Iniciamos de nuevo un tiempo anterior a la navidad. Algo, alguien va a venir, va a llegar; en estas semanas: Va a llegarnos la luz. Nuestro corazón se dispone a esperar. ¿Sabemos esperar en este siglo XXI, donde todo se realiza a la velocidad de los whatsapp? Y por tanto con la ligereza y poco profundidad de lo inmediato.
La tradición del adviento y la navidad, surge -como el cristianismo- en Europa… Los meses de Noviembre y Diciembre son de frío, de largas horas de oscuridad. En el solsticio de invierno se vive el día con más horas de oscuridad, de todo el año; los antiguos habitantes del Mediterráneo, celebraban en las inmediaciones de este solsticio, la fiesta del sol, la fiesta de la luz. Los cristianos celebramos en esa fecha nuestra Navidad, el nacimiento del Dios encarnado en el hombre concreto: Jesús de Nazaret, que nace del vientre de una mujer: María de Nazaret.
Para esta celebración nos preparamos en nuestro interior en el tiempo de Adviento, tiempo de espera, expectación… ¿Qué esperamos nosotros? ¿Qué puede traer a nuestras vidas, ese personaje, Jesús de Nazaret, si lo acogemos en ellas y en nuestro corazón? El místico Angelus Silesius nos dice:
Si Cristo naciera mil veces en Belén y no en ti, quedaría perdido para siempre.
Es importante aprender a esperar. La espera puede ser impaciente como la de las colas burocráticas de estos tiempos; puede cargarse de ira ante funcionarios y empleados ineficientes o puede cargarse de sentido, preñarse de vida… si la sabemos vivir de manera distinta.
¿Qué esperamos los y las creyentes en estos días? La teóloga Megan McKenna nos dice: “Dios bajó. Este es el núcleo de los tiempos de Adviento, Navidad y Epifanía. Dios prefiere vivir con nosotros a pesar de nuestra ira, nuestra violencia y nuestra falta de amor mutuo. Encontramos a Dios aquí en la tierra”. El evangelio de Juan lo expresa con estas bellas palabras: El verbo puso su tienda (acampó) entre nosotros. Vivir en la espera de esta realidad es hacer presente nuestra necesidad permanente de luz.
Invito a vivir este ambiente en la conciencia de las luces que necesitamos como personas, como grupos o círculos, como comunidades amplias, como sociedad. Una actitud de espera activa, es una actitud transformadora que trabaja y lucha por aquello que espera…
Esperamos desde una oscuridad grande. Un mundo lleno de injusticias que no respeta la vida humana, que no respeta la naturaleza, que ha expulsado el amor de sus corredores de vida. Una sociedad que cada día que pasa pierde más su calidad humana. Esperamos desde situaciones personales, comunitarias y colectivas difíciles… Acompañamos en esta espera a María, obligada a migrar primero en embarazo y después con su hijo pequeño en huida del poder asesino; acompañamos su ilusionada espera: María se ve a sí misma no tanto como madre de Jesús, sino como miembro de su pueblo. Se alinea junto al pueblo fiel, junto al “resto” formado por los que esperan, los que obedecen y aguardan que la gloria de Dios se manifieste. (Cita de: Megan McKenna, María sombra de gracia).
Estamos necesitados y necesitadas de luz… Soñemos y forjemos un mundo en el que:
La vida humana recobre su valor y su sentido
El amor, el respeto y la solidaridad encuentren su camino
Cesen las violencias y el odio
Cesen las guerras y las agresiones
Las mujeres, los niños y los más vulnerables tengan plenitud de derechos y reciban protección permanente
No haya violaciones ni atropellos de género
Hallemos el sendero para reconciliarnos
Haya justicia y paz
Haya amor, acogida y respeto a toda diferencia
Haya salud humana para todos y todas
Un mundo en que la tierra y el hombre cohabiten en armonía, sin destrucciones ni atropellos mutuos.
La Navidad nos puede traer esto y mucho más, porque nos trae la luz y la fuerza de vida. Jesús nacido en nuestros corazones, nos hace portadores de amor, de vida, de justicia, de paz. Vivamos este tiempo, preñados y preñadas de esperanza. Un adviento vivido de cara hacia esa LUZ que nos llega, se convertirá siempre en una Navidad cargada de sentido espiritual.
En Adviento, aventar
para que el aire penetre en las entrañas,
para limpiar nuestros rincones y zonas oscuras,
para separar el grano de la paja,
y recoger la cosecha anunciada.
Aventar para mullir la tierra,
para clarear el horizonte y las sendas,
para que el viento nos lleve a la otra orilla,
para adelgazar nuestras querencias,
y acrisolar nuestras pertenencias.
Aventar para descubrir lo vacuo y lo que pesa,
para purificar nuestra historia,
para que la semilla caiga en tierra buena,
para que la esperanza florezca,
y colaborar en tu empresa.
En Adviento, aventar
dejando que el viento sople como quiera,
para que despunten las promesas,
y el que viene se sienta como en su casa
aunque sea emigrante y de tierra extraña.
En Adviento, aventar
para preparar tu Navidad
y disfrutar de la buena nueva.
Este Adviento, Bondings 2.0 te invita a hacer un viaje espiritual a través de reflexiones guiadas sobre las lecturas de los cuatro domingos de la temporada. El ejercicio de reflexión a continuación se puede hacer individualmente, con un amigo cercano o en un grupo de intercambio de fe. Los reflejos están especialmente diseñados para personas LGBTQ y aliados.
Estos ejercicios de Adviento son parte de la serie Journeys de New Ways Ministry: una colección de selecciones bíblicas, preguntas de reflexión, oraciones y meditaciones en video.
Esperamos que estas ayudas espirituales los ayuden a todos en sus propios viajes. Para las lecturas de este domingo, haga clic aquí.
Si desea compartir algunas de sus reflexiones con otros lectores de Bondings 2.0, no dude en agregar las respuestas que tenga en la sección «Comentarios» de esta publicación.
En la Biblia, lo único que aprendemos sobre la persona de Jesé es que fue el padre de David, quien se convertiría en el rey más grande de Israel. Nada más se registra sobre él.
En 1 Samuel 16: 1-13, Dios le dice al profeta Samuel: “Llena tu cuerno con aceite, y sigue tu camino. Porque te envío a Jesé en Belén, porque he escogido como rey a uno de entre sus hijos… Tú me ungirás a mi elegido”.
Cuando Samuel llega a Belén, invita a Jesé y a su familia a una fiesta de sacrificio. Isaí trae consigo a sus siete hijos mayores. David, el más joven, se queda atrás para cuidar las ovejas. Cada uno de los siete hijos se presenta a Samuel, pero los siete son rechazados por Dios. “¿Estos son todos los hijos que tienes?” pregunta Samuel. Cuando David es llamado y anunciado, Dios dice: “Levántate y unge a éste”.
En la “raíz de Jesé” (Isaías 11:10), el profeta Isaías traza el linaje del Mesías que nacerá a través de la “simiente de David” (Romanos 1:3).
Utilizando el término “tocón de Jesé”, Isaías profetiza el futuro de la nación de Israel. Dios había escogido a Israel para que fuera el propio pueblo de Dios. Debido a que Israel rechazó los caminos de Dios y se negó a arrepentirse, Dios permitió que Asiria destruyera y esclavizara al pueblo escogido de Dios. En el exilio lejos de la tierra, Israel se convirtió en un pueblo quebrantado y devastado. Sin embargo, incluso en esta desesperación, Israel fue llamado a la esperanza, porque “del tronco de Jesé brotaría un retoño, y de sus raíces una rama daría fruto” (Isaías 11:1). Aunque el gran florecimiento de los reyes davídicos se había reducido a un mero tronco en el exilio, un retoño sobreviviría, y del linaje de Jesé y David, el Mesías elegido traería al Pueblo de Israel de vuelta a la gracia de Dios.
Isaías 11:1-10
En aquel día, un retoño brotará del tronco de Jesé; de las raíces de Jesse, florecerá un capullo.
Reposará sobre vosotros el Espíritu de YHWH, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor a YHWH.
Te deleitarás en obedecer a YHWH, y no juzgarás por las apariencias ni tomarás decisiones por rumores. Juzgarás a los pobres con justicia y defenderás los derechos de los afligidos de la tierra. Con una sola palabra, abatiréis a los tiranos; con tus decretos matarás a los impíos. La justicia será un cinturón alrededor de tu cintura; la fidelidad te ceñirá.
Entonces el lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca se alimentará con el oso, sus crías descansarán juntas; el león comerá heno como el buey, el bebé jugará junto a la guarida de la cobra, y el niño pequeño bailará sobre el nido de la víbora.
No habrá daño ni destrucción en todo mi santo monte; porque como las aguas llenan el mar, así la tierra se llenará del conocimiento de YHWH.
En ese día, la raíz de Jesé será un símbolo para los pueblos del mundo: las naciones se congregarán a ti y tu morada será gloriosa.
PARA LA REFLEXIÓN
01.- Mientras reflexionas sobre la historia de la unción de David y la metáfora del «tocón de Jesse«, ¿puedes recordar algún incidente en tu vida como persona o aliado LGBTQ en el que fuiste elegido contra todo pronóstico, o sobreviviste cuando las fuerzas intentaron eliminarte? ¿Cómo aseguró Dios tu prosperidad? Si no puede pensar en un ejemplo en su vida, ¿puede pensar en uno en la vida de otra persona o aliado LGBTQ?
02.- Dos títulos bíblicos que se le dan al Mesías son “Raíz de Jesé” y “Heredero de David”. A través de tu historia LGBTQ/aliado, ¿qué título describiría mejor tu relación con su familia de origen? ¿Cómo reflejaría este título no sólo tu genealogía, sino también tu historia y vocación?
03.- A través de la primera venida de Jesús, se han cumplido las siguientes promesas: adopción como hijos de Dios LGBTQ, perdón de los pecados y salvación. ¿Cómo refleja tu vida de fe y adoración estas bendiciones? ¿Qué te impide poseer estas gracias?
04.- Mientras te “deleitas en obedecer a YHWH”, ¿cómo te desafías no solo a ti mismo, sino también a tu familia, iglesia y comunidad LGBTQ a dar buenos frutos? ¿Dónde ves arrepentimiento y dónde encuentras desafío?
05.- La segunda mitad de la lectura de Isaías enumera la unión de parejas improbables: lobo/cordero, becerro/león, vaca/oso. ¿Con quién te ves a ti mismo, o a la comunidad LGBTQ, en un futuro libre de «daño o destrucción»? ¿Por qué?
06.- “Dios juzgará a los pobres con justicia y defenderá los derechos de los afligidos de la tierra”. ¿Cómo definirías la justicia para ti (o para aquellos que son LGBTQ)? ¿A quién puedes nombrar de la comunidad LGBTQ/aliada que se beneficiaría de alguna forma de justicia, oración, una palabra de consuelo o sanación? ¿Cómo se extenderá o ayudará a que se haga justicia?
