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Archivo para Domingo, 11 de marzo de 2018

11-M: Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo

Domingo, 11 de marzo de 2018

Compartimos el Dolor y el Recuerdo de las víctimas de aquel funesto día que nos marcó para siempre, con este hermoso post del blog de la Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas (CAFA):

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Dios todopoderoso y eterno,
de infinita misericordia y bondad,
con el corazón apesadumbrado, acudimos a Ti.
Escucha nuestra oración, ten misericordia de nosotros,
atiende las súplicas de quienes te invocan
en esta hora de tribulación y de prueba.
Te pedimos, Dios de la vida,
por las víctimas mortales del ataque terrorista.
Son hijos tuyos; son hermanos nuestros.
Nunca debían haber muerto en estas circunstancias.
Padre nuestro, acógelos en tu seno.

Visita, Dios consolador, a los familiares de las víctimas.
Reviste con tu manto de misericordia y de amor
las llagas de su corazón y de su alma.

Te pedimos por la conversión
de los que odian y utilizan la violencia.

Príncipe de la Paz, Señor Crucificado, Jesucristo Resucitado, compadécete de nosotros, intercede por nosotros.

Amén.


A las 193 victimas mortales
de los terribles atentados del 11M en Madrid

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Jesús, la luz que salva al mundo…

Domingo, 11 de marzo de 2018

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En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él…

… Habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

*

(Juan 3,14-21)

***

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Jesús vino ciertamente para padecer, pero su ideal no es la cruz, sino la obediencia, ese modo de vivir la relación con su Padre, testimoniarlo hasta el fondo, sin echarse atrás ante la dificultad ni ante el interrogante más dramático de su vida. El ideal de Jesús es único: la obediencia, una obediencia que no acaba en la muerte, porque quien muere de ese modo sólo puede concluir en la resurrección. La obediencia tiene como contenido el don de sí mismo por nosotros, la donación de Jesús a nosotros. El ideal de Jesús no es el dolor.

¿La cruz de Jesús es una palabra dirigida al dolor humano que, queriendo realizar el ideal del bien, de la justicia, de la virtud, encuentra y padece contradicción? ¿O es también una palabra para el dolor humano en todas sus facetas, para el dolor que nos viene sin buscarlo, sin quererlo, el dolor repentino, el dolor que parece llegar de modo absurdo? La respuesta es única: la cruz del Señor es una palabra para todo el dolor humano. El cristiano no dice: padecemos el dolor, Jesús también lo padeció. Ha aprendido, más bien, a razonar de otro modo. Ha aprendido que la cruz de Jesús es precisamente su dolor, el nombre que se debe dar también al dolor humano. El cristiano mira al crucifijo, ve el dolor de Jesús y dice: este dolor es una palabra para el dolor del hombre, que no puede tener otro nombre que el nombre de la cruz. Si redujésemos la cruz de Jesús a un caso particular de dolor del mundo, no cambiaría nada. Dar un nombre significa la posibilidad de encontrar un sentido. Vivir tiene significado si lleva consigo dolor. La resurrección de Cristo me lo recuerda en cuanto es el éxito de un padecer y morir que no ha puesto en tela de juicio el sentido de la vida.

Esta es la pretensión del cristiano frente al dolor, que él llama cruz: la pretensión de que esta realidad, tan difícil y misteriosa, tenga una posibilidad de sentido .

*

G. Moioli,
La parola della croce,
Viboldone 1987, 51-54, passim.

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“Acercarnos a la luz”. 4 Cuaresma – B (Juan 3,14-21)

Domingo, 11 de marzo de 2018

04_cuar_bPuede parecer una observación excesivamente pesimista, pero lo cierto es que las personas somos capaces de vivir largos años sin tener apenas idea de lo que está sucediendo en nosotros. Podemos seguir viviendo día tras día sin querer ver qué es lo que en verdad mueve nuestra vida y quién es el que dentro de nosotros toma realmente las decisiones.

No es torpeza o falta de inteligencia. Lo que sucede es que, de manera más o menos consciente, intuimos que vernos con más luz nos obligaría a cambiar. Una y otra vez parecen cumplirse en nosotros aquellas palabras de Jesús: «El que obra el mal detesta la luz y la rehúye, porque tiene miedo a que su conducta quede al descubierto». Nos asusta vernos tal como somos. Nos sentimos mal cuando la luz penetra en nuestra vida. Preferimos seguir ciegos, alimentando día a día nuevos engaños e ilusiones.

Lo más grave es que puede llegar un momento en el que, estando ciegos, creamos verlo todo con claridad y realismo. Qué fácil es entonces vivir sin conocerse a sí mismo ni preguntarse nunca: «¿Quién soy yo?». Creer ingenuamente que yo soy esa imagen superficial que tengo de mí mismo, fabricada de recuerdos, experiencias, miedos y deseos.

Qué fácil también creer que la realidad es justamente tal como yo la veo, sin ser consciente de que el mundo exterior que yo veo es, en buena parte, reflejo del mundo interior que vivo y de los deseos e intereses que alimento. Qué fácil también acostumbrarnos a tratar no con personas reales, sino con la imagen o etiqueta que de ellas me he fabricado yo mismo.

Aquel gran escritor que fue Hermann Hesse, en su pequeño libro Mi credo, lleno de sabiduría, escribía: «El hombre al que contemplo con temor, con esperanza, con codicia, con propósitos, con exigencias, no es un hombre, es solo un turbio reflejo de mi voluntad».

Probablemente, a la hora de querer transformar nuestra vida orientando nuestros pasos por caminos más nobles, lo más decisivo no es el esfuerzo por cambiar. Lo primero es abrir los ojos. Preguntarme qué ando buscando en la vida. Ser más consciente de los intereses que mueven mi existencia. Descubrir el motivo último de mi vivir diario.

Podemos tomarnos un tiempo para responder a esta pregunta: ¿por qué huyo tanto de mí mismo y de Dios? ¿Por qué, en definitiva, prefiero vivir engañado sin buscar la luz? Hemos de escuchar las palabras de Jesús: «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se vea que todo lo que hace está inspirado por Dios».

