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Jesús confiere: paz, alegría e ilusión (espíriitu)

domingo, 7 de abril de 2024
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paz-a-ustedesDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- AL ANOCHECER DEL PRIMER DÍA DE LA SEMANA ESTABAN LOS DISCÍPULOS ENCERRADOS Y CON MIEDO.

Comienza el texto del evangelio de hoy diciéndonos que, aunque había amanecido, era de día, era ya Pascua, se había realizado la nueva creación, la nueva Alianza; sin embargo la comunidad naciente estaba al anochecer, encerrada y con miedo, con inseguridad y angustia.

La noche es siempre falta de luz. En el evangelio de San Juan el anochecer, la noche es la carencia de Cristo. Aquella comunidad estaba al anochecer porque Cristo no estaba presente

Los momentos y situaciones eclesiales son diversas, pero ¿No estamos también nosotros en un anochecer, encerrados y con miedo a todo, sin audacia y aliento vital?

¿No será que el Señor tampoco está presente en no pocos movimientos religiosos y grupos eclesiásticos que viven enquistados, con recelo y con las puertas –la mente y el corazón- cerradas a todo?

Yo creo que el papa Francisco es un hombre abierto, de mentalidad conciliar (Vaticano II), pero la Curia, parte de la jerarquía, muchos laicos, viven, vivimos, con miedo, enquistados y no permitimos el camino de la Iglesia hacia el nuevo Éxodo, hacia la nueva Alianza, hacia la Vida…

02.- EN ESTO ENTRÓ JESÚS EN LA COMUNIDAD Y LES CONFIERE PAZ, ALEGRÍA Y ALIENTO VITAL (ESPÍRITU).

La presencia de Cristo en aquel grupo cristiano naciente confiere paz, alegría y aliento vital (espíritu).

PAZ:

Dos aspectos

a. La presencia del Señor en nuestra vida personal y comunitaria serena el alma y la vida y no por vía jurídica, legal, dogmática, litúrgica, sino porque el Señor ya nos dijo: venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Mi paz os dejo…

Cuando sentimos miedo y angustia moral, es que el Señor no está presente en nuestra vida.

Cuando Cristo está presente en mi vida, cuando la roca sobre la que se fundamenta la vida es Cristo, una inmensa paz embarga la existencia. Cesa el miedo y la angustia.

b. Por otra parte, una Iglesia en la que el Señor está presente vive en paz, en la paz que Jesús les había dejado: mi paz os dejo, no como la da el mundo.

Sin embargo, la Iglesia vive en grupos enfrentados: contra el papa Francisco, contra la mentalidad y espíritu del Concilio, contra el pensamiento teológico, contra la creatividad. El miedo de un posible cisma revolotea los aledaños eclesiásticos… ¿Cristo estará presente en esta Iglesia?

ALEGRÍA

La presencia del Señor impregna la vida de gozo y alegría.

No siempre se puede estar contento, pero si vivir en una serenidad interior. La presencia del Señor confiere alegría.

ESPÍRITU: ALIENTO VITAL

Continúa el texto de hoy evocando el Génesis y dice que Cristo exhaló su aliento sobre la Iglesia naciente y les dijo: recibid Espíritu Santo,

que es lo que Dios infunde en la creación al barro humano de Adán (Gn 2,7), exhaló su aliento sobre los discípulos. Es la misma expresión con la que, el mismo evangelista, Juan, nos dice que Jesús en la cruz nos entregó su espíritu (Jn 19,30).

El ser humano por nosotros mismos somos poco más que barro: necesitamos aliento vital, ganas de vivir, espíritu…

03.- TOMÁS NO ESTABA, PERO VUELVE AL GRUPO.

Nacemos y vivimos en una familia, en un pueblo….

Uno recibe la cultura, los criterios, la fe en una familia, en un pueblo, en una comunidad cristiana. (Es algo de lo que hemos escuchado en la primera lectura: todos vivían unidos, nadie pasaba necesidad… )

Muchas veces despreciamos nuestras comunidades, menospreciamos a nuestros sacerdotes, religiosos, incluso nuestro evangelio. (Otra cosa es que no todo lo que ha habido y hay en la Iglesia sea bueno y que el pecado y la tentación de poder no estén presentes en nuestras iglesias y jerarquía). Pero es noble y sano amar nuestra comunidad, nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestras tradiciones, lo que hemos recibido.

Tomás no estaba en el grupo. Tomás es la versión joánica de los dos de Emaús de Lucas (Lc 24). Se van decepcionados del grupo, de lo que habían vivido e intuido junto a Jesús. Nos hemos desilusionado y vamos ya a nuestro aire.

Hemos conocido, quizás nosotros mismos, hemos vivido al margen, fuera de la comunidad, hemos roto con la familia, con amigos, con la iglesia.

Es muy difícil, ¿imposible? Amar una realidad, vivir serenamente, es difícil ser creyente si no es en el seno del grupo, del pueblo, de la comunidad eclesial.

Es evidente que la mayor y mejor parte de nuestro conocimiento lo hemos recibido de los demás. Yo no soy una cultura, un idioma, una fe. La cultura, la fe, el pensamiento son comunitarios…

Son los demás los que nos hacen personas y los que nos dicen: Hemos visto al Señor

Estamos en plena campaña electoral. Los líderes políticos, las ideologías , el grupo, el pueblo debiera saber acoger y transmitir fe en la vida, en la cultura, en el bien común.

04.- AL MOSTRARLE SUS HERIDAS A TOMÁS, JESÚS SANA LA HERIDA DE SU INCREDULIDAD Y DE SU DECEPCIÓN. (SAN GREGORIO MAGNO).

Tomás llega a creer en el Señor resucitado cuando toca sus heridas y su costado abierto: ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús se aviene a la decepción de Tomás y le dice: toca estas heridas, mete la mano en el costado abierto. Hay bondad en Jesús.

El relato tiene un cierto tono eucarístico: tocar el cuerpo del Señor.

No se trata de un tocar físico, palpar corporalmente: se trata de la fe en el Señor resucitado.

La puerta hacia la fe en la vida, en Cristo son los pobres, los heridos, los sufrientes de la historia. Cuando celebramos la Eucaristía en sentido amplio: la mesa del Señor abierta a los desheredados de este mundo, estamos cerca de la resurrección y la vida

Tomás llega a la fe.

Cuando nos embargue la decepción y el fracaso en la vida, podemos -como Tomás- mirar hacia el horizonte absoluto, volver al grupo, mientras “tocamos las heridas, los heridos, de esta vida”, y, como buenos samaritanos, las vendamos. En ese momento dirá nuestro corazón: Señor mío y Dios mío.

TUS HERIDAS NOS HAN CURADO, SEÑOR.

SEÑOR MÍO Y DIOS MÍO.

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Ha llegado nuestro turno de dar testimonio de la vida que Jesús Resucitado nos trae

domingo, 7 de abril de 2024
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De su blog Fe y Vida:

Tomás verdaderamente cree y ofrece una confesión de fe en sintonía con la confesión de fe de Pedro (Mt 16, 16) o de Marta, hermana de María y de Lázaro (Jn 11,27)

Posiblemente, los discípulos están intentando pasar desapercibidos para no correr la misma suerte que el maestro. Y en esa situación, contra toda esperanza, Jesús se les aparece y les regala -gratuitamente- el don de su mismo espíritu

La resurrección de Jesús abrió esa vida resucitada que se anticipa con sus dones escatológicos para vivirla en la historia cotidiana

Entonces, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a ustedes. Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Entonces los discípulos se regocijaron al ver al Señor. Jesús entonces les dijo otra vez: Paz a ustedes; como el Padre me ha enviado, así también yo los envío. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les son retenidos.  Tomás, uno de los doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré. Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a ustedes. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!  Jesús le dijo: Porque me has visto has creído. Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.  Y muchas otras señales hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro; pero éstas se han escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que, al creer, tengan vida en su nombre (Jn 20, 19-31)

Después de la Vigilia Pascual, los domingos que siguen nos ofrecen diversos pasajes bíblicos en los que Jesús se aparece a los suyos. De alguna manera se ofrece, pedagógicamente, el ir asumiendo la vida nueva que trae el Resucitado, las dificultades que supone, las incredulidades que suscita y las fidelidades y audacias que asumen aquellos que creen y comunican la experiencia fundante de la nueva vida que el Espíritu regala a quienes se disponen al seguimiento.

El Evangelio de Juan comienza este capítulo 20 con la aparición a María Magdalena. De ahí viene el título de Apóstola que se le ha reconocido porque ella es la primera a la que Jesús se le aparece, según este evangelio. Pero no es este el texto que se ofrece para este domingo sino el que sigue, donde Jesús se aparece a sus discípulos y, en concreto, se explicita lo que acontece con Tomás, quién no estuvo en la primera aparición y en la segunda, a pesar de sus dudas, verdaderamente cree y ofrece una confesión de fe en sintonía con la confesión de fe de Pedro en el evangelio de Mateo (16, 16) o de Marta, hermana de María y de Lázaro (Jn 11,27).

Pero notemos algunos puntos interesantes. Los discípulos están encerrados. La crucifixión y muerte de su maestro les ha mostrado el fracaso de la vida de Jesús y están asustados. No están esperando que la situación cambie. Posiblemente, están intentando pasar desapercibidos para no correr la misma suerte que el maestro. Y es en esa situación, contra toda esperanza, que Jesús se les aparece y les regala -gratuitamente- el don de su mismo espíritu, quien será el que los fortalezca para continuar la tarea que Él había comenzado. No es la valentía de los discípulos lo que les capacita para seguir adelante. Es el don de Dios, la vida del Resucitado, su Espíritu en medio de ellos, el que les dará la audacia necesaria para emprender el seguimiento del Cristo Resucitado. La paz y la alegría que acompañan esa experiencia son dones escatológicos, es decir, no dependen de que ahora las cosas comienzan a ir bien, sino de la experiencia de que la última palabra no la tiene la muerte. La resurrección de Jesús abrió esa vida resucitada que se anticipa con sus dones escatológicos para vivirla en la historia cotidiana.

