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Alfonso Ropero, editor del Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia (Editorial Clie): “Hay un nuevo politeísmo, del poder económico, financiero y armamentístico”

Lunes, 24 de marzo de 2014

ropero1_560x280Leemos en Religión Digital esta entrevista de Jesús bastante a Alfonso Ropero:

“Jesús fue un profeta, el sacerdocio vino después”

Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia

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El Diccionario tiene muchos autores no creyentes para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas

(Jesús Bastante).- Alfonso Ropero es el responsable de la editorial Clie, y viene a presentarnos el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, del que cuenta que “tiene muchos autores no creyentes para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas”. A este respecto, lamenta que “las editoriales evangélicas a veces tenemos fama de tergiversar la Biblia, de que la leemos para nuestra propia conveniencia“, y afirma, por el contrario, que “la Biblia tiene que ser estudiada con integridad, no sólo desde nuestras convicciones”.

En cuanto a nuestra sociedad actual, Ropero opina que “hoy hay un nuevo politeísmo, pero no es la gran asamblea de los dioses, sino de los poderes económicos, financieros y armamentísticos”. Y piensa que Jesús, ante todo, fue un profeta: “El sacerdocio vino después”, concluye.

 ¿Qué es Clie?

Es la editorial evangélica más antigua en lengua española. Va a cumplir pronto cien años. La comenzó un pastor llamado Eliseo Vila, y nosotros seguimos esa línea editorial que él inició.

“Clie” significa Calidad en Literatura Evangélica. No sé si puede sonar pretencioso… Pero bueno, tratamos de hacer buenas obras.

Vienes a presentarnos el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, un diccionario en el que participa una ingente cantidad de expertos, pero no todos creyentes.

Creo que es una obra de referencia, hoy por hoy la más completa que hay, para saber todo lo que cualquier cristiano o estudioso debería saber sobre la Biblia. Aspectos teológicos, históricos, geográficos, de culturas antiguas… Como has dicho, hay profesores y estudiosos de universidades seculares que no son creyentes pero que han participado en la elaboración del Diccionario. Algunos de ellos son expertos en las culturas antiguas (asirios, babilonios, caldeos…). Yo no quería hacer un libro de parroquia, sino un libro que haga justicia a la Biblia, que no sólo es un clásico universal, sino que menciona y está relacionada con una gran cantidad de pueblos hoy desaparecidos. Y lo cierto es que hay gente fuera de la Iglesia más preparada que nosotros para hablarnos de sus culturas, sus historias y sus divinidades.

 ¿El pueblo hebreo fue el más relevante de su época, o uno más entre muchos otros que se mencionan en la Biblia?

Bueno, los propios profetas se encargaron de crear conciencia en cuanto a la indignidad del pueblo hebreo. Esto es, de que Dios eligió al pueblo hebreo no por ser el mejor ética o espiritualmente, sino por pura gracia. “Tu pueblo era un pueblo errante, y aún así Dios lo eligió” dice la Biblia. Una línea que recorre la Biblia es, por tanto, la prioridad de lo divino, la gracia que tuvo Dios al elegir. Porque el pueblo hebreo no era el más poderoso (constantemente se recuerda que en su infancia fueron esclavos en Egipto), pero fue el pueblo elegido. Ahi empezó el pueblo de Israel: Moisés los saca de la esclavitud y los asienta, después de muchas vicisitudes, en Canáan. El recuerdo de la esclavitud estará presente: los hebreos saben que no fueron elegidos por ser los mejores, sino por gracia divina. Porque Dios es soberano.

Lo que no dice la Escritura son las razones que Dios tuvo. Es decir, porqué el pueblo hebreo fue elegido teológicamente, con una meta y un propósito para ser luz de las naciones, para dar testimonio de la revelación monoteísta y de una ética reflejada en el decálogo de los Mandamientos, que mostrara a los demás pueblos (la mayoría de ellos, idólatras), la visión degradada del ser humano que conllevaba la creencia en una multiplicidad de dioses. La relación entre la divinidad y el hombre estaba muy mediada, y el hombre muy subordinado a los poderes de la divinidad representados en los sacerdotes locales.

