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Cambiando la Iglesia convirtiéndose en Sal y Luz

lunes, 6 de febrero de 2023
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3C9A1B96-3B73-4612-8CDC-86B6229FAF95Las lecturas litúrgicas de hoy para el quinto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

A menudo, las personas católicas LGBTQ+ y sus simpatizantes me preguntan cuál es la mejor manera de ayudar a la Iglesia católica a aceptar y dar más la bienvenida a las personas LGBTQ+. He trabajado en esta área durante más de 30 años y una cosa que he aprendido es que ninguno de nosotros tiene realmente el poder de cambiar una institución global tan grande como la Iglesia Católica. Solo podemos actuar localmente, tratando de efectuar un cambio en nuestras comunidades locales, nuestros líderes de la iglesia local y compañeros católicos.

Las lecturas litúrgicas de hoy ofrecen una recomendación aún más radicalmente local para lograr el cambio y construir la justicia: comienza por ti mismo. En la primera lectura, el consejo de Isaías no tiene nada que ver con la estrategia política o la organización comunitaria. En cambio, sugiere una combinación de Mateo 25 y los Diez Mandamientos: alimentar al hambriento, vestir al desnudo, albergar a los desamparados, no mentir, respetar a los de su familia y comunidad.

Isaías promete que si hacemos estas cosas, sucederá lo siguiente:

Tu luz brillará como el alba,
y tu herida sanará pronto;
Tu justicia irá delante de ti,
y la gloria de Dios será vuestra retaguardia.
Entonces llamarás, y Dios te responderá,
clamarás por ayuda, y Dios dirá: ¡Aquí estoy!”

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Esas son promesas maravillosas, pero debo admitir que estas sugerencias no suenan mucho como un plan de acción concertado. ¿Dónde están las “listas de tareas”, los organigramas, los cronogramas, los presupuestos, el plan estratégico?

Isaías está sugiriendo que en lugar de enfocarnos en nuestras formas humanas de hacer las cosas, debemos adoptar los caminos de Dios, que nunca parecen tener mucho sentido si los comparamos con la lógica humana. Como San Pablo nos dice hoy, nuestra fe “no descanse en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios”.

Isaías está ofreciendo lo que en nuestros días se considera un buen consejo psicológico: no intentes cambiar a los demás, solo trabaja en ti mismo. Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Es mucho más fácil (¿y quizás más divertido?) señalar las fallas de otras personas y advertirles que cambien que tratar de cambiarnos a nosotros mismos. ¿Y cómo cambiarnos a nosotros mismos realmente puede hacer algún cambio en la iglesia o en el mundo?

Jesús proporciona la respuesta a esa pregunta en el evangelio de hoy. Se supone que somos la sal de la tierra, dice. Para hacer eso, tenemos que estar en guardia para asegurarnos de mantener nuestra propia «sabor salado» porque, «si la sal pierde su sabor, . . . ya no sirve para nada.” También tenemos que ser un faro que “alumbre a todos en la casa”.

Pero tanto en la sociedad y en la iglesia parece desanimar continuamente a las personas LGBTQ+. ¿Cómo nos aseguramos de no perder nuestro sabor y nuestra luz en nuestras vidas? El salmo 112 hoy continúa con el tema de trabajar en nosotros mismos y ser el cambio que queremos ver. Hacer esto logrará dos cosas. Por un lado, traerá justicia:

“La justicia de los justos permanecerá para siempre;
Su cuerno será exaltado en gloria.”

En segundo lugar, nos mantendrá firmes:

El justo nunca será conmovido;
el justo estará en memoria eterna.
La mala fama no temerá el justo;
sus corazones están firmes, confiados en Dios.”

Para aquellos que trabajan por la justicia para las personas LGBTQ+, la decepción y el desánimo son resultados comunes que a menudo pueden llevar al agotamiento: nuestra luz se apaga. Jesús quiere que mantengamos esa luz viva y brillante. La renovación no ocurre redoblando nuestros esfuerzos para cambiar estructuras injustas. En cambio, tenemos que cambiarnos a nosotros mismos, asegurándonos de no estar tan atrapados en nuestros ideales que descuidemos las obras de misericordia y que actuemos con justicia para ser un faro de luz para aquellos que viven en la oscuridad.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 5 de febrero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Si la sal se vuelve sosa”. 5 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,13-16)

domingo, 5 de febrero de 2023
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Sugar on a black background. Sugar pours from a man's hand. Excessive sugar intake

Pocos escritos pueden sacudir hoy el corazón de los creyentes con tanta fuerza como el pequeño libro de Paul Evdokimov, El amor loco de Dios. Con fe ardiente y palabras de fuego, el teólogo de San Petersburgo pone al descubierto nuestro cristianismo rutinario y satisfecho.

Así ve P. Evdokimov el momento actual: «Los cristianos han hecho todo lo posible para esterilizar el evangelio; se diría que lo han sumergido en un líquido neutralizante. Se amortigua todo lo que impresiona, supera o invierte. Convertida así en algo inofensivo, esta religión aplanada, prudente y razonable, el hombre no puede sino vomitarla». ¿De dónde procede este cristianismo inoperante y amortiguado?

Las críticas del teólogo ortodoxo no se detienen en cuestiones secundarias, sino que apuntan a lo esencial. La Iglesia aparece a sus ojos no como «un organismo vivo de la presencia real de Cristo», sino como una organización estática y «un lugar de autonutrición». Los cristianos no tienen sentido de la misión, y la fe cristiana «ha perdido extrañamente su cualidad de fermento». El evangelio vivido por los cristianos de hoy «no encuentra más que la total indiferencia».

Según Evdokimov, los cristianos han perdido contacto con el Dios vivo de Jesucristo y se pierden en disquisiciones doctrinales. Se confunde la verdad de Dios con las fórmulas dogmáticas, que en realidad solo son «iconos» que invitan a abrirnos al Misterio santo de Dios. El cristianismo se desplaza hacia lo exterior y periférico, cuando Dios habita en lo profundo.

Se busca entonces un cristianismo rebajado y cómodo. Como decía Marcel More, «los cristianos han encontrado la manera de sentarse, no sabemos cómo, de forma confortable en la cruz». Se olvida que el cristianismo «no es una doctrina, sino una vida, una encarnación». Y cuando en la Iglesia ya no brilla la vida de Jesús, apenas se constata diferencia alguna con el mundo. La Iglesia «se convierte en espejo fiel del mundo», al que ella reconoce como «carne de su carne».

Muchos reaccionarán, sin duda, poniendo matices y reparos a una denuncia tan contundente, pero es difícil no reconocer el fondo de verdad hacia el que apunta Evdokimov: en la Iglesia falta santidad, fe viva, contacto con Dios. Faltan santos que escandalicen porque encarnan «el amor loco de Dios», faltan testigos vivos del evangelio de Jesucristo.

Las páginas ardientes del teólogo ruso no hacen sino recordar las de Jesús: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaran? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente».

José Antonio Pagola

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“Vosotros sois la luz del mundo”. Domingo 5 de febrero de 2023. 5º Domingo Ordinario

domingo, 5 de febrero de 2023
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13-ordinarioa5Leído en Koinonia:

Isaías 58,7-10: Romperá tu luz como la aurora.
Salmo responsorial: 111: El justo brilla en las tinieblas como una luz.
1Corintios 2,1-5: Os anuncié el misterio de Cristo crucificado.
Mateo 5,13-16: Vosotros sois la luz del mundo.

Las lecturas de hoy tienen como tema central la justicia de Dios, expresada plenamente en el amor misericordioso para con el prójimo. El relato que leemos del profeta Isaías se enmarca en el contexto del ayuno, en donde se realiza una fuerte crítica al pueblo de Israel por sus prácticas religiosas desarticuladas de la fe y la justicia con los pobres. El profeta llama a realizar el verdadero culto a Yahvé, ligado íntimamente con la justicia y la misericordia. Las prácticas religiosas deben salir del corazón y deben dar como fruto una verdadera justicia social, concretizada en el compartir del pan con el hambriento, en la solidaridad con los que sufren, en preocuparse visceralmente por los hermanos pobres, pues en ellos, en los abatidos, en los mal vistos, es donde el mismo Dios se revela; es en ellos donde la luz de Dios se hace presente; es donde el Dios de Israel verdaderamente habita.

En relación con lo anterior, Pablo expresa a los corintios que el misterio de Dios anunciado por él no se fundamenta en la sabiduría humana, sino en el mismo Señor crucificado, lo cual significa que es Dios quien ha actuado en Pablo y en la comunidad. Es relevante que Pablo se refiera a la cruz de Cristo como el elemento esencial de su predicación. Con ello quiere hacer presente el verdadero rostro de Dios que se revela no a los sabios ni a los poderosos, sino a los más vulnerables de la sociedad. De ahí que el anuncio de la Palabra transformadora de Dios no pertenezca al mundo de la sabiduría humana, sino a la fuerza salvífica del Espíritu de Dios; es decir, que la fe y su debido comportamiento moral, sintetizado en la justicia y en la misericordia, sea una iniciativa exclusiva de Dios, una acción liberadora que penetra en el corazón del ser humano y que lo empuja a actuar de una manera coherente con la Palabra escuchada. Por tanto, el anuncio del misterio de Dios realizado por Pablo a la comunidad griega de Corinto es su propia experiencia de Cristo; lo que realmente anuncia es la vivencia de ese mensaje.

