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31.3.24. Pregón de Pascua: Ha resucitado en la tumba: Magdalena, María la de Santiago y Salomé

Domingo, 31 de marzo de 2024

IMG_3880Del blog de Xabier Pikaza:

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: “¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él os precede a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo (Mc 16, 1-6)

Ayer, noche de Vigilia pascual, entre las diez y las once, en la iglesia de aldea de San Morales, frente a una pila bautismal antigua, he proclamado  el pregón de pascua ante el cirio encendido ante unas cincuenta velas pequeñas de cristianos de las aldeas vecinas, Aldea-lengua, Aldea-Rubia y Huerta de Tormes.

Después oímos todos  en silencio emocionado el Evangelio de las tres mujeres de pascua que leyó y comentó José Miguel, párroco de estas aldeas. Volví a casa, bajo un viento de nieve, pensando en las las tres y cien mujeres de mi vida pascual, mi madre y Mabel, con Sandra, la mujer de luz interior que espera que le mande en un momento este pregón.

   Ya de mañana de pascua, con nieve en la finca aledaña y un cigüeña de nacimiento sobre el gran charco,  he retomado unos apuntes que escribí hace años para la celebración de otra pascua semejante… unos apuntes que forman parte de la  vida pascual de Jesús que nunca acabo de escribir.

    Como todos saben,  el primer signo religioso de la humanidad es una tumba llena de vida de Dios, un dolmen quizá, una bóveda subterránea donde la vida de los que mueres espera la resurrección.

  Para los cristianos,  el signo final de toda religión es una tumba que se abre a la luz de la vida de Dios  (el anterior, el de los sacerdotes de Jerusalén está vació), con tres mujeres, madres, hermanas y amigas de la humanidad de Dios que es Jesús, en su misma tumba hecha cielo.

Para situar los personajes:

 Con el recuerdo de mi madre, con Mabel que celebra la pascua con Santa Teresa, en Ávila, con Sandra que  la celebra con su luz interior en  Madrid, acabo de escribir estas reflexiones de mi pregón pascual ampliado: .

  1. Las primeras “videntes” pascuales son tres mujeres: Una es Magdalena, bien conocida; otra es María la de Santiago (el hermano de Jesús, primer cristiano de Jerusalén, es, por tanto Myriam, la madre de Jesús, como sabe el evangelio de  Juan); la tercera es Salomé, la pacificada (=Salomona), que es quizáel Discípulo Amado de Juan, cada no de nosotros.
  2. La experiencia pascual de las tres mujeres (signo y compendio de toda la iglesia) no se realiza fuera, sino dentro de la tumba, excavada en la roca. No quedan a la puerta, el templo dice que entran; una tumba grande, alta, signo y compendio de la nueva humanidad. Conforme a una tradición antigua, allí fue enterrado también Judas, a quien Jesús resucitó (como a Adán y a los creyentes antiguos); allí tenemos que entrar nosotros y morir con Cristo, como dice Pablo en Rom 6, la lectura principal de la liturgia de Pascua.
  3. No podemos quedar fuera como espectadores, sino de entrar en la tumba, morir con Jesús, como entraron, murieron y vivieron aquellas tres primeras mujeres. Entraron por nosotros, nos abrieron el camino. Si  no entramos y morimos con Jesús no sabremos lo que es Pascua, resurrección de Dios,  nos lo perderemos.
  4. El texto que sigue forma parte de un relato más extenso de la vida y muerte de Jesús en nosotros,  comentario y expansión de lo que dijo una vez y para siempre Marcos. Adáptelo cada uno a su propia vida. Escriba en ella y con ella su experiencia pascual
  5. Para los que no tienen menos tiempo el texto puede acabar aquí. Vuelvan atrás y lean el texto de Marcos. Para mis amigos que tangan más tiemplo, como Mabel, Josefa  y Sandra he escrito el  texto/relato imaginativo, simbólico que sigue: que entren en la tumba, que mueran y resuciten con Jesús.  Feliz pascua a ellos y  a todos.

RESUCITÓ EN LA TUMBA, LA TRES MUJERES (CON JUDAS Y MALKO)

las tres amigas de Jesús Nazoreo (su madre, Magdalena y Salome), salieron de madrugada del Cenáculo y pasaron veladas por delante del Gran Templo de Salomón y Herodes. Estaba inmensamente vacío, como pura sombra muerta sin resurrección. Miraron hacia dentro y vieron que velo de separación del Santo y Santo de los Santos se había rasgado en dos y estaba caído en el suelo. Era la muerte de la muerte  pura nada.

   Pero en vez de pararse y llorar, con algunos sacerdotes antiguos, se apresuraron y siguieron corriendo, hacia la Gehenna, el lugar de la sepultura de los hombres reales, donde habían excavado la tumba de Jesús, para enterrarlo para siempre.

