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Yo no renuncio a nada.

domingo, 18 de agosto de 2019
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angel-caidoEnciende un fuego,  y déjalo arder en ti (Shakespeare).

18 de agosto 2019

DOMINGO XX DEL TO

Lc 12, 49-53

Vine a traer fuego a la tierra, y ¡qué más quiero si ya ha prendido!

El fuego es un instrumento de juicio: aniquila o purifica. La predicación de Jesús ha encendido ya ese fuego (Is 1, 25)

En Isaías 1,25 dice Yahvé: “Volveré mi mano contra ti para limpiarte de la escoria en el crisol y eliminar todas tus desdichas”.

Zac.13, 9: “Mirad la piedra que presento a Josué: Es una y lleva siete ojos. Tiene una inscripción: En un día removerá la culpa de esta Tierra -Oráculo del Señor Todopoderoso-“

Y San Pablo en Hebreos 12, 1-4: “Corramos con constancia, en la carrera que nos toca”.

Yo creo que Jesús era de otra manera, aunque en una ocasión dijo: “Vine a traer fuego a la tierra y ¡qué más quiero si ya ha prendido! “

Creo que lo dijo para asustarnos, pero dijo también que hay que perder el miedo, y mostrar en qué somos muy valientes.

¿A mi leones?, dijo Don Quijote, y luchó contra salteadores de caminos y molinos de viento.

En el Antiguo Testamento, la guerra es una experiencia corriente en Israel y hecho común.

En 2 Samuel 11, 1 se dice: “Al año siguiente en que los reyes van a la guerra, Dios envió a Joab con sus oficiales y todo Israel a devastar la región de los Amonitas y sitiar a Raba”,  e incluso Dios acude a la batalla cuando Moisés lo ordenaba en Números 11, 35: “Levántate, Señor, que se dispersen tus enemigos, huyan de tu presencia los que te odian”. O se presenta en una teofanía de tormenta: “Desde el cielo combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron contra Sísara” (Jueces 5, 20).

En el Nuevo, es uno de los signos escatológicos: “Cuando oigáis ruido de guerreros y noticias de ellos, no os alarméis. Todo eso ha de suceder, pero todavía no es el final” (Marcos 13, 7). Y el Apocalipsis contempla una batalla celeste: “Se declaro la guerra en el cielo. Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; el dragón luchaba asistido de sus ángeles  pero no vencieron y perdieron su puesto en el cielo”. Esta derrota contra Satanás, fue conmemorada siglos más tarde con un monumento de Ricardo Bellver en el Parque del Retiro madrileño. La espada y la armadura están presentes.

La paz no podría ser ajena a este combate. Es un concepto que pertenece al orden familiar, social, político y religioso. No solo es ausencia de guerra, si no que incluye de algún modo la prosperidad, plenitud, bendición divina.

Hay una Paz cósmica: “Aquel día haré una alianza con los animales salvajes, con las cosas del cielo y con los reptiles de la Tierra”  (Oseas 2, 20), y una Paz histórica: “Pondré paz en el país y dormiréis sin alarmas, descastaré las fieras y la espada no cruzará vuestro país” (Levítico 26, 8).

En el Evangelio, el saludo hebreo, cristiano y apostólico, es eficaz: “Cuando estéis en una ciudad o aldea preguntad por alguna persona respetable y hospedaos con él hasta que os marchéis, se entra en la casa saludándola con la paz” (Mateo 10, 11-12).

Se canta en la entrada en Jerusalén, y decían: “Bendito sea el rey. paz en el cielo, gloria al Altísimo”. Y también con todos: “Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios” (Mateo 5, 9).

El `poema de R. Bellver hace referencia a los hechos.

AL ÁNGEL CAIDO

«Por su orgullo cae arrojado del cielo
con toda su hueste de ángeles rebeldes
para no volver a él jamás.
Agita en derredor sus miradas,
y blasfemo las fija en el impíreo,
reflejándose en ellas el dolor más hondo,
la consternación más grande,
la soberbia más funesta
y el odio más obstinado

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Qué fuego nos consume? ¿Qué paz buscamos?

domingo, 18 de agosto de 2019
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fuego1Lucas 12,49-53

A primera vista este evangelio puede dejarnos un sabor amargo, da la sensación de que Jesús ha venido a traer fuego (un incendio provocado) y división. Lo que sería incoherente con el resto de su vida y su mensaje. Una cosa es el lenguaje y otra el mensaje que tenemos que entender relacionando las imágenes que nos ofrece (fuego, bautismo y paz) con otros textos del evangelio.

También nosotros ahora utilizamos expresiones que no reflejan la realidad, sino que expresan lo que sentimos en ese momento; por ejemplo: “Le haría un monumento” para expresar la gratitud o admiración hacia alguien. O, “Le partiría la cara”  para expresar el odio.

Vayamos al evangelio del domingo anterior para comprender el de hoy, porque no podemos abordar por separado el de este domingo, uno es continuación de otro.  Jesús dijo: “No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino” En consecuencia, nos decía el evangelio, vended vuestros bienes, dad limosna, estad en vela y sed buenos administradores. “Al que mucho se le dio mucho se le exigirá”

Si hemos comprendido que se nos ha dado el Reino, en consecuencia ¿qué se nos exige?

  1. Ser fuego, reavivar el fuego interior, alumbrar, dar calor…
    Jesús no vino a provocar un incendio destructor. Nos habla de la imagen del fuego como elemento que limpia y purifica, usado tanto por el campesino “limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible” (Mt 3, 12), como por el que busca purificar el oro, “que es probado a fuego” (I Pe 1,7) En cualquier caso la imagen del fuego es elocuente para los primeros cristianos, también probados en el fuego de la persecución, que deja al descubierto la pureza y solidez de su fe.
    Juan Bautista habla de Jesús como el que “bautizará con Espíritu Santo y fuego” (Mt 3,11). Y esta promesa se cumple en Pentecostés: “Aparecieron lenguas como de fuego… Todos quedaron llenos de Espíritu Santo” (Hc 2, 3).
    Santa Teresa de Jesús lo entendió bien cuando habla del alma como una mariposilla que se acerca al Fuego, hasta quedar transformada ella misma en fuego.

