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Para vivir con sabiduría.

domingo, 29 de enero de 2023
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8606D652-4804-4258-9421-97693DFE486CIV Domingo del Tiempo Ordinario

29 enero 2023

Mt 5, 1-12

Si en el evangelio de Lucas (6,20-23) las bienaventuranzas se referían a situaciones -de pobreza, de hambre, de llanto-, Mateo las transforma en actitudes, es decir, en opciones sabias que garantizan vivir con acierto y sentido.

En concreto, cada una de las ocho bienaventuranzas recogidas en este evangelio aborda y responde a un cuestionamiento humano fundamental: seguridad, dolor, fuerza, deseos, amor, paz, coherencia, fidelidad. Siguiendo el orden de las mismas, podrían enumerarse, de modo sintético, tanto los cuestionamientos como las respuestas que proponen:

      ¿Dónde pones tu seguridad? Serás feliz cuando comprendas que no eres el yo; cuando no te identifiques ni te reduzcas a él.

2ª      ¿Qué haces con el dolor, el tuyo y el de los demás? Serás feliz cuando te reconcilies con la realidad del dolor y lo vivas con sabiduría.

      ¿Dónde sitúas la fuerza? Serás feliz cuando no pretendas controlar todo.

      ¿Qué haces con los deseos? Serás feliz cuando te liberes del apego.

      ¿Para qué vives? ¿Para el amor o para tu propio gusto y tu propia imagen? Serás feliz cuando vivas el amor y la entrega.

      ¿Dónde encuentras la paz?, ¿cómo la construyes? Serás feliz cuando encuentres en ti el lugar de la paz.

      ¿Eres coherente con tu vida?, ¿eres una persona íntegra? Serás feliz cuando vivas en transparencia.

      ¿Qué guía tu vida: la fidelidad o la conveniencia? Serás feliz cuando seas fiel a ti mismo/a.

Es significativa la convergencia de las personas sabias a la hora de formular sus propuestas. Hasta el punto de llegar a utilizar las mismas palabras. No es extraño: toda propuesta sabia nace de la comprensión. No de un mero “entender” mental o conceptual, sino del “comprender” experiencial o vivencial que nace del silencio de la mente y, gracias a él, del saboreo de lo que somos.

Solo la comprensión puede orientar nuestra vida. Por cierto, el término “orientar” significa guiar hacia oriente, hacia el este, es decir, al lugar de la luz. Por eso es el camino que nos permite “volver a casa”.

¿Cuáles son las claves que orientan mi vida?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Bienaventurados o dionisíacos.? La bondad genera serena felicidad .

domingo, 29 de enero de 2023
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230DF2AC-27C6-4BB1-A732-DB1AEF6DF6E5Del blog de Tomás Muro, la Verdad es libre:

01. – Contexto del texto de las bienaventuranzas.

El evangelio de San Mateo está compuesto para cristianos provenientes del mundo judío, por tanto de cultura y religión de origen judío (Antiguo Testamento). Los cristianos que escuchaban las palabras de este Evangelio conocían perfectamente la ley, el Sinaí, Moisés, el Éxodo, la Alianza etc.

Los judíos consideraban los cinco primeros libros de la Biblia (Pentateuco – Torá) como la ley sagrada de la tradición israelita. Por eso San Mateo compone en su evangelio cinco solemnes discursos, de los cuales el primer discurso está formado por las bienaventuranzas.

De ahí que Mateo sitúe las bienaventuranzas en un monte, en un nuevo Sinaí, con un nuevo legislador, ya no Moisés, sino JesuCristo, y brota un nuevo “decálogo”, que no son leyes, sino Evangelio. [1]

    Las bienaventuranzas son seguramente la enseñanza más genuina de Jesús. En las bienaventuranzas estamos en el centro del pensamiento y en las mismas palabras de Jesús.

02.- Queremos ser felices, pero…

Cuestiones terminológicas y exegéticas aparte, lo primero que Cristo desea para el ser humano es: que seamos felices, dichosos, bienaventurados.

La primera cuestión cristiana no es, pues, religiosa: cumple con los preceptos, ni ética: sé bueno, ni teórico-dogmática: tienes que aceptar este jeroglífico teológico.

La primera cuestión es: sé feliz: bienaventurado.

San Agustín formuló en sus Confesiones aquello de que: no soy sólo yo, ni siquiera unos cuantos los que deseamos ser felices, sino absolutamente todo el mundo. [2]

Todo ser humano quiere –queremos- ser dichosos, felices.

La nostalgia de felicidad ya estaba en el ser humano cuando Dios modeló con sus manos y su aliento vital el barro humano.

Todos queremos ser felices. Es evidente. Y esto lo podemos constatar especialmente cuando pecamos, [3]

03.- Lo que pasa es que no conseguimos ser felices.

    No es lo mismo felicidad que placer.

    Queremos, pero no conseguimos ser felices en la vida.

    Tal vez no conseguimos ser felices porque confundimos felicidad con placer.

    El placer y la felicidad son valiosos en la vida, pero no son lo mismo ni van a la vez.

    Hay momentos y situaciones en la vida en las que se da un gran placer, pero no conllevan ni nos llevan a la beatitud, a la felicidad. No hay que decir muchas palabras para comprender tales situaciones.

    Y hay circunstancias que no suponen placer, pero implican una gran serenidad y felicidad. Cuidar un enfermo, ayudar en un trabajo, afrontar un problema familiar, social, etc. no son situaciones especialmente placenteras, pero conducen a vivir en paz y serenidad.

    El consumismo en el que vivimos, los planes de economía del capitalismo van enfocados al placer, pero no terminan en la felicidad del ser humano

Ahora bien, ¿dónde o cómo lograr ser felices? ¿Hacia dónde dirigimos la mirada y nuestros pasos?

04.- Las Bienaventuranzas suponen una inversión de los valores que manejamos habitualmente en la vida

    También podemos buscar la felicidad en las bienaventuranzas.

    Las bienaventuranzas suponen una inversión de los valores con los que funcionaba la sociedad en tiempos de Jesús y nuestra sociedad.

    JesuCristo entiende que la bienaventuranza está en las personas y modos de vida considerados insignificantes y desgraciados.

Ahora bien la riqueza, el vivir en la injusticia, los comportamientos y violentos, los que odian, los perseguidores pueden vivir en situaciones de placer, pero ahí no está la felicidad.

    Jesús siendo rico, se hizo pobre, se despojó de ser Dios, fue honrado, limpio en la vida, trabajó por la justicia al defender y sanar a los débiles, tuvo misericordia.

    Seremos felices y bienaventurados si somos sencillos, si “jugamos limpio” en nuestras relaciones y tareas de todo tipo; seremos bienaventurados si somos pobres-libres, si trabajamos por la paz también en nuestro pueblo, por la justicia. La felicidad –bienaventurados- está en la bondad, en la misericordia, en la paz, en la honradez.

    Seguramente que muchos tenéis ya esta experiencia. ¿No hemos tenido etapas de escasez, de persecución por causa de la justicia, no ha sufrido el pueblo a causa de la dictadura político – económica o de la persecución eclesiástica?, ¿Muchas veces y muchas personas habéis sido honrados cuando las circunstancias invitaban a no serlo y sin embargo sin embargo seguido las bienaventuranzas y ello –las bienaventuranza- nos ha causado una profunda paz y serenidad interior?

05.- Estrambote eclesial.

    ¿Y si continuáramos soñando con una iglesia de las bienaventuranzas?

Porque nos puede pasar dentro de la Iglesia aquello del refrán: consejos vendo que para mí no tengo. Sería bienaventurado y cristiano vivir en una iglesia de misericordia, donde se juega limpio en todos sus criterios y procedimientos: una iglesia cuya primera visión fuesen los débiles y pobres, una iglesia de bondad y misericordia, donde se jugara limpio en los nombramientos, en las valoraciones de las personas, de las corrientes de pensamiento, una iglesia que trabajara por la paz

Bienaventurados seremos, Señor.

[1] De ahí que durante los dos capítulos siguiente Mateo utilice un “juego literario” y escribe: “se os dijo en el AT … pero yo os digo”

[2] San Agustín, Confesiones X, 21.

[3] La manzana de Adán y Eva no es otra cosa que una nostalgia de felicidad, de ser como dioses.

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Ya no somos extraños: dando la bienvenida a los migrantes LGBTQ+ en la frontera entre EE. UU. y México

lunes, 23 de enero de 2023
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05B9DD96-53E7-441B-A4F3-DC058E995295Hna. Tracey Horan

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Hermana Tracey Horan. Tracey es una Hermana de la Providencia de St. Mary-of-the-Woods, Indiana y es oriunda de Indianápolis, Indiana. Ha trabajado como maestra, organizadora comunitaria y defensora acompañando a comunidades de inmigrantes durante más de una década, y ha escrito sobre temas de justicia para la revista HOPE, Global Sisters Report, Messy Jesus Business y A Matter of Spirit.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

(Nota del editor: algunos nombres en esta publicación se han cambiado por seguridad).

Hace veinte años, los obispos de los EE. UU. y México publicaron conjuntamente la carta pastoral,“Strangers No Longer: Together on the Journey of Hope.” (“Ya no somos extraños: juntos en el camino de la esperanza”). La carta fue un llamado rotundo para la bienvenida y la inclusión de las personas que han emigrado a los EE. UU. «Ya no somos extraños» invitaba a los católicos a considerar el contexto en el que las personas eligen migrar, lo que la enseñanza católica tiene que decir sobre dar la bienvenida al extranjero y cómo los cambios de política podrían facilitar esta bienvenida. En su introducción, “Ya no somos extraños” afirma: “Nos juzgamos a nosotros mismos como comunidad de fe por la forma en que tratamos a los más vulnerables entre nosotros”.

Como Hermana de la Providencia que ha ministrado en la frontera entre EE. UU. y México desde 2019, he tenido el privilegio de ser parte de esta bienvenida, ayudando a los solicitantes de asilo a encontrar refugio en los EE. UU., incluidas las personas LGBTQ+.

Los migrantes LGBTQ+ suelen estar en riesgo tanto en sus países de origen como en el camino hacia una existencia estable, un claro ejemplo de “los más vulnerables entre nosotros”. Un estudio de 2019 encontró que, en promedio, cuatro personas LGBTQ+ fueron asesinadas cada día en América Latina y el Caribe. México también ha visto aumentos recientes en la violencia anti-LGBTQ+. Las recientes políticas contra el asilo bajo las administraciones de Trump y Biden han aumentado estos riesgos, ya que las personas LGBTQ+ que buscan refugio son expulsadas a México o obligadas a esperar allí.