Fuente: Unsplash
ORACIÓN
de David hijo de Jesé
Salmo 72: 1-2, 7-8, 12-14, 17
Oh Dios, da a tu ungido tu juicio y tu justicia.
Enseña a tu elegido a gobernar correctamente a tu pueblo y a hacer justicia a los oprimidos.
Florecerá la justicia a través de los días, y la paz profunda, hasta que no haya más luna.
Tu ungido gobernará de mar a mar, y desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra.
Tu ungido rescatará a los pobres cuando clamen,
y los oprimidos cuando no hay quien los ayude.
Tu elegido se apiadará de los humildes y de los pobres, y les salvará la vida.
Tu elegido los rescatará de la violencia y la opresión,
y tratarán su sangre como preciosa.
Que el nombre de tu ungido perdure para siempre,
y continue mientras exista el sol.
En tu elegido serán benditas las naciones de la tierra,
y ellos bendecirán a los ungidos a cambio.
VÍDEO MEDITACIÓN
El siguiente video titulado “Lo que la genealogía de Jesús nos enseña sobre el Salvador”, nos guía a través de los primeros versículos del Evangelio de Mateo.
En esta genealogía se hace evidente que cada uno de nosotros juega un papel crucial en la construcción del Reino de Dios. Además, al incluir personas imperfectas con pasados cuestionables en el linaje de Jesús, el mensaje subyacente es que nadie está jamás excluido del amor de Dios y que nuestra contribución, por pequeña que sea, es aceptable para Dios.
-Dwayne Fernandes, New Ways Ministry, December 4, 2022
Comentarios desactivados en “Sin caminos hacia Dios”. 2 Adviento – A (Mateo 3,1-12)
Son muchas las personas que no son ni creyentes ni increyentes. Sencillamente se han instalado en una forma de vida en la que no puede aparecer la pregunta por el sentido último de la existencia. Más que de increencia deberíamos hablar en estos casos de una falta de condiciones indispensables para que la persona pueda adoptar una postura creyente o increyente.
Son hombres y mujeres que carecen de una «infraestructura interior». Su estilo de vida les impide ponerse en contacto un poco profundo consigo mismos. No se acercan nunca al fondo de su ser. No son capaces de escuchar las preguntas que surgen desde su interior.
Sin embargo, para adoptar una postura responsable ante el misterio de la vida es indispensable llegar hasta el fondo de uno mismo, ser sincero y abrirse a la vida honestamente hasta el final.
Tras la crisis religiosa de muchas personas, ¿no se encierra con frecuencia una crisis anterior? Si tantos parecen alejarse hoy de Dios, ¿no es porque antes se han alejado de sí mismos y se han instalado en un nivel de existencia donde ya Dios no puede ser escuchado?
Cuando alguien se contenta con un bienestar hecho de cosas, y su corazón está atrapado solo por preocupaciones de orden material, ¿puede acaso plantearse lúcidamente la pregunta por Dios?
Cuando una persona anda buscando siempre la satisfacción inmediata y el placer a cualquier precio, ¿puede abrirse con hondura al misterio último de la existencia?
Cuando uno vive privado de interioridad, esforzándose por aparentar u ostentar una determinada imagen de sí mismo ante los demás, ¿puede pensar sinceramente en el sentido último de su vida?
Cuando una persona vive volcada siempre hacia lo exterior, perdiéndose en las mil formas de evasión y divertimiento que ofrece esta sociedad, ¿puede encontrarse realmente consigo misma y preguntarse por su último destino?
«Preparad el camino al Señor». Este grito de Juan Bautista no ha perdido actualidad. Seamos conscientes o no de ello, Dios está siempre viniendo a nosotros. Podemos de nuevo encontrarnos con él. La fe se puede despertar otra vez en nuestro corazón. Lo primero que necesitamos es encontrarnos con nosotros mismos con más hondura y sinceridad.
Comentarios desactivados en “Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos”. Domingo 04 de diciembre de 2022. Domingo 2º de Adviento
Leído en Koinonia:
Isaías 11,1-10: Juzgará a los pobres con justicia. Salmo responsorial: 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente. Romanos 15,4-9: Cristo salva a todos los hombres. Mateo 3,1-12: Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos.
La primera lectura es uno de esos varios preciosos textos de Isaías –y de los profetas bíblicos en general– que nos «describen» la «utopía» bíblica. Por definición, la utopía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe… y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No es que no exista, simplemente, sino que «no existe… todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo-que-no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede llegar a ser, quiere ser y, como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser. Y será. Como decía Ebeling, «lo más real de lo real, no es lo real mismo, sino sus posibilidades»…
El pensamiento utópico es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones «neolíticas», las de los últimos cinco mil años. Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (la interioridad, el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad… una especie de «estado modificado» de conciencia); otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica… (la experiencia de sintonía con la naturaleza, de unidad e interdependencia con ella, de su sacralidad imponente, de la Pachamama… lo que Mircea Elíade llamó la «experiencia uránica», ésa que todos los pueblos han sentido al contemplar la belleza del cosmos, del cielo estrellado…). Las religiones abrahámicas, un tercer grupo, por su parte, han experimentado lo sagrado «en la historia», por medio de la fe, la esperanza y el amor, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia. Véanse los tres enfoques diferentes de las tres gamas o ramas del árbol de las religiones: la interioridad de la conciencia, la misteriosidad de la naturaleza, y el llamado utópico de la justicia en el decurso de la historia…
Este tercer foco es, concretamente, el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica…) añade, reviste, completa… pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza espiritual que experimentamos en el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género…) en que se realice.
Los profetas, Isaías en el caso de la lectura de hoy, «describe» la Utopía, «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza… La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia deja lugar a la justicia, el pecado al perdón, el odio al amor… las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni Utopía más grande, aunque esté tan lejana.
El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrincónó tanto la utopía como la esperanza.
El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [reinado “de los cielos” dirá Mateo, con el pudor reverencial judío que evita «tomar el nombre de Dios en vano»] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad precientífica y apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (convertirnos), y es con ello como cambiamos este mundo… Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica de transformación del mundo y de su historia (una transformación venida de abajo y desde dentro). El reinado de Dios -la Utopía, para decirlo con un lenguaje más amplio e interreligioso- no es ni puede ser objeto de «espera» (como ante algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena). La esperanza es esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar y en el tiempo, aquí y ahora, en la Tierra, no en el cielo futuro.
Insistimos: otras religiosidades discurren por otro tipo de experiencia de lo sagrado –y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad–, pero la vivencia espiritual específicamente judeocristiana es esta esperanza activa histórico-utópica comprometida. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.
Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»… Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, de «todas las Escrituras», no sólo de la Biblia…). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales… sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprometernos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico y contingente. Cualquier utilización bíblica que nos encierre dentro de la Bíblia misma, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado –o incluso perverso– de la Biblia. Leer más…
Comentarios desactivados en Dom 4.12.22. Adviento 2: Galileo marginal y discípulo disidente de Juan Bautista
Del blog de Xabier Pikaza:
Antes que tiempo de preparación para la Navidad de Jesús, el Adviento ha sido preparación de Jesús para su misión al servicio del Reino de Dios.
Hay en Adviento otros motivos y personas; Isaías profeta, José padre justo, María madre…). Pero la más significativos este domingo es Juan Bautista, a quien ayer (30.11) presenté como maestro de de Jesús y de Andrés. En esa línea sigue esta postal, que consta de dos partes. (1) Jesús galileo marginal. (2) Discípulo disidente del Bautista
| X. Pikaza
Texto. Mt 3, 1-12 (sección):
Juan Decía: Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo… Tiene el el bieldo en la mano: aventará su parva, limpiará la era y quemará la paja en una hoguera que no se apaga (etc.).
1. GALILEO MARGINAL
Había en aquel tiempo líderes (celosos) militares, aunque ninguno pudo compararse con David, desde la restauración fallida de Zorobabel, del 539 al 515 a. C. (cf. Ag 1, 1.12-14; 2, 2-4; Zac 4, 6-10). Entre ellos había dos “judas”:
– Judas Macabeo, caudillo de la revuelta sacerdotal y militar contraria a los intentos de helenización de los seléucidas de Siria, que quisieron imponer un tipo de cultura y religión helsnista, partiendo de Jerusalén, con la ayuda de algunos sacerdotes de la alta nobleza. El héroe Macabeo murió en el campo de batalla (el año 160 a.C.), pero su memoria siguió y sigue siendo venerada de formas distintas por el pueblo.
– Judas Galileo, al que Gamaliel presenta junto a Teudas, como dirigente de un movimiento paralelo al de Jesús, un “celoso” que fracaso “porque Dios no lo apoyaba” (Hech 5, 37). Se alzó (quizá en un plano doctrinal más que militar), hacia el 6 d. C., tras la deposición de Arquelao (cuando Jesús era un muchacho), contra del censo que Quirino, gobernador de Siria, había impuesto sobre Judea y Samaría. Cf. F. Josefo Ant 18.1. 1-8 y en Bell 2.8.1.
No sabemos cómo murió Judas Galileo. Sabemos, en cambio, que Judas Macabeo murió como un héroe de la resistencia, en defensa de su pueblo, mientras Jesús Galileo morirá más tarde como traidor oficial, condenado por las autoridades de Israel y Roma. Conforme a la visión de Judas Galileo, el adviento Reino de Dios era más que un proceso de liberación política, pues implicaba aspectos más hondos de trasformación social y personal más hondos, aunque de algún modo debían avalarse con las armas.
El adviento de Jesús Galileo puede compararse a los de Judas Macabeo y Judas Galileo, pero su método y sus fines son distintos, no por simple rechazo de la guerra, sino por su exigencia de transformación de la comunidad (iglesia) del Reino, desde los pobres y excluidos, en perdón, curación, gratuidad. sin guerra.
Había también en el contexto de Jesús esenios y fariseos, vinculados de algún modo a los hasidim del entorno de los macabeos. Entre los esenios destaca el Maestro de Justicia, figura central de la renovación israelita de la segunda mitad del siglo II a. C. Fue sacerdote, pero contrario a los sadoquitas (de la dinastía de Sadoc: cf. 2 Sam 8, 17; 1 Rey 1, 8; Ez 40, 46; 1 Cron 6, 8) que habían sido dominantes en la primera mitad del siglo II, hasta la muerte de Alcimo (159 a.C.) y también contrario a la nueva dinastía asmonea, que triunfó con Jonatán (hermano de Judas Macabeo) y con sus sucesores, tras el (152 a. C), de forma que vivió en un tipo de “exilio”.
