Comentarios desactivados en La valentía de la obispa Budde: La valentía no es suficiente. «También se trata de responsabilidad»
La obispa Mariann Edgar Budde se hizo conocida mundialmente por su sermón crítico el día después de la toma de posesión del presidente Donald Trump. Ahora ha escrito un libro sobre «ser valiente» y está preocupada por la situación en Estados Unidos.
La obispa estadounidense Mariann Edgar Budde (65) lamentó un «retiro a la vida privada» en vista del punto de inflexión político provocado por la segunda presidencia de Donald Trump. No faltan personas dispuestas a decir algo, pero los tiempos han cambiado y la opinión pública está dividida, declaró Budde al diario «Zeit» (jueves 20 de marzo). Muchos estadounidenses apoyan a Trump y sus decisiones. Budde dijo que tenía miedo de refugiarse en la vida privada.
Al reflexionar sobre su desafío al presidente, que tuvo lugar durante un servicio de oración inaugural en la Catedral Nacional de Washington, D.C., Budde dijo: «Mis palabras no fueron bien recibidas«. En su libro, Budde advierte que, dada la situación política actual, la valentía no es suficiente. «También se trata de responsabilidad«, dijo, citando a Dietrich Bonhoeffer, teólogo protestante alemán y combatiente de la resistencia nazi, asesinado por los nazis por su oposición a su régimen.
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“How We Learn to Be Brave” («Cómo Aprendemos a Ser Valientes«) es una guía inspiradora para los momentos clave de la vida que, si se viven con fe y discernimiento, nos preparan para alcanzar la valentía más plena.
Los momentos decisivos de la vida son esos puntos clave en los que estamos llamados a superar nuestros miedos y actuar con fuerza. Con «How We Learn to Be Brave” (“Cómo Aprendemos a Ser Valientes«, la Obispa Mariann Budde nos enseña a responder con claridad y gracia incluso en los momentos más difíciles. Ser valiente no es algo que ocurre de forma aislada; es un camino que podemos elegir emprender cada día.
La Obispa Budde explora la gama completa de momentos decisivos, desde los más visibles y dramáticos (la decisión de irse), hasta los más internos y personales (la decisión de quedarse), pasando por las decisiones valientes tomadas con la vista puesta en el futuro (la decisión de empezar), los que nacen del sufrimiento (la decisión de aceptar lo que no elegimos) y los que llegan de forma inesperada (la decisión de asumir la responsabilidad). Basándose en ejemplos que van desde Harry Potter hasta el Evangelio según Lucas, entrelaza con fluidez experiencias personales con relatos de las Escrituras, la historia y la cultura popular para subrayar tanto la universalidad de estos momentos como el llamado particular que cada uno de nosotros debe atender cuando llegan.
Cómo aprendemos a ser valientes brindará la fortaleza y la comprensión necesarias a quienes buscan respuestas en tiempos de incertidumbre.
Beneficios del contenido:
* Con la sabiduría de la obispa Budde, los lectores aprenderán a vivir y a responder según sus verdaderas creencias y de maneras que se alineen con su mejor versión. La obispa Budde denunció públicamente la infame foto de Trump sosteniendo una Biblia afuera de su iglesia tras el asesinato de George Floyd.
* Combina la narrativa personal con una hermosa narración para revelar el valiente poder de la convicción.
* Comprende cómo la valentía está disponible para todos nosotros, ya que es algo que se aprende.
* Aprende cómo la valentía es el resultado de una serie de momentos, grandes y pequeños, que suman un todo, mucho mayor que la suma de sus partes.
* Nos inspira a reconocernos como forjadores de nuestros propios destinos y escritores de nuestras propias narrativas heroicas.
* Nos anima a tener la valentía de aceptar y vivir plenamente la vida que se nos ha dado.
Entre las imágenes de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, la del evangelista Franklin Graham haciendo una oración de agradecimiento a dios por: «haberlo levantado con tu poderosa mano», creo que fue para mí una de las más duras. Relacionar al dios de Jesús con un hombre que identifica la migración con la delincuencia, invisibiliza a personas no binarias, se opone a los programas de diversidad, equidad e inclusión, niega la emergencia climática, indulta a personas que trataron de bloquear la entrada a clínicas donde se realizan interrupciones del embarazo, o también a aquellas que intentaron dar un golpe de Estado en enero de 2021, es otro de los hechos alternativos, a los que parece tenemos que acostumbrarnos.
Franklin Graham no estaba solo, en aquella ceremonia había representantes de otras confesiones religiosas, pero también le acompañaban —aunque no presencialmente— todos aquellos cristianos que han puesto en el centro de su fe, no al Jesús del Evangelio, sino su moral particular y sus intereses personales. Allí, junto a políticos de extrema derecha que amenazan la vida de millones de personas en Europa o América, se regocijaban convencidos de que Trump y sus fascistas aliados construirán el (anti)Reino YMCA que ellos anhelan. Ni un ápice de remordimiento, tampoco de crítica, les basta escuchar a Trump cuando dice: «Hace unos meses una bala pasó cerca de mi cabeza. Dios salvó mi vida por una razón: para hacer a América grande nuevamente».
En realidad no todos están de acuerdo con las formas o las propuestas de Trump, pero el poder del miedo con el que pretende imponer los intereses de los magnates de Estados Unidos al mundo hace que muchos hayan inclinado su face(book) ante él, que le rindan pleitesía para no salir escaldadas, o que hayan cerrado la boca para no se les escape algo inapropiado que les pueda salir muy caro. Y no es para menos, los compañeros X del nuevo salvador de mundo son grandes oligarcas que no tienen suficiente con sus actuales fortunas, quieren dirigir el mundo, y para ello están dispuestas a pasar por encima de todo, y de todes, aunque sean sus propias hijas. La guerra fratricida no ha hecho más que empezar.
Tengo que reconocer que las imágenes de la toma de posesión con la que nos bombardeaban constantemente los medios de comunicación ese día me produjeron un gran desánimo, de hecho —no sé si como una petición o una queja a dios— me vino a la mente las palabras de Jeremías: «Señor, si trato de discutir contigo, tú siempre llevas la razón. Sin embargo, quisiera preguntarte el porqué de algunas cosas. ¿Por qué les va bien a los malvados? ¿Por qué viven tranquilos los traidores? Tú los plantas, y ellos echan raíces, crecen y dan fruto. De labios afuera te tienen cerca, pero en su interior están lejos de ti» [1].