BB0AC022-354D-4282-AD67-48FA3AF9AB6DDonde ministro, estos números se transforman en historias. El año pasado conocí a un haitiano que se escapó de su casa por amenazas de muerte cuando su comunidad descubrió que era gay. Su compañero no tuvo tanta suerte: lo habían asesinado. Durante los primeros días de su estadía en nuestro refugio, este refugiado luchó por dormir ya que estaba plagado de pesadillas e imágenes de lo que había sucedido. También sabía que, como migrante negro gay que no hablaba bien el español, correría el riesgo de ser atacado tan pronto como saliera de nuestro refugio. A pesar de esta realidad, rápidamente conoció a varios miembros del personal de nuestro centro para migrantes, poco a poco se abrió camino hacia la curación y nos envió un texto de celebración una vez que llegó a los EE. UU.

Vicencio y Rafael son una pareja gay que se alojaba en nuestro albergue con su hijo Felipe. Vicencio y Rafael habían trabajado como profesionales antes de enfrentar amenazas en el sur de México. Felipe es un niño vivaz de seis años con una energía aparentemente ilimitada. En el albergue, la familia contribuyó a nuestras operaciones ofreciéndose como voluntaria en el trabajo diario de nuestra sala de primeros auxilios y servicios de alimentación. Un día, Vicencio y Rafael expresaron sus dudas sobre quién podría recibirlos en Estados Unidos, dado que no habían venido a sus familiares aquí. Dudaban que su familia los aceptara si sabían que la pareja era gay.

Antes de intentar emparejar a esta familia con posibles patrocinadores, quería asegurarme de que dicho grupo fuera abierto y afirmador de una familia LGBTQ+. Una coalición particular de apoyo al asilo se había ofrecido como voluntaria para patrocinar a una familia, pero como incluía algunas iglesias católicas, me preocupaba que no aceptara a esta familia en particular. Cuando me comuniqué con el contacto de la coalición, me explicó que serían miembros de su iglesia, una congregación protestante abierta y afirmativa, quienes darían la bienvenida a la familia. Hablamos brevemente sobre honrar el albedrío de la pareja en cuanto a si desean salir del armario a la congregación o no.

Después de colgar, me di cuenta de lo aliviado que estaba de que esta agencia no los conectara con una iglesia católica. Y luego lamenté no poder contar con mi denominación para dar la bienvenida a una pareja gay que necesita patrocinio mientras huyen de las amenazas de muerte. Ciertamente, hay parroquias católicas que estarían a la altura del desafío, pero saber que algunas autoridades de la Iglesia Católica Romana excluyen o condenan públicamente a las personas LGBTQ+ fue suficiente para hacerme pensar.

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Migrantes que viajaron en la caravana centroamericana llegan a la sede de Diversidad Migrante, que usarán como albergue, en Tijuana, México. (Guillermo Arias/AFP/Getty Images)

Dos décadas después de la publicación de “Strangers No Longer”, todavía no hemos estado a la altura de las invitaciones que contiene. En la carta, los obispos declaran:

“Nuestra fe común en Jesucristo nos mueve a buscar caminos que favorezcan un espíritu de solidaridad. Es una fe que trasciende las fronteras y nos invita a superar todas las formas de discriminación y violencia para que podamos construir relaciones justas y amorosas”.

Los inmigrantes queer a menudo se ven atrapados en la discriminación basada tanto en su situación legal en un país como en su identidad LGBTQ+. Estos hermanos nuestros a menudo soportan la doble carga de ser etiquetados como extraños tanto por la Iglesia jerárquica como por los líderes electos del estado. Imagino que esta carga de doble discriminación pesa sobre ambos hombros, como el yugo que el profeta Isaías dice que pesaba sobre los que caminaban en la oscuridad (Is 9,3).

En muchos casos, nuestros vecinos protestantes nos muestran la otra cara del mensaje de Isaías en la primera lectura de hoy. Nos muestran lo que significa brillar una luz en una tierra sombría: elegir una doble bienvenida en lugar de una doble carga cuando recibimos migrantes LGBTQ+ en nuestras comunidades.

Y como nuestro dolor motiva nuestro deseo de una Iglesia más acogedora, Jesús nos muestra el camino a seguir en el Evangelio de hoy. Se toma tiempo para llorar el encarcelamiento de su querido primo John. Y luego, es impulsado por la luz de Dios para seguir reclutando a otros para su revolución del corazón.

Más tarde supe que después de una acogida inicial por parte de una familia protestante, Vicencio, Rafael y Felipe también fueron apoyados por dos familias católicas: una que les ofreció hospitalidad en su casa y otra que patrocinó el departamento donde ahora viven. Aunque lamento que los migrantes LGBTQ+ no siempre reciban esta bienvenida en las comunidades católicas, celebro a las personas que se aferran a un Evangelio que inspira su solidaridad. Que nosotros, los que decimos seguir a Cristo, seamos inspirados a hacer lo mismo: entristecer lo que vemos que no es de Dios, y avanzar creando la bienvenida que Cristo imaginó.

—Sr. Tracey Horan, 22 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“La primera palabra de Jesús”. 3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

domingo, 22 de enero de 2023
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Young hiker in black trousers and grey shirt sit on cliff's edge. Tourist watching sunrise above misty hilly valley bellow mountain El evangelista Mateo cuida mucho el escenario en el que va a hacer Jesús su aparición pública. Se apaga la voz del Bautista y se empieza a escuchar la voz nueva de Jesús. Desaparece el paisaje seco y sombrío del desierto y ocupa el centro el verdor y la belleza de Galilea. Jesús abandona Nazaret y se desplaza a Cafarnaún, a la ribera del lago. Todo sugiere la aparición de una vida nueva.

Mateo recuerda que estamos en la «Galilea de los gentiles». Ya sabe que Jesús ha predicado en las sinagogas judías de aquellas aldeas y no se ha movido entre paganos. Pero Galilea es cruce de caminos; Cafarnaún, una ciudad abierta al mar. Desde aquí llegará la salvación a todos los pueblos.

De momento, la situación es trágica. Inspirándose en un texto del profeta Isaías, Mateo ve que «el pueblo habita en tinieblas». Sobre la tierra «hay sombras de muerte». Reina la injusticia y el mal. La vida no puede crecer. Las cosas no son como las quiere Dios. Aquí no reina el Padre.

Sin embargo, en medio de las tinieblas, el pueblo va a empezar a ver «una luz grande». Entre las sombras de muerte «empieza a brillar una luz». Eso es siempre Jesús: una luz grande que brilla en el mundo.

Según Mateo, Jesús comienza su predicación con un grito: «Convertíos». Esta es su primera palabra. Es la hora de la conversión. Hay que abrirse al reino de Dios. No quedarse «sentados en las tinieblas», sino «caminar en la luz».

Dentro de la Iglesia hay una «gran luz». Es Jesús. En él se nos revela Dios. No lo hemos de ocultar con nuestro protagonismo. No lo hemos de suplantar con nada. No lo hemos de convertir en doctrina teórica, en teología fría o en palabra aburrida. Si la luz de Jesús se apaga, los cristianos nos convertiremos en lo que tanto temía Jesús: «unos ciegos que tratan de guiar a otros ciegos».

Por eso también hoy esa es la primera palabra que tenemos que escuchar: «Convertíos»; recuperad vuestra identidad cristiana; volved a vuestras raíces; ayudad a la Iglesia a pasar a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús; vivid con nueva conciencia de seguidores; poneos al servicio del reino de Dios.

José Antonio Pagola

 

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«Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías». Domingo 22 de enero de 2023 3ª Ordinario

domingo, 22 de enero de 2023
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11-ordinarioa3Leído en Koinonia:

Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.
Salmo responsorial: 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos.
Mateo 4,12-23: Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso. Leer más…

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Dom 3 TO. Es bueno orar por la Unidad, pero hay que volver a Galilea

domingo, 22 de enero de 2023
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50A82DF5-193A-4792-8084-6C5692403798Del blog de Xabier Pikaza:

Celebramos estos días (18-25 de enero) la semana de oración por la Unidad de los cristianos. La oración no está mal, es necesaria, pero debe estar acompañada por una vuelta radical a Galilea, para retomar allí el camino de Jesús,  como saben y quieren no sólo las mujeres de Mc 16, 1-8, sino el evangelio de este domingo.

Evangelio: Mateo 4,12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

 Este evangelio sigue contando la vocacion de los cuatro primeros discípulos (Pedro y Andres, Juan y Santiago). Pero quiero dejar ese tema para otro día. Hoy sólo  ofreceré  una visión de conjunto de la geografia e historia de Galilea, para situar allí el comienzo del evengelio y de la unidad de las iglesia.   Buen comingo a todos

GALILEA, TIERRA MARGINAL, LUGAR DE EVANGELIO

Geografía e historia. Israel tenía tres zonas.

-La más importante fue al principio la zona del centro, ocupada básicamente por las tribus de José (Efraim y Manases), donde se creó en el siglo IX a.C. el primer reino de Israel, llamado pronto” reino de Samaría, el más importante de la zona en el siglo VIII a.C., pero tomado militarmente y destruido por los asirios el 721 a.C. Al norte de ese reino quedaba la antigua zona de Galilea, que había sido conquistadas unos años antes por los mismos asirios (hacia el 740 a.C.), perdiendo pronto su carácter israelita, siendo en parte colonizada por fenicios, sirios y árabes. Al sur quedaba el reino de Judá, que mantuvo una independencia relativa, hasta ser conquistado por los babilonios (587 a. d.C.).

Los judíos del entorno de Jerusalén y los samaritanos del entorno de Siquem/Samaría y del monte Garizím recuperaron tras el triunfo de los persas (539.a. C) su independencia relativa, se concibieron como dos partes inter-dependientes del único Israel y colaboraron en la fijación de su ley básica o pentateuco. En esa línea, se podría haber constituido un Israel amistosamente bicéfalo. Pero muy pronto surgieron divergencias entre judíos y samaritanos, de manera que la parte sur, vinculada a Jerusalén/Judá formó se convirtió en “judaísmo dominante, con su propia tradición histórica (recopilada en “profetas anteriores”, escritos en una perspectiva deuteragonista,  desde Josué a 2 Reyes) y, de un modo especial en unos libros proféticos, llamados “profetas posteriore”, tres más extensos (Isaías, Jeremías y Ezequiel) y doce más  cortos (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías), a los que  vino a sumarse Daniel un libro apocalíptico, que hemos estudiado ya en el el capítulo anterior

En un momento dado, en el tiempo de la rebelión macabea, muchos judíos, definidos por su fidelidad al templo de Jerusalén se tomaron como únicos israelitas auténticos, condenando como “espurios” (heréticos) a los samaritanos), intentando conquistarles de un modo militar, marginando (e incluso destruyendo) y destruir sus tradiciones y su templo del monte Garizim. De esa forma intentaron borrar de raíz la identidad israelita de los samaritanos, pero sin conseguirlo, pues muchos samaritanos lograron conservar e incluso expandir su  raíz su experiencia socio-religiosa, israelita, de forma que, de hecho, siguieron existiendo “dos israeles”, el judío y el samaritano (como muestra el conjunto del Nuevo Testamento, especialmente desde la perspectiva de la obra de Lucas y del evangelio de Juan.

