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Arkansas e Indiana modifican las leyes que pretendían discriminar a las personas LGTB gracias a la presión social.

Jueves, 9 de abril de 2015

protesta_indianaProtesta en Indiana por la denominada ley ‘antigay’

La intensa reacción social contra la aprobación por el estado de Indiana de una ley que daba carta blanca para discriminar a las personas LGTB aduciendo motivos religiosos, de la que dimos cuenta hace unos días, se ha traducido al final en la aprobación de un añadido de carácter antidiscriminatorio. Algo parecido ha sucedido en Arkansas, otro estado que acaba de aprobar una ley similar, que el gobernador se había negado a sancionar en su versión original. En paralelo, las peticiones de boicot a Indiana están siendo ya retiradas. Sí algo ha puesto de manifiesto lo sucedido, según numerosos observadores, es la absoluta falta de capacidad del Partido Republicano para sumarse al cambio social que está teniendo lugar en Estados Unidos en materia LGTB.

Ante las fuertes críticas, legisladores de ambos estados aprobaron cambios que prohíben usar motivos religiosos para negar servicios con base en raza, color, religión, edad, nacionalidad, discapacidad, género u orientación sexual. Legisladores en Arkansas e Indiana aprobaron el jueves iniciativas de ley que esperan acallará el alboroto nacional sobre nuevas leyes de objeciones religiosas que opositores afirman están diseñadas para ofrecer una defensa jurídica a la discriminación de homosexuales.

Lo comentábamos en nuestra anterior entrada dedicada a Indiana. “Arreglen esto ya”, era la petición que ocupaba hace justo una semana la portada de Indianapolis Star, el diario local más importante del estado, expresión de la gran inquietud generada ante la reacción social contra la ley y las amenazas de boicot que amenazaban con afectar seriamente la economía del estado, y que de hecho han dejado muy tocada su imagen. El gobernador Mike Pence anunciaba la inmediata aprobación de una norma adicional que clarificaría los límites de la ley e impediría la discriminación en la prestación de servicios a personas por motivos de orientación sexual. Así ha sido.

. La nueva norma, elaborada y aprobada con carácter urgente el pasado jueves, establece que la legislación de protección a la libertad religiosa no permite a ningún proveedor de servicios discriminar a clientes por motivos de raza, color, religión, origen, edad, discapacidad, sexo, orientación sexual o identidad de género. Quedan excluidas, eso sí, las iglesias u organizaciones religiosas, así como los clérigos de las diferentes confesiones en el ejercicio de su actividad ministerial. Mike Pence la firmaba inmediatamente tras ser aprobada. En Indiana, la cámara baja y el Senado aprobaron revisiones a la ley firmada la semana pasada por el gobernador republicano Mike Pence después de una protesta clamorosa por parte de comercios y grupos defensores de los derechos de las personas LGTB. Si Pence aprueba la nueva redacción, será la primera vez que son mencionados en un estatuto estatal la orientación sexual y la identidad de género. La enmienda en Indiana prohíbe a proveedores de servicios utilizar la ley como una defensa jurídica para negarse a proporcionar servicios, artículos, instalaciones o alojamiento. Prohíbe además la discriminación con base en raza, color, religión, abolengo, edad, nacionalidad, discapacidad, género, orientación sexual, identidad de género o servicio militar estadounidense, aunque aún quedan exentas de esta prohibición las Iglesias y escuelas afiliadas, así como a organizaciones religiosas sin fines de lucro.

Brian Bosma, presidente de la Cámara de Representantes, dijo que el acuerdo envía una “muy fuerte declaración” de que el estado no tolerará la discriminación y subrayó que la ley “no puede ser utilizada para discriminar a nadie”.

Líderes empresariales, muchos de los cuales se han opuesto a la ley o han amenazado cancelar sus viajes al estado debido a ella, calificaron la enmienda como un primer paso positivo. Indiana todavía no incluye a la comunidad LGTB como un grupo protegido en su ley sobre derechos civiles, pero Bosma dijo que los legisladores se reunieron con representantes de esta comunidad y opinaron que la enmienda atiende muchas de sus preocupaciones.

El estado de Indiana, entretanto, busca restañar las heridas. Mientras que los promotores de las iniciativas de boicot van retirándolas tras la reforma antidiscriminatoria, las agencias locales de turismo insisten en que todo el mundo “es bienvenido” en Indiana. Numerosos establecimientos, de hecho, han colocado pegatinas en su entrada con la leyenda “este negocio atiende a todo el mundo”, como parte de la campaña Open for Service contra de la discriminación.

