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Entradas Etiquetadas ‘Thomas Merton’

¿Elegir entre Dios y el Mundo?

viernes, 29 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

«¿Realmente elegimos entre el mundo y Cristo como entre dos realidades en conflicto absolutamente opuestas? ¿O elegimos a Cristo eligiendo al mundo tal como es realmente en Él, es decir, creado y redimido por Él y encontrado en lo hondo de nuestra propia libertad y amor personales? ¿Realmente renunciamos a nosotros mismos y al mundo para encontrar a Cristo, o renunciamos a nuestro yo alienado y falso a fin de elegir nuestra más profunda verdad al elegir al mundo y a Cristo al mismo tiempo? Si lo más profundo de mi ser es el amor, entonces en ese mismo amor y en ningún otro lugar me encontraré a mí mismo, y al mundo, y a mi hermano y a Cristo. No es una cuestión de uno y otro, sino de todos en uno«.

El texto anterior es una muestra de la dimensión encarnacional del pensamiento de Thomas Merton. La vocación cristiana es una llamada a ser signo e instrumento del reino de Dios, del mundo de Dios como había de ser, en medio de las fuerzas y acontecimientos que bloquean y contradicen esta visión. Tal respuesta solo es posible porque ya ha sido realizada definitivamente en Cristo.

El termino el mundo, tal como se usa frecuentemente en la tradición, es como la abreviatura de una percepción errónea de la realidad, una visión distorsionada que ve al mundo no como viene de las manos de Dios sino como nosotros queremos reordenarlo para que se adapte a nosotros; es un mundo de deseos egocéntricos en el que intentamos forzar a la realidad, incluidas las demás personas, a girar a nuestro alrededor; cuando se niega a hacerlo, en nuestra frustración, lo maltratamos y maldecimos y profanamos, transformándolo en una imagen de nuestro desorden interior. Ese es el mundo del cual debemos huir: un simulacro falso e irreal de la creación de Dios.

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(Tomado del Diccionario de Thomas Merton)

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Entregarse para ser verdaderos

miércoles, 27 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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«Todos los días trato de orar, especialmente en el coro, por todos los sacerdotes del mundo que escuchan confesiones y por todos sus penitentes. Pido que en todas partes este sacramento sea administrado y recibido en verdad y justicia y prudencia y misericordia y pesar, y que sacerdotes y penitentes puedan saber mejor lo que están haciendo y se sientan llenos de amor y reverencia por lo que hacen. Pido que en todas partes los hombres puedan descubrir en sí mismos una gran admiración por este sacramento y puedan amarlo con todo su ser, entregándose enteramente con corazón contrito a la misericordia y la verdad de Dios, y que su amor los rehaga a su semejanza, es decir, que los haga verdaderos.

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Thomas Merton
Diarios
(Marzo de 1950)

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Cristo en Thomas Merton

miércoles, 20 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Al hacerse hombre, Dios se convirtió no solo en Jesucristo, sino también, potencialmente, en cada hombre y mujer que han existido. En Cristo, Dios no se convirtió tan solo en este hombre, sino también, en un sentido más amplio y más místico, aunque no por ello menos verdadero, en todo hombre».

La concepción de Merton acerca de Dios es fuertemente apofática, pero puede decirse que su cristología es claramente catafática: Cristo es el revelador y la manifestación del Dios escondido. La cristología de Merton es luminosa.

«Sin figura, sin belleza… Cristo vino a la tierra no para revestirse de la fría belleza de una santa imagen, sino para ser contado entre los malhechores, para morir como uno de ellos, condenado por los puros… Si Cristo no fuera realmente mi hermano con todas mis penas, con todas mis cargas sobre sus hombros y toda mi pobreza y tristeza en su corazón, entonces no habría habido redención».

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Creer para vivir

sábado, 16 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Creer: obedecer a Aquel que es Vida y, por tanto, vivir. Vivir por sumisión a la Suprema Autoridad de la Vida: compromiso de uno mismo y sumisión a la Verdad de Dios precisamente en su capacidad de dar vida, de mandar vivir.

Por eso, la fe no es en absoluto un mero acto de elección, una opción a favor de una solución especial de los problemas de la existencia. Es el nacimiento a una vida más alta por obediencia a la Fuente de Vida: creer es así consentir oír y obedecer a un mandato creativo que nos levanta de entre los muertos. Y ¿qué motivo más profundo puede haber para creer?

Creemos, no porque queramos saber, sino porque queremos ser».

*

Thomas Merton
Conjeturas de un espectador culpable

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Celebrar como personas libres y maduras

jueves, 14 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Si la liturgia no es la actividad de unas personas libres y maduras que participan inteligentemente reunidas en el culto corporativo que expresa y constituye su sociedad espiritual visible, no puede tener un verdadero significado espiritual. Esto equivale a decir, por supuesto, que desde el momento en que el culto corporativo deja de ser genuinamente comunitario y se convierte, en cambio, en meramente colectivo, tan pronto como deja de ser la colaboración de personas libres ofreciendo cada cual su contribución insustituible, y se convierte en el funcionamiento mecánico de unidades anónimas cuya identidad y contribución individual no tienen especial valor, entonces pierde su derecho a llamarse «liturgia» o «culto cristiano». Ya no es el testimonio público de unas personas libres y responsables, sino que se ha convertido en una demostración realizada por hombres-masa o esclavos.

Es cierto que en el Evangelio habla el Señor de sus fieles como «ovejas», pero ello no nos da derecho a suponer que la liturgia sea meramente el balar organizado de animales irracionales reunidos en manada mediante coerción y amaestrados mediante una ingeniosa disciplina hasta que sepan realizar acciones aparentemente humanas que no son capaces de comprender».