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él”. Domingo 11 de marzo de 2018. Domingo cuarto de Cuaresma

Domingo, 11 de marzo de 2018

22-cuaresmaB4 cerezoLeído en Koinonia:

2Crónicas 36,14-16.19-23: La ira y la misericordia del Señor se manifiestan en la deportación y en la liberación del pueblo.
Salmo responsorial: 136: Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti.
Efesios 2,4-10: Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo
Juan 3,14-21: Dios mandó su Hijo al mundo para que el mundo se salve por él.

Jn 3,14-21 corresponde a la respuesta que Jesús da a Nicodemo cuando pregunta «¿cómo puede ser eso?», refiriéndose al nuevo nacimiento en el Espíritu. Es también la segunda y última parte del diálogo de Jesús con este “jefe” de los fariseos de Jerusalén.

Nicodemo, cuyo nombre significa “el que vence al pueblo”, aparece varias veces en el evangelio de Juan (3,1-21; 7,50-52; 19,39). No es un cualquiera. Por su filiación religiosa es un fariseo, es decir, un rígido observante de la Ley, considerada como la expresión suprema e indiscutible de la voluntad de Dios para el ser humano. Es el primer rasgo que señala Juan antes del nombre mismo. Nicodemo se define como hombre de la Ley antes que por su misma persona. Juan añade otra precisión sobre el personaje: en la sociedad judía es un “jefe” título que se le aplica particularmente a los miembros del Gran Consejo o Sanedrín, órgano de gobierno de la nación (11,47). En éste, el grupo de los letrados fariseos era el más influyente y dominaba por el miedo a los demás miembros del Consejo (12,42).

Nicodemo habla en plural (3,2: sabemos). Es, pues, una figura representativa. La escena va a describir un diálogo de Jesús con representantes del poder y de la Ley. Nicodemo llama a Jesús “Rabbí” (3,2), término usado comúnmente para los letrados o doctores de la Ley que mostraban al pueblo el camino de Dios. Así es como este fariseo adicto ferviente de la Ley, ve a Jesús. Es extraño, porque hasta el momento, Jesús no ha dado pie para semejante interpretación de su persona. En realidad, Nicodemo está proyectando sobre Jesús la idea farisea de Mesías-maestro, avalado por Dios para interpretar la Ley e instaurar el reinado de Dios enseñando al pueblo la perfecta observancia de la Ley de Moisés. Está lejos de comprender el cambio radical que propone Jesús. Para los fariseos, en la Ley está el porvenir de Israel; para Jesús, el nacimiento en el Espíritu abre el reino de Dios al porvenir humano. El ser humano no puede obtener plenitud y vida por la observancia de una Ley, sino por la capacidad de amar que completa su ser. Sólo con personas dispuestas a entregarse hasta el fin puede construirse la sociedad verdaderamente justa, humana y humanizadora. La Ley no elimina las raíces de la injusticia. Por eso, una sociedad basada sobre la Ley, no sobre el amor, nunca deja de ser opresora, codiciosa, injusta.

La segunda parte del diálogo de Jesús con Nicodemo se centra en el que “bajó del cielo”, sin dejar de ser “del cielo”, “para que todo el que crea tenga vida eterna”. La reflexión de Jesús resalta la relación que hay entre creer y vivir en las obras de la vida eterna, es decir, en el Reino de Dios. “Bajar del cielo” y ser “levantado” es un asunto de amor de Dios. Veamos los énfasis teológicos propuestos por el discurso:

Frente a la centralidad farisaica de la Ley, el evangelio de Juan propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús “levantado” (levantado en la cruz, crucificado), como la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios. Es la reciprocidad del amor. Creer no es un concepto, o una doctrina; es un acto de amor, por el que adviene el Reino de Dios. El juicio sobre la humanidad tiene como criterio la fe, como acto de amor recíproco. Nuevamente llegamos a la insistencia de Juan: una humanidad justa y feliz sólo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Ésa es la fe que proclama Juan.

Pablo, después de agradecer el don de la fe (Ef 1,3-14), contrasta y contrapone dos tiempos: el de la muerte y el de la resurrección. El tiempo de la muerte (Ef 2,1-3) corresponde a “delitos y pecados” según el “proceder de este mundo” bajo la dominación de Satanás. Es tiempo de esclavitud e infrahumanidad. De ese tiempo Dios rescata tanto a judíos como a gentiles, por ser “rico en misericordia”, vivificándolos “juntamente con Cristo”, por su resurrección. Sólo la gracia mediante el don de la fe puede “explicar” tal sobreabundancia de amor divino. El tiempo de la resurrección es tiempo de “nueva creación” en Cristo Jesús, lo que se expresa en las “buenas obras” practicadas por quienes han sido vivificadas y vivificados. No es de extrañar que la “medida” de las buenas obras sea como la medida de Dios: el amor. El tiempo de la resurrección es el tiempo de afirmación de la vida en el amor. Para la fe cristiana, la muerte (la esclavitud) no tiene la última palabra. Vivir a plenitud como nuevas criaturas el tiempo de la resurrección es el llamado que Pablo hace a lo largo de esta carta a la Iglesia nacida entre la gentilidad. Leer más…

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11.3.18. Jesús, la serpiente que cura. Reflexión y oración de evangelio

Domingo, 11 de marzo de 2018

96fcb6f2-f5c6-4842-8f7b-fdb75e04e95dDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 4 Cuaresma, ciclo b. Jn 3, 14-21. Este evangelio, que trata de Jesús como serpiente alzada al cielo, para salvar/curar a todos los hombres, superando así el riesgo de juicio y la condena, consta de tres partes, relacionadas entre sí, que empezamos leyendo, para presentarlas y comentarlas después con brevedad, desarrollado al fin la imagen de la serpiente que cura.

Texto
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

1. (Signo del AT) Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

2. (El triunfo del amor) Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

c. Aplicación.

7bc6bb27-24dc-4e71-987e-6c7cf3b31c3b3. (Teología, una reflexión posterior). El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Será bueno dejar que el texto resuene en nuestro interior y nos hable, un texto fuerte, de un fuerte evangelio, con una imagen sorprendente (la serpiente que cura), una afirmación teológica de intenso contenido (¡tanto amó Dios al mundo…!) y una reflexión final sobre el juicio de Dios.

