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Presencia, suya y nuestra.

viernes, 25 de diciembre de 2020
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nacimiento-mesias_mdsvid20130328_0051_3La presencia de la Sabiduría de Dios, que sigue acampando entre nosotros, no es un misterio oculto, sino que “hemos visto su luz”. El texto del prólogo de Juan señala que el acontecimiento de la encarnación es accesible a todos cuantos creen en su nombre; antes, ahora y para el futuro. Así, para cualquier lector del evangelio de Juan, el misterio de la encarnación no es un mero recuerdo de algo que aconteció en el pasado. Es la actual transformación de quienes creen en su Palabra, en su Sabiduría y son por ello vueltos a una nueva vida, nacidos de Dios.

Esta presencia no nos deja incólumes, sino que Dios es justamente la “luz que alumbra a todo hombre” y por quien “todos hemos recibido gracia tras gracia”. El evangelio nos habla de este modo de la plenitud que ofrece Dios. Es transformación de la persona y el texto habla especialmente de quienes “no han nacido de sangre ni de amor humano ni carnal, sino que han nacido de Dios”.

Esta idea de nacer de Dios nos muestra esta imagen de Dios que engendra y da a luz a todos los que creen en su Palabra. El texto, que parece referirse en un primer momento a la presencia de la Sabiduría entre nosotros, da un giro inesperado hacia nuestro nuevo nacimiento. Hacia una nueva manera de presencia vinculada a la Sabiduría en medio nuestro y a una nueva manera de ser para quienes hemos nacido de Dios. Así puede resumirse muy bien el mensaje de Navidad resumido en el prólogo del Evangelio de Juan. De hecho, este prólogo representa una síntesis y un adelanto de todo el evangelio; podríamos decir, por poner una comparación, que es como el tráiler de una película en el que podemos intuir todo lo que se desarrollará en adelante.

El prólogo centra nuestra atención en la Sabiduría de Dios que está en medio nuestro. Y no de cualquier manera sino en la carne y “acampando” entre nosotros. El texto dice que “vino a su casa” y no contrapone esta presencia en casa con la gloria de Dios. Por el contrario, afirma que todos hemos contemplado, a partir de esta vida entre nosotros, su gloria.

Hoy quiero poner el acento en esas dos palabras “presencia” y “transformación”. La presencia de Dios también nos muestra maneras de estar presentes, aquí y ahora, justamente porque es transformadora. Este movimiento activo de Dios sigue hoy y nos enseña el verdadero significado de la Navidad: la completa transformación; el nuevo nacimiento. Y este hecho de engendrar, gestar, dar a luz… bien puede utilizarse como metáfora para la vida espiritual. En doble sentido: Dios nos da la vida; nosotros dejamos que él se encarne ahora. Se trata de una presencia real de Dios que nos transforma y de una presencia nuestra en su sentido más verdadero, como quienes hemos nacido de Dios.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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Natividad de Jesús.

viernes, 25 de diciembre de 2020
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nacimientolr_3Hermanos y hermanas, todo un Dios en pañales y en el más completo anonimato. Los caminos de Dios no son nuestros caminos.

El que va a destronar a los poderosos no se presenta como un poderoso sino como un niño pobre e indefenso. Oremos.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

• Que nuestros ojos se desconcierten pues están acostumbrados a detenerse en lo que brilla y necesitan descubrir esa señal que está en la penumbra de lo pequeño y de lo escondido.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

• Que nuestro corazón se estremezca al descubrir la necesidad de hacerse vulnerable al descubrirse llamado a transitar por caminos de ternura, de desarme, de esperanza e ilusión.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

• Que nuestros pies se pongan hacía los descampados y periferias, abandonar el descanso, sin dar importancia al polvo y salir al encuentro de los que andan perdidos.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

• Que nuestra fe se sienta débil al descubrir que por debajo de tantas vidas endurecidas, yermas, arrugadas y rotas, se esconde un niño perdido que espera que alguien reconozca su presencia.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

• Que nuestro orgullo se sienta amenazado porque para encontrar a un niño hay que bajar y no subir, hay que desprenderse de todo título y vestirse de sencillez, no hay que mandar sino amar.

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

Padre Madre buena, despierta el niño que llevamos dentro, que crezca en nosotros el deseo de la sencillez, de lo pequeño, de lo bondadoso, de lo oculto… Gracias por el Niño de Belén.

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Consuelo Vélez: Y llegamos a Navidad ¡con la pandemia a cuestas!

jueves, 24 de diciembre de 2020
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llegamos-Navidad-pandemia-cuestas_2295980381_15161048_660x371De su blog Fe y Vida:

«Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida»

«Ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace»

«Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas»

«Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento»

«Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces»

Este año hemos vivido en medio de la pandemia del covid-19, sin que lo hubiéramos esperado, ni imaginado. El mundo entero se ha visto afectado y se ha sentido impotente para detener el avance. Con mucho empeño se ha buscado una vacuna, pero ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace, “en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lc 2, 7).

Pero esa vulnerabilidad no es lo más relevante de nuestras celebraciones de navidad. Por lo general, es un tiempo lleno de alegría, esperanza, festejos, regalos, que expanden el corazón y animan el espíritu. Todo esto es muy positivo y el ciclo litúrgico de adviento/navidad así lo expresa. Sin embargo, ese ambiente festivo puede impedirnos ver el nacimiento de Jesús como realmente fue. Su encarnación no llegó con festejos, ni fue esperada por las élites representativas de su tiempo. El evangelio de Lucas nos aproxima a lo que en realidad fue: Jesús nace en un lugar apartado y los que lo reconocen son los pastores del lugar: personas insignificantes en ese contexto, que no tienen mucho que ofrecerle, más que la sencillez de su vida (Lc 2, 8-18).

Esto marca la vida de Jesús y el lugar desde el que se sitúa para ejercer su misión. Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida. Incluso, cuando sus oponentes deciden asesinarlo lo hacen con el peor castigo -la cruz- que solo se infringía a los “malditos por Dios” (Dt 21,23; Gál 3,13).

Ahora bien, a los pastores se les anuncia la llegada del Niño, como “una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc 2, 10-11). Esa es la paradoja de nuestra fe: desde la vulnerabilidad confesamos el poder de Dios; desde la pobreza, reconocemos la riqueza divina: “Conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre, a fin de que se enriquezcan con su pobreza” (2 Cor 8, 9).

Tal vez este año lleno de incertidumbres, sufrimiento, pobreza, carencias, nos abra los ojos a la verdadera humanidad de Jesús y logremos entender mejor el misterio de su encarnación y la salvación que Él nos trae.  Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas. En eso consiste la predicación de Jesús.

En un pueblo que excluía a muchos, inclusive en nombre de Dios, Él viene a anunciarles que Dios no quiere esa realidad y por eso invita a todos a sentarse en la mesa del Reino, comenzando por los últimos, por los que menos posibilidades tienen. Precisamente Él se hace uno de ellos para empezar “desde abajo”, haciendo efectiva la inclusión de los más pobres y marginados.

Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento, en otras palabras, los derechos fundamentales para una vida digna. Navidad nos confronta con la injusticia del mundo que deja a tantos en la insignificancia y en las márgenes. Navidad, desde la experiencia de la pandemia, nos hace mirar las consecuencias de las estructuras que sostienen nuestro mundo actual en las que unos pocos gozan de todos los beneficios y la mayoría solo puede comer las migajas que caen de las mesas de los dueños o mejor de los que se apoderaron de los bienes de la tierra, que en justicia deberían ser de todos.

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La pandemia ha dejado en evidencia esta injusta realidad de nuestro mundo. Demasiadas muertes porque los hospitales, por lo general, no tienen la infraestructura para contener casos como estos ya que solo se accede a buenos servicios si se paga grandes cantidades de dinero por una salud privada.

Demasiadas personas sin una casa digna para vivir la cuarentena y ha contrastado, por ejemplo, las grandes mansiones desde donde algunos artistas brindaron conciertos por internet, con aquellos barrios marginales, de calles llenas de gente, porque en la habitación en que vive toda una familia, es imposible estar encerrados, cuidándose del virus.

Tantas otras realidades quedaron evidentes en este año de pandemia y esto es lo que podemos traer en esta navidad para vivirla con la profundidad que el misterio de la encarnación supone. Si los reyes magos trajeron incienso, oro y mirra (Mt 2, 11-12), nosotros traemos un año lleno de dolor, muerte, enfermedad, temor, incertidumbre, pero también, lleno de solidaridad, de fortaleza, de esperanza, de apuesta por la vida. Ahora bien: ¿qué buena noticia nos trae el Niño que nace?

Navidad alienta la esperanza de que este mundo, tal y como ha manifestado ser en esta pandemia, tiene que cambiar para mejor. El Niño del pesebre ha venido para quedarse entre nosotros y acogerlo es construir un futuro que esté preparado para afrontar mejor la vulnerabilidad humana y, sobre todo, para garantizar -desde ahora- las condiciones necesarias para cuidar la vida en pandemia y sin ella, en tiempos difíciles y en tiempos fáciles. En otras palabras, Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces.

(Foto tomada de: https://periodicolaultima.com/2016/12/24/nino-jesus-en-el-pesebre/)

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Victorino Pérez Prieto: ¿Suprimir la Navidad?

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Leía hace unos días en un diario que uno de los científicos que se ocupan de la pandemia (Javier Sampedro) decía que “suprimir la Navidad” este año era “ciencia”,  y que ese era el camino que deberían seguir los gobiernos para limitar la extensión de la pandemia; pues la Navidad es “un paraíso para un virus pandémico” por la multiplicación de reuniones sin precauciones. Y yo, con matices, estoy de acuerdo con eso.

 Estoy de acuerdo no sólo por las razones de salud que aconseja la situación actual, sino porque la Navidad ya dejó de ser hace tiempo lo que debería ser, y se convirtió en una caricatura esperpéntica de lo que fue en su origen y durante mucho tiempo. El gordo papá Noel inventado por la Coca-Cola y la orgía consumista –¡hay que comprar, comprar, comprar! sin compras no hay navidad- y derrochadora de un consumo energético, simbolizada ejemplarmente por la paranoia de los millones de luces que se gastan en la iluminación de nuestras ciudades, son la muestra de la degeneración del “espíritu de la Navidad”.

El origen de la Navidad es justamente lo contrario: la sencillez de la encarnación, del Dios-con-nosotros, de la encarnación humilde y el nacimiento en el seno de una familia humilde y en un lugar humilde; en armonía con la naturaleza y no en el derroche de recursos y la destrucción  de esa armonía, acogido por gente humilde y rechazado por los poderosos como una amenaza a su status. El origen de la Navidad es una luz en la oscuridad de un mundo opresor, violento, desigual y clasista.

El Evangelio –verdadero fundamento de la Navidad, aunque suele olvidarse, perdido en un mito infantilizado y manipulado- es una buena noticia, pero no para los ricos y los poderosos; para “los políticos que se dicen cristianos y niegan a los humillados de la tierra el derecho a salir de su humillación –como dice el obispo gallego Agrelo en su último mensaje-… No representa nada para un mundo que se olvida de cuidar a Cristo donde Cristo sufre, que no recibe a Cristo en los que tienen hambre, sed y frío, en las que carecen de un techo, en las que mueren de soledad… Las iglesias se llenaron de ahogaCristos y fingen comulgar con él”. El obispo de Tánger continúa su mensaje navideño: “Nos quedaremos sin buena noticia los obispos, curas, frailes y monjas, los poderosos y conformistas, que nos servimos de los pobres y del Pobre para mantener la posición, supuestos cristianos que justificamos el horror que padecen los pobres, haciéndonos culpables de los males que padecen, y pensamos que, después de todo, fueron los pobres los que buscaron la muerte, hasta pensamos que fueron tan tontos que, para morir, pagaron lo que no tenían”.

Pero el Evangelio es una buena noticia para los pobres, que son los verdaderos destinatarios y los únicos realmente dispuestos a acoger la Navidad. Nosotros –como sigue Agrelo- “corremos el riesgo de quedarnos sin Navidad, aunque nuestras mesas se llenen de cosas superfluas en las que gastamos los que los pobres necesitan”.

Por eso, yo no tengo ningún interés en “salvar” esa falsa Navidad, como quiere la presidenta de la comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, que presume de cristianismos y de quien algún tonto dijo que se expresaba mejor que los teólogos actuales, por un discurso tópico y oportunista que pronunció hace unos días. No tengo ningún interés en salvar esa Navidad que ahogó hace tiempo la verdadera y se convirtió en un insulto para la Navidad de Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, que aún queremos celebrar muchos cristianos.