A quien no habrá gustado demasiado la marcha atrás de los republicanos de Indiana es a los propietarios de una pizzería de la localidad de Walkerton, que no dudaron en declarar a los medios de comunicación que acogiéndose a la ley, tal y como originalmente fue aprobada, se negarían a servir pizzas a celebraciones de boda entre personas del mismo sexo. Si lo que buscaban era su minuto de fama -servir pizza de encargo en una celebración de boda no parece un servicio habitual, ni siquiera en Indiana- desde luego lo han conseguido, siendo noticia a nivel nacional y movilizando incluso a su favor a miles de homófobos que han recaudado más de 800.000 dólares de ayuda para el negocio…

Sea como sea, hay varias lecciones que podemos extraer de lo sucedido en Indiana. En primer lugar, que los sectores mas reaccionarios no descansan nunca en su lucha por perpetuar la discriminación de las personas LGTB, más allá de la batalla por el matrimonio igualitario. En segundo lugar, que la movilización social sigue siendo un instrumento eficaz que no debe dejarse de lado, incluso en contextos políticos en teoría favorables (los homófobos no lo hacen). Por último, no conviene olvidar que sin el posicionamiento de algunas de las más importantes empresas de los Estados Unidos es dudoso que se hubiera ganado esta batalla: parece claro que el movimiento LGTB debe mantener viva su capacidad de generar sinergias a todos los niveles.

Algo parecido -aunque no exactamente igual- sucedía en Arkansas, donde el gobernador Asa Hutchinson ni siquiera había firmado la primera versión de la ley a la espera de que fuese enmendada. Finalmente la legislatura del estado aprobaba una segunda versión que, sin incluir expresamente una normativa antidiscriminatoria, establece claramente que la ley debe ser interpretada en el mismo sentido la legislación federal de protección de la libertad religiosa (que data de 1993) y de acuerdo a la jurisprudencia previa en ese sentido, lo que en la práctica supone que la situación sigue más o menos como hasta ahora. La Cámara de Representantes de Arkansas aprobó por 76-17 una medida de objeciones religiosas modificada después que el gobernador Asa Hutchinson solicitó cambios ante el aumento de críticas de que una ley previa justificaba la discriminación de homosexuales y lesbianas. Hutchinson firmó la ley sólo momentos después de la votación. Dijo que la nueva versión reconoce que “tenemos una fuerza laboral diversa y una cultura diversa”.

En definitiva, dos derrotas significativas para los grupos homófobos, siendo especialmente dolorosa para ellos la de Indiana, donde el resultado final ha sido precisamente el opuesto al inicialmente deseado: la aprobación de una normativa expresamente antidiscriminatoria con mención a la orientación sexual y a la identidad de género.

Dos derrotas, por otra parte, que han supuesto cierta convulsión interna en el Partido Republicano, obligado a ceder ante la presión social en dos estados cuyas legislaturas controla con cómodas mayorías absolutas. Especialmente significativo resulta el contraste entre los posicionamientos favorables a la redacción inicial de la ley de Indiana por parte de los políticos republicanos en activo, sujetos a la influencia de las bases más conservadoras del partido (como el candidato presidencial Ted Cruz, abiertamente homófobo, y el también más que probable candidato Jeb Bush) frente a las críticas de otros políticos republicanos que ya no tienen nada que perder, como es el caso del exgobernador de California, Arnold Schwarzenegger, que considera que su partido tiene mucho “que aprender” de lo sucedido.

“Si el Partido Republicano quiere que la próxima generación de votantes escuchen nuestras ideas y soluciones a los problemas reales, tenemos que ser un partido abierto e inclusivo, no un partido de divisiones. Tenemos que ser el partido del gobierno limitado, no el partido que legisla sobre el amor. Tenemos que ser el partido que se posiciona a favor de la igualdad y contra cualquier forma de discriminación. Tenemos que ser el partido que en su momento atrajo a este inmigrante austriaco”, ha declarado Schwarzenegger.

 

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“Arreglen esto ya”… La reacción social contra la ley homófoba de Indiana fuerza al gobernador a anunciar cambios inminentes

Jueves, 2 de abril de 2015

635633567670670959-G9DACF488.1“Arreglen esto ya”. Era el titular que ocupaba el martes la portada de Indianapolis Star, el diario local más importante del estado. Un ruego a los legisladores de Indiana para que pongan remedio a la situación abierta por la aprobación de una ley que da carta blanca para discriminar a las personas LGTB argumentando motivos religiosos. Y es que la reacción social ha sido tal que el gobernador Mike Pence, que hace pocos días sancionaba la ley rodeado de líderes religiosos, algunos de ellos virulentamente homófobos, ha anunciado ya su retoque. La tormenta ha llegado también a Arkansas, otro estado cuya legislatura acaba de aprobar una ley muy similar, y donde el gobernador se niega ahora a sancionarla hasta que no quede claro que no podrá usarse para discriminar a las personas homosexuales.

