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Recuérdame

lunes, 21 de noviembre de 2022
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barth-buen-ladronPara la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, Bondings 2.0 ofrece una actividad de reflexión bíblica para las personas y aliados LGBTQ. La serie es parte de nuestra creciente biblioteca de ejercicios de reflexión bíblica catalogados en nuestra serie Journeys. Estos recursos son adecuados para la reflexión individual, para la discusión con un amigo o consejero espiritual, o para la reflexión comunitaria en una parroquia, escuela u otra comunidad de fe. Oramos para que estos recursos ayuden a su viaje personal con Dios.

Las lecturas litúrgicas de hoy se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Si desea compartir algunas de sus reflexiones con otros lectores de Bondings 2.0, no dude en publicar las respuestas que tenga en la sección «Comentarios» de esta publicación. 

Recordar a alguien o algo generalmente significa recordar a una persona o un evento y recordar lo que fue olvidado. Sin embargo, en las Escrituras, cuando Dios «recuerda«, no es necesariamente recordar algo, sino para que Dios se concentre en una persona de tal manera que resulte una acción salvadora. Recordar, para Dios, es actuar por el bien de las personas.

En Génesis 8, “Dios recordó a Noé, y todos los seres vivos, y todos los animales que estaban en el arca. Y Dios hizo que un viento pasara sobre la tierra, y las aguas disminuyeron «. En el Libro del Exodo, Dios escuchó el gemido de los israelitas y recordó el pacto de Dios con Abraham, Isaac y Jacob. Dios le dijo a Moisés: “Ve. Te envío a Faraón para sacar a mi gente de Egipto ” (Éxodo 2:24 – 3:10).

Cuando Dios recuerda, ejemplifica la fidelidad de Dios y la preocupación incesante por toda la creación. En Génesis 30, Dios recordó la esterilidad de Rachel y «abrió su útero«.

Alternativamente, algo que Dios no recuerda es el pecado (Isaías 43:25; Mateo 26:28; Apocalipsis 1: 5). En el Evangelio, el arrepentido ladrón se atreve a apelar a Dios en la cruz y dice: «Jesús, recuerda a mí, cuando entras en tu reino».

Y en ese mismo momento que Dios actúa.


Lucas 23: 35-43

Los gobernantes se burlaron de Jesús y le dijeron: «Salvó a otros, que se salva si es el elegido, el Cristo de Dios».

Incluso los soldados se burlaron de él. Cuando se acercaron para ofrecerle vino, gritaron: «Si eres el rey de los judíos, sálvate«. Por encima de Jesús había una inscripción que decía: «Este es el rey de los judíos».

Ahora uno de los ladrones que cuelgan allí se mofó de Jesús, diciendo: “¿No eres el Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros «.

Pero el otro respondió al primero con una reprimenda: “¿No tienes miedo a Dios, porque estás sujeto a la misma condena? Y de hecho, hemos sido condenados con justicia, porque la oración que recibimos corresponde a nuestros crímenes, ¡pero este no ha hecho nada malo! ” Luego dijo: «Jesús, recuérdame cuando entras en tu reino».

Jesús respondió: «Amén, te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso».


Para reflexionar

1.- Como seres humanos, retratamos las características de ambos ladrones. A veces nos dirigimos a Dios en humildad y sinceridad, mientras que en otras ocasiones, a través del orgullo, la ira o algún otro pecado, nos alejamos de Dios. Como persona o aliado LGBTQ, ¿a qué ladrón te pareces en este punto de tu vida de fe? ¿Qué, en los últimos días, semanas o meses, te ha acercado o te ha distanciado de Cristo?

2.- Efesios 2: 8-9 dice: “Porque es por gracia que te hayan salvado, a través de la fe, e incluso esto no es de ustedes mismos, sino el don de Dios. Tampoco es una recompensa por cualquier cosa que haya hecho, por lo que nadie puede presumir «. Al examinar tu vida como una persona LGBTQ o aliada, ¿cómo serás más recordado: por  tus obras o por tu fe?

3.- Además del ladrón impenitente, están los gobernantes y soldados que se burlan de Jesús. Como persona LGBTQ o aliada «elegida» por Dios, ¿quién te burla por lo que eres? ¿Cómo respondes?

4.- ¿Es la promesa de «paraíso» un consuelo para ti mientras «te quedas en la cruz» con Dios?

5.- En Génesis 40, cuando José es encarcelado, interpreta el sueño del copero de Faraón. Joseph le suplica al hombre, diciendo: “Cuando todo va bien contigo, recuerda y muéstrame tu amabilidad; Mencioname al faraón y sácame de esta prisión ”(versículo 14). ¿Qué te «encadenan» en este momento? ¿Cómo quieres que Cristo «te recuerde» o actúa en tu nombre?


ORACIÓN

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Salmo 106: 1- 5, 47- 48

¡Aleluya!

Da gracias por la bondad de Dios;
¡El amor de Dios perdura para siempre!

¿Quién puede proclamar los poderosos hechos de Dios?
o mostrar suficientes alabanzas?
Felices son los que actúan con justicia,
¡Quién hace lo correcto siempre!

Recuérdame, Dios,
Cuando muestras favor a tu pueblo.
Ayúdame cuando los liberes
para que pueda disfrutar de la prosperidad de los elegidos,
Comparta la alegría de tu nación y unirme con tu propio pueblo.       En la alabanza.

Sálvanos Dios nuestro y recógenos de  entre las naciones,
¡Que podamos dar gracias a tu santo nombre y gloria en tu alabanza!

¡Bendito sea Dios, el Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad!

Y que todo el pueblo diga: «¡Amén, Aleluya!»


MEDITACIÓN

Los dos últimos versos de la lectura del evangelio contienen una de las oraciones y promesas más sorprendentes de todas las Escrituras. La oscuridad está a punto de consumir toda la tierra, pero un ladrón moribundo cree y grita por perdón y salvación.

Medita en la simple oración de fe del ladrón en este canto por la comunidad Taizé.

Dwayne Fernandes, New Ways Ministry, November 20, 2022

Fuente New Ways Ministry

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“Mártir fiel”. Solemnidad de Cristo Rey – C (Lucas 23,35-43)

domingo, 20 de noviembre de 2022
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55_34_TO-C_1639743Los cristianos hemos atribuido al Crucificado diversos nombres: «redentor», «salvador», «rey», «liberador». Podemos acercarnos a él agradecidos: él nos ha rescatado de la perdición. Podemos contemplarlo conmovidos: nadie nos ha amado así. Podemos abrazarnos a él para encontrar fuerzas en medio de nuestros sufrimientos y penas.

Entre los primeros cristianos se le llamaba también «mártir», es decir «testigo». Un escrito llamado Apocalipsis, redactado hacia el año 95, ve en el Crucificado al «mártir fiel», «testigo fiel». Desde la cruz, Jesús se nos presenta como testigo fiel del amor de Dios y también de una existencia identificada con los últimos. No hemos de olvidarlo.

Se identificó tanto con las víctimas inocentes que terminó como ellas. Su palabra molestaba. Había ido demasiado lejos al hablar de Dios y su justicia. Ni el Imperio ni el templo lo podían consentir. Había que eliminarlo. Tal vez, antes de que Pablo comenzara a elaborar su teología de la cruz, entre los pobres de Galilea se vivía esta convicción: «Ha muerto por nosotros», «por defendernos hasta el final», «por atreverse a hablar de Dios como defensor de los últimos».

Al mirar al Crucificado deberíamos recordar instintivamente el dolor y la humillación de tantas víctimas desconocidas que, a lo largo de la historia, han sufrido, sufren y sufrirán olvidadas por casi todos. Sería una burla besar al Crucificado, invocarlo o adorarlo mientras vivimos indiferentes a todo sufrimiento que no sea el nuestro.

El crucifijo está desapareciendo de nuestros hogares e instituciones, pero los crucificados siguen ahí. Los podemos ver todos los días en cualquier telediario. Hemos de aprender a venerar al Crucificado no en un pequeño crucifijo, sino en las víctimas inocentes del hambre y de las guerras, en las mujeres asesinadas por sus parejas, en los que se ahogan al hundirse sus pateras.

Confesar al Crucificado no es solo hacer grandes profesiones de fe. La mejor manera de aceptarlo como Señor y Redentor es imitarle viviendo identificados con quienes sufren injustamente.

José Antonio Pagola

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“Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Domingo 20 de noviembre de 2022. Jesucristo rey del Universo. 34ª semana de tiempo ordinario

domingo, 20 de noviembre de 2022
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59-ordinarioc34-cerezoLeído en Koinonia:

2 Samuel 5, 1-3: Ungieron a David como rey de Israel.
Salmo responsorial: 121, 1-2. 4-5: Vamos alegres a la casa del Señor.
Colosenses 1, 12-20: Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido.
Lucas 23, 35-43: Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino

La fiesta de Cristo Rey fue establecida por la Iglesia en la época del ocaso de las monarquías con objeto de apoyar a las monarquías y aristocracias, interesadas por la pervivencia del Ancien Régime, y para oponerse a los nacientes regímenes republicanos, que representaban los intereses del pueblo, de los pobres, del liberalismo y de la naciente democracia. Sus orígenes son pues muy discutibles. Sin embargo, en todo caso, los textos de la liturgia de esta fiesta muestran la manera peculiar en que Cristo sería “Rey”.

Conviene recordar en qué consistían las esperanzas mesiánicas del pueblo judío en el tiempo de Jesús: unos esperaban a un nuevo rey, al estilo de David, tal como se lo presenta en la primera lectura de hoy. Otros, un caudillo militar que fuera capaz de derrotar el poderío romano; otros como un nuevo Sumo Sacerdote, que purificaría el Templo. En los tres casos, se esperaba un Mesías triunfante, poderoso.

El salmo que leemos hoy, también proclama el modelo davídico de “rey”. Jerusalén, la “ciudad santa” es la ciudad del poder. Eso explica por qué, cuando Jesús anuncia la Pasión a sus seguidores, no logran entender por qué tiene que ir a la muerte.

– El evangelio de hoy nos presenta cómo reina Jesús el Cristo: no desde un trono imperial, sino desde la cruz de los rebeldes. La rebelión de Jesús es la más radical de todas: pretende no sólo eliminar un tipo de poder (el romano, o el sacerdotal) para sustituirlo por otro, que con un nombre distinto estaría basado en la misma lógica de dominación y violencia (que era lo que correspondía a las expectativas judías).

Podríamos decir que Jesús es el anti-modelo de rey de los sistemas opresores: no quiere dominar a las demás personas, sino promover, convocar, suscitar, el poder de cada ser humano, de modo que cada una y cada uno de nosotros asumamos responsablemente el peso y el gozo de nuestra libertad.

Uno de los grandes sicólogos del siglo XX, Erich Fromm, plantea, en su libro El miedo a la libertad, que ante la angustia que produce en el ser humano la conciencia de estar separados del resto de la creación, adoptamos dos actitudes igualmente patológicas: dominar a otros, y buscar de quién depender entregándole nuestra libertad. En ambos casos, las personas tratamos de, a través de estos mecanismos, disolver esa barrera que nos separa de las otras personas y del resto del universo. El pecado fundamental del ser humano es, según esto, un pecado de poder mal administrado, mal asumido. Y éste es el origen de todos los demás pecados: la avaricia, que conduce a un orden económico injusto; la soberbia, que nos impide ver con claridad nuestros errores y pecados; la mentira, que nos lleva a manipular o a dejarnos manipular; la lujuria, el sexo utilizado como instrumento de poder para “poseer”, oprimir; el miedo, que nos impide levantarnos y caminar sobre nuestros propios pies.