En ese contexto se entiende la distinción e identidad israelita de Galilea, zona norte de la antigua tierra de Canaán (al sur Judea, al centro Samaría, al norte Galilea), con su geografía,  su historia pasada y su diferencia presente en la primera mitad del siglo I d.C.   Galilea había sido una tierra conquistada y colonizada, al menos en parte, desde antiguo, en el  siglo  XI-X a.C por israelitas. Pero desde el año 740 a.C., tras haber sido conquistada por los asirios, y de un modo especial desde el 721 (fin del Estado de Samaría), fue lugar de mestizaje y cruce de pueblos, sometida al influjo de Tiro y Damasco, con una religión que era una mezcla de yahvismo y de cultos paganos de la zona y del entorno.

Por la arqueología de detalle, sabemos que a partir del VII a.C., Galilea perdió mucha población y que no tuvo identidad político/social, careciendo prácticamente de ciudades, estando casi despoblada, a merced de sus vecinos ricos: Damasco, Tiro/Sidón y Samaría. De esa forma, a pesar de las promesas de Is 8, 23−9, 1, su luz se apagó por siglos y no se disiparon sus sombras, aunque algunas de sus gentes recordaban a Yahvé, Dios antiguo, vinculado a las guerras de Débora y Barac, y a los profetas más fieles del yahvismo (Elías y Eliseo).

Historia israelita de Galilea

Sólo en un tiempo relativamente tardío fue conquistada y judaízada por Aristóbulo, rey sacerdote asmoneo de Jerusalén (cf. Josefo, Ant 13, 395). El torno al 160 a.C., había en Galilea israelitas fieles a Yahvé, como supone 1 Mac 5, 1-26, cuando dice que que,al comienzo de las guerras macabeas, Judas envió a su hermano Simón para liberar a los judíos (yahvistas), que allí había y que estaban ser asimilados por las poblaciones vecinas (Tiro, Sidón, Ptolemaida…), de manera que optó por llevarles a Judea, a fin de que pudieran vivir tranuilos. En ese momento debía haber en Galilea más paganos que israelitas, de manera que los macabeos optaron por recogerlos en la tierra “liberada de Judea”.Lógicamente, en una línea histórica normal, Galilea habría dejado de ser israelita.

Pero el año 104 a.C. (un siglo antes de nacer Jesús) se dio el gran cambio.Tras decenios de expansión y crecimiento, en línea judía, Aristóbulo (104-103 a.C.), primer rey-sacerdote oficial asmoneo (macabeo) de Jerusalén, pudo conquistar definitivamente la zona central de Galilea, imponiendo el yahvismo (judaísmo):

 (a) Aristóbulo  exigió que los itureos (tribus siro-árabes) de la zona se circuncidaran y adoptaran las “costumbres” (leyes, forma de vida) del judaísmo o abandonaran esa tierra sesenta años atrás (el 160 a.C.).Por otra parte, quiso quis que los descendientes de los “israelitas galileos” que habían sido “liberados” y trasplantados a Judea  sesenta años atrás volvieran a la tierra de sus antepasados, e implantando en la zona además a otros judíos como colonizadores (ofreciéndoles tierras de cultivo). Esa misma política anexionista de colonización judía continúo en tiempos de Aristóbulo, hermano y sucesor de Alejandro Janeo, que fue rey-sacerdote del 103 al 76 a.C.

(c) Lógicamente, los reyes sacerdotes de Jerusalén impusieron en Galilea su visión de la historia e identidad judía de Israel, en contra de la identidad y tradición de los samaritanos. En parte por esa re-colonización judía y quizá por aversión a los samaritanos, a quienes temían como a más cercanos, los galileos asumieron la tradición israelita del judaísmo. De esa forma, los samaritanos del centro de las montañas de Israel quedaron aislados en el centro de la tierra, entre los judíos-judíos del sur y los judíos-galileos del norte.

             Como suele suceder, estos  nuevos colonos judíos trasladados a Galilea tendieron a ser más “integristas” que los judíos de Judea, no sólo en un plano religioso, sino también (sobre todo) en un plano político, como podremos ver cuando estudiemos la historia de Jesús que, probablemente, formaría parte de de una familia de colonos “nazoreos” (del nezer o tronco de Jesé/David) que habrían sido trasplantados del entorno de Belén de Judá a Narazet (colonia nazorea de Galilea). Esta recolonización judía (no samaritana) de Galilea constituye, a mi juicio, un elemento significativol del principio de la iglesia cristiana.

El año 39 a.C., en el contexto de la desintegración del reino de los asmoneos y de la guerra de los romanos contra los partos, Herodes el Grande, nombrado por los romanos rey de todo Israel (Judea, Samaría, Galilea), tomó el control de Galilea, no para rejudaizarla, sino para tenerla sometida dentro de su reino (bajo dominio de Roma), en contra de aquellos “israelitas” de la zona (de raíces judías o samaritas) que querían la independencia nacional judía. Desde entonces, y a lo largo de más de un siglo (del 39 a.C.) hasta el fin de la guerra “judía” (70 d.C.), Galilea fue una zona política “caliente”, pronta al levantamiento nacionalista contra Roma.

  Muchos historiadores y exegetas de línea “liberal”, partidarios de un Jesús y un cristianismo helenistas han tendido a decir que Jesús era sólo un semi–judío, porque también Galilea era sólo medio semi-judía, pues ni los macabeos primero ni los herodianos después habrían logrado re-judaízarla, de forma que quedó en manos de una especie de paganismo cósmico y de un helenismo “espiritual”, como si no se hubiera impuesto la verdadera tradición israelita.

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Comienzo de la actividad de Jesús. Domingo tercero Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 22 de enero de 2023
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2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo en tres pasajes breves: actividad inicial de Jesús, vocación de los cuatro primeros discípulos, y resumen de la actividad en Galilea. La liturgia permite limitarse al primero, eligiendo la forma breve del evangelio. Dada su importancia, quizá sea lo más aconsejable. Pero añadiré algo sobre los otros dos.

  1. La actividad inicial de Jesús (Mt 4,12-17)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

            Quien se sienta desconcertado por la presentación inicial de Jesús, poniéndose en la fila de los pecadores para bautizarse, tiene motivos para desconcertarse todavía más al leer los comienzos de su actividad. Dicho en palabras muy rápidas, lo primero que hace es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar. Una vez más, para comprender este pasaje conviene compararlo con el de Marcos, que presenta los hechos del siguiente modo.

«Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca. Arrepentíos y creed la buena noticia».

            La breve noticia de Marcos contiene tres datos: 1) momento en que comienza a actuar Jesús; 2) lugar de su actividad (Galilea); 3) contenido de su predicación. Mt modifica el primero y el tercero y amplía el segundo.

            Momento de actividad

            Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

            Pero hay una diferencia muy sutil entre Mc y Mt. Según Mc, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mt, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.

            Lugar de actividad

           imagewLago de Galilea

La elección del lugar de actividad es sorprendente. Jesús se retira a una región que carece de importancia dentro de la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos». «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comen­taba un rabino orgulloso. El evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

            Dentro de Galilea no escoge Séforis, la capital, ni Tiberias, recién construida a la orilla del lago, sino Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.

            Sin embargo, Mt ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías, en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro. El poema de Isaías 8,23b-9,6 habla de tres motivos de alegría: el fin de la opresión, el fin de la guerra, y el nacimiento de un niño (¿el rey Ezequías?). Pero a Mateo le interesa el primero, para presentar a Jesús como la luz grande que ilumina a Galilea. En esto se centra la primera lectura.

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

            El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

            Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».

            El mensaje inicial

            Mateo lo sintetiza en dos cuestiones: conversión e inminencia del reinado de Dios. «Convertíos, que el reinado de Dios está cerca».

            La conversión abarca dos aspectos: vuelta a Dios (como el hijo pródigo vuelve a su padre) y el consiguiente cambio de forma de vida, actuando como Dios quiere.

            Mientras lo anterior lo entendeos todos, la inminencia del reinado de Dios puede provocar bastante desconcierto, sobre todo si la relacionamos con el fin del mundo. Para comprender lo que dice Jesús hay que partir de la experiencia histórica. Desde el siglo VI a.C. el pueblo judío estuvo sometido a potencias extranjeras (Babilonia, Persia, Grecia, Egip­to, Siria). La opresión cada vez resultó más dura, y fue despertando el anhelo de que Dios reinase en el mundo para acabar con toda esa serie de arbitrariedades e injusticias que lo dominaban. Surge así la idea del reinado de Dios (o «de los cielos», para evitar pronunciar el nombre divino). Algunos grupos lo entienden de forma simbólica: Dios reina a través de las autoridades religiosas judías. Otros lo interpretan en sentido estricto, como auténtica veni­da de Dios para establecer un mundo nuevo y definitivo. Estos grupos apocalípticos estaban convencidos de que esa venida de Dios, el fin del mundo presente, era inminente.

            Se entiende el éxito que encuentra este mensaje entre los contemporáneos: a gente pobre, sencilla, opri­mida por los romanos y sus colaboradores, anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. ¿Es eso lo que piensa y promete Jesús? Mateo despejará las dudas muy pronto, en el Sermón del Monte, que leeremos los próximos domingos.

            Nuestra respuesta

            Este breve pasaje nos obliga a interrogarnos sobre nuestra propia vida. ¿Sería la misma si Jesús no hubiera comenzado a actuar y proclamar su mensaje? ¿Somos conscientes de que nosotros, como los habitantes de Galilea, estábamos sumergidos en la tiniebla y hemos visto una gran luz? ¿Nos dejamos interpelar por la llamada de Jesús a volver a Dios y a cambiar nuestra forma de vida?

  1. Los primeros discípulos (Mt 4,18-22)

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

            ‒ Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

            Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

            Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

            Este breve pasaje, aparentemente tan fácil de entender, está plagado de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.

            Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo.

            Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre, y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.

            Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.

            Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Cosa que deja muy clara Lucas cuando habla de los discípulos de Emaús y en el último diálogo antes de la ascensión: concebían a Jesús como quien había de liberar a Israel (Lc 24,21) e instaurar su soberanía (Hch 1,6). Sin embargo, la explicación anterior, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.