El editorial de Indianapolis Star no era otra cosa que la expresión de la gran inquietud que ha cundido en Indiana ante la inesperada (para muchos) reacción contra la ley. Como comentamos hace pocos días, ya en el mismo momento de aprobarse comenzaron a desatarse las alarmas: la llamada al boicot al estado de Indiana, que el actor George Takei (Star Trek) impulsaba en Twitter con el hashtag #BoycottIndiana, se convertía casi inmediatamente en Trending Topic. Marc Benioff, presidente de la tecnológica Salesforce, anunciaba la cancelación de aquellos programas que supusieran a sus trabajadores la necesidad de viajar a Indiana. Gen Con, una de las principales convenciones mundiales de juegos (juegos de rol, cartas, estrategia, etc.), y que el año pasado atraía a casi 60.000 visitantes a Indianápolis, avisaba por carta a Pence de que se estaba planteando marcharse del estado. Otros líderes empresariales, sin llegar a amenazar directamente con el boicot, expresaban su contrariedad en Twitter. Era el caso de Max Levchin, fundador de compañías como Affirm, HVF, Slide o PayPal, o del presidente de Apple, Tim Cook.

Precisamente fue la actitud de Cook la que acabó de precipitar la situación. El presidente de Apple no se limitó a su tuit inicial, sino que el domingo 29 de marzo publicó un artículo de opinión en The Washington Post en el que alertaba de los peligros que este tipo de leyes suponen al abrir la puerta a la discriminación. El artículo no descubría nada nuevo, pero el hecho de que su autor sea el presidente de una de las marcas más influyentes del mundo -quizá la que más en este momento- hizo que diera la vuelta al mundo. “Tim Cook se pasa al activismo y alerta del ‘peligro’ de las nuevas leyes contra los gays en EEUU”, llegaba a titular El Mundo, ejemplo de un medio español que hasta entonces no se había hecho eco de lo sucedido. El final del artículo de Cook marcaba además el rumbo a seguir. “Esto no es una cuestión política. No es una cuestión religiosa. Se trata de como los seres humanos nos tratamos entre nosotros. Oponerse a la discriminación supone valor, pero cuando las vidas y la dignidad de tantas personas están en juego, es la hora de que todos seamos valientes”, finalizaba el texto.

Llegados a este punto, los anuncios de boicot y cancelaciones de viajes y actos se precipitaban uno tras otro: EMC, Cloudera, Amazon, el sindicato AFSCME (el más importante sindicato de empleados públicos del país), la Mid-American Conference (subdivisión regional del deporte universitario), etc. Diferentes organismos públicos anunciaban también que no financiarían desplazamientos a Indiana, entre ellos las ciudades de Denver, Oakland, San Diego, San Francisco, Seattle o Washington D.C. (la capital federal) y los estados de Oregón y Vermont. La preocupación cundía y la presión sobre los legisladores republicanos que han promovido la ley aumentaba. Finalmente, el gobernador Mike Pence anunciaba el martes la inmediata aprobación de una legislación adicional que clarificará los límites de la ley e impedirá, supuestamente, la discriminación en la prestación de servicios a personas por motivos de orientación sexual. Pence aseguraba que la intención de la ley no había sido la de “crear un permiso para discriminar” pero aceptaba que así se había interpretado, “no solo aquí en Indiana sino en todo el país, y tenemos que afrontarlo”.

Y en Arkansas el gobernador exige retoques antes de sancionarla

Pero el “efecto Indiana” se ha hecho ya sentir también Arkansas, otro estado cuya legislatura, también bajo control republicano, acaba de dar su visto bueno a una ley similar. Y si hace solo unos días el gobernador Asa Hutchinson se mostraba dispuesto a refrendarla tal cual había sido aprobada, ahora exige que se modifique para incluir garantías antidiscriminatorias. “Lo que es importante desde la perspectiva de Arkansas es alcanzar un correcto equilibrio. Y en segundo lugar, trasladar la idea de que este no es un estado que no reconoce la diversidad en los lugares de trabajo, en la economía y en nuestro futuro”, declaraba en una conferencia de prensa en la que anunciaba su nueva posición.

En definitiva, y a la espera de conocer ambas modificaciones legislativas, a los sectores homófobos que han impulsado estas leyes puede haberles salido mal la jugada, consiguiendo como resultado final la implementación de una normativa antidiscriminatoria que antes no existía con carácter estatal ni en Indiana ni en Arkansas.

Seguiremos atentos a lo que suceda, que más allá de las fronteras de estos dos estados será un buen indicador de la fuerza de las posiciones homófobas en los Estados Unidos, a punto de perder la batalla del matrimonio igualitario a nivel federal pero empeñadas en trasladar la batalla al ámbito local.

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