Y es que, no puede traernos nada bueno el apoyo que recibirán las extremas derechas en Europa y América para tratar de imponer esa visión del mundo tan inhumana y tan cruel, cogidas de la mano de un cristianismo que se ha olvidado de Jesús. De ahí el desánimo y la preocupación; porque en ese (anti)Reino YMCA hecho a su imágen y semejanza que quieren imponernos, muches no cabemos. Aunque nos lo canten un índio, un hispano, un negro, un oriental, o seís gais marcando paquete.
Al día siguiente de la toma de posesión, en la Catedral Nacional de Washington la obispa Episcopal Mariann Edgar Budde interpeló a Donald Trump directamente con respeto, sin miedo, pero con determinación: «En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gais, lesbianas y transexuales… Le pido que tenga piedad, Señor Presidente, de aquellos en nuestras comunidades cuyos hijos temen que sus padres sean llevados, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí. Nuestro Dios nos enseña que debemos ser misericordiosos con el extranjero, porque todos fuimos extranjeros en esta tierra».
Las palabras de Mariann Edgar iban dirigidas a Donald Trump, pero de alguna forma también me sentí interpelado por ellas, o más bien, por el hecho de que Miriann Edgar no se mantuviera en silencio, no agachara la cabeza, y se atreviera a mirar cara a cara a Donald Trump para anunciarle el mensaje de Jesús aunque la situación no fuera la más propicia. Y a pesar de que inmediatamente después los poderosos profetas de Baal trataran de desacreditarla. Con su sermón yo sentí que nos invitaba, a quienes estábamos desanimados, a subir con ella al púlpito de la vida real para seguir anunciando el mensaje de liberación del Jesús de los Evangelios: aquel que se puso al lado de quienes eran amenazados por los poderes políticos y religiosos.
Que el momento en el que nos encontramos sea peligroso para tantas personas —también para nosotros, no deberíamos ser ingenuos—, que sea mucho más difícil confrontar el poder de quienes quieren el (anti)Reino YMCA, hace más necesario que dejemos atrás el desánimo, y sigamos construyendo sociedades más justas. No deberíamos rendirnos ahora, cuando nuestras sociedades estan siendo amenazadas por la ultraderecha. Es en este momento cuando es más neesario promover el mensaje de respeto y amor al prójimo que está en la base del cristianismo. Como dijo la obispa Mariann Edgar para acabar su sermón: «Que Dios nos conceda la fuerza y el valor para honrar la dignidad de todo ser humano, para decirnos la verdad unos a otros con amor, y para caminar humildemente unos con otros y con nuestro Dios por el bien de todas las personas de esta nación y del mundo. Amén.».
Durante el tradicional servicio de oración interreligioso que se celebra anualmente en la Catedral Nacional de Washington al día siguiente de la toma de posesión del nuevo presidente electo de los Estados Unidos de América, ocurrió algo que Donald Trump ciertamente no esperaba. La monseñora Mariann Edgar Budde, primera mujer en ocupar el cargo de líder espiritual de la Diócesis Episcopal de Washington desde 2011, ha hecho un llamamiento al 47º presidente estadounidense, pidiéndole que «tenga piedad» de los homosexuales, las lesbianas y los menores transgénero y los inmigrantes. ilegales. «Le pido que tenga piedad«, dijo secamente la monseñora, de 65 años, durante su discurso, «de la gente que tiene miedo hoy en nuestro país«. «Hay homosexuales«, continuó, «lesbianas y menores transgénero en familias demócratas, republicanas e independientes, y algunos de ellos temen por sus vidas«. El llamamiento de la monseñora Budde, recibido con disgusto mal disimulado por Donald Trump, su vicepresidente J.D. Vance, y sus respectivas esposas Melania Trump y Usha Vance, llegó después del discurso que ofreció el magnate de 78 años el día de su toma de posesión en la Casa Blanca, cuando reiteró que declaró el estado de emergencia en la frontera con México, prometió que detendrá todas las entradas de ilegales y anunció que comenzará la expulsión de millones de inmigrantes. Donald Trump también dijo que ahora que está de regreso como presidente de Estados Unidos, el país «sólo tendrá dos géneros, masculino y femenino«.
La monseñora Mariann Edgar Budde se dirigió al hombre más poderoso del país, diciendo: «Le pido, señor presidente, que tenga piedad de aquellas comunidades cuyos hijos temen ver a sus padres arrebatados y que ayude a quienes huyen de las zonas de guerra y persecución en sus tierras, para encontrar compasión y bienvenida aquí«. “Ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso”, dijo la monseñora en otra aparente refiriéndose al discurso inaugural de Donald Trump, en el que declaró que Dios lo había salvado de la bala de un asesino para “hacer que Estados Unidos sea grande nuevamente”. «En nombre de nuestro Dios«, continuó, «le pido que tenga piedad de la gente de nuestro país que ahora está asustada«.
Más allá del discurso religioso y/o políticamente correcto de otros líderes religiosos que aventuraron llamamientos moderados, me parece más apasionado (cf. Juan 2, 13 ss -“El celo por tu casa me devora”-) y espiritualmente bello y desconcertante. Ya en 2020 escribió un artículo de opinión en el New York Times en el que decía que estaba «indignada» y «horrorizada» por el uso de la Biblia por parte de Donald Trump después de que los agentes usaran gases lacrimógenos contra los manifestantes por la justicia racial cerca de Lafayette Square. Mariann Edgar Budde luego escribió que Donald Trump había «usado símbolos sagrados» mientras «defendía posiciones antitéticas a la Biblia«, criticando el momento en que el magnate levantó el texto sagrado en defensa de los agentes federales.
La monseñora Mariann Edgar Budde quería mostrar, con una parresía valiente tan espiritual como evangélica, que hay gente que tiene miedo. Cuando un país se confía a un presidente, éste tiene que saber que una de sus cualidades como líder es la misericordia. Y los creyentes cristianos, de todas las confesiones, necesitamos de líderes y de mensajes que, incluso con tonos tranquilos y firmes, sean también un acto extraordinario de resistencia humana frente a la babarie salvaje incluso disfrazada de derecho. No basta con ser legitimado por la mayoría de los votos de los ciudadanos de un país para aniquilar la compasión y la piedad.