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Thomas Merton
Tiempos de celebración

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Cuando canta el Espíritu en el amanecer.

sábado, 2 de marzo de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Cuando los salmos me sorprenden con su música
y las antífonas llegan a embriagarme,
el Espíritu canta: se desprende el fondo de mi alma.
 
Y de mi más profundo centro, Amor,
más estruendoso que el trueno,
se abre un cielo de aire impoluto.
Nuevos ojos se despiertan.
Envío al mundo el nombre alado del Amor
y los cánticos crecen en torno a mí como una jungla.
 
Los coros de todas las criaturas interpretan
las melodías que Tu Espíritu entonaba en el Edén».
*
Thomas Merton
El libro de las horas
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Ser persona

martes, 19 de febrero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Ser una persona: esa es la idea que es preciso enfatizar. Nosotros mismos, aquí, recibimos la resaca de esa mística contemplativa: somos monjes de clausura, tenemos que ser misteriosos, tenemos que ser pasivos y almas bellas; estamos en un atolladero muy semejante al de ustedes. No nos está permitido ser personas. Un contemplativo es supuestamente alguien que estará más consagrado que cualquier otro a una vida impersonal. Todos nosotros tenemos que luchar contra esa idea. Necesitamos una nueva antropología teológica, una nueva comprensión de lo que significa ser un ser humano, qué es una mujer y qué es un hombre»

*

Thomas Merton,
diálogo con religiosas contemplativas

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Soledad

sábado, 2 de febrero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

Grooming: Lauren Reynolds Photographer: Phine Ka

Thomas Merton, hablando de la vida solitaria en uno de sus ensayos, explica que no es tanto una huida de la gente como «una negativa a aceptar los mitos y ficciones de los que está siempre llena la vida social, y nunca tanto como hoy». Merton habla de las adversidades de la vida en su ermita, de su oración y de sus dudas, pero también de la riqueza de su vida. Es rico, porque su soledad contiene a Dios, le rodea de Dios.

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(Diccionario de Thomas Merton)

Grooming: Lauren Reynolds
Photographer: Phine Ka

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Thomas Merton fotógrafo

jueves, 31 de enero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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La fotografía se convirtió en uno de las cosas que más le interesaron a Thomas Merton durante los tres o cuatro últimos años de su vida. La colección de sus fotografías conservada en los archivos del Thomas Merton Center se compone de más de mil doscientas imágenes.

Las anotaciones de sus diarios desde principios de los años sesenta presentan ya indicios de que este interés se desarrollaría más tarde. Se han publicado dos importantes colecciones de fotografías de Merton, y aparecen sus fotos en varios de sus libros publicados.

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(Diccionario de Thomas Merton).

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La materia tiene luz

miércoles, 23 de enero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Dice Merton que cuando Dios quiso prender la luz de su verdad fuera de sí mismo, hizo el universo, y que toda la creación material es el candelero para la luz verdadera. La materia está oscura mientras no tiene luz, pero no es en sí misma un principio de oscuridad; puede recibir la luz y ayudar a manifestarla.

«La materia sólo es oscura para quienes no buscan otra luz que la materia misma. Para ellos es fuente de oscuridad y error. Ahora bien, Dios hizo el candelero, o el universo, por una palabra, mandándole que existiera. Pero la lámpara, el hombre, la configuró tierna y cuidadosamente con sus propias manos.

Al hacer la lámpara, también alentó en ella y la prendió con la luz de Su verdad, Su belleza y Su gracia. Pues el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, brilló con la misma luz de Dios dentro de sí mismo, al entrar en la existencia con la divina luz residiendo en su ser íntimo».

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Thomas Merton
Tiempos de celebración.

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Otra vez Epifanía

sábado, 5 de enero de 2019
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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Hemos compartido este texto muchas veces, y lo seguiremos haciendo, porque vale la pena que volvamos a él una y otra vez. Ahora que se acerca la Navidad, recordemos lo que somos de verdad ante los ojos de Dios, la fragilidad y la belleza que compartimos. Todo eso está ahí, en el niño de Belén:

Ayer, en Louisville, en la esquina de las calles Cuarta y Walnut, comprendí de pronto que yo amaba a todo el mundo y que nadie me era o podía ser totalmente extraño. Fue como si despertase de un sueño: el sueño de mi distanciamiento, de la vocación «especial» de ser diferente. Realmente, mi vocación no me hace diferente del resto de los hombres ni me sitúa en una categoría especial, a no ser de manera artificial, jurídicamente. Yo sigo siendo un miembro de la raza humana, y ningún otro destino es más glorioso para el hombre, si tenemos en cuenta que la Palabra se hizo carne, convirtiéndose también en miembro de la Raza Humana.

¡Gracias, Dios! ¡Gracias, Dios! Yo soy un miembro más de la raza humana, como el resto de los seres humanos. ¡Tengo la inmensa satisfacción de ser un hombre! ¡Como si los sinsabores de nuestra condición pudieran importar realmente cuando empezamos a entender quiénes somos y lo que somos, como si pudiéramos empezar alguna vez a comprender esto en la tierra!”

*

Diarios I,
Thomas Merton,
19 marzo 1958.

