡aunque hay un traidor escondido entre ellos!). ¿Dónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Da la impresión de que se quedan, pero son convencimiento… Han arriesgado mucho por Jesús, son la “estructura” de su movimiento. ¿Sería mejor que también ellos se hubieran ido, que Jesús comenzara con otros totalmente distintos? Jn 21 ofrece una primera respuesta a esas preguntas: Jesús no empieza con los Doce, sino con Siete… Jesús “examina” a Pedro en amor. ¿Qué significa esto para nosotros?
TEMAS DE ACTUALIDAD. ¿CÓMO ENTENDER HOY ABANDONO DE LA IGLESIA?
He comenzado diciendo que esta historia de Jn 5 es una de las más actuales del evangelio. Es evidente que no podemos aplicarla hoy (2021) al pie de la letra, pues han pasado 20 siglos y las condiciones de la sociedad y de la iglesia son muy distintas. Tenemos una larga historia, de la que no podemos renegar, pero tampoco admitir totalmente y seguir como si nada hubiera pasado. Por eso es bueno leer de nuevo e interpretar el sentido de la crisis galilea de Jesús. Ésta sigue siendo una historia actual, y así quiero entenderla, siguiendo los ocho puntos de la exposición anterior:
Si el domingo pasado no hubiera coincidido con la fiesta de la Asunción, habríamos terminado de leer el debate de Jesús sobre el pan de vida. Lo curioso, y extraño, es que el evangelista no cuenta la reacción final del auditorio. Anteriormente, en dos ocasiones, ha interrumpido a Jesús mostrando su desacuerdo. Ahora no dice nada, como si no mereciera la pena seguir discutiendo. Sin embargo, se cuenta la reacción de los discípulos, con dos posturas muy distintas (unos lo abandonan, otros lo siguen) y el aviso de la traición de uno de ellos.
Evangelio (Jn 6, 60-69)
En aquel tiempo muchos de los discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
-«Esto que dice es inadmisible. ¿Quién puede admitirlo?».
Jesús, conociendo que sus discípulos hacían esas críticas, les dijo:
–«¿Esto os escandaliza? ¡Pues si vierais al hijo del hombre subir adonde estaba antes! El espíritu es el que da vida. La carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Pero entre vosotros hay algunos que no creen». (Jesús ya sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a traicionar).
Y añadió:
-«Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre».
Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.
Jesús preguntó a los doce:
–«¿También vosotros queréis iros?».
Simón Pedro le contestó:
-«Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el santo de Dios».
Abandono
«Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y no andaban con él.» Es un momento de crisis muy fuerte. Hasta ahora, los discípulos de Jesús no han tenido ningún problema, aunque debemos reconocer que las noticias del cuarto evangelio sobre ellos son escasas hasta este momento. Ha contado la vocación de los cinco primeros (Juan, Andrés, Pedro, Felipe, Natanael), pero no la de los otros muchos que se fueron agregando, ni siquiera la elección del grupo de los Doce. Las referencias de pasada son positivas. En las bodas de Caná se dice que «creyeron en él» (Jn 2,11). Cuando purifica el templo, se acordaron de lo que dice un salmo («El celo por tu casa me devora») y justifican su actitud violenta (Jn 2,17). No lo conocen todavía muy a fondo, porque cuando les dice: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis», lo único que se les ocurre pensar es que alguien le ha traído de comer (Jn 4,32-33). En el importante episodio de la curación del enfermo de la piscina, con el largo discurso posterior de Jesús, el evangelista ni siquiera los menciona (Jn 5).
Tras este extraño silencio, en la multiplicación de los panes y los peces y el debate en la sinagoga de Cafarnaúm, los discípulos adquieren gran protagonismo. Pero divididos en dos grupos: la mayoría y los Doce.
La mayoría abandona a Jesús. ¿Por qué? Ellos lo justifican diciendo que «este discurso» (o` lo,goj ou-toj) es duro, intolerable, inadmisible. No se refieren solo a la idea de comer su carne y beber su sangre; se refieren a todo lo que ha dicho Jesús sobre sí mismo: que es el enviado de Dios, que ha bajado del cielo, que resucitará el último día a quien crea en él, que él es el verdadero pan de vida. En el fondo, comer el cuerpo y beber la sangre de Jesús equivalen a «tragárselo», a aceptarlo tal como él dice que es. Y eso, la mayoría de los discípulos, no está dispuesto a admitirlo. Lo han visto hacer milagros, pero eso no les extraña. También en el Antiguo Testamento se habla de personajes milagrosos. Sin embargo, ninguno de ellos, ni siquiera Moisés, dijo haber bajado del cielo y ser capaz de resucitar a alguien.
Jesús interpreta el abandono desde un punto de vista muy distinto. Empieza echando leña al fuego: si se escandalizan de lo que ha dicho, podría darles más motivos de escándalo. El problema es que enfocan todo desde un punto de vista humano, carnal; y para creer en él hay que dejarse guiar por el espíritu. Pero esto solo lo consigue aquel a quien el Padre se lo concede. Estas palabras de Jesús resultan desconcertantes: por una parte, cargan la culpa sobre los discípulos que se sitúan ante él con una mirada puramente humana; por otra, responsabiliza a Dios Padre, ya que solo él puede conceder el acceso a Jesús («nadie puede venir a mí si no le es dado por el Padre»).
Quizá el evangelista está pensando en los cristianos que han abandonado la comunidad a causa de las persecuciones o por cualquier otro motivo. ¿Qué les ha pasado a esas personas? ¿Es solo culpa suya? ¿Hay un aspecto misterioso, en el que parte de la culpa parece recaer sobre Dios? Pensando en la gente que conocemos y cómo han evolucionado en su vida de fe, estas preguntas siguen siendo de enorme actualidad.
Seguimiento
El momento más dramático se cuenta con enorme concisión. Tras el abandono de muchos solo quedan los Doce. La pregunta de Jesús («¿También vosotros queréis iros»), sugiere cosas muy distintas: desilusión, esperanza, sensación de fracaso… La respuesta inmediata de Pedro, como portavoz de los Doce, recuerda a su confesión en Cesarea de Filipo, según la cuentan los Sinópticos: «Tú eres el Mesías».
Pero hay unas diferencias interesantes. Pedro no comienza confesando, sino preguntándole: «Señor, ¿a quién iremos?» Abandonar a Jesús y volver a sus trabajos es algo que no se les pasa por la cabeza. Necesitan un maestro, alguien que los guíe. ¿Dónde van a encontrar uno mejor que él? ¿Uno cuya palabra te hace sentirte vivo? Lo primero que hace Pedro es reconocer que necesitan a Jesús, no pueden vivir sin él. Luego sigue la confesión de fe. Pero no dice que Jesús sea el Mesías, sino «el Santo de Dios».
No queda claro que quiere decir Pedro con este título, que solo aparece una vez en el Antiguo Testamento, aplicado al sumo sacerdote Aarón, con sentido honorífico o por su estrecha relación con el culto (Sal 106,16). En el Nuevo Testamento, Mc y Lc lo ponen en boca del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaúm, que lo aplica a Jesús (Mc 1,24 = Lc 4,34; Mt omite este pasaje). Sin duda, Pedro confiesa que Jesús está en una relación especial con Dios, sin meterse a discutir si ha bajado del cielo.
Traición
En el texto litúrgico, este tema solo aparece de pasada: Jesús sabía «quien lo iba a traicionar». Si no hubiesen mutilado el evangelio, quedaría mucho más claro. Porque, inmediatamente después de la intervención de Pedro, Jesús añade: «“¿No os he elegido yo a los Doce? Pero uno de vosotros es un diablo.” Lo decía por Judas Iscariote, uno de los Doce, que lo iba a entregar.»
Con ello surge una nueva pregunta y un nuevo misterio: ¿por qué Judas no abandona a Jesús en este momento, cuando tantos otros lo han hecho? ¿Por qué Jesús, si lo sabe, lo mantiene en el grupo? ¿Cómo puede llegar alguien a desilusionarse de Jesús hasta el punto de traicionarlo?
1ª lectura: el compromiso de los israelitas con Dios (Josué 24,1-2.15-18)
La decisión de Pedro y los otros de seguir con Jesús recuerda a la de los antiguos israelitas de mantenerse fieles a Yahvé, Dios de Israel.
Estamos en el capítulo final del libro de Josué. Los israelitas, a las órdenes de Josué, han conquistado todo el territorio que Dios les había prometido (es preferible no recordar cómo lo consiguieron, porque lo que ocurre actualmente en la frontera de Gaza resulta un juego entretenido). En ese momento, Josué reúne a todas las tribus en Siquén, les recuerda los beneficios pasados de Dios y les ofrece la alternativa de servir o no servir a Yahvé. Es un diálogo espléndido, dramático, en el que Josué, contra lo que cabría esperar, se esfuerza por convencer al pueblo de que no sirva a Yahvé. Es un dios celoso que no los perdonará si lo traicionan. Sin embargo, los israelitas porfían en que quieren servirlo, y todo termina con la alianza entre el pueblo y Dios.
Quienes han seleccionado el texto han demostrado, una vez más, que no les entusiasma la Biblia: han mutilado la intervención de Josué, el diálogo con el pueblo, y el final. De 28 versículos, solo se han salvado 6.
En aquellos días Josué reunió a todas las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos, jefes, jueces y escribas, y en presencia del Señor dijo a todo el pueblo:
-«Esto dice el Señor, Dios de Israel: Vuestros padres, Téraj, padre de Abrahán y de Najor, vivían antiguamente al otro lado del río Éufrates y adoraban a otros dioses. Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor».
El pueblo respondió:
-«Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a otros dioses, porque el Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de Egipto, de la casa de la esclavitud; ha realizado ante nuestros ojos estos grandes prodigios y nos ha protegido durante todo el camino que hemos recorrido y en todos los pueblos por los que hemos pasado. Nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios».
Si se hubiera leído completo, el texto ofrecería una relación más estrecha con el evangelio. Tanto Josué como Jesús hablan de manera clara y dura, como queriendo desanimar a sus seguidores. La gran diferencia radica en la diversa reacción de los oyentes. El texto de Josué ofrece un final feliz, ajeno por completo a la realidad: los israelitas siguieron sirviendo a otros dioses y abandonando a Yahvé. El evangelio traza un cuadro más realista, incluso pesimista: muchos discípulos abandonan a Jesús; solo quedan doce, y uno de ellos será un traidor.