Y en la lectura de su intervención recordé aquel incidente del caso de Eric Garner, un hombre negro que murió mientras era arrestado en 2014 en Nueva York. La frase «no puedo respirar«, repetida hasta 11 veces por Eric Garner antes de morir, se ha convertido en un grito de guerra para los activistas que protestan por la brutalidad policial contra afroestadounidenses. Eric Garner, un hombre negro desarmado de 43 años, fue detenido por la policía bajo sospecha de vender ilegalmente cigarrillos. Murió después de que un agente de policía le aplicara una llave de estrangulamiento. De ahí el título de esta reflexión.
Ésta es su intervención de una inspiración evangélica y profética sin igual sobre el arte de la buena política. Invito a leerla y meditarla:
“Como país, nos hemos reunido esta mañana para rezar por la unidad, no por un acuerdo, político o de otro tipo, sino por el tipo de unidad que fomenta la comunidad por encima de la diversidad y la división. Una unidad que sirva al bien común. La unidad, en este sentido, es un requisito previo para que las personas vivan en libertad y juntas en una sociedad libre. Es la roca sólida, como dijo Jesús, sobre la que construir una nación.
No es conformidad. No es victoria. No es cansancio cortés ni pasividad nacida del agotamiento. La unidad no es partidista. Más bien, la unidad es una forma de estar con los demás que abarca y respeta nuestras diferencias. Nos enseña a considerar las múltiples perspectivas y experiencias vitales como válidas y dignas de respeto. Nos permite, en nuestras comunidades y en las esferas de poder, preocuparnos de verdad los unos por los otros, incluso cuando no estamos de acuerdo.
Quienes en todo el país dedican su vida o se ofrecen como voluntarios para ayudar a los demás en situaciones de catástrofe natural, a menudo con gran riesgo para ellos mismos, nunca preguntan a quienes ayudan por quién votaron en las pasadas elecciones o qué postura mantienen sobre un tema concreto. Lo mejor que podemos hacer es seguir su ejemplo, porque la unidad a veces es sacrificada, como lo es el amor: darnos a nosotros mismos por el bien de los demás.
En su Sermón de la Montaña, Jesús de Nazaret nos exhorta a amar no solo a nuestro prójimo, sino también a nuestros enemigos, a rezar por quienes nos persiguen, a ser misericordiosos como nuestro Dios es misericordioso, a perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros. Jesús se desvivió por acoger a quienes su sociedad consideraba parias.
Ahora bien, reconozco que la unidad, en este sentido amplio y expansivo, es una aspiración, y es mucho por lo que rezar. Es una gran petición a nuestro Dios, digna de lo mejor de lo que somos y de lo que podemos ser. Pero nuestras oraciones no servirán de mucho si actuamos de forma que ahondemos aún más las divisiones entre nosotros. Las Escrituras son muy claras al respecto: Dios nunca se impresiona con las oraciones cuando las acciones no están informadas por ellas. Dios tampoco nos libra de las consecuencias de nuestros actos, que siempre, al final, importan más que las palabras que rezamos.
Los que estamos aquí reunidos en la catedral no somos ingenuos ante las realidades de la política: cuando están en juego el poder, la riqueza y los intereses contrapuestos, cuando las visiones de lo que debería ser Estados Unidos están en conflicto, cuando hay opiniones firmes en todo un espectro de posibilidades y comprensiones marcadamente diferentes de cuál es el curso de acción correcto. Habrá ganadores y perdedores cuando se emitan votos o se tomen decisiones que marquen el rumbo de la política pública y la priorización de los recursos.
Ni que decir tiene que, en una democracia, no todas las esperanzas y sueños particulares de todo el mundo pueden hacerse realidad en una determinada sesión legislativa o en un mandato presidencial, ni siquiera en una generación. Es decir, no todas las plegarias específicas de todo el mundo tendrán la respuesta que desearíamos. Pero para algunos, la pérdida de sus esperanzas y sueños será mucho más que una derrota política: será una pérdida de igualdad y dignidad, y de sus medios de vida.
Teniendo esto en cuenta, ¿es posible la verdadera unidad entre nosotros? ¿Y por qué debería importarnos? Bueno, espero que nos importe. Espero que nos importe porque la cultura del desprecio que se ha normalizado en este país amenaza con destruirnos. Todos somos bombardeados a diario con mensajes de lo que los sociólogos llaman ahora el “complejo industrial de la indignación”, algunos de ellos impulsados por fuerzas externas cuyos intereses se ven favorecidos por un Estados Unidos polarizado. El desprecio alimenta las campañas políticas y las redes sociales, y muchos se benefician de ello, pero es una forma preocupante y peligrosa de dirigir un país.
Soy una persona de fe, rodeada de personas de fe, y con la ayuda de Dios, creo que la unidad en este país es posible —no perfectamente, porque somos personas imperfectas y una unión imperfecta—, pero sí lo suficiente como para que todos sigamos creyendo en los ideales de los Estados Unidos de América y trabajando para hacerlos realidad. Ideales expresados en la Declaración de Independencia, con su afirmación de la igualdad y la dignidad humanas innatas. Y tenemos razón al pedir la ayuda de Dios en nuestra búsqueda de la unidad, porque necesitamos la ayuda de Dios, pero solo si nosotros mismos estamos dispuestos a cuidar los cimientos de los que depende la unidad. Al igual que la analogía de Jesús de construir una casa de fe sobre la roca de sus enseñanzas, en contraposición a construir una casa sobre arena, los cimientos que necesitamos para la unidad deben ser lo suficientemente sólidos como para resistir las muchas tormentas que la amenazan.
¿Cuáles son los fundamentos de la unidad? Basándome en nuestras tradiciones y textos sagrados, permítanme sugerir que hay al menos tres. El primer fundamento de la unidad es honrar la dignidad inherente a todo ser humano, que, como afirman todas las religiones aquí representadas, es el derecho de nacimiento de todas las personas como hijos de nuestro único Dios. En el discurso público, honrar la dignidad de los demás significa negarse a burlarse, descartar o demonizar a aquellos con los que discrepamos, optando en su lugar por debatir respetuosamente nuestras diferencias y, siempre que sea posible, buscar un terreno común. Y cuando el terreno común no es posible, la dignidad exige que nos mantengamos fieles a nuestras convicciones sin despreciar a quienes tienen convicciones propias.