La figura de Tomás que casi siempre se concibe como el incrédulo que mereció el reproche de Jesús, es señal, tal vez de lo contrario. Ahora la confesión de fe ha de ser vivida ya no por los testigos que estuvieron con Jesús sino por aquellos que creerán en la palabra de los primeros. Tomás puede ser símbolo de todos los creyentes que hemos continuado esta aventura de la vida cristiana. Hemos necesitado hacer esa confesión de fe. No hemos recibido pruebas definitivas que nos garanticen la veracidad que se nos anuncia, pero hemos visto el testimonio de tantas generaciones cristianas que, por su fe en Jesús, han hecho posible la justicia, la paz, la alegría, la solidaridad, la misericordia, la entrega. Y ha llegado nuestro turno. Creer en Jesús es más que repetir las palabras que finalmente dice Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Es seguir la línea de los testigos y testigas que nos han precedido y testimoniar con la propia vida la apuesta por la vida del espíritu.

El texto bíblico termina diciendo que todo esto se ha escrito para que se crea que Jesús es el Cristo y en Él se tenga vida eterna. Por eso, hoy el texto bíblico ha de encarnarse en nuestra propia vida, buscando hacer las obras del Reino, para que muchos crean en Jesús y tengan la vida en abundancia. Que este tiempo de pascua nos comprometa a dar un testimonio capaz de convocar a muchos a esta fe en el Jesús del Reino, en el Jesús de la vida nueva, de la paz y la alegría.

(Foto tomada de: https://www.crossroadsinitiative.com/es/media-es/articulo/incredulidad-tomas-divina-misericordia/)

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«¡La resurrección de Cristo no es regreso a su pasado sino entrada en su futuro!», por Santiago Agrelo

sábado, 6 de abril de 2024
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IMG_3899«Su paz, su alegría, su Espíritu, son en nosotros los voceros de su resurrección»

«Por la resurrección, no recobra el hombre la vida perdida sino que se abre a una vida nueva, a la vida de Dios»

«¡Cristo Jesús vive!, y somos sus testigos, pues “hemos comido y bebido con él después de su resurrección”, más aún, hemos resucitado con él, y estamos con él a la derecha de Dios en el cielo»

«Arrodillados como el Señor a los pies de la humanidad, de él aprendemos a servir a los pequeños, a curar heridas»

Cuando se habla de resurrección, el primer comentario suele ser que de allá nadie volvió para decir lo que pasa.

Esa constatación con aires de evidente, lo sería si la resurrección se entendiese como un regreso de los muertos a la vida, un desandar el camino desde la oscuridad de la tumba a la luz acostumbrada de nuestras vidas.

Pero no es eso lo que entendemos quienes celebramos que Cristo ha resucitado.

¡La resurrección de Cristo no es regreso a su pasado sino entrada en su futuro! ¡Su Pascua no es recaída en el mundo viejo sino comienzo de un mundo nuevo!

Por la resurrección, no recobra el hombre la vida perdida sino que se abre a una vida nueva, a la vida de Dios. Resucitado, no regresa el hombre a la mortalidad sino que se le reviste de inmortalidad.

Habéis muerto –dice el Apóstol- y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”, o, lo que es lo mismo, la vida de Dios está escondida con Cristo en nosotros.

Así que, si alguien nos pregunta por la resurrección, no decimos: De allá nadie volvió. Sino que confesamos: ¡Cristo Jesús vive!, y somos sus testigos, pueshemos comido y bebido con él después de su resurrección”, más aún, hemos resucitado con él, y estamos con él a la derecha de Dios en el cielo.

Es cierto: De allá nadie volvió. Pero es más cierto aún que allá, en la vida nueva, ya hemos entrado misteriosamente los que creemos en Cristo Jesús.

Con él nos encontramos y comemos siempre que, conforme a su mandato, escuchamos su palabra, hacemos nuestra su acción de gracias y recibimos los sacramentos de su vida entregada.

Arrodillados como el Señor a los pies de la humanidad, de él aprendemos a servir a los pequeños, a curar heridas, a limpiar miserias, a entregar como un pan nuestras vidas a los pobres.

Con Cristo resucitado comemos y bebemos siempre que los pobres se sientan a nuestra mesa. Y aunque sea poco lo que haya para compartir y guardemos silencio mientras lo compartimos, sabemos muy bien que es el Señor quien está con nosotros.

Porque comemos y bebemos con él, llevamos en el corazón su paz, la que él nos ha dado, su alegría, en la que él nos envuelve, su Espíritu, con el que él nos unge, nos transforma, nos fortalece, nos consuela, nos vivifica, nos justifica, nos santifica, nos resucita.

Su paz, su alegría, su Espíritu, son en nosotros los voceros de su resurrección.

Sabemos que él vive, porque vive en nosotros, porque espera con nosotros, porque ama en nosotros, y, en este cuerpo suyo que es la Iglesia, él va llenando la tierra de humanidad humilde, de humanidad pacificada, de humanidad reconciliada, de humanidad nueva, recia, libre y justa, de humanidad resucitada, de humanidad divinizada.

Sólo tu vida, Iglesia de Cristo, puede dar testimonio de que Cristo vive.

El mundo te necesita para salvarse de su resignación a la nada.

El mundo te necesita para estrenar humanidad, para entrar en el día de la resurrección.

Deja que se transparente en ti la luz de Cristo resucitado.

Fuente Religión Digital

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“La resurrección de Cristo, un canto a la vida y al universo”, por Fernando Bermúdez.

viernes, 5 de abril de 2024
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ResurrecciónLa conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús nos invita a penetrar en el Misterio de Cristo. En su vida histórica, Jesús nos reveló que Dios es “Abba”, Padre y Madre, que ama con infinita ternura a este mundo, que está al lado de los pobres y de la humanidad sufriente, un Dios de misericordia y de perdón. Proclamó que Dios no es monopolio de Israel ni de ninguna religión, sino un Dios universal (Mt 25,31ss). Nos enseñó que todos los hombres y mujeres somos hermanos.  Él “pasó por el mundo haciendo el bien”, sanando enfermos, liberando a los oprimidos, consolando a los afligidos, sirviendo, amando y entregando su vida.  Convocó a una conversión interior para reconstruir la armonía entre todos los seres humanos, con Dios y con la naturaleza. Anunció un nuevo estilo de vida basado en la justicia, la libertad, el amor y la fraternidad universal al que llamó Reino de Dios. Su pasión fue hacer presente este Reino de amor en el mundo. Por eso denunció con fuerza todo aquello que se opone al plan de vida de Dios para la humanidad.

Las autoridades religiosas y políticas de Israel lo consideraron como un hombre subversivo, peligroso para sus intereses (Lc 23.2-3). Lo persiguieron y le dieron muerte en la cruz (Mc 3,6; Jn 11,49-54 y 18,2-3).

La pasión y muerte de Jesús no solo es un acontecimiento histórico, sino que se nos hace presente hoy en la humanidad sufriente. Da sentido a la pasión de tantos hombres, mujeres y niños que en todo el mundo son víctimas de la injusticia, de la guerra y del hambre. No podemos olvidar la muerte de los más de 15.000 niños y niñas masacrados en Gaza y en toda Palestina por el ejército israelí y en todas las guerras de la historia a causa de la ambición de los poderosos y de sus intereses geopolíticos y económicos. La sangre derramada a lo largo y ancho de la tierra corre por las venas de la historia. Sangre de masacrados en todas las conquistas, sangre de indígenas de la Amerindia, sangre de esclavos negros de África, sangre de los asesinados en los campos de concentración nazi…, sangre de mártires que dieron su vida por una causa justa. ¡Cuánto sufrimiento de gente inocente! ¡Y cuánta indiferencia en un mundo anestesiado por el dinero y el confort!

Jesús asumió todo este sufrimiento en la cruz, hasta tal grado que le llevó a exclamar: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46). Este es el grito de la humanidad sufriente a lo largo de la historia y también de la naturaleza explotada, saqueada y degradada. Toda la creación estaba con Jesús en la cruz.

Jesús expresa un sentimiento profundo de abandono, de rebeldía y casi de desesperación. Da la impresión de que Dios está ausente. Jesús, impotente y moribundo, pregunta ¿por qué?  ¿Dónde está Dios? La resistencia humana ante el sufrimiento llega a su límite y estalla en un grito que suena a desconsuelo. Le grita a Dios. Y en su angustiosa desesperación le interroga ¿por qué?, ¿por qué este sufrimiento injusto? Es una pregunta profundamente desgarradora. Jesús muere sin respuesta. Es la expresión más trágica de la humanidad sufriente. Su grito es el grito de todos los oprimidos, perseguidos y masacrados a lo largo de los tiempos, ¿Por qué? ¿Dónde está Dios?

En este grito desgarrador, “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, que expresa un sentimiento de abandono, soledad y tristeza de muerte, Jesús carga con el sufrimiento de todos los seres humanos y de todos los seres de la creación. Se hace solidario con ellos.

A este angustioso gemido de muerte, Dios respondió resucitando a Jesús, constituyéndolo en el sentido de la vida, de la historia de la humanidad y de todo el universo. Jesús vivo y resucitado es el Cristo cósmico. Toda la creación canta la victoria de Cristo sobre la muerte, anticipación de la plenitud de la vida. Nuestro destino individual es parte del destino universal de toda la creación. San Pablo presenta a Cristo como el alma del universo. “Todo fue hecho por él y para él”. El universo gime y sufre dolores de parto, anhelando su liberación y plenitud. Y no solo el universo, sino nosotros mismos gemimos interiormente esperando la liberación, desde cada persona hasta la más lejana estrella del universo (Ro 8, 22-24).

Por la Encarnación, Cristo se insertó en la humanidad y en el universo que la contiene. Cristo resucitado posee un cuerpo cósmico extendido por todo el cosmos. De ahí que su resurrección nos inyecta una conciencia cósmica y nos hace sentirnos ciudadanos del universo, hermanos y hermanas de toda la creación.