En Israel, por primera vez en la historia, apareció un pueblo de sacerdotes (no sólo tenían responsabilidad ministerial los de la descendencia de Aarón). Y todo eso tiene implicaciones importantísimas que llegan hasta hoy.

En cuanto a las estructuras, por ejemplo, en el libro del Levítico se dedica mucho espacio a la institución sacerdotal. Pero esa institución sacerdotal no va por libre, está siempre sometida al criterio del profeta, que es la voz discordante que incluso se atreve a decir que todos los sacrificios y todas esas maneras de adorar a Dios son una aberración. Y los que la Biblia llama los “verdaderos profetas” siempre denunciaron a otros profetas que anunciaban paz para estar bien con el poder. Profetas aliados al sacerdocio o a la monarquía. Por ello tanto Elías como Jeremías o Ezequiel sufrieron el ostracismo y la persecución. Porque hablaban en conciencia de lo que sentían que venía de Dios. Porque denunciaban la injusticia, la esclavitud y la pobreza.

Un estudioso de las religiones dijo que sólo existen dos tipos de religión en el mundo: las de tipo sacerdotal, caracterizadas por el rito y la repetición (la liturgia), que buscan que todo esté en su sitio y se repita tal cual ha sido siempre; y las de tipo profético, que por el contrario, buscan la relevancia de la palabra o de la revelación en la época en la que vivimos. Los profetas no se preocupan tanto por repetir los mismos gestos que se hacían hace 2 o 3 mil años, sino de qué pueden aportar hoy la revelación y la fe a las circunstancias tan cambiantes del mundo.

 ¿Se podría prescindir de profetas o de sacerdotes?

Pienso que no. Creo que lo dos son necesarios. Necesitamos la innovación del profeta pero también el arcaísmo (en el buen sentido de la palabra) del sacerdote. Aquello que va formando el esqueleto, la estructura ósea del cuerpo. El sacerdote representaría la memoria del pueblo, y el papel del profeta sería que esa memoria no se fosilizara. Hacer ver que la memoria no tiene que ser algo muerto, sino algo siempre vivo. Una tradición viviente.

Como al sacerdote le es más fácil dejarse llevar por el rito y la ceremonia, el profeta debe estar ahí para ayudarle.

 ¿Y Jesús qué sería? ¿Sacerdote-profeta?

Yo creo que él va más en la línea profética. El sacerdocio vino después.

Hoy se estudia mucho al Jesús sapiencial, maestro de sabiduría. Siempre habíamos hablado del Jesús carpintero y obrero, pero no olvidemos que sus palabras y sus dichos representan también a un hombre sabio. Un sabio profeta con un lenguaje muy apocalíptico. Es decir, que Jesús sigue una línea de continuidad con el profetismo.

El sacerdotalismo entra después una vez que se piensa que la Iglesia va a durar y comienza a necesitar instituciones. Pero en los primeros años, no cabe ninguna duda de que el cristianismo estaba animado por el espíritu profético.

Los estudiosos de las civilizaciones han comprobado que hay relatos que se repiten de una a otra: el de la Creación, el del Diluvio… Eso puede dar lugar a dos interpretaciones. Una, que fueron hechos reales que sucedieron así; o dos, que los judío recogieron relatos de otras tradiciones para construir su propia historia.

Si partimos de la base de que la civilización más antigua que conocemos son los sumerios, y es de ellos de donde proviene el relato del Diluvio, yo creo que la primera lección es la de cómo la revelación se encarna en una cultura desde el principio. Un ejemplo es cómo las ideas más o menos judías de Jesús, Pedro y Pablo se helenizan, se inculturan en la sociedad grecorromana. Y ésta es la mejor prueba de que la Biblia no debe ser nunca un libro cerrado.