2ª lectura: ¿Sería mejor suprimirla? (Efesios 5,21-32)
Este es el texto que ninguna novia quiere que se lea el día de su boda. En los tiempos que corren, decirle que «sea sumisa a su marido», que «le debe estar sujeta en todo», porque no hay igualdad entre ambos, sino que «el marido es la cabeza de la mujer», no es lo más agradable. Aunque luego le diga al marido que ame a su esposa como a su propio cuerpo. De esta segunda parte de la lectura, ni se entera.
Me limito a dos aclaraciones.
1) Este texto, que tanta crítica le ha valido a Pablo de misógino y machista, no es suyo. La carta a los Efesios no la escribió él, sino un discípulo suyo. «Al Cesar lo que es del César».
2) Esta mentalidad sobre el matrimonio, que hoy día nos escandaliza, era progresista en el siglo I. Basta mirar lo que ocurre en algunos países árabes. La mujer acepta con naturalidad estar sometida al marido. Pero el marido no siempre es consciente del cariño y delicadeza con que debe tratar a su mujer. La corrupción moral, tan extendida en el siglo I, explica que el autor exija a los matrimonios cristianos un comportamiento fundado en el respeto mutuo, por fidelidad a Cristo. Ojalá en todos los matrimonios cristianos actuales hubiera ese mismo respeto.
Hermanos, respetaos unos a otros por fidelidad a Cristo. Que las mujeres sean sumisas a sus maridos como si se tratara del Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, del mismo modo que Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual él es el Salvador. Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres lo deben estar a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó él mismo por ella, a fin de santificarla por medio del agua del bautismo y de la palabra, para prepararse una Iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa y perfecta. Así los maridos deben también amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie odia jamás a su propio cuerpo, sino que, por el contrario, lo alimenta y lo cuida, como hace Cristo con la Iglesia, pues somos miembros de su cuerpo. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Éste es un gran misterio, que yo aplico a Cristo y a la Iglesia.
Comentarios desactivados en Domingo XXI del Tiempo Ordinario. 22 de agosto de 2021
“Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?”
Cabe una primera reacción ante este texto: Pensar así como: “¡menudos discípulos! ¡Qué gente tan inconsistente! ¡Qué falta de compromiso!”
Es una reacción de pura lógica humana. Las cosas no salen bien, no tienen éxito, porque siempre hay personas que vienen a estropearlo todo. Y en este caso concreto la cosa está muy clara. los que criticaron a Jesús y se marcharon son los malos de la película.
Sin embargo, aquí el evangelio no nos está hablando ni de buenos ni de malos. Habla, más bien, de un Reino que se abre camino en medio de las dificultades, de una fuerza amorosa que atraviesa la existencia humana; toda la existencia humana, también la parte más oscura.
A lo largo de todo el Antiguo Testamento hay una enseñanza constante que, llegadas a este punto, parece se nos olvida: Dios siente debilidad por lo pequeño.
Elige a Sara, a Jacob, a Raquel, a José… que son los pequeños, los que no cuentan; que son las estériles, las que no valen. Y elige también ejércitos pequeños, casi ridículos, para vencer a quienes se creen poderosos.
El amor de Dios no avanza “gracias” a los méritos humanos, sino, muchas veces, a pesar de los errores humanos.
No es Jesús quien necesita a sus discípulos, son los discípulos los que tienen que optar por Jesús.
El Reino sigue creciendo. Crece hoy gracias a la crisis de vocaciones que vive la Iglesia. Crece a pesar de los errores de la jerarquía y también a pesar de cada uno de nuestros fallos. El Amor de Dios sigue imparable, seduciendo corazones dentro y fuera de los límites de nuestra Iglesia.
Así son las cosas de Dios: sorprendentes, imparables y gratuitas. Siempre gratuitas, generosas, metidas de lleno en el ámbito del exceso. Porque el Amor, por definición, es siempre excesivo y generoso.
Entonces puede libremente preguntarnos: ¿también vosotros queréis marcharos?
Ahora la pelota está en nuestro tejado.
Oración
Aumenta, Trinidad Santa, nuestra fe y nuestra confianza para que podamos caminar con la libertad que solo el Amor nos puede brindar.
Comentarios desactivados en ¡Triste desenlace! A la inmensa mayoría no le interesa el Espíritu y la Vida que Jesús ofrece.
Jn 6, 61-71
Llegamos al final del c. 6 del evangelio de Jn. Llega la hora del desenlace. La disyuntiva es clara: o acceder a la verdadera Vida, o permanecer enredados en la pura materialidad. Recordar lo que decíamos el primer día: no tomar ninguna decisión es mantener el camino fácil del hedonismo, en el que estamos. ¿Qué resultado tiene hoy la oferta de Jesús?
Este modo de hablar es inaceptable. ¿Quién puede hacerle caso? Son inaceptables estas propuestas, para ellos y para nosotros. Van en contra de toda lógica, pues contradicen nuestras apetencias más íntimas. Quieren llevarnos más allá de lo razonable. Todo aquel que se deje guiar por el sentido común, se “escandalizará”. Lo que nos pide Jesús es salir del egoísmo y entregarse a los demás. ¡Qué disparate! Desde el punto de vista religioso, se trata de sustituir a Dios por el hombre. ¿Cómo podemos dejar de servir a Dios para dedicarnos a los demás? ¿No es el primer deber de todo ser humano dar “gloria” a Dios?
La incapacidad de comprender es consecuencia de entender desde la carne. Y ojo, que no se trata de despreciar y machacar la carne. Entendido de esa manera maniquea, tampoco tiene ninguna salida el mensaje de Jesús. Se trata de descubrir que el verdadero sentido de la vida fisiológica y terrena, para un ser humano, el verdadero sentido de la carne, está en la trascendencia; es decir desplegar las posibilidades más sublimes que el ser humano tiene de crecer y ser más que simple biología. La vida terrena no puede ser meta para el hombre.
El espíritu es el que da Vida, la carne no sirve para nada. Este versículo es clave para entender todo el capítulo. Aquí, carne y espíritu no se refieren a dos realidades concretas y opuestas, sino a dos maneras de afrontar la existencia humana. Solo una actitud espiritual puede dar pleno sentido a una vida humana. Vivir desde las exigencias de la carne sola cercena la meta del ser humano. En teoría no se entiende y en la práctica, ¿quién de nosotros se cree, de verdad, que la carne no vale para nada? ¿Por qué luchamos? ¿Cuál es nuestra mayor preocupación? ¿Cuánto tiempo dedicamos al cuerpo y cuánto al Espíritu?
Después de remachar por activa y por pasiva que había que comer su carne, ahora nos dice que la carne no vale para nada; que lo único que vale es el espíritu. Estas palabras nos obligan a hacer un esfuerzo sobrehumano para poder comprender lo que nos quiere decir. No es ninguna contradicción. Se trata de descubrir que el valor de la “carne” le viene de estar informada por el espíritu. Con el espíritu, la carne lo es todo. Sin el espíritu, la carne no es nada. De nuevo queda claro el profundo sentido que da Jn a la encarnación.
Las propuestas que os he hecho son Espíritu y son Vida. Las palabras no tienen valor por sí mismas, debemos ir más allá de ellas y descubrir el Espíritu al que hacen referencia. Como en el discurso de Nicodemo y el de la Samaritana, la referencia al Espíritu es clave para entender a Jesús. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. “Dios es espíritu, y hay que acercarse a Él en espíritu y en verdad”. Todo el capítulo viene diciendo que él es el pan… Ahora nos dice que son sus palabras las que dan la Vida. Para el hombre, la única propuesta que le llevará a la plenitud es la que hace Jesús.
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. En este proceso de alejamiento entre Jesús y los que le siguen, se da el último paso, el abandono. Fijaos bien que, hasta ahora, los que le criticaban y murmuraban eran “los judíos”; ahora son “los discípulos” los que deciden abandonar a Jesús. Tal vez la mayoría de los oyentes ya le habían abandonado antes. Recordemos que todo el capítulo se ha planteado como un proceso de iniciación. Terminado el proceso, hay que tomar una decisión.
¿También vosotros queréis marcharos? Jesús no busca la aprobación general. Tanto los políticos como los medios lo condicionan todo a la audiencia. Lo importante es vender. Jesús acepta el reto que su doctrina provoca. Está dispuesto a quedarse completamente solo antes que ceder en la radicalidad de su mensaje. La pregunta manifiesta un deje de profunda amargura. Pero también deja muy clara la convicción que tiene en lo que está proponiendo.
¿Con quién nos vamos a ir? Tus exigencias comunican Vida definitiva. Pedro, da la única respuesta adecuada: “Nosotros creemos”. La mayoría de los que escuchan a Jesús, se sienten más seguros con el cumplimiento de la Ley. En la comida eran cinco mil. Quedan doce. Más tarde demostrarían que ellos tampoco lo entendieron. Para entenderlo tuvieron que pasar por la experiencia pascual. Juan deja claro que el fundamento de la Iglesia que se empieza a organizar, son los doce, y que Pedro es la cabeza que la dirige.
También en los sinópticos, Jesús empieza siendo aclamado con entusiasmo por la multitud, pero termina siendo abandonado por todos. Si hoy nos declaramos cristianos dos mil millones de personas, se debe a que no se exige la radicalidad de su mensaje y estamos en el engaño de lo que nos puede dar, no en la conciencia de lo que nos exige. Si descubriéramos que la médula del mensaje de Jesús es que tenemos que dejarnos comer, ¿Cuántos quedarían? Eso es lo que nos pide Jesús. Antes que morder debo dejarme comer.
Jn intenta aclarar las condiciones de pertenencia a la comunidad de Jesús: La adhesión a Jesús y la asimilación de su propuesta de amor. Su ‘exigencia’ es una dedicación al bien del hombre a través de la entrega personal. El mesianismo triunfal queda definitivamente excluido. En contra de lo que se nos sigue diciendo, Jesús ni busca gloria humana o divina, ni la promete a los que le sigan. Seguirlo significa renunciar a toda ambición personal.