En realidad, el verdadero espíritu de la Navidad ni ha podido robárnoslo la orgía de consumo contemporáneo en que se han convertido estos días “navideños”, porque la verdadera Navidad no la ha inventado El Corte Inglés” -como cantaba Melendi-, ni podrán suprimirlo con el confinamiento por la pandemia, porque está entre nosotros y dentro de nosotros, como el Reino de Dios que anunció el Emmanuel. La seguiremos celebrando personal y comunitariamente –hasta donde se pueda-, como venimos haciendo desde los tiempos de Francisco de Asís, alrededor de nuestro humilde belén. Ojalá que como él sepamos tener presentes estos días no solo el misterio de Dios sino a los más pobres, que son su encarnación.

Estas palabras están dedicadas al Padre Angel, a los Mensajeros de la Paz y a tantas parroquias que abren sus puertas de par en par a los más necesitados; a ATD-Cuarto Mundo y a tantos voluntarios de Caritas y otras organizaciones que estos días se vuelcan en los verdaderos protagonistas de la Navidad: las más pobres, las mayores víctimas de esta pandemia. Y a los cristianos palestinos, que este año podrán celebrar la Navidad en la sufrida tierra de Jesús sin turistas, y ojalá al cobijo de las balas de sus hermanos judíos.

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Miguel Ángel Mesa Bouzas: No nos dejemos arrebatar la Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Refugiados_CaritasInternationalis_050117No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes desean mantener de manera inalterable lo más clásico y tradicional de la misma. Porque la verdadera Navidad nos invita cada día a volver a nacer, a renovarnos, a cambiar, a transformar, a reconstruir…

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes fomentan el odio contra los demás, contra el diferente y quien disiente. Porque la verdadera Navidad nos urge a buscar la armonía, el cuidado, la protección, la hospitalidad.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes nunca dudan y se creen en la posesión de la verdad. Porque la verdadera Navidad nace de la fragilidad existencial, de las dudas y la incertidumbre, para poder seguir caminando. Todo eso nos hace más humildes y sencillos.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes discriminan, marginan, alzan muros, ponen vallas, cierran fronteras… Porque la verdadera Navidad abre las puertas y las ventanas a la acogida, al entendimiento, a la integración, para crecer humanamente con el otro.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes con su forma de obrar mantienen las diferencias de género, de clases sociales, de riqueza y de poder. Porque la verdadera Navidad invita a la sencillez de vida, nos compromete con las personas más vulnerables, buscando la igualdad y eliminando las diferencias económicas y sociales, para crear otro mundo más fraterno, sin ningún tipo de opresión.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes piden mano dura contra los inmigrantes, contra los jóvenes que piden otro presente y futuro, contra las mujeres feministas que siguen luchando por la igualdad. Porque la verdadera Navidad es la de un Niño que tuvo que emigrar con su familia para poder sobrevivir, que se enfrentó a la tradición y a sus allegados para poder transformar la realidad, que se dejó acompañar e interpelar por las mujeres, que le ayudaron a buscar sin descanso la liberación, la igualdad, la compasión y la justicia.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes creen y predican un Cristo inalcanzable, perfecto, inflexible, excluyente. Porque la verdadera Navidad nos habla de un Jesús muy humano, débil, pobre entre los pobres, sencillo, acogedor, fraterno, revolucionario. Que perdona, reconcilia y nos llama a toda la humanidad a la más profunda felicidad, formando parte indisoluble de toda la creación.

Porque nunca dejó de ser el niño, el hijo abierto al Misterio más íntimo y apasionado de la Vida, que daba plenitud a su existencia y le enseñó a amar y solidarizarse, mediante las enseñanzas y el ejemplo que le dieron su madre y su padre, comprometidos también en la liberación de su pueblo y la construcción de un mundo mejor.

Miguel Ángel Mesa Bouzas

Fuente Fe Adulta

 

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José Arregi: La gloria de la carne.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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08-navidada4-cerezoHace 2.700 años, el primer Isaías, poeta genial, escribió: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombres descansa el poder, y es su nombre: Maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz (Is 9,5).

Siete siglos después, por los años 80 d.C., un médico evangelista llamado Lucas, otro poeta, contó: Unos pastores pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel se les apareció y les dijo: Os anuncio una gran alegría. Os ha nacido un Salvador. Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en un pesebre (Lc 2,8-16).

Una década después, un teólogo místico, autor del cuarto evangelio, cuya identidad histórica nadie conoce, pero que no es ciertamente el apóstol Juan, en el prólogo de su evangelio sentenció: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).

¿Hay forma de decir más en menos y con mayor belleza? Horizonte utópico, crítica política, sensibilidad humana, hondura mística, creación simbólica… No salgo de mi asombro, y debería simplemente escuchar, callar, mirar… y dejar que el corazón se ensanche y se fortalezcan las rodillas vacilantes. Pero déjame que vuelva a esas palabras navideñas desde estos umbrales de luz.

Un niño nos ha nacido, dice Isaías, dirigiéndose a un “pueblo que camina en tinieblas”, como tantos y tantos pueblos de hoy. No celebra el nacimiento de ningún niño, sino la entronización del nuevo rey, Ezequías, descrito como hijo de Dios dotado de atributos divinos. Pero es ironía profética. El profeta, enseñado por la historia, sabía que ningún rey será salvador y, por lo tanto, divino. Parece ensalzar al rey, pero en el fondo lo denuncia, pues dirige la mirada a un futuro liberador que no nacerá de la dinastía de David ni de ninguna otra dinastía de sangre azul. ¿Será posible? La tenacidad sufrida del pueblo, la lucha pacífica por la justicia, la bondad creadora, el Aliento que nos habita lo harán posible, si dejamos que aliente.

No temáis. Os anuncio una gran alegría, escribe Lucas. Unos pastores pobres –carentes de saber e impuros por oficio–, ángeles que les cantan y en lo más oscuro de la noche les anuncian: Os ha nacido un Salvador. María, José y un niño en un pesebre, nada de reyes, palacios, sacerdotes ni templos. Un niño en un pesebre. El mundo al revés. La pobreza solidaria, el poder de la ternura, la humanidad renaciendo desde abajo, la alegría de vivir recuperada, la paz y el respiro. He ahí lo divino, la gloria de Dios. Máxima ironía y la mejor noticia en un lenguaje de cuento para niños, para el corazón sin doblez.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, declara el prólogo del cuarto evangelio. El oráculo insumiso del profeta y el relato imaginario del evangelista dejan paso al vuelo simbólico del teólogo místico. Pero el vuelo no se abstrae de la tierra y de lo concreto. La Palabra Sabiduría bíblica, Logos griego, Alma universal– habita en el corazón del mundo, de la materia animada que somos todos los seres. Y la Palabra, concluye, se hizo carne gloriosa y herida en la vida de Jesús, llena de libertad y de compasión. De su vida recibimos gracia tras gracia, y ahí se resume la verdad de cuanto es.

Todo lo decible y lo indecible –el Misterio de la Navidad, el Misterio de Jesús, que es el Misterio de la vida y de todos los vivientes– estaba dicho en forma de profecía, mito y símbolo, y no era posible decirlo mejor. Pero hubo doctores y obispos que quisieron decirlo mejor, y lo convirtieron en doctrina y en el siglo IV definieron el dogma de la Encarnación: “El Hijo Único y eterno de Dios, sin dejar su naturaleza y su personalidad divinas, en Jesús nacido de madre virgen asumió la naturaleza (no la personalidad) humana, para, muriendo en la cruz, salvarnos del pecado original y de nuestros pecados personales”. Y enseñaron que Dios, desde toda la eternidad y en todos los tiempos pasados y venideros, solo se encarnó una vez: hace 2000 años, en el planeta Tierra, en la especie Homo Sapiens, en un hombre judío de Galilea llamado Jesús.

Ese y otros dogmas ya no nos dicen nada, nos alejan de la Tierra y del aliento que la mueve, nos alejan de la vida, que es la única verdad revelada e infalible. Hay que desandar el camino hasta la vida de la que esos dogmas nacieron. Todas las palabras nacieron de la vida para llevarnos a ella, para hacerse carne, para hacernos vivir y, renovadas, rebrotar de la vida. Desandemos, pues, el camino, volvamos simplemente a la esperanza creadora del oráculo de Isaías, a la ternura y belleza desbordantes del relato de Lucas, a los símbolos abiertos, simples y pletóricos del cuarto evangelio: palabra, carne, casa.

Liberemos el dogma de sus cerrojos. Quienes aún nos reconocemos en Jesús, hijo de María y de José, remontemos el dogma hasta la Fuente sin principio ni fin de la Encarnación abierta e inacabada, universal e incesante. La Encarnación no se realizó una sola vez ni de una vez para siempre. La Encarnación no está cerrada ni acabada.

La Palabra o Energía o Espíritu o Dios habita, anima y une el corazón del Cosmos. Se expresa en la onda y la partícula, en la piedra, la planta y el animal. Se hace carne viviente, sintiente, inteligente. Habla, responde, ama de diversas maneras en todas las formas cambiantes que fueron, son y serán. Se hizo y seguirá haciéndose carne en todas las especies humanas que han existido en este planeta y en las especies posthumanas o transhumanas que existirán después del Homo Sapiens. Pasarán las lenguas, pasarán las religiones, pasarán las Iglesias y el cristianismo con todos sus dogmas, pero seguirá la Encarnación, la llamen como la llamen.

Hoy, en esta Navidad y cada día, yo contemplo el Alma y la Gloria de la vida en la carne palpitante de Jesús y, con toda mi pobreza, yo también la quiero encarnar.

José Arregi

Fuente Umbrales de Luz

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Gabriel Mª Otalora: Feliz Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Seguimos manteniendo la costumbre de felicitarnos las fiestas unos a otros, a modo de estribillo en las conversaciones de estos días. Es un uso que va a menos, pero sigue teniendo su fuerza social navideña: felicidades, bon Nadal, Gabon zoriontsuak!, que pases buenas fiestas, feliz Navidad…

¿Qué estamos diciendo cuando nos mandamos estos mensajes verbales y en postales navideñas de papel o internet? No hay duda que hay ganas de regalar al menos una sonrisa junto a la frase navideña cargada de buenas intenciones. La pregunta que muchos se hacen es en torno al sentido que tiene repartir urbi et orbe buenos deseos navideños en estas fechas si, en el resto del año, andamos a la greña entre los felicitados; o procuramos que la Navidad y lo que representa se manifieste todo el año, o es hora de dejar las frases que pueden sonar más a farsa que a otra cosa. Así lo sienten muchas personas ¿Estamos pues ante otro uso social, incuestionable como tantos otros hasta que la inconsecuencia resuena más fuerte que las frases bonitas?

No falta base para la queja, aunque hay que decir bien alto que no son pocos los que desean y trabajan por una Navidad “diferente”; es decir, auténtica, solidaria, humanizada, esperanzada, de ternura con el desvalido y de comprensión con el débil. Personas que se esfuerzan desde sus limitaciones humanas para que las felicitaciones generalizadas de estas fechas, sean expresión de una actitud personal de todo el año, que ahora la desbordan en palabras y gestos cargados de buenos y sinceros deseos con sus seres queridos y con otros no tan queridos.

Es cierto que tras las luces de colores y los mensajes navideños solo hay el deseo de unas fiestas que tienen mucho de farsa consumista y de un uso social vacío más allá del cambio de solsticio y sin más fondo que el divertimento y derroche con barniz religioso que solo produce contradicción y escándalo. Pero esta es solo una parte de la realidad. Existe otra parte de la Navidad no menos visible a nada que agudicemos un poco la vista: familias que se sienten unidas y que sufren porque el coronavirus les impide juntarse, personas cargadas de buenos deseos, hechos solidarios con los más necesitados, gentes que ponen la mejor sonrisa del corazón especialmente en estas fechas, ¡y no solo en estas fechas! No pocos cristianos experimentan la Pascua de Navidad desde el deseo de vivirla de manera solidaria para que nazca la Buena Noticia desde la experiencia de la alegría, solidaridad y amor, ajeno al consumismo insolidario.

Fiestas estas que llevan su carga especial de tristeza, con los graves desajustes que la pandemia sigue causando, con soledades agudizadas por el tono mortecino del invierno,  una mala economía que impide sumarse a “la fiesta”, la tristeza que desempolva dolores que vuelven con más fuerza en estas fechas… Deberíamos sentirnos agradecidos por lo que nos sobra y girar la mirada hacia los que más sufren, a los pobres de todo tipo -no solo de dinero- que están bien cerca de nosotros: pobres de salud, de ánimo, de soledad, de amor, de desesperanza, de incomprensión, de trabajo, de ilusiones; todos aquellos que padecen más intensamente sus penas. Nuestra actitud, como casi siempre, para bien y para mal, es una poderosa herramienta ante el presente que se nos impone.

Es l única manera de que el deseo de un año mejor deje de ser un tópico y pueda calar en lo más hondo de quienes lo reciben, sean ateos o creyentes. No solo hay que regalar buenos deseos, lo importante es regalar nuestra mejor actitud. Es lo que nos gustaría que nos regalen no unos pocos días sino todo el año. En la Navidad del covid-19, se hace más necesario descubrir que no es un momento del año sino un estado del corazón. Mi mejor deseo cristiano, pues, que se haga verdadera Navidad entre nosotros.