  1. ¡Pobre bautismo! Qué lejos estamos de lo que suponía para las primeras comunidades. Tras años de preparación podían ser admitidos o no. Una vez bautizados se jugaban la vida, como ocurre hoy en algunos lugares del mundo…
    El bautismo era una toma de postura, una opción totalizante que podía llevar a la división familiar y a la expulsión de los miembros que se bautizaban. Incluso en el santoral, tenemos ejemplos de personas que fueron mandadas ajusticiar por su propia familia pagana o por sus amigos.

  1. Evidentemente las palabras y la vida de Jesús nos muestran que fue portador de Pero no una paz sin conflicto. Muchas veces recuerda que trabajar por el Reino es un proceso transformador que exige pasar por la puerta estrecha, dejarnos rehacer hasta nacer de nuevo… en este caso la paz no es comodidad, no es dejar las cosas como están, sino vivir un proceso de transformación hondo, que suele incluir despojo y sufrimiento.

Ser seguidor de Jesús, nos recuerda el evangelio, es optar, decidir por Jesús y su evangelio, sin trapicheos… y esta opción implica toda nuestra vida, que ya no será más como antes. Y, a veces, compromete incluso la vida y la unidad de nuestra familia. Hasta ahí llega la radicalidad del mensaje de Jesús, hasta ahí lo vivió Él, que terminó despreciado, traicionado y crucificado por los suyos, por su pueblo.

No olvidemos por qué ser fuego, vivir el bautismo y experimentar la paz que trajo Jesús merece la pena: Se nos ha dado el Reino y se nos envía cada día a proclamarlo, compartirlo, sembrarlo y ¡gozarlo!

Mª Guadalupe Labrador Encinas fmmdp.

Fuente Fe Adulta

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El fuego que nos consume.

domingo, 18 de agosto de 2019
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13906842_1730887333830004_5746902168926801899_n-1280x720Domingo XX del Tiempo Ordinario

18 agosto 2019

Lc 12, 49-53

El mundo suele ser habitualmente un lugar de enfrentamientos. Lo cual es fácilmente comprensible si tenemos en cuenta que solemos girar en torno al yo. Y el yo vive de la confrontación, por cuanto necesita marcar las diferencias con los otros para poder autoafirmarse como un ser separado. Por decirlo de un modo simple: la identificación con el yo conduce inexorablemente a la división, en todos los ámbitos en los que nos movemos.

El enfrentamiento tiende a exacerbarse siempre que el yo es cuestionado. En un instintivo mecanismo de defensa, cuando interpreta lo que ocurre como una amenaza, el yo busca protegerse atacando aquello que lo incomoda. No es raro, por tanto, que una persona que vive con fidelidad a sí misma, aun sin pretenderlo, provoque movimientos hostiles a su alrededor.

La fidelidad a uno mismo es una actitud sabia, caracterizada por la coherencia, la libertad interior y la flexibilidad. Porque ser fiel no significa ser tozudo, así como tampoco seguir el impulso del propio capricho, sino responder, de manera desapropiada, a aquello que la Vida pone delante, desde una actitud de profunda alineación con ella.

Sin embargo, la misma libertad que conlleva puede hacer que resulte cuestionadora o incluso provocativa para quienes se hallan instalados en posicionamientos que no están dispuestos a modificar.

Por este motivo, la actitud y el comportamiento de la persona sabia puede ser fuente de tensión, conflicto o división. Y así parecen que han de entenderse las palabras de Jesús.

Pero lo que mueve a la persona sabia no es el conflicto por sí mismo, sino el “fuego” interior que la habita. Un fuego que la convierte en firme y flexible a la vez, en respetuosa al tiempo que apasionada.

Ese “fuego” no es otra cosa que la expresión de la Vida en nosotros. Si no le prestamos atención y nos vivimos al margen de él, queda como apagado e incluso mortecino. Nuestra existencia aparece marcada por la resignación y el conformismo. Cuando, por el contrario, mantenemos la conexión consciente con la Vida que somos, el fuego se despierta hasta consumirnos por completo. A partir de ahí, ya no vive el yo, sino la Vida misma en nosotros.

¿Percibo la fuerza de la Vida en mí?

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La Iglesia de algunos obispos y cardenales ni divierte ni convierte

domingo, 18 de agosto de 2019
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untitledDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. El cristianismo de Jesús es frontal

El evangelio que acabamos de escuchar es un conjunto de sentencias recopiladas por San Lucas desde la memoria de Jesús para los  primeros tiempos de la comunidad cristiana.

Es un evangelio desconcertante, al menos a primera vista. Que Jesús diga que ha venido a traer fuego, que no ha venido a traer la paz, sino la división, etc. nos resulta desconcertante.

  1. Fuego.

En la tradición bíblica fuego puede significar tres realidades:

  1. Crisis, juicio. (Lc 3, 16-17: el juicio que anuncia Juan Bautista).
  2. El Espíritu de Jesús en la Iglesia. (HH 2,1-13: Pentecostés). Es como una fuerza vital que impulsa al ser humano
  3. El fuego de la persecución que el cristianismo iba a desencadenar contra la Iglesia por parte del mundo judío y del mundo romano.

En cualquiera de los tres casos significa que el Espíritu del evangelio de Jesús no es algo anodino, sino que tiene fuerza, provoca un juicio profundo al esquema religioso judío y a todo esquema religioso. Ese juicio profundo, ese poner en tela de juicio los esquemas puede acarrear persecución y un bautismo de sangre, que comenzó ya con Jesús y continúa cuando Ellacuría o los misioneros asesinados en un país de misión -o no misión- por amar y defender la verdad y el evangelio.

Al hilo de esta consideración, da la impresión de que el cristianismo que anunciamos hoy en día en muchas diócesis ya no produce ningún efecto ni reacción. Probablemente nuestro cristianismo está muy aguado si no se ha convertido en una cuestión inmobiliaria. El cristianismo es ya una cuestión doctrinaria, pero no vital.