Hoy seguimos ignorando la propuesta de Jesús. En nombre del evangelio seguimos ofreciendo unas seguridades derivadas del cumplimiento de unas normas. No se invita a los fieles a hacer una elección de la oferta de Jesús, porque no se les presenta dicha oferta. Hemos manipulado el evangelio para salirnos con la nuestra. No nos interesa el mensaje de Jesús, sino nuestros propios anhelos de salvación que no van más allá de la sola carne.
Es decepcionante que la celebración de la eucaristía no tenga ninguna repercusión en nuestra vida real. No es casualidad que en el evangelio se hable de Vida al tratar de expresar la realidad espiritual que descubrió Jesús más allá de la vida. El paralelismo nos puede llevar a comprender que no existe una VIDA separada de la materia. Ni en el orden espiritual, ni en el biológico, la vida puede andar por ahí separada de la materia sensible. Dios es Vida, pero no está en algún lugar del universo y desde allí nos hace partícipes de ella.
En el orden biológico, a la hora de definir la vida, tenemos que recurrir a su manifestación. Nunca nos encontraremos con la vida, sino con un ser vivo. En el orden espiritual sucede lo mismo. Nunca nos encontraremos con el Espíritu pero podemos encontrarnos con un ser atravesado por el Espíritu. ¿Cómo lo sabremos? Solo a través de sus relaciones con los demás seres. Si es capaz de descentrarse y descubrir en los demás seres aquello que le identifica con ellos, se trata de un ser que tiene Vida espiritual.
Meditación-contemplación
Jesús manifiesta en su vida, esa Vida plena y definitiva.
La experiencia pascual llevó a los discípulos a hacer suya esa Vida.
No fue fácil superar el apego a las seguridades de su religión.
Nosotros, con una religión tan anclada en la Ley como la judía,
también tenemos que arriesgarnos
si no queremos caminar hacia la nada.
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“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca)
26 de agosto. Domingo XXI del TO
Jn 6, 60-69
El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida
El ancla es un espléndido símbolo de la esperanza: “Ella es como un ancla firme y segura del alma”, dice Pablo en Hebreos 6, 19, pero, por definición se trata de un objeto que impide, precisamente, que el barco avance. Personalmente me gusta más la imagen de Le Petit Prince de Antoine de Saint-Exupéry: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”. Y lo más apremiante es descubrir dónde se encuentra.
En su novela para espíritus selectos, El tonto emocional, J. Maronna y D. Samper relatan que “El Viajero llevaba meses, años, siglos buscando a alguien que le diera razón sobre la Razón Última de la Razón, y no le pareció excesivo emprender un nuevo periplo hacia el sur”. El mencionado personaje, que nos puede ahorrar un viaje interminable, es Jesús de Nazaret.
“Él siempre supo adónde llevaban los caminos, y nos ayudará a encontrar las adecuadas respuestas”, decía Juan Ramón Jiménez. Platero tenía un agudo sentido de la orientación, y lleva a su dueño siempre a su destino.
“Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley. Jesús vino a mostrar la misericordia y la compasión de Dios, cuyo amor es un refugio que nos protege, incluso, del rigor de la Ley”, dice Paramahansa Yogananda en su obra El Yoga de Jesús. Lo demostró durante toda su vida pública dándose plenamente a los demás: invitando a todos al banquete en su reino (Lc 14, 15-24), cuando dice a los fariseos que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mt 9, 13), o en la última cena (Mt 26, 28).
“Veo descender del cielo a la Música como una voz sonora que nos invita a pasear por los jardines del Señor. Cantar ha sido para mí la alegría de abrir mi alma a la más pura elevación ¡Gracias a ti, Música” (Federico García Lorca). Voz que nos invita a ser escuchada en las palabras de Jesús: “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida” (Jn 6, 63).
Jon Kabat-Zinn, hablando de la generosidad, nos da en Maindfulness en la vida cotidiana, este saludable consejo: “Lo que sugiero es más bien que practique el hecho de compartir la plenitud de su ser, la mejor parte de usted, su entusiasmo, su vitalidad, su espíritu, su confianza, su apertura y, sobre todo, su presencia. Compártala con usted mismo, con su familia, con el mundo”.
Una vez que nuestros corazones se liberan de apegos, el estrecho círculo de la familia y los amigos crece. Incluso vemos que los animales y las plantas son hermanos nuestros, y sentimos la interdependencia con todos los seres. Como fue el corazón de tu madre, querida Inma: dando luz y calor a toda nuestra vida, siempre entregada a todos.
EUCARISTÍA
(A Conchita Torrejón, esplendoroso sol de nuestras vidas)
II. Comunión
Florecerán en tu jardín del alma
jazmines, ruiseñores y camelias.
Era un amanecer en mediodía…
un otoño, estación de recogida
de frutos sazonados
del multiforme árbol de tu vida.
Los vendimiamos todos,
y todos los colgamos en el nuestro.
Gracias por tanta gracia y don, Conchita.
Se adelantó la Primavera:
en tu jardín del alma han florecido
jazmines, ruiseñores y camelias.
Y en él ha florecido tu Feadulta.
Un jardín donde tú sigues viviendo
dando luz y calor
a toda nuestra vida,
a todos nuestros sueños.
Coros, Ángeles, Arcángeles,
Tronos y Potestades celestiales,
entonan ya evangélicas canciones
al Amor que en su seno te ha acogido.
Y tú, Conchita,
de tan divina-humana orquesta
has sido nominada concertino.
En este amanecer en medio día,
desde esta brecha abierta
del costado del cielo,
serena y cordialmente
te decimos mientras te comulgamos:
Comentarios desactivados en Tiempo de prueba y criba.
Jn 6, 60-69
Paso a paso, domingo a domingo, con este cinco en total, nos llevas por un tiempo de prueba y criba, sintetizada en la pregunta a los Doce que resuena con un eco de tristeza: “¿También vosotros queréis marcharos?”.
Intentar comprender la contestación de Pedro (“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”), me llevó hasta al versículo 1 del capítulo 6 de Juan.
Te siguen multitudes que buscan ser alimentados, pero no conocen más que el alimento del cuerpo y el anhelo de una vida mejor. Les enseñas que, con lo poco puesto en común, haces milagros. Pero no entienden: quieren soluciones rápidas y convertirte en el líder que les provea y saque de problemas. Te fuiste, pero volvieron en tu busca… “me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros”. Murmuran, critican, debaten… Tus palabras descolocan, escandalizan.
Y tú seguías avanzando en tu mensaje directo a tus discípulos, esos que se iban uniendo por los caminos y que se sentían atraídos por ti, justo hasta el momento en que tus palabras… “este modo de hablar es duro”… se convirtieron en incomprensibles… “El que come de mi carne y bebe de mi sangre tiene vida eterna… Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. Quizás ese compromiso de unión les resultara demasiado complicado y comprometido.
Dejaron de escucharte, taparon sus oídos y muchos se marcharon buscando otros “profetas” más light. No sabían que tus palabras eran, y siguen siendo hoy, espíritu y vida, preludio de la Eucaristía.
Tiempo de poner a prueba. Tiempo de criba. Tiempo de preguntar a los Doce, a los cristianos de nuestro tiempo, a la Iglesia: “¿También vosotros queréis marcharos?… Tiempo de respuestas comprometidas: personales y en comunidad.
Abrámonos desde el silencio interior a la escucha de tu pregunta. Sólo creerá quién se deje tocar por el Espíritu descubriendo ese sutil toque de vida eterna que emana de cada palabra que sale de tu boca.
Cada uno vemos lo que podemos ver. Eso explica que personas que han podido ver un poco más lejos —o, sencillamente, desde “otro lugar”, como ejemplificó magistralmente la “alegoría de la caverna”, de Platón— hayan sido incomprendidas y, en los peores casos, perseguidas o incluso eliminadas.
A lo largo de la historia han existido visionarios de todo tipo: desde los falsarios más burdos hasta quienes han vivido en un nivel de consciencia expandido.
En cualquier caso, no parece sano aceptar lo que pueda decir una persona sin haberlo experimentado uno mismo. De hecho, el verdadero maestro no exige nunca sumisión, sino que indica pautas con las que cada cual pueda verificar la verdad de lo que dice. Por eso, su palabra es fuente de crecimiento y de liberación, de indagación y de autonomía.
En principio, es verdadera aquella palabra que favorece la vida. Y lo notamos porque nos abre el horizonte, nos hace sentir más vivos, manifiesta la unidad y potencia el amor.
Una palabra de ese tipo conecta fácilmente con lo mejor de nosotros mismos, porque resuena en nuestro interior como un “eco” de los más profundos anhelos y aspiraciones.
En todos nosotros hay “Algo” que sabe. Puede suceder que ese centro de sabiduría se halle cegado por distintos motivos o incluso que permanezca ignorado. Con todo, basta que la persona potencie en ella el amor por la verdad para que su capacidad de comprensión se expanda mucho más allá de lo que hubiera imaginado.
Amar la verdad implica vivir en actitud humilde de apertura, asumiendo el riesgo de quedar desnudos de nuestras posturas previas, de creencias antiguas y de las “verdades” con las que nos habíamos venido manejando.
Se trata de una travesía en ocasiones difícil y exigente, porque casi de manera instintiva nos negamos a ser desinstalados. Se requiere humildad y toma de distancia del ego que siempre pretende tener razón. Pero el “premio” habrá valido la pena: la verdad es portadora de luz, de vida, de paz y de amor. La verdad es nuestra “casa”.
Comentarios desactivados en Ya quisiéramos ateos como Dios manda
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
Josué reunió a las tribus de Israel.
¿Qué otra cosa son nuestros parlamentos y la democracia?
Las personas, los grupos humanos vivimos en sociedad y como seres sociales -comunitarios- hemos de comportarnos.