 Así corriendo llegaron al lugar de la tumba sepulcro, en la Alta-Gehenna, cuando los soldados de la guardia romana ya se habían ido, por cansancio y miedo, jurando que su oficio no era guardar un cadáver, a pesar de lo que habían mandado Caifás y Pilatos.

Magdalena repasaba en su corazón los temas pendientes. Ahora que Jesús no estaba, ella asumió su herencia, como si tuviera que resolver los problemas que él dejaba pendientes. Sin duda, pensaba también en sí misma, en su nueva situación de soledad, en su inmenso dolor de mujer tres veces abandonaba… Pero le interesaban más las cosas de Jesús y sus amigos que en las suyas propias: Los discípulos de Jesús, sus pobres y enfermos, su tarea…

Ellos eran su mayor preocupación, los amigos de Jesús, y así quería contárselo a él en su tumba, para descargarse de sí misma y llenarse de Jesús, para morir con él y ser resucitada. Jesús no le había impuesto ninguna obligación, pero ella había asumido la de retomar y seguir el camino de Jesús, con las otras dos mujeres, Myriam, la madre de Jesús y Salomé, su amiga. No podía consultarlo con Jesús B.-Abbas, que había marchado para reorganizar a su gente, ni con Malko, a quien Pilatos había pedido, como último servicio, que le acompañara hasta Jope.

 De un modo especial, debería ocuparse de los Once, pero no estaba sola. A su lado corrían la madre de Jesús y Salomé…. Con ellas tendría que buscarles, iría a Galilea, llegaría al fin del mundo para transformar su muerte en vida, para lograr con ellos lo que Jesús no había conseguido en este mundo: Que creyeran de verdad y buscaran el Reino … Debería animar además a sus amigas del mundo, para que formaran una comunidad o iglesia de Jesús.

Era espantoso saber que estaba muerto, pero ella le sentía vivo. Le daba vergüenza confesarlo, no se lo podía decir a nadie, porque le acusarían de loca, pero era así. Le había resucitado una vez en Caná de Galilea, otra en el burdel de Cesarea, y ahora sentía, sabía, que le resucitaría por tercera vez aquí en su tumba.

Pararon un momento para respirar, y se lo dijo a Myriam y Salomé… ellas también respondieron: Está vivo en nosotros, él nos hace caminar.

En eso pensaba Myriam cuando llegó a la cumbre de la colina de la Gehena y le llenó de pronto la imagen de la sinagoga de Nazaret donde Jesús había sido concebido  en gran silencio y turbación de esperanza.

Con temblor inmenso miró hacia el hueco de la Gehena, como si pudieran estar allí los siete ángeles/soldados de Nazaret, pero no estaban. Todo el hueco de la tumba era un vacío de roca, sin cadáveres, guardianes ni cerraduras. Así lo vieron las tres mujeres y empezaron a bajar corriendo: La piedra corredera se hallaba descorrida, los sellos de plomo rotos, y la tumba abierta de par en par… de forma que pararon en silencio a unos pasos de la entrada, dándose la mano sin decirse nada

Uno de los celotas que Jesús B.Abbas había colocado en discreta vigilancia, se acercó y les dijo que había sucedido algo extraño, como si un ángel hubiera rodado con su luz la piedra redonda de la boca de la tumba, derritiendo los sellos de plomo, de forma que los soldados romanos de guardia habían huido, probablemente por miedo, sin decir nada a nadie, antes de las luces del alba. Podían mirar: Sellos derretidos, sin haber sido forzados, sin señal de violencia ni a la entrada ni en el centro ni al fondo de la tumba.

Entraron las tres… y la tumba les pareció enorme, inmensa, todo el universo….y vieron todo como lo dejado el viernes de la muerte. Pero el cuerpo de Jesús, sobre una sábana limpia en la tarima central no estaba, ni el cuerpo de Judas, sobre la tarima de la izquierda.

Como impulsadas por una mano poderosa, las tres mujeres corrieron hasta la tarima donde José de Arimatea y sus compañeros sacerdotes habían dejado a Jesús, viendo allí sólo una sábana enrollada en el suelo, con el sudario aparte. Luego corrieron al ángulo de Judas, y lo mismo: una sábana vacía, sin sudario. No tuvieron nada que decir, nada que comentar…

Pensaron y supieron que todos los muertos habían resucitado, como diría el credo de Roma. Estaban allí con ellas, en el sepulcro de Jesús convertido en templo de Dios sobre la tierra, tierra sepulcro de la muerte, templo de Dios.