Enmarañados en estas trampas del poder a que nos conduce nuestro “miedo a la libertad”, cuando un régimen opresor de cualquier signo que sea se nos hace insoportable, buscamos como derrocarlo… para sustituirlo por otro que sin embargo funciona sobre la misma lógica. Esa es la lógica que Jesús desarticula de manera total y radical.

Cuando en Getsemaní acuden los soldados y las turbas “de parte de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo” (Mt 26,47) para prender a Jesús, él no recurre a violencia de ningún tipo. Jesús se niega a ser coronado rey al estilo del “mundo” luego de la multiplicación de los panes y los peces (Jn 6,15). La tentación del poder, entendido al estilo de los sistemas opresores persigue a Jesús desde el desierto hasta la cruz. Y desde el desierto hasta la cruz, Jesús rechaza este modelo, denuncia con toda claridad que procede del diablo, del “príncipe de este mundo”, no cae en sus trampas. El costo de esta resistencia no sólo valiente sino lúcida de Jesús es la muerte.

En la cruz Jesús derrota total y radicalmente al demonio del poder concebido como violencia y opresión por una parte y como dependencia, sumisión y alienación por otra. De este modo que inaugura así un nuevo tipo de relaciones entre las personas y con el universo entero, basadas no en la dominación/dependencia, sino en el respeto mutuo, en la armonía, en la valentía para asumir el peso de la propia libertad responsable.

– En la carta a los Colosenses, Pablo señala cómo a través de Jesús el Cristo (primogénito de todas las criaturas, preexistente y co-creador del universo, cabeza de la iglesia, primicia de la plenitud de la Creación entera) se produce la reconciliación de todos los seres con Dios. Esta y otras expresiones paulinas han dado lugar a interpretaciones erróneas, que consideran que la muerte de Jesucristo en la cruz era el precio que había que pagar para que el Padre, enojado y rencoroso, perdonara a la humanidad pecadora.

Los evangelios nos muestran con claridad por qué y cómo es que Jesús nos reconcilia con el Padre: no por que ese Dios, padre–madre, sea un dios rencoroso, sino porque habíamos perdido el rumbo de la auténtica unidad con Dios y con el universo entero: ésa que no se hace sucumbiendo a nuestro miedo existencia y escudándonos en posiciones de poder (dominante o dependiente) sino superando nuestros miedos, atreviéndonos a presentarnos tal como somos ante Dios, en total pobreza de espíritu, sin escudos protectores que nos impidan ver su rostro.

– Desgraciadamente, ¡cuántas veces en nuestra vida eclesial reproducimos los modelos de “reinado” del mundo, y no los de Dios en Jesucristo! ¡Cuántas veces establecemos relaciones de poder autoritarias en vez de fraternas! ¡Cuántas veces entramos en contubernio con los poderes del sistema, ya sea por acción o por omisión!

El modelo de “reinado” que nos presenta el “Cordero degollado” nos interpela y llama a la conversión. No es necesario ni conveniente subrayar la «realeza» de Jesús si ello conlleva tergiversar su auténtico y efectivo proyecto de vida. Hace daño, sobre todo a los más oprimidos, presentar esa imagen monárquica y principesca de un Jesús que, en verdad, dedicó toda su vida y sus energías a desenmascarar y a luchar contra ese tipo de estructuras. Leer más…

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20.11.22, Cristo Rey: Que hoy empiece tu paraíso (Lc 23, 35-43)

domingo, 20 de noviembre de 2022
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2CBCEF64-1AAD-478E-94DC-B1BD26EDCFF7Del blog de Xabier Pikaza:

Termina el año litúrgico 2022. Hemos caminado con Lucas, hoy nos despide con palabras de Jesús crucificado al “buen” ladrón, que le pedía ayuda: ¡Hoy estarás conmigo en el paraíso!  Yo quiero ser tu paraíso, tú puede ser paraíso para otros.

Nunca palabras mejor dichas:  Conmigo en el paraíso! Hoy, no mañana, ni pasado mañana. Yo quiero ser tu paraíso,  tú puedes ser el de todos, si escuchamos la respuesta del crucificado que nos dice:  Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Estas palabras son el testamento de un moribundo que vive. Será bueno escucharlas, siguiendo el ritmo entero de este pasaje de Lc 23, 35-43. Estas palabras son toda la «política» de Cristo-Rey con el «ladrón» del paraíso.

Cada evangelista ha contado la muerte de Jesús y su promesa de Reino desde su perspectiva: Marcos es más dramático, Mateo más trágico, Juan más teológico.

‒ Marcos y Mateo destacan el carácter abismal de la muerte del Cristo, que acaba su vida gritando: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?  Lucas y Juan describen la muerte de Jesús como catequesis, mostrando que Cristo reina ya desde la Cruz (Juan) o que nos lleva por ella al paraíso, esto es, a la humanidad reconciliada.

Lucas sitúa ante la cruz de Jesús a diversos personajes, ofreciendo una durísima y clara “radiografía” de la humanidad (de entonces y de hoy), donde unos son infierno para otros, y todos matan a Jesús, el justo.

En un sentido no hay salida.  Pero hay un bandido que pide a Jesús “acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”, y Jesús le responde “hoy estarás conmigo en el paraíso. Del reino que buscaba el bandido al paraíso que le ofrece Jesús transcurre toda la historia del mundo Hoy   puede empezar nuestro paraíso. Buen domingo a todos.

 Lc 23, 35-43. Un evangelio en seis momentos:

  1. (Autoridades). En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
  2. (Soldados). Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»
  3. (Sentencia oficial). Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos.
  4. (Un malhechor) Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
  5.  (Otro malhechor). Pero el otro lo increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibirnos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues en tu reino. 6. (Paraíso) Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

 

1. Autoridades, sacerdotes: En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

El texto les llama “arkhontes”, los que tienen la “arkhe”, un principado religioso y social, la primacía. Son por su contexto y su palabra los grandes sacerdotes que han condenado a Jesús, responsables religiosos y morales de su asesinato.

Conforme a una visión teológica y simbólica normal de aquel momento, estos “arkhontes malos” son ángeles perversos, rectores del orden religioso manipulado por el Diablo, delegados y representantes del Diablo, no de Dios, como puso de relieve

J. Ratzinger en un trabajo titulado: Die Einheit der Nationen, La Unidad de las naciones (Obras completas II, BAC, 2014). Los (estos) sacerdotes son ángeles perversos, sufren una patología religiosa, son dominadores de la religión para su servicio (servicio del Diablo, la opresión de los hombres).Ellos se arrogan la autoridad oficial para decir quién es el Mesías de Dios, el Elegido… y deciden que Jesús no lo es, porque se deja matar en vez de “salvarse” a sí mismo.

En el fondo, estos sacerdotes piensan que el elegido de Dios tiene ser un “egoísta”, alguien que se salva a sí mismo, siendo capaces de matar a otros para salvarse ellos mismos.  Son profesionales de violencia, sacrificadores, manipuladores de Dios. Quieren vencer siempre, mantenerse por arriba: su Cristo es la victoria propia, y de esa forman vencen ellos, matando al Cristo de Dios.

 Se creen superiores y, por eso, se ríen de los derrotados y vencidos. De esa forma  muestran su maldad y su miseria. Piden al Cristo que demuestre su fuerza cuando están muriendo, son, arkhontes del diablo, perversión suprema de la humanidad. ¡Si es Mesías que se salve…! ¡Si es el Mesías que triunfe, que les mate…! Para ellos no hay más mesías que el triunfo sobre otros.

2. Los soldados se burlan también.  No tienen más verdad que la violencia. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Son “stratiôtai”, estrategas de la violencia oficial del imperio, que quiere dominar sobre la tierra con armas, representantes del poder militar, unidos a los “arkhontes” de la religión y así dice a Jesús moribundo :“si eres Rey de los judíos … Para ellos, ser rey es vencer en la guerra, no dejarse matar nunca, matar a otros para vivir ellos mismos.  Estos  stratiotai, soldados, hablan de un “rey de los judíos”. Ellos están al servicio del César, que es rey de Roma, no aceptan otros reyes, por eso les han encargado que maten a éste y lo hacen…

Pero tienen cierta compasión y, en medio de la burla, le ofrecen “vinagre” para calmar su sed (y quizá para adormecerle, aunque no es claro). Es evidente que estos ellos ejercen violencia,  pero una violencia que no nace de ellos, sino de los arkhontes. Es como si el poder militar estuviera al servicio de la religión, es decir, de una ideología falsa… Ellos son unos pagados: hacen lo que les manda; son unos “mercenarios”, entrenados para  matar y de esa forma matan.

3. Sentencia oficial: Rey de los judíos.Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos. Era un letrero mentiroso, siendo verdadero.

Arkhontes y soldados… pueden burlarse de Jesús, a su manera… Pero alguien ha mandado poner un letrero. Tiene que ser el Gobernador Romano, que ha condenado a Jesús porque no puede haber frente a Roma o contra Romo un “Rey de los Judíos”. Ser rey de los judíos es un delito, no hace falta más para matarle.

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Solemnidad de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo C

domingo, 20 de noviembre de 2022
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75B5E8A4-AC4D-44A7-9714-1FD6E1EF1255Del blog El Evangelio del Domingode José Luis Sicre:

Inicialmente esta fiesta se celebraba el domingo anterior a la de Todos los Santos (1 de noviembre). La reforma del Concilio Vaticano II decidió cerrar el año litúrgico con esta solemnidad para subrayar la victoria final de Jesús.

David, el rey salvador (2 Samuel 5, 1-3)

La primera lectura solo se comprende recordando los acontecimientos previos. Años atrás, el primer rey israelita, Saúl, ha muerto luchando contra los filisteos. Le ha sucedido un hijo bastante inútil, Isbaal, y el poder se concentra en las manos del general Abner. Pero tensiones internas y externas llevarán al asesinato de Abner y, más tarde, de Isbaal. Las tribus del norte, sin rey ni general, se sienten desconcertadas. Y consideran que la única solución es ofrecerle el trono a David, que ya es rey de Judá desde hace siete años. Y se dirigen a la que entonces era capital de Judá, Hebrón (Jerusalén todavía no había sido conquistada).

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:
‒ Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: “Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel.”
Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Nosotros leemos estas palabras sin darle especial importancia. Pero el que los del norte vengan a buscar la salvación en el rey del sur era entonces algo inaudito, que sólo se explica por la necesidad urgente de un rey que los salve.