No somos seres aislados, que hacemos cada cual lo que nos parece a nuestro aire. Las creencias, los mitos, la familia, el trabajo, los bienes, la cultura, la amistad, la sexualidad, la fiesta, etc. son cuestiones comunitarias
En el mundo occidental hoy en día quien crea legislación y ética son los parlamentos, los senados, los jueces, las ideologías políticas. Ahora bien, uno se pregunta si estas instituciones son capaces de crear un sentido de la vida, una ética sensata, o si, la mayor parte de los problemas y cuestiones de la vida, les son desconocidas o se les escapan a políticos, parlamentarios, jueces y senadores. Lo cual tampoco significa que los obispos doctrinarios tengan la razón fanática que les caracteriza.
Los políticos, jueces, parlamentarios, etc., son como los abogados: no defienden la verdad, sino al cliente que les paga.
La eutanasia, el aborto, la justicia, la vida, etc. son más serias y complejas como para dejarlas en manos de tales personas e instituciones.
Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir:
Aquella asamblea convocada por Josué en el fondo era, como nuestros parlamentos, para ver ante quién nos postramos y cómo vivimos.
Si no os parece bien nuestra traditio, escoged cómo vivir y a qué dioses queremos servir, porque siempre habrá algún dios o ídolo en nuestra vida.
¿A quién servimos y cómo configuramos nuestra vida? ¿Adoramos al dios Dionisios y vivimos desde el placer? ¿Quizás nos postramos ante el dios patria? ¿tal vez nos fascina el dinero o la magia del poder?
¿Doctrina dura?
Por una parte, en la Eucaristía no nos comemos al Jesús histórico. El cuerpo histórico de Jesús, el que nació de María, vivió en Palestina y murió crucificado, ese cuerpo ya no existe, porque resucitó. Y por eso salió de nuestra “inmanencia” y vive ya en la “transcendencia”, (JM Castillo)
Por otra parte, resulta un poco extraño que después de haber multiplicado los panes, (el trabajo, el pan) ¿Cómo o por qué pudieron decir aquellos discípulos que multiplicar los panes y el trabajo, dar de comer a la gente es una doctrina dura? Resulta una postura un tanto absurda
Lo de Cristo va por otros derroteros: el servicio y el amor (Jn 13 / Jn 15). El amor y el servicio crean solidaridad, que es por donde comienza este capítulo del pan de vida, 6º de Juan: la multiplicación de los panes.
El milagro no consiste en que Cristo diera de comer a la gente por arte de magia, sino porque el “asunto Cristo” trastoca los criterios humanos, cambia nuestra mentalidad y comenzamos a ser solidarios.
Esto resulta una doctrina dura. La dificultad está en el servicio, en el amor y en la solidaridad. Es más frecuente y habitual creer en el poder, en la ley del más fuerte y en tener lo mío aumentándolo, si puedo, y los demás que se pudran.
La doctrina dura es que ningún país europeo quiere acoger a los que pasan en pateras, ni ayudarles en sus lugares de origen.
Muchos dejaron de seguir a Jesús. tránsfugas ha habido siempre.
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Cuando san Juan dice que dejaron de seguir o de estar con Jesús, es que “se acabó la conversación”. Rompieron el “carnet” y rompieron con todo. Hasta aquí hemos llegado y no quiero saber nada.
Esta historia del abandono nos es muy familiar en nuestro tiempo y en nuestro pueblo. Mucha gente, muchos estratos de la sociedad han marchado del seno de la Iglesia, otros muchos no han estado dentro nunca. Pensemos en el recorrido de los últimos cincuenta / setenta y cinco años. Entre los compañeros de Jesús, -y en nuestro tiempo- hubo y hay muchos tránsfugas tanto dentro de la Iglesia, como hacia afuera.
Ser creyente es una opción razonable y seria. Ser ateo, también. Para ser un buen cristiano, hay que ser un buen pagano.
Configurar la vida desde Cristo es muy valioso y razonable. Puede que haya personas que por circunstancias de recorridos personales, sociales, históricos, por vivencias eclesiásticas, etc. piensen configurar su vida desde otras posturas laicas, ateas. Quien, tras una seria reflexión, decide vivir y estructurar su vida en otros ámbitos, es digno de ser respetado y es una opción seria y válida.
Otra cuestión es la frivolidad. Frívolo es, según el diccionario de la real Academia: Ligero, veleidoso, insustancial. Es cierto que en la vida hay de todo y todos podemos tener algo de todo. Pero una cosa es ser “ateo como Dios manda” y otra muy distinta es ser ligero, veleidoso e insustancial.
Me parece a mí que hoy en día tenemos frívolos, ligeros y superficiales. ¡Ya quisiéramos tener ateos como Dios manda!
«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios;
Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna
Humildad de la fe
Cristo es hombre de Palabra y su Palabra es Luz y Vida (Jn 1).
A ciertas alturas de la vida uno ya no cree, ni estamos para medias palabras, medias verdades y tontadas de tipo político, cultural, eclesiásticas.
¿A dónde vamos a ir? Solamente Cristo tiene palabras de vida eterna.
¿Vamos a acudir a los humanismos ideológicos que hemos, más o menos, conocido? ¿A la mística del humanismo fascista que vivimos y padecimos hace unas décadas? ¿A la épica del supuesto humanismo étnico-nazi? ¿Al falso humanismo de un capitalismo desaforado? ¿Al humanismo épico patriótico (sea la patria que sea)? ¿al fundamentalismo fanático-religioso de algunos obispos doctrinarios? ¿a la teología retrógrada de algunos teólogos y clérigos “cortesanos”?
Cuando -ya más que adulto- uno comienza a ser anciano, creer, lo que se dice creer solamente cree en Dios por medio de JesuCristo y desde Él confíanos, servimos, respetamos y amamos la vida y al ser humano. Amemos la Palabra y seamos personas de palabra y amemos la Luz y la Vida.
Fe es confiar
La fe no es un catecismo o un conjunto de doctrinas, sino que la fe es confianza, fiarse, confiar en JesuCristo. La fe es algo muy humilde, incluso frágil y pobre.
La fe no sirve para solucionar los problemas técnicos de la vida. Para construir un hospital, un polideportivo, una casa de cultura hay que ir al Ayuntamiento, a la Diputación, al Gobierno Vasco, etc. La fe no construye, pero la fe es la última instancia crítica con todas las mediaciones, instituciones, ideologías, etc. La fe es una reserva crítica y esa es su eficacia.
Creer es humilde como la semilla, que también es pequeña, pero llena de vida. La semilla de la fe es la que da sentido a nuestra vida y su transcurrir. Podremos tener dudas de fe, cosas que no entendemos, pero la confianza en la Palabra es la raíz de nuestra fe.
Recogiendo lo que dice Josué: lejos de nosotros abandonar a Dios para adorar y servir a dioses extranjeros:
Comentarios desactivados en (Asunción 4). Se venden cuerpos y almas (Ap 17-18): Historia de la Prostituta
Del blog de Xabier Pikaza:
Caerá la gran Ciudad
He presentado en tres «postales» la Revelación de la Mujer (Asunción de María). En oposición a ella, el Apocalipsis expone la «historia» (apogeo y destrucción) de la Prostituta o Anti-Mujer.
Bestias y prostituta (triángulo satánico) son revelación de Satán: Dos bestias (una militar otra ideológica) y la Prostituta, ciudad del comercio mundial.
Apogeo de la Prostituta, diosa-mujer de la mentira y la muerte, ciudad donde todo se compra/vende, Hasta cuerpos y almas humana.
Destrucción de la Prostituta: Es poderosa pero pronto pronto quemada y comida por sus mismos poderes sometidos. Esa destrucción constituye una de las revelaciones más hondas y terribles de la historia.
Expongo estos motivos siguiendo un comentario del Apocalipsis, buscando las claves de la Antropología Bíblica. Estos días (14-17.08.2021), con la «caída» sorprendente y esperada (¡aunque algunos servicios de inteligencia parecían ignorarla!) de Kabul he vuelto a meditar en estos temas. Buen día a todos los lectores y amigos del blog.
| X. Pikaza Ibarrondo
TRIÁNGULO SATÁNICO. LOS TRES PODERES: BESTIA MILITAR, BESTIA IDEOLÓGICA Y MEGA-CIUDAD PROSTITUTA
Poder primero: Imperio militar, la Bestia del mar (Ap 13, 1-10). Encarna la perversión de los poderes político-militares que reciben su fuerza del Dragón, para combatir contra «el resto de la estirpe de la mujer», es decir, contra los seguidores de Jesús (contra todos los pobres del mundo). Hasta ahora, ningún profeta había presentado con esta radicalidad el mal concreto. El Apocalipsis lo hacer: ese primer poder es el Imperio Militar de Roma
Diversos textos hablaban de potencias sacrales destructoras (cf. Dan 2 y 7; 1 Henoc, 2 Baruc y 4 Esdras). Pues bien, el Apocalipsis ha visto y descrito a la Gran Bestia, identificándola con el imperio de Roma, aunque el tema podrá aplicarse a los restantes imperios perversos de la tierra.
Segundo poder, la Bestia de la tierra, la ideología dominadora (13, 11-18). Este poder es la perversión profético-religiosa, encarnada en los sacerdotes y/o filósofos al servicio de la Primera Bestia, funcionarios de su violencia social e ideológica (religiosa). Ap 6, 15 citaba a reyes, nobles, comandantes militares, ricos y poderosos de la tierra. Todos aparecen ahora condensados en esta figura mentirosa al servicio de la violencia del sistema. La Primera Bestia era el Poder militar del imperio. Pues bien, al servicio de ese poder ha surgido esta Segunda, que es la religión y/o conocimiento pervertidos[1].
Tercer poder: Megápolis del comercio: La ciudad perversa, prostituta económica (Ap 17). La “amada” de las bestias es la Ciudad del Imperio,¡, emporio central de todas las riquezas, mercado donde se compra y vende todo. Ella aparece así como expresión definitiva y cumplimiento del sistema de poder total que el Dragón intenta elevar sobre la tierra, la racionalidad político‒económica encarnada en la ciudad del Roma.