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Natividad del Señor: Misa de medianoche

jueves, 24 de diciembre de 2020
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pastores

LECTIO

 Isaías 9,1-3.5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.

Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder, Y es su nombre: «Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz».

Dilatará su soberanía n medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.

*•• Todas las lecturas bíblicas de las misas de Navidad, si bien con perspectivas diversas, intentan responder a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la Navidad? Iniciamos el recorrido desde los antiguos profetas. El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiría (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adonde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (v. 2).

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo.

Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» (v. 6). He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido» (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,1- 3; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

 *

Tito 2,11-14

Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.

*» Pablo escribe a Tito, su discípulo convertido del paganismo y ahora obispo de Creta, explicándole el sentido de la venida de Jesús a nosotros con palabras llenas de esperanza: «Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (v. 11). La universalidad de la salvación es una dimensión esencial de la Navidad, y su verdadero mensaje es el anuncio de salvación y de vida nueva para toda la humanidad sin distinciones de razas ni colores, de clases sociales, ni de dotes intelectuales ni ninguna otra cosa. El Salvador que nos ha sido dado no es sólo un niño que ha elegido nacer en un pobre establo, entre incomodidades y queridos silencios, es sobre todo la sonrisa de Dios que se ha hecho visible, porque no ha perdido su esperanza en los hombres. Ha venido para enseñarnos el camino del bien, de la sobriedad y de la justicia, el desprecio de los atractivos malos e ilusorios del mundo, a la espera del retorno glorioso del Señor (v. 13). Libremente, dirá Pablo, «se entregó a sí mismo por nosotros» (v. 14), primero habiéndonos del Padre y llamándonos amigos, y después, al final, muriendo en la cruz por amor, nos ha liberado de toda esclavitud para reconducir al Padre, de una vez para siempre, a la humanidad reconciliada con él. Sólo la fe ayuda a descubrir el poder de Dios en la vivencia de un pobre. Desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, quiere ser acogido y reconocido como hombre: aquí es posible la búsqueda de Dios, porque él se ha quedado entre nosotros.

*

Lucas 2,1-14

En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria.

Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

*

» Sobre el fondo de los anuncios proféticos (cf. Miq 5,1-4; 1 Sm 16,1-3), Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, pero sugestivo, lleno de matices teológicos y construido sobre el modelo del anuncio misionero, que comprende tres momentos. Primero la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera (w. 1-7); después el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación (w. 8-14); y, por último, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros (w. 15-20).

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que consideran con respeto el sentido gozoso del acontecimiento y la fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (v. 12). Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

MEDITATIO

Para contemplar el misterio de Navidad necesitamos, sobre todo, simplicidad para asombrarnos ante su mensaje. Capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa. Y esta alegría tiene una motivación clara: el nacimiento de un niño, Salvador universal, que trae motivos de esperanza para todos, que son paz, justicia y salvación. Y ¿qué signos cualifican a este niño? La debilidad, la pobreza, la impotencia y la humildad, cosas que el mundo ha rechazado siempre y que, por el contrario, ha hecho propias el Hijo de Dios.

Con la venida de Jesús las falsas seguridades de los hombres han zozobrado, porque Dios ha elegido no a los fuertes ni a los sabios, ni a los poderosos de este mundo, sino a los débiles, a los pequeños, a los necios, a los últimos: ha elegido «un niño acostado en un pesebre » (Le 2,7.12.16; cf. 1 Cor 1,27; Mt 11,26), pobre, marginado y desestimado. Precisamente sobre esta pobreza se despliega el esplendor del mundo del Espíritu, mientras nosotros estamos complicados en dramas de conciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder, de violencia. El niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones.

A esta luz el acontecimiento de esta noche no es sólo una fecha para conmemorar, sino evento capaz, también hoy, de contagio y de transformación. Cuatro son las noches históricas de la humanidad, según una antigua tradición rabínica: la noche de la creación (Gn 1,3), la de Abraham (Gn 15,1-6), la del Éxodo (Ex 12,1-13) y la de Belén, es decir, esta noche, que es la más importante, porque el Hijo de Dios ha traído su paz, distinta de la pax augusta, y es el fundamento de la «civilización del amor» (Pablo VI). ¿Somos capaces de vivir el misterio?

ORATIO

Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, porque en Jesús niño, que vino a la tierra portador de tus dones -la paz, la alegría, la justicia y la salvación-, se ha manifestado tu amor a todos. Queremos comprender, si bien con la pequeñez de nuestra mente, algo del misterio del Verbo encarnado, porque con ello se iluminará nuestro misterio humano.

Para los judíos era absurdo pensar que la Palabra definitiva de Dios apareciese en la debilidad del hombre Jesús. Para los paganos era escándalo aceptar la plena humanidad del Hijo de Dios, lugar indigno de la divinidad.

Nosotros, por el contrario, creemos que la Palabra, en un momento histórico muy preciso, «se hizo carne» en la fragilidad e impotencia como toda criatura, naciendo de una mujer, María (cf. 1 Jn 4,2-3), y creemos que en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reside la revelación definitiva del Padre y el anuncio de la fe que nos salva.

El hombre del tercer milenio tiene necesidad de Jesús, revelador de tu amor de Padre, para escapar de su individualismo y de su superficialidad, que lo privan de los verdaderos valores en que se puede encontrar la esperanza de vivir. Señor, el nacimiento de tu Hijo nos revela que también nosotros en Jesús hemos sido hechos hijos tuyos y te podemos conocer.

Haz que toda nuestra vida, sobre el modelo de la de Cristo, se vuelva en actitud de docilidad filial hacia ti y, para ello, en la noche de Navidad nos ponemos de rodillas, en adoración ante el rostro humano del Jesús-Niño, tu Hijo unigénito, en el que resplandece e irradia tu rostro invisible de Padre, para ver nuestro rostro divino.

CONTEMPLATIO

Pero ¿quién soy yo? ¿Podré decir algo digno de lo que se ve? Me faltan las palabras: la lengua y la boca no son capaces de describir las maravillas de esta solemnidad divina. Por eso yo con los coros angélicos grito y gritaré siempre: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

Dios está en la tierra; ¿quién no será celeste? Dios viene a nosotros, nacido de una Virgen; ¿quién no se hará divino hoy y anhelará la santidad de la Virgen, y no buscará con celo la sabiduría, para hacerse más cercano a Dios? Dios está envuelto en pobres pañales; ¿quién no se hará rico de la divinidad de Dios si acoge algo humilde?

Exulto como los pastores y me sobresalto escuchando estas voces divinas: ansío ir al pesebre que acoge a Dios y deseo llegar a la celestial gruta: anhelo ver el misterio manifestado en ella y allí, en presencia del Engendrado, levantar la voz cantando: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!» (Sofronio de Jerusalén, Le Omelie, Roma 1991, 55-57).

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En aquella noche de Navidad una multitud del ejército celeste se apareció en Belén a los pastores, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»; en este mismo momento nosotros celebramos ¡untos el nacimiento de nuestro Señor y su pasión y muerte. Según el mundo, este modo de comportarse es extraño. Porque ¿quién en el mundo puede llorar y alegrarse al mismo tiempo y por el mismo motivo? En efecto, o la alegría será dominada por la aflicción, o la aflicción será aniquilada por la alegría; solamente en nuestros misterios cristianos podemos alegrarnos y llorar al mismo tiempo y por la misma razón. Pero pensad un poco en el significado de la palabra «paz». ¿No os parece extraño que los ángeles hayan anunciado la paz mientras el mundo está incesantemente azotado por la guerra o por el miedo de la guerra? ¿No os parece que las voces angélicas se hayan equivocado y que la promesa fue una desilusión y un engaño?

Reflexionad ahora sobre cómo habló de la paz nuestro Señor mismo. Dijo a sus discípulos: «Mi paz os dejo, mi paz os doy». ¿Entendía Él la paz como nosotros la entendemos: el reino de Inglaterra está en paz con sus vecinos, los barones están en paz con el rey, el jefe de familia que cuenta sus pacíficas ganancias, la casa bien limpia, su mejor vino sobre la mesa para el amigo, su mujer que canta a sus hijos? Aquellos hombres que eran sus discípulos no conocían nada de esto: ellos salieron a hacer un largo viaje, a sufrir por tierra y por mar, a encontrar la tortura, la desilusión, a sufrir la muerte con el martirio. ¿Qué cosa quería, pues, decir Él? Si queréis saberlo, recordad que dijo también: «No os la doy como la da el mundo». Así pues, Él dio la paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo

*

T. S. Eliot,
Asesinato en la catedral,
Madrid 1996.

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Gerardo Villar: Carta para una familia en Belén.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Adviento Sagrada Familia (eligelavida)Amigos José y María: Todos los años celebramos el nacimiento de Jesús. Pero este año con el coronavirus, os voy a mandar ciertas advertencias para que las tengáis en cuenta, no vaya a ser que, con la covid, agarréis la enfermedad y lo compliquemos todo.

Ya sé que marcháis con tiempo hacia Belén porque si os pilla un confinamiento, por menos de nada, os quedáis encerrados a medio camino.

. Al hacer los trámites o papeleo, cuidado con estar junto a muchas personas. No paséis de media docena. Y vosotros sois tantos de familia y de antepasados….

. Cuidado al ir por las casas pidiendo posada, no os contagiéis.

. Que los pastores pasen a la cueva en turnos, para que nunca estéis más de seis personas.

. Y no se os olvide la mascarilla. Bueno, a Jesús no se la pongáis porque es tan pequeño…

. No sabéis los días que vais a tener que permanecer. A ver si hay suerte y no os confinan. Por eso, llevad un poco más de ropa y comida.

. Cuando nazca el Niño, dejadle en el pesebre. Primero lo purificáis con vuestras manos y lo dejáis sobre las telas tan limpias y desinfectadas que le ha preparado María

. Conviene que los ángeles canten bajito. Que es perjudicial el cantar muy fuerte y además en lugar pequeño. Y ojo, nada de muchos ángeles.

. Tenéis una ventaja: dicen que hace falta buena ventilación. Aire ya os sobra, el que entra por la boca de la cueva.

. Y este año, nada de cantos. Tenéis más tiempo para contemplar a Jesús y para hablar entre vosotros dos.

. Cuidado con las visitas, que Herodes es capaz de mandaros algún soldado contagiado. Así que silencio y recogimiento.

. Como sois tan espirituales los dos, vais a tener tiempo para dedicarlo a contemplar a vuestro Hijo y a decirle bajito vuestros cariños y alegrías.

. Ojo: limpiad las piedras y los troncos en que se sienten los que os visiten. Pasad luego un paño para limpiar. Y salvo, María, Jesús y José, guardad las distancias. Eso sí, haced una pequeña trampa y dejad darle un beso al Niño, que ese no puede transmitir nada malo.

. Si podéis, cuando lleguen los magos, mirad a ver si traen de oriente alguna hierba rara que cure los males y encargadle gran cantidad a ver si curan como vacuna este virus de la pandemia.

Y nada más. Felicidades y un beso para el Niño.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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J. L. Sicre, Evangelio de Marcos, libro de Navidad para el 2021

jueves, 24 de diciembre de 2020
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131904313_1736438553199996_2534370612287287678_nDel blog de Xabier Pikaza:

José Luis Sicre, uno de los pocos clásicos vivos del estudio de la Biblia en lengua castellana, ha publicado una guía de lectura y comentario del Evangelio de Marcos, para el próximo 2021.

Marcos no incluye un relato de Navidad, pero ofrece el punto de partida y la clave de comprensión no sólo del nacimiento, sino de la vida y presencia de Jesús a lo largo de los siglos. Este libro de Sicre, maestro de exegetas y guía de estudiosos de la Biblia, será para muchos el mejor testimonio de la Navidad a lo largo del 2021.

Gracias, José Luis, por acudir nuevamente a la cita de los que queremos recorrer, como tú y contigo,  el camino de la Biblia y de la vida de la Iglesia, desde esta Navidad 2020. Felicidades a Verbo Divino  por publicar esta obra.

Sicre, José Luis (1940- ).

               Exegeta y teólogo, de la Compañía de Jesús. Nació en Cádiz, estudió en el Instituto Bíblico de Roma y ha enseñado en la Facultad de Teología de Granada, de San Miguel de Buenos Aires y en el Instituto Bíblico de Roma. Ha colaborado con L. Alonso Schökel en la elaboración de un comentario básico a los Profetas I-II (Madrid 1980); cf. también sus grandes comentarios a Job (con L. Alonso, Madrid 1983) y  Josué(Estella 2002).

Se ha especializado en el estudio de la tradición profética y mesiánica de Israel, ofreciendo una aportación muy significativa en la visión de Dios y la riqueza-pobreza en la Biblia, y en el mensaje de transformación personal, social y religiosa  de los profetas, como muestran: Los dioses olvidados (Madrid 1979); Con los pobres de la tierra: la justicia social en los profetas… (Madrid 1985).