El evangelio de hoy, de Mateo, expresa cuál es la misión de los creyentes de todos los tiempos: ser sal y luz para el mundo. Tanto la sal como la luz son elementos necesarios en la vida cotidiana de las familias. La sal da sabor a las comidas, conserva los alimentos, purifica; en la antigua Palestina servía para encender y mantener el fuego de los hornos de tierra. Por su parte, como es sabido, la luz disipa las tinieblas, ilumina y orienta a las personas; es la metáfora perfecta que emplea el AT para hacer referencia a Dios; y es la tarea de los profetas y en especial la del Mesías: ser luz de las naciones (Is 42,6). Sal y luz, entonces, hablan de la tarea del seguidor fiel de Jesús: Expresar la fe, su integración con el proyecto de Dios a través del testimonio de vida, a través de las buenas obras, de los buenos frutos; tiene la misión de mantener el sabor y la luminosidad de la Palabra de Dios en todo tiempo y lugar del mundo –empresa que únicamente se logra por medio de una conciencia plena de la necesidad de fomentar en la comunidad mundial la justicia y la solidaridad entre los hermanos. Leer más…

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Pikaza

domingo, 5 de febrero de 2023
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La sal y la luz. Domingo 5º TO. Ciclo A

domingo, 5 de febrero de 2023
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imagesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El evangelio de este domingo consta de dos breves parábolas muy fáciles de entender. Pero se puede profundizar en ellas situándolas en su contexto y utilizándolas para un examen de conciencia.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

               Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

               Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Diseccionando el texto

               Aunque empiezan de forma muy parecida, el desarrollo de las dos parábolas es distinto.

               La primera consta de dos elementos: afirmación (vosotros sois la sal) y advertencia sobre el peligro de perder el sabor.

               La segunda es más compleja, consta de cuatro elementos: entre la afirmación(vosotros sois la luz) y la advertencia sobre el peligro de meter la lámpara en el armario, encontramos una nueva imagen sobre la ciudad en lo alto del monte, y termina con una exhortación a hacer brillar nuestra luz.

               Pido perdón por destripar el texto, pero lo hago para dejar claro la difícil tarea de los evangelistas, que reunieron palabras pronunciadas por Jesús en diversos momentos, y no tenían la posibilidad moderna de marcar bloque y trasladar o borrar sin enorme gasto de tiempo y de dinero.

El contexto: las parábolas y las bienaventuranzas

               El evangelio de Mateo sitúa estas dos parábolas inmediatamente después de las bienaventuranzas. Como vimos el domingo pasado, las bienaventuranzas hablan de las personas que pueden interesarse por el mensaje de Jesús y entenderlo; de las que pueden entrar a formar parte de la comunidad cristiana (el reinado inicial de Dios) por los motivos más diversos en su actitud ante Dios y el prójimo. Proclamando los valores más inauditos, son un canto de esperanza para todos los que se sienten marginados por la sociedad y el estamento religioso: Dios Rey los acoge como súbditos.

               Pero Mateo, siempre tan realista, no quiere que los cristianos lancemos las campanas al vuelo, que nos sintamos maravillosos y al seguro. Por eso, antes de entrar en el cuerpo central del Sermón del Monte, nos da un doble toque de atención con estas dos parábolas.

Los dos peligros

               Leídas juntas, las dos parábolas pretende ilusionar a los oyentes recordándoles que Dios les ha concedido la capacidad de dar sabor, y energía para iluminar a todos los hombres, redundando en gloria de Dios.

               Pero caben dos peligros: el prime­ro, perder la energía (parábola de la sal); el segundo, ocultarla (parábola de la luz del mundo).

               ¿Cómo se puede perder la energía? Más adelante, en la parábola del sembrador, Mateo ofrece unas pistas cuando habla de la semilla sembrada entre cardos: las preocupaciones mundanas y la seducción de la riqueza lo ahogan, y no da fruto (Mt 13,22).

               ¿Cómo conservar la energía? Si tomamos como modelo a Jesús, sus dos fuentes de energía fueron la oración (tema que subrayan los cuatro evangelios) y el contacto directo con el prójimo, especialmente con los más necesitados (enfermos, marginados).

               ¿Cómo ocultar la luz? Dejándonos arrastrar por lo cómodo y fácil. Jesús fue luz del mundo porque no se recluyó cómodamente en su mundo, prefirió el esfuerzo, el riesgo, el cansancio, la adversidad y la muerte.

¿Cómo hacer que brille nuestra luz?

               La primera lectura, tomada del c.58 de Isaías, encaja perfectamente con la parábola de la luz.

               Así dice el Señor:

Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

viste al que ves desnudo,

y no te cierres a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora,

en seguida te brotará la carne sana;

te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor, y te responderá;

gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.

Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

               Tras la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia (año 586 a.C.), la situación del pueblo judío fue trágica, incluso después de la vuelta del destierro (año 538 a.C.). La capital siguió prácticamente despoblada hasta mediados o finales del siglo V (época de Nehemías) y la situación económica era de absoluta penuria. El pueblo se sentía como un cuerpo enfermo y sumergido en tinieblas.

               En esas circunstancias de desánimo, busca la solución en una serie de ceremonias religiosas, especialmente el ayuno (que implicaba no sólo abstenerse de alimentos sino también realizar otros ritos, como cubrirse de saco y ceniza, etc.), para ganarse el favor de Dios. Pero Dios no hace nada. Y el pueblo se queja y protesta. «¿Para qué ayunar si no haces caso?» Dios responde por medio del profeta: si quieres que tu situación mejore, que brille tu luz en las tinieblas, que rompa tu luz como la aurora, comprométete con el que pasa hambre, tiene sed, está desnudo y sin techo (las famosas obras de misericordia, que se conocían ya en el antiguo Egipto); destierra la opresión y la maledicencia.

               Hay una idea capital en esta lectura. Cuando habla de los necesitados termina diciendo: «y no te cierres a tu propia carne». El hambriento, desnudo o sin techo no es un ser extraño, ajeno a mí, al que hago un favor si me apetece. Es mi propia carne, que reclama cuidado y atención, como un miembro cualquiera de nuestro cuerpo.

¿Cómo hizo brillar Pablo su luz? 2ª lectura (1 Corintios 2,1-5)

            Buscando una relación entre esta lectura y el evangelio, la luz con la que Pablo intenta iluminar a los corintios es la persona y el mensaje de Jesucristo. Pero la fuerza del texto recae en el modo de hacer brillar esa luz. La comunidad de Corinto había sido fundada por Pablo. Pero cuando apareció por allí Apolo, un judío convertido al cristianismo, encandiló a todos con su sabiduría y su excelente oratoria. Muchos terminaron prefiriendo a Apolo y su modo de transmitir el evangelio. Pablo reacciona con dureza, afirmando que él nunca quiso presumir de sabio o elocuente, sino anunciar a Jesucristo, y no de cualquier manera, sino en su aspecto más escandaloso: crucificado. «Para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios».

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Domingo V del Tiempo Ordinario. 5 febrero, 2023

domingo, 5 de febrero de 2023
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“Alumbre así vuestra luz a las gentes

para que vean vuestras buenas obras

y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

(Mt 5, 13-16)

Imagínate por un momento que eres una artista famosa en el campo que quieras: poesía, escultura, pintura, cine, fotografía, moda, canto…

Tienes que imaginarte que eres una renombrada artista. Famosa, conocida, valorada. De esas que se han abierto camino poco a poco y con dificultades. Con un talento que no siempre se ha sabido reconocer.

¿Estás en situación? ¡Bien! Ahora ya eres famosa y reconocida. Lo que significa que tu talento ha sido probado y educado. Te encuentras en lo mejor de tu carrera profesional y acabas de realizar tu gran obra. Todo gran artista tiene una gran obra que lo define.

Estas delante de tu escultura, tu película o tu novela acabada. Sabes que es la mejor. La cumbre del trabajo de toda tu vida.

Pues ahora redobla tu capacidad de imaginar e imagínate (si puedes) que decides no firmar tu obra maestra. No corras, piénsalo despacio.

Piensa en qué podría moverte por dentro a hacer algo así. Para ayudarte a tu reflexión puedes pensar en aquellas obras conocidas de autoras anónimas. Tantos libros y canciones antiguas…

Quizá alguna vez ha caído en tus manos algo hermoso, tan hermoso que has querido saber quién lo ha hecho y cuando te has puesto a investigar no has podido dar con el autor/autora. ¿Quién es capaz de hacer algo bonito y no firmarlo? ¿Qué puede buscar quién hace algo así?

Podemos pensar que a veces sale algo de nosotras tan bueno y bonito que descubrimos que en ello hay algo más que nuestra impronta personal, nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

Imagínate ahora algo más sencillo y cotidiano: un buen guiso, un jardín bonito, una casa limpia y ordenada, un cliente bien atendido, o una buena gestión…Una cosa sencillita que te ha salido tan bien que hasta tú misma te has quedado sorprendida y se te escapa una sonrisa acompañada de un gracias.

Pues algo así parece que nos invita a hacer el evangelio de hoy. A dejar que nuestras obras (grandes o pequeñas) alumbren, den luz, pero una luz, un calor, que quienes las reciban (e incluso nosotras mismas) lo que les salga sea dar gracias a Dios. O lo que es lo mismo: “den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

Oración

“Alumbre así vuestra luz a las gentes para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo si estás ardiendo, iluminarás.

domingo, 5 de febrero de 2023
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DOMINGO 5º (A)

Mt 5,13-16

El texto que acabamos de escuchar es continuación de las bienaventuranzas, que leímos el domingo pasado. Estamos en el principio del primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante sería estar ardiendo e iluminar.