La resurrección de Cristo nos hace tomar conciencia de que todos los seres de la creación son nuestros hermanos. Las galaxias y estrellas que brillan en la noche en la bóveda celeste, el sol que ilumina de día nuestro planeta Tierra, con todos los seres de la naturaleza, montañas, volcanes y mares, ríos y lagos, árboles y plantas, selvas y desiertos, animales del campo, aves y peces, son nuestros hermanos. Pero, sobre todo, la fraternidad la vivimos de una manera efectiva y afectiva cuando abrirnos el corazón a todos los hombres y mujeres de la tierra, más allá de fronteras, nacionalidades, color de la piel, culturas o credos y acogemos y servimos a quienes nos necesitan.

La vivencia de Cristo resucitado nos compromete a ser hombres y mujeres nuevos que han optado ser como Jesús, quien pasó por el mundo haciendo el bien. Nos compromete a luchar por otro mundo diferente, profundamente humano, respetuoso con la diversidad, libre de armas, de guerras y de hambre, un mundo de igualdad, de reconciliación, paz y fraternidad universal, como señala Francisco en la Fratelli tutti.

Esta mística cósmica nos posibilita contemplar el mundo y todos los acontecimientos que envuelven nuestras vidas y la historia con una visión trascendente, de esperanza y de adoración, como canta Teilhard de Chardin en el Himno del Universo.

El Cristo cósmico, vivo y resucitado, presente en toda la creación aviva nuestra esperanza de encontrarnos, en la plenitud de la vida histórica, en un alegre y eterno amanecer con la Fuente infinita de Energía y de Luz, de Vida y Sabiduría, de Belleza y Amor, en el corazón de Dios.

Laudate omnes gentes, laudate Deum

Fernando Bermúdez

Fuente Fe Adulta

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¡Seré Resurrección permanente y contaré con el hermano Francisco!

jueves, 4 de abril de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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Siempre estás mendigando consolación, eternidad…

Y no entiendes, que todo es más sencillo

 ¡Seré Resurrección permanente y contaré con el hermano Francisco!

Espera, Confía, Ama, Alma mía!

Siempre estás mendigando consolación, eternidad…
Y no entiendes, que todo es más sencillo
Así no avanzas,

Como las piedras negras que llevas en tus zapatos
Un día más de dolores,

Un día menos de amores y entendimiento.

Jesús,
¡Hágase tu Voluntad!
¡La Tuya!

Sin miedo de mi parte
Y si así es, que más quiero
Si no esperar a ella cada día,
Como el amado a la amada.

¡Como tus criaturas!
En la alborada,
Y siendo alondra recostarme en tu pecho,

en la hora del crepúsculo.

«Y todas las criaturas que hay bajo el cielo, de por sí, sirven,
conocen y obedecen a su Creador mejor que tú.» (S. Francisco de Asís)

Porque estando con la amada
¡De qué me ocuparé!
Si no de amar, vaciándome de mí
Para llenarme de ti
Y dar de ti a tu fraternidad universal.

Jesús,
Te entrego mi Confianza,
No por mi amor
Ya que de él poco tengo
Si no porque tú, Amor, me lo has dado- Todo-

Y aun así no mereciéndolo,
A ti te lo devuelvo rápidamente,
Para no seguir por más tiempo manchándolo
Todo tuyo es, de Ti.

Te entrego mi Voluntad
Toda mi Voluntad
Para hacer la tuya

Recibir de ti cada día
Todo Lo que Tú quieras de mí,
Todos los días que me queden de Vida.
Pues todo viene de ti: Vida, Amor, Fraternidad.

Jesús,
Tú eres el ritmo perfecto del amor

está preparado desde que pensaste en mí
Y si lo que viene no me agrada,
No podre Ser testigo de tu- Resurrección.

Jesús,
Muéstrame tu lenguaje, de fraternidad

En mi Luz, dejo deslumbrarme por la tuya
En mis miserias, acepto tu riqueza
En todo, verte a Ti; En las criaturas,

en los hermanos y hermanas, en Todos, en todos.

Jesús,
Y lo que no es de Ti, Aléjalo de mí.
No deseo nada más, solo hacer tu voluntad,
Llevándome por donde no quiero,

Para hacer lo que no quiero.

Jesús,
¡Que puedo ofrecerte cada día!

De mis miserias y mi pobre vida…
Si no de vez en cuando alabarte,

Cuando cumplo tu voluntad,
Que es lo que más te agrada.

¡Que puedo ofrecerte cada día!

Si no devolverte lo que es tuyo
Para así ser testigo de tu Resurrección

Para ser Resurrección permanente.

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio.

*

Alfonso Olaz
30.03.2024

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“¡Ha resucitado! ¿Cómo entender esa experiencia hoy?”, por Consuelo Vélez

jueves, 4 de abril de 2024
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IMG_3877De su blog Fe y Vida:

  «Solo trabajando por un mundo más justo y en paz la resurrección de Jesús seguirá dando fruto»

La resurrección es una experiencia real (no demostrable) que tuvieron los discípulos/as, experiencia que transformó sus vidas porque del desánimo y el miedo pasaron a seguir anunciando la buena noticia que había traído Jesús

Es un canto de esperanza activa porque, una vez más, los cristianos, no nos resignamos con que las cosas sigan mal, sino que redoblamos el esfuerzo para seguir trabajando por transformarlas

La semana santa termina con la Vigilia Pascual, en la que celebramos el “pasode la muerte a la vida, del fracaso al triunfo, de la tristeza a la alegría, de la guerra a la paz. En otras palabras, es un canto de esperanza activa porque, una vez más, los cristianos, no nos resignamos con que las cosas sigan mal, sino que redoblamos el esfuerzo para seguir trabajando por transformarlas.

Pero ¿esto ocurre en la vida real? Fuera de la celebración litúrgica ¿hay muestras, señales, indicios de que esta celebración abre caminos de transformación? Seguramente en la vivencia de muchas personas esto se da, pero en otras no sucede absolutamente nada. Podrían señalarse varias causas, pero intentemos centrarnos en la forma cómo se entiende (o no se entiende) la experiencia de resurrección, lo cual podría ayudarnos a proclamar “ha resucitado”, sacando más consecuencias para nuestra vida.

Partamos de una premisa fundamental. Pretender entender la resurrección del Señor “es mucha pretensión”. La vida de fe, es eso, “vida de fe”, con lo cual no tenemos todas las respuestas y mucho menos todas las explicaciones. Pero, como al mismo tiempo, somos llamados a dar razón de nuestra fe” (1 Pe 3,15), la teología nos brinda una manera “razonable” de explicar la fe, aclarando, iluminando, dando sentido a la fe que vivimos.

La resurrección es una experiencia real (no demostrable) que tuvieron los discípulos/as, experiencia que transformó sus vidas porque del desánimo y el miedo pasaron a seguir anunciando la buena noticia que había traído Jesús. Pero, lo que nos cuentan los evangelios sobre esa experiencia, está mediado por los géneros literarios que utilizan para ello. Un primer género literario es “la tumba vacía”. Es decir, no sabemos si el cuerpo estaba en la tumba o no estaba, sabemos que ellos entendieron que a Jesús no había que buscarlo entre los muertos porque Él estaba vivo. Otro género literario es el de las “apariciones”. En ellas nos cuentan como Jesús atraviesa las puertas cerradas, es decir, contra todo pronóstico de que ellos tuvieran el coraje de seguir ese camino, la presencia de Jesús se impone y les empuja a salir de nuevo.

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Emaús

El hecho de comer con Él, de querer ver las heridas de las manos, etc., es una forma de mostrar la continuidad entre el Jesús con quien habían compartido la vida y el resucitado, cuyo espíritu los anima y fortalece para seguir en ese mismo camino. De alguna manera, experimentan que el compromiso vivido por Jesús en su vida histórica es el mismo que ellos han de seguir en el tiempo que continua. Ya no van a anunciar el reino de Dios -como lo hizo Jesús- sino a Jesús mismo quien, con sus palabras y obras, lo encarnó, lo anunció, lo hizo presente. No tenemos muchos más datos de esa experiencia fundante. Tenemos el hecho histórico de la transmisión de la Buena Noticia -del reino de Dios hecho presencia viva en Jesús- de generación en generación con la multitud de testigos y testigas, quienes, viviendo los valores del reino, han abierto caminos de vida, de justicia, de paz, en otras palabras, de transformación de la realidad para garantizar la vida “en abundancia” (Jn 10, 10) para todos y todas.

Por lo tanto, no sé si en la vigilia pascual se sientan muchas emociones. No sé si con tanta “Feliz Pascua” que damos en este día, tengamos un ambiente alegre y festivo, animador para nuestra vida. No sé si con tanta liturgia, retiros, oraciones, celebraciones que se hacen en estos días hayamos avivado el espíritu de recogimiento y oración. Todo lo que nos sirva ¡bienvenido sea! Pero lo que no debería faltar es revisarnos a la luz de la vida de Jesús, buscando entenderlo mejor para que su resurrección se haga presente a través de nuestras vidas y muchas personas puedan creer en Él. Solo trabajando por un mundo más justo y en paz la resurrección de Jesús seguirá dando frutos. Y mucho depende de qué entendamos nosotros y, cómo eso que entendemos, lo pongamos en práctica.

(Foto tomada de: https://comshalom.org/es/es-verdad-el-senor-ha-resucitado/)

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Resucitar a tu presencia

miércoles, 3 de abril de 2024
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Del blog de Pedro Miguel Lamet:

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La Pascua ya está dentro

Si busco sin buscar con heroísmo la luz secreta que de Ti prolonga ese amor que ya soy, haz que me imponga sumergirme contigo en tu bautismo,


RESUCITAR A LA PRESENCIA

Si me miro en el fondo de mí mismo
sin dejar que mi yo se me interponga,
ni el triste pensamiento me proponga
toda la vaciedad del propio abismo.

Si busco sin buscar con heroísmo
la luz secreta que de Ti prolonga
ese amor que ya soy, haz que me imponga
sumergirme contigo en tu bautismo,

que es nacer otra vez a la alegría
de saberme pequeño como un niño,
tan grande como el mar en su querencia

y navegar tan solo en el cariño
de ese Dios que embriaga el alma mía
por la resurrección de la presencia.