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Buscando el bien que ya poseemos

jueves, 3 de enero de 2019
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Cuanto más buscamos «el bien» fuera de nosotros mismos como algo a ser alcanzado, más sentimos la necesidad de discutir, estudiar, comprender y analizar la naturaleza de ese bien. De este modo, nos sumergimos más en abstracciones y en la confusión de opiniones divergentes. Cuanto más objetivamente se analiza «este bien», cuanto más se lo considera como algo a alcanzar a través de técnicas virtuosas especiales, se vuelve menos real. Cuanto menos real se vuelve, más se aleja en la distancia de lo abstracto, lo futuro, lo inalcanzable. Entonces, nos concentramos más en los medios para alcanzarlo. Y cuando el fin se vuelve más remoto y más difícil, los medios se vuelven más elaborados y complejos, hasta que finalmente el simple estudio de los medios es tan demandante que todos los esfuerzos se centran en él, y el fin cae en el olvido… Todo esto no es más que desesperanza organizada: «el bien que el moralista predica y exige finalmente se vuelve «mal», sobre todo porque la búsqueda sin esperanza de este bien nos desvía del verdadero bien que ya poseemos y que despreciamos o ignoramos»

*

Thomas Merton
(Encuentro con Merton, Henri Nouwen, Bonum, 2007)

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Experiencia de Dios

martes, 18 de diciembre de 2018
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Del blog Nova Bella:

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En La Iglesia de San Francisco, en La Habana, cuando comenzó el Credo, algo estalló dentro de mí como un trueno. Supe con la certeza más absoluta e incuestionable que delante de mí, directamente presente en una aprehensión, que estaba por encima de la de los sentidos, estaba Dios en toda su esencia, todo su poder, Dios en la carne y Dios en sí mismo. Era una luz tan brillante que carecía de relación con cualquier otra luz visible; tan profunda y tan íntima …y sin embargo, la cosa que más me chocó fue que esa luz era, en cierto sentido, ordinaria. Era una luz (y eso me quitó más el aliento) que se ofrecía a todo,a todos, y no había nada extraño ni especial en ella. Era la luz de la fe,profundizada y reducida a una obviedad extrema,y repentina.

*

Thomas Merton

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Momentos de luz.

jueves, 13 de diciembre de 2018
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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El 16 de agosto de 1963 escribe Thomas Merton en su diario:

«Un momento absolutamente hermoso, transfigurado, de amor a Dios, y la necesidad de confiar plenamente en Él en todo, sin reserva alguna, aunque no pueda entenderse casi nada. Un sentido de la continuidad de la gracia en mi vida e idéntico sentido de la estupidez y bajeza de las infidelidades que han tratado de romper esa continuidad. ¿Cómo puedo ser tan indigno y loco como para jugar con algo tan precioso?».

Esos momentos de luz que vamos encontrando en el camino, momentos de cercanía con el Dios amor, no quitan que luego volvamos los ojos al camino que hemos dejado atrás. Para esos momentos lo mejor es CONFIAR, y abrazar la certeza de que nada es tan valioso ni hermoso como lo que nos ha sido dado. gratuitamente, sin merecerlo.

*

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Horas de silencio y encuentro con Thomas Merton

lunes, 10 de diciembre de 2018
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10 de diciembre 2018 – 50º aniversario de la muerte de Thomas Merton

GUillermo Oroz; Mari Paz López Santos
Navarra; Madrid

ECLESALIA, 10/12/18.- “No son las reflexiones lo que importa, sino las horas de silencio”, escribía Thomas Merton en su Diario, el 10 de diciembre de 1960. Efectivamente, no es su reflexión ni que todo lo que dejó escrito nos haga reflexionar; es el silencio y la quietud con la que nos predisponemos al encuentro con el hombre, el monje, y ahora sabemos que también el profeta. Como tal, fue un adelantado a su tiempo y es patrimonio de la humanidad para siempre.

Merton fue escritor antes de entrar en la vida monástica y aunque su opción era dejar la palabra, incluyendo la escrita, al traspasar la puerta del monasterio cisterciense de Getsemani (Estados Unidos), fue su abad el que le puso de nuevo la pluma en la mano.

Su obra es tan extensa que podría dudarse que tal diversidad de temas sobre espiritualidad y vida monástica y, especialmente, lo referente a las luchas y controversias del mundo en que vivió, hayan salido de un monje contemplativo.

Si el legado que Thomas Merton nos ha dejado en palabras de sabiduría es tan inmenso, cuantas habrán sido las horas de silencio y oración que propiciaron tal testimonio escrito; que nació para ser compartido con quien se anime a un encuentro con este monje que permanece vivo, activo, cercano y que, con sus propias palabras, se presenta así:

“Si quieres saber quién soy yo,
no me preguntes dónde vivo,
o lo que me gusta comer, o cómo me peino;
pregúntame, más bien, por lo que vivo,
detalladamente,
y pregúntame
si lo que pienso
es dedicarme a vivir plenamente
aquello por lo que quiero vivir.”

Aquí estamos dos escribiendo junto a Thomas Merton. Dos que hicimos inmersión en sus libros y, buceando en la intensa espiritualidad que destilan, encontramos a la persona, al creyente, al monje, al escritor y, en definitiva, al buscador que nos invita, como un hito en el camino, a adentrarnos en un encuentro mayor, definitivo: Dios.

Con un atrevimiento similar al de los niños le hemos invitado a dar un “paseo” por escrito y celebrar juntos el 10 de diciembre de 2018, fecha del 50º aniversario de su muerte.

Resultaría presuntuoso por nuestra parte pretender decir algo más ni mejor de lo mucho que se ha dicho de Thomas Merton desde una óptica monástica. Su figura, inmensa, se agranda día a día con los estupendos trabajos que se vienen publicando y que iluminan detalles o aspectos de su persona que habían pasado desapercibidos hasta ahora. Nuestro humilde escrito no aspira a sumarse a esa bibliografía. Quizá pudiera catalogarse en la categoría de testimonio. Aunque sólo quizá.

Testimonio de dos personas laicas, un hombre y una mujer, con diferentes circunstancias individuales, cuyas vidas se han visto iluminadas por la experiencia y las palabras de este monje. Conscientes de todo ello, queremos centrarnos y hacer hincapié en una visión de Merton que nace desde lo laico. Laicas son nuestras circunstancias, nuestra educación, nuestra vida y nuestro punto de vista.