El mensaje de hoy es simplicísimo, con tal de demos por supuesta una realidad que es de lo más complicada. Efectivamente, todo el que ha alcanzado la iluminación ilumina. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que iluminar. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado? Somos plenitud de luz, pero no es fácil tomar conciencia de ello.

Todos los líderes espirituales, pero sobre todo en el budismo, enseñan lo mismo. Buda significa eso: el iluminado. ¡Qué difícil es entender lo que eso significa! Solo lo podemos comprender en la medida que nosotros estemos iluminados. Está claro, sin embargo, que no nos referimos a ninguna clase de luz material ni de ningún conocimiento especial. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano. Estaríamos hablando del ideal de ser humano.

Esto es precisamente lo que nos está diciendo el evangelio. Da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y capaces de iluminar a los demás. Pero como nos dice el budismo, eso no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás estando nosotros apagados, dormidos. En el budismo, el iluminar a los demás estaría significado por la primera consecuencia de la iluminación, la compasión.

Hay un aspecto en el que la sal y la luz coinciden. Ninguna es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara o la vela producen luz, pero el aceite o la cera se consumen. ¡Qué interesante! Resulta que mi existencia solo tendrá sentido en la medida que me consuma en beneficio de los demás.

La sal es uno de los minerales más simples (cloruro sódico), pero también más imprescindibles para nuestra alimentación. Pero tiene muchas otras virtudes que pueden ayudarnos a entender el relato. En tiempo de Jesús se usaban bloques de sal para revestir por dentro los hornos de pan. Con ello se conseguía conservar el calor para la cocción. Esta sal con el tiempo perdía su capacidad de aislante térmico y había que sustituirla. Los restos de las placas retiradas se utilizaban para compactar los caminos.

Ahora podemos comprender la frase del evangelio: “pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará?; no sirve más que para tirarla y que la pise la gente”. La sal no se vuelve sosa. Esta sal de los hornos, sí podía perder la virtud de conservar el calor. La traducción está mal hecha. El verbo griego que emplea tiene que ver con “perder la cabeza”, “volverse loco”. En latín “evanuerit” significa desvirtuarse, desvanecerse. Debía decir: si la sal se vuelve loca o si la sal pierde su virtud. Esa sal quemada, no servía más que para pisarla.

No podemos conocer lo que Jesús pensaba cuando ponía estos ejemplos pero seguro que no hacía referencia a conocimiento doctrinal, ni a normas morales, ni a ningún rito. Seguro que ya intuían lo que hoy nosotros sabemos: la sal y la luz es lo humano. Es curioso que haya llegado a nosotros un proverbio romano que, jugando con las palabras, dice: no hay nada más importante que la sal y el sol. Probablemente estas comparaciones, utilizadas por Jesús, hacen referencia a algún refrán ancestral que no ha llegado hasta nosotros.

La sal actúa desde el anonimato, ni se ve ni se aprecia. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida, nadie se acuerda de la sal. Cuando a un alimento le falta o tiene demasiada, entonces nos acordamos de ella. Lo que importa no es la sal, sino la comida sazonada. La sal no se puede salar a sí misma. Pero es imprescindible para los demás alimentos. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra tan utilizada todavía de “salario” y “asalariado”

Jesús dice: sois la sal, sois la luz. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal ni otra luz. Todos esperan algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. El mundo tiene que quedar sazonado e iluminado por la vida de los que siguen a Jesús. Pero cuidado, cuando la comida tiene exceso de sal se hace intragable. La dosis tiene que estar bien calculada. No debemos atosigar a los demás con nuestras imposiciones.

Cuando se nos pide que seamos luz, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz y calor. Solo si vivo mi humanidad, puedo ayudar a los demás a desarrollarla. Ser luz significa desplegar nuestra vida espiritual y poner todo ese bagaje al servicio de los demás.

Debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar. Estar al servicio del otro, pensando en el bien del otro y no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos imponerle. Cuando sacamos a alguien de la oscuridad, debemos dosificar la luz para no dañar sus ojos. Los cristianos somos mucho más aficionados a deslumbrar que a iluminar. Cegamos a la gente con imposiciones excesivas y hacemos inútil el mensaje de Jesús para iluminar la vida real de cada día.

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora: “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz de transmitir el mensaje son las obras. Una actitud evangélica se transformará inevitablemente en obras. Evangelizar no es proponer una doctrina elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra ideología o manera de entender la realidad. Se trataría de ayudarle a descubrir su propio camino desde los condicionamientos personales en lo que vive.

En las obras se ponen al descubierto mis actitudes internas. Las obras que son fruto de una programación externa no ayudan a los demás a encontrar su camino. Solo las obras que son reflejo de una actitud vital auténtica son cauce de iluminación para los demás. Lo que hay en mi interior, solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor y la compasión es luz. Los que tenemos una cierta edad nos hemos conformado con un cristianismo de programación, por eso nadie nos hace caso.

Meditación

Puedo desplegar mi capacidad de sazonar
Puedo vivir encendido y dar calor y luz
Soy sal para todos los que me rodean
en la medida en que hago participar a otros de mi plenitud humana.
Soy luz en la medida en que vivo mi verdadero ser
y muestro a otros el camino que les puede llevar a ser en plenitud.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La misión.

domingo, 5 de febrero de 2023
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Mt 5, 13-16

«Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo»

No es frecuente plantearse la vida desde la misión, pero eso es lo que nos pide Jesús. Y la misión no consiste en elucubrar sobre la Palabra, sino en responder a la Palabra. Tampoco consiste en promover filosofías o teologías que suplanten a la Palabra, sino en una forma determinada de vivir … Y ¿para qué?… pues «para que los hombres vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo». Por tanto, la misión no tiene nada que ver con un mensaje de palabras, sino en vivir de forma que nuestros actos hagan patente el amor del Padre.

El fundamento que soporta al cristiano es Abbá: el padre que nos quiere con locura y a cuyo amor respondemos amando a los demás (a sus otros hijos). Pero es muy difícil creer en el amor del Padre cuando lo que habitualmente vemos en el mundo no es amor, sino injusticia y opresión. Los cristianos hemos visto el amor de Dios en Jesús, y la misión que Jesús nos pide es que le ayudemos a que los demás vean ese amor en nuestras buenas obras. «Así como el Padre me envió … os envío yo a vosotros».

Según el texto de hoy, la misión a la que Jesús nos invita se concreta en ser luz y en ser sal; luz para poner de manifiesto ese amor, y sal para darle al mundo su auténtico sabor.

El signo de la luz tiene una larga tradición en Israel, y no es extraño que Jesús lo adopte para definir la misión. La luz no pone nada sobre lo que ya hay, pero permite ver las cosas mejor y vivir con más sentido… No obstante, la invitación a ser luz tiene un peligro, y es que caigamos en la pedantería de ir por la vida creyéndonos luz de los demás. Debemos tener muy claro que esa luz no es nuestra; que, en todo caso, somos meros portadores de la luz de Dios que hemos visto reflejada en Jesús.

Todos, creyentes y no creyentes, tenemos un poco de luz de Dios, y ofreciendo la que tenemos y recibiendo la que nos dan, podemos caminar por el mundo como hermanos que se esfuerzan en avanzar sin tropiezos. Ruiz de Galarreta comparaba la vida cristiana con un cirio que, si no se consume para dar luz, no sirve para nada. Y ponía de ejemplo a Jesús; cirio encendido que se quemó hasta el último cabo para iluminar el mundo con la luz de Dios.

El signo de la sal es mucho más humilde, menos pretencioso, y tan ajustado al estilo de Jesús, que podemos imaginar que es invento suyo. La sal solo sirve para añadirse a otros alimentos y resaltar su sabor, y esto tan sencillo, tan cotidiano, puede ser una excelente parábola de lo que ocurre con Jesús, que es la sal que da sabor a todo lo que hacemos: a vivir, a trabajar, a descansar, a triunfar, a fracasar, a estar sano, a estar enfermo, a morir… a todo.

Nuestra vida tiene sabor en Jesús; nuestra sal; la sal de Dios. Un mundo sin Dios no tiene sabor… y de ahí la misión que tenemos encomendada: «Vosotros sois la sal de la Tierra, y si la sal se vuelve insípida ¿con qué se la salará?».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Emergencia.

domingo, 5 de febrero de 2023
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mt-5-13-16Mt 5, 13-16

Acabas de proclamar el manifiesto de las Bienaventuranzas (Mt 5, 1-12)  y a reglón seguido dices a los que te siguen que son sal y luz.

Hemos escuchado tantas veces estas lecturas que quizás no nos estimulen, no nos pongan en pie, puede que parezca que no van con nosotros, no provocan una escucha sincera y comprometida.

¿Qué nos dices hoy desde lo alto del monte? ¿Qué nos dices hoy tecleando desde el ordenador tus palabras inquietantes: “Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará?

Pero estamos sosos, incluso de bajón.

¿Qué nos dices desde el ambón?: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la  casa”.

Pero estamos apagados, no hay conexión.

¿Qué nos dices desde las periferias del mundo? Periferias que no están lejos de nadie. Que están en la puerta de al lado (esto es del Papa Francisco) o a unas pocas estaciones de metro.

Pero estamos absortos en pantallas y a la espera del “metaverso”… hasta que sepamos en qué consiste.