Este Maestro de justicia era rigorista en su visión de la ley, apocalíptico en su forma de entender la historia. Esperaba una intervención fuerte de Dios, que renovaría el orden religioso de Israel y la estructura política y social de su territorio. Su nombre y figura se encuentra asociada al establecimiento de los esenios en Qumrán, con su afán de pureza: sólo ellos, los elegidos de la alianza, habrían entendido bien el tiempo de Dios y así esperaban en el desierto su llegada.
Pudieron haberse dado contacto entre Qumrán y Juan Bautista y, en esa línea, podríamos hablar de un primer momento en que Jesús (discípulo de Juan) estaba cercano a los esenios. Pero cuando empezó a promover su movimiento de Reino en Galilea, Jesús rechazó el modelo sacral del Maestro de Justicia [1].
El movimiento de Qumrán podría ayudarnos para situar el mensaje de algunos grupos cristianos primitivos, como el de Santiago, en Jerusalén, pero la forma de entender las promesas de Dios y la visión de fondo del Maestro de Justicia y de Jesús, aún brotando de un mismo sustrato israelita, eran muy diferentes y reflejaban dos maneras de entender la identidad israelita.
(1) El Maestro de justicia se interesaba por la limpieza moral y sacral de su comunidad, que debía separarse de otros grupos “manchados”, para expresar de manera elitista y “limpia” los principios de la Ley. (2) En contra de eso, Jesús ofrece el Reino de Dios a los pobres y expulsados del sistema sacral (a quienes Qumrán rechazaba): no quiere un grupo de puros, sino un movimiento de Reino.
Entre los (proto-fariseos) que nacieron también de los hasidim, igual que los esenios, en tiempos de la crisis macabea, destaca Hilel, maestro del judaísmo nacional posterior (rabínico), representado por la Misná (codificada hacia 200 d. C.). Fue algo anterior a Jesús (vivió entre el 30 a. C. y el 10 d. C.) y había venido de Babilonia a Judea. No era partidario de la guerra (contra los celotas); no buscaba una separación radical (de grupo y vida), como muchos esenios, sino una separación legal, en la línea de un judaísmo de pureza familiar y social, que pudiera vivirse en los poblados y ciudades de la tierra de Israel o de la diáspora y cultivarse de un modo abierto en las sinagogas, profundizando en el estudio y cumplimiento de la Ley Nacional (Tora, Pentateuco) en grupos de fieles, separados de la masa de los gentiles. [2]
Qué era. Entorno social: Marginado galileo
Nació en una familia de carácter “religioso” y erudito de Galilea, en conexión con el judaísmo proto-rabínico de Judea, pero con los rasgos propios de un cultura campesina, retomando los ideales y caminos de justicia social de la tradición primitiva (más campesina que letrada) del Israel antiguo. Así parece mostrarlo la forma de vida y doctrina de Santiago, su hermano (hermano del Señor: Gal 1, 15-20; 1 Cor 9, 5-6), primer “obispo” de Jerusalén, a quien se atribuye una carta-circular escrita en su nombre sobre la ley universal del amor. La tradición iglesia antigua (avalada por Pablo y Hech 15, y por el mismo F. Josefo: Ant 20, 197-203), supone que Santiago no era un “inculto mesiánico”, sino un erudito, estudioso de la ley. Eso nos llevaría a pensar que Jesús nació en una familia donde, al menos, alguno de sus hermanos valoraba el estudio y cumplimiento de la Ley, en un sentido piadoso [3].
Educado en el trabajo: escuela campesina de vida. Ni Mateo ni Marcos suponen, en contra de Lucas, que Jesús subió al templo a los 12 para discutir con los letrados. Mt 2 afirma, simbólicamente, que José tuvo que llevarle escondido de Belén a Egipto, donde vivió en el exilio. Algunos exegetas de tipo esotérico añaden que allí pudo haber aprendido las artes ocultas de la religión y la magia sanadora, antes de volver a Nazaret (cf. Mt 2, 13-23). Pero el relato de la “huida a Egipto” es más teológico que histórico, un intento de relacionar a Jesús con Moisés, liberado de las aguas, que debió salir de Egipto para realizar su obra en Galilea y, más concretamente, en Nazaret (cf. Mt 2, 23).
Un dato más firme e importante para entender la vida de Jesús lo ofrece Marcos cuando le presenta como tekton o artesano, obrero no especializado que se ocupa, sobre todo, de labores relacionadas con la construcción: cantero, carpintero, trabajador de la madera o la piedra. Sus antepasados vinieron probablemente de Judea a Nazaret, en el tiempo de la conquista de Alejandro Janeo (en torno al 100 a. C.), como agricultores, recibiendo en propiedad unas tierras, que les vinculaban a la promesa y bendición de Dios, en la línea que indican los libros antiguos (especialmente Levítico y Josué). Pero él (o José su padre), como otros muchos, había perdido la tierra, volviéndose así campesino sin campo (y quizá obrero sin obra.[4]
– Marcos le llama “el tekton” (Mc 6, 3). Ésa es su escuela, ése es su oficio y carné de identidad: es un hombre que debe “vender” su trabajo, de forma que, para vivir, no se encuentra a merced de la “providencia de Dios” (lluvia) y de su propio esfuerzo (trabajo personal en el campo), sino que depende de la oferta y demanda de otros, en un mundo lleno de carencia y dureza. No es simplemente “tekton” (un carpintero/obrero como otros), sino “ho tekton”, con artículo definido: éste es su apodo o sobrenombre: el artesano al servicio de las tareas pendientes de su aldea o entorno. Antes de llamarse “el Cristo” (y para serlo), Jesús Galileo ha sido “tekton”, un/el obrero a merced de los demás, un hombre al que todos pueden llamar, para encargarle tareas, de las que él ha de vivir. Esa situación implica una “disonancia” fáctica muy fuerte: su forma de vida no responde a lo que Dios había “prometido” a su pueblo
– Mateo parece suavizar esa afirmación y le presenta como “el hijo del tekton” (Mt 13, 5). Ese cambio puede responder a un intento de “atenuar” la dureza de su estado laboral, pues no se le llama directamente “el tekton” (sino el hijo del tektonJosé), pero en realidad no la atenúa, sino que la refuerza y endurece. Jesús no es simplemente un “nuevo tekton”, alguien que acaba de empobrecer, por situaciones inmediatas de familia, sino que aparece como “el hijo de”,”: alguien que ha nacido en una familia que carecía ya de la seguridad económica que ofrece la propiedad de un campo, cultivado directamente, como signo de bendición de Dios. Cuando más tarde prometa a sus seguidores “el ciento por uno” en campos (agrous: Mc 10, 30 par), Jesús querrá invertir esa situación donde muchos hombres y mujeres como él no han tenido ni tienen un campo para mantener una familia [5].
Jesús no es un artesano de ocasión (hombre con tierras propias, aunque, en ocasiones, realice otras labores), sino como “el tekton” sin trabajo propio, sin tierra ni hacienda familiar, obrero a lance, sin otro medio de subsistencia que aquello que otros quieran ofrecerle, en un mundo sin contratos ni salarios permanentes.
Éste es un dato negativo, pero en otro sentido puede ofrecer un aspecto positivo: Jesús ha sido capaz de trabajar al servicio de los demás, dentro de un duro mercado de oferta y demanda, conociendo así la dura realidad social de su entorno, desde la perspectiva de precariedad y pobreza de los campesinos que han sido expulsados de su tierra (o la han perdido9. Ésta ha sido su escuela, de forma que ha podido aprender en ella cosas que no suelen aprenderse en la escuela de los rabinos profesionales, ni en el templo de los sacerdotes [6].
Todo nos lleva a pensar que sus antepasados habían sido propietarios de tierras “prometidas” en Galilea (a partir de la reconquista asmonea, el 104 a. C.), pero, a través de una serie de cambios sociales, introducidos por la cultura greco-romana, que actuaba a través de la política urbanista y centralizadora de Herodes el Grande y de su hijo Antipas, a pesar de las leyes del Jubileo (cada familia recuperaba su cada siete septenarios su tierra: Lev 25), habían sido incapaces de mantener sus propiedades, no teniendo más más salida que hacerse obreros o mendigos para así sobrevivir.
Desde ese fondo se entiende la situación del Jesús tekton, campesino sin campo, agricultor sin agro. En contra de las bendiciones de Israel y de las promesas mesiánicas, era un hombre sin importancia social: no formaba parte de los propietarios de tierras (en las que se expresa la bendición de Dios), ni heredero de una estirpe sacerdotal acomodada, como pudo ser Juan Bautista (cf. Lc 1) y como fue F. Josefo (según su Autobiografía). En ese sentido se le puede llamar un “marginal”, aunque es quizá mejor llamarle “marginado” [7].
Así aparece como artesano/obrero de la construcción, que puede haber servido en el mercado laboral del rey Antipas, en sus nuevas ciudades (Séforis, junto a Nazaret; Tiberíades, junto al lago de su nombre) o de otros propietarios agrícolas. Ciertamente, ha podido tener más movilidad que un campesino con tierras y más conocimiento que un propietario, pero ha carecido del poder y, sobre todo, de la seguridad que ofrece un campo propio, una herencia israelita.
El artesano carecía de la identidad que viene por la tierra que se transmite y hereda de padres a hijos, le faltaba el arraigo de la familia que se alza y se asegura en torno a la propiedad, de manera que podemos presentarle como un hombre sin raíces permanentes. Pero, en compensación, ha podido tener la oportunidad de conocer otros pueblos y gentes, logrando así una visión más concreta de las condiciones de vida del conjunto de la población, especialmente de los pobres. En ese fondo se sitúa la autoridad de Jesús, a quien veremos como profeta, creador de una nueva familia de hijos de Dios.
No fue un marginal que se retira y marcha, saliendo de los círculos sociales, como alguien que no tiene nada que aportar, un “idiota” que no sabe oponerse y decir “no” (como supuso F. Nietzsche, en un libro escrito precisamente “contra Jesús”: El Anticristo), un hombre que no ofrece nada positivo a las instituciones sociales que son base del eterno Israel (cf. J. Klausner, Jesús), sino que él se ha opuesto al mundo dominante de una forma mucho más radical y creadora.
No critica desde arriba, ni pide u ofrece una simple limosna, ni se limita a mejorar lo que ya existe, con unos pequeños retoques, sino que inicia un camino de transformación social y humana, precisamente desde aquellos que, como él, carecen de tierra y estabilidad económica. Ésta es su forma de “oponerse” al mundo dominante, la más honda que conozco, ésta es su autoridad [8].
Tiene la autoridad que le ha ofrecido la escuela del trabajo asalariado, como artesano dependiente, un trabajo al que él responde de forma creadora. En esa línea habían respondido, en otro tiempo, los hebreos oprimidos en Egipto (condenados a realizar duros trabajos a la fuerza), cuando salieron de Egipto y buscaron formas nueva de existencia en pobreza y libertad compartida. Algo semejante ha sucedido con Jesús: desde una situación social y laboral muy parecida, en las nuevas circunstancias de Galilea, desde la periferia del gran Imperio Romano, retomando las raíces religiosas de Israel, desarrollando un proyecto radical de Reino.