Siga leyendo quien quiera compartir conmigo esta experiencia de lectura del evangelio, en forma de oración y reflexión. Tómese su tiempo, deje que el texto le hable, hable usted mismo con el texto.

PRIMERA PARTE. LA ORACIÓN DE LA SERPIENTE

a. Lectura (Signo del AT) (se lee de nuevo el texto).

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

b. Puntos de meditación

90210d2a-214e-42a9-9401-2b675d50c6bf1. Motivo del AT: Num 21, 4-9. Es un texto clave del AT, lo comentare al final. Las serpientes pican a los hebreos en el desiert… y Moisés manda fundir una serpiente de bronce (el Nejustan), que es una especie de “talismán”, un signo del “Dios serpiente” que cura. Dios parece que mata, pero cura, su “veneno” nos salva. Este signo del veneno de “serpiente que cura” sigue siendo utilizado por las farmacias…

2. Motivos del NT: Jesús elevado en la cruz, como “serpiente que cura”, como muerte que sana. Tema clave: convertir la muerte en vida.

¿Cómo me sana Jesús, cómo me cura? ¿Qué es para mí la cruz, como signo de muerte, como principio de vida… Sólo al aceptar la muerte puedo sanarme… Quizá la serpiente no está fuera, la llevo yo dentro.

Este signo de Jesús como “serpiente” se le muestra a San Ignacio en Manresa, en el agua… y fue para él un principio supremo de oración…

Que Jesús (que se hizo “pecado” por nosotros, como dice San Pablo), nos ayude a superar la serpiente que llevamos dentro, a convertir nuestro veneno en principio de salvación.

SEGUNDA PARTE. LA ORACIÓN DEL AMOR, MÁS ALLÁ DEL JUICIO

Lectura

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Puntos de meditación

1. Comparar este pasaje con el anterior. Ya no está Jesús en la Cruz, como serpiente que puede darnos miedo… sino que viene como “hijo de Dios”, puro amor. El veneno de la serpiente aparece así como puro amor: Dios nos ha regalado todo su ser, nos ha dado a su Hijo.

2. Para que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna… Todo es ahora, gracia, nada es veneno de muerte. Este es el Amor puro, total, absoluto, sin ningún rasgo de miedo. Es Amor de Padre… amor que se hace nuestro (en el Hijo Jesús, nuestro hermano), para que nadie perezca: Mirar a Jesús es saber que estamos salvados.

3. Dios no mandó al Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve…
Esta es una palabra difícil de acoger, difícil de creer… Todavía decimos en el “credo” que vendrá a juzgar y a vivos y muertos… La predicación del juicio (el miedo al juicio) se ha hecho intolerable, una herramienta de opresión psicológica, de manipulación… en este momento tenemos que pasar del juicio a la gracia, conforme a la palabra de Jesús en Mt 7, 1-3: No juzguéis y no seréis juzgados…

Aplicación

¿Cómo acepto estas palabras de la revelación de Jesús a Nicodemo, pasando de la Serpiente de Antiguo Testamento a Jesús crucificado que es puro amor de Dios, puro regalo de vida?

¿Qué significa para mí que “nadie perezca” sino que todos tengan (tengamos) vida eterna…

Si Dios no ha mandado a su hijo para juzgar… sino para salvar… ¿cómo respondo, si Dios no juzga, si no me juzga?

¿Qué podemos hacer con este Dios que no juzga? Muchas veces preferimos a un Dios de mandamientos, de juicios… El puro amor sin juicio nos descoloca, no sabemos qué hacer con él.

¿Cómo puedo responder a ese amor sin juicio? Muchos cristianos, muchos devotos, hemos terminado siendo los que más juzgamos a los demás… Vivimos en una Iglesia que muchas veces parece una especie de “supra-conciencia judicial”, como alguien que cree que puede ir juzgando a todos… Leer más…

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“Amor de Dios y respuesta humana”. 4º domingo de cuaresma. Ciclo B

Domingo, 11 de marzo de 2018

NICODEMO1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Existe una clara relación entre las tres lecturas de este domingo: el amor de Dios. En la primera, provoca la liberación de los judíos desterrados en Babilonia. En la segunda afirma Pablo: “Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó”. En el evangelio, Juan escribe la famosa frase: “De tal manera amó Dios al mundo que le entregó a su hijo único”. Si leemos los textos más tranquilamente, advertimos algo más profundo: ese amor se manifiesta perdonando en distintas circunstancias y por diversos motivos. Al mismo tiempo, requiere una respuesta de parte nuestra. Es preferible leer los textos en el orden cronológico en que fueron escritos. Por eso dejo para el final la carta a los Efesios.

Perdón para los judíos basado en la fidelidad a la palabra dada. ¿Encontrará respuesta? (2 Crónicas 36, 14-16. 19-23)

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro, rey de Persia:  “El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!”»

La primera lectura nos traslada a Babilonia, en el año 539 a.C., donde los judíos llevan medio siglo deportados. La ciudad cae en manos de Ciro, rey de Persia, y Dios lo mueve a liberarlos. Para justificar el medio siglo de esclavitud, la lectura comienza hablando del pecado de los israelitas, que no se limita a un hecho concreto, se prolonga en una larga historia. A la idolatría e infidelidades del comienzo respondió Dios con paciencia, enviando a sus mensajeros para invitarlos a la conversión. Pero los judíos los despreciaron y se burlaron de ellos. Entonces, la compasión de Dios dio paso a la ira, y los babilonios incendiaron el templo, arrasaron las murallas de Jerusalén, deportaron a la población. Años más tarde, la actitud de Dios cambia de nuevo y mueve a Ciro de Persia a liberar a los judíos. ¿A qué se debe este cambio? De acuerdo con la mentalidad más difundida en el Antiguo Testamento, el pueblo, tras sufrir el castigo, se convierte y Dios lo perdona. Igual que el niño que hace algo malo: su madre le riñe, pide perdón, la madre lo perdona. Sin embargo, en esta primera lectura no aparece la idea del arrepentimiento del pueblo. El único motivo por el que Dios perdona y mueve a Ciro a liberar al pueblo es por ser fiel a lo que había prometido. Volviendo al ejemplo de la madre, como si ella le hubiera dicho al niño: “Hagas lo que hagas, terminaré perdonándote”. Y lo perdona, sin que el niño se arrepienta, para cumplir su palabra. ¿Cómo reaccionan los judíos ante la noticia? El texto no lo dice, pero lo sabemos: unos pocos volvieron a Judá, arriesgándolo todo, sin saber lo que iban a encontrar; otros prefirieron quedarse en Babilonia. (¿Cuántos afro-americanos estarían dispuestos a volver de Estados Unidos a los países de origen de sus antepasados?)

