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Domingo V del Tiempo Ordinario. 5 febrero, 2017

domingo, 5 de febrero de 2017
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domingo-v-to

“Alumbre así vuestra luz a las gentes

para que vean vuestras buenas obras

y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

(Mt 5, 13-16)

Imagínate por un momento que eres una artista famosa en el campo que quieras: poesía, escultura, pintura, cine, fotografía, moda, canto…

Tienes que imaginarte que eres una renombrada artista. Famosa, conocida, valorada. De esas que se han abierto camino poco a poco y con dificultades. Con un talento que no siempre se ha sabido reconocer.

¿Estás en situación? ¡Bien! Ahora ya eres famosa y reconocida. Lo que significa que tu talento ha sido probado y educado. Te encuentras en lo mejor de tu carrera profesional y acabas de realizar tu gran obra. Todo gran artista tiene una gran obra que lo define.

Estas delante de tu escultura, tu película o tu novela acabada. Sabes que es la mejor. La cumbre del trabajo de toda tu vida.

Pues ahora redobla tu capacidad de imaginar e imagínate (si puedes) que decides no firmar tu obra maestra. No corras, piénsalo despacio.

Piensa en qué podría moverte por dentro a hacer algo así. Para ayudarte a tu reflexión puedes pensar en aquellas obras conocidas de autoras anónimas. Tantos libros y canciones antiguas…

Quizá alguna vez ha caído en tus manos algo hermoso, tan hermoso que has querido saber quién lo ha hecho y cuando te has puesto a investigar no has podido dar con el autor/autora. ¿Quién es capaz de hacer algo bonito y no firmarlo? ¿Qué puede buscar quién hace algo así?

Podemos pensar que a veces sale algo de nosotras tan bueno y bonito que descubrimos que en ello hay algo más que nuestra impronta personal, nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

Imagínate ahora algo más sencillo y cotidiano: un buen guiso, un jardín bonito, una casa limpia y ordenada, un cliente bien atendido, o una buena gestión…Una cosa sencillita que te ha salido tan bien que hasta tú misma te has quedado sorprendida y se te escapa una sonrisa acompañada de un gracias.

Pues algo así parece que nos invita a hacer el evangelio de hoy. A dejar que nuestras obras (grandes o pequeñas) alumbren, den luz, pero una luz, un calor, que quienes las reciban (e incluso nosotras mismas) lo que les salga sea dar gracias a Dios. O lo que es lo mismo: “den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

Oración

“Alumbre así vuestra luz a las gentes para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.”

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Déjate iluminar; preocúpate de ser una persona salada

domingo, 5 de febrero de 2017
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mateo-5-13-16Mt 5, 13-16

El texto que acabamos de escuchar es continuación de las bienaventuranzas, que leímos el domingo pasado. Estamos en el principio del primer discurso de Jesús en el evangelio de Mt. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran valor para la vida del cristiano, pues su tarea más importante sería estar ardiendo e iluminar.

El mensaje de hoy es simplicísimo, con tal que demos por supuesta una realidad que es de lo más complicada. Efectivamente, todo el que ha alcanzado la iluminación, ilumina. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que iluminar. Si echas sal a un alimento, necesariamente quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto de iluminado? ¿Qué es una persona plenamente humana?

Todos los líderes espirituales, pero sobre todo el budismo enseñan lo mismo. Buda significa eso: el iluminado. ¡Qué difícil es entender lo que eso significa! En realidad solo lo podemos comprender en la medida que nosotros mismos estemos iluminados. Está claro, sin embargo, que no nos referimos a ninguna clase de luz material. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano. Estaríamos hablando del ideal de ser humano.

Esto es precisamente lo que nos está diciendo el evangelio. Da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y en consecuencia, capaces de iluminar a los demás. Pero como nos dice el budismo, eso no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás estando nosotros apagados, dormidos. En el budismo el iluminar a los demás estaría significado por la primera consecuencia de la iluminación, la compasión.

Hay un aspecto en el que la sal y la luz coinciden. Ninguna es provechosa por sí misma. La sal sola no sirve de nada para la salud, solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que tropieza con un objeto. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara o la vela produce luz, pero el aceite o la cera se consumen. ¡Qué interesante! Resulta que “mi existencia” solo tendrá sentido en la medida que me consuma en beneficio de los demás.

La sal es uno de los minerales más simples (cloruro sódico), pero también más imprescindibles para nuestra alimentación. Pero tiene muchas otras virtudes que pueden ayudarnos a entender el relato. En tiempo de Jesús se usaban bloques de sal para revestir por dentro los hornos de pan. Con ello se conseguía conservar el calor para la cocción. Esta sal con el tiempo perdía su capacidad térmica y había que sustituirla. Los restos de las placas retiradas se utilizaban para compactar la tierra de los caminos.

Ahora podemos comprender la frase del evangelio: “pero si la se vuelve sosa, ¿con qué se salará?; no sirve más que para tirarla y que la pise la gente”. La sal no se vuelve sosa. Esta sal de los hornos, sí podía perder la virtud de conservar el calor. La traducción está mal hecha. El verbo griego que emplea tiene que ver con “perder la cabeza”, “volverse loco”. En latín “evanuerit” significa desvirtuarse, desvanecerse. Debía decir: si la sal se vuelve loca o si la sal pierde su virtud, ¿cómo podrá recuperarse? Esa sal “quemada” no servía más que para tirarla en los caminos.

No podemos hacernos una idea de lo que Jesús pensaba cuando ponía estos ejemplo pero seguro que ya intuían lo que hoy nosotros sabemos. Es curioso que haya llegado a nosotros un proverbio romano que, jugando con las palabras, dice: no hay nada más importante que la sal y el sol. Muy probablemente estas comparaciones, utilizadas en los evangelios, hacen referencia a algún refrán ancestral que no ha llegado hasta nosotros.

La sal actúa desde el anonimato. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida, nadie se acuerda de la sal. Cuando a un alimento le falta o tiene demasiada, entonces nos acordamos de ella. Lo que importa no es la sal, sino la comida sazonada. La sal no se puede salar a sí misma. Pero es imprescindible para los demás alimentos. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra tan utilizada todavía de “salario” y “asalariado”.

Jesús dice que “sois la sal, soy la luz”. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal, que no hay otra luz. Todos tienen derecho a esperar algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. La única historia, el único mundo tiene que quedar sazonado e iluminado por la vida de los que siguen a Jesús. Pero cuidado, cuando la comida tiene exceso de sal se hace intragable. La dosis tiene que estar bien calculada.

Cuando se nos pide que seamos luz del mundo, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz. Solo si vivo mi humanidad, puedo ayudar a los demás a desarrollar la suya propia. Ser luz, significa poner todo nuestro bagaje espiritual al servicio de los demás.

Debemos de tener cuidado de iluminar, no deslumbrar. Debe estar al servicio del otro, pensando en el bien del otro y no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos ofrecerle. Cuando sacamos a alguien de la oscuridad, debemos dosificar la luz para no dañar sus ojos. Los cristianos somos mucho más aficionados a deslumbrar que a iluminar. Cegamos a la gente con imposiciones excesivas y hacemos inútil el mensaje de Jesús para iluminar la vida real de cada día.

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora. “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz para trasmitir el mensaje son las obras. Una actitud verdaderamente evangélica se transformará inevitablemente en obras. Evangelizar no es proponer una doctrina muy elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra propia ideología o manera de entender la realidad.

En las obras que los demás perciben tienen que descubrir mis actitudes internas. Las obras que son fruto solo de una programación externa, no ayudan a los demás a encontrar su propio camino. Solo las obras que son reflejo de una actitud vital auténtica, son cauce de iluminación para los demás. Lo que hay en mi interior, solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor y la compasión es luz.

Meditación

Puedo desplegar mi capacidad de sazonar
Puedo vivir encendido y dar calor y luz
Soy sal para todos los que me rodean
en la medida en que hago participar a otros de mi plenitud humana.
Soy luz en la medida en que vivo mi verdadero ser
y muestro a otros el camino que les puede llevar a ser en plenitud.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Luz en el candelero

domingo, 5 de febrero de 2017
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la-magia-de-las-velasLa doctrina de Jesús es un organismo vivo que respira, se desarrolla y evoluciona. Si no lo hace, muere (E. Trías)

5 de febrero. V domingo del TO

Mt 5, 13-16

No se enciende un candil para taparlo con un celemín, sino que se pone en el candelero para que alumbre a todos los de la casa

Y alumbra cuando, como dice Isaías, la luz de ese candil, además de iluminar a los que caminan en obscuridad, les satisface en sus necesidades básicas“comparte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste a quien ves desnudo y no despreocuparte de los tuyos” (Is 58, 7-10). En la Biblia, la luz es faro imprescindible para el mundo y sus moradores.

AT

Dijo Dios: Que exista la luz. Y la luz existió (Gén 1, 3) Fue el primer acto de Dios en la Creación. Luz y oscuridad son, sobre todo, símbolos ricos y profundos: ver la luz equivale a vivir (Job 33, 30); y en 22-28: la luz es la prosperidad; Dios es luz y fuente de luz y su gloria es luminosa; ilumina su rostro mostrando benevolencia (Nm 6, 25). Y en Is 30, 26 y 60, y Zac 14, 7 es una aurora sin término.

NT

Significativa del acercamiento del hombre a Dios (Jn 3, 19-21); elemento de teofanía en la Transfiguración (Mt 17, 2). Como símbolo: Dios es luz (1 Jn 1, 5); Jesús es luz (Jn 1, 4s; y 8,12; el discípulo debe serlo (Mt 5, 14, Ef 5, 8-9, 1 Jn 2, 9-11).

La luz de los discípulos no puede reducirse a la de un humilde candil, aunque generoso, y debe expandirse. En la novela Para siempre, de Susanna Tamaro, Matteo le recuerda a Nora la protagonista, lo que Jesús demanda a sus seguidores y ella anhelaba: “No quieres ser un afluente -decías-, quiero ser un río que desemboca directamente en el mar”Y esto es ser co-creadores y fieles al Antiguo y al Nuevo Testamento.

Hay que ser como Ana Bolena, de la que decía María Estuardo en la ópera de Donizetti: “Sé que seduce a todas las almas, y que inflama todos los deseos”. Una seducción que otorga vida a quienes se sienten embriagados por ella. Como nos sentimos encandilados por el Evangelio. Eugenio Trías lo vió de esta manera cuando escribió en La imaginación Sonora que: “La doctrina de Jesús es un organismo vivo que respira, se desarrolla y evoluciona. Si no lo hace, muere”.

Y ha de desarrollarse porque, como dice Juan en el prólogo de su Evangelio, en la Palabra había vida, y la vida era luz en nosotros destinada a brillar en las tinieblas. Una intencionalidad que el protagonista de la película El cónsul de Sodoma, apunta en estos términos: “Y entonces descubrí que me iría; y a cualquier sitio que fuera yo, tendría mi camino y mi libro para leer. Otros en cambio no se irían. Ellos seguirán años y años, sin esperar con rabia que den las 7 para escapar, y saltar al otro lado de la vida”.

Con esta luna mía del Poema de bellos claroscuros, quiero danzar el rítmico ballet de los candiles y luceros.

LA LUNA SUBE Y BAJA

La luna sube y baja mis problemas
por la escarpada cuesta de la vida,
y yo los bajo y subo como ella.

No puedo abandonarlos, pues son míos;
son fruto de mi amor y mi deseo.

-“¡Préstame tu maleta,
quiero viajar contigo, y con ellos
escalar y bajar las cordilleras!”.

Luna “la de los pies ligeros”
como Aquiles,
no me robes el sueño.

Quiero subir, quiero bajar,
rodando cuando bajas,
trepando cuando subes.

Por las laderas de mi tiempo
me persiguen las sombras y las luces
que en mi mente sembraron los ensueños.

Lunática de bellos claroscuros,
quiero danzar contigo
el rítmico ballet de los luceros.

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Sal y Luz ¿qué somos?

domingo, 5 de febrero de 2017
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mt-5-13-16Mt 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra”.

Difícilmente podremos entender la riqueza de esta imagen que propuso Jesús, si no recordamos la importancia que tenía la sal en la sociedad de su tiempo:

· Servía para frotar el cuerpo de los bebés nada más nacer, así se evitaban las infecciones propias de la falta de higiene o de las heridas causadas en el parto.