Entre la nobleza frontal de Cristo y los contenidos y modos en que ha caído la Iglesia, sobre todo la europea e hispana, hay diferencias abismales. No es menos cierto, que en estos momentos las cosas van cambiando, al menos con el papa Francisco, y parece haber una voluntad de ir arrinconando protocolos, de sanear curias, IOR, costumbres y carrerismos

Pero el cristianismo que circula en nuestros ámbitos, al menos diocesanos y de muchas otras diócesis hispanas, ya no causa reacción, no es significativo. Esta Iglesia ni divierte ni convierte. Robinson (obispo anglicano) en su libro Sincero para con Dios, decía que el cristianismo había terminado por ser la «guinda del pastel» que no vale, no es lo más mínimo relevante para nuestras vidas, para nuestra sociedad, los problemas socio.políticos. ¿La Iglesia española, la iglesia vasca “juega” algún papel mínimamente relevante en el momento político actual?: en la crisis, en la pacificación de nuestro pueblo, etc. Nuestra fe está domesticada.  Lo más triste es que la sal se ha vuelto insípida.

El mensaje de Cristo no trae una falsa paz. El cristianismo no es neutro, pues porque no todo da igual, ni se puede vivir en un falso irenismo, una falsa paz.

Incluso pareciera que en la Iglesia ya no tenemos ni criterios. Cuando una persona piensa y desde el evangelio y la verdad defiende noblemente su pensamiento, ese tal es de admirar. Cuando un Obispo, un teólogo es criticado por defender noblemente sus posiciones cristianas, esa es una postura evangélica, aunque no posea la verdad absoluta o incluso tengan aspectos criticables.

Ojalá si el cristianismo, la Iglesia prendiera fuego, causara crisis, cuestionara y removiera los fondos de nuestra antropología racial, de nuestra comodidad capitalista, de una iglesia atrincherada.

  1. Nos hacen falta tres cualidades: lucidez, bondad diálogo.

Lucidez.

Hemos de ser conscientes y lúcidos en la vida. Padres, profesores, catequistas, médicos, psicólogos, políticos, teólogos, personas con responsabilidad en la Iglesia, etc. Hemos de ser conscientes y lúcidos: vivir con las lámparas encendidas.

Esta lucidez no se le puede pedir a una entidad bancaria capitalista, ni a un partido, ni a un funcionario del obispado, pero sí a una mujer y un hombre que amen la verdad para ser penetrantes para ver y analizar los momentos, los problemas, los valores, las situaciones para caminar hacia la verdad.

Diálogo.

La segunda actitud es la de diálogo. El diálogo es siempre difícil y lento, pero es educativo y realizador.

El fanático es un bastión pulsional de “su” verdad, y defiende ese fortín agrediendo a cañonazos a todo el que tenga otra visión de la vida, de la nación, de la economía, de la teología o de la cultura, de la religión o de la parroquia. Todos nos damos cuenta de que  las dictaduras y fanatismos crean más problemas de los que resuelven y, además, hacen daño.

La vida es plural y compleja, no es uniforme. Las personas, los pueblos y las iglesias somos diversos: blancos y negros, de una cultura y otra, hombres y mujeres, con unos valores y otros, diversas tradiciones cristianas y religiosas. En la vida pueden darse muchas opciones plurales, válidas y respetables. Uno se abre a la vida desde su pertenencia a un pueblo, otro desde su pertenencia a una clase social. Y son posturas válidas. Uno puede sentirse centrado en el pensamiento cristiano y otro no. Unos seguimos una tradición cristiana, teológica: el Vaticano II, otros siguen otras tradiciones, pero no nos impongan una, la que ustedes creen que es la verdad absoluta.

Los fascismos ciertamente tienen una mística, ejercen un gran atractivo de orden, disciplina, en las dictaduras hay orden, “no pasada nada, etc…”. Pero los totalitarismos políticos y eclesiásticos crean y dejan más problemas de los que resuelven.

Hace unos días, el viernes 9 de agosto, el papa Francisco decía en una entrevista al periódico italiana La Stampa y refiriéndose a Salvini, ministro del interior de Italia, decía que: Estoy preocupado porque escuchamos discursos que se parecen a los de Hitler en 1934. Y esos discursos se escuchan también en ámbitos eclesiásticos.

La vida es plural y diversa y hemos de saber acogerla y acogernos y dialogar, que no es lo mismo que simplemente hablar. Dialogar significa que fluya la sensatez, el logos, la voluntad de entendimiento. Y en todo caso, hemos de pensar y respetar.

Se trata de ser oteadores del horizonte de la Verdad y de la Esperanza: como el padre del hijo pródigo, salgamos todos los días a las colinas de la verde esperanza por si entre todos vamos haciendo caminos para todos, caminos que nos lleven a una unidad respetuosa y plural.

Bondad

         Hace bien ver y escuchar cómo el actual obispo de Roma, Francisco, en casi todas sus homilías, catequesis del “ángelus”, discursos, hace alusión a la bondad y misericordia de Dios. A la Iglesia católica casi se le había olvidado que Dios es bueno. La perfección de Dios es la misericordia, no la tiranía.

         Una verdad defendida “a palo y tente tieso” hace más daño que bien. No se puede, no es sano restregar la verdad por la cara. Decía Benedicto: Caritas in veritate: caridad y bondad en la verdad. Una verdad utilizada sin bondad es una bofetada

  1. Conclusión

Algo de todo esto es el fuego, la crisis y el Espíritu que Cristo ha venido a poner en la tierra y ojala estuviera ya ardiendo: lucidez, diálogo y bondad.

 

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Escalera

sábado, 17 de agosto de 2019
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Hombre-subiendo-escaleras-corriendoA una casa de pueblo puedo subir por algún medio extraordinario como por ejemplo una grúa. Pero lo normal es subir por la escalera. Se trata de subir poco a poco, peldaño a peldaño.

Así pasa con la fe cristiana. Partimos muchas veces de pensar que las personas ya son cristianas. Y puede ocurrir que sí, tienen un barniz, unas costumbres religiosas, un lenguaje eclesiástico, unas costumbres piadosas. Pero falta lo fundamental: conocer a Jesús, enamorarse de Él, dejarse poseer por Él; Realizar sus obras, escucharle, conocerle, acogerle; Que el Evangelio nos cautive.

Hay Pablos que viven una conversión de repente al descubrir a Jesús y tienen una experiencia creyente fuerte. Pero lo más normal es ir subiendo poco a poco las escaleras de la fe.

No soy psicólogo ni cosa por el estilo. Pero vivo la experiencia de que hay un Camino que recorrer. Primero es preciso encontrarse con las personas: su vida, sentimientos, alegrías, penas… A la vez, profundizar en la propia vida, vivir en intensidad mi realidad con sus logros, fracasos, miedos… Y preguntarnos muy hondo los porqué de nuestra existencia.

