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“Abrirnos al misterio de Dios”. 07 de junio de 2020. Santísima Trinidad (A.) Juan 3, 16-18.

domingo, 7 de junio de 2020
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24.the_trinity-blanchard-lowresA lo largo de los siglos, los teólogos han realizado un gran esfuerzo por acercarse al misterio de Dios formulando con diferentes construcciones conceptuales las relaciones que vinculan y diferencian a las Personas divinas en el seno de la Trinidad. Esfuerzo, sin duda, legítimo, nacido del amor y el deseo de Dios.

Jesús, sin embargo, no sigue ese camino. Desde su propia experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y a dejarnos guiar y alentar por el Espíritu Santo. Nos enseña así a abrirnos al misterio santo de Dios.

Antes que nada, Jesús invita a sus seguidores a vivir como hijos e hijas de un Dios cercano, bueno y entrañable, al que todos podemos invocar como Padre querido. Lo que caracteriza a este Padre no es su poder y su fuerza, sino su bondad y su compasión infinitas. Nadie está solo. Todos tenemos un Dios Padre que nos comprende, nos quiere y nos perdona como nadie.

Jesús nos descubre que este Padre tiene un proyecto nacido de su corazón: construir con todos sus hijos e hijas un mundo más humano y fraterno, más justo y solidario. Jesús lo llama «reino de Dios», e invita a todos a entrar en ese proyecto del Padre buscando una vida más justa y digna para todos, empezando por sus hijos más pobres, indefensos y necesitados.

Al mismo tiempo, Jesús invita a sus seguidores a que confíen también en él: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí». Él es el Hijo de Dios, imagen viva de su Padre. Sus palabras y sus gestos nos descubren cómo nos quiere el Padre de todos. Por eso invita a todos a seguirlo. Él nos enseñará a vivir con confianza y docilidad al servicio del proyecto del Padre.

Con su grupo de seguidores, Jesús quiere formar una familia nueva donde todos busquen «cumplir la voluntad del Padre». Esta es la herencia que quiere dejar en la tierra: un movimiento de hermanos y hermanas al servicio de los más pequeños y desvalidos. Esa familia será símbolo y germen del nuevo mundo querido por el Padre.

Para esto necesitan acoger al Espíritu que alienta el Padre y a su Hijo Jesús: «Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y así seréis mis testigos». Este Espíritu es el amor de Dios, el aliento que comparten el Padre y su Hijo Jesús, la fuerza, el impulso y la energía vital que hará de los seguidores de Jesús sus testigos y colaboradores al servicio del gran proyecto de la Trinidad Santa.

José Antonio Pagola

 

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“Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él”. Domingo 07 de junio de 2020. Santísima Trinidad.

domingo, 7 de junio de 2020
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32-TrinidadA cerezoLeído en Koinonia:

Éxodo 34,4b-6.8-9: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso
Interleccional:
Daniel 3. A ti gloria y alabanza por los siglos.
2Corintios 13,11-13: La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo
Juan 3,16-18: Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él

La Biblia nos revela en una palabra quien es Dios: Dios es amor (1 Jn 4,8). Amor personal (porque te ama a ti, como si sólo a ti amase) amor total (sin medida, porque la medida del amor es dar sin medida), amor sacrificado (oblativo, entregado y paciente), amor universal (inclusivo, no excluyente), amor preferencial (se inclina más hacia el débil). Las lecturas de hoy nos revelan el perfil, el rostro o la fisonomía de Dios. La lectura del Éxodo lo revela como un Dios “compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia y lealtad” (Ex 34,6); y esto inmediatamente después del episodio de adoración al becerro de oro (Ex 32). Como queriendo contrastar la infidelidad del Pueblo y la fidelidad de Dios.

Pablo, en la segunda lectura nos desvela el misterio de un Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, mediante el saludo trinitario a la asamblea: “la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con ustedes” 2 Cor 13, 13.

Finalmente el evangelio de hoy, tomado de San Juan, es uno de esos textos cumbres de la literatura bíblica que revelan una luz especial: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo” (Jn 3,16).

Éstos serían como los versículos fundamentales para nuestra fiesta. En primer lugar el Dios de Israel y de Jesús, es un Dios inserto en la historia. El antiguo y nuevo Pueblo de Dios no llegaron a la experiencia de Dios, ni por la naturaleza (religiones naturalistas, tendentes a divinizar la creación), ni por la filosofía (la elucubración de los filósofos, que a través de las causas segundas, llegaron a una primera causa: Dios), sino por la historia. De ahí que el credo de Israel y el de la Iglesia se definan como credos históricos. Imposible proclamar a este Dios, dejando de lado los grandes acontecimientos salvíficos: que “nació de María, la virgen, que padeció bajo Poncio Pilatos, que fue crucificado, muerto y sepultado”, etc., son datos históricos puntuales. Dejar de lado la historia, sería desencarnar la fe, privarla de su sacramentalidad histórica. Un Dios desentendido de la historia no sería el Dios de los cristianos. En segundo lugar, en esta historia llena de luces y de sombras, pero guiada de la mano de Yahveh, se va dando un avance; lo que los teólogos han llamado “la revelación progresiva”. Cuando éramos niños tuvimos una experiencia de Dios que fue madurando poco a poco hasta hacernos adultos… Se trata de un principio de la pedagogía divina. El misterio de Dios uno y trino es fruto de esta experiencia de revelación progresiva en la historia. Revelación cumbre, expresión de maduración: Dios no es un ser aislado, desentendido de las realidades temporales, solitario. Es un Dios comunitario, familia, sociedad, fraternidad, etc. Por eso como dijimos al principio; la cumbre de toda la revelación bíblica es ésta: Dios es amor. Y el amor nunca es soledad, aislamiento, sino comunión, cercanía, diálogo, alianza.

La naturaleza misma de Dios es todo un proyecto de vida que revela la naturaleza misma del alma humana, creada a imagen y semejanza de Dios. De este modo podemos entender cómo la misma humanidad siente esa necesidad de alianza, aun en medio de la pluralidad. Vivimos en una casa común, somos una familia (humana), tenemos las mismas necesidades, los mismos problemas. Dios en esta hora de la historia habla a través de esos signos de un mundo en búsqueda.

En tercer lugar no hay que estar rompiéndose la cabeza para intentar comprender (desde nuestra lógica natural) un misterio que nos es dado por revelación, y que sólo puede ser aceptado plenamente por la fe. A Dios nadie lo ha visto jamás, sólo el Hijo que estaba en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer (Jn 1,18). La fe ciertamente que pasa del oído a la mente, de la mente al corazón, y del corazón a la vida. No se trata de un proceso meramente racional. Pues la razón se entiende necesitada de la razonabilidad de la fe, al reconocerse humilde ante el misterio de Dios. En efecto Dios revela estas cosas a la gente sencilla, y las esconde a los sabios de este mundo. Esta es la lógica y la sabiduría de nuestro Dios, muy distinta y muy distante de la lógica natural, marcada por los egoísmos humanos. Dios entra más fácilmente en le corazón del niño que en el del adulto, en el corazón del humilde que en el del soberbio, en el corazón del débil que en el del fuerte.

Estamos ante el más grande misterio, que ni ojo vio, ni oído escuchó… Acerquémonos a Dios con Adoración (El Padre)… dispuestos a asumir su proyecto de fraternidad (El Hijo)… con toda la profundidad de nuestro ser (El Espíritu Santo). Leer más…

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7.6. 2020.Año de Biblia y Trinidad: Gracia de Cristo, Amor de Dios, Comunión del Espíritu, 2 Cor 13

domingo, 7 de junio de 2020
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C990A918-E22C-4F5A-9EB7-783D5D9896AEDel blog de Xabier Pikaza:

| X Pikaza

El papa Francisco ha querido que el  2020 sea Año de la Biblia, pero entre pandemias y otros temas lo estamos olvidando. Pero hoy 7.6.20, día de la Trinidad, quiero recordar que el tema central de la Biblia Cristiana es la revelación del Dios , Padre‒Hijo‒Espíritu Santo, escribiendo con esta ocasión un trabajo de fondo sobre la hermenéutica o interpretación trinitaria de la Biblia.

Este trabajo es una continuación del que publiqué ayer, sobre la Trinidad de Ratzinger,en diálogo con Franz Sabotta, amigo SJ, colega de Ratzinger que murió sin haber culminado su carrera teológica… Yo, en cambio, tuve la suerte de seguir por un tiempo:

‒ El año 1973 (a los cinco años de mi conversación con F. Sobotta) fui nombrado profesor de Teodicea y Trinidad en la Pontificia de Salamanca.

‒ Pero el 1984 me negaron el nihil obstat, aplicando la doctrina Ratzinger, por seguir la Biblia y no un tipo de dogmática escolar sobre la Trinidad (encarnación, humanidad de Dios…)

‒ Pude volver a la Universidad el 1989, pero con el veto de enseñar Dogmática (es decir, teología trinitaria), pero seguí con ello en estudios y publicaciones.

79051C13-D8D5-46CA-BBFF-9CA077B648BAA pesar de eso, me ha ido bien… y hoy, día de la Trinidad en el Año de la Biblia, quiero rehacer un trabajo sobre Trinidad y Biblia, publicado en  Iglesia Viva 167 (1993)  373-390 (on line: https://iviva.org/revistas/167/167-03%20PIKAZA.pdf ). Siga leyendo quien quiera ver la forma en que vinculo Trinidad y Biblia.

    Dedico este trabajo a M. Ofilada, columnista de RD, experto y maestro en Trinidad. Buena fiesta de la Trinidad para todos los amigos trinitarios y a los alumnos que quizá recuerden alguna de mis clases sobre la Trinidad, con mis amigos trinitarios y todos los que celebran la fiesta del Dios Trinidad

  1. HERMENÉUTICA TRINITARIA DE LA BIBLIA

 La confesión trinitaria de Dios constituye quizá la mejor y más profunda hermenéutica teológica cristiana de la Biblia. Dios mismo aparece así como principio unificante o personaje central de la Escritura, no sólo en perspectiva arqueológica (estudio del pasado) sino también en clave de lectura moderna de los textos. Se trata de una hermenéutica teológica, es decir, propia de un creyente cristiano que interpreta y actualiza los textos de la Biblia a partir de su confesión creyente: el Dios del AT se desvela de esa forma como Padre que se manifiesta totalmente en Jesús, su Hijo (NT), en camino que se encuentra abierto hacia los hombres (en la iglesia) por medio del Espíritu Santo.

73F14842-BEC8-4A1C-9BEC-75275A2837F6Esta hermenéutica trinitaria ofrece sentido y unidad a la Escritura, en un camino (unos caminos) de gran densidad cultural que ahora esbozaremos de una forma, al mismo tiempo, tanteante y sistemática. Distinguimos cinco esquemas principales, que se encuentran más desarrollados en los libros de la bibliografía citada aI final del artículo (especialmente en el mío, el de Hill y el de Milano). Lectura de la Biblia como texto del pasado y trasfondo cultural de nuestro tiempo se implican y fecundan en estos caminos que ahora ofrecemos.

Conforme a una visión tradicional, popularizada y sistematizada por Hegel, el ser de Dios consiste en revelarse. En esa perspectiva han de entenderse las grandes religiones de la historia: son formas de captar y explicitar la revelación de lo divino. Por eso, en un sentido extenso, puede hablarse de una Trinidad revelatoria que consta de tres rasgos o momentos que se pueden condensar de esta manera:

  1. a) Hay un Revelante (Revelador), es decir, un ser primigenio o fundante que se manifiesta a sí mismo, en gesto de generosidad o donación. En el principio no está el puro vacío, ni el enigma insoluble, ni la confusión general; en el principio hallamos siempre a Aquél (aquello) que se abre y manifiesta.
  2. b) Hay un Mediador o mediación, es decir, unos signos de presencia o manifestación de 1o divino. Toda nuestra forma de experiencia es «simbólica» en eI sentido radical del término: el Revelante (a quien nunca vemos por sí mismo) se vuelve «palabra» para nosotros.
  3. c) Hay una Realidad sagrada que viene a explicitarse como expresión o resultado de la presencia divina. A través de su «palabra» o mediación, el Revelante original (o Dios) se vuelve presente en medio de nosotros, que somos la expresión y presencia del Espíritu divino.

Estos tres elementos de la Trinidad o tríada revelatoria pertenecen a la misma estructura de la realidad interpretada como proceso de comunicación: somos personas o existimos porque hay alguien que «nos habla» desde el mismo fondo de la realidad, en llamada o palabra que nos constituye como humanos. De esa forma lo ha entendido la Escritura judeocristiana, en proceso de impresionante fidelidad cultural y religiosa.

Son muchos los caminos de experiencia que encontramos en la Biblia. Ella es una especie de gran enciclopedia o biblioteca donde se recogen múltiples aspectos de la vida: hay sendas o veredas que parecen ya perdidas para siempre o superadas; hay aspectos culturales que no tienen ya para nosotros ningún tipo de importancia.

Pero en el fondo de esa multiplicidad hallamos una especie de camino central o unificante que nos capacita para orientarnos en el cúmulo de textos; es como la clave hermenéutica o la guía de lectura de la Biblia; Dios se va expresando o revelando entre los hombres a través de unos acontecimientos y personas que se encuentran mutuamente vinculados.

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Fiesta de la Santísima Trinidad. Ciclo A.

domingo, 7 de junio de 2020
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Trinidad-RubliovAndréi Rubliov (hacia 1411)

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El año litúrgico comienza con el Adviento y la Navidad, celebrando cómo Dios Padre envía a su Hijo al mundo. En los domingos siguientes recordamos la actividad y el mensaje de Jesús. Cuando sube al cielo nos envía su Espíritu, cuya venida celebramos el domingo pasado. Ya tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y estamos preparados para celebrar a los tres en una sola fiesta, la de la Trinidad.

