La luz de Cristo es un gozo, no una carga angustiosa
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
01.- Nicodemo un hombre de la noche.
El pasaje del evangelio que hemos escuchado hoy forma parte del diálogo entre Jesús y Nicodemo, (Juan 3).
Nicodemo era un fariseo importante en Jerusalén: de la élite religioso cultural. Pero Nicodemo está de noche, que no significa solamente la noche horaria, sino que está en las tinieblas. Sin embargo Nicodemo busca la luz que no halla en su mundo judío. Por eso se acerca a Jesús.
El evangelio de San Juan emplea algunas contraposiciones: verdad – mentira, vida – muerte, luz – tinieblas (noche).
La noche es una de esas contraposiciones y significa la carencia de luz, la ausencia de verdad, falta de la Palabra, Cristo no está presente y, cuando Cristo no está presente, estamos de noche.
Nicodemo, como los Magos o como el ciego de nacimiento: buscan la luz en la noche de la vida, en su noche personal, social y religiosa, en la noche de la vida.
Es una postura honesta: amar y buscar la luz, la verdad.
Seguramente que también nosotros estamos faltos de luz, quizás porque la luz se hizo presente y no la recibimos, quizás porque hemos apagado la luz en nuestras vidas y preferimos las tinieblas a la luz.
Al menos ¿nos queda nostalgia de la luz?
02.- El siglo XVIII es el siglo de las luces.
En Europa (quizás en todo el mundo occidental) el siglo XVIII es denominado el “siglo de las luces”, es la época de la Ilustración.
En la modernidad ilustrada la razón sustituye a la fe, las ciencias remplazan a la teología, la autoridad político-científica se superpone a la Biblia, al Magisterio creyente, la esperanza queda dinamitada por la confianza en el progreso, en la tecnología.
Podemos observar que –ciertamente- con la modernidad tenemos más cosas, más medios para vivir. Solemos decir que hoy vivimos mejor que antes. Yo no sé si vivimos mejor que antes. No creo. Tenemos más medios técnicos que nuestros mayores; basta mirar la cocina de nuestra casa, los medios y cosas que tenemos, pero lo que no sé es si vivimos, si nos encontramos más serenos y centrados en la vida.
Las bajas por salud mental en Euskadi se duplican en seis años y rozan las 43.500.
Del año 2019 a hoy las enfermedades mentales han aumentado en un 51%
Diario Vasco el 4. Marzo. 2024
03.- La razón y las ciencias no responden a las grandes cuestiones de la vida.
La razón, las ciencias, el progreso, la tecnología no son capaces de responder a las grandes cuestiones de la vida. Sobre todo no arrojan mucha luz a las cuestiones ético-morales, y callan ante las cuestiones del sentido de la vida y de la muerte.
Decía un matemático-filósofo austriaco del siglo XX (L. Wittgenstein, 1889-1951) que: “las cuestiones que no podemos responder no son ni verdaderas ni falsas, sino carentes de sentido”; por lo tanto esas cuestiones mejor no planteárselas.
¿La vida tiene sentido? No lo sabemos, pues entonces déjala de lado. ¿Hay algo después de esta vida? No lo sabemos, pues entonces ni te lo plantees.
Sin embargo, él mismo (Wittgenstein) se dio cuenta de que tales problemas de fondo siguen haciendo carrera en la vida del ser humano. Siempre aflora el problema del sentido de la vida, la cuestión acerca de qué nos cabe esperar, el problema de la muerte…
Quizás hoy en día estas cuestiones se plantean en la consulta de la psiquiatría, pero salen a la luz.
La sociedad ilustrada ha prescindido de estas cuestiones. No se permite que los grandes problemas salgan a flote ni en la educación escolar y universitaria, ni en medios de comunicación, ni en los parlamentos, etc… Ni te plantees esas cosas.
Ahora bien: dos cuestiones:
- El hambre y la sed no son enfermedades, son necesidades humanas.
Por mucho que la sociedad me diga que no me plantee el sentido de la vida, yo tengo hambre y sed de sentido de la vida, de esperanza.
- Por otra parte, ¿Vivimos mejor prescindiendo y al margen de todo pensamiento? ¿Se es más moderno, más progresista y más feliz sin Dios y sin fe?