Perdón universal basado en el amor, que puede ser aceptado o rechazado (evangelio)

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

̶  Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno  de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

El evangelio enfoca el tema del amor y perdón de Dios de forma universal. No habla del amor de Dios al pueblo de Israel, sino de su amor a todo el mundo. Pero un amor que no le resulta fácil ni cómodo, en contra de lo que cabría imaginar: le cuesta la muerte de su propio hijo. Además, el evangelio subraya mucho la respuesta humana: ese perdón hay que aceptarlo mediante la fe, reconociendo a Jesús como Hijo de Dios y salvador. Esto lo hemos dicho y oído infinidad de veces, pero quizá no hemos captado que implica un gran acto de humildad, porque obliga a reconocer tres cosas:

  1. a) que soy pecador, algo que nunca resulta agradable;
  2. b) que no puedo salvarme a mí mismo, cosa que choca con nuestro orgullo;
  3. c) que es otro, Jesús, quien me salva; alguien que vivió hace veinte siglos, condenado a muerte por las autoridades políticas y religiosas de su tiempo, y del que muchos piensan hoy día que sólo fue una buena persona o un gran profeta.

Usando la metáfora del evangelio, es como si un potente foco de luz cayese sobre nosotros poniendo al descubierto nuestra debilidad e impotencia. No todos están dispuestos a este triple acto de humildad. Prefieren escapar del foco, mantenerse a oscuras, engañándose a sí mismos como el avestruz que esconde la cabeza en tierra. Pero otros prefieren acudir a la luz, buscando en ella la salvación y un sentido a su vida.

Perdón para los paganos basado en la compasión. Respuesta: fe y buenas obras (carta a los Efesios, 2,4-10)

Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo -por pura gracia estáis salvados-, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

La salvación universal de la que habla el evangelio la concreta la carta a los Efesios en una comunidad concreta de origen pagano: la de la ciudad de Éfeso (situada en la actual Turquía). Antes de convertirse, estaban muertos por los pecados, con un agravante: Dios no les había hecho ninguna promesa de salvación, como a los judíos deportados en Babilonia. Sin embargo, los perdona. ¿Por qué motivo? Porque es “rico en misericordia”, “por el gran amor con que nos amó”, “por pura gracia”. Esto es lo que san Pablo llama en otro contexto “el misterio que Dios tuvo escondido durante siglos”: que también los paganos son hijos suyos, tan hijos como los israelitas. Esta prueba del amor de Dios espera una respuesta, que se concreta en la fe y en la práctica de las buenas obras.

Reflexión final

En el contexto de la cuaresma, que se presta a subrayar el aspecto del pecado y del castigo, la liturgia nos recuerda una vez más que nuestra fe se basa en una “buena noticia” (evangelio), la buena noticia del amor de Dios. Nosotros, que somos los herederos de los efesios, de los corintios, de los tesalonicenses, debemos reconocer, como ellos, que todo es don de Dios y no mérito nuestro, y que debemos responder con fe y dedicándonos “a las buenas obras” que él nos ha asignado.

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Cuarto Domingo de Cuaresma. 11 de marzo, 2018

Domingo, 11 de marzo de 2018

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Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Jn 3, 14-21

¿Cuántas veces leemos en la prensa titulares sacados de contexto y terminamos malinterpretando las noticias? O en lugar de malinterpretarlas no las entendemos y acabamos perdiendo cualquier atisbo de interés.

Reconozcamos que, en ocasiones, eso mismo nos ocurre con el evangelio y llegamos a la conclusión de que no entendemos a Jesús; de hecho, el de hoy lo podemos considerar un tanto “espeso”.

Veamos. Fijándonos solo en esta cita nos encontramos con unas palabras de Jesús, muchas, más bien, pero vamos a ubicarlas en su contexto. Jesús lleva un tiempo en Jerusalén, le acabamos de ver (el domingo pasado) echando del templo a los mercaderes, continúa enseñando y curando. Y una noche, Nicodemo, un principal entre los judíos, va en su busca y entablan una conversación de la que hoy somos partícipes; pero no de todo el diálogo, solo de parte.

Escuchamos a Jesús hablar de varias cosas: de Moisés y la serpiente de bronce, de que Dios entregó a su Hijo único, de no perecer, de condena, luz y tinieblas.

Ahora contemplemos a Nicodemo y pongámonos junto a él, junto a este fariseo y como tal, defensor de la ley. A pesar de estar en plena noche, nos ponemos en camino, en busca de Jesús, de la luz. Reconocemos que viene de Dios, creemos en él. Y entonces lo que escuchamos ahora, desde esta situación, son palabras de amor y vida eterna.

El ser humano quiere, con esas connotaciones de poseer, de interés, de “segundas intenciones” que este verbo puede tener. Pero Dios nos ama, porque sí, sin un motivo en concreto. Y porque nos ama, nos da vida eterna; y eterna es mucha más vida de la que podamos imaginar. Vida de la gozamos hoy, y además, VIDA ante Dios cara a cara de la que gozaremos cuando Él quiera.

Con este plan… ¡¡qué bueno es esto de CREER!!

Oración

Gracias, Trinidad Santa, solamente gracias.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Estoy salvado. Nadie tiene que venir a salvarme desde fuera.

Domingo, 11 de marzo de 2018

img_men_2073_2014-4-29_6Jn 3, 14-21

Estamos en el cap. III. Este evangelio es un esquema teológico. Cada capítulo tiene identidad por sí mismo, aunque éste es el que menos unidad interna muestra. El punto de partida es el diálogo con Nicodemo: “te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo le responde: eso es imposible. Jesús insiste: “El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu”. ¿Cómo puede ser eso? Comienza el discurso que hemos leído.