Esta Mujer‒Ciudad Prostituta puede defenderse, diciendo que ella representa el orden social y garantiza la riqueza y comercio, la relación y unidad entre los pueblos. Muchos filósofos y sabios del imperio la llamaban Diosa y la veneraban, quemando en su honor el buen incienso. A pesar de ello, el Apocalipsis la ha condenado, presentándola como aliada de las Bestias, encarnación socio‒económica del Dragón sobre la tierra. Es muy posible que este pasaje de condena sea exagerado en sus matices, pero su juicio profético resulta brecogedor y certero: el profeta ha visto y destacado algo que normalmente no vemos, el riesgo de un sistema que se diviniza a sí mismo sobre bases de imposición y engaño (bestias), encarnándose en un orden político que expulsa y niega a los disidentes y contrarios, condenando a muerte a los pobres, y actuando de esa forma como prostituta
MEGÁPOLIS SATÁNICA. EL APOGEO DE LA PROSTITUTA
El Apocalipsis presenta a la mujer‒prostituta como Diosa, montada en caballo imperial, dominando sobre las naciones, como poder económico universal que oprime a todos los hombres. Desde este fondo podemos evocar la figura de Roma, la Megápolis mundial, vienen a expresarse y se condensan los poderes de las Bestias y los del Dragón originario (cf. Ap 13-16), como dice el profeta del Apocalipsis[2]:
Se me acercó entonces uno de los siete ángeles… y me habló diciendo:
Ven. Te mostraré el juicio de la Prostituta grande, sentada sobre aguas caudalosas, con la que se prostituyeron los reyes de la tierra y se emborracharon los habitantes de la tierra con el vino de su prostitución.Me llevó en espíritu a un desierto y vi una Mujer sentada sobre una Bestia color escarlata, llena de nombres blasfemos, que tenía siete cabezas y diez cuernos.
La Mujer iba vestida de púrpura y escarlata, y estaba adornada de oro, piedras preciosas y perlas. En su mano tenía una copa de oro llena de abominaciones y de la impureza de su prostitución. Escrito en su frente tenía un nombre: ¡Misterio! Babilonia, la grande, la Madre de los prostitutos y de todos los abominables de la tierra.Y vi a la Mujer emborrachándose con la sangre de los santos y la sangre de los mártires de Jesús (Ap 17, 1-6)
Apogeo. Revelación de la anti-diosa
La maldad de las Bestias(Ap 13) desemboca y se condensa Roma Prostituta Comercial , que recibe de ellas su poder y quiere presentarse como Diosa (un tipo de esposa/prostituta del Dragón), siendo en realidad la madre de los prostitutos de la tierra, es decir, de todos los que, en un sentido u otro, se venden por influjo social o dinero (desde los grandes comerciantes a los que viven en su plano del engaño y la mentira)[3].
Ciertamente, en sí misma esta figura no es varón ni mujer. Pero, significativamente, desde una antigua tradición israelita, el texto la presenta de manera femenina, como ciudad infiel o anti-esposa (con lo que eso supone de posible devaluación de la mujer). Culminando la maldad de las Bestias simbólicamente masculinas (aunque en griego sean neutras: ta theria), se eleva esta Ciudad representada como Mujer prostituida, al servicio del dinero:
Es la Prostituta Imperial (Pornê: Ap 17, 1-2), que los lectores identifican con la Ciudad imperial, que ha convertido todo lo que existe en objeto de un mercado donde nada vale en sí, sino para el negocio: eso es ella. Es el Poder que se ha vuelto prostitución o, a la inversa, la prostitución hecha poder: así recibe el dinero que le ofrecen las Bestias y de esa forma domina a los Reyes de los pueblos, poniéndolos a su servicio; así emborracha a los habitantes del mundo, haciéndoles beber su vino de olvido y muerte (cf. Ap 17, 2).
Es Reina sentada (=entronizada) sobre la Bestia escarlata (17, 3). Al principio del texto la vimos sentada sobre las Aguas caudalosas del mar satánico (17, 1; cf. Ap 13, 1), que son los pueblos, naciones y lenguas: la totalidad de poderes del mundo en los que se asienta y domina la Mujer. Pues bien, aquí se añade, en otra perspectiva, que ella ha subido y cabalga sobre el trono de la Bestia de violencia militar de Ap 13, 1-10: no tiene su sede junto a (en el) Trono de Dios, como el Hijo vencedor (12, 5), sino en la Bestia. Sobre sus lomos cabalga, sobre su poder de destrucción se sienta. Bestia y Mujer se vinculan de esa forma, pero no en abrazo matrimonial gozoso y gratuito, de enriquecimiento personal, sino en contrato de manipulación: la Bestia utiliza a la Mujer-Ciudad, para conquistar de esa manera el mundo, con apariencia de cultura y orden; la Mujer cabalga sobre la Bestia, vendiendo su amor como Prostituta, para engañar a los pueblos de la tierra.
Es Diosa falsa (Ap 17, 4). El lector podía esperar el triunfo de Roma como un despliegue de jinetes victoriosos o como expresión de una Diosa de justicia que extiende un orden de paz sobre la tierra (cf. Ap 6, 1-6). Pues bien, el Apocalipsis responde que la Diosa Roma es una simple y perversa Prostituta, que se vende al poder del dinero y cabalga sobre lomos de la Bestia. Está vestida de honor sacerdotal, como Reina y Señora del mundo, de púrpura y escarlata, con oro y pedrería, sentada en seña de honor (Ap 18, 7.16), como si pudiera conceder sus favores a todos los habitantes de la tierra. Pero ella sólo busca placer y riqueza: con todos se vende, a todos utiliza, para elevarse a sí misma. Por eso puede alzarse mucho, pero es simple apariencia destructora, diosa falsa: expresión de maldad, pecado que se encarna en unas instituciones de opresión, en la Ciudad del mundo Ha logrado su poder engañando y matando a los demás. No es diosa, como quieren sus devotos, ni autoridad neutral, sino poder de muerte: ha creado una religión imperial al servicio de sí misma, matando a los pobres[4].
Es Babilonia, Madre de los prostitutos y abominables de la tierra (Ap 17, 5). Babilonia la Grande, la Ciudad y Torre que quiso elevar su poder sobre los cielos, sufriendo así el gran rechazo de Dios (cf. Gen 11, 1-9); es la capital del imperio que en otro tiempo destruyó a Jerusalén y cautivó a sus hijos, los judíos (el 587 a. de C.). Evidentemente, esa Ciudad es ahora Roma, que quiere elevarse como Diosa y Madre, siendo simplemente prostituta. Se le puede llamar madre, pero no como dadora de vida, sino todo lo contrario, como signo y principio de muerte, al servicio del Dragón: así concede su semilla a todos los «prostitutos y abominables» de la tierra, es decir, a los que se imponen por la fuerza a los demás y les engañan.
Es la asesina. Toda la gloria y el poder de Roma culminan en el asesinato… El poder militar, la falsa sabiduría profética, la religión, el dinero… Todo está al servicio de la muerte. Por eso, el texto dice que ella se ha embriagado con la sangre de los santos: está loca y borracha: vive de matar, bebe la vida de los fieles. Ella representan el riesgo definitivo de la humanidad: es el Sistema político‒ideológico que se diviniza a sí mismo de manera destructora, en clave económica, de comercio de muerte. Entendida así, ella puede identificarse con Mamón, el anti‒Dios (cf. Mt 6, 24). Es la humanidad que niega a Dios, negándose a sí misma, para terminar convirtiéndose en muerte.
Esta mujer‒prostituta aparece como la forma suprema de opresión del mundo: no es una simple ciudad, un orden político objetivo y neutral, que regula para bien de todos el aspecto más externo de la vida y deja que cada uno ejerza luego su religión particular, sino que es la economía imperial como Sistema de vida absoluto, sociedad destructora de lo humano, que se opone a la experiencia de Jesús, de tal manera que en ella se expresa y culmina el pecado de homicidio y engaño del Dragón antiguo (cf. 12, 4.9, en relación con 18, 24). Leer más…
Comentarios desactivados en (15.8.21) Asunción 3: Entre Ascensión y Descensión: Mujer oprimida, fugitiva, perseguida
Del blog de Xabier Pikaza:
Subió a los cielos, bajó al infierno de la historia
Una cosa es la Ascensión (ascenso activo de Jesús resucitado al cielo) y otra la Asunción (ascenso receptivo de la mujer-madre, asumida, transformada por Dios, en su gloria celeste). Pero, en la práctica, muchos cristianos, incluso los más entendidos, solemos confundir las dos imágenes, de manera que la Asunción de María se interpreta y representa igual que la Ascensión de Cristo.
En este contexto opera, además, otro supuesto: El ascenso (Ascensión) se vincula de un modo radical con un descenso (Descensión), de forma que igual que hablamos de un descenso de Cristo al infierno originario (credo romano) tenemos que hablar de un descenso de la mujer-madre a los infiernos de la historia. En ese sentido, esta fiesta de la “Ascensión” de María se encuentra vinculada con la historia de su Descensión y Sufrimiento histórico, que el Apocalipsis presenta como un proceso de condena, persecución y fuga.
Este motivo, que Lc 2, 54-55 ha presentado en forma de los Dolores de María (una espada atravesará tu alma), ha sido desarrollado extensamente por Ap 12-13, en un retablo impresionante de grandes sufrimientos históricos de las mujeres, expresados en forma de simbología apocalíptica. Por eso, esta fiesta de la Asunción/Ascensión de María puede y debe entenderse, al mismo tiempo, como memoria del Descenso/Descensión de la mujer oprimida, fugitiva, perseguida.
| X. Pikaza Ibarrondo
Introducción
La Ascensión (Anábasis) de Jesús está vinculada a su Descensión o Katábasis al infierno de la destrucción humana , como ha puesto de relieve la tradición del Credo romano relacionando y casi identificando la Descensión (descendit ad ínferis, descendió a los infiernos) con la Ascensión (ascendit in caelum). Bajando el extremo del infierno y liberando a sus cautivos Jesús asciende al cielo.
2 De un modo semejante la Asunción/Ascensión de María resulta inseparable de su “descenso” a la tierra como mujer perseguida, amenazada, oprimida, tal como ha sido narrada en el Apocalipsis. La tradición católica posterior se ha centrado casi sólo en una ascensión gloriosa final, en contra del símbolo del Apocalipsis donde la mujer que sube (es subida, ascendida, al cielo aparece, al mismo tiempo como mujer oprimida, perseguida, fugitiva…
Actualmente, año 2021, la fiesta de la Asunción/Ascensión de María nos parece a veces algo artificial, un happy end que oculta todo tipo de persecuciones contra la mujer… Por eso es bueno refrescar la memoria y leer el duro texto de Ap 12, 10ss, que he dividido en tres partes, que iluminan mejor la trama de conjunto del Apocalipsis y el sentido de la Mujer oprimida fugitiva, perseguida.