Sabido es que Thomas Merton inspiró a muchas personas laicas a lo largo de su vida. Podríamos traer aquí un sinfín de nombres entre los que le trataron personalmente. La inspiración que ha vertido sobre quienes no tuvimos la dicha de conocerlo es incuestionable.

Archiconocida es su “iluminación en la esquina de la calle 43”, que podríamos calificar como una “iluminación laica” por sus circunstancias.

¿Quién no desearía haberse encontrado junto a Merton en el cruce de la Cuarta y Walnut en su momento clave de iluminación? Pero nadie acompaña en ese instante mínimo y sobrecogedor que lleva a una comprensión que es don gratuito.

Si la iluminación te sorprende en pleno centro comercial, como le pasó a Merton, nadie lo nota, sólo quien vive la experiencia única e inolvidable, de la que ya no se podrá desprender y a la que siempre podrá volver con la certeza de que vuelve al camino conocido.

Para el monje Thomas Merton que tantas horas de silencio y oración llevaba en su vida debió ser un shock maravilloso comprender en un instante que, toda aquella gente que le rodeaba y a la que no conocía, estaba iluminada por una luz que emanaba de un Amor que no se contabiliza porque se da de forma tan gratuita que nadie se puede esconder de él, aunque la mayoría nunca llegue a enterarse.

Reconocerse como uno más, sin privilegios, sin la etiqueta de una identidad privilegiada e ilusoria, fue parte de la liberación de ese instante de comprensión interior. La otra parte fue sentirse un destello más sumado a cada uno de los destellos que salen de cada ser humano, sea consciente de ello o no lo sea; se encuentre donde se encuentre y siga la vocación concreta a la que Dios le ha llamado.

Si nos encontráramos en lo que él llamaba le point vierge, ese punto interior que permanece intacto; estancia de Dios en lo escondido de cada uno, efectivamente no habría ni guerras, ni violencia, ni egoísmo, ni corrupción. Si nos reconociéramos a la luz de la semilla que plantó el Sembrador en el origen y que permanece oculta a nuestra comprensión y sensibilidad por capas de miedo, rodeada de muros y alambradas, olvidada por las distracciones del exterior que nos hacen perder el norte y el centro vital, diríamos con Merton: “Ellos no son ellos, sino mi propio yo. ¡No son extraños!”

No tiene nada de ilusoria la comprensión de un yo comunitario que abarca toda la humanidad desde que Dios quiso encarnarse en lo humano.

Dios y Merton tenían una cita en la esquina de la calle 4ª con Walnut aquel 18 de marzo de 1958. Pero Merton aún no lo sabía. Se llevó una buena sorpresa. Sorpresa y batacazo.

Dios le dio un buen revolcón. Revolcón trinitario: en tres partes. Tres estacazos que fueron sólo uno: un gran instante de luz, capaz de alimentar su vida entera y cuyo resplandor aún nos alcanza a nosotros hoy.

Primero lo despojó –en realidad lo liberó, como él mismo sintió- de toda su vanagloria. Tomó su ego hinchado, como la barriga de una oveja muerta, y lo pinchó.

Nuestros egos cuando se pinchan son como el globo de un niño que se le escapa y protesta con esa pedorreta larga y absurda que da risa. Así se queja nuestro ego. “Casi me eché a reír en voz alta” dice Merton. Hay que ser muy grande para reírse del ego de uno mismo.

Pero ¿con qué aguja pinchó Dios el ego de Merton? ¿Qué fue lo primero que sintió el monje? Que “amaba a toda aquella gente” escribe casi con sorpresa. El amor fue la aguja. El amor pincha nuestro ego. En nuestro espíritu no caben los dos: o tenemos el ego o ponemos el amor. Toda la ascesis debe conducir a ir reduciendo el espacio del ego para ir dando espacio al amor. Que el amor vaya creciendo y yo menguando…

El segundo destello fue el ver la realidad del ser humano. Todo hombre y toda mujer vistos por los ojos de Dios; y desde ahí, experimentar que a los ojos de Dios, él era un hombre más, tan amado por Él como todos los demás. Y que en esa oleada de amor, él los amaba también a todos.

“La alegría de ser hombre, dice, el glorioso destino de ser de la raza humana, que Dios eligió para encarnarse, para ser uno de nosotros. Si los hombres pudieran verse como realmente son, dice. Deambulan por el mundo brillando como el sol”.

Y una incontrolable sensación de unidad con todos ellos. Desde su soledad, irrenunciable y destinada, pero unido a todos. Cuando el amor se instala –se instale- en nosotros, los egos se retiran: somos uno. Pero no lo sabemos. Merton, sí.

El desierto, su desierto, no es un lugar de otro mundo sino de éste. Sólo hay un mundo, que todos compartimos. La soledad del monje es la otra cara del espejo del bullicio del mundo.

El tercer y último resplandor: el punto de la nada, de la pura verdad; su nombre escrito en nosotros. Dios en nosotros. Tomar contacto con este punto es la clave de todo, y lo cambia todo.

Queremos destacar sus tres últimas frases que concretan la verdad de ese momento: “No tengo programa para esa visión. Se da, simplemente. Pero la puerta del cielo está en todas partes”.

Si estamos abiertos a ello, cada paso que damos en nuestra vida, conduce a Dios. Cada una de las calles de nuestro mundo conduce a Dios, si queremos. No necesitamos ir a buscarlo a ningún lugar extraño o lejano, sólo hemos de recorrer el camino a nuestro corazón.