Nietzsche (1844-1900), padre del ateísmo y del nihilismo más radical “nos condenó a vivir errantes, sin horizonte y sin nada: Estamos condenados a una espesa noche, errantes por la existencia…
Posiblemente hoy en día social y culturalmente estamos en esa noche espesa.
¿A qué se debe, si no, el enorme aumento de enfermedades mentales, depresiones y suicidios? ¿A qué se debe ese descentramiento ético y social?
04.- En el ámbito cristiano.
Por otra parte en el seno de las Iglesias cristianas: católico, luterana, anglicana, etc. vivimos una profunda deserción. Las Iglesias se han vaciado; el clero escasea y el número de seminaristas ha descendido enormemente. La Iglesia apenas tiene relevancia ni significación en la sociedad, en la cultura, en la educación, etc.
No sé hasta qué punto los planes de pastoral, las posiciones ideológicas religiosas son la luz que pueda iluminar las tinieblas que nos embargan.
Pensar que las iglesias se van a llenar y que los seminarios y conventos se van a ver repletos de seminaristas y novicios me parece que es muy poco real y una fantasía ilusoria.
05.- ¿La red barredera?
En los evangelios aparece aquella imagen de la Iglesia como una barca que pesca una gran cantidad peces, de cristianos con red, incluso la barca casi se hundía.
Hoy no va a ocurrir eso, al menos entre nosotros.
Ni la evangelización, ni la fe van a ser masivas, sino muy personales. Habremos de trabajar estas cosas no en régimen de cristiandad.
Guipúzcoa tiene 730.000 habitantes. ¿Todos los guipuzcoanos somos cristianos o creyentes? No. Eso es pensar en régimen de cristiandad, que si lo fue, hace tiempo que ya no cierto.
No nos hagamos, ni creemos falsos espejismos de que en tres o cuatro años nuestra diócesis va a ser una Iglesia de Pentecostés.
El cristianismo en los países europeos en las próximas décadas será, probablemente, una iglesia de minorías y probablemente será, como anunciaba K Rahner allá por los años 60’ del siglo pasado, el creyente del futuro será místico o no será.
06.- La fe es una dicha
Tal estado de cosas no debe hacernos perder la paz, ni crear un desasosiego pensando nostálgicamente que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Vivamos gozosamente en la luz de la fe. Vivamos con calma y serenidad en la luz de Cristo en nuestro interior.
La luz de Cristo acontece en nuestro interior, en el fondo de nuestro ser. Ilumina nuestra vida y es algo gozoso.
Esa luz es misericordia. La luz de Cristo nos hace bien en la noche que estamos viviendo.
La lecturas de hoy y toda la Palabra son un canto a la vida y a la salvación por la misericordia de Dios: que tengan vida, que ninguno perezca, que todos se salven…
Todo el evangelio de san Juan es una invitación y una siembra de la vida: en el principio había vida, Yo soy el pan de vida, el agua de vida, Yo soy el camino la verdad y la vida, el grano de trigo ha de caer en tierra para dar vida…
Si la fe os resulta una carga insoportable y de angustia, es que no es el Evangelio del Señor. Si el sistema eclesiástico os da miedo y cansera, es que no es la luz de Cristo.
No sufráis la fe, disfrutad de ella, de la luz de Cristo. Disfrutad de la luz, de la vida.
De su blog La Iglesia se hace diálogo:

Nex Benedict
Allison Connelly-Vetter
En el último día, cuando Jesús ya esté entronizado y la humanidad entera sea llamada a juicio (Mt 25, 31-46), a las ovejas situadas a su derecha les dirá “venid, benditos de mi padre”, mientras que condenará al fuego eterno a las cabras, “malditas”, situadas a su izquierda. Precisemos que se trata de un juicio solo catequético, exhortativo, de invitación a hacer el bien, pues no hay diferencia entitativa alguna en el soporte metafórico entre obedientes ovejas y díscolas cabras al ser todas ellas, también, “benditas” criaturas de Dios. Acto seguido, Jesús se identifica con los hambrientos y los enfermos para realzar cuanto hacemos en favor de nuestros semejantes. Así, pues, hay una bendición divina universal y perenne, esencial para el hombre y constitutiva de un Dios cuya entidad es precisamente gracia. Ello quiere decir que es metafísicamente imposible que exista una “maldición divina”, pues sería pura “contradictio in terminis”, es decir, que, si juntamos los términos Dios y maldición, estalla una tormenta apocalíptica de truenos y rayos. Expresada la misma idea en términos negativos, diríamos que la única maldición divina concebible sería “la nada· en el caso de que siquiera pudiéramos imaginarla.