Luego creo que es preciso de alguna forma escuchar la Palabra de Dios. A través de la Biblia, a través de testigos de Dios, a través de acontecimientos religiosos, celebraciones, lecturas…

Un papel muy importante lo desempeñan en este proceso los Testigos: personas que me reflejan a Jesús con sus obras, palabras y testimonios.

Caminamos con el valor muy importante del grupo o comunidad. Entre varios es más fácil captar a Jesús. Las palabras trasmitidas por otras personas calan profundamente en mi interior.

Necesitamos conocer, acoger, el Evangelio: el Mensaje de Jesús; su Persona, su anuncio, su Reino, su vida, su muerte y Resurrección. Dejarme enganchar por Él. No se trata de amarle a Él, sino sobre todo, dejarme amar por Él.

Y no puede faltar la oración. Mejor la contemplación; escuchar, acoger, meditar, vivir la Presencia y la acción de Jesús.

Todo este proceso me lleva a las obras, a realizar el Reino de Dios, a hacer un mundo nuevo en justicia y amor. Un proceso señalado muy por encima pero que es preciso. Muchas veces cuando estoy en una misa dominical, me pregunto cuántas personas han vivido este proceso y cuántas viven el barniz religioso pero sin haberlo profundizado.

Creo que este es el gran problema que tenemos en la comunidad eclesial: personas que participan, algunas muy a menudo, otras circunstancialmente, pero ¿cuántas son capaces de dar razón de su fe? ¿Cuántas viven con una fe personal, consciente, significativa? ¿Hemos dado los pasos? ¿Hemos ido -vamos caminando- por las escaleras de le fe?

La catequesis infantil nos deja con cuatro ideas colgadas de un hilo. Es necesario seguir profundizando, viviendo, creciendo en la comunidad. Pero ¿existe en la realidad esa comunidad de creyentes en Jesús…? Para otro día.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Miércoles 15 de Agosto de 2019. La Asunción

jueves, 15 de agosto de 2019
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SSCC DelegacioPlata7

1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

jueves, 15 de agosto de 2019
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20-Asunción-385x1024Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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Asunción. La meta de la Iglesia está en el cielo, como María, no en el poder.

jueves, 15 de agosto de 2019
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im22090asuncion-maria-02jpgDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

El dogma de la Asunción de María.

         La tradición de la Asunción (y veneración) de la Virgen proviene más bien de la Iglesia bizantina (Oriente). Sin embargo la definición del dogma de la Asunción es muy reciente. Fue el papa Pío XII, quien el 1 de noviembre de 1950, propuso a la fe de la iglesia que María, la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma.

         Más allá y antes de la definición del dogma, siempre ha estado presente en la memoria de la iglesia que María terminó con su hijo, Jesús, en la casa del Padre, en el cielo.

  1. transfiguración – ascensión.

         Hace unos días, el 6 de agosto, celebrábamos la fiesta de la Transfiguración del Señor. JesuCristo en una montaña estaba cubierto por una nube, que representa la presencia de Dios en Jesús. La nube protegía del rigor del calor a su pueblo en el desierto de la vida hacia la libertad y hacia la tierra de promisión.

         La misma nube, Dios, les quitó a los discípulos de su vista a Jesús en la Ascensión. Jesús volvió al Padre, que dice San Juan. Jesús terminó en Dios Padre.

         Se trata de vivir y caminar por la vida en el ámbito de Dios, protegidos por Dios, cubiertos por Él, por su nube. El hálito de Dios hace ver y entender la vida de un modo pleno y con horizontes insospechados (el cielo).

  1. María vivió y terminó en Dios: Asunción.

         María fue una mujer, por tanto humana; no fue una diosa. María “no tiene medios”, fue débil como nosotros. “No conozco varón”. Pero fue cubierta con la sombra (nube), por el espíritu de Dios, y por la fuerza de Dios es madre de Cristo, madre de quien es expresión de Dios, hijo de Dios.

         Por eso, desde los primeros tiempos de la vida eclesial, los creyentes han tenido presente a María, la madre de Jesús y nosotros celebramos que el camino de María terminó como el de Jesús: en el cielo. Fue llevada, asunta a los cielos.

  1. vivir es caminar hacia el cielo.

María se puso en camino.

         La idea -la realidad- de caminar es importante en la vida. San Lucas compone su evangelio como una subida de Jesús a Jerusalén. María se pone en camino. Los dos de Emaús iban de camino. El hijo pródigo se puso en camino. Los que se quedan al borde del camino son enfermos, paralíticos, etc., pero cuando recuperan la vida, le siguen, caminan con Jesús.

         Vivir es caminar: Jesús -como todos- iba creciendo: caminos materiales, de pensamiento, caminos afectivos

María se puso en camino desde el comienzo de la vida de Jesús.

El camino es largo y lleno de sentido y esperanza. La estación Termini está en el cielo. La esperanza absoluta (Dios) es la alegría del presente. Nos hace bien mirar al cielo.

         La Asunción es una fiesta de esperanza, pues nos indica que nuestra meta, nuestra patria, está en Dios, con JesuCristo, con nuestros mayores en el cielo.

Por todo ello:

Proclama mi alma la grandeza del Señor.

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María no tiene que subir a ningún sitio para identificarse con Dios.

jueves, 15 de agosto de 2019
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anuncio-a-mariaLc 1,39-56

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión no garantiza que se haya entendido siempre correctamente. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta hacerla inútil. La mitología sobre María puede ser positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierta en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos siglos una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia. En este caso no fueron las discusiones teológicas las que provocaron la definición de una verdad de fe sino la intención de dar al pueblo una confirmación oficial de sus intuiciones sobre María. De esta manera se intentaban apuntalar los privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir con un dogma, y otra muy distinta la formulación en que se expresa esa verdad. Ni Jesús ni María, ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubieran entendido nada de esa definición. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Se armó un gran revuelo en los medios de comunicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho que el cielo está allá arriba. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, porque está demasiada arraigada la idea de un cielo como lugar a donde irán los buenos.