· La sal era salario; se consideraba una especie de “moneda”, muy valiosa para intercambiar con otros productos de primera necesidad, especialmente con los pueblos que no tenían acceso al mar.

· Se utilizaba como arma, al alcance de cualquiera. Si se esparcía sobre la huerta de un enemigo se le podía arruinar la cosecha y causarle un grave daño económico, sin dejar rastro.

· Se ponía en los hornos del pan para catalizar el calor, hasta que por el uso continuado acababa desvirtuada.

· Servía para convertir el pescado en salazón. De este modo era muy útil para conservarlo y alimentarse en los viajes.

· Condimentaba las comidas.

La sal, por tanto, era muy un elemento imprescindible y valioso en la sociedad. Cuando san Mateo escribió su evangelio, los cristianos eran grupos marginales y estaban siendo perseguidos. ¿Qué reconocimiento social podía tener un grupo de gente que seguía a un galileo crucificado? Los hombres y mujeres cristianos eran la imagen viva del fracaso, como lo fue su Maestro.

El evangelista acaba el texto de las bienaventuranzas con un grito lleno de júbilo y esperanza: “Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos”. Pero no hay que esperar a llegar al cielo (parece que dice Mateo), porque aquí y ahora ya sois sal y luz.

Pero si la sal se estropea no hay manera de devolverle su capacidad de salar. No valía como salario, ni para los hornos; solo servía para reforzar los caminos.

Si los cristianos apostataban, por miedo a las persecuciones o a la muerte ¿cómo podrían recuperar el amor primero, la pasión del seguimiento? Si el Evangelio se desvirtuaba ¿quién le devolvería la garra con la que predicó Jesús la Buena Noticia?

Hoy, junto a la sal tenemos otros productos que potencian el sabor. Seguramente se podría prescindir de la sal en la alimentación y no notaríamos que había sido sustituida por otro producto.

Algo semejante ocurre con el evangelio. La fuerza de una Buena Noticia que ha revolucionado la historia se ha ido desvirtuando en los países ricos y se va sustituyendo por migajas que no sacian el hambre y por “tiritas” que no curan las heridas de la humanidad.

En la educación religiosa y la catequesis se suele poner más el acento en lo que no somos y en lo que hacemos mal que en recordarnos que somos tan imprescindibles y valiosos como la sal.

Si no somos conscientes de esto ¿cómo vamos a despertar esa conciencia en quienes nos rodean?

Vosotros sois la luz del mundoEstos versículos se escribieron en una sociedad en la que la llegada de la noche sumía en la oscuridad total, abundaban los peligros y la gente intentaba guarecerse en alguna aldea, en lugar de seguir el camino.

¿Quién podía permitirse el lujo de iluminar por la noche el camino? ¿Quién era tan tonto que malgastaba el aceite de una lámpara, poniéndola debajo del cajón con el que se medía el trigo (celemín)?

Todavía ahora se cuelgan los candiles en lugares altos, en los que alumbren lo más posible, así se economiza aceite.

¡Qué lejanas nos resultan estas imágenes de la luz y la oscuridad si no hemos experimentado una oscuridad total!

Quienes sufrieron el apagón que se produjo en Nueva York, del 13 al 14 de julio de 1977, contaron que habían vivido situaciones de auténtico pánico;  por ejemplo, las personas que se quedaron atrapadas durante horas en el Metro, hasta que pudieron ser evacuadas; o encerradas en los ascensores de los rascacielos.

A consecuencia de la caída de varios rayos, casi toda la ciudad quedó sin suministro eléctrico, en medio de una severa ola de calor. El pillaje se extendió, hasta el punto de que arrestaron a unas 4.500 personas que fueron sorprendidas saqueando viviendas y comercios. Y muchas personas temieron toparse con un hombre que había cometido varios asesinatos en esa ciudad y andaba suelto.

¿Cómo nos sentiríamos nosotros si nos perdemos en un monte, en una noche sin luna, y sin ningún medio para iluminarnos? ¿Qué sentimos si  descubrimos a lo lejos la luz de las linternas de quienes vienen a rescatarnos?

Muchas homilías son soporíferas y no tienen relación con lo que está viviendo la comunidad o la parroquia. ¿Dónde tomamos conciencia de que somos luz? ¿Dónde, cuándo y cómo nos recordamos que somos como una central eléctrica, por la corriente que nos une? ¿Cómo podemos recuperar el potencial “energético” que tenemos las comunidades cristianas? ¿Nos damos cuenta de los profundos cambios sociales que pueden operarse cuando este potencial se pone en marcha?

La luz que somos ¿no se ha ido diluyendo con las pequeñas luces de las pantallas, que nos absorben la energía, nos entretienen y nos anestesian?

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para pasar desapercibidos, como levadura en la masa, y hay un tiempo para dar testimonio y que se vea el dinamismo del talante cristiano.

Pero siempre hace falta un requisito imprescindible: que el ego se acalle para que se perciba al Abba como la Luz y la Sal, de donde proceden nuestra sal y nuestra luz.

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

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Con un poco de sal

domingo, 5 de febrero de 2017
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salt-of-the-earthJesús se ve que conocía la costumbre riojana. Cuando se asan chuletas al fuego encima de la parrilla, se echa sal a las ascuas, para que tomen fomento y se enciendan más.

Es sorprendente cuando me encuentro con algún texto de personas, creyentes o no, que me impresionan y me hacen pensar. Una tarea a realizar como misión evangelizadora es dar a conocer lo bueno y lo positivo. Hay muchas películas y libros y videos… Qué labor más bonita y cómo animan. Después de ver Silencio, muchas personas nos interrogamos tanto, por lo menos, como si viéramos una película religiosa.

Los que estamos con problemas de tensión arterial, nos ponen poca sal en las comidas. Y da la impresión de que en nuestra iglesia andamos mal de tensión y enseguida se nos sube de tono, y rechazamos y no descubrimos a Jesús en lo no religioso.

Ayer me encontré con un señor a quien le falta una pierna y va sobre una bicicleta: “voy a la cárcel de jóvenes porque un joven quiere hablar conmigo” y allá se va y rocía de sabor la vida y abre horizontes.

Por las noches en el verano está el campo plagado de luciérnagas. Pequeñas lucecitas. Si damos a conocer menos discursos pero más hechos positivos, con un poco de sal, eso son lucecitas. Ahí creo que está mi misión como cristiano.

Ya lo decía Helder Camara: “La sal tiene que estar mezclada con las alubias” Si no, no da sabor. Nuestras experiencias no las podemos dejar guardadas en nuestro arcón, sino en la vida, saliendo al periódico, dialogando en las pequeñas terrazas de la vida, del trabajo, de la diversión.

Me sorprende. Soy aficionado a escribir cartas al director en el periódico y sé que hay muchas personas que lo leen y que llegan a pensar a favor o en contra, pero intento que transmitir el sabor de la vida.

La comida demasiado salada no hay quien la coma, con un poco de sal, da gusto.

No se trata de atiborrar de grandes enseñanzas. Con una pizca de sal, especialmente si tiene humor, cala y penetra más. Me va sucediendo que los últimos cuatro domingos, se me ha ocurrido un chiste en cada evangelio. Y eso cala. Somos sal y luz con la vida, la palabra, los hechos. Aunque a veces la sal escuece las conciencias.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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¿Qué puede aportar hoy el mensaje del Evangelio en nuestra cultura y sociedad?

viernes, 3 de febrero de 2017
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jesus_jovenesRESUMEN

La sociedad y la cultura actuales están determinadas por el avance tecnocientífico y la tensión entre el mercantilismo y los valores democráticos. La insólita propuesta de Jesús no se orienta tanto a una salvación religiosa y específica cuanto a un proyecto supra ético universal basado en una civilidad de amor desbordante que empieza por los más débiles. Esa es su trascendencia y su divinidad enterrada.

INTRODUCCIÓN

Si preguntamos hoy a una persona cualquiera qué quiere hacer de su vida no responderá evidentemente que “ha sido creada para alabar hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y mediante esto salvar su ánima” ni tampoco “cambiar el sistema mediante la propiedad colectiva de los medios de producción…” sino que a lo mejor dirá “vivir feliz, no hacer daño a nadie y sentirse protegido, creyendo que “hay algo” superior que explica todo.

A la par, si para nosotros Jesús de Nazaret representa el mejor valor para una vida digna, hemos de interpretar los relatos que nos hablan de él no al modo judío de la Palestina del siglo I, ni tampoco al modo de las religiones que ya nos dicen poco, tampoco al modo revolucionario ya bastante decaído y mucho menos al modo instrumental de esta sociedad. Debemos responder a la tercera respuesta: El evangelio hay que leerlo desde lo universal mejor de esa persona común y que es también el mismo fondo de Jesús de Nazaret y que todo el mundo intuye desde una mirada sincera.

En los últimos años muchos “católicos” nos hemos caído del guindo de la religión. La Biblia como Palabra de Dios absoluta y exclusiva, el Misterio de la Salvación, esa secuencia temporal: creación-pecado-encarnación-redención-resurrección-vida eterna no nos dicen nada si no es como una gran metáfora. Hemos “deconstruído” nuestras creencias, experimentamos un terremoto devastador que nos ha provocado primero desconcierto, luego alivio y finalmente renacido ánimo

Este artículo no tiene espacio más que para unos rasgos intuitivos de este tránsito de la religión a un supraética del amor. No pretendemos demostrar ni argumentar una nueva teología. Queremos de verdad y deseamos vuestra corrección para remontarnos a ese significado más auténtico de Jesús de Nazaret.

Y ahora, dos observaciones previas. La primera que la sociedad y la cultura actual, a pesar de su globalidad y acelerada uniformidad, no son homogéneas. Nosotros nos situamos  en el contexto occidental postmoderno. La segunda es que en los mensajes concretos de Jesús no cabe una única interpretación. Nosotros prescindimos de la lectura literal y exclusiva de la Biblia, asumimos las voces de las ciencias y las filosofías críticas y desmontamos muchas teologías a la búsqueda del “paradigma evangélico”

1. LA SOCIEDAD Y LA CULTURA ACTUAL

El mundo es un pañuelo, decíamos ayer, y hoy más bien lo comparamos con una manta de inmigrante, extendida en las calles de moda y cogida por cuatro cuerdas para salir corriendo. Vivimos en una manta global llena de opresiones, en un mundo desigual, fragmentado, contradictorio, líquido y gaseoso, posesivo y evasivo en paraísos fiscales y telemáticos, ansioso y carroñero, post religioso y fundamentalista, “low-cost“, “desigual” e “Inditex-ado” por el pensamiento único. Vivimos con el 99% sumergido en las aguas gélidas del mercado y el desafecto.

Cuando nos preguntamos por esta sociedad tratando de decir qué puede aportar el evangelio, nuestra primera respuesta es que queremos mirarla con los ojos del mantero, desde los pies en la calle, ojo avizor al que nos persigue y expulsa de ella. La mirada de Jesús es de abajo arriba y tan abierta que no niega lo que parece imposible

Y esta mirada fue el detonante de una conversión iniciada en la Teología de la liberación. Allá por los años 60 y 70, cuando el Vaticano II, cuando los mártires de Latinoamérica y el Mayo del 68. También cuando se asomó la Teología de la secularización tras la muerte de Dios en Auschwitz y su posterior resurrección en la protesta colectiva contra las barbaries.

La segunda gran conmoción en nuestra lectura del evangelio la estamos experimentando desde hace cinco o diez años. Está en sus comienzos y va a provocar una convulsión de enormes repercusiones no solo en el cristianismo. Muchos llaman a esta revolución “cambio de paradigma” o de paradigmas, una mutación de los presupuestos de nuestra interpretación del mundo y consiguientemente de nuestro yo, de la fe y de Dios.

El primer y básico rasgo de este paradigma es la apertura a la ciencia. Su avance espectacular y sobre todo su divulgación han colocado las creencias como símbolos detrás de las explicaciones plausibles (o admisibles por los procedimientos de investigación). Ya no son la primera verdad. Asumimos la teoría de la evolución, la revolución genética, las teorías de la relatividad y cuántica, los avances de las neurociencias y la informática y sus prolongaciones cibernéticas. También las filosofías críticas de Marx, Nietzsche, Wittgenstein, etc. y otras sociologías de la contestación.