El domingo pasado, Jesús arremetió contra el culto que se desarrollaba en el templo. Hoy arremete contra la manera de interpretar la Ley que tienen los fariseos. En ambos casos se trata de instituciones antiguas, vacías de contenido, que hay que sustituir. No se trata de una nueva interpretación, (es lo que busca Nicodemo) sino de algo completamente distinto: hay que nacer de nuevo. No debemos pensar en discursos pronunciados por Jesús. Jn pone en boca de Jesús una cristología propia de finales del s. I.

Lo mismo que Moisés levantó la serpiente. Lo que hizo Moisés es recordar al dios egipcio Ranenutet (representado por una serpiente). Su Dios le manda construir la imagen de otro dios. Es imprescindible saber que el dios egipcio era a la vez veneno y antídoto; muerte y vida; opresión y salvación. Al ser  crucificado, Jesús representa a la vez, muerte y vida, humillación y exaltación. Al decir “levantado”, va más allá de una alusión a la serpiente. La cruz es manifestación de la lealtad de Dios. Es la exaltación de Jesús.

Para que todo el que lo haga objeto de su adhesión (crea) tenga Vida definitiva. “Vida definitiva” Denota la calidad de vida propia del estadio definitivo. Traducir por “eterna”, empobrece el significado, por insistir solo en la duración y no en la calidad. La consecuencia de “ser levantado en alto”, es alcanzar plenitud de Vida. El Espíritu que nos comunicará será la fuente de verdadera Vida para todos los que le acepten.

Demostró Dios su amor al mundo. El amor se hizo visible en un acto. No se dirige solo a los cristianos, sino al mundo. Jesús es el don de Dios a la humanidad. “Dar a su Hijo” no se refiere, aquí, sólo a la encarnación, sino a la crucifixión. Para Juan, Jesús es enviado al mundo. Para los sinópticos, a Israel. La salvación está destinada a todos. No solo al pueblo elegido, sino a todas las naciones. Se acabaron los privilegios. La Vida del Espíritu se ofrece a todos. Este evangelio se escribió a finales del s. I.

El que le presta adhesión no tendrá sentencia; el que se la niega, ya tiene la sentencia. No hay lugar para la indiferen­cia. La sentencia negativa o positiva, no es consecuencia de un acto de Dios. Es el resultado de una actitud por parte del hombre. Si comprendiéramos bien este versículo, cambiaría todo el modo de entender la moral. Desde la visión farisaica (y la nuestra), Dios juzgaba a los hombres después de ver sus acciones. Si eran conforme a la Ley, los salvaba, si eran contrarias a la Ley, los condenaba. Dios es justicia. Todo está siempre en equilibrio. Cada acto del hombre, le coloca en su sitio.

Los hombres han preferido las tinieblas a la luz. “Su modo de obrar” denota el proceder habitual, no un acto puntual.   En el prólogo se nos había dicho: “y la Vida era la luz de los hombres”. No es la luz la que da Vida (como maestro), sino al revés: es la Vida la que te iluminará. Sin Vida no se puede aceptar la luz. La falta de Vida lleva consigo el rechazo de la luz. Mantener una relación con Dios desde la Ley, desde lo externo, sin Vida, es mantener la relación de injusticia en que están los dirigentes religiosos. El que oprime al hombre no puede aceptar la luz. La adhesión a Jesús exige salir de la situación de opresión.

El que obra con bajeza…  El que practica la lealtad. “Obra con bajeza (practicar lo malo), se opone a “practicar la lealtad”. “Hacer la verdad” es un semitismo que utiliza Juan, y lo opuesto es “hacer la falsedad”. El que es cómplice de la muerte no aguanta la Vida. La considera como una agresión. No se eligen las tinieblas por el valor que puedan tener en sí, sino por odio a la luz. No son las doctrinas (luz) las que separan de Dios, sino la conduc­ta (Vida). Quién con su modo de obrar daña al hombre, se opone al amor-vida. Rechazando la luz, cree poder continuar haciendo el mal sin ser descubierto.

Practicar la lealtad es lo contrario de obrar con bajeza. Equivale a hacer lo que es bueno para el hombre. Al emplear “lealtad” nos está diciendo que el amor no es algo teórico, sino práctico. La Vida es anterior a la luz. El acercamiento a la luz, se hace por amor a la luz, no para que se vean las obras. Las que son “realizadas en unión con Dios” no son obras hechas según Dios, sino algo más: Obras en las que, con la actividad del hombre, se ve la de Dios revelando su gloria-amor. Creer va unido a las obras buenas. La incredulidad acompaña a las malas.

En el trozo del discurso que acabamos de analizar nos encontramos con los aspectos más originales de la salvación ofrecida por Jesús según este evangelio: 1) La salvación es Vida. 2) Viene de Dios que es VIDA. 3) Es don gratuito e incondicional. 4) Es absoluto, no una alternativa a la condenación. 5) Exige la adhesión a Jesús. 6) Se manifiestas en las obras. Cada uno de estos puntos nos tendría que advertir de los errores en que caemos a la hora de hablar de esa salvación. Tendemos a esperar de Dios una salvación raquítica.

Hablar de salvación, es plantearse el sentido último de la vida. Sería desplegar las más elevadas posibilidades humanas. El término “salvación” tiene connotación negativa y eso es muy peligroso a la hora de entender el evangelio. El pensar en la salvación en términos negativos ha paralizado nuestro desarrollo. Hemos creído que, si elimino el pecado, estoy salvado. Salvarse no es evitar la condenación. La salvación es siempre positiva; sería llevarnos a una plenitud de ser, llevando al límite las posibilidades de nuestro verdadero ser.

La salvación no me viene de fuera. La salvación surge de lo hondo de mi ser. Desde ahí, Dios presencia y posibilita mi plenitud. Hay que tener muy claro que me salva totalmente Dios y me salvo totalmente yo. La acción de Dios y la del hombre, ni se suman, ni se restan, ni se interfieren, porque son de naturaleza distinta. “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti” (Agustín). Todo lo que depende de Dios ya está hecho. Mi salvación depende solo de mí.