Cuando el dogma habla de “en cuerpo y alma”, no debemos entenderlo como lo material o biológico por una parte, y lo espiritual por otra. El hilemorfismo, mal entendido, nos ha jugado un mala pasada. Los conceptos griegos de materia y forma son, ambos, conceptos metafísicos. El dogma no pretende afirmar que el cuerpo biológico de María está en alguna parte, sino que todo el ser de María ha llegado a identificarse con Dios.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, ¿de qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante eterno. La materialización del más allá, como si fuera un trasunto del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se siguen encontrando muy a gusto en él. Del más allá no es una prolongación de la vida del aquí abajo, de la que conocemos sus condicionantes.

No sé lo que pensó Pío XII al proclamar el dogma, pero yo lo entiendo como un intento de proponer, que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una unificación e identificación con Dios. María ha terminado el ciclo terreno por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Lo eterno se ha despojado de todo lo caduco y resplandece en ella para siempre.

Que nadie piense que vamos contra el dogma de la Asunción. Lo que pretendemos es superar una manera de entenderlo que es ininteligible hoy. Es imposible meter las realidades trascendentes en conceptos humanos. Lo vamos a seguir intentando pero, al hacerlo, debemos tener en cuenta la precariedad de los resultados. Los conceptos utilizados no podemos entenderlos en sentido estricto, por eso la manera de entenderlos será siempre acomodada al universo conceptual que en ese momento utilizamos.

El paradigma que nos permite interpretar la realidad en un momento determinado de la historia y de la cultura, no podemos elegirlo a capricho, viene dado por una infinidad de condicionantes que no tenemos más remedio que aceptar, si no queremos quedar aislados y sin posibilidad de entendernos con los demás. Es inútil pretender seguir usando en el ámbito religioso un universo conceptual ya superado. Lo único que conseguiremos será entrar en una esquizofrenia intelectual que puede engañarnos pero no satisfacernos.

Los cristianos tenemos todo el derecho de seguir utilizando a María como ejemplo de acercamiento a la divinidad. No tiene importancia que, al hacerlo, nos alejemos de la paisana de Nazaret que fue la madre de Jesús. Lo que importa es que la María mitificada nos ayude, de verdad, a entender mejor lo que somos todos nosotros.

Desde el momento en que a Jesús fue entendido como Hijo de Dios, hemos caído en la trampa de verlo solo como divino y alejarlo de nuestra humanidad. Esa separación ha llegado a ser tan abismal y lo ha alejado tanto de nosotros que ya no podemos encontrar en él el modelo de ser humano, aunque el único título que Jesús se dio a sí mismo fue el de “Hijo de hombre”. Sin esa indispensable conexión con lo humano, lo colocamos de entrada en el ámbito de lo divino y no lo podemos percibir como uno de nosotros.

El principal objetivo de todo lo que se ha dicho de María, sería precisamente superar este escollo, y descubrir en ella la figura completamente humana que nos permita acercarnos a la divinidad descubriéndola en ella. Precisamente porque no existe el peligro de confundirla con Dios, podemos ensalzarla hasta el infinito y ver en ella reflejada toda la fuerza de la divinidad. De esta manera podemos entender que esa misma divinidad está también involucrada en nuestra propia existencia.

No debemos desmantelar toda la riqueza teología que hemos volcado sobre María durante muchos siglos. Lo que debemos hacer es traducir al lenguaje de hoy todos esos conceptos que ya no son comprensibles para nuestra manera de entender el mundo. Si esta tarea la llevamos a cabo con humildad y coherencia, podemos descubrir un filón de posibilidades de comprensión de la figura de Jesús y de la verdadera encarnación.

Es verdad que el pueblo sencillo no se equivoca nunca. Pero los que interpretamos las convicciones de ese pueblo sí podemos equivocarnos y darles un sentido que no tuvieron en su origen. Debemos estar mucho más atentos a lo que vive la Iglesia como pueblo de Dios, que a lo que nos dicen los teólogos o los especialistas de la religión. Cuando se habla de la infalibilidad, hay que tener en cuenta que es siempre la expresión de un sentir de la comunidad, no de la ocurrencia de una persona por muy Papa que sea.

Meditación

Más allá del tiempo y del espacio,
María está ya en Dios y Dios en ella.
Despojada de todo lo caduco,
lo eterno se desplegó sin límites.
En esa eternidad estamos todos
aunque apegados aún a lo caduco.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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¡Vamos de visita!

jueves, 15 de agosto de 2019
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Dorothy Webster Hawksley, (1884-1970) Visitación de María a su prima IsabelLc 1, 39-56

Cuando era pequeña y escuchaba a mi abuela o mis tías decir: “Me llevo a la niña de visita”, a mí se me ponían los pelos de punta. El plan era un soberano aburrimiento para una niña que lo que quería era estar jugando en casa, o mejor aún, en la calle, pues en la ciudad donde vivía mi abuela, los niños todavía jugaban en la calle.

La lectura de Lc 1, 39-56 me ha llevado de viaje al pasado y, lo que antes me parecía un horror, se ha transformado en un valor.

“Y un día cualquiera, un poco antes de las primeras luces del amanecer, María cierra tras sí la puerta de su pequeña casa de Nazaret e inicia apresurada el camino hacia ‘la montaña, a un pueblo de Judá’, donde vivía Isabel. No había prisa pero el impulso de su corazón movía velozmente sus pies” (1). Este relato nos muestra lo que es visitar.

Visitar implica moverse, cerca o lejos, salir, ponerse en marcha; abandonar el espacio de confort (que decimos ahora); adentrarse en la realidad del otro, la persona que me abrirá la puerta de su espacio y, posiblemente, de lo que vive.

Visitar exige irremediablemente invertir tiempo… ¿quién tiene tiempo hoy para regalarlo desinteresadamente?

Vamos a dejarnos llevar por María y vayamos con ella de visita a casa de Isabel.

Aquellas dos mujeres preñadas, creyentes e ilusionadas (…) envueltas en el silencio de la promesa de Dios, se encuentran y en el mismo instante del abrazo, la palabra se hace presente con la intensidad de la comprensión, la alegría y la intimidad compartida” (2).

La visita empieza a dar frutos desde el primer instante si hay una buena predisposición. La actitud de quien va y quien recibe es elemento primordial.

Ellas estaban felices. Isabel gritó de júbilo y “la criatura salto de alegría en su vientre”. Y María proclamó exultante la oración de alabanza y agradecimiento al Dios de la Vida. “El Magníficat recoge la plegaría del orante que se descubre, desde la humildad, fecundado por su Señor dentro de la Historia de Salvación” (3).