Esta fiesta surge bastante tarde, en 1334, y fue el Papa Juan XII quien la instituyó. Quizá pretendía (como ocurrió con la fiesta del Corpus) contrarrestar a grupos heréticos que negaban la divinidad de Jesús o la del Espíritu Santo. Así se explica que el lenguaje usado en el Prefacio sea más propio de una clase de teología que de una celebración litúrgica. En cambio, las lecturas son breves y fáciles de entender, centrándose en el amor de Dios.

La única definición bíblica de Dios (Éxodo 34,4b-6.8-9)

La primera lectura, tomada del libro del Éxodo, ofrece la única definición (mejor, autodefinición) de Dios en el Antiguo Testamento y rebate la idea de que el Dios del Antiguo Testamento es un Dios terrible, amenazador, a diferencia del Dios del Nuevo Testamento propuesto por Jesús, que sería un Dios de amor y bondad. La liturgia, como de costumbre, ha mutilado el texto. Pero conviene conocerlo entero.

            Moisés se encuentra en la cumbre del monte Sinaí. Poco antes, le ha pedido a Dios ver su gloria, a lo que el Señor responde: «Yo haré pasar ante ti toda mi riqueza, y pronunciaré ante ti el nombre de Yahvé» (Ex 33,19). Para un israelita, el nombre y la persona se identifican. Por eso, «pronunciar el nombre de Yahvé» equivale a darse a conocer por completo. Es lo que ocurre poco más tarde, cuando el Señor pasa ante Moisés proclamando:

«Yahvé, Yahvé, el Dios compasivo y clemente, paciente y misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados, aunque no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos» (Éxodo 34,6-7).

            Así es como Dios se autodefine. Con cinco adjetivos que subrayan su compasión, clemencia, paciencia, misericordia, fidelidad. Nada de esto tiene que ver con el Dios del terror y del castigo. Y lo que sigue tira por tierra ese falso concepto de justicia divina que «premia a los buenos y castiga a los malos», como si en la balanza divina castigo y perdón estuviesen perfectamente equilibrados. Es cierto que Dios no tolera el mal. Pero su capacidad de perdonar es infinitamente superior a la de castigar. Así lo expresa la imagen de las generaciones. Mientras la misericordia se extiende a mil, el castigo sólo abarca a cuatro (padres, hijos, nietos, bisnietos). No hay que interpretar esto en sentido literal, como si Dios castigase arbitrariamente a los hijos por el pecado de los padres. Lo que subraya el texto es el contraste entre mil y cuatro, entre la inmensa capacidad de amar y la escasa capacidad de castigar. Esta idea la recogen otros pasajes del AT:

            «Tú, Señor, Dios compasivo y piadoso,

            paciente, misericordioso y fiel» (Salmo 86,15).

            «El Señor es compasivo y clemente,

            paciente y misericordioso;

            no está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo.

            No nos trata como merecen nuestros pecados

            ni nos paga según nuestras culpas;

            como se levanta el cielo sobre la tierra,

            se levanta su bondad sobre sus fieles;

            como dista el oriente del ocaso,

            así aleja de nosotros nuestros delitos;

            como un padres siente cariño por sus hijos,

            siente el Señor cariño por sus fieles» (Salmo 103, 8-14).

            «El Señor es clemente y compasivo,

            paciente y misericordioso;

            El Señor es bueno con todos,

            es cariñoso con todas sus criaturas» (Salmo 145,8-9).

            «Sé que eres un dios compasivo y clemente,

            paciente y misericordioso,

            que se arrepiente de las amenazas» (Jonás 4,2).

            Como consecuencia de lo anterior, Dios se convierte para Moisés en modelo de amor al pueblo: las etapas del desierto han sido momentos de incomprensión mutua, de críticas acervas, de relación a punto de romperse. Ahora, las palabras de Dios mueven a Moisés a interesarse por el pueblo y a demostrarle el mismo amor que Dios le tiene.

El amor de Dios al mundo (Juan 3,16-18)

            Este breve fragmento, tomado del extenso diálogo entre Nicodemo y Jesús, insiste en el tema del amor de Dios llevándolo a sus últimas consecuencias. No se trata solo de que Dios perdone o sea comprensivo con nuestras debilidades y fallos. Su amor es tan grande que nos entrega a su propio Hijo para que nos salvemos y obtengamos la vida eterna. «De tal manera amó Dios al mundo…». La palabra «mundo» puede significar en Juan el conjunto de todo lo malo que se opone a Dios. Pero en este caso se refiere a las personas que lo habitan, a las que Dios ama de una forma casi imposible de imaginar. Dios no pretende condenar, como muchas veces se predica y se piensa, sino salvar, dar la vida. Una vida que consiste, desde ahora, en conocer a Dios como Padre y a su enviado, Jesucristo, y que se prolongará, después de la muerte, en una vida eterna. En estos meses de pandemia, que nos han puesto en contacto frecuente con la muerte, las palabras de Jesús nos sirven de ánimo y consuelo.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Nuestra respuesta: amor con amor se paga (2 Corintios 13,11-13)

En la primera lectura, Dios se convertía en modelo para Moisés, animándolo al amor y al perdón. En la carta de Pablo a los corintios, Dios se convierte en modelo para los cristianos. La misma unión y acuerdo que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu debe darse entre nosotros, teniendo un mismo sentir, viviendo en paz, animándonos mutuamente, corrigiéndonos en lo necesario, siempre alegres.

Esta lectura ha sido elegida porque menciona juntos (cosa no demasiado frecuente) a Jesucristo, a Dios Padre y al Espíritu Santo. En esas palabras se inspira uno de los posibles saludos iniciales de la misa.

Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

Conclusión

«Escucha, Israel: el Señor, tu Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser».

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7 de junio de 2020. Domingo de la Solemnidad de la Trinidad. Ciclo A

domingo, 7 de junio de 2020
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Tanto amó Dios al mundo…”

(Jn 3, 16-18)

Y eso precisamente es lo que celebramos hoy: ¡Qué Dios es Amor AMANDO!

Dios no solo es amor, porque también es AMAR. La Trinidad, lejos de ser una cosa muy complicada de la que es difícil hablar, sencillamente nos muestra que Dios ama. Es amor activo.

El Padre, el Hijo y la Santa Ruah ponen ante nuestros ojos la más bella relación de amor. Y, al mismo tiempo, nos invitan a participar de ella.

Tanto amó Dios al mundo…” ¿Qué puede hacer el amor sino amar?

Descubrir que Dios es amor o mejor, descubrir que Dios te ama personalmente, no te hace la vida más fácil. Tampoco te da respuesta a todas las preguntas. No. Pero le añade una riqueza única. Un plus de sentido.

Aunque una cosa es saberlo y otra experimentarlo. Cuando experimentas que Dios es amor porque te descubres profundamente amada es un punto y aparte.

Es descubrir que cada ser humano, cada persona es Icono de la Trinidad. Porque todas estamos llamadas a ser pura relación de amor.

No, la Trinidad no es un complicado tratado sobre el misterio de Dios lleno de dogmas y extendido en cientos de volúmenes. No. La Trinidad somos tú y yo, somos todas nosotras juntas, la humanidad entera. Recreada. Siempre amada. Divina. En plenitud. La Trinidad es el movimiento de Dios en la humanidad que nos entrelaza haciéndonos hermanas.

Para hablar de la Trinidad no necesitamos palabras complicadas. Ya que la Trinidad, como el Reino, se parece a todo lo humano. Está inmersa en todo lo nuestro.

Parafraseando a Jesús podríamos decir: “La Trinidad se parece a una bella danza en grupo a la que tú estás invitada a participar.”

Oración

Trinidad Santa, damos el don de re-conocerte, de descubrirte presente en nuestra vida. Revélanos la grandeza de sabernos Icono de tu amor en relación.

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Todo lo que podemos decir de Dios será siempre inadecuado..

domingo, 7 de junio de 2020
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trinidadJn 3, 16-18

Tampoco hoy celebramos una fiesta dedicada a Dios; celebramos que Dios es una fiesta todos los días, que es algo muy distinto. La fiesta es siempre alegría, relación, vida, amor. El creyente es aquel que se ha sentido invitado a esa fiesta y forma parte inextricable de la misma fiesta. La Trinidad, tiene que liberarnos del Dios Ser poderoso y empaparnos del Dios Ágape que nos identifica con Él. El Dios todopoderoso es lo contrario del Dios trino. Dios es amor y solo amor. Solo en la medida que amemos, podremos conocer a Dios.

Se nos dice que es el dogma más importante de nuestra fe católica, y sin embargo, la inmensa mayoría de los cristianos no pueden comprender lo que la teología quiere decir. La gran enseñanza de la Trinidad es que solo vivimos, si convivimos. Nuestra vida debía ser un espejo que en todo momento reflejara el misterio de la Trinidad. Pero para llegar al Dios de Jesús, tenemos que superar el ídolo al que nos aferramos, el falso dios en quien todos hemos creído y en gran medida, seguimos creyendo los cristianos.

Debemos estar muy alerta, porque tanto en el AT como en el nuevo podemos encontrar retazos de este falso dios. Jesús experimentó al verdadero Dios, pero fracasó a la hora de hacer ver a sus discípulos su vivencia. En los evangelios encontramos chispazos de esa luz, pero los seguidores de Jesús no pudieron aguantar el profundo cambio que suponía sobre el Dios del AT. Muy pronto se olvidaron esos chispazos y el cristianismo se encontró más a gusto con el Dios del AT que le daba las seguridades que anhelaba.

La Trinidad no es una verdad para creer sino la base de nuestra vivencia cristiana. Una profunda experiencia del mensaje cristiano será siempre una aproximación al misterio  Trinitario. Solo después de haber abandonado siglos de vivencia, se hizo necesaria la reflexión teológica sobre el misterio. Los dogmas llegaron como medio de evitar lo que algunos consideraron errores en las formulaciones racionales, pero lo verdaderamente importante fue siempre vivir esa presencia de Dios en el interior de cada cristiano. Solo viviendo la realidad de Dios en nosotros se podrá manifestar luego en el servicio al otro.

Lo más urgente en este momento para el cristianismo, no es explicar mejor el dogma de la Trinidad, y menos aún, una nueva doctrina sobre Dios Trino. Tal vez nunca ha estado el mundo cristiano mejor preparado para intentar una nueva manera de entender el Dios de Jesús o mejor, una nueva espiritualidad que ponga en el centro al Espíritu-Dios, que impregna el cosmos, irrumpe como Vida, aflora decididamente en la conciencia de cada persona y se vive en comunidad. Sería, en definitiva, la búsqueda de un encuentro vivo con Dios. No se trata de explicar la esencia de la luz, sino de abrir los ojos para ver.

No debemos pensar en tres entidades haciendo y deshaciendo, separada cada una de las otras dos. Nadie se podrá encontrar con el Hijo o con el Padre o con el Espíritu Santo. Nuestra relación será siempre con el UNO que nos une. Es urgente tomar conciencia de que cuando hablamos de cualquiera de las tres personas relacionándose con nosotros, estamos hablando de Dios. En teología, se llama “apropiación” (¿indebida?) esta manera impropia de asignar acciones distintas a las tres personas de la Trinidad. Ni el Padre solo ha creado la realidad, ni el Hijo separado ha venido a salvarnos, ni el Espíritu Santo actúa en cada uno por su cuenta. Todo es “obra” del Dios sin hacer nada.

Nada de lo que pensamos o decimos sobre Dios es adecuado. Cualquier definición o cualquier calificativo que atribuyamos a Dios son incorrectos. Lo que creemos saber racionalmente de Dios es un estorbo para vivir su presencia vivificadora en nosotros. Mucho más si creemos que solo nuestro dios es el verdadero. Incluso los ateos pueden estar más cerca del verdadero Dios que los muy creyentes. Ellos por lo menos rechazan la creencia en el ídolo que nosotros nos empeñamos en mantener a toda costa.

Los creyentes no solemos ir más allá de unas ideas (ídolos) que hemos fabricado a nuestra medida. Callar sobre Dios, es siempre más exacto que hablar. Dicen los orientales: “Si tu palabra no es mejor que el silencio, cállate”. Las primeras líneas del “Tao” rezan: El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao; el nombre que se le puede dar, no es su verdadero nombre. Teniendo esto en cuenta, podemos hablar de Dios sin ninguna limitación pero con la conciencia que toda palabra es inadecuada.

De la misma manera, siempre que aplicamos a Dios contenidos verbales, aunque sean los de “ama”, “perdonó”, “salvará”, estamos radicalmente equivocados, porque en Dios los verbos no pueden conjugarse. Dios no tiene tiempos ni modos. Dios no tiene “acciones”. Dios, todo lo que hace, lo es. Si ama, es amor. Pero al decir que es amor, nos equivocamos también, porque le aplicamos el concepto de amor humano, que no se puede aplicar Dios. En Dios, el AMOR es algo completamente distinto.

Es un amor que no podemos comprender, aunque sí experimentar. Este experimentar que Dios es amor sería lo esencial de nuestro acercamiento a Él. Los primeros cristianos emplearon siete palabras diferentes para hablar del amor. Al amor que es Dios lo llamaron ágape. No se trata de una relación entre sujeto y objeto sino en la identificación de ambos. En nosotros hay un sujeto que ama, un objeto amado y el amor. Ese amor no se puede aplicar a Dios porque no hay nada fuera de Él y distinto a Él. En Dios el amor es su esencia, no una cualidad como en nosotros; no puede no amar, porque dejaría de ser.

Vivir la experiencia de Dios Trino sería convivir. Sería experimentarlo: 1) Como Dios, ser absoluto. 2) Como Dios a nuestro lado presente en el otro. 3) Como Dios en el interior de nosotros mismos, fundamento de nuestro ser. En cada uno de nosotros se tiene que estar reflejando siempre la Trinidad. Empezar por descubrir a Dios en nosotros, identificado con  nuestro propio ser. Descubrimos a Dios con nosotros en los demás. Descubrimos también a Dios que nos trasciende y en esa trascendencia completamos la imagen de Dios.