Pero sobre todo entendemos el conocimiento de otra manera.  No hay verdades absolutas ni procedimientos concluyentes. La incertidumbre, la subjetividad y el azar son constitutivos de todo conocimiento. Somos nosotros los que configuramos los dígitos que describen la realidad, nosotros ponemos las reglas para la ciencia, nosotros creamos al Dios que nos crea. La Biblia es otra creación de nuestra bella y buena razón y el “mensaje evangélico” la mejor explicitación de la bondad que emerge en nuestra conciencia personal y social.

El nuevo paradigma epistemológico sitúa a las religiones en el ámbito de la moralidad (léase libertad en acción); en el ámbito concreto de la esperanza, del postulado, del ojalá. No en el de la explicación o la verdad. Cuando no encontramos respuesta a una pregunta ésta permanece abierta como dinamismo. Por eso cuando no podemos razonar más se produce un cambio cualitativo. Al final de la razón, cuando ésta hace agua, entonces, en su desazón, rompe aguas de esperanza. Alumbra  un mundo de simbolismos, de anhelos profundos y buenas voluntades, de interiores compartidos, una ropa interior del amor que cura el mundo en un abrazo de solidaridad utópica.

No mezclemos la explicación de la naturaleza, con la comprensión de lo humano y la simbolización de la esperanza. Durante milenios se ha confundido la metáfora con la verdad y con el deber. Hasta ahora la fe tenía siempre razón, ahora es la ciencia la que va a misa. Si hay contradicción debe resolverse según los procedimientos críticos de la ciencia y la inagotable metamorfosis de las creencias que encantan pero no dicen. No puede haber riña entre ciencia y fe.

La convivencia con otras religiones ha puesto frente a nosotros como en un espejo muchos de nuestros símbolos y prácticas. Nos hemos contemplado desde fuera y eso nos ha dado una imagen extraña y nos ha conducido a la relatividad. En cierto sentido todas las religiones se parecen y hacen cosas raras. Su valoración ya no puede venir de la fuerza de su pretendida inspiración divina sino por la respuesta a las necesidades y derechos humanos. Con Kant podríamos decir: Cree y obra de tal manera que tu fe pueda ser tenida como válida por toda la humanidad.

La experiencia religiosa “tremenda y fascinante” de otro tiempo, construida sobre el desdoblamiento del mundo, cede hoy el relevo a una vivencia más secular del amor incondicional en un contexto de ciudadanía y construcción personal. El mundo de lo sobrenatural se abre no en el más allá sino en la actitud de gratuidad. Podemos ser ateos, agnósticos o teístas. Pero no podemos dejar de amar. El mundo sobrenatural es la inagotable capacidad de amar de la libertad. Solo en el amor merece la pena creer (1Cor, 13).

2. APORTACIÓN DEL MENSAJE EVANGÉLICO

Jesús no creó ninguna religión, ninguna política o moral específicas. Solo exageró el amor hasta lo insólito: perdonar y amar también al que te hace daño, poner la otra mejilla. Esto no es exclusivo del cristiano, felizmente es de todos, pero sí que en un momento de la historia fue ’inventado’, revelado o activado por una persona de la que luego muchos hemos hecho un Cristo. Lo hemos universalizado en un paradigma de buen amor, de buen vivir. De este hilo hemos bebido todos lo humanismos.

Los nuevos paradigmas recuperan esta memoria del Jesús “enteramente para los demás” (P.Tillich), “humano como solo un dios puede serlo” (L. Boff) que nos descubrían las teologías de la secularización y de la liberación allá por los años 1960. Ambas nos llaman no a la religión sino a esa supra ética de la desmesura y de la autonomía benevolente: “Aunque no hubiera cielo yo te amara”.

El “buen cristiano” es hoy el buen ciudadano que responde al consenso de la reciprocidad con la misma altura de miras con que le gustaría respondieran todos. Pero que además en algunos casos y según cada persona, y solo desde una auto-invitación libérrima, se anima a sobredimensionar su civilidad con la donación de su vida. Tres peldaños de una ética cívica abierta a una trascendencia desde abajo: ciudadanía, fraternidad, donación.

Los bellos relatos, el cine, el arte, la poesía, las utopías sociales y algunas prácticas políticas, religiosas y comunitarias son extremadamente valiosas para animar y construir esta nueva sociedad y persona que todos queremos. Pero ese rellano final desde el que levantamos el vuelo suena a Jesús de Nazaret. A ese modo de vida, a esa actitud de ponerse en el lugar del menos favorecido, de responder incondicionalmente a la compasión.

Evangelizar hoy es extender este movimiento universal por la justicia y la felicidad con todas las instituciones mundiales y movimientos alternativos. Esa es la nueva iglesia, la convergencia de todas las gentes por la dignidad humana. Eso hizo y quiso Jesús. Su “Reino” es hoy este “impulso de dignidad universal”, inexplicable, que gime dentro de cada persona, del planeta y de cada acción colectiva. Ya ha concluido el tiempo de hacer nuestra Iglesia, de definir nuestro Dios, de defender nuestra Salvación. Es hora de construir una convención mundial por la justicia, una internacional de la esperanza.

Nos agruparemos en comunidades humanas de base, grupos de significación plural del desinterés, del amor, de la libertad. Será labor de estos grupos de esperanza llamar al optimismo radical del ser, a trabajar por la igualdad en libertad, a fomentar significados, desenmascarar el sistema único, disolver el lenguaje monolítico de las religiones y de las ideologías y denunciar los reavivamientos ilusorios y fundamentalistas. Tan difícil es para la persona religiosa dejar de remitirse a un mundo sobrenatural como para el materialista elevarse a significados no inmediatos.

Los próximos retos de este nuevo cristianismo serán la formación y el vigor de la esperanza en la sociedad civil. Propiciar las funciones simbólicas y formativas que hoy por hoy la sociedad civil no acaba de darse para elevar su moralidad. Vigorizar la esperanza: no es lo mismo moverse por certezas cerradas que por metáforas; lo primero da pie a pautas de entrega fuertes pero con orejeras, lo segundo responde a la gratuidad de la libertad. Las parroquias, cafés, foros y tertulias u otros lugares comunitarios deben ser, para todos los credos y pensamientos, lugares de acción y crítica social, de cuidados mutuos, zonas verdes frente al mercantilismo y zonas azules para la serenidad.

Santiago Villamayor

Comunidad Almofuentes de Zaragoza.

Boletín Semanal Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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«Una Iglesia más evangélica». 4 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,1-12)

domingo, 29 de enero de 2017
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11-04-to-a-600x798Al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su propio estilo de vida en medio de una sociedad secularizada.

No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio solo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia mientras peregrina hacia el Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Solo así hemos de caminar hacia el futuro.

Dichosa la Iglesia «pobre de espíritu» y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús. De ella es el reino de Dios.

Dichosa la Iglesia que «llora» con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y también el destino de Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.

Dichosa la Iglesia que tiene «hambre y sed de justicia» dentro de sí misma y para el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.

Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.

Dichosa la Iglesia de «corazón limpio» y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.

Dichosa la Iglesia que «trabaja por la paz» y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.

Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.

La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Solo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy.

José Antonio Pagola

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«Dichosos los pobres en el espíritu». Domingo 29 de enero de 2017. Domingo 4º ordinario

domingo, 29 de enero de 2017
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12-ordinarioa4Leído en Koinonia:

Sofonías 2,3;3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde.
Salmo responsorial: 145: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
1Corintios 1,26-31Dios ha escogido lo débil del mundo.
Mateo 5,1-12a: Dichosos los pobres en el espíritu.

 El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.

¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.

1. “…de ellos es el reino de los cielos

El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.

2. “…poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados”

Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.

3. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz

Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad discipular: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.

4. “…de la misma manera persiguieron a los profetas

La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No es de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.

5. “…bienaventuradas, bienaventurados

¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a las bienaventuranzas (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en donde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.

La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”. Leer más…

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Dom 29.1.17. Bienaventuranzas: felicidad y supervivencia

domingo, 29 de enero de 2017
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16195520_1312009265554026_4502314938859061572_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 4, ciclo A. Mt 5, 3-10. La bienaventuranzas, carta magna y principio fundamental del cristianismo, ofrecen un programa de felicidad y supervivencia humana:

— Programa de felicidad. Ellas nos enseñan a ser dichosos, en desprendimiento y solidaridad, en limpieza de espíritu y de vida, en libertad radical, en esperanza, uno a uno y en grupo (en familia).

A veces, la Iglesia ha olvidado que ella es un proyecto de felicidad, y ha venido a convertirse en un rebaño de «sufridores» (¡en este valle de lágrimas!), bajo la guía de expertos pastores del dolor con un lema como éste: Por la obediencia y sufrimiento hacia Dios… Pero Jesús ha sido un experto en felicidad, y así aparece con un pan en la mano, con un grupo de amigos (Imagen 1, tomada de fb de mi amigo Tomás García MM).

images— Programa de supervivencia (o mejor dicho, de esperanza de resurrección). Algunos pastores cristianos han apelando al miedo del fin de los tiempos y al juicio, incluso para tener más sometidos a los fieles. Ahora hablan de ese fin cercano los meteorólogos y biólogos, los economistas y políticos…

Pues bien, ha llegado el momento en que los cristianos recuperen su evangelio de felicidad, en la línea de las bienaventuranzas, como hace la misa de este domingo. Por eso, ellos han de empezar ofreciendo una esperanza y camino de pan a los hambrientos y excluidos (imagen 2)

El Dios de Jesús (es decir, el principio de la Vida) está comprometido positivamente a favor de los hombres, ofreciendo un camino de felicidad para todos, empezando por los pobres. Es un Dios parcial,que ama a los pequeños y perdidos, asumiendo con y para los hombres un proyecto de felicidad y supervivencia.

95bdfc_bienaventurados-jpgCiertamente, los evangelios contienen malaventuranzas, como los ayes que Lc 6, 20-26, y las amenazas de juicio de Mt 13, 24-43 y 25, 31-46). Pero el principio del evangelio es la buena noticia de la felicidad. En esa línea, aquí, al principio del mensaje de Jesús, el Evangelio de Mateo ha querido ofrecer este “retablo” de bienaventuranzas, como programa de felicidad, esperanza de vida y resurrección (en este mundo), un programa exigente (de malaventuranza para aquellos que son peores que cuervos, pues quieren medrar sobre la tristeza y opresión de los oros).

Buen domingo a todos. Que seáis felices.

Texto (Mt 5, 3-10):

5 3 Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
4 Dichosos los que sufren, porque ellos serán consolados.
5 Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
6 Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
7 Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
8 Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9 Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
10 Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Estas bienaventuranzas se dirigen de un modo especial a dos tipos de personas:

(a) Los más pobres, los que sufren hambre y opresión.
(b) Los que ayudan a los pobres (cf. 25, 31-46).

Ellas no son confesionales, en un sentido estrecho, sino que ofrecen un mensaje universal, que vale para todos, sin nada específico de la iglesia: bautismo, eucaristía, encarnación o Trinidad… Pero, en otro sentido, ellas son el corazón del evangelio cristiano, un programa de vida integral de la Iglesia. Desde ese fondo se entienden como siete peldaños de una Escala de Paz o Via Pacis (5, 3-9), que se condensan o desembocan en la bienaventuranza de los perseguidos por la justicia .

1. Dichosos los pobres de Espíritu
porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5, 3)

Estos pobres son los ptojoi (ptojoi). A diferencia de penês, que es un hombre de pocos recursos, pero que puede mantenerse con su esfuerzo y trabajo, ptojos es aquel que no tiene nada, el pordiosero o mendigo, que sólo puede vivir de limosna (cf. Lc 14,13.21; 16, 20, 22). A menudo, los ptojoi suelen ser de mala fama, de manera que no se puede empezar hablando sin más de pobres espirituales, llenos de riquezas interiores (como en el caso de algunos anawim del judaísmo tardío). Estos pobres carecen de todo, de manera que sólo pueden vivir de la ayuda o sostén de los demás, es decir, como mendigos.