Ha ofrecido también una visión de  la historia y contenido de la Biblia:  Introducción al Antiguo Testamento (Estella 2011);  Las tradiciones del Pentateuco en la época del exilio (Estella 1999); De David a Moisés (Estella 1995).

   Su obra más significativa en perspectiva de narración didáctica es  quizáEl Cuadrante, que consta de cuatro volúmenes: (I. La búsqueda. II. La apuesta. III. El encuentro. IV. Memoria de Andrónico. Parte novelada del El Cuadrante (Estella 1999/2000). En ella, de la mano de Andrónico, personaje de ficción, Sicre va ofreciendo un panorama certero y hermoso de la historia de las comunidades en donde se mantuvo la tradición de la historia de Jesús y de donde surgieron los sinópticos.

    Publicó hace un año el Comentario y guía del evangelio de Mateo (Estella 2019), como introducción a las lecturas del año litúrgico (ciclo A).  Fielmente, publica ahora, con mano de maestro, la introducción y comentario a las lecturas del ciclo B, para el año 2021.

La obra

     Quien quiera conocer el índice del libro, con la introducción donde presenta sus  temas principales puede acudir a la extensa y valiosa presentación editorial del libro, que culmina con una bibliografía básica, de la que recojo únicamente su referencia a los Comentarios científicos: Además del clásico de J. Gnilka, El evangelio según san Marcos l (2 vols.; Salamanca: Sígueme, 1986-1987), tenemos tres grandes comentarios:

  1. Marcus, El evangelio según Marcos (2 vols.; Salamanca: Sígueme, 2011);
  2. Mateos y F. Camacho, El evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético (3 vols.; Córdoba-Barcelona: El Almendro-Herder, 1993-2016);
  3. Pikaza, X., El evangelio de Marcos. La Introducción al evangelio de Marcos, 37 Buena Noticia de Jesús (Estella: Verbo Divino, 2012).

Véanse también:

  1. Carrillo Alday, S., El evangelio según san Marcos (Estella: Verbo Divino, 2008);
  2. Castro Sánchez, S., El sorprendente Jesús de Marcos (Madrid: UP Comillas, 2005);
  3. Navarro, Marcos (Estella: Verbo Divino, 2006).

El momento de Marcos

Marcos supo trazar en su evangelio la biografía pascual de Jesús Nazareno, el Crucificado (16, 6), y lo hizo de un modo tan intenso que su obra fue y sigue  siendo clave todavía para entender el cristianismo.

Cuando parecía que la división de visiones del Cristo y de prácticas sociales de las comunidades podía conducir al  surgimiento de iglesias totalmente distintas, cuando la caída de Jerusalén, destino y meta del proyecto de Jesús, parecía implicar el derrumbamiento de todo el cristianismo, Marcos supo volver a la raíz y elevarse de nivel, situando en el centro de todos los posibles cristianismos la figura (biografía) humana de Jesús, reinterpretada desde una perspectiva de pascua, pues, a su juicio, en la recta comprensión de la vida y muerte de Cristo se encuentra la respuesta a todos los problemas de la vida humana (y en especial de la Iglesia). En esa línea, el evangelio de Marcos podría titularse: “Para renacer en  Cristo: Muerte y vida del resucitado como Navidad mesiánica”.

 No les faltaba entonces (hacia el año 70) ni nos falta hoy (2020/2021)  a los cristianos  buena reflexión de fondo. Pablo había trazado ya en sus cartas la novedad del evangelio; Pedro y Santiago, hermano del Señor, habían desplegado también sus visiones del Cristo (aunque no las escribieron o no conservemos sus escritos). Hubo otros grandes pensadores como Apolo (cf. Hech 18, 24; 1 Cor 3, 4-6). Había buenas teologías. Pero Marcos fue el primero que, asumiendo y recreando tradiciones anteriores, trazó (narró) la historia pascual de Jesús, al que presentó como centro del cristianismo, cuando todo parecía derrumbarse, tras el 70 d.C., cuando muchos suponían que no había solución (cayó Jerusalén, su templo; no había venido Jesús como esperaban los cristianos primeros).

Pues bien, en ese momento, Marcos pensó que la respuesta era contar la historia “real” (esto es, pascual) de Jesús, el mesías galileo a quien habían matado en Jerusalén, según ley, porque anunciaba y preparaba la llegada del Reino de Dios. Esa historia suponía una vuelta atrás, pues en vez de mirar al futuro y mostrar lo que había de venir, Marcos insistió en la vida de aquel que había muerto, centrando así en Jesús (profeta campesino de Galilea) la verdad del evangelio y trazando desde Galilea (no de Jerusalén) un camino apasionante de vida y esperanza. La historia que Marcos contó de esa manera fue y sigue siendo un prodigio literario, teológico y humano: Es el relato (narración fundante) del “fracaso mesiánico” (esto es, salvador) de Jesús Nazareno, que anunció la llegada del Reino de Dios en Galilea y que fue asesinado en Jerusalén, para  volver a extender su mensaje desde Galilea, como Cristo y Señor resucitado, Hijo de Dios, a través de sus seguidores.

Jesús no fue Cristo por haber “levantado en armas” al pueblo de Jerusalén, y haber vencido en la guerra final, sino por haber muerto, por fidelidad al mensaje de Dios, siendo asesinado precisamente en Jerusalén. Pues bien, mirados desde esa perspectiva, los terribles acontecimientos del 70 d.C. podían y debían entenderse como elementos de una historia salvadora, y así, en la línea de los viejos profetas de Israel (como Jeremías), Marcos pudo afirmar que la misma ruina del templo de Jerusalén formaba parte de la historia de salvación, querida por Dios, que los seguidores del Cristo retomaban desde Galilea.

 Marcos no es una “historia de puros hechos” (una crónica) de Jesús, sino un evangelio, es decir, una biografía mesiánica y eclesial, filtrada e interpretada (actualizada) a lo largo de cuarenta años de vida eclesial, en una línea paralela a la de Pablo, reflejando así las carestías y las aportaciones de los grupos cristianos en los años decisivos del surgimiento y consolidación de las comunidades, desde la muerte de Jesús (30 d.C.) hasta los años 70 en que Marcos escribe su libro.

Ciertamente, Marcos quiso escribir sobre Jesús, pero no sobre el puro Jesús del pasado (en la línea de aquello que Pablo llama el Cristo de la carne: 2 Cor 5, 16), sino sobre Jesús el Cristo (Jesucristo, Hijo de Dios; Mc 1, 1), cuya memoria se ha conservado e interpretado en las comunidades, a pesar de que parecieran más urgentes otros temas (la muerte/resurrección de Jesús y su venida final). De esa forma, desarrollando rasgos y momentos que quedaban velados en  Pablo (que se centra en el Hijo de Dios, que el Cristo resucitado), Marcos ha querido recuperar (sin duda, desde la fe pascual), las obras y el destino del Jesús-Mesías, Hijo de Dios, que no ha sido ni es héroe mítico, ni figura angélica, ni “hipóstasis” de Dios, pero tampoco un mesías davídico fracasado (como parece suponer Rom 1, 34), sino un profeta mesiánico, mensajero del Reino de Dios, que murió crucificado precisamente por aquello que hacía y decía. Por eso es importante la historia humana (mesiánica) de Jesús resucitado.

Esa historia humana de Jesús, que en un sentido (a juicio de Pablo) ha sido un pretendiente mesiánico crucificado, viene a mostrarse para Marcos, en un nivel más alto, como presencia y revelación salvadora del mismo Hijo de Dios. Marcos vuelve así a Jesús como personaje histórico, recogiendo en su evangelio algunos rasgos esenciales de su biografía, situándonos de nuevo (y para siempre) ante la Navidad pascual de Jesús.

 Algunos datos básicos de esa vida de Jesús (que era judío, que murió crucificado por Poncio Pilato, que sus discípulos afirmaron que había resucitado…) los conocemos en parte por otras fuentes cristianas (especialmente por Pablo, de quien hemos hablado) y no cristianas (como Flavio Josefo). Pero ha sido Marcos quien los ha recogido y reinterpretado desde su misma experiencia eclesial, con los ojos de la fe, que le permiten descubrir y presentar a Jesús como revelación definitiva de Dios. En una línea, podemos afirmar que Jesús ha sido un mesías “fracasado” de Israel (como decía Pablo, persiguiendo a los cristianos de Damasco); pero, en otra línea, en perspectiva de fe, descubrimos con Marcos que ese mismo Jesús, crucificado y maldito (cf. Gal 3, 10.13), ha sido en su historia y sigue siendo, por la pascua, el salvador de Dios para Israel y para todas las naciones.

Marcos ha escrito, según eso, la historia mesiánica (pascual) de Jesús, de manera que nos sitúa ante su verdadero nacimiento en la vida de los hombres, en la Iglesia.Esto es lo que J. L. Sicre ha querido poner de relieve esta guía de lectura y comentario litúrgico del evangelio para el año 2021. Marcos escribe, pues, desde la fe (desde eso que se suele llamar el Cristo de la fe), pero lo hace de un modo histórico, recuperando, organizando y reformulando en su perspectiva creyente los datos más significativos de la vida  y mensaje de Jesús. Escribe desde la fe, pero de un modo históricamente fiable (pues la misma fe se lo exige), ofreciendo así, con sus “seguidores sinópticos” (Mateo y Lucas, y en otro nivel  con Juan Evangelista) una biografía “verdadera” de Jesús.

Escribe desde la fe, pero no puede “inventar” porque son muchos los que todavía, en su tiempo, en torno al año 70, pueden recordar de un modo directo o indirecto la línea básica de la historia de Jesús, que sucedió cuarenta años atrás (sobre todo, si pensamos que él escribió su evangelio en una zona no muy lejana de Galilea, como puede ser Damasco). Eso significa que Marcos podía (y debía) perfilar e interpretar los datos de la vida de Jesús, pero no inventarlos, pues en su comunidad existía ya una “figura” de Jesús, bastante bien perfilada.

En ese sentido, podemos afirmar que (como hace J. L. Sicre a lo largo de este comentario) que Marcos nos ha ofrecido a un Jesús recordado y actualizado. (a) Es un Jesús recordado, no sólo en las narraciones o relatos que se contaban entre los cristianos, sino también, y de un modo especial, en la liturgia y en la predicación, en la oración y en la forma de vida de las comunidades cristianas. (b)Es, al mismo tiempo, un Jesús actualizado y reinterpretado por el mismo Marcos, en la línea de lo que hemos puesto de relieve en el apartado anterior, al hablar de Pablo. (c) Es, finalmente, un Jesús que nosotros, cristianos del siglo XXI, en momento de gran crisis personal y social, en medio de las diversas pandemias que nos azotan, podemos y debemos recrear, con la ayuda de J L. Sicre.

 

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En el pórtico de la Navidad: Historia, símbolo de fe, mito

miércoles, 23 de diciembre de 2020
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Navidad1Del blog de Xabier Pikaza:

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su origen. Ellos supieron así que no hay cristianismo sin Pascua, pero tampoco sin Navidad.

Pero la Navidad del Hijo de Dios,  y en especial la función de su madre,  ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse por su forma de entender la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

(Belén del Vaticano 2020. ¿Nacerá un Jesús marciano, venido de o dirigido hacia otros planetas o estrellas? Jesús se encuentra todavía envuelto en rojo).

 En el principio, Historia de María 

Fue una mujer galilea: mediterránea y judía de comienzos de nuestra era. Todo lo que ha vivido y sentido ha de entenderse en ese fondo. Quizá debemos añadir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer. Sólo de esa forma puede iluminar y motivar nuestra existencia.

Esposa de José y madre de Jesús, un pretendiente mesiánico judío. Sus relaciones con José forman parte de una historia humana y religiosa que se adentra en el misterio de toda vida y relación profunda entre dos seres humanos.  Parece que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús el hijo de María.

Mantuvo relaciones complejas con Jesús y parece que al principio no aceptó su mensaje y camino mesiánico, como supone Mc 3, 31-35 y 6, 1-6 y el conjunto del evangelio de Juan. Pero Hch 1, 12-14 Testamento añade que ella se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de su hijo, entre los que jugó un papel significativo , viniendo a convertirse en figura simbólica o paradigmática de la fe, sea en sentido crítico (no pudo imponer sus derechos sobre Jesús: cf Mc 3, 31-35) sea en sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

Ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes y otros deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT.

Navidad abierta,Historia de Jesús 

1.  Nació, en torno al 6 a.C. probablemente en Nazaret de Galilea, aunque los evangelios hablen de Belén de Judá, para entroncarle  con el Rey David… al menos de un modo simbólico.  Fue un hombre significativo, que planteóproblemas y abrió caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

2.Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios hindú…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta sorprendente y sigue dando mucho que pensar y que vivir

3. Los que primero escribieron su vida exaltaron mucho su figura sagrada, olvidando casi su base humana, como hizo San Pablo (que escribió sobre Jesús a los veinte años de su muerte), que casi sólo se ocupó de la muerte de Jesús y de su resurrección entendida en línea de misterio. Por el contrario los que vinieron después, es decir, los cuatro evangelistas tuvieron que esforzarse por recuperar su historia humana para que no se perdiera, pues pensaron que sólo siendo un hombre podía ser modelo y «salvador» para los que creían en él.

4. Los historiadores judíos y romanos del siglo I d. C. apenas le citaron, pensando que no merecía la pena recordarle, porque su figura les parecía margina… o peligrosa Pero Flavio Josefo estuvo más atento y en su libro sobre las Antigüedades Judía (Ant)  le presentó como taumaturgo, y profeta escatológico…  Algunos historiadores greco-romanos del siglo II (Tácito, Suetonio o Plinio el Joven) le recuerdan como un revoltoso, ajusticiado por la autoridad romana, pero su figura les sigue pareciendo carente de importancia.

4. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

La celebración de la Navidad forma parte de las interpretaciones de la vida de Jesús

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su nacimiento. Ellos supieron así que no hay Jesús «cristiano» sin cruz, pero tampoco sin nacimiento.

Esa interpretación creyente  del  nacimiento de Jesús, y en especial de su madre, María,, ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse y distinguirse por su forma de entender el símbolo mariano de la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

Finalmente, esa interpretación (símbolo creyente) se sitúa en un campo que puede y debe compararse con los «mitos» de nacimiento de diversas religiones y culturas. Por eso, la historia y símbolo de la Navidad (aunque sin verdadera Encarnación) puede celebrarse y se celebra fuera del cristianismo.

María entre la confesión de fe  y el mito.

– Muchos creyenteshan recreado simbólicamente la figura de María, descubriendo y/o expresando en ella elementos  fuertes de la confesión cristiana.  Los evangelios  (Mt, Lc y Jn)  no elaboran su recuerdo para saciar una curiosidad, sino para expresar mejor el origen y la novedad de Cristo, de forma que ellos presentan casi a María como un catalizador simbólico del mesianismo  de su hijo.

– Pero la figura de María se sitúa también desde tiempo  antiguo (desde el Nuevo Testamento, cf. Ap 12) en el principio de un camino de apertura tendencial al mito. Llamo mito a un  símbolo de tipo intemporal que se desliga de la historia y expresa en forma imaginaria aquello que parece haber sido y será siempre, el eterno y divino retorno de las cosas. l mito unifica lo divino con lo humano en un tipo de simbiosis suprahistórica, al proyectar hacia lo eterno (lo divino) los elementos fundamentales de la vida histórica: el nacer y el morir, lo masculino y femenino, la guerra y la concordia etc.

– En ese fondo María podría convertirse al fin en diosa y la Navidad en una expresión de la unidad originaria de lo divino y lo humano. De manera muy normal, al situarla en el lugar donde el hombre y Dios se unen, la mariología coloca a la madre de Jesús, al menos de manera tendencial, en una línea abierta al mito; ella termina asumiendo (sin negar la historia) temas que el mito había desarrollado en plano transhistórico al hablar de la madre divina o la mujer sagrada[2].

 Mariología y teología de la Navidad

– La mariología cristiana constituye el descubrimiento y cultivo creyente (consecuente) de la hondura simbólica de la historia de María… y de la «revelación natal» de Dios en Jesús.  Por medio de María (no de un modo excluyente, sino inclusivo: María como verdadero Israel, María con José, en un contexto de familia ampliada) Dios se hace carne de un modo «natal», siendo concebido, naciendo y viviendo como un ser humano concreto, llamado Jesús.

– Al situar a María cerca del espacio donde se reciben o/y elaboran mitos religiosos casi universales (hierogamia, madre divina, feminidad sagrada…), la mariología asume como propia la tarea crítica de superar (negar y recuperar en forma nueva) lo que esos mitos han descubierto o inventado. Quizá podamos decir que la mariología es una disciplina abierta por esencia al diálogo cultural interreligioso con sus valores (nos sitúa en el lugar donde el ser humano ha buscado, sufrido y soñado con más intensidad) y sus riesgos (el evangelio de la historia de Jesús y de la iglesia puede diluirse con María y por María en los pretendidos valores eternos de los dioses y diosas del entorno mediterráneo y del oriente antiguo).

TRASFONDO MÍTICO DE LOS RELATOS DE LA NAVIDAD

   Estudié extensamente el tema en un libro titulado Los Orígenes de Jesús  donde podrán verse datos, tendencias e interpretaciones.  Aquí me limito a recoger algunos datos de U. Luz, Evangelio de Mateo, Sígueme, Salamanca  2010.  Dejo para mañana la interpretación cristiana de Lc 1, 26-38 (evangelio del dom.  4º de Adviento). Prescindo de las notas e interpretaciones eruditas. Quien quiera fijarlas  deberá acudir al libro de U. Luz. Aquí recojo sólo el esquema básico de su planteamiento:

Moisés . Jos, Ant. 2; PsFilón; Tg Ex; ExR; Mekh Ex

  1. Sueño del faraón (Tg Ex 1, 15); sueño de Amrán (Jos); profecía de Miriam (=Apocalipsis).
  2.  Interpretación por letrados (Jos), magos  (Tg Ex), por astrólogos (ExR 1, 22)
  3. Sobresalto del faraón. Reacción: matanza de niños
  4. Salvación: sueño de Amrán; ocultamiento de la cesta en el río. Hija del Faraón
  5. Sacrificio supletorio: matanza de niños.

Abrahán.  Bill. I, 77s

  1. Visión de la estrella.
  2. Interpretación por sabios y astrólogos.
  3. Angustia de Nimrod.
  4. Reacción: Nimrod quiere matar al hijo de Teraj.
  5. Salvación: ocultación de Abrahán.
  6. Sacrificio supletorio: matanza de muchos niños.

Rómulo/Remo  Livio 1, 3-6

  1. Rea embarazada de Marte; sueño de Rea.
  2. Exterminio de los descendientes de Numitor: los niños en el Tíber.
  3. Salvación por la loba.

Augusto (Suetonio, Aug. 94, 3; Dión C., 45, 1ss.

  1. Sueño de la madre y del padre (Dión C.); relámpago (Suet.), sueño de Atia (¿nacimiento virginal?).
  2. El Astrólogo Nigidio Fígulo interpreta.
  3. Sobresalto del Senado.
  4. Reacción: decreto del Senado: no educar a ningún niño (Suetonio).
  5. Salvación: se anula la decisión anterior.

Gilgamés

  1. El. Var. Hist., 12, 21.
  2. (¿Nacimiento virginal?).
  3. Los caldeos advierten del riesgo a Sokharos.
  4. Reacción: el niño es arrojado por la torre.
  5. Salvación por medio del Águila. Un campesino educa a Gilgamés.

Sargón 1 Pritchard, The Ancient Near East, London 1958, 85ss.

  1. Reacción: lo arrojan en un cesta al Éufrates.
  2. Salvación a través del Akki, creador del agua.

Ciro. Herodoto I, 107-122; Justino, Epítome,1, 4; Binder*, 17-28.

  1. Sueño de Mandane, sueño de Astiages.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Astiages horrorizado.
  4. Reacción. Astiages quiere matar al niño.
  5. Salvación: desobediencia y salvación a través de unos pastores (ofrenda).
  6. Ofenda sustitutoria, de un niño muerto.

Frêdun, Sha-Name (Fridausi), 5, 6; Binder *, 176-179.

  1. Sueño de Sohak, rey de los dragones.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Impotencia de Sohak.
  4. Reacción: persecución de Frêdun.
  5. Salvación por medio de los pastores y de la vaca Birmaje.

Krishna

  1. Harivansa (Mahabarata), 56-59; BaghavataPurana, 10, 3; Binder*, 207s.
  2. Kansa es advertida por Narada.
  3. Inquietud.
  4. Reacción: asesinato de todos los descendientes de Devagnis.
  5. Salvación: trueque de niños; desaparecen las insignias divinas de Krishna.
  6. Ofrenda sustitutoria: muerte de los niños falsos.

Otros paralelismos lejanos:

  1. Perseo (Binder*, 132s; Saintyves*, 239).
  2. Heracles (R.v. Ranke-Graves, Griechische Mythologie II, Reinbek 1960, 81-90).
  3. Apolo (Ranke-Graves I, Reinbeck 1960, 46ss).
  4. Neleo/Peleo (Saintyves*, 236s; Binder*, 148s).
  5. Agatocles (Diodoro de Sicilia 19, 2, 2-7).
  6. Dionisos (Schwarzenau*, 81-100).
  7. Hija de Dorketo (Saintyves*, 236).
  8. Leyenda árabe de Nimrod (Binder*, 260s).
  9. Seth-Horus (Plutarco, Isis y Osiris, 13).
  10. Ardaschir (Binder*, 184-189).
  11. Schapur (Binder*, 189-191).
  12. Ormuzd (Binder*, 191-193).
  13.  Gen Gis Kan (Saintyves*, 242).
  14. Leyenda de Buda (Saintyves*, 256; Schwarzenau*, 42-50).
  15. Candrahâsa (Binder*, 199-201).
  16. Elakamara Yataka (Binder*, 203s).
  17. Trakhan de Gilgit (Binder*, 211-213).
  18. Vanaraja (Binder*, 211-213).

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Camiña Navia Velasco: Mensaje en la Navidad del 2020.

martes, 22 de diciembre de 2020
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unnamedPasar la voz…

La humanidad cristiana lleva dos mil años celebrando esta fiesta que se ha ido cargando a lo largo de los siglos de lenguajes, significados, símbolos, sentidos y sinsentidos. Si releemos los textos bíblicos del Primer Testamento, que han sido aplicados al anuncio del nacimiento de Jesús de Nazaret en el Segundo Testamento, si leemos especialmente a Isaías y a los profetas en general, podemos darnos cuenta de su potencia poética, de su fuerza expresiva para anunciar un cambio sustancial en el orden de cosas y aseverar la intervención de Dios en el mundo, en favor de la justicia, de la vida y del amor.

La conmemoración del nacimiento de ese niño en Belén ha sido expresada en la pintura de cientos de lienzos con fuerzas diferentes, desde la sensibilidad de cada tiempo y de cada artista. Se trata de expresiones culturales que van más allá de la religiosidad de los pintores y que han atravesado edades y territorios. En este siglo XXI, asistimos, sin embargo, a un alejamiento total de esta “cultura religiosa”: Intereses, sensibilidades y creencias caminan lejos de estas tradiciones y de estos mensajes. Como dije hace poco en otro artículo, la Navidad se ha alejado cada vez más de su sentido primigenio.

Y sin embargo para quienes creemos que Jesús de Nazaret tiene mucho que decir al mundo, se hace necesario encontrar la manera de transmitir hoy la fuerza y permanente novedad de su mensaje. Joan Chittister nos dice:

La tarea de una generación de mujeres mayores es ofrecer posibilidades a la generación venidera. No hemos cumplido nuestro cometido hasta que no les enseñamos toda lección, hasta que no les pasamos todo interrogante, hasta que no les preparamos a fondo, hasta que no les concedemos posibilidades de comenzar y hasta que  no les permitimos el privilegio de arriesgarse.

(Joan Chittister: Doce momentos en la vida de toda mujer).

Es importante encontrar la forma de “pasar la voz”. Para quienes estamos abiertos/as de una u otra manera a la trascendencia, la celebración de la Navidad tiene un hondo sentido: es la fiesta de la luz que llega a la oscuridad, es la fiesta en la que actualizamos el que la Divinidad se hace carne en nuestra historia, por tanto es la fiesta en la que nos abrimos a esa encarnación de la Divinidad en  nuestra persona y en nuestras rutas. Esa encarnación no tiene sentido si no se hace realidad en cada momento.

Pero es claro que no encontramos la manera de tocar a las nuevas generaciones con estas realidades. Invito a un ejercicio conjunto que nos ayude a encontrar los lenguajes para celebrar que:

Todavía es posible traer la luz a nuestras vidas y caminos

Todavía es posible hacernos como niños para mirar las cosas desde un corazón limpio

Estamos aún a tiempo de corregir el rumbo y lograr hermanarnos

Es importante afirmar y anunciar que los sueños aún pueden habitarnos: celebrar que aún hay mujeres y hombres que soñamos con un mundo equitativo y de justicia en el que los sencillos y los y las desposeídas encontrarán su pan

Soñar que al otro lado habrá una luna que ilumine una tierra respetada, un agua no desperdiciada, una naturaleza habitada con respeto sagrado

Cómo encontrar palabras para gritar al mundo que la estrella que guíe nuestros pasos sea estrella del amor y la equidad

Celebrar que la fiesta que puede reunirnos es la felicidad de todos y de todas y que ya nunca más será posible que unos pocos se atoren con los bienes de todos

Cantar en las colinas y los valles, en las pantallas de la televisión o del computador que llegó la mañana que animará los surcos de una cosecha nueva

Celebrar que aún es tiempo de corregir el rumbo y que llega el anuncio de una economía nueva, diferente y sencilla al alcance de todos y de todas

Cantar que la mañana llega con amaneceres de antorchas, con cantos de esperanza, con músicas de júbilo

Proponer que la vida puede mostrar su entraña más allá del whatsapp, del Instagram y redes de todos los pelajes

Que el canto de la alondra llegará a nuevos rumbos

Celebrar que soñamos y construimos sueños

Anunciar porvenires en los que las mujeres no teman por sus vidas y sus cuerpos no lloren por violaciones y atropellos

Celebrar que personas como el maestro de Galilea, o Gandhi o Luther King… María de Magdala o Hildegarda de Bingen y Juliana de Norwich… mostrarán sus caminos y haremos entre todos y todas relaciones distintas

Se hace necesario renovar la esperanza cada año, para repotenciar los horizontes y ampliar las utopías. Se hace imprescindible, vivir por unos días la potencia de vida que recorra los cuerpos y encienda el corazón. Saber que los encuentros, los regalos, los árboles hay que mirarlos en un más allá de sí mismos y los bailes sólo tienen sentido si expresan en nuestros cuerpos el anuncio de realidades nuevas.

Invito a redimensionar nuestras vidas, para alcanzar un más allá de cotidianidades baladíes. Hagamos realidad la afirmación de Octavio Paz:

Ver con los oídos, sentir con el pensamiento, combinar y usar hasta el límite nuestros poderes, para conocer un poco más de nosotros-as mismos-as y descubrir realidades incógnitas ¿no es ese el fin que asignan a la poesía espíritus tan diversos como Coleridge, Baudelaire y Apollinaire?… La poesía explora el universo…

(Octavio Paz: Corriente Alterna)

Busquemos las palabras, la expresión, el lenguaje para “pasar  la voz”. Para ello seamos conscientes del agotamiento de nuestros símbolos.

Carmiña Navia Velasco

15 de Diciembre del 2020

Biblia, Espiritualidad

La Estrella de Belén regresa a la Tierra esta Navidad… ochocientos años después

martes, 22 de diciembre de 2020
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_reyesmagosEn realidad, se trata de una extraña conjunción de Júpiter y Saturno

En este extraño año del coronavirus, ochocientos años después, la ‘Estrella de Belén’ volverá a asomarse en nuestro cielo, podrá verse en todo el mundo

Su existencia fue descubierta por Johannes Kepler, a quien la teoría de la ‘Estrella de Belén‘ casi le cuesta el anatema. El espectáculo, visible el 21 de diciembre en su mayor apogeo, no volverá a producirse hasta 2080

Llegaron a Belén gracias a ella, y a sus conocimientos científicos. Según los evangelios apócrifos (los sabios de Oriente no aparecen en la Biblia), Melchor, Gaspar y Baltasar eran expertos astrónomos, que acudieron al nacimiento de Jesús guiados por una estrella.

Hoy, sabemos que dicha estrella no era sino una rara alineación entre Júpiter y Saturno, y que la última vez que pudo verse fue en 1226. En este extraño año del coronavirus, ochocientos años después, la ‘Estrella de Belén‘ volverá a asomarse en nuestro cielo, podrá verse en todo el mundo.

El fenómeno, como decimos, se produce muy raramente cuando Júpiter y Saturno se acercan lo suficiente como para que visualmente parezcan una sola estrella… aunque sólo es una ilusión óptica. Su existencia fue descubierta por Johannes Kepler, a quien la teoría de la ‘Estrella de Belén’ casi le cuesta el anatema.

Y es que, durante siglos, los astrónomos buscaron explicaciones a la estrella de Belén, que no es el cometa Halley, como dicen algunos, ni la triple conjunción de Júpiter, Saturno o Venus, como explicaban otros. Otras teorías son una explosión de supernova razonablemente cercana, que podría parecer un cielo muy brillante durante un período relativamente corto, o incluso un cometa. Por otro lado, observadores de estrellas chinos y coreanos escribieron sobre un objeto brillante que pudo ser un cometa o una supernova alrededor del año 5 a.C. y que fue visto durante más de 70 días.

Ahora, se presenta como un espectáculo ciertamente histórico, pues los astrónomos no calculan que no podrá volver a verse hasta 2080. En España, Europa y el resto de hemisferio norte la estrella será visible durante la semana del 16 al 25 de diciembre. En cambio, para el hemisferio Sur solo se verá el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno.

“Tendríamos que retroceder hasta justo antes del amanecer del 4 de marzo de 1226 para ver una alineación tan cercana entre estos objetos visibles “, afirmó el astrónomo Patrick Hartigan

Según explica del Daily Mail, ambos planetas aparecerán bajo en el cielo occidental alrededor del atardecer, y debería ser lo suficientemente brillante como para aparecer en el cielo crepuscular. En su posición más cercana, Júpiter y Saturno estarán a una corta distancia, que es menor al ancho de una luna llena y será justo después de la puesta del Sol en el solsticio de verano. Durará hasta el Día de Navidad, el 25 de diciembre.

Tendríamos que retroceder hasta justo antes del amanecer del 4 de marzo de 1226 para ver una alineación tan cercana entre estos objetos visibles “, afirmó el astrónomo Patrick Hartigan. El experto aclaró que si bien este tipo de alineaciones ocurre una vez cada 20 años aproximadamente, esta conjunción (2020) es excepcionalmente rara debido a lo cerca que aparecerán los planetas entre sí.

“En la noche de mayor aproximación, el 21 de diciembre, se verán como un planeta doble, separados solo por una quinta parte del diámetro de la Luna llena”, añadió Hartigan. “Para la mayoría de telescopios, cada planeta y varias de sus lunas más grandes serán visibles en el mismo campo de visión esa noche”. Y, aunque se trata de un fenómeno astronómico, si miran esa noche por la ventana, no podrán evitar pensar que la ilusión, tan necesaria en estos días, renace.

Fuente Religión Digital

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“Acoger a jesús con gozo”. 4 Domingo de Adviento – B (Lucas 1,26-38)

domingo, 20 de diciembre de 2020
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12251El evangelista Lucas temía que sus lectores leyeran su escrito de cualquier manera. Lo que les quería anunciar no era una noticia más, como tantas otras que corrían por el imperio. Debían preparar su corazón: despertar la alegría, desterrar miedos y creer que Dios está cerca, dispuesto a transformar nuestra vida.

Con un arte difícil de igualar recreó una escena evocando el mensaje que María escuchó en lo íntimo de su corazón para acoger el nacimiento de su Hijo Jesús. Todos podemos unirnos a ella para acoger al Salvador. ¿Cómo prepararnos para recibir con gozo a Dios encarnado en la humanidad entrañable de Jesús?

«Alégrate». Es la primera palabra que escucha el que se prepara para vivir una experiencia buena. Hoy no sabemos esperar. Somos como niños impacientes, que lo quieren todo enseguida. No sabemos estar atentos para conocer nuestros deseos más profundos. Sencillamente se nos ha olvidado esperar a Dios, y ya no sabemos cómo encontrar la alegría.

Nos estamos perdiendo lo mejor de la vida. Nos contentamos con la satisfacción, el placer y la diversión que nos proporciona el bienestar. Sabemos que es un error, pero no nos atrevemos a creer que Dios, acogido con fe sencilla, nos puede descubrir nuevos caminos hacia la alegría.

«No tengas miedo». La alegría es imposible cuando vivimos llenos de miedos, que nos amenazan desde dentro y desde fuera. ¿Cómo pensar, sentir y actuar de manera positiva y esperanzada? ¿Cómo olvidar nuestra impotencia y cobardía para enfrentarnos al mal?

Se nos ha olvidado que cuidar nuestra vida interior es más importante que todo lo que nos viene desde fuera. Si vivimos vacíos por dentro, somos vulnerables a todo. Se va diluyendo nuestra confianza en Dios y no sabemos cómo defendernos de lo que nos hace daño.

«El Señor está contigo». Dios es una fuerza creadora que es buena y nos quiere bien. No vivimos solos, perdidos en el cosmos. La humanidad no está abandonada. ¿De dónde sacar verdadera esperanza si no es del Misterio último de la vida? Todo cambia cuando el ser humano se siente acompañado por Dios.

José Antonio Pagola

 

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“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo”. Domingo 20 de diciembre de 2020. Domingo 4º de Adviento.

domingo, 20 de diciembre de 2020
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04advientoB4cerezoLeído en Koinonia:

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16: El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.
Salmo responsorial: 88: Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Romanos 16,25-27: El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.
Lucas 1,26-38: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

La lectura del segundo libro de Samuel nos cuenta que, deseando David edificarle una casa Yahvé en Jerusalén, Yahvé dirigió la palabra al profeta Natán, para comunicarle que no sería David quien le edificaría una casa a Yahvé, sino que Yahvé le edificaría una casa a David. En aquellos tiempos «casa» se entendía de varias maneras, como Templo, como morada, o como descendencia. Esta profecía quiere decir es que Dios le dará una descendencia a David, es decir, la permanencia del linaje de David sobre el trono de Israel. Esta es la promesa que hace Yahvé a David y que la tradición posterior interpretará en relación con el Mesías como hijo-descendiente de David. La primitiva Iglesia entendió estas palabras en relación con Jesús como el verdadero Mesías. Mateo y Lucas se esfuerzan en presentar en sus genealogías a Jesús como descendiente de David, y varias veces se le llama Hijo de David. Es claro, Jesús es el Mesías esperado, en él se cumplen las promesas de Dios.

En los versículos que hemos leído del largísimo salmo 88 están dispuestos en la liturgia para mostrarnos la relación de Jesús con Dios. El salmo es un himno al Creador seguido de un oráculo mesiánico. En este oráculo el salmista pone en boca de Dios estas palabras: yo lo nombraré mi primogénito, altísimo entre los reyes de la tierra. Se refiere al Mesías, al salvador esperado, pero que nosotros como cristianos lo leemos claramente referido a Jesús. Él es el Hijo, la primicia por la que todos seremos salvados, el primogénito entre todos los hombres. Por su predicación, por su sencillez y servicio a los más pequeños, por su sí incondicional a Dios hasta la muerte, Dios lo resucitó haciéndolo altísimo entre los reyes de la tierra.

La segunda lectura tomada de la carta de Pablo a los Romanos nos presenta una oración de alabanza a Dios (doxología) con la que concluye toda la carta. La oración está dirigida a Jesucristo, en él cual se revela el misterio que Dios había mantenido oculto por siglos, pero que ahora, gracias a la Escritura y la predicación del mismo Jesucristo fue dado a conocer a todos, pero especialmente a los gentiles para la obediencia de la fe. Finaliza con una bendición tomada de las costumbres judías. Reconocemos que el misterio oculto por los siglos, es Jesús mismo que ahora nos revela el rostro del Padre y que se convierte en salvación para de todos los hombres.

En el evangelio leemos el anuncio del ángel a María del nacimiento de Jesús, que la convierte en la primera discípula y evangelizada: escucha la palabra de Dios, es capaz de reconocer que la acción de Dios pasa por los más pequeños y humildes. María era una mujer joven y pobre de un pueblo muy pequeño del norte del país. Ella recibe el anuncio del ángel, que la sorprende pero que sabe reconocer la acción de Dios en el anuncio. Le dice sí a Dios. A diferencia de Zacarías el signo que pide María no parte de la incredulidad, sino de la necesidad de poner por obra las palabras del ángel.

El evangelista Lucas pone de manera consecutiva el anuncio a Zacarías y el anuncio a María para resaltar que la acción de Dios se manifiesta fuera del Templo, fuera del lugar sagrado, en medio de los pobres y abandonados, como lo es María triplemente excluida por ser mujer, por ser pobre y por ser joven. Y es en ese lugar de marginación y pobreza donde el proyecto de Dios para la humanidad va a fructificar, por medio del sí consciente de María y de todos los que se identifican con ella.

El niño que nacerá de María será el Salvador, el Mesías, un «Hijo de Dios». Dios se hace ser humano en la persona de Jesús para que siendo como él, los seres humanos seamos semejantes a Dios. Pero no lo hace en contra de la voluntad de los hombres. María, con su «sí» al proyecto de Dios, introduce a Jesús en la historia, haciéndose hombre pobre y creyente.

Adviento es tiempo de preparación, de espera de la fiesta de la Natividad, de la manifestación del Mesías. Participar de esta fiesta es asumir la misma dinámica de María que le dice sí a Dios, y la misma actitud de Dios que se hace pobre para nuestra salvación en la persona de Jesús de Nazaret. Leer más…

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Dom 4º Adviento. La puerta de la Navidad, María (Lc 1, 26-38)

domingo, 20 de diciembre de 2020
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DDE95D42-F1BA-4396-867C-A6339EB8E70BDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté ayer el “portal” del Nacimiento, con tres motivos de fondo: Historia, Confesión de fe, apertura simbólica (o “mítica” en sentido profundo ). En ese  portal, la puerta es María, a la que llamamos con la tradición “ianua christi” o puerta del mesías (en la letanía lauretana se le llamara “ianua coeli”, es decir, puerta del cielo.