            Lo que no admite duda es que lo siguieron. Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.

            Y esto debía provocar en los primeros lectores del evangelio un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y de la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.

  1. Resumen (Mt 4,23)

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

            Esta frase tan breve puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura.

            Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien».

            Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno. Por eso añado un complemento sobre esta región tan importante en la vida de Jesús, tomado de José Luis Sicre, El cuadrante. Parte IILa apuesta, Editorial Verbo Divino, Estella 1997, p. 45-46. Todo el capítulo 2 de esa obra lo dedico a “La tierra que conoció Jesús” (págs. 29-52).

GALILEA

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            «Quedaba comprendida entre el Jordán, el Líbano, la llanura fenicia, el monte Carmelo y la llanura de Yezrael. Sus dimensiones eran 70 km de largo por 40 de ancho. Según Josefo estaba dividida en dos regiones, la Alta y la Baja, delimitadas geográficamente por el valle que corre hacia Tolemaida (Acco). La Alta Galilea se sitúa entre los 600 y los 1200 m con el Jermak como altura máxima. En cambio, la Baja Galilea está entre los 300 y los 600 m: el monte más alto, el Tabor, tiene 588 m.

En la Baja Galilea comienza Jesús su actividad y en ella reside la mayor parte del tiempo. No debemos imaginarla como una zona pobre y marginada. La antigua alusión que encontramos en el libro de Isaías (“Galilea de los paganos”) ha jugado una mala pasada a muchos lectores del evangelio. Es cierto que en el Antiguo Testamento Galilea cuenta muy poco. Pero en tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma Flavio Josefo en el libro tercero de la Guerra judía (BJ III, 41-43).

Wilkinson admite para Séforis una población de 50.000 habitantes; Josefo indica 40.000 para Tariquea y Jotapata; y para Jaffa, el “pueblo” más grande de Galilea, muy cercano a Nazaret, 17.130 personas. Según Wilkinson, ya que Josefo habla de 204 pueblos, admitiendo un promedio de 500 habitantes, tendríamos unos 365.000 para toda Galilea.

Más importante que el número es la población en sí misma. Galilea, tras numerosas vicisitudes, en tiempo de Jesús se ha estabilizado como región judía. Sólo en Séforis y Tiberíades abunda el elemento pagano. Sin embargo, los judíos del sur no sentían gran estima de los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).»

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 22 enero, 2022

domingo, 22 de enero de 2023
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Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando enfermedades y dolencias del pueblo”.

(Mt 4, 12-23)

Este fragmento del Evangelio de Mateo es muy intenso, trata muchos y variados temas: las dificultades, la misión, la vocación, el Reino, la Buena Noticia…

Y esa Buena Noticia, es la Palabra. Hoy celebramos por primera vez el Domingo de la Palabra, una fiesta liturgica dedicada a las Sagradas Escrituras. A la Palabra viva que nos sigue vivificando. ¿Y qué nos dice hoy esa Palabra?

Empieza con una noticia inquietante: Juan Bautista ha sido encarcelado y Jesús al enterarse se retira. Es lo más sensato. Si a Juan lo han arrestado mejor será “quitarse de en medio”.

Pero parece que ese retirarse de Jesús es solo para tomar impulso porque unos versículos más abajo empiezan a predicar. “Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

Jesús no se esconde. Toma el relevo. Si Juan no está alguien tendrá que continuar con su misión. La misión de anunciar el Reino.

Pero el Reino se construye siempre en comunidad por eso Jesús mientras predica va llamando a otras personas: “Venid y seguidme”.

De la propia misión surgen las vocaciones. El Reino de Dios cautiva, trasforma. Y lo hace de forma rápida y eficaz.

La pasión por el Reino no admite demoras: “Inmediatamente”. La invitación personal de Dios al corazón de cada persona tiene que ir ligada a una respuesta inmediata y totalizante. Las medias tintas, las dudas, las excusas…¡no tienen cabida!

Si la llamada de Dios no trasforma tal vez no ha encontrado la tierra buena donde germinar. Si hay demasiados “peros” para seguirle probablemente nunca se inicie el seguimiento verdadero.

Y, además, la respuesta siempre implica una renuncia. “Dejaron las redes”. Hay que soltar, dejar a tras lo valioso de nuestra propia vida, aquello que nos da seguridad.

“Inmediatamente dejaron las redes (la barca y a su padre) y le siguieron”. La respuesta a Dios tiene que ser como su llamada: plena.

Y termina este evangelio con tres verbos: enseñando, proclamando y curando. Vuelve a tomar protagonismo la figura de Jesús que ahora recorre la misma Galilea a la que se había retirado.

Oración

Ensancha, Trinidad Santa, nuestro corazón a la medida exacta de tu Amor para que podamos responderte con la misma generosidad con la que tú nos llamas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Reino de Dios no es nada concreto, en una atmósfera que me empapa.

domingo, 22 de enero de 2023
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cristoy-jovenDOMINGO 3º (A)

Mt 4,12-23

Es muy importante para Mateo dejar claro que Jesús comienza su actividad lejos de Jerusalén, del templo, de las autoridades religiosas, desligando la actividad de Jesús de toda conexión con la institución. Pero a la vez, quiere dejar claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan, iniciando las dos con la misma frase: “Arrepentíos porque está cerca el Reino de los cielos”. Nos limitaremos a desgranar esta frase.

Arrepentíos. La primera palabra es ya una trampa difícil de superar. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás el rumbo de toda tu vida. Sería ir más allá de lo que ahora tienes en la mente. Al traducirlo por arrepentirse, damos por supuesto que la actitud anterior era pecaminosa. Pero también se puede y se debe cambiar de una opinión buena a otra mejor. Por no tener esto en cuenta, estamos convencidos que solo se tiene que convertir el “pecador”.

Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad todos los días. Convertirse es rectificar la dirección que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en la dirección que llevo. La meta será la plenitud de humanidad, que es mi tarea. Debemos tener en cuenta que muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. Por eso el rectificar es de sabios, como decían los antiguos. El mayor peligro es creer que no tengo nada que rectificar. Por muy clara que tengamos la meta, siempre podemos descubrir otra más ajustada.

Está cerca el Reino. Para ver la dificultad de esta idea basta recordar algún texto de los evangelios: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros; mi Reino no es de este mundo; Jesús nunca llama a Dios Rey sino mi Padre; habla del Reino de Dios y de su Reino. Me encanta reflexionar sobre las contradicciones del evangelio porque nos obligan a no tomar ninguna formulación como absoluta. Está aquí y no está. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no. Esta aparente contradicción nos obliga a no dar por definitiva ninguna de las definiciones que podemos aplicarle.

Reino de los Cielos. Los demás evangelis­tas (también alguna vez Mateo) hablan de «el Reino de Dios». Las dos fórmulas expresan la misma realidad. A los judíos les resultaba violento emplear la palabra Dios y empleaban circunloquios para evitarla. Uno de ellos era la expresión “los Cielos”. Sería el ámbito de lo divino. En el NT, fuera de los evangelios, se habla del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es la meta y olvidarnos que Jesús nunca se predicó a sí mismo.

Es imposible concretar lo que es el Reino de Dios porque no es nada concreto. Todo lenguaje sobre Dios es analógico, metafórico, simbólico. En el evangelio nunca se define, pero podemos asegurar que el núcleo de la predicación de Jesús fue «El Reinado», acentuando la presencia liberadora de Dios. Lo contrario del Reino de Dios no es el reino de Herodes sino el “ego-ismo”. Si no reina el amor no hay Reino de Dios. La predicación de Jesús fue fruto de una profunda experiencia, que tuvo como punto de partida su religión, pero que la superó. Jesús fue la fiel manifestación del Reino que es Dios.

La palabra griega “basileia” se refiere, en primer lugar, a la prerrogativa del monarca, pero también significa reinado, es decir el poder ejercido por el monarca. Puede significar por fin reino, es decir, el territorio o el conjunto de los súbditos. Aunque encontramos decenas de imágenes en los evangelios, nunca se explica su significado concreto. Seguramente se fue desvelando a través de su vida. Pudo partir del significado que tenía para los judíos de su tiempo y que se fuera enriqueciendo con su experiencia. También es probable que se pensara en una llegada inmediata de ese Reino.

Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso, que desde su trono del cielo gobierna el universo. Mientras no superemos ese dios mítico no habrá manera de entender el mensaje de Jesús. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, reina la oscuridad o reina el amor, no pensamos en entes que dominan alguna parte de la realidad sino en un ámbito en el que se desarrolla algo.

Reinado de Dios, quiere decir que el ser humano desarrolla lo que tiene de espiritual, de divino. Significa que el ámbito de lo divino está presente en él y constituye su esencia y su fundamento propio. El Reino es una atmósfera en que las relaciones profundamente humanas, con uno mismo, con los demás y con las cosas, se despliegan en total armonía. Juan Dijo: Él bautizará con Espíritu Santo. Siempre que el hombre se deja mover por el Espíritu y actúa desde él, está haciendo presente el Reino.

No se trata de que Dios, en un momento determinado de la historia, haya decidido establecer una relación nueva con los hombres. Con la venida de Jesús no ha cambiado nada por parte de Dios. Él ha estado siempre inundándolo todo. Lo que ha cambiado es la toma de conciencia por parte de Jesús de esa realidad. Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí y actuar en consecuencia. La dinámica del Reino se despliega de dentro a fuera, no imponiendo unas normas obligatorias.

En el evangelio de hoy está muy clara esta dinámica. Primero Jesús hace su propuesta, pero termina diciendo que, eso que decía, lo practicaba. “Y recorría toda Galilea enseñando en la sinagogas y proclamando la buena noticia del Reino, curando todas las enfermedades”. Un cristianismo que no me empuje a darme a los demás, no tiene nada que ver con Jesús. El Reino lo manifiesta el que cura, no el curado. Es Jesús, al preocuparse del débil, quien hace presente a Dios, no el ciego cuando dejan de serlo.

El Reinado de Dios significa la radical fidelidad y entrega de Dios al hombre. La realidad primera de ese Reino la constituye Dios que se funde con cada ser humano. No es una realidad que hace referencia en primer lugar al hombre, sino a Dios. El hombre debe descubrirla y vivirla. Dios no hace un favor al hombre, sino que responde a su ser, que es amor. Esto sí que es una “buena noticia”. El Reino de Dios surge cuando despliego mi verdadero ser, que no es ni materia ni espíritu sino ambas cosas a la vez.

