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Dom 21. 9. 14. El mismo salario, suficiente para todos

Domingo, 21 de septiembre de 2014

2013mayo_imag04aDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 25 ciclo A. Mt 20, 1-16. Éste es un texto significativos que nos sitúa ante el trabajo y la falta de trabajo, ante la gratuidad o el buen salario (¡igual salario) para todos.

Es una parábola de evangelio, no una ley de Estado: Supone que en el mundo hay desigualdad ante el trabajo, pero añadiendo que el salario (un denario, lo fundamental para vivir) ha de ser el mismo para todos, para el Papa y el último clérigo de aldea, para el Rey de España y el emigrante ilegal, para el petrolero de Tejas y para obrero textil de Bangla Desh.

Un mismo salario para cubrir las necesidades básicas de la vida, el mismo para todos. Desde el punto de vista del capitalismo (y de un tipo de lucha de poder) éste es un texto escandaloso, pues parece que el señor de la viña es injusto con los que han trabajado todo el día, dándoles lo mismo que a los que apenas han podido trabajar.

Dos son los presupuestos del texto:

a) Que haya trabajo (productivo de formas distintas…) para todos… pues en la “viña” del Señor de la vida hay labor suficiente para hombres y mujeres, para los primeros y los últimos.

b) Que el salario de fondo sea el mismo para todos, es decir, el denario (un dinero) que el trabajador y su familia necesitan para vivir con honradez, pues todos los hombres y mujeres en el fondo son iguales.

Éste es en el fondo un texto que nos sitúa en una línea más “marxista (y del libro de los Hechos): Cada uno trabaje según sus posibilidades, a cada uno se le ha de dar según sus necesidadesd… Buen domingo a todos.

Texto. Mt 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

— El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer (=hora de prima) salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana (=hora de tercia), vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.” Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde (=hora de sexta, hora de nona) e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde (=hora undécima) y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado.” Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña.”

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.” Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

10527871_771484426247146_4912025341536269476_nUnas preguntas

Los más viejos recordamos todavía las plazas de los pueblos de Castilla-La Mancha y Andalucia donde los jornaleros esperaban la llegada de capataces de los amos para contratarles. En ese contexto de parados (y quizá de aprovechados), de los que trabajan y de los que no pueden trabajar, de señoritos y currantes, en medio de la lucha del mundo vida, ofrece esta parábola una luz para pensar, para vivir, para soñar. Buen fin de semana para todos, amigos

Éste es un texto escandaloso y esperanzado que puede y debe aplicarse en un tiempo de crisis como el nuestro, a las varias circunstancias de la vida:

1. ¿Por qué hay unos que tienen más trabajo y otros menos, un trabajo bien remunerado… o sin salario?
¿Por qué los de fuera –emigrantes—no tienen trabajo y buscan en las plazas del occidente rico un trabajo duro, que casi nadie quiere? El texto supone que la sociedad puede y debe ofrecer trabajo a odos.

2. El Señor de la parábola quiere que, al fin, como humanos, todos los trabajaqdores tengan el mismo salario, que es un “denario”, lo suficiente para vivir. ¿No es injusto ese Señor que da el mismo denario a los más y a los menos, a los ricos y a los pobres…? Como se podría organizar una sociedad desde este mismo “denario” para todos?

‒ Éste es pues un texto escandaloso y esperanzado para todos, un texto que nos abre a la experiencia social y laboral de la gratuidad, en un mundo en el que puede y debe haber espacio de vida y trabajo para todos.

‒ Éste es un texto que invita a superar el puro mundo salarial, trascendiendo un tipo de justicia (sin negarla), para abrir así un tiempo y espacio de vida para todos, sin ventajas ni derechos superiores de aquellos que se creen primeros, sin revanchas ni resentimientos de los últimos.

La protesta de los de prima

Los de la “hora de prima” son los que han comenzado a trabajar desde el amanecer. Han estado todo el día en la faena. Evidentemente, conforme a las leyes laborales, esperan más salario que los últimos.

En sentido simbólico, esos de hora prima pueden ser los judíos que han estado trabajando “para Dios” desde el principio de los tiempos. Pero al fin, ese Dios-Amo les da el mismo salario que a los últimos, que en un sentido bíblico son los gentiles que acaban de entrar en la Iglesia, los que apenas han trabajado media hora.

‒ En sentido laboral esos de prima pueden ser los políticos y los banqueeros, los dueños de empresas y los comercientes… Ellos han dirigido la faena, han sudado, han programado. ¿Pueden contentarse con lo mismo que el pobre obrero que no arriesga nada nada? ((Pero ¿no arriesga el abrero asalariado y, más aún, el emigrante y excluido, cuya vida entera es un riesgo?)). ¿Pueden tener una ventaja los primeros, por veteranía y por esfuerzo?

‒ Del salario “merecido” a la alegría de la vida. ¿No sería mejor que los primeros (banqeros y reyes, comerciantes e ingenieros…) se alegraran porque el Dios-Amo concede lo mismo a los últimos?

‒- ¿No estará diciéndonos el texto que debemos superar el sistema salarial, propio de un tipo de mercantilismo (capitalismo), para fundar un sistema no salarial de igualdad, de manera que todos reciban lo mismo, para así vivir dignamente, unos y otros?