María permaneció en casa de Isabel “unos tres meses y volvió a casa”. Se movió, invirtió su tiempo y podemos imaginar qué maravillosos tres meses pasaron juntas, viendo como la vida crecía dentro de ellas, cuidándose, riendo, compartiendo…

En la sociedad que vivimos, cada vez más fragmentada e individualizada, donde las relaciones se va licuando, quedando en manifestaciones muy superficiales; reducidas a un mero contacto tecnológico a través de whatsapp (el correo electrónico dicen los jóvenes que eso es ya cosa de viejos), Twiter, Instagram, etc., me pregunto si tiene un significado el hecho de visitar, más allá de un contacto comercial, de captación de clientes, o del médico cuando el paciente no se puede mover de la cama.

Después de empaparnos del evangelio de este día hay que preguntarse a qué me mueve el “movimiento” de María visitando a Isabel. Y si realmente, el hecho de visitar, tiene un significado en mi vida.

Hay gente ahí fuera esperando una visita, de persona a persona.

Hay mucha necesidad de abrazos y de afecto, que no se solucionan con emoticonos y fotos con preciosos textos de buenas intenciones en el móvil.

Hay sed de escucha, en las alegrías y en las penas; para las primeras habrá un café o una cerveza y, para las segundas, además, un hombro y un pañuelo para enjugar lágrimas.

Hay enfermos crónicos que al inicio de la enfermedad seguro que tuvieron gente que les visitó, pero cuando la postración es larga, la soledad embarga.

Hay demasiados ancianos que viven demasiado solos, que su puerta nunca se abre para recibir porque nadie se acerca a ser recibido.

Hay muchas personas que han llegado traspasando fronteras, huyendo de sus lugares de origen que necesitan ser escuchados, recibidos, alentados, etc.

Recuerdo aquí lo que nos enseñaban en la catequesis sobre las Obras de Misericordia; dos de ellas se refieren al hecho de “visitar”: visitar a los enfermos y visitar a los presos.

El estado tiene una responsabilidad ineludible en la atención a las necesidades de quienes necesitan determinados servicios que ayuden a mejorar las condiciones de vida de quienes lo necesitan, por edad, enfermedad, etc. Eso es incuestionable. También las ONG’s, fundaciones, e instituciones benéficas tienen un papel importante en dicha atención.

Pero visitar… es otra cosa. Es una labor personal, individual. Es un estar atentos a detalles de la vida cercana, del entorno. Visitar no cuenta en las estadísticas. Es una acción muy silenciosa que no requiere estructuras organizativas, ni contractuales.

María fue. Podía no haber ido. Isabel, mayor y preñada, seguramente estaba bien atendida. Pero María fue. A estar. A escuchar. A compartir.

Mari Paz López Santos

(2) y (3) Del libro: ¿QUÉ QUIERE DIOS QUE YO QUIERA? Magnificat siglo XXI” Mari Paz López Santos

Fuente Fe Adulta

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14/15.8.19. Misterio de Elche. Tradición apócrifa y dogma de la Asunción

miércoles, 14 de agosto de 2019
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C48DB760-D979-4B99-A895-15C3872CE46FDel blog de Xabier Pikaza:

Fe que mueve montañas y sube a la Virgen al Cielo

Hoy y mañana (14‒15  agosto) se celebra el Elx/Elche (Alicante, Reino de Valencia) el Misteri o Misterio por excelente, que es la muerte y resurrección/ascensión de María, la madre de Jesús.  Los protagonistas (apóstoles y María, Dios y judíos…) cantan y representan en valenciano/catalán el triunfo de la Madre de Jesús, como culmen de la historia de la salvación, como último de los misterios del “rosario” católico,  culmen de la historia de la salvación. Con esta ocasión quiero recoger algunos datos de la historia de María, actualizados por la gran tradición apócrifa de la Iglesia.

Apócrifo no quiere decir “falso”, sino escondido (no oficial).  La historia oficial de la Virgen está recogida en la Biblia, con mucha sobriedad y hondura. Pero al gran pueblo cristiano no le ha bastado la Virgen Canónica, de los textos de Mateo y Lucas, de Marcos y Juan, sino que ha elaborado una intensa visión popular de su vida y misterio, que se centra en dos ciclos:

Con esta ocasión quiero presentar un breve esquema de la Vida Canónica y Apócrifa (¡apócrifo no quiere decir no falsa!) de la Virgen, para presentar después las claves del gran Misterio de Elche.

 HISTORIA CANÓNICA Y APÓCRIFA DE LA VIRGEN MARÍA

EEF0B338-F7D3-402B-96FD-8BC0A802873ETodo nos hace pensar que era de Nazaret de Galilea y que, al principio no formó parte externa del movimiento de Jesús, como indican el evangelio de Marcos y el de Juan. Pero tras la Crucifixión de su Hijo, a quien, según Jn 19, 25‒27 (y quizá Mc 15, 40‒41) acompañó junto a la cruz, ella formó parte importante de su w

 La tradición de Hch 1, 14 supone que ella formaba parte de la Iglesia de los “parientes de Jesús” (de Santiago), cuya “historia” conocemos por Pablo y por Hechos de los Apóstoles. Más aún, ella actuó en ese grupo como “gebira”, Señora, madre del Señor (cf. Lc 1, 42), como he puesto de relieve en Gran Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1015 (voz Gebira). En esa línea, el evangelio de Lucas como el de Mateo dan testimonio de la importancia de María en esa Iglesia.

La tradición de Jn 19, 25‒27 insiste en que, habiendo formado parte de la comunidad de los “hermanos” de Jesús (cf. Jn 2, 12), ella se integró en “casa” (iglesia) del discípulo amado. Eso parece indicar que entre la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión (vinculada a los parientes de Jesús) y la del discípulo amado, del evangelio de Juan existieron profundas relaciones profundas. Por el contrario, la tradición helenista, retomada por Pablo, no sabe nada de María, aunque conoce a los “hermanos” de Jesús, de los que se dice que eran “apóstoles” y estaban casados (cf. 1 Cor 9, 5; 15, 7).