El hombre, para ser fiel a Dios, no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo es descubrir lo que Dios es en él. Por eso no puede haber otra perspectiva para el ser humano. En cuanto pone su fin fuera de Dios (fuera de si mismo), el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo. Solamente si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios. La plenitud de humanidad, en Jesús y en nosotros, es lo divino que nos empapa.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El estilo de Jesús.

domingo, 22 de enero de 2023
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Mt 4,12-23

«Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo»

Es razonable pensar que Jesús decidió ir en busca del Bautista porque no se sentía cómodo dentro la religión de su pueblo y buscaba respuestas; que fue en ese entorno donde maduró la idea del Reino y donde se sintió llamado a la misión; que, como tantas veces en su vida, se retiró al desierto para decidir en un ambiente de oración si lanzarse a los caminos de Galilea, o volver a la tranquila existencia en su taller de Nazaret.

Y decidió echarse al camino. Y le seguían multitudes porque se ocupaba de todos, sanaba sus enfermedades y les hablaba de Dios en un lenguaje que todos entendían. En ningún momento envolvió su mensaje con conceptos metafísicos solo al alcance de iniciados, porque sabía que ese lenguaje es totalmente inútil para hablar de Dios, y porque quería que llegase a todos; principalmente a los más humildes.

Sus ojos veían a Dios en todas las cosas y les hablaba de Él tal como lo sentía. Y lo sentía como semilla que germina y da fruto abundante, como levadura que fermenta toda la masa, como paterfamilias capaz de olvidarse de su hacienda por recuperar a su hijo, como sembrador que siembra la Palabra a voleo para que llegue a todos los rincones, como médico que se preocupa por sus enfermos, como luz que se enciende en la oscuridad para que no tropecemos, como sal que da sabor a este mundo insulso, como pan para el camino, como vino que alegra los corazones, como agua que sacia nuestra sed, que nos limpia y nos vivifica…

Es probable que muchos le siguiesen porque curaba enfermedades, pero sin duda también porque les hablaba de Dios y le entendían. El Dios del que les hablaban los letrados fariseos era una carga pesada en su vida, una amenaza, pero el Dios de Jesús era un alivio, un remedio, una esperanza; era precisamente lo que necesitaban.

Pero no solo les hablaba de Dios, sino que les invitaba a sentirse hijos de ese Padre; a ser dignos hijos suyos; a buscar la felicidad donde puede hallarse; compartiendo, perdonando, acogiendo, aprendiendo a sufrir, actuando sin doblez, trabajando por la paz y la justicia, dando de comer al hambriento y de beber al sediento…

Su cátedra eran los montes, las orillas del lago, los descampados… Sus oyentes, de lo más dispar; desde doctores de la Ley que acudían para comprometerle, hasta desarrapados ciegos o cojos, en general impuros, que se acercaban a él porque se sentían necesitados. Lo sorprendente, lo que sin duda marca el estilo de Jesús, es que eran estos últimos los que entendían su mensaje, mientras que los santos los sabios y los importantes de Israel no se enteraron de nada…

Nuestro espíritu ilustrado nos empuja a corregirle el estilo a Jesús; a sustituir su mensaje sencillo, poderoso e interpelante, por teorías tan cultas como estériles. Y somos tan torpes que no comprendemos que esta osadía nos aboca a no entender nada de aquello por lo que dio la vida.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

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Fuente Fe Adulta

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Las tres “S”: salud, sabiduría y sentido.

domingo, 22 de enero de 2023
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47702_430163937461_92187362461_5294011_7048196_nMt 4,12-23

La presencia de Jesús en medio de su gente puede describirse en términos de plenitud y de abundancia. Podríamos resumirlo diciendo que Jesús ofrece las tres “S”: salud, sabiduría y sentido. Según el texto de Mt 4,12-23, Jesús “curaba toda enfermedad y toda dolencia en pueblo”, enseñaba en las sinagogas y llamaba a una misión que transformaba el trabajo cotidiano en acción fructífera y eficaz; como dice el texto mateano en el versículo 19, los llamados por Jesús pasarán de ser pescadores a pescadores de hombres. Así la presencia de Jesús se vuelve con total claridad la restauración del Reino en un presente habitado por una multitud que anunciará con entusiasmo lo que ha visto, oído y experimentado.

La sociedad actual tiene un hondo anhelo de las tres S. El papa Francisco define a esta sociedad postmoderna en su búsqueda de sentido:

La posmodernidad – en la que el hombre se siente aún más perdido, sin referencias de ningún tipo, desprovisto de valores, porque se han vuelto indiferentes, huérfano de todo, en una fragmentación en la que parece imposible un horizonte de sentido – sigue cargando con la pesada herencia que nos dejó la época anterior, hecha de individualismo y subjetivismo (que recuerdan, una vez más, al pelagianismo y al gnosticismo), así como por un espiritualismo abstracto que contradice la naturaleza misma del hombre, espíritu encarnado y, por tanto, en sí mismo capaz de acción y comprensión simbólica (Desiderio desideravi 27-28).

El anhelo de sentido, de sabiduría y, por ende, de salud corporal y espiritual, siempre presente en todas las épocas como algo propio de la naturaleza humana, nos orienta hacia la trascendencia. Y más aún, este anhelo se acoge con otra “S”. El sí de la acogida a la vida, de la conversión a la orientación de la acción, al discernimiento que surge de la escucha de la Palabra.

El hoy del reino sigue siendo tan actual y actuante como siempre. Configurar el presente y diseñar el futuro en el intercambio recíproco de las expectativas humanas y creaturales y las de Dios mismo es la constatación de que el Reino puede hacerse presente aquí y ahora en el gozne entre la expectativa y la realización cumplida. Así puede resonar con más actualidad aquello de que “el pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló” (Mt 4,16).

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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De las tinieblas a la luz

domingo, 22 de enero de 2023
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Man pulling curtain of darkness to reveal a new better world. Conceptual change, two worlds, hell and paradise.

III Domingo del Tiempo Ordinario

22 enero 2023

Mt 4, 12-17

El profeta y poeta Isaías anhelaba la luz que disipara las tinieblas de su pueblo. Y los seguidores de Jesús identifican esa luz con la persona de su Maestro.

Durante mucho tiempo, los humanos pensaban que la luz, como la salvación, habría de llegarnos desde “fuera”. Lo cual casa bien con el nivel mítico de consciencia e incluso con nuestras primeras experiencias infantiles: al niño no le cabe otra cosa que esperar todo de los demás.

Sin embargo, ni la luz ni la salvación nos llegarán desde fuera. Esto no niega que haya personas, del presente y del pasado, que nos ayuden a “abrir los ojos”, gracias a la verdad, bondad y belleza que supieron encarnar en sus personas. Pero la luz no se halla fuera, por cuanto constituye la esencia última de todo lo que es. El fondo de lo real y nuestro propio fondo es luz. Acertaron, por tanto, aquellos sabios que designaron lo realmente real como “Dios” (de “dev” = luz o luminosidad). Y lo expresa admirablemente el Jesús del cuarto evangelio cuando proclama: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12).

Porque la luz no es “algo” que tengamos; es lo que somos, o mejor aún, aquello que nos está haciendo ser, aquello que se despliega en nosotros. Lo que ocurre es que, con demasiada frecuencia, la luz se ve cegada para nosotros mismos, como consecuencia de nuestro sufrimiento no resuelto -que nos encierra en nosotros mismos- y de nuestra ignorancia -que nos impide ver-.

Ignorancia no es falta de inteligencia. Ignorancia es no saber qué somos. Por eso, equivale a oscuridad, confusión y sufrimiento. Solo la comprensión -el comprender vivencialmente, no el mero entender- hace posible que podamos “ver”. No habrá cambiado nada, pero todo se ve de modo nuevo.

Por más que nos resulte paradójico, el camino hacia la comprensión no pasa por el pensamiento ni por las creencias, sino por el silencio de la mente. Necesitamos entrenarnos en acallar la mente para poder ver más allá de ella, en definitiva, para percibir la luz que somos y así caminar dejándonos iluminar por ella.

Tenía razón el profeta Isaías: tal vez no exista experiencia más gratificante y plena que la de pasar de las tinieblas a la luz.

¿Qué luz hay en mi vida?

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¿Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Munilla, yo soy de Müller, yo soy de Francisco? Lo que hace hace es que seamos de Cristo: YO SOY DE CRISTO

domingo, 22 de enero de 2023
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7C49F1BC-025C-4483-BA7C-526DC214AE2FDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Ecumenismo: es una palabra que viene del griego: oikos significa “hogar”. (Eco-nomía significa la ley del hogar, eco-logía es el tratado sobre el hogar, etc. Ecumenismo es “el hogar habitado”, que en aquellos tiempos eran –más o menos- los países en torno al mar Mediterráneo. Modernamente el Ecumenismo es el movimiento que trata de reconciliar en el mismo hogar a los cristianos e Iglesias separadas).

01.- Creo en la Iglesia una.

    En el credo decimos: creo en la Iglesia una. Por otra parte, evocando a San Pablo cantamos también: un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo… (Efe 4,5-7). Y recordando el evangelio de San Juan deseamos que todos sean uno, (Jn 17,21).—

    Ahora bien, la unidad no requiere uniformidad. Las “unas formas”, los “uniformes” pertenecen más bien a otros ámbitos, militares, deportivos, etc…

    La Iglesia nació plural. Ya en el NT, desde los primeros momentos surgieron comunidades cristianas (iglesias) unidas pero plurales: las comunidades de Pablo eran carismáticas, diversas de la tradición eclesial judeo-cristiana más unidas a la mentalidad del AT, otro estilo configuraba  las comunidades de Juan mucho más reducidas y más centradas en Cristo (en el “Yo soy” del evangelio de Juan).

    Y es que la verdad no cabe en una fórmula, en una definición dogmática, en una liturgia… (Si tú sabes qué es la verdad, esa no es la verdad)

    Hans Küng expresaba muy bien esta realidad plural:

    La Iglesia de Cristo, según el Nuevo Testamento, no es una Iglesia de unitarismo centralista e igualitarismo –y menos totalitario-. No conoce la uniformidad, sin alegría ni libertad, de una organización única o de tipo único de unidad. No entra en la esencia de la Iglesia ni el culto uniforme, ni la disciplina uniforme, ni la teología uniforme. Apoyándose en Efe 4,4-6 se podría más bien afirmar lo contrario.

       Pluralidad en el culto: un solo Dios, un solo Bautismo, una sola Eucaristía, pero pueblos distintos, comunidades distintas, lenguas distintas, ritos y formas de piedad distintas, cantos y ornamentos distintos, distintas oraciones y, en este sentido, iglesias distintas. Pluralidad también en la teología: Un solo Dios, un solo Señor, una sola fe y una sola esperanza, pero distintas teologías, distintos sistemas, distintos estilos de pensar, aparatos conceptuales y terminologías, distintas escuelas, tradición y tendencias en la investigación, distintas universidades y distintos teólogos y, en este sentido, una vez más, distintas iglesias. Pluralidad finalmente también en el orden eclesiástico: un solo Dios, un solo Señor, un solo Espíritu, un solo cuerpo, pero diversas ordenaciones de vida, diversas estructuras de derecho, diversas naciones y tradiciones, diversos usos y costumbres y sistemas de administración y así finalmente, también en este sentido, distintas iglesias. [1]

02.- Unidad de todas las Iglesias.