Lc 6, 20 les llamaba simplemente pobres, prometiéndoles la dicha del evangelio. Mateo, en cambio, añade de espíritu (tw/| pneu,mati), no para negar la bienaventuranza “material”, sino para matizarla desde una perspectiva cristiana, en dos líneas posibles:

‒ Por voluntad. Pobres por espíritu o decisión personal (con dativo de opción) no son simplemente los que se limitan a sufrir una suerte que les viene dada desde fuera sino los que, pudiendo ser ricos, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los demás (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11). Jesús no ha querido alimentar a los hombres de manera mágica o diabólica, como indicaba la primera tentación (4, 1-4), sino desde la situación en que se encuentran, encarnándose en su historia, haciendo que unos hombres ayuden a los otros.

Jesús aparece así como siervo que no grita, no se eleva sobre otros, no esclaviza, sino que desde la misma pequeñez del mundo, ayuda a los pobres (cf. Mt 12, 15-21), poniendo así en marcha un camino en el que los que tienen han de ayudar y alimentar a quienes no poseen bienes de ese tipo. En esa línea se sitúa nuestro texto, que no ha negado la bienaventuranza de los pobres como tales (a quienes en 25, 31-46 llama sus “hermanos más pequeños”), sino que ha querido destacar la opción de los creyentes a favor de los pobres, dentro de la Iglesia, pues en ella sólo pueden construir activamente el Reino y ser pacificadores aquellos que se hacen hermanos de los pobres y cumplen con ellos la justicia del Reino.

‒ En espíritu. En esa línea de Espíritu puede ser un dativo de relación. Estos pobres no lo son sólo en sentido material (porque no tienen cosas), sino y sobre todo en un plano del espíritu, en decir de conocimiento o riqueza interior. En ese sentido son pobres los que no saben, no entienden, no logran penetrar en los “secretos” de la interpretación rabínica de la ley, siendo así como mendigos espirituales. De ordinario, éstos son pobres “materiales” (mendigos, sin posesiones ni trabajo), pero, al mismo tiempo, en parte a consecuencia de lo anterior, son pobres de mente y de conocimiento.

Así podemos hablar de los pobres de espíritu en sentido activo, en una línea parecida a la anterior (pobres por voluntad), aunque en un plano más personal. Son pobres los despreciados por falta de cultura, los indigentes, aquellos que no tienen dignidad, los más pequeños, aquellos que no pueden elevarse sobre e imponerles su derecho. Éstos son la masa de los marginados, derrotados, expulsados, sin entendimiento o voluntad para cambiar la historia, sometidos a un destino de desprecio y muerte. Pues bien, Jesús ha venido a elevarles, no para hacerles orgullosos, capaces de triunfar con violencia sobre los demás, sino para crear con él una humanidad distinta, fundada en la confianza y en la solidaridad. Desde ese fondo han de entenderse las bienaventuranzas que siguen: No habrá justicia ni paz si no se empieza por un camino de pobreza (Mt 6, 19).

2. Dichosos los que sufren
porque ellos serán consolados (Mt 5, 4).

Lc 6, 21 dice los que en este tiempo lloran , destacando quizá más el llanto como tal, por cualquier causa que sea, el llanto que se expresa en forma de lamentación amarga (cf. Mt 2, 18; 26, 75) o grito fuerte (en la línea de la pobreza material). Mateo, en cambio, dice hoi penthountes, término que podría referirse más en concreto a los que saben sufrir o, mejor aún, a los que aceptan el dolor como una forma de maduración (purificación), en la línea del ayuno (cf. 9, 15). En esa perspectiva, se referirá Mc 16, 10 a los que hacían luto y lloraban en llanto funerario por la muerte de Jesús.

Ciertamente, podemos y debemos decir con el texto de Lucas, que son bienaventurados todos los que lloran, por la razón que fuere, sin distinguir la forma o razón de su dolor. Mateo en cambio parece haber resaltado el carácter de maduración e incluso de purificación que tiene ese dolor, sobre todo en línea de apertura a los demás: Sólo aquellos que aceptan de algún modo el sufrimiento pueden ayudar a los que sufren, abriendo con y para ellos un camino de solidaridad y ayuda mutua, desde el padecimiento real de la humanidad.

De todas formas, quizá debamos decir que esos que lloran no son sólo los que lloran de un modo catártico, aceptando el dolor como principio de purificación, sino todos los que se lamentan y gimen, por la razón que fuere (como los klai,ontej de Lucas). No se trataría, pues, de un llanto piadoso, como a veces se ha dicho, como un don de lágrimas, sino del llanto que brota de la necesidad humana, en sus diversas formas.

‒ Saber sufrir. Quien no sabe sufrir termina siendo un dictador; quien hace sufrir a los demás (por hambre o terror, guerra o dictadura) no será jamás hombre de paz. Sólo aquellos que saben aceptar el sufrimiento, acompañando a los que sufren y sufriendo con ellos, pueden iniciar el camino del Reino de Dios, con la paz del evangelio. De la incapacidad de sufrir nace la violencia. Sólo los que saben sufrir pueden madurar, actuando como pacificadores. La tradición bíblica recuerda el clamor y llanto de los hebreos oprimidos en Egipto, a quienes Dios escuchó, disponiéndose a liberarles, de un modo que no fue simplemente espiritual, sino integral, sacándoles de Egipto (Ex 2, 23-25).

‒ Serán consolados. En esa línea se sitúa la respuesta en pasivo de esta bienaventuranza “porque ellos serán consolados”, un verbo de la misma raíz que Paráclito el Espíritu Santo “consolador” (cf Jn 14,16.26; 15,26; 16,7) conforme a un tema que aparece en Mt 10, 19-20 donde se supone que el Espíritu Santo consolará a los perseguidos. Se tratará, sin duda, de un consuelo no sólo espiritual, sino integral, como el de Ex 2. Aquí se afirma que Dios consolará a los que lloran (y que los que sufren serán consolados por otros, en una sociedad centrada en la confesión); pero el texto supone, al mismo tiempo, que los tristes serán consolados por otros hombres y mujeres.

3. Dichosos los mansos
porque ellos heredarán la tierra (Mt 5, 5).

Ésta es una bienaventuranza nueva (sin paralelo en Lucas), creada por Mateo o por su iglesia, fijándose de un modo especial en Jesús, pobre y manso (sin poder económico o social), pero que ha sabido elevar y enriquecer a los pequeños, convirtiendo su pobreza en fuente de gracia y vida para muchos. En esa línea, son mansos los que actúan sin imponerse, y así ayudan a otros desde su pobreza, como dirá Jesús: «Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumamos, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde…» (Mt 11, 28-29).

Así aparecerá Jesús, expresamente, como “manso” cuando entró en Jerusalén, montado en un asno, de manera, no violenta, para tomar la ciudad y extender en ella su mesianismo. Pero, al mismo tiempo, esta bienaventuranza, expresa una experiencia radical, de tipo político, pues los mansos heredarán la tierra, cf. Sal 37, 1) no por violencia, sino al modo de Dios: por herencia de gracia. Esta palabra (los mansos heredarán la tierra) abre una utopía de pacificación, que va en contra de los principios y métodos de guerra utilizados para dominar el mundo.

‒ Bienaventuranza ecológica. Éste es un programa espiritual y social, como ha puesto de relieve el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si, Alabado seas… (2015). El hombre prepotente, conquistador, violento acaba destruyendo la misma tierra. Sólo los mansos, los que renuncian al deseo de tenerlo todo y a la imposición militar podrán heredar la tierra como don de Dios, pues ella no se conquista, sino que se recibe de aquellos que nos han precedido, para regalarla y compartirla con los que nos sigan o están a nuestro lado. La tierra que se domina y somete por fuerza se vuelve un infierno de guerra y destrucción: cuanto más la dominemos más la estropeamos. Sólo los mansos podrán heredar y compartir la tierra. Los otros, los violentos, la destruyen y se destruyen a sí mismos. Leer más…

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«Auditorio de ocho puertas, es facil colarse». Domingo cuarto Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 29 de enero de 2017
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bienaventuranzas-basilicaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Mateo nos presentaba a Jesús recorriendo Galilea y anunciado la buena noticia del Reinado de Dios. A partir de hoy, hace que los oyentes se reúnan en un gran auditorio al aire libre, se sienten en torno a Jesús, y escuchen el programa de ese reino de Dios: el “Sermón del monte”.

La selección del auditorio

Jesús no es un político que quiere ganar votos a todo precio, engañando y haciendo promesas que no cumplirá. Desea dejar claro quiénes sintonizarán con su proyecto y quiénes no. Para que no se llamen a engaño. Y eso lo expone, al principio de todo, en las bienaventuranzas.

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Las bienaventuranzas proponen valores desconcertantes

Si Jesús dijera: “Dichoso el que tiene buena salud, el que gana lo suficiente para  vivir, el que disfruta con su familia…” no habría necesitado justificar esas afirmaciones. Cualquier persona habría estado de acuerdo. Sin embargo, Jesús proclama dichosa a gente que sufre, llora, es perseguida… Por eso, cada bienaventuranza va seguida de una justificación: «porque de ellos es el reino de los cielos», «porque ellos serán consolados», etc. El premio prometido en la primera y última es «el Reino de los cielos». En realidad, todas las otras se refieren también a ese Reino de Dios, sólo que fijándose en determinados aspectos concretos. Este premio no podemos interpretarlo solo como algo de la otra vida. Comienza a realizarse en esta. Dicho en palabras sencillas, todas esas personas son dichosas porque pueden formar parte de la comunidad cristiana (Reino inicial de los cielos) y, más tarde, del Reino definitivo de Dios.

Las bienaventuranzas no son una carrera de obstáculos

La mención de los pobres, los que lloran, los sufridos… puede crear una sensación de malestar, como si tuviéramos que pasar por todas esas situaciones para formar parte del reinado de Dios. Las bienaventuranzas se nos convierten en una terrible carrera de obstáculos, donde tras cada valla nos espera la siguiente. Sin embargo, las bienaventuranzas son algo muy distinto.

Las bienaventuranzas, ocho puertas para entrar al Reino de Dios

Antonio Barluzzi, el arquitecto italiano que diseñó la Basílica de las bienaventuranzas en 1939, tuvo la bella idea de una planta octogonal, y en cada lado una gran ventana por la que se puede contemplar el paisaje exterior. Sin embargo, las bienaventuranzas no son ventanas para mirar lo que ocurre fuera, sino puertas abiertas por las que se puede entrar a escuchar y seguir a Jesús.

Encima de cada puerta hay una inscripción con la bienaventuranza correspondiente. A veces el sentido del texto resulta discutible (Jesús habló en arameo, luego se tradujo al griego, y ahora lo retraducimos a nuestras lenguas). Hace falta un guía turístico que nos aclare las dudas, dentro de lo posible.

Al final, el guía te dejará solo delante del edificio. Da una vuelta en torno a él y elige la puerta que más se adecue a tu situación. Quizá encuentres varias. Si no encuentras ninguna, cuélate a escuchar lo que dirá Jesús los próximos días. Seguro que te convence.

Resumen

Las bienaventuranzas nos dicen qué personas pueden entender y aceptar el mensaje de Jesús, incorporándose a la comunidad cristiana.

Por consiguiente, las bienaventuranzas no son, ante todo, un código de conducta moral que dice: «así tienes que actuar si quieres ser cristiano». Es más bien una exposición de situaciones y de actitudes ante la vida que permi­ten entender el evangelio y entusiasmarse con las palabras de Jesús.

La bienaventuranza no dice: «Sufre, para poder entrar en el Reino de Dios».

Dice: «Si sufres, no pienses que tu sufrimiento es absurdo; te permite entender el evangelio y seguir a Jesús».

No dice: «Procura que te desposean de tus bienes para actuar de forma no violenta».

Dice: «Si respondes a la violencia con la no violencia, no pienses que eres estúpido, considérate dichoso porque actúas igual que Jesús».

No dice: «Procura que te persigan por ser fiel a Dios».

Dice: «Si te persiguen por ser fiel a Dios, dichoso tú, porque estás dentro del Reino de Dios».

Pero, al tratarse de los valores que estima Jesús, no cabe duda de que las bienaventuranzas se convierten también en un modelo de vida que debemos esforzarnos por imitar. Después de lo que dice Jesús, no podemos permanecer indiferentes ante actitudes como la de prestar ayuda, no violencia, trabajo por la paz, lucha por la justicia, etc. El cristiano debe fomentar esa conducta. Y el resto del Sermón del Monte le enseñará a hacerlo en distintas circunstancias.