Era marginado, pero no resentido (no defiende violencia reactiva en contra de los ricos), un marginado con un potencial inmenso de creatividad positiva. Desde ese fondo se entiende su respuesta ante los retos de su tiempo, la manera en que ha venido a situarse ante la realidad israelita, formulando (iniciando y recorriendo) un proyecto de juicio de Dios ante el Jordán, con Juan Bautista e iniciando después un camino de Reino (por sí mismo y con otros, en Galilea)[9].
Su escuela de Adviento ha sido el trabajo y la pobreza, no un trabajo libre, propio personas que son dueñas de sus campos (y que deben defender su propiedad, contratando quizá a unos artesanos), sino el trabajo dependiente de millones de personas, que no tienen campo propio y que dependen de la oferta y contrato de otros. Jesús no ha sido un trabajador autosuficiente (dueño de su empresa o campo), sino “hetero-dependiente”, como los artesanos, parados, mendigos, que dependen de aquello que otros quieran (o no quieran) ofrecerles. Sólo desde esa situación se entiende su oferta de Reino [10].
Abrir una comunidad de vida en un mundo de opresiones.
El imaginario simbólico de Jesús lo forma una federación de agricultores, pastores (y pescadores del lago), compartiendo bienes y trabajos. Unos y otros, agricultores, pastores/pescadores, han de ser componentes básicos de una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), formada por familias y clanes y hombres libres, sin supremacía ni dependencia de unos respecto de otros. Por eso, estrictamente hablando, según Jesús, no debería haber campesinos (sometidos) porque su sociedad ideal (en la línea de Lev 25: ley del jubileo), debería estar formada por agricultores/pastores que mantienen un mismo nivel económico, de producción, intercambio y consumo de bienes.
De las ruinas de Jarkov al paraíso (Isaías 11,1-10)
El domingo pasado, la primera lectura nos situaba en un mundo utópico sin guerras ni carrera de armamentos. Este domingo, nos habla de la utopía de la paz universal, simbolizada por la vuelta al paraíso, gracias a la acción de un monarca que implantará la justicia en el país.
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.
La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.
La mejor forma de entender este poema es verlo como un tríptico. La primera tabla (mutilada casi por completo en la lectura) ofrece un paisaje desolador: un bosque arrasado y quemado. En medio de esa desolación, en primer plano, hay un tronco del que brota un vástago: el tronco es Jesé, el padre de David, y el vástago un rey semejante al gran rey judío.
En la segunda tabla, como en un cuento maravilloso, el vástago vegetal adquiere forma humana y se convierte en rey. Pero lo más importante es que él vienen todos los dones del Espíritu de Dios: prudencia y sabiduría, consejo y valentía, ciencia y respeto del Señor. Y todas ellas las pone al servicio de la administración de la justicia. El enemigo no es ahora una potencia invasora. Lo que disturba al pueblo de Dios es la presencia de malvados y violentos, opresores de los pobres y desamparados. El rey dedicará todo su esfuerzo a la superación de estas injusticias.
La tercera tabla da por supuesto que tendrá éxito, consiguiendo reimplantar en la tierra una situación paradisíaca, que se describe uniendo parejas de animales fuertes y débiles (lobo-cordero, pantera-cabrito, novillo-león) en los que desaparece toda agresividad. Nos encontramos en el paraíso, y todos los animales aceptan una modesta dieta vegetariana («el león comerá paja con el buey»), como proponía el ideal de Gn 1,30. Como símbolo admirable de la unión y concordia entre todos, aparece un pastor infantil de lobos, panteras y leones, además de ese niño que introduce la mano en el escondite de la serpiente. El miedo, la violencia, desaparecen de la tierra. Y todo ello gracias a que «está lleno el país del conocimiento del Señor». Ya no habrá que anhelar, como en el antiguo paraíso, comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Hay una ciencia más profunda, el conocimiento de Dios, y ésa no queda recluida dentro de unos límites prohibidos, sino que inunda la tierra como las aguas inundan el mar.
Esta esperanza del paraíso no se ha hecho todavía realidad. Pero el Adviento nos anima a mantener la esperanza y hacer lo posible por remediar la situación de injusticia.
Conversión (Mateo 3,1-12)
El evangelio del primer domingo nos invitaba a la vigilancia. El del segundo domingo exhorta a la conversión, que implica el doble aspecto de vuelta a Dios y cambio de vida, basándose en la predicación de Juan Bautista. Pero el evangelio de Mateo introduce unos cambios muy significativos en el relato de Marcos.
En Marcos, todo tiene un tono muy positivo. Juan Bautista predica un bautismo de conversión y la gente se bautiza. Juan no es un loco; su forma de vestir y de alimentarse recuerda al profeta Elías. Pero no anuncia un castigo, sino la venida de uno muy superior a él, que bautizará con espíritu santo.
Mateo, que escribe décadas más tarde, cuando existe un claro enfrentamiento entre los cristianos y las autoridades judías, divide el relato en dos partes.
En la primera, Juan predica la conversión, pero añade como motivo la cercanía del reinado de Dios, tema que será fundamental en la predicación de Jesús. Un mensaje exigente pero muy positivo, bien acogido por la gente.
Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos»».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
En la segunda, los protagonistas son los fariseos y saduceos, representantes de las autoridades judías opuestas a los cristianos. A ellos Juan se dirige de forma insultante (“camada de víboras”) y con tono amenazador. Cuando habló al pueblo, Juan adujo como motivo para convertirse la inminencia del reinado de Dios. Aquí indica un motivo distinto: la inminencia del castigo, que se compara con un hacha dispuesta a talar los árboles. Y añade que la conversión debe ser práctica, acompañada de obras; como el árbol que da buen fruto o, de lo contrario, es cortado. En medio de esta amenaza, fariseos y saduceos pueden pensar en una escapatoria: «Somos israelitas, hijos de Abrahán, y no podrá ocurrirnos nada malo, Dios no nos castigará». Incluso cuando habla del personaje superior a él, no dice simplemente que bautizará con espíritu santo, sino con espíritu santo y fuego, porque separará el trigo de la paja y ésta la quemará en un fuego inextinguible.
Viendo a muchos fariseos y saduceos que acudían a su bautismo les dijo: «¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abraham es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».
Este pasaje nos obliga a examinar si producimos buenos frutos o si nos refugiamos en la cómoda confesión de que somos cristianos, católicos, y no necesitamos convertirnos. Por otra parte, plantea la duda de si Jesús actuará de esa forma terrible que anuncia Juan Bautista. La respuesta a esta pregunta la ofrecerá el evangelista más adelante.
Acogida (Romanos 15,4-9)
Las primeras comunidades cristianas estaban formadas por dos grupos de origen muy distinto: judíos y paganos. El judío tendía a considerarse superior. El pagano, como reacción, a rechazar al cristiano de origen judío. En este contexto escribe Pablo:
Hermanos:
Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre».
Hoy día no existe este problema, pero pueden darse otros parecidos, que dividen a los cristianos por motivos raciales, políticos o culturales.
Reflexión final
Las lectura de Adviento nos dan un nuevo baño de utopía y realismo. Ante los numerosos problemas de todo tipo que se dan en el mundo, hay que mantener la esperanza del paraíso, sabiendo que eso se logrará mediante gobernantes justos. Pero también debe darse un compromiso personal de conversión, buenas obras, vuelta a Dios y acogida de los demás, incluso los que pueden resultarnos más ajenos y contrarios.
En este segundo domingo de adviento el evangelista Mateo nos presenta a un Juan Bautista enfadado, o por lo menos, indignado y muy poco preocupado por la imagen, el márquetin o porque se le vaya la gente.
Ahí le tenemos con su curioso atuendo: vestido de piel de camello y correa de cuero, con una dieta también extraña a base de saltamontes y miel silvestre.
Que cuando se ha concentrado a su alrededor mucha gente (toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán) se pone a insultar a voz en grito a los fariseos y saduceos, les llama “raza de víboras” y manda al cuerno sus privilegios diciéndoles que Dios puede sacar hijos de Abrahán de las piedras. Y a partir de ahí ya son todo amenazas: el hacha, el fuego y el bieldo.
La verdad es que todo junto da un poco de miedo. Si lo pienso despacio no sé si iría corriendo a bautizarme o correría en sentido contrario…
Realmente el anunciante y el anunciado se parecen poco. Aunque es verdad que Jesús tampoco se quedará corto a la hora de dedicarles algunos insultos a los fariseos y escribas, incluso a Herodes.
Pero en lo que no se parecen nada de nada es en la experiencia de Dios. Juan nos habla de un Dios justiciero, que tiene ya el hacha en la mano… Jesús nos dirá que Dios tiene una paciencia y una misericordia infinitas y que no pretende ni siquiera quebrar la caña cascada, ni apagar en pábilo vacilante.
Sin embargo, también Jesús nos invitará a la conversión, pero no por temor, ni principalmente para quitarnos los pecados, no. Jesús nos invita a volver a nuestro Dios porque sabe que mientras le falte uno solo de sus hijos, una sola de sus ovejas o una sola de sus monedas, Dios no está tranquilo, no puede estarlo.
Oración
Dios nos está esperando con un abrazo inmenso y Jesús nos dice: ¡Acudid! a los brazos del Padre.
¡Acudid! Porque lo que tiene en la mano no es un hacha, es un anillo. (Cfr. Lc15, 22)
Porque solo es capaz de “amenazarnos” con cargarnos a sus hombros para llevarnos a casa. (Cfr. Lc15,5)
¡Acudid! Porque está deseando encontraros y celebrar una fiesta con sus amigas y vecinas. (Cfr. Lc 15, 9).
Gracias, Trinidad Santa, por esta segunda semana llena de abrazos.
Comentarios desactivados en Juan y Jesús nos piden que cambiemos la manera de pensar.
ADVIENTO 2º (A)
Mt 3, 1-12
Hoy, los profetas Isaías y Juan tienen la palabra. La palabra de un profeta no es fácil de aceptar porque obliga a cambiar. El profeta es el hombre que ve un poco más allá que el resto de los mortales. Desde su postura escudriñadora, no le gusta lo que ve y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra dentro de sí, viendo las exigencias de su ser verdadero. El profeta no es un portavoz enviado desde fuera; es siempre un explorador del espíritu humano que tiene la valentía de advertir a los demás de lo que ha visto.