    A lo largo de la historia y por “mil” motivos religioso.políticos, la unidad de la Iglesia se fue fragmentando:

+   En el año 1054 se produjo la gran ruptura entre Constantinopla y Roma de la que surgiría la gran tradición Ortodoxa.

+   En el siglo XVI se escindieron la Reforma luterana (protestantismo) y el anglicanismo. Posteriormente fueron surgiendo muchas subdivisiones en las iglesias reformadas.

Movimiento ecuménico por la unidad de los cristianos

    En 1910 en Edimburgo, en el ámbito anglicano (y protestante) nació el movimiento Ecuménico con la nostalgia de volver a la unidad originaria. La Iglesia católico romana no sintonizará con estos nuevos vientos (Espíritu) de reconciliación hasta Juan XXIII, Pablo VI, el cardenal Bea y algunos teólogos: Congar entre ellos, quienes a mediados del siglo XX y con el Concilio Vaticano II simpatizaron con el movimiento Ecuménico.

¿Se logrará la unidad?

Vamos a pensar y orar para que así sea.

Cuando se produzca el acercamiento de las Iglesias esta vuelta a la unidad no será por sometimiento de nadie a nadie, sino que será también una “vuelta plural a la unidad”.

Todos somos y seremos cristianos desde nuestra tradición cristiana. Los ortodoxos seguirán siendo cristianos desde su venerable tradición litúrgica, desde su concepción de iglesias locales, etc… Los hermanos protestantes vivirán su cristianismo desde su amor la Palabra (Biblia) y desde una honda comprensión de la justificación (redención), los católicos romanos seremos siempre más dogmáticos.

Será una unidad en una hermosa pluralidad.

03.- Unidad y pluralismo hacia dentro de la Iglesia católica.

  Dentro de nuestra misma Iglesia católico romana hay tensiones, cuando no enfrentamientos y rupturas. Lo estamos viviendo en nuestra propia diócesis de San Sebastián.

    Nosotros nos podemos aplicar lo que hemos escuchado en la 2ª lectura (1ª Corintios): hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo». Nosotros decimos: “Yo soy de Munilla, yo de Rouco, yo de Francisco…” Lo que hace falta es que seamos de Cristo:Yo soy de Cristo”.

   Necesitamos volver no tanto a un obispo que sea buena gente y competente: necesitamos volver a Cristo. Hemos sido bautizados en Cristo, no en un obispo.

   Y la vuelta a la unidad intraeclesial e intradiocesana será también en un respeto a la pluralidad de expresiones de la fe

    Esta unidad no se conseguirá por sometimiento a las tendencias teológico-morales férreas, ni por recuperación de liturgias coreográficas más que celebraciones de la Eucaristía que se parezca a las “comidas con pecadores y publicanos” de Jesús. La unidad no se conseguirá por normativas de castigo, que no sirven de nada, sino de sufrimiento, fracaso y frustración como hemos vivido durante estos últimos doce años.

    La unidad en nuestra iglesia local y en la Iglesia se producirá desde un sereno y respetuoso pluralismo no desde el linchamiento de quien no piensa como yo.

   Podremos rezar y cantar: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo pero con estilos de pensar diversos, aparatos conceptuales varios, teologías, celebraciones y encuentros plurales.

Que todos sean uno

[1] KÜNG, H. La Iglesia, 329.

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«En la Iglesia tiene más fuerza y es más determinante el machismo que el Evangelio», por José María Castillo.

viernes, 20 de enero de 2023
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De su blog Teología sin censura:

«Esta mentalidad machista esté privando de sus derechos a millones de fieles cristianos»

«Sabemos de sobra que “la ley del más débil” no se ha impuesto en nuestro mundo. Sabemos, por tanto, que, en la sociedad moderna y posmoderna, no se ha impuesto la igualdad»

«Las Religiones – entre ellas, la cristiana – han sido (y siguen siendo) responsables de las mil desigualdades que siguen causando tanto y tan enorme sufrimiento»

«Pasan los años y los siglos, al tiempo que la Iglesia sigue firme en su decisión de mantener la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres»

Como es bien sabido, la “diferencia” no es lo mismo que la “desigualdad”. La diferencia es un “hecho”. La igualdad es un “derecho” (cf. Luigi Ferrajoli, Derechos y garantías, Madrid, Trotta, 2001, pg. 77-80). Por esto, si es que de verdad queremos que, en este mundo, se imponga la mayor igualdad posible, para alcanzar semejante ideal, no hay más camino – ni más remedio – que fomentar y potenciar “la ley del más débil”, que se hace realidad en los “derechos fundamentales”, proclamados en la Declaración de derechos de 1789 (L. Ferrajoli, o. c., pg. 76-78).

Por supuesto, sabemos de sobra que “la ley del más débil” no se ha impuesto en nuestro mundo. Sabemos, por tanto, que, en la sociedad moderna y posmoderna, no se ha impuesto la igualdad. Las desigualdades son asombrosas y crueles. Y los responsables somos los que no hemos tomado en serio ni hemos luchado, de corazón y de veras, por hacer realidad los derechos de los más débiles.

En estas condiciones y sin miedo a exagerar, se puede afirmar que las Religiones – entre ellas, la cristiana – han sido (y siguen siendo) responsables de las mil desigualdades que siguen causando tanto y tan enorme sufrimiento. No es posible – ni pretendo – describir y analizar las muchas desigualdades que la Iglesia mantiene y justifica. Desigualdades en la sociedad. Y desigualdades en la misma Iglesia. Con el agravante de los incontables silencios de la Iglesia ante las leyes de los más fuertes, en política, en economía, en Derecho, en tantas y tantas cosas, que serían muy distintas si los obispos (y el clero en general) levantaran su voz, como la levantan cuando se sienten amenazados en los intereses y libertades que favorecen o amenazan a la Iglesia y lo que importa de verdad al mundo clerical.

Esto supuesto, se comprende perfectamente cómo y por qué pasan los años y los siglos, al tiempo que la Iglesia sigue firme en su decisión de mantener la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres. Una decisión intocable, que se mantiene al precio de miles y miles de parroquias que no pueden celebrar la eucaristía, ni atender a los fieles que necesitan un consejo, una ayuda y, sobre todo, no tienen quien les explique el Evangelio y les aporte luz en sus problemas de conciencia.

El Concilio Vaticano II, en su constitución sobre la Iglesia (LG, nº 37), dijo que “los fieles cristianos tienen derecho de recibir con abundancia … los auxilios de la palabra de Dios y de los sacramentos…”. Pero está visto que, para una notable mayoría de obispos, teólogos y gobernantes de la Iglesia, es más importante tener a las mujeres marginadas, que cumplir con los derechos que tienen los fieles cristianos.

Además, esto se hace a sabiendas de que, como consta en los Evangelios, el colectivo humano, con el que Jesús no tuvo el más mínimo roce o problema, fue precisamente el de las mujeres. Jesús las defendió siempre, aunque no siempre eran mujeres ejemplares. En su misión de anuncio del Evangelio, le acompañaron, no sólo “los Doce”, sino además “muchas mujeres”, no todas ellas precisamente ejemplares (Lc 8, 1-3). Es más, sabemos que, según los Evangelios de Marcos (10, 1-12) y Mateo (19, 1-12), Jesús antepuso el derecho de la mujer a lo establecido en favor del hombre, según se indica en Deut. 24, 1 (cf. Joel Marcus, (El Evangelio según Marcos, pg. 809; Cf. Ulrich Luz, El Evangelio según Mateo, vol. III, pg. 140-142).

Sin duda alguna, una notable mayoría de hombres del clero no están dispuestos a admitir la igualdad de derechos de las mujeres con los derechos del hombre. Aunque esto no se pueda demostrar con el Evangelio en la mano. Y – lo que es más grave – por más que esta mentalidad machista esté privando de sus derechos a millones de fieles cristianos. Incluso en detrimento grave de la misma Iglesia, que se está quedando si clero y con un futuro cada día más preocupante.

Sin duda alguna, en la Iglesia tiene más fuerza y es más determinante el machismo que el Evangelio. ¿Qué futuro nos espera a quienes seguimos queriendo lo mejor para la Iglesia y para la sociedad?

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , ,

Ser LGBTQ+ y glorioso a los ojos de Dios

lunes, 16 de enero de 2023
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481BCCB3-DACD-4FF4-A3A4-7C1F09FEFD90Hna. Donna McGartland

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland. La Hna. Donna está en el Equipo de Liderazgo de las Hermanas de San Francisco de las Comunidades Neumann. También es una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el segundo domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

Dios habla a través del profeta Isaías: “Te formé desde el vientre para que seas mi siervo. Te llamo de vuelta a mí y te recojo en mi abrazo”. Y yo respondo: “¡Soy glorioso a los ojos de Dios y Dios es ahora mi fuerza!” (Is 49:5, parafraseado)

Es muy poco,” dice Dios, “que tú seas mi siervo, para levantar y restaurar a los sobrevivientes; Te pondré por luz de las naciones, para que mi salvación llegue hasta los confines de la tierra”. (Is 49:6, parafraseado)

Estas son palabras que todos nosotros siempre queremos escuchar, especialmente aquellos que han sido heridos o excluidos por otros debido a quienes fuimos creados para ser, como los que somos parte de la comunidad LGBTQ+.

Vale la pena repetir el mensaje: Dios nos formó en el vientre y nos hizo quienes somos. ¡¡Somos gloriosos a los ojos de Dios!! Nadie puede llamarnos menos porque estamos invitados a habitar en el abrazo de Dios. Nos fortalece esta realidad.

Muchas veces a lo largo de nuestra vida escuchamos otro mensaje que dice que no somos suficientes. Nos avergonzamos al creer que somos defectuosos. Esto no es de Dios. Isaías es claro al respecto y nos llama a reconocer que:

1. ¡Somos hechos gloriosos! Dios nos formó como somos. ¡Pablo dice que somos santos! Nuestra misma existencia es preciosa a los ojos de Dios.

2. ¡La fuerza de Dios está siempre dentro de nosotros! Esta fuerza nos llama a levantar a otros ya restaurar su relación con Dios. Antes de que podamos hacer eso, debemos creer que la fuerza de Dios nos sanará, nos levantará y nos restaurará a una relación correcta con Dios y con nosotros mismos.

