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Archivo para Domingo, 10 de enero de 2021

“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

Domingo, 10 de enero de 2021

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Así dice el Señor:

“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

 (Marcos 1, 11b)

***

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.

Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.

Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.”

*

(Isaías 42, 1-4. 6-7)

***

Dios infinito, la primera y la última experiencia de mi vida eres Tú. Sí, justamente Tú, no tu idea ni el nombre que nosotros te hemos dado. Tú, en efecto, has venido sobre mí en el agua y en el Espíritu del bautismo. Entonces no he pensado ni elucubrado nada sobre ti. Entonces mi inteligencia, con su perspicacia sagaz, ha guardado silencio. Entonces Tú mismo te has hecho, sin consultarme, el destino de mi corazón. Has sido Tú a tomarme, no yo a “comprenderte”, Tú has transformado mi ser desde sus dos últimas raíces, Tú me has hecho partícipe de tu ser y de tu vida, te me has dado, te me has entregado Tú mismo y no una simple información poco clara y remota respecto a ti en palabras humanas. Es por esto que no logro olvidarte, porque te has hecho Tú el centro mismo de mi ser. Tu palabra y tu sabiduría están en mí, no porque te conozco en conceptos míos, sino porque Tú me reconoces como hijo y amigo.

¡Crece dentro de mí, resplandece cada vez más en mí, ilumíname, luz eterna! Sólo Tú debes iluminarme, sólo Tú hablarme. Todo lo demás que conozco o he aprendido debe solamente llevarme a Ti-

*

K. Rahner,
Palabras al silencio. Oraciones cristianas, Estella,1998.

***

***

Espiritualidad encarnada.

Tú, que no quieres, en modo alguno,
ser amado contra lo creado,
sino glorificado a través de la creación entera,
danos, hoy y cada día:

La atención a lo real en su riqueza
y en su compleja diversidad.

El coraje humilde para decidir y actuar
sin tener garantizado el acierto
y, menos aún, el éxito.

La paciencia para lo que sólo germina a largo plazo,
y que no está en nuestras manos acelerar.

Un vivir reconciliado con nuestro cuerpo y espíritu
imprevisibles, vulnerables, amables.

El trabajo, con su gozo y su fatiga,
y el sufrimiento por quienes no pueden trabajar.

Una apertura sin defensas
a la presencia de los otros,
que nos visitan y cambian
si dejamos que entren con su novedad.

Y si es necesario, desplázanos, Señor,
de nuestros caminos y seguridades
y llévanos por los que Tú conoces y quieres,
para poder escuchar tu voz de Padre.

Sólo así entenderemos tu encarnación.
Sólo así seremos bautizados.
Sólo así sentiremos que el cielo se abre.
Sólo así nos llenaremos de Espíritu Santo.
Sólo así podremos vivir como hijos amados.

*

Florentino Ulibarri

***

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“El camino abierto por Jesús”. Bautismo del Señor – B (Marcos 1,7-11)

Domingo, 10 de enero de 2021

09_baut_bNo pocos cristianos practicantes entienden su fe solo como una «obligación». Hay un conjunto de creencias que se «deben» aceptar, aunque uno no conozca su contenido ni sepa el interés que pueden tener para su vida; hay también un código de leyes que se «debe» observar, aunque uno no entienda bien tanta exigencia de Dios; hay, por último, unas prácticas religiosas que se «deben» cumplir, aunque sea de manera rutinaria.

Esta manera de entender y vivir la fe genera un tipo de cristiano aburrido, sin deseo de Dios y sin creatividad ni pasión alguna por contagiar su fe. Basta con «cumplir». Esta religión no tiene atractivo alguno; se convierte en un peso difícil de soportar; a no pocos les produce alergia. No andaba descaminada Simone Weil cuando escribía que «donde falta el deseo de encontrarse con Dios, allí no hay creyentes, sino pobres caricaturas de personas que se dirigen a Dios por miedo o por interés».

En las primeras comunidades cristianas se vivieron las cosas de otra manera. La fe cristiana no era entendida como un «sistema religioso». Lo llamaban «camino» y lo proponían como la vía más acertada para vivir con sentido y esperanza. Se dice que es un «camino nuevo y vivo» que «ha sido inaugurado por Jesús para nosotros», un camino que se recorre «con los ojos fijos en él» (Hebreos 10,20; 12,2).

Es de gran importancia tomar conciencia de que la fe es un recorrido y no un sistema religioso. Y en un recorrido hay de todo: marcha gozosa y momentos de búsqueda, pruebas que hay que superar y retrocesos, decisiones ineludibles, dudas e interrogantes. Todo es parte del camino: también las dudas, que pueden ser más estimulantes que no pocas certezas y seguridades poseídas de forma rutinaria y simplista.

Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Cada uno es responsable de la «aventura» de su vida. Cada uno tiene su propio ritmo. No hay que forzar nada. En el camino cristiano hay etapas: las personas pueden vivir momentos y situaciones diferentes. Lo importante es «caminar», no detenerse, escuchar la llamada que a todos se nos hace de vivir de manera más digna y dichosa. Este puede ser el mejor modo de «preparar el camino del Señor».

