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La Universidad Católica de Valencia equipara la homosexualidad con una enfermedad y afirma que tiene cura

Lunes, 6 de junio de 2016

logotipo_UniversidadCatolicaDeValencia¿Pero qué está pasando con la Iglesia Católica valenciana?…

Hay noticias que uno lee y no puede creer que sean verdad. El síndic de Compromís en las Corts Valencianes, Fran Ferri, ha denunciado que la Universidad Católica de Valencia utiliza en su máster de Bioética un informe, firmado por José Luis Pérez Requejo, miembro del Observatorio de Bioética de la citada universidad, que es “absolutamente ofensivo hacia las personas homosexuales”.

El informe comienza avisando de que “el enfoque será hecho desde el punto de vista de la ética personalista, de clara inspiración moral, principalmente cristiana, y en la que el respeto absoluto a la dignidad intrínseca de la persona humana” vamos, que el autor nos avisa de que no es homófobo, y afirma que le parece fatal que se tache de homófobos a aquellos que no comulguen con el “homosexualismo extremo”, sea lo que sea eso.

Según explica Ferri, el autor empieza su informe manifestando que ha querido ser “respetuoso” con las personas homosexuales, pero de su lectura “se desprende que esta afirmación se realiza desde el cinismo, porque el documento es un constante ataque homófobo”. En opinión del portavoz valencianista, las instituciones universitarias deben ser lugares para el conocimiento, “y no instrumentos para difundir mentiras sobre colectivos minoritarios en base a teorías sin ningún fundamento científico”.

 El autor, miembro del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, reconoce que la ciencia ha descartado que la homosexualidad sea una enfermedad, pero “parece que él no está del todo de acuerdo porque se dedica a cuestionarlo continuamente y llega a equiparar la homosexualidad con un problema de salud tan grave como el tabaquismo, por el cual cada año mueren millones de personas y que es combatido por todos los organismos sanitarios internacionales”.
El primer apartado del informe titulado “¿Es la homosexualidad, realmente, una enfermedad?” afirma que no hay ninguna evidencia científica que avale que la homosexualidad es una enfermedad PERO asegura que esto se debe a que

En 1973 grupos de violentos activistas por los derechos de gays y lesbianas, ejercieron una gran presión mediática y directa sobre los especialistas que asistieron al Congreso de la American Psychiatric Association (APA) celebrado en San Francisco para forzar la eliminación de la homosexualidad de la lista de “desórdenes mentales”. 

El citado documento relata:

“Es difícil entender por qué, por ejemplo, una persona adicta al tabaco, no siendo el tabaquismo una enfermedad ni una actividad ilegal, pueda consultar con un médico o un psicólogo para vencer su adicción, y un adulto que quiera potenciar su heterosexualidad, no pueda hacerlo. En aras de la coherencia, deberíamos también respetar a los científicos que valoran y tratan la homosexualidad como una alteración de la identidad sexual” . Difícilmente un fumador aceptaría ser considerado un enfermo por la única razón de su adicción al tabaquismo y por lo mismo, un homosexual no se considerará nunca un enfermo por esa única razón. Sin embargo, así como algunos fumadores se someten a tratamientos psicoterápicos para eliminar su adicción, también hay homosexuales que por diversas razones buscan ayuda psicológica para cambiar su tendencia homosexual o potenciar su instinto heterosexual aunque esto, incomprensiblemente, no se podría hacer en algunos lugares.”

Este texto,  alojado en la página web de la Universidad Católica, dice respetar el criterio científico que niega que la homosexualidad sea una enfermedad pero a la vez “lo cuestiona desacreditando la manera con la cual la comunidad científica llegó a este consenso” afirma Ferri. Así, asegura que la homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad por una cuestión “circunstancial y discretamente mayoritaria. Aunque la APA haya eliminado la homosexualidad de su lista de enfermedades, si ello crea un problema emocional a la persona (homosexualidad egodistónica), debe ser tratado como tal” y se pregunta: “¿Y si un día una reunión de endocrinólogos, basándose en que muchos de sus pacientes fueran diabéticos, decidieran que la diabetes no es una enfermedad?”.