Este motivo ha sido veladamente asumido por el Vaticano II: “Pues, asunta a los cielos, (María) no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna… Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora… (Lumen Gentium 72).
En esa línea podemos recordar varias fiestas de la Descensión o Descenso salvador de la Madre de Jesús. Unas son más honorífico-simbólicas, como la Fiesta de la Descensión de la Virgen a Toledo, el siglo VII d. C. para premiar la piedad del obispo Ildefonso, imponiéndole una casulla de gloria que se venera en aquella iglesia (Descensión de Toledo).
Más significativa en nuestro contexto (en la línea del Apocalipsis es la Descensión de la Virgen de la Merced-Misericordia en Barcelona, 2 de agosto del año 1202, para visitar y liberar a los cautivos, apareciendo también ella como cautiva y oprimida ante los ojos de Pedro Nolasco y los primeros mercedarios.
MUJER OPRIMIDA (AP 12, 6-12).
Ella ha dado a luz al Hijo triunfador, que debe regir sobre los pueblos, y parece que con eso deberían acabarse sus problemas; pero Dios rapta a ese Hijo, sentándole sobre su Trono (Ascensión: 12, 5), mientras ella parece quedar abandonada, perseguida por el Dragón, sin nadie que la defienda sobre el mundo. ¿Qué hará? (12, 5). El texto responde misteriosamente, diciendo que huye del Dragón (en una nueva versión del Éxodo del pueblo israelita), mientras que, a su vez, el Dragón es expulsado del Cielo, de manera que la lucha entre ambos (Mujer y Dragón) se traslada así a la tierra:
Y la Mujer huyó al desierto, al lugar preparado por Dios, para que allí la alimenten durante 1260 días, que son el tiempo de perversión de la historia (Ap 12, 6). Este es el principio de su metamorfosis o, mejor dicho, de su historia salvadora. La Mujer era Madre celeste en dolores de parto; pero, realizada su tarea, habiendo dado a luz, tiene que escapar al desierto del mundo, convirtiéndose en mujer terrestre oprimida.
Esta mujer oprimida toma los rasgos de Israel que camina por el desierto, durante los años de peregrinación y prueba, buscando la tierra prometida, alimentada por el Maná de Dios. Ella es también signo de la Iglesia Perseguida… Finalmente, ella es signo de todas las mujeres oprimidas a lo largo de la historia.
Los 1260 días de esa persecución/peregrinación, que aparecen luego como «un tiempo, dos tiempos y medio tiempo», evocan la historia de la Iglesia (humanidad, mujer) perseguida en el mismo contexto de desierto, en la línea de la gran persecución del tiempo final, evocada por 1‒2 Macabeos y por Dan 10, 13.21; 12, 1 (cf. Ap 12, 14).
De esa forma, la Mujer-Celeste del mito se vuelve Mujer-Madre histórica (fugitiva), como el pueblo de Israel en el desierto, como los judíos perseguidos por los gentiles en tiempo de los macabeos, como los cristianos en el tiempo del Apocalipsis. El Hijo vencedor de la mujer está sentado en el Trono de Dios, como Rey coronado, mientras ella (su madre) se refugia huyendo en el mundo y así recorre los pasos del antiguo Israel (primer desierto del Éxodo), los pasos de los judíos perseguidos en tiempo de los macabeos, el destino de todas las mujeres perseguida. Con ella y en ella se encuentran perseguidos sus «restantes hijos», que son por tanto hermanos de Jesús, creyentes de la iglesia (cf. Ap 12, 17)[1].
La lucha celeste anterior (Mujer perseguida por Dragón) se traslada a la tierra, donde ella aparece como signo de todos los que sufren persecución y vencen (han vencido) al Dragón por la Sangre del Cordero y por el testimonio de su fe cristiana[2]. En ese contexto, la última estrofa del himno (12, 10-12) evoca el dolor de la tierra y el mar (que son escenarios de la gran lucha de la historia), porque el Dragón, expulsado del cielo y vencido, responde «con gran ira, pues le queda poco tiempo» (Ap 12, 12).
Antes, sobre el cielo, vinculado al poder de Dios (como representante de Dios, como el Satán del libro de Job), el Dragón no tenía prisa pues se mantenía en un eterno retorno de nacimiento y muerte, aguardando que la Madre diera a luz para devorar el fruto de su vientre (cf. Ap 12, 1-4). Ahora, expulsado del cielo y fracasado (pues no ha podido devorar al Hijo de la mujer), ese mismo Dragón lucha furioso en la tierra en contra de los creyentes (la Mujer perseguida y sus hijos), porque el tiempo se ha acortado, es breve y pasajero.
Este es el momento del thymos o furia de Satán, Dragón airado (=ôrgisthê), que lucha ya en el mundo contra la Mujer pues, no pudiendo devorar al Hijo mesiánico (ya resucitado) quiere destruir «al resto de su esperma», es decir, a los hijos de la Mujer, esto es, a los hombres y mujeres fieles (Ap 12, 17). Éste es el tiempo de la historia final en que la Madre fugitiva y perseguida se desvela como signo de fidelidad y promesa de amor definitivo (cf. Ap 21-22) para los creyentes.
De la furia del Dragón engañado y derribado de su altura, tiene que escapar esta mujer hasta el desierto, viniendo a refugiarse de esa forma fuera del sistema de poder del mundo. Toda la historia y trama posterior del Apocalipsis se funda sobre esta experiencia de «éxodo» o exilio de la Mujer, Madre celeste y mesiánica, que comparte el exilio (persecución) de los hombres fieles sobre el mundo[3].
MUJER PERSEGUIDA, PERO NO ABANDONADA (12, 13-17). SE LE DIERON ALAS DE ÁGUILA
La Mujer del texto anterior (Ap 12, 6) aparece ahora como oprimida y perseguida en el mundo por el Dragón, es decir, por los poderes de violencia de los “violadores” de la historia. Esta es la mujer oprimida, refugiada en el desierto de la prueba, aunque el mismo Dios la sostiene y alimenta Así lo muestra el texto. Tras el canto cristiano de Ap 12, 10-12, el Apocalipsis retoma la narración profética de 12, 7-9, contando, en palabras de intenso simbolismo, la lucha del Dragón contra la mujer en tres momentos principales:
Persecución y huida al desierto (12, 13-14). Este pasaje retoma el motivo de 12, 6: el Dragón es rápido y corre persiguiendo a la Mujer; pero Dios viene en ayuda de la perseguida y le da «las dos alas del águila grande», que son muy veloces, para que pueda volar y refugiarse en un lugar inasequible del desierto, donde recibe el alimento necesario en el tiempo de la prueba. Esta Mujer del Águila, vinculada en oriente al sol alado, recibe la ayuda del Dios de los cielos y así puede volar y alejarse de la furia del Dragón y sus subordinados. Leer más…
«Y apareció una señal grande en el cielo: Una Mujer, revestida del sol, con la luna bajos sus pies»
Presenté ayer las cuatro mujeres del Apocalipsis, insistiendo en su importancia para situar la Asunción, con la simbología femenina del cristianismo, vinculando Ap 12 con la Asunción y Guadalupe
Ap 12, 1-6 (y el Apocalipsis en conjunto) expone el drama escatológico, representado en la Mujer-Madre celeste y en su lucha contra el Dragón que intenta devorar a su Hijo, sus hijos, que son la Humanidad entera. Esa Mujer Celeste padece en el mundo, perseguida por el Dragón y amenazada por la Prostituta Sangrienta, pero al final vence y se revela como Novia del Cordero, celebrando las Fiestas de la Humanidad reconciliada (Ap 21-22). Así comienza el drama:
«Y apareció una señal grande en el cielo: Una Mujer, revestida del sol, con la luna bajos sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas; y estaba encinta y gritaba en dolores de parto, torturada por dar a luz.
Y apareció otra señal en el cielo y era esta: un Dragón rojo, grande, con siete cabezas y diez cuernos y sobre sus cabezas siete diademas;y su cola arrastró un tercio de los astros del cielo y los arrojó sobre la tierra.
Y el Dragón se colocó delante de la Mujer que debía dar a luz, a fin de devorar al a su Hijo (tekton) cuando lo alumbrara. Pero ella dio a luz un Hijo (huion) Varón, que debe pastorear a todos los pueblos con vara de hierro. Y su Hijo fue raptado hacia Dios y hacia su Trono y la Mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios, y allí la alimentan mil doscientos sesenta días» (Ap 12, 1-6)[1].[2].
El drama aquí anunciado se despliega a lo largo del Apocalipsis, como seguiré indicando… En ese contexto se sitúa y desde ese fondo se entiende la “mariofanía” más significativa de la iglesia católica en los tiempos modernos: La “Revelación” de la Virgen de Guadalupe (México), el año 1531.
La “conquista” española había sido traumática;la gran cultura náhuatl del altiplano estaba desapareciendo, por derrota militar, pandemia sanitaria, sometimiento político y cansancio vital. Pero, de un modo sorprendente, a partir del 1531, muchos “indígenas” empezaron a revivir, «pactando» cultural y religiosamente con los “invasores” cristianos, re-descubriendo en la Virgen-Madre de Ap 12, 1-6a su antigua Diosa-Madre, Tonancin, reina de los cielos.
Éste es el «milagro» del renacimiento americano, que se entiende desde Ap 12 y la religión pre-cristiana de México, que era muy valiosa en sí misma y que muchos hispanos e indígenas tomaron como Antiguo Testamento de Cristo, con el título, por otra parte muy significativo, deVirgen de Guadalupe (Extremadura, España).
En el lugar donde se hallaba el Sol-Guerrero amenazado de muerte vino a colocarse el Señor Jesús que muere en verdad por los hombres, sin más necesidad de sangre y sacrificios humano.