La conciencia que tenemos de que Dios puede no salvarme, es prueba de que esperamos una salvación equivocada. Queremos que Dios nos libere del sufrimiento, la enfermedad, la muerte… Todo eso forma parte de nuestra condición de criaturas y es inherente a nuestro ser. Ni siquiera Dios puede hacer que sigamos siendo criaturas sin limitacio­nes. Buscar la salvación por ahí es un error garrafal. La salvación tiene que realizarse a pesar de mis limitaciones.

La salvación no es cambiar lo que soy ni añadir nada a lo que ya soy. Es una toma de conciencia de lo que en realidad soy, y vivir en esa conciencia. Es descubrir el tesoro que está escondido dentro de mí y disfrutar de él. “La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”. Se trata de conocer.

Meditación

Hay que nacer de nuevo.
Somos fruto de la evolución de la carne.
Yo no he nacido como ser espiritual.
Tengo la capacidad de llegar a serlo,
pero debo desplegar esa capacidad que se me ha dado.
Si no la despliego, me quedaré en la carne.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Amanecer en Puerta Oscura.

Domingo, 11 de marzo de 2018

jesus-y-nicodemoJesús, primero nos revela la fuente de la vida, y después nos habilita para adentrarnos en ella (Shelby Spong)

15 de marzo, domingo IV de Cuaresma

Jn 3, 14-21

-Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado este Hombre, para que quien crea en él tenga vida eterna

Moisés ha enarbolado en el desierto la serpiente de bronce que sana a quienes, heridos, la contemplan (Números 21, 9). Para Juan es la prefiguración del Hombre que salva la Humanidad. En la ópera Fedora de Umberto Giordano, la protagonista canta un aria –Ed ecco il suo ritratto– en la que podemos intuir la figura salvadora de Jesús, con sólo mirar sus grandes ojos brillantes de lealtad y su amplia frente que piensa en mí.

En el segundo acto, el conde ruso Loris Ipanov, en el aria más breve de la Historia de la Ópera, nos le identifica en este caso con su amante cuando dice de él que el amor le prohibe no amar, que su dulce mano busca apretar la nuestra, y que sus ojos dicen que nos ama.

Volviendo a la protagonista podríamos entonces repetir con ella, inmersos ya en las profundidades del Jesús universal, lo de “respiro aquí el efluvio de sus dulces pensamientos; escucho aquí las llamadas de sus labios fieles… ¡Ah! Siento que aquí comienza otra vida para mí.

Jesús, primero nos revela la fuente de la vida, y después nos habilita para adentrarnos en ella, nos dice John Shelby Spong en Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo. Aunque con frecuencia el hombre es ajeno a estas revelaciones. La fuente de la vida parece entonces cegada, y la Humanidad Amanece en Puerta Oscura. Como en la historia de Anne y Georges narrada por Michael Haneke –Amour, Palma de Oro en el Festival de Cannes, 1912- la pantalla se queda  completamente en negro a veces, y a veces en imagen fija, en total silencio de música y palabra.

La pantalla en negro unos cuantos segundos -y a veces la imagen fija- en total silencio de música y palabra. Segundos en los que de repente todo se oscurece. Es “como si la luz del exterior pudiera apagarse con un interruptor”, como le sucedió a Eugen, el protagonista de la reciente novela –Contra la juventud, febrero 2015- de Pablo D’Ors. Y una vez más el hombre sólo ante el misterio.

En esa soledad y silencio crece. Y es quizás el momento de poner en marcha el alternador personal que carga, con su energía mecánica, todas nuestras baterías interiores. El hombre ha de valerse por sí mismo. Se libera la fuente de la vida, y las palabras de Juan han cambiado de sentido quedando clavadas en el desierto del AT para memoria de otros tiempos.

La súplica del poeta galés y pastor anglicano Ronald Stuart Thomas (1913-2000) nos muestra cómo darle luz y sentido a esa Noche Oscura del Alma –a ese Amanecer en Puerta Oscura- imprescindibles ambas para “salir de la adolescencia de la naturaleza” y caminar “hacia la adulta geometría de la mente”.

-“Yo no rezo como en los viejos tiempos, Dios.
Mi vida no es ya lo que era…
Otrora hubiera pedido que me curaras…
Ahora voy al médico.
Me hubiera arrodillado en largo rato, luchando contigo, desgastándote.
Escucha mi oración,
Señor, escucha mi oración….como si fueras un sordo. Miríadas
De mortales han mantenido su estridente llanto,
Explicando tu silencio con su incapacidad.

Comienza a parecerme que la oración no es eso.
Es la aniquilación de las diferencias,
la conciencia de mi mismo en ti, de ti en mí;
el salir de la adolescencia de la naturaleza
hacia la adulta geometría de la mente…
Por circular que sea nuestro camino
no conduce de nuevo a ese jardín encantado por la serpiente
si no hacia delante, a la alta ciudad
de cristal que es el laboratorio del espíritu”

(R. S. Thomas)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Luz en la noche

Domingo, 11 de marzo de 2018

nicodemo(Jn 3,14-21)

Fue a él de noche.

Nicodemo no quería ser visto. No le convenía. Su buena fama como maestro fariseo podía venirse abajo si la gente se enteraba de que iba al encuentro de Jesús, el agitador que había revolucionado Jerusalén con su presencia.

En realidad, la noche no sólo era el escenario que le envolvía. Nicodemo necesitaba luz ante la oscuridad que le habitaba. Sus dudas sobre quién era Jesús iban creciendo en la medida que éste realizaba signos en medio del pueblo. Con sus palabras y acciones, Jesús había puesto en cuestión las verdades más hondas de Nicodemo, aquellas certezas que le habían configurado, aquellos pilares sobre los que había asentado, hasta entonces, su vida y su enseñanza de la Ley.

Quizás, si no hubiera sido de noche, Nicodemo no se habría puesto en camino. Nos asustan las dudas, los interrogantes, las dificultades que hallamos para entender lo que sucede a nuestro alrededor y, a veces, en nuestro propio interior. Pero ¡bendita noche que nos inquieta y saca de nuestra anestésica comodidad! Bendita noche que nos lleva a preguntarnos los porqués y los cómos y pone en cuestión nuestra vida.