¿Tienen los primeros y los ricos un mayor derecho, pueden ellos cobrar mayor salario, o simplemente “tomarlo de las arcas o robarlo? Por otra parte ¿no necesitan ellos más que un denario (lo suficiente para uno y su familia…), no tienen el derecho a la mayor parte de la fortuna?

Estos “de prima” parecen los ricos de los países ricos, los dueños de grandes fortunas, los reyes, los grandes políticos y los comerciantes…

Los de la hora undécima (en un día laboral de doce horas)

Sólo han trabajado media hora… o no han trabajado nada, pues nadie les ha contratado y ellos por sí mismos no tienen acceso al mundo laboral:

La primera pregunta es: ¿por qué no les han contratado antes? ¿La culpa es del amo, que no les ha visto, o les ha dejado a propósito atrás, porque le han parecido peores?
¿Quién es el responsable?
¿Ellos, por no haber trabajado? ¿El amo por no haberles contratado antes? ¿Los trabajadores de la primera hora por haberse adelantado?
¿Han sufrido en la plaza por no haber sido contratados?
¿Tienen derecho al mismo “salario” que los trabajadores de la primera hora?

Estos trabajadores de la hora undécima (o los no trabajadores, a quienes se les ha excluído del mercado laboral) pueden ser

Mujeres que nunca han tenido un trabajo remunerado

Trabajadores pobres de los países pobres… que sólo pueden vivir de lo que encuentran o trampean, pues no hay traajo para ellos

Los trabajadores pobres en los países ricos

Los no contratados, los que no-trabajadores (en sentido laboral)

Pero la parábola resulta todavía más fuerte si tenemos en cuenta el final que aparece en algunos posibles manuscritos, que dicen así:
«Llegaron al final algunos que no habían trabajado y se pusieron en la cola y le pidieron al amo el salario, a pesar de no haber trabajado: El amo les dijo…».

¿Quiénes son esos no-trabajadores?

¿Aquellos a los que nadie ha contratado, ni siquiera al fin de la tarde?
¿Los parados crónicos?
¿Los incapaces de trabajar?
¿Y qué hacemos con los vagos profesionales, los que no quieren trabajar… los que incluso roban a los que trabajan, viviendo de esa forma a costa de los otros?

¿Más allá del sistema salarial?

Parece que la parábola nos lleva más allá del sistema salarial, al nivel de la gratuidad en el trabajo y en la recompensa.

El marxismo clásico (en la línea de Hechos 2, 45) se decía: “cada uno según sus posibilidades; a cada uno según sus necesidades”. ¿Puede funcionar así una sociedad sin el estímulo del sistema salarial?

¿Tiene algún sentido la gratuidad en el trabajo y en la recompensa?

Leído así, este texto sigue siendo escandaloso, en la sociedad civil y en la iglesia donde los méritos cuentan y las horas de trabajo y las condecoraciones….

Aplicación sólo en el Reino de los cielos o ya en este mundo

‒ En general, esta parábola no se ha entendido ni aplicado en la Iglesia, pensando que ella sólo alude al Dios del cielo, al final de los tiempos… En este tiempo no podría aplicarse… porque se debe imponer una ley de mercado, de salario equivalente al trabajo.

‒ Esta parábola puede y debe aplicarse al trabajo y salario en este mundo, superando un tipo de mercado productivo y de remuneración salarial según una pura justicia conmutativa… como si los que no trabajan no aportaran, y debieran quedan sin prestación social, sin salario

‒ Pero el texto supone que el Señor de la Viña quiere dar el mismo salario (el mismo trato social, educativo y médico) a todos… y que esa debe ser la pauta en la vida de la Iglesia.

Aplicación eclesial

Pero dejemos el mundo laboral, que tiene sus propias leyes… Vengamos a la Iglesia, pues en ella y para ella se ha trasmitido esta palabra de Jesús.
En sentido místico (espiritual), el mensaje de la parábola es evidente: no hay mérito de nadie; ante Dios todos somos iguales y ante el cielo.

Pero en un sentido social, esta parábola ofrece una crítica y marca una exigencia para la Iglesia.

(a) Esta parábola es una crítica contra un cierto tipo de iglesia establecida (quizá la judeo-cristiana) que no ve bien que las “nuevas iglesias” (de los paganos) tengan los mismos derechos y la misma grandeza que tiene ella, como si unos siglos de buen judaísmo no hubieran servido para nada).
(b) En otro sentido, leída desde la actualidad, esta parábola puede entenderse como crítica contra algunos que “nos” creemos superiores con más méritos que otros (porque hemos trabajado quizá más…).
(c) Por otra parte, algunos pueden ver en el fondo de esta parábola una crítica contra un tipo de Iglesia actual que parece ser una de las sociedades más jerarquizadas que existen, con horas de trabajo y salarios “eclesiales” bien medidos…
(d) Finalmente, esta parábola ha sido y sigue siendo una palabra de gozosa esperanza y gracia para todos… pues todos somos, de algún modo, trabajadores de la hora undécima, la última hora de la vida. Dios nos da su “salario” por gracia (un salario que ya no es salario, sino expresión de amor, un amor que debemos compartir todos los hombres y mujeres de la tierra

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