3. Estamos llamados a ser luz para los demás y permitirles abrazar esta misma realidad del inmenso amor de Dios por cada uno de nosotros.

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¡¡GUAU!! Dios nos amó desde nuestra concepción. Isaías no puede ser más claro. Somos hechos Gloriosos a los ojos de Dios.

Siéntate en esa realidad ahora. Siente el poder y el amor de Dios formándote en el útero y creándote para ser la persona que eres. Escucha a Dios llamarte por tu nombre.

“(Inserta el nombre de Dios para ti), ¡Eres  glorioso!

Soy yo quien te ha hecho como eres.

Tu eres mi amado. ¡Eres Santo!

Estoy contigo y siempre lo estaré.

te fortaleceré. ¡Te amo!»

Siente el amor de Dios fluir sobre ti y transforma todas las voces internas que son contrarias a la presencia amorosa de Dios.

Eres el Amado de Dios, hecho a imagen y semejanza de Dios.

Que seáis fortalecidos en esta Verdad. Que irradien esta Luz a los demás.

—Sr. Donna McGartland, 15 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Éste es el Cordero de Dios.

domingo, 15 de enero de 2023
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El Cordero

Oh Corderillo, ¿quién te ha hecho?
¿Aún no sabes quién te ha hecho?
Te ha dado vida y alimento
junto al arrollo y sobre el prado;
te ha dado ropas deliciosas,
suavísima lana brillante;
y te ha dado una voz tan tierna
que el valle todo se alboroza.
Oh Corderillo, ¿quién te ha hecho?
¿Aún no sabes quién te ha hecho?

Oh Cordero, yo he de decirlo,
Oh Cordero, yo he de decirlo:
se llama por tu mismo nombre,
pues que Cordero a sí se llama:
es apacible y bondadoso,
de un niño tuvo la apariencia:
a nosotros, niño y cordero,
por su nombre nos llaman todos.
Cordero que Dios te bendiga.
Cordero que Dios te bendiga.

*

William Blake
The Lamb

*

Agnus

 

*

Hambre de ti

«Amor de Ti nos quema,
blanco Cuerpo».
Unamuno

Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo,
Cordero degollado en pie de Pascua.

Sin alas y sin áloes testigos,
somos llamados a palpar tus llagas.

En todos los recodos del camino
nos sobrarán Tus pies para besarlas.

Tantos sepulcros por doquier, vacíos
de compasión, sellados de amenazas.
Callados, a su entrada, los amigos,
con miedo del poder o de la nada.

Pero nos quema aun tu hambre, Cristo,
y en Ti podremos encender el alba.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la espera.
Editorial Sal Terrae, Santander 1986

***

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.” Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.”

Y Juan dio testimonio diciendo:

“He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.” Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

*

Juan 1, 29-34

***

Con cada hombre viene al mundo un ser nuevo que no ha existido nunca, alguien original y único. «Cada israelita esta obligado a reconocer y considerar que es único en el mundo, que jamás ha existido nunca ningún hombre idéntico a él: si ya hubiera existido un hombre idéntico, no tendría sentido su existencia. Cada persona es diferente y debe realizar su propio ser. Que esto no suceda es lo que retrasa la llegada del «Mesías». Todos están llamados a desarrollar y realizar personalmente esta unicidad e irrepetibilidad, y a no volver a repetir mas lo ya realizado por otro, por muy grande que fuese ésta persona.

Ya viejo, el sabio Rabí Bunam dijo un día: «No me cambiaría por el padre Abrahán ¿Qué le reportaría a Dios si el patriarca Abrahán se convirtiera en el ciego Bunam y el ciego Bunam en Abrahán?.» La misma idea ha sido expresada con mayor agudeza por el Rabí Sussja, quien a punto de morir exclamó: «”En la vida Futura no me preguntaran: ”¿Por qué no has sido Moisés?”; me preguntarán; “¿Porque no has sido Sussia?”».

Estamos ante una enseñanza basada en la inigualdad natural de las personas y la imposibilidad, por tanto, de hacerlos iguales. Todos los hombres tienen acceso a Dios, pero cada uno tiene una senda diferente. La diversidad humana, la diferenciación de sus cualidades y tendencias, es la grandeza del género humano. La universalidad de Dios consiste en la multiplicidad infinita de caminos que conducen hasta él, y cada uno de ellos está reservado a un hombre […]. Así, el camino a través del cual cada hombre tiene acceso a Dios le viene indicado únicamente por la conciencia de su propio sen; por el conocimiento de su especificidad y la singularidad de su existencia. “En cada persona hay algo único que no existe en ninguna otra”.

*

Martin Buber,
El camino del hombre.
Magnano 199o, 27-29

***

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“Dejarnos bautizar por el espíritu de Jesús”. 2 Tiempo ordinario – A (Juan 1,29-34)

domingo, 15 de enero de 2023
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bautismoLos evangelistas se esfuerzan por diferenciar bien el bautismo de Jesús del bautismo de Juan. No hay que confundirlos. El bautismo de Jesús no consiste en sumergir a sus seguidores en las aguas de un río. Jesús sumerge a los suyos en el Espíritu Santo. El evangelio de Juan lo dice de manera clara. Jesús posee la plenitud del Espíritu de Dios, y por eso puede comunicar a los suyos esa plenitud. La gran novedad de Jesús consiste en que Jesús es «el Hijo de Dios» que puede «bautizar con Espíritu Santo».

Este bautismo de Jesús no es un baño externo, parecido al que algunos han podido conocer tal vez en las aguas del Jordán. Es un «baño interior». La metáfora sugiere que Jesús comunica su Espíritu para penetrar, empapar y transformar el corazón de la persona.

Este Espíritu Santo es considerado por los evangelistas como «Espíritu de vida». Por eso, dejarnos bautizar por Jesús significa acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Su Espíritu puede potenciar en nosotros una relación más vital con él. Nos puede llevar a un nuevo nivel de existencia cristiana, a una nueva etapa de cristianismo más fiel a Jesús.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de verdad». Dejarnos bautizar por él es poner verdad en nuestro cristianismo. No dejarnos engañar por falsas seguridades. Recuperar una y otra vez nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Abandonar caminos que nos desvían del evangelio.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de amor», capaz de liberarnos de la cobardía y del egoísmo de vivir pensando solo en nuestros intereses y nuestro bienestar. Dejarnos bautizar por él es abrirnos al amor solidario, gratuito y compasivo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de conversión» a Dios. Dejarnos bautizar por él significa dejarnos transformar lentamente por él. Aprender a vivir con sus criterios, sus actitudes, su corazón y su sensibilidad hacia quienes viven sufriendo.

El Espíritu de Jesús es «Espíritu de renovación». Dejarnos bautizar por él es dejarnos atraer por su novedad creadora. Él puede despertar lo mejor que hay en la Iglesia y darle un «corazón nuevo», con mayor capacidad de ser fiel al evangelio.

José Antonio Pagola

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“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Domingo 15 de enero de 2023. Domingo 2º del Tiempo Ordinario, ciclo A

domingo, 15 de enero de 2023
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10-ordinarioa2Leído en Koinonia:

Isaías 49,3.5-6: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación.
Salmo responsorial: 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
1Corintios 1,1-3: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros.
Juan 1,29-34: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Las lecturas de este domingo tienen como eje transversal la invitación de Dios a toda la humanidad a asumir como propio el proyecto del Reino, de retarle, en libertad y sinceridad, a una manera nueva ser hombre y mujer, de ser creación y sociedad. El texto que leemos en la primera lectura forma parte del segundo Cántico del Siervo (Is 49,1 – 50,7) en el que se identifica al pueblo de Israel como el servidor de Dios; este Israel mencionado aquí no representa la totalidad del pueblo de Dios, sino que, tal vez, se refiera a aquella pequeña comunidad creyente desterrada en Babilonia, a ese grupo reducido que mantiene viva la esperanza y la fe. Ese grupo que, a pesar de estar lejos de su tierra, mantiene su confianza en Yahvé es el que traerá la salvación a todo el pueblo de Israel y al mundo entero, pues Dios ha puesto sus ojos en él y le ha asignado la misión de expresar a toda la creación su deseo más profundo: salvar a todos sin excepción. El profeta que escribe este cántico marca una gran diferencia en cuanto a la comprensión de la salvación prometida por Yahvé; siendo el tiempo del exilio, el profeta anuncia una salvación para todas las naciones, no únicamente para el pueblo de Israel.

Pablo inicia su carta confirmando la universalidad del Reino de Dios; expresando que el mensaje de salvación es para todos los que en cualquier lugar -y tiempo- invocan el nombre de Jesucristo. Este saludo es dirigido a los cristianos de Corinto; sin embargo, por la manera solemne en que Pablo escribe (a la Iglesia de Dios de Corinto), se puede afirmar que el apóstol se está refiriendo a la única y universal Iglesia de Cristo, que se hace presente históricamente en los creyentes de Corinto. Es decir, que aunque Pablo escriba de manera particular a esta comunidad, su mensaje desborda los límites de espacio y tiempo, adquiriendo en todo momento actualidad y relevancia, pues es una Palabra dirigida a la humanidad entera. Hombres y mujeres hemos recibido la gracia de ser hijos de Dios, por medio de Jesús; hemos sido consagrados por Dios para realizar en nuestras vidas la “vocación santa”, que en nuestro lenguaje correspondería a la “misión” de hacer presente, aquí y ahora, el reino de Dios: hacer de este mundo un lugar más justo y solidario, menos violento y destructor, más libre y fraterno. Quien asume como modo normal de vida este horizonte liberador está invocando el nombre de Jesús.

El evangelio de Juan manifiesta la universalidad de la salvación de Dios por medio de la vida y misión de Jesús de Nazaret, visto éste como cordero de Dios, que se sacrifica, se entrega obedientemente a la voluntad del Padre para salvar de la muerte (del pecado) a toda la Humanidad… Jesús es el enviado del Padre, el ungido por el Espíritu de Dios, el servidor de Yahvé del profeta Isaías (49,3) que tiene como especial misión establecer en el mundo la justicia del reino; es quien verdaderamente trae la salvación de Dios a la humanidad. Juan el Bautista ya había comprendido su propia misión y la misión de Jesús; por tal razón el profeta del desierto dice que detrás de él viene alguien más importante que él, pues el que viene es el Mesías, una Palabra nueva de Dios para el mundo. El Bautista reconoce a Jesús como el Hijo de Dios, y por eso da testimonio de él. Y lo hace -lo recoge así el evangelio de Juan-, con las imágenes de aquel tiempo, unas imágenes que hace mucho tiempo se quedaron sin base y que han perdido incluso parte de su inteligibilidad.