1D5628DD-E343-466E-BCD9-13233AF5B481Más que el “final” (muerte/dormición, resurrección/asunción) de María a la Iglesia primitiva le ha importado su “principio”, es decir, su relación con el nacimiento de Jesús. En ese sentido se sitúan las genealogías de Mt 1, 1‒17 y de Lc 3, 23‒38, que he estudiado en Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2013). Pero ellas no van en la línea de María, sino en la de José “desposado con María, de la que nació Jesús. De todas formas, en esa línea, tanto Mt 1‒2 como Lc 1‒2 hablan de un nacimiento más alto de Jesús por obra/presencia del Espíritu de Dios en María (superando la línea genealógica de José).

En esa línea, la Iglesia se ha ocupado pronto del origen y función activa de María en el nacimiento de Jesús, y de esa forma ha “recibido” (desde el II‒III d.C) el Protoevangelio, atribuido a Santiago (hermano del Señor), uno libro clave en la historia y devoción mariana de la Iglesia. Este evangelio combina y recrea tradiciones de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), en perspectiva judeocristiana, con datos de tipo teológico‒devocional más que histórico. Defiende no sólo el nacimiento virginal de Jesús por obra del Espíritu Santo, sino la virginidad perpetua de María (hija de Joaquín y de Ana), declarando que los “hermanos” de Jesús serían hijos de José, ya viudo y padre al casarse con María. Es un evangelio de tono piadoso con tendencia judeo‒cristiana doceta, y ha influido mucho en la devoción popular y en las fiestas marianas de la Iglesia. Presenta a María como expresión de la Santidad de Dios y la vincula no sólo con el Templo de Jerusalén, sino con la tradición sacerdotal y davídica del judaísmo, viendo en ella la culminación del Antiguo Testamento.

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“Vivir en minoría”. 19 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,32-48)

domingo, 11 de agosto de 2019
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velas660x650-1200x800-e1543178364218Lucas ha recopilado en su evangelio unas palabras, llenas de afecto y cariño, dirigidas por Jesús a sus seguidores y seguidoras. Con frecuencia, suelen pasar desapercibidas. Sin embargo, leídas hoy con atención desde nuestras parroquias y comunidades cristianas, cobran una sorprendente actualidad. Es lo que necesitamos escuchar de Jesús en estos tiempos no fáciles para la fe.

«Mi pequeño rebaño». Jesús mira con ternura inmensa a su pequeño grupo de seguidores. Son pocos. Tienen vocación de minoría. No han de pensar en grandezas. Así los imagina Jesús siempre: como un poco de «levadura» oculto en la masa, una pequeña «luz» en medio de la oscuridad, un puñado de «sal» para poner sabor a la vida.

Después de siglos de «imperialismo cristiano», los discípulos de Jesús hemos de aprender a vivir en minoría. Es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte. Es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad. El evangelio no se impone por la fuerza. Lo contagian quienes viven al estilo de Jesús haciendo la vida más humana.

«No tengáis miedo». Es la gran preocupación de Jesús. No quiere ver a sus seguidores paralizados por el miedo ni hundidos en el desaliento. No han de preocuparse. También hoy somos un pequeño rebaño, pero podemos permanecer muy unidos a Jesús, el Pastor que nos guía y nos defiende. Él nos puede hacer vivir estos tiempos con paz.

«Vuestro Padre ha querido daros el reino». Jesús se lo recuerda una vez más. No han de sentirse huérfanos. Tienen a Dios como Padre. Él les ha confiado su proyecto del reino. Es su gran regalo. Lo mejor que tenemos en nuestras comunidades: la tarea de hacer la vida más humana y la esperanza de encaminar la historia hacia su salvación definitiva.

«Vended vuestros bienes y dad limosna». Los seguidores de Jesús son un pequeño rebaño, pero nunca han de ser una secta encerrada en sus propios intereses. No vivirán de espaldas a las necesidades de nadie. Serán comunidades de puertas abiertas. Compartirán sus bienes con los que necesitan ayuda y solidaridad. Darán limosna, es decir, «misericordia». Este es el significado del término griego.

Los cristianos necesitaremos todavía algún tiempo para aprender a vivir en minoría en medio de una sociedad secular y plural. Pero hay algo que podemos y debemos hacer sin esperar a nada; transformar el clima que se vive en nuestras comunidades y hacerlo más evangélico. El papa Francisco nos está señalando el camino con sus gestos y su estilo de vida.

José Antonio Pagola

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“Estad preparados”. Domingo 11 de agosto de 2019. 19º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 11 de agosto de 2019
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44-ordinarioC19 cerezoLeído en Koinonia:

Sabiduría 18, 6-9: Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.
Salmo responsorial: 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Hebreos 11, 1-2. 8-19: 
Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
Lucas 12, 32-48
: Estad preparados.

Primera Lectura

Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios. Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor. La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.

La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.

Hoy, toda esta imagen de Dios, por más que la hayamos estado escuchando y venerando durante milenios, desde siempre, aparece como profundamente inadecuada, inaceptable. ¿Qué clase de Dios es ése que opta por un pueblo, lo elige, le regala una tierra que está ya ocupada por otros pueblos da poder a su pueblo elegido para que los expulse y los destruya? ¿Es verosímil esta imagen de Dios? ¿No es propia de los tiempos «tribales», donde cada tribu se imagina que tiene su Dios protector que la defenderá contra las demás? (Recomendamos leer al respecto, por ejemplo, de John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, Abya Yala, Quito, Ecuador, www.tiempoaxial.org; también se puede mirar en google y en youtube sobre este autor).

Segunda Lectura

La fe de Abraham y de los patriarcas sirve de ejemplo. Para estimular la perseverancia en la fe que lleva a la salvación, la carta a los Hebreos aduce una serie de testigos. Abraham, lo mismo que los hebreos del siglo I, conoció la emigración, la ruptura respecto al medio familiar y nacional y la inseguridad de las personas desplazadas. Pero en esas pruebas encontró Abraham motivo para ejercer un acto de fe en la promesa de Dios.

La fe enseña a no darnos por satisfechos con los bienes tangibles ni con esperanzas inmediatas. Abraham creyó por encima de la amenaza de la muerte. Sufrió la esterilidad de Sara y la falta de descendencia. Esta prueba fue para él la más angustiosa porque el patriarca se acercaba a la muerte sin haber recibido la prenda de la promesa. Aquí se hace realidad la última calidad de la fe: aceptar la muerte sabiendo que no podrá hacer fracasar el designio de Dios.