Hoy Isaías anuncia lo que debía ser cada hombre personalmente y lo que podía ser la comunidad. Pero extiende los beneficios de una comunidad auténticamente humana a toda la creación. El causante de ese maravilloso cambio será el Espíritu. Los tiempos mesiánicos llegarán cuando las ciencias humanas no tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. Sencillamente genial. Hoy sabemos que esa sabiduría de Dios está en lo hondo de nuestro ser y allí debemos descubrirla.
Lo primero que nos anuncian es que nacerá algo nuevo de lo viejo. En lo antiguo, aunque parezca decrépito y reseco, siempre permanece un germen de Vida. La Vida es más resistente de lo que normalmente imaginamos. En lo más hondo de todo ser humano siempre queda un rescoldo que puede ser avivado en cualquier instante. Ese rescoldo es el punto de partida para lo nuevo, para un verdadero cambio y conversión.
El evangelio de hoy, leído con las nuevas perspectivas que nos da la exégesis, nos puede abrir increíbles cauces de reflexión. Es un alimento tan condensado, que necesitaría horas de explicación (diluirle para convertirlo en digerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y sin embargo, ahí está el revulsivo. Pablo ya nos lo advierte: “La Escritura está ahí para enseñanza nuestra”.
En aquellos días… Este comienzo es un intento de situar de manera realista los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un lugar. Jesús ya tenía unos treinta de años y estaba preparado para empezar una andadura única. Sin embargo, los cristianos descubren que los primeros pasos los quiere dar de la mano del primer profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía absoluta.
En el desierto. La realidad nueva que se anuncia aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo sabiendo que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Antes incluso de hablar del contenido de la predicación de Juan, nos está diciendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.
Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. Está claro que se trata de una idea cristiana, aunque se ponga en boca del Bautista. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Sin duda quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos, aunque más adelante deja claro las diferencias. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Conversión (metanoia), en lenguaje bíblico, es cambiar de mentalidad.
Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve para preparar los tiempos mesiánicos.
Llevaba un vestido de piel de camello. La descripción del personaje es escueta pero impresionante. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. ¡Qué bien nos vendría hoy un poco más de coherencia entre lo que vivimos y lo que predicamos! Esa falta de coherencia es lo que denuncia a continuación en los fariseos y saduceos. Juan es un inconformista que no se amolda en nada a la manera religiosa de vivir que tenían los judíos de su tiempo.
Acudía a él toda la gente. La respuesta parece que fue masiva. Se proponen dos ofertas de salvación: la oficial, Jerusalén (templo) y la protestante en el desierto. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto a un profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Más tarde, Mateo llevará a toda esa gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.
Dad el fruto que pide la conversión. A los fariseos y saduceos, Juan les pide autenticidad. De nada sirve engañarse o engañar a los demás. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes en tiempo de Jesús. También van a bautizarse, pero sin cambiar. Las instituciones opresoras tratan por todos los medios de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan.
Los fariseos, conocedores de todas las normas, cumplían más de lo que estaba mandado, por si acaso. Los saduceos eran el alto clero y los aristócratas, los que estaban más cerca del templo y de Dios. Éstos son los que tienen que convertirse. ¿De qué? Aquí está la clave. Un cumplimiento escrupuloso de la Ley compatible con una indiferencia e incluso desprecio por los demás, es contrario a lo que Dios espera. Estar todo el día trajinando en el templo no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios.
La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que no valore al hombre tendrá sentido. Somos propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que salir del egoísmo y abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Sin pudiéramos escamotear esta exigencia, todos seríamos buenísimos.
El Dios, con el que nos relacionamos prescindiendo del otro, es un ídolo. Convertirse no es arrepentirse de los pecados y empezar a cumplir mejor los mandamientos. No se trata de dejar de hacer esto y empezar a hacer aquello. No podemos conformarnos con ningún gesto externo. Se trata de hacerlo todo desde la nueva perspectiva del Ser profundo. Se trata de estar en todo momento dispuesto a darme a los demás.
Él os bautizará con Espíritu Santo. Se trata de otra idea cristiana. Está hablando de un bautismo superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada por el Espíritu. No está hablando del “Espíritu Santo”, sino de la fuerza de Dios que capacita a Jesús y a todo el que “se bautice en él”, para desplegar todas las posibilidades de ser humano.
Meditación
La presencia de Dios Espíritu en nosotros es la clave.
Meditar es emprender un camino hacia el hondón de mi ser.
Si de verdad quiero ser auténtico, tengo que descubrir mi ser.
El camino puede ser largo y difícil, pero no hay alternativa.
Si no lo descubro, mi vida se centrará al “ego” (falso yo).
«Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos»
Convertirse es volver los ojos a Dios y creer en el Espíritu que habita en nosotros.
En mayor o menor medida, y por distintos motivos, todos hemos hecho propósito firme de conversión en diversos momentos de nuestra vida; nos hemos propuesto cambiar, sacudirnos la pereza, renunciar a nuestras pasiones, enfocarnos a Dios y vivir como cristianos; compartiendo, perdonando…
Pero no lo hemos logrado, porque lo hemos fiado todo a nuestra voluntad, y la voluntad no da para tanto. Es como quien intenta dejar de fumar: “A partir de mañana lo dejo”, pero una semana después el propósito se desvanece y todo queda en un mero intento fallido. Con la conversión pasa lo mismo. Cuántas veces, tras superar algún episodio difícil de la vida, hemos visto naufragar nuestro propósito de enmienda porque lo habíamos fiado todo a la voluntad.
Sería estupendo que pudiésemos elegir libremente la opción por Dios como quien elige cambiar el canal de televisión, pero no podemos, porque nuestras pasiones son mucho más fuertes que nosotros. Por eso, quizá sea bueno entender la conversión, no como un acto puntual de voluntad, sino como un proceso que nunca acaba y que nada tiene que ver con ella…
Lo entenderemos mejor con un ejemplo.
Imaginemos un día frío y desapacible. Está nevando y la temperatura permanece bajo cero. Hemos estado caminando toda la mañana por el monte y, al fin, hemos llegado a un refugio caldeado por el fuego que arde en un fogón al fondo de la estancia. Estamos ateridos y queremos entrar en calor lo antes posible, pero, por mucho que nos acerquemos al fuego, tardaremos un rato en conseguirlo. Al menos, dentro, nos iremos calentando, pues quedándonos fuera seguiremos cada vez más congelados.
Y en esto puede consistir la conversión; en acercarse al fuego. Como decía Ruiz de Galarreta: «Convertirse es que la cercanía de Jesús nos va cambiando. Convertirse es que la presencia del Fuego nos va calentado, la presencia del Agua nos va lavando, nos va fertilizando…».
No podemos convertirnos por un acto de voluntad, pero sí podemos acercarnos a la Palabra; sí podemos tratar de conocer mejor a Jesús y dejarnos fascinar por él. Y para ello, podemos orar, contemplar, leer, celebrar bien la eucaristía, practicar el silencio… en definitiva, podemos dejar que el Espíritu crezca en nosotros, desde dentro, como una semilla que va germinando hasta convertirse en un árbol capaz de dar fruto.
Y es que, afortunadamente, quien se acerca al fuego se va calentando…
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí
Comentarios desactivados en El presente del Reino.
Mt 3, 1-12
¿Qué entendería Juan el bautista por “reino de los cielos (Mt 3,1-12)? ¿Cuáles eran sus expectativas? ¿Qué significa que el reino se avecina, que está cerca? Por varios textos que vienen más adelante en la narración mateana, queda claro que Juan no sabía exactamente a qué se refería y que incluso pondrá en duda si Jesús es el mesías o si hay que esperar a otro (Mt 11,3-8). A pesar de esta poca claridad respecto a ello, su misión es preparar el camino para aquello que espera pero que no conoce exactamente cuál será la forma de su realización.
Como otros ascetas de su tiempo, Juan llama a la conversión. Juan bautiza con agua; recibe la confesión de los pecados; acoge a muchos fariseos y saduceos; advierte con rigor a quienes se confían en ser exteriormente practicantes porque viven de falsas ilusiones. Y anuncia varias novedades.
·La primera es la cercanía y proximidad del reino. El futuro anhelado se vuelve presente. El tiempo cobra nuevos significados y el presente se llena de contenido, de esperanza y de urgencia. No hay que esperar más.
· La segunda es que este reino no es solo para los “hijos de Abraham” porque “Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras”. De hecho, todo el cosmos, en la representación de las piedras, puede entrar en la categoría de “hijos de Abraham”, porque Dios puede hacer de toda la creación hijos suyos, miembros de la larga tradición de un Israel que abre sus barreas y sus límites.
· La tercera es que el reino viene con una persona, y que esta persona, de gran importancia, irá acompañada del Espíritu Santo. En boca del bautista no se nombra directamente a Jesús, sino que lo deja como incógnita, e insiste en el protagonismo del Espíritu y su obra.
· La cuarta, planteada desde la metáfora del trigo, es que hará justicia y reunirá a todos los dispersos.
El anuncio de Juan se centra entonces en el reino, que pertenece al presente, a la actualidad. Un reino que incluye a cada uno y al cosmos entero y un reino decisivo y radical, sin medias tintas y exigente.
En nuestro hoy, el anuncio resuena otra vez con la misma urgencia, con la misma comprensión de un presente dilatado que acoge la venida poderosa de este hombre-dios lleno del Espíritu. La religiosidad sin conversión no es una opción. Esperar para más adelante tampoco. Posiblemente, como Juan, no conozcamos la forma concreta que adquiere este reino, pero tenemos la certeza de que se dilata en medio nuestro de manera inexorable.
Comentarios desactivados en Cuando la religión amenaza
Domingo II de Adviento
4 diciembre 2022
Mt 3, 1-12
El pasado 16 de septiembre, Mahsa Amini, una joven iraní de 22 años, moría en circunstancias no aclaradas tras ser detenida por la “policía de la moral” (¡¡!!), por “llevar mal colocado su hiyab”.
Es obvio que la “moral” que da nombre a ese cuerpo policial no es una moral genuina que buscara, por encima de cualquier otra cosa, el bien de todos los seres; se trata de una “moral” dictada por el poder teocrático de Irán -la perversión de la moral, por tanto-, con el objetivo prioritario de mantener el control sobre la población.
Todo régimen teocrático es autoritario y la religión, de manera especial cuando ha llegado al poder, utiliza la amenaza -y amenaza en nombre de Dios- como recurso de control y de sometimiento: “El hacha toca ya la base de los árboles… y el árbol que no da fruto será talado y echado al fuego”.
A partir de ahí, se inocula el miedo y la culpa, con tal eficacia que llegan a formar parte del imaginario de la propia población que, casi sin advertirlo, interioriza, no solo las normas morales impuestas, sino las amenazas y castigos, así como los sentimientos de miedo y de culpa que conllevan. Hasta el punto de que ven la amenaza como algo necesario. En este sentido, recuerdo una ocasión en la que -ejerciendo aún el ministerio, en un funeral- hablé del “perdón gratuito e incondicional” de Dios. A la salida, me esperaba una mujer joven que, “desde la fe”, sentía que debía recriminarme por este motivo: si no hay amenaza de castigo, la gente no se comportaría bien. Me di cuenta de que sus “buenas intenciones” no podían disimular un infantilismo proyectado, que lleva a ver a las personas como niños pequeños que necesitan de la amenaza y del castigo para no desviarse del “buen camino”.