En efecto, hablar de Cordero de Dios, sacrificado, que expía nuestros pecados, que quita «el pecado del mundo» con su sangre, que nos «redime»… es hablar en unas categorías que hoy sólo podemos conocerlas por estudio histórico-bíblico, por cultura especializada religiosa, pero que no se pueden captar en nuestra vida diaria por simple sentido común, por una evidencia que se respira en subconsciente colectivo social, como han de ser captadas las buenas imágenes, las imágenes que están vivas, no las que ya murieron aunque sigan siendo leídas o repetidas. Una tarea pendiente de la comunidad creyente hoy es testimoniar ese encuentro profundo con Jesús con unas metáforas nuevas, para que expresen y comuniquen ese encuentro, que sólo de esa manera se concretizará en una vida fundada entregada al amor, a la Justicia y a la comunión con Naturaleza.

(Recordemos que el lenguaje religioso es siempre metafórico, y que las metáforas no describen la realidad, sino que la aluden simbólicamente, con frecuencia de un modo inexpresable en conceptos. El lenguaje religioso no es de ideas «claras y distintas», como tantas veces ha confundido la teología dogmática, pensando que está describiendo una realidad religiosa ontológica que está ahí como un ob-jeto que puede ser descrito objetivamente… El lenguaje religioso es más bien como la poesía: nos habla con metáforas, imágenes, símbolos… que muchas veces evocan nuestro subconsciente, personal y colectivo. Jesús no puede ser el cordero de Dios, porque no es, en absoluto, un cordero… Sin embargo, para los cristianos de aquel tiempo, decir que lo era, resultaba una afirmación religiosa conmovedora, porque evocaba un gran conjunto de sentimientos, tradiciones, doctrinas, imágenes, etc. Traducir aquella expresión no es traducirla a nuestro idioma actual, sino encontrar genialmente una correspondencia válida con otra imagen o imágenes que pudieran expresar una vivencia religiosa semejante a la que suscitaba esa expresión en aquel tiempo. Pero esto no es fácil hacerlo –si es que es realmente posible–. Mientras, lo que podemos/debemos hacer es no «»idolatrar aquellas expresiones antiguas, no sentirnos atados, y ser suficientemente creativos para aportar nuestro granito de arena al desarrollo del lenguaje religioso, que también es nuestra responsabilidad). Leer más…

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Pikaza

domingo, 15 de enero de 2023
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El testimonio de Juan Bautista Segundo domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 15 de enero de 2023
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sandalsDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado recordamos el Bautismo de Jesús. En la versión de Marcos y de Lucas, Juan Bautista no dice nada. En la de Mateo, entabla un breve diálogo con Jesús, porque no comprende que venga a bautizarse. El cuarto evangelio sigue un camino muy distinto: Jesús va al Jordán, pero no cuenta el bautismo; en cambio, introduce un breve discurso de Juan Bautista. Es el texto que se lee este domingo (Jn 1,29-34).

Triple esfuerzo de imaginación

            Para entender este texto conviene realizar un triple esfuerzo de imaginación: 1) imaginar que somos jóvenes; 2) imaginar que vivimos hace veinte siglos en Palestina; 3) imaginar que somos discípulos de Juan Bautista, y no hemos oído hablar nunca de Jesús. Hemos hecho quizá un largo y molesto viaje para escuchar a Juan y hacernos bautizar por él, hemos renunciado a todo para convertirnos en discípulos suyos. Juan es el personaje más grande en nuestra vida. De repente, aparece Jesús, un desconocido, y lo que Juan dice nos desconcierta por completo.

            Al desconocido lo presenta, en primer lugar, como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Fórmula extraña, que ninguno entiende muy bien, pero que sugiere una estrecha relación con Dios y con el perdón de los pecados. Hemos ido buscando un bautismo para el perdón de los pecados, y ahora encontramos a un personaje que los quita.

            Sigue Juan diciendo que ese desconocido está por delante de mí, porque existía antes que yo. Y lo miramos extrañados, intentando convencernos de que Jesús es más viejo, aunque Juan lo parece mucho más, quizá por culpa de tantas penitencias y por alimentarse solo de saltamontes y miel silvestre. Pero tenemos la sensación de que Juan no se refiere sólo a la edad: está sugiriendo que ese desconocido es mucho más importante que él.

            Y esto queda claro cuando añade: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Entre nosotros hay algunos conocedores de la teología judía, y se asombran de esto porque muchos rabinos afirman que el Espíritu de Dios lleva siglos sin manifestarse. Muy grande tiene que ser ese desconocido, sobre todo teniendo en cuenta que no solo recibe el Espíritu, sino que también lo transmite en un nuevo bautismo, distinto del de Juan.

            Finalmente, termina dando testimonio de que éste es el Hijo de Dios, una forma de referirse al rey de Israel, al que Dios adopta como hijo. (Lo dejan claro las palabras que pronunciará poco más tarde Natanael, dirigiéndose a Jesús: «Tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel»: Jn 1,49).

            Los oyentes de Juan se preguntarían asombrados: ¿quién es este que quita el pecado del mundo, que es más importante que Juan, sobre el que se ha posado el espíritu, que da el espíritu en un nuevo bautismo, que es el rey de Israel? Sin duda, debe tratarse del Mesías, aunque no lo parezca.

Leyendo el evangelio (Juan 1,29-34).

            Contemplar la escena es un recurso magnífico para profundizar en el evangelio y entenderlo, pero la lectura «científica» ayuda también a descubrir nuevos aspectos.

            El más importante es que Juan Bautista no pronunció este discurso: sus palabras son un recurso del evangelista para suscitar en nosotros, desde el primer momento, la curiosidad y el interés por el protagonista de su historia. Y no sólo esto, sino también una respuesta personal, idéntica a la que refleja el episodio inmediatamente posterior (Jn 1,35-37, que no se lee este domingo). Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dijo: Ahí está el Cordero de Dios. Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. Esta vez no pronuncia Juan un largo y complicado discurso. Basta una simple referencia, enigmática, al cordero de Dios. Lo importante es que la curiosidad y el interés dan paso al seguimiento.

            Cuando se relee el texto diez o quince veces (algo imprescindible para entender el cuarto evangelio) se advierten dos bloques de afirmaciones:

            El primero se refiere a Jesús, del que Juan dice: 1) Es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo; 2) está por delante de mí porque existía antes que yo; 3) el Espíritu su posó sobre él y bautizará con Espíritu Santo; 5) es el Hijo de Dios.

            Son afirmaciones que se complementan, componiendo un mosaico de la figura de Jesús: empieza hablando de su relación con el mundo, del que borra sus pecados; luego de su relación con Juan; finalmente de su relación con Dios y con su Espíritu. Un personaje del que solo se puede esperar lo mejor y que provoca asombro y deseo de conocerlo.

            El segundo bloque de afirmaciones se refiere a Juan: 1) he anunciado la venida de uno más importante; 2) dos veces repite «yo no lo conocía»; 3) pero «he salido a bautizar para que sea manifestado a Israel»; 4) he contemplado al Espíritu bajar sobre él; 4) lo he visto y doy testimonio.

            También estas afirmaciones se complementan, esbozando la misión del Bautista y su descubrimiento de Jesús, desde que Dios lo envía a bautizar hasta que se encuentra con el personaje anunciado. En la visión que ofrece el cuarto evangelio, la vida de Juan Bautista solo tiene sentido al servicio de Jesús, dándolo a conocer a los demás. Algo que podría desilusionar o desconcertar a sus discípulos, pero que debe moverlos a aceptar a Jesús, igual que hizo su maestro.

            Dos notas:

            ‒ La imagen del «cordero de Dios», que no coincide exactamente ni con la del cordero pascual, ni con la del chivo expiatorio del Yom Kippur, recuerda bastante al personaje misterioso de Isaías 53 que se ofrece a morir por el pueblo y marcha a la muerte «como un cordero llevado al matadero», sin protestar ni abrir la boca. Teniendo en cuenta que en ámbito cananeo el símbolo de la divinidad era el toro, por su fuerza y bravura, elegir al cordero significa un cambio radical, una opción por lo débil y suave.

            ‒ «El pecado del mundo» es una fórmula que solo se encuentra aquí, y resulta difícil saber en qué consiste el pecado del mundo. Una pista la ofrece la primera carta de Juan: «Cuanto hay en el mundo, la codicia sensual, la codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida, no procede del Padre, sino del mundo» (1 Jn 2,16). Todo eso sería lo que elimina Jesús. Pero la cuestión es discutida.

La doble misión del Siervo de Dios y de Jesús (Is 49,3.5-6)

El Señor me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso».

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo,

para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel

—tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza—:

«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob

y conviertas a los supervivientes de Israel;

te hago luz de las naciones,

para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

            El protagonista de esta lectura es un personaje misterioso que aparece al final del libro de Isaías. Uniendo diversos poemas de los capítulos 42, 49, 50 y 53 se esboza la figura de un “Siervo de Yahvé”, al que Dios encomienda la misión de convertir a los judíos desterrados en Babilonia (de la salvación política se encargará el rey persa Ciro). El Siervo, después de una etapa inicial de entusiasmo, atraviesa una profunda crisis, pensando que todo su esfuerzo ha sido inútil. Entonces, el Señor le renueva la misión con respecto a Israel e incluso se la amplía, extendiéndola a todo el mundo.

            Este poema de Isaías ayuda a entender la misión de Jesús de “quitar los pecados del mundo”. Una misión que implica dos aspectos. El primero, relativo al pueblo de Israel, consiste en convertirlo al Señor; de hecho, su mensaje inicial será “convertíos y creed en la buena noticia”. El segundo se refiere al mundo entero: iluminar a todas las naciones para que la salvación de Dios alcance hasta el fin del mundo; sus rápidas visitas a Fenicia y la Decápolis, su buena relación con los despreciados samaritanos, simbolizan y anticipan la misión universal de la Iglesia, sin fronteras ni muros.

Nota sobre la segunda lectura (1 Corintios 1,1-3)

            Desde este domingo hasta el séptimo del Tiempo Ordinario (este año 2023 la Cuaresma comienza el 26 de febrero), la segunda lectura se dedica a diversos fragmentos de la Primera Carta a los Corintios, de enorme interés para conocer diversos problemas de la iglesia primitiva. En la liturgia dominical solo se leen los capítulos 1-3). El texto de hoy se limita al saludo, interesante para saber lo que Pablo piensa de sí mismo (“apóstol de Cristo Jesús”), conocer a uno de sus colaboradores (Sóstenes) y a los destinatarios, que no se limitan a la comunidad de Corinto. Ojalá muchos se animen a leer en privado la carta durante estos días.

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

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