A nadie extraña que la Iglesia católica se vuelque toda ella en la “benedictio urbi et orbi”, la bendición que el papa lanza a los cuatro vientos en determinados momentos ceremoniosos. Teológicamente, también podemos asegurar que la Iglesia católica (en realidad, todo el cristianismo) es igualmente en sí misma una bendición divina universal que Dios regala a la humanidad. Ello quiere decir quela bendición es constitutiva de esa Iglesia de tal manera que, si alguna vez ella cayera en la tentación de excluir o maldecir a alguien, perdería su razón de ser. De ahí que quepa preguntarse si tendría algún sentido que el sacerdote, al impartir la bendición del Dios todopoderoso y trino al final de la misa, excluyera a los asistentes que estuvieran en “situación irregular”.
En este contexto, asomándonos a cuestiones que en estos momentos traen a mal traer a muchos cristianos, algunos de los cuales se las dan de conspicuos teólogos, hasta el punto de rasgarse las vestiduras porque el buen papa Francisco ha dicho que la iglesia (sus prelados) debe bendecir también a las parejas que la pidan aunque vivan en una supuesta irregularidad, a uno no le cabe más actitud que la de hacerse de cruces de que haya dirigentes capaces de encorsetar tanto la religión, cosa que hacen seguramente para poder manejarla a conveniencia. La Iglesia puede hacer frente a todo lo malo de este mundo de mil maneras, sobre todo mostrándose en todo tiempo y lugar como “hacedora del bien”, pero, salvo que quiera suicidarse, jamás podrá negar su bendición a nadie en ninguna circunstancia.
Cogiendo el toro por los cuernos, aunque el divorciado que se ha vuelto a casar y el homosexual que vive en pareja de forma privada o pública se encuentren en una situación irregular porque la Iglesia oficial (la del dogma, la del derecho canónico y la de la jerarquía) no ha sido capaz de digerir todavía y, mucho menos, de asimilar las imbricaciones de la sexualidad humana, no pueden ser privados, cuando la pidan, ni de la bendición que es de suyo la Iglesia misma ni de la que esta prodiga. Subrayemos, de paso, que la Iglesia estará en condiciones de encaminar por las sendas evangélicas a todos los hombres solo cuando haya superado los enquistados complejos que sufre con relación a la comprensión de lo que realmente es la sexualidad humana y tras hincarle el diente al divorcio y la homosexualidad como supuestas irregularidades.
Recordemos, en cuanto al divorcio, que son muchos los dirigentes eclesiales y los teólogos que, esquivando la cuestión, repiten hasta la saciedad que “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, obviando, por ejemplo, que el auténtico nexo del matrimonio cristiano es el amor y que, cuando este desaparece, no hay vínculo que permanezca. Aunque el mismo papa case a una pareja en un ceremonial pomposo, si la conveniencia remplaza el amor, que es el único capaz de prometer fidelidad mientras dure la vida, entre los contrayentes no se establece ningún vínculo consistente. En cuanto a la homosexualidad, sin obviar en absoluto que también la reproducción es función primaria de la sexualidad, andaremos perdidos y nos escandalizaremos si no somos capaces de entender, por un lado, que la sexualidad es una potencialidad que nos acompaña de la cuna a la sepultura, y, por otro, que su ejercicio, sea por desajustes o por caprichos de la naturaleza, no siempre se atiene a los cánones considerados naturales o normales.
Centrándonos en el meollo de esta reflexión y dada la confusión creada sobre la declaración papal de que deben ser bendecidas las parejas “irregulares” que se acerquen a la Iglesia en su demanda, se nos impone con diáfana evidencia que el auténtico escándalo en esta dimensión lo producen los “patronos de la religión” que se rasgan las vestiduras y se niegan a bendecirlas por una supuesta irregularidad degradante. En esos casos, lejos de salir indemne y mucho menos fortalecida, la religión se prostituye e incluso dinamita sus propias estructuras evangélicas y teológicas. Dicho sin ambages y descarnadamente: la religión, tan amante del lujo y la elegancia en su ceremonial, tiene mucho que ver de hecho con la “mierda humana”. De forma menos grosera y con cierta pulcritud teológica, diríamos que tiene mucho que ver con el “pecado”. ¿Acaso hemos olvidado la grave acusación que algunos hacían a Jesús porque hablaba con prostitutas y comía con pecadores? De hecho, la Iglesia es gracia que se inserta en la miseria, luz que penetra la oscuridad, vida que desnaturaliza la muerte. Sin ningún ánimo de identificar las supuestas “parejas irregulares” con la miseria, la oscuridad y la muerte, pues haciéndolo cometeríamos una grave injusticia, digamos que esas situaciones humanas, como cualesquiera otras, también necesitan ser redimidas y bendecidas.