La religión -como el poder- recurre a la amenaza y al castigo porque, más allá de todas las justificaciones con que se quieran ocultar sus intenciones, lo que está buscando es imponer su “verdad” y proteger su situación de dominio.
Pero el miedo y la culpa terminan envenenando a la persona por lo que, antes o después, esta se verá conducida a la rebeldía activa, la desafección o el resentimiento reprimido. Jesús retrató magistralmente estas actitudes en la parábola del “hijo pródigo” -o “los dos hijos”- (Lc 15,11-32): el menor se rebela y escapa; el mayor cumple todas las normas, pero alimenta un resentimiento hostil. En contraste con estas actitudes, el padre muestra el único camino de salida posible: el respeto a la libertad de cada hijo y la oferta de una visión que trasciende absolutamente cualquier miedo, cuando afirma: “Todo lo mío es tuyo”.
Comentarios desactivados en Sólo tiene derecho a esperar lo imposible aquel que se ha comprometido a fondo en la realización de lo posible
Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
01.- Isaías: llegarán los tiempos mesiánicos.
Isaías es el profeta del destierro del pueblo de Israel en Babilonia.
En el siglo VI a.C. gran parte de los líderes y del pueblo de Israel fueron deportados a Babilonia. El Templo de Jerusalén fue destruido por Nabucodonosor y la deportación la llevó a cabo el rey persa Ciro. Este destierro supuso el hundimiento de Israel.
Recordando esta deportación cantarán los israelitas el salmo 136:
Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; 3Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: «Cantadnos un cantar de Sión».
¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera!
Isaías es el profeta que en esa situación de abatimiento anuncia, anima al pueblo: vendrán tiempos mejores, los tiempos mesiánicos en los que habrá justicia y lealtad, el lobo habitará con el cordero, viviremos en paz.
También nosotros personal y socialmente podemos atravesar situaciones y tiempos de destierro: de hundimientos personales por problemas, enfermedades, marginaciones, etc. Socialmente también vivimos o conocemos situaciones de exilios y destierros de pueblos en guerra, odios raciales, gentes pobres y hambrientas, encarceladas, etc.
Isaías y el cristianismo denuncian esas situaciones de destierro y nos anuncian que en los tiempos mesiánicos todos los pueblos tendrán pan, cultura, habrá paz y justicia, las guerras cesarán, podremos convivir.
02.- San Pablo: Mantengamos la esperanza.
De momento y por lo que podemos observar y vivir no han llegado los tiempos mesiánicos. Putin sigue siendo “el señor de la guerra”. 7000 obreros muertos construyendo los campos de fútbol de lujo en Qatar y en otros países, mientras el hambre de millones de personas; corrupción política, etc.
Mantengamos la esperanza, nos recuerda y exhorta San Pablo.
Porque no pensemos que nosotros los seres humanos tenemos la solución de todo. Pensar que el ser humano es capaz de construir la sociedad y de alcanzar un tiempo en el que no habrá mal moral ni alienación, no deja lugar al Dios liberador del Éxodo y del destierro ni dejamos lugar a Cristo para concluir la historia.
Tampoco caigamos en la superstición religiosa que sustituye la esperanza con la creencia en promesas sin base en la fe: tal rezo o tal devoción soluciona “automáticamente” los problemas; tal medalla religiosa trae buena suerte, y si la colocamos a la puerta de la casa la protege de cualquier daño material; hay que rezar no sé cuántas avemarías seguidas para que termine la guerra y si mandamos el aviso por wasap, mejor, etc. La superstición religiosa es el abuso y la corrupción de la esperanza.
Esperemos y trabajemos contra toda desesperanza. “Sólo tiene derecho a esperar lo imposible aquel que se ha comprometido a fondo en la realización de lo posible” (M. Unamuno), pero sobre todo esperemos en Dios.
03.- Juan Bautista en el desierto: convertíos
Juan Bautista es un hombre recio, poco convencional y nada dado a trapicheos y cambalaches. Hombre que iba de frente en la vida. Juan Bautista habría hecho una mala carrera diplomática y eclesiástica. ¡Raza de víboras…!
Juan B se presenta en el desierto. El desierto es el lugar entre Egipto y la tierra de promisión. Para Israel es el tiempo del “ya – pero todavía no”: ya hemos salido de Egipto, de la esclavitud, pero no hemos llegado a la tierra de promisión, que mana leche y miel.
El desierto es lugar de camino, de austeridad, donde se vive con lo imprescindible. El desierto es el lugar de la conversión. En el desierto el pueblo se encontró con Dios: el maná, la ética (las tablas de la ley) la roca-el agua, la nube que protegía al pueblo, la Palabra de Dios se dirige al pueblo en desierto. El desierto es lugar donde -caminando- uno se encuentra condigo mismo y con Dios.
En este adviento cabe que nos preguntemos por nuestro estilo de vida, por nuestra austeridad, por nuestra caminar y acontecer, por nuestro esperar. ¿Soy hombre / mujer austero, serio, con criterio dispuesto a acoger la Palabra, la verdad en mi vida?
¿Sabemos escuchar y acoger el horizonte liberador en el desierto de la vida, de la oración, del sufrimiento? ¿Anuncio la utopía de los tiempos mesiánicos especialmente en esta época de desilusiones y desesperanzas?
Convertirse es volver el corazón y el pensamiento a Dios para mirar a las humanidad y a los tiempos mesiánicos que estén llegando.
Hemos comenzado adviento y los textos bíblicos de la liturgia de este tiempo nos invitan a la preparación para el acontecimiento que se avecina. En efecto, que el Hijo de Dios se encarne en nuestra historia amerita que nos dispongamos para ello y revisemos si estamos preparados. Las lecturas del segundo y tercer domingo se refieren a Juan Bautista, precursor del Mesías, quien habla claramente de esta preparación.
En el segundo domingo de adviento el evangelista Mateo (3, 1-12) se refiere a la predicación de Juan Bautista:“Conviértanse porque está cerca el reino de los cielos”y haciendo referencia al profeta Isaías explica la misión que se le ha confiado: “Una voz grita en el desierto: preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. Continúa el evangelista presentándonos la figura del Bautista diciendo que vestía piel de camello con una correa en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Después se refiere a su dedicación a bautizar, pero también de su interpelación a los que quieren cumplir con un rito, pero no como signo de verdadera conversión. A fariseos y saduceos les dice: “¡Camada de víboras! ¿quién los ha enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión”. En otras palabras, Juan Bautista, como un verdadero profeta, es signo de otros valores -con su propia persona (expresado en su modo de vestir, de comer, de actuar) y con su predicación y, especialmente esta última, en la que interpela a sus oyentes de manera directa y firme.
En el tercer domingo de adviento con otro pasaje del evangelista Mateo (11, 2-11), se nos sigue presentando la figura del Bautista. En esta ocasión, el profeta manda a sus discípulos a preguntar directamente a Jesús si él es el Mesías o deben esperar a otro. La respuesta de Jesús es clara: “Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!”. Es decir, el profeta Jesús también manifiesta lo que avala la identidad de una vida: las obras que produce. Por eso invita a los discípulos a mirar lo que está aconteciendo y a descubrir en esas acciones la veracidad de su mesianismo. El evangelio termina con las palabras de Jesús sobre Juan el Bautista, confirmando también su profetismo y la manera como prepara el camino.
Estas lecturas también nos interpelan a nosotros frente a la vivencia de este tiempo. Aunque adviento es tiempo de alegría, de esperanza, de gozo, a la luz de estos textos bíblicos, también es tiempo de conversión, de testimonio, de acción. Pero aquí vienen las preguntas que nos hacemos, año tras año, y que parece no logramos responder con los hechos. ¿Qué distingue la vivencia cristiana de este tiempo de la manera secular de celebrar estos días? Los centros comerciales se decoran con motivos religiosos y no religiosos (árboles de navidad, Papá Noel, renos, nieve, etc.), adornos que también invaden las iglesias, las calles, los parques y los hogares. Pero ¿todos estos símbolos -que en sí mismos no son buenos ni malos- que mensaje nos transmiten? ¿a qué nos remiten? El otro aspecto que caracteriza este tiempo son los regalos. Por una parte, fomentan la sociedad de consumo porque parece que es de obligado cumplimiento comprar algo en estos días. Por otra, animan a la generosidad porque hay empresas y personas que destinan una parte de sus recursos a comprar regalos para los niños, con la motivación, como se dice, de “alegrarles la navidad”. Es decir, este tiempo de espera de la navidad tiene la ambigüedad de todo lo humano: una parte de superficialidad y consumo y otra parte de gratuidad, de compartir y de estrechar lazos con la familia y los amigos.
Pero eso no quita que no intentemos reorientar el sentido auténtico de estas fiestas y, no busquemos cómo conectarnos con lo realmente importante. Y las lecturas que hemos señalado nos dan algunas pistas. Sí Jesús es el Mesías esperado y en verdad queremos acogerlo, hemos de mirar más su actuar y ponernos en sintonía con ese horizonte. El Niño que nace trae el cambio de las situaciones injustas a situaciones justas expresadas en que los ciegos ven, los sordos oyen, etc. Este es el verdadero espíritu de adviento: transformar las situaciones, pero no mientras se viven estas fiestas, sino de manera estructural. No basta con dar regalos a los niños. Es necesario preguntarse qué hay que hacer para que todo niño tenga derecho a la salud, a la educación, a la comida, a la recreación, a la familia, todos los días de su vida. No basta con expresar el cariño en este tiempo sino convertir ese cariño en obras a lo largo de todo el año: más unión familiar, más solidaridad mutua, más compañía, verdadero amor expresado a través de los actos concretos. No basta con adornar las ciudades sino buscar que ellas pueden ser lugares de posibilidades para las personas en todos los tiempos. En otras palabras, Adviento es un tiempo cálido, colorido, festejado, pero ha de ser mucho más: tiempo de conversión a más justicia, a más solidaridad, a construir un país y un mundo donde la vida sea posible, también la vida del planeta. Un mundo donde se note que el Niño Jesús que viene y que los cristianos conmemoramos, año tras año, realiza lo que ha prometido a través de nuestro compromiso de hacerlo posible. Adviento es tiempo de ponernos en camino para transparentar con nuestras obras que el Mesías esperado efectivamente llega para “allanar todos los senderos” para “reunir el trigo en el granero y quemar la paja en la hoguera”.