COMPLEMENTOS

Ofrezco dos enlaces sobre las bienaventuranzas: una conferencia (con una introducción al Sermón del Monte) y una presentación de PowerPoint.

https://www.dropbox.com/s/wcr838xy274e2tn/Bienaventuranzas.m4a?dl=0

https://www.dropbox.com/s/31rq8xiss39s5sq/BIENAVENTURANZAS.ppt?dl=0

José Luis Sicre

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Domingo IV del Tiempo Ordinario. 29 enero, 2017

domingo, 29 de enero de 2017
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domingo-iv

“En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos, y él se puso a hablar enseñándoles: Dichosos…”

(Mt 5, 1-12)

Al principio a Jesús le fue bien. Cuando empieza a predicar mucha gente se le acerca, le escucha. Quieren aprender o buscan el alivio para sus enfermedades. Y Jesús recorre Galilea junto con sus primeros discípulos, anunciando y curando.

Con aquellos que dieron una respuesta tan plena e inmediata como la llamada que había recibido. A los mismos que el domingo pasado veíamos dejando inmediatamente las redes (la barca y a su padre) y siguiendo a Jesús.

A ellos se dirige hoy Jesús. Está viendo el gentío que se ha movilizado en torno a él. Y en lugar de dejarse impresionar, o dejar que la fama “se le suba a la cabeza”, lo que hace es tomar una cierta distancia y sentarse.

Se retira un poco y el círculo más íntimo se le acerca, entonces aprovecha para enseñarles. Bien sabe él que el reconocimiento, la fama, el éxito… pueden también confundir a sus discípulos.

Las bienaventuranzas nos enseñan, a las discípulas y discípulos de todos los tiempos, a no confundir la felicidad con el éxito, con una vida fácil o con la ausencia de problemas y dificultades.

Porque, si bien el anuncio de Jesús es una Buena Noticia que trae consigo la felicidad. Esta felicidad es tan honda y plena que ya nada la puede sacar del corazón que la recibe.

Es una felicidad capaz de convivir con la pobreza, el sufrimiento, el llanto, el hambre, las injusticias y hasta la persecución. La felicidad por el Reino de Dios atraviesa toda dificultad, toda oscuridad. No es algo que sucederá después, sino que comienza a suceder precisamente en esas circunstancias donde jamás iríamos a buscarla.

La dicha de la que hablan las bienaventuranzas nos es un bien privado y exclusivo. Como un club de alto renombre, no. Todo lo contrario, es un tesoro para compartir. Que crece en la medida en que más y más gente se une y comparte.

Es la alegría de quienes trabajan juntas por la justicia, el amor, la paz o la dignidad humana de cualquier pequeño grupo oprimido. Y precisamente esa lucha llena de dificultades se convierte en fuente de felicidad.

Oración

Trinidad Santa, condúcenos hasta ese íntimo rincón donde ya germina la felicidad que tú has sembrado en nosotras.

 

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dichoso el que es humano y no deshumaniza a los demás

domingo, 29 de enero de 2017
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sermon-monteMt 5, 1-12

Para entender las bienaventuranzas, debemos recordar lo que dijimos el domingo pasado. Para todo el que no haya tenido esa experiencia interior, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido, ¡Enhorabuena! Intentar explicarlas racionalmente es una quimera, pues están más allá de la lógica. Es el mensaje más provocativo del evangelio.

Sobre las bienaventuranzas se ha dicho de todo. Para Gandhi eran la quintaesencia del cristianismo. Para Nietzsche son una maldición, ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística (no cristiana). El otro pretende comprenderlas desde la racionalidad: y desde la razón, aunque sea la más preclara de los últimos siglos, es imposible entenderlas.

Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer, en demagogia barata para arremeter contra los ricos, o en un espiritualismo que las deja completamente descafeinadas. Se trata del texto que mejor expresa la radicalidad del evangelio. La formulación, un tanto arcaica, nos impide descubrir su importancia. En realidad lo que quiere decir Jesús es que seríamos todos mucho más felices si tratáramos de desarrollar lo humano en vez de obsesionarnos con las necesidades materiales.

Mt las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, el nuevo Moisés, que promulga la “nueva Ley”. Pero hay una gran diferencia. Las bienaventuranzas no son mandamientos o preceptos. Son simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana.

No tiene importancia que Lc proponga cuatro y Mt nueve. Se podrían proponer cientos, pero bastaría con una, para romper los esquemas de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas. La circunstancia concreta de cada uno no es lo esencial. Por eso no tiene mayor importancia explicar cada una de ellas por separado. Todas dicen exactamente lo mismo.

La inmensa mayoría de los exegetas están de acuerdo en que las tres primeras bienaventuranzas de Lc, recogidas también en Mt, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mt las espiritualiza, no sólo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón etc.

La diferencia entre Mt y Lc desaparece si descubrimos qué significaba en la Biblia, “pobres” (anawim). Sin este trasfondo bíblico, no podemos entenderlos. Con su despiadada crítica a la sociedad injusta, los profetas Amos, Isaías, Miqueas, denuncian una situación que clama al cielo. Los poderosos se enriquecen a costa de los pobres. No es una crítica social, sino religiosa. Pertenecen todos al mismo pueblo cuyo único Señor es Dios; pero los ricos, al esclavizar a los demás, no reconocen su soberanía.

Después del destierro se habla del resto de Israel, un resto pobre y humilde. Los pobres bíblicos son aquellas personas que, por no tener nada ni nadie en quien confiar, su única escapatoria es confiar en Dios, pero confían. El “resto” bíblico es siempre el oprimido, el marginado, el excluido de la sociedad. Incluía a los que llamaríamos socialmente pobres: a pobres, enfermos, poseídos, impuros, marginados, etc.

La diferencia entre pobre sociológico y pobre teológico no tiene sentido, cuando nos referimos a los evangelios. En tiempo de Jesús no había separación posible entre lo religioso y lo social. Las bienaventuranzas no están hablando de la pobreza voluntaria aceptada por los religiosos a través de un voto. Está hablando de la pobreza impuesta por la injusticia de los poderosos. Los que quisieran salir de su pobreza y no pueden. Serán bienaventurados si descubren que nada les puede impedir ser plenamente humanos.

Otra trampa que debemos evitar al tratar este tema es la de proyectar la felicidad prometida para el más allá. Así se ha interpretado muchas veces en el pasado y aún hoy lo he visto en algunas homilías. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Aquí, puede todo ser humano encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, que no puede consistir en el tener y consumir más que los demás.

Esta reflexión nos abre una perspectiva nueva. Ni el pobre ni el rico se puede considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría una sin la otra. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Tal vez la irracionalidad de los ricos es que queremos que desaparezca la pobreza manteniendo nosotros nuestra riqueza. Es imposible. La predicación de hoy está abocada al fracaso.

Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico opresor; es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores. El valor supremo no está en lo externo sino dentro. Hay que elegir entre la confianza en el placer o la confianza en Dios.

Ahora bien, si el ser pobre es motivo de dicha, por qué ese empeño en sacar al pobre de la pobreza. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas. Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. El enemigo del Reino de Dios es la ambición, el afán de poder. Recordad: “no podéis servir a Dios y al dinero”.

Las bienaventuranzas nos están diciendo que otro mundo es posible. Un mundo que no esté basado en el egoísmo sino en el amor. ¿Puede ser justo que yo esté pensando en vivir cada vez mejor (entiéndase consumir más), mientras millones de personas están muriendo, por no tener un puñado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, entendida como gastar lo imprescindible. Piensa cada día lo que puedes hacer por los que te necesitan aunque te cueste algo.

Meditación

Dichosos los que se conforman con poco, porque en ellos reina Dios.
Si en vez de acaparar, reparto, entro en el ámbito de lo divino.
Si pongo mi felicidad en el consumir, olvido mi verdadero ser.
Acaparar lo que otros necesitan para vivir, es negarles la vida.
Pero es también impedir la verdadera Vida.
Compartir lo que tengo con el que lo necesita, me hace más humano.
Pero es también dar al otro la posibilidad de hacerse más humano.
Solo hay un camino hacia la plenitud: el servicio.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Trabajadores de la Paz

domingo, 29 de enero de 2017
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untitledHasta que no haya paz entre las religiones no podrá haber paz en el mundo (Hans Küng).

29 de enero, IV domingo del TO

Mt 5, 1-12

Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios

La paz es un tema recurrente a la Biblia. En el AT es un concepto que pertenece al orden familiar, social, político y religiosos. No solo dice ausencia de guerra sino que incluye, de algún modo, la prosperidad, plenitud, bendición de Dios. Hay una paz cósmica (Oseas 2, 20 “Aquel día haré en su favor una alianza con los animales salvajes, con las aves del cielo y los reptiles de la tierra”, y una paz histórica Lev 26, 6: “Pondré paz en el país y dormiréis sin alarmas”); el reino mesiánico será reino de paz (Is 9, 5): “Príncipe de la paz”, dice Isaías. Hay una paz falsa, que es la injusticia establecida Ez 13, 10-12, dice de los falsos profetas y profetisas: “Habéis extraviado a mi pueblo, anunciando paz cuando no había paz, y mientras ellos construían la tapia, vosotros la ibais enluciendo”; porque la verdadera paz está ligada a la justicia (Sal 85, 11: “Bondad y Lealtad se encuentran, Justicia y Paz se besan”; Is 60, 17: “Te daré por magistrado la paz y por gobernador la justicia”). La paloma de la paz en el diluvio.

En el NT es un saludo hebreo –Shalom–, cristiano y apostólico; es eficaz (Mt 10, 13: “Cuando entréis en una ciudad o aldea, preguntad por alguna persona respetable y hospedaos con él hasta que os marchéis. Al entrar en la casa, saludadla con la paz”Se anuncia en el nacimiento (Lc 2, 14: “Al instante se juntó al ángel una multitud del ejército celeste, que alababa a Dios diciendo: “¡Gloria a Dios en lo alto, y en la tierra paz a los hombres que él ama!”), se canta en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (Lc 19-38: “Y decían: Bendito sea el rey que viene en nombre del Señor: Paz en el cielo, gloria al Altísimo”es saludo del resucitado (Lc 24, 36: “Estaban hablando de esto, cuando se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotrosdon del Espíritu (Rom 8, 6: “El instinto tiende a la muerte, el Espíritu tiende a la vida y la paz”. Consecuencia de la nueva justicia: Incluye la paz con Dios (Rom 5, 1 “Pues bien, ahora que hemos sido justificados por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de Jesucristo nuestro Señor”En la Iglesia (Ef 2, 14): “Él es nuestra paz, el que de dos hizo uno, derribando con su cuerpo el muro divisorio”. Heb 12, 14: “Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie puede ver a Dios”.

El sacerdote despide a sus fieles de la misa diciendo: “La paz está –esté, dice fray Marcos- con vosotros”.

En su obra El milagro de Mindfulness, Thich Nhat Hanh (5 Libros) dice: “Hablamos de ayudar a la sociedad, a las personas, a la humanidad, a los que están lejos, a llevar la paz al mundo, pero solemos olvidar que sobre todo debemos vivir para las personas que hay a nuestro alrededor”Hans Küng extiende este deber a todos y, principalmente, a las religiones, que tanto dolor y muerte han desencadenado en la historia: “Hasta que no haya paz entre las religiones no podrá haber paz en el mundo”.

Como el Monje deThich Nhat Hanh, os deseamos que en el corazón de todos, la flor de la paz florezca hermosamente.

EL MONJE

El novicio recitaba melodiosamente los poéticos versos que acompañaban el repicar de la campana:
Al oír la campana siento cómo las aflicciones en mi interior
empiezan a disolverse.
Mi mente alcanza la calma, mi cuerpo se relaja y
una sonrisa brota en mis labios.
Siguiendo el sonido de la campana, mi respiración me guía
de regreso a la isla segura de la atención plena.
En el jardín de mi corazón, la flor de la paz
florece hermosamente”.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Seréis bienaventurados si…

domingo, 29 de enero de 2017
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0_ac2010_044_32dom_comum_071110«Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, que lo identifica como el seguidor de Jesús” (Papa Francisco, en Suecia, el día de Todos los Santos 2016). Si quieres saber lo que Jesús te propone para ser feliz aquí y ahora; si quieres cumplir el plan que Dios Padremadre tuvo al crearte, en las Bienaventuranzas tienes el manual de instrucciones. Si las sigues serás dichoso, bendito y te irás acercando a tu plenitud humana y divina. Te invito a que lo intentes. Pronto verás los frutos.