Hoy no tiene ningún sentido la disyuntiva entre creer en Dios o no creer. Todos tenemos nuestro Dios o dioses. Hoy la disyuntiva es creer en el Dios de Jesús o creer en un ídolo. La mayoría de los cristianos no vamos más allá del ídolo que nos hemos fabricado a través de los siglos. Lo que rechazan los ateos, es nuestra idea de Dios que no supera un teísmo interesado y miope. Después de darle muchas vueltas a tema, he llegado a la conclusión de que es más perjudicial para el ser humano el teísmo que el ateismo.

La verdad es que no hemos hecho mucho caso al Dios revelado por Jesús. Su Dios es amor y solo amor. Aunque, condicionado por la idea de Dios del AT, dio un salto en el vacío y nos llevó al Abbá insondable. La mejor noticia que podía recibir un ser humano es que Dios no puede apartarle de su amor. Esta es la verdadera salvación que tenemos que apropiarnos. Es también el fundamento de nuestra confianza en Dios. Confianza absoluta y total porque, aunque quisiera, no puede fallarnos. En esa confianza consiste la fe.

Meditación

El Dios amor no responde a nuestra idea del amor.
Dios es: El que ama, el amado y el amor. Los tres a la vez.
La creación no es más que la manifestación de ese Dios.
En toda criatura queda reflejada su manera de ser.
Descubrirlo sería la meta de toda nuestra vida.

 Tu dios es un ídolo

Si es un ser frente a los demás seres
Si ha hecho las cosas y sigue manipulándolas
Si te premia si le obedeces y te castiga si no lo haces
Si te vigila desde el cielo para controlarte
Si te ama como amamos los humanos
Si te exige adoración y pleitesía
Si espera sacrificios de ti
Si está dispuesto a hacer lo que tú quieres
Si se siente ofendido
Si te educa con palo y zanahoria
Si le encuentras en un lugar y no en otro
Si tiene privilegios con alguno
Si te salva desde fuera y para el más allá
Si te pide paciencia antes de darte
Si le buscas fuera de ti y del mundo
Si necesita mediaciones
Si es un dios que necesita que le adores
Si es el dios de los buenos
Si me hace caso solo cuando soy bueno

El dios creado por nosotros es siempre un ídolo

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Epístola a Dios.

domingo, 7 de junio de 2020
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Trinidad-RubliovVivimos en el mundo cuando amamos. Solo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida (Albert Einstein)

7 de junio. LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Jn 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo para que quien crea en él no perezca y tenga vida eterna

Momento cenit de un trascendental diálogo de amor entre la divinidad y el mundo. Con él has puesto en marcha, Señor mío, la historia de la salvación humana.

El parlamento tuyo comenzó en el Génesis cuando iniciaste la Creación el primer día y la faz de la tierra era un desierto, pero Tú le insuflaste vida, y culminaste Tu tarea cuando el hombre hecho de barro, se convirtió en un ser vivo.

Muchos, millones de siglos más tarde, como cuentan las crónicas bíblicas, Tu hijo dijo que también él había venido para que tuviéramos vida y en abundancia la tuviéramos (Jn 10,10).

Y no contento con todo esto, que ya es bastante, se desbordó el río de su ser, y quiso compartir las aguas con el mundo entero:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado (Jn 13, 34).

En sus discursos sobre el amor, Platón decía de una forma muy bella en el Banquete que “el amor es siempre el deseo de poseer el bien”.

En el Antiguo Testamento el tema del amor humano es constante: al amor sexual, que es creador -cuasi un dios-, le dedica uno de sus libros más poéticos, El Cantar de los Cantares, cuyo primer capítulo se escribió en el Génesis:

“El hombre exclamó: ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!”

 

Pedro Pablo Rubens pintó a Adán y Eva de este modo.

Después les dijiste que se amaran… y te dieron dos nietos para que jugaras con ellos y les amaras.

Y en El Cantar de los Cantares 1,16, diálogo en el bosque, el segundo:

“He aquí que tu eres hermosa, amiga mía; / he aquí que eres bella: tus ojos de paloma. / He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: / nuestro lecho también florido.

Juan de la Cruz entona su canción de amor en Noche oscura del alma:

“Buscando mis amores, / iré por esos montes y riberas; / ni cogeré las flores, / ni temeré las fieras, / y pasaré los fuertes y fronteras”.

Finalmente, y al otro lado de las fronteras cristianas, el Kamasutra, un antiguo texto hindú que trata igualmente sobre el comportamiento sexual humano.

Evangélicamente Albert Einstein, que era judío, entonaba también este precioso himno:

“Vivimos en el mundo cuando amamos. Solo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida”.

Te rogué, muy Señor mío, para que Pablo Neruda me enviara un Poema desde Santiago de Chile, nombre como ves de santo, y el resultado fue este:

SI ME QUIERES

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena…

Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta! …

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda!… O no me quieras

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Dios no juzga el mundo, sino que lo invita a acoger su salvación.

domingo, 7 de junio de 2020
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trinidad-misericordiosaJn 3, 16-18

El texto de hoy se encuentra al final del diálogo de Jesús con Nicodemo que leído en su totalidad presenta una de las claves fundamentales que permite entender en toda su hondura el texto que hoy comentamos. Esta clave se podría formular diciendo que creer en Dios, en el Dios que anunció Jesús y desde el que se vivió en todo su ser, no es una cuestión de esfuerzo ni de grandes reflexiones, es abrirse a un encuentro transformador que redimensiona toda la vida.

Tanto amó Dios al mundo… Nos resulta a veces difícil de entender que en Dios solo hay amor y que, por tanto, solo quiere amarnos, acompañarnos, apoyar nuestra felicidad. En estos meses de pandemia desde multitud de foros nos han invitado a rezar, pero pocas veces nos han invitado a sentirnos abrazados por el amor incondicional de Dios para afrontar estos momentos inciertos. Pocas veces nos han ayudado a mirar a Jesús y contemplarlo afrontando el mal con fe y esperanza, sin culpar a nadie, y menos a Dios, del dolor humano.

Jesús entregó su vida para que nadie quedase fuera del abrazo de su Padre-Madre.  Jesús afrontó el fracaso de la cruz, no porque Dios buscase un “chivo expiatorio” para recuperar la confianza en la humanidad y empezar de nuevo, sino que se dejó vencer en la cruz porque la violencia cierra las puertas al amor, a la bondad, a la confianza y solo de esa manera Dios podía seguir ofreciendo la Vida a todas/os y cada una/o de las/os que habitamos este mundo.

Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo... Tenemos la tentación de pensar que Dios juzga con nuestros propios criterios, que cada uno recibe lo que siembra, que quien obra mal finalmente será castigado…Pero Dios no es así, y Jesús lo dejó muy claro con sus palabras, pero también con su praxis. Él no juzgó a las personas, sino sus actos. Él no condenó a sus enemigos, sino que los acogió con entrañas maternas, se sentó con ellos a la mesa, los miró a los ojos, los buscó para liberarlos del mal.

A Jesús lo juzgaron por eso, por no juzgar, por no separar a los buenos de los malos, por no castigar, por no justificar el lanzamiento de la piedra condenatoria. Como a sus contemporáneos, nos cuesta entender que el amor verdadero lleva siempre de la mano el perdón y que Dios nunca va a satisfacer nuestros deseos de venganza, de reparación sino es perdonándonos a nosotras/os y a nuestros enemigos/as.

El que cree en él no será juzgado…El evangelio de Juan es sin duda un texto complejo y no siempre fácil de entender en toda su hondura por su lenguaje y por muchas de sus construcciones teológicas, sin embargo, es clara la llamada que continuamente hace a sus lectores/as a tomar postura ante la persona y el mensaje de Jesús. Es una llamada que no se puede dejar para mañana, sino que hay que responder aquí y ahora. Por eso, creer para este evangelio no es asentir a una serie de verdades sagradas, sino decidirse por Jesús y acoger su salvación.

Jesús no obligó a nadie a convertirse a ningún credo, ni condicionó su acción sanadora y salvadora a ritos u ofrendas. Él invitó sencillamente a confiar, a escuchar y a hacer camino junto a él.  De hecho, Nicodemo se admira de las enseñanzas y signos que hace Jesús y por eso sabe que Dios está con él (Jn 3, 2), pero Jesús lo invita a algo más, lo invita a nacer de nuevo, lo invita a creer (Jn 3, 3). Por eso desde ahí se entiende que quien cree no será juzgado (Jn 3, 18).

Creer del modo que nos propone este evangelio en coherencia con lo recibido del Maestro, solo es posible si reconfiguramos nuestras creencias, nuestras falsas ideas sobre Dios y sobre los seres humanos y nuestra conducta a la luz de la propuesta de Jesús. Solo así es posible acoger la salvación y entender a Jesús. Y para eso hay que nacer de nuevo, volverse a sorprender con la vida, abrirse a recibir el dinamismo de la santa Ruah.

El texto de hoy nos ofrece una nueva oportunidad para hacernos la pregunta de cómo creo, cómo experimento la salvación que el Dios amor anunciado, vivido y entregado por Jesús me ofrece. No hay juicio pero sí, la urgencia de una toma de postura, de una decisión que libere nuestros miedos, nuestras falsas seguridades, nuestro egoísmo y sane la angustia y el dolor que muchas veces nos aflige.

En este momento en que necesitamos afrontar el golpe con el que la pandemia nos ha herido a cada una/o y a toda la humanidad en su conjunto, creer que Dios es más grande que cualquier mal, experimentar que no estamos solos/as en la incertidumbre, sentir que es posible sentirnos salvados/as y así ser oferta de salvación para otros/as  podría hacernos decir como Nicodemo: ¿Cómo puede ser esto? (Jn 3, 9). Puede ser si hacemos con Jesús el camino, puede ser si con realismo nos abrimos a la esperanza, puede ser si dejamos que la santa Ruah habite nuestro corazón como brisa suave que conforta y alienta, puede ser si nos sentimos parte de la humanidad herida y nos decidimos a recuperar la salvación que Dios pone en nuestro corazón y la compartimos con otros/as en el cotidiano camino de nuestra historia.

Y así, podrá ser que nuestro testimonio creyente forme parte del esfuerzo de tantos por hacer posible una nueva humanidad y una nueva historia.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Cielo y Tierra son lo mismo.

domingo, 7 de junio de 2020
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Fiesta de la Trinidad

Cielo7 junio 2020

Jn 3, 16-18

La comunidad del cuarto evangelio entiende a Jesús como el “salvador celeste” enviado por Dios. Y lee ese gesto de envío –o mejor, de “entrega”–, como prueba del amor de Dios al mundo y como fuente de “vida eterna” para la humanidad. Tal es la lectura que hizo aquella comunidad: se trata de lo que, posteriormente, la teología cristiana denominaría el “misterio de la encarnación”.

        Tal creencia suponía un salto cualitativo con respecto a la ortodoxia judía, en cuyo seno había nacido. El Dios absolutamente transcendente e inefable –YHWH– se hacía completamente inmanente, hasta el punto de –como dice también cuarto evangelio– “habitar entre nosotros” (Jn 1,14). Desde este punto de vista, la novedad aportada por el cristianismo es manifiesta: Dios se hace humano, con todas las consecuencias que eso supone para nuestra propia auto-comprensión.

       Sin embargo, esa lectura se apoyaba sobre la creencia en Dios como un Ser separado: Yhwh, desde el cielo, enviaba a su Hijo al mundo. La cosmovisión que esa misma frase expresa no puede ser más elocuente: habla de una realidad dividida en dos planos y entiende la divinidad como habitando el “piso de arriba”.

    Es precisamente esa cosmovisión la que progresivamente ha ido entrando en crisis en nuestra comprensión de la realidad: no hay “un Dios ahí arriba” (Roger Lenaers) separado del conjunto de lo real.

        A partir de ahí, intuyo que nos hallamos ante la posibilidad de otro “salto cualitativo”, no menor del que supuso el cristianismo en la historia de la auto-comprensión humana. Tal como me parece verlo, podría formularse de este modo: lo que el cristianismo atribuía exclusivamente a Jesús como “encarnación” de Dios es atribuible a todo ser humano sin excepción, e incluso a todos los seres: todos somos “formas” en las que Dios se expresa. O dicho con más propiedad: lo que realmente somos es vida, consciencia, ser, Dios…, experimentándose en formas concretas.

           Somos plenitud de vida desplegada en una forma sumamente vulnerable. Lo que nuestros antepasados proyectaban en un “Dios” separado constituye realmente nuestra verdadera identidad. Y esa identidad es amor y es vida. Nuestra tragedia consiste sencillamente en la ignorancia, por la que ignoramos lo que somos y nos identificamos –y reducimos a– lo que no somos.

          Cielo y tierra son lo mismo. Para la mente analítica no deja de ser una contradicción. Sin embargo, en la comprensión no-dual se reconoce y resuelve la paradoja que es consecuencia del “doble nivel” de lo real: en el plano profundo, aquella afirmación –cielo y tierra son lo mismo, todo está bien– es cierta; sin embargo, en el plano fenoménico o de las formas, es innegable que, lejos de ser “cielo”, hay situaciones humanas que resultan un auténtico “infierno”, que es necesario transformar. Ambas afirmaciones son ciertas, cada una en su nivel: todo es cielo y todo es mejorable. La sabiduría consiste en articular esa doble afirmación adecuadamente y vivir desde esa comprensión.

¿Dónde estoy en mi comprensión de la realidad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Dios es un misterio amable, no un problema.

domingo, 7 de junio de 2020
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06A47A50-A10E-40B1-B676-C88D0BE7BB17Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. ¿Ateísmo?

         En este primer domingo de junio celebramos el misterio de Dios.