*

Pedro Miguel Lamet
30.03.2024

***

 

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“La tumba vacía, el triunfo del amor”, por Gabriel Mª Otalora

miércoles, 3 de abril de 2024
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De su blog Punto de Encuentro:

No pocos críticos se han opuesto a la historia del  sepulcro vacío afirmando que se trataba de la creación de una leyenda fabulada. Pero una de las evidencias más convincentes proviene de sus descubridoras, en femenino: fueron mujeres. Lo significativo es que en el tiempo de Jesús, las mujeres no tenían autoridad. La mujer no tenía derecho a prestar testimonio, excepto en algunos casos excepcionales, los mismos en que se aceptaba también el de un esclavo pagano, tal era la consideración que se tenía de ellas.

Si los relatos de la resurrección se hubieran inventado, como sostienes algunos, las mujeres no hubieran sido consideradas las primeras testigos. Con el descrédito que arrastraban por su condición de mujeres, su testimonio no se hubiese incorporado en sus relatos de manera unánime. Veamos:

Evangelio de Mateo = María Magdalena y la otra María descubrieron el sepulcro vacío y un ángel les revela que ha resucitado. Jesús les sale al encuentro. Evangelio de Marcos = María Magdalena, María la de Santiago y Salomé van al sepulcro y el ángel les anuncia la resurrección. Jesús se aparece a María Magdalena. Evangelio de Lucas = María Magdalena, Juana y María la de Santiago se les aparece el ángel con el anuncio de la Resurrección. Evangelio de Juan = María Magdalena descubre el sepulcro vacío y lo comunica a los discípulos. Cuando estos comprueban que el sepulcro estaba vacío, ella se queda llorando creyendo que habían robado el cuerpo de Jesús. Entonces se aparecen dos ángeles y Jesús, a quien no reconoce en un primer momento. Cristo la convierte en misionera (Jn 20, 17 y 18). Con diferentes detalles, ellas son las que reciben el primer anuncio de la Resurrección y solo a ellas se les encomienda el primer anuncio, con la Magdalena de protagonista.

Lo que se desprende de todo ello es que las mujeres fueron importantes teológicamente: de una mujer nació el Salvador, y mujeres fueron las que anunciaron la Resurrección.

Tras el testimonio de las mujeres, tenemos el de los apóstoles a posteriori, que llegaron a dar la vida proclamando que habían experimentado a Jesús resucitado y la Buena Noticia que anunciaban. Pero lo importante es que la resurrección es real desde la perspectiva de la fe hasta lograr un poderoso movimiento religioso muy influyente en la historia. Jesús no funda la Iglesia, pero la Iglesia se funda en las raíces y la savia de Cristo resucitado.

Los primero sujetos de esta experiencia son los que habían conocido a Jesús antes de su muerte. Podemos decir que las apariciones muestran a los miembros de la comunidad como testigos de Jesús y de Cristo resucitado. De hecho, perdieron la fe en Jesús como Mesías al verlo crucificado, muerto y sepultado. Tras su experiencia pascual, primero hubo incredulidad. El maestro querido se presenta y no es reconocido: sobre este punto los testimonios evangélicos concuerdan. Es Él mismo quien les conduce al punto de hacerles caer en la cuenta de lo que los profetas anunciaron cientos de años antes: el sufrimiento y la muerte del Mesías. Un elemento histórico, ciertamente. La transformación de su fe les permite reconocerle; la fe es necesaria, pero sólo el Resucitado puede hacerla nacer. Sin la fe, los signos tienden a desmoronarse.

El misterio de Cristo, muerto y resucitado, constituye el fundamento de nuestra fe en Dios-Amor; no podemos hablar del misterio como tal, pero sí de que es de la resurrección de Jesús de donde nace la comunidad embrionaria en la que se comienza a vivir la Buena Noticia. De esta experiencia brota sentirse amado y la consecuencia de amar a los congéneres, a las criaturas, a todo lo creado para ser hermano universal que sirve como lo hizo Jesús. Este es el camino para convertirnos en esperanza de resurrección entre tantos hermanos nuestros crucificados por los dolores de la vida, y a quienes tenemos que ver con los ojos de Jesús.

¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!

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“Amigas de Jesús ven al muerto vivo”, por Juan Masiá, sj

martes, 2 de abril de 2024
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IMG_3894De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Vimos un muerto vivo que da Vida

Contemplar, comunicar y comprometerse con la resurrección

 El lunes de Pascua (ayer)  corresponde leer el Evangelio según Mateo, capítulo 28, del v. 8 al 15. Pero esta mañana en mi celebración lo he proclamado leyendo desde Mt 27, 57 hasta el final del capítulo 28.

 Así meditamos la secuencia completa, tras el entierro: desconcertadas por la muerte, se dejan llevar por el Espíritu en la vivencia contemplativa que las deslumbra con la gloria de El Que Vive; su Espíritu les hace posible despertar al misterio de la Vida y creer en la Luz de la Resurrección.

En esta secuencia se repite tres veces el Kôan de las dos Marías:

  • 1) Las dos están ahí calladas
  • 2) Las dos quieren ver
  • 3) Las dos salen corriendo a comunicarlo, iluminación y extravíosobresalto y gozo por la necesidad de comprometerse con la Buena Noticia.

  Así comienza la misión, de la que nacerá la comunidad transmisora e intérprete de un mensaje que solo se puede testificar desde experiencias prácticas de contemplar, comunicar y comprometerse. Por parte de quienes reciban el mensaje, no se podrá entender hoy (como tampoco ayer ni mañana) la Buena Noticia, si no se presupone la praxis contemplativa, comunicativa y comprometida que nos permite dejarnos llevar por el Espíritu,que nos hace creer.

 Decidnos, amigas de Jesús, qué vísteis por el camino con la mirada interior del Espíritu:sepulcrum Christi viventis, et gloriam vidimus Resurgentis.

 Mt 27, 61:  Después de enterrado Jesús y rodada la losa grande a la entrada del sepulcro, “estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas ante el sepulcro.

 Desconcertadas por el enigma de la muerte pasan por la noche oscura. Como el pueblo creyente que se quedó un rato en silencio ante el Monumento la noche del Jueves Santo; o que se quedó en silencio ante el altar desnudo y la cruz sola a la caida de la tarde de un Viernes Santo, o ante el paso en procesión de un Jesús del Gran Poder…que parece no poder nada ni explicar por qué pasó lo que pasó y por qué Abba, el Padre se calla…

 Mt 28, 1: Pasado el sábado, al clarear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. “ Quieren ver con mirada de atención a lo interior, quieren ver con los ojos del corazón al “muerto vivo”. “Querer ver” es uno de los Kôan básicos. Diría el Maestro Zen Dôgen que, en sincronía con mi querer ver, el Aliento de Vida que me hace querer ver me iluminará para que descubra la vida en la muerte…

 El Espíritu de El Que Vive respondió a la búsqueda de las dos amigas de Jesús con la visión de la gloria, el Mensajero vestido de blanco sobre el sepulcro y el resplandor que deslumbra. Pero a todo eso precede un terrremoto. Siguen inseparables gozo y sobresalto.

 Mt 28,8 Las dos Marías “se marcharon a toda prisa del sepulcro y corrieron a anunciárselo a los discípulos” No las creerán. Pero El Que Vive se adelanta a compensar su frustración:No tengáis miedo, seguid buscándome en la Galilea de la cotidianidad. Seguid siendo contemplativas, comunicativas y comprometidas. En esa Galilea me encontraréis y os encontaréis a vosotras mismas. Descubriréis que he subido a lo alto para llenarlo todo. A la luz de esa plenitud de vida comprenderéis el misterio del Pan de Vida, ”comerme es ser por mi comido” (Unamuno). Todo es sagrado para quien tiene ojos para verlo (Teilhard de Chardin), y todos las cosas que son resplandor de gloria te dirán quién eres tú y quien soy yo que quiero que viváis todos y todas en mí como yo vivo en Abba y Abba en mí…

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Tiempo de Resurrección

lunes, 1 de abril de 2024
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Este tiempo,
que es tiempo de encuentros
y de abrazos,
se llama Pascua
y es tiempo de paso
porque Tú caminas
por los caminos de la tierra,
caminos de historia y vida,
a nuestro encuentro
para pacificarnos
y dar sentido a nuestros pasos,
ora vayamos a Galilea,
a Atenas o Roma,
estemos en el Egipto añorado
o nos hayamos establecido
en la Jerusalén de los sueños humanos.

Este tiempo,
siendo de paso,
es tiempo definitivo
para encontrarnos
y abrazarnos,
para que nos arda el corazón
y los ojos dejen de estar cegados,
para gozar tu presencia
y hacernos presencia tuya
y buena noticia para los hermanos,
ora estemos dentro o fuera,
vayamos por caminos
o estemos perdidos,
hayamos nacido en el norte
o caminemos hacia el sur
escondido u olvidado.

Este tiempo,
siendo definitivo,
es tiempo abierto
para probarlo todo
y quedarnos con lo mejor,
que para eso hemos nacido
y Tú nos has creado.
Y a no es tiempo de ayos
ni de leyes
ni de amos y padres
ni de otros señores,
porque sólo el amor
y la fraternidad
permanecen,
abren los corazones
y dejan al Espíritu libre.

Este tiempo, Señor,
es tu tiempo
y es mi tiempo,
es nuestro tiempo
libre de las trabas
que nos hemos creado.
¡Este tiempo es tiempo resucitado!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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Pascua: Celebrando la visibilidad de las verdaderas identidades de Jesús y las personas trans.

lunes, 1 de abril de 2024
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IMG_3872La identidad de Jesús Resucitado se hace visible para María Magdalena. (Mosaico, Capilla de la Resurrección, Catedral Nacional de Washington)


La reflexión de hoy es de Michael Sennettcolaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor se pueden encontrar aquí.