El segundo fundamento de la unidad es la honestidad, tanto en las conversaciones privadas como en el discurso público. Si no estamos dispuestos a ser sinceros, no sirve de nada rezar por la unidad, porque nuestras acciones van en contra de las propias oraciones. Puede que, durante un tiempo, experimentemos un falso sentimiento de unidad entre algunos, pero no la unidad más sólida y amplia que necesitamos para abordar los retos a los que nos enfrentamos. Ahora bien, para ser justos, no siempre sabemos dónde está la verdad, y ahora hay muchas cosas que van en contra de la verdad. Pero cuando sabemos lo que es cierto, nos corresponde decir la verdad, incluso cuando, especialmente cuando, nos cuesta.
El tercer y último fundamento de la unidad que mencionaré hoy es la humildad, que todos necesitamos porque todos somos seres humanos falibles. Cometemos errores, decimos y hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, tenemos nuestros puntos ciegos y nuestros prejuicios, y quizá seamos más peligrosos para nosotros mismos y para los demás cuando estamos convencidos sin lugar a dudas de que tenemos toda la razón y de que los demás están totalmente equivocados. Porque entonces estamos a un paso de etiquetarnos como las buenas personas frente a las malas. Y la verdad es que todos somos personas: ambos somos capaces de lo bueno y de lo malo. Como observó astutamente Alexander Solzhenitsyn: “La línea que separa el bien del mal no pasa a través de los Estados, ni entre las clases, ni entre los partidos políticos, sino justo a través de cada corazón humano, a través de todos los corazones humanos”.
Y cuanto más nos demos cuenta de ello, más espacio tendremos en nuestro interior para la humildad y la apertura mutua por encima de nuestras diferencias. Porque, de hecho, nos parecemos más de lo que creemos y nos necesitamos.
Es relativamente fácil rezar por la unidad en ocasiones de gran solemnidad. Es mucho más difícil de conseguir cuando nos enfrentamos a diferencias reales en nuestra vida privada y en el ámbito público. Pero sin unidad, estamos construyendo la casa de nuestra nación sobre arena. Y con un compromiso con la unidad que incorpore la diversidad y trascienda el desacuerdo, y con los sólidos cimientos de dignidad, honestidad y humildad que esa unidad requiere, podemos hacer nuestra parte, en nuestro tiempo, para hacer realidad los ideales y el sueño de América.
Permítanme un último ruego. Señor Presidente, millones de personas han depositado su confianza en usted y, como dijo ayer a la nación, ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso. En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gays, lesbianas y transexuales en familias demócratas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas. Y las personas que recogen nuestras cosechas, limpian nuestros edificios de oficinas, trabajan en granjas avícolas y plantas de envasado de carne, lavan los platos después de comer en los restaurantes y trabajan en los turnos de noche en los hospitales: puede que no sean ciudadanos o no tengan la documentación adecuada, pero la gran mayoría de los inmigrantes no son delincuentes. Pagan impuestos y son buenos vecinos. Son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas, viharas y templos.
Le pido que tenga piedad, Señor Presidente, de aquellos en nuestras comunidades cuyos hijos temen que sus padres sean llevados, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí. Nuestro Dios nos enseña que debemos ser misericordiosos con el extranjero, porque todos fuimos extranjeros en esta tierra.
Que Dios nos conceda la fuerza y el valor para honrar la dignidad de todo ser humano, para decirnos la verdad unos a otros con amor, y para caminar humildemente unos con otros y con nuestro Dios por el bien de todas las personas de esta nación y del mundo.
Comentarios desactivados en La obispa episcopaliana Mariann Edgar Budde Pide a Trump “Misericordia con los transgénero y los migrantes”
El presidente de EEUU, Donald Trump, había iniciado este martes su primer día en el poder con un servicio interreligioso en la Catedral Nacional de Washington, un evento que marca el cierre de los actos de su investidura.
Trump, -cuyo padre era de origen alemán y cuya madre era inmigrante, nacida en Tong, islas Hébridas (Reino Unido), emigró a los Estados Unidos en 1930 y obtuvo la nacionalidad en 1942-, asistió a la ceremonia junto a la primera dama, Melania Trump, nacida en Novo Mesto (Eslovenia). Desde la primera fila, ambos escucharon en silencio y con gesto solemne los rezos, las melodías del órgano y los cantos, incluido un ‘Ave María‘. A su lado estaban el vicepresidente, JD Vance y su esposa, Usha Chilukuri, cuyos padres fueron emigrantes indios.
La reverenda Mariann Budde, obispa episcopal de Washington, D.C., imploró en el oficio al recién investido presidente Donald Trump «que tenga misericordia» de las comunidades de todo el país «que ahora están asustadas» después de su elección. “Misericordia” con “los gais, lesbianas y niños transgénero”. Y, añadió: “Y con los que recogen nuestras cosechas y limpian nuestras oficinas; los que lavan nuestros platos en un restaurante o los que hacen los turnos de noche en los hospitales” recordó Budde, ante la incómoda mirada de Vance, que en un momento buscó a Trump.
Los comentarios de Budde se producen después de que Trump firmara órdenes ejecutivas el lunes por la noche para declarar una emergencia nacional en la frontera entre Estados Unidos y México e impulsara el fin del uso de una aplicación que permitía a los migrantes que buscaban asilo solicitar citas con funcionarios fronterizos estadounidenses.
«Permítame una última súplica, señor presidente. Millones han puesto su confianza en usted. Y como dijo ayer a la Nación, usted ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso. En nombre de nuestro Dios, le pido que tenga misericordia con la gente que está asustada en nuestro país: gays, lesbianas y niños y niñas transgéneros en familias demócratas, republicanas e independientes.
Algunas de ellas temen por sus vidas. Y misericordia con la gente, la gente que recoge nuestros cultivos y limpia nuestros edificios de oficinas, que trabajan en las granjas de pollos y en las plantas de envasados de carne, que limpian los platos después de que comamos en los restaurantes y que trabajan en los turnos de noche en los hospitales.