Si nos regalamos un espacio de soledad y silencio, si dejamos de que la palabra invada y los pensamientos nos acosen, escucharemos tu voz en lo alto, en lo interno, a la derecha, a la izquierda, eclipsando el ruido ambiental, grosero, constante, idiotizante:

– ¡Esto es una emergencia! ¡Tan ciegos estáis que no lo veis! “Vosotros sois la sal de la tierra… La luz del mundo”. ¡Despertad, que no estáis solos!

Un grano de sal es poca cosa. Una pequeña vela, también. Todo lo grande empieza en pequeño. Nos llamas a unirnos en la emergencia de un mundo dividido, de una Iglesia dividida, de cristianos que, no caminan juntos sino enfrentados o, sencillamente  desinteresados.

Nos llamas a aportar lo poco que somos como sal y como luz. Un pequeño grano de sal encerrado en un salero de poco sirve; una mínima vela en la noche de este mundo poco puede iluminar. Pero millones de pequeños granos de sal y millones de pequeñas velas encendidas… sería la estabilidad armoniosa del Reino de Dios.

¿Quién dijo utopía?… ¡Atrévete a soñar, hermano! ¡Da un paso hacia delante, hermana, y haz el “poco” que tú puedes hacer!

Atrevámonos a soñar…

Mari Paz López Santos

2023.01.05 – FEADULTA

Fuente Fe Adulta

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La sal da sabor sin saberlo.

domingo, 5 de febrero de 2023
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B601C1D2-053E-433A-9541-7C5D74B0759EV Domingo del Tiempo Ordinario

5 febrero 2023

Mt 5, 13-16

La sabiduría que contienen las metáforas de la sal y de la luz radica en que ponen el acento en la desapropiación: la sal da sabor y la luz ilumina sin hacer ningún esfuerzo, sin proponérselo y sin presumir de ello. Y, sin embargo, son eficaces: si está en buen estado, la sal no puede sino dar sabor; si está encendida, la luz no puede sino alumbrar.

Todo se tergiversa cuando las palabras de Jesús se leen -como en tantas otras ocasiones- en clave moralista y voluntarista. Tal lectura da lugar a proclamas del tipo: “tenemos que ser sal, tenemos que ser luz”… El voluntarismo y la apropiación, incluso cuando nacen de la mejor voluntad, constituyen un alimento jugoso para el ego, que se fortalece así incluso con lo más sagrado.

¿Qué da sabor a nuestras vidas?, ¿qué las ilumina? Tal vez nos ayude a descubrirlo volver la vista hacia atrás y preguntarnos qué ha sido aquello que ha aportado sabor y luz a nuestra existencia. Seguramente nos aparecerán rostros con calidad de presencia amorosa que, sin aspavientos, supieron vernos, acogernos, escucharnos, ayudarnos, hablarnos…, sin ni siquiera ser conscientes de todo lo que nos estaban aportando en ese momento.

Si bien es cierto que no pueden separarse -de la misma manera que no puede separarse la sal del sabor-, parece claro que el acento no está en el hacer, sino en el ser. Y cuando es así, todo lo demás “se nos dará por añadidura”, diría el mismo Jesús.

Todo consiste en ser: en vivir en conexión y en coherencia con lo que somos en profundidad. Acallando los ruidos de la mente y las apetencias del ego, nos dejamos escuchar la voz del anhelo que clama en nuestro interior. Silencio del ego, aceptación, gratitud, paz, unidad: esas son las señales que nos permiten ver si estamos en el “buen lugar”, en el lugar donde -aunque no lo sepamos- somos sal y luz.

¿Desde dónde me vivo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Se habrá vuelto sosa la sal? Porque esta Iglesia ni divierte ni convierte

domingo, 5 de febrero de 2023
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5b91b-luz2bdel2bmundoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Sal y luz: sabor y color de la vida.

    El evangelio de hoy es la conclusión de las bienaventuranzas, que meditábamos el pasado domingo.

El texto evangélico de hoy ensambla dos símbolos: la sal y la luz. Vosotros sois la luz y la sal de la tierra.

Sal

    La sal conserva los alimentos además de dar sabor a la comida. La sal es un símbolo de cierta viveza: sabor y saber vivir, sabiduría.

(Saber) Sabiduría no es lo mismo que ciencia: Se puede tener conocimientos y carreras universitarias, pero no saber vivir ni saborear la vida. Y al revés, cuántas personas no tienen ciencia, pero saben vivir, tienen sabiduría.

    Los cristianos, la comunidad eclesial es sal de la tierra: Vosotros sois la sal de la tierra. La sabiduría y el sabor cristiano es el de las bienaventuranzas.

 Luz

    El símbolo de la luz está muy presente en la Biblia (y en la vida). La luz es el principio de la creación de la vida (Gn 1,3). El pueblo que vivía en tinieblas, vio una gran luz, (Mt 4,16). Yo soy la luz (Jn 8,12; 9,5).

Solemos emplear este símbolo en los dos momentos más importantes de la vida: las madres “dais a luz”. Cuando muramos, alguien nos deseará y pedirá a Dios Padre que nos “conceda la luz eterna”: lux aeterna luceat eis.

En situaciones difíciles no vemos la luz, la salida. A veces nos encontramos con personas que “no tienen luces” o a nosotros mismos nos “faltan las luces” por debilidad, cansancios, dificultades de la vida etc.

    Como cristianos nos acercamos a quien es la Luz para que Él ilumine nuestra vida y nosotros transmitamos, reflejemos un poco de luz. Los cristianos somos como Juan Bautista, no somos la luz: Cristo es la luz. Yo soy la luz del mundo, (Jn 8,12). Nosotros nos acercamos a la luz.

02.- ¿Hoy el evangelio no ilumina ya la vida?

    Quizás también a vosotros os asalta la cuestión de porqué la Iglesia tiene hoy en día tan poca presencia en la sociedad, apenas tiene relevancia en la vida pública, política, en la Universidad, en el mundo cultural, económico, etc.

¿A qué puede ser debido que en el seno de la misma “tradición del pueblo que ha sido cristiano”, la Iglesia ya no cuente: entre nosotros se bautiza menos de la mitad de los niños que nacen, el número de primeras comuniones ha descendido mucho lo mismo que el de matrimonios, no son pocos los que mueren ya sin sacramentos, sin funeral… La descristianización es grande.

    Una razón –débil, pero razón- pudiera ser que en épocas no lejanas vivíamos un régimen de cristiandad más bien sociológico: “todos éramos cristianos” pero con una “fe”·sociológica, masiva, poco personal. Hoy en día en pasado a un ateísmo / agnosticismo también de sociológico, masivo: hoy en día “todos somos ateos”, está “bien visto” ser anticristiano, agnóstico, etc…

    Pudiera ser.

    Pero me da la impresión de que –quizás- lo que “presentamos” el mundo eclesiástico –al menos entre nosotros- no es el evangelio de JesuCristo, sino más bien una doctrina, un sistema dogmático-moral, que ya no es la buena noticia del Evangelio.

    ¿La sal se habrá vuelto sosa? La doctrina ilumina poco, la levadura ya no fermenta la masa?

    Si esto es así, estamos en lo que decía Jesús: No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente

03.- No es lo mismo evangelio que doctrina (Un inciso)

El evangelio es buena noticia. La doctrina, el dogma, el catecismo son intentos de formulación de la buena noticia, del evangelio.

Un ejemplo (nada más que un ejemplo): cuando un médico trata a un paciente y éste se cura de su enfermedad. Entonces el médico le dice: enhorabuena, estás curado. Eso es evangelio, buena noticia.

Cuando tal médico explica a sus alumnos en el aula de la Facultad de medicina y les dice: las características de tal enfermedad son estas, el diagnóstico es “este”, y la terapia requiere estos pasos… Eso es doctrina; necesaria pero doctrina

Santo Tomás decía aquello de: la fe (el evangelio) no termina en los enunciados (en la doctrina), en las palabras, sino en la realidad, que no la poseemos. Una afirmación, un dogma puede expresar aspectos, parcelas de verdad, pero no son la Verdad. Algo podemos decir y se ha dicho sobre el amor, sobre la libertad, sobre la paz, sobre Dios, pero Dios es mucho más de lo que podemos decir de ´Él.

    Nos podríamos aplicar aquello que decía Antonio Machado:

¿Tu verdad? ¡No!, la verdad y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdatela.

    La Verdad –probablemente- es una búsqueda continua.

04.- Yo soy el camino, la verdad y la vida, yo soy la luz.

    ¿Y si volviéramos al Evangelio de JesuCristo?

    La doctrina y el dogma son lo que son y dicen lo que dicen, que a duras penas se aproxima a la realidad última. El Evangelio es vida y salvación.

    Por otra parte el mundo clerical no es portavoz de Dios, ni mucho menos. El clero debería ser humilde servidor del pueblo de Dios.

    ¿Y cómo acercarnos al evangelio, a la luz, a ser sal de la tierra?

Termino la homilía pensando que Iglesia recuperará credibilidad si seguimos las palabras de Isaías de la primera lectura de hoy:

Veremos cuando compartamos tu pan con el hambriento, tu oscuridad se tornará mediodía, cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia… Entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

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“Las bienaventuranzas se han convertido en un bálsamo para mi alma queer”

lunes, 30 de enero de 2023
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9B1DB9FD-D2B5-43DB-BD55-A71F0D3B22A1M. Hakes

La reflexión de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos), el Subdirector del Ministerio Universitario y Director del Instituto de Teología Juvenil en el Colegio de St. Scholastica en Duluth, Minnesota. Su trabajo se centra en ayudar a los estudiantes a profundizar en la espiritualidad, participar en el trabajo de servicio y justicia, y participar en el discernimiento de identidad, valores y vocación.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

“Soy una persona queer, trans no binaria”. Qué aterradoras me parecieron esas palabras mientras crecía en una familia cristiana conservadora. Era una frase que arriesgaba todo: mi fe, mi familia, mi futuro. Me coloreó como un paria, como alguien condenado e irredimible. Traté desesperadamente de hacer que esas palabras fueran menos ciertas.

Mucha gente queer tiene historias similares. El ridículo, el distanciamiento y el vitriolo a menudo provenían de las personas que nos rodeaban. Familia, amigos, colegas: personas que se llaman a sí mismas cristianas y hablan desde un lugar equivocado de preocupación o juicio. Nuestra Iglesia y nuestras escrituras a menudo se usaban como espadas en lugar de rejas de arado.

Durante mucho tiempo, no supe lo que es no sentirse roto; saber en cambio a nivel del corazón que soy bueno, amado y digno. Las Bienaventuranzas me parecían metas inalcanzables, aspiraciones de las que me excluía mi extrañeza.

“Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los que lloran…  Bienaventurados los mansos… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia… Bienaventurados los misericordiosos… Bienaventurados los limpios de corazón… Bienaventurados los pacificadores… Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia…  bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros…»

Las Bienaventuranzas se han convertido ahora en un bálsamo para mi alma queer. En palabras de Joseph Tetlow, SJ, “cargan mis penas sin sentido con significado y… hacen que mi dolor esté preñado de poder”. Paso a paso en mi camino de fe, he sido llamado a una entrega más completa al amor incomprensible, transformador y dador de vida de Dios. Dios nos invita a cada uno de nosotros a comenzar el trabajo de no perdernos más en nuestras crucifixiones, sino de encontrar en nuestras heridas fuentes de la gracia más profunda a través de su poder resucitador.

Amir Rabiyah, una poeta trans y discapacitada de dos espíritus queer femme, escribió estas líneas:

“… Mi gente hermosa, soñemos hacia
lo que nosotros queremos
más allá de la supervivencia

Soñemos con amarnos a nosotros mismos
hasta que nos convirtamos en amor una y otra vez
mi gente hermosa
Puedo saborear nuestra dulce victoria

Mi gente hermosa…”

Para otras personas queer, espero que escuchen en las Bienaventuranzas una afirmación de su viaje. Eres hermosa, buena y amada. Sé que este mundo y nuestra Iglesia no siempre se sienten hospitalarios, y a menudo parece que aquellos con poder para afectar el cambio se sienten cómodos siendo cómplices de la opresión. Si bien el mundo no siempre es seguro, hay personas y lugares seguros, y espero que los encuentres.

Somos más fuertes juntos, ya que nuestra liberación exige nuestra solidaridad. Como escribe Pablo en la segunda lectura de hoy, “… Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, y Dios escogió lo humilde y despreciado del mundo, los que cuentan por nada, para reducir a nada a los que son algo, para que ningún ser humano se gloríe delante de Dios”. Sigue brillando con tu fabulosa luz queer y juntos «soñemos con lo que queremos más allá de la supervivencia… soñemos con amarnos a nosotros mismos…«

Para aquellos que quieran viajar con nosotros hacia la liberación, sepan que a las personas queer se les recuerda a diario que la elección de vivir abierta y externamente la verdad de quién Dios nos ha creado para ser conlleva un riesgo sustancial. Tómese el tiempo para considerar lo que realmente sabe sobre la comunidad queer y edúquese mejor. Interrogue los sistemas de los que forma parte. Utiliza cualquier poder y privilegio que puedas tener para nuestra liberación colectiva, siempre enraizados en los principios de solidaridad y subsidiariedad. Como nos recuerda hoy el profeta Sofonías, debemos buscar la justicia, buscar la humildad. Recuerda, si no estás escuchando activamente y trabajando en solidaridad con la gente queer por la liberación queer, entonces es probable que seas cómplice de nuestra opresión.

San Francisco de Sales dijo una vez:sé quien eres y sé así de bien”. A lo que una querida amiga mía, la Hna. Mary Margaret McKenzie, VHM, de bendita memoria, añadió estas sabias palabras: “Pero para ser quien eres, debes saber quién eres. Y eso requiere trabajo duro. Pero empiezas con el amor”.

Nuestro llamado como cristianos es atender las fronteras, las periferias, los márgenes de nuestra sociedad. Estamos llamados a levantarnos y hablar en solidaridad con los más vulnerables, los rechazados, los marginados. Para citar nuevamente a San Francisco de Sales, la razón de vivir es “… recibir y llevar al manso Jesús: en nuestra lengua proclamándolo; en nuestros brazos haciendo buenas obras; sobre nuestros hombros soportando el yugo de la sequedad y la esterilidad tanto en el sentido interior como en el exterior…”.

Hoy, que cada uno de nosotros acepte más plenamente las personas fabulosas y únicas para las que hemos sido creados, que cada uno de nosotros viva un poco más plenamente en lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo, y que cada uno de nosotros escuche profundamente y aprenda de las historias. y experiencias de quienes nos rodean.

– M. Hakes, 29 de enero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Contenido inagotable”. 4 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,1-12)

domingo, 29 de enero de 2023
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11_4-TO-A_1655810Quien se acerca una y otra vez a las bienaventuranzas de Jesús advierte que su contenido es inagotable. Siempre tienen resonancias nuevas. Siempre encontramos en ellas una luz diferente para el momento que estamos viviendo. Así «resuenan» hoy en mí las palabras de Jesús.

Felices los pobres de espíritu, los que saben vivir con poco. Tendrán menos problemas, estarán más atentos a los necesitados y vivirán con más libertad. El día en que lo entendamos seremos más humanos.

Felices los mansos, los que vacían su corazón de violencia y agresividad. Son un regalo para nuestro mundo violento. Cuando todos lo hagamos, podremos convivir en verdadera paz.

Felices los que lloran al ver sufrir a otros. Son gente buena. Con ellos se puede construir un mundo más fraterno y solidario.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, los que no han perdido el deseo de ser más justos ni la voluntad de hacer una sociedad más digna. En ellos alienta lo mejor del espíritu humano.

Felices los misericordiosos, los que saben perdonar en lo hondo de su corazón. Solo Dios conoce su lucha interior y su grandeza. Ellos son los que mejor nos pueden acercar a la reconciliación.

Felices los que mantienen su corazón limpio de odios, engaños e intereses ambiguos. Se puede confiar en ellos para construir el futuro.

Felices los que trabajan por la paz con paciencia y con fe. Sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de todos. Los necesitamos para reconstruir la convivencia.

Felices los que son perseguidos por actuar con justicia y responden con mansedumbre a las injurias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien.

Felices los que son insultados, perseguidos y calumniados por seguir fielmente la trayectoria de Jesús. Su sufrimiento no se perderá inútilmente.

Deformaríamos, sin embargo, el sentido de estas bienaventuranzas si no añadiéramos algo que se subraya en cada una de ellas. Con bellas expresiones Jesús pone ante sus ojos a Dios como garante último de la dicha humana. Quienes vivan inspirándose en este programa de vida, un día «serán consolados», «quedarán saciados de justicia», «alcanzarán misericordia», «verán a Dios» y disfrutarán eternamente en su reino.

José Antonio Pagola

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“Estén alegres, su recompensa será grande”. Domingo 29 de enero de 2023. 4ª Ordinario

domingo, 29 de enero de 2023
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Sofonías 2,3; 3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde
Salmo 145: Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos
1 Corintios 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo
Mateo 5,1-12a: «Estén alegres; su recompensa será grande»

El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.

¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.

1. “...de ellos es el reino de los cielos”

El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.

2. “...poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados

Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.

3. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz

Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad discipular: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.

4. “...de la misma manera persiguieron a los profetas

La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No es de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.

5. “...bienaventuradas, bienaventurados”

¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a las bienaventuranzas (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en donde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.

La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”. Leer más…

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Dom 4 TO, 29.1.23. Que la tierra sea hogar de felicidad. Bienaventurados… (Mt 5, 2-4)

domingo, 29 de enero de 2023
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felices-vosotros-las-bienaventuranzasDel blog de Xabier Pikaza:

En este momento sólo quiero que la iglesia sea hogar de felicidad… Somos como aquellos de los que hablaba Jesús, midiendo y colando mosquitos, estableciendo diezmos extraños (no evangélicos), de ministerios machos, ordenamientos impuestos, leyes y poderes  bien medidos… y olvidamos lo más importante, que es la felicidad (fidelidad, misericordia,la justicia: Mt 23, 23).  

En esa línea de felicidad comentaré hoy las tres primeras bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, dejando para otro día de esta semana las siguientes. Feliz,y santo, acompañado domingo

1ª: Felices los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos  

Estos pobres de la bienaventuranza son en griego los pôkhoi, aquellos que no tienen nada,   de manera que sólo pueden subsistir por la ayuda o sostén de los demás, es decir, como mendigos. Lc 6, 20 les llamaba simplemente pobres, prometiéndoles la dicha del Reino. Mateo, en cambio, les presenta como pobres de espíritu (tô pneumati) no para negar su carencia material, sino para matizarla desde una perspectiva cristiana:

‒ Pueden ser pobres por voluntad, es decir, por decisión personal. En esa línea destaca Mt 5, 3 la bienaventuranza de aquellos que, pudiendo hacerse o vivir como ricos, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los demás (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11), como Jesús que no fue sólo pobre por condición social (artesano, trabajador desposeído), sino por opción personal, esto es, por decisión creyente: no ha querido ayudar a los pobres desde arriba o por milagro externo (como le dice el diablo de la primera tentación: Mt 4, 1-4), ni quiere “salvarles” desde su más alta autoridad externa (como Job, antes de ser derribado de su altura), sino que se ha “encarnado” (=ha vivido) en la vida de los pobres, compartiendo con ellos su historia de carencias, para iniciar una transformación social y personal, desde lo más bajo, abriendo con los carentes, la marcha el Reino de Dios.  Pero la inmensa mayoría son pobres por condicion humana, por necesidad o imposición social, por marginación… A favor de ellos, y con ellos  ha promovido  Jesús ha promovido un movimiento mesiánico de solidaridad y ayuda, con y por los pobres, para expresar y ofrecer la bienaventuranza de Dios a todos, incluso a los ricos.

601946536Ciertamente, Mateo no ha negado la bienaventuranza de los pobres materiales (a quienes el Jesús de 25, 31-46 llama sus “hermanos más pequeños”), pero ha querido destacar la pobreza por opción de los creyentes que renuncian a la riqueza propia (personal o de Iglesia) a favor de los pobres, para abrir así el camino del Reino desde abajo, en comunión de vida con los excluidos personales y sociales, dentro de la Iglesia, pues en ella sólo pueden construir activamente el camino de Dios y ser felices aquellos que se hacen por voluntad pobres y hermanos de los pobres conforme a la justicia del Reino (cf. Mt 5, 20).

Sin duda,, se puede hablar de ricos que tienen espíritu pobre, de manera que, teniendo muchas riquezas, no se elevan sobre lo demás, sino que les ayudan, aunque desde arriba (como Job antes de su prueba). Pero Jesús no quiere ese tipo de ricos en su Iglesia, no quiere que existan en ella patronos ricos que asisten y ayudan a los otros desde arriba, sino que todos compartan en comunión de amor la vida, unos con todos, desde la pobreza de los más pobres.

En otra línea, esta expresión (pobres de Espíritu) podría referirse a personas que son especialmente indigentes en un plano de espíritu, en decir de conocimientos y de entendimiento. Estos serían aquellos que, en un sentido intelectual, no saben, no entienden, no logran penetrar en los “secretos” de la interpretación rabínica de la ley, siendo así como mendigos espirituales. Pero de ordinario, estos pobres de espíritu suelen ser también pobres “materiales” (mendigos, sin posesiones ni trabajo), hombres y mujeres que, en una sociedad competitiva, quedan en un plano inferior, por ser agresivos y capaces de triunfar en un plano cultural, social o psicológico.

Sea como fuere, estos pobres suelen ser también despreciados por falta de cultura, indigentes económicos, personas sin dignidad, los más pequeños, aquellos que no pueden elevarse sobre los demás imponerles su derecho, la masa de marginados, derrotados, expulsados, sin posibilidades de cambiar por fuerza la historia de los hombres, sometidos a un destino de desprecio y muerte.

Pues bien, con ellos ha venido a vincularse Jesús, no para hacerles orgullosos, capaces de triunfar con violencia sobre los demás, sino para crear una humanidad distinta, fundada en la confianza y en la solidaridad. Sólo desde este principio pueden entenderse las bienaventuranzas que siguen: No habrá justicia ni paz si los hombres no asumen un camino voluntario de pobreza, es decir, de desprendimiento actito y comunicación de bienes (Mt 6, 19).

57CDBE9C-030A-498A-A4AF-344762D47C74Conforme a este principio, solo se puede hablar de felicidad humana y especialmente de Iglesia allí donde se empieza situando en el centro del cuidado de la vida a los pobres, en línea de bienaventuranza. Como he dicho, al poner pobres de espíritu allí donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres, Mateo no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, y así sigue hablando en su evangelio de marginados, excluidos y despreciados (cf. Mt 18, 1-14), pero él no quiere que en la Iglesia siga habiendo pobres materiales si es que hay otros que tienen bienes muy abundantes en ella, pues una iglesia donde algunos mueren de hambre mientras otras derrochan riquezas no es iglesia, ni cristiana.

Jesús habla pues de la felicidad de los pobres de cuerpo y espíritu, de bienes materiales y sociales, de aquellos que son “pobres por voluntad de entrega a los demás” con aquellos que son “pobres de espíritu” (de menos recursos y posibilidades), llamados también a ser felices. Es la felicidad de aquellos que, pudiendo enriquecerse a cosa de otros, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, esto es, por servicio a los demás, como Jesús, que, pudiendo haberse puesto al lado de los ricos, se unió a los pobres, iniciando con ellos un camino de felicidad salvadora (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11).  Quien quiera vivir como rico, y ayudar a los pobres solamente desde fuera (quedando siempre arriba) no será en verdad feliz, ni podrá ser cristiano en la línea de Jesús

2ª: Felices los que sufren, porque serán consolados  

  Lc 6, 21 decía hoi klaiontes nyn, los que actualmente lloran, destacando quizá más el llanto en sí, por cualquier causa que fuere, el dolor que se expresa en forma de lamentación amarga (cf. Mt 2, 18; 26, 75) o grito fuerte de hambre, enfermedad o abandono. Mateo, en cambio, dice hoi penthountes término que parece referirse más en concreto a los que saben sufrir y aún más a los que aceptan el dolor como una forma de maduración (purificación), en línea de catarsis y de ayuda a los demás, no en gesto penitencial de lamentación, sino por felicidad más honda.

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“Ocho puertas para entrar al Reino de Dios. Domingo 4º TO. Ciclo A”. Domingo cuarto Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 29 de enero de 2023
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bienaventuranzas-basilicaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Mateo nos presentaba a Jesús recorriendo Galilea y anunciado la buena noticia del Reinado de Dios. A partir de hoy, hace que los oyentes se reúnan en un gran auditorio al aire libre, se sienten en torno a Jesús, y escuchen el programa de ese reino de Dios: el “Sermón del monte”, que leeremos los próximos domingos.

Selección del auditorio

            Jesús no es un político que quiere ganar votos a todo precio, engañando y haciendo promesas que no cumplirá. Desea dejar claro quiénes sintonizarán con su proyecto y quiénes no. Para que no se llamen a engaño. Y eso lo expone, al principio de todo, en las bienaventuranzas. Es imposible explicar en pocas palabras el sentido de cada una de ellas (quien lo desee puede leer J. L. Sicre, El evangelio de Mateo, pp. 102-112).

Las bienaventuranzas proponen valores desconcertantes

            Si Jesús dijera: “Dichoso el que tiene buena salud, el que gana lo suficiente para vivir, el que disfruta con su familia…” no habría necesitado justificar esas afirmaciones. Cualquier persona habría estado de acuerdo. Sin embargo, Jesús proclama dichosa a gente que sufre, llora, es perseguida… Por eso, cada bienaventuranza va seguida de una justificación: «porque de ellos es el reino de los cielos», «porque ellos serán consolados», etc. El premio prometido en la primera y última es «el Reino de los cielos». En realidad, todas las otras se refieren también a ese Reino de Dios, sólo que fijándose en determinados aspectos concretos. Este premio no podemos interpretarlo solo como algo de la otra vida. Comienza a realizarse en esta. Dicho en palabras sencillas, todas esas personas son dichosas porque pueden formar parte de la comunidad cristiana (Reino inicial de los cielos) y, más tarde, del Reino definitivo de Dios.

Las bienaventuranzas no son una carrera de obstáculos

            La mención de los pobres, los que lloran, los sufridos… puede crear una sensación de malestar, como si tuviéramos que pasar por todas esas situaciones para formar parte del reinado de Dios. Las bienaventuranzas se nos convierten en una terrible carrera de obstáculos, donde tras cada valla nos espera la siguiente. Sin embargo, las bienaventuranzas son algo muy distinto.

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Las bienaventuranzas, ocho puertas para entrar al Reino de Dios

            Antonio Barluzzi, el arquitecto italiano que diseñó la Basílica de las bienaventuranzas en 1939, tuvo la bella idea de una planta octogonal, y en cada lado una gran ventana por la que se puede contemplar el paisaje exterior. Sin embargo, las bienaventuranzas no son ventanas para mirar lo que ocurre fuera, sino puertas abiertas por las que se puede entrar a escuchar y seguir a Jesús.

            Encima de cada puerta hay una inscripción con la bienaventuranza correspondiente. A veces el sentido del texto resulta discutible (Jesús habló en arameo, luego se tradujo al griego, y ahora lo retraducimos a nuestras lenguas). Vamos a dar una vuelta al edificio, haciéndonos unas preguntas delante de cada puerta. Al final podrás elegir la que te viene mejor para entrar al palacio.

  1. ¿Te consideras pobre ante Dios, como el publicano que dice: «Apiádate de mí, Señor, que soy un pecador?» ¿O piensas que tienes muchos méritos y puedes pasarle una factura de todo lo que haces por él? ¿Ambicionas la riqueza, tener cada día más?
  2. ¿Te hacen sufrir las injusticias que provocan miles de exiliados y desplazados, paro juvenil, trata de blancas, etc., o te dejan indiferente? ¿Sufres con el dolor ajeno? ¿Experimentas en tu vida el dolor físico, problemas psíquicos, económicos, laborales?
  3. ¿Estás convencido de que la mejor respuesta a la violencia es la no-violencia? ¿Qué «el que a espada mata, a espada muere»? En una sociedad donde abunda tanto odio, respondes, como Jesús, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»?
  4. ¿Tienes hambre y sed de justicia, es decir, de hacer lo justo, de cumplir la voluntad de Dios, como Jesús, que consideraba su alimento «hacer la voluntad de su Padre».
  5. ¿Te compadeces de los enfermos, del que te debe algo, de los pecadores, igual que se compadeció Jesús? ¿O consideras pecadores a los que no piensan y sienten como tú, y les deseas todo el mal del mundo?
  6. ¿Eres limpio de corazón en tu relación con los demás, no engañando, defraudando, calumniando ni criticando?
  7. ¿Trabajas por la paz, por un mundo más justo, porque domine el buen entendimiento en la familia, en tu ambiente?
  8. ¿Te han perseguido o criticado por intentar cumplir lo que Dios quiere?
  9. Cuando critican, insultan, calumnian al papa Francisco y a la Iglesia, ¿le das gracias a Dios, estás alegre y contento por la gran recompensa que recibiremos en el cielo?

            Has terminado de rodear el edificio. ¿Cuál es la puerta que más se te adecua para entrar? Quizá haya dos o tres. Si piensas que no hay ninguna, usa la primera: te consideras «interiormente pobre», sin mérito ante Dios. Puedes entrar.

Resumen

            Las bienaventuranzas nos dicen qué personas pueden entender y aceptar el mensaje de Jesús, incorporándose a la comunidad cristiana.

            Por consiguiente, las bienaventuranzas no son, ante todo, un código de conducta moral que dice: «así tienes que actuar si quieres ser cristiano». Es más bien una exposición de situaciones y de actitudes ante la vida que permi­ten entender el evangelio y entusiasmarse con las palabras de Jesús.

            La bienaventuranza no dice: «Sufre, para poder entrar en el Reino de Dios».

            Dice: «Si sufres, no pienses que tu sufrimiento es absurdo; te permite entender el evangelio y seguir a Jesús».

            No dice: «Procura que te desposean de tus bienes para actuar de forma no violenta».

            Dice: «Si respondes a la violencia con la no violencia, no pienses que eres estúpido, considérate dichoso porque actúas igual que Jesús».

            No dice: «Procura que te persigan por ser fiel a Dios».

            Dice: «Si te persiguen por ser fiel a Dios, dichoso tú, porque estás dentro del Reino de Dios».

            Pero, al tratarse de los valores que estima Jesús, no cabe duda de que las bienaventuranzas se convierten también en un modelo de vida que debemos esforzarnos por imitar. Después de lo que dice Jesús, no podemos permanecer indiferentes ante actitudes como la de prestar ayuda, no violencia, trabajo por la paz, lucha por la justicia, etc. El cristiano debe fomentar esa conducta. Y el resto del Sermón del Monte le enseñará a hacerlo en distintas circunstancias.

1ª Lectura: miedo en vez de alegría (Sofonías 2,3; 3,12-13)

            El texto es fruto de unir un versículo del c.2 con dos versículos del c.3. Se exhorta a buscar a Dios, cumplir sus mandatos, buscar la justicia, la moderación, pero con el fin de librarse «el día de la cólera del Señor». Efectivamente, en el c.3 esa cólera acaba con los enemigos y solo subsiste un pueblo pobre y humilde. Las bienaventuranzas coinciden en hablar de un nuevo pueblo de Dios, con las mismas características, pero el punto de partida no es el miedo a la cólera de Dios. Aconsejo no detenerse en esta lectura.

2ª lectura: las bienaventuranzas en Corinto (1 Cor 1,26-31)

            En cambio, es muy adecuado el texto de Pablo, que se podría parafrasear: «Bienaventurados lo que no son sabios, ni poderosos, ni aristócratas». «Bienaventurados los que el mundo considera necios, la gente baja y despreciable, la que no cuenta para los demás». Porque ellos podrán unirse a Cristo y formar parte de su comunidad.

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 29 enero, 2022

domingo, 29 de enero de 2023
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domingo-iv

“En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos…”

(Mt 5, 1-12)

Al principio a Jesús le fue bien. Cuando empieza a predicar mucha gente se le acerca, le escucha. Quieren aprender o buscan el alivio para sus enfermedades. Y Jesús recorre Galilea junto con sus primeros discípulos, anunciando y curando.

Con aquellos que dieron una respuesta tan plena e inmediata como la llamada que había recibido. A los mismos que el domingo pasado veíamos dejando inmediatamente las redes (la barca y a su padre) y siguiendo a Jesús.

A ellos se dirige hoy Jesús. Está viendo el gentío que se ha movilizado en torno a él. Y en lugar de dejarse impresionar, o dejar que la fama “se le suba a la cabeza”, lo que hace es tomar una cierta distancia y sentarse.

Se retira un poco y el círculo más íntimo se le acerca, entonces aprovecha para enseñarles. Bien sabe él que el reconocimiento, la fama, el éxito… pueden también confundir a sus discípulos.

Las bienaventuranzas nos enseñan, a las discípulas y discípulos de todos los tiempos, a no confundir la felicidad con el éxito, con una vida fácil o con la ausencia de problemas y dificultades.

Porque, si bien el anuncio de Jesús es una Buena Noticia que trae consigo la felicidad. Esta felicidad es tan honda y plena que ya nada la puede sacar del corazón que la recibe.

Es una felicidad capaz de convivir con la pobreza, el sufrimiento, el llanto, el hambre, las injusticias y hasta la persecución. La felicidad por el Reino de Dios atraviesa toda dificultad, toda oscuridad. No es algo que sucederá después, sino que comienza a suceder precisamente en esas circunstancias donde jamás iríamos a buscarla.

La dicha de la que hablan las bienaventuranzas nos es un bien privado y exclusivo. Como un club de alto renombre, no. Todo lo contrario, es un tesoro para compartir. Que crece en la medida en que más y más gente se une y comparte.

Es la alegría de quienes trabajan juntas por la justicia, el amor, la paz o la dignidad humana de cualquier pequeño grupo oprimido. Y precisamente esa lucha llena de dificultades se convierte en fuente de felicidad.

Oración

Trinidad Santa, condúcenos hasta ese íntimo rincón donde ya germina la felicidad que tú has sembrado en nosotras.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La plenitud humana depende de lo esencial, no de lo que puedo tener o no tener.

domingo, 29 de enero de 2023
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sermon-monteDOMINGO 4º (A)

Mt 5,1-12

Para el que no haya tenido experiencia interior, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido: ¡Enhorabuena! Dale gracias a Dios porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. Intentar explicarlas racionalmente es una quimera. Están más allá de toda lógica. Es el mensaje más provocativo del evangelio y el peor entendido.

Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del cristianismo. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la racionalidad: y desde la razón, y aunque sea la más preclara de los últimos siglos, es imposible entenderlas.

Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer en demagogia para arremeter contra los ricos, o en un espiritualismo que las deja completamente descafeinadas. Se trata del texto que mejor expresa la radicalidad del evangelio. La formulación, un tanto arcaica, impide descubrir su sentido. Lo que quieren decir es que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer sino en desplegarla al máximo.

Mt las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, el nuevo Moisés, que promulga la “nueva Ley”. Pero hay una gran diferencia. Las bienaventuranzas no son mandamientos o preceptos. Son simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana.

No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Se podrían proponer ciento, pero bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas. La circunstancia concreta de cada una no es lo esencial. No tiene importancia explicar cada una por separado. Todas dicen exactamente lo mismo.

La inmensa mayoría de los exégetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón… que nos saca de la materialidad.

La aparente diferencia entre Mateo y Lucas (pobre – pobre de espíritu) desaparece si descubrimos qué significaba, en la Biblia, “pobres” (anawim). Sin este trasfondo bíblico no podemos entender ni una ni otra expresión. Con su despiadada crítica a la sociedad injusta, los profetas Amos, Isaías y Miqueas denuncian una situación que clama al cielo. Los poderosos se enriquecen a costa de los pobres. No es una crítica social, sino religiosa. Pertenecen todos al mismo pueblo cuyo único Señor es Dios; pero los ricos, al esclavizar a los demás, no reconocen su soberanía y se erigen en dueños de los demás.

Después del destierro se habla en la Biblia del resto de Israel, un resto pobre y humilde. Los pobres bíblicos son aquellas personas que, por no tener nada ni nadie en quien confiar, su única escapatoria es confiar en Dios, pero confían. El “resto” bíblico es siempre el oprimido, el marginado, el excluido de la sociedad. No solo incluía a los pobres económicos sino a los social y religiosamente pobres: enfermos, poseídos, impuros, marginados, a quienes parecía que Dios había rechazado.

La diferencia entre pobre sociológico y pobre teológico no tiene sentido, cuando nos referimos a los evangelios. En tiempo de Jesús no había separación posible entre lo religioso y lo social. Las bienaventuranzas no están hablando de la pobreza material voluntaria aceptada por los religiosos a través de un voto. Está hablando de la pobreza impuesta por la injusticia de los poderosos; de los que quisieran salir de su pobreza y no pueden hacerlo. Son los bienaventurados si descubren que nada les puede impedir ser plenamente humanos, a pesar de todas sus limitaciones impuestas.

Otra trampa que debemos evitar al tratar este tema es la de proyectar, para el más allá, la felicidad prometida a los excluidos. Así se ha interpretado muchas veces en el pasado y aún hoy lo he visto en algunas homilías. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Aquí, puede todo ser humano encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, que no puede consistir en el tener y consumir más que los demás, sino en una toma de conciencia de que lo que Dios te da, lo tienes asegurado y no depende de las circunstancias externas.

Esta reflexión nos abre una perspectiva nueva. Ni el pobre ni el rico se pueden considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría la una sin la otra. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno. La irracionalidad de los ricos es que queremos que desaparezca la pobreza manteniendo nosotros nuestra riqueza. La predicación desde esta perspectiva está abocada al fracaso.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos, no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores. El valor supremo no está en lo externo sino dentro. Hay que elegir entre perseguir el placer sensible o la plenitud humana que se manifiesta en el don.

En todo este asunto podemos descubrir una tremenda paradoja. Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué ese empeño en sacar al pobre de la pobreza. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas. El que pasa hambre no es feliz porque un día será saciado. El rico que ríe no es desgraciado porque un día llorará.

Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada. El enemigo del Reino es la ambición, el afán de poder. No podéis servir a Dios y al dinero.

Las bienaventuranzas nos están diciendo que otro mundo es posible. Un mundo que no esté basado en el acaparar sino en el compartir, no en el egoísmo sino en el amor.  ¿Puede ser justo que esté pensando en vivir cada vez mejor (entiéndase consumir más), mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, entendida como no poner el objetivo en consumir. Mientras menos necesites, más rico eres.

 

Meditación

Dichosos los que se conforman con poco, porque en ellos reina Dios.
Si en vez de acaparar, reparto, entro en el ámbito de lo divino.
Si pongo mi felicidad en el consumir, olvido mi verdadero ser.
Acaparar lo que otros necesitan para vivir, es negarles la vida.
Pero es también impedir la verdadera Vida.
Compartir lo que tengo con el que lo necesita, me hace más humano.
Pero es también dar al otro la posibilidad de hacerse más humano.
Solo hay un camino hacia la plenitud: el servicio.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Creer en Jesús.

domingo, 29 de enero de 2023
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Mt 5, 1-12ª

«Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

Las bienaventuranzas —pórtico del Reino— son a la par una propuesta de felicidad individual para cada uno, y un estilo de vida capaz de cambiar el mundo. El sueño de Jesús no es la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino la plenitud de la humanidad; y esa tarea, que él inició, es la que hemos aceptado continuar aquellos que nos llamamos cristianos.

Pero para aceptar una tarea es preciso tener fe en quien nos la propone, y esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué significa para mí creer en Jesús?…

El verbo “creer” tiene una primera acepción que lo define como “tener por cierto”. De acuerdo con ella, creer en Jesús es aceptar una serie de asertos propuestos por los teólogos cristianos, como, por ejemplo, “Creo en Jesucristo, su único hijo nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… etc.” Pero esta fe, concebida como simple aceptación de una doctrina o un dogma, puede resultar estéril si no afecta a nuestra vida. Podemos asumir todos los postulados y mandamientos de la Iglesia, y actuar con unos criterios opuestos a los de Jesús.

Pero el verbo creer también tiene otras acepciones. Una de ellas queda definida como “fiarse de”. Por ejemplo, yo creo en mi médico, es decir, me fío de mi médico y me pongo en sus manos para que me abra en canal. Este segundo significado cuadra mucho mejor con la fe en Jesús, y a él nos vamos a atener en esta breve reflexión.

El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me propone un código de felicidad radicalmente distinto e inverosímil: ¿Quieres ser feliz…? —me dice—, pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie.., y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso.

¿Creo en él? ¿Le creo a él? ¿Me fío de él? ¿Estoy dispuesto a vivir compartiendo, perdonando, sembrando la paz, trabajando por la justicia, actuando siempre con sinceridad y sin temor al sufrimiento? ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes?… Decir que sí, que me la juego, que cambio de vida, es tener fe en Jesús; lo demás será otra cosa. Creeré en Jesús si es él quien manda en mis criterios y mis valores; si es él quien da sentido a mi vida; si creo que sus criterios pueden salvar el mundo del desastre y me comprometo con la tarea de hacerlo. Porque la fe no es un privilegio otorgado a unos y vedado a otros, sino el compromiso firme con un modo de vida cuyo único aval es la palabra de Jesús, y cuyo objeto es crear humanidad.

Y ya sabemos que es muy difícil creer hasta el punto de dejarlo todo para seguir sus criterios; que nos da miedo ese compromiso; que no solemos tener tanta fe, pero el Espíritu no descansa, y siguen siendo muchos los que lo hacen, aun a pesar de que hoy está de moda relativizar la importancia de Jesús y proponer recetas y filosofías alternativas que nada tienen que ver con él.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fe Adulta

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Seréis bienaventurados si…

domingo, 29 de enero de 2023
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0_ac2010_044_32dom_comum_071110«Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, que lo identifica como el seguidor de Jesús” (Papa Francisco, en Suecia, el día de Todos los Santos 2016).Si quieres saber lo que Jesús te propone para ser feliz aquí y ahora; si quieres cumplir el plan que Dios Padremadre tuvo al crearte, en las Bienaventuranzas tienes el manual de instrucciones. Si las sigues serás dichoso, bendito y te irás acercando a tu plenitud humana y divina. Te invito a que lo intentes. Pronto verás los frutos.

El domingo pasado el texto evangélico terminaba así: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando las enfermedades y dolencias de la gente”. Es un resumen perfecto de la actividad de Jesús en los inicios de su vida pública: predicar y sanar. El texto continúa: …. “y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea y del otro lado del Jordán”.

A continuación de la primera parte narrativa, Mateo coloca el primer discurso de Jesús, el Discurso Evangélico: Las Bienaventuranzas. Y lo primero que hace Mateo es describir con detalle el escenario donde se ubica este discurso. Lo que pretende con ello es prepararnos para escuchar algo muy solemne, algo muy importante. La audiencia numerosa, subida al monte, sentado como maestro, los discípulos se acercan para no perderse nada y Jesús empieza la lección del primer día de curso. Como buen maestro Jesús introduce el programa que va a desarrollar a lo largo de toda su vida.

El discurso de las bienaventuranzas es el preludio, el resumen del estilo de vida que Jesús, el Salvador, proponen a toda la humanidad. Es la síntesis de la propuesta vital que Jesús ofrece a la humanidad sedienta de sentido y necesitada de modelos para orientar sus anhelos existenciales y el logro de la felicidad (plenitud) que busca. Lo que se le ofrece es un programa para ser feliz. Justo lo que la humanidad, en toda época y lugar desea.

Jesús es para nosotros el revelador de Dios. Y Jesús en las Bienaventuranzas nos revela el plan de salvación (liberación, felicidad, plenitud) que Dios ha pensado para la humanidad de todo tiempo y lugar. Dios nos ha creado para que seamos felices. Jesús en las Bienaventuranzas nos muestra el camino para lograrlo.

El camino hacia la felicidad es, a veces, escabroso. El protocolo del proceso a seguir nos recomienda en primer lugar conocer de cerca la vida de Jesús para prepararnos a seguir sus pasos. En los catecismos que estudiábamos en nuestra infancia nos enseñaron que Jesús había venido al mundo para darnos ejemplo de vida. Para conocer bien una vida por dentro hay que imitarla. Hacer lo mismo que él hizo. Ser como Él.

Las Bienaventuranzas son un retrato, un perfil del estilo de vida que Jesús llevó y quiere que nosotros imitemos. Como perfil nos concretiza las características de ese estilo de vida: austeridad, mansedumbre, compasión, justicia, misericordia, sinceridad, humildad, coherencia, apertura, cercanía… En suma, las Bienaventuranzas nos describen el perfil de una “buena persona”, de una persona “muy humana” (honrada, bondadosa y solidaria). El que cumple este perfil es feliz, dichoso. Y la razón de esta felicidad es: porque en ello encuentras a Dios formas parte de su Reino. Las Bienaventuranzas son el camino para descubrir a Dios en ti mismo (tu bondad, tu parte divina) y en los hermanos con quien Dios se identifica y encarna, “a mí me lo hiciste”. Las Bienaventuranzas y el Reino de Dios se dan la mano. En la formulación de cada bienaventuranza hay dos partes: Lo que exige y lo que promete. Exige: imitar el estilo de vida de Jesús, llevar una vida austera (pobre), renunciar a la violencia, com-padecerse con los otros, autenticidad de entrega y disponibilidad, misericordia, justicia etc…Promete: tu plenitud humana y divina (humanidad divina), es decir, el Reinado de Dios en ti. Esto te hace feliz porque has encontrado el tesoro escondido, Dios en ti; porque te pareces a Dios; porque tu vida tiene sentido; porque has hallado razones para vivir.

Aviso para principiantes: Como ves el programa de Jesús es exigente, radical. Pero te puedo asegurar que merece la pena que hagas un esfuerzo, pongas en juego todas tus capacidades y perseveres en la tarea hasta lograrlo. Ten en cuenta estas consejas de vieja: “No se regala nada en la vida”. “La felicidad para quien la trabaja”. Por eso me gusta formular las Bienaventuranzas en condicional: Si quieres ser feliz… Seréis felices si… Si cumples la condición obtendrás lo condicionado. Por último: Al llevarlo a la práctica no te olvides de que no estás solo en el empeño, contigo va el Señor. Dios te ha creado para que seas feliz y te ha dado todo lo que necesitas para serlo. Sólo te falta experimentarlo.

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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