El viaje de María Magdalena en la mañana de Pascua es un testimonio radical de visibilidad. Conmocionada por la visión de una tumba abierta y vacía, María se siente invadida por una ola de pánico. Ella corre hacia atrás para encontrar a los otros discípulos y revela que Jesús ya no está en la tumba donde esperaban que estuviera.

Mientras Pedro y el discípulo amado regresan a casa, María permanece temblando ante el sepulcro desnudo, consumida por la oscuridad de la madrugada y el dolor. Ella confunde al Cristo resucitado con un jardinero, hasta que él grita su nombre. María, consolada al instante, experimenta la alegría de Jesús resucitado. Ella sale una vez más, anunciando ahora la buena noticia del Señor venciendo la muerte, proclamando su visibilidad como Hijo de Dios.

Siguiendo a María Magdalena, hoy nos acercamos a la tumba para celebrar con asombro no solo el Domingo de Pascua, sino también el Día de la Visibilidad Transgénero y el último día del Mes de la Historia de la Mujer.

La visibilidad es un arma de doble filo para las personas transgénero y no binarias. Positivamente, brinda consciencia de nuestras luchas y triunfos, así como del simple hecho de existir. Compartir nuestros viajes fortalece la comunidad e inspira una comprensión renovada del género.

Sin embargo, la visibilidad también puede atraer transfobia y violencia. Se han quitado vidas preciosas al mundo porque se atrevieron a vivir auténticamente. Los católicos trans y no binarios estamos sujetos al dolor adicional de que nos digan que no somos dignos del amor de Dios y enfrentamos el rechazo de las comunidades de adoración.

La visibilidad es fluida; A veces una situación o entorno no es seguro para que las personas trans o no binarias vivan nuestra verdad abiertamente. Al navegar por la invisibilidad que nos impone el mundo, me consuela saber que somos visibles para Dios, quien nos sostiene en Su abrazo incondicionalmente amoroso.

Jesús también lucha con la visibilidad. El evangelio de Marcos, que escuchamos en las liturgias dominicales de este año, se basa en el Secreto Mesiánico. Mientras Marcos cuenta las historias de Jesús enseñando, predicando y realizando milagros, aprendemos que nuestro Salvador insta a sus seguidores a no revelar su verdad.

Pero la santidad de Cristo es visible para María Magdalena, una fiel discípula. Ella lo ve y lo acepta tal como es, incluida su relación con lo queer. Soltero, de unos 30 años, ciertamente no se adhirió a los estándares de relación típicos de la época. La acogida que Cristo dio al “otro”, especialmente a los excluidos de la sociedad, causó escándalo. Desafió la injusticia, literalmente y figurativamente volteando las cosas. La vida, las enseñanzas y los métodos de Jesús fueron extraños en respuesta al status quo. María Magdalena observó su extraña divinidad y le abrió su corazón.

Cuando Jesús declara su verdad, su visibilidad se produce a costa de su vida. A diferencia de muchos discípulos que huyeron, María se mantuvo firme en su testimonio de la visibilidad de Jesús, a través de su vida, pasión y muerte. Y ahora aquí está ella para ser testigo de Cristo resucitado.

Jesús se aparece primero a María Magdalena, un testimonio de su propia visibilidad como mujer en una sociedad opresivamente patriarcal. Amados, ella es la Apóstol de los Apóstoles, prueba de que las mujeres son, y siempre han sido, llamadas al liderazgo de la Iglesia, al lado de Jesucristo, nuestro Señor resucitado.

Así como Jesús reconoció la visibilidad de María, también nos ve a nosotros. Nosotros, que somos trans, que a veces tenemos que escondernos, somos visibles para él como todo nuestro ser, nuestras identidades transgénero creadas deliberadamente por las manos de Dios.

La visibilidad va más allá de los personajes trans en los medios y es más profunda que las capacitaciones sobre diversidad. La verdadera visibilidad es el reconocimiento de las almas y cuerpos de las personas transgénero. Es mirarlos no como pecadores como resultado de nuestro género, ni como errores, sino como creaciones maravillosas de Dios. Nuestra existencia y nuestras vidas son intencionales.

La Pascua es una temporada de alegría y esperanza para mí como hombre trans católico. Es la alegría de que Jesús, que nos ama tan intensamente, murió por nosotros y resucitó, iluminando nuestra verdad desde las tinieblas. Mi esperanza es que nuestra Iglesia note la luz de Jesús brillando sobre las comunidades marginadas, invitando a todos los católicos a reconocer y celebrar su visibilidad y vencer la oscuridad de la invisibilidad que alimenta la injusticia. ¡Entonces podremos verdaderamente aclamar a Cristo resucitado! ¡Aleluya, aleluya!

¡Felices Pascuas, Día de la Visibilidad Trans y Mes de la Historia de la Mujer!

—Michael Sennett, 31 de marzo de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. ¡Exultemos de Alegría en esta mañana de Pascua!

domingo, 31 de marzo de 2024
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Con María Magdalena, Simón Pedro y Juan

Corramos, corramos para anunciar y para testimoniar el amor sin límite de Dios para todos los hombres

Con Cristo resucitamos a una vida nueva. Nos libera definitivamente del mal. Nos reúne allí dónde estamos.

Vida que renace cada mañana,

Vida renovada si confiamos en la palabra de los discípulos del Cristo que vieron sólo una tumba vacía,,

Vida renovada si dejamos a Cristo rodar cada mañana la piedra de nuestras tumbas para que brote en nosotros la esperanza del que nos abre el camino, el que nos envía hacia los demás..

Vida renovada que nos lleva a seguir a Cristo siendo los testigos de su resurrección.

Vida renovada que nos hace próximos y atentos a aquéllos que sufren abrumados por la desesperación, la enfermedad, la muerte.

Dejemosnos habitar por esta alegría pascual que nos iluminará hasta el día de Pentecostes donde llenos del Espíritu Santo, fuerza y alegría nos serán todavía renovadas para caminar humildemente con nuestro Dios, él que nos asegura su presencia todos los días de nuestra vida hasta el final de los tiempos.

¡Feliz Fiesta de Pascua!

*

Anne-Marie,
Sœur de la Communion Béthanie

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En el fluir confuso de los acontecimientos hemos descubierto un centro, hemos descubierto un punto de apoyo: ¡Cristo ha resucitado!

Existe una sola verdad: ¡Cristo ha resucitado! Existe una sola verdad dirigida a todos: ¡Cristo ha resucitado!

Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, entonces todo el mundo se habría vuelto completamente absurdo y Pilato hubiera tenido razón cuando preguntó con desdén: «¿Qué es la verdad?». Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, todas las cosas más preciosas se habrían vuelto indefectiblemente cenizas, la belleza se habría marchitado de manera irrevocable. Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, el puente entre la tierra y el cielo se habría hundido para siempre. Y nosotros habríamos perdido la una y el otro, porque no habríamos conocido el cielo, ni habríamos podido defendernos de la aniquilación de la tierra. Pero ha resucitado aquel ante el que somos eternamente culpables, y Pilato y Caifas se han visto cubiertos de infamia.

Un estremecimiento de júbilo desconcierta a la criatura, que exulta de pura alegría porque Cristo ha resucitado y llama junto a él a su Esposa: «¡Levántate, amiga mía, hermosa mía, y ven!».

Llega a su cumplimiento el gran misterio de la salvación. Crece la semilla de la vida y renueva de manera misteriosa el corazón de la criatura. La Esposa y el Espíritu dicen al Cordero: «¡Ven!». La Esposa, gloriosa y esplendente de su belleza primordial, encontrará al Cordero.

*

P. Florenskij,
cuore cherubico,
Cásale Monferrato 1999, pp. 172-174, passim).

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“¿Dónde buscar al que vive?”. Pascua de Resurrección – B (Juan 20,1-9)

domingo, 31 de marzo de 2024
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IMG_3772La fe en Jesús, resucitado por el Padre, no brotó de manera natural y espontánea en el corazón de los discípulos. Antes de encontrarse con él, lleno de vida, los evangelistas hablan de su desconcierto, su búsqueda en torno al sepulcro, sus interrogantes e incertidumbres.

María de Magdala es el mejor ejemplo de lo que acontece probablemente en todos. Según el relato de Juan, busca al Crucificado en medio de tinieblas, «cuando aún estaba oscuro». Como es natural, lo busca «en el sepulcro». Todavía no sabe que la muerte ha sido vencida. Por eso el vacío del sepulcro la deja desconcertada. Sin Jesús se siente perdida.

Los otros evangelistas recogen otra tradición que describe la búsqueda de todo el grupo de mujeres. No pueden olvidar al Maestro que las ha acogido como discípulas: su amor las lleva hasta el sepulcro. No encuentran allí a Jesús, pero escuchan el mensaje que les indica hacia dónde han de orientar su búsqueda: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado».

La fe en Cristo resucitado no nace tampoco hoy en nosotros de forma espontánea, solo porque lo hemos escuchado desde niños a catequistas y predicadores. Para abrirnos a la fe en la resurrección de Jesús hemos de hacer nuestro propio recorrido. Es decisivo no olvidar a Jesús, amarlo con pasión y buscarlo con todas nuestras fuerzas, pero no en el mundo de los muertos. Al que vive hay que buscarlo donde hay vida.

Si queremos encontrarnos con Cristo resucitado, lleno de vida y de fuerza creadora, lo hemos de buscar no en una religión muerta, reducida al cumplimiento y la observancia externa de leyes y normas, sino allí donde se vive según el Espíritu de Jesús, acogido con fe, con amor y con responsabilidad por sus seguidores.

Lo hemos de buscar no entre cristianos divididos y enfrentados en luchas estériles, vacías de amor a Jesús y de pasión por el evangelio, sino allí donde vamos construyendo comunidades que ponen a Cristo en su centro, porque saben que «donde están reunidos dos o tres en su nombre, allí está él».

Al que vive no lo encontraremos en una fe estancada y rutinaria, gastada por toda clase de tópicos y fórmulas vacías de experiencia, sino buscando una calidad nueva en nuestra relación con él y en nuestra identificación con su proyecto. Un Jesús apagado e inerte, que no enamora ni seduce, que no toca los corazones ni contagia su libertad, es un «Jesús muerto». No es el Cristo vivo, resucitado por el Padre. No es el que vive y hace vivir.