Puede que no sean ciudadanos que tengan la documentación adecuada, pero la vasta mayoría de inmigrantes no son delincuentes: pagan impuestos y son buenos vecinos, son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas, gurdwaras o templos»
«Le pido tener compasión, señor presidente, con quienes en nuestras comunidades que tienen miedo de que se lleven a sus padres, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y que sean bienvenidos aquí. Nuestro Señor nos enseña que tenemos que ser misericordiosos con los extranjeros, pues todos nosotros fuimos extranjeros en esta tierra.
Que Dios nos garantice la fuerza y la valentía para honrar la dignidad de todos los seres vivos, decir la verdad los unos a los otros en amor, y caminar humildemente los unos con los otros y con nuestro Dios. Por el bien de toda la gente de esta nación y del mundo«
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Bishop Mariann Edgar Budde: «The vast majority of immigrants are not criminals. They pay taxes and are good neighbors…may I ask you to have mercy Mr. President on those in our communities whose children fear that their parents will be taken away.» pic.twitter.com/iXaHJrPsof
Este tipo de servicio es una tradición desde 1993, cuando el nuevo presidente asiste a una ceremonia de oración la mañana siguiente a su toma de posesión.
En el primer video, el fragmento con subtítulos en español y en el segundo, el servicio entero en inglés:
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Donald Trump se enfurece con la obispo que le cantó las verdades durante el servicio de oración
Exigió una disculpa porque ella le pidió que mostrara “misericordia” con las personas LGBTQ+ y los inmigrantes. Durante su discurso, Trump parecía visiblemente incómodo.
El presidente Donald Trump está furioso con la obispo episcopal Mariann Edgar Budde, quien lo instó públicamente a tener “misericordia” con las personas LGBTQ+ y los inmigrantes en un servicio de oración por su toma de posesión. En una publicación de Truth Social publicada el miércoles, Trump la llamó “radical de extrema izquierda que odia a Trump” y “desagradable”, un insulto que Trump ha usado a menudo contra las mujeres.
Luego exigió una disculpa.
“La denominada obispo que habló en el Servicio Nacional de Oración el martes por la mañana era un radical de izquierda que odiaba a Trump”, escribió Trump en una publicación en las redes sociales el miércoles por la mañana. “Ella llevó a su iglesia al mundo de la política de una manera muy descortés. Tenía un tono desagradable y no era convincente ni inteligente”.
Trump escribió que Budde no mencionó “la gran cantidad de inmigrantes ilegales que llegaron a nuestro país y mataron gente” y que “fueron sacados de cárceles e instituciones mentales” y que ahora están participando en una “ola gigante de criminalidad” en Estados Unidos. .
“Aparte de sus declaraciones inapropiadas, el servicio fue muy aburrido y poco inspirador”, añadió Trump. “¡Ella no es muy buena en su trabajo! ¡Ella y su iglesia le deben una disculpa al público!”
Trump no fue el único republicano que criticó a Budde. En una publicación del martes por la tarde, el representante El representante Mike Collins (R-GA) también ha pedido en su cuenta de X que Budde sea deportada a pesar de que es ciudadana estadounidense nacida en Nueva Jersey. Collins escribió sobre Budde: “La persona que da este sermón debería ser agregada a la lista de deportación”.
Budde, de 65 años, es la primera mujer en servir como líder espiritual de la Diócesis Episcopal de Washington, DC.
En una entrevista telefónica, lal obispo Budde dijo que “no necesariamente estaba criticando al presidente”, pero hizo su petición “debido al miedo” que había visto en las comunidades inmigrantes y LGBTQ+ de Washington. Quería que Trump “sea consciente de las personas que tienen miedo”, dijo a The New York Times.
“Quería decir: el país os ha sido confiado”, añadió. “Y una de las cualidades de un líder es la misericordia”.
Budde también criticó airadamente a Trump en 2020 en un artículo de opinión en el New York Times, escribiendo que estaba “indignada” y “horrorizada” por el uso de una Biblia por parte de Trump para una fotografía frente a la Iglesia de St. John después de que los agentes usaron gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes por la justicia racial en la cercana Plaza Lafayette. Escribió que Trump había “usado símbolos sagrados” para “revestirse de autoridad espiritual” mientras “adoptaba posiciones antitéticas a la Biblia”.
Ahora viene el “rechinar de dientes”… Después de haber apoyado, salvo honrosas excepciones, su reelección, la USCCB trabajará «en desacuerdo» con la nueva Administración
La USCCB recalcó que «la enseñanza fundacional de la Iglesia católica nos llama a defender el carácter sagrado de la vida humana y la dignidad de la persona humana dada por Dios»
El Episcopado anuncia que «trabajará con la Administración Trump, así como con el Congreso de los Estados Unidos para avanzar en el bien común para todos, que incluirá instancias de acuerdo, así como de desacuerdo«
La ‘nueva política‘ de Donald Trump contra los inmigrantes, que prevé una gran redada, la mayor de la historia de EEUU contra los extranjeros que hayan entrado ilegalmente en el país, de la que no se librarán escuelas, hospitales y iglesias, será contestada por la Iglesia católica estadounidense,aunque por el momento se ha buscado una estrategia de no confrontación directa, y de espera ante los acontecimientos.
Pese a ello, y teniendo en cuenta las declaraciones del cardenal Cupich, anunciando que se opondría a las deportaciones en masa, ya anunciadas por Trump, la Conferencia Episcopal del país, a través de su portavoz, Chieko Noguchi, anunció que «revisará cuidadosamente» las órdenes ejecutivas firmadas por el nuevo presidente
During significant moments in our nation’s history, like the inauguration of a President, the Church joins in prayer for our civic leaders and the well-being of all. May our prayers bring peace, wisdom, and guidance. pic.twitter.com/0YWhNZjyFU
Así, la USCCB recalcó que «la enseñanza fundacional de la Iglesia católica nos llama a defender el carácter sagrado de la vida humana y la dignidad de la persona humana dada por Dios».
Esto significa que «el cuidado de los inmigrantes, los refugiados y los pobreses parte de la misma enseñanza de la Iglesia que nos exige proteger a los más vulnerables entre nosotros, especialmente a los niños no nacidos, los ancianos y los enfermos«, recalca el episcopado norteamericano, que anuncia que «trabajará con la Administración Trump, así como con el Congreso de los Estados Unidos para avanzar en el bien común para todos, que incluirá instancias de acuerdo, así como de desacuerdo«.