La madre de Jesús, más cansada, por emoción o edad, se sentó en la tarima central:

– Ahora comprendo – dijo admirada Myriam-. El cuerpo de Jesús no puede estar aquí como un cadáver, porque nosotras mismas somos carne de su Carne, cuerpo de su cuerpo, luz de su Luz, su resurrección. No está fuera, está en nosotros, como nos dijo en el sermón de Cafarnaúm, ante la sinagoga. Vosotras sois para mí Jesús resucitado. Tu misma, Magdalena, y tú, Salomé; vosotras sois Jesús, porque cuerpo suyo somos.

Se habían sentado las tres en el estrado donde habían puesto el cadáver de Jesús. Pero ahora su cuerpo eran ellas. Los Doce no habían confiado en él; habían buscado hasta el fin su poder en un trono, un dinero, un sacerdocio de templo … Ellas, en cambio, habían descubierto que el Reino es amarse unos a otros.

Según la tradición judía un sepulcro era lugar impuro. Pero las mujeres de la nueva alianza de Jesús descubrieron que este sepulcro, vacío de cadáver y lleno del Cuerpo Glorioso de Jesús era el lugar más puro de mundo, era la tierra hecha camino y lugar de cielo.

En eso pensaban, cuando miraron las tres hacia el lugar del que provenía una luz yvieron un ángel sentado a la derecha. No se extrañaron de que estuviera allí, aquel día, en el aquel momento. Las tres se levantaron a la vez y miraron, como si todo fuera posible aquella mañana de pascua:

– ¡Has vuelto, Gabriel! -dijo Myriam en alto-. Te he estado esperando desde el día en que viniste a Nazaret… Éstas son Magdalena y Salomé, mis amigas. Ellas conocen nuestro secreto: Jesús, cuya venida anunciaste, ha resucitado en nosotras.

— Es como dices -respondió Gabriel-. Y vosotras estáis resucitando con él. No traigáis flores, ni perfumes; ya lo hicisteis en casa de Simón Leproso, en Betania. Vosotras mismas sois su regalo.

-¿Qué haremos? ¿Cómo empezaremos?

– Dejad que él viva en vosotras, dejad que os resucite.

Y Gabriel se fue, ya no le vieron, mientras Magdalena hablaba consigo misma.

– Esto me pasó en Caná y después en el Burdel de Cesarea. Yo moría, porque me mataban. Y entonces vino él, no sé si en cuerpo externo o si en cuerpo interior, diciéndome ¡vive! Y así viví por su palabra, como resucitada.

– Es hermoso lo que dices – comentó Salomé-. Pero yo no sé qué debo hacer.

– Acepta su amor, deja que viva en ti.

– Pero algo habré de darle.

– Deja que te quiera. No eres tú la que ha de hacer; él mismo será quien haga. Eres su cuerpo, su carne, su alma, su casa, su templo.

– Pero un templo ha de ser digno de amor… Antes, cuando vivía con mis padres, me decían que estorbaba… Luego, con vosotras, he sentido igualmente estorbo. Sólo Jesús me ha dado la confianza para ser lo que soy.

– Eso es lo que quiere: Que seas tú misma, siendo suya.

– Me acogió cuando estaba abandonada, sin casa, amor, padre, ni marido, como mujer de cruce de caminos…Pero él vino, me miró y me fui con él.

Has vivido en él y él en ti. Antes de que él muriera tú estabas ya resucitada.

– Pero tengo miedo. No sé si Jesús me querrá por siempre.

-Es lo que más quiere, por eso ha muerto.

– ¿Dónde y cómo está?

– Cierra un instante los ojos – dijo Myriam-. Escucha y siente como si yo fuera Jesús

  • Déjame quererte, de forma que pueda ser yo mismo, siendo en ti Tú eres la zarza ardiente del desierto de Moisés (Ex 3),
  • yo soy tu fuego, la llama más profunda, encendiéndote por dentro. Déjame arder, ayúdame a ser fuego, para todo el mundo.

            Quedaron un momento en silencio, y entonces le vieron, viéndose en Dios, Myriam, Magdalena y Salomé, resucitadas las tres en Jesús, dándose la mano, temblando de gozo infinito, de manera que Salomé pudo seguir diciendo:

– Es una visión de tumba hecho cielo, de muerte hecha vida. Ahora empiezo a comprender por qué ha muerto, por qué no está su cadáver en la tumba, como el viernes cuando le enterraron, porque no es cadáver, sino vida de Dios en de nuestra vida humana.

Myriam seguía en silencio, con los ojos cerrados, no se podía decir si lloraba o reía, pero estaba transfigurada, como si llevara en su seno de madre de Jesús la vida de todas las vidas. Salomé le dijo entonces:

– Gracias, Myriam, por abrir nuestros ojos para ver lo invisible. Simón y los Doce querían otro premio. Sentarse sobre tronos, ser ungidos como sacerdotes del templo. Yo no quiero nada de eso, sólo que Jesús me quiera, y vosotras también.