         El ateísmo es un fenómeno relativamente nuevo, ya que nace a mediados del siglo XIX. La humanidad, la historia de la humanidad no ha sido atea, -ni probablemente lo es- a excepción de parte del mundo occidental.

Nietzsche, que moría el año 1900 (es decir en el pórtico del siglo XX), fue quien “proclamó” la muerte de Dios: “Dios ha muerto”. Apenas llevamos 150 años de ateísmo explícito

De todos modos, más bien hoy en el mundo occidental me parece que predomina no tanto el ateísmo, cuanto una gran superficialidad, que invade el momento social, cultural y religioso. Nosotros no somos ateos, sino frívolos. Ya quisiéremos tener ateos como “Dios manda”. Posiblemente somos ateos en nuestra trivialidad. Quien se toma en serio la vida, la justicia, la salud, la libertad, la paz, etc.  ese tal no es ateo. Probablemente ateo es el superficial, el consumista, el ligero de cabeza…

Es penoso que la desescalada de la pandemia que estamos viviendo se reduzca a saber si podemos entrar o sentarnos en una terraza de un bar o si se puede tomar el sol tumbados en la playa o si nos dejan ir al pueblo de al lado

Las medidas sanitarias son importantes, pero la vida y la salud es algo más serio que todo eso.

  1. ¿El futuro es la increencia?

Pareciera como si el futuro y el progreso de la humanidad fuese la increencia en sus variadas formas: ateísmo, agnosticismo, nihilismo, etc.

¿Ser ateo es lo mejor que nos puede pasar personal y como pueblos? ¿Ser increyente es ser más libre? ¿Se vive mejor sin Dios? Nuestro pueblo va mejorando conforme se va adentrando en la nada, en el vacío, en el ateísmo.

  1. Dios ha muerto, pero la vida y el amor permanecen.

Yo no sé si el Dios prepotente y justiciero ha muerto o no. Más bien creo que ese tipo de Dios no ha existido y no existe, aunque nos lo hayan enseñado y lo hayamos padecido.

Lo que podemos observar es que el ser humano sigue pensando, amando, casándose y divorciándose, trabajando, en paro y con huelgas, orando, disfrutando y sufriendo. Siendo felices y tristes según los momentos; por otra parte, los humanos seguimos envejeciendo, enfermando física y psíquicamente, y finalmente: muriendo.

¿Dónde hallar una respuesta a los problemas humanos? ¿En el “becerro de oro” de la banca, en la etnia-nación? ¿Habremos de aprender a vivir en la nada?

Cuando se siembra nada, se recoge vacío.

Es curioso cómo los padres de las nuevas generaciones quieren noblemente para sus hijos lo que ellos no tuvieron. Pero es triste ver cómo esos mismos padres no transmiten a sus hijos lo que ellos sí tuvieron: dicho escuetamente; la fe.

  1. Dios es amor (y el ser humano también).

         Dio no es un problema, sino un misterio de amor, de salvación y de vida.

Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna

Dios nos ha creado -por medio de la evolución y de nuestros padres- porque nos ama, por puro regalo y gracia. Y porque nos ama nos salva. El mundo está, sépalo o no, impregnado de gracia: ningún ser humano es des-graciado”. Ningún ser humano queda fuera de la bondad de Dios. Dios nos quiere a todos; quiere que vivamos todos. El Dios que Jesús nos anuncia es el Dios de la misericordia y de la vida. JesuCristo es feliz con los pobres, los débiles y pecadores.

La tradición de San Juan es reiterativa, el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (1Jn 4,8). Quien permanece en el amor, permanece en Dios, (1Jn 4,16).

No sé si Dios está en el templo al que tenían que ir el sacerdote y el levita, pero donde está Dios es en el amor del buen samaritano, que no pasa de largo, sino que se queda para ayudar aquel hombre malherido.

Donde hay amor, allí está Dios. Quien cree en el amor, quien ama, ese tal no es ateo. A Dios no le amamos directamente, como tampoco le conocemos directamente como si tuviésemos línea directa con él. A Dios le amamos y conocemos en la medida en que tenemos experiencia del amor en la vida y amamos a los demás.

Quien ama de verdad y a fondo a su marido / mujer, a sus hijos, a los pobres, a los despreciados, a las misiones, a los maltratados, a las personas enfermas-dementes, ese tal no es ateo, sino creyente, aunque explícitamente quizás no llegue a pronunciar la palabra “Dios”. Quien ama conoce a Dios.

Permaneced en mi amor, (Jn 15,9)

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Hacia una mística de ojos abiertos, corazón solidario y amor eficaz (I)

jueves, 4 de junio de 2020
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Monsenor-Agrelo-junto-migrantes-africanos_2113598686_13528262_660x371Leído en su blog:

2020 es un año para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones

Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o no será nada”

Hace cerca de 40 años, Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión

Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios y de fundamentalismos religiosos?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas imágenes que vemos a diario en televisión

Estamos celebrando este año el décimo aniversario del fallecimiento de Raimon Panikkar, místico itinerante, que supo aunar en su vida y su pensamiento ambas dimensiones –mística e itinerancia- con una extraordinaria coherencia y fue capaz de conciliar en su persona experiencias místicas de diferentes religiones: judía, cristiana, hinduista, budista, y la mística secular.

2020 es también un año de para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones, al ritmo de la historia, en el horizonte de la liberación, en busca de nuevos valores humanistas y ecológicos y desde el compromiso por la transformación personal, comunitaria y estructural.

Me refiero a Gustavo Gutiérrez, para quien el método de la teología de la liberación es la espiritualidad; a Johan Baptist Metz, fallecido el año pasado, que propone una “mística de ojos abiertos”, que lleva a con-sufrir, a sufrir con el dolor de los demás; a Pedro Casaldàliga, que vive la mística en el bien decir estético de su poesía, en el compromiso con los pobres de la tierra y en defensa de los derechos de las comunidades indígenas y afrodescendientes; a Hans Küng, ejemplo de mística interreligiosa que conduce al diálogo simétrico de religiones, espiritualidades y saberes; a Dorothee Sölle, fallecida en 2003, que supo compaginar en su vida y su teología armónicamente mística y feminismo desde la resistencia.

Celebramos el ochenta y dos aniversario del nacimiento Leonardo Boff, que definió a los cristianos y cristianas como “contemplativos en la liberación” y de Jon Sobrino, testigo de la mística vivida en torno al martirio y de la “liberación con espíritu”, convencido como está de que “sin práctica, el espíritu permanece vago, indiferenciado, muchas veces alienante”; el ochenta y cinco aniversario de Juan Martín Velasco, fallecido en abril pasado, místico en tiempos de ausencia de Dios, y el ochenta aniversario del nacimiento de la carmelita Cristina Kauffmann, fallecida en 2006, cuya vida fue, en palabras suyas “un correr hacia Dios”.

Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o no será nada”.

Preguntas

Pero llegados aquí me surgen no pocas preguntas. Hace cerca de 40 años, Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión, si la tarea más urgente no era más de orden social y político que teológica, si se justificaba dedicarle tiempo y energía a la teología en las condiciones de urgencia que vivía América Latina y si los teólogos no estarían dejándose llevar más por la inercia de una formación teológica que por las necesidades reales de un pueblo que lucha por su liberación.

Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios y de fundamentalismos religiosos? ¿Se trata de la búsqueda de una “nueva espiritualidad” o, más bien, de una especie de “tapa-agujeros” en una época post-religiosa y de una manera de evadirse de la realidad? ¿No puede parecer una distracción ociosa hablar de mística en medio de la pandemia provocada por el coronavirus con cerca de cuatro millones de personas contagiadas en el mundo y doscientas setenta mil fallecidas y con una postpandemia de incalculables consecuencias para el futuro de la humanidad?

A la vista de las grandes brechas abiertas en el mundo entre ricos y pobres, hombres y mujeres, personas “nativas” y “extranjeras”, pueblos colonizados y potencias colonizadoras, de tamañas situaciones de injusticia estructural, del crecimiento de la desigualdad, de las agresiones contra la tierra, contra los pueblos originarios, contra las mujeres, contra la memoria histórica y a favor del olvido: feminicidios, ecocidios, epistemicidios, genocidios, biocidios, memoricidios, ¿se puede seguir hablando de mística con un discurso que no sea alienante y unas prácticas religiosas que no sean estériles?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas imágenes que vemos a diario en televisión de personas migrantes, refugiadas y desplazadas que quieren llegan a nuestras costas surcando el Mediterráneo o saltar las vallas con concertinas y mueren en el intento por la insolidaridad de la “bárbara” Europa llamada “cristiana” o que, procedentes de los países centroamericanos empobrecidos por el voraz y salvaje capitalismo, son detenidas en la frontera de Estados Unidos y separados los niños y niñas de sus padres y madres. O en los campos de refugiados donde viven hacinadas decenas de miles personas en condiciones infrzhumanas, las mujeres son abusadas, muchos niños y niñas deambulan solos y desnutridos y a todos se les ha robado la esperanza y el futuro, muy difíciles de recuperar.

Son preguntas que me golpearon durante la visita que hice hace un par de años a la Casa Museo de la Memoria de Medellín (Colombia), donde vi las estremecedoras imágenes que representaban a las 8.731.000 víctimas (oficiales, las reales son muchas más) del conflicto colombiano. Son víctimas de masacres, desapariciones forzosas, violencia sexual, amenazas múltiples, homicidios, reclutamientos forzosos, desplazamientos forzosos, torturas, despojo de bienes, separaciones familiares, etc.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el Mal Absoluto que fue el nazismo, el filósofo de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, afirmó en su libro Notas sobre literatura: “No querría yo quitar fuerza a la frase de que es de bárbaros seguir escribiendo poesía lírica después de Auschwitz”. ¿Podemos hacer la misma afirmación hoy en relación con la mística?

Aquí dejo planteados los interrogantes. Mi respuesta, en el siguiente artículo. Dejo tiempo suficiente para que los lectores y lectoras puedan responder a partir de las preguntas que vayan plantándose.

[1] Tomo la cita de Johann Baptist Metz, Por una mística de ojos abiertos. Cuando irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona, 2013, p. 182.

[2] Gustavo Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres, CEP, Lima, 1979 (Sígueme, Salamanca, 1982).

[3] Theodor W, Adorno, Notas sobre literatura. Obra completa. Edición de Rolf Tiedemann, con la colaboración de Gretel Adorno, Susan Buck-Morss y Klaus Schultz, traducción de Alfredo Brotons Muñoz, t. 11, Akal, Madrid, 2003, p. 406.

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«La liberación milagrosa», por Carlos Osma

miércoles, 3 de junio de 2020
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floating-1854203_1280 (1)De su blog Homoprotestantes:

Según el Evangelio de Juan la tercera y última aparición de Jesús después de su resurrección tuvo lugar mientras siete de sus discípulos estaban pescando. Bueno, más bien intentando pescar, porque el discípulo amado que estaba en esa barca, y que según el evangelio puso por escrito lo ocurrido [1], explica que en toda la noche no habían podido pescar nada. No deberían tener la barca muy lejos de la costa, porque cuando al amanecer Jesús se apareció en la playa y les preguntó si tenían algo para comer, ellos le respondieron desde la misma barca que no tenían nada. Justo en ese momento “Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces” [2].

Este texto se escribió a finales del siglo primero o comienzo del segundo, un tiempo después de que se hubiera escrito el resto del evangelio, que antes de añadir este capítulo acababa en el 20. Leerlo al pie de la letra, como si fuera un hecho histórico, sería algo parecido a leer la historia de la creación en el libro del Génesis y afirmar que lo que allí se narra es pura ciencia. Ya sabemos que hay cristianos que lo leen así, pero eso no contradice que sea una estupidez, también hay cristianos que piensan que Dios enviará a los seres humanos que no creen en Él al infierno, o que la primera mujer fue creada a partir de la costilla de un hombre. Aferrarse a la ignorancia y utilizarla en beneficio propio, no es una cosa extraña, ni siquiera un monopolio exclusivo del cristianismo.

Volviendo al tema de la pesca milagrosa, no es muy difícil percatarse de que el autor está intentando colocar su mensaje a una comunidad cristiana escribiendo un texto cargado de símbolos. El tema que hay detrás de la escena tiene que ver con la predicación, con llevar nuevos discípulos (peces) hasta Jesús, que ya no está con ellos en la barca (comunidad) sino en la playa (cielo). Cuando los siete (todos) discípulos intentan pescar (predicar) por sus propios medios en la noche (ausencia de Jesús), no consiguen pescar nada, pero cuando Jesús aparece al amanecer (es la luz) y les guía para que lo hagan, la pesca es un éxito. Si algo podemos deducir para empezar, es que la comunidad a la que el autor del evangelio se dirige, tiene algún problema con la transmisión del mensaje de Jesús y no consigue hacer nuevos discípulos. Algo que, por otra parte, no es ajeno a la situación de la mayoría de comunidades cristianas en el siglo XXI.

Pero pese a la absoluta actualidad de la historia para las iglesias de hoy, voy a irme por la tangente, porque al leerla esta vez me he quedado con la incomodidad que me producen algunas de las imágenes que utiliza. Ya sé que es absurdo aplicar a un texto que tiene casi dos mil años algunas hipersensibilidades modernas (o incluso personales), pero tampoco me parece honesto pasarlas por alto. Identificar a quienes no son discípulos de Jesús con peces que se mueven libremente en el mar, el mensaje cristiano con una red, y la misión de los discípulos con atrapar a los pobres peces para llevarlos a la muerte en la playa con Jesús, pues me ha echado un poco para atrás. Vuelvo a repetir que ya sé que la idea que pasa por mi cabeza es completamente ajena a la voluntad del texto, pero tengo que decir que he sido incapaz de leerlo sin pensar en ella.