El presidente lanza la mayor campaña de deportaciones de la historia del país
El texto asegura, sin citar pruebas o ejemplos, que hay «criminales» que se «esconden en las escuelas y las iglesias» de EE.UU. para evadir los arrestos
La decisión llega un día después de que Trump asumiera el poder y enfatizara que cumplirá con su promesa de campaña de llevar a cabo la mayor campaña de deportaciones de migrantes en la historia de EE.UU.
El Gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio vía libre este martes a las redadas de migración en lugares previamente considerados «protegidos» como escuelas, iglesias y hospitales. Agentes de inmigración se disponen a comenzar ya las redadas para buscar a personas indocumentadas. Trabajadores humanitarios informan de la presencia de militares en la frontera con México. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés) revocó una directriz de la Administración de Joe Biden que instruía a las autoridades migratorias a evitar redadas en estos lugares o cerca a ellos.
En medio de la amenaza de redadas alrededor del país, el secretario interino de Seguridad Nacional, Benjamine Huffman, ha anunciado este martes que se permitirán redadas dentro de las escuelas e iglesias, así como en sus alrededores. La administración de Joe Biden había establecido que el ICE –U.S. Immigration and Customs Enforcement, los agentes anti migración– tenía restringida su actuación en estas áreas, consideradas “sensibles”.
Además, el texto asegura, sin citar pruebas o ejemplos, que hay «criminales» que se «esconden en las escuelas y las iglesias» de EE.UU. para evadir los arrestos. El Gobierno alega que la decisión de este martes «empodera» a los agentes de migración a «seguir las leyes» y capturar a los que llaman «criminales extranjeros», según indicó un portavoz del DHS en un comunicado. “Los criminales ya no podrán esconderse en las escuelas e iglesias de América para evitar ser arrestados. La administración Trump no atará las manos de nuestros valientes agentes de la ley, sino que confía en su sentido común”, dice el comunicado publicado por el Departamento de Seguridad Nacional.
Las redadas, clave para las promesas migratorias de Trump
La decisión llega un día después de que Trump asumiera el poder y enfatizara que cumplirá con su promesa de campaña de llevar a cabo la mayor campaña de deportaciones de migrantes en la historia de EE.UU.
La directriz que fue revocada fue emitida por el Gobierno de Biden en 2021 y prohibía a los agentes de migración llevar a cabo arrestos o redadas en algunos lugares sin aprobación de un superior.
Entre los «sitios protegidos» se incluía tanto los centros educativos, como de salud, lugares de culto, albergues para víctimas de violencia doméstica, funerales, manifestaciones o centros de ayuda tras un desastre natural.
La idea de la medida, según el memorando de 2021, era evitar que las personas extranjeras se mostraran reacias a asistir a lugares donde se ofrezcan servicios esenciales.
«Podemos cumplir con nuestra misión sin negar o limitar el acceso de los individuos a la comida, el albergue o la fe», señala ese documento.
Las escuelas e iglesias son dos pilares fundamentales y puntos de encuentro dentro de la comunidad latina y migrante. Para muchos migrantes, la iglesia es un lugar de reunión con otras personas migrantes y un espacio desde el cual construir redes de apoyo. Algunas iglesias también brindan ayuda proporcionando comida y ropa a personas migrantes y en situación de vulnerabilidad. Ahora, la administración Trump ha convertido uno de los pocos espacios seguros para la comunidad migrante en un lugar a evitar.
“Quieren meter miedo y que la gente se quede en casa”, explica Abel Núñez, director de Carecen, una organización que trabaja con la comunidad latina y migrante en Washington DC. Núñez señalaba, poco antes de que se hiciera público el anuncio, que tenía miedo de que muchas familias migrantes dejaran de llevar a los niños a la escuela porque la salida de los centros educativos es un lugar donde los agentes de inmigración pueden realizar detenciones con facilidad. Ahora, con el anuncio de redadas incluso dentro de los colegios, la situación se recrudece y la sensación de cercamiento hacia las personas migrantes aumenta.
Este martes por la mañana, organizaciones humanitarias que trabajan en la frontera de Arizona contaban que habían detectado presencia de militares en la frontera con Nogales. El Universal publicaba un vídeo del lado mexicano de la frontera, en el que las autoridades ya habían habilitado la instalación de la Unidad Deportiva Estrellas Nogales, donde se recibirán a los mexicanos deportados de EEUU.
El nuevo director del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, Thomas Homan, había anunciado que este martes empezaban las redadas contra los migrantes indocumentados. El “zar de la frontera” ha explicado que desplegará efectivos del ICE por todo el país para arrestar y deportar a personas sin papeles. Aunque no se ha informado de en qué lugares serán las redadas, la semana pasada ya se habló de Chicago. La cadena estadounidense NBC también publicó la semana pasada que se esperaban redadas de este tipo en Washington.
Las organizaciones que apoyan a los migrantes llevan semanas repartiendo carteles por la ciudad, explicando cómo reaccionar si el ICE se persona en sus hogares y cuáles son sus derechos. Julia, voluntaria de Carece, una organización que trabaja para apoyar a los latinos en la ciudad, explica que muchas familias llevan días preparándose para quedarse en casa ante el miedo a posibles detenciones en las calles.
El Congreso ultima una ley clave para deportaciones
El Congreso de Estados Unidos está ultimando un proyecto de ley para facilitar la deportación de migrantes indocumentados que hayan sido acusados de delitos menores. El texto es una salva por parte de la mayoría republicana a la recién inaugurada Administración de Donald Trump y, de convertirse en ley, puede ser clave pare llevar a cabo las deportaciones masivas que prometió el nuevo presidente.
El documento, bautizado como Laken Riley Act, solo necesita pasar una última votación en la Cámara de los Representantes –que podría tener lugar esta misma semana– para que acabe en la mesa del Despacho Oval y que Trump la firme, convirtiéndola en ley.
El texto empezó a tramitarse a principios de mes con el objetivo de preparar el terreno para cuando el republicano jurara el cargo este 20 de enero.
La ley obligaría al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a detener a aquellos migrantes indocumentados acusados de delitos menores, como pequeños hurtos o robos en un supermercado. Actualmente, el DHS solo detiene a los migrantes sin papeles que han sido acusados de delitos graves como violación, violencia doméstica, asesinato y crímenes relacionados con drogas.