Por eso el maestro busca al Maestro. El hombre al Hombre. Y éste le habla de nacer de nuevo, de nacer del Espíritu. “¿Cómo puede ser esto?”, pregunta Nicodemo. Y Jesús, basándose en las Escrituras, en aquello en lo que Nicodemo era especialista, le resitúa en su camino de fe.

Desde el relato, narrado en Números, en el que Moisés eleva una serpiente de bronce sobre un madero para que los israelitas se sanen al mirarla, Jesús le recuerda al maestro fariseo la verdad más absoluta: que Dios nos ama hasta extremos inconcebibles, que desea que todos tengamos vida eterna, es decir, vida definitiva, plena, feliz… Dios nos ama de tal manera que llega hasta el límite, hasta la encarnación, hasta entregársenos en su Hijo Unigénito.

Jesús, conocedor de nuestra humanidad, confirma a Nicodemo la existencia de la noche, la suya y la del mundo. Le habla de oscuridades, de la ceguera que nos lleva, a veces, a amar más la tiniebla que la luz, del mal que provoca infelicidad.

Pero reaviva su memoria para que Nicodemo no se quede ahí: “Dios no envió su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él”. Jesús le ofrece palabras de vida que le recuerdan la posibilidad de elegir el bien, de obrar la verdad, de ir hacia la luz.

Y así, en medio de la noche, Nicodemo recupera la luz. Porque Jesús es la luz. El Amor es la luz.

Fue a él de noche.

Y en él encontró la luz.

Una luz tan intensa que le sacó de su oscuridad haciendo posible, incluso, que al final de la vida de Jesús, fuera Nicodemo quien abrazara su cadáver para envolverlo en lienzos y perfumes. El maestro dando testimonio público de su amor al Maestro. El hombre haciéndonos fijar nuestra mirada en el Hombre, alzado en la Cruz, para que en él hallemos la Luz.

Inma Eibe, ccv

 Fuente Fe Adulta

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Luces y sombras.

Domingo, 11 de marzo de 2018

cieco-guaritoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Toda biografía humana y la historia están tejidas entre luces y sombras.

1. LUCES Y SOMBRAS.

o San Pablo evoca las situación de ceguera en la que hemos nacido y, en ocasiones, hemos podido vivir o vivimos: “en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz … caminad como hijos de la luz”.

o El relato de la curación del ciego de nacimiento sirve a San Juan para presentar a Cristo como Luz: YO SOY LA LUZ.

El cp 8 es el relato en el que quieren apedrear a aquella mujer en el atrio del Templo. YO NO TE CONDENO, es la actitud de Jesús. Y ese capítulo termina mostrando a Jesús saliendo de estampida del templo porque estaban “cogiendo piedras para tirárselas a Él”; las piedras se vuelven contra Jesús. (Jn 8,59).

El cp 9 de Juan relata la curación en el Templo del ciego de nacimiento. El Templo ni es luz, ni salva. Yo soy la luz del mundo.

2. SITUACIONES DE CEGUERA.

El ciego de nacimiento -como otros personajes en el evangelio de Juan – son exponentes de la situación del pueblo y también de cada uno de nosotros.

Aquel hombre nació en un contexto, en un pueblo y en una cultura de ceguera, en una situación cultural y religiosa de oscuridad y tinieblas. Ni tan siquiera conoció la luz.

Jesús ve al que no ve, a los que no vemos e ilumina nuestra existencia.

¿No será también nuestro caso?

Probablemente hemos nacido en un contexto de ceguera:

o Quizás personalmente vivimos a oscuras: vivimos lejos de la luz…

o Curiosamente en la Europa del “Siglo de las luces, de la Ilustración”, estamos a oscuras.

o Los criterios y esquemas de vida en los que vivimos, tampoco es que iluminen mucho la vida, sobre todo en lo que hace referencia a las grandes cuestiones de la vida.

o Tal vez estamos en tinieblas culturales anunciada por Nietzsche. Dios ha muerto y estamos condenados a vagar errantes por la noche existencia.

o Por otra parte: ¡Qué diferencia hay entre la mirada de Jesús y la mirada de los eclesiásticos! Cuando Jesús nos mira, como al ciego, nos ilumina, nos quiere, nos perdona , nos rehabilita, nos hace ser personas, SOY YO, somos personas como Cristo. Cuando nos miran los eclesiásticos: “nos han pillado”, nos juzgan, nos condenan. Jesús nos ve, Él es la luz, nos ve en nuestras situaciones y las ilumina, no las condena.

o En el texto de hoy se repite muchas veces la expresión: nacer: (vv 1.2.19.20.32.34). Nacemos ciegos. De un modo gráfico: el “ordenador de esta sociedad” por defecto produce ciegos. El encuentro con Cristo, ilumina nuestras vidas y nuestras noches y nos hace renacer, como Nicodemo.

al-final-del-camino

3. YO SOY LA LUZ DEL MUNDO.

o Ante la situación de tinieblas, Jesús se presenta como la luz: YO SOY LA LUZ del mundo.

o Necesitamos ver para vivir. Ver el sentido, el horizonte de la existencia; ver cómo encauzar nuestra vida en las diversas etapas y situaciones; ver las opciones que hemos de tomar: vocación religiosa, matrimonial, estudios, etc. ¡Señor que vea, pedía al Señor aquel ciego del evangelio!

o Podemos preguntarnos ¿qué luz ilumina nuestras vidas? ¿Dónde tratamos de encontrar la luz?

o No estaría de más que revisáramos qué medios de comunicación leemos, en manos de qué fuentes de información ponemos nuestro pensamiento. Las tertulias radiofónicas, de las infinitas páginas de Internet se han convertido en el Sinaí del siglo XXI. Parece que Internet es el Oráculo de Delfos o de Yahvé

o Estaría bien iluminar nuestros días con unos minutos de lectura o de silencio: la Biblia, algún libro que diga realmente algo, quizás nos acercaríamos a la luz de Cristo, ¿Cristo es nuestra luz?

o Bueno es trabajar por hacer un poco de luz: en nosotros mismos, en nuestra familia, en la cultura: ikastolas, colegios, universidad, en la vida socio-política, en la misma Iglesia. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día.