Leo la Biblia desde mi propia experiencia, por eso como cristiano gay me parece inapropiada la identificación del evangelio con una red que te atrapa y pretende llevar hasta la muerte. Decir que es inapropiada, es una manera bonita de explicar el sufrimiento que ha podido infringirnos a las personas LGTBIQ esa forma de entender el evangelio, o lo demoledor que es poner nuestra fe en un Jesús que quiere acabar con nosotros. Algunos lo dulcificarán, quizás porque prefieren olvidar, y tienen todo el derecho del mundo a hacerlo, pero yo prefiero decir que sí tuviera que escribir la historia de la pesca milagrosa hoy, a partir de nuestras experiencias queer, lo primero que haría sería cambiar el título por el de la liberación milagrosa. La buena noticia del evangelio no estaría en una red, sino en explicar cómo a pesar de vivir atrapados dentro de ella en nombre de dios, logramos escapar rompiéndola a base de mordiscos de esperanza, y también de desesperación.

En la historia de la liberación milagrosa, Jesús no se aparecería en la playa, porque los Jesús que producen víctimas son siempre unos impostores. A él nos lo encontraríamos dentro de la red junto a nosotros, intentando destrozarla con sus propias manos aunque eso le produjese heridas. Al final conseguiría romperla por algún lado para hacernos un hueco por donde poder salir, y nos empujaría a hacerlo. Una vez fuera, nos diría que cuanto más lejos estemos de la playa y de la barca más posibilidades tenemos de permanecer con vida, y que en las profundidades del mar, donde no hay redes que nos amenazan, podemos movernos libre y felizmente. Y le seguiríamos hasta allí, y comprenderíamos aquello de que “si Jesús nos libera, seremos verdaderamente libres” [3].

Nunca podré entender como hay personas que necesitan vivir en una red para sentirse seguras, o que no les importa que las saquen de su medio natural, el mar, para ser llevadas hasta una playa donde saben que morirán. Me duele cuando alguien me explica que un día pudo escapar de la red, pero que ahora siente angustia ante la libertad y la responsabilidad. Y aunque de verdad que lo intento, soy incapaz de comprender a quienes, tras ser liberados de una red de acero, se esfuerzan noche y día por aprender a dar saltos fuera del agua con la esperanza de ir a parar dentro de alguna barca. Cada uno puede hacer con su vida lo que considere, nunca sabemos las razones que llevan a los demás a hacer lo que hacen, así que es estúpido intentar juzgarlo desde fuera. Pero lo que mi experiencia me dice es que, si hablamos de evangelio, de buena noticia, eso no puede vivirse dentro de una red que te lleva hasta la muerte. Si no hay libertad, no hay evangelio. Solo donde la hay, es posible seguir a Jesús y convertirse en uno de sus discípulos.

Carlos Osma

Notas

[1] Así parece indicarlo Jn 21, 23-24.

[2] Jn 21,6

[3] Jn 8,36

Consulta dónde encontrar «Solo un Jesús marica puede salvarnos».

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«Pentecostés queer en tiempos de confinamiento», por Diarmuid O’murchu.

lunes, 1 de junio de 2020
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pentecostesLa celebración de Pentecostés, 50 días después del domingo de Pascua, se considera desde antiguo como el comienzo de la Iglesia, cuando el Espíritu Santo empujó a los primeros apóstoles a salir a la calle y proclamar el Evangelio. El texto más relevante, leído en todas las iglesias cristianas, es el de Hechos 2,1-11.

En realidad, este pasaje tiene dos partes:

a) vv. 1-4, que describe el descenso del Espíritu Santo a través de lenguas de fuego, sobre lo que se supone que es el grupo reconstituido de 12 apóstoles. Además, el arte cristiano temprano representa a una mujer en medio del grupo, ampliamente considerada como María, la madre de Jesús.

b) vv. 5-11: estos versículos describen un grupo amorfo de diversos países, culturas e idiomas, ninguno de los cuales había sido todavía evangelizado (según la cronología de los Hechos), que escuchan a los predicadores, cada uno en su propio idioma, reconociendo el mensaje de declaración del Evangelio, por lo que dan gracias a Dios.

Durante mucho tiempo me ha intrigado el hecho de que nunca he escuchado una homilía de Pentecostés centrada en los vv. 5-11. Y me pregunto por qué. En mi intento de responder esa pregunta por mí mismo, he descubierto que la teoría queer es enormemente útil. Así que, por favor, permítanme una digresión para presentar brevemente de qué trata la teoría queer.

La teoría queer

Asociada a menudo con los estudios LGBTQI, la Teoría Queer es una elaboración de la década de 1990, relacionada con la teoría crítica de la literatura, la historia y las ciencias sociales. (Varias páginas de la red darán más detalles). Su adopción de ideas sobre religión, teología y escritura es aún más reciente. El teólogo británico, Chris Greenough, ofrece una excelente descripción de las teologías queer (Queer Theologies: The Basics, Routledge 2020).

Según Greenough, mirar los textos sagrados desde la perspectiva queer, significa querer ir más allá de la rigidez del dogma, y poner al descubierto esa dinámica de poder que puede tolerar sólo una comprensión de la verdad. Greenough describe cinco dimensiones de este proceso:

lo queer se resiste a las ideas de categorización;

lo queer desafía la idea del esencialismo;

lo queer desafía lo «normal»;

lo queer elimina el pensamiento binario y los prejuicios;

lo queer denuncia y quiebra las relaciones de poder y las jerarquías (Greenough, 26).

El libro de los Hechos hoy

Considerado durante mucho tiempo como un resumen de lo que sucedió en la Iglesia primitiva, los estudiosos de las Escrituras ahora están planteando dudas sobre la fiabilidad histórica de este libro.

Lucas, el autor, está interesado sobre todo por Pedro y Pablo, a quienes describe como dos héroes destacados. Así como Lucas, en su evangelio, lleva a Jesús a Jerusalén para su triunfo final (su muerte y resurrección), también Lucas lleva a Pedro y Pablo a Roma, para culminar su esfuerzo misionero. Y en ese itinerario, el Pablo de Lucas a veces es representado de una manera que parece muy diferente del propio relato de Pablo en sus cartas auténticas. Más que la historia de la fe, lo que interesa a Lucas es el aspecto heroico de la evangelización.

Vayamos ahora al acontecimiento de Pentecostés, para el que Lucas trae de vuelta a los apóstoles originales, ahora reconstituidos como un grupo de Doce. El grupo tiene dos reuniones. En primer lugar, Hechos 1,12-14: los Once (menos Judas), junto con María, la madre de Jesús y «las mujeres». En segundo lugar, Hechos 2,1-4: el grupo reconstituido de Doce solamente. Parece que Lucas necesita que los apóstoles reconstituidos, vueltos, pongan una base apostólica sólida para sus dos héroes patriarcales: Pedro y Pablo. ¿Pero volvieron todos? Tengo serias dudas, a pesar de la profunda fe eclesial que tenían.

El experto bíblico James Carroll, afirma que el relato de Lucas en Hechos puede compararse con una novela histórica con intención ideológica, a lo que otro biblista, Sean Freyne, agrega: «El análisis literario reciente de los escritos de Lucas tiende a considerar su narración de esos nuevos comienzos como un relato idealizado y simbólico, con poco o ningún contenido histórico». La teóloga Elizabeth Johnson afirma que Hechos no contiene una imagen representativa del liderazgo de la Iglesia en las primeras décadas; sólo cuenta una historia parcial.

Además, recordemos que Lucas escribió Hechos después del 80 EC, momento en el cual los seguidores del Camino se habían separado de sus orígenes judíos, y ahora se esforzaban por establecer una identidad superior y diferente.

El evento mismo

Cada elemento de Hechos 2,1-4 está tomado de las Escrituras hebreas (Antiguo Testamento).

Pentecostés se basa en el A.T: la fiesta del Grano Nuevo (la cosecha), asociada con Moisés que recibe la Ley en el monte Sinaí, 50 días después del éxodo de Egipto. Según la tradición, Dios habría dado la Ley en los 70 idiomas de la humanidad… Filón afirma que cuando fue dada la Ley, cayó fuego del cielo, y una voz que salía de las llamas se convirtió en un discurso articulado. Por otra parte, algunos comentaristas sugieren que el relato de Pentecostés puede entenderse como una antítesis del relato de la Torre de Babel.

El hecho de que Lucas haya tomado prestados del A.T. los ingredientes principales y los esté usando aquí para su propio propósito, no debe alarmarnos; todos los escritores del Evangelio, y otros de aquel tiempo, hicieron lo mismo. Sin embargo, nos obliga a preguntar: ¿Lucas está describiendo algo que sucedió, o está creando él mismo la escena? Pero, en realidad, aunque Lucas invente él mismo lo que escribe, según los estándares del tiempo está dentro de los límites normales del periodismo profesional.

Una vez más, debemos recordarnos a nosotros mismos: Lucas está haciendo esto para dar una base sólida a sus dos grandes héroes, Pedro y Pablo. Con ese propósito, quiere traer de vuelta a los (reconstituidos) Doce, y someterlos a una experiencia profunda y transformadora, para sacarlos de la desorientación e incredulidad que sufrieron debido a la trágica pérdida de Jesús, su líder. Y a partir de ese nuevo «inicio», pueden reanudarlo donde había quedado interrumpido, proclamando ahora con valentía a Jesús como Señor y Salvador.

Para el teórico queer, todo parece demasiado ordenado como para ser verdad. El aposento del piso de arriba huele a clausura eclesiástica. Y parece que hay demasiado deseo de poder patriarcal y de dominio. Ya en los capítulos iniciales de Hechos vemos a Pedro realizando obras milagrosas semejantes a las atribuidas a Jesús… Una imagen que está ya muy lejos de aquel bipolar y reaccionario Pedro que vimos en los evangelios.

En este momento, el teórico queer se impacienta y quiere pasar al material que el predicador tiende a omitir, a saber, Hechos 2,5-11. Este grupo tan diverso es realmente increíble. De una forma u otra, pueden escuchar todo lo que se dice y, al parecer, pueden comprender el significado, como el de las poderosas obras de Dios (v. 11). Pero según Hechos, ninguno de ellos ha sido bautizado ni evangelizado. Entonces ¿qué está pasando?

Aquellos de nosotros que tenemos algún conocimiento y experiencia del método ignaciano de discernimiento espiritual podemos ver fácilmente los paralelos. Las personas de este grupo están dotadas de una escucha profunda, un discernimiento centrado en el corazón, y están asombrados y admirados por el divino mensaje de vida. Éstas son precisamente algunas de las características centrales del discernimiento ignaciano, que, según quienes han estudiado durante mucho tiempo ese método, no se pueden poseer a menos que una persona esté primero profundamente imbuida del Espíritu Santo de Dios.

Ésta es la ruptura que el teórico queer estaba intentando provocar: ¡estas personas ya tenían la plenitud del Espíritu Santo! Por eso son tan brillantes en el arte del discernimiento. Entonces, ¿de dónde sacaron el Espíritu Santo? No es necesario ser teólogo/a o biblista para responder.

Según el Libro del Génesis, el Espíritu Santo está trabajando plenamente en la Creación desde tiempos inmemoriales. En palabras del teólogo australiano Denis Edwards: «lo que necesitamos es una teología holística del Espíritu, una que comience no con Pentecostés, sino con el origen del Universo, hace 13 mil setecientos millones de años». En consecuencia, el Espíritu Santo también está trabajando plenamente en los corazones de todos los humanos, a menos, por supuesto, que bloqueemos u obstaculicemos esa gracia por algo como el miedo irracional, que los doce bien podrían estar experimentando.

¡Ahora ves mi decepción por no haber escuchado nunca una homilía sobre Hechos 2,5-11! De esto se trata. Este es el Espíritu que sopla donde quiere, renovando la faz de la tierra y despertando sueños poderosísimos incluso en los corazones de los no bautizados. ¡Qué mensaje tan asombroso!

¡No es de extrañar que el teórico queer se sienta tan disgustado de que hayamos ignorado o callado esto por tanto tiempo!

¿Dónde están las mujeres?

¡Pero el teórico queer ha notado algo aún más extraño! Según el teólogo, Christ Greenough

(114), «los enfoques queer en los estudios bíblicos respiran aire fresco en textos saturados de patriarcado, misoginia y negatividad hacia las personas transexuales y homosexuales». En este caso es con la misoginia con lo que tenemos que lidiar. ¿Qué ha sucedido con las mujeres a las que se hace referencia en Hechos 1,14? ¿Por qué están excluidas de aquella clausura eclesiástica del segundo piso?

¿Por qué las hemos hecho invisibles?

Seguramente, Lucas ha tenido que haber oído hablar de María Magdalena y sus co-discípulos, su destacado testimonio en la Muerte y Resurrección de Jesús, y su papel crucial en el desarrollo de la Iglesia en sus primeras décadas, ¿una buena visión de conjunto de lo que tenemos en Romanos 16?

¿Por qué quiere ignorar o suprimir esa información? Ésta es la respuesta de la teóloga Elizabeth

Johnson:

Deseando impresionar a sus lectores del Imperio Romano con la confiabilidad de este nuevo movimiento, Lucas constantemente presentaba varones en los papeles de liderazgo público y, para cumplir con los estándares del imperio, mantiene a las mujeres bajo control en posiciones inferiores, como de apoyo. Teniendo ojos principalmente para varones de élite, desplaza a las mujeres a un trasfondo insignificante, ignorando los roles de liderazgo que de hecho tenían. En consecuencia, Hechos no trasmite una imagen representativa realmente del liderazgo en la Iglesia de las primeras décadas. Sólo cuenta una parte de la historia. (Elizabeth Johnson, Truly our Sister, 300).

Pentecostés es una fiesta queer

Los teólogos queer, Colby Dickinson y Meghan Toomey, en 2017 escriben: «Una teología queer nos llama a ir más allá de lo que se conoce, a superar lo establecido y a dejar totalmente de controlar tales estructuras». En una línea similar, el teórico queer, David Halperin, en 1995, afirma: «Queer es, por definición, lo que está en desacuerdo con lo normal, con lo legítimo, con lo dominante. No hay nada en particular a lo que queer se refiera necesariamente. Es una identidad sin esencia».

Ambas citas iluminan lo que he estado intentando en estas reflexiones, sintiendo un llamado a «ir más allá de lo que sabemos», «pasar de lo establecido», «no hay nada en particular a lo que necesariamente se refiera», «una identidad sin una esencia». Para algunos, eso sonará como una deconstrucción mordaz, y algunos preguntarán con razón: «¿qué vamos a dejar en pie?».

Y esto es lo que me atrae hacia la sabiduría del queering. En el mismo proceso de deconstrucción, estamos también involucrados en la reconstrucción. Recuerda que, en física cuántica, el vacío es un vacío fértil, lleno de posibilidades. Los místicos lo sabían mucho antes que los físicos. Por lo tanto, no me estoy deshaciendo de Pentecostés (¡al menos, todavía no!). Me sorprende que el evento descrito en Hechos 2,1-4, en realidad nunca sucedió («una identidad sin esencia: Halperin»).

¡Pero la experiencia de Hechos 2,5-11, nunca deja de suceder! Y en palabras de Halperin, ¡ésa es la esencia!

¡Esa es la esencia, ese increíble Espíritu potenciador cósmico que necesitamos celebrar el domingo de Pentecostés! ¡La homilía debe estar en Hechos 2,5-11, en el reconocimiento profundo del Espíritu, que sopla donde quiere, demoliendo cualquier clausura eclesiástica! En medio del coronavirus, necesitamos la sabiduría y la guía de ese Espíritu potenciador. A medida que enfrentamos la «nueva normalidad», más que cualquier otra cosa, sugiero que necesitemos una nueva teología del Espíritu Santo, ¡y quizás, cuanto más anormal sea, mejor!

The Spirit and Covid-19

En todo el mundo, los gobiernos nos han estado advirtiendo que la resolución de esta pandemia está principalmente en nuestras manos. Los poderosos patriarcas del gobierno y de la ciencia creen que llegará una vacuna, pero mientras tanto, somos nosotros los que tenemos el poder de detener este virus, y podemos hacerlo por fidelidad a una variedad de comportamientos humanos modificados.

Nosotros, la gente, el pueblo, estamos exactamente en el mismo lugar en el que estaban los partos, los medos y los elamitas el primer día de Pentecostés. Nuestros altos patriarcas pueden tener lenguas de fuego en su cónclave cerrado de la habitación superior, ¡pero es a nosotros, los del piso bajo, a quienes se nos ha confiado la sabiduría para detener este virus! ¡Ahora bien, a eso es a lo que podríamos llamar, superqueer!

El poder está con la gente, pero también está ahí una enorme cantidad de dolor, vulnerabilidad, descoyuntamiento social, pérdida de empleos, inseguridad financiera, caos. Vale la pena recordar aquí la voz de otra teóloga queer (procesual también), Catherine Keller (de la Universidad de Drew, EEUU), y su profundo discernimiento de Génesis 1,2, cuando el Espíritu que saca poder creativo de la oscuridad de las profundidades (tohu vabohu): «La divinidad surge de esas profundidades rebeldes, sobre las cuales el lenguaje recupera el aliento… La teología necesita la deconstrucción del supremacismo sutil del espíritu occidental».

Este no es el espíritu triunfalista de Hechos 2,1-4, sino lo que el teólogo Shelly Rambo (de la Universidad de Boston) llama el Espíritu Medio. Rambo, terapeuta de traumas convertido en teólogo (autor de Spirit and Trauma), se conecta con el Espíritu que permanece y siempre permanecerá, sin que importe cuánto tiempo duren las consecuencias del trauma. El Espíritu está trabajando en y a través del coronavirus, en medio de todo el dolor y el caos que produce. ¡Este es el Espíritu que persiste, no el que todo lo conquista!

Partos, medos, elamitas y compañía tenían buenas razones para alegrarse, siempre fortalecidos por el Espíritu queer de Dios. Sin embargo, no tenían todo resuelto. Hechos 2,12 nos informa que estaban a la vez asombrados y perplejos. ¿Era el Espíritu Medio en lugar del Espíritu Triunfante quien los acompañaba en su camino? ¡Ellos también tuvieron su trauma y sus luchas queer, sin embargo, aguantaron y sobrevivieron!

Entonces, por favor, en este domingo de Pentecostés de 2020, dejemos el aposento alto, dejemos a los patriarcas encerrados para controlar las lenguas de fuego. En cambio, ¡salgamos a las calles con los partos, los medos y los elamitas, y juntos aplaudamos una homilía diferente, para fundamentar nuestra esperanza y significado en estos tiempos llenos de Espíritu, ¡aunque tan inquietantes!

Diarmuid O’Murchu  

Fuente Fe Adulta

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“Barro animado por el Espíritu”. 31 de mayo de 2020. Pentecostés (A). Juan 20, 19-23.

domingo, 31 de mayo de 2020
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resucitoJuan ha cuidado mucho la escena en que Jesús va a confiar a sus discípulos su misión. Quiere dejar bien claro qué es lo esencial. Jesús está en el centro de la comunidad, llenando a todos de su paz y alegría. Pero a los discípulos les espera una misión. Jesús no los ha convocado solo para disfrutar de él, sino para hacerlo presente en el mundo.

Jesús los «envía». No les dice en concreto a quiénes han de ir, qué han de hacer o cómo han de actuar: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Su tarea es la misma de Jesús. No tienen otra: la que Jesús ha recibido del Padre. Tienen que ser en el mundo lo que ha sido él.

Ya han visto a quiénes se ha acercado, cómo ha tratado a los más desvalidos, cómo ha llevado adelante su proyecto de humanizar la vida, cómo ha sembrado gestos de liberación y de perdón. Las heridas de sus manos y su costado les recuerdan su entrega total. Jesús los envía ahora para que «reproduzcan» su presencia entre las gentes.

Pero sabe que sus discípulos son frágiles. Más de una vez ha quedado sorprendido de su «fe pequeña». Necesitan su propio Espíritu para cumplir su misión. Por eso se dispone a hacer con ellos un gesto muy especial. No les impone sus manos ni los bendice, como hacía con los enfermos y los pequeños: «Exhala su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo».

El gesto de Jesús tiene una fuerza que no siempre sabemos captar. Según la tradición bíblica, Dios modeló a Adán con «barro»; luego sopló sobre él su «aliento de vida»; y aquel barro se convirtió en un «viviente». Eso es el ser humano: un poco de barro alentado por el Espíritu de Dios. Y eso será siempre la Iglesia: barro alentado por el Espíritu de Jesús.

Creyentes frágiles y de fe pequeña: cristianos de barro, teólogos de barro, sacerdotes y obispos de barro, comunidades de barro… Solo el Espíritu de Jesús nos convierte en Iglesia viva. Las zonas donde su Espíritu no es acogido quedan «muertas». Nos hacen daño a todos, pues nos impiden actualizar su presencia viva entre nosotros. Muchos no pueden captar en nosotros la paz, la alegría y la vida renovada por Cristo. No hemos de bautizar solo con agua, sino infundir el Espíritu de Jesús. No solo hemos de hablar de amor, sino amar a las personas como él.

José Antonio Pagola

 

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. Domingo 31 de mayo de 2020. Pentecostés

domingo, 31 de mayo de 2020
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34-PentecostesB cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Salmo responsorial: 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo
Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

El relato de Hechos que leemos en la primera lectura es una construcción del escritor lucano. Su finalidad es eminentemente teológica. No es un acontecimiento cronológico sino kairótico en la misma línea de la fiesta de la ascensión que celebramos y comentamos el domingo pasado. Lucas recoge la «fiesta de las semanas» del antiguo Israel. Esta fiesta se celebraba para conmemorar la llegada del pueblo al Sinaí. La entrega de las tablas de la Ley a Moisés en medio de truenos relámpagos y viento huracanado.

El redactor de Hechos toma los elementos simbólicos de resonancia cósmica para manifestar que es una intervención de Dios. Quiere significar la irrupción del Espíritu Santo en la historia humana. Es el comienzo de la etapa definitiva en la historia de la salvación. Es el comienzo de la predicación del evangelio por parte de la Iglesia apostólica. Estos elementos también recuerdan el anuncio profético del «Día del Señor». Este pasaje entrelaza elementos históricos y escatológicos. El Espíritu empuja a la Iglesia más allá de las fronteras geográficas y culturales. Por eso todos entienden el mensaje en su propia lengua. Allí se han dado cita todos los pueblos hasta entonces conocidos indicando la universalidad del mensaje evangélico. Otro elemento importante es el aspecto comunitario: los discípulos están reunidos en comunidad y el anuncio inaugura una nueva comunidad.

En la primera de Corintios Pablo enfatiza la acción del Espíritu en la vida de los creyentes y en la construcción de la Comunidad eclesial. Conciente de las divisiones que se vivían al interior de esta comunidad insiste en que los dones, los carismas, los ministerios y los servicios proceden de un mismo Espíritu. Por lo tanto todos los carismas, dones y ministerios están en función del crecimiento de la Iglesia. La acción del Espíritu cualifica la misión de la Iglesia en el mundo y no sólo para la santificación individual. El Espíritu articula interiormente la misión de Jesús y la misión de la Iglesia.

El cuarto evangelio presenta dos escenas contrastantes. En primer lugar, los discípulos encerrados en una casa, llenos de miedo y al anochecer. En segundo lugar, la presencia de Jesús que les comunica la paz, les muestra sus heridas como signo de su presencia real, se llenan de alegría y Jesús les comunica el Espíritu que los cualifica para la misión. El miedo, la oscuridad y el encerramiento de «la casa interior» se transforman ahora con la presencia de Jesús en paz, alegría y envío misionero. Son signos tangibles de la acción misteriosa y transformante del Espíritu en el interior del creyente y de la comunidad. Resurrección, ascensión, irrupción del Espíritu y misión eclesial aparecen aquí íntimamente articuladas. No son momentos aislados sino simultáneos, progresivos y dinamizadores en la comunidad creyente.

Jesús cumple sus promesas. Les ha prometido a sus discípulos que pronto regresará, que nos les dejará solos. Les ha dicho que el Espíritu Santo de Dios les asistirá para que entiendan todo lo que él les ha anunciado. Así lo hace. Ahora les comunica el Espíritu que todo lo crea y lo hace nuevo. Jesús sopla sobre ellos como Dios sopló para crear al ser humano. Ellos son las personas nuevas de la creación restaurada por la entrega amorosa de Jesús.

La violencia, la injusticia, la miseria y la corrupción en todos los ámbitos de la sociedad nos llenan de miedo, desaliento y desesperanza. No vemos salidas y preferimos encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros asuntos individuales y olvidarnos del gran asunto de Jesús. Entonces es cuando él irrumpe en nuestro interior, traspasa las puertas del corazón e ilumina el entendimiento para que comprendamos que no nos ha abandonado. El sigue presente en la vida del creyente y en el seno de la comunidad. Sigue actuando a través de muchas personas y organizaciones que se comprometen a cabalidad para seguir luchando contra todas las formas de pecado que deshumanizan y alienan al ser humano. El Espíritu de Dios sigue actuando en la historia aunque aparentemente no lo percibamos. No es necesario hacer tanta bulla para decir que el Espíritu está actuando. Muchas veces no lo sentimos porque actúa en forma muy sencilla a través de gestos que pueden pasar desapercibidos.

¿Qué signos de la presencia dinamizadora del Espíritu de Dios podemos percibir en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Conocemos personas que actúan bajo la acción del Espíritu? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para descubrir y potenciar los dones y ministerios que el Espíritu sigue suscitando en personas y comunidades?

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Conviene que me vaya, pues si no me fuere no vendría el Espíritu Santo a vosotros.

domingo, 31 de mayo de 2020
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cuadro-manos-de-dios-y-adan-detalle-de-la-creacionDel blog de Xabier Pikaza:

 Pentecostés: Presencia del Dios ausente. Somos Espíritu Santo

Pedimos milagros… olvidando que nosotros mismos somos el Milagro de la Vida de Dios,Pentecostés, la Tercera Persona de la Trinidad. Del Padre Dios y de Cristo venimos nosotros: Somos sus manos, su ojos, su fuego y camino de amor. Somos el Espíritu Santo. 

Así lo dijo Jesús, en nombre de Dios, en la fiesta de su Noche:«Conviene que me vaya; pues si no me fuere el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré» (Jn 16, 7).

Ésta son las palabras fundamentales de Pentecostés, según el evangelio de Juan:  Sólo si Dios se ha ido, si no le buscamos como antes, sólo sí Jesús nos ha dejado para estar, para ser, para quedarse en nosotros , podemos y debemos ser Dios (y Jesús) en nuestra propia vida, unos en, con y para otros.

El evangelio de Juan, con su fiesta de Pentecostés, es, ante todo, la fiesta y el gozo de que Dios haya ido, de que no esté a la mano, de un modo maravilloso, para que nosotros mismos seamos presencia de Dios.

La ausencia de Jesús suscita así la más honda presencia de su amor, como recuerdo, como  plenitud personal y comunicación comunitaria. Así podemos afirmar que Jesús vuelve Presencia total en su Ausencia o, mejor dicho, está del todo presente, en forma de ausencia creadora,  pues nosotros mismos somos él, Vida de Dios en la tierra.

Se nos ha ido Dios, es evidente, en este 2020. Ya no está como antes, como un «mundo de poder», como una cosa más grande entre las otras, como un Poder de milagros externos, a manos de Reyes y Sumos Sacerdotes. Se ha ido quedándose y así somos Dios Vivo en nuestra vida de experiencia radical de ser, de amor, de esperar… En esa línea celebramos hoy la fiesta de Pentecostés, 31,5. 3020.