En la última votación en la Cámara Alta, además, se amplió el abanico de delitos con las enmiendas de dos senadores para que la ley incluya también a los migrantes indocumentados que hayan sido acusados de agredir a un oficial de Policía y de causar la muerte o lesiones corporales graves a una persona.
“Esta ley puede ampliar el número de personas que caen dentro de la detención obligatoria y puede ser empleada para perseguir a las personas simplemente por ser inmigrantes o latinos. Supone una amenaza muy grave”, expone aelDiario.es Setareh Ghandehari, abogada de Detention Watch Network, una organización que trabaja con los migrantes detenidos y en contra de las detenciones raciales.
Ghandehari advierte que la Laken Riley Act incentivará las detenciones por raza, poniendo especialmente el foco en la comunidad latina, y que la norma puede ser utilizada para agilizar las deportaciones. “Actualmente, ya hay agencias locales que han adoptado posturas antiinmigrantes y utilizan sus sistemas de detención para canalizar a personas hacia el sistema de inmigración y, eventualmente, deportarlas”.
Un ejemplo de estas prácticas –que, según Ghandehari, ya existen– son los controles de tráfico en las carreteras. “En muchas partes del país, los inmigrantes son el blanco en los controles de carreteras. Se les para más, con la excusa de que van con exceso de velocidad o cualquier cosa, con la intención de averiguar si esa persona tiene papeles. Son identificaciones por perfil racial que con esta ley no solo se incitarán, sino que incluso se legitimarán”, denuncia la abogada.
La American Civil Liberties Union (ACLU) advertía en una carta a los senadores que incluso los individuos que hace años cometieron este tipo de delitos menores podrían ser objeto de detención obligatoria, “especialmente, bajo una administración antiinmigrante con la intención de realizar deportaciones masivas”, señalaba el texto en referencia al Gobierno Trump.
Al establecer la obligatoridad de arresto por un delito menor, los inmigrantes indocumentados puede ser internados en un centro de detención o prisión simplemente por una acusación, sin siquiera haber sido juzgados o condenados en firme. El ACLU señala que la ley exigiría el encarcelamiento para la persona migrante, incluso “cuando un juez de inmigración determine que no representa una amenaza para la comunidad ni hay riesgo de fuga”.
Una vez que estas personas acaben en centros de detención o prisión, es mucho más fácil empezar con el proceso de deportación. El marco de esta nueva ley, como advierte Ghandehari y la ACLU, facilitaría mucho el trabajo de las agencias de inmigración a la hora de llevar a cabo las deportaciones masivas que prometió Trump.
La aprobación de la ley resultaría un complemento perfecto a la montaña de órdenes ejecutivas que firmó el presidente en su primer día, declarando la “emergencia nacional” en la frontera sur y revocando el derecho a la ciudadanía por haber nacido en suelo americano.
La mayoría republicana en el Congreso garantiza que la ley sea aprobada en la última ronda de votación. Aunque también ha contado con el apoyo de congresistas demócratas. En el Senado, uno de los votos favorables fue el del senador demócrata por Arizona, Rubén Gallego.
Comentarios desactivados en Las cenizas de Matthew Shepard, acogidas en la cripta de la Catedral Nacional de Washington 20 años después de su brutal asesinato
¡Qué diferencia con la actitud de la Iglesia Católica…
Como ya anunciábamos hace unos días, las cenizas de Matthew Sephard ya reposan en la cripta de la Catedral Nacional de Washington, junto a numerosas personalidades civiles y religiosas de ese país, entre ellas el 28º presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson. El acto de acogida de sus cenizas se acompañó este viernes de una ceremonia de homenaje al joven de Wyoming cuyo asesinato en 1998 marcó un antes y un después en la percepción social de los crímenes de odio contra los homosexuales en Estados Unidos.
La ceremonia fue presidida por Mariann Edgar Budde, obispa episcopaliana de Washington, y por Gene Robinson, el que fuera primer obispo abiertamente gay de la Iglesia episcopaliana, hoy retirado. Tanto durante sus años como obispo de New Hampshire como tras su retirada ha sido un defensor prominente de los derechos de las personas LGTB. Entre otras acciones, ha participado en el proyecto It Gets Better para prevenir el suicidio de los adolescentes no heterosexuales. También ha tenido numerosas intervenciones públicas para defender los derechos de las personas LGTB cristianas, como por ejemplo en el documental For the Bible tells me so, ganador de varios premios en el año 2007.
La familia de Matthew Shepard entra en la Catedral tras elRev. V. Gene Robinson que porta sus cenizas y la obispa Mariann Edgar Budde.
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Dennis y Judy Shepard con su hijo Shepard, izda, y el Rev. V. Gene Robinson que porta las cenizas de Matthew Sephard
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“Creo que es un lugar perfecto y apropiado“, explicaba el padre de Matthew, Dennis Shepard, al New York Times, “Como familia, estamos felices y aliviados al saber que Matthew tendrá un último hogar, un lugar que a él mismo le habría encantado.”
Y es que Matthew vivió su sexualidad abiertamente, pero también era religioso e incluso fue monaguillo en una parroquia episcopal.
Y precisamente desde la Diócesis Episcopal de Washington se han mostrado felices de acoger los restos de Matthew. “Su muerte fue una herida en nuestra nación“, ha explicado la obispa de la diócesis, Mariann Edgar Budde. “Hacemos nuestra parte para sacar algo de luz de esa oscuridad y sanar a aquellos que han sido tan profundamente heridos, y a veces han sido heridos en nombre de la iglesia“.
“Es un lugar en el que hay una oportunidad real de que otras personas se sienten y reflexionen sobre Matthew, sobre si mismos y sobre sus amigos“, ha explicado el Sr. Shepard, que se muestra feliz de tener por fin un lugar para que tanto la familia como los amigos como cualquier persona pueda visitar a Matthew. Precisamente el mejor amigo de Mattew, Jason Marsden, estuvo presente en la ceremonia de entierro de las cenizas en la catedral. Marsden, que actualmente es el director ejecutivo de la Matthew Shepard Foundation, ha explicado que se trata de “un lugar notable para descansar” y considera que “invita a la conversación sobre la importancia de esta persona y lo que esta persona representa para la historia americana“.
Marsden, además, ha añadido que aunque a Matthew le encantaba su iglesia en Wyoming, seguro que le parecería fantástico ser enterrado en una enorme catedral en la capital del país: “Teniendo en cuenta el sentido de la oportunidad y drama que tenía Matt, le habría parecido tremendamente satisfactorio y muy guay“.