José Antonio Pagola

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Él había de resucitar de entre los muertos”. Domingo 31 de marzo de 2024. Domingo de Pascua

domingo, 31 de marzo de 2024
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27-pascuaB1 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 10,34a.37-43: Hemos comido y bebido con él después de su resurrección:
Salmo responsorial: 117. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Colosenses 3,1-4: Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
O bien: 1Corintios 5,6b-8: Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva.
Juan 20,1-9: Él había de resucitar de entre los muertos.

A) Primer comentario

Para este domingo de Pascua nos ofrece la liturgia como primera lectura uno de los discursos de Pedro una vez transformado por la fuerza de Pentecostés: aquél que pronunció en casa del centurión Cornelio, a propósito del consumo de alimentos puros e impuros, lo que estaba en íntima relación con el tema del anuncio del Evangelio a los no judíos y de su ingreso a la naciente comunidad cristiana. El discurso de Pedro es un resumen de la proclamación típica del Evangelio que contiene los elementos esenciales de la historia de la salvación y de las promesas de Dios cumplidas en Jesús. Pedro y los demás apóstoles predican la muerte de Jesús a manos de los judíos, pero también su resurrección por obra del Padre, porque “Dios estaba con él”. De modo que la muerte y resurrección de Jesús son la vía de acceso de todos los hombres y mujeres, judíos y no judíos, a la gran familia surgida de la fe en su persona como Hijo y Enviado de Dios, y como Salvador universal; una familia donde no hay exclusiones de ningún tipo. Ese es uno de los principales signos de la resurrección de Jesús y el medio más efectivo para comprobar al mundo que él se mantiene vivo en la comunidad.

Una comunidad, un pueblo, una sociedad donde hay excluidos o marginados, donde el rigor de las leyes divide y aparta a unos de otros, es la antítesis del efecto primordial de la Resurrección; y en mucho mayor medida si se trata de una comunidad o de un pueblo que dice llamarse cristiano.

El evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena madrugando para ir al sepulcro de Jesús. “Todavía estaba oscuro”, subraya el evangelista. Es preciso tener en cuenta ese detalle, porque a Juan le gusta jugar con esos símbolos en contraste: luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, etc. María, pues, permanece todavía a oscuras; no ha experimentado aún la realidad de la Resurrección. Al ver que la piedra con que habían tapado el sepulcro se halla corrida, no entra, como lo hacen las mujeres en el relato lucano, sino que se devuelve para buscar a Pedro y al “otro discípulo”. Ella permanece sometida todavía a la figura masculina; su reacción natural es dejar que sean ellos quienes vean y comprueben, y que luego digan ellos mismos qué fue lo que vieron. Este es otro contraste con el relato lucano. Pero incluso entre Pedro y el otro discípulo al que el Señor “quería mucho”, existe en el relato de Juan un cierto rezago de relación jerárquica: pese a que el “otro discípulo” corrió más, debía ser Pedro, el de mayor edad, quien entrase primero a mirar. Y en efecto, en la tumba sólo están las vendas y el sudario; el cuerpo de Jesús ha desaparecido. Viendo esto creyeron, entendieron que la Escritura decía que él tenía que resucitar, y partieron a comunicar tan trascendental noticia a los demás discípulos. La estructura simbólica del relato queda perfectamente construida.

La acción transformadora más palpable de la resurrección de Jesús fue a partir de entonces su capacidad de transformar el interior de los discípulos –antes disgregados, egoístas, divididos y atemorizados– para volver a convocarlos o reunirlos en torno a la causa del Evangelio y llenarlos de su espíritu de perdón.

La pequeña comunidad de los discípulos no sólo había sido disuelta por el «ajusticiamiento» de Jesús, sino también por el miedo a sus enemigos y por la inseguridad que deja en un grupo la traición de uno de sus integrantes.

Los corazones de todos estaban heridos. A la hora de la verdad, todos eran dignos de reproche: nadie había entendido correctamente la propuesta del Maestro. Por eso, quien no lo había traicionado lo había abandonado a su suerte. Y si todos eran dignos de reproche, todos estaban necesitados de perdón. Volver a dar cohesión a la comunidad de seguidores, darles unidad interna en el perdón mutuo, en la solidaridad, en la fraternidad y en la igualdad, era humanamente un imposible. Sin embargo, la presencia y la fuerza interior del «Resucitado» lo logró.

Cuando los discípulos de esta primera comunidad sienten interiormente esta presencia transformadora de Jesús, y cuando la comunican, es cuando realmente experimentan su resurrección. Y es entonces cuando ya les sobran todas las pruebas exteriores de la misma. El contenido simbólico de los relatos del Resucitado actuante que presentan a la comunidad, revela el proceso renovador que opera el Resucitado en el interior de las personas y del grupo.

Magnífico ejemplo de lo que el efecto de la Resurrección puede producir también hoy entre nosotros, en el ámbito personal y comunitario. La capacidad del perdón; de la reconciliación con nosotros mismos, con Dios y con los demás; la capacidad de reunificación; la de transformarse en proclamadores eficientes de la presencia viva del Resucitado, puede operarse también entre nosotros como en aquel puñado de hombres tristes, cobardes y desperdigados a quienes transformó el milagro de la Resurrección.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 125 ó 126, Sus audios, así como los guiones de literarios de los episodios y sus correspondientes comentarios teológicos se pueden encontrar y tomar en http://www.untaljesus.net

B) Segundo comentario: «El Resucitado es el Crucificado»

Como otros años, incluimos aquí un segundo guión de homilía, netamente en la línea de la espiritualidad latinoamericana de la liberación, que titulamos con ese conocido lema de la cristología de la liberación.

Lo que no es la resurrección de Jesús

Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho “histórico”, con lo cual se quiere decir no que sea un hecho irreal, sino que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, “sienten vivo” al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la “reviviscencia” de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver (de hecho, en teoría, no repugnaría creer en la resurrección de Jesús aunque hubiera quedado su cadáver entre nosotros, porque el cuerpo resucitado no es, sin más, el cadáver). La resurrección (tanto la de Jesús como la nuestra) no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un “mito”, como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

La “buena noticia” de la resurrección fue conflictiva

Una primera lectura de los Hechos de los Apóstoles suscita una cierta extrañeza: ¿por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos infrecuentes y extrañas que entre nosotros. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué esa diferencia? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús? Leer más…

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31.3.24. Pregón de Pascua: Ha resucitado en la tumba: Magdalena, María la de Santiago y Salomé

domingo, 31 de marzo de 2024
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IMG_3880Del blog de Xabier Pikaza:

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él os precede a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo (Mc 16, 1-6)

Ayer, noche de Vigilia pascual, entre las diez y las once, en la iglesia de aldea de San Morales, frente a una pila bautismal antigua, he proclamado  el pregón de pascua ante el cirio encendido ante unas cincuenta velas pequeñas de cristianos de las aldeas vecinas, Aldea-lengua, Aldea-Rubia y Huerta de Tormes.

Después oímos todos  en silencio emocionado el Evangelio de las tres mujeres de pascua que leyó y comentó José Miguel, párroco de estas aldeas. Volví a casa, bajo un viento de nieve, pensando en las las tres y cien mujeres de mi vida pascual, mi madre y Mabel, con Sandra, la mujer de luz interior que espera que le mande en un momento este pregón.

   Ya de mañana de pascua, con nieve en la finca aledaña y un cigüeña de nacimiento sobre el gran charco,  he retomado unos apuntes que escribí hace años para la celebración de otra pascua semejante… unos apuntes que forman parte de la  vida pascual de Jesús que nunca acabo de escribir.

    Como todos saben,  el primer signo religioso de la humanidad es una tumba llena de vida de Dios, un dolmen quizá, una bóveda subterránea donde la vida de los que mueres espera la resurrección.

  Para los cristianos,  el signo final de toda religión es una tumba que se abre a la luz de la vida de Dios  (el anterior, el de los sacerdotes de Jerusalén está vació), con tres mujeres, madres, hermanas y amigas de la humanidad de Dios que es Jesús, en su misma tumba hecha cielo.

Para situar los personajes:

 Con el recuerdo de mi madre, con Mabel que celebra la pascua con Santa Teresa, en Ávila, con Sandra que  la celebra con su luz interior en  Madrid, acabo de escribir estas reflexiones de mi pregón pascual ampliado: .

  1. Las primeras “videntes” pascuales son tres mujeres: Una es Magdalena, bien conocida; otra es María la de Santiago (el hermano de Jesús, primer cristiano de Jerusalén, es, por tanto Myriam, la madre de Jesús, como sabe el evangelio de  Juan); la tercera es Salomé, la pacificada (=Salomona), que es quizáel Discípulo Amado de Juan, cada no de nosotros.
  2. La experiencia pascual de las tres mujeres (signo y compendio de toda la iglesia) no se realiza fuera, sino dentro de la tumba, excavada en la roca. No quedan a la puerta, el templo dice que entran; una tumba grande, alta, signo y compendio de la nueva humanidad. Conforme a una tradición antigua, allí fue enterrado también Judas, a quien Jesús resucitó (como a Adán y a los creyentes antiguos); allí tenemos que entrar nosotros y morir con Cristo, como dice Pablo en Rom 6, la lectura principal de la liturgia de Pascua.
  3. No podemos quedar fuera como espectadores, sino de entrar en la tumba, morir con Jesús, como entraron, murieron y vivieron aquellas tres primeras mujeres. Entraron por nosotros, nos abrieron el camino. Si  no entramos y morimos con Jesús no sabremos lo que es Pascua, resurrección de Dios,  nos lo perderemos.
  4. El texto que sigue forma parte de un relato más extenso de la vida y muerte de Jesús en nosotros,  comentario y expansión de lo que dijo una vez y para siempre Marcos. Adáptelo cada uno a su propia vida. Escriba en ella y con ella su experiencia pascual
  5. Para los que no tienen menos tiempo el texto puede acabar aquí. Vuelvan atrás y lean el texto de Marcos. Para mis amigos que tangan más tiemplo, como Mabel, Josefa  y Sandra he escrito el  texto/relato imaginativo, simbólico que sigue: que entren en la tumba, que mueran y resuciten con Jesús.  Feliz pascua a ellos y  a todos.