Lógicamente, el evangelio de este domingo, puerta de la Navidad, es la anunciación de María (= encarnación de Cristo) que comentaré  basándome  en dos trabajos anteriores, sobre la historia de Jesús y sobre los temas centrales de la Biblia.  Exposición actualizada del tema, en línea de compromiso creyentes, en Radio Galilea, Córdoba, Argentina.

17.12.2020

Lc 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le podrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel[1].

(Imagen 1: Puerta de la Majestad, colegiata de Toro. Imagen 2: Puerta del Perdón, catedral de Ciudad Rodrigo. María es en ambas la Ianua Christi, puerta de la Navidad)

Encarnación del Hijo de Dios

La escena se encuentra estructurada a partir de la triple palabra del ángel a María.

  1. a) Hay un momento de presentación: «salve, oh agraciada, el Señor está contigo» (1,28). El saludo transmite un amor muy especial y es comprensible que María, la doncella, se turbe al meditarlo (1,29)
  2. b) Hay una primera explicitación: «no temas, María, porque has hallado gracia ante Dios; he aquí que concebirás…» (1,30-33). El saludo anterior se convierte así en encargo: es revelación de una tarea que María debe realizar.
  3. c) Hay una segunda explicitación.María ha interrogado (Lc 1,34) y el ángel le responde de nuevo diciendo: «el Espíritu santo vendrá sobre ti…» (1,35). La presencia de Dios y su gracia en María se expresan definitivamente por medio del Espíritu.

En la armonía progresiva de esa triple palabra se va descubriendo el sentido de la presencia de Dios en María. Se trata de una misma presencia que viene a mostrarse en dos efectos complementarios. a) Enriquece a María, convirtiéndola en agraciada de Dios. b) Actúa a través de ella, para el surgimiento de su Hijo. La plenificación personal de María y su colaboración como madre al nacimiento de Jesús forman como dos caras de una misma donación y entrega de su vida.

 Con habilidad especial, en la línea del AT, Lucas ha tejido la escena de tal forma que las tres intervenciones del ángel vienen a encontrarse separadas por dos interrupciones o preguntas de María, que sirven para realzar los motivos, resaltando su sentido más profundo.
  1. Ante el primer saludo (1,28), María responde con su turbación interna. No le turba la teofanía en sí; ella parece estar acostumbrada a Dios. Le inquieta la palabra que Dios le ha dirigido: presiente que en el fondo de ella hay un misterio y por eso, ante la novedad de la revelación, se turba, de tal forma que su misma turbación le sirve de pregunta.
  2. La primera aclaración del ángel suscita una pregunta nueva de María, que ahora interroga expresamente: «¿cómo será esto, pues no conozco varón?» (1,34). Tampoco esta pregunta debe interpretarse en sentido historicista. Ella se formula para explicitar la búsqueda de María y, sobre todo, para situar mejor el tema, permitiendo una respuesta del ángel que aclare el sentido de la intervención de Dios. 3

Dios se ha revelado y María le responde preguntando. Entre los dos se ha establecido un diálogo tejido de respeto y de con-fianza. Dios no se le impone, le razona. María no vacila en preguntar, presenta su camino. Sólo así, en un clima de entrega mutua puede afirmarse que la escena ha culminado: Dios ofrece su Espíritu (Lc 1,35); María le responde ofreciéndole su vida (Lc 1,38).

De esta forma, ella participa personalmente en el misterio del surgimiento mesiánico. No es un medio que se emplea y después se deja fuera. Al contrario: sólo en la medida en que ella es im-portante (como espacio de presencia de Dios y transparencia de su Espíritu; cf. 1,28.35) puede colaborar con Dios, siendo mediadora personal de su encarnación sobre la tierra.

El enriquecimiento personal de María como “agraciada de Dios” resulta inseparable de su transformación dinámica, es decir, de su actuación comomadre del Mesías. Sólo una vez que eso está claro se pueden formular dos temas de carácter más teológico: ¿cómo actúa Dios? ¿cómo se presenta en nuestra escena?

De Dios se habla en un lenguaje personal: Dios es quien llama, pregunta, responde. Su palabra se explicita por medio del «ángel del Señor» (cf. Lc 1,11), que recibe nombre propio y se llama Gabriel, fuerza de Dios (1,19.26), o simplemente «el ángel» (1,18.30. 35.38).

Resulta evidente que ese ángel, visto en el trasfondo del AT, es el mismo Dios: es un modo de hablar de su presencia personal y dialogante en relación con María. Pues bien, al lado de ése, hay un lenguaje dinámico en que Dios viene a expresarse y actuar por medio del Espíritu (Lc 1,35). Del sentido de ese Espíritu hablaremos todavía. Volvamos a las personas que mantienen el diálogo.

Por un lado está María. Ella comienza en actitud pasiva, escucha, se ad-mira, pregunta; pero su misma pasividad viene a convertirse en muy activa. Ella es quien pronuncia la palabra decisiva, el «hágase» que pone en marcha la actuación de Dios y su presencia salvadora sobre el mundo.

A través del ángel, que es señal de la palabra del Altísimo, María ha dialogado con Dios de cara a cara, de libertad a libertad, de reverencia a reverencia. Ha dialogado y respondido: «hágase» (1,38). De esa manera deja libre el camino de Dios que actúa por su Espíritu. Esto significa que el diálogo se vuelve triangular. En los extremos se hallan Dios y María: el centro, como campo de unidad y encuentro, es el mismo Espíritu divino.

Diálogo significa cruzamiento, encuentro de «logos» (palabras): se unen así el Logos de Dios y el logos de María, la “palabra de Dios” y la palabra de una mujer. Dios mismo pronuncia su Palabra en el Espíritu. María, por su parte, le responde, pronunciando esa palabra de Dios como palabra humana y así nace Jesucristo. Esto nos permite precisar de nuevo los aspectos del misterio.

Dios aparece como dueño de la eternidad, origen y sentido de todo lo que existe; pues bien, Dios ha expresado su Palabra eterna, hablando con María, en el Espíritu.

Maria representa el camino israelita, mejor dicho, el camino de los hombres: por vez primera, en el transcurso de la historia, ellos pueden hablar con Dios de igual a igual; por eso, en su palabra humana (fiat) viene a pronunciarse humanamente, esto es, se encarna, la Palabra eterna de Dios Padre.

El Espíritu aparece ahora como el gran misterio del encuentro: es, por un lado, Espíritu de Dios, es el espacio de su amor en el que viene a pronunciarse su Palabra; pero, al mismo tiempo, es desde ahora Espíritu de María, es la intimidad y hondura de su vida abierta hacia el misterio de Dios, engendrando sobre el mundo al Hijo Jesucristo.

De este modo, la vida y persona de María, sin formar parte de la eternidad de Dios, se ha convertido en condición necesaria de su manifestación en el camino de la historia. Ella pertenece al surgimiento humano del Hijo Jesucristo. Una vez más podemos formular el tema.

Para ser Padre dentro de la historia Dios mismo necesita de María: sólo si ella consiente y colabora, Dios engendra sobre el mundo a su Hijo Jesucristo.

Para ser lazo de unión entre Dios y los hombres, el Espíritu santo necesita de María: sólo a través de ella puede explicitarse sobre el mundo, haciendo así posible el nacimiento de Jesús, el hombre que mantiene relación filial perfecta con Dios Padre. Por medio de Jesús el resto de los hombres pueden vincularse plenamente al misterio del Espíritu. Leer más…

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Tres mensajeros, tres promesas y un misterio. Domingo 4º de Adviento. Ciclo B

domingo, 20 de diciembre de 2020
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fra-angelico-the-annunciationDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Primer mensajero (Natán) y primera promesa (a David)

               Al final de numerosas aventuras, David se ha convertido en rey del Norte y del Sur, de Israel y Judá. Ha conquistado una ciudad, Jebús (Jerusalén) que le servirá de capital. Se ha construido un palacio. Y ahí es donde comienzan los problemas. Mientras se aloja cómodamente en sus salas, le avergüenza ver que el arca de Dios, símbolo de la presencia del Señor, está al aire libre, protegida por una simple tienda de campaña. Decide entonces construirle una casa, un templo. El profeta Natán está de acuerdo. Dios, no. Será Él quien le construya a David una casa, una dinastía. A su heredero lo tratará como un padre a su hijo. «Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre».

            En esta antigua promesa se basa la esperanza mesiánica. Vendrán crisis políticas, morirán reyes judíos asesinados, terminará desapareciendo la monarquía cuando los babilonios deporten a los últimos reyes. Pero algunos grupos siempre mantendrán la certeza de que Dios no ha abandonado a David y le suscitará un descendiente, concebido con rasgos cada vez más grandiosos.

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:

̶  Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.

Natán respondió al rey:

̶  Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.

Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:

̶  Ve y dile a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.”

Segundo mensajero (Gabriel) y segunda promesa (a Israel)

El anuncio de Gabriel a María es como un cuadro que solo comprendemos bien cuando lo comparamos con otro situado a su izquierda: el anuncio de Gabriel a Zacarías. Entonces, contemplando las diferencias, captamos mejor su mensaje.

[El cuadro de la anunciación a María, tan distinto del de Fray Angelico, es de Henry Ossawa Tanner, 1898.]

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1) El anuncio a Zacarías tiene lugar en el espacio sagrado del templo, el de María, en un pueblecillo desconocido de Galilea, de doscientos habitantes.

2) Gabriel se aparece a un anciano venerable, casado con una mujer muy piadosa, los dos israelitas modélicos; luego Dios lo envía a una pareja joven, todavía sin casar, de los que no se menciona ninguna virtud.

3) En el primer caso, el protagonista es un varón (Zacarías); en el segundo, una muchacha (María).

4) A Zacarías se le aparece provocándole un miedo sagrado; a María la saluda con palabras tan elogiosas que se siente turbada y sorprendida.

5) En ambos casos se anuncia el nacimiento de un niño, pero con enormes diferencias entre ellos: Juan será un profeta, al estilo de Elías, y su misión consistirá en preparar al pueblo; Jesús será un rey que gobernará en la Casa de David eternamente. A menudo se pasa por alto el fuerte contenido político de las palabras relativas a Jesús: «Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Si tenemos en cuenta que «Hijo del Altísimo» no significa «Segunda persona de la Santísima Trinidad», sino que es un título del rey de Israel, las palabras de Gabriel repiten insistentemente la idea de la realeza de Jesús. Pero su reino no es universal, se limita a «la casa de Jacob».

6) En ambos casos, el nacimiento parece imposible: Zacarías e Isabel son ancianos; María no ha tenido relaciones con José. [La traducción habitual: “no conozco varón” se presta a malentendido, ya que María conoce a José, es su novio; lo que quiere decir es «no he tenido relaciones sexuales con ningún hombre».]

7) Ante esa dificultad, Zacarías pide una garantía de que eso pueda ocurrir [algo que solo se percibe claramente en el texto griego: kata. ti, gnw,somai tou/toÈ]; María se limita a formular una pregunta: «¿Cómo puedo quedarme embarazada si no he tenido relaciones con un hombre?» [pw/j e;stai tou/to( evpei. a;ndra ouv ginw,skwÈ].

8) En consecuencia, mientras Zacarías queda mudo hasta el día del nacimiento de Juan, María es la que pronuncia la última palabra: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esta frase sintetiza la actitud de María en toda su vida y, al mismo tiempo, la presenta al cristiano como modelo de disponibilidad absoluta.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

̶  Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

̶  No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

̶  ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?

El ángel le contestó:

̶  El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

̶  Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y la dejó el ángel.

Tercer mensajero (Pablo) y tercera promesa (al mundo entero)

                Pablo no ha visitado todavía Roma cuando escribe su carta a los romanos. Pero tiene una larga experiencia de apostolado y de reflexión. Sobre todo, ha tenido una experiencia fundamental en el momento de su vocación: el Mesías Jesús no ha sido destinado por Dios solo al pueblo de Israel, sino a todas las naciones.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16,25-27

Hermanos: Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

El misterio

Desde David hasta Pablo se recorre un largo camino y la perspectiva se abre de modo asombroso: lo que comenzó siendo la promesa a un rey, más tarde a un pueblo, termina siendo la promesa al mundo entero. Como dice la segunda lectura, esta es «la revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos».

Tres reacciones a tres mensajeros

                ¿Cómo reaccionan los interesados antes los mensajes que reciben?

                La respuesta de David no la recoge la lectura, pero es una extensa oración de alabanza y acción de gracias por la promesa que Dios le hace (2 Samuel 7,18-29).

                María reacciona con aceptación y fe. No imagina los momentos tan duros que tendrá que aceptar por causa de Jesús (“una espada te atravesará el alma”) ni la cantidad de fe que necesitaría cuando vea a su hijo criticado y condenado por terrorista y blasfemo.

                La reacción de Pablo, la que desea inculcar a sus lectores romanos, es cantar la sabiduría y la gloria de Dios a través de Jesucristo.

Tres reacciones muy adecuadas para vivir estos días previos a la Navidad.

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20 Diciembre. Cuarto Domingo de Adviento, ciclo B.

domingo, 20 de diciembre de 2020
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“-No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”.

(Lc 1, 26-38)

Ahora que la Navidad ya se asoma la liturgia nos regala este texto de la anunciación. Nos colocamos en la intimidad de uno de los momentos más importantes de la vida de María, y también más decisivo.

María, una mujer joven de Nazaret, escucha la voz de Dios en su vida y recibe una misión: ser la Madre de Jesús. Es el encuentro de dos libertades. La libertad de Dios que quiere depender, que elige necesitar de su criatura. Y la libertad de María que se abre a la promesa de Dios sin seguridades.

La escena es bonita, la hemos visto representada de mucha maneras. Hay muchos cuadros, esculturas, películas y representaciones sencillas que recrean aquel idílico momento en el que, digámoslo, todo parece fácil.

El ángel le dice: “concebirás a y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Suena sencillo, parece que ya está todo pensado y solucionado. Pero cuando María se queda sola, cuando el ángel la deja, empiezan a emerger las dificultades. Un embarazo fuera de la vida de pareja todavía hoy es un problema, pero en el caso de María podía suponer la pena de muerte.

La misión de María fue difícil y arriesgada, llena de libertad y de compromiso. No fue una vida apacible y despreocupada, no hizo lo que quería sino que tuvo que salir al paso de lo que iba llegando.

Ahora que vamos a comenzar el Tiempo de Navidad podemos contemplar la valentía y la fortaleza de María, la mujer valiente de Nazaret.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por regalarnos a María como Madre y como compañera de camino

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La encarnación de Dios es la clave.

domingo, 20 de diciembre de 2020
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annunciation-mary-bible-video-1398414-galleryLc 1, 26-38

Los textos que vamos a leer estos días están tomados del “evangelio de la infancia”. Debemos tomar conciencia del sentido “no histórico” de los textos. El anuncio del nacimiento de un hijo de dios, el nacimiento de madre virgen, el nacimiento en una gruta, los pastores adorando al niño, el intento de matar al niño, la huída después de un aviso, la muerte de los inocentes, el anuncio por medio de una estrella, la adoración de unos magos, etc.; todos son relatos míticos ancestrales y ninguno es original del cristianismo.

El decir “mítico” no quiere decir “mentira”. Este es el primer error a superar. El mito es un relato que intenta desvelar una verdad radical que atañe al hombre entero, y que no se puede explicar por medio de discursos racionales. Al decir que estos relatos son míticos, no estamos devaluando su contenido, sino todo lo contrario; nos estamos obligando a descubrir el significado profundo y vital que tienen. Lo nefasto es haber considerado los relatos míticos como crónicas de sucesos sin mayor alcance vital.

Todo esto lo ha descubierto la exégesis hace muchas décadas. No acabo de comprender por qué existe tanto miedo a que el pueblo conozca la verdad. ¿No nos dice el mismo evangelio que la verdad os hará libres? ¿O es que lo que nos asusta es esa libertad? Es verdad que la explicación del sentido profundo de estos textos no es sencilla, pero es precisamente esa dificultad la que debía espolearnos. He visto a la gente abrir ojos como platos cuando han comprendido la profundidad del mensaje.

En las lecturas de hoy destaca el contraste entre la actitud de David, que después de hacerse un palacio, decide hacer un favor a Dios, construyéndole un templo para que habite; y la actitud de María que ve solo la gratuidad de Dios para con ella. La humildad de María hace posible el acercamiento a Dios. La soberbia de David le aleja de Él. La lección es clara: Nosotros no podemos hacer nada por Dios, es Él quien lo hace todo por nosotros. Ni siquiera tenemos que comprar su voluntad con sacrificios y oraciones.

Lo que Lucas nos propone es la teología de la encarnación entendida desde el AT. Todas las palabras del relato hacen referencia a situaciones bíblicas. El evangelista acaba de narrar la concepción de Juan que tiene como modelo la de Isaac. Para la concepción de Jesús, Lucas toma como modelo la creación de Adán. Como Adán, Jesús nace de Dios sin intermediarios; y como él, va a ser el comienzo de una nueva humanidad. No es uno más de los grandes personajes de la historia de Israel. Esta es la clave de todo el relato.

Ángel=mensajero no tiene, en el AT, la misma connotación que tiene para nosotros. No debemos pensar en unos seres al servicio de Dios, sino en la presencia de Dios de una manera humana para que el hombre pueda soportarla. El pueblo de Nazaret no es nombrado en todo el AT; es algo completamente nuevo. Galilea era la provincia alejada del centro de la religiosidad oficial. La intervención divina en Jesús rompe con el pasado y va a constituir una auténtica novedad. Todo sucede lejos del templo y de la oficialidad.

La escena se desarrolla en una casa sencilla de un pueblecito desconocido. A una virgen= doncella, no ligada a la institución sino completamente anónima. Ni tiene ascendencia ni cualidad alguna excepcional. De los padres de Juan acaba de hacer grandes elogios, de María, ninguno. Virgen no debemos entenderla según nuestro concepto actual. Se trata de una niña aun no casada. Alude a la absoluta fidelidad a Dios, por oposición a la imagen del pueblo rebelde, tantas veces representado por los profetas como la adúltera o prostituta. María representa al pueblo humilde, sin relieve social alguno, pero fiel.

Alégrate, agraciada, el Señor está de tu parte. Alusión también a los profetas: “Alégrate hija de Sión, canta de júbilo hija de Jerusalén”. Es un saludo de alegría en ambiente de salvación. Cercanía de Dios a los israelitas fieles. Dios se ha volcado sobre ella con su favor. La traducción oficial, “llena de gracia”, nos despista, porque el concepto que nosotros ponemos detrás de la palabra “gracia”, se inventó muchos siglos después. No se trata de la gracia, (un ser divino) sino de afirmar que le ha caído en gracia a Dios.

Al contrario que en Mateo, José, descendiente de David, no tiene papel alguno en el plan de salvación anunciado en Lucas; María misma impondrá el nombre a Jesús (Salvado). No será hijo de David, sino del Altísimo. Ser Hijo, para un judío, no significa generación biológica, sino heredar la manera de ser del padre, y tener por modelo al Padre. No será David ni cualquier otro ser humano, el modelo para Jesús, sino Dios. Jesús no puede tener padre humano, porque en ese caso tendría la obligación de obedecerle e imitarle.

El Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo son lo mismo. Cubrir con su sombra hace referencia a la gloria de Dios, que en el Génesis se representaba por una nube que cubría el campamento. Santo=Consagrado, Hijo de Dios, son designaciones mesiánicas. Consagrado hace referencia siempre a una misión. El rey ungido era, desde ese instante, hijo de Dios. El Espíritu no actúa sobre el cuerpo, sino sobre el ser de Jesús, dándole calidad divina. “De la carne nace carne, del Espíritu nace Espíritu”, dice Juan. No es la carne de Jesús la que procede del Espíritu, sino su verdadero ser. Claro que Jesús fue ‘engendrado’ por obra del Espíritu, pero de un modo más profundo de lo que pensamos.

Aquí esta la esclava del Señor. Hemos insistido tanto en los privilegios de María que hemos convertido en impensable la encarnación de Dios en alguien que no sea perfecto. Pablo nos habla del misterio escondido y revelado. El misterio mantenido en secreto, por generaciones, es que Dios es encarnación. Dios salva desde dentro de cada persona, no desde fuera con actos espectaculares. La buena noticia es una salvación que alcanza a todos. Misterio que está ahí desde siempre, pero que muy pocos descubren. No es que Dios realice la salvación en un momento determinado; Dios no tiene momentos.

Cambia el concepto de Dios para el evangelista. El Dios que a través de todo el AT se manifiesta como el poderoso, el invencible, el dador de la muerte y la vida, pide ahora el consentimiento a una humilde muchacha para llevar a cabo la oferta más extraordinaria en favor de los hombres. Ese formidable cambio en la manera de concebir a Dios no es fácil de comprender. Una y otra vez, hemos vuelto al Júpiter tonante, que está a nuestro favor y en contra de nuestros enemigos, pero estará también contra nosotros si fallamos.

Dios se hace presente en la sencillez. Seguimos esperando portentos y milagros en los que se manifieste el dios que nos hemos fabricado. Ningún acontecimiento espectacular hace presente a Dios. Al contrario en cualquier acontecimiento por sencillo que sea, podemos descubrirlo. Somos nosotros los que ponemos a Dios allí donde lo vemos. Pascal dijo: “Toda religión que no predique un Dios escondido, es falsa”. Los budistas repiten: “Si te encuentras al Buda, mátalo”. Todo dios que percibimos viniendo de fuera es un ídolo.

Meditación

La disponibilidad de María es la clave del mensaje.
Dejar hacer a Dios es descubrir lo que está haciendo.
Él lo está haciendo todo en cada instante.
Descubrir esta presencia activa
es la esencia de toda vida espiritual auténtica.
No tienes que hacer nada ni conseguir nada.
En ti está ya la plenitud que quieres alcanzar.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El don de la maternidad.

domingo, 20 de diciembre de 2020
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1_madre“Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia” Jn 10, 10.

20 de diciembre, domingo IV de Adviento

Lc 1, 39-45

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre

El don de la maternidad no tiene sexo y es consustancial a todas las criaturas en todo espacio y tiempo.

Cuando Dios se encarna ser humano -y se ha encarnado siempre en todos los seres-, la encarnación es alma que lo anima todo. Es, como dice Arregi: “la dinamys que late en la realidad. Es la presencia operativa, creadora, transformadora, que habita todo cuanto es, desde las partículas hasta las galaxias”.

Jesús lo remarcó en Jn 10, 10: ”Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Para compartir gozo y alegría, como compartieron María e Isabel, embarazadas ambas. Dar a luz es dar luz; es inspirar e iluminar: “La religiones mueren cuando fallan sus luces”, escribió el gran teólogo alemán W. Pannenberg (1928-2014).

Uno de los grandes poetas sufíes de la tradición mística musulmana, Rûmî (1207-1273), escribió con enorme hondura mística y apertura ecuménica esta frase:

Nuestro país debe ser la tierra de oportunidad ilimitada para todos. “Nuestro cuerpo es semejante a María: cada uno tiene un Jesús en su interior, pero éste no puede nacer hasta que los dolores de parto no se manifiesten en nosotros”.

Célibe o casado, embarazada o virgen, todos han concebido en un “hágase en mí” gozoso. Un “fiat” que es un peregrinar al templo de nuestro propio ser, a nuestro centro. Y es una invitación a salir luego de nuestro vientre personal, a implicarse en los problemas de los otros y ayudarles a que también ellos puedan acudir cuanto antes al paritorio.

Toda maternidad es don y donación. No se puede engendrar sin parir luego. La Naturaleza, al menos, lo consideraría una traición. Es como impedir que la vida personal siga cumpliendo su mandato espiritual. La decisión de tener un hijo, decía Elizabet Stone, nadadora paralímpica, es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo”.

El hijo al que canta Gabriela Mistral en su Canción de madre, le reclama ese derecho:

“Los  ojitos que me diste / me los tengo de gastar / en seguirte por los valles / por el cielo y por el mar…”

Únicamente de este modo podremos cambiar el mundo y hacerlo más habitable. En la película Los mejores años de nuestra vida (Usa 1946), decía el director, señor Milton al Consejo de Administración: “Nuestro país debe ser la tierra de oportunidad ilimitada para todos”. ¿Lo decía pensando en la maternidad donante y generosa de la Madre Tierra? 

Y para cambiarnos a nosotros, el doctor japonés Hiromi Shinya, ha descubierto unas enzimas-madre multifuncionales que permiten al organismo corporal autocurarse. En su reciente obra La enzima prodigiosa expone la revolucionaria forma en que nuestra Madre Cuerpo Humano nos ayuda a mantenernos fisiológicamente también sanos.

LA MADREPERLA

Concebiste en tu seno nacarado
las doce puertas que eran doce perlas
según San Juan en el Apocalipsis. 

Y el Evangelio de Jesús compara
el Reino de los Cielos
a un mercader que busca perlas finas. 

Al descubrir una de gran valor
va, vende cuanto tiene y la compra.
¡Es un sueño de amor el que tuviste! 

Yo deseo también ser concebido
en tu iriscente seno nacarado,
y llegar a ser perla de tus sueños.

(NATURALIA.
El Sueño de las Criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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