El domingo pasado el texto evangélico terminaba así: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando las enfermedades y dolencias de la gente”. Es un resumen perfecto de la actividad de Jesús en los inicios de su vida pública: predicar y sanar. El texto continúa: …. “y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea y del otro lado del Jordán”.

A continuación de la primera parte narrativa, Mateo coloca el primer discurso de Jesús, el Discurso Evangélico: Las Bienaventuranzas. Y lo primero que hace Mateo es describir con detalle el escenario donde se ubica este discurso. Lo que pretende con ello es prepararnos para escuchar algo muy solemne, algo muy importante. La audiencia numerosa, subida al monte, sentado como maestro, los discípulos se acercan para no perderse nada y Jesús empieza la lección del primer día de curso. Como buen maestro Jesús introduce el programa que va a desarrollar a lo largo de toda su vida.

El discurso de las bienaventuranzas es el preludio, el resumen del estilo de vida que Jesús, el Salvador, proponen a toda la humanidad. Es la síntesis de la propuesta vital que Jesús ofrece a la humanidad sedienta de sentido y necesitada de modelos para orientar sus anhelos existenciales y el logro de la felicidad (plenitud) que busca. Lo que se le ofrece es un programa para ser feliz. Justo lo que la humanidad, en toda época y lugar desea.

Jesús es para nosotros el revelador de Dios. Y Jesús en las Bienaventuranzas nos revela el plan de salvación (liberación, felicidad, plenitud) que Dios ha pensado para la humanidad de todo tiempo y lugar. Dios nos ha creado para que seamos felices. Jesús en las Bienaventuranzas nos muestra el camino para lograrlo.

El camino hacia la felicidad es, a veces, escabroso. El protocolo del proceso a seguir nos recomienda en primer lugar conocer de cerca la vida de Jesús para prepararnos a seguir sus pasos. En los catecismos que estudiábamos en nuestra infancia nos enseñaron que Jesús había venido al mundo para darnos ejemplo de vida. Para conocer bien una vida por dentro hay que imitarla. Hacer lo mismo que él hizo. Ser como Él.

Las Bienaventuranzas son un retrato, un perfil del estilo de vida que Jesús llevó y quiere que nosotros imitemos. Como perfil nos concretiza las características de ese estilo de vida: austeridad, mansedumbre, compasión, justicia, misericordia, sinceridad, humildad, coherencia, apertura, cercanía… En suma, las Bienaventuranzas nos describen el perfil de una “buena persona”, de una persona “muy humana” (honrada, bondadosa y solidaria). El que cumple este perfil es feliz, dichoso. Y la razón de esta felicidad es: porque en ello encuentras a Dios formas parte de su Reino. Las Bienaventuranzas son el camino para descubrir a Dios en ti mismo (tu bondad, tu parte divina) y en los hermanos con quien Dios se identifica y encarna, “a mí me lo hiciste”. Las Bienaventuranzas y el Reino de Dios se dan la mano. En la formulación de cada bienaventuranza hay dos partes: Lo que exige y lo que promete. Exige: imitar el estilo de vida de Jesús, llevar una vida austera (pobre), renunciar a la violencia, com-padecerse con los otros, autenticidad de entrega y disponibilidad, misericordia, justicia etc…Promete: tu plenitud humana y divina (humanidad divina), es decir, el Reinado de Dios en ti. Esto te hace feliz porque has encontrado el tesoro escondido, Dios en ti; porque te pareces a Dios; porque tu vida tiene sentido; porque has hallado razones para vivir.

Aviso para principiantes: Como ves el programa de Jesús es exigente, radical. Pero te puedo asegurar que merece la pena que hagas un esfuerzo, pongas en juego todas tus capacidades y perseveres en la tarea hasta lograrlo. Ten en cuenta estas consejas de vieja: “No se regala nada en la vida”. “La felicidad para quien la trabaja”. Por eso me gusta formular las Bienaventuranzas en condicional: Si quieres ser feliz… Seréis felices si… Si cumples la condición obtendrás lo condicionado. Por último: Al llevarlo a la práctica no te olvides de que no estás solo en el empeño, contigo va el Señor. Dios te ha creado para que seas feliz y te ha dado todo lo que necesitas para serlo. Sólo te falta experimentarlo.

África de la Cruz

Fuente Fe Adulta

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Evangelio y calor humano

lunes, 23 de enero de 2017
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Del blog Pays de Zabulon:

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«Que nuestra religión se fuera extendiendo entre ellos como un agua generosa que todo lo penetra es gracias al calor humano, hasta entonces desconocido que ella aportaba a esta pobre gente. Se debe a esto y sólo a esto: estos hombres han experimentado por primera vez en su vida el calor del corazón humano. Han encontrado a alguien que los traten como iguales, como a seres humanos. La bondad y la caridad de los padres ganaron así su corazón.»

Shûsaku Endô, Silencio.

El Evangelio es Buena Noticia, buena noticia de que eres amado por Dios, quienquiera que seas, cualesquiera que sean las circunstancias de tu existencia, cualquiera que sea tu destino. Dios te ha querido libre y feliz, y ha llegado el tiempo de la liberación de la humanidad, el tiempo de la salvación.

Basta ya de viejos temores, de ostracismos de cualquier género, de encerramientos y contrariedades que impiden al ser brotar libremente para la felicidad y la alegría de todos.

El Evangelio es Buena Noticia, noticia de salvación. Al igual de lo que dice Shûsaku Endô para los campesinos japoneses, esto ha sido verdad numerosas veces en la historia. El Evangelio penetró primero en el mundo de los esclavos, de los extranjeros, de los parias, en el mundo de los pobres, de los hambrientos, en el mundo de los explotados. Al mismo tiempo que aquí o allá, la Iglesia se institucionalizaba y reproducía en su seno las limitaciones y explotaciones que ella debía denunciar y combatir, hubo siempre unos locos enamorados por la liberación, trabajados en su interior por el Evangelio y que defendían la causa de los oprimidos, el rescate de los esclavos, la atención a los leprosos, la educación de los pobres, la igualdad entre los chicos y las chicas …

silence_andrew-garfield_shinya-tsukamoto-300x200Ha habido siempre profetas, hombres y mujeres que aportaban este calor humano, este respeto debido a cada uno y que se batían para hacerlo respetar, si esto no era con palabras, lo era con hechos.

Sí, el Evangelio es Buena noticia, buena noticia para todos. Me pregunto por qué este movimiento de liberación que describe Shûsaku Endô no ha concernido aún a las personas homosexuales. ¿Habrá cristianos, bastantes cristianos, para demostrar que el Evangelio les es anunciado a las personas tal como ellas son, les saludan, les consideran en su dignidad y restauran la belleza de su humanidad en su derecho a existir, a desarrollarse y a contribuir a la felicidad de todos?

Sueño con que el Evangelio aporte este calor humano a todos los que se sienten rechazados a causa de su homosensibilidad. Todos, incluidos los que están ya comprometios con Cristo, y a quienes se dejó creer que Cristo les rechazaba.

*

Z – 22/01/2017

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Fuente Fotografías: 1. Andrew Garfield y Yôsuke Kubozuka, 2. Andrew Garfield y Shinya Tsukamoto, en la película de Martin Scorsese Silencio basada en la novela de Shûsaku Endô.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , , , ,

«Algo nuevo y bueno». 3 Tiempo ordinario – A (Mateo 4,12-23)

domingo, 22 de enero de 2017
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10-03-to-a-600x809El primer escritor que recogió la actuación y el mensaje de Jesús lo resumió todo diciendo que Jesús proclamaba la «Buena Noticia de Dios». Más tarde, los demás evangelistas emplean el mismo término griego (euaggelion) y expresan la misma convicción: en el Dios anunciado por Jesús, las gentes encontraban algo «nuevo» y «bueno».

¿Hay todavía en ese Evangelio algo que pueda ser leído, en medio de nuestra sociedad indiferente y descreída, como algo nuevo y bueno para el hombre y la mujer de nuestros días? ¿Algo que se pueda encontrar en el Dios anunciado por Jesús y que no proporciona fácilmente la ciencia, la técnica o el progreso? ¿Cómo es posible vivir la fe en Dios en nuestros días?

En el Evangelio de Jesús, los creyentes nos encontramos con un Dios desde el que podemos sentir y vivir la vida como un regalo que tiene su origen en el misterio último de la realidad que es Amor. Para mí es bueno no sentirme solo y perdido en la existencia ni en manos del destino o el azar. Tengo a Alguien en quien puedo confiar y a quien puedo agradecer la vida.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que, a pesar de nuestras torpezas, nos da fuerza para defender nuestra libertad sin terminar siendo esclavos de cualquier ídolo; para seguir aprendiendo siempre formas nuevas y más humanas de trabajar y de disfrutar, de sufrir y de amar. Para mí es bueno poder contar con la fuerza de mi pequeña fe en ese Dios.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que despierta nuestra responsabilidad para no desentendernos de los demás. No podremos hacer grandes cosas, pero sabemos que podemos contribuir a una vida más digna y más dichosa para todos pensando sobre todo en los más necesitados e indefensos. Para mí es bueno creer en un Dios que me pregunta con frecuencia qué hago por mis hermanos. Me hace vivir con más lucidez y dignidad.

En el Evangelio de Jesús nos encontramos con un Dios que nos ayuda a entrever que el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. Un día, todo lo que aquí no ha podido ser, lo que ha quedado a medias, nuestros anhelos más grandes y nuestros deseos más íntimos alcanzarán en Dios su plenitud. A mí me hace bien vivir y esperar mi muerte con esta confianza.

Cada uno de nosotros tiene que decidir cómo quiere vivir y cómo quiere morir. Cada uno ha de escuchar su propia verdad. Para mí no es lo mismo creer en Dios que no creer. A mí me hace bien poder hacer mi recorrido por este mundo sintiéndome acogido, fortalecido, perdonado y salvado por el Dios revelado en Jesús.

José Antonio Pagola

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Domingo 22 de enero de 2017 Domingo 3º del tiempo ordinario

domingo, 22 de enero de 2017
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11-ordinarioa3Leído en Koinonia:

Isaías 8,23b-9,3: En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande.
Salmo responsorial: 26: El Señor es mi luz y mi salvación.
1Corintios 1,10-13.17: Poneos de acuerdo y no andéis divididos.
Mateo 4,12-23: Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías.

Es sabido que la liturgia católica está pendiente de una reforma sustancial. La necesidad de reordenar la elección de los textos conforme a criterios nuevos y sobre todo explícitos no es la menor. La incorporación de la segunda lectura a la temática unitaria (en vez de que campe siempre por sus fueros propios), y la posibilidad de que sean varios los ordenamientos litúrgicos de los textos, según objetivos y necesidades distintas, a escoger según variables diversas, serían otras tantas posibilidades. Mientras, es bueno saber que la liturgia no «es» así, sino que la tenemos así a la espera de que le llegue el turno de la renovación. La coyuntura actual nos inspiraría un cierto optimismo… ¿Será posible?

La primera lectura parece haber sido escogida estrictamente por coincidir con la tercera lectura en la alusión geográfica a la zona de Zabulón y Neftalí, en la que Jesús se vino a establecer. La segunda -como hemos dicho que sucede casi siempre- va por sus caminos propios, siendo puramente aleatorio que alguna vez encaje con el mensaje de las otras dos. Diríamos que el evangelio de hoy –dada la altura a la que estamos en el año litúrgico– se adecúa bien a la altura que correspondería dentro de la vida de Jesús siguiendo un criterio simplemente cronológico: el inicio de su actividad pública, el comienzo del despliegue de lo que será el Jesús predicador del Reino en su plenitud.

Son bastantes los detalles que merecen comentario en este evangelio.