Jesús, el rey incapaz de salvar (Lucas 23, 35-43)

Los contemporáneos de Jesús también esperaban un rey con capacidad de salvar. La lectura del evangelio de lo deja muy claro. Las autoridades, los soldados, uno de los malhechores crucificado con Jesús, lo repiten hasta la saciedad. Pronuncian los mayores títulos: Mesías de Dios, Elegido, rey de los judíos, Mesías. Pero sólo están dispuestos a aplicárselos a Jesús si se salva a sí mismo, o, como dice el otro crucificado, «sálvate a ti mismo y a nosotros». La sorpresa aparece al final, en la petición del buen ladrón, cuando reconoce que el reino de Jesús no se realiza en este mundo, no es aquí donde lleva a cabo obras portentosas para que la gente lo acepte como rey. Su reino se encuentra en una dimensión distinta, en la que entrará a través de la muerte. Por eso, el buen ladrón no pide que lo salve. Sólo pide un recuerdo: «acuérdate de mí».

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:
A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.»
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro lo increpaba:
¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía:
Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús le respondió:
Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

El evangelio de san Juan pone en boca de Jesús, durante el juicio ante Pilato, las palabras: «Mi reino no es de este mundo». Y eso mismo dice aquí, no Jesús, sino el que conocemos como «el buen ladrón». El reino de Jesús no se realiza en este mundo, no es aquí donde realizará obras portentosas para que la gente lo acepte como rey. Su reino se encuentra en una dimensión distinta, en la que entrará a través de la muerte. Por eso, el buen ladrón no pide que lo salve. Sólo pide un recuerdo: «acuérdate de mí».

A lo largo de su vida, Jesús escuchó muchas peticiones: de leprosos que deseaban ser curados, de ciegos y cojos, de padres de niños difuntos, de discípulos asustados por la tormenta… Pero esta es la petición más bella y más sencilla: «Jesús, acuérdate de mí». El buen ladrón pide muy poco. Pero hace falta una fe profundísima para creer que ese ajusticiado, al que todos rechazan y del que todos se burlan, dentro de poco será rey, y que un simple recuerdo suyo puede traer la felicidad. Así ocurre en la promesa que Jesús le hace: «hoy estarás conmigo en el paraíso».

«Acuérdate de mí» y «estarás conmigo» son las dos caras de una misma moneda, de la intimidad plena entre el rey y su súbdito, más satisfactoria que todas las prebendas y beneficios mundanos que regalan otros reyes.

Jesús, mucho más que rey (Colosenses 1,12-20)

Si los presentes junto a la cruz negaban la realeza de Jesús, Pablo, sin llamarlo “rey”, habla de su reino y coloca a Jesús por encima de todo lo imaginable en cielo y tierra. La lectura podemos dividirla en dos secciones.

En la primera, se da gracias a Dios por un regalo inimaginable. Imaginemos que somos ciudadanos de un país pobre, miserable, sin futuro; de repente, nos conceden la ciudadanía de un país maravilloso, el pasaporte para entrar en él, incluso nos llevan en avión en primera clase. Eso es lo que ha hecho Dios con nosotros: del mundo de las sombras y del pecado nos ha trasladado al reino de su Hijo querido.

La segunda parte resulta difícil entender si no se conoce la situación de los cristianos de Colosas (en la actual Turquía). ¿Era Jesús superior a los semidioses tan venerados por el pueblo: tronos, dominaciones, principados, potestades? ¿Se extendía su dominio a los seres visibles e invisibles, al pasado y al futuro, al ámbito de los muertos? Preguntas que pueden parecernos trasnochadas pero esenciales para ellos. Pablo responde situando a Jesús por encima de todo lo imaginables en cielo y tierra, pero sin olvidar la realidad de su muerte en cruz.

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.       

Nota sobre el sentido originario de la fiesta

Cuando Achille Ratti fue elegido Papa en febrero de 1922 y tomó el nombre de Pío XI, tenía la experiencia reciente de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución rusa. Pocos meses después, en octubre, Mussolini organizaba la marcha sobre Roma, que llevaría al triunfo del fascismo. Un año más tarde (8 de noviembre de 1923) Hitler intenta un golpe de estado en Múnich. Pío XI, alarmado por las tensiones crecientes en Europa y en todo el mundo, piensa que la única y verdadera solución a los problemas de tipo social, político, económico, es atenerse al mensaje del evangelio. Si Cristo fuese el rey de este mundo, muy distintas serían las cosas. Entonces instituyó esta fiesta, aprovechando que en 1925 se cumplían mil seiscientos años del concilio de Nicea, que proclamó la realeza de Cristo al añadir al credo apostólico las palabras: “y su reino no tendrán fin”.

Ha pasado casi un siglo. El lenguaje, como tantas cosas, ha cambiado; las verdades profundas, no. No creo que muchos católicos se animen a decir hoy día que la solución a los problemas que afectan al mundo actual sea Cristo Rey. Pero sí debemos estar dispuestos a defender los valores evangélicos del amor al prójimo, especialmente al más necesitado, de reconocernos todos como hermanos, hijos del mismo Padre, de la compasión, la justicia, la paz.

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Último Domingo del Tiempo Ordinario, Jesucristo Rey del Universo. 20 noviembre, 2022

domingo, 20 de noviembre de 2022
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Habían puesto sobre su cabeza una inscripción, que decía: Este es el rey de los judíos.”

(Lc 23, 25-38)

Un rey crucificado ya es lacerante, pero un Dios crucificado… si se piensa despacio, olvidando que ya nos hemos acostumbrado a ver crucifijos de todos los tamaños, estilos y materiales. Olvidando que es una imagen que muchas veces ya no nos estremece. Entonces hacer el esfuerzo de ver en Jesús a Dios ocupando el último lugar, el último de los últimos, ese que nadie nunca querría ocupar. El lugar de los delincuentes, de los blasfemos, de los pecadores, de los marginados…

Pues así, todo junto y bien mezclado, nos da una imagen muy aproximada del estilo de rey que quiere ser nuestro Dios cristiano.

No, la realeza de Dios, ya lo decía Jesús (Jn 18, 36), no tiene nada que ver con la realeza de este mundo.

Nosotros hoy, como en tiempos de Jesús los judíos, soñamos, deseamos, anhelamos, un Dios, un Mesías, un Salvador a lo grande: fuerte, invencible, poderoso. Muy al estilo de los grandes héroes. Sí, así nos gustaría.

Así  lo representamos: estatuas monumentales, ricas tallas, frescos donde Jesús es un pantocrátor en majestad, como los reyes de todos los tiempos: con corona, dignos ropajes, oro y por supuesto poder, mucho poder. ¡Todo el poder!

Pero da igual, Dios en Jesús, se empeña en ser “como uno de tantos”, se pone a la fila de los pecadores, se deja acariciar los pies por mujeres de mala fama, se mezcla con la chusma y también con los ricos corrompidos, pero siempre vestido de “paisano” y sin bolsa en la cintura. Se nos escapa del Templo y corretea por las calles, los caminos y los campos.

Le interesan, siempre le han interesado, las ovejas descarriadas, las monedas perdidas, lo que no tiene solución, el desecho social, tanto por arriba como por abajo…

Nuestro rey Jesús es el que se deja ajusticiar, ridiculizar, abofetear y escupir. Y se presenta desgarrado, sangrante y desnudo, clavado en una cruz, torturado. Ese es el camino que lleva al reino, a la realeza de Cristo.

Oración

Mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros,

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad.”

(Salmo 131)

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús nunca pretendió ser rey de nadie.

domingo, 20 de noviembre de 2022
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DOMINGO 34 CRISTO REY (C)

Lc 23,35-43

Toda la liturgia del año tiene como principio y como fin al mismo Jesús. Comienza en Adviento con la preparación a su nacimiento, y termina con la fiesta que estamos celebrando como culminación más allá de su vida terrena. Como todo ser humano, nació como un proyecto que se fue realizando durante toda su vida y que culminó con una muerte que expresó sin equívocos la plenitud de ser. Pero Jesús respondió a Pilato que su Reino no era de este mundo. A pesar de ello, le proclamamos Rey del Universo. Claro, nosotros sabemos mucho mejor que él lo que es y lo que no es Jesús.

Con el evangelio en la mano, ¿podemos seguir hablando de “Jesús rey del universo”? Un Jesús que luchó contra toda clase de poder; que rechazó como tentación la oferta de poseer todos los reinos del mundo. Un Jesús que dijo: Si no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de Dios. Un Jesús que invitó a sus seguidores a no someterse a nadie. Un Jesús que dijo que no venía a ser servido, sino a servir. Un Jesús que dijo a los Zebedeo: “El que quiera ser grande que sea el servidor, y el que quiera ser primero que sea el último. Un Jesús que, cuando querían hacerlo rey, se escabulló y se marchó a la montaña. Podíamos hacer más referencias, pero creo que está claro lo que quiero decir.

La palabra Rey, Padre, Hijo, Mesías, Pastor, tienen gran riqueza de significados simbólicos en la escritura. Todas están relacionadas entre sí y no se puede entender separando unas de otras. La idea de un “rey”, en Israel, fue más bien tardía. Mientras fueron un pueblo nómada no tenía sentido pensar en un rey. Cuando se establecieron en  las ciudades de Canaán, sintieron la necesidad de copiar sus estructuras sociales y le pidieron a Dios un rey. Esa petición fue interpretada por los profetas como una apostasía, porque para el pueblo judío, el único rey debía ser Yahvé.

Encontraron la solución convirtiendo al rey en un representante de Dios. Para erigir a una persona como rey, se le ungía. Es lo que significa exactamente Mesías (Ungido, Cristo). La unción le capacitaba para una misión: conducir al pueblo en nombre de Dios. De ahí que desde ese momento se le llamara hijo de Dios. Lo propio de un hijo es actuar como el padre, en lugar del padre. También se le llamaba padre del pueblo y pastor del pueblo. Lo mismo que Dios era padre y pastor para ellos, el que era elegido como rey era ungido, hijo, pastor y padre. Los primeros cristianos utilizaron todas estas palabras para referirse a Jesús y nosotros podemos seguir utilizándolas, pero como símbolos.

El letrero que Pilato puso sobre la cruz era una manera de mofarse de Jesús y de las autoridades. Es curioso que nosotros hayamos ampliado el ámbito de su realeza a todo el universo. ¿Para escarnio de quien? Los soldados también le colocaron una corona y un cetro para reírse de él. ¿Creéis que Jesús se hubiera encontrado más cómodo con una corona de oro y brillantes y con un cetro cuajado de piedras preciosas? Podemos seguir empleando el título, con tal que no le demos un sentido literal. Todo lenguaje sobre Dios es analógico. También el aplicado a Jesús una vez que terminó su trayectoria humana.

Las autoridades, el pueblo, uno de los ladrones le piden que se salve; pero Jesús no bajó de la cruz. Desde el bautismo hasta la cruz, le acompaña la tentación de poder. Jesús se salvó de esa tentación, pero no como esperaban los que estaban a su alrededor. Hoy seguimos esperando, para él y para nosotros, la salvación que se negó a realizar. Nos negamos a admitir que nuestra salvación pueda consistir en dejarnos aniquilar por los que nos odian. Si seguimos esperando la salvación externa, seguridad, poder o gloria, quedaremos decepcionados como ellos. Jesús será Rey del Universo, cuando la paz y el amor reinen en toda la tierra. Cuando todos seamos testigos de la verdad.