Tras la ceremonia pública, cuya grabación insertamos a continuación, tuvo lugar un servicio privado en la cripta de la Catedral, ya limitado a la familia de Shepard.
Conocida como la «casa nacional de oración», la Catedral Nacional de Washington, un imponente templo neogótico vinculado a la iglesia episcopaliana, es un símbolo religioso de primer orden. En ella se han celebrado por ejemplo los funerales de estado de varios presidentes norteramericanos, como Dwight Eisenhower, Ronald Reagan o Gerald Ford. Ya en 2013 le dedicamos una entrada, cuando sus campanas tañeron durante casi una hora para celebrar la histórica sentencia del Tribunal Supremo que declaró inconstitucional la sección 3 de la DOMA (Defense of Marriage Act), la norma que prohibía a la administración federal estadounidense reconocer los matrimonios entre personas del mismo sexo, principal precedente que llevó dos años después al alto tribunal a permitir el matrimonio gualitario en todo el país.
El 12 de octubre de 1998 Matthew Shepard fue salvajemente asesinado por dos hombres con los que previamente había entablado relación en un bar, Aaron McKinney y Russell Henderson. Tras ganarse su confianza, aceptó marcharse con ellos, que luego lo golpearían brutalmente en un descampado. Después de ensañarse con él, lo dejaron atado a una cerca durante toda la noche. Lo encontraron al día siguiente, aún agonizante, con la cara completamente ensangrentada. Poco pudieron hacer por su vida. La investigación posterior mostró el profundo odio homófobo que alimentaba a sus asesinos, pero también se hizo patente el prejuicio de muchos. Esta homofobia social enseñó su rostro más siniestro en el funeral, cuando un grupo de la iglesia baptista de Westboro se presentó con carteles con la leyenda «Matt Shepard se pudre en el infierno» (las imágenes hablan por sí solas).
Aaron McKinney y Russell Henderson, asesinos de Matthew Shepard
Tampoco han faltado las lecturas negacionistas de su asesinato, a pesar de que el proceso judicial consideró probado el móvil homófobo, que además han alimentado el discurso LGTBfóbico. En un congreso conservador en Estados Unidos, coincidiendo con el 15º aniversario de la muerte de Shepard, la locutora Sandy Rios calificó por ejemplo el asesinato de «fraude total». Afirmó que no se trató de un crimen de odio sino de un «asunto de drogas que fue mal» y aseguró que había sido utilizado por los «activistas gais» como parte de un «plan liberal» para la aceptación de la homosexualidad.
Comentarios desactivados en La Catedral Nacional de Washington acogerá las cenizas de Matthew Shepard
El próximo 26 de octubre las cenizas de Matthew Shepard, el joven gay cuyo asesinato hace 20 años marcó la lucha contra la homofobia en EE.UU., serán enterradas en la Catedral Nacional de Washington.
La familia se ha mostrado feliz al haber encontrado por fin un lugar para que Matthew descanse.
Hace ahora 20 años dos hombres atacaron a Matthew Shepard, un joven gay de 22 años que estudiaba en al Universidad de Wyoming, por el único motivo de ser gay. Le apalearon, le golpearon con una pistola y lo ataron a una valla; dejándole a la intemperie con temperaturas bajo cero para que muriera. Un ciclista lo vio y pensó que era un espantapájaros. Al comprobar que era un ser humano, llamó a los servicios de emergencia; pero Matthew murió en el hospital.
A su funeral acudió muchísima gente. Tanta que las iglesias cercanas al lugar del sepelio tuvieron que acoger a decenas de asistentes. Y entre esos asistentes también hubo gente que no acudió a presentar sus respetos o llorar la pérdida de Matthew. Fueron a protestar contra él. Y no eran otros que los fanáticos de la Iglesia Bautista de Westboro.
Un chico de 22 años, asesinado a sangre fría por ser gay y ni siquiera durante su funeral los homófobos fueron capaces de no ser homófobos. Luego alguno se escandaliza cuando decimos que la homofobia es una enfermedad mental.
Esas protestas hicieron que los padres de Matthew decidieran no enterrar las cenizas de su hijo. Tenían miedo de que el lugar elegido se hiciera público y acabara profanado. Durante años han pensado qué hacer con ellas. Podían esparcirlas en algún monte de Wyoming, pero entonces no tendrían un lugar al que acudir para recordarle y hablar con él.
“Creo que es un lugar perfecto y apropiado“, explica el padre de Matthew, Dennis Shepard, al New York Times, “Como familia, estamos felices y aliviados al saber que Matthew tendrá un último hogar, un lugar que a él mismo le habría encantado.”
Y es que Matthew vivió su sexualidad abiertamente, pero también era religioso e incluso fue monaguillo en una parroquia episcopal.
Y precisamente desde la Diócesis Episcopal de Washington se han mostrado felices de acoger los restos de Matthew. “Su muerte fue una herida en nuestra nación“, ha explicado la obispa de la diócesis, Mariann Edgar Budde. “Hacemos nuestra parte para sacar algo de luz de esa oscuridad y sanar a aquellos que han sido tan profundamente heridos, y a veces han sido heridos en nombre de la iglesia“.
“Es un lugar en el que hay una oportunidad real de que otras personas se sienten y reflexionen sobre Matthew, sobre si mismos y sobre sus amigos“, ha explicado el Sr. Shepard, que se muestra feliz de tener por fin un lugar para que tanto la familia como los amigos como cualquier persona pueda visitar a Matthew. Precisamente el mejor amigo de Mattew, Jason Marsden, estará presente en la ceremonia de entierro de las cenizas en la catedral que tendrá lugar el próximo 26 de octubre. Marsden, que actualmente es el director ejecutivo de la Matthew Shepard Foundation, ha explicado que se trata de “un lugar notable para descansar” y considera que “invita a la conversación sobre la importancia de esta persona y lo que esta persona representa para la historia americana“.
Marsden, además, ha añadido que aunque a Matthew le encantaba su iglesia en Wyoming, seguro que le parecería fantástico ser enterrado en una enorme catedral en la capital del país: “Teniendo en cuenta el sentido de la oportunidad y drama que tenía Matt, le habría parecido tremendamente satisfactorio y muy guay“.
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