No es patrimonio de nadie, de ningún estilo de vida. No hay programa que conduzca a él, ni método ni guía. Es un don. Es dado. Y es simple. Simplicidad, esencia de lo cisterciense. Despojo de todo, apertura a Dios. Al Dios que vive en nuestras vidas como amor. Esa única realidad con miles de rostros, que son un solo Rostro.

Da igual dónde estemos, en la oficina, en la fábrica, en el supermercado, en la parada del autobús, el próximo paso que demos puede conducirnos a Dios. Más aún: o nos conduce a Dios o nos aleja de él. Cada paso cuenta. Así de simple. Lo único que importa es la dirección que tomemos, no los paisajes por los que atravesamos.

¿Qué diferencia a un laico de un monje? No es su mundo interior, sino las circunstancias externas en que vive. A grossomodo, uno vive apartado del mundo y el otro en medio del mismo. La misión del monje pasa por encontrar a Dios y vivirlo desde el apartamiento y la soledad. La misión del laico implica encontrar a Dios y vivirlo en medio del mundo, de la sociedad, de sus prójimos. Esta diferencia es sólo cuantitativa, no cualitativa.

La única forma que tiene el laico de poner a Dios en medio del mundo, no es una manera litúrgica, sacramental o sacerdotal, sino llevarlo allí, porque antes lo haya puesto en el centro de su corazón y a flor de piel de sus manos. Es decir, en el amor.

El monje vive en un mundo regulado, homogéneo, entre hermanos con los que comparte no sólo lugar, sino un mundo cultural, conceptual y vital. El monje vive en comunidad.

El laico, por el contrario, vive en un mundo diverso, entre gentes que unas veces comparten sus valores y otras no. Y a todos ha de amar. Gentes que unas veces aceptarán su presencia y otras la rechazarán y perseguirán. Entre gentes que, a través de las leyes injustas que a menudo rigen el mundo, la sociedad y los trabajos, por ejemplo, se aprovecharán de él y lo explotarán. Entre gentes de otros cultos a los que respetar.

Vive en una realidad cuyas implicaciones sociales, laborales, políticas, económicas, etc. lo interpelan y a las que ha de responder, con una palabra y desde el amor. Es un compromiso ineludible con la realidad. Un contemplativo no puede cerrar los ojos o mirar para otro lado. Ve a Dios en todo y ve todo en Dios.

Desde lo más abstracto a lo más concreto, un laico ha de crear su mundo: horarios, ropas, comidas, aficiones, uso del tiempo… En un monasterio, todo ello viene dado y al monje le queda la ardua tarea de amoldarse a ello. Pero un laico tiene todo eso por hacer. Y cada uno lo ha de hacer a su modo, según sus posibilidades. Otra de las características de lo laico: no hay recetas fijas.

Un monje quizá sea un experto en estabilidad, en firmeza de vida. Un laico es experto en fluir con las circunstancias que la vida le va poniendo: crianza de hijos, primero pequeños, luego adolescentes, mayores, los nietos, etc.; responsabilidades laborales crecientes o menguantes, solidaridades más comprometidas, verdadera entrega a una causa u otra. Si el monje es una montaña, el laico quizá sea regato, viento o… ¿será el valle?

Hoy vienes, hno. Thomas Merton, a preguntarnos sobre lo que vivimos o intentamos vivir en este tiempo, cincuenta años después de tu muerte. Y te contestamos tomando algunas de tus palabras pero puestas en plural: “Por aquí vamos decididos a “dedicarnos a vivir plenamente aquello por lo que queremos vivir” junto a otros, monjes, monjas, laicos y laicas, haciendo el camino del corazón, al encuentro con Dios.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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1968 y Thomas Merton

lunes, 10 de diciembre de 2018
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MertonEn el 50 aniversario de su muerte, que hoy se cumplen:

Hay años que quedan especialmente grabados en la memoria colectiva. ¿Qué aconteció en el año 1968 que quedó plasmado en el recuerdo? Muchas cosas ocurrieron ese año y muchas más han quedado olvidadas para la historia.

He “recolectado” algunas para ubicarnos en el tiempo de hace cincuenta años, son pocas, pero seguro que muchos recordamos y otros podrán investigar.

1968 fue declarado Año Internacional de los Derechos Humanos por la ONU. La  Declaración de la Carta de Derechos Humanos cumplía veinte años. El próximo 10 de diciembre del año en curso el cumpleaños de este importante documento cumplirá setenta. Me queda una extraña sensación, un no sé qué de tristeza. Habría que revisar qué se está haciendo en el mundo si avanzar o retroceder.

El 5 de enero comienza la Primavera de Praga, que llegó hasta el 20 de agosto cuando los tanques soviéticos entraron en Checoslovaquia y acabaron con las ansías de liberación política.

La Guerra de Vietnam seguía su sangriento curso. En marzo, la matanza de MyLai, masacre de civiles a cargo del ejército de los Estados Unidos. Las fotos hablaban y siguen hablando por sí mismas.

El 4 de abril murió asesinado Martin Luther King, se llevó su sueño de ver a blancos y negros vivir en paz y concordia. ¿Qué diría hoy?

El 6 de abril, España ganó Eurovisión con Massiel y el “La,la,la”. También fue el año de los primeros atentados de ETA. De un pequeño logro femenino: las mujeres casadas podían ser elegidas concejales.

En el mes de mayo, manifestaciones, protestas y una huelga general, en Francia. Se conoce como el “Mayo Francés”.

El 25 de julio, el Pablo VI publica la “Humanae Vitae”, en la que no se aprueban los anticonceptivos.

El 26 de agosto, Los Beatles lanzan “Hey Jude”.

Ese mismo día en Medellín (Colombia) se inicia la 2ª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano bajo el lema “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”.