EMPECEMOS HABLANDO DE ORACIÓN

un-mundo-obscuroPedimos a Dios cosas… Pero Dios no nos concede ninguna cosa. Viene él, como Vida de nuestra vida

1. Evangelio de Mateo: Pedimos a Dios cosas, él nos da su Reino, es decir, las «cosas buenas» de la vida, que somos nosotros en él, él nosotros.

Ésta es la enseñanza fundamental de Jesús: “Pedid y se os dará, buscada y hallaréis… pues vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenos a quienes le pidan” (Mt 7, 7.11). Pedir significa buscar con intensidad…Si pedimos así, si buscamos intensamente, Dios nos dará cosas buenas, alto que está más allá de todos nuestros deseos.

Esas cosas buenas que Dios nos concede son su reino,  su vida en nosotros. Así  sigue diciendo el evangelio: Buscad el Reino…  y todas las cosas se os darán por añadidura (Mt 6, 33). Buscar el Reino de Dios. Con el reino de Dios viene todo…

2. Evangelio de Lucas. Pidamos lo que pidamos, Dios nos dará el Espíritu Santo. Pedimos cosas… Dios nos concede su Espíritu, que nosotros seamos, que él sea en nosotros.

 Así traduce Lucas la  enseñanza de Jesús diciendo: “Pedid y se os dará… pues el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes le piden” (Lc 11, 9.13).

 Mateo decía: Pedid y Dios o dará cosas mejores. Lucas traduce: Pidáis lo que pidáis, haciéndolo de verdad, recibiréis el Espíritu Santo: Vendrá Dios, habitará en vosotros, como Palabra hecha Vida creadora, de forma que vosotros con el Espíritu (es decir, el Espíritu en/por vosotros) realizará la obra de Dios-

En esa línea se sitúa la famosa variante de algunos manuscritos de Lc 11, 2, en los que, en lugar de “venga tu Reino” se dice venga tu Espíritu SantoSanto (cf. Nestlé‒Aland, Novum Testramentum Graece, DB, Stuttgart 1998,195). Éste es el “Padrenuestro” de la Comunidad del Paráclito (y de la liturgia de conjunto de la Iglesia) que identifica la venida del Reino con la venida del Espíritu Santo.

Se ha dicho con frecuencia, a veces con tono irónico y aanti‒eclesial, queJesús prometió el Reino de Dios, pero de hecho vino la Iglesia.  Eso es verdad: Jesús anunció el Reino, y hemos venido NosotrosJesús anunció y preparó el Reino de la teología del AT, pero lo hizo de tal forma que, en el fondo, ese Reino se identifica  con el Espíritu Santo, es decir, con la presencia de Dios en la vida de los hombres. Esta es la Idea de fondo de la obra clave de A. Loisy, L’Évangile et l’Église, Picard, Paris 1902.

PENTECOSTÉS SIGNIFICA QUE DIOS MISMO ES NUESTRA VIDA, QUE SOMOS ESPÍRITU DE DIOS SOBRE LA TIERRA.

 gran-regalo-espiritu-santo-790x350-1280x720Yo pediré al Padre y os dará el Paráclito. Jesús mismo pide por nosotros… y nos promete el «Paráclito». Lo que Dios nos da es que seamos él, que él sea en nuestra vida. 

 ‒ Rogaré al Padre y os enviará otro Paráclitoa fin de que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Jesús había sido defensor de sus discípulos (el Primer Paráclito, consuelo en el amor). Pero, culminado su camino, “ascendido a Dios”, él ruega al Padre que envíe Otro Paráclito, el Espíritu Santo (cf. Mc 13, 11), para defender a sus seguidores, amenazados, perseguidos, en medio de en la prueba. En un sentido, Jesús se va, ya no acompaña a los creyentes de un modo inmediato, pero él pide al Padre que les envía «otro Paráclito», presencia interior y compañía, en comunión y comunicación activa (no os dejaré huérfanos: Jn 14, 18).

‒ Un conocimiento más hondo: “Pero el Paráclito…, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26). El Espíritu “recuerda”, esto es, permite entender y revivir, en línea personal y en comunión de amor (comunicación, consuelo mutuo), el mensaje y vida de Jesús, reinterpretando su camino, en verdad (en conocimiento: ¡os lo enseñará todo!) y en vida (retomando el camino y las obras de Jesús). Eso significa que los discípulos saben por sí mismo, no dependen de la instrucción externa de otros.

Espíritu y testimonio: «Cuando venga el Paráclito, a quien yo enviaré del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio» (Jn 15,26-27). La verdad más honda, la obra más intensa se identifica con el testimonio de la propia vida. No se trata, pues, de hacer obras externas: construir edificio, hacer escuelas hospitales…Eso puede ser importante, pero sólo en la medida realicen la obra suprema de Jesús que consiste en dar testimonio de la verdad (cf. Jn 18, 37).

Jesús abre un lugar para sus discípulos: «Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16, 7). Hay una presencia de Jesús que ha debido terminar; en un sentido, él tiene que irse para que hagamos nosotros. Su grandeza no está en hacer por nosotros, negándonos así o sustituyéndonos, sino abriendo un hueco, para que nosotros mismos podamos ser y hacer, realizando sus obras y aún mayores. Somos así testigos del Señor ausente, presencia del Dios escondido, de forma que él (Dios, el mismo Jesús) se haga palabra por medio de nosotros.

4. Profundización. Pentecostés: Es la «fiesta», la presencia de Dios en nuestra vida, conforme a los cuatro textos del Paráclito en el evangelio de Juan: 

  1. Espíritu de la Verdad: «Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros por siempre» (Jn 14, 16). Jesús había defendido a sus discípulos; pero ha culminado su camino pascual y no está con ellos como antes. Por eso pide al Padre que les envíe otro Paráclito, presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: Jn 14, 18): el Espíritu de la Verdad, que el mundo, sometido a la mentira y división, no puede acoger, ni comprender, el Espíritu del Conocimiento de Dios, que vincula a todos los hombres (cf. Jn 17, 1-3). Queremos tener cosas, pero Dios nos da su verdad, comprender el sentido de la vida.
  2. Os lo enseñará todo: Conocer a Dios. Los hombres tienden a luchar sin fin, en plano de sistema, porque no tienen la gracia de la libertad y comunión de Dios en Cristo. «Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho» (Jn 14, 26). Ese Paráclito es Maestro interior que enseña a los fieles los dos mandamientos primeros: Conocer a Dios y amar a los hermanos. Sólo por experiencia interior, vinculada al magisterio personal del Espíritu (por nuestra verdad interior), podemos conocer a Dios, superando las razones y sistemas cerrados, de mentira, de un mundo que intenta aprovecharse de nosotros.
  3. Verdad del Testimonio. «Cuando venga el Paráclito, a quien enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio» (Jn 15:26-27). Los creyentes no demuestran a Dios con palabra racionales o teorías, sino que lo muestran con su vida: no son filósofos, sino testigos; no imponen un sistema sacral o social, sino que se presentan ellos mismos, como signo de la Vida de Dios en el Espíritu de Cristo, en experiencia de amor personal. No hay otra verdad que el testimonio personal de vida.
  4. Al liberarnos de una ley particular (en línea de talión o sistema político-social), el Espíritu de Dios nos abre a todos los hombres, no por conquista o sumisión (como el imperio romano), sino por conocimiento vital: « Esta es la Vida eterna, que te conozcan a ti, el Dios Uno y Verdadero, y a tu enviado Jesucristo» (cf. Jn 17, 3). Así lo ha destacado Jn en los pasajes del Paráclito, que repito y comento de nuevo en esta perspectiva: 

    1. Verdad del Testimonio. «Cuando venga el Paráclito, a quien enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio» (Jn 15:26-27). Los creyentes no demuestran a Dios con palabra racionales o teorías, sino que lo muestran con su vida: no son filósofos, sino testigos; no imponen un sistema sacral o social, sino que se presentan ellos mismos, como signo de la Vida de Dios en el Espíritu de Cristo, en experiencia de amor personal.
    2. Conviene que me vaya…   La ausencia del Dios exterior suscita una más honda presencia en libertad y recuerdo, en plenitud personal y comunicación comunitaria. Así podemos afirmar que Jesús vuelve desde su ausencia, fundando la comunión de los creyentes, en medio de un mundo al que convence «de pecado, justicia y juicio» (cf. Jn 16, 8-11), inaugurando así una teodicea de tipo pneumatológico, que se expresa y decide a lo largo de la historia, como seguiremos indicando.
    3. Ésta es la teología del Espíritu, del Dios presente. Muchos han hablado de una crisis de la racionalidad, no para rechazarla, sino para enraizarla mejor. Descartes tuvo que apelar a Dios, más allá de las razones claras y distintas, para que no flotaran sobre el vacío. Kant descubrió la insuficiencia de la razón pura (incapaz de explicarse a sí misma) y buscó una razón práctica, que le llevó a postular la existencia de Dios. También Marx quiso superar la razón lógica (que acaba siendo ideología del sistema), para descubrir principios más hondos, de tipo económico-social. Especialistas de esa ruptura epistemológica han sido los filósofos judíos (Rosenzweig, Lévinas), que elevan frente al Todo (sistema) de la filosofía y ciencia un Infinito de trascendencia, que está cerca del Espíritu de Jesús (que está cerca de la comunión entre los hombres)[2]
    4. Es la Teología de la libertad y la gracia.  Un tipo desabiduría (griegos) y un tipo de ley judía (que Pablo llama carnal) dividía y enfrentaba a los hombres en sistemas de violencia, haciéndoles incapaces de dialogar. En contra de eso, Pablo, Lucas y el conjunto del Nuevo Testamento interpretan el Espíritu como Poder de comunión, que vincula a los hombres de un modo gratuito, superando el nivel de unas leyes que escinden, oprimen y expulsan a un tipo de personas. El tema de la teodicea define así la tarea principal de nuestro tiempo: defender a Dios significa crear comunión universal, superando un sistema de divisiones y violencias, que enfrenta a los hombres… En esa línea, el Espíritu Santo es la experiencia de la vida compartida[4].
    5. Esta es la teología de la verdad final, de la plenitud de la historia de los hombres, que son presencia de Dios.  Saber que hay Dios significa afirmar el sentido de la historia, de nuestra propia vida, en nuestro tiempo de coronavirus. Por eso, ella no es arrojo suicida (no quiere el fin de todo lo que existe), ni pura búsqueda intimista, sino apertura al juicio de la historia. Estamos inmersos en un drama, amenazados por adversarios y jueces que no conocen a Dios y nos encierran en la caja de poderes del sistema, en línea de puro talión (ley y venganza). Pero tenemos un testigo más alto de Dios que es Jesús y hemos recibido su Paráclito, que enseña la verdad, dando testimonio de Dios, a favor de todos, en y con todos los seres humanos.

      Notas

    [1] Ésta es una teología de la  experiencia interior y testimonio personal. Nadie ha visto a Dios, pero Jesús, que estaba en el seno de Dios, nos lo ha revelado por su Espíritu (cf. Jn 1, 18). Nadie ha visto a Dios, pero aquellos que aman a los otros le conocen, porque Dios es Amor (1 Jn 4, 8.12). Dios es Espíritu y sólo en Espíritu y Verdad podemos adorarle (Jn 4, 24). No le conocemos sólo porque vendrá al fin del tiempo), sino porque ha venido y nos ha dado su Paráclito.

    [2] Los creyentes descubren a Dios por Cristo, desbordando la violencia y talión de un sistema de poder que domina sobre el mundo, porque el Espíritu es amor (1 Cor 13), conocimiento en libertad. Solo superando en gracia las razones y juicios del sistema, se exprese lo divino.

    [3] Entendida así, la libertad no es una simple ruptura del sistema (que nos lleva más allá del orden cósmico y social) y de los grupos especiales de elegidos (que Pablo vincula con la carne: Flp 3, 4), sino descubrimiento y despliegue de una creatividad gratuita, fundada en Jesús, abierta a todos los hombres. Dios es libertad, pero no desde la nada o el capricho, sino como Gracia y Amor que se revela en el camino de los hombres (cf. Shema: Dt 6, 4-5; Jn 3, 16). Por eso nos parece insuficiente el imperativo kantiano, que sigue en un plano de ley; como indicará el capítulo siguiente.

    [4] Se puede discutir si hay libertad y gracia, pero lo indudable es existe un riesgo muy grave de violencia. Hasta ahora, los hombres hemos venido manteniendo formas de solidaridad grupal o nacional fundadas en principios culturales y religiosos. Pero ellas parecen agotarse, como M. Weber y E. Durkheim dijeron ya a principios del siglo XX. Se han secado los viejos principios, no han surgido unos mejores (ni marxismo histórico, ni capitalismo actual). Por eso queda abierta la tarea de la teodicea, el amor que se expresa en una comunicación creadora (que engendre hijos en amor), abierta a todos los hombres, como suponía D. Bonhöffer, Etica,Estela, Barcelona 1968, pp. 9-10.

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Domingo de Pentecostés. Ciclo A.

domingo, 31 de mayo de 2020
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250px-Pentecostés_(El_Greco,_1597)Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Para el Greco, María Magdalena vale por ciento siete

La liturgia de la misa no ha tratado muy bien al Espíritu Santo. En el Gloria, después de extenderse en el Padre y el Hijo, al final, casi por compromiso, se añade: «con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre». Y el Credo, aunque lo reconoce «Señor y dador de vida», da más importancia a su relación con las otras personas divinas («procede del Padre y del Hijo») y limita su acción al Antiguo Testamento («habló por los profetas»). Afortunadamente, los textos bíblicos ofrecen una imagen mucho más rica. Pero también más compleja, porque Lucas y Juan ofrecen dos versiones muy distintas del don del Espíritu Santo; cada uno quiere ofrecer un mensaje peculiar. Pero es preferible comenzar por el texto más antiguo, el de la primera carta a los Corintios (escrita hacia el año 51).