– En el hueco de la antigua Tonancin, Señora de la dualidad, Diosa del cielo, vestida de sol, con manto de estrella de la noche y la luna bajo sus pies, pudo situarse ya María, con el título antiguo y nuevo de Virgen de Guadalupe.
Esta Virgen-Madre, que vincula en una misma fe a cristianos españoles e indígenas “convertidos”, contiene muchos rasgos y motivos nuevos, vinculados al anuncio del evangelio y a la experiencia religiosa de los náhuatl, de manera que en un sentido puede hablarse de una ruptura traumática en relación con la experiencia religioso anterior de los aztecas.
Pero en otro plano es claro que los españoles ofrecieron a los indígenas también antes oprimidos del altiplano la posibilidad de recuperar elementos de sus raíces culturales: el Señor Jesús, muerto por ellos, como auténtico Sol que ya no exige sacrificios humanos, les permite reconciliarse con la Madre Tonancin, que los aztecas habían reprimido bajo su imperio militar violento.
RECUERDO ACADÉMICO. UNA TESIS DOCTORAL PENDIENTE
El año 1994 vino a inscribir, escribir y defender su tesis doctoral el Lcdo. P. Ch, que era por entonces profesor de Biblia en un importante teologado americano (omito su nombre por respeto a su tarea de formador y dirigente de Iglesia).
P. Ch. era ya un pensador y profesor experto, y tenía el trabajo doctoral bien avanzado, por lo que pudimos ajustar pronto el tema y articular su desarrollo. Se titularía El Apocalipsis y la Virgen de Guadalupe y constaría de tres partes:
La Mujer-Madre vestida de Sol (Ap 12). Partíamos del supuesto de que en el fondo de la Virgen de Guadalupe estaba la figura de la Mujer del Apocalipsis, con su trasfondo universal (pagano), su novedad israelita (bíblica) y su desarrollo posterior cristiano, tal como aparece en la mariología hispana (europea) de la Edad Media, representada de un modo especial por la Virgen Madre de Guadalupe (Extremadura), negra de color y vinculada a la victoria cristiana (hispana) contra los enemigos diabólicos, representados por los enemigos de los cristianos españoles.
La Mujer-Diosa Tonancin, figura principal de la religión y cultura náhuatl, en parte oprimida y relegada por el Dios-Sol azteca. Nos daba la impresión de que la eclosión del culto de la Virgen de Guadalupe representaba, desde el año 1531, el triunfo del sustrato materno de la Tonancin/Diosa Madre no sólo sobre el sol guerrero azteca, sino sobre un tipo de religión conquistadora hispana. Se podría hablar, incluso, con cierto humor, de una “revancha” de la Diosa, tendiendo un puente entre el símbolo de Ap 12 y la religión mexicana originaria.
Posible aplicación a la cultura, religión y vida cristiana de México, a finales del siglo XX, dentro de una perspectiva de diálogo cultural y religiosa…
Pero la tesis así concebida no pudo realizarse, por la envergadura y repercusiones eclesiales del tema y, sobre todo, por exigencias laborales de P. Ch. a quien estaban encargado importantes funciones no sólo en México, sino en la iglesia universal. Él decidió escoger otro tema bíblico-religioso más sencillo y, de acuerdo conmigo, cambió de director (le recomendé al Prof. J. Martín Velasco), y a los pocos meses defendió con gran éxito su nueva tesis en la Univ. Pontificia de Salamanca, siendo yo su censor (a finales del año 1996 o principios del 1997, tendría que mirar los archivos).
Virgen de Guadalupe, recreación “mexicana” de la Mujer de Ap 12
La tesis guadalupana de P. Ch. sigue siendo una tarea “pendiente”. No sé si, tras sus trabajos pastorales, él podría hoy culminarla. Yo conservo en alguna carpeta semi-perdida mucha documentación sobre tema: Bibliografía, comentarios del “relato” de Gudalupe, interpretaciones religioso-culturales de diverso tipo. En este contexto sólo puede recordar telegráficamente cuatro motivos:
La Virgen de Guadalupe mexicana, tal como está representada por su imagen y su culto, recoge e interpreta sólo un motivo del Ap 12 (y del conjunto del Apocalipsis). Es Madre-Sagrada, vestida de sol, con luna bajo los pies, con manto de estrellas… Pero le falta la lucha contra el Dragón, su etapa de persecución y la Bodas finales de Ap 21-22.
En vez de luchar o defenderse del Dragón, la Virgen de Guadalupe está en pie sobre el Ángel bueno, que representa la victoria de Dios contra el mal. Este ángel de la base de la imagen, que sostiene triunfante a la Virgen del Sol, luna y estrellas, con el Hijo Divino en sus entrañas, es el signo del triunfo de la mujer-madre (Madre de Jesús, Madre Tonancin) sobre todos los enemigos. Así aparece ella a solas, como signo cósmico y humano (femenino) de Dios. Lleva a Cristo en su entraña de mujer encinta; pero Cristo no se ve, la imagen es sólo de ella.
Este Madre-Virgen de Guadalupe aparece de manera estática y total y representa no sólo el “paganismo” sagrado de la Gran Madre, sino la mujer celeste de la apocalíptica judía y, sobre todo, la Madre Cristiana de Jesús… Es una de las imágenes más importantes no sólo del catolicismo moderno, sino del conjunto de la cristiandad y de la cultura universal. Es una Virgen-Madre ecuménica, con rasgos paganos, judíos, cristianos, mexicanos, una Virgen-Madre del pasado, del presente y del futuro.
Su historia no ha sido todavía plenamente escrita ni entendida. Así lo pude sentir una tarde en Nazaret, ante la imagen de Guadalupe de la Basílica superior, discutiendo acaloradamente con un judío mexicano que, creyéndose muy universal y culto, se dedicaba a criticar de forma enfermiza el signo “pagano, antijudío, antifemenino, antimoderno” de Guadalupe. Cuando terminamos la discusión, y el anti-guadalupano se fue, se me acercó otro judío, también de lengua hispana, para darme gracias por mi interpretación ecuménica de María de Nazaret, Madre de Ap 12, Tonancin de Gudalupe: “Si no aprendemos a dialogar, me dijo, destruiremos, la herencia judía, la aportación cristiana y la cultura universal representada por esta mujer».
No puedo desarrollar aquí el programa primitivo de la tesis de P. Ch., por falta de tiempo y de conocimiento, pero puedo y quiero situar la imagen y culto de la Virgen de Guadalupe en el contexto del Ap 12, dentro del capítulo fascinante de las metamorfosis de la mujer (mujeres) del conjunto del libro final de la Biblia. Éste es un tema que, a mi juicio, no ha sido desarrollado de manera suficiente todavía, por prevención de algunos (como el judío-mexicano ya citado), por desarrollo insuficiente de la historia, teología, culto y pastoral de fondo de la Iglesia católica de México… y por falta de recreación valiente de los símbolos cristianos. Y con esto vengo ya directamente al texto de Ap 12.
Mujer y Dragón en el cielo (Ap 12, 1-4).
Conforme a muchos mitos teogónico-cosmogónicos, al principio hay una Mujer, primer signo celeste y positivo de Dios (misterio de la vida), madre fecunda que lleva en su entraña al Hijo salvador.También el Dragón está al principio, pero no es poder activo sino re-activo, no es principio engendrador (no da de sí) sino destructor (devora lo engendrado); no quiere ni puede comer a la Mujer, pues si lo hiciera todo habría terminado: la tiniebla habría aniquilado a la luz y el Dragón quedaría para siempre en solitario, encerrado en su dinámica de muerte sin fin.
El Dragón aparece tras la mujer y de alguna forma deriva de ella: Su esencia es reactiva, como realidad envidiosa, que vive de y para matar al Hijo de la Mujer, por eso vigila y amenaza (“cuida” de algún modo) a la mujer para aprovecharse de su fruto. Mujer y Dragón parecen oponerse eternamente (una engendra, otro devora) y su oposición es la esencia de una historia en la que todo pasa (está pasando) sin que nada cambie, como indican las religiones cósmicas o de la naturaleza.
Comentarios desactivados en Domingo 15 de Agosto de 2021. La Asunción
1ª LECTURA
Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab
Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:
–“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.”
Salmo responsorial: 44
De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.
2ª LECTURA
1Corintios 15,20-27a
Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo
Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.
EVANGELIO
Lucas 1,39-56
El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
– “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”
María dijo:
– “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.
LA ASUNCIÓN DE MARIA
Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…
Comentarios desactivados en “Rasgos de María”: La Asunción de la Virgen María (B)
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.
La visita de María a Isabel permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús, antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.
María, que ha llegado aprisa desde Nazaret, se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos a lo largo de los siglos a partir de advocaciones y títulos alejados de los evangelios.
María, «la madre de mi Señor»
Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es antes que nada la Madre de nuestro Señor. De ahí arranca toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».
María, la creyente
Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.
María, la evangelizadora
María ofrece a todos la salvación de Dios, que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.
María, portadora de alegría
El saludo de María comunica la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate… el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.
Comentarios desactivados en Domingo 15 de Agosto. Asunción de la Virgen María: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes»
De Koinonia:
Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestalSe abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario. Salmo responsorial: 44. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir. 1Corintios 15,20-27a: Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo. Lucas 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.
La primera lectura nos enseña a mostrar las señales con que Dios invita a la esperanza. Aparece la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia (Cristo y los cristianos). La aparición del arca de la alianza de Dios (cf. Nm 10,33-36); 1Sam 4,6-7) señala el hoy de la presencia de Dios en medio de los seres humanos, ya derrotados el pecado y el mal (21,3). Las dos señales que aparecen en el cielo, la mujer y el dragón, deben ser interpretadas por la asamblea litúrgica en el espacio-tiempo. La mujer es el pueblo de Dios; es más, representa la asamblea del pueblo de Dios reunida ya, ahora y aquí, en la Eucaristía dominical. El dragón es el mal, que actúa insertándose en la historia humana, y sobre todo desde los centros de poder (las siete cabezas con siete diademas), para intentar destruir la unidad y la comunión de la asamblea dominical (arroja a la tierra parte de las estrellas). El poder de este mundo se opone al alumbramiento de la mujer (se opone a Cristo) y quiere destruir su fruto (los cristianos). El Cristo elevado y sentado en el Trono de Dios señala la derrota de Satanás. La Iglesia en el desierto, huye del mal y es sostenida por Dios, como Jesús. La glorificación de Cristo, una vez para siempre, es la garantía que nunca jamás nada impedirá que El sea dado a luz por la asamblea eucarística dominical en el hoy, en el espacio-tiempo, hasta su venida en la plenitud de la gloria. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por él y en él.
