Archivo

Archivo para la categoría ‘Biblia’

La comunidad encuentra a Jesús dándoles Vida.

domingo, 11 de abril de 2021
Comentarios desactivados en La comunidad encuentra a Jesús dándoles Vida.

image2Jn 20, 19-31

Este relato es la clave para entender la teología de todas las apariciones pascuales. No pretenden decirnos qué pasó en Jesús sino transmitirnos su vivencia interior. La experiencia pascual demostró que solo en la comunidad se descubre la presencia de Jesús vivo. La comunidad es la garantía de la fidelidad a Jesús. Es la comunidad la que recibe el encargo de predicar. La misión de anunciar el evangelio no se la han sacado ellos de la manga sino que es el principal mandato que reciben de Jesús.

Juan es el único que desdobla el relato de la aparición a los apóstoles. Con ello  personaliza en Tomás el tema de la duda, que es capital en todos los relatos de apariciones. El primer día de la semana”. Jesús está ya fuera del tiempo y el espacio. Para él ya no hay días ni meses ni cuarentenas. En él no puede pasar nada, porque para que pase algo se necesita el tiempo y el espacio. Lo último que pasó en Jesús fue su muerte. Más allá de ella entra en la eternidad donde nada puede pasar.

Jesús aparece en el centro como factor de unidad. La comunidad está centrada en Jesús. No atraviesa la puerta o la pared, no recorre ningún espacio; se hace presente en medio de la comunidad. El saludo elimina el miedo. Las llagas, signo de su entrega, evidencian que es el mismo que murió en la cruz. La verdadera Vida nadie pudo quitársela a Jesús. La permanencia de las señales de muerte, indica la permanencia de su amor. Garantiza además, la identificación del resucitado con el Jesús crucificado.

El segundo saludo les refuerza para la misión. Les ofrece paz para el presente y para el futuro. En los relatos de apariciones la misión es algo esencial; les había elegido para llevarla a cabo. La misión deben cumplirla, demostrando un amor total, semejante al suyo. Si toman conciencia de que poseen la verdadera Vida, el miedo a la muerte biológica no les preocupará en absoluto. La Vida que él les comunica es definitiva.

El verbo soplar, usado por Jn, es el mismo que se emplea en Gn 2,7. Con aquel soplo el hombre barro se convirtió en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da otra Vida. Se trata de la nueva creación del hombre. La condición de hombre-carne se transforma en hombre-espíritu. Esa Vida es la capacidad de amar como ama Jesús. Les saca de la esfera de la opresión y les hace libres (quita el pecado del mundo).

El Espíritu es el criterio para discernir las actitudes que se derivan de esa Vida. Debemos tener cuidado de no hacer decir a los textos lo que no dicen. El Espíritu no es la tercera persona de la Trinidad. Se trata de la Fuerza que les capacita para la misión. Del mismo modo, deducir de aquí la institu­ción de la penitencia, es ir mucho más lejos de lo que permite el texto. El concepto de pecado que tenemos hoy no se elaboró hasta el s. VII. Lo que se entendía entonces por pecado era algo muy distinto.

En la comunidad quedará patente el pecado de los que se niegan a dar su adhesión a Jesús. Ni Jesús ni la comunidad condenan a nadie. La sentencia se la da a sí mismo cada uno con su actitud. El Espíritu permite a la comunidad discernir la autenticidad de los que se adhieren a Jesús y salen del ámbito de la injusticia al del amor.

La referencia a «Los doce», designa la comunidad cristiana como heredera de las promesas de Israel. Tomás había seguido a Jesús pero, como los demás, no le había comprendido del todo. No podían concebir una Vida definitiva que permanece después de la muerte. Separado de la comunidad, no tiene la experiencia de Jesús vivo. Una vez más se destaca la importancia de la experiencia compartida en comunidad.

Hemos visto al Señor. No se trata una visión ocular sino de la presencia de Jesús que les ha trasformado porque les comunica Vida. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que brilla en la comunidad. El relato insiste. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. A pesar de todo, los testimonios no pueden suplir la experiencia; sin ella Tomás es incapaz de dar el paso.

A los ocho días… Cuando se escribe este texto, la comunidad ya seguía un ritmo semanal de celebraciones. Jesús se hace presente en la celebración comunitaria, cada ocho días. La nueva creación del hombre, que Jesús ha realizado durante su vida, culmina en la cruz el día sexto. Estaban reunidos dentro, en comunidad, es decir, en el lugar donde Jesús se manifiesta, en la esfera de la Vida, opuesto a «fuera», el lugar de la muerte. Tomás, reintegrado a la comunidad, puede experimentar lo que no creyó.

La respuesta de Tomás es extrema, igual que su incredulidad. Al llamarle Señor, reconoce a Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Al decir “mío” expresa su cercanía. Jesús ha cumplido el proyecto, amando como Dios ama. “Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre”. “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Dándoles su Espíritu, Jesús quiere que ese proyecto lo realicen también todos los suyos.

Tomás tiene ahora la misma experiencia de los demás: Ver a Jesús en persona. El reproche de Jesús se refiere a la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Pero la adhesión no se da al Jesús del pasado, sino al Jesús presente, que es a la vez, el mismo y distinto. El marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo.

La experiencia de Tomás no puede ser modelo. El evangelista elabora una perfecta narración de apariciones y a continuación nos dice que no es esa presencia externa la que debe llevarnos a la fe. La demostración de que Jesús está vivo, tiene que ser el amor manifestado. La advertencia es para los de entonces y para todos nosotros. El mensaje queda abierto al futuro. Muchos seguirán creyendo aunque no lo vean.

El mensaje para nosotros hoy es claro: Sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando. Se trata del paso del Jesús aprendido al Jesús experimentado. Sin ese cambio no hay posibilidad de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo no significa nada si yo no vivo su misma Vida.

Meditación

Mi principal tarea es descubrir esa Vida que Dios ya me ha dado.
No en confiar en que un día tendré lo que ahora no tengo.
Para confiar en lo que ya tengo,
primero hay que descubrirlo, aceptarlo y vivirlo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

La Iglesia es mujer.

domingo, 11 de abril de 2021
Comentarios desactivados en La Iglesia es mujer.

mujer-iglesiaNuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no será humana (Henrik Ibsen)

Domingo II de Pascua

Jn 20, 19-31

-A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: Paz con vosotros.
Después dice a Tomás: Mete aquí el dedo y mira mis manos: trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree.

Los apóstoles se muestran unos cobardicas -su jefe de filas, el primero- aquellos días memorables de la Pascua judía. Y razones humanas tenían para ello. En el fondo les pesa el miedo atávico a un Dios tirano, que con la expulsión del Paraíso les prohibe la paz y la felicidad a que por su propia naturaleza el hombre aspira.

La fidelidad y valentía la muestra María Magdalena. Unge con aromas, lágrimas y besos los pies de su maestro. Se queda la última en el Gólgota y es la primera en acudir a ungirle el cuerpo. Advierte a Pedro de su desaparición, de verle resucitado y decirle en hebreo temblando de emoción: ¡Rabbuni! Quizás por eso confió Jesús en ella encomendádole que anunciara a los apóstoles la buena nueva de estos hechos. Ya lo adelantó Solón, uno de los Siete Sabios de Grecia, «Los dioses han hecho dos cosas perfectas: la mujer y la rosa».

El hombre se retira de la escena avergonzado en su innoble papel de calzonazos. La mujer le salva de la quema al asumir con valentía el papel de redentora que la Iglesia, nunca hasta ahora, ha querido adjudicarle. El Papa Francisco ha manifestado en más de una ocasión estar «convencido de la urgencia de ofrecer epacios a la mujer en la vida de la Iglesia». Porque «la Iglesia es mujeres ‘la‘, no ‘el‘ Iglesia». Dimensión femenina que él dice gustarle describir como «seno acogedor que genera y regenera la vida».

La directora de cine Margarethe von Trotta filmó en 2009 la película Sor Hildegarda von Bingen, benedictina del siglo XII. El Virrey dice de su Arzobispo que «se niega a sentarse a la mesa con una mujer, incluso con la mía». Y ella le apostrofa en otro momento: ¿Qué revelación particular habéis tenido, ilustrísima, que os autorice a excluir a las mujeres del conocimiento? Ninguna autoridad desmedida le arredra. En la clausura del curso de solfeo, dice a sus alumnas: Yo quisiera que recordarais siempre que Dios no os puso en vano la percepción, la curiosidad… Que nada de eso es el coto de los hombres. La inteligencia no tiene sexo.  Y si alguien lo dice –muchos lo dicen- mienten. Tampoco es privilegio de los hombres la libertad de indagar los secretos del universo.

Fue líder del monacato alemán, abadesa, mística, médico, escritora y compositora. Juan Pablo II se refirió a ella como profetisa y santa. Y el 7 de octubre de 2012, Benedicto XVI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia Universal en la misa de apertura del Sínodo de los obispos en la Basílica de San Pedro.

Ahora como entonces el Resucitado está entre los suyos, según nos revela la liturgia del día. Jesús vence el miedo, la cobardía y la incredulidad de sus apóstoles e insufla luz y vida en las primeras comunidades cristianas. «Entre ellos«, nos refiere el Libro de los Hechos (4, 34-35) «no había indigentes, pues los que poseían campos o casas los vendían, llevaban el precio de la venta y lo depositaban a los pies de los apóstoles».

Así llega la paz y la armonía, frutos naturales del árbol femenino, seno acogedor que genera y regenera la vida. Cuando nos alejamos de Jesús las perdemos y cuando con él estamos las tenemos.

LA PAZ, CONMIGO SEA

Derribar quiero los muros de la noche
que atropellan mis pacíficos sueños.

Quiero un dormir sereno,
reposando mi cabeza feliz
¡oh Dios¡ sobre la almohada de Tu pecho.

-«Venid a mí, dijiste,
los que sufriendo
queréis buscar en Mí,
la paz que prometí en mi Evangelio».

¿Lo ves, Jesús?

Yo vengo y voy, y voy y vengo.
Cuando me voy de Ti, la pierdo,
cuando vengo la tengo.

(SOLILOQUIOS, Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Domingo de la divina misericordia.

domingo, 11 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Domingo de la divina misericordia.

0703still-doubting-jn-granville-gregory

2º Domingo de Pascua. (11-4-2021)

Jn 20, 19-31

Pascua es el triunfo de la Vida definitiva sobre la muerte del cuerpo y la vida perecedera. Eso fue la resurrección de Jesús y es también la nuestra. Y este 2º Domingo de Pascua es el domingo de la Divina Misericordia. La gran misericordia de Dios para con su creación es el don de la Vida (Su Vida) con la vida, en la tierra. Dos vidas en una. La Vida eterna y definitiva en la vida cotidiana y con fecha de caducidad. Ante este don inconmesurable hay que clamar con el Salmo 117 “Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Porque es eterna su misericordia, exalta de gozo hoy nuestro corazón.

El Evangelio de hoy nos relata la incredulidad de Tomás ante la resurrección de Jesús. La semana anterior hemos asistido a los últimos días de la vida en la tierra de Jesús. Jesús ha sido crucificado, muerto y sepultado. A este Jesús crucificado sus discípulos, mediando el tiempo, lo experimentan como “el viviente”.  Jesús está vivo entre ellos. Lo saben. La muerte de Jesús los había dispersado. Habían vuelto a su vida cotidiana anterior. En el relato evangelio de hoy están de nuevo reunidos, en comunidad, “en el primer día de la semana”. El texto es de Juan y hay que entender su simbología. “Primer día” habla de una nueva creación, hombres nuevos. Los discípulos han “progresado adecuadamente”. Y Jesús, el resucitado, el que vive, está en medio de ellos. Así lo viven, lo experimentan ellos. Es él, el crucificado. No cabe duda (“les enseña las manos y el costado”). Las puertas están cerradas por miedo a los judíos. Poco después, los discípulos se llenan de alegría. Pasan del miedo inhibidor al estado eufórico de la alegría. Lo expresan directamente: ¡¡Hemos visto al Señor!! Así le contarán a Tomás lo sucedido. Se sienten enviados a continuar la misión de Jesús: evangelizar. Para la realización de esa tarea Jesús les había prometido su Espíritu. Aquí está la promesa cumplida. Todos, ahora, se siente pletóricos de Espíritu, hombres nuevos. Saben que son “barro soplado con el Espíritu”, otro Adam diferente. Jesús ha resucitado, está vivo; Ellos también.

Los discípulos están reunidos para hacer memoria (recordar) y celebrar la última cena con el Señor. Están juntos para intercambiar recuerdos y vivencias compartidas. Y entre los recuerdos no olvidan la tarea encomendada: Dar a todo el mundo la buena noticia de que Dios es como un padre todoamor, compasivo y misericordioso. Se acuerdan de que la mejor imagen que Jesús les dibujó de Dios estaba en la Parábola del Padre Fuera de Serie del hijo pródigo. Los discípulos cuentan a Tomás, como resumen de todo lo sucedido, que “Hemos visto al Señor”.  Porque Tomás no estaba con ellos y se lo había perdido. Ellos “han visto” y Tomás necesita someter a prueba sensible lo que le dicen. “Si no veo las señales de los clavos en sus manos y no meto la mano en su costado…” ¡ Pobre Tomás, con esas comprobaciones físicas no llegas al ¡Señor mío y Dios mío!. Tienes que volver a estar con ellos, compartir recuerdos, misión y Espíritu para poder creer. Tu solo no, con la comunidad, es posible la fe compartida y apoyada. Para “ver” al Señor es necesaria la fe y en comunidad. A los ocho días, todos juntos y Tomás con ellos, en comunidad, pudieron decir al unísono “Señor mío y Dios mío”. Todos juntos confesaron que Jesús es la persona interpuesta entre Dios y los hombres y que se sentían con la misión de ser mediadores (“personas interpuestas”) entre Jesús y los hombres. Hacia dentro de la comunidad y hacia afuera, hacia la humanidad entera.

Al hilo del texto evangélico que acabo de presentar y del salmo 117 que hoy le acompaña, mi reflexión continúa con el papel de las “personas interpuestas”. Dios es misericordioso con su creación a través de las circunstancias y acontecimientos históricos, pero sobre todo a través de las personas. Son las “Personas interpuestas” que Dios necesita para expresar su misericordia con los hombres. Así lo diseñó desde toda la eternidad. A todos nos incluyó en su proyecto de humanización evolutiva de los seres humanos. A todos nos dio la posibilidad y responsabilidad de ser el medio y la ocasión para que tus próximos descubran la misericordia que Dios tiene para con ellos. Eres “la persona interpuesta” entre Dios y los hombres. Como Jesús, que fue la primera persona interpuesta entre Dios y la humanidad.

A su vez, los otros son los mediadores de la misericordia de Dios para contigo, como lo eres tú -de la misericordia de Dios- con tus vecinos. Somos los eslabones de la cadena que nos une a todos con Dios y entre nosotros. Así entiendo yo la Comunión de los santos y la construcción del Reinado de Dios en la tierra. Así entiendo qué es evangelizar hoy: manifestar, con mi vida y mi palabra, que Dios es amor, es padre generoso, excesivo. Nos ha creado por amor y que quiere ante todo que seamos felices. Que pone de su parte todo lo que necesitamos para serlo. Que nos da a Jesús y el Espíritu como modelo, luz y fortaleza. Y que quiere que entre nosotros reine el amor, la fraternidad y solidaridad.

Para mi Jesús es modelo e ideal de “Persona interpuesta”. Me encanta serlo yo también. Me encanta ser medio, ocasión y oportunidad para que mis hermanos descubran la presencia de Dios en su vida. Me encanta acompañarlos en este descubrimiento. Me encanta ser partera (Sócrates) de Dios para mis hermanos. Ayudarlos a descubrir la Buena noticia de que Dios existe para servir al hombre. Para apoyarle en sus proyectos, para fortalecerle en sus esperanzas y fracasos. Que con Dios todo va mejor. Quiero que experimente que es verdad aquello de que Él está en nosotros para que tengamos Vida en abundancia. Que Él es nuestra plenificación humana, y por tanto divina. Me encanta verlos crecer en su desarrollo como personas, ver que son más felices y más servidores de sus hermanos.

Si te vives como “persona interpuesta” enseguida descubres que lo que tú haces es muy poco, casi nada, en comparación con lo que ves hacer a/en las personas a las que has acompañado en sus descubrimientos. No sales de tu asombro. Efectivamente te has comportado como siervo inútil. Has hecho solo lo que tenías que hacer. Que tú has sembrado con tu vida, con tu testimonio y que la cosecha es de los otros y del Otro. La semilla ha germinado mientras dormíamos. ¡Qué misterio! La Vida lo hace todo.

África de la Cruz Tomé

 Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

¿Creer?

domingo, 11 de abril de 2021
Comentarios desactivados en ¿Creer?

Mente.14Domingo II de Pascua

11 abril 2021

Jn 20, 19-31

Los relatos de apariciones tienen por objeto alimentar y sostener la fe de los discípulos en la presencia de Jesús resucitado. Son, por tanto, construcciones catequéticas, adaptadas a cada comunidad, elaboradas con aquel objetivo. En ese sentido, constituyen textos fundacionales que habrían de marcar el recorrido de las comunidades.

 El hecho de que sean catequesis obliga a hacer una lectura de las mismas en clave simbólica. No tratan de narrar una crónica histórica, sino de transmitir un contenido de fe o creencias.

 Lo que ocurre es que, en nuestra cultura, las creencias no gozan de mucha credibilidad. Hemos aprendido que todas ellas son construcciones mentales y que tienden a absolutizarse con demasiada facilidad, con el peligro que ello comporta.

 A través de ellas, los humanos han tratado de alcanzar seguridad, aliviar sus miedos y fortalecer su sentido de pertenencia a un grupo. Cumplían, por tanto, una función psico-social de primer orden. Pero los riesgos no eran menores: separación, enfrentamiento, cerrazón, dogmatismo, fanatismo, proselitismo…

 Al reconocer que son solo constructos mentales, quedan automáticamente relativizadas. Dejamos de “poner la fe” en ellas y, como mucho, las entendemos como “mapas mentales” que apuntan a algo que trasciende la mente y que habremos de verificar en nuestra experiencia. Porque, si contienen verdad, necesariamente están hablando de todos nosotros. Y eso es precisamente lo que nos invitan a buscar: la verdad de lo que somos…, más allá de las ideas o creencias que tenemos. Con lo cual, no es extraño que a lo largo del camino veamos cómo van cayendo todas ellas. Y, al caer, nos queda una única certeza: la certeza de ser.

 Se produce entonces un fenómeno paradójico y sumamente ilustrativo: al caer las creencias, crece la libertad interior y la lucidez. Como si hubiera caído un corsé que nos constreñía y eso nos hubiera permitido iniciar un camino de autoindagación.

¿Qué valor doy a las creencias?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Amanecía el primer día de la nueva creación, se había hecho la luz, pero el grupo, aquella iglesia se encontraba al anochecer. Tal vez como muchos de nuestros eclesiásticos (?)

domingo, 11 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Amanecía el primer día de la nueva creación, se había hecho la luz, pero el grupo, aquella iglesia se encontraba al anochecer. Tal vez como muchos de nuestros eclesiásticos (?)

paz-a-ustedesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

El texto de hoy es realmente un tejido que forma un tapiz de hermosas evocaciones del hecho central de la historia de la humanidad: la Resurrección del Señor. Por otra parte, este relato concluye el camino de los discípulos hacia la fe en el Señor resucitado, que se puede concretar en la expresión de fe de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!

         Recorramos el texto con calma (aunque quizás sea excesivamente largo para una homilía):

  1. Aquel grupo (iglesia) se encuentra al atardecer-anochecer el primer día de la semana

         La Resurrección supone la nueva creación realizad por Cristo en su muerte y resurrección. Amanecía el primer día de la nueva creación, se había hecho la luz. Sin embargo aquel grupo, aquella iglesia se encontraba al anochecer, a oscuras, como en tinieblas (una de las antítesis de Juan: verdad / mentira, muerte / vida, luz /tinieblas).

         Hoy en día, ¿no estamos en una espesa noche cultural, humanista, religiosa? ¿No seguimos el consejo de Nietzsche que nos condenó a vivir errantes en una noche densa?

¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos el aliento del vacío? ¿No hace ya frío? ¿No anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro?[1]

         En la misma pandemia ¿no estamos en una noche no ya científica, sino una noche de esperanza, en una falta de horizonte?

         No somos capaces de transmitir un poco de esperanza y de Vida.

         Ha amanecido la vida: resucitó el Señor, nuestra esperanza.

  1. Los discípulos estaban encerrados por miedo a los judíos.

         Aquellos primeros discípulos estaban encerrados con miedo a los judíos.

         Jesús “había fracasado” y sus seguidores se encierran, “se enquistan” por miedo.

         Muchos sectores de la iglesia, se encuentra encerrados en sí mismos por miedo a todo. El grupo de cardenales, de obispos, de laicos que se oponen al papa, viven encerrados y con miedo. ¿No será este el caso de nuestra propia diócesis de San Sebastián? ¿No vivimos en una noche doctrinal, en una cerrazón blindada a todo pensamiento, libertad y creatividad? ¿No se tiene miedo a la libertad y diversidad teológicas o -simplemente- miedo a la libertad de pensamiento? ¿No vivimos con miedo a las ideologías, no tenemos pavor a los logros de las ciencias? ¿no se tiene miedo a la sexualidad? ¿no condenamos “todo lo que se mueve” en nuestro derredor?

         El miedo bloquea, encierra, “confina para no contaminarse con lo que considera pandemia teológica, moral, etc.” y no tolera la más mínima apertura. El miedo toca a vísperas de fanatismos y fundamentalismos.

  1. Jesús se hace presente en la comunidad y les confiere paz y alegría

         Cuando JesuCristo no está en una comunidad ese grupo se encuentra “al anochecer, con las puertas cerradas y con miedo.”

         Pero cuando Jesús está presente en una comunidad, en una iglesia, en una parroquia o diócesis, hay paz, alegría y ánimo-espíritu: Paz a vosotros… y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Recibid Espíritu

Una iglesia que genera miedo, pánico, escrúpulos, culpabilidades, miedos, tristezas, no es la iglesia de Jesús

Mirémonos nosotros personal y eclesialmente si vivimos en paz, con alegría e ilusión.

¿Y si en vez de cuidar el “orden público”, la precisión ritualista, la exactitud dogmática y la “disciplina de partido”, cuidáramos la paz de nuestras gentes, la alegría o cuando menos la serenidad y la ilusión, el ánimo de nuestros curas, laicos y creyentes?

En el evangelio de hoy podemos apreciar que lo esencial en la Iglesia es la presencia de Cristo en medio de la comunidad. Lo central no es el Derecho Canónico, ni el catecismo, ni el báculo. Quien es el fundamento de nuestra vida es Cristo: él nos infunde paz y serenidad.

  1. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo.

         Una iglesia encerrada en sí misma, se dedica “a sus cosas”, a sus liturgias y sus estructuras, a conservar como en formol la doctrina, el dogma, los ritos.

         Una iglesia en la que está Cristo, vive abierta a la misión; o en palabras del papa Francisco, es una iglesia que sale a las “periferias”, sale afuera, hacia el diálogo con otras gentes, hacia los más pobres, busca el diálogo con las ideologías, desea la relación y comunicación con las diversas tradiciones cristianas (ecumenismo), con otras religiones.

         La iglesia huele a alcanfor y formol y tenemos miedo a pillar una neumonía con el aire fresco del Evangelio.

  1. Tomás no estaba con ellos.

Tomás probablemente había terminado decepcionado de Jesús y del grupo, por eso se había marchado y no estaba en el grupo. Por eso no cree, posiblemente andaba despistado (fuera de pista), descentrado.

         Como nosotros. Nuestras iglesias están medio vacías. ¡Cuánta gente no se ha marchado de la iglesia!

¿Cómo nos va o nos ha ido la vida “al margen” de la comunidad, en las rupturas familiares, en las disensiones eclesiásticas, ideológico-políticas?

         Los seres humanos somos comunitarios, sociales. Nos nacen nuestros padres, vivimos en familia, recibimos la cultura de nuestro pueblo (además de otros elementos universales), la fe la vivimos en comunidad eclesial, en la parroquia, en la vida comunitaria, los idiomas son comunitarios, lo mismo que los valores, etc.

         Las fugas y marginaciones son problemáticas, difíciles. Cuando uno marcha o rompe con su familia, se crea una situación difícil para todos; cuando se ha de salir del propio pueblo-cultura por razones de trabajo (migraciones), de exilio (situaciones políticas), etc. no son cosas sencillas. Lo mismo en la vida eclesial: cuando se producen rupturas, separaciones, etc., la cosa es problemática.

         ¿A qué viene esto?

Fuera del grupo uno vive dislocado, hace frío, se está mal.

En estos momentos eclesiásticos habremos de procurar vivir una eclesiología no de continua disputa o una eclesiología de “vencedores y vencidos”; no sería lo más mínimo humano ni cristiano. Sería, es muy triste.

  1. Tomás vuelve al grupo.

         A los ocho días Tomás se reincorpora al grupo. Son “Los otros discípulos” los que le comunican: hemos visto al Señor.

         La educación, la fe, la cultura nos la transmiten siempre “los otros”, la familia, el pueblo, la iglesia. Es muy difícil vivir siempre sólo y al margen de alguna comunidad humana y de la comunidad cristiana. No se puede ser “cristiano por libre”, como no se puede ser familia por libre o no se pertenece a un pueblo por libre, sino con un cierto sentido comunitario.

         Somos seres comunitarios. Esta pandemia que estamos viviendo nos está aislando, confinando por fuerza mayor (sanitaria). Pero es difícil vivir aislado, porque somos seres comunitarios.

Y es que vivir en comunidad es algo tan natural y espontáneo como difícil y en ocasiones, duro. La vida matrimonial y familiar es muy problemática en determinadas situaciones, lo mismo que la vida socio-política, y eclesiástica. Pero no es menos cierto que somos socio-comunitarios.[2]

  1. Jesús se acerca a Tomás, al ser humano, con sus “heridas curadas”. Sus heridas (llagas) nos han curado (1Pedro 2,25)

Jesús no reprocha nada a Tomás, se acerca a su frustración y angustia, como se acerca a todo ser humano: a los dos de Emaús, a la hemorroísa, la samaritana, al ciego, leprosos, epilépticos, etc.

Jesús le muestra a Tomás sus “heridas sanadas”. Las heridas son el recuerdo de la redención y estamos sanados por sus heridas. Sus heridas nos han curado, (1Pedro 2,25).

         La herida de Tomás, como las viejas cuestiones familiares, las polémicas eclesiásticas, enfrentamientos políticos, etc., no estaban sanadas todavía.

         La herida está curada cuando ya no rezuma amargura y rencor y es fuente de luz y de paz.

Perdonar no es olvidar, sino que perdonar es recordar de otra manera. No perdamos la memoria. Sería una de las mayores violencias que podríamos cometer. Lo que nos constituye en personas es lo que decidimos olvidar y lo que decidimos recordar y el modo como decidimos recordarlo. No ser capaces de recordar es no saber quiénes somos. Pero no recordemos violenta y rencorosamente.[3]

         Las heridas de Cristo han sanado y nos han sanado desde el amor. No es sano –ni sabio- que las heridas, las viejas heridas históricas continúen hurgando nuestra existencia. Las heridas, las llagas pueden también hablar de reconciliación. Perdonar es recordar “lo que pasó”, pero desde el amor. Es más humanizador el amor que el odio.[4] La verdadera sanación no es pretender volver atrás, a “paraísos originales” perdidos definitivamente. Pedro amará al Señor siempre desde su pecado, sus negaciones, lo mismo que los demás discípulos y que nosotros.

         En el momento de nuestro pueblo (y de nuestra iglesia), estas cosas adquieren una relevancia política especial: la pacificación, el respeto, el pluralismo, el perdón, son valores decisivos.

         La iglesia prestaría un gran servicio político y evangélico a nuestro pueblo y a nuestras comunidades si nos acercásemos a nuestra memoria con la amabilidad de la paz, reconciliación y perdón, que es lo que creemos.

  1. Tomás llega a creer en Cristo: Señor mío y Dios mío

         Podríamos decir que este relato termina con la fe en Cristo de Tomás y del grupo.

         Creemos en Cristo que sana nuestra existencia y esa fe en Cristo nos sana y ayuda a vivir en paz, alegría, la ilusión (espíritu), la esperanza y la misericordia.

Señor mío y Dios mío

[1] F. Nietzsche, La ciencia gaya, n 125.

[2] En la vida eclesial se baraja con excesiva frivolidad y simplismo las ideas de comunión y obediencia, sin tener en cuenta otras dimensiones como son el pluralismo, la diversidad, las tradiciones varias, los estilos eclesiales y carismas, la armonía, que no van, ni mucho menos contra la vida comunitaria.

[3] Los jesuitas celebran el lunes de Pentecostés la fiesta de “la herida de San Ignacio en el sitio de Pamplona”. El de Loiola podía haber terminado siendo un cojo amargado para el resto de su vida, pero terminó siendo una gran persona y santo. La herida le sanó.

[4] Hay por ahí un refrán que dice: si quieres tener placer, véngate. Si quieres ser feliz, perdona.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Dolores Aleixandre: «Mujeres fugitivas que son una almendra a saborear»

sábado, 10 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Dolores Aleixandre: «Mujeres fugitivas que son una almendra a saborear»

mujeres-tumba-vacia_2328977082_15456950_660x371De su blog Un grano de mostaza:

«Se ha levantado el corte perimetral y podemos viajar libremente a Galilea»

«Nadie acogió los perfumes de sus manos: se los cambiaron por una misión confiada a sus voces, hasta entonces silenciadas»

«La tumba de la inocencia perdida, aquella dulce ignorancia que nos protegía en aquel tiempo añorado de la “normalidad”, cuando vivíamos ajenos a la realidad de que éramos tan vulnerables y nuestra especie estaba tan amenazada»

«La tumba de los Desalentados sin fronteras, ese depósito de tinta de calamar que vamos expandiendo a diestro y siniestro»

«La tumba del solo ‘devote’, que se convierta en una burbuja insonorizada al viento del Espíritu y nos asfixiemos con el humo del incienso»

«Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo…»

 El final del evangelio según Marcos es así de abrupto. No acaba como los otros con apariciones del Resucitado, envío  de los Doce o  palabras de consuelo y debió resultar tan chocante para las primeras comunidades,  que le añadieron un final menos desconcertante.

 Sin embargo, bajo la cáscara amarga del final primitivo, esas mujeres fugitivas son una almendra a saborear: habían  acudido siguiendo la costumbre de lo conveniente y adecuado, pero nada sucedió como esperaban: por mucho que madrugaron, ya el sol se les había anticipado; se preguntaban cómo iban a mover la piedra y la piedra estaba ya corrida; llevaban perfumes para embalsamar un cadáver, pero el lugar estaba vacío;  buscaban a un crucificado y  les anunciaron a un Viviente.

Nadie acogió los perfumes de sus manos: se los cambiaron por una misión confiada a sus voces, hasta entonces silenciadas. El lugar cerrado se había convertido en un espacio abierto  que debían abandonar y no volver a rondar nunca más: era en Galilea donde él iba a preceder a los suyos. En lugar de un cuerpo, habían recibido una palabra, ya no podían seguir estando en los lugares que antes frecuentaban.

Estaban enfrentadas a un acontecimiento inesperado e inaudito que sobrepasaba todas sus capacidades. Por eso reaccionaron con estupor y sobrecogimiento, lo mismo que Pedro, Santiago y Juan cuando Jesús se transfiguró en el monte ante ellos; lo mismo que los discípulos después de la tormenta en el lago, o los que vieron en pie a la hija de Jairo.

Lo mismo que las mujeres, escuchamos hoy el mismo anuncio: “Ha resucitado, no está aquí. Mirad el sitio donde le pusieron” y estamos convocados a hacer lo que ellas hicieron – convertirse en fugitivas-  y escapar de tumbas tan vacías como estas:

La tumba de la inocencia perdida, aquella dulce ignorancia que nos protegía en aquel tiempo añorado de la “normalidad”,  cuando vivíamos ajenos a la realidad de que éramos tan vulnerables y nuestra especie estaba tan amenazada;  cuando dábamos por supuesto que se nos iba a impedir reunirnos, abrazarnos o marcharnos a la segunda vivienda; cuando imaginábamos que los viejecitos estaban cuidados y a salvo en sus residencias; cuando la mascarilla de los chinos nos parecía una costumbre exótica suya, lo mismo que comer pangolín que, gracias a Dios, aquí no tenemos; cuando nos parecía que lo del IMV era para los pobladores de la Cañada Real, pobrecillos; cuando pensábamos que de la precariedad de los temporeros y de su hacinamiento, ya se ocupaban las inspecciones de trabajo; cuando al oír “colas del hambre” pensábamos que era una serie distópica de Netflix.

Se nos han caído muchas vendas de los ojos y tiritamos a la intemperie, pero la lucidez es mejor que el engaño y con  la verdad viene la libertad, como dicen que decía Jesús.

La tumba de los Desalentados sin fronteras, ese depósito de tinta de calamar que vamos expandiendo a diestro y siniestro mientras avanzamos como los zombies de The Walking dead: “lo dije desde el principio: nadie aprenderá nada de la crisis”, “ya es tarde para frenar el cambio climático”, “no hay solución para tanto desastre”, “¿Fratelli tutti? Pura utopía”, “¿qué te apuestas a que va a llegar la cuarta ola?”, “dicen que para las nuevas cepas del virus no sirve la vacuna…”

 La tumba del solo “devote”.  Cuesta ponerlo en relación con las tumbas porque, de entrada, es una alegría el auge  de la adoración eucarística,  escuchar de nuevo el “Adorote devote” y ver a gente joven de rodillas y en silencio ante la custodia.

Pero precisamente por ser algo precioso hay que salvarlo de derivas peligrosas: que el “adorote”  se quede solo en el “devote; que algunos celebrantes compitan en ver quién resiste más tiempo en la elevación; que el movimiento de adoración y de mirar a Jesús, no nos encienda el deseo urgente de vivir como él una vida “ex-puesta”; que  su Presencia, tan accesible  y disponible en la simplicidad  del pan, no nos contagie su pasión por el derecho de cada ser humano a comer y a vivir;  que no se prolongue en forma de conciencia inquieta por  las desigualdades pavorosas acentuadas por la pandemia; que se convierta en una burbuja insonorizada al viento del Espíritu y nos asfixiemos con  el humo del incienso.

Son tumbas “de rabiosa actualidad” y hay que escapar de ellas a toda prisa dejando, eso sí, los sudarios cuidadosamente doblados.

Leamos hasta el final el evangelio de Marcos porque ahí se hace posible la coincidencia entre la condición de  mujeres fugitivas con la de  discípulos convocados.

Y como alegría extra, una fantástica propina de este año al Notición de Pascua: se ha levantado el corte perimetral y podemos viajar libremente a Galilea.

Biblia, Espiritualidad , , ,

Resurrección significa reconstrucción de los sueños rotos, de la utopía universal

viernes, 9 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Resurrección significa reconstrucción de los sueños rotos, de la utopía universal

Pascua_2327177301_15442004_660x371«A los crucificados de la historia, esclavos de todos los tiempos, pobres, oprimidos, marginados, inmigrantes y refugiados, ahogados en el Mediterráneo o en la travesía a Canarias, y a todos los que han muerto soñando y luchando por otro mundo más justo y humano, se les hace justicia»

«Creer en la resurrección no es una evasión ni una alienación sino un compromiso liberador en el aquí y ahora, haciendo posible una nueva humanidad de justicia y equidad»

«La resurrección es, asimismo, liberación de todo tipo de esclavitudes interiores, rencores, xenofobias, supremacismos, odios, ataduras al pasado, miedos, pensamientos tóxicos, preocupación por cosas que no tienen sentido, obsesión por acumular dinero, prestigio y placeres»

Hemos recorrido en Cuaresma el camino hacia la Pascua. Paso de la muerte a la vida. No hay resurrección si no hay muerte. La crucifixión y muerte de Jesús no solo fue un acontecimiento histórico del pasado sino también del presente, más aún, un acontecimiento cósmico.

Como creyente, confieso que la resurrección de Jesús abre la puerta a la esperanza. La muerte deja de ser el final de la existencia. A los crucificados de la historia, esclavos de todos los tiempos, pobres, oprimidos, marginados, inmigrantes y refugiados, ahogados en el Mediterráneo o en la travesía a Canarias, y a todos los que han muerto soñando y luchando por otro mundo más justo y humano, se les hace justicia. La resurrección nos revela que la última palabra sobre la historia no la tienen los poderes del mal ni el sistema que hoy domina el mundo sino el Dios de la Vida.

Creer en la resurrección no es una evasión ni una alienación sino un compromiso liberador en el aquí y ahora, haciendo posible una nueva humanidad de justicia y equidad, en donde los hombres y mujeres de todos los pueblos de la tierra puedan sentarse a compartir la mesa de la fraternidad. La resurrección del ser humano en el futuro va acompañada en el presente de signos liberadores tanto en el orden personal como en el orden socio-económico y político. Dios al resucitar a Jesús nos está diciendo que a los que mueren víctimas de la injusticia y de la violencia del sistema opresor se les hace justicia.

Resurrección significa reconstrucción de los sueños rotos, de la utopía universal. Que es posible otro mundo alternativo. Que se superen las relaciones de explotación, discriminación, marginación y abuso de poder. Que nadie en este mundo pase hambre. Que se descarte a los políticos corruptos y racistas que solo benefician a los poderosos de la nación. Que los pueblos se abran a la fraternidad universal. Que todos nos unamos para cuidar este hermoso planeta Tierra, su suelo, sus bosques, sus aguas, su aire y todos los seres vivos. A este sueño Jesús, el Resucitado, le llama Reino de Dios, porque Dios reina donde hay fe, esperanza y amor. Entre muerte y resurrección circula el amor, que es la única vida en plenitud.

La resurrección es, asimismo, liberación de todo tipo de esclavitudes interiores, rencores, xenofobias, supremacismos, odios, ataduras al pasado, miedos, pensamientos tóxicos, preocupación por cosas que no tienen sentido, obsesión por acumular dinero, prestigio y placeres. Es recuperar el alma que el capitalismo neoliberal nos había robado. Es asumir un estilo de vida nuevo, ético, dialogante, crítico y respetuoso con todos, acogedor y servicial, compasivo y solidario con la gente que sufre, defensor de los derechos humanos, forjador de la paz que nace de la justicia y siempre agente de perdón y reconciliación. Resurrección es un nuevo nacimiento como hombres nuevos y mujeres nuevas al estilo de Jesús.

El amor es eterno y la eternidad empieza ya aquí, en la vida presente y desafía el tiempo y el espacio. Muere el cuerpo. Aquí queda inerte. Pero la esencia del espíritu, el amor, pervive más allá de la muerte, porque somos personas, espíritu encarnado y el espíritu es eterno. “La eternidad es un presente absoluto”, señala José I. González Faus.

Felices-Pascuas

La idea de inmortalidad y el ansia de vivir eternamente, atraviesan la historia de la humanidad y la naturaleza. Una sed tan grande no puede quedar sin agua. Yo como creyente, intuyo y tengo la esperanza de que tanto creyentes como no creyentes, cristianos como no cristianos, todos estamos salvados por Cristo Jesús y todos tenemos el mismo destino de acuerdo a la ética con que hayamos vivido en la historia.

El mismo Jesús en su evangelio nos dice que el criterio de salvación no es haber sido creyente o no creyente, o haber pertenecido a ésta o aquella religión, ni haber cumplido con una serie de prácticas rituales, sino el haber pasado por la vida compartiendo con el pobre y necesitado. Dijo: “Tomad posesión del Reino preparado para vosotros, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, pasé como forastero, inmigrante, refugiado y me acogisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, estuve enfermo y me visitasteis, en la cárcel y me fuisteis a ver”(Mt 25, 34-36).

Por la fe confesamos que todos resucitaremos, entendiendo por resurrección no la reanimación de un cadáver, no la vuelta a la vida mortal anterior. Julio Lois señalaba que “la resurrección es la continuidad personal tras la muerte en el seno de la discontinuidad indudable que esa muerte implica”. No hay continuidad del cuerpo, porque el cuerpo desaparece, pero sí hay continuidad de la persona, de su vida y destino.

Morir no es morir. Es caminar al encuentro de la Fuente para beber del agua de la Vida y del Amor. Morir es nacer a la plenitud de una vida nueva. Este es el grito que arranca de la experiencia de Dios en el silencio del alma. Y es, asimismo, la esencia de la esperanza pascual.

(Bermúdez, El Grito del Silencio, PPC, 2020,Madrid).

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad , ,

Fidel Aizpurúa: El triunfo de los pequeños. Retiro en la Pascua de 2021.

jueves, 8 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Fidel Aizpurúa: El triunfo de los pequeños. Retiro en la Pascua de 2021.

Golden-tailed Sapphire (Chrysuronia oenone) (♂) Small hummingbird flying and static suspended on a background of green leaves and plants and blue colors, with outstretched wings looking to the right Hay un librito de Carlos Severri con este título. En él pretende motivar a los niños al juego del ajedrez, haciéndoles ver que también los pequeños pueden ganar partidas a los grandes. Y eso puede hacernos conectar con la espiritualidad de la Pascua: un triunfo de pequeños, de derrotados, de caídos que se levantan.

La fe ha envuelto la celebración de la Pascua de brillo, de luz, de épica, de triunfo. Consideramos que la Pascua no solamente es un triunfo grande de Jesús, sino que es el triunfo máximo de la vida. Y es cierto. Pero no hay que olvidar su origen: ¿cómo entenderían los primeros seguidores el triunfo de la resurrección? ¿Como algo para ser publicitado a bombo y platillo o como algo hermoso, pero pequeño, que se guarda en el corazón y que saca a la persona de sus derrotas?

Puede ser la Pascua un tiempo bueno para, uniéndose a Jesús, celebrar los pequeños triunfos de cada día como lenguaje de vida y de esperanza. Quizá en lo pequeño habite mayor verdad que en las celebraciones pomposas. Tal vez la resurrección de Jesús es el lenguaje de vida en lo pequeño, en lo pobre, en lo humilde. No se quiere quitar esplendor a la Pascua, sino situarla en otro marco, más entrañable, más vivo y, tal vez, más real.

De esta manera puede que la Pascua de este año pase de ser una verdad de fe a convertirse en un sencillo dinamismo de vida. Saber que hay triunfo en lo pequeño es lo que puede hacer que el seguidor de Jesús viva su resurrección como promesa del propio triunfo, más allá de cualquier limitación.

1. La luz de la poesía

La verdad poética nos ayuda a pensar la fe con más hondura:
Con frecuencia creemos, oscuridad,
que ocupas todo el espacio
y que nada escapa a tu poder.
Apenas somos capaces de contemplar
la pequeña lumbre que vacila, temblorosa,
en el centro de tu dominio.
Pero, de pronto, algo ocurre en nuestro corazón
y el mundo invierte su destino.
Entonces, oscuridad, te repliegas
hasta los bordes de la existencia
y tu trono es usurpado por la luz.
Expulsado el infierno de nosotros,
el resplandeciente nos otorga su gracia.
Y su sutil, invencible, sonrisa.

R. Argullol

· La vida nos lleva, a veces, a creer, falsamente, que todo es oscuridad, que no hay espacio para la luz, que lo nuestro está amasado en el sinsentido, que no tenemos salida y que, por ello, no hay esperanza. La derrota de la luz es la más triste de las derrotas.

· Esa oscuridad es la que impide el gozo de la contemplación de la luz pequeña que habita en lo oscuro, la pequeña llama que tiembla en cada buena acción, en cada palabra amable, en cada gesto de un corazón que se entrega.

· Pero ocurre que se produce un milagro: la oscuridad se repliega, se encoge y se oculta, deja de oprimir. Y el gozo de la luz surge, pequeño, pero tenaz. Algo de eso es la resurrección de Jesús: la pequeña fuente del gozo que nos dice que nunca se agotará la esperanza y que la alegría será la tierra de quienes aman. Y en esa tierra no habrá infierno porque habrá sido expulsado.

· La sutil sonrisa de Jesús vivo es el mejor signo de resurrección. Celebrar la resurrección es sentirse bien bajo esa sonrisa que nos habla de amor y de vida en nuestros caminos cotidianos, en nuestros trabajos comunes, en nuestras vidas ciudadanas.

2. La luz de la Palabra: Lc 10,17-20

«Los setenta regresaron muy contentos y le dijeron: – Señor, hasta los demonios se nos someten por tu nombre. Él les contestó: – ¡Ya veía yo que Satanás caería del cielo como un rayo! Yo os he dado la potestad de pisar serpientes y escorpiones y todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá haceros daño. Sin embargo, no sea vuestra alegría que se os someten los espíritus; sea vuestra alegría que vuestros nombres están escritos en el cielo».

– El texto pertenece al tema de la misión. Es la vuelta gozosa que narra el triunfo humilde de los discípulos que han comprobado que el mandato de Jesús de “liberar de los demonios”, de ayudar a que los pobres tengan esperanza, ha funcionado. La esperanza de la libertad se ha despertado en el corazón de los pobres y el demonio de la opresión ha dado un paso atrás.

– La caída de Satanás es la caída del desaliento, de la pérdida de ilusión, del desconcierto, de la perplejidad. El Satán que bloquea la vida, que la paraliza y la somete, cae al abismo y renace la esperanza. Es posible el pequeño triunfo en la vida de los humildes, triunfo que habla el lenguaje de la posibilidad de tiempos mejores.

– Nada podrá hacer daño a quien siembra amor, a quien celebra el humilde triunfo de la vida, porque se ha instalado dentro de él la certeza de que el mal no dirá la última palabra. Quien se asocia al triunfo de Jesús se inmuniza contra el desaliento.

– El triunfo de lo pequeño lleva a la alegría mayor: saber que se es ciudadano del reino, que el gozo es el horizonte al que está destinado lo creado, sea cual sea su trayectoria histórica.

3. Ahondando

· Contra el sentimiento de derrota: un sentimiento que, con frecuencia, se apodera de las entrañas de la persona. La resurrección, el triunfo de lo pequeño, pone una nota de color y de esperanza en la grisura de nuestros caminos cotidianos y da fuerza para superar ese sentimiento. Incluso nos dice que, más allá de los fracasos, la vida está destinada al éxito y que tal éxito no se nos negará. Si se nos negara, la resurrección habría sido en vano.

· Celebrar el presente y sus logros: porque no se puede negar que en la vida logramos pequeños éxitos que nos alivian. Celebrar el triunfo sería una inyección de entusiasmo para la vida. Y sería también un acto fe: aquel que cree que el triunfo del resucitado cobra rostro en los pequeños triunfos de cualquiera de los humanos. Eso nos ayudaría a suavizar el, a veces, áspero camino de nuestra vida.

· La última palabra será de ánimo, no de derrota: si nuestra vida, el cosmos mismo, terminara en derrota, la resurrección habría sido en vano. Este universo al que pertenecemos puede que acabe en un caos de extinción. Pero aun así, ese caos será un grito de triunfo, el triunfo de lo acabado, de lo logrado, de lo expandido hasta sus últimos límites. Esta clase de certezas nos pueden sostener cuando se nubla el horizonte.

· Renace la esperanza, da un paso atrás la muerte: así reza un himno de Laudes. La resurrección de Jesús es el renacimiento de la esperanza en las pequeñas grietas que deja abiertas la vida. Cada día asistimos a este retroceso de la muerte, hasta que llegue el día sin luto ni llanto, como dice Ap 21,4. Quizá no nos percatemos de ello, envueltos como estamos en muchos dramas en que la muerte es su componente. Pero la utopía de un mundo de vida plena, sea cual sea la forma de lograrlo, es una realidad viva.

4. Triunfos pascuales

Leyendo el diario caminar humano, detectamos una serie de pequeños triunfos que podríamos denominar como “pascuales”, incorporados al triunfo humilde y hermoso del Resucitado:

· El triunfo de la persistente lucha contra la enfermedad: algo que vemos en esta pandemia. Más allá de planteamientos cuestionables, percibimos el denodado esfuerzo por librar al mundo de una plaga que le aflige. Y, aun contando con intereses discutibles, hay que decir que nunca se había trabajado en modos más colaborativos, más universales, más coordinados. Queda mucha tarea por hacer, pero jamás la humanidad ha tirado la toalla frente a la enfermedad. Su historia es una historia de lucha. Así se construye el triunfo de la resurrección.

· El triunfo de la preocupación por el frágil: cosa que existe en nuestra sociedad, aunque todavía quede un largo camino por recorrer. No están secas las entrañas de lo humano cuando nos conmueve la muerte de una pequeña emigrante en el muelle de Arguineguín; no estamos secos cuando los centros de día están bien atendidos, aunque cuesten mucho dinero; no estamos acabados cuando vemos a tantos ancianos del brazo de un cuidador/a; no estamos arruinados cuando se libra una continua batalla contra los abusos sexuales a menores. Queda mucho por hacer, pero se está haciendo ya.

· El triunfo de la empresa que no despide: ya que en este caos económico en que nos ha sumido la pandemia, muchas empresas están al borde del abismo. Y se empeñan en no despedir, bien sea por vía ertes, o por estirar los recursos hasta el límite. Los empresarios modestos saben que el despido es la puerta que se abre a la exclusión. Por eso, luchan con los pocos medios que tienen en su mano para que esa situación se retrase lo más posible y que, incluso, no llegue a darse.

· El triunfo de la solidaridad que no admite espera: porque para muchos es discutible, pero para quien está ahogado, no. Nos referimos a las llamadas “colas del hambre” que aumentan exponencialmente en estos tiempos de pandemia: personas que se han visto echadas a la pobreza y obligadas a pedir para comer. Es una solidaridad, ya lo decimos, discutible desde muchos lados. Pero quien pone algo en esa cesta vacía que se abre ante él, ayuda a triunfar un poco sobre la muerte social.

· El triunfo de las opciones respetadas: triunfo que nos cuesta mucho, porque se piensa que mi manera de ver las cosas es la correcta. Las diferentes opciones en temas de sexualidad, en temas del final de la vida, en temas de bioética, son respetadas por muchos, aunque a uno no le convenzan. Hacer una ofrenda de la propia manera de pensar hacia la forma distinta de ver las cosas del otro es, sin duda, un lenguaje de resurrección. Es un lenguaje para muchos costoso; toda entrega es costosa.

· Los pequeños triunfos de nuestro día a día: porque sería muy raro que hubiere alguien que logra nunca un pequeño triunfo. Celebrar esos logros es muy saludable y hace que la vida y la fe nos hablen el lenguaje de la esperanza. Conectar esos triunfos humildes con el triunfo del resucitado Jesús les da un horizonte espiritual y un dinamismo que nos empodera y nos hace más inmunes a la derrota.

5. Itinerario pascual

· 1ª Semana (4-10 de abril): celebrar la lucha contra la enfermedad cumpliendo exquisitamente las normas sanitarias y llevando a la oración las situaciones de enfermedad de personas cercanas.

· 2ª Semana (11-17 de abril): celebrar el acompañamiento que se da a los mayores visitando con tiempo amplio a alguna persona mayor. Orar por nuestras casas de mayores.

· 3ª Semana (18-24 de abril): celebrar los esfuerzos de los pequeños empresarios por no despedir. Llevar a la oración a personas que conozcamos que están en erte o en el paro.

· 4ª Semana (25 de abril-1 de mayo): celebrar que haya sensibilidad para llenar las cestas vacías de quien pasa necesidad. Colaborar de algún modo en esa tarea a la vez que se alza la voz pidiendo justicia para los descartados.

· 5ª Semana (2-8 de mayo): celebrar que la sociedad respete cada vez más las opciones personales, aunque a mí no me convenzan del todo. Llevar a la oración el nombre de alguna persona que sufra por sus opciones personales.

· 6ª Semana (9-15 de mayo): celebrar los triunfos personales de cada día. Dar gracias en la oración por algún pequeño triunfo conseguido durante la jornada.

· 7ª Semana (16-23 de mayo): semana de agradecimiento por la resurrección de Jesús y por todos los rostros de resurrección que aparecen en nuestro entorno.

Conclusión

Puede parecer muy modesta y despojada de brillo esta manera de celebrar el triunfo humilde y hermoso de la resurrección de Jesús. Pero se encierra en él un dinamismo, un aliento, que nos puede ser muy útil. Más aún: si esto se vive en comunidad, las posibilidades de celebrar gozosa y aprovechadamente la Pascua se potencian. Que se nos dé el don de la sonrisa del resucitado.

Fidel Aizpurúa

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Ella corre y ellos tras ella

miércoles, 7 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Ella corre y ellos tras ella

pexels-photo-2480530“¡Que la Pascua sea un tiempo de movimiento y cada cual discierna hacia donde correr!”

A propósito de Jn 20, 1-9
Mari Paz López Santos
Madrid

ECLESALIA, 04/04/21.- Después de los acontecimientos, del profundo sufrimiento de los días anteriores, que se había quedado pegado a todo su ser, se puso en camino al amanecer; que no era tal porque todavía estaba oscuro.

Quizás eran sus ojos que seguía velados por las lágrimas y la tiniebla interior. Pero aún le esperaba una oscuridad más profunda: el hueco del sepulcro abierto… ¡Se lo han llevado!

De pronto el universo entero parece que empezó a correr.

María Magdalena corrió a toda prisa a donde estaban Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba. Sabemos que era Juan, el más joven, el que nos cuenta la historia. Le debió faltar el aliento cuando les dijo precipitadamente: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Aunque en ese momento sólo ella sabía lo que había sucedido, les habla en plural. Eso es una comprensión comunitaria. Les implica desde el minuto cero.

Pedro y el joven discípulo salieron inmediatamente camino del sepulcro. “Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Me he preguntado porque el joven Juan, no dio el primer paso para entrar en el sepulcro habiendo llegado con ventaja sobre Pedro. ¿Miedo? ¿Prefería que el mayor arriesgara primero? ¿Intuía pero todavía no creía?

Seguramente, como Pedro había sido investido de un liderazgo en el grupo,el joven discípulo le dejó paso para que iniciara la misión de servicio que Jesús le había encargado. Pedro sería la cabeza de la institución eclesial, pero en aquel momento imagino que su estado de ánimo sería de total abatimiento recordando las tres veces que negó a Jesús.

Juan quedó contemplando lo que pasaba y el texto dice que “vio y creyó”. Los signos le hicieron creer a la segunda. Curioso, porque lo suyo es creer sin ver. Era joven y tenía que seguir abriéndose al misterio de Dios, haya signos o no los haya.

Imagino que los dos volverían corriendo a contar a todos los demás lo que pasaba.

Preguntas al aire a la Iglesia institución: ¿Cómo traducir este correr juntos? ¿Cómo escuchar a las nuevas generaciones, a los decepcionados de todas las edades, a los que se fueron y no quieren volver? ¿Cómo salir del sepulcro de la inmovilidad y el retroceso institucional? ¿Por qué no enterrar el miedo en la tumba donde ya no hay nada? ¿Por qué no comunicar Vida? ¿Por qué no ir corriendo por ahí contando, con obras, que esto no acabo en la oscuridad de una muerte producida por la injusticia y la manipulación?

La muerte de Jesús fue un final que dio paso a un principio: Luz para siempre, para toda la humanidad.

¿Qué pasó con María Magdalena? Ella corrió y ellos tras ella, eso fue lo primero.

Y lo segundo, siguió corriendo, seguro: ¡Las mujeres tenían que saber lo que pasaba, ellas habían estado en primera línea siempre… hasta al pie de la cruz!

¡Que la Pascua sea un tiempo de movimiento y cada cual discierna hacia donde correr!

Si te confinas, siempre quedará Pentecostés, pero recuerda lo que llevamos aprendiendo hace ya más de un año: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«¡Ha resucitado! y de esto damos testimonio «, por Consuelo Vélez

martes, 6 de abril de 2021
Comentarios desactivados en «¡Ha resucitado! y de esto damos testimonio «, por Consuelo Vélez

89ae08cb0e2cda232b61e3cbff818196-733838De su blog Fe y Vida:

Llegamos nuevamente a la celebración de la Vigilia Pascual que es la fiesta central de nuestra fe. Jesús venció la muerte, no está en el sepulcro, ¡ha resucitado!

 Esa experiencia vivida por los primeros cristianos ha llegado hasta nosotros. Ellos creyeron y nosotros creemos por su testimonio. Así ha seguido creciendo la experiencia cristiana y año tras año volvemos a profesar nuestra fe en la vida que no termina con la muerte”, “en el sí de Dios a la praxis de Jesús”, “en la solidaridad del Señor con nuestra humanidad de la que se espera viva según los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí (Gál 5,22).

Todo esto es lo que expresamos en la Vigilia Pascual -aunque este año, por segunda vez- sin una asistencia presencial por la situación de pandemia que vivimos- pero esa liturgia ha de hacerse vida para que tenga sentido. De lo contrario se queda en ese rito vacío que tanto criticaron los profetas de Israel: “Yo detesto, desprecio sus fiestas, no me gusta el olor de sus reuniones solemnes (…) Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas. ¡Que fluya sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne!” (Am 5, 21-14). Esto sigue pasando en muchos lugares porque año tras año se celebran las liturgias -con demasiado lujo, solemnidad, inciensos, y demasiados varones en el altar– (desde mi punto de vista), pero nada parece cambiar en nuestras vidas, ni en las realidades en las que nos movemos. Y como dice el profeta Amós, Dios desprecia tanto rito, pero sí acepta, si le gusta, que se desborde “el juicio y la justicia” como un arroyo que no se seca nunca. ¡muy linda metáfora para expresar ese querer de Dios!

Sería bueno, entonces, preguntarnos ¿qué debe cambiar en nosotros y en nuestra realidad para que se nota que la pascua de este 2021 ha revitalizado nuestra fe y sus frutos pueden verse de alguna manera?

Cada persona sabrá por donde deben ir los cambios, pero nombremos algunos para que luego cada uno los complete según su propia realidad.

A nivel personal hay tantos aspectos en los cuales cambiar y crecer cada día. Siempre estamos llamados a amar mejor, a servir más, a mirar a los demás con más comprensión y misericordia, a quitarnos el pan de la boca para ayudar a los necesitados de nuestro mundo, a romper barreras sociales, culturales o religiosas para comprender al otro desde lo que es y siente y querer que sea él mismo y no lo que yo quiero que sea.

La dimensión social nos constituye y por eso también hemos de crecer, cambiar, mejorar en nuestro mundo de relaciones. En estos tiempos de covid parece que esa red de relaciones se ha roto, pero no es exactamente así. Precisamente esta situación ha develado las anomalías que se viven en lo que creemos son relaciones adecuadas.

Comencemos por nuestra relación con la creación. Al inicio de la pandemia fue muy claro que el ambiente parecía ser más respirable gracias a las cuarentenas que detuvieron ese ritmo frenético de nuestro mundo. Pero rápidamente lo hemos olvidado y por las necesidades económicas todo se ha vuelto a reactivar “de la misma manera”, sin que parezca hayamos aprendido nada. La vida cristiana podría aportar mucho más en este sentido a partir de esa nueva conciencia que hemos ido adquiriendo de la creación como don de Dios para cuidar y preservar y no para dominar y explotar. La figura de Francisco de Asís es un referente muy grato y necesario para repensar nuestra relación con la casa que habitamos. Hemos de velar por políticas que preserven el ambiente, pero no estaremos atentos a ellas si a nivel individual no cultivamos la comunión con la creación.

La dimensión socioeconómica y política de nuestras vidas ha de pasar por lo que tanto insistió el papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti. Trabajar por el diálogo y la amistad social. Por la política que construye el bien común. Por aquella política que parte de las necesidades del “pueblo” y de lo “popular” (FT n.157), es decir, la que construye nación comenzando por los últimos. Esto parece una utopía irrealizable porque no nos convencemos de que la mano invisible del mercado” no “derrama” bienestar a los pobres. Por el contrario, los empobrece cada vez más porque el lucro siempre beneficia a los más fuertes. Aquí la vida cristiana que cree en la solidaridad, en la comunidad, en la fraternidad, en la sencillez, en el desprendimiento, tendría tanto que aportar para nuestra visión de mundo. Pero no es así. Muchas veces aquellos que deberían dar testimonio de sencillez y libertad del tener, son los que parecen más apegados a las riquezas y no dejan de darse experiencias de entidades religiosas donde los salarios, la estabilidad laboral o la ganancia de esa entidad se rige por el capitalismo más salvaje y no por el beneficio para todos los que llevan adelante esa obra.

La vida familiar sigue siendo un desafío constante para que sea lugar de crecimiento y ayuda mutua y no de sufrimiento y traumas insuperables. En este ámbito, entre otras realidades, la violencia contra las mujeres y niñas sigue siendo una pandemia urgente de superar. Pero existen tantas fuerzas contrarias a la promoción de la mujer -y muchas veces sostenidas por personas que se dicen creyentes- que la tarea está siendo muy ardua. Un cristianismo sin una superación del machismo, del clericalismo, de los prejuicios contra el feminismo, no logra aportar la visión de humanidad que predica y, no es de extrañar, por tanto, que las personas se alejen de una institución que no camina al ritmo de los tiempos y no se adelanta a las respuestas urgentes.

¿Cómo dar testimonio del Resucitado? Que cada uno se examine a sí mismo -como invitaba Pablo a la comunidad de Corintios (1 Cor 11,28; 2 Cor 13, 5)- para que la vida del Resucitado, a través de la nuestra, se haga presente en el aquí y ahora que vivimos y muchos otros puedan decir: “En efecto, ha resucitado y de eso somos testigos” (Hc 2, 32).

(Foto tomada de: https://descubroparaentender.blogspot.com/2014/03/maximino-cerezo-barredo.html)

Biblia, Espiritualidad , , ,

«Jesús tenía razón». Pascua de Resurrección – B (Juan 20,1-9)

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en «Jesús tenía razón». Pascua de Resurrección – B (Juan 20,1-9)

22_D-RESURR_B_1434693¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús? ¿Qué vivimos mientras seguimos caminando tras sus pasos? ¿Cómo nos comunicamos con él cuando lo experimentamos lleno de vida?

Jesús resucitado, tenías razón.

Es verdad cuanto nos has dicho de Dios. Ahora sabemos que es un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Le seguiremos llamando «Padre» con más fe que nunca, como tú nos enseñaste. Sabemos que no nos defraudará.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios es amigo de la vida. Ahora empezamos a entender mejor tu pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos. Ahora comprendemos por qué anteponías la salud de los enfermos a cualquier ley o tradición religiosa. Siguiendo tus pasos, viviremos curando la vida y aliviando el sufrimiento. Pondremos siempre la religión al servicio de las personas.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios hace justicia a las víctimas inocentes: hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Seguiremos luchando contra el mal, la mentira y los abusos. Buscaremos siempre el reino de ese Dios y su justicia. Sabemos que es lo primero que el Padre quiere de nosotros.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora sabemos que Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos. Empezamos a entender por qué estabas siempre con los dolientes y por qué defendías tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. Defenderemos a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. En adelante escucharemos mejor tu llamada a ser compasivos como el Padre del cielo.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora empezamos a entender un poco tus palabras más duras y extrañas. Comenzamos a intuir que el que pierda su vida por ti y por tu evangelio la va a salvar. Ahora comprendemos por qué nos invitas a seguirte hasta el final cargando cada día con la cruz. Seguiremos sufriendo un poco por ti y por tu evangelio, pero muy pronto compartiremos contigo el abrazo del Padre.

Jesús resucitado, tenías razón.

Ahora estás vivo para siempre y te haces presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en tu nombre. Ahora sabemos que no estamos solos, que tú nos acompañas mientras caminamos hacia el Padre. Escucharemos tu voz cuando leamos tu evangelio. Nos alimentaremos de ti cuando celebremos tu cena. Estarás con nosotros hasta el final de los tiempos.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Él había de resucitar de entre los muertos”. Domingo 4 de abril de 2021. Domingo de Pascua

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en “Él había de resucitar de entre los muertos”. Domingo 4 de abril de 2021. Domingo de Pascua

27-pascuaB1 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 10,34a.37-43: Hemos comido y bebido con él después de su resurrección:
Salmo responsorial: 117. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Colosenses 3,1-4: Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
O bien: 1Corintios 5,6b-8: Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva.
Juan 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos.

A) Primer comentario

Para este domingo de Pascua nos ofrece la liturgia como primera lectura uno de los discursos de Pedro una vez transformado por la fuerza de Pentecostés: aquél que pronunció en casa del centurión Cornelio, a propósito del consumo de alimentos puros e impuros, lo que estaba en íntima relación con el tema del anuncio del Evangelio a los no judíos y de su ingreso a la naciente comunidad cristiana. El discurso de Pedro es un resumen de la proclamación típica del Evangelio que contiene los elementos esenciales de la historia de la salvación y de las promesas de Dios cumplidas en Jesús. Pedro y los demás apóstoles predican la muerte de Jesús a manos de los judíos, pero también su resurrección por obra del Padre, porque “Dios estaba con él”. De modo que la muerte y resurrección de Jesús son la vía de acceso de todos los hombres y mujeres, judíos y no judíos, a la gran familia surgida de la fe en su persona como Hijo y Enviado de Dios, y como Salvador universal; una familia donde no hay exclusiones de ningún tipo. Ese es uno de los principales signos de la resurrección de Jesús y el medio más efectivo para comprobar al mundo que él se mantiene vivo en la comunidad.

Una comunidad, un pueblo, una sociedad donde hay excluidos o marginados, donde el rigor de las leyes divide y aparta a unos de otros, es la antítesis del efecto primordial de la Resurrección; y en mucho mayor medida si se trata de una comunidad o de un pueblo que dice llamarse cristiano.

El evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena madrugando para ir al sepulcro de Jesús. “Todavía estaba oscuro”, subraya el evangelista. Es preciso tener en cuenta ese detalle, porque a Juan le gusta jugar con esos símbolos en contraste: luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, etc. María, pues, permanece todavía a oscuras; no ha experimentado aún la realidad de la Resurrección. Al ver que la piedra con que habían tapado el sepulcro se halla corrida, no entra, como lo hacen las mujeres en el relato lucano, sino que se devuelve para buscar a Pedro y al “otro discípulo”. Ella permanece sometida todavía a la figura masculina; su reacción natural es dejar que sean ellos quienes vean y comprueben, y que luego digan ellos mismos qué fue lo que vieron. Este es otro contraste con el relato lucano. Pero incluso entre Pedro y el otro discípulo al que el Señor “quería mucho”, existe en el relato de Juan un cierto rezago de relación jerárquica: pese a que el “otro discípulo” corrió más, debía ser Pedro, el de mayor edad, quien entrase primero a mirar. Y en efecto, en la tumba sólo están las vendas y el sudario; el cuerpo de Jesús ha desaparecido. Viendo esto creyeron, entendieron que la Escritura decía que él tenía que resucitar, y partieron a comunicar tan trascendental noticia a los demás discípulos. La estructura simbólica del relato queda perfectamente construida.

La acción transformadora más palpable de la resurrección de Jesús fue a partir de entonces su capacidad de transformar el interior de los discípulos –antes disgregados, egoístas, divididos y atemorizados– para volver a convocarlos o reunirlos en torno a la causa del Evangelio y llenarlos de su espíritu de perdón.

La pequeña comunidad de los discípulos no sólo había sido disuelta por el «ajusticiamiento» de Jesús, sino también por el miedo a sus enemigos y por la inseguridad que deja en un grupo la traición de uno de sus integrantes.

Los corazones de todos estaban heridos. A la hora de la verdad, todos eran dignos de reproche: nadie había entendido correctamente la propuesta del Maestro. Por eso, quien no lo había traicionado lo había abandonado a su suerte. Y si todos eran dignos de reproche, todos estaban necesitados de perdón. Volver a dar cohesión a la comunidad de seguidores, darles unidad interna en el perdón mutuo, en la solidaridad, en la fraternidad y en la igualdad, era humanamente un imposible. Sin embargo, la presencia y la fuerza interior del «Resucitado» lo logró.

Cuando los discípulos de esta primera comunidad sienten interiormente esta presencia transformadora de Jesús, y cuando la comunican, es cuando realmente experimentan su resurrección. Y es entonces cuando ya les sobran todas las pruebas exteriores de la misma. El contenido simbólico de los relatos del Resucitado actuante que presentan a la comunidad, revela el proceso renovador que opera el Resucitado en el interior de las personas y del grupo.

Magnífico ejemplo de lo que el efecto de la Resurrección puede producir también hoy entre nosotros, en el ámbito personal y comunitario. La capacidad del perdón; de la reconciliación con nosotros mismos, con Dios y con los demás; la capacidad de reunificación; la de transformarse en proclamadores eficientes de la presencia viva del Resucitado, puede operarse también entre nosotros como en aquel puñado de hombres tristes, cobardes y desperdigados a quienes transformó el milagro de la Resurrección.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 125 ó 126, Sus audios, así como los guiones de literarios de los episodios y sus correspondientes comentarios teológicos se pueden encontrar y tomar en http://www.untaljesus.net

B) Segundo comentario: «El Resucitado es el Crucificado»

Como otros años, incluimos aquí un segundo guión de homilía, netamente en la línea de la espiritualidad latinoamericana de la liberación, que titulamos con ese conocido lema de la cristología de la liberación.

Lo que no es la resurrección de Jesús

Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho “histórico”, con lo cual se quiere decir no que sea un hecho irreal, sino que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, “sienten vivo” al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la “reviviscencia” de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver (de hecho, en teoría, no repugnaría creer en la resurrección de Jesús aunque hubiera quedado su cadáver entre nosotros, porque el cuerpo resucitado no es, sin más, el cadáver). La resurrección (tanto la de Jesús como la nuestra) no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un “mito”, como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

La “buena noticia” de la resurrección fue conflictiva

Una primera lectura de los Hechos de los Apóstoles suscita una cierta extrañeza: ¿por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos infrecuentes y extrañas que entre nosotros. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué esa diferencia? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús? Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Pregón de la Mañana de Pascua. La bienaventuranza de los resucitados

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Pregón de la Mañana de Pascua. La bienaventuranza de los resucitados

anastasis-3Del blog de Xabier Pikaza:

Jesús ha muerto asesinado por los poderes del mundo, pero dando su vida por el Reino de Dios, y lo ha hecho de tal forma que ha podido mostrarse ante sus amigos (en ellos) como nueva y más alta presencia en amor y comunión de vida. Por eso, sus apariciones o presencias pascuales no han sido ni son imaginaciones de algo que externamente no se ve, sino sentimiento y certeza radical de la presencia de aquel que ha vivido y muerto regalando vida, como Vida de Dios, esto es, como Bienaventuranza.

Por eso, la vida cristiana es una experiencia de resurrección en línea de felicidad, esto es, de bienaventuranza. Otras realidades cambian y terminan. Los hombres, en cambio, no cambian sin más, sino que resucitan, abriendo con Jesús un camino de felicidad, viviendo unos en otros (para otros), esperando la plena llegada del Reino que inició Jesús.

En ese sentido vivió y murió Jesús por todos, pero de tal forma lo hizo que sus discípulos sintieron (supieron) que él vivía en ellos, haciéndoles ser lo que son, unos bienaventurados (pues el mismo Jesús ha resucitado en ellos, y ellos pueden darse mutuamente vida).

No murió de enfermedad o vejez, sino porque le mataron, cuando más lleno de Vida se encontraba, aquellos que tuvieron miedo de su proyecto y camino de Reino, es decir, de su proyecto y camino de Resurrección.

Por vivir como vivió y proponer el camino de Reino que propuso le condenaron a muerte los defensores de un reino entendido como imperio militar y templo de muerte. Murió por lealtad al programa y camino de sus bienaventuranzas, esto es, a Dios (a su Reino) y a los hombres a quienes había ofrecido un camino y mensaje de gratuidad, es decir, de comunión de vida:

 ‒ Fue ajusticiado por haber proclamado y empezado a recorrer el camino de las bienaventuranzas, es decir,presencia y reino de Dios que es vida y comunión en amor, no imposición, desde los pobres, excluidos, hambrientos, en contra de una política e incluso de una religión que se fundamenta y eleva como poder del sistema.

Resucitó como Bienaventurado, como presencia e impulso del Reino, no para abandonar su camino anterior, sino para ratificarlo y extenderlo a todos. Su pascua de resurrección es la prueba y triunfo radical del valor y pervivencia de su programa de bienaventuranzas. Lo que él anunció y dispuso vino a cumplirse así de un modo radical. La resurrección no va en contra de la muerte, sino que confirma y ratifica el sentido de esa muerte.

      Jesús fue mensajero de Vida, y en esa línea actuó como promotor de una mutación de Bienaventuranza, despliegue de vida; precisamente por eso le mataron los defensores del orden del Templo y del César, para seguir reinando ellos de un modo sacral y/o político: Un tipo de sacerdotes de viejo templo matan a sus víctimas religiosas, para seguir organizando el mundo a través de la muerte; por su parte, los servidores de un tipo de César (imperio, de imperar, someter) matan o dominan a los enemigos, para mantener así el (des-)orden de su violencia.

En contra de eso, precisamente al dar su vida por los pobres‒enfermos, muriendo por ellos, Jesús ratifica el valor de las bienaventuranzas, es decir, la vida en libertad y en felicidad, en gracia y comunión de amor, desde los más pobres. Éste es el mensaje y camino de fondo que descubrieron, de formas distintas pero convergentes, los primeros “testigos” de la bienaventuranza cristiana: María Magdalena y María la de Santiago, Pedro  y Tomas, Pablo y Mateo.

En esa línea, a través de fuertes caminos, los discípulos descubrieron que la vida de Jesús y su anuncio de Reino había sido una “resurrección” final anticipado de la bienaventuranza final de la historia. Por eso, al “verle vivo” tras la muerte (cf. 1 Cor 15, 3‒11), algunos de ellos (con Pablo y Pedro) no se limitaron a seguir esperando el cumplimiento del mensaje en Jerusalén, conforme a un mesianismo nacional de Ley sino que empezaron a crear una iglesia o comunidad de resucitados, es decir, de bienaventurados vivientes, como indica la palabra de Jesús a Marta:

 Yo soy la resurrección y la vida, quien crea en mi vivirá, aunque muera,y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre (Jn 11, 26‒27). 

  La formulación concreta de este pasaje proviene de un tiempo posterior (quizá del mismo Juan evangelista), pero la experiencia de fondo refleja el principio y sentido de la mutación original de los cristianos, que no esperan la resurrección del último día, como Abraham (Rom 4,17), sino que bendicen al Dios que ha resucitado a Jesús (Rom 4, 24) y lo ha hecho en la vida de los creyentes, que no se limitan a esperar, sino que son ya, con Jesús, en este mundo, unos resucitados, es decir, unos bienaventurados.

Renacimiento, es decir, resurrección.

En esa línea, la misión pascual de los discípulos de Jesús no quiere convertir simplemente a los no cristianos en cristianos de iglesia cerrada en sí misma, ni imponer su credo (pues si lo impusiera dejaría de ser credo), sino abrir caminos de comunión gratuita y donación de vida, en la línea de su mensaje de muerte y resurrección, tal como se expresa en las bienaventuranzas. Este modelo pascual de las bienaventuranzas ofrece una propuesta de humanización pascual desde la gratuidad, desde la vida entregada (regalada) a los demás por amor.

Resurrección y encarnación cristiana. En un sentido, la muerte ha sido un momento esencial del proceso biológico, pues sólo a través del tanteo-error, vinculado a la destrucción de los individuos, ha podido avanzar la humanidad como especie. Ese aspecto de muerte a favor de la especie ha sido recogido en la experiencia sacrificial de muchas religiones en las que el grupo sacrifica y ofrece a Dios la vida de algunos de sus miembros (o unos animales sustitutivos) para expresar y fomentar el bien del conjunto (imponiendo así tipo de paz dentro del grupo).

En esa perspectiva, desde un nivel más alto, podemos empezar a entender la muerte de Jesús, que ha entregado su vida al servicio del Reino. Pero inmediatamente debemos precisar que esa muerte no ha sido un sacrificio fundado en la violencia de Dios (o exigido por ella, sino, al contrario), sino al contrario: Ella ha sido la negación y rechazo de todos los sacrificios anteriores; ni los hombres ni Dios pueden tomar (recibir) su fuerza de la muerte de los contrarios, sino que ella consiste en dar la vida, desde y con los más pobres, para que ellos tengan vida en gratuidad creadora.

Esta experiencia nos sitúa ante el Sermón de la Montaña, centrado en las bienaventuranzas, que interpretamos como mensaje para resucitados mesiánicos. Ciertamente, hay otros rasgos valiosos del evangelio, pero pueden quedar en un segundo plano. En el principio se encuentra la experiencia del amor gratuito que los cristianos han de ofrecer y compartir con todos, desde lo más hondo, en pobreza, en diálogo abierto a todos, en comunicación gratuita de vida, sin “dogmas” previos impuestos de antemano[1].

Sólo allí donde la vida se regala (donde unos hombres mueren por otros) puede surgir una experiencia superior de resurrección, de nueva y más alta humanidad, según las bienaventuranzas. Dentro del proceso biológico, las plantas y animales que mueren por la evolución desaparecen y no existen más, pues no tienen individualidad, sólo perduran en sus descendientes.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo de Pascua.

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Domingo de Pascua.

resurrecionDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: «Cristo ha resucitado» y «Dios ha resucitado a Jesús»; resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.

Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

Tres reacciones ante la resurrección de Jesús (Juan 20,1-9)

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado. En él se cumple lo que dirá días más tarde Jesús a Tomás: «Bienaventurados los que crean sin haber visto». Porque, en realidad, lo único que ha visto es unos lienzos y un sudario.

El evangelio de Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que, más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que «es el Señor». Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, y lo espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

«Dios lo resucitó y él nos encargó predicar» (Hechos 10, 34a. 37-43)

Las palabras de Pedro forman parte de un largo episodio del libro de los Hechos que cuenta uno de los momentos capitales del cristianismo primitivo: la predicación del evangelio a los paganos. Según Lucas, antes de que Pablo y la comunidad de Antioquía emprendiesen esta labor revolucionaria, ya Pedro había recibido de Dios el encargo de aceptar la invitación del centurión Cornelio y dirigirse a su casa (con escándalo inicial del mismo Pedro y escándalo posterior de los sectores más conservadores de la comunidad de Jerusalén). Pedro hablará de Jesús y de los testigos que lo acompañaron.

A Jesús lo presenta destacando tres aspectos durante su actividad terrena: estuvo ungido con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien, Dios estaba con él. Después de la resurrección adquirió una dignidad mucho mayor: Dios lo constituyó juez de vivos y muertos, con poder de perdonar los pecados a quienes creen en él. La enorme dignidad que esto supone solo se comprende teniendo en cuenta los textos apocalípticos, que presentan a Dios como único juez. Para Cornelio y su familia es el mayor argumento a favor de creer en Jesús.

«Nosotros» somos testigos de lo que hizo durante su actividad pública y de la realidad de su resurrección, ya que comimos y bebimos con él. Y esto no obliga a predicar al pueblo. Pero el episodio de Cornelio deja claro que «el pueblo» no es solo Israel. Ahora también tienen cabida los paganos.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 

-Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

«Aspirad a los bienes de arriba» (Colosenses 3,1-4)

 Hoy repetiremos a menudo: «Cristo ha resucitado». ¿Es un simple saludo? ¿Cambia esto nuestra vida? El autor de la carta a los colosenses (Pablo o un discípulo suyo) subraya el profundo cambio que debe producirse en nosotros. Para ello, debemos comenzar preguntándonos qué buscamos en la vida, a qué aspiramos. Cuando hubiésemos hecho la lista de aspiraciones, nos sorprendería el texto de la carta.

Hermanos: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
 

El autor distingue dos etapas en la vida cristiana, marcadas por dos situaciones de Cristo: ahora está sentado a la derecha de Dios, escondido en él; más tarde se aparecerá glorioso. Del mismo modo, el cristiano debe ahora esconderse con Cristo en Dios, buscar los bienes de arriba, aspirar a ellos.

¿Qué significa esto en la práctica? La carta indica inmediatamente qué es lo del cielo y qué lo de la tierra. A la tierra corresponden «fornicación, impureza, pasión concupiscencia y avaricia», «cólera, ira, malicia, maledicencia, obscenidades». Al cielo, «compasión entrañable, amabilidad, humildad, modestia, paciencia, soportarse mutuamente, perdón… y por encima de todo, el amor, que es el broche de la perfección» (Col 3,5-14). La resurrección de Cristo nos obliga a adoptar una nueva forma de vida.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo de Pascua de Resurrección. 4 Abril, 2021

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Domingo de Pascua de Resurrección. 4 Abril, 2021

d

“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro”.

(Jn 20, 1-9)

El amanecer de la Pascua comienza en medio de la oscuridad. Y las primeras señales de vida se dan en un paisaje de muerte.

Es curioso cómo tendemos a separar e incluso a enfrentar realidades que ni siquiera son opuestas, solo que unas nos gustan más que otras. O ni siquiera eso. Solo que unas creemos que nos hacen felices y las otras no.

Dividimos nuestra vida entre experiencias positivas y experiencias negativas. Asociamos lo positivo a lo que nos hace disfrutar sin ningún esfuerzo y lo negativo a lo que nos hace sufrir. Por esta regla de tres salir una noche con los amigos es positivo y pasar días estudiando para un examen negativo. Todo junto es un engaño.

La vida, y cada una de nuestras historias, no son una película en blanco y negro. Nuestra vida no está dividida en dos, por un lado la luz y, por el otro, la oscuridad. No, la vida, la realidad es a todo color. Todas las experiencias están llenas de luz y salpicadas de oscuridad. Lo más valioso suele venir con el corcho protector del esfuerzo y más de una vez en la caja del sufrimiento.

El sufrimiento no es positivo o negativo, tampoco la alegría. Hay alegrías tremendamente destructivas. La búsqueda de la alegría fácil e inmediata destruye a muchas personas. De la misma manera hay sufrimientos que engrandecen y liberan.

La vida es una armonía de luces y sombras, silencios, ruidos y melodías. Si la vivimos en blanco y negro resulta monótona y caprichosa. Cuando la disfrutamos a todo color y en todas sus dimensiones es apasionante.

Este es el mensaje de la mañana de Pascua. La vida no es ni blanca ni negra. Es blanca, negra y de otros muchos colores. La vida y la muerte no son dos cosas separadas. Tampoco la alegría y el sufrimiento son opuestos.

El secreto está en seguir buscando. María Magdalena, aún a oscuras va a buscar. En su oscuridad busca un cadáver en un sepulcro, pero en su camino amanece y encuentra la VIDA. Y tú, ¿todavía buscas?

Oración

Danos, Trinidad Santa, un corazón de buscadoras que nos haga avanzar incluso en la noche. Que nos haga a travesar nuestros paisajes de muerte. Y danos, también, esos ojos que descubren la VIDA. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo 1º de Pascua (B)

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Domingo 1º de Pascua (B)

16-bill-viola-emergence-seqJn 20, 1-9

La realidad pascual es, tal vez, la más difícil de reflejar en conceptos mentales. La palabra Pascua (paso) tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también nos pueden despistar y enredarnos en un nivel puramente terreno. Lo mismo pasa con la palabra resurrección, también ésta nos constriñe a una vida y muerte biológicas, que nada tiene que ver con lo que pasó en Jesús y con lo que tiene que pasar en nosotros.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material y directa. También la Pascua cristiana debía tener ese efecto de paso, pero en un sentido distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica. Jn lo explica muy bien en el diálogo de Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, es imposible entrar en el Reino de Dios.

Cuando el grano de trigo cae en tierra, “muriendo”, desarrolla una nueva vida que ya estaba en él en germen. Cuando ya ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse qué pasó con el grano. La Vida, que los discípulos descubrieron en Jesús después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero estaba velada. Solo cuando desapareció como viviente biológico, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección, que empleamos para designar lo que pasó en Jesús después de su muerte. En realidad, no pasó nada. Con relación a su Vida Espiritual, Divina, Definitiva, que no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Con relación a su vida biológica, como toda vida, era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver no tiene nada que ver con la vida.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vana, es decir vacía. Aquí debemos buscar el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer la muerte biológica, porque no la puede afectar para nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Y nosotros empeñados en utilizar el Espíritu para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos pudieron experimentar como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos, efectivamente, había muerto. Y no hablamos solo de la muerte física, sino del aniquilamiento de la figura de Jesús. La muerte en la cruz significaba precisamente esa destrucción total de una persona. Con ese castigo se intentaba que no quedase de ella ni el recuerdo. Los que le siguieron entusiasmados durante un tiempo vieron como se hacía trizas su persona. Aquel, en quien habían puesto todas sus esperanzas, había terminado aniquilado por completo. Por eso, la experiencia de que seguía vivo fue para ellos una verdadera resurrección.

Hoy nosotros tenemos otra perspectiva. Sabemos que la verdadera Vida de Jesús no puede ser afectada por la muerte y por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural era la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso. Cuando vemos la espiga de trigo que está madurando, ¿a quién se le ocurre preguntar por el grano que la ha producido y que ha desaparecido? El grano está ahí, pero ha desplegado sus posibilidades de ser, que antes sólo eran germen.

Meditación-contemplación

Comprender lo que pasó en Jesús no es el objetivo último.
Es solo el medio para saber qué tiene que pasar conmigo.
También yo tengo que morir y resucitar, como Jesús.
Como Jesús tengo que morir al egoísmo.
Día a día tengo que morir a todo lo terreno.
Día a día tengo que nacer a lo divino.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Pascua florida y hermosa.

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Pascua florida y hermosa.

tumblr_n0hrp0am2H1r2d8pzo1_400Nuestro Señor ha escrito la promesa de la resurrección, no en los libros, sino en todas las hojas de la primavera (Martín Lutero)

1 de abril. Pascua de Resurrección

Jn 20, 1-9

Entonces corre adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde le han puesto (v 2).

María Magdalena es la primera en ser testigo del mito de la resurrección. “Todavía a oscuras” (v. 1), es el símbolo desde donde se parte en la fe pascual. Lo que el evangelio de este domingo nos expone en la breve, pero profunda narración de los primeros acontecimientos de la supuesta resurrección de Jesús es a mi parecer, todo un vademécum de informaciones fundamentales acerca del comportamiento habitual imprescindible de quien se precie del honor de ser cristiano. María –las mujeres suelen disfrutar de un buen olfato en estas materias– es la primera en mostrarnos que lo posee. Así lo olfateó cuando en el recientemente estrenado film del australiano Garth Davis (febrero 2018) dice a Jesús: “estaré contigo hasta el final”, mientras los romanos le levantan ya crucificado. Y el cardenal Carlos Osorio ha manifestado recientemente que “el futuro de la humanidad depende en gran medida de la capacidad que tengamos los cristianos de dar testimonio de la verdad en estos momentos no fáciles de la misma”.

Es el amanecer. El sol, señor de la luz que ilumina nuestro universo, difunde ilusión al corazón de la Magdalena y al nuestro para salir al encuentro de un Jesús interior en plenitud de Vida. En primer lugar, confía en sus creencias. Luego se va a comprobar los hechos y, posteriormente, se va a comunicarlos a Juan y Simón Pedro. Todos ellos vieron con sus propios ojos –también con el corazón y la mente– y creyeron. Una vez tomada conciencia de todo, a fondo y hecha carne la creencia en ellos, lo comunicarán en primer término a los demás apóstoles, y luego al mundo entero. Propuesta que nos concierne, y que conlleva descubrir todo lo que somos y manifestarlo a los demás plenamente. Sin esta comunicación, que también es competencia nuestra, el mensaje vivo de Jesús quedará prisionero o incluso muerto, detrás de los fríos barrotes de la cárcel de nuestros sentimientos.

La película Lope (2010), del director brasileño Andrucha Waddington, está imaginativamente basada en la vida del poeta español Lope de Vega que, con sus obras, rompió los cánones tradicionales de la composición. En el film, el protagonista (Lope) mantiene este diálogo con Jerónimo Velázquez: “He querido que mis personajes se parezcan más a la vida. El pueblo está harto de ver siempre lo mismo, y ahora es cuando tenemos la oportunidad de ofrecerles algo nuevo”.

Jerónimo: “¿Usted no se da cuenta de que va contra las normas del teatro?”.

Lope: “Las normas, don Jerónimo, están ahí, pero los tiempos han cambiado. ¿Por qué no poner a trabajar la imaginación?”.

El teólogo y reformador protestante Martín Lutero dijo en cierta ocasión: “Nuestro Señor ha escrito la promesa de la resurrección, no en los libros, sino en todas las hojas de la primavera”. Y, por cierto, ¿no somos todos árboles del bosque florecido en exuberante primavera? ¿Cubrimos de perfume cristiano –quizás Christian Dior, Kalvin Klein o Yves Saint Laurent, a cuantos vienen a pasear por nuestra floresta personal? El misterio pascual –Pascua Florida y Hermosa– tiene un poder transformador cuando dejamos que nos inunde el alma.

Antonio Machado nos ofrece uno de los poemas más expectantes de su obra. Como el sueño de María Magdalena, también el del poeta nos posibilita una respuesta soñada, una ilusión: ese Jesús resucitado, lo que tenemos dentro, y al que debemos dejar fluir como manantial de vida capaz de apagar la sed de cuantos se acerquen a beber en él.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.
Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes a mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;
y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía,
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Querientes

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Querientes

10098692613_7fe76e5d74_zDe su blog Miradas cristianas:

Quedó pendiente, de mi pasado artículo, explicar esa palabra del título. Vamos allá. Es una verdad de nuestra historia que, infinidad de veces, a los justos les van mal las cosas por ser justos, mientras que a los malvados les van bien por su misma maldad. Negar esa ley es una cobardía, aunque las voces oficiales de nuestra sociedad suelen negarla sin matices para justificar a los más ricos (“es que son mejores”), y aunque algunos victimismos se sirvan de ella para justificar sus fracasos, achacándolos a la maldad de los otros. Pese a tales posibles abusos, los salmos y el Primer Testamento bíblico están llenos de quejas que constatan: “a los malos les van mejor las cosas”.

Recordemos solo la queja de Jeremías: “Señor ¿por qué prosperan los impíos?” (12,1).

Esa constatación es tan antigua que en un poema babilónico fechado aproximadamente hacia el 1200 antes de Cristo, y que se conoce como “la teodicea babilónica”, leemos que “los dioses crearon al hombre proclive a la falsedad y a la malicia”. No obstante, y por las mismas fecha, la Biblia se revela contra esa afirmación: el autor del Génesis concluye su primer capítulo declarando que “todo lo que Dios había hecho era bueno”; aunque sólo cinco capítulos más tarde tendrá que añadir que, al ver Dios la maldad que había sobre la tierra, “se arrepintió de haber creado al hombre”. Y es que, para Israel esa nefasta ley de la historia no puede ser obra de Dios: pues entonces no habría lugar para la esperanza en nuestro mundo; es más bien fruto del orgullo y la libertad humana. De ahí arranca esa noción de “pecado original”, tan desafortunada en su formulación como atinada en la realidad que quiere expresar (Camus formuló mejor cuando habló de “La Caída”).

Así se le fue entreabriendo a Israel la posibilidad y la esperanza en un más-allá e incluso el atisbo de que una aceptación confiada de esa ley nefasta de la historia puede convertirse en camino de liberación para otros: eso es lo que insinúa ese extraño poema de Isaías 53, sobre una misteriosa figura de apariencia despreciable, porque han caído en él todas nuestras maldades, pero que, al fin del poema, se convierte en redentor para nosotros. Ahí se atisba otra ley de nuestra historia: entre nosotros, la mayoría de victorias liberadoras se consiguen a través de derrotas previas.

Jesús de Nazaret encarna ese atisbo y esa ley: el fracaso de su pretensión liberadora (la Cruz) se convierte en paso hacia su Resurrección definitiva. Por eso los primeros cristianos aplicaron enseguida a Jesús el poema citado de Isaías 53.

Y bien: la ilusión de tantas pretensiones revolucionarias de nuestra historia ha sido crear ese mundo donde a los buenos les fueran bien las cosas, y a los malvados mal; aspirando incluso a una desaparición de los malvados con la aparición del “hombre nuevo”, tan esperado antaño por muchos movimientos revolucionarios. Por eso no importa el destino (aparentemente) fracasante de las revoluciones, sino la verdad y el valor de su apuesta: porque si resultase que Dios es Amor, entonces creer en Dios no sería más que creer en la Bondad (tantas veces pisoteada), y creer en el Amor (pocas veces amado).

Y que Dios es Amor es precisamente lo que anuncia la divinidad de Jesús. Sin ella no podríamos saber que Dios es Amor: podríamos desearlo o barruntarlo, pero podría ser también que Dios fuese como los dioses griegos o babilónicos. Ahora bien: en el Amor y la Bondad no se puede creer de manera meramente intelectual; sólo se puede creer amando en intentando ser bueno. A eso apuntaba la ironía paradójica de Benjamin Constant, líder de la revolución francesa y amante de Madame Stael: “soy demasiado escéptico para ser incrédulo”

Hace unos meses, la revista Vida Nueva publicó una entrevista con Ana Palacios fotoperiodista que, confesándose atea, lleva una vida dedicada a trabajar por las víctimas de la historia, y que hacía un gran elogio de los misioneros porque siempre “le infunden paz”… Ante la sorpresa de la entrevistadora explicaba que ella no conseguía ser creyente, pero sí era “queriente”.

San Agustín le habría dicho que si amas de veras ya crees aunque no lo creas. Yo prefiero recordarle una vieja anécdota histórica del rabino judío Elischa ben Abuja que perdió la fe con gran escándalo de la comunidad. Pero otro rabino, tras un momento de silencio se limitó a comentar: “dichoso él porque ahora es dueño de hacer el bien sin buscar recompensa alguna”.

Esa es la gran interpelación que nos lanza un sector de la llamada increencia. Algunos podrán reconocer, y aquí me encuentro yo, que sin una Ayuda exterior no hubieran sido capaces de hacer el poco bien que hayan hecho. Pero lo válido para todos los cristianos y absolutamente fundamental, es que nosotros no esperamos el más-allá como una recompensa sino como un regalo del que nos fiamos por una Promesa.

Esto lo reflexionamos demasiado poco. Sin embargo hay ahí algo fundamental para entender la muerte y resurrección de Jesús.

José I. González Faus

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Morir, entregarse a la vida

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Morir, entregarse a la vida

Muerte-vidaDomingo de Pascua

4 abril 2021

Mc 16, 1-8

 

El relato del evangelio termina de manera abrupta y en cierto modo contradictoria con el mensaje que pretende transmitir. Les anuncian la resurrección de Jesús, les piden que lo transmitan a los discípulos, pero ellas tenían tal miedo que “no dijeron nada a nadie”.

  No sabemos si, con ese final, el autor del evangelio quiso justificar algunos silencios de primera hora. Pero lo cierto es que el miedo se halla directamente relacionado con la muerte.

  Probablemente todos nuestros miedos sean expresión del miedo radical a la muerte. Se despiertan siempre que tememos perder algo y, en definitiva, la muerte, para el yo, significa perderlo todo.

  Algo parece claro: todo lo que nace habrá de morir, y todo lo que aparece, desaparecerá. Es la ley de la impermanencia que rige el mundo de las formas.

  Sin embargo, desde que tenemos noticia, entre los humanos siempre se ha sostenido la idea de que habría de existir algo más allá de la barrera de la muerte. Lo que ocurre es que, con frecuencia, aquella idea (o intuición) se plasmó en imágenes que no eran sino proyección de la vida que conocemos. Hasta el punto de que, en algunos casos, parecía como si la muerte no fuera sino la prolongación del yo, que entraría a vivir así en la eternidad. Sin advertir que, a pesar del temor que la muerte le pueda producir, el yo no podría tolerar un tiempo sin final: una existencia sin límite temporal sería su peor condena.

  Si la muerte es el final de las formas, eso significa que lo único que no muere es aquello que nunca nació, lo sin-forma. Lo que, en nuestro caso, llamamos “identidad”, la sustancia ultima de lo real, Aquello que somos, más allá del cuerpo, de la mente y del yo.

  A mayor identificación con el yo, más miedo a la muerte. En la medida en que crece la comprensión de lo que somos, tal temor desaparece: el yo se ve simplemente como una “forma” que aparece en la espaciosidad atemporal e ilimitada que somos. Cambia o desaparece la forma, permanece la espaciosidad; termina la personalidad, permanece la identidad.

  Somos vida. Pero, frente a la omnipresente trampa de la apropiación, parece necesario insistir en que el sujeto de esa frase no es el yo. De ahí que, hablando con propiedad y rigor, no habría que decir “Yo soy vida”, sino “La vida es yo”. No hablamos de un yo que viviera eternamente, sino de otra identidad que trasciende al yo. En síntesis, la muerte nos pone de manifiesto que no somos el yo que pensamos ser -y que tiembla, con razón, ante la muerte-, sino la vida que se está experimentando temporalmente en este yo, pero que no se reduce en absoluto a él.

¿Cómo me sitúo ante la muerte? ¿Y ante la vida?

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Ha amanecido la Vida definitiva

domingo, 4 de abril de 2021
Comentarios desactivados en Ha amanecido la Vida definitiva
  1. 0 Cristo-como-salvador-El-GrecoNueva Creación.

El evangelio de este hermoso -decisivo- acontecimiento de Pascua evoca el primer día de la semana, el primer día de la creación y de la vida.

En el Génesis Dios concluyó la obra de la creación. Ahora, con la resurrección de Jesús concluye la nueva humanidad.

Adán cayó en un profundo letargo y del costado –costilla- de Adán comenzaba la vida de la humanidad (Eva) (Gn 2,21), ahora Jesús inclina su cabeza, que es como una dormición (muerte) y de su costado comienza una nueva humanidad: la Iglesia. Al pie de la cruz teológicamente nace la Iglesia representada en la madre de Jesús y el Discípulo Amado (todos los discípulos amados de la historia), y sobre ellos cae agua y sangre: el bautismo en el Espíritu. (Jn 19,25-35).

El “todo está consumado” de Jesús rememora la conclusión de la creación por Dios. Vio Dios lo que había creado y era muy bueno. Jesús ha terminado la tarea de una nueva creación, una nueva humanidad.

  1. El primer día de la semana, al amanecer – estaba oscuro.

María Magdalena va al sepulcro al amanecer, sin embargo el relato resalta la escena diciendo que era de noche, (“en tinieblas”, dice el texto original). La contraposición luz / tinieblas tiene gran significado en el evangelio de san Juan y en todos los tiempos y situaciones: amar la luz, la verdad es salir de la noche y de la mentira. Quizás también hoy estamos culturalmente en tinieblas.

Aunque JesuCristo ha resucitado (la losa estaba quitada: Cristo no está en la muerte), Magdalena, va a encontrar a Jesús muerto, con la buena intención de tratar, embalsamar el cadáver, así como también y recordar a Jesús.

Sin embargo ha amanecido, es de día, hay luz, hay vida.

También hoy en día es de día, existe la luz, pero estamos en una noche cultural, ética, en un ocaso eclesiástico, (al menos en muchos ámbitos y diócesis de occidente).

No es menos cierto que también hoy hay creatividad, búsqueda de paz y pacificación, en esta pandemia la ciencia busca la vida. Hay caminos y salidas tanto personales como comunitarias.

  1. Magdalena (y los discípulos) echan a correr.

         María Magdalena no se queda quieta ante la muerte de Jesús. Ella vio, contempló la muerte de Jesús el viernes a mediodía, pero en la muerte no “ve” a Jesús, no está en la muerte. ¿Dónde está? ¿Qué hay tras la barrera de la muerte? ¿Todo ha concluido en el fracaso? No sabemos dónde han puesto al Señor.

         También a nosotros nos acosan estas cuestiones: ¿qué hay tras la barrera de la muerte? ¿Dónde están, -si están- nuestros difuntos?

Magdalena vuelve corriendo al grupo, a la comunidad. Se trata de la comunidad cristiana, porque es en la asamblea eclesial donde vivimos nuestros fracasos y decepciones, también nuestra fe y esperanza. No somos islas, vivimos comunitariamente: pueblo, iglesia.

Posiblemente es también nuestra situación y quizás la situación cultural y eclesiástica, que se quedan quietas, bloqueadas, sin correr los caminos de la búsqueda de la verdad y de la vida. Vivimos enquistados en el pesimismo y la pereza de un triste realismo, en el abatimiento de la desesperanza, de la desilusión, de la muerte: “nos pueden”. No vemos más allá de los signos externos del fracaso en sus variadas expresiones; el pesimismo nos embarga, la pandemia, las guerras, la triste situación eclesiástica etc.

Quien ama la vida corre y busca caminos.

  1. El Discípulo amado y Pedro

Los dos discípulos son significativos. Pedro y el Discípulo Amado corren. Simón Pedro (símbolo del poder) y el discípulo a quien quería Jesús (símbolo del amor del Señor). Los dos corrieron.

         Este texto tiene un gran movimiento:

         María Magdalena corre hacia el grupo.

El discípulo Amado corre al sepulcro y llega primero. El amor (todo Discípulo Amado) corre por llega a la fe en la Vida..

Pedro, más lento, también llega.

El hombre: ser inquieto: espiritual

La vida es movimiento, inquietud, búsqueda, horizontes.

Los caminos, las búsquedas intelectuales, las salidas a los problemas como la verdad, la libertad, la paz-pacificación, crisis económica pertenecen a la condición humana.

¿Qué otra cosa, si no, es el Éxodo y Emaús, los esfuerzos teológicos, culturales, científicos, políticos? Ante los fracasos y barreras, el ser humano corre, busca salidas, no se conforma, no se adormece.

No es postura muy humana, y menos cristiana este atrincheramiento y “enrocamiento” eclesiástico que estamos viviendo en muchas diócesis impregnadas de sospechas, bloqueos y placajes pastorales, teológicos, eclesiásticos. Salgamos corriendo hacia la luz, hacia la vida, hacia la libertad.

  1. Feliz Pascua.

         Desde la mañana de Pascua se abre una nueva vida para el creyente, para el que corre, vey cree.

         El momento cultural que nos toca vivir no es especialmente alentador: hay muchas vendas, muchos sudarios, sufrimiento, muerte, abatimientos, depresiones, paro, decrepitud moral, “losas eclesiásticas” etc.

         Es el amor, el Discípulo Amado, el que intuye, cree en la vida. El amor abre, el miedo repliega y cierra. Quizás celebrar la Pascua signifique una invitación a vivir desde otros criterios más abiertos y profundos que los meramente autoritarios, disciplinares, legales.

         Es razonable, es creativo construir la vida desde los valores del Reino de Dios, de la Vida de Cristo. Esto es válido para nuestra vida personal, familiar, eclesial, política.

         Tenemos prisa –corrieron– por vivir. La vida no espera, siempre tiene -no ansiedad- sí prisa

Desde la Resurrección del Señor:

Feliz Pascua y corramos hacia la vida.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.