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

            En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (antes de que el clero los monopolizase casi todos). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Volvemos a las dos versiones del don del Espíritu: Hechos y Juan.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

            A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Ya lo había anunciado el profeta Joel cuando dijo que el Señor enviaría su espíritu sobre todos los israelitas sin distinción de género (hijos e hijas) de edad (ancianos y jóvenes) ni de clase social (siervos y siervas). Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, era unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por diez). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

― ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

            La representación pictórica más famosa de esta escena es la del cuadro de El Greco, conservado en el museo del Prado. Hay en él un detalle que puede pasar desapercibido: junto a la Virgen se encuentra María Magdalena. Por consiguiente, el Espíritu Santo no baja solo sobre los Doce (representantes de los obispos) sino también sobre la Virgen (se le permite, por ser la madre de Jesús) e incluso sobre una seglar de pasado dudoso (a finales del siglo XVI María Magdalena no gozaba de tan buena fama como entre las feministas actuales). El Greco no podía pintar una comunidad de ciento veinte personas, pero ha sugerido la diversidad y totalidad del don a través de la Magdalena.

La versión de Juan 20, 19-23

            Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

            Este pasaje ya lo leímos el segundo domingo de Pascua. En el comentario que entonces envié destacaba los distintos temas: el miedo de los discípulos, el saludo de Jesús, la prueba de las manos y el costado, la alegría de los discípulos, la misión y el don del Espíritu. Recuerdo lo que dije a propósito del último tema, fundamental en la fiesta de hoy.

            Los evangelios de Mc y Mt no dicen nada de este don, y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Conclusión

            Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

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31 de Mayo. Domingo de Pentecostés. Ciclo A

domingo, 31 de mayo de 2020
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Pentecostés

“- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

Recibid el Espíritu Santo.”

(Jn 20, 19-23)

Tú nos dejas tu Espíritu Santo, nosotras te habríamos pedido un manual de instrucciones. Suerte que no nos preguntaste.

Pero otros poderes que buscan manejarnos saben que, mezclada con nuestra ansia de libertad, llevamos una buena dosis de inseguridad. El miedo es la puerta ancha por la que desde siempre han entrado los dominadores de todos los tiempos.

Hoy se nos hace creer que somos libres si nos ponemos bajo el yugo del consumo. La publicidad es el manual de instrucciones. Ella nos explica cómo triunfar, cómo ser feliz, cómo tener éxito.

Alguien ha diseñado minuciosamente cómo debemos comportarnos, qué debe preocuparnos y también nos suministran los entretenimientos oportunos para que no pensemos demasiado.

Lo de la compensación- insatisfacción funciona a la perfección. Se crea una necesidad, un deseo. Se ofrece algo para satisfacer ese deseo. Pero solo de una manera parcial. Así de la compensación lo que recibimos es insatisfacción. Es el mecanismo del consumismo.

Sin embargo este sistema no genera gente feliz. Poco a poco vamos descubriendo sus engaños y resulta que solo la libertad que viene del Espíritu es la que le da sentido a la vida.

Esa falta de “manual de instrucciones” es lo que nos hace crecer en responsabilidad. Vencer nuestros miedos y hacer opciones valientes.

Jesús resucitado nos vuelve a recrear. Como al principio del Génesis (Gn 2, 7), sopla su aliento de vida y el Espíritu se une a nuestra humanidad, se hace compañía y fuerza trasformadora.

El Espíritu en su incansable labor nos despierta, generación tras generación. Nos libera de todos aquellos poderes engañosos. Y nos hace crecer en lo que somos: Hijas amadas.

Oración

A modo de oración te invito a escuchar esta canción con el hermoso texto de la secuencia del Espíritu (Solo haz clic aquí).

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios es Espíritu y lo inunda todo.

domingo, 31 de mayo de 2020
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lengua-de-fuegoJn 20, 19-23

Los textos que leemos este domingo hacen referencia al Espíritu, pero de muy diversa manera. Ninguno se puede entender al pie de la letra. Es teología que debemos descubrir más allá de la literalidad del discurso. Las referencias al Espíritu, tanto en el AT (377 veces) como en el NT no podemos entenderlas de una manera unívoca. Apenas podremos encontrar dos pasajes en los que tengan el mismo significado. Algo está claro: en ningún caso en toda la Biblia podemos entenderlo como una entidad separada

Pablo aporta una idea genial al hablar de los distintos órganos. Hoy podemos apreciar mejor la profundidad del ejemplo porque sabemos que el cuerpo mantiene unidas a billones de células que vibran con su propia vida. Todos formamos una unidad mayor y más fuerte aún que la que expresa en la vida biológica. El evangelio de Juan escenifica también otra venida del Espíritu, pero mucho más sencilla que la de Lucas. Esas distintas “venidas” indican que Dios-Espíritu-Vida no tiene que venir de ninguna parte.

No estamos celebrando una fiesta en honor del Espíritu Santo ni recordando un hecho que aconteció en el pasado. Estamos tratando de descubrir y vivir una realidad que está tan presente hoy como hace dos mil años. La fiesta de Pentecostés es la expresión más completa de la experiencia pascual. Los primeros cristianos tenían muy claro que todo lo que estaba pasando en ellos era obra del Espíritu-Jesús-Dios. Vivieron la presencia de Jesús de una manera más real que su presencia física. Ahora, era cuando Jesús estaba de verdad realizando su obra de salvación en cada uno de los fieles y en la comunidad.

Pablo dijo: sin el Espíritu no podríamos decir: Jesús es el Seño (1 Cor 12,3)”. Ni decir: “Abba” (Gal 4,6). Pero con la misma rotundidad hay que decir que nunca podrá faltarnos el Espíritu, porque no puede faltarnos Dios en ningún momento. El Espíritu no es un privilegio ni siquiera para los que creen. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser a Dios-Espíritu, aunque no seamos conscientes de ello. El Espíritu no tiene dones que darme. Es Dios mismo el que se da, para que yo pueda ser lo que soy.

Cada uno de nosotros estamos impregnados de ese Espíritu-Dios que Jesús prometió (dio) a los discípulos. Solo cada persona es sujeto de inhabitación. Los entes de razón como instituciones y comunidades, participan del Espíritu en la medida en que lo viven los seres humanos que las forman. Por eso vamos a tratar de esa presencia del Espíritu en las personas. Por fortuna estamos volviendo a descubrir la presencia del Espíritu en todos y cada uno de los cristianos. Somos conscientes de que, sin él, nada somos.

Ser cristiano consiste en alcanzar una vivencia personal de la realidad de Dios-Espíritu que nos empuja desde dentro a la plenitud de ser. Es lo que Jesús vivió. El evangelio no deja ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios-Espíritu: fue una relación “personal”; Se atreve a llamarlo papá, cosa inusitada en su época y aún en la nuestra; hace su voluntad; le escucha siempre. Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar esa experiencia de Dios. Toda su predicación y todas sus acciones estuvieron encaminadas en hacer ver a los que le seguían que tenían que vivir esa misma experiencia para que todos alcanzasen la plenitud de humanidad que le alcanzó.

El Espíritu nos hace libres. “No habéis recibido un espíritu de esclavos, sino de hijos que os hace clamar Abba, Padre”. El Espíritu tiene como misión hacernos ser nosotros mismos. Eso supone no dejarnos atrapar por cualquier clase de esclavitud alienante. El Espíritu es la energía que tiene que luchar contra las fuerzas desintegradoras de la persona humana: “demonios”, pecado, ley, ritos, teologías, interese, miedos. El Espíritu es la energía integradora de cada persona y también la integradora de la comunidad.

A veces hemos pretendido que el Espíritu nos lleva en volandas desde fuera. Otras veces hemos entendido la acción del Espíritu como coacción externa que podría privarnos de libertad. Hay que tener en cuente que estamos hablando de Dios que obra desde lo hondo del ser y acomodán­dose totalmente a la manera de ser de cada uno, por lo tanto esa acción no se puede equiparar ni sumar ni contraponer a nuestra acción, se trata de una moción que en ningún caso violenta ni el ser ni la voluntad del hombre.

Si Dios-Espíritu está en lo más íntimo de todos y cada uno de nosotros, no puede haber privilegiados en la donación del Espíritu. Dios no se parte. Si tenemos claro que todos los miembros de la comunidad son una cosa con Dios-Espíritu, ninguna estructura de poder o dominio puede justificarse apelando a Él. Por el contrario, Jesús dijo que la única autoridad que quedaba sancionada por él, era la de servicio. «El que quiera ser primero sea el servidor de todos.» O, «no llaméis a nadie padre, no llaméis a nadie Señor, no llaméis a nadie maestro, porque uno sólo es vuestro Padre, Maestro y Señor.»

El Espíritu es la fuerza de unión de la comunidad. En el relato de los Hechos de los Apóstoles, las personas de distinta lengua se entienden, porque la lengua del Espíritu es una sola, la del amor, que todos entienden. Es lo contrario de lo que pasó en Babel. Este es el mensaje teológico del relato de los Hechos. Dios-Espíritu-amor hace de todos los pueblos uno, “destruyendo el muro que los separaba, el odio”. Durante los primeros siglos el Espíritu fue el alma de la comunidad. Se sentían guiados por él y se daba por supuesto que todo el mundo tenía experiencia de su acción y se dejaba guiar por él.

Jesús promueve una fraternidad cuyo lazo de unidad es el Espíritu-Dios. Para las primeras comunidades, Pentecostés es el fundamento de la Iglesia naciente. Está claro que para ellas la única fuerza de cohesión era la fe en Jesús que seguía presente en ellos por el Espíritu. No duró mucho esa vivencia generalizada y pronto dejó de ser comunidad de Espíritu para convertirse en estructura jurídica. Cuando faltó la cohesión interna, hubo necesidad de buscar la fuerza de la ley para subsistir como comunidad.

“Obediencia” fue la palabra escogida por la primera comunidad para caracterizar la vida y obra de Jesús en su totalidad. Pero cuando nos acercamos a la persona de Jesús con el concepto equivocado de obediencia, quedamos desconcertados, porque descubrimos que no fue obediente en absoluto, ni a sus familiares, ni a los sacerdotes, ni a la Ley, ni a las autoridades civiles. Pero se atrevió a decir: “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”. La voluntad de Dios no viene de fuera, sino que es nuestro verdadero ser.

Para salir de una falsa obediencia debemos entrar en la dinámica de la escucha del Espíritu que todos poseemos y nos posee por igual. Tanto el superior como el inferior, tienen que abrirse al Espíritu y dejarse guiar por él. Conscientes de nuestras limitaciones, no solo debemos experimentar la presencia de Espíritu, sino que tenemos que estar también atentos a las experiencias de los demás. Creernos privilegiados, o superiores con relación a los demás, anulará una verdadera escucha del Espíritu.

Meditación

Dios-Espíritu es la base de todo proceso espiritual.
El místico, lo único que hace es descubrir y vivir esa presencia.
La experiencia mística es conciencia de unidad
porque mi yo se ha fundido en el YO.
No te esfuerces en encontrar a Dios ni fuera ni dentro.
Deja que Él te encuentre a ti y te transforme.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Con las puertas bien cerradas.

domingo, 31 de mayo de 2020
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puertas-cerradasUn barco en el puerto es seguro, pero no es para eso para lo que se construyen las naves; navegad en el mar y haced cosas nuevas (Paulo Coelho en El peregrino de Compostela)

31 de mayo. DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Jn 20, 19-23

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas por miedo de los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio de ellos y les dice: Paz con vosotros 

Apenas cierra Dios una puerta, y ya tiene una ventana abierta.

“El Señor asegura los pasos del hombre y se ocupa de sus caminos” (Sal 37, 23)

Y Jesús, esperándonos siempre con las puertas de su corazón abiertas de par en par, invitándonos a que entremos por ellas, disfrutemos del paisaje que desde su interior se contempla en plenitud de luz y de color: Turner y Monet lo hubieran tenido fácil para su paleta, siempre también saturada de irisaciones y sol.

La imagen de la puerta se repite 33 veces en la Biblia: 17 en el Antiguo Testamento y 13 en el Nuevo. En el Evangelio generalmente se refiere a la de la casa, la del hogar doméstico, donde encontramos seguridad, amor, calor.

Una puerta, que es Jesús, nunca está cerrada. Esta puerta está abierta siempre y a todos, sin distinción, sin exclusiones, sin privilegios. Transcribimos algunas de las citas:

Entonces el sumo sacerdote Eliasib se levantó con sus hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas; la consagraron y asentaron sus hojas (Nehemías 3, 1)

Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzaos vosotras, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria (Salmos 24, 7)

Le daré sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza (Oseas 2,15)

Entonces Jesús les dijo de nuevo: En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas (Juan 10, 7)

Pedid y os darán, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán (Mateo 7, 7)

Sus puertas nunca se cerrarán de día, pues allí no habrá noche (Apocalipsis 21, 25)

Y Paulo Coelho, en El peregrino de Compostela, nos invita a seguir navegando por un océano de puertas bien abiertas: “Un barco en el puerto es seguro, pero no es para eso para lo que se construyen las naves; navegad en el mar y haced cosas nuevas”. 

Pedro Soto de Rojas, poeta del Culteranismo, pide que le abran las puertas.

PERSUASIÓN

Traslada el curso de las rejas duro
con sordos pasos a las blandas puertas,
que, si pretendes las del alma abiertas,
rotas las tiene ya mi llanto puro.

Ya es pretérito el tiempo que, futuro,
pudiera hacer mis esperanzas ciertas;
las horas miro a mis espaldas muertas,
que pretendí para vivir seguro.

Abre las puertas, ángel riguroso,
para que goce con descanso amigo,
tras tormento de amor, de amor reposo;

abre, si no las puertas, un postigo;
abre, que amor no es mal contagioso
ni es, aunque tira flechas, enemigo.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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