La segunda lectura nos presenta la afirmación central sobre la resurrección de Cristo y de los muertos: Cristo no es un cadáver que revive, sino que es le Resucitado (el vencedor de la muerte) que causa la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte (la vencedora de la vida) en su propio terreno, la ha destituido (le ha arrebatado todo su poder sobre la vida), a fin de liberar a todos los que estaban bajo su poder. Cristo resucitado garantiza la resurrección de todos los muertos. Conviene notar el paralelismo alternado: por un ser humano, la muerte; por otro ser humano, la resurrección de los muertos; en Adán, todos murieron; en Cristo, todos vivirán. En definitiva, Pablo afirma que el don de la vida se da en la resurrección de Cristo. María, al frente de los que son de Cristo (15,23), goza de la vida de la gloria del Reino y ya celebra la destitución del único y último enemigo: la muerte.
La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.
Hoy celebramos la «asunción gloriosa» de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No fue ascensión real, física, la «ascensión» de Jesús; mucho menos será asunción física la asunción de María. Esa «asunción gloriosa» es una manera de hablar, que quiere decir algo, algo importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos– ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material.
Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.
Comentarios desactivados en En torno a la Asunción (I): Las cuatro mujeres del Apocalipsis
Del blog de Xabier Pikaza:
Un interesante trabajo que iremos publicando en los próximos días…
«El próximo domingo (Hoy, 15.8) celebramos la fiesta de la Asunción de María, Madre de Jesús. En años anteriores he ofrecido en este blog algunas reflexiones generales sobre el tema. Este año he querido situar su figura en el contexto de las mujeres del Apocalipsis, un tema fascinante de simbología, teología y espiritualidad cristiana»
«En ese contexto quiero ofrecer una comentario de la Mujer celeste, vestida de sol, que aparece en Ap 12, 1-6. Ella ha sido fuente de inspiración no sólo para la simbología de la Asunción, sino para el despliegue y desarrollo de algunas advocaciones marianas (como la Virgen de Guadalupe de México). Así lo haré a lo largo de seis días, presentando esa figura de la Mujer Celeste en el contexto general de las mujeres del Apocalipsis«
«Éste es un trabajo exegético y teológico algo largo, pero es importante para situar no sólo la figura y culto de María, Madre de Jesús, sino para conocer la función de la mujer en el despliegue de la Biblia y en el pensamiento de la Iglesia. La Mujer‒Madre celeste quedó integrada simbólicamente en la divinidad, al lado de Dios Padre, completando así un tipo de arquetipo divino y su manifestación en la historia humana[1]»
«Esta madre celeste y terrestre, vencedora, vencida y luego elevada nuevamente a la “divinidad” forma parte de la transmutación de lo femenino en la historia de occidente”. Por un lado, es una mujer, por otro lados son tres (o cuatro) mujeres que han marcado y siguen marcando el imaginario femenino de la apocalíptica judía y cristiana del I d.C., tal como culmina en el Apocalipsis de Juan, en su lucha contra los poderes satánicos de muerte que amenazan con destruir la historia humana
| X Pikaza
Esquema general
Mi trabajo sobre la mujer (mujeres) del Apocalipsis consta de seis partes, que iré presentando en los seis días que siguen.
1 Tres o cuatro mujeres
Metamorfosis. Cuatro mujeres
Una misma mujer: Madre, perseguida, novia
2. Primera mujer. Madre cósmica y Dragón (Ap 12, 1-5
Introducción. Mujer y Dragón en el cielo (Ap 12, 1-4
Comienzo del drama. Dio a luz un Hijo Varón… (Ap 12, 5)
3. Segunda mujer. La compañera de las bestias (Ap 12, 6-13, 18)
Mujer fugitiva. Dragón expulsado del cielo (Ap 12, 6-12).
Mujer perseguida (12, 13-17).Se le dieron alas de águila
Mujer amenazada. El Dragón y las Bestias (12, 18-13, 18)
4.Tercera mujer. Prostituta universal, economía perversa (Ap 17-18)
Jezabel. “Prostituta” discutida de Tiatira
Desarrollo temático. La prostituta Roma (Ap 17, 1-6)
Culminación. Asesinato y robo (Ap 18, 1-19,8)
Conclusión. Asesina asesinada, muerte de la Prostituta
5.Cuarta mujer. Ciudad-novia, bodas del Cordero (Ap 21-22)
Arquetipo femenino de Dios. La novia del Cordero
Un tema abierto. El arquetipo bíblico de Dios y la mujer del Apocalipsis
6-Conclusión hermenéutica. Mito, apocalíptica e identidad antropológica
Comienzo. Mujer celeste, tiempo originario
Desarrollo. Madre Israel, Antiguo Testamento
Experiencia cristiana. El mito se hace historia
INTRODUCCIÓN. LAS CUATRO MUJERES DEL APOCALIPSIS
En un comentario del Apocalipsis he desarrollado algunos rasgos (símbolos) de la Mujer (cuatro mujeres) del libro, partiendo de Ap 12, 1‒6. En ese fondo se ha vuelto necesario un nuevo estudio simbólico y literario, histórico y social de esos motivos, partiendo de una visión dramática de conjunto que destaque la vinculación (diferencia y unidad) de las escenas y figuras del Apocalipsis, en una línea simbólica y existencial, abierta a la esperanza de futuro de la Biblia en su conjunto[2].
En esa línea, podemos afirmar que Ap 12, 1‒6 constituye el centro dramático del libro del Apocalipsis (y en algún sentido la culminación de toda la Biblia), de manera que sus temas y figuras (Mujer, Dragón, Hijo) sólo pueden entenderse desde el conjunto del texto que desemboca en el descenso y bodas de la Novia y el Cordero (Ap 21-22). Por eso quiero elaborar una exégesis simbólica y social del texto, desde una perspectiva de identidad cristiana, teniendo en cuenta el conjunto de la Biblia cristiana, que culmina de algún modo en esta escena. Este arquetipo de la Mujer, que es al mismo tiempo Gran Madre, Iglesia o comunidad perseguida y Novia del Cordero constituye uno de los centros simbólicos de la Biblia[3].
METAMORFOSIS. TRES O CUATRO MUJERES
Ap 12, 1‒6 nos sitúa en el punto de partida de una historia dramática que es, al mismo tiempo, la historia de Dios (humanidad) y la de cada uno de los hombres, en los que se individualiza y encarna su figura, en línea universal, judía y cristiana[4]. En esa línea, reinterpretando lo anterior, he querido situar a la Mujer en el contexto de la historia social (comunicativa) de la humanidad.
No es una mujer-‒ya‒fijada, sino una mujer-haciéndose (in fieri), en un proceso dramático, definido por el nacimiento pascual de Jesús (Ap 12) y por su victoria final como Hijo Cordero (Ap 19-20), conforme a los cuatro momentos ya indicados, que ahora retomo en línea más dramática:
Madre celeste, conflicto social primigenio (Ap 12, 1-5). La Madre es el punto de partida de la historia. Humanamente hablando no podemos avanzar (más allá sólo queda Dios, el gran silencio bíblico). Ella es la generación originaria, fuerza engendradora de vida, cielo original en forma de mujer, paraíso del principio del que provenimos. Este aspecto materno de la vida (amenazado por el Dragón) sigue definiendo la vida de los hombres. Para que exista humanidad tiene que haber unaMadre primera.
Pero la Madre no está sola: a su lado, como fuerza que parece posterior (no se dice de donde proviene, lo mismo que en Gen 3), pero que es determinante, se eleva el Dragón o Serpiente. Este conflicto de Madre‒Engendradora y Dragón‒Homicida no es sólo un mito cosmogónico o existencial, sino que retoma el recuerdo genético de la lucha primigenia, siempre repetida que define el sentido de la humanidad. Muchos han pensado que el principio de todo ha sido y sigue siendo la guerra (Heráclito), es decir, la envidia mimética, la lucha sin fin de los contrarios.
Pues bien, en contra de los análisis posteriores de Hegel y Marx, de Freud o de R. Girard, nuestro pasaje sabe que la “madre” de todas la guerras no fue un conflicto de “conciencias” masculinas (Hegel), ni una oposición entre clases sociales por dinero (Marx), ni un tipo de “edipo” o guerra de los hijos contra el padre (Freud), ni la rebelión mimética de uno en contra del modelo de vida que señalan y, al mismo tiempo les impiden gozar sus “modelos” (o antecesores). Ap 12, 1‒6 sabe y dice que la primera de todas las guerras de los hombre es la guerra en contra de la “madre”, eso es en contra de aquel/aquella que les ha dado la vida. Antes de todas las reflexiones, importantes pero derivadas de Hegel‒Marz y de Freud‒Girard, en un contexto bíblico, Ap 12, 1‒6 ha sabido describir el primero de todos los conflictos de la historia, como oposición entre la mujer‒madre (don de la vida) y demonio‒dragón, que vive devorando (matando) vida ajena. Ésta es como he dicho “la madre de todas las guerras”[5].
Madre en la tierra, mujer perseguida (Ap 12, 6-18). La figura anterior (Madre celeste) era un símbolo o proyección social del origen y riego de la vida: releyendo la meta-relato bíblica del origen de la humanidad (Gen 2-3), el autor del Apocalipsis había destacado el signo primigenio de la Madre que da a luz sobre los cielos. Pues bien, pasando ya al plano de la humanidad concreta, él la presenta en la historia, como mujerfugitiva y perseguida, en el espacio y tiempo de conflictividad del mundo. Ha dado a luz al Hijo vencedor y continúa oponiendo al Dragón, que la persigue; por eso debe escaparse y vivir en el desierto, como saben las tradiciones del Éxodo judío, reinterpretadas por nuestro pasaje (cf. Ap 12, 6).
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