El 2 de octubre, matanza de Tlalcoco, en la Plaza de las Tres Culturas, de la Ciudad de México, contra un grupo de manifestantes la mayoría estudiantes.

Diez días después, el 12 de octubre, se inauguran en esa misma ciudad, los XIX Juegos Olímpicos.

Durante todo el año, mes sí… mes también, siguen las pruebas atómicas de Estados Unidos en el territorio de Las Vegas.

El Premio Nobel de la Paz de 1968 fue para René Cassin, jurista y juez francés, “por toda una vida consagrada a la paz, la justicia y los derechos humanos y por sus trabajos como redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

El 10 de diciembre de 1968, fallecimiento de  Thomas Merton. A esta fecha es a la que quería llegar para ubicarme en este mítico año, cuando se cumple el 50º aniversario de su muerte. Aprovechemos para recordarle y seguir contando quien fue y quien sigue siendo.

¡Ardua tarea e inabarcable tarea “contar” a Merton! Con lo que dejó escrito y lo que se ha escrito sobre él, no sé qué cantidad de metros cuadrados de biblioteca se llenarían. Con las posibilidades que tenemos ahora y “buceando” por Internet (que no ocupa metros cuadrados) quien quiera se podrá  adentrar en la persona, historia, publicaciones, etc.

Por tanto lo más sensato y coherente será compartir quién es Thomas Merton para mí.

“¿Conoces a Thomas Merton?”, me preguntó un amigo irlandés en Taizé en 1994. Le contesté que no. “Es un escritor de espiritualidad y, según lo que hemos hablado estos días, creo que te puede interesar lo que escribe. Mira a ver, cuando vuelvas  a España, si hay publicados libros en español”. Dos palabras: Thomas y Merton, regalo del amigo irlandés que no cayeron en saco roto. En mi país en la librería religiosa donde era y soy habitual, me dijeron que tuvieron en otros momentos, pero que habían dejado de reeditarse. Durante dos años, cada vez que volvía a por algún libro, preguntaba si ya tenían algo de Merton. Nada.

¡Qué tiempos aquellos, no podía brujulear como ahora por Google, las Redes…! Pero tampoco olvidé la recomendación. Hasta que, por fín, un día tuve en mis manos un libro del tan esperado Thomas Merton: “La oración contemplativa” (1).

Entusiasmada por ver satisfecho mi deseo, llegué a casa y me adentré con ansia en su lectura. No era mi momento. Lo dejé en la estantería y, como el libro no tenía datos concretos tipo curriculum, seguí sin saber quién era Merton.

Pero sí me interesó el texto de la contraportada: “El curioso estado de alienación y confusión del hombre en la sociedad moderna es quizá más ‘soportable’ porque no se vive en común, con una multitud de distracciones y evasiones, y también con oportunidades para una acción fructífera y un genuino olvido cristiano de sí mismo. Pero oculto en toda vida se encuentra el fundamento de la duda y de la pregunta personal que más tarde o más temprano debe enfrentarnos cada a cara con el último significado de nuestra vida. Esta pregunta a uno mismo nunca puede darse sin un cierto ‘pavor’ existencial, un sentido de inseguridad, de pérdida, de exilio, de pecado. Un sentido de que uno de alguna manera ha sido infiel no tanto a las normas morales o sociales, sino a su propia verdad interior”.

Lo volví a intentar en el 1998… una ojeada. Leí otra vez la contraportada y vuelta a la estantería. Allí “durmió” algunos años más. Seguía sin ser mi momento. Así son las cosas en la vida espiritual… pasito a pasito. ¡Ah… y seguía sin saber quién era Thomas Merton más allá de uno de los maestros espirituales del siglo XX, como decía la contraportada del libro.

En 1999 aparecí, con aires de despistada y sin ninguna pretensión de hacer amigos, en el monasterio cisterciense de Santa Mª de Huerta. Desde el primer momento algo dentro de mí me estaba haciendo comprender que lo que vivía en el monasterio tenía un mensaje para mi persona, y para los que vivimos fuera de los claustros.

En otra estancia en el monasterio, en el 2001, vi un tríptico informativo en la sala de la hospedería que decía: “I Retiro Mertoniano en España, 14 al 17 de septiembre 2000”, Viaceli, The Thomas Merton Center Foundation… ¡Thomas Merton es un monje!

Sí, monje cisterciense, como los que tenía preparados en la capilla del monasterio cuando tocó la campana para la oración de la tarde.

Fue el pistoletazo de salida. Poco a poco me adentré en sus libros, artículos, cartas, etc., Pedí información en el monasterio y ellos me ayudaron a “encontrar” a Merton. Me facilitaron libro (de ediciones antiguas) me fotocopiaron artículos, oraciones, etc. Hice inmersión en el “océano Merton”, tan inmenso que no se puede abarcar, se necesitaría otra vida.

Sé que hay muchos a los que no les va Merton, pero también sé cuántos se acercaron a él para pedirle una palabra y mucha escucha. Sé que tiene detractores pero también verdaderos enamorados de su obra para su vida espiritual. Sé que no era perfecto ni como monje, ni como ser humano, pero qué levante la mano quien crea que ya alcanzó la perfección como persona o en la vocación a la que haya sido llamado.

¿Quién eres para mí, Thomas Merton?

El desconocido que se convirtió en hermano y, con la herencia me dejó, pude beber de una espiritualidad que con palabras que entiendo, me traduce la búsqueda de Dios en el día a día y el encuentro con los demás. Me sigue sorprendiendo ver que como monje contemplativo se adentró en la vida de los laicos, en los problemas del mundo, en la denuncia de la injusticia, las guerras (Guerra Fría, guerra nuclear…), diálogo interreligioso, en ese tiempo –recién acabado el Vaticano II- tema complicado y conflictivo; en la defensa de los derechos humanos, etc.