Comentarios desactivados en “Adviento: el encanto del camino”, por Pedro Miguel Lamet
Leído en su blog:
No sabría decir si es un síntoma o el adelanto fílmico de un sentimiento colectivo; pero hoy menudean las películas catastrofistas o apocalípticas sobre el desastre ecológico, el fin del mundo y la destrucción total
¿Estaremos en el fin del mundo? O, ¿por el contrario, en un nuevo comienzo?
Tiene el Adviento un sabor a ir andando, a viaje, a imaginar la llegada, como traqueteo del tren cuando vuelves a casa, o la ilusión de hacer la maleta para unas deseadas vacaciones
Cuando cierro los ojos y, sin pensar, ni darles vueltas a los pensamientos, en un suspiro, aunque sea un solo instante, me sumerjo contemplativamente en el no-tiempo de Dios, surge la alegría del salmo 121, porque no solo vamos alegres a la casa del Señor, una casa tranquila y en paz, sino que ya estamos en ella.
Diríamos que la liturgia nos enseña otra manera de caminar, en contra de la cabeza gacha de muchos de nuestros contemporáneos dormidos por el ruido ambiental, vigilantes, la frente al viento y el corazón alegre.
| Pedro Miguel Lamet
No sabría decir si es un síntoma o el adelanto fílmico de un sentimiento colectivo; pero hoy menudean las películas catastrofistas o apocalípticas sobre el desastre ecológico, el fin del mundo y la destrucción total. Pero lo que realmente nos preocupan son los hechos reales que nos vienen asolando, imágenes informativas que nos tocan de cerca sobre una situación de aquí y ahora, que son “señales” de algo: pandemias, tsunamis, huracanes, desastres ecológicos, sorprendentes cambios climatológicos, guerras que, como la de Ucrania, afectan directamente nuestras vidas.
¿Estaremos en el fin del mundo? O, ¿por el contrario, en un nuevo comienzo?
Iniciamos el Adviento, un tiempo litúrgico para ir de camino, con la ilusión del encuentro: Tiene el Adviento un sabor a ir andando, a viaje, a imaginar la llegada, como traqueteo del tren cuando vuelves a casa, o la ilusión de hacer la maleta para unas deseadas vacaciones. Trae el Adviento el anhelo de las flores por el rocío, el entusiasmo del escalador por alcanzar la cima, el presentir el mar después de un recodo de la carretera, el ansia por descubrir la casita encendida después de mucho caminar por el bosque. Me acerca el Adviento al sábado que sueña ser domingo, a las ganas de acabar el colegio, al abrazo anhelado de la persona querida y a la sensación de saber más al terminar un libro.
Pero sobre todo me acerca a la vida, mucho más que la Cuaresma o la Pascua, porque la vida es caminar y para caminar hace falta un sueño, una ciudad prometida, una ilusión, un puerto hacia donde hinchar nuestras velas de esperanza.
Ningún tiempo litúrgico se parece más a la vida como el Adviento.
Isaías nos promete que al final de los tiempos el monte del Señor permanecerá firme con la llegada del Mesías, que congregará las naciones en la paz eterna de su reino. Pero, ¿cómo obtener paz mientras caminamos entre imprevistas explosiones?
La clave para conseguirlo es resituarnos desde el tiempo al no-tiempo De Dios. Bernanos en su Diario de un cura rural nos dice: “Todo es gracia”. Teilhard de Chardin: “Todo cuanto acontece es adorable”. Cuando cierro los ojos y, sin pensar, ni darles vueltas a los pensamientos, en un suspiro, aunque sea un solo instante, me sumerjo contemplativamente en el no-tiempo de Dios, surge la alegría del salmo 121, porque no solo vamos alegres a la casa del Señor, una casa tranquila y en paz, sino que ya estamos en ella.
El tiempo para el no creyente o para el inmediatismo actual suele traducirse en miedo. El tiempo desde la fe es para nosotros esperanza, ya aquí y ahora mismo. Desde lo espacio-temporal soy frágil; desde este taladrar hacia lo eterno que es el Adviento, soy seguridad en este instante. Solo con el hecho de caminar hacia la casita luminosa en lo hondo del bosque, donde el fuego del hogar está encendido, me siento pleno y alegre, por muy negativas que sean las noticias. Se obtiene despertando del sueño, como nos pide Pablo. Él reconoce que estamos en la noche, una noche avanzada. Pero ya podemos vivir en el día, si espabilamos, si miramos más allá de los acontecimientos que pasan como un film. Detrás todo ellos, todo es luz, porque “la salvación está cerca”.
En el Evangelio Jesús nos presenta la imagen del diluvio, que vino de repente, para ejemplificar cómo vendrá el Hijo del Hombre: de improviso, sin avisar, como ladrón. Así nos vinieron la pandemia, la gran nevada, los incendios del verano, la guerra de Ucrania. Pero el acento no lo pone Jesús en la tragedia, sino en la actitud ante ella: estar despiertos, vigilantes.
Diríamos que la liturgia nos enseña otra manera de caminar, en contra de la cabeza gacha de muchos de nuestros contemporáneos dormidos por el ruido ambiental, vigilantes, la frente al viento y el corazón alegre. Si durante la Cuaresma sabes que Jesús ha resucitado, durante el Adviento sabemos que Jesús ya ha venido, ya está aquí. Pero al vivir distendidos en el tiempo (“ya sí, pero todavía no”) evocamos nuestro ser de caminantes hacia una luz que, aunque a veces no la sintamos, ya poseemos. El diluvio fue funesto para los dormidos y narcotizados por la inmediatez, no para un Noé vigilante.
¡Qué gozo da esa certeza de vivir despiertos y en pleno día desde la fe! Sobre todo, cuando lo saboreamos en la oración e intuimos la plenitud que ya somos. Es en cierto modo como caminar a solas, sí, pero al mismo tiempo sintiendo una cálida mano que aprieta la nuestra. Él vendrá, ya viene, está viniendo. Si todo el día estás caminando a su lado, ¿qué sorpresa o miedo escatológico es posible?
Comentarios desactivados en Magda Bennásar: Eso que intuyes, acógelo.
Se acercan días de ir entrando en un lenguaje simbólico, metafórico, poético incluso, en nuestras celebraciones cristianas.
Cuando nos acercamos a Adviento y al Tiempo de Navidad todo cambia en la naturaleza, en la liturgia, en nuestras casas… Es como entrar en la posibilidad de recuperar, recrear lo creado y, tal vez, poco cuidado, incluida nuestra experiencia interior.
¡Qué fácil nos resulta seguir con nuestra vida aunque nos hayamos desenganchado por dentro de aquello que constituye nuestra Roca y Fortaleza. Cuando algo se desengancha se origina un vacío. Por ejemplo, un puente se desengancha de un lado y se crea ese hueco y esa distancia que se agranda en la medida que nos quedamos en una de las orillas.
Veo y siento a mucha gente así. Desenganchada hasta los topes de todo lo que huela a religión, para intentar reengancharse con experiencias de meditación en su pluriformidad.
¿No intuyes que puede haber más? ¿Que nuestro «enganche» no es sólo con el silencio sino también con la palabra? Reenganchar con la palabra, con la promesa, la alianza y sobre todo con la palabra creadora, que ha formado todo, porque así es la Palabra del Abba, que emana del caos caótico de una vida sin amor, y va creando un hogar para nosotrxs, interior y exterior, a ese le llamamos Casa.
Con el silencio, extremadamente necesario, se crea un contexto, un espacio, una actitud de acogida, respeto, escucha… Con la palabra, por su parte, se puede crear paz o tensión, se crea algo nuevo o se puede destruir, a personas e instituciones. La palabra siempre crea una actitud, moldea un ambiente, construye o deconstruye una relación.
Es verdad que tenemos dos orejas y una lengua. Por supuesto que la escucha es la base de toda palabra constructiva. Largos tiempos de silencio nos renuevan y re-generan por dentro, nuestro cerebro descansa, nuestros oídos recuperan audición perdida con ruidos y exceso de información que al final bloquea y agota los sentidos.
Adviento es algo así, un espacio interior, en que todo se queda en un gran silencio para observar, sentir, intuir por dentro que algo nuevo se está gestando, que la Vida no tiene límite de oferta, que la Vida está en tí y en mí, y en la institución incluso, si la acogemos.
Y viene como una intuición. Como una necesidad de que tiene que ser así. Y leemos los textos de siempre desde ese silencio prolongado del invierno, donde las hojas ya se cayeron y la desnudez exterior nos recuerda que en esta época la vida, la energía…está muy dentro, muy adentrada en la tierra y en los océanos; está regenerándose en sus húmedas raíces y enormes peregrinaciones de pájaros huyendo del frío y buscando tierras más cálidas. ¿Qué tierras buscamos, buscas, para que el hielo y la oscuridad no pueda contigo? ¿Sabes dónde encontrar acogida en tu peregrinación huyendo del gélido frío causado por el desenganche y por no saber dónde reenganchar?
Así la Palabra, esa que intuimos es para nosotras, busca la calidez femenina del corazón abierto de mujeres que gestan la Vida y nos dan las claves de por dónde anda Dios. Ese Dios que tantos han buscado y que a fuerza de no hallarle por donde le buscaban, dejaron de buscarle y empezaron, para rellenar el hueco de su desenganche, a escribir tochos de explicaciones que al final ha sido una palabra que nos ha dividido.
Y aparecen ellas, en las primeras páginas del evangelio, y nos hablan de sus sueños e intuiciones y resulta que por ahí viene el Mesías. Y resulta que están embarazadas y nos indican que las intuiciones gestan el amor y que no hay vuelta atrás. Esa vida empieza a gestarse en tu silencio habitado de Palabra.
Últimamente desde nuestro blog (espiritualidadintegradoracristiana.es) a partir de una intuición, iniciamos un ciclo de audios de unos minutos, en torno a la palabra del día, y me impresiona la cantidad de personas que lo han escuchado, en los cinco continentes.
Y Adviento nos invita a seguir, a escuchar, a dejar que la palabra resuene dentro. Por ello, porque priorizamos esta Vida nos iremos al desierto de una casa de retiros en Vizcaya, en un lugar de ensueño, para reenganchar con la otra orilla, para hacer “puenting” e intentar alcanzar esa unión interior sin vacío, en la sencillez del silencio, la acogida, la comunidad, la Palabra acompañada.
Mayoría mujeres, claro, eso de la intuición nos engancha. También varones, menos, como corresponde a la realidad de los inicios, hombres tipo José, que acogen a Dios en sueños, y no necesitan estar tan enganchados a las redes…porque juntos hacemos otra travesía.
Otrxs lo harán online porque eso de engancharnos con lxs de más lejos, nos encanta y enriquece un montón. También tú tienes sitio, estés en la orilla que estés. Y quedas invitada.
¡¡¡Feliz Adviento!!! No dejes que pase de largo, acoge la intuición.