RESUCITÓ EN LA TUMBA, LA TRES MUJERES (CON JUDAS Y MALKO)

las tres amigas de Jesús Nazoreo (su madre, Magdalena y Salome), salieron de madrugada del Cenáculo y pasaron veladas por delante del Gran Templo de Salomón y Herodes. Estaba inmensamente vacío, como pura sombra muerta sin resurrección. Miraron hacia dentro y vieron que velo de separación del Santo y Santo de los Santos se había rasgado en dos y estaba caído en el suelo. Era la muerte de la muerte  pura nada.

   Pero en vez de pararse y llorar, con algunos sacerdotes antiguos, se apresuraron y siguieron corriendo, hacia la Gehenna, el lugar de la sepultura de los hombres reales, donde habían excavado la tumba de Jesús, para enterrarlo para siempre.

 Así corriendo llegaron al lugar de la tumba sepulcro, en la Alta-Gehenna, cuando los soldados de la guardia romana ya se habían ido, por cansancio y miedo, jurando que su oficio no era guardar un cadáver, a pesar de lo que habían mandado Caifás y Pilatos.

Magdalena repasaba en su corazón los temas pendientes. Ahora que Jesús no estaba, ella asumió su herencia, como si tuviera que resolver los problemas que él dejaba pendientes. Sin duda, pensaba también en sí misma, en su nueva situación de soledad, en su inmenso dolor de mujer tres veces abandonaba… Pero le interesaban más las cosas de Jesús y sus amigos que en las suyas propias: Los discípulos de Jesús, sus pobres y enfermos, su tarea…

Ellos eran su mayor preocupación, los amigos de Jesús, y así quería contárselo a él en su tumba, para descargarse de sí misma y llenarse de Jesús, para morir con él y ser resucitada. Jesús no le había impuesto ninguna obligación, pero ella había asumido la de retomar y seguir el camino de Jesús, con las otras dos mujeres, Myriam, la madre de Jesús y Salomé, su amiga. No podía consultarlo con Jesús B.-Abbas, que había marchado para reorganizar a su gente, ni con Malko, a quien Pilatos había pedido, como último servicio, que le acompañara hasta Jope.

 De un modo especial, debería ocuparse de los Once, pero no estaba sola. A su lado corrían la madre de Jesús y Salomé…. Con ellas tendría que buscarles, iría a Galilea, llegaría al fin del mundo para transformar su muerte en vida, para lograr con ellos lo que Jesús no había conseguido en este mundo: Que creyeran de verdad y buscaran el Reino … Debería animar además a sus amigas del mundo, para que formaran una comunidad o iglesia de Jesús.

Era espantoso saber que estaba muerto, pero ella le sentía vivo. Le daba vergüenza confesarlo, no se lo podía decir a nadie, porque le acusarían de loca, pero era así. Le había resucitado una vez en Caná de Galilea, otra en el burdel de Cesarea, y ahora sentía, sabía, que le resucitaría por tercera vez aquí en su tumba.

Pararon un momento para respirar, y se lo dijo a Myriam y Salomé… ellas también respondieron: Está vivo en nosotros, él nos hace caminar.

En eso pensaba Myriam cuando llegó a la cumbre de la colina de la Gehena y le llenó de pronto la imagen de la sinagoga de Nazaret donde Jesús había sido concebido  en gran silencio y turbación de esperanza.

Con temblor inmenso miró hacia el hueco de la Gehena, como si pudieran estar allí los siete ángeles/soldados de Nazaret, pero no estaban. Todo el hueco de la tumba era un vacío de roca, sin cadáveres, guardianes ni cerraduras. Así lo vieron las tres mujeres y empezaron a bajar corriendo: La piedra corredera se hallaba descorrida, los sellos de plomo rotos, y la tumba abierta de par en par… de forma que pararon en silencio a unos pasos de la entrada, dándose la mano sin decirse nada

Uno de los celotas que Jesús B.Abbas había colocado en discreta vigilancia, se acercó y les dijo que había sucedido algo extraño, como si un ángel hubiera rodado con su luz la piedra redonda de la boca de la tumba, derritiendo los sellos de plomo, de forma que los soldados romanos de guardia habían huido, probablemente por miedo, sin decir nada a nadie, antes de las luces del alba. Podían mirar: Sellos derretidos, sin haber sido forzados, sin señal de violencia ni a la entrada ni en el centro ni al fondo de la tumba.

Entraron las tres… y la tumba les pareció enorme, inmensa, todo el universo….y vieron todo como lo dejado el viernes de la muerte. Pero el cuerpo de Jesús, sobre una sábana limpia en la tarima central no estaba, ni el cuerpo de Judas, sobre la tarima de la izquierda.

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Tres reacciones ante la resurrección de Jesús. Domingo de Pascua.

domingo, 31 de marzo de 2024
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resurreccion-y-vide-eternaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La tumba vacía

Una elección extraña

             Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

      EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.

El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

 Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 

            «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

HERMANOS:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.

Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

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Domingo de Pascua de Resurrección. 31 de marzo, 2024

domingo, 31 de marzo de 2024
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“El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro”.

(Jn 20, 1-9)

El amanecer de la Pascua comienza en medio de la oscuridad. Y las primeras señales de vida se dan en un paisaje de muerte.

Es curioso cómo tendemos a separar e incluso a enfrentar realidades que ni siquiera son opuestas, solo que unas nos gustan más que otras. O ni siquiera eso. Solo que unas creemos que nos hacen felices y las otras no.

Dividimos nuestra vida entre experiencias positivas y experiencias negativas. Asociamos lo positivo a lo que nos hace disfrutar sin ningún esfuerzo y lo negativo a lo que nos hace sufrir. Por esta regla de tres salir una noche con los amigos es positivo y pasar días estudiando para un examen negativo. Todo junto es un engaño.

La vida, y cada una de nuestras historias, no son una película en blanco y negro. Nuestra vida no está dividida en dos, por un lado la luz y, por el otro, la oscuridad. No, la vida, la realidad es a todo color. Todas las experiencias están llenas de luz y salpicadas de oscuridad. Lo más valioso suele venir con el corcho protector del esfuerzo y más de una vez en la caja del sufrimiento.

El sufrimiento no es positivo o negativo, tampoco la alegría. Hay alegrías tremendamente destructivas. La búsqueda de la alegría fácil e inmediata destruye a muchas personas. De la misma manera hay sufrimientos que engrandecen y liberan.

La vida es una armonía de luces y sombras, silencios, ruidos y melodías. Si la vivimos en blanco y negro resulta monótona y caprichosa. Cuando la disfrutamos a todo color y en todas sus dimensiones es apasionante.

Este es el mensaje de la mañana de Pascua. La vida no es ni blanca ni negra. Es blanca, negra y de otros muchos colores. La vida y la muerte no son dos cosas separadas. Tampoco la alegría y el sufrimiento son opuestos.

El secreto está en seguir buscando. María Magdalena, aún a oscuras va a buscar. En su oscuridad busca un cadáver en un sepulcro, pero en su camino amanece y encuentra la VIDA. Y tú, ¿todavía buscas?

Oración

Danos, Trinidad Santa, un corazón de buscadoras que nos haga avanzar incluso en la noche. Que nos haga atravesar nuestros paisajes de muerte. Y danos, también, esos ojos que descubren la VIDA. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Domingo 1º de Pascua (B)

domingo, 31 de marzo de 2024
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IMG_3692Jn 20, 1-9

La realidad pascual es la más difícil de meter en conceptos mentales. La palabra Pascua tiene unas connotaciones bíblicas que pueden llenarla de significado, pero también pueden enredarnos en un nivel puramente terreno. Lo mismo pasa con la palabra resurrección. También ésta nos constriñe a una vida y muerte biológicas, que nada tienen que ver con lo que pasó en Jesús y pasará en nosotros.

La Pascua bíblica fue el paso de la esclavitud a la libertad, pero entendidas de manera material. También la Pascua cristiana tiene el sentido de paso, pero en un sentido distinto. En Jesús, Pascua significa el paso de la MUERTE a la VIDA; las dos con mayúsculas, porque no se trata ni de la muerte física ni de la vida biológica. Juan lo explica en el diálogo de Nicodemo. “Hay que nacer de nuevo”. Y “De la carne nace carne, del espíritu nace espíritu”. Sin este paso, nada puede tener sentido.

Cuando el grano de trigo cae en tierra desarrolla una vida que ya estaba en él en germen. Cuando ha crecido el nuevo tallo, no tiene sentido preguntarse que pasó con el grano. La Vida que los discípulos descubrieron en Jesús, después de su muerte, ya estaba en él antes de morir, pero velada. Solo cuando desapareció como viviente, se vieron obligados a profundizar. Al descubrir que ellos poseían esa Vida comprendieron que era la misma que Jesús tenía antes y después de su muerte.

Teniendo esto en cuenta, podemos intentar comprender el término resurrección. En realidad, no pasó nada. Su Vida Definitiva no está sujeta al tiempo ni al espacio, por lo tanto, no puede “pasar” nada; simplemente continúa. Su vida biológica, como toda vida, era contingente, limitada, finita, y no tenía más remedio que terminar. Como acabamos de decir del grano de trigo, no tiene ningún sentido preguntarnos qué pasó con su cuerpo. Un cadáver no tiene nada que ver con la Vida verdadera.

Pablo dice: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana. Yo diría: Si nosotros no resucitamos, nuestra fe es vacía. Aquí está el meollo de la resurrección. La Vida de Dios, manifestada en Jesús, tenemos que hacerla nuestra, aquí y ahora. Si nacemos de nuevo, si nacemos del Espíritu, esa vida es definitiva. No tenemos que temer la muerte biológica, porque no le afecta en nada. Lo que nace del Espíritu es Espíritu. ¡Nosotros empeñados en acudir al Espíritu, para que permanezca nuestra carne!