El centro de la predicación de Jesús fue “el Reino de Dios”. Nunca se predicó a sí mismo ni revindicó nada para él. Todo lo que hizo, y todo lo que dijo, hacía siempre referencia a Dios. El Reino de Dios es una realidad que no hace referencia a un rey. Ese “de” no es posesivo sino epexegético. No es que Dios posea un reino. Dios es el Reino. Jesús se identificó de tal manera con ese Reino. De Jesús terreno carecería de sentido hablar de su reino. Podemos hablar del Reino de Cristo como una gran metáfora, como el ámbito en el que se hace presente lo crístico, es decir, un ambiente donde reina el amor. Entendido de ese modo y no literalmente, puede tener pleno sentido hablar del Cristo Rey.

Los cristianos descubrieron esta identificación, y pronto pasaron de aceptar la predicación de Jesús a predicarle a él. Surge entonces la magia de un nombre, Jesucristo (Jesús el Cristo, el Ungido). El soporte humano de esta nueva figura queda determinado por la cualidad de Ungido, Mesías. El adjetivo (ungido) queda sustantivado, (Cristo). Lo determinante y esencial es que es “Ungido”. Lo que Jesús manifiesta de Dios, es más importante que el sustrato humano en el que se manifiesta lo divino. Pero debemos tener siempre muy claro que los dos aspectos son inseparables. No puede haber un Jesús que no sea Ungido, pero tampoco puede haber un “Ungido” sin el ser humano, Jesús.

Cristo no es exactamente Jesús de Nazaret, sino la impronta de Dios en ese Jesús. El Reino, que es Dios, es el Reino que se manifiesta en Jesús. Para poder aplicar a Jesús el título de rey, debemos despojarlo de toda connotación de poder, fuerza o dominación. Jesús condenó toda clase de poder. Pero no solo condenó al que somete; condenó con la misma rotundidad al que se deja someter. Este aspecto lo olvidamos y nos conformamos con acusar a los que dominan. No hay opresor sin oprimido. El reinado de Cristo es un reino sin rey, donde todos sirven y todos son servidos. Cuando decimos: reina la paz, no queremos decir que la paz tenga un reino sino que la paz se hace presente en ese ámbito.

Jesús quiere seres humanos completos, que sean reyes, es decir, libres. Jesús quiere seres humanos ungidos por el Espíritu de Dios, que sean capaces de manifestar lo divino. Tanto el que esclaviza como el que se deja esclavizar, deja de ser humano y se aleja de lo divino. El que se deja esclavizar es siempre opresor en potencia, no se sometería si no estuviera dispuesto a someter. La opresión religiosa es la más inhuma porque es capaz de llegar a lo más profundo del ser y oprimirle radicalmente. Entender literalmente términos militares, como “guerrilleros de Cristo”, “cruzados de Cristo”, para designar personas o asociaciones vinculadas a Jesús, es muestra de la más burda tergiversación del evangelio.

En el padrenuestro, decimos: “Venga tu Reino”, expresando el deseo de que cada uno de nosotros hagamos presente a Dios como lo hizo Jesús. Y todos sabemos cómo actuó Jesús: desde el amor, la comprensión, la tolerancia, el servicio. Todo lo demás es palabrería. Ni programaciones ni doctrina, ni ritos, sirven para nada si no entramos en la dinámica del Reino. Cuando responde a Pilato, no dice “soy el rey”, sino soy rey. Quiere demostrar que no es el único, que cualquiera lo es en su verdadero ser.

 

Fray Marcos

Meditación

“No es de este mundo”, no quiere decir que es un reino para el más allá.
Quiere decir que no es un reino como los que conocemos aquí.
El reinado de Jesús es el reinado de Dios.
Es el reinado del amor, del servicio, de la entrega total.
Jesús fue rey porque fue Señor de sí mismo.
Lo que había de Dios en él gobernaba todo su ser.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¿Cristo Rey?

domingo, 20 de noviembre de 2022
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jesucristo-cruzLc 23, 35-41

«Esta misma tarde estarás conmigo en el Paraíso»

No. Cristo no reina en el mundo. Reina el dinero, la avaricia, la insolidaridad, el deseo, el derroche, la ciencia mercantilizada, la economía deshumanizada, la expoliación de nuestro hábitat, la explotación de personas para exprimirlas como un limón, el vilipendio de las actitudes y los valores que nos hacen humanos, la sacralización de lo que nos animaliza, el desprecio de la concordia, la exaltación del conflicto, la ley del más fuerte, la guerra…

Y me dirán que no todo es así —lo cual es cierto—, pero lo que reina en el mundo sí que es así. Lo que reina en el mundo es lo que lo está llevando a una situación límite donde está en riesgo la propia civilización. Es lo que está cambiando el clima, destruyendo los fondos marinos, produciendo sequías y pérdida de cosechas, provocando a la larga tal escasez de productos esenciales para la vida, que traerá migraciones masivas, conflictos generalizados por obtenerlos… e infinidad de calamidades más.

Pero no hace falta apelar al futuro para ver su infausto legado. Hoy mucha gente muere de hambre y falta de medicinas básicas mientras otros tiramos el treinta por ciento de los alimentos a la basura. Hoy, dentro de toda ciudad desarrollada, convive la miseria con el derroche, y la inhumanidad campa por sus respetos. Una persona puede estar muriéndose en una acera concurrida mientras los demás pasamos indiferentes, o ser víctima una agresión brutal en plena calle y a pleno día sin que movamos un dedo por auxiliarle…

Necesitamos que en el mundo reinen otros valores, porque es evidente que con estos nos encaminamos al desastre a una velocidad de vértigo. Necesitamos sacudirnos la esclavitud a la que nos somete el dinero, sofocar el deseo irracional de cosas que no necesitamos, aprender a vivir con poco, descubrir que el prójimo también tiene anhelos y necesidades, recuperar la capacidad de compadecer, preferir dar que recibir, desterrar la violencia, acostumbrarnos a decir la verdad, trabajar por la paz y la justicia…

Necesitamos reconciliarnos con la Naturaleza, porque no es posible garantizar el bien del género humano sin ampliar nuestro desvelo al entorno que lo acoge. Necesitamos poner coto al crecimiento del mundo artificial porque si no, acabará engullendo al mundo natural…

Solo cuando esto se logre podremos decir que Cristo reina en el mundo. Pero esto no es algo que vaya a ocurrir de manera espontánea, ni solo por la fuerza del Espíritu, sino porque haya personas que trabajen en ello. Jesús creía que era posible, y su última voluntad fue encargarnos a nosotros, sus seguidores, la tarea de hacerlo. Hasta nos dijo cómo: «Que los hombres vean en vuestras buenas obras el amor del Padre».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Fiesta de Cristo Rey.

domingo, 20 de noviembre de 2022
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Lc 23, 35-43

Y lecturas: 2Sm 5, 1-3; Sal 121; Col 1, 12-20

En la 1ª lectura se nos relata cómo el reino del Norte, Israel quiere reconocer a David como rey. Ya había sido reconocido por el reino del Sur, Judá. Se abre para el rey David una etapa en la que todos quieren confiar en él como el rey justo capaz de alcanzar la unidad entre los dos reinos.

Jesús intentó construir un reinado de Dios, una sociedad donde no hubiera fronteras. Era un buen judío y la idea de eliminar las fronteras le venía de atrás. Una idea magnífica que parece que nos hemos empeñado en sofocar a lo largo de los siglos.

Jesús de Nazaret fue elevado a las alturas con rapidez. Dicha labor San Pablo la ejecutó con perfección y quizás en demasía justificando al mismo tiempo los sufrimientos de Jesús. Clara evidencia es la carta de San Pablo a los Colosenses de este Domingo. Muchos en la Iglesia parecen querer mantenerlo allí. Aunque hay teólogos y sacerdotes que explican la cercanía de Jesús en nuestras vidas, esa elevación está tan inaccesible y tan consolidada que difícilmente lo encontramos barriendo y limpiando las paredes de nuestra casa. Este domingo  celebramos la fiesta de Cristo Rey ya que al igual que nombraron a David como rey hemos querido nombrar a Jesús como rey para parecernos a los demás pueblos. Es una fiesta establecida por Pio XI en 1925. Es bastante reciente y parece que prosperó acentuando tanto la lejanía de Jesús como la de Dios. De hecho la seguimos manteniendo en el siglo XXI. ¿De quién es Rey y para quién? Un rey goza de privilegios exclusivos imposibles de compartir. ¿Esa es la figura que corona nuestro tiempo ordinario?

Si pensamos qué relaciones tenía Jesús con Dios al que consideraba como padre, la diferencia con esa concepción de realeza es abismal y la sorpresa no puede ser mayor. ¿Qué idea podía tener Jesús de su padre Dios? Algunos profetas ya habían considerado a Dios como padre pero el trato que Jesús  tenía con él iba más allá. Veamos: El concepto que Jesús podía tener de Dios era producto de saberse hijo y haber profundizado en toda la Sagrada Escritura. En los textos del Antiguo Testamento se reflejan los premios y castigos que Dios otorga a su pueblo. ¿Cómo concebiría Jesús aquellos métodos de Dios para con el pueblo? Desde su perspectiva de misericordia, no le encontraría mucho sentido. Pero él, ya en su madurez, se los perdonaba, no los tenía en cuenta. Eran otros tiempos. Como un hijo termina olvidando los errores de su padre y de su madre y se los justifica porque eran otros tiempos quedándose con lo mejor que han podido dar. La imagen que solemos tener de nuestros progenitores es el de un padre o una madre que ha hecho muchas cosas por nosotros; la mayoría no las conocemos. Fuimos inconscientes. Incluso podríamos decir que nuestro padre o nuestra madre no han podido hacer más por nosotros. Con sus aciertos y sus errores, con alegrías y con sufrimientos pero han hecho todo lo que han podido, todo lo que han sabido hacer. Jesús descubrió otra imagen de Dios.

Y ¿qué ha pasado cuando hemos vivido la vejez de nuestro padre o de nuestra madre? Que nos han brotado sentimientos de agradecimiento y confianza pero con la certeza de que ellos, que ya lo han hecho todo, no pueden hacer más por nosotros.

Recuerdo a mi padre que con más de 90 años yo le cogía la mano y le decía: “Hola papá”. Y era suficiente para mí. No le pedía nada porque ya nada podía hacer por mí. Pienso que los sentimientos de Jesús con Dios eran similares. A sabiendas que ya Dios lo había hecho todo por Él en este mundo, era el momento de que Él actuara. Le diría a Dios: “Hola papá”. Y ya se sentiría comprendido, aliviado y entusiasmado para empezar o para seguir. Y se lo transmitiría a sus discípulos como una experiencia muy íntima y casi secreta. Me lo imagino diciéndoselo en voz muy baja. Como un descubrimiento nuevo con peligro de ser distorsionado ¡Cómo iban a poner esas palabras en boca de Jesús en la agonía de Getsemaní si Él no se lo hubiese dicho! Y ellos no le comprendieron. Algunos le tomarían por loco. Incluso le despreciarían. ¡Que Jesús se dirigiera como Papá a un Ser del que ellos ni nadie se atrevían a pronunciar siquiera su nombre! ¿Era respeto, temor, lejanía, recelo, desconfianza o quizás, un poco de todo? El término no prosperó aunque San Pablo lo retoma en sus cartas a los Romanos y a los Gálatas, asociado al término Padre. Usar solo Papá era demasiado cercano, demasiado expuesto a todo, demasiado vulnerable. Y así ha llegado hasta nosotros como Abba, Padre.