Él te quiere -dijo Myriam-.

  • Dile simplemente que le amas. No hace falta que le veas externamente, en aparición, ni que le toques con las manos, pues él forma parte de tu vida, como alma de tu alma más profunda.
  • Déjale que esté, yo así le siento. Hace un momento, sin deciros nada, supe que estaba a mi lado, dándome la mano. Ha sido tan fuerte la impresión que iba a gritar. Pero él me ha dicho: Sé feliz

– Algo de eso estoy sintiendo ahora -respondió Salomé-. Es como si me dijera: “Soy feliz en ti”. Soy feliz, pero, al mismo tiempo, tengo miedo de perderle…

– No le perderás, no te dejará -respondió Magdalena-. Piensa en él más que en ti, hazle feliz dejándole que te quiera.

– Es así, Salomé, como tú dices y te dice Magdalena –respondió Myriam-.

  • Y quedamos las tres en silencio, Magdalena, Salomé y yo, Myriam, Aquel día de pascua, en la tumba vacía de cadáver, llena de Jesús.
  • Nos habíamos sentado las tres sobre la repisa de su cuerpo, y descubrimos que Dios Sol llenaba todo, desde oriente.
  • Jesús lleno con su vida la tumba de muerte, el mundo entero, y quedamos inundadas, recreadas, por su luz las tres mujeres, como si estuviéramos allí por eternidad de eternidades

– No sabría decir si pasó una hora, si dos, si tres, si muchas más -dijo Magdalena-. Era Malko el soldado amigo de JESÚS en el rellano exterior de la Gehena, que corría Con Juan Zebedeo y con Pedro, uno de claro, otro de oscuro.  corriendo a lo lejos, pero sin llegar ni acercarse.

Malko dejó el caballo atado a un árbol frente al horizonte y vino en silencio, sin atreverse a estorbar:

Al principio se mantuvo quieto, pero después entró y, tras abrazarnos, se sentó en el suelo, fijos los ojos en Jesús, que estaba en el centro, abrazándonos a las tres, un tiempo largo hasta que declinó la luz del sol externo y empezó a crecer la oscuridad del fin del día por la cueva.

Entonces Malko se levantó y alzándonos a las tres nos dijo: Vamos al Cenáculo,  está esperando toda la comunidad

Ellos se fueron, y yo, Magdalena les dije que me dejaran un momento, que le seguiría pronto (Jn 20, 11-18). Y así, lentamente, salí de la tumba, mientras Malko, Myriam y Salomé subían por la cuesta de la Gehena, en dirección al Cenáculo.

Muchos amigos me han preguntado después si yo amaba a Jesús y si él me amaba. Quien conozca mi historia sabrá la forma en que he sido iniciada en la vida, cuando asesinaron a mis padres y hermanos …

Es claro que amé a Jesús, pero también le han amado otros hombres y mujeres, especialmente amados por él, entre los que destaca Malko, a quien los hermanos han empezado a llamar Discípulo Amado, cn Myriam su madre y con Salomé. No quiero compararme a nadie, ni decir que he sido o soy más amada que otros, porque Jesús ama a todos del todo.

Pensando en esto salí de la tumba y entré en el huerto, llorando, de indecible gozo e inmensa tristeza al mismo tiempo. Todo se me había revelado en la tumba, pero, al mismo tiempo, supe que había millones de cosas no había descubierto todavía.

Y en ese momento, Jesús se me mostró como hortelano como nuevo Adán del paraíso. Me sentí loca de amor por él, y pedí al hortelano que me dijera dónde le había colocado, sin saber lo que decía, aunque sabiendo que había vuelto al paraíso original y que el hortelano era Jesús que me llamó diciéndome ¡María! y yo le respondí llamándole ¡Rabuni! mi Maestro.

Quise apoderarme de él, agarrarle y llevarle a mi casa para que me enseñara todo, aunque yo sabía que eso era imposible, pues él era mi casa. Supe que era una locura, pero no pude evitarlo; quería agarrarle, encerrarle en mis brazos, como si fuera solamente para mí, mientras él abrazaba al universo entero y me decía

  • Noli me tangere, no me sigas tocando de esa forma
  • pues no hemos subido todavía al Padre.
  • Vive en mi nombre y acompaña a mis hermanos
  • Abre con ellos un camino de amor universal, y yo estaré con vosotros.

Y con palabras de amor de más intenso se fue alejando suavemente de mí. No me dijo  solamente “vete donde Pedro y los Doce”, como nos había dicho a las tres en la tumba vacía, sino otra palabra más extensa:

Acompaña a mis hermanos en amor. No sé cómo fue, pero estoy segura de que me dijo eso: Acompaña a mis hermanos en amor, ellos son mi resurrección.

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