Los discípulos experimentaron como resurrección la presencia de Jesús después de su muerte, porque para ellos había muerto. La muerte en la cruz significaba la destrucción total de una persona. Los que le siguieron de cerca vieron destrozada su persona. Aquel en quien habían puesto sus esperanzas había sido aniquilado. Por eso, la experiencia de que seguía vivo fue una verdadera resurrección.

Nosotros sabemos que la verdadera Vida de Jesús no puede ser afectada por la muerte y, por lo tanto, no cabe en ella ninguna resurrección. Pero con relación a la muerte biológica, no tiene sentido la resurrección, porque no añadiría nada al ser de Jesús. Como ser humano era mortal, es decir su destino natural era la muerte. Nada ni nadie puede detener ese proceso. Pero su verdadero ser era la Vida definitiva.

 

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Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La fe en el Resucitado.

domingo, 31 de marzo de 2024
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Jn 20, 1-9

«Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero; vio y creyó»

Los especialistas afirman que los textos de la Pasión relatan hechos que ocurrieron, mientras que los textos de la Resurrección y de la Ascensión expresan la fe de las primeras comunidades. No tenemos forma de saber en qué consistió la “experiencia pascual” que provocó esa fe. Pudo haber sido fruto de algún suceso extraordinario como se relata en el evangelio, o pudo haberse reducido a una vivencia interior que marcó desde entonces la vida de quienes la experimentaron. No lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que esa experiencia cambió radicalmente su vida, y que a partir de entonces la dedicaron en exclusiva a proclamar su fe en el crucificado-resucitado. Sabemos también que por ello padecieron persecución y muerte, pero que, a pesar de todo, no cejaron en su empeño para que su fe llegase hasta nosotros. Y esto no es nada simbólico, sino un hecho tan real como la crucifixión.

Pero ¿hasta qué punto compartimos hoy aquella fe arrolladora por la que tantos dieron su vida?…

Me importa Jesús porque creo que es el cauce para llegar a Dios, y la existencia de Dios afecta a mi vida. Es fácil para mí creer en Jesús como un maestro de sabiduría convincente como ninguno. Me convence su persona y su mensaje, pero adquiere para mí toda su importancia cuando advierto que esa persona que me resulta tan fiable en tantas cosas, funda toda su vida y su palabra en Dios; cuando veo que toda su innegable sabiduría hace referencia a Dios.

Pero, como decía Ruiz de Galarreta: «Esto me plantea un dilema, ¿Haré mía su doctrina o haré mío también su Dios?… Y me siento tentado a aceptar al maestro de sabiduría hasta cierto límite; concretamente hasta que empieza a hablar de Dios y de sí mismo, porque me parece que en ese campo su discurso carece de lógica. Y me convierto en su juez: le acepto siempre y cuando me parezca correcto, pero prescindo de él cuando su mensaje no resulta compatible con mi mentalidad. ¿Qué pasa?… ¿Que es fiable en algunos terrenos y delira en otros? ¿Soy yo más sabio y fiable que él para poder juzgar hasta dónde tiene razón?» …

Quienes le conocieron y creyeron, lo aceptaron primero como persona excepcional, luego como maestro extraordinario, más tarde como el Mesías esperado… La crucifixión parecía evidenciar que Dios no estaba con él (sino con los sacerdotes que le habían vencido), pero a pesar de ello, creyeron que a Jesús no se le puede comprender “desde abajo”; que Jesús se explica desde Dios. Y le llamaron “el hijo de Dios” o “el hombre lleno del Espíritu”, e incluso lo identificaron con Dios…

Y ya sabemos que son simples aproximaciones, simples analogías, pues lo que ellos querían expresar no es posible ser expresado con palabras y recurrieron a fórmulas propias de su cultura. Fórmulas que quizás hoy ya no nos sirvan, pero no debemos olvidar que en esas fórmulas se encierra una doble convicción. Primero, que Jesús de Nazaret fue un ser humano tan humano como cualquiera de nosotros. Segundo que fue una presencia de Dios como en ningún otro ser humano se haya dado; tan fuerte y real como su propia condición humana.

Y ésta es la fe que transmiten los textos de la Resurrección y la Ascensión. Quizá no sean demasiado acordes a nuestra mentalidad, y por eso es importante ver la realidad que hay detrás de estas expresiones y aceptar su significado. Se trata de responder a la pregunta más importante que puede plantearse cualquier cristiano: ¿Hasta qué punto creo en Él?

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Jesús tenía que resucitar triunfante de la muerte

domingo, 31 de marzo de 2024
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(Jn 20, 1-9)

Este pasaje, al igual que los relatos pascuales, no es una simple crónica de un acontecimiento pasado extraordinario. Es un testimonio personal de fe que trata de provocar la fe de los demás. Por eso conviene leerlo, no como meros espectadores, sino como protagonistas de un hecho que nos sigue interpelando, nos suscita preguntas, nos invita a salir de nosotros mismos, al amanecer”, “el primer día de la semana, nos hace “asomarnos”, “cuando aún está oscuro”, nos acerca a Jesús para tratar de comprender la causa de su muerte, es decir, la pasión por el reino. Todo ello nos concierne personal y comunitariamente.

Es el testimonio de Juan que entró, “vio y creyó; le sobran todas las palabras y cree. María Magdalena y Pedro, “llegan corriendo y, tras unos momentos de asombro, de aturdimiento, experimentan el despertar de una nueva vida para el mundo. Se dan cuenta de que la muerte, la losa quitada del sepulcro, ha sido transformada en vida, las vendas y el sudario enrollado en un sitio aparte. Se ilumina una certeza y se experimenta una Presencia: Cristo ha resucitado.

Al igual que Juan, a quien Jesús quiere, nosotros/as también contemplamos la escena y experimentamos, sin exigir “pruebas” o “argumentos” racionales, intelectuales, una mirada nueva que trasciende el tiempo, el espacio, la lógica de la mente, algo nuevo que acontece en el corazón humano, allí donde reside y se expresa el amor.

La Pascua nos remite a ser levadura nueva que hace fermentar toda la masa. Es un cambio de perspectiva. Se vislumbra un horizonte inesperado. Los símbolos de la luz, el fuego, el agua, quieren significar aquello que es imprescindible para la vida. Por eso recordamos nuestro bautismo; no es algo estático, una foto del pasado que ocurrió un día concreto, sino que la realidad significada de esa Vida divina en mí, he de hacerla presente y vivirla durante mi vida biológica, finita, temporal. No hay, pues, muerte sino vida. “La muerte está absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria”? (1 Cor 15,55). Por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo quedando vinculados a su muerte, para que así como Cristo ha resucitado… por el poder del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva. Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya”. (Rom 6, 4-5).

Jesús, como ser humano, alcanzó la plenitud de Vida del mismo Dios. Supo morir a su condición terrenal, a su egoísmo, al poder, a la opresión y se entregó por entero a los demás, llegando a la plena humanidad como hombre mortal. Manifestó que esa era la meta de todo ser humano, el único camino para hacer presente lo divino de Dios en él. Esa consciencia fue posible al haber experimentado a Dios como Don. La Vida definitiva, la vida eterna es la de Dios.

Lo divino no es asunto de la razón, solo puede ser objeto de fe. Se trata de una experiencia interior a la que no puede llegarse por razonamientos o demostraciones. La resurrección nos habla de una fe que se vive en medio del camino, que no rehúye la cruz, el sufrimiento, el sinsentido. Dicho de otro modo, “El verdugo no triunfó sobre la víctima” (Jon Sobrino). Jesús sabe lo que se le viene encima, pero en fidelidad y coherencia radical a su Padre, lo acoge, lo abraza y se abandona en manos de su Abbá.  Sólo amando como él nos amó, podemos hacer nuestra la Vida de Dios que es Amor.

Hagamos nuestra la resurrección de cada día…

Si descubrimos signos de compasión, sensibilidad y esperanza  en medio de un mundo desgarrado por el dolor, el sufrimiento y el sinsentido.

Si sabemos renacer cada día, re-animarnos y morir a nuestro ego, a nuestro individualismo, al mercantilismo imperante.

Si construimos un mundo más habitable a nuestro alrededor, convencidos de que las guerras, el odio, la venganza y la maldad no pueden triunfar jamás.

Cuando ponemos nuestra gota en el océano, nuestros recursos (aun limitados) a disposición de quienes lo han perdido todo en desastres naturales, en guerras genocidas, o circunstancias concretas: incendios, pérdida de trabajo, salud…

Cuando “nos mojamos” y nuestro compromiso se dirige y beneficia a hermanos y hermanas nuestras, más allá de lazos familiares, fronteras y divisiones de cualquier tipo.

Cuando damos testimonio y somos mediadores del evangelio de Jesús en nuestro entorno y en la comunidad de una iglesia sinodal.

Si somos capaces de enterrar la semilla, es decir, ir más allá de lo que sabemos y pensamos, tener la sabiduría de esperar y confiar en que se desarrollará la potencialidad de mi ser.

Si nos hemos dejado cautivar por el testimonio de otros/as cristianos/as, creyentes o no, que nos han dado ejemplo y han guiado nuestra existencia.

Si creemos en el Dios de la vida, en una humanidad más justa y en paz junto con quienes compartimos la pasión por el Reino, por la tierra que amamos, por el universo que nos acoge en su grandeza y  vulnerabilidad.

Cuando confiamos, aun con dudas y paso a paso, en que la muerte no tiene la última palabra, sino la Vida definitiva que el buen Dios soñó para cada uno/a de nosotros/as.

Cuando me abrazo a mí mismo/a confiando en el plan de Dios que ha trazado desde el principio para mí, aun en los momentos de oscuridad, temor o desesperanza, pues sólo Él abraza mi vida llevándola a su plenitud.

Hoy, canto de gozo en esta nueva Pascua, al percibir que todo mi ser fluye en Él, en la misma vida de Dios, Amor Trinidad.

¡Feliz Pascua! ¡Shalom!

 

Mª Luisa Paret

Fuente Fe Adulta

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