El autor estigmatiza la homosexualidad desde una perspectiva acientífica enumerando unas posibles causas de su aparición en las personas como consecuencia de experiencias traumáticas en la niñez en lo que, asegura, “supone un insulto inaceptable hacia las personas homosexuales y sus familias”, afirma Ferri. En este sentido, explica Pérez Requejo que “parece haber cierto consenso en que la figura paterna o materna en la infancia (cuando se desarrolla la identidad de género), trastornos emotivos durante el desarrollo, violencia, soledad, tristeza o abusos en la infancia (lo que Juan Pablo II denominó “huérfanos con padres vivos”), primeras experiencias sexuales decepcionantes, inseguridad y falta de autoestima y déficit de refuerzos adecuados en la orientación sexual durante la adolescencia, pudieran aportar datos sobre el desarrollo de la homosexualidad en un individuo dado, ya que no hay datos suficientemente probados o relevantes, físicos, genéticos, endocrinológicos, hormonales, psicogenéticos o psicoanalíticos, que expliquen y justifiquen los cambios de la orientación sexual”.

Encontramos también en este informe del Máster de Bioética de la Universidad Católica, insiste Ferri, “un clásico de los textos homófobos”, la referencia a que la homosexualidad tiene cura, “en este caso nombrando a un pretendido especialista que ha conseguido prevenirla y curarla”. Se refiere el parlamentario a este párrafo: “El psicólogo holandés Gerad van den Aardweg, gran experto en la materia, niega todo condicionamiento biologista o innato de la homosexualidad y acepta y lo ha demostrado en numerosas personas, que las influencias emotivas que la generaron durante la infancia y adolescencia, pueden ser prevenidas y tratadas con éxito”.

En una situación de aumento de ataques de odio por la orientación sexual, para Ferri resulta de especial repugnancia el posicionamiento pretendidamente equidistante del autor entre los que atacan a los homosexuales y quienes los defienden, en una argumentación que acaba siendo “un ataque frontal al movimiento de defensa de los derechos de los homosexuales”. El documento dice textualmente: “Algunos colectivos, tan equivocados como los homófobos, usan esa palabra [homófobo] para etiquetar peyorativamente a cualquier persona que no opine según la línea del homosexualismo extremo, político y militante o se atreva a disentir públicamente de sus objetivos” .

A juicio de Ferri, el autor “demuestra una obsesión tan grande contra el mundo LGTB que llega a desacreditar como violentos los actos de los activistas históricos de este movimiento”. En esta línea, José Luis Pérez Requejo aprovecha para dejar “muy clara” su ideología “reaccionaria” posicionándose en contra de que los homosexuales tengan algún tipo de protección como minoría desde los poderes públicos: “Si, por el contrario, no es una enfermedad, sino la libre y no coactiva escogencia de una forma distinta de elección sexual, no tendría que gozar de protección estatal, especial o diferente a cualquier otra persona que en aras de su libertad escogiera cualquier opción vital, en preferencias sexuales o en cualquier otra faceta de su vida”.

Este informe destaca como una de sus conclusiones que “la homosexualidad es no sólo contraria a la naturaleza racional del hombre, sino también a la naturaleza instintiva del animal”. Según Ferri, “estamos ante un texto que es paradigma de la homofobia de nuestro tiempo, aquella que ataca frontalmente los derechos de las personas LGTB advirtiendo previamente que no quieren ser homófobos”.

A Compromís le preocupa esta “escalada de ataques” contra gays, lesbianas, transexuales y bisexuales por parte de la jerarquía eclesiástica, así como la “equidistancia” del Partido Popular y su líder, Isabel Bonig. Por ello, les instan a que se definan: “O están con la libertad, o están con los que promueven el odio. O están con las víctimas de la homofobia o están con los que la fomentan. Posicionamientos como el del Arzobispo, o el del Máster de Bioética de la Universidad Católica no pueden tener cabida en una sociedad avanzada, diversa y democrática como la nuestra”.

El “informe” prosigue con secciones como “La homosexualidad, ¿es natural?” o “La homosexualidad, ¿es normal?” que por nuestra salud mental hemos decidido no leer y nos hemos ido a las conclusiones donde se queda a gusto. Ahí van:

  • Considerando los enfoques habituales científicos y estadísticos, la homosexualidad no es el patrón normal de la conducta sexual humana.
  • La homosexualidad no es la forma natural ni sigue las pautas generales de expresión de la sexualidad anima l ni de la sexualidad humana.
  • Objetivamente, la homosexualidad no es una conducta racional ni “universalizable” del comportamiento humano, ya que sus consecuencias potenciales no garantizarían la continuidad de la especie.

Por cierto, que nuestro amigo Antonio Cañizares es Gran Canciller de esta “universidad”, es decir, la máxima autoridad en la misma. La pregunta después de esto es: ¿se matriculará alguien ahí el curso que viene?

Fuente | eldiario.es

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