-Jesús comienza su actividad tomando como referencia los signos de los tiempos. Al menos el evangelista hace notar que no empezó Jesús sin más cuando quiso, sino al ver que habían encarcelado a Juan. Jesús reacciona ante los hechos de la historia que le rodea. No viene a cumplir una misión ya programada previamente y que ha de llevarse a cabo con la indiferencia del «pase lo que pase».

-Jesús «fue a vivir» a Cafarnaúm. Algunos teólogos (Nolan por ejemplo) hacen notar que «se estableció» allí, y que, probablemente, la que varias veces en los evangelios se cita como «su casa» sería casa no de Pedro, sino la casa de Jesús… No hay seguridad, pero no es improbable. Una duda sobre esa imagen tan fácil que nos hemos hecho del Jesús evangelizador itinerante.

-El contenido de lo que sería la «primera predicación» de Jesús, o más bien, la tónica dominante de la predicación de Jesús: la venida del Reinado de Dios, como buena noticia que invita al cambio… Hoy ya esto lo saben los niños en la catequesis parroquial, cuando hace cuarenta años lo ignorábamos todos los cristianos adultos, incluidos los predicadores: que el centro de la predicación de Jesús fue el «Reinado de Dios», un concepto entre profético y escatológico… O sea: que Jesús no fue un predicador doctrinal teórico, ni un maestro de sabiduría religiosa, ni un asceta… sino un profeta dominado por la urgencia de una pasión, la pasión por el Reinado de Dios que él creía inminente…

-No era sólo un anuncio, sino una con-moción: Jesús anunciaba para empujar al cambio, para animar la esperanza en el cambio que Dios mismo estaba a punto de empujar… Por eso, su anuncio era para la conversión: «cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado», traduce la Biblia Latinoamericana.

-Aquí hay una doble dirección: hay que cambiar (convertirse) «porque» viene el Reinado de Dios, y, también, hay que cambiar «para que» venga, para hacer posible que venga, porque cambiando, en nuestro cambiar, ya está viniendo ese Reinado… Son las dos dimensiones: activa y pasiva, receptiva y provocativa, de contemplación y de lucha… sin unilateralismos.

-El carácter concreto del tipo de praxis que Jesús adopta, que no es la de transformar la sociedad él mismo directamente, con sus propias prácticas, no es la de afrontar directamente la tarea, sino la de enrolar a otros, convencer a otros para sumarse a la tarea, y para ello, dedicarse a desbloquear las mentes, a iluminar los corazones, abrir la visión de los demás… para que puedan incorporarse a la transformación de la sociedad. Si se nos permite decirlo así, Jesús, más que una práctica, asume una práctica teórica y simbólica. Él no se hace médico ni se dedica a curar a los enfermos, sino a dar la Buena Noticia, aunque salpica su predicación constantemente con «signos» de curación: «predicaba y sanaba». Teoría y práctica. Esta práctica era apoyo de aquella teoría, y la teoría no era realmente tal, sino una práctica teórica: Jesús ejercía de abridor de mentes, iluminador de corazones, generador de esperanza, transmisor de energías…

-En esa línea se puede enmarcar mejor aún lo de convertir a sus más allegados en «pescadores de personas» (no «de hombres»), lo que él mismo estaba siendo, lo que cualquier discípulo debe también ser. El expansionismo evangelizador misionero proselitista, el querer extender el cristianismo a todo el mundo haciendo tabla rasa de las demás religiones, ya no tiene lugar en una visión a la altura de los tiempos actuales. El ser realmente «evangelizador» apasionado por la Utopía del Reino (utopía que no es enemiga de las demás religiones ni pretende imponer ninguna cultura) sigue teniendo plenamente sentido.

Muchos detalles, muchos temas, en un evangelio sencillo pero enjundioso. Leer más…

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Dom 22.1.17. Los cristianos, unos galileos

domingo, 22 de enero de 2017
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hermon_panoramicaDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3, tiempo ordinario. Ciclo A. Mt 4, 12-14 Este evangelio narra el comienzo del camino de Jesús según Mateo e incluye dos temas: (1) Galilea. (2) El Reino de Dios.

Ambos están vinculados, pero hoy sólo quiero ocuparme del primero: ¿Por qué empezó Jesús en Galilea? ¿Cómo podemos y debemos volver y empezar allí nosotros? ¿Somos los cristianos unos galileos?

Se trata de de-construir para re-construir la Iglesia de Jesús, que empezó en Galilea, y que siguió después con Pedro, Pablo y Santiago, la Iglesia de Magdalena y Salomé, la Iglesia del mar a la derecha y del desierto al fondo, que hoy quiero mirar desde el Monte Hermón (primera imagen)

Una tierra.

Geográficamente, Galilea es un país pequeño, como muestra esta foto tomada desde el monte Hermón, en la frontera entre Israel, Líbano y Siria.

‒ Desde allí se descubre, mirando hacia el sur, en primer plano las zonas del Golán, con la alta Galilea, a la derecha el mar, empezando desde Tiro (el gran puerto), siguiendo por la bahía de Haifa y el Carmelo, hacia el sur todo el más de Palestina, perdiéndose al fondo por Gaza, hacia Egipto. A la izquierda los montes del Golán y la meseta de Basán.

‒ En el centro esta el Lago de Tiberíades (la ciudad se ve muy bien), a la izquierda la zona de la actual Jordania, a la derecha la zona de la baja Galilea, donde empezó Jesús. Al norte del lago está Cafarnaum, a la la derecha Nazareti: Colinas y valles tierras bajas, en el cruce de los grandes caminos del mundo, que pasaban por allí, como sin pararse.

‒ Hacia el sur, por la hoya del Jordán, siguen las aguas, a un lado Jordania, al otro Palestina, desembocando (¡se ve muy bien!) en el Mar muerto, con la zona del desierto de Judá (una mancha blanca a la derecha: de de Jericó a Qumrán). Allí mismo, más a la derecha puede casi vislumbrarse Jerusalén. Más al sur el gran desierto del Sinaí y de Arabia…. (las otras dos imágenes son del mar de Balilea y de su entorno).

250px-sea_of_galileeCamino del mar, Galilea de las gentes… Un lago abierto al mundo

El evangelio no empieza en los centros de poder religioso o político (Jerusalén, Roma…), sino en una tierra del margen social y religioso. Allí, en la oscura Galilea entre gentes marginadas y oprimidas, en el camino de los gentiles y del mar, empezó el movimiento de Jesús. Volver a Galilea (cf. Mc 16, 6-7; Mt 28, 16-20) sigue siendo una tarea pendiente de sus seguidores.

El mismo historiador San Lucas que no ha dado después (en todo el libro de los Hechos de los Apóstoles) ninguna importancia a Galilea, para interpretar el cristianismo en un camino que va desde Jerusalén, por Antioquía hasta Roma, tiene que reconocer que la cosa empezó en Galilea (Hech 10, 37). Allí empezó, allí tiene que volver si quiere recuperar su principio, retomar su fuerza.

En un momento clave de la Iglesia y de la humanidad. Empezar en Galilea

‒ El Concilio Vaticano II nos dijo que debíamos volver a los orígenes, pero seguimos demasiado prendidos en tradiciones secundarias. Por eso debemos hoy, sin duda, volver a Galilea, para retomar el camino allí donde lo empezó Jesús, como nos dice el evangelio de hoy.

‒ El mismo Lutero, cuyo quinto centenario estamos celebrando, quiso volver también a los orígenes, pero ha corrido el riesgo de quedarse en un tipo de Pablo, en un tipo de fe y tradición que es también secundaria, sin volver a la raíz del mensaje y camino de Jesús en Galilea.

Unos y otro hemos querido mantenernos en los centros del poder para dominar (¿servir?) de esa manera al mundo. Pero el evangelio nos pide retomar otro camino, el de Jesús, volviendo a Galilea (desde las tierras de los marginados y oprimidos) situándonos así en la raíz del evangelio.

Así lo indicaré en esta postal, que tiene dos partes. (a) Una más general, sobre el mensaje de este texto de Mateo. (b) Otra más específica, con motivos tomados de mi comentario a Mateo. Antes citaré el texto del evangelio.

Texto

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, vino a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que habla dicho el profeta Isaías (cf. Is 8, 23− 9, 1):

País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.

a. SENTIDO GENERAL, GALILEA

galilea7Profecía de Isaías. Una luz que viene de Galilea

En el fondo de este pasaje está el famoso texto de Isaías sobre Galilea, la tierra del Norte de Israel que había caído en manos de gentiles (conquista asiria del 732 a.C.), perdiendo en gran parte su carácter israelita, por varias razones: (a) deportación de parte de sus habitantes; (b) introducción de grupos paganos del entorno, bajo presión asiria; (c) opresión del conjunto de los habitantes.

Pues bien, en un momento de cambio (quizá tras el año 700, cuando los asirios abandonaron el cerco de Jerusalén), Isaías abre un horizonte de esperanza para Galilea, la tierra del Norte, rodeada de gentiles en la Gran Ruta del Mar, que une Asiria con Egipto… diciendo que lleva una luz, una esperanza de redención. Hay autores que piensan que este oráculo se encuentra desplazado y que debe situarse en el contexto de las profecías de Jeremías, tras el año 640 dC, cuando el rey Josías (tras la caída del imperio de Asiria) empezó una política de restauración de Israel, que le llevó hasta Galilea.

Sea como fuere, en la Biblia de Israel había un pasaje esencial donde se hablaba, en el lugar más denso del libro de Isaías, de la restauración de Galilea, de una luz de Dios (de una salvación humana), que viene por Galilea, no desde Jerusalén.

Experiencia cristiana: la cosa empezó en Galilea

Jesús comenzó a proclamar su mensaje (la llegada del Reino de Dios) en Galilea, después de haber acompañado por un tiempo a Juan Bautista, compartiendo su programa de conversión y de esperanza de juicio (con bautismo) en el río Jordán. Pues bien, en un momento determinado, dejando a Juan y su lugar junto al río, dejando la práctica penitencial del bautismo, Jesús volvió a su tierra y comenzó a proclamar e iniciar el mensaje (el camino del Reino) en Galilea.

Éste es uno de los datos fundamentales de la tradición evangélica, como sabe Lucas y lo dice en el libro de los Hechos (la cosa empezó en Galilea: Hch 10, 37). Pero la Iglesia posterior, empezando por el mismo Lucas y por el evangelio de Juan (y de un modo especial por Pablo) ha tendido a olvidarse de Galilea, poniendo de relieve la importancia de Jerusalén, lugar de la muerte de Jesús y también del comienzo (previsible) de la Iglesia.

En esa línea se puede hablar de un “ocultamiento” de Galilea, de un olvido del primer mensaje de Jesús, que fue un mensaje “aldeano”, provinciano…, un mesianismo de campesinos, hombres y mujeres de pueblo, un movimiento laico de transformación de Israel y de esperanza escatológico, que empezó en Galilea, entre los oprimidos de una zona oprimida de la tierra.

Pues bien, los evangelios de Marcos y Mateo han programado ya un fuerte “retorno a Galilea”. Ciertamente, admiten y ponen de relieve el “paso” por Jerusalén, con todo lo que implica para Jesús y para el evangelio (con la muerte, la experiencia de la tumba vacía…). Pero el comienzo y raíz, el centro del evangelio, se encuentra para ellos en Galilea.

Así lo dice Marcos, de forma programática, en 1, 14-15 (Jesús empezó a proclamar en Reino en Galilea); así lo resalta al final del evangelio, cuando dice a las mujeres (y por ellas al resto de los discípulos) que vuelvan a Galilea, para retomar el camino de Jesús, dejando Jerusalén (Mc 16, 6-7).

Así lo dice Mateo, de un modo todavía más solemne. Ciertamente, para Mateo la Ley de Jerusalén (con el templo y con los sacerdotes) sigue teniendo su importancia. Pero el centro y raíz del evangelio es Galilea, la tierra de los pescadores y campesinos a los que Jesús anunció el Reino.

(a) Por eso retoma el comienzo del evangelio en Galilea, apelando a la cita básica de Isaías: la tierra antes condenada, tierra de sombra y de muerte, ha sido el principio de la luz, el lugar donde ha comenzado la salvación del Reino (texto de este domingo: Mt 4, 12-14).