José Antonio Pagola

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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”. Domingo 10 de enero de 2021. Bautismo del Señor. Domingo primero ordinario-

Domingo, 10 de enero de 2021

20160WLeído en Koinonia:

Isaías 42,1-4.6-7: Mirad mi siervo, a quien prefiero.
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Marcos 1,7-11: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.

 Hoy, como comunidad de creyentes, celebramos el bautismo de Jesús y, junto con él, nuestro bautismo. Así pues, las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos que identifican el verdadero bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, la tarea de todo bautizado es testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos sin excepción. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de pasar por la vida “haciendo el bien”; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiesta la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: El cielo se abre, desciende el Espíritu y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios. Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es el hecho fundamental del ser cristiano, pues evoca la vida, la muerte y la resurrección de Cristo y la participación de todo cristiano en este misterio. El bautismo viene a significar en síntesis, y teniendo en cuenta los elementos descritos anteriormente, la entrega generosa a Dios y a los hermanos a ejemplo del mismo Cristo. Leer más…

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10.1.2021 Fiesta del Bautismo de Jesús ¿cómo bautiza hoy la Iglesia?

Domingo, 10 de enero de 2021

586B5CE3-FE0E-4856-95FB-5AA85CE2FD93Del blog de Xabier Pikaza:

El tema del cristianismo (año 2021), no es el Vaticano, ni unos dogmas antiguos, ni un posible escándalo del clero, sino el bautismo. ¿Cómo debería bautizar hoy la Iglesia? ¿Por qué muchos cristianos de origen dejan hoy de bautizarse?

– Algunos echan la culpa a la “gente” (unos padres menos fieles, unas comunidades desengañadas…), pero el tema es la “gente”, sino la Iglesia: si ella es “útero de vida”, lugar de nacimiento y comunión atrayente y transformadora.

– El problema de fondo es si la Iglesia ofrece ofrece y representa actualmente el bautismo de Jesús, ei ella es de verdad un “baptisterio”: Útero de vida, espacio de amor para crecer en vida y perdón, en comunión y fraternidad. ¿Se puede hoy decir que la “casa” principal de la iglesia es el baptisterio?

– La iglesia no es un grupo más entre los grupos de poder económico y cultural, social y religiosa, sino hogar de inmersión y renacimiento personal y social . Por eso, los relatos y fiestas de Navidad culminan en el bautismo de Jesús, signo y principio del renacimiento cristiano.

07.01.2021 | X. Pikaza

El bautismo de Jesús

Bautismo de Jesús, su nuevo nacimiento.

Había nacido ya, como hemos celebrado en Navidad. Pero, en un momento dado, para culminad su nacimiento, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una poderosa “escuela bautismal”,

Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico, pero es evidente que, recibiendo el bautismo, Jesús vino a vincularse con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19; cf. cap. 13). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras el agua, en la brisa del Espíritu, para engendrarle en novedad y confiarle su tarea. Aquel fue el momento y lugar de su verdad, su verdadero nacimiento.

Escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!Escuchando esa voz interior, Jesús supo que Dios se le manifestaba como Padre (en su más honda verdad) y le constituía como Hijo, en gesto de nueva creación, de manera que podemos verle desde entonces como un renacido.

Jesús supo así que el principio de la vida humana es la voz del Padre que le instaura (engendra) como ¡Hijo!. Jesús supo así que Dios le llamaba (y le hacía ser) desde el fondo de su entraña, no desde fuera, instituyendo así la nueva identidad cristiana. La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del que sale de sí y suscita al otro, diciéndole ¡Tú eres!

Un tipo de judaísmo había comenzado su camino desde el Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú Eres. Dios no empieza asegurando su ser, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo para y contigo, diciendo Tú eres mi Hijo.

2. Nacer en la Iglesia fraternidad universal (baptisterio de los ortodoxos en Ravenna)

La primera voz del Cielo (de Dios) no es Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino ¡Tú eres! Nosotros, todos, cada uno de los hombre y mujeres somos el “tú” de Dios; somos porque Dios nos ama, en él nacemos y somos. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), de cada hombre, que responde: Aquí estoy para ser en ti y con todos los hombres, mis hermanos.

La segunda palabra y experiencia del bautismo es escuchar y decir “nosotros somos”. En esa línea, he querido decir que el primer símbolo de la iglesia es un “baptisterio”, el lugar, el rito en que los hombres y mujeres nacemos a la vida en común. El bautizado en Cristo no es un simple “hijo de Dios”, sino un hermano-amigo de todos los hombres. Se ha discutido sobre las “palabras” del bautismo, pero en sí mismo ése es un tema secundario, pues en el NT hay diversas “fórmulas” bautismales, aunque la mas significativa ha terminado siendo la de Mt 28, 15-20: “En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…”. La verdad y realidad del bautismo está en el hecho de que la Iglesia, por medio de Jesús, se atreve a ofrecer a todos los hombres y pueblos un “hogar” de vida en fraternidad y justicia, en solidaridad y igualdad y justicia de amor.

Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús la iglesia ha ratificado su opción fundante, definiéndose a sí misma como pueblo mesiánico universal, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartir/celebrar el bautismo entre los seguidores de Jesús, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos y siempre en el agua física o bastaba el “bautismo en el Espíritu”, como renovación interior, en el aire de la Palabra/Respiración de Dios (cf. Gen 2, 7; Mt 12, 28). Lo que sabemos es que los cristianos se definen como “bautizados”, hombres y mujeres que nacen por Jesús a la vida “compartida”, en una iglesia o comunión de fraternidad. Leer más…

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Bautismo de Jesús. Domingo después del 6 de enero.

Domingo, 10 de enero de 2021

icono-bautismo-de-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Aunque se incluye dentro del Tiempo de Navidad, esta fiesta significa el comienzo de la actividad de Jesús y se centra en el programa que deberá llevar a cabo.

Para entender mejor la relación de las lecturas es preferible alterar el orden. La primera habla del programa encomendado al Siervo de Dios (Jesús).

El evangelio, de cómo se le comunica ese programa en el bautismo. La segunda lectura (Hechos), de cómo lo llevó a cabo.

***

El programa futuro de Jesús (Isaías 42,1-4.6-7)

              

Esto dice el Señor:

Mirad a mi siervo, a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.

No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
La mecha vacilante no la apagará.

Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.

En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo,
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tiniebla.

Como introducción al programa, se insiste en que el protagonista no lo llevará a cabo por sus propias fuerzas. Cuenta con la ayuda de Dios, que lo sostiene, se complace en él y le concede su espíritu.

El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar la mecha vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

La comunicación del programa en el bautismo (Marcos 1,7-11)

¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. El relato de Marcos, el más antiguo, cuenta el bautismo con muy pocas palabras. Y ni siquiera se centra en el bautismo, sino en lo que ocurre inmediatamente después de él.

En aquel tiempo, proclamaba Juan:

̶ Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

̶ Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.

Marcos destaca dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad.

La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Marcos quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento. En este sentido, es importante advertir que la vida pública de Jesús comienza con el testimonio de la voz del cielo («Tú eres mi hijo amado, mi predilecto») y se cierra con el testimonio del centurión junto a la cruz: «Realmente, este hombre era hijo de Dios» (Mc 15,39).

El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la vida, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien (Hechos 10,34-38)

En el discurso ante el centurión Cornelio y su familia, Pedro recuerda los momentos iniciales de la proclamación del evangelio y resume la actuación de Jesús con tres rasgos esenciales: ungido con el Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando, Dios estaba con él. No se puede decir más con menos palabras.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

– Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

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Domingo del Bautismo del Señor.10 de enero, 2021

Domingo, 10 de enero de 2021

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Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán”.

(Mc 1, 7-11)

El Niño que estaba ayer en pañales y recibía la visita de los Magos es hoy el que se pone a la fila de los pecadores como uno más. El Dios desconcertante. El Dios que aparece donde menos le iríamos a buscar (¡en un establo!) y se escapa de todos nuestros templos y palacios.

Ese es el Dios que nos muestra Jesús. El Dios que rompe nuestros esquemas. Nosotros querríamos que se manifestara con su fuerza. Le invocamos como Dios Omnipotente, Señor de los Ejércitos, pero él viene a que le bauticemos.

Se pone en la fila sin anticipos ni privilegios. Como uno más, como el más corriente. Sin escolta, sin anunciar su llegada, sin tratos especiales.

Pero, ¿no te das cuenta, Dios Omnipotente, Señor del Cielo y de la Tierra, que así no impresionas a nadie? Déjate asesorar por nosotros. Te falta “marketing”, te falta “puesta en escena”. Hay que cuidar la imagen y medir las palabras. También sería bueno que elijas mejor a las personas con las que te rodeas. Busca a personas influyentes. Rodéate de gente con buena imagen…

¡No hay quien pueda Contigo! Sigues tercamente empeñado en ir por tus caminos y hacer las cosas a tu manera. ¿Qué esconden la vulnerabilidad y la pobreza? ¿Por qué vienes a que te bauticemos en lugar de bautizarnos tú a nosotros? ¿Qué haces tú en la fila de los pecadores?

Así es nuestro Dios encarnado en Jesús. Viene a “necesitarnos”. Primero en la fragilidad de un recién nacido. Ahora como uno más que desea ser bautizado. Vienes a necesitarnos, nosotros querríamos que vinieras a solucionarnos la vida.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a descubrirte allí donde tú quieras manifestarte. En la cola del autobús, entre quienes cruzan la calle o jugando con los niños del parque. Que como Juan Bautista sepamos reconocerte allí donde hayas querido manifestarte.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús nace del agua y del Espíritu.

Domingo, 10 de enero de 2021

bautismo-jesusMc 1, 6-11

Estamos en el primer domingo del “tiempo ordinario”, pero no se trata de un cambio radical en la liturgia. Celebramos hoy una de las tres manifestaciones de Jesús que estuvieron durante los primeros siglos integradas en la fiesta de la Epifanía. Las dos lecturas nos preparan para entender el evangelio. Para Marcos, es el comienzo. El relato es la clave para comprender todo su evangelio. Hay pocas dudas sobre la historicidad del hecho. Lo narran los tres sinópticos, y Jn, más contundente, lo da por supuesto.

El bautismo de Jesús es el primer dato que se puede constatar históricamente por fuentes extra bíblicas. Es un relato que ningún cristiano se hubiera atrevido a inventar, porque compromete el altísimo concepto que tuvieron de su maestro. Si no hubieran creído en su importancia, seguramente se les hubiera olvidado. De ahí también la necesidad de dejar clara, en todos los relatos, la diferencia entre Jesús y Juan.

El mensaje teológico que se quiere trasmitir con el relato del bautismo de Jesús es de los más importantes de todo el NT. No fue un acto de humildad ni una comedia ante los demás, sino una actitud de búsqueda de su identidad. Resume toda su vida. Para aceptar este punto de vista, tenemos que admitir que fue verdadero hombre. Esto no es tan fácil, a pesar de que un concilio lo definió como dogma de fe. Un hombre al que hicieron tantas “judiadas” y murió como murió, tiene que obligarnos a aceptar que fue un hombre.

Los humanos no podemos aceptar racionalmente que una realidad sea, a la vez, dos cosas contradictorias entre sí. Desde nuestra racionalidad, no podemos pensar en un ser que es a al vez hombre y Dios, porque tenemos una idea equivocada de lo que es Dios. Como no podemos pensar en una bola de billar que sea a la vez, blanca y negra. El listo de turno nos puede decir que podemos poner la mitad de pigmento blanco y la mitad negro; pero entonces resultaría una bola gris… Esto es lo que hemos hecho con Jesús.

A través de la historia del cristianismo, nos hemos visto “obligados” a pensar a Jesús como hombre, olvidándonos de lo divino o pensarlo como Dios, olvidándonos de lo humano. En una palabra, parece que no podemos hacer cristología sin caer en la herejía. Lo mismo que no podemos hacer teología sin hacernos un ídolo. Tenemos dos salidas: a) repetir las formulaciones, aceptándolas sin entender ni palabra. b) aparcar la razón y buscar la vivencia para superara la contradicción: Lo divino y lo humano ni se mezclan ni se excluyen. En Jesús está la plenitud de la humanidad y la plenitud de la divinidad.

Si aceptamos que Jesús es un ser humano, tendremos que admitir una trayectoria humana como sucede en cualquier hombre. No fue un extraterrestre, sino que tuvo que desarrollarse hasta alcanzar su plenitud. Desde esta perspectiva, podemos entender lo que sería para Jesús descubrir a Juan Bautista. Hacía cientos de años que no aparecían profetas en Israel; es natural que se sintiera atraído por esta figura y que intentara aprender de él. El hecho de que se bautizara nos lleva mucho más allá de un encuentro fortuito. Jesús aceptó la predicación de Juan y se comprome­tió con ella.

Lo importante no es que narren lo que pasó, sino el cómo nos lo dicen para que descubramos el sentido espiritual del relato. La liturgia de hoy lo pone bien de manifiesto. Las tres lecturas nos hablan del Espíritu. El evangelio, para hablar del Espíritu, tiene que emplear una imagen sensible: “como una paloma”. No significa que vio una paloma que bajaba sobre él, como normalmente se entiende y reflejan pinturas que representan la escena. Oseas 8,1, dice: Como un águila cae el mal sobre la casa de Israel… Quiere decir que el Espíritu cayó sobre Jesús como un ave se lanza “en picado” desde lo alto. Recordemos que en la Biblia se dice que el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas.

El Espíritu transforma interiormente a Jesús, y le capacita para llevar a cabo la difícil tarea que le esperaba. En el AT se ungía al rey para que el Espíritu lo capacitara para su misión. Nos están hablando del nuevo nacimiento “del agua y del Espíritu”. Lo que Jesús pide más tarde a Nicodemo lo vivió primero él mismo. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. No se puede concebir a Jesús sin el Espíritu… Porque nacer de la carne es menos importante que nacer del Espíritu, lo que estamos celebrando hoy es más importante que lo que acabamos de celebrar el día de Navidad.

No debemos caer en la tentación de pensar en fenómenos aparatosos. La manera de narrar el hecho puede ser una trampa. Ni Espíritu visible, ni voz audible, ni cielo rasgado. Todos estos fenómenos no son más que imágenes para comunicarnos verdades teológicas que nos lleven a la comprensión de Jesús. El Espíritu actúa siempre de la misma manera, silenciosamente, desde dentro, sin ruidos, sin aspavientos, sin violentar la naturaleza porque actúa siempre de acuerdo con ella. “No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha humeante no la apagará”. (Isaías)

Aunque no tenemos datos suficientes para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación que desbordó todo lo conocido. Se atreve a llamarle “Abba” (papá); cosa inusitada en su época. Hace su voluntad: Le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experien­cia de Dios. El único objetivo de su misión fue que nosotros lleguemos a esa misma experiencia. Toda esa relación de Jesús con Dios era con un Dios que es Espíritu. En el diálogo con la Samaritana lo dejó claro. Dios es Espíritu…

Tú eres mi Hijo amado. La experiencia de ser amado es la base del verdadero amor. La comunicación de Jesús con su “Abba” fue a través de su ser profundo. Solo a través de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. Lucas, dice: “y mientras oraba…” El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de hombre. Dios como creador está en la base de todo ser, constituyéndolo en ser. Yo soy yo, porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está dando Él. Mi verdadero ser, es el mismo ser de Dios. Una cosa me diferencia de Dios: mis limitaciones.

El cielo rasgado recuerda unas palabras de Is: “¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!”. El cielo se había cerrado. Hacía siglos que Dios no se dejaba oír a través de sus profetas; ahora se abre. La comunicación entre el cielo y la tierra queda abierta para siempre por medio de este ser humano que se siente identificado con Dios. Marcos está transmitiendo el descubrimiento de la vocación de Jesús y su conciencia de enviado del Padre.

Pedro nos ofrece el modelo: Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con él. Dios también está contigo, solo falta que tú respondas como respondió él. La más importante tarea de tu vida es desplegar tus posibilidades de ser. Si despliegas solamente tus posibilidades biológicas, habrás desarrollado solo una parte de ti. Eres también Espíritu y si quieres alcanzar tu plenitud, tienes que desplegar el Espíritu.

Meditación

El Espíritu no tiene que venir de ninguna parte.
Ya estaba en él desde siempre,
como está en cada uno de nosotros.
Descubrir esa presencia es nacer del Espíritu.
Lo que nació de la carne, seguirá siendo carne.
Una vez nacido del Espíritu, la carne significará muy poco.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Hijos queridos.

Domingo, 10 de enero de 2021

3edadesEl límite de amar es amar sin medida (San Bernardo)

7 de enero.  Bautismo del Señor

Mc 1, 7-11

Tú eres mi hijo querido, mi predilecto

Uno de los personajes de la obra del Conde Lev Nikoláievich Tolstoi (1828-1910) -un estudiante-, le agradece cuanto ha hecho con ellos: “¿Quién, si no usted, nos ha enseñado, a ver la injusticia del reparto de todos los bienes humanos? Sólo usted con sus libros, ha emancipado nuestros corazones de un Estado, de una Iglesia y de un gobernante que protege la iniquidad que se comete contra los hombres, en lugar de amparar a la humanidad. Usted, y sólo usted, nos ha movido a dedicar toda nuestra vida a que ese falso orden sea definitivamente destruido”. Enseñanzas que todos los hijos queridos del Espíritu esperan recibir de él.

Gustav Klimt (1862-1918) nos muestra en una de sus geniales obras: Las tres edades de la mujer, en óleo sobre lienzo (Galleria Nationale d’Arte Moderna, Roma), el valor y transcendencia del amor a los hijosCristophe André, nos hace este análisis de la obra del pintor simbolista austríaco en su libro El arte de la felicidad“Observen el dedo meñique del niño, un poco separado como para captar mejor la dulzura tibia de la piel materna. La cabeza encajada en el hombro, para formar mejor un cuerpo con su madre. Obsérvese cómo la madre protege. Seguro que no le resulta demasiado cómoda, pero de ese modo ofrece una protección a su hijo, al que estrecha con un brazo grácil. Le alimenta de amor, corazón contra corazón, y también le transmite algo más, cabeza contra cabeza: ese niño es su pasado y su futuro.

Su pasado y su futuro para ella y para nosotros, garantizado por la generosa acogida que, en este caso hace el Padre, de todos sus queridos hijos, recordando las palabras de Mateo en 25, 34 con las que el Rey nos invita a heredar el reino que nos tiene preparado desde la fundación del mundo. Un “Venid benditos de mi Padre” al que el cineasta italiano Franco Zeffirelli puso música en su Película Jesús de Nazareth.

Heredad suficiente para colmar todas nuestras pretensiones, como nos pone de manifiesto el poeta y derviche sufí místico turco Yunus Emre (1240-1320) en el poema que este domingo ponemos como texto. Un paraíso, unos palacios y jardines para gozar del amor en esta vida y en la otra. En ellos, como dijo San Bernardo (1090-1153) fundador del Císter: El límite de amar es amar sin medida”. Otro místico, que soñaba con el amor y la entrega a los demás. Ya en el lecho de muerte, pronunció este memorable testimonio de donación a los demás: “Mi gran deseo es ir a ver a Dios y a estar junto a Él. Pero el amor hacia mis discípulos me mueve a querer seguir ayudándolos. Que el Señor Dios haga lo que a Él mejor le parezca”

Todo lo cual nos lleva a la vivificante conclusión de que el “Tu eres mi hijo querido, mi predilecto” del evangelio de este domingo, también es para nosotros. Y lo es, porque como cantaba La Coral Divertimento de Hoyo de Manzanares el pasado 16 de diciembre en nuestra iglesia de Parquelagos entonando un clásico villancico alemán, Stille Nacht, es un lucero que con su resplandor nos hace ser como Jesús, hijos de Dios: Noche de paz, / noche de amor. / Todo duerme en derredor; / sobre el santo niño Jesús. / Una estrella esparce su luz, / brilla sobre el Rey”.

En el Evangelio de Juan (1, 1-14) podemos disfrutar de la mejor definición de la expresión “Hijos queridos”, con la que hemos titulado nuestra colaboración de esta semana. El visionario de Patmos identifica nuestra filiación divina con la Palabra, que existía desde el principio, que era Dios y que nos hace dioses.

 TÚ ERES TODO LO QUE NECESITO

Tu amor me sacó de mí. Tú eres todo lo que necesito.
Ardiendo estoy día y noche. Tú eres todo lo que necesito.
Ni me contentan las riquezas, ni me asusta la pobreza.
Me basta con tu amor. Tú eres todo lo que necesito.

Tu amor disipa otros amores; los sumerge
en el mar del amor. Tú eres todo lo que necesito.
Tu presencia todo lo llena.
Tú eres todo lo que necesito.
He de beber el vino de tu amor, amarte como loco en el dolor.
Tú eres mi preocupación. Tú eres todo lo que necesito.
Eso que llaman paraíso, unos palacios, unos jardines,
a quien los quiera, dáselos. Tú eres todo lo que necesito.

Aunque tengas que matarme y dar al viento mis cenizas,
mi tierra seguirá diciendo: Tú eres todo lo que necesito.
Yunus, Yunus es mi nombre. Mi amor crece cada día.
En este mundo y en el otro, Tú eres todo lo que necesito.

Yunus Emre

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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El otro nacimiento.

Domingo, 10 de enero de 2021

10_Bautismo_BMc 1, 7-11

10 de enero de 2021

Con la fiesta del Bautismo de Jesús termina el tiempo litúrgico de la Navidad. Ahora comenzaremos a recordar el tiempo de la vida pública de Jesús, una visibilidad que ya no pone en escena relatos para demostrar su origen, en la línea de otros líderes importantes, sino el sentido de su existencia y la novedad que supuso su movimiento como principio de la nueva era cristiana.

El evangelio de Marcos parece tener prisa en revelar quién es Jesús y su lugar en la historia humana. Merece la pena que recordemos el comienzo del evangelio, apenas unos versículos anteriores al relato de este Domingo. Marcos comienza definiendo directamente a Jesús como Hijo de Dios. Omite los relatos de la infancia, omite genealogías; prefiere ir a lo esencial de manera parca y concisa. No parece ser una percepción suya, sino que, a modo de revelación, pone en palabras de Dios esta identidad: “Hijo de Dios”. Es el nuevo nacimiento de Jesús al que todos estamos llamados a despertar.

Juan se convierte en una breve alusión al Antiguo Testamento pero que se irá diluyendo hasta que, de una manera brusca, aparece Jesús con todo el protagonismo, generando un giro copernicano en la visión de Dios y del ser humano.  El Bautista nos pone en antecedentes; ahora, el bautismo, es decir la inmersión en la divinidad será a través del Espíritu. Revela así, que el Dios cristiano va a permanecer de una manera trascendente y actuante en la humanidad. Este bautismo “con el Espíritu Santo”, supone la presencia permanente de la potencia-luz divina que se va a convertir en el dinamismo que marcará los pasos de Jesús. De hecho, los siguientes versículos al texto que nos ocupa, ya es el Espíritu quien le conduce al desierto para discernir lúcidamente esta teofanía o experiencia reveladora, para diferenciar y conocer la voz del Dios con respecto a otras voces igualmente mesiánicas.

“Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo” nos pone de manifiesto la fuerza del liderazgo de Jesús y la claridad de su mensaje: no viene a reformar nada, a liberar de pagar impuestos, a echar a los poderes políticos y religiosos, aunque los cuestione duramente, sino a revelarnos nuestra verdadera identidad y la identidad de Dios. Jesús se presenta como prototipo de una nueva humanidad.

Dice el texto que “en cuanto salió del agua…”, es decir, pasado ya el tiempo del bautismo de purificación, se rasgan los cielos y desciende el Espíritu; el nuevo bautismo ya no es un ritual que requiere formas externas, sino que es un despertar a la verdadera esencia humana en conexión con la Divinidad. Fue Jesús quien vio los cielos abiertos, no describe algo que todos pudieran ver, sino que se trata de una experiencia interior que nos indica que “lo divino-el cielo” no está cerrado, que hay un punto de apertura y comunicación entre el cielo y la tierra. La divinidad irrumpe para darnos a conocer nuestra pertenencia original; hay un nacer de nuevo cuyos referentes ya no son los lazos de sangre, de familia humana; el nuevo nacimiento pasa por hacer pie en esta realidad que ya no se define por el tiempo, el espacio, el límite, sino en una nueva conciencia de ser Hij@s de Dios.

Esta nueva realidad revelada tiene unas consecuencias éticas de máximo nivel humano. Ser hijs@s, en plural, supone tener herman@s, en plural, en una relación simétrica que conduce a un reconocimiento de una dignidad que nos iguala. Toda la vida de Jesús es una puesta en escena de estos nuevos vínculos que implican inclusión y mesa compartida, respeto, tolerancia, libertad y profundidad. La situación que estamos viviendo no puede ser sostenida ni superada por personas líquidas que viven en un exceso de emociones, impulsos y reacciones que no tienen suelo. Hemos de dejar bautizarnos por la potencia del Espíritu que nos vigoriza y nos permite afrontar la noche desde la fuerza de la LUZ que tod@s llevamos dentro.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Hijos amados, hijas amadas, siempre

Domingo, 10 de enero de 2021

Cataratas-Havasu.6Fiesta del Bautismo de Jesús

10 enero 2021

Mc 1, 7-11

En aquel tiempo proclamaba Juan: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, mi predilecto”.

HIJOS AMADOS, HIJAS AMADAS, SIEMPRE

  En su brevedad, el relato que hace Marcos del bautismo de Jesús se halla repleto de símbolos elocuentes, que buscan presentar la identidad de Jesús como “el Hijo amado de Dios”.

  El cielo que se rasga simboliza la comunicación que se restablece entre el cielo y la tierra, entre Dios y la humanidad; la paloma parece significar el “aleteo” del Espíritu suave y fuerte, a la vez; la voz del cielo expresa el contenido último de todo el pasaje.

  Para la fe de aquella comunidad, es en Jesús, y gracias a él, donde todo eso ocurre: en él, cielo y tierra quedan unificados, y establecida de manera definitiva la comunión de Dios con la humanidad.

  Una lectura espiritual del texto ve al “Hijo amado” como metáfora que habla de todos nosotros. El término “hijo” contiene, al menos, dos significados inseparables: por un lado, el hijo es el que está naciendo del padre; por otro, es de su misma sangre. ¿Qué significa eso para nuestra comprensión?

 Somos de la misma “sangre” que el Fondo del que surgimos. Más aún, en nuestra identidad profunda, somos ese Fondo innombrable, al que nos referimos con términos como Vida, Consciencia, Ser, Dios, Padre… Y, a la vez, somos una forma concreta –una persona– en la que aquel Fondo se despliega, en cierto modo una “criatura”.

 La metáfora del “Hijo amado” –así, con mayúscula– viene a decirnos que somos uno con el “Padre” –que nuestra identidad última es una con todo lo que es– y que nuestro yo particular (“hijo”) –nuestra personalidad– está siendo constantemente “sostenido” por el Fondo que es y somos. Lo que brota de ahí es confianza, gozo y comunión efectiva con todos los seres.

¿Dónde se apoya mi confianza?

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Gracias a Jesús, los cielos están abiertos.

Domingo, 10 de enero de 2021

196757FB-834D-46A6-A3C2-D70AE5206227Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. 01. relatos de revelación

         Estos relatos: tanto el Bautismo de Jesús como la Transfiguración, (Mc 9,2) son relatos de Revelación. Ambos relatos están compuestos con algunos símbolos comunes: el cielo, la nube, la voz que surge, la expresión: éste es mi hijo.

         El Bautismo de Jesús y el de la Transfiguración son la experiencia de fe que tienen aquello primeros discípulos (y cristianos) de que Dios nos habla en la persona de Jesús, es la Palabra: Éste es mi hijo amado, escuchadle.

  1. Rahner decía -definía- al ser humano como aquel que en la historia presta atención a toda palabra que se pronuncia en la historia: palabra cultural, acontecimientos personales y sociales, catástrofes, logros de las ciencias, gestos de bondad y solidaridad y, también a toda posible palabra transcendente: Palabra de Dios.

         No parece constructivo “recortar” el campo de visión del ser humano. El ser humano está abierto a toda posible Palabra que se pronuncie en la historia. No es razonable recortar y desechar ni palabras que se han pronunciado en la historia: filosofía, arte, tradiciones, ni la misma Palabra.

         Parece como si el hombre moderno-postmoderno se levantara por la mañana y creyera que con él comienza la historia, el pensamiento, la cultura.

         La Palabra existía desde el comienzo: escuchadle.

  1. La verdad no se dice, se hace.

El Mesías va en serio en la vida: implanta el derecho y la justicia en la tierra. El Mesías cura: abre los ojos de los ciegos, sana a los enfermos, libera a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas. Eso fue lo que hizo Cristo durante su vida y por eso le llevaron a la cruz, donde consumó su bautismo de sangre.

         Ortodoxia significa recta doctrina. Ahora bien, la verdad no es una teoría ortodoxa, sino que la verdad se hace: ortopraxis: una práctica recta y correcta. La Teología de la Liberación entendió bien esto cuando decía y vivía que la verdad no es un libro teórico, no son unas afirmaciones doctrinales especulativas, sino que la verdad se hace en la vida, en la historia, sobre todo con los más débiles.

  1. Trabajar humildemente.

         Mucha gente sencilla trabaja humildemente:

  • Por la justicia y el derecho: en muchos ámbitos de la vida. Cuando se ayuda a un trabajador, a un anciano, a un emigrante a resolver sus papeles, posibles injusticias, estamos viviendo liberadoramente, estamos haciendo la verdad.
  • También se pueden ayudar a abrir los ojos a los que estamos ciegos. Un buen médico, un buen maestro, los padres abren caminos y luces.
  • También podemos contribuir a liberar a la gente de muchas prisiones ideológicas, morales. Liberar de algunos miedos y angustias físicas, psicológicas.
  1. Bautizado jesús, se rasgaron los cielos.

         El cielo era el “lugar” de Dios, pero estaba cerrado a los seres humanos. Con JesuCristo se abren los cielos, se inicia la vuelta a la casa y “lugar” del Padre; su casa está abierta definitivamente para la humanidad. De hecho Dios nunca dio un portazo a la humanidad.

         Este “rasgarse” es la misma expresión que utiliza el evangelista san Marcos cuando a la hora de la muerte de Jesús dice que el velo del templo se rasgó: la redención “rasga el velo del templo” (Mc 15,38 / Mt 27,51). Las alianzas religiosas de los templos quedan abolidas, rasgadas. Estamos ya en una amistad sellada definitivamente por JesuCristo.

05    El espíritu desciende como una paloma.

         La paloma y el Espíritu nos retrotraen a la primera creación y a la historia de la salvación:

  • El Espíritu de Dios se cernía creativo sobre las aguas iniciales (bautismo), (Gn 1,2).[1]
  • La paloma se cernía sobre las aguaspurificadoras (bautismales) del diluvio (Gn 8).
  • Dios como una paloma potente llevó a su pueblo a las aguas bautismales de la libertad (Mar Rojo / Éxodo). (Ex 194).
  • El Espíritu desciende sobre María para crear vida.
  • Ahora, en Jesús o con Jesús se abren los cielos, desciende ese mismo Espíritu que nos llevará a una nueva vida.
  1. Cargó con nuestros pecados

         Ratzinger, siendo papa Benedicto, hizo una hermosa interpretación de este relato del bautismo de Jesús:

         El que no era ni tenía pecado, cargó con los nuestros a las aguas bautismales del río Jordán, y así nos liberó de nuestra condición de pecadores.

         En cierto sentido, en el bautismo de Jesús, se nos perdonaron a nosotros los pecados y los cielos se abrieron.

  1. Este es mi Hijo amado.

         Los hijos son expresión de sus padres: incluso físicamente, más o menos, se parecen muchas veces a sus padres, a su familia. Cristo también “se parece”, es como su Padre. Los cristianos vemos y experimentamos a Dios en Jesús.

El relato de la transfiguración termina también con esta expresión: Este es mi Hijo amado y añade:escuchadle.  (Mc 9,7).

Respetemos otras culturas, religiones, (no es momento ahora de entrar en esa cuestión). Nuestra traditio es Cristo: escuchemos a Cristo, que es la expresión de la misericordia de Dios Padre

  1. Dos conclusiones.

8.1   Los cielos están siempre abiertos.

El escultor Oteiza decía (dejó escrito) que el arte es la brecha por la que se nos cuela la transcendencia. Podríamos decir que la vida, la cultura, la creatividad constituyen la brecha (se rasgaron los cielos) por donde llegamos, cuando menos intuimos, la transcendencia de Dios o la transcendencia de Dios llega a nosotros.

Una civilización, una Iglesia que no transcienden, se tornan intranscendentes, y, quizás, comienza a ser nuestro caso. Se quedan con velos en los templos, pero sin cielos. ¿No es intranscendente gran parte de los movimientos culturales actuales? Basta con ver la televisión.

Miremos al cielo: la felicidad del presente está en lo que esperamos del futuro.

El cielo es la meta de nuestra esperanza. El ser humano es esperante por naturaleza. Dirijamos nuestra mirada, nuestra esperanza hasta el cielo, no nos quedemos cortos.

8.2   el pábilo vacilante no lo apagará

         El pábilo es la mecha de la vela. Es algo muy débil, apenas parpadea e ilumina un poco. El Mesías ni apaga la poca luz que tenemos, ni elimina al débil, al sencillo. La sociedad funciona por potencia, eficacia y rentabilidad. Lo que no es eficaz o valioso, se pisa, se elimina: niños, ancianos, enfermos, otras razas.

¡Cuántos atropellos jurídicos se cometen con los desheredados! No tienen defensa, no tienen fuerza y son expropiados, explotados: nos llevamos sus maderas, sus minerales.  ¡Cuántos pobres niños, que apenas han estrenado la vida, mueren de hambre, de paludismo o de una bomba en algún país de Oriente Medio! El Mesías, el cristiano no va pisando por la vida. No apaguemos la luz, no pisemos a los pobres.

Este es el Hijo amado, escuchadle

O

[1] Lo mismo que el Espíritu “se cernía” sobre María.

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