 Me acercó a los valores de la vida monástica como el silencio, la oración, la soledad, la acogida al otro, la escucha y el permanente discernimiento en la vida espiritual para avanzar en el camino de la propia vocación.

Murió en Bangkok el 10 de diciembre del mítico año 1968, después de impartir su última conferencia en el Encuentro Ecuménico de Monjes de Asía, al que había sido invitado. Al final de la conferencia dijo: “Creo que todas las preguntas sobre las conferencias de esta mañana están previstas para la reunión de la tarde… So I go disappear from you. Thank you very much! (2).  “Desaparezco. Me retiro. Muchas gracias”. Fueron sus últimas palabras. A las pocas horas murió electrocutado en su habitación.

Quiero también traer aquí las palabras del Papa Francisco en su visita al Congreso de los Estados Unidos de América el 25 de septiembre de 2015, año en que se celebraba el centenario del nacimiento de Merton:

“Al inicio de la Gran Guerra (…) nace el monje cisterciense Thomas Merton (3enero 1915). Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas». Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.Resalta también el Papa en la personalidad de Merton “la capacidad de diálogo y la apertura a Dios” (3).

Sea cual sea el año de nuestro nacimiento o de nuestra muerte, hermano Thomas Merton me demuestras con su vida, compleja, contradictoria y tantas veces incomprendida, que caminamos en el anhelo de encuentro con Dios, mientras nos vamos encontrando con los hermanos en quienes, si me mantengo abierta, expectante, pacífica, confiada y libre, veo el reflejo de Dios en sus corazones, y me adhiero a lo que decías en tu momento de iluminación:  “En Louisville, en la esquina de la calle Cuarta (Fourth) con Walnut (…) no hay manera de hacer ver a los humanos que todos ellos deambulan por el mundo brillando como el sol” (4).

Mari Paz López Santos

Fuente Fe Adulta

General, Iglesia Católica ,

La falsa llama (4)

martes, 27 de noviembre de 2018
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Acerca de las experiencias emociones en la vida espiritual, escribe Thomas MERTON en este artículo titulado LA FALSA LLAMA, que hemos compartido en el blog; y así, en esta última parte, sigue diciendo:

«Nos esforzaremos por alejarnos de ellas y evitar las ocasiones que las provocan, si podemos precisar cuáles podrían ser estas. Pero no debemos perturbarnos ofreciendo una resistencia violenta; basta con permanecer pacíficamente indiferentes respecto a ellas. Si no podemos hacer nada para evitar estos sentimientos de embriaguez y alegría espiritual, los aceptaremos con paciencia, con reserva y hasta con cierta humildad y agradecimiento, comprendiendo que no sufriríamos tales excitaciones si no quedaran tantos sentimientos naturales en nosotros.

Tenemos que negar el consentimiento a todo cuanto haya de desordenado en ellas, y dejar el resto a Dios, aguardando la hora de nuestra liberación en las alegrías reales, los gozos puramente espirituales de una contemplación en la que nuestra naturaleza, nuestras emociones y nuestro yo no enloquecerán, sino que seremos absorbidos y quedaremos inmersos, no en esta embriaguez tambaleante de los sentidos, sino en la ebriedad limpia e intensamente pura de un espíritu liberado en Dios.

Es indudable que la pasión y la emoción tienen su lugar en la vida de oración, pero deben ser purificadas, ordenadas y sometidas al amor más elevado. Entonces, también ellas pueden compartir la alegría del espíritu y hasta contribuir a ella, en cierta medida. Con todo, hasta que sean espiritualmente maduras, las pasiones deben ser tratadas con firmeza y reserva, incluso en las consolaciones de la oración. Cuándo son espiritualmente maduras? Cuando son puras, limpias, mansas, silenciosas, no violentas, desinteresadas, desprendidas… y, por encima de todo, cuando son humildes y obedientes a la razón y a la gracia».

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Thomas Merton

Nuevas semillas de contemplación.

Sal Terrae

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Invitado a una fiesta en otra orilla…

sábado, 17 de noviembre de 2018
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Esta noche he tenido un sueño que, desde muchos puntos de vista, ha sido hermoso y conmovedor: un sueño hierático.

Estoy invitado a una fiesta. Me encuentro con algunas de las mujeres que se dirigen a la misma fiesta, pero hay una separación. Estoy solo en los muelles de una pequeña ciudad.

Un hombre me dice que por cinco dólares puedo ir en yate adonde quiera. Tengo cinco dólares, y más de cinco dólares: cientos de dólares, y también francos. Soy consciente de mi vestimenta clerical. El yate es una pequeña goleta, una goleta ordinaria y no un yate. No se separa de la costa. Nosotros hacemos que se desplace un poco, empujando desde dentro. Después me veo nadando mar adentro en el agua hermosa y mágica de las profundidades, de donde surge una vida maravillosa a la que yo no tengo acceso, una vida y un vigor que yo temo. Sé que buceando en el agua en cuestión puedo encontrar algo maravilloso, pero no sería adecuado ni correcto que yo me pusiese a bucear, puesto que me dirijo a la otra orilla, con la fuerza que he recibido del agua, la inmortalidad.

Luego, una vez llegado a la casa de verano de la otra orilla, lo primero que hago es jugar con el perro, y el niño me trae dos trozos de pan blanco con mantequilla, que yo devoro nada más llegar».