(b) Por eso, tras haber recorrido el camino de muerte, tras haber cumplido su tarea en Jerusalén, después de haber sido condenado por los Sacerdotes de la Ciudad Santa y del Templo (¡tema central, durísimo, de Mateo!), el Jesús pascual vuelve con sus discípulos a Galilea y desde allí (no desde Jerusalén) les envía al mundo entero, a crear comunidades de discípulos (Mt 28, 16-20).

Galilea y Jerusalén. Recuperar el evangelio en Galilea

Ciertamente, Jerusalén es importante, como tierra del Templo y de sus Sacerdotes, lugar del mensaje final y del “fracaso” de Jesús, ciudad donde le matan y le entierran…. Más aún, el evangelio de Jesús de entroncarse en las traiciones de Jerusalén, como ha puesto de relieve Pablo (¡que no cita a Galilea…!), como ha destacado luego Lucas (tanto en su evangelio como en Hechos quiere arraigar el camino de la Iglesia de Jesús en Galilea…). Leer más…

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Comienzo de la actividad de Jesús. Domingo tercero Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 22 de enero de 2017
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2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los dos domingos anteriores estuvimos junto al río Jordán, recordando el bautismo de Jesús y el testimonio que ofreció de él Juan Bautista. La liturgia da ahora un salto notable. Omite las tentaciones de Jesús (que se leerán el primer domingo de Cuaresma) y nos sitúa en un momento posterior, cuando Herodes, molesto por la predicación de Juan, decide meterlo en la cárcel. Lo que ocurre a continuación lo cuenta el evangelio de Mateo del modo siguiente (Mt 4,12-23). Este pasaje podemos dividirlo en tres partes.

  1. La actividad inicial de Jesús

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

            Quien se sienta desconcertado por la presentación inicial de Jesús, poniéndose en la fila de los pecadores para bautizarse, tiene motivos para desconcertarse todavía más al leer los comienzos de su actividad. Dicho en palabras muy rápidas, lo primero que hace es huir; lo segundo, actuar en la región más olvidada; lo tercero, repetir al pie de la letra la predicación de Juan Bautista. Pero todo esto encierra un misterio que Mt nos ayuda a desentrañar. Una vez más, para comprender este pasaje conviene compararlo con el de Marcos, que presenta los hechos del siguiente modo.

«Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de Dios la buena noticia. Decía: Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca. Arrepentíos y creed la buena noticia».

            La breve noticia de Marcos contiene tres datos: 1) momento en que comienza a actuar Jesús; 2) lugar de su actividad (Galilea); 3) contenido de su predicación. Mt modifica el primero y el tercero y amplía el segundo.

            Momento de actividad

            Es una pena que los evangelistas sean tan sobrios, porque el primer dato resulta más profundo de lo que parece a primera vista. Jesús no empieza a actuar hasta que encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan.

            Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase a Jesús igual que nos habla a nosotros, a través de los acontecimientos. Y el gran acontecimiento es la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

            Pero hay una diferencia muy sutil entre Mc y Mt. Según Mc, en cuanto encarcelan a Juan comienza Jesús a predicar. Según Mt, lo primero que hace Jesús es retirarse a Nazaret. Desde un punto de vista histórico y psicológico parece una interpretación más adecuada, que abre paso también a una visión más humana de Jesús, como si se tomase un tiempo de reflexión y decisión.

            Lugar de actividad

            Mc decía simplemente que «Jesús se fue a Galilea». La elección del lugar de actividad es sorprendente, más aún que en el caso de Juan Bautista. Juan no predica su mensaje de penitencia en Jerusalén, pero el lugar donde actúa está lleno de reminiscencias simbólicas. El desierto es el lugar donde se espera la manifestación de Dios. Jesús se retira a una región que carece de importancia dentro de la historia judía, incluso conocida con el despreciativo nombre de «Galilea de los paganos».

            Desde un punto de vista histórico, la elección de Galilea por parte de Jesús tiene sus ventajas y sus riesgos. Ventajas: moverse en una región conocida, y la posibilidad de escapar fácilmente hacia el norte en caso de persecución. Riesgo: proclamar su mensaje en la zona más politizada de Palestina, en un ambiente bastante revolucionario, que se presta a graves conflictos.

            Dentro de Galilea, escoge Cafarnaúm, ciudad de pescadores, campesinos y comerciantes, lugar de paso, que le permite el contacto con gran variedad de gente y un fácil acceso a los pueblecitos cercanos.

            Sin embargo, Mt ve las cosas de forma distinta que el historiador moderno. La elección de Galilea le recuerda una profecía de Isaías (1ª lectura), en la que se habla de las terribles desgracias sufridas por esa región durante la invasión asiria del siglo VIII a.C. y se le anuncia la salvación para el futuro.

            Para Mateo, lo esencial es que Jesús no va a dirigirse a la gente importante, a los que pueden cambiar el mundo, sino a «los que habitan en tinieblas», «los que habitaban en tierra y sombra de muerte». La gente más despreciada y olvidada (campesinos y pescadores) será el primer auditorio de Jesús. Para ellos se convierte en una «gran luz».

            El mensaje inicial

            Mc dice: «Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca. Arrepentíos y creed la buena noticia». La fuerza recae en la inminencia del reinado de Dios, con lo que supone de buena noticia que exige el arrepentimiento. Estas palabras podían provocar la impresión ‒y de hecho la crearon‒ de que el fin del mundo era inminente. Las primeras comunidades cristianas vivieron casi con angustia esta sensación.

            Mt, que escribe hacia los años 70/80, quiere evitar este equívoco y, al mismo tiempo, subrayar la idea del arrepentimiento. Para ello, las dos afirmaciones de Mc las resume en una sola: «arrepentíos, que el reinado de Dios está cerca». Al suprimir las palabras «se ha cumplido el plazo» evita la impresión de que el fin del mundo es inminente.

            Por otra parte, aunque este resumen del mensaje coincide por completo con el de Juan Bautista (3,2), no debemos interpretarlo como falta de originalidad por parte de Jesús, sino como un acuerdo básico con la predicación de Juan. Ambos coinciden en lo esencial y esto debe provocar en el lector del evangelio el interés por el tema. De hecho, Mt esta insinuando aquí lo que será el contenido primario del mensaje de Jesús: en qué consiste el Reino de Dios y cómo se puede formar parte de él.

  1. Los primeros discípulos

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:

            ‒ Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.

            Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

            Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

            La segunda escena es capital para comprender a Jesús. Desde el primer momento busca unos discípulos que le acompañen y ayuden en su tarea. No es el predicador solitario, ni el individualista que piensa poder hacerlo todo por sí solo.

            En este contexto encaja el llamamiento de los cuatro primeros discípulos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Mateo, siguiendo a Marcos, presenta los hechos de la forma más normal del mundo. «Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos…» Esto provoca extrañeza en el lector. ¿Es posible que cuatro muchachos sigan a Jesús sin conocerlo? Quien ha leído el evangelio de Juan sabe que Jesús los conoció cuando el bautismo.

            Pero estos detalles psicológicos e históricos no les interesan a Mt y Mc, que prefieren presentar de forma radical el seguimiento de Jesús. El relato de Mt es casi idéntico al de Mc. Sólo hay una diferencia de detalle, que puede parecer mínima, pero que considero significativa. Mc dice que Santiago y Juan, al ser llamados por Jesús, «dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él». Mt suprime la mención de los jornaleros, con lo cual la escena resulta más dura para el padre y los hijos. Resuena aquí el tema del seguimiento de Jesús, que será esencial en el evangelio.

  1. Resumen

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

            Esta frase tan breve puede pasar desapercibida. Pero supone un complemento esencial a lo dicho en el punto 1. Allí, la actividad de Jesús se centra en la enseñanza. Aquí, la enseñanza va acompañada de la acción: recorre, enseña, proclama, cura.

            Curar enfermedades y dolencias ocupa gran parte del tiempo de Jesús. Hace dos domingos, Pedro resumía todo con las palabras: «pasó haciendo el bien».

            Pero hay en este resumen algo que generalmente no valoramos: Recorría toda Galilea. Supone esfuerzo, sacrificio, pasar de 38º en el lago a pueblecillos nevados en invierno. Por eso añado un complemento sobre esta región tan importante en la vida de Jesús.

COMPLEMENTO: GALILEA

     google1«Quedaba comprendida entre el Jordán, el Líbano, la llanura fenicia, el monte Carmelo y la llanura de Yezrael. Sus dimensiones eran 70 km de largo por 40 de ancho. Según Josefo estaba dividida en dos regiones, la Alta y la Baja, delimitadas geográficamente por el valle que corre hacia Tolemaida (Acco). La Alta Galilea se sitúa entre los 600 y los 1200 m con el Jermak como altura máxima. En cambio, la Baja Galilea está entre los 300 y los 600 m: el monte más alto, el Tabor, tiene 588 m.

En la Baja Galilea comienza Jesús su actividad y en ella reside la mayor parte del tiempo. No debemos imaginarla como una zona pobre y marginada. La antigua alusión que encontramos en el libro de Isaías (“Galilea de los paganos”) ha jugado una mala pasada a muchos lectores del evangelio. Es cierto que en el Antiguo Testamento Galilea cuenta muy poco. Pero en tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma Flavio Josefo en el libro tercero de la Guerra judía (BJ III, 41-43).

Wilkinson admite para Séforis una población de 50.000 habitantes; Josefo indica 40.000 para Tariquea y Jotapata; y para Jaffa, el “pueblo” más grande de Galilea, muy cercano a Nazaret, 17.130 personas. Según Wilkinson, ya que Josefo habla de 204 pueblos, admitiendo un promedio de 500 habitantes, tendríamos unos 365.000 para toda Galilea.

Más importante que el número es la población en sí misma. Galilea, tras numerosas vicisitudes, en tiempo de Jesús se ha estabilizado como región judía. Sólo en Séforis y Tiberíades abunda el elemento pagano. Sin embargo, los judíos del sur no sentían gran estima de los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).»

Tomo estos párrafos de José Luis Sicre, El cuadrante. Parte IILa apuesta, Editorial Verbo Divino, Estella 1997, p. 45-46. Todo el capítulo 2 de esa obra lo dedico a “La tierra que conoció Jesús” (págs. 29-52).

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 22 enero, 2017

domingo, 22 de enero de 2017
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“Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando enfermedades y dolencias del pueblo”.

(Mt 4, 12-23)

Este fragmento del Evangelio de Mateo es muy intenso, trata muchos y variados temas: las dificultades, la misión, la vocación, el Reino…

Empieza con una noticia inquietante: Juan Bautista ha sido encarcelado y Jesús al enterarse se retira. Es lo más sensato. Si a Juan lo han arrestado mejor será “quitarse de en medio”.

Pero parece que ese retirarse de Jesús es solo para tomar impulso porque unos versículos más abajo empiezan a predicar. “Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”.

Jesús no se esconde. Toma el relevo. Si Juan no está alguien tendrá que continuar con su misión. La misión de anunciar el Reino.

Pero el Reino se construye siempre en comunidad por eso Jesús mientras predica va llamando a otras personas: “Venid y seguidme”.

De la propia misión surgen las vocaciones. El Reino de Dios cautiva, trasforma. Y lo hace de forma rápida y eficaz.

La pasión por el Reino no admite demoras: “Inmediatamente”. La invitación personal de Dios al corazón de cada persona tiene que ir ligada a una respuesta inmediata y totalizante. Las medias tintas, las dudas, las excusas… ¡no tienen cabida!

Si la llamada de Dios no trasforma tal vez no ha encontrado la tierra buena donde germinar. Si hay demasiados “peros” para seguirle probablemente nunca se inicie el seguimiento verdadero.

Y, además, la respuesta siempre implica una renuncia. “Dejaron las redes”. Hay que soltar, dejar atrás lo valioso de nuestra propia vida, aquello que nos da seguridad.

“Inmediatamente dejaron las redes (la barca y a su padre) y le siguieron”. La respuesta a Dios tiene que ser como su llamada: plena.

Y termina este evangelio con tres verbos: enseñando, proclamando y curando. Vuelve a tomar protagonismo la figura de Jesús que ahora recorre la misma Galilea a la que se había retirado.

Oración

Ensancha, Trinidad Santa, nuestro corazón a la medida exacta de tu Amor

para que podamos responderte con la misma generosidad con la que tú nos llamas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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