4. V 6 JESÚS ESCUPIÓ EN TIERRA, HIZO BARRO CON LA SALIVA, LE UNTÓ LOS OJOS AL CIEGO. (¡ERA SÁBADO!, V 13)

o Es evidente que el barro material en modo alguno mejora la vista, más bien la empeorará.

o Una de las claves para leer el evangelio de San Juan es que está escrito teniendo como plantilla o telón de fondo, el AT. El Génesis comienza diciendo que “en el principio existía el caos”, San Juan comienza su evangelio diciendo: “En el principio existía la Palabra y la palabra era LUZ y VIDA”.

o Ante el ciego Jesús repite los símbolos de la creación: toma barro y le infunde algo muy íntimo suyo, su energía, su espíritu, simbolizado en la saliva y surge de sus manos un nuevo ser humano. estamos ante una nueva creación, es una nueva vida. Cristo crea una nueva humanidad. Isaías 64,7 oraba diciendo: “Señor, tú eres nuestro padre, nosotros somos barro y tú el alfarero: somos obra de tu mano”.

o Un detalle que no pasa desapercibido es que Jesús, una vez más, cura en sábado, lo cual estaba perfectamente prohibido por la ley, (¿pecado mortal?). Suena fuerte, pero la mirada de Jesús se dirige a la debilidad y necesidad del ser humano, no se queda en el Código de Derecho Canónico.

o Hagamos luz en la vida también en sábado, incluso cuando discrepemos o nos encontremos con personas que discrepan con la ley, o viven en tensión con la jerarquía. Se nos está olvidando, se quiere olvidar, que muchas veces hay encuentros “a lo “Nicodemo”, estilos de celebraciones, conversaciones con “personas fronterizas”, que distan mucho de la rigidez y superortodoxia legal. A veces da la impresión de que el mundo eclesiástico es como Iberdrola, que solamente da luz al que la paga legalmente: ley; al que no “paga” le corta la corriente… Gracias a Dios las cosas no son así, porque Dios hace salir el sol para todos, incluidos -sobre todo- los que vivimos en noches oscuras. Que no se nos olvide lo que es la tolerancia, el respeto, la ayuda, dar un consejo, ayudar a encontrar el camino o una salida. ¿Dónde está y cómo hacer llegar la luz al mundo de los divorciados, los alejados y decepcionados por lo eclesiástico, de los enfermos, de los depresivos?

JN 9,34 LE EXPULSARON DEL TEMPLO

o El que había sido ciego es ahora el único que ve y lo echan. Extrañamente al que ve, le expulsan del sistema eclesiástico del templo. Es la ironía de Juan.

o Es triste cuando se oye que a H. Küng le expulsaron, al Padre J. Masiá le expulsaron, a José Mª Diez Alegría, a Gustavo Gutiérrez y la Teología de la Liberación los expulsaron, al Padre Dupuis le expulsaron, a Pagola lo quiso expulsar el sector más reaccionario de la Iglesia, a los profesores de los seminarios se les expulsa y tantos otros. Los templos y los sistemas religiosos pueden terminar siendo cotos cerrados, feudos, cortijos donde no interesa la luz.

Gracias a Dios estamos en otro momento eclesial, en el del obispo de Roma: Francisco, no se ha expulsado a nadie. Durante el tiempo que Francisco es papa no se ha juzgado a ningún teólogo.

Por cierto que habría que tener un poco más de luz, “tener luces en la vida” para acercarse con alguna delicadeza y finura cultural y espiritual a líneas de pensamiento y movimientos culturales. Es una brutalidad decir que en el feminismo ha entrado el diablo. En el feminismo como en todo movimiento humano habrá -hay- personas sensatas y de buena voluntad, quizás haya también radicalismos, pero no es hacer luz emitir una condena y demonizar una corriente de pensamiento.

SER Y ESTAR CON CRISTO.

img-phpJesús acoge al ex-ciego cuando lo echan del Templo.

Todo el Evangelio de Juan es un continuo “Yo soy”: la luz, el pan de vida, el agua de vida, el buen pastor, el camino, la verdad, yo soy rey, etc.

San Juan compone así su evangelio porque eclesiásticamente las cosas habían ido muy mal. Cuando lo eclesiástico, el Templo, expulsa, condena, excomulga, nos hace bien y es inmensamente consolador SER CON CRISTO, como el que había sido ciego: SOY YO.

¿Me encuentro en el Templo o lejos o fuera, en las periferias de los humildes: Francisco?

VV 8. ¿NO ES ÉSTE EL QUE SE SENTABA PARA MENDIGAR? V 9. UNOS DECÍAN: «ES ÉL». «NO, DECÍAN OTROS, PERO SE LE PARECE.» PERO ÉL DECÍA: «SOY YO.»

o El hombre, ciego hasta ahora, mendigaba. Era un personaje marginal. El encuentro con Cristo rehabilita para la vida. Vuelve a ser una persona en la convivencia.

o “Los del Templo” piensan que todo lo que sale de sus parámetros ya “no es de Dios”, no puede venir de Dios. Un hombre que cura en sábado no es de Dios. Aquel hombre que había recuperado la vista, no podía ser el mismo. Pues sí, era “el mismo”, y gracias a Jesús no era “lo mismo”, ahora veía.

camino1o SOY YO. Todo el que se acerca al “Yo soy” (Cristo), termina siendo: “soy yo”, es decir, participa del mismo ser, de la misma vida de Cristo. El que se acerca a Cristo, termina siendo como Él, Yo soy.

o Vivir desde Cristo supone ver y supone dignidad en la vida

En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz … caminad como hijos de la luz”. Despiértate tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. (Efesios 5, 8.14).

Lc 18,41 SEÑOR, QUE VEA.

En la curación del ciego de Jericó, Jesús se acerca a aquel hombre y le dice: ¿Qué puedo hacer por ti? El ciego le pide: Señor, que vea.

También nosotros podemos pedirle al Señor: que veamos en la vida. En medio de los problemas, de las crisis y noches de la vida: Señor que veamos.

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