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Thomas Merton,
Diarios.
12 de septiembre de 1961

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Un acto ciego de Fe

martes, 13 de noviembre de 2018
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Cada día percibo algo de lo que ocurre en mí cuando tengo que retractarme de mis propias ideas acerca del canto, de la vida interior, de la soledad, de la vocación cisterciense, etc., etc. Cada día sacrifico a Isaac, es decir, mi hermoso sueño acerca de una vida silenciosa, solitaria y bien ordenada de perfecta contemplación y perfecta observancia monástica, sin intromisiones del mundo, sin publicidad y sin libros de gran éxito; ¡¡simplemente, con Dios y con esa agradable, arcaica y pequeña celda de cartujo!! Tengo que hacer ese acto ciego de fe que me asegura que Dios y Nuestra Señora me están llevando –«a través de la cruz»– hacia algo mejor, que probablemente yo nunca veré en esta orilla del cielo».

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Thomas Merton
Diarios.1 de mayo de 1949.
Santos Felipe y Santiago. Día de retiro.

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Dos libros de Thomas Merton, una recensión … y otro escrito sobre él.

miércoles, 31 de octubre de 2018
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Para comprender mejor la vida de un místico de nuestro tiempo

514uyveglul-_sx321_bo1204203200_La  Experiencia interior:

Este libro de Thomas Merton explora el significado y la práctica diaria de la contemplación, el corazón de la experiencia monástica y religiosa, y constituye su obra más completa sobre el tema.

Editada con toda fidelidad por un experto en Merton, tiende un puente entre las primeras obras del autor sobre la contemplación, de clara inspiración católica, y las posteriores, en las que adopta una postura más ecléctica.

Este libro pone de manifiesto su creciente interés por las tradiciones orientales de meditación y espiritualidad, sobre todo por la tradición budista, que influyeron notablemente sobre su pensamiento y escritos en la última década de su vida.

La experiencia interior no sólo supone una trascendental presentación de la mejor enseñanza que existe sobre la contemplación y la meditación, sino que además muestra cómo se practica la contemplación en la vida cotidiana.

(Colección El Viaje Interior, ONIRO, 228 páginas).

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86904Reflexiones sobre Oriente:

Esta breve obra consta de cinco capítulos dedicados a otras tantas corrientes de la filosofía y la religión orientales: taoísmo, zen, hinduismo, sufismo y varias modalidades poco conocidas del budismo.

Al final del libro, el autor habla de sus memorables entrevistas con el Dalai Lama, que lo recibió tres veces en audiencia privada.

El monje trapense Thomas Merton es el máximo exponente contemporáneo del acercamiento entre el ascetismo cristiano y la filosofía oriental. Su interés por el budismo y el taoísmo le llevaron hasta las fuentes de estas milenarias «religiones sin Dios»: viajó a la India y al Tibet y se entrevistó con algunos de sus maestros espirituales, entre ellos el Dalai Lama.

En este libro se recogen las experiencias y reflexiones de Merton a raíz de sus iluminadores encuentros con la filosofía oriental. Con palabras sencillas y profundas, el autor logra transmitir al lector occidental la oculta sabiduría de las religiones y filosofías más antiguas del mundo-

(Colección El Viaje Interior, ONIRO, 128 páginas).

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9789876404150_tgEn REVISTA DE ESPIRITUALIDAD, conocida publicación carmelitana de ciencia y vida espiritual, con fecha abril-septiembre de 1962, encuentro la presentación de un libro de THOMAS MERTON, “Dirección espiritual y meditación”, escrita por el muy conocido y malogrado carmelita descalzo CRISÓGONO DE JESÚS. Como una curiosidad, y también por su sencillez y claridad, la comparto

“El conocido y benemérito cisterciense de la abadía de Getsemaní trasciende una vez más su austero retiro para suscitar inquietudes de vida divina entre el gran público de habla inglesa. Obra breve pero sustanciosa. Sus páginas están sembradas de ideas y consejos de mucha utilidad tanto para seglares como para sacerdotes y religiosos, sobre todo su primera parte. No busca el autor presentarnos una obra completa. Espera solamente ayudar a quienes no hayan encontrado lo que necesitan en otros libros de la misma materia.

La obra contiene dos partes como indica el título de la misma: Dirección espiritual y Meditación. En la primera parte, el autor se propone:

1. Ayudar a las almas que buscan o tienen ya dirección, para que consigan el máximo provecho espiritual de esta gracia.

2. Estimular a los sacerdotes demasiado tímidos para considerarse posibles directores espirituales para que, confiando en la ayuda de Dios, se animen en la empresa de estimular y dar consejo a las almas en el confesionario, cuando esto es posible.

3. Finalmente, disipar algunas ideas erróneas acerca de la dirección espiritual.

En la segunda parte no se propone enseñar a meditar. Pretende dar los consejos oportunos para evitar errores y dificultades en el camino de la meditación.

Crisógono de Jesús, OCD.

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43425723_388709721871854_9174849983130632192_nLa sinfonía femenina (incompleta) de Thomas Merton,

Por María Cristina Inogés Sanz:

En la vida de Thomas Merton hubo muchas mujeres.

Están su madre y otras mujeres de su familia; aquellas que conoció, en el más amplio sentido del término, durante su alocada juventud; la madre de su hijo; aquellas que formaron parte, más adelante, de su círculo de amigos; aquellas otras con quienes mantenía correspondencia y que le ayudaron a ver otros puntos de vista o profundizar en los suyos, y, finalmente, M –como él la llama–, el amor de su vida, siendo ya monje.

Las mujeres y Merton parece un tema que no se evita, pero del que se prescinde en cuanto hay oportunidad.

La historia de la Iglesia está salpicada de parejas que le han aportado mucho. Lo único que hace falta es una mirada limpia y una lengua contenida cuando se desconocen las circunstancias.

(Colección  Sauce de PPC. 160 páginas)

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