Lo que los judíos hicieron fue depurar los mitos del politéismo (la epopeya de Gilgamesh y otros), para presentar el momento de la Creación o del Diluvio (los relatos originarios de la humanidad) desde la perspectiva monoteísta. De ese modo, la revelación se presenta en la Biblia como un fenómeno que da respuesta a las culturas desde sus propias maneras de pensar, sus perspectivas y sus fundamentos. Los hebreos tuvieron la genialidad de reducir todo el lenguaje mítico a unidades básicas de pensamiento: un Dios que crea y un ser humano que está siempre en relación directa con ese Dios. Esto yo creo que fue nuevo en la historia.

En comparación con la cantidad de dioses que estaban en guerra consigo mismos hasta que crearon el mundo (en las tradiciones politeístas), contrasta notablemente con el relato del Génesis, que es ya un relato muy fresco, muy moderno en el sentido de que lo leemos hoy y podemos entender casi todo.

Por otra parte, el hecho de que el hombre sea creado “a imagen y semejanza” de Dios tiene una importante serie de implicaciones teológicos, morales y sociales tremendas. Incluso ecológicas. Por eso no debemos leer la Biblia como un libro sacro, sino como un libro vivo que se ha inculturado en muchos lugares. No es lo mismo el Israel pre-exilio (antes de que los judíos fueran llevados cautivos a Babilonia y que los desterrasen) que el de después. Y se sabe que hay influencias persas muy evidentes sobre el más allá (concepto muy nebuloso en el mundo hebreo). La diferencia entre u destino para justos y otro para injustos, la concepción de la muerte como un juicio, etc., son de influencia persa. Hay muchas cosas que la tradición judeo-cristiana ha adquirido en diálogo con otras culturas.

 ¿Cómo definirías la Biblia?

Creo que, como se nos ha enseñado desde hace unos años a esta parte, no hay que leer los Evangelios como biografías o como reportajes literales de la vida de Jesús; la Biblia hay que leerla como una historia sagrada o religiosa, cuya perspectiva es remitirnos siempre a nuestros orígenes y a Dios. Ahora, por nuestras vivencias y por los estudios de los biblistas, sabemos que la historia no fue “hágase, y fue”. Cuando de pequeño en la escuela te contaban que Dios creó al hombre ya adulto y sin vello, notabas la contradicción entre ese hombre del que hablaba el relato bíblico, y el hombre de las cavernas del que te hablaban en otras asignaturas. Por suerte hoy hemos logrado entender que no hay que tratar de entender la Biblia desde la perspectiva de las ciencias del siglo XX o XXI, sino en base a su propósito. Es decir, que al margen de toda la historia del cosmos, hay una realidad fundante en el mundo que es Dios, y que está detrás de todo lo que vemos (estrellas, plantas, animales, hombres).

Aunque todavía hay muchos cristianos que piensa en una creación sin hilo, sin evolución, que surge de la nada.

 ¿Se analizan en el Diccionario los textos que no aparecen en el Nuevo Testamento?

Sí. Los llamados apócrifos, el movimiento gnóstico… son abordados en el Diccionario por parte de expertos mundiales en el tema, y también de autores de críticos. Ellos analizan el Evangelio de Judas, el de Tomás, el tema del helenismo… Y se lo hemos encargado a personas no creyentes precisamente para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas. Hemos querido buscar personas que puedan informar de manera objetiva.

 ¿Cuántos autores han colaborado en el Diccionario?

Unas cien personas. Ha sido difícil porque nosotros somos una editorial evangélica, y los evangélicos a veces tenemos fama de tergiversar las cosas, la Biblia. Que la leemos para nuestra propia conveniencia.

Yo contaba ya con ese prejuicio, pero la verdad es que por ese motivo no hay más colaboradores. Si no, habría el doble. Muchos nos dijeron que no tenían tiempo, una manera suave y elegante de decir que no querían saber nada de este proyecto.

La idea era hacer una obra académica rigurosa, de respeto a la Escritura y a la intelectualidad actual, que no creo que actúe por malicia sino que simplemente analiza las historias antiguas. Por eso hemos elegido a autores muy críticos pero muy expertos en simbología, en los libros deutero-canónicos o en lo que sea. Porque creemos que la Biblia tiene que ser estudiada con integridad, no sólo desde nuestras convicciones. Para tener la seguridad de que estamos ofreciendo un pensamiento respetable.

¿Puede haber diferentes lecturas de la Biblia, según la persona, la cultura, la percepción… pero al mismo tiempo, ciertas claves de unidad?

Sí, hay ciertas pistas, pero la clave es dejar que la Escritura hable por sí misma, que se exprese sin que le impongamos nosotros nuestras teorías. Por eso hemos dejado que colabore cualquier tipo de autor que fuera respetuoso con el texto. También nos hemos preocupado sinceramente de dejar asentada la relevancia de la Escritura. Hay muchos artículos dedicados a temas que hoy nos preocupan mucho: dinero, riqueza, pobreza, banca, intereses, usura… Porque creo que hoy y siempre nuestra lucha ha sido contra Mammón. Y la Biblia tiene un mensaje importante que dar en cuanto a este quebradero de cabeza, que desde mi punto de vista está haciendo que la historia retroceda al pasado, llevándonos a conceptos politeístas: El hombre sometido a los grandes imperios, a las grandes “divinidades” financieras. En cambio, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento vemos la lucha por poner siempre la prioridad humana sobre la economía.

Hay otro artículo muy interesante sobre qué es ser extranjero o emigrante, que parte también de esa preocupación pastoral y humana por tener un concepto lo más aproximado posible a la economía. Hemos buscado que el lector tenga criterios para valorar qué está ocurriendo con el llamado neoliberalismo, que para mí es uno de los grandes retos que tenemos “las personas de buena voluntad”, como dice el Evangelio.

Hoy hay un nuevo politeísmo que no es la gran asamblea de los dioses, sino de los poderes económicos y financieros o de la industria armamentística.

Entonces, el Diccionario, además de su función académica, tiene también una función pastoral. De orientar sobre lo que nos inquieta: el tema de la homosexualidad, del aborto… Que son abordados de manera muy neutral. Nosotros ponemos el texto, luego tú sacarás tus conclusiones.

 ¿No es difícil esa imparcialidad?

Sí, lo es. Y como “padre” de la obra, tengo en conciencia cosas que se podrían haber mejorado o revisado. Pero aún así está teniendo bastante éxito. Lleva ya tres ediciones, que no nos lo esperábamos. De hecho, parecía hasta algo ruinoso, porque no veíamos el momento de acabarlo. Como Miguel Ángel con la Capilla Sixtina, que cuando le preguntaban “¿cuándo vas a terminar?” sólo podía contestar “cuando termine”.

 ¿Cómo podemos adquirir el Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia?

Además de en la tienda de libros de Religión Digital, hoy por hoy está en las librerías Paulinas, en El Corte Inglés, Casa del Libro, Amazon… y en las librerías evangélicas dirigidas al público cristiano. Está muy distribuido. A través de nuestra web www.clie.es también se puede hacer un pedido y consultar las librerías más cercanas donde se puede encontrar.

 Otros titulares:

-Jesús fue un profeta, el sacerdocio vino después

-La Biblia no debe ser nunca un libro cerrado

-Los judíos depuraron los mitos del politéismo para presentarlos desde la perspectiva monoteísta

-El hecho de que el hombre sea creado “a imagen y semejanza” de Dios tiene una importante serie de implicaciones teológicos, morales y sociales tremendas, incluso ecológicas

-No debemos leer la Biblia como un libro sacro, sino como un libro vivo

-El Diccionario tiene muchos autores no creyentes para que no se pueda pensar que en la obra hay un vicio, un sesgo de querer llevar a nuestro terreno estos temas

-Las editoriales evangélicas a veces tenemos fama de tergiversar la Biblia, de que la leemos para nuestra propia conveniencia

-La Biblia tiene que ser estudiada con integridad, no sólo desde nuestras convicciones

-Hoy y siempre nuestra lucha ha sido contra Mammón

-Queremos que el lector tenga criterios para valorar qué está ocurriendo con el llamado neoliberalismo, que para mí es uno de los grandes retos que tenemos las personas de buena voluntad

-Hoy hay un nuevo politeísmo, pero no es la gran asamblea de los dioses, sino de los poderes económicos, financieros y armamentísticos

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