Cuando los hermanos hablan entre sí no suelen decir “padre decía” o “nuestro padre quiere”. En época de nuestros abuelos quizás eran los términos que se usaban pero no dejaban de mostrar distancia, a veces mucha, entre un padre y sus hijos. Ahora se dice mucho más papá o mamá. Son términos de más cercanía que los de padre o madre. De más confianza. Más implicados unos en otros. Ni los discípulos se atrevieron a seguir con la idea, ni la Iglesia se ha atrevido. En nuestros lenguajes de trato con Dios lo más cercano que le decimos es “Señor”, término que refleja una relación de vasallaje impropia de un hijo al que se le quiere mucho. Pero seguimos con ese lenguaje. ¿Es que acaso la ternura del término Papá nos desestabiliza, nos quita hombría, nos desarma y nos deja sin palabras? Nuestra mentalidad de orar donde desesperadamente pedimos y pedimos aunque con leves actitudes de acción de gracias nos impone distancias con Dios. Mientras que Él insiste en su cercanía a nosotros y su recordatorio de que está dentro de nosotros. Parece más bien las relaciones de una pareja que no acaba de comprenderse. ¡Qué pena! ¡Cuántos siglos de diálogos frustrados!

Es lamentable que la dulzura de las palabras de Jesús al buen ladrón nos empeñemos en dejarla allí, en la cruz. Ese paraíso del que habla se asociaba entonces al Jardín del Edén. Era como decirle al ladrón, “todas las tardes, al ir finalizando el día después de tus trabajos y de los míos, pasearemos, charlaremos, nos contaremos lo que nos apetezca, reposaremos de nuestra actividad y apreciaremos todo lo que la Naturaleza nos brinda. Nos sentiremos plenos y dispuestos a seguir o a emprender ideas nuevas”.

“Hoy estarás conmigo en el paraíso” son las palabras más hermosas de este domingo.

Amelia Hidalgo Jiménez

Tomares (Sevilla) 20.Nov.2022

Fuente Fe Adulta

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Un rey desnudo

domingo, 20 de noviembre de 2022
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Noche-300x225Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario 

20 noviembre 2020

Lc 23, 35-43

La ejecución de Jesús viene relatada bajo el reconocimiento de su realeza, tal como proclamaba el supuesto letrero colocado en la cruz: INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Con ello, sin duda, los autores de los textos evangélicos perseguían un objetivo teológico: mostrar a su Maestro como el Mesías Rey esperado.

La realidad, sin embargo, más allá de ese objetivo, proclamaba a gritos la paradoja presente en ese “rey”: despreciado, condenado, ejecutado…, absolutamente desnudo. Desnudo de cualquier cosa a la que poder aferrarse.

De ese modo, el texto nos introduce en la comprensión de lo que es la “realeza”, nuestra verdadera identidad: aquello que realmente somos es lo que queda cuando hemos sido “desnudados” de todo lo demás.

Desde esta clave, Jesús aparece como el hombre sabio que ha sabido vivir “desnudo” hasta el final. Desnudo de apetencias de tener, poder o aparentar. Pero desnudo, sobre todo, de la identificación con el yo. Y ello fue posible porque vivió en la comprensión de ser -tal como se recoge en el evangelio de Juan- “uno con el Padre”, o “todas las cosas” -como se lee en el evangelio de Tomás-.

Es precisamente esa comprensión la que le otorga autoridad para asegurar vida y decirle al compañero de suplicio: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El camino de la sabiduría -el camino de la vida- es un camino de desnudez, de soltar todo lo que no somos para vivir en conexión consciente con lo que realmente somos. Porque, con frecuencia, solemos funcionar justo al revés: nos tomamos por lo que no somos, ignorando lo que somos. No es extraño que, como consecuencia, nos veamos perdidos en la confusión y atascados en el sufrimiento.

La liberación viene de la mano de la comprensión. Y en ese camino incluso el sufrimiento puede ser un “aliado” para desnudar nuestras falsas creencias y, a través del silencio de la mente, llevarnos a saborear nuestra genuina “realeza”.

¿Vivo la existencia como un proceso de desnudez?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El perdón no arregla el pasado, pero mejora el futuro. El cristianismo es siempre perdón.

domingo, 20 de noviembre de 2022
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J026_PantocratorDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Cristo Rey.

Terminamos el año litúrgico con esta hermosa evocación y celebración de Xto Rey, Señor del Universo.

Es evidente que Cristo rey no tiene nada que ver con las monarquías de este mundo: mi Reino no es de este mundo.El Reinado de Jesús es muy diferente al de los príncipes de la tierra y que hoy podemos ver en el ámbito político y en algunos medios de comunicación. Mucho menos se parece a alguna tendencia política que coloreó de violencia este título. Ya desde Pilato, el modo de ser del señorío de Cristo es otro, mi Reino no es como los de este mundo (Jn 18,36).

02.- Yo soy Rey, (Jn 18,36-37).

    El evangelista San Juan no emplea nunca las expresiones “Reino de Dios” o “Reino de los cielos”. [1] San Juan hablará siempre de vida: agua de vida, pan de vida, fuentes de agua vida, etc… Sin embargo en el evangelio joánico “no hay reino”, pero hay Rey. Aparece en el diálogo entre Jesús y Pilato. Éste le pregunta: ¿Tú eres rey? Sí, yo soy rey (Jn 18,33-17).

Dada la gran concentración cristológica del evangelio de Juan, Jesús responde: Sí, yo soy rey. (Esta expresión del “Yo soy” es muy propia de la cristología de Juan).

    El Reinado de Jesús es el de la Última Cena y el de la cruz: Jesús se quita el manto de Señor y se ciñe la toalla de esclavo para lavar los pies de sus discípulos. El Señorío de Cristo es el servicio y la entrega a los demás.

    En el evangelio de San Lucas el título de rey está clavado en la cruz: Este es el rey de los judíos…

El trono de Cristo es la cruz. La corona es de espinas. El manto de Señor se lo quitó en la cena del Jueves Santo

Jesús en la cruz perdona. Muere perdonando: perdónales porque no saben lo que hacen, Jesús perdona al buen ladrón.

    Es sublime que lo último que hace Jesús en vida es perdonar: hoy estarás conmigo en el paraíso.

03.- Acuérdate de mí.

Dimas (el primer santo del cristianismo, “canonizado por el mismo Jesús en la cruz), que así dice la tradición que se llamaba el buen ladrón, le pide a Jesús “Acuérdate de mí”. Es una actitud muy noble y muy evangélica. ¡Cuántas veces aparece esta postura tanto en Jesús como en muchos enfermos, pecadores: “ten compasión de mí”, Jesús “sintió lástima”, “acuérdate de mí”…

Jesús vive en la cruz su solidaridad total con el mal humano, muere entre dos malhechores.

    Los dos malhechores somos nosotros. Jesús es solidario siempre con nosotros, con los seres humanos, especialmente en cuanto malhechores.

Es una buena actitud y oración ponernos ante el Señor y decir casi sin palabra: “Acuérdate de mí”… ¿Le decimos al Señor: acuérdate, no te olvides de mí?

04.- Hoy estarás conmigo en el paraíso: La misericordia de Jesús (de Dios).

La tradición de San Lucas (evangelio de la misericordia y del perdón) subraya sobre todo la bondad y misericordia de Dios, del Reinado de Dios.

El acontecimiento al que hemos asistido en el texto evangélico de hoy es, al mismo tiempo, dramático y conmovedor. Nos abre de par en par las puertas de la esperanza.

Vemos a Jesús en pleno fracaso humano, Jesús muere en la crucifixión con unos ajusticiados, entre ladrones y maldiciones, etc. Resuenan con energía redentora estas palabras entre el buen ladrón y Jesús [2], Jesús: acuérdate de mí cuando estés en tu Reino… Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

El Paraíso es la alusión al origen de la vida, al paraíso del Génesis, de la creación. Estamos llamados a la Vida. Y esto será el cielo: hoy estarás conmigo… El cielo será estar con el Señor. Para mí vivir es ser con Cristo (S Pablo)

Jesús ha pasado su vida haciendo el bien, (HH 10,34-38) y lo último que hace Jesús en vida es perdonar. Jesús muere como ha vivido perdonando. En la cruz Jesús dice: Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen, (Lc 23,34). Hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Perdonar denota una elevada calidad humana y cristiana. Perdonar hace bien a todos. Nos hace bien personalmente, como iglesia, como pueblo, como familia y en las relaciones humanas. Quizás los eclesiásticos hemos creído poco en el perdón y por ello hemos vivido y transmitido poco perdón y menos confianza en Dios.

Quizás la escasez de bondad, perdón y reconciliación es lo que hace que en nuestra diócesis no exista comunión eclesial y más bien estamos en una gran ruptura. Esta será la ardua tarea de nuestra iglesia diocesana para el pueblo y para el nuevo obispo electo.

El problema de la pacificación política, viejos problemas históricos que se reflejan en las víctimas del terrorismo, tendrían otro tratamiento más humano y cristiano desde el perdón.

05.- Conclusión desde San Pablo

    Termino la homilía de hoy con un texto de san Pablo que me es especialmente querido y que recoge lo vivido en el evangelio de hoy

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si Dios es el que salva? ¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha de  Dios intercediendo por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? … Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. Y estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos, 8, 31-39).

Hoy estarás conmigo en el Paraíso

 

[1]  Solamente y de pasada aparece en el evangelio de Juan la idea de Reino. Es en el diálogo con Nicodemo, quien le pregunta a Jesús: ¿Qué ha de hacer un hombre viejo para entrar en el Reino”? (Jn 3,3-7)

[2] el buen ladrón es el único en todo el evangelio de Lucas que llama Jesús a Jesús.

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Pluralidad

viernes, 18 de noviembre de 2022
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Toda palabra del prolongado, y no siempre fácil, diálogo entre Dios y su pueblo, y «nosotros«, es preciosa. Aislar una palabra del prolongado discurso o diálogo significa no tomar en serio a aquel que habla. Quien escucha sólo la melodía del oboe no capta la sinfonía… Y el hecho de que el judaísmo haya canonizado un Tanaj a más voces, y la Iglesia una Biblia que consta del Antiguo y del Nuevo Testamento, significa que la pluralidad y el carácter multiforme del canon reflejan la riqueza gloriosa y dramática del obrar de Dios. Hay una pluralidad que nace aparecer la complejidad de la vida y que nos ofrece toda una serie de figuras de esperanza y de búsqueda de Dios. Hay momentos en el que Job y Qohélet expresan la «palabra que profiere Dios«, y otros en los que alguna parábola de Jesús o el testimonio de su resurrección nos trae la salvación, pero hay también otros en los que se unen muchas voces en una poderosa orquesta para dejar fascinada a toda la comunidad.

Y es precisamente este carácter multiforme de la Palabra de Dios, tal como resuena en el Antiguo Testamento, lo que hemos de preservar los cristianos del riesgo de caer en la miopía «cristológica» y en una eclesiología de corto aliento. Y es ese carácter multiforme el que nos invita a desconfiar de toda sistematización apresurada. No existe una llave capaz de abrir todas las dimensiones de la vida frente a Dios y con Dios, sino sólo las diferentes llaves de los diferentes testimonios bíblicos, mantenidos unidos por el anillo del canon y ofrecidos por la benevolencia divina.

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Erich Zenger

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Si Dios quiere.

viernes, 18 de noviembre de 2022
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indizea¡Cuántas veces me ha hecho mi padre volver de la cama a la cocina por no haber dicho «hasta mañana, si DIOS QUIERE»! Y es una frase que ahora la oigo menos, pero sí de vez en cuando. Y además se dice como signo de convencimiento cristiano como que todo depende de la decisión de Dios.

Voy descubriendo que Dios siempre me acompaña y está conmigo en todas las realidades. Pero Él deja libre a la naturaleza.

Da la impresión de que algo va a ocurrir porque la voluntad de Dios es esa. Como que Dios dirige y gobierna la marcha del mundo, la vida de cada uno y de toda la creación. Por eso, todo lo supeditamos a la voluntad de Dios. Me cuesta creerlo así, porque Dios no está dirigiendo y organizando los acontecimientos. La vida, la muerte, el aprobado, el suspenso, las guerras, la paz… todo sucede según los hombres actuemos y pongamos los medios y las causas PARA QUE EL RESULTADO SEA UNO U OTRO.

Sería fácil el que lloviese en caso de sequía, el que se curase una enfermedad, el que aprobase unas oposiciones. Bastaría con pedírselo a Dios o encender una vela a un santo, para que lo que deseamos ocurriese.

Así lo vemos en el Antiguo Testamente, pues todos los infortunios, las enfermedades y hasta la misma muerte aparecen queridos y originados por Dios. Lo expresa así el libro de Isaías “Dios dice al profeta: Yo, creo la luz y las tinieblas, yo mando el malestar y la desgracia, yo hago todo” (Is.44,7).

Constantemente se lee en las páginas del Antiguo Testamente la ira de Dios contra su pueblo. ¿Cómo se puede decir esto? Cuando se escribe esto, la ciencia aún no se había desarrollado. No se conocían las causas de la naturaleza. Esto hizo que se concibiese a Dios como causa inmediata de los bienes y de los males.

Muchas realidades y calamidades, que en aquella época no tenían explicación, eran consideradas sobrenaturales y por lo tanto venidas de Dios. Él era el autor de todo lo que ocurría.

Hoy sigue esta mentalidad en muchísimas ocasiones “Dios se lo ha llevado (ante la muerte), rogativas para que llueva, velas a los santos… Una mentalidad de Dios como agente de todo lo bueno y lo malo. Pero vamos a dar el gran salto del Nuevo Testamento. Jesús anuncia un Mensaje nuevo: Dios no manda males a nadie. Dios solo manda el bien.

Para demostrarlo Jesús pasó haciendo el bien, solo el bien, curó, dio vida, quitó el hambre… Anuncia la Buena Noticia de que Dios nos quiere. Devuelve la vida a los muertos.

Ante el ciego de nacimiento, confirma que eso no es un castigo ni por los pecados del enfermo ni por los de su padre. Los muertos al caerse la torre no son castigados por Dios, es fruto del quehacer humano. Jesús no explicó quien provoca los males, pero sí explicó que no los provoca Dios. Las enfermedades no son enviadas por Dios.

¡Hasta hay una frase que podemos cambiar “no hay ningún pájaro que caiga sin que lo permita Dios! Los nuevos traductores dicen “ningún pájaro cae sin que caiga con él Dios” Es decir: Dios está con el que sufre.

Termino resumiendo: ¿Hasta mañana si Dios quiere? No. Hasta mañana, acompañado por Dios.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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«La locura de querer demostrar a Dios», por Pedro Miguel Lamet.

miércoles, 16 de noviembre de 2022
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Yukio-Mishima-con-rosaLeído en su blog:

Eres el Ser que está detrás del hacer

Suele discutirse si sirven las pruebas filosóficas de Santo Tomás; si se puede probar su existencia o no con la razón; si es cuestión de fe, y un largo etcétera en el que se han debatido pensadores y teólogos a lo largo de la historia.

Nos han presentado retratos y conceptos de Dios que nos dan miedo, nos hacen sentirnos culpables y en muchos casos tan solo con liberarnos de ellos volvemos a respirar. Quizás por eso ahora abundan los ateos y agnósticos.

Hemos engrosado la cabeza por encima de las demás facultades, como la intuición, la identificación connatural de los artistas, la vena mística.

Vive el “ahora” como un agujero de la Presencia. No violentes nada. La vida es fluir, sin retrotaerte al pasado o inquietarte con el futuro. No pienses. No intentes tirar de la cuerda para que baje Dios como un muñeco de feria.

El ego, causa de todos los sufrimientos, no es capaz de eliminar al ego. El ego se disuelve solo por el abandono de sí y el contemplar más allá. Déjate de una vez. Eres el Ser que está detrás del hacer.

04.11.2022

La gente se pregunta: ¿Creo en Dios? La gente te pregunta: ¿Crees en Dios?

E inmediatamente aparecen los argumentos en pro y en contra. Discuten si sirven las pruebas filosóficas de Santo Tomás; si se puede probar su existencia o no con la razón; si es cuestión de fe, y un largo etcétera en el que se han debatido pensadores y teólogos a lo largo de la historia.

La clave está en que cuando lo metes en un “concepto”, es metafísicamente imposible tan siquiera hablar de Dios. Dios no es “la idea” que tenemos de Dios. En cuanto lo infinito entra en nuestra cabeza finita y contingente, se convierte en una caricatura fatal.

Recuerdo que a un amigo que tenía muchos problemas, durante una meditación le hablé una vez de Dios Padre. Se turbó profundamente, porque había tenido un padre prepotente, egoísta y maltratador. No digamos nada, la imagen que en muchas catequesis hemos recibido como juez implacable, o, en el otro extremo, melifluos sagrados corazones sulpicianos, una sensiblería decadente.

Nos han presentado retratos y conceptos de Dios que nos dan miedo, nos hacen sentirnos culpables y en muchos casos tan solo con liberarnos de ellos volvemos a respirar. Quizás por eso ahora abundan los ateos y agnósticos.

¿Qué hacer entonces? Primero renunciar a tener un concepto mental de Dios. Si Dios es una realidad, debe captarse por sí misma, directamente, sin filtros, sin razonamientos, igual que cuando uno se enamora.

Diréis: “Pero nadie ha visto a Dios. Si fuera visible, todo el mundo creería”.

Claro, el problema es que desde la Ilustración en nuestro mundo occidental lo que adoramos es a la diosa Razón. Hemos engrosado la cabeza por encima de las demás facultades, como la intuición, la identificación connatural de los artistas, la vena mística. Santo Tomás mismo, después de toda su teología, al fin de su vida y tener experiencias místicas, reconoció que todo lo anterior nada era en comparación con lo que había sentido directamente.

“No la toquéis ya más, que así es la rosa”, decía Juan Ramón Jiménez.

No pienses en Dios, no lo definas, porque es indefinible. Déjate invadir de una mirada, una flor, un crepúsculo, un amanecer, incluso el abismo de una experiencia límite. Tampoco intentes sentir a Dios. a base de esfuerzo, de cerrar los puños. Fluye con el río, con los aconteceres de cada día, sé mar en el mar, niño con el niño, brisa con la brisa, nada con la nada.

Vive el “ahora” como un agujero de la Presencia. No violentes nada. La vida es fluir, sin retrotaerte al pasado o inquietarte con el futuro. No pienses. No intentes tirar de la cuerda para que baje Dios como un muñeco de feria.

Deja que en ti sea. Descansa en “ese no sé qué queda balbuciendo”, sin pensarlo, sin calificarlo. Por eso los grandes místicos hablaban de la Nada y se hundían en el inefable vacío de una noche que oculta la Luz.

Algunos de mis lectores me dirán: “¡Qué difícil!”  Es difícil, sí, cuando intentas llevar tú el volante, y fácil cuando abandonas todo protagonismo. El ego, causa de todos los sufrimientos, no es capaz de eliminar al ego. El ego se disuelve solo por el abandono de sí y el contemplar más allá.

Déjate de una vez. Eres el Ser que está detrás del hacer.

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Jairo del Agua: Si quieres agua y llueve… ¡Pon el balde majadero! La eficacia de la oración y la imaginación piadosa.

martes, 15 de noviembre de 2022
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Milagros 1Nos ha hecho «creer» que hay que arrancar los milagros a Dios con la azada de la oración y buenas dosis de dolor y sangre.

Y nos han engañado y nos siguen engañando. Mi lema de juventud era «amor y sacrificio», como el de varios santos. Error gordo, ahora lo veo claro. Con «amor» basta y sobra.

Algunas amistades me dicen que soy muy bruto escribiendo en un román paladino que ofende a los católicos. Sinceramente, a mí lo que me ofende es que me engañen y que mi Iglesia me haya dejado tirado, como a tantísimos jóvenes de este tiempo. Con la gloriosa excepción de curas y teólogos buenos que, como este predicador de papel, están empujando el carro para sacarlo del socavón de la tradición y el inmovilismo.

Suelo responder a esos cariñosos críticos que lean el Evangelio, que comparen lo que digo y cómo lo digo con las palabras de Jesús a los «guías ciegos», mucho más duras y contundentes.

La eficacia de la oración no está en unos «resultados» que Dios te envía. No esperes un aprobado o una matrícula. No pretendas un premio en respuesta a la «moneda de la oración» que introduces en el «tragaperras divino».

Él no puede darte nada porque ya te lo ha dado todo y te lo está dando todo. ¿Cuántas veces das cuerda a tu corazón? ¡Anda, pero si marcha solo! ¿Cuántas veces has pedido que salga el sol? ¿O que las semillas sembradas germinen y den su multiplicado fruto? ¿O que tus hijos crezcan en cuerpo y espíritu? Mi lista de preguntas podría ser inacabable.

Igual, exactamente igual, pasa con todo lo demás. Todo, absolutamente todo, está dispuesto para tu bien y tu felicidad. Pero, amigo mío, eres tú el que se lo tiene que currar, el que tiene que buscar, el que tiene que moverse, el que tiene que sembrar. Porque tú eres el administrador de tu vida.

Son inútiles las cadenas de oración, las novenas, los rosarios, las misas, las peregrinaciones… Eso solo son «imaginaciones piadosas» y esfuerzos baldíos. Salvo que te ILUMINEN y FORTALEZCAN, te empujen a actuar y hagas lo que te corresponda. ¡No pidas Paz, sé pacífico! ¡No pidas Luz, utiliza la cabeza! ¡No pidas fraternidad, sé hermano de verdad! ¡No insistas en pedir amor para todos, derrocha tu amor a todos!

Nos han consolado con la «imaginación piadosa» de creer que cada vez que rezas Dios te suelta unas «gotitas de gracia», por eso hay que insistir tanto. ¡Qué torpes! ¡Dios se está derramando siempre sobre sus criaturas! Pero eres tú el que tiene que poner el balde y recoger su lluvia abundante y permanente. «Estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Él está siempre a nuestro favor, aunque no sepas ni rezar.

¿Por qué, entonces, sentimos consuelo con nuestras prácticas piadosas erróneas? (Siempre que sean sinceras e interiorizadas). Muy sencillo, por «el agujero». Porque todos los seres humanos nacemos con un «enorme agujero dentro», el ansia de una Madre, el «íntimo intimísimo de ti mismo», ese «reino de Dios» que predicó el Nazareno, el ombligo por donde te alimenta la Trascendencia a la que sigues unido, quieras o no, lo sepas o no.

Esa emoción al acudir al Creador es consecuencia de tu fragilidad, de tu pequeñez, de tu «agujero», que necesita ser llenado para sentirse seguro y en paz ante las inclemencias de la vida. «Nos hiciste, Señor, para ser tuyos. Y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (San Agustín).

Totem 2Si, en vez de cristiano, fueras miembro de una tribu inculta, sentirías parecido consuelo al rezar al «tótem pájaro» que preside el poblado. Muchos antepasados adoraron al sol y sintieron tu misma emoción.

Lo que no entiendo es que, siendo cristianos, todavía recemos a «pájaros» sin que en nuestra conciencia suene una aguda alarma. Es el entontecimiento de las «rutinas» impuestas por un «ambiente religioso» prepotente, irrebatible y utilitarista.

No importa en QUIÉN se crea. Lo importante son los BENEFICIOS que esperas obtener. Hemos vendido nuestra capacidad de pensar por unas falsas seguridades. Lo mismo que en la tribu primitiva.

Como católico no puedo rendir mi libertad y conciencia al «sometimiento clerical». No puedo aceptar que no hayamos avanzado casi nada después de siglos de «revelación progresiva» (luces sucesivas de Dios para hacerse entender por el hombre, limitado, frágil, primitivo e incapaz). Y no sepamos distinguir al Abba de una efigie, de un becerro de oro o de un tragaperras. Lo importante -parece- es tener un «agarradero» para sentirnos seguros.

Hemos llegado al monoteísmo judío y poco más. Ni siquiera las revelaciones del Hijo han prosperado. ¿Por qué? Porque miramos ATRÁS, cosificamos la Religión, momificamos el Libro (en vez de mirar sus luces, coleccionamos los troncos quemados), consagramos a los «sirvientes» (que se erigen en guías «poderosos e irrefutables»). Y, sobre todo, no utilizamos la cabeza (nos han enseñado que la «fe» es decir «amén», aún en contra de la razón).

Nuestra Iglesia católica es, a estas alturas, más judía que cristiana (perdonad si molesto con la evidencia). Está adherida al Dios «intervencionista y mágico» de los judíos, incompatible con el Abba de Jesús. Por eso en vez de sentirnos LIBRES siguiendo a Quien vino a liberarnos, estamos ATADOS a lo ANTIGUO y a las «interpretaciones erróneas» de los primeros judeocristianos.

Y no me duelen prendas en incluir a Pablo, Pedro y demás apóstoles primeros. Ellos no pudieron verlo todo, ni entenderlo todo, imbuidos como estaban en su judaísmo. Se lo advirtió Jesús: «Pero ahora no estáis capacitados para entenderlas…» (Jn 16,12). También ellos tenían derecho a equivocarse, como lo tenían a montar en burra.

Muchos siglos después nosotros tenemos derecho a VER lo que ellos no pudieron ver y a viajar en avión mejor que en pollino. Tenemos derecho y obligación de marginar el judaísmo primero y sus ignorancias para ser «fieles al Hijo» que vino a mostramos cómo era el Padre, nuestro modelo. «Oísteis que fue dicho… pero yo os digo…» (Mt 5,21).

El que crea que exagero o disparato que preste atención a las «oraciones oficiales». Comprobará que el 75% son «instrucciones a Dios para que cumpla». Otro 15% son «encomiendas a seres humanos» para que convenzan a Dios de que sea misericordioso y ceda. Solo un porcentaje exiguo son alabanzas, gracias, ofrecimientos, expresiones de confianza (fe) o expresiones de nuestros deseos y determinaciones.

Sin embargo, en la oración, lo único posible es buscar LUZ y ENERGÍA para caminar el Camino de la existencia, buscar la Verdad y motivar la Vida, abriéndonos a la Fuente. Para eso es la Comunidad y las oraciones comunitarias. Para eso es la Iglesia.

El Padre ya lo tiene todo cumplido y realizado, volcado siempre sobre sus criaturas. Somos nosotros los que debemos seguir sus instrucciones, no a la inversa. Y tener la seguridad (fe) de que está ACTUANDO desde dentro y fuera de nosotros, sin pedirlo siquiera.

LluviaAmigo mío, Dios siempre llueve. Eres tú el que tiene que sacar el balde grande y limpio de tu persona para que se llene con su derroche. Dios siempre cumple, porque es fiel. Eres tú el que puede perderse por falta de LUZ y fracasar por falta de ENERGÍA.

Para eso vas a la iglesia. NUNCA para disparatar dándole instrucciones al mismísimo Dios e insultarle llamándole sordo, desmemoriado e inmisericorde.

Yo ya no puedo decir «Señor ten piedad». Me brota del fondo un rotundo «Señor Tú tienes piedad», «Señor Tú nos das la Paz». Y me siento seguro y gozoso. ¿Cómo podemos decir a la Piedad Infinita que tenga piedad?

Te he contado mi experiencia y mis convicciones. Ahora tú haz con tu balde lo que quieras. Mantenlo en el trastero de las rutinas y sigue pidiendo que se llene de agua. Pero no te extrañe si, al cabo de los años, tu balde sigue vacío y seco. Y hasta puede que te atrevas a mencionar el «silencio de Dios», esa gran blasfemia de los que no aprendieron aquello de «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!» (Mt 13,9 y más).

P.D.

«Dios no necesita el olor de los humos de ningún sacrificio ni de ninguna expiación humana». «Salva el amor de Dios. No salvan las religiones, ni el culto, ni los cumplimientos legalistas».

«El misterio de Dios desborda todas las religiones, incluido el cristianismo. Nosotros conocemos la manifestación última y más plena de Dios en Jesús, pero la riqueza de su revelación permanece abierta a la acción del Espíritu. Nuestro espíritu debe estar, por tanto, abierto».

José Mª Mardones en «Matar a nuestros dioses» (Cap. 7- 5).

 

Este es mi nuevo Libro, digital y gratuito. Son 5 fascículos independientes. Puedes pedirlos a jairoagua@gmail.com

Los recibirás en tu correo electrónico gratuitamente.

 

El blog de Jairo del Agua

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Sectarismo

miércoles, 9 de noviembre de 2022
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«Desconfío de esa gente que también conoce lo que Dios quiere que ellos hagan,

porque he notado que coincide con los deseos personales que tienen»

 *

Susan B. Anthony,
cristiana cuáquera, sufragista, defensora de los derechos de las mujeres
(1820-1906)

***

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“Dios nos pilla bastante cerca”, por Dolores Aleixandre

miércoles, 9 de noviembre de 2022
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discipulos-de-jesusDe su blog Un grano de mostaza: 14.10.2022

“Para lo del entierro, me lleváis a la iglesia. – Pero mamá, si tú no eres religiosa… No, pero está más cerca”. Es un diálogo entre una madre que se sabe próxima a la muerte y su hija en la película Cinco lobitos de Alauda Ruiz de Azúa (no se la pierdan…), y es evidente que el argumento de proximidad resulta determinante para la decisión.

Me llama la atención que también en el Evangelio resulte tan importante lo de la cercanía de Dios y la primera vez que Jesús dice algo sobre Él (o sobre su Reino, en versión más discreta) es que está cerca (Mc 1,15), que se está acercando (aviso copiado por Amazon para decirte que tu encargo está ya de camino).

Los expertos en comunicación afirman hoy que quien participa en un debate se lo juega todo en los primeros segundos de su intervención y por eso es llamativo que, entre los múltiples rasgos divinos, a cual más solemnes y espectacular según el catecismo – Infinitud, Poder, Magnificencia. Eternidad…, Jesús eligiera este otro, modesto y con minúsculas que presenta a Dios como un vecino amigable.

Eso es lo que debía querer decir Juan de la Cruz: “Así como el sol está madrugando y dando en tu casa para entrar, si destapas el agujero, así Dios, que en guardar a Israel no dormita (Sal 120,4) ni menos duerme, entrará en el alma vacía y la llenará de bienes divinos”(3 Ll 46).

Y también Rilke en este poema:

“Vecino Dios, si a veces te molesto, con duros golpes en las noches largas, es porque apenas te oigo respirar y sé que siempre estás solo en tu cuarto. Y si algo necesitas, y no hay nadie que te acerque un sorbo hasta la boca: yo te escucho siempre. Hazme una señal. Estoy muy cerca. Un leve muro, por azar, nos separa. Y una llamada tuya o mía podría sin ruido derribarlo”.

En resumen, que es precisamente esa proximidad de Dios y no otro discurso, declaración, doctrina o exordio lo que tenían que anunciar los discípulos – y se supone que hoy la Iglesia – cuando fueron enviados de dos en dos por los pueblos y aldeas: “Id y proclamad que el Reino de Dios está cerca” (Mt 10,7). Y es curioso lo que tienen que decir en caso de rechazo: ``Hasta el polvo de vuestra ciudad que se pega a nuestros pies, nos lo sacudimos en protesta contra vosotros; pero sabed esto: que se ha acercado el Reino de Dios” (Lc 10,11).

Dicho con otras palabras: Dios es inasequible al desaliento y ya podemos ir dando por perdido lo de quitarnos de encima su proximidad.

Fuente Alandar, Octubre 2022

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Encontrar a Dios y la resurrección en matrimonios e intimidades queer

lunes, 7 de noviembre de 2022
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8B616888-4EEC-4261-B487-630648561B81 La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Barbara Anne Kozee, quien es estudiante de doctorado en Ética Teológica en Boston College y tiene un M.Div. de la Universidad de Santa Clara. Como católica queer, Barb investiga la ética sexual y familiar, la teología feminista queer y la ética política. Síguela en Twitter: @barbkozee.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el domingo 32 del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

He llegado a amar los textos desconcertantes sobre el matrimonio y la familia de los Evangelios, como los que tenemos hoy en Lucas, donde Jesús parece más bien anti-familia y anti-matrimonio. Me gustan estos textos porque desafían muchas suposiciones que la iglesia y la cultura occidentales usan para definir la buena vida. Estos textos bíblicos requieren una respuesta de nosotros como cristianos, presentando oportunidades para que los católicos queer contribuyan a las conversaciones sobre la experiencia vivida del matrimonio y la familia.

En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús es cuestionado sobre la posibilidad de una resurrección corporal. El dilema se refiere a una mujer que se ha vuelto a casar varias veces después de la muerte posterior de sus maridos: ¿De quién será esposa en la resurrección? A su manera clásica, en lugar de responder directamente a la pregunta, Jesús responde: “Los que pertenecen a este siglo se casan y se dan en matrimonio; pero los que son tenidos por dignos de un lugar en aquel siglo y en la resurrección de los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento. De hecho, ya no pueden morir, porque son como ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección” (Lucas 20:34-36).

En su monografía sobre el género en el evangelio de Lucas, Turid Karlsen Seim, estudiosa de la Biblia, escribe que este texto es representativo de la creencia del Jesús de Lucas de que la práctica del celibato anticipa la resurrección. La estética cristiana primitiva y los filósofos cristianos griegos utilizaron este texto en debates sobre el significado de una resurrección corporal y carnal y qué aspectos, si es que queda alguno, del sexo y el género permanecerán en el cielo. Textos bíblicos como estos se utilizaron para justificar una jerarquía de enfoques sobre el sexo: una vida espiritual “perfecta” requiere el celibato, y el matrimonio es para los laicos que buscan la mejor de las alternativas indeseables. Esta historia, que por supuesto también condenó las relaciones homosexuales, es una que los especialistas en ética sexual cristiana todavía confrontan y deshacen hoy.

matrimoniogay1Alejándonos de cómo la Iglesia primitiva consideraba el texto como una justificación de sus posiciones sobre el matrimonio, el sexo y el celibato, ¿cómo podemos leer este texto a la luz de los mensajes centrales del Evangelio de Jesús? Podemos hacer esto al pensar en el matrimonio a la luz de lo que Jesús dice aquí acerca de la resurrección.

El teólogo Outi Lehtipuu escribe que, en lugar de contrastar el matrimonio mundano con el matrimonio en el más allá, el énfasis de Lucas está en la diferencia entre dos grupos de personas: «hijos de esta era» e «hijos de la resurrección». Estos grupos no se diferencian por el tiempo, sino por características éticas y por lo que significa ser cristiano. El Jesús de Lucas presenta una teología de su propia resurrección con implicaciones para el aquí y ahora.

¡Estas son buenas noticias! ¡Esta es una noticia emocionante y misteriosa! La faceta del celibato de este texto se vuelve menos central. En cambio, estamos llamados a reflexionar sobre qué aspectos de nuestras experiencias de relación, matrimonio, familia, intimidad y/o asociación nos permiten conocer a Dios y la resurrección de manera encarnada.

Leer este texto de esta manera de “afirmación del matrimonio” es especialmente importante para los católicos queer, a quienes la enseñanza magisterial les dice que nuestra única vocación es el estilo de vida célibe. Lo bueno del matrimonio ha sido confirmado por las experiencias de una amplia variedad de géneros y sexualidades en la comunidad cristiana. Las experiencias maritales e íntimas de los católicos queer nos ayudan especialmente a ver más allá de la complementariedad de género y la familia nuclear biológica. Nuestras experiencias iluminan formas de estar en relación unos con otros que definen lo que significa ser los “hijos de la resurrección” que el Evangelio de hoy nos llama a ser. La relación cristiana se define por la intimidad, el compromiso, el cuidado, la alegría y el sufrimiento, y la participación familiar en la comunidad y la sociedad.

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A riesgo de sonar demasiado romántico sobre la institución del matrimonio, hoy me deleito en el don de conocer a Dios a través de nuestras relaciones y la capacidad de ver destellos de la resurrección en lo sagrado de las intimidades queer.

—Barbara Anne Kozee, 6 de noviembre de 2022

Fuente New Ways Ministry

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“¿Es ridículo esperar en Dios?”. 32 Tiempo ordinario – C (Lucas 20,27-38)

domingo, 6 de noviembre de 2022
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Los saduceos no gozaban de popularidad entre las gentes de las aldeas. Era un sector compuesto por familias ricas pertenecientes a la élite de Jerusalén, de tendencia conservadora, tanto en su manera de vivir la religión como en su política de buscar un entendimiento con el poder de Roma. No sabemos mucho más.

Lo que podemos decir es que «negaban la resurrección». La consideraban una «novedad» propia de gente ingenua. No les preocupaba la vida más allá de la muerte. A ellos les iba bien en esta vida. ¿Para qué preocuparse de más?

Un día se acercan a Jesús para ridiculizar la fe en la resurrección. Le presentan un caso absolutamente irreal, fruto de su fantasía. Le hablan de siete hermanos que se han ido casando sucesivamente con la misma mujer, para asegurar la continuidad del nombre, el honor y la herencia a la rama masculina de aquellas poderosas familias saduceas de Jerusalén. Es de lo único que entienden.

Jesús critica su visión de la resurrección: es ridículo pensar que la vida definitiva junto a Dios vaya a consistir en reproducir y prolongar la situación de esta vida, y en concreto de esas estructuras patriarcales de las que se benefician los varones ricos.

La fe de Jesús en la otra vida no consiste en algo tan irrisorio: «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob no es un Dios de muertos, sino de vivos». Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo sus hijos; Dios no vive por toda la eternidad rodeado de muertos. Tampoco puede imaginar que la vida junto a Dios consista en perpetuar las desigualdades, injusticias y abusos de este mundo.

Cuando se vive de manera frívola y satisfecha, disfrutando del propio bienestar y olvidando a quienes viven sufriendo, es fácil pensar solo en esta vida. Puede parecer hasta ridículo alimentar otra esperanza.

Cuando se comparte un poco el sufrimiento de las mayorías pobres, las cosas cambian: ¿qué decir de los que mueren sin haber conocido el pan, la salud o el amor?, ¿qué decir de tantas vidas malogradas o sacrificadas injustamente? ¿Es ridículo alimentar la esperanza en Dios?

José Antonio Pagola

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“No es Dios de muertos, sino de vivos”. Domingo 06 de noviembre de 2022. 32º Ordinario

domingo, 6 de noviembre de 2022
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57-ordinarioc32-cerezoLeído en Koinonia:

2Macabeos 7, 1-2. 9-14: El rey del universo nos resucitará para una vida eterna.
Salmo responsorial: 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.
2Tesalonicenses 2, 16-3, 5: El Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.
Lucas 20, 27-38: No es Dios de muertos, sino de vivos.

Los saduceos eran los más conservadores en el judaísmo de la época de Jesús. Pero sólo en sus ideas, no en su conducta. Tenían como revelados por Dios sólo los primeros cinco libros de la Biblia, que atribuían a Moisés. Los profetas, los escritos apocalípticos, todo lo referente por tanto al Reino de Dios, a las exigencias de cambio en la historia, a la otra vida… lo consideraban ideas “liberacionistas” de resentidos sociales. Para ellos no existía otra vida, la única vida que existía era la presente, y en ella eran los privilegiados –tal vez por eso, pensaban que no había que esperar otra–.

A esa manera de pensar pertenecían las familias sacerdotales principales, los ancianos, o sea, los jefes de las familias aristocráticas, y tenían sus propios escribas que, aunque no eran los más prestigiados, les ayudaban a fundamentar teológicamente sus aspiraciones a una buena vida. Las riquezas y el poder que tenían eran muestra de que eran los preferidos de Dios. No necesitaban esperar otra vida. Gracias a eso mantenían una posición cómoda: por un lado, la apariencia de piedad; por otro, un estilo de vida de acuerdo a las costumbres paganas de los romanos, sus amigos, de quienes recibían privilegios y concesiones que agrandaban sus fortunas.

Los fariseos eran lo opuesto a ellos, tanto en sus esperanzas como en su estilo de vida austero y apegado a la ley de la pureza. Una de las convicciones que tenían más firmemente arraigadas era la fe en la resurrección, que los saduceos rechazaban abiertamente por las razones expuestas anteriormente. Pero muchos concebían la resurrección como la mera continuación de la vida terrena, sólo que para siempre, ya sin muerte.

Jesús estaba ya en la recta final de su vida pública. El último servicio que estaba haciendo a la Causa del Reino –en lo que se jugaba la vida–, era desenmascarar las intenciones torcidas de los grupos religiosos de su tiempo. Había declarado a los del Sanedrín incompetentes para decidir si tenían o no autoridad para hacer lo que hacían; a los fariseos y a los herodianos los había tachado de hipócritas, al mismo tiempo que declaraba que el imperio romano debía dejar a Dios el lugar de rey; ahora se enfrentó con los saduceos y dejó en claro ante todos la incompetencia que tenían incluso en aquello que consideraban su especialidad, la ley de Moisés.

La posición de Jesús en este debate con los saduceos puede sernos iluminadora para los tiempos actuales. También nosotros, como la sociedad culta que actualmente somos, podemos reaccionar con frecuencia contra una imagen demasiado fácil de la resurrección. Cualquiera de nosotros puede recordar las enseñanzas que respecto a este tema recibió en su formación cristiana de catequesis infantil, la fácil descripción que hasta hace 50 años se hacía de lo que es la muerte (separación del alma respecto al cuerpo), lo que sería el «juicio particular», el «juicio universal», el purgatorio (si no el limbo, que fue oficialmente «cerrado» por la Comisión Teológica Internacional del Vaticano hace unos pocos años), el cielo y el infierno (¡!)…

La teología (o simplemente la imaginería) cristiana, tenía respuestas detalladas y exhaustivas para todos estos temas. Creía saber casi todo respecto al más allá, y no hacía gala precisamente de sobriedad ni de medida. Muchas personas «de hoy», con cultura filosófica y antropológica (o simplemente con «sentido común actualizado») se ruborizan de haber creído semejantes cosas, y se rebelan, como aquellos saduceos coetáneos de Jesús, contra una imagen tan plástica, tan incontinente, tan maximalista, tan fantasiosa, y para más inri, tan segura de sí misma. De hecho, en el ambiente general del cristianismo, se puede escuchar hoy día un prudente silencio sobre estos temas, otrora tan vivos y hasta tan discutidos. En el acompañamiento a las personas con expectativas próximas de muerte, o en las celebraciones en torno a la muerte, no hablamos ya de los difuntos ni de la muerte de la misma manera que hace unas décadas. Algo se está curvando epistemológicamente en la cultura moderna, que nos hace sentir la necesidad de no repetir ya lo que nos fue dicho, sino de revisar y repensar con más continencia lo que podemos decir/saber/esperar.

Como a aquellos saduceos, tal vez hoy Jesús nos dice también a nosotros: «no saben ustedes de qué están hablando…». Qué sea el contenido real de lo que hemos llamado tradicionalmente «resurrección», no es algo que se pueda describir, ni detallar, ni siquiera «imaginar». Tal vez es un símbolo que expresa un misterio que apenas podemos intuir, pero no concretar. Una resurrección entendida directa y llanamente como una «reviviscencia», aunque sea espiritual (que es como la imagen funciona de hecho en muchos cristianos formados hace tiempo), hoy no parece sostenible, críticamente hablando.

Tal vez nos vendría bien a nosotros una sacudida como la que dio Jesús a los saduceos. Antes de que nuestros contemporáneos pierdan la fe en la resurrección y con ella, de un golpe, toda la fe, sería bueno que hagamos un serio esfuerzo por purificar nuestro lenguaje sobre la resurrección y por poner por delante su carácter mistérico. Fe sí, pero no una fe perezosa y fundamentalista, sino una fe seria, sobria, crítica, responsable y continente. Hay libros adecuados para estos temas, que recomendamos más abajo. Leer más…

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