Si hay dirigentes a los que les repugnan dichas bendiciones, también a mí me repugna, por ejemplo, no solo el ostracismo y el espíritu carcelario con que ellos acogotan la fe cristiana, sino también su condición de líderes eclesiales, ciegos irredentos que se empecinan en guiar a sus hermanos. Pero, por muy trogloditas que me parezcan, no los repudio y no solo los trato como mis hermanos, sino también los considero como tales, pues también ellos llevan, inserta en su ser, la bendición divina que a mí me hace sentirme afortunado. ¡Con lo hermosa, esperanzadora y alegre que es la fe cristiana, fundada en un Jesús que solo hizo el bien y nunca echó a nadie de su campo de juego! Los seguidores de este blog adivinarán fácilmente que, con las reflexiones que preceden, he querido “dar mi propia bendición” al papa Francisco, animándolo, si fuera necesario, a culminar la paciente tarea de dulcificar y embellecer la Iglesia que se ha echado a la espalda.
Todos los evangelios se hacen eco de un gesto audaz y provocativo de Jesús dentro del recinto del Templo de Jerusalén. Probablemente no fue muy espectacular. Atropelló a un grupo de vendedores de palomas, volcó las mesas de algunos cambistas y trató de interrumpir la actividad durante algunos momentos. No pudo hacer mucho más.
Leído en Koinonia:
Del blog de Xabier Pikaza:
Interpreta la “cueva de bandidos” (lenguaje profético de Marcos), en forma de centro comercial, oikos emporiou, un gran centro comercial. De esa forma ha pasado del lenguaje de reyes/bandidos militares y de templos ligados a esos reyes al lenguaje “comercial” de fenicios y griegos que, en vez de robar haciendo guerras de conquista con soldados, crearon “emporios” o colonias comerciales, a lo largo y a lo ancho del Mediterráneo y del mundo occidental, enriqueciéndose a costa de los pobres. Todavía actualmente, una antigua ciudad comercial de los griegos, ubicada en Cataluña/España se llama, se llama Ampurias” o el emporio.
Según Juan, los sacerdotes han convertido la Casa de su Padre en centro de negocios (oikos emporiou, casa de comerciantes). De esa forma pasa del modelo del imperio-ladrón de oriente (Babilonia) a la terminología de un comercio colonial, conforme al esquema de los fenicios y griegos que habían creado “colonias” a lo ancho del Mar Mediterráneo para “cambiar mercancías con ventaja”, para así enriquecerse, sin necesidad de mantener grandes tropas imperiales, que eran caras.
Del blog 
DOMINGO 3 º DE CUARESMA (B)
Al recibir las tablas de la Ley y sellar la Alianza con Yahvé, el pueblo, que peregrinaba hacia la Tierra Prometida, consideraba que el arca que albergaba las piedras contenía la “presencia del mismo Dios”.
Domingo III de Cuaresma
Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
El teísmo ha concebido a Dios con una idea antropomórfica, como un superhumano, con las mejores cualidades humanas y con poderes extraordinarios. La crítica posteísta caricaturiza a ese Dios teísta como un ser fuera del universo que habita “en el piso de arriba” (en el cielo). El teísmo habría exagerado la trascendencia de lo divino, marginando su inmanencia.
María, la madre de Dios, es una “
Emma Cieslik
“’Pienso en el poderoso potencial de una
Nick Fagnant
Cada vez tenemos menos tiempo para escuchar. No sabemos acercarnos con calma y sin prejuicios al corazón del otro. No acertamos a acoger el mensaje que todo ser humano nos puede comunicar. Encerrados en nuestros propios problemas, pasamos junto a las personas, sin apenas detenernos a escuchar realmente a nadie. Se nos está olvidando el arte de escuchar.
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