Comentarios desactivados en Cómo prepararnos para este Adviento.
Para que este Adviento no pase este año por nuestra vida sin pena ni gloria, humildemente, creo que deberíamos prepararnos así:
+ Buscando tiempos entre unas actividades y otras de cada día, en la medida de nuestro trabajo y de nuestro tiempo libre, para dedicarnos a nosotros mismos, para hacer una pausa y crecer a nivel personal: orando, reflexionando, escuchando música, leyendo, dejándonos interpelar por la realidad, trayendo a nuestro recuerdo tantos rostros cercanos, amigos, lejanos…
+ También debemos cuidarnos para poder cuidar. Descansemos, cuidémonos y dejémonos cuidar, incluso pidamos el cuidado de los demás cuando lo necesitemos. Dejemos espacios para distanciarnos de los problemas, para respirar y que no nos agobien, para poder observarlos bien, discernir y tomar así la mejor decisión.
+ Estos momentos de reflexión no nos pueden desligar de los demás, muy al contrario: debemos visitar, quedar para tomar una cerveza, hablar por teléfono, enviar un mensaje por whatsapp… a las personas que quiero, que están mal, que sé que me necesitan. Necesitamos hablar más con los vecinos, con la gente que vemos que lo está pasando mal. Debemos aproximarnos, hacernos prójimos.
+ Ni tampoco nos podemos desentender del mundo que nos rodea. Tenemos que intentar hacer todo lo que podamos por los demás, interesándonos por los problemas de la gente, buscando soluciones colectivas, o personales si soy yo quien tengo que optar y comprometerme en algo concreto.
+ Debemos buscar momentos de celebración, de diversión, de comunicación, de intimidad, para reforzar la mística de la fraternidad, de la humanidad, del encuentro, de la fiesta, del dolor o de la alegría y el gozo compartido de estar juntos.
+ Y aceptándonos humildemente como somos, vulnerables, con un carácter y una forma de ser muy concreta, personal. Y a la vez, potencialmente creativos, solidarios, transformadores de la realidad que nos rodea. Solo así construiremos un mundo mejor, más fraterno, justo y en paz. Un mundo nuevo y necesario.
+ Que se hará realidad esperando contra toda esperanza, pero con una espera activa. Porque el yo narcisista necesita romper con una dinámica de aislamiento y pasividad, para entrar en un nuevo yo contemplativo, dinámico, fraterno, compasivo, lleno de ternura.
+ Solo así llegará a su plenitud el Adviento. Solo así se aprenderemos a esperar la llegada de la Navidad, de la Vida en plenitud en lo cotidiano de la existencia.
Comentarios desactivados en Así es el adviento que necesitamos.
Como el viento que silba en plena noche,
como las luces que parpadean en el horizonte,
como el rocío que empapa la tierra de madrugada,
como el campo arado para acoger la simiente…
Como los resoles de mediodía que mantienen la vida,
como los relojes con sus horas y notas musicales,
como los visillos que desvelan y esconden interioridades,
como los atardeceres que se cuelan por ventanas y rendijas…
Como el silencio de la naturaleza que duerme y crece,
como los oteros que se yerguen siempre inmutables,
como los manantiales que crean corrientes y fuentes,
como los árboles que muestran sus yemas humildemente…
Como la semilla que cae, muere y renace,
como las estrellas que tiemblan y lucen,
como las sendas y caminos llenos de cruces y señales,
como la vida siempre a la intemperie…
Mensajeros que van y vienen,
vigías apostados en almenas y torres,
profetas cargados de promesas,
peregrinos en busca de destino…
Los sueños desbocados de nuestras ilusiones,
las esperanzas de los que nada tienen,
los surcos del Espíritu hechos historia,
Dios bailando en nuestro vientre…
Así es el Adviento que necesitamos
y que se nos ofrece gratis cada instante.
Este Adviento, Bondings 2.0 te invita a realizar un viaje espiritual a través de reflexiones guiadas sobre las lecturas de los cuatro domingos de la temporada. El ejercicio de reflexión a continuación se puede hacer individualmente, con un amigo cercano o en un grupo de compartir la fe. Las reflexiones están especialmente diseñadas para personas LGBTQ y sus aliados.
Estos ejercicios de Adviento son parte de la serie New Ways Ministry’sJourneys: una colección de selecciones de las Escrituras, preguntas de reflexión, oraciones y meditaciones en video.
Esperamos que estas ayudas espirituales os ayuden a todos ustedes en sus propios viajes. Para las lecturas de este domingo, haga clic aquí.
Si quieres compartir algunas de tus reflexiones con otros lectores de Bondings 2.0, por favor, no dudes en añadir cualquier respuesta que tengas en la sección «Comentarios» de este post.
En la lectura de Isaías (2,1-5), el pueblo dice: “Venid, subamos al monte de Dios para que seamos instruidos en los caminos de Dios y caminemos por las sendas de Dios”. La montaña se describe como la montaña más alta.
Escalar cualquier montaña sugiere hazañas de determinación, habilidad física y perseverancia, tal vez incluso desalentando a algunos de intentar tal caminata. Entonces, ¿por qué una montaña? Durante la mayor parte de la historia de Israel, Dios habitó y viajó con el pueblo en terreno llano. En la historia de Babel, mientras el pueblo intentaba alcanzar los cielos, fue Dios quien bajó a la ciudad para ver lo que el pueblo estaba construyendo.
Sin embargo, escalar una montaña ofrece al Pueblo de Dios una invitación única a comprometerse con un proceso, una meta, sin importar cuán cuesta arriba pueda parecer el camino. San Pablo escribe: “Nos jactamos de nuestros sufrimientos, sabiendo que el sufrimiento produce paciencia, la paciencia produce carácter, y el carácter produce esperanza” (Romanos 5:3-4).
Escalar una montaña está lejos de ser fácil. Sin embargo, cada montaña ofrece su propia perspectiva y enseñanza distintivas, y ya sea su mejor o peor experiencia, después de llegar a la cima, siempre puede volver a bajar habiendo visto el mundo desde un punto de vista diferente.
LECTURA
Isaías 2:1-5
Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén:
En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán:
– «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».
Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.
PARA LA REFLEXIÓN
1.- En este momento de tu camino de fe como persona o aliado LGBTQ, ¿qué “instrucción” esperas para ayudarte a caminar en los caminos de Dios?
2.- Sobre la base del tema de “la montaña de la casa de Dios”, qué actitudes pastorales, signos de bienvenida o ministerios en tu iglesia o comunidad de adoración lo hacen “vaciar hacia ella” (la casa de Dios). ¿Cómo participa, o hace que su voz cuente, en tu parroquia o comunidad de fe?
3.- ¿Qué “montaña” tuviste que escalar como persona o aliado LGBTQ? ¿Qué elementos de esta escalada pusieron a prueba tu fe y resistencia? ¿Qué lecciones te enseñó la montaña?
4.- En la lectura, cuando las naciones acuden a Dios, Dios juzga entre los pueblos y dicta sentencias. El pueblo, a su vez, depone las armas y adopta medidas de paz entre sí. ¿Cómo imaginas que YHWH te responderá a ti (o a la comunidad LGBTQ/aliada) cuando vengas a Dios? ¿Qué medidas de paz adoptaréis tú y quienes te rodean? ¿Qué espadas necesitas convertir en rejas de arado para traer la paz y el reino de Dios a tu vida?
5.- El último versículo del pasaje de Isaías dice: “Caminemos a la luz de YHWH”. Romanos 13:12 hace eco de este tema: “La noche está por terminar; el día está casi aquí. Así que dejemos a un lado las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz”. Como persona o aliado LGBTQ, ¿cuáles son algunos ejemplos de la vida cristiana que percibes como «caminar en la luz de Dios» o «ponerse la armadura de la luz»? ¿Puedes nombrar tres ejemplos de este tipo para ponerlos en práctica durante el Adviento o en cualquier época del año?
ORACIÓN
Salmo 122: 1-9
Qué alegría cuando me dijeron:
“¡Vamos a la casa de YHWH!”
Ya están pisando nuestros pies
Tus umbrales, Jerusalén.
¡Jerusalén restaurada!
¡Para que en ella se reúna la comunidad!
Allá suben las tribus, las tribus de. YHWH , según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios»
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa de YHWH, nuestro Dios, te deseo todo bien.
***
VÍDEO MEDITACIÓN
Una de las primeras montañas mencionadas en la Biblia es Ararat, el sitio en el que descansó el arca de Noé después del diluvio. Posteriormente, los israelitas reciben la Ley en el Monte Sinaí. Elías desafía a los profetas de Baal en el Monte Carmelo. A lo largo de las Escrituras escuchamos profecías sobre el monte Sión en Jerusalén. Y en los Evangelios, Jesús lleva a Pedro, Santiago y Juan al Monte Tabor para presenciar su Transfiguración, mientras que el Monte de los Olivos a menudo se destaca como uno de los lugares favoritos de Jesús para enseñar y orar.
Con montañas que salpican gran parte del paisaje bíblico, ¿qué elementos de estas características geográficas son simbólicos para ti? Mientras piensas en una respuesta, reflexiona sobre lo que la fe etíope puede tener para ofrecer a esta discusión, en el video que viene a continuación.
– Dwayne Fernandes, New Ways Ministry, Noviembre 27, 2022
Pequeño ejercicio para despertarse.
Veamos los verbos:
Velar
no saber
venir
encontrar
las cosas negativas (aquellas a las que sería necesario evitar)
no saber
no haría falta
no encontraros dormidos
¡Qué bello texto!
El Señor viene por nosotros.
¡Todo lo que despliega para venir a nosotros!
Y nosotros:
Justo estar allí,
disponibles, a la espera,
acogiendo a Aquél que viene,
Despiertos …
*
Zabulon
***
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
– “Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”
*
Mateo 24,37-44
***
Arsenio fue un romano culto con rango de senador que vivió en la corte del emperador Teodosio como tutor de los príncipes Arcadio y Honorio. Cuando vivía aún en el palacio, el abba Arsenio oró a Dios con estas palabras: «Señor, guíame por el camino de la salvación ». Y oyó una voz que le contestó: «Arsenio, huye del mundo y te salvarás».
Después de navegar secretamente de Roma a Alejandría y de vivir una vida solitaria en el desierto, Arsenio oró de nuevo: «Señor, guíame por el camino de la salvación» y de nuevo oyó una voz que le respondía: «Arsenio, huye, guarda silencio, ora continuamente porque éstas son las fuentes déla vida».
Las palabras huye, guarda silencio y ora resumen la espiritualidad del desierto. Indican tres formas de evitar que el mundo nos configure a su imagen, tres formas, por lo tanto, de vida en el Espíritu.
*
H. J. M. Nouwen, El camino del corazón,
Madrid 1986, 13
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes