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El Santo de Dios… enseña con autoridad

Domingo, 31 de enero de 2021

MESIAS

Sorpresa y admiración 

En este tiempo que nos toca vivir,
en el que todo se programa,
se sopesa, cuenta y mide,
no hay espacio para la sorpresa
ni para admirar tu presencia
junto a nosotros,
en la intimidad más íntima
o en la plaza pública.

Y, sin embargo, yo quiero ser tocado,
conquistado,
embelesado,
fascinado,
ilusionado,
hechizado,
seducido,
enamorado
por tu presencia,
por tus gestos y palabras,
por tus hechos y buena nueva.

Y quiero que me envuelva
tu aliento,
tu autoridad,
tu sonrisa,
tu ternura y fortaleza,
tu fuego y paz,
tu chispa y bondad;
que me atrape tu Espíritu,
me desconcierte tu esperanza
y me extrañe tu ausencia.

Y, ojalá, me admire mi fe,
me sobrecoja tu toque y mi curación
y me maraville de lo que soy para Ti.

Aventura,
sorpresa,
novedad,
curación,
vida vida nueva
Contigo.

¡Y a seguir manteniendo
puertas y ventanas
abiertas!

*
Florentino Ulibarri

***

En aquel tiempo, Jesús … fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

  – “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? Sé quién eres: el Santo de Dios.”

– “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.”

*

(Mc 1, 21-28)

***

«Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo» (Mc 1,23). ¿Y yo? ¿Cuánto tiempo llevo formando parte de los que asisten fielmente a misa, cada domingo, año tras año…? Pero ¿soy consciente de mi verdadera condición de hombre poseído por un «espíritu inmundo»? Hasta ahora nadie me había hablado de ello, por la enorme facilidad con que podía esconder mi verdadera condición bajo la máscara religiosa. A buen seguro, ha habido horas y días en que me daba cuenta de que «algo no funcionaba»«¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret?» (Mc 1,24). ¿Advertimos la carga de agresión que irrumpe desde lo más hondo de nosotros mismos sólo al oír la palabra santo?

Esta palabra por sí sola hace añicos nuestra idea de vida que – a pesar de todo- nos ha ayudado bien o mal a hacer frente al orden cotidiano. El «Santo» lo dejamos nosotros a los «santos», quienes, no obstante -fíjate tú – , eran hombres, ¡y qué hombres! En lo más profundo de nuestro interior advertimos que Jesús, «el Santo de Dios», nos está pidiendo una conversión, un modo de entender la vida completamente nuevo… «¡Cállate y sal de ese hombre!» (Mc 1,25).

Sólo una cosa es segura: sin la Palabra poderosa de Jesús, nunca podrá ser destrozado el dominio tiránico del «espíritu inmundo». Sentimos entonces toda nuestra impotencia e incapacidad para cambiar las cosas nosotros solos, para denunciar la soberanía del «espíritu inmundo». Jesús pronuncia la palabra poderosa. Señor, nosotros queremos, ayuda a nuestra falta de voluntad.

*

H. Jaschke,
Gesù il guaritore
Brescia 1997, pp. 254ss, 260, passim.

***

*

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“Los más desvalidos ante el mal”. Domingo 4 Tiempo ordinario – B (Marcos 1,21-28)

Domingo, 31 de enero de 2021

04-to-b-300x300Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros, pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muro invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos «sanos». El enfermo psíquico crea inseguridad, y su presencia parece siempre peligrosa. Lo más prudente es defender nuestra «normalidad», recluyéndolos o distanciándolos de nuestro entorno.

Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia. Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo para hacer frente a los problemas que se les vienen encima con la enfermedad de uno de sus miembros.

Hay familias que saben cuidar a su ser querido con amor y paciencia, colaborando positivamente con los médicos. Pero también hay hogares en los que el enfermo resulta una carga difícil de sobrellevar. Poco a poco, la convivencia se deteriora y toda la familia va quedando afectada negativamente, favoreciendo a su vez el empeoramiento del enfermo.

Es una ironía entonces seguir defendiendo teóricamente la mejor calidad de vida para el enfermo psíquico, su integración social o el derecho a una atención adecuada a sus necesidades afectivas, familiares y sociales. Todo esto ha de ser así, pero para ello es necesaria una ayuda más real a las familias y una colaboración más estrecha entre los médicos que atienden al enfermo y personas que sepan estar junto a él desde una relación humana y amistosa.

¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados? El evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a «los poseídos por espíritus malignos». Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora.

José Antonio Pagola

 

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” Enseñaba con autoridad.” Domingo 31 de enero de 2021. Domingo cuarto del tiempo ordinario

Domingo, 31 de enero de 2021

13-ordinarioB4 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 18,15-20: Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
Salmo responsorial: 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: “No endurezcáis vuestro corazón.”.
1Corintios 7,32-35: La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos.
Marcos 1,21-28: Enseñaba con autoridad.

La palabra Deuteronomio viene de Deuteros = segundo, y Nomos = ley. Es la segunda versión de la legislación mosaica. El Deuteronomio fue elaborado a partir de pequeños fragmentos que fueron compilados por el autor o los autores a lo largo de más de seiscientos años. El material que conocemos tuvo un origen muy diverso. Una parte pertenece a la gran tradición oral que la confederación de tribus empleó para regular la aplicación de la justicia al interior de la comunidad y entre las tribus durante el tiempo de los Jueces. Otra parte proviene de las tradiciones del reino del Norte, elaborada por grupos que se oponían a la monarquía y proponían legislaciones alternativas para tratar de cambiar el despótico gobierno instalado en Samaría. Otra parte, es elaboración de tradiciones orales del reino del Sur vigentes en tiempos del rey Josías. Esta diversidad fue re-elaborada después del destierro por los sacerdotes y los sabios, hasta alcanzar la forma que hoy conocemos.

El documento tuvo varias ediciones en las que fue sucesivamente ampliado. Insiste en la necesidad de vivir unas relaciones interhumanas justas. La ley no es, en este documento, un fárrago de decretos aislados. Cada precepto está en función de defender la vida y la dignidad de cada persona en la comunidad. La ley expresa la vida íntima de la comunidad, la necesidad de que cada persona tenga lo mínimo para sobrevivir y nadie viva en una situación oprobiosa y miserable. De este modo, la ley deja de ser una ominosa obligación y pasa a ser un «don» que otorga Dios a todo el pueblo. Este don o alianza se fundamenta en el derecho de cada familia a poseer lo mínimo necesario, esto es, un pedazo de tierra donde pueda cultivar y donde pueda vivir sin ser una carga para los demás: “Como Yavé ha hecho don de este país su pueblo, nadie puede apropiarse de la tierra” (Dt 15, 4).

Para este autor la alianza, la ley o «don» debe ser interiorizada. La convivencia en el país que Dios ha dado al Pueblo peregrino exige un cambio de mentalidad que se traduce en una organización social donde el derecho divino prevalece sobre todas las instituciones. Lo central de este derecho es la justicia interhumana, entendida como fundamento de la convivencia social. “El rey debe ser hermano y recortar ventajas e intereses personales. Este abrirse generosamente a los otros es lo que demuestra la pertenencia a Yavé y lo que permite la pertenencia a este pueblo”.

En esta misma línea se ubica la promesa acerca del profeta venidero. Ese profeta se compara con Moisés. No viene a recordar al pueblo una u otra cosa. Viene para indicar cuál es el rumbo que el pueblo debe seguir. El profeta se preocupará por mantener vivo el Espíritu de la Ley, tema en el que insiste el Deuteronomio, de modo que no se convierta en una mera formalidad, sino que exprese las necesidades vitales de la comunidad y de cada ser humano.

El Deuteronomio da inicio a una tendencia que Jesús llevará adelante. Para Jesús, y en general para todos los profetas, lo fundamental de la ley es preservar la dignidad, la intimidad y el valor de cada ser humano, el derecho a vivir en una comunidad donde sea valorado por lo que es y no por lo que tiene. De este modo, la legislación deja de ser un precepto que rige alguna cosa en particular, y se convierte en expresión de las necesidades vitales del ser humano. A esto llama la Biblia “llevar la Ley en el corazón”.

Esta nueva manera de ver la ley es la que aplica Pablo en la carta a los corintios. Él aconseja, sugiere, opina, exhorta y amonesta teniendo en cuenta la situación de la comunidad, en el marco social, y la situación de la persona, en el marco de la comunidad. No impone criterios rígidos que agobien la conciencia de las personas, sino que busca que cada persona esté a gusto con su situación.

La comunidad, preocupada por opiniones adversas al matrimonio, le pregunta al apóstol Pablo: ¿sería preferible no casarse? Para Pablo lo importante es que cada persona de la comunidad cristiana se sienta a gusto y motivada para servir. Por eso su mensaje no orienta a los que están casados, sino que se preocupa por los judíos y por los esclavos. Los judíos para que no renieguen de su cultura y tradiciones, pero para que tampoco se la impongan a los demás. A los esclavos los anima a no desanimarse por su condición y a buscar una oportunidad para liberarse. De este modo, ninguno se puede sentir ni inferior ni superior a los otros. Todos son iguales porque al interior de la comunidad se respeta la diferencia. Este es el principio de igualdad.

En todos los casos, situaciones, estados civiles, posiciones sociales… Pablo insiste en la urgencia de buscarse un camino para vivir la libertad que nos dejó Cristo y, siendo libres, preparar la irrupción del Reino. El Señor vuelve cuando la comunidad, libre ya de trabas sociales, culturales o ideológicas, da testimonio de un modo de vivir alternativo y liberador.

Esta capacidad, para discernir cada situación en particular, fue una de las cosas que más admiró la multitud en Jesús. Mientras otros maestros y líderes respondían con exhaustivas explicaciones y citando códigos, preceptos y doctrinas, Jesús respondía con la verdad simple y llana.

Jesús estaba interesado en la situación particular de cada ser humano: en sus sufrimientos, en las ideas que lo atormentaban, en aquellas cosas que le impedían ser libre y espontáneo. Este interés no obedecía a un interés político encubierto, sino a una genuina valoración de cada persona que encontraba en el camino. Muchos movimientos y grupos muestran interés por los individuos mientras estos sirven a sus intereses proselitistas, mientras son sus adeptos, luego, si disienten, los ignoran o los marginan. Jesús se manifestó abiertamente contra este modo de actuar y lo declaró abiertamente: el sábado, o sea la ley, las costumbres, todo lo prescrito, está al servicio de cada ser humano y no al contrario.

Precisamente, su lucha contra los demonios fue una lucha contra las ideologías instaladas en las sinagogas, que buscaban un mesías glorioso, un militar implacable, un reformador religioso. Jesús nunca se identificó con estos propósitos. Por esta razón, conmina a los “espíritus inmundos” o ideologías opresoras a guardar silencio y a no tratar de seducirlo con falsas aclamaciones y reconocimientos.

El pueblo sencillo reconocía esta lucha contra el formalismo de la ley la ideología que la sustentaba. La propuesta de Jesús los liberaba de la pesada carga moral, económica y cultural que suponía cumplir los más de seis mil preceptos que estaban vigentes para regular todos los aspectos de la vida personal y comunitaria. Mucha gente se preguntaba: ¿no será este hombre el nuevo legislador? ¿No será el hombre prometido como reemplazo del profeta Moisés? ¿No será la propuesta de Jesús, el Reinado de Dios, la “nueva Ley?” ¿Por qué sus acciones liberadoras y su lucha contra el mal es tan eficaz?

Hoy debemos preguntarnos: ¿hemos seguido la propuesta de Jesús de que cada ser humano tenga un valor inalienable? ¿Creemos que nuestra tarea, como anunciadores de la buena nueva, es ayudar a todos los seres humanos a liberarse de las trabas que nos les permiten crecer con libertad y espontaneidad? ¿Tiene carácter normativo la Buena Nueva de Jesús, o la tomamos a la ligera como las noticias de cada día? Leer más…

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El poseso de la sinagoga (Mc 1,21-28): “Religión que enloquece, religión que cura”

Domingo, 31 de enero de 2021

Jesus-Cafarnaum_2309479059_15282162_660x371Del blog de Xabier Pikaza:

“Jesús proclama en la sinagoga su enseñanza nueva con autoridad para sanar a los enfermos”

Henry Bergson (1859-1941), judío universal, distinguió las dos fuentes o tipos de religión y moral que han definido y definirán la historia de la humanidad:

Una que cura, ensancha la vida del hombre, despliega su amor y le permite crecer en libertad, en comunión con los demás, en esperanza de futuro para todos.

Otra que somete que al hombre, le encierra en una falsa ley sagrada, le impide vivir en libertad, curarse en amor…

Esta religión negativa existía en algunas sinagogas del tiempo de Jesús; también puede existir en ciertos grupos de cristianos actuales.Por eso es bueno comentar este pasaje de Mc 1, 21-28, donde se cuenta la forma en que Jesús curó a un “poseso” a quien estaba destruyendo (enloqueciendo) una mala sinagoga religiosa.

Texto

(a. Sinagoga) 21 Y se dirigieron a Cafarnaúm y de pronto, en el sábado, entró en la sinagoga y se puso a enseñar. 22 La gente estaba admirada de su enseñanza, porque los enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

(b. Poseso) 23 E inmediatamente en la sinagoga de ellos había un hombre en (con) espíritu impuro, que se puso a gritar: 24 ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret?¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡El Santo de Dios!

(c. Jesús) 25 Y le increpó diciendo: ¡Cállate y sal de él! 26 Y el espíritu impuro retorciéndole violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él.

(a. Gente) 27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros:¡Qué es esto? ¡Una doctrina nueva con autoridad!¡Manda incluso a los espíritus inmundos y éstos le obedecen! 28 Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.

 Introducción

Era difícil encontrar un signo más hiriente. La sinagoga debería ser espacio de total pureza, hogar donde los humanos forman la auténtica familia de Dios, en libertad y transparencia. Pues bien, en contra de eso, Jesús sabe que la propia sinagoga tiene al ser humano impuro, cautivado. Por eso viene con cuatro acompañantes (sus amigos) para liberar al endemoniado de la sinagoga (es decir, de la religión).

Los escribas mantenían en la sinagoga una enseñanza vinculada a tradiciones de ley que podía encerrar al hombre bajo su propia enfermedad (la enfermedad de la misma sinagoga), dominado por espíritus impuros que brotan de su misma religión. La ley sacral de aquella religión era mala o, por lo menos, inútil: no consigue sanar al enfermo, quizá aumenta su opresión con nuevas opresiones.

Jesús ha ofrecido en esa sinagoga su enseñanzanueva (didakhê kainê: 1, 27) con autoridad para sanar a los enfermos. No cura como mago engañoso, sino como maestro, con la palabra: su enseñanza desata, libera, purifica al ser humano que se hallaba oprimido dentro de ella. Frente a la esclavitud de una religión que se utiliza para oprimir ha elevado Jesús su palabra de poder que libera a los enfermos.

 La autoridad de Jesús se identifica con su misma palabra sanadora que ilumina al oprimido por la sacralidad ritual de una mala religión “enloquecida”, porque este “loco de la sinagoga” es un hombre enloquecido por la mala religión. .En contra de eso, la enseñanza nueva de Jesús cura y transforma, superando la opresión del espíritu impuro de la mala religión.

No discute Jesús sobre Dios en forma abstracta; no propone teorías de pureza más intensa, sobre ritos y alimentos. Tampoco ofrece una doctrina sapiencial de tipo moralista. No tiene una doctrina mejor sobre leyes o formas de conducta. No es rabino más sabio, escriba más agudo. Todo eso es secundario para el evangelio de Marcos La enseñanza nueva de Jesús se identifica con su autoridad humana, con su capacidad de limpiar a los enfermos de la sinagoga.

Esta palabra (enseñanza nueva con autoridad: 1, 27) define a Jesús: no va a la sinagoga para discutir doctrinas sino para enseñar curando, para liberar a los humanos del demonio social y religioso. Lógicamente, su evangelio es palabra sanadora. Frente a la ortodoxia legalista de una antigua o nueva sinagoga que encierra bajo la opresión de sus códigos, ofrece Jesús el poder de su enseñanza sanadora.

Un enloquecido religioso

          El impuro de la sinagoga “conoce” a Jesús, descubriendo que ha venido a “luchar contra el demonio”. No es el impuro el que habla, sino el “espíritu” que le tiene poseído, un espíritu plural, que conoce a Jesús desde el principio, y así le dice, el mal espíritu de la sinagoga o falsa religión que se ha apoderado que se ha “apoderado” de este pobre hombre enfermo:

Ese mal “espíritu” es plural y así dice: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Es como si le dijera que “ellos” no quieren hacer la guerra, que pueden pactar con Jesús, repartiéndose cómodamente las “posesiones”, como han hecho con las autoridades de la sinagoga, donde pueden entrar y tener sus posesos.

Pero, al mismo tiempo, ese “espíritu” es singular y se identifica quizá con el mismo Satán que dice a Jesús: ¡Conozco quién eres:  El Santo de Dios. Ese Satán no se manifiesta aquí en poderes bestiales de tipo cósmico, sino en algo mucho más sutil y, en el fondo, más peligroso: en la destrucción de los mismos fieles del judaísmo de la sinagoga, donde ha entrado. Éste es un espíritu que utiliza la “religión” (aquí el judaísmo sinagogal) para apoderarse de los hombres y mujeres y para destruirles

Jesús cura al poseso (1, 25-26), mandándole que calle. No argumenta con él, no razona. Hay poderes de perversión con los que no se puede hablar, hay que mantenerles en silencio desde el principio, no con la autoridad de una doctrina erudita (como aquella que han desarrollado los escribas), sino con el poder más fuerte de la vida, propio del Hijo de Dios, que sabe descubrir la opresión humana y luchar contra ella, en la sinagoga o fuera de ella (o en la misma iglesia). Todos los restantes principios de la sinagoga le parece secundarios (ritos, doctrinas, sacralidades…). Lo único que importa (que le importa) es la libertad de los hombres y mujeres, que puedan ser ellos mismos, sin disociación interior, sin estar poseídos por espíritus externos.

La autoridad de Jesús se identifica con su misma palabra sanadora que ilumina al oprimido por un tipo de falsa sacralidad religiosa. Frente a la sinagoga que impone una enseñanza que no cura, sino que regula y organiza lo que existe, ofrece Jesús la enseñanza que cura y transforma, superando la opresión del espíritu impuro.

La enseñanza de Jesús no es valiosa por más profunda en plano teórico, por más rica en simbolismos literarios o cósmicos, sino porque libera al oprimido de la sinagoga (1, 23). No se dice la enfermedad del oprimido (ceguera, parálisis…), se dice simplemente que está impuro: dominado por un espíritu antihumano al que Jesús descubre y hace hablar.

  AMPLIACIÓN

Y entrando Jesús en la sinagoga… Las sinagogas habían nacido a finales del siglo II a.C. y vinieron a convertirse pronto, ya en tiempos de Jesús, en una institución básica del judaísmo, que no se define ya por el culto del templo de Jerusalén, sino por la asociación voluntaria de personas y grupos que se reúnen para estudiar la Ley y consolidar sus vínculos de pueblo.

Al principio, las sinagogas habían sido un refuerzo o ayuda, junto al templo, que seguía siendo el centro del judaísmo. Pero ellas fueron tomando cada vez más importancia, hasta convertirse en la institución básica de un tipo judaísmo presidido por escribas, buenos estudiosos de la Ley, que se han vuelto padres del pueblo que emerge y se consolida tras la caída del templo (70 d. C.), en contraste con el cristianismo, representado por el Jesús de Marcos, que aparece ya aquí en contraste con la sinagoga.

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La anticipación del Reino en la victoria sobre los espíritus inmundos. Domingo 4º. Ciclo B

Domingo, 31 de enero de 2021

Healing_of_the_demon-possessedDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Marcos ha presentado a Jesús recorriendo Galilea para anunciar la buena noticia del reinado de Dios. Pero no ha dicho nada de cómo reaccionaba la gente. Sabemos que cuatro muchachos, atraídos por su persona, lo dejan todo para seguirlo. ¿Y el resto? El evangelio de hoy constata dos reacciones opuestas: la mayoría de la gente se asombra de la autoridad de Jesús y de su poder sobre los espíritus inmundos; pero estos se rebelan inútilmente contra él.

El asombro de la gente

Marcos nos sitúa en uno de los pueblos más importantes de Galilea, Cafarnaúm, nudo de comunicaciones con Damasco. Un sábado, Jesús entra en la sinagoga y enseña. Marcos no se detiene a concretar su enseñanza. Lo que le interesa es la reacción del auditorio.

En la ciudad de Cafarnaún, el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

«Con autoridad, no como los escribas». La idea es curiosa, porque los escribas no eran gente impreparada e ignorante, que decían cualquier tontería para salir del paso. Tenían una larga y profunda formación. Pero, en opinión de la gente, enseñaban sin autoridad, incapaces de tener una idea propia, de aportar algo nuevo. Jesús, en cambio, los asombra por esa autoridad. ¿Qué dijo para suscitar esa impresión? Marcos no lo concreta, porque su táctica consiste en despertar la curiosidad del lector y animarlo a seguir leyendo.

El rechazo de un pobre diablo

No todos están de acuerdo con lo escuchado. Hay uno que reacciona en contra: un endemoniado. En realidad, se trata de un pobre diablo. No opone resistencia. Sólo puede protestar, reconocer que los suyos están derrotados y abandonar, retorciéndose y huyendo, el campo de batalla.

Había precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

̶  ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús lo increpó:

̶  Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él.

Espíritus inmundos y demonios forman, en la concepción dramática de Mc, el ejército de Satanás. ¿Existe diferencia entre ellos? En el pasaje de la mujer siro-fenicia parecen términos equivalente; comienza hablando de un «espíritu inmundo» (7,25), y luego habla de un «demonio» (7,26.29.30). Sin embargo, en el conjunto del evangelio, tenemos la impresión de que los demonios tienen menos categoría que los espíritus inmundos. Los demonios esclavizan al hombre con todo tipo de enfermedades y desgracias. Los espíritus inmundos resultan más peligrosos, en la línea de lo que llamaríamos «endemoniados»; hacen sufrir más al poseído, y se atreven a enfrentarse a Jesús, aunque siempre terminan perdiendo la batalla. En este caso, no dice Mc qué tipo de enfermo era. Parece un lunático o un poseso.

Las palabras que pronuncia condensan el misterio de Jesús y de su actividad. El que aparentemente es solo un hombre natural de Nazaret llamado Jesús, es en realidad «el Santo de Dios». Este título es muy raro. Solo se encuentra aquí, en el texto paralelo de Lucas, y en el evangelio de Juan, cuando Pedro, después de que muchos abandonen a Jesús, afirma: «Nosotros hemos creído y reconocemos que tú eres el Santo de Dios» (Jn 6,69). Lo que Pedro y los demás discípulos han terminado creyendo, superando una gran prueba de fe, el endemoniado lo sabe de entrada. Descubrir el misterio de Jesús será una de las misiones del lector del evangelio.

En cuanto a su actividad, la pregunta del endemoniado la deja claro: ha venido a acabar con los demonios y con el poder de Satanás. Al lector moderno puede resultarle un lenguaje extraño. Prefiere hablar de lucha contra el mal, de victoria del bien sobre las fuerzas del mal. Pero Marcos se mueve en otras coordenadas culturales y religiosas.

Aparece por primera vez, en este contexto, una idea que se repetirá muchos en Mc: Jesús impone silencio al espíritu, prohibiéndole hacer pública su verdadera identidad.

La guerra contra Satanás y los espíritus inmundos

Marcos concibe su evangelio como una guerra entre el bien y el mal. Inmediatamente después del bautismo, Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, y allí es tentado por Satanás, mientras los ángeles le sirven. Marcos no cuenta ninguna de las famosas tentaciones. Se limita a presentar a los dos adversarios en lucha: Jesús y Satanás. Y esa guerra continúa con una batalla, vencida fácilmente por Jesús, contra un soldado de Satanás.

Ya que nuestra idea del demonio está muy marcada por ideas posteriores, recuerdo que en el evangelio de Marcos los espíritus inmundos aparecen con dos rasgos principales:

a) Sirven para explicar casos muy complicados para la medicina de la época. En Mc hay dos episodios especialmente famosos: el del endemoniado gadareno (Mc 1,23.26; 5,2.8.13) y el del niño sordomudo que padece epilepsia (9,14-29), al que se presenta como poseído por un espíritu mudo (v.17), mudo y sordo (v. 25). En el caso de la hija de la cananea (7,25) no sabemos en qué consiste la enfermedad.

b) Expresan la oposición radical al plan de Dios. Lo esencial no es que hagan daño a las personas, sino que protestan por la actividad de Jesús. El endemoniado reconoce su poder, sabe quién es y la misión que tiene: destruirlo. Con este mismo aspecto se menciona a los espíritus inmundos en 3,11.

Un aspecto esencial de la actividad de Jesús es expulsar demonios (1,34.39). Los discípulos reciben de Jesús ese poder contra ellos (6,7), pero algunos son muy difíciles de echar, hace falta oración (9,28-29).

Marcos dejará claro a lo largo de su evangelio que los enemigos más peligrosos de Jesús no son los demonios sino los hombres. Serán ellos quienes terminen matándolo.

Admiración final

Todos se preguntaron estupefactos:

̶  ¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen.

Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Tras la huida del demonio, el protagonismo pasa a los presentes en la sinagoga. Antes se admiraron de la autoridad con la que enseña Jesús. Ahora se quedan estupefactos al ver que, además, tiene también poder sobre los espíritus inmundos. Y se preguntan: “¿Qué es esto?” ¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Cuál será nuestra reacción?

Marcos ha presentado dos reacciones muy opuestas ante la persona y la actividad de Jesús: admiración y rechazo. Con ello queda claro lo que espera de cada uno de sus lectores. Decía un pensador griego que «el asombro llevó a los hombres a filosofar». Marcos, de forma parecida, sugiere que la admiración es el punto de partida para creer en Jesús. Poco a poco, la pregunta de la gente «¿qué es esto?» se convertirá en «¿quién es éste?»,

¿Un profeta como Moisés? (Deuteronomio 18,15-20)

Jesús, en el evangelio de hoy, no se presenta como profeta, ni su auditorio lo reconoce como tal. Sin embargo, como primera lectura se ha elegido un texto del Deuteronomio en el que Dios promete que, tras la muerte de Moisés, no dejará de comunicarse al pueblo, sino que le suscitará a un profeta como él. Aunque el texto hable de «un profeta», en realidad se refiere a una serie de ellos, a todos los profetas que, a lo largo de la historia de Israel, le transmitirán la palabra de Dios. Sin embargo, la tradición cristiana vio en este profeta a Jesús.

Buscando una relación con el evangelio, podríamos verla especialmente en las palabras «Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre», aplicadas al personaje poseído de un espíritu inmundo que rechaza a Jesús.

Moisés habló al pueblo, diciendo:

El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea:

No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese gran fuego, para no morir».

El Señor me respondió:

-«Está bien lo que han dicho. Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande. Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá.”

«No endurezcáis vuestro corazón» (Salmo 94)

Aunque el salmo ha sido elegido por su relación con la primera lectura, en la que Dios exige escuchar al profeta que hable en su nombre, es fácil relacionarlo también con el evangelio. El poseído por el espíritu inmundo endurece su corazón, rechaza a Jesús. Nosotros debemos aclamar al que nos salva, darle gracias y escuchar su voz.

 

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 31 de enero, 2021

Domingo, 31 de enero de 2021

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Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza…”

(Mc 1, 21-28)

Ahora que las Navidades nos empiezan a quedar lejanas y que la rutina acecha mezclada con nuestra cotidianidad, nos viene bien ser Cafarnaún.

Sí, este domingo IV nos podríamos convertir en Cafarnaún y dejar que llegue Jesús. ¡Qué bueno que ande por nuestras calles y que se “meta” en nuestras cosas!

Y qué sorpresa tan agradable si este domingo viniera Jesús a enseñar (o a lo que Él quisiera) a nuestra iglesia. Sería estupendo verle entrar por la puerta y saber que ha querido venir a estar con nosotros. Le escucharíamos con gusto, quizá también con asombro.

¿Nos llamaría la atención su manera de enseñar? ¿Qué espíritus inmundos tendría que sacar fuera? ¿De qué tendría que liberarnos?

Impresiona ver que son los espíritus inmundos quienes primero reconocen a Jesús. “Sé quién eres, el Santo de Dios.” También es llamativa la facilidad que tiene Jesús para deshacerse de estos espíritus. “Cállate y sal de él.”

Dejemos que Jesús “llegando” a nosotras nos convierta en Cafarnaún (que significa “Aldea del Consuelo”). Que entre en nuestros espacios, tanto públicos como privados, y nos libere de cualquier mal espíritu que se nos haya colado. Hoy somos Cafarnaún. Y con Jesús en nuestro interior podemos ser una “Aldea de Consuelo” a la que se puedan acercar todas aquellas personas que necesitan un lugar acogedor donde encontrarse con Dios. Hoy podemos convertir nuestra oración en una plaza amplia, una plaza de pueblo, de aldea, donde tengan cabida los pequeños y los grandes sufrimientos de la humanidad. Que la unión de nuestras oraciones ensanche ese espacio de consuelo.


Oración

Bendícenos, Trinidad Santa, con el don del consuelo para que, como decía Etty Hillesum, “seamos bálsamo para toda herida”.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Las enseñanzas de Jesús liberado nos marcan el camino de la liberación.

Domingo, 31 de enero de 2021

mark3-1-6Mc 1, 21-28

Marcos nos narra el primer día de actividad de Jesús. Como veremos entre este domingo y el siguiente, fue un día de plena actividad. Naturalmente es un montaje perfecto para manifestar las intenciones de Jesús al comenzar su vida pública. Su primer contacto con la gente tiene lugar en la sinagoga, emplazamiento donde se desenvolvían las relaciones humanas en aquella época. A la sinagoga se iba para comunicarse con Dios a través de la Ley y la oración. Es un signo de que la primera intención de Jesús fue enderezar la religiosidad del pueblo. Tanto la relación con Dios como la relación con las autoridades religiosas no liberaban, sino que esclavizaban.

Por dos veces en el relato se hace referencia a la enseñanza de Jesús, pero no se dice nada de lo que enseña. El domingo pasado había dejado claro que enseñaba la buena noticia de parte de Dios. No va solo a enseñar, sino a liberar de toda opresión por medio de su enseñanza. La institución no da la libertad, sino que somete a la gente por una interpretación de la Ley literal. Se habla de sus obras. Lo que Jesús hace es liberar a un hombre de un poder opresor. Jesús libera cuando actúa. La buena noticia que anuncia Marcos es la liberación de la fuerza opresora de la Ley. Su intención en este relato es que la gente se haga la pregunta clave: ¿Quién es este hombre? Todo lo que irá desarrollando a lo largo del evangelio será la respuesta.

Enseñaba como quien tiene autoridad. La palabra clave es “exousia”. No es nada fácil penetrar en el verdadero significado de este término. Debemos distinguirlo de “dynamis”. Esta distinción es relativamente fácil: “Dynamis” sería la fuerza bruta que se impone a otra fuerza física. “Exousía” sería la capacidad de hacer algo en el orden jurídico, político, social o moral, siempre en un ámbito interpersonal. La palabra griega significa, además de autoridad, facultad para hacer algo, libertad para obrar de una manera determinada. Otra característica de la “exousía” es que la persona la puede tener por sí misma o recibirla de otro que se la otorga.

¿Qué quiere decir el evangelista cuando le aplica a Jesús esa “autoridad”? Se trata de una autoridad que no se impone, de una potestad que se manifiesta en la entrega, de una facultad de acción que se pone al servicio de los demás. Sería la misma autoridad de Dios dándose a todas sus criaturas sin necesitar nada de ninguna de ellas. El concepto de Dios “Todopoderoso” que exige un sometimiento absoluto, nos impide entender la exousía de Jesús. Solo desde la experiencia del Dios-Amor de Jesús podremos entenderla.

Jesús no va a potenciar la autoridad de la Ley sino a enseñar con su propia autoridad. No se limita a interpretar lo dicho por otros sino a decir algo nuevo. Jesús enseñaba con autoridad, porque no hablaba de oídas, sino de su experiencia interior. Trataba de comunicar a los demás sus descubri­mientos sobre Dios y sobre el hombre. Los letrados del tiempo de Jesús, (y los de todo tiempo) enseñaban lo que habían aprendido en la Torá. De ella tenían un conocimiento perfecto, y tenían explicaciones para todo, pero el objetivo de la enseñanza era la misma Ley, no el bien del hombre. Se quería hacer ver que el objetivo de Dios al exigir los preceptos era que le dieran gloria a Él, no al hombre.

Les llamó la atención ver que Jesús hablaba con la mayor sencillez de las cosas de Dios, tal como él las vivía. Su experiencia le decía que lo único que Dios quería era el bien del hombre. Que Dios no pretendía nada del ser humano, sino que se ponía al servicio del hombre sin esperar nada a cambio. Esta manera de ver a Dios y la Ley no tenía nada que ver con lo que los rabinos enseñaban. Todos los problemas que tuvo Jesús con las autorida­des religiosas se debieron a esto. Todos los problemas que tienen los místicos y profetas de todos los tiempos con la autoridad jerárquica responden al mismo planteamiento.

Cállate y sal de él. Jesús despierta la voz de los sometidos que antes estaban en silencio. La expulsión del “espíritu inmundo” refleja el planteamiento del evangelio como una lucha entre el bien y el mal. “Mal” es toda clase de esclavitud que impide al hombre ser él mismo. Nadie se asombra del “exorcismo”, que era corriente en aquella época. Lo que les llama la atención es la superioridad que manifiesta Jesús al hacerlo. Jesús no pronuncia fórmulas mágicas ni hace ningún signo estrafalario. Simplemente con su palabra obra la curación. Lo que acaban de ver les suscita la pregunta: ¿Qué es esto?

Hablar con autoridad hoy sería hablar desde la experiencia personal y no de oídas. Lo único que hacemos, también hoy, es aprender de memoria una doctrina y unas normas morales, que después repetimos como papagayos. Eso no puede funcionar. En religión, la única manera válida de enseñar es la vivencia que se transmite por ósmosis, no por aprendizaje. Esta es la causa de que nuestra religión sea hoy completamente artificial y vacía, que no nos compromete a nada porque la hemos vaciado de todo contenido vivencial. Esta es la razón también de que los jóvenes no nos hagan puñetero caso cuando les hablamos de Dios.

Espíritu inmundo sería hoy todo lo que impide una auténtica relación con Dios y con los demás. Para los rabinos, impuro es el que no cumple la Ley, para Jesús impuro es el que está oprimido. Fijaos hasta qué punto estamos todos poseídos por un espíritu inhumano. Esas fuerzas las encontramos tanto en nuestro interior como en el exterior. Nunca, a través de la historia, ha habido tantas ofertas falsas de salvación. Una de las tareas más acuciantes del ser humano es descubrir sus propios demonios; porque solo cuando se desenmascara esa fuerza maléfica, se estará en condiciones de vencerla. Muchas de las fuerzas que actúan en nombre de Dios también oprimen, reprimen, comprimen y deprimen al ser humano.

Una importante tarea en el culto sería descubrir nuestras ataduras y tratar de desembarazarnos de ellas. Todos estamos poseídos por fuerzas que no nos dejan ser lo que debiéramos ser. Hoy sigue habiendo mucho diablo suelto que tratan por todos los medios de que el hombre no alcance su plenitud. La manera de conseguirlo es la manipulación para que no consiga alcanzar la libertad que le permitiría lograr su plena humanidad. En el lugar más sagrado para los judíos, Jesús descubre la impureza. No en el mercado, no en las plazas púbicas. Es muy clara la intención del evangelista al poner de manifiesto la realidad de la religión.

Nuestra vida debía ser no un acopio de poder sino de autoridad para ayudar al hombre al liberarse de sus demonios. Jesús emplea su autoridad, no contra hombre alguno sino contra las fuerzas que los oprimen. Como individuos, como comunidad y como Iglesia, estamos siempre tratando de aumentar nuestra autoridad, pero no la que desplegó Jesús sino la que nos permite creernos superiores a los demás. Si utilizamos esa autoridad para someterlos a nuestro capricho, aunque sea bajo pretexto de hacer la voluntad de Dios o de buscar el bien de los demás, estamos en la antípoda del evangelio.

Todos los seres humanos necesitamos ayuda para superar nuestros demonios, y todos podemos ayudar a los demás a superarlos. Es verdad que existe mucho dolor que no podemos evitar, pero debíamos distinguir entre el dolor y el sufrimiento que ese dolor puede infligir. Soportar el dolor antes de que alcance la categoría de sufrimiento sería la tarea decisiva de cada ser humano. Aquí tenemos un margen increíble para la maduración personal, pero también para desplegar cauces de ayuda a los demás. Estoy seguro de que las curaciones de Jesús fueron encaminadas a suprimir el sufrimiento, no el dolor.

Meditación

Toda autoridad que se ejerce desde el poder viene del diablo.
Solo la autoridad que da el servicio viene de Dios.
Tu tarea primera como ser humano
es liberarte de todo lo que te impide ser tú.
La segunda, es ayudar a los demás a liberarse.

 

La liberación nunca está realizada del todo. Si crees que eres libre y no buscas la libertad es que no tienes conciencia de tus ataduras y vives engañado. Dar por supuesto que Jesús nos salvó por su muerte en la cruz es engañarnos.

El hombre siempre será limitación, finitud y carencia. Es en esa perspectiva donde tiene que desarrollar su existencia. Ni Jesús ni Dios pueden curarnos de nuestra finitud. Es en ella y a pesar de ella donde tenemos de desplegar nuestra libertad.

La salvación que Jesús nos ofrece no es una receta mágica que nos cura de todo mal, sino una energía que nos ayuda a afrontar la vida desde una perspectiva realista.

Jesús nos libra de Dios, de la religión de toda idolatría que nos lleve a esperar una liberación material y exterior de nuestras limitaciones.

Jesús nos libera de todo mesianismo materialista que pueda saciar nuestra necesidad de seguridades. Jesús no nos libra de nada, sino que nos invita a liberarnos, no a ser objetos pasivos de una liberación.

Antes que Marx, Jesús advirtió que una religión mal entendida era el opio del pueblo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Enseñaba con autoridad.

Domingo, 31 de enero de 2021

jesusmultitudUno no sabe lo que sabe hasta que puede enseñar a otro (Aristóteles)

Marcos 1, 21b-28

Al llegar el sábado a Cafarnaúm entró en la sinagoga y se puso a enseñar, y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios”.

Jesús, entonces, le conminó diciendo: “Cállate y sal de él”, agitándole violentamente, el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen”, y bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Al describir cómo fue el inicio de la actividad de Jesús, Marcos indicaba qué debían hacer para anunciar la Buena Nueva; Marcos hace catequesis contando a las comunidades los acontecimientos de la vida de Jesús y enseñando con autoridad, pues sé muy bien que, si no se domina algo, es prácticamente imposible enseñarlo a los demás.

El Maestro de Nazaret enseña con autoridad, diversamente de los escribas, y la primera cosa que los demás perciben es que enseña de manera diferente, pues lo que impresiona no es tanto lo relativo al contenido sino la forma de enseñar.

No se trata sólo de pasar el conocimiento que se tiene, no es únicamente transmitir un saber sino ayudar a quien aprende, ávido de conocimiento y con muchas preguntas. Que aprenda por él mismo, pues más que transmitir información, se trata de contagiar el amor por el conocimiento, de motivar y guiar.

ensenar con autoridad

Jesús crea una conciencia crítica en la gente con relación a las autoridades religiosas de la época, que en aquella época enseñaban citando autoridades. Jesús no cita ninguna autoridad, sino que habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón.

En Marcos, el primer milagro es la expulsión de un demonio. Jesús combate y expulsa el poder del mal que se apoderaba de las personas y las alienaba de sí mismas. El individuo poseído gritaba: “¡Yo te he reconocido, tú eres el Santo de Dios!” El hombre repetía la enseñanza oficial que representaba al Mesías como “Santo de Dios”, esto es, como un Sumo Sacerdote, o como rey, juez, doctor o general. Hoy también, mucha gente vive alienada de sí, engañada por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda del comercio. Muchos piensan que su vida no es como debería ser.

De mi libro En Hierro y en Palabras. Prometeo también sabía enseñar:

 

PROMETEO ENCADENADO

Tú que a los hombres diste Prometeo,
el fuego robado de los dioses
y ciegas esperanzas,
-maldito caso el que te hicieron-
tu gran delito fue
la Filantropía.

Tú que les enseñaste
los números, la escritura,
el modo de interpretar los sueños.
A predecir el movimiento de los astros
y hacer señales con el fuego
-maldito caso el que te hicieron- 

Tu gran error, adelantarte
al Tiempo.

Redentor que como casi todos terminaste
con los brazos en cruz,
de hierros bien ceñido
o de clavos fajado en pies y manos.

Un águila en el Cáucaso
devora tus entrañas.
Se mofan en el Gólgota
de un rostro ensangrentado.

Y en Europa y el mundo
se extirpa el útero a cuantos
parir pudieran
“heréticos” profetas.

 

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Un Dios que libera y humaniza.

Domingo, 31 de enero de 2021

maxresdefaultDOMINGO 4º T.O. (B) Mc 1, 21-28

En los evangelios sinópticos el comienzo de la predicación de Jesús coincide con las primeras curaciones. Lo cual parece sugerirnos que es el inicio de un camino o itinerario personal que cada uno/a debe realizar. Se trata de poner en orden nuestro propio mundo interior: las falsas imágenes de Dios que hemos heredado o reforzado en determinados momentos de nuestra vida por simple comodidad, un Dios que nos agobia con leyes, normas y cumplimientos poniéndonos difícil el acceso a la auténtica vivencia humana tejida de dignidad y verdad, un Dios controlador que impone “cosas” a sus súbditos, que no hijos/as y, además, condena a quienes osan desobedecerle. Asimismo, ¿qué visión del ser humano tengo que cambiar o renovar?

Esos son nuestros propios demonios que debemos desenmascarar en nuestro interior para poder abrirnos y descubrir un Dios que es Presencia íntima, Amigo incondicional que nos invita a vivir de forma creativa y libre, amarnos a nosotros mismos/as tal como somos no como nos gustaría ser, amar a los demás y a toda la creación secularmente maltratada por la ambición desmedida del ser humano. Lo estamos viviendo con esta pandemia, el cambio climático, los refugiados, las guerras olvidadas… Una historia de la humanidad beligerante, tremendamente injusta.

Jesús empieza a curar liberando de un dios opresor y dominador. Sus palabras resuenan radicalmente diferentes a las de los rabinos, y la gente, reunida en la sinagoga, queda sorprendida al escucharle. Habla con autoridad, desde su experiencia interior, no de oídas; despierta la confianza no el miedo, el amor a Dios-Abbá no el sometimiento a la ley que ignora al ser humano; su venida acrecienta la libertad no la servidumbre y, sobre todo, suscita el perdón no el rencor o el resentimiento siempre presente. Anuncia con libertad y valentía un Dios Bueno, Abbá, que reconstruye a la persona con compasión y misericordia una y otra vez.

Dicho de otro modo, tendremos que soltar “lastre”, incluso de las tradiciones religiosas, de las falsas interpretaciones de las Escrituras, de las consignas de los letrados de todos los tiempos, si queremos acceder a un nivel más hondo y gozoso de nuestra propia existencia. Ese es el primer paso o marco imprescindible para superar nuestra propia división interna, aquejada, las más de las veces, de “yoes” que nos impiden el acceso a la Verdad hasta encontrar esa revelación o manifestación íntima que será la guía del proceso personal que cada uno/a debe realizar con decisión y confianza.

¿Cuántas creencias, conceptos, imágenes, normas, culpabilidades… a lo largo de los siglos, han ido cargando las religiones, los poderosos y nosotros mismos sobre las personas como una losa asfixiante e inamovible (Mt 11,28-30), sin buscar por encima de todo el bien de éstas? Esos “yoes” son los demonios que nos impiden darnos cuenta de la Luz y la Vida escondida que habita en cada ser humano.

Llama la atención que Jesús, cuando se acerca a los endemoniados, no los toca como luego hará con otro tipo de enfermos: leprosos, ciegos, paralíticos. Se mantiene a distancia y ordena con su voz que abandonen a la persona poseída, esclavizada. Con un tajante, “cállate y sal de él” Jesús provoca la reacción personal para liberarnos de nuestros “egos”, algo que nadie puede hacer por nosotros/as. Sólo dos cosas son necesarias para cumplir la voluntad de su Abba-Dios: “que todos los hombres y mujeres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la Verdad y amaos los unos a los otros como yo os he amado”. (1 Tim 2,4; Jn 13,34-35). Una ardua tarea que nos ocupará toda la vida.

Desplazar y alejar a ese yo/ego y acoger con firmeza y comprensión el Yo profundo, hará desvanecer cualquier demonio que pretenda entrometerse o manipular nuestra existencia. Lo mismo haremos si los percibimos en otras personas; esto es, “aléjate de quien pretende des-humanizarte o separarte de Dios”. No caer en la ingenuidad de nuestro poder de convicción o entablar un diálogo estéril respecto a ellas. Se trata de despertar en nosotros un “yo” fiel, que sea capaz de expulsar las trampas de esos egos que pululan en nuestra mente. Un “yo” que recibe la Luz y la fuerza del Cristo interno oculto en el Fondo de todo ser humano.

También la Iglesia debe cuestionarse si ha contribuido a lo largo de su historia o sigue manteniendo cualquier tipo de servidumbre u opresión que impide a la persona ser ella misma, alcanzar la plena humanidad. De hecho, el rechazo que tuvo Jesús con las autoridades religiosas de su tiempo, los problemas que tienen los/as místicos/as y los/as profetas de cualquier época con los dirigentes revelan el mismo planteamiento.

Asimismo, nosotros como personas, como comunidad, como Iglesia podemos hacer mal uso de la autoridad, creernos superiores a los demás, someterlos a nuestros intereses, incluso bajo el pretexto de hacer la voluntad de Dios o buscar el bien de los demás.

Podríamos preguntarnos, como la gente que escuchaba a Jesús, “¿qué es esto?”. ¿No va siendo hora de dejar los “yoes” que arrastramos desde hace siglos y empezar a poner orden en el interior de las instituciones, abandonar el clericalismo y el patriarcado en las antípodas del evangelio como denuncia Francisco insistentemente, y desplegar la autoridad verdadera que Dios nos concede, de la que nos habla hoy el evangelio, la única que viene de Dios?

Tenemos la capacidad de acceder a la Verdad, conocerle, amar como Él ama y liberar como Él libera. También hoy pedimos a Jesús que nos libere: ¡Líbranos, Abbá, de los espíritus que nos deshumanizan!

Buen comienzo. ¡Shalom!

Mª Luisa Paret García

Fuente Fe Adulta

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Amar apasionadamenta la verdad

Domingo, 31 de enero de 2021

Painting the Sky Domingo IV del Tiempo Ordinario

31 enero 2021

Mc 1, 21-28

En su evangelio, Marcos recurre a la figura de los “demonios”, haciéndoles ocupar un lugar destacado, con dos objetivos: por un lado, para proclamar la identidad de Jesús, que ellos conocen, a diferencia de los humanos que la ignoran; por otro, para mostrar el poder de Jesús sobre ellos.

 Más allá de esa figura mítica –en la que algunas culturas personificaron la fuerza del mal–, al evangelista le interesa subrayar la “autoridad” –la fuerza de verdad– que posee la palabra del Maestro de Nazaret.

 Los letrados (o doctores) eran personas expertas en el estudio y la explicación de la Torá (la Ley de Moisés). Dedicaban a ello toda su vida y eran famosos por su erudición y sus disputas interpretativas. Pero –dice Marcos– la gente se da cuenta de que Jesús no habla como ellos, sino “con autoridad”.

 Las personas eruditas suelen hablar tomando como referencia lo que han oído, estudiado o aprendido. Quien las escucha no puede evitar la sensación de que están hablando “de memoria”, perdiéndose en infinidad de construcciones mentales más o menos ingeniosas, carentes de auténtica novedad y de frescor.

 Hablar “con autoridad” significa hablar desde la propia experiencia, a partir de lo que se ha “visto” o experimentado en primera persona. Cuando escuchamos a quien habla así, nuestros corazones vibran, produciendo ecos o resonancias: aquello que estamos oyendo conecta y despierta lo que ya estaba en nosotros, aunque todavía dormido o apagado.

 Vivimos en una cultura que ha pecado de academicismo y en una época que parece acostumbrarse demasiado dócilmente a la posverdad, en un intento narcisista de “convertir en verdad” aquello que nos interesa: lo ocurrido recientemente en Estados Unidos, con Trump a la cabeza, me parece una muestra palmaria de lo que vengo diciendo.

 En medio de toda esa espesa jungla de palabrería (academicismo) y de “fake news”, echamos de menos palabras que nos lleguen al corazón porque transmiten verdad.

 Si las “fake news” constituyen una argucia más del ego para alimentarse y sostener su visión egocentrada y el academicismo refleja el afán de la mente por llevar el control y erigirse en protagonista, la búsqueda honesta se caracteriza por el amor a la verdad.

  La persona genuinamente espiritual no busca otra cosa que la verdad. Y no tarda en descubrir que la verdad desnuda absolutamente de todo lo demás: intereses, expectativas, creencias, egocentrismo… Porque la verdad no es un concepto, una creencia, una idea a la que nos hemos acostumbrado. La verdad es lo que queda cuando todo eso cae.

 Y es justo en la medida en que permitimos que caiga todo aquello a lo que nos habíamos aferrado, cuando se muestra la verdad desnuda, sin asideros ni refugios. Emerge aquello que queda cuando no ponemos pensamiento, cuando no hay apropiación. Por ese motivo, aquí se impone la pregunta:

Si dejo de lado todo lo que me han enseñado, he leído, he aprendido… sobre la vida y sobre el ser humano, ¿qué puedo decir por mí mismo/a?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No es lo mismo poder que autoridad. Jesús no tuvo poder, pero sí la gran autoridad del amor.

Domingo, 31 de enero de 2021

pantc3b3crator-11Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. No es lo mismo poder que autoridad.

         A veces confundimos y nos parece que es lo mismo poder y autoridad. Y no es así.

         Poder tiene la persona porque así se lo ha conferido quien puede hacerlo. Un obispo en su diócesis tiene poder-potestas, porque ha sido instituido en tal cargo por quien puede hacerlo, Roma (dejémoslo ahí). Un político tiene poder porque, se supone, que el pueblo le ha conferido tantos millones de votos (que se lo pregunten a Biden, más bien a Trump). Lo mismo se puede decir de un superior, de un cargo político, eclesiástico, cultural, etc.

         Ahora bien, que se tenga poder no significa que se posea autoridad.

Autoridad (que viene de autor) tiene quien hace bien en la vida, en una comunidad, autoridad es quien por su bondad, por sus sanos criterios, por su competencia, por su bien estar en la vida, hace bien.

         No todo el que tiene poder, tiene autoridad. Estamos cansados de ver y padecer personas de poder político, económico, eclesiástico que no tienen la más mínima autoridad sobre el pueblo, sobre su diócesis.

         Jesús no tuvo poder: nunca se le vio en los ámbitos de poder y, cuando se le vio, fue para volcar las mesas y las “cuentas corrientes·” del Templo, de la banca. Sin embargo Jesús tenía autoridad: no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Es decir Jesús no era como los papanatas o paparazzis del partido o de la corriente eclesiástica de turno, sino que Jesús tenía un modo e enseñar nuevo: Este enseñar con autoridad es nuevo.

El uso y abuso de poder es una autoafirmación despótica. Probablemente el poder es un sedante de la falta de afecto y amor en la vida. El poder y despotismo es un “autoerotismo”: la “erótica del poder”! ¡Cuántos celibatos se han “mal solucionado” con una dosis de poder”, con un cargo, una presidencia, etc.! Cuidado con el poder religioso, es muy sutil y ladino: hurga, trata de controlar y dominar la conciencia y la libertad humana.

         Jesús tenía autoridad y por eso no imponía, sino que sanaba, curaba, amaba. El modo nuevo de enseñar con autoridad de Jesús, era la misericordia y el amor. Jesús, -como Dios Padre-, perdona y así infunde respeto, (Salmo 129, 4). Jesús no fue a trompetazos ni baculazos por la vida, sino que fue sanando, expulsando “espíritus inmundos”.

Los príncipes de la tierra tiranizan y oprimen a los suyos: que no sea así entre vosotros, (Mt 20,25).  ¡Qué mal suena y qué poco evangélico es que a los cardenales les denominen príncipes de la iglesia! ¡Qué poco evangélica es la actitud de obispos y sacerdotes que viven -o vivimos- con el poder como bandera de nuestra actuación pastoral!

La 1ª carta de Pedro recomienda a los que tienen alguna tarea en la iglesia:

Cuidad de las ovejas de Dios que os han sido confiadas;hacedlo de buena voluntad, como Dios quiere, y no como a la fuerza o por ambición de dinero. Realizad vuestro trabajo de buena gana, no comportándoos como si fuerais dueños de quienes están a vuestro cuidado, sino procurando ser un ejemplo para ellos. (1Ped 5,2-3)

  1. ¿Y los demonios y diablos, malos espíritus?

Jesús le increpó al espíritu inmundo: “Cállate y sal de él”.

         En las culturas primitivas, en la historia de la filosofía y de la teología, en la misma historia de la Iglesia se han empleado muchas expresiones para describir el mal, el pecado hablando de espíritus inmundos, azufres, fuegos, convulsiones, etc.

En la Biblia, los evangelios llaman endemoniados o espíritus inmundos, más bien a enfermedades de tipo psiquiátrico: epilepsias, depresiones, etc.

La ilustración, la razón, las ciencias y la psiquiatría pusieron coto y razón a estas fantasías y supersticiones.

El mal, el pecado serio existe. Por desgracia es evidente que el mal existe: lo hacemos, está en nosotros mismos y en nuestra sociedad, en la Iglesia.

San Marcos sitúa al endemoniado -y no casual o ingenuamente- en Cafarnaúm (centro de la actividad de Jesús), en la sinagoga (la iglesia) y en sábado (día de culto y oración).

         No es que sea el “criterio absoluto” de la sabiduría, pero S. Freud decía que los espíritus malignos son deseos reprimidos que se originan en la vida interior, en lo profundo de la persona.

         Diablo es una palabra griega, precisamente la contraria de símbolo:

  • o Los símbolos son los que unen, encauzan sentidos. Una bandera, la cruz, darnos la mano, son gestos que concentran significados.
  • o Lo diabólico: Hay realidades humanas que, por su enorme fuerza y porque somos libres, nos pueden descentrar, despistar al ser humano: el poder en cualquier orden de la vida, el dinero, el placer, son pasiones y pulsiones que nos pueden hacer daño y podemos hacer daño.
  1. Por defecto el ordenador siempre saca la misma plantilla.

         Todo el que trabaja con ordenador sabe que –“por defecto”– el ordenador siempre te ofrece la misma plantilla: tal tipo y tamaño de letra, márgenes de la página, espacios, etc.

         Algo de esto podría ser lo que los clásicos denominaban “segunda naturaleza”. Todos nacemos con una plantilla buena, querida por Dios, sana. Vio Dios lo que había creado y era bueno. Todos nacemos inocentes, pero nos dura poco tiempo. La vida, la libertad, los deseos reprimidos (Freud), etc., crean en nosotros otra plantilla, “otro modo de ser” que nos lleva a unas actuaciones quizás negativas. Al pobre alcohólico, drogadicto o adicto, su “segunda plantilla-naturaleza”, le llevan a ese defecto.

         Tal es el diablo de su o de nuestra vida. Los diablos y malos espíritus están en nuestro interior, en nuestras tendencias, en “nuestra plantilla” y se nos han instalado quién sabe por qué mecanismos, condicionamientos psíquicos, sufrimientos, costumbres, etc. El diablo no es un señor que anda por ahí paseando con un tridente y oliendo a azufre por nuestras calles y de cuando en cuando trata de “pillar” a este o aquel para llevárselo a la “caldera de pedro botero”.

  1. El centro del mensaje no es el demonio, sino Dios, la salvación de Dios.

En la vida hay encuentros positivos, amables y hay -o puede haber- encuentros negativos. Un encuentro con un buen médicos es sanante, ese médico tiene autoridad para con nosotros; un buen profesor es un encuentro luminoso en la vida y ese maestro tiene autoridad.

El encuentro con Cristo es salvífico, hace que el espíritu inmundo salga, desaparezca de nuestras vidas.

Jesús lo que hace no es predicar la condenación, el infierno, sino que libera a aquel hombre, como a tantos otros, incluidos nosotros de tantos espíritus interiores. Jesús nos libera: cállate y sal de él.

Jesús se enfrenta al mal, no condenando al pecador, sino liberándonos del mal.

Es curioso cómo en muchas de las predicaciones eclesiásticas el centro es el pecado y la condenación con toda la parafernalia de angustia y condenación. Si Cristo se enfrenta al mal es para el bien. El centro de Cristo es la salvación. El tratamiento que Jesús hace del ser humano adueñado de las malas pulsiones, es la salvación.

  1. Formatear el disco duro (o blando).

El mal, los malos espíritus, los demonios se vencen con el bien.

Lo “negativo”, lo diabólico, lo que nos despista tiene su sede en los sótanos de nuestra personalidad (inconsciente – subconsciente) o en la terraza de nuestras neuronas.

Eso no se arregla a cataclismos apocalípticos de angustia, moralina y fogonazos. Posiblemente con tales bravatas voluntaristas no hagamos sino aumentar las obsesiones.

Las buenas ideas, los buenos sentimientos, las aperturas a los demás, a la cultura a Dios irán ocupando y venciendo lo diabólico. Sólo Dios puede vencer lo sucio de nuestra vida, pero probablemente no con los exorcismos de películas de terror, sino con la suave brisa y presencia del Reino de Dios: de ese universo de positividad de la vida.

Quien destruye el reino del mal es el Reino de Dios: un nuevo modo de hablar y de vivir. Un nuevo modo de enseñar

         Posiblemente nosotros también tenemos nuestros malos espíritus:

Cállate y sal de él.

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