Más que el sufrimiento, es la muerte el signo por excelencia de la fe y de la entrega de uno mismo a Dios. Abraham creyó en un “más allá de la muerte”, creyó le sería concedida una posteridad incluso en un cuerpo ya apagado, porque le había sido prometida. Esta fe constituye lo esencial de la actitud de Cristo ante la cruz. También se entregó a su Padre y a la realización del designio divino, pero tuvo que medir el fracaso total de su empresa: para congregar a toda la humanidad, se encuentra aislado pero confiado en un por encima de la muerte que su resurrección iba a poner de manifiesto.

Evangelio

El evangelio de hoy nos presenta unas recomendaciones que tienen relación con la parábola del domingo anterior del rico necio. Los exegetas se diversifican en cuanto a la estructura que presente el texto y no determinan las unidades de las que se compone. La actitud de confianza con el que inicia el texto no debería de omitirse “no temas, rebañito mío, porque su Padre ha tenido a bien darles el reino”. Esta exhortación a la confianza, al estilo veterotestamentario y que gusta a Lucas, expresa la ternura y protección que Dios ofrece a su pueblo, pero expresa también la autocomprensión de las primeras comunidades: conscientes de su pequeñez e impotencia, vivían, sin embargo, la seguridad de la victoria. La bondad de Dios, en su amor desmedido, nos ha regalado el Reino. Desde aquí tenemos que entender las exhortaciones siguientes. Si el Reino es regalo, lo demás es superfluo (bienes materiales). Recordemos los sumarios de Lucas en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Lucas invita a la vigilancia, consciente de la ausencia de su Señor, a una comunidad que espera su regreso, pero no de manera inminente como sucedía en las comunidades de Pablo (cf. 1Tes.4-5). La Iglesia de Lucas sabe que vive en los últimos días en los que el hombre acoge o rechaza de forma definitiva la salvación que se regala. Cristo ha venido, ha de venir; está fuera de la historia, pero actúa en ella. La historia presente, de hecho, es el tiempo de la iglesia, tiempo de vigilancia.

Fitzmyer, ilustra esta afinada concepción de la historia, aparecen varias recomendaciones en lo que puede considerarse como los “retazos de una hipotética parábola”. Lo importante será descubrir en cuál de esas recomendaciones centramos la llegada que hay que esperar de manera vigilante. La predicación histórica de Jesús tienen estas máximas sobre la vigilancia y la confianza. Ahora, en este texto se les reviste de carácter escatológico. El punto clave reside en la invitación “estén preparados”; o lo que es lo mismo, lo importante es el hoy. A la luz de una certeza sobre el futuro, queda determinado el presente. Esta es la comprensión de la historia de Lucas: “se ha cumplido hoy” (4,21), “está entre ustedes” (17,20-21) y “ha de venir” (17,20).

El Reino es, al mismo tiempo, presente y algo todavía por venir. De aquí la doble actitud que se exige al cristiano: desprendimiento y vigilancia. Es necesario desprenderse de los cuidados y de los bienes de este mundo, dando así testimonio de que se buscan las cosas del cielo.

La vigilancia cristiana es inculcada constantemente por Cristo (Mc 14,38; Mt 25,13). La vida del cristiano debe ser toda ella una preparación para el encuentro con el Señor. La muerte que provoca tanto miedo en el que no cree, para el cristiano es una meditación: marca el fin de la prueba, el nacimiento a la vida inmortal, el encuentro con Cristo que le conduce a la Casa del Padre.

La intervención de Pedro, demuestra que la exhortación de Jesús sobre el significado de actuar y perseverar en vigilancia es en primer lugar referido a aquellos que son “la cabeza” de la comunidad, o mejor dicho para los que “están al servicio” de la comunidad. La resurrección a la vida depende del modo como ejercitaron ese servicio. Leer más…

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11. 8. 19. Dom 19, Tiempo ord. C. Lc 12,33-34. Comparte, no poseas: Vende lo que tengas, regala lo que obtengas.

domingo, 11 de agosto de 2019
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04BCDCF4-2792-4A1F-B404-2719DFAC56A7Del blog de Xabier Pikaza:

 Teología de Jesús, una práctica de vida

Domingo 19. Tiempo Ordinario. Ciclo C. Lc 12, 32-48. Ayer traté de la buena teología de Jesús y de la Iglesia, que no parece ser, al menos totalmente, la de algunos cardenales (al servicio del orden sacral de la Iglesia), sino una teología de la gratuidad y comunión interhumana; una teología cuyo “Dios” son los bienes de la tierra convertidos en regalo, de manera que aquello que  la Iglesia tiene (su propiedad, to hyparkôn) sea don:  todo se vende para compartirlo todo en gratuidad (eleêmosynê).

Se trata de vender (superar la propiedad “privada”) para no vender ya más ( que todo sea regalo/limosna), pasando así del plano del neg‒ocio entendido en forma talión (ojo por ojo…) al ocio y don de la existencia, esto es, al Dios que lo da todo (se ha dado a sí mismo) en gratuidad total.

Ésta es la teología de Jesús: regalar la vida y compartirla, en gratuidad, en confianza de futuro (de resurrección), en un mundo que tiende a identificar a Dios con su contrario (Mammón, dinero).

El evangelio nos sigue situando ante el tema de la riqueza y la pobreza de la vida, del riesgo que implica un tipo de riqueza al servicio de la muerte, y de la gracia y gloria (bendición) de lo que, con lenguaje provocador Jesús llama “riqueza del cielo”.

Éste es el argumento de fondo de Lucas, condensado aquí en una serie de propuestas divinas, es decir, “económicas”. Es un texto largo y no puedo comentar todas sus partes, por eso me limito a la primera (12, 33-34), en la que Jesús pide a sus discípulos que vendan lo que tienen, que lo vendan todo para dárselo a los pobres, esto es, que sepan desprenderse para compartir con los demás el más alto don de la vida, consiguiendo de esa forma una riqueza superior, propia “del cielo” (un tesoro de amor y de fraternidad, de vida futura, es decir, de resurrección).

Preguntas esenciales

El texto plantea unas preguntas radicales, que una y otra vez que han marcado la historia de la iglesia cristiana, y que ahora son decisivas no sólo para la felicidad de los cristianos en particular, sino para el cristianismo (que tiende a diluirse como negocio sacral auto‒referencial….), para hacer así posible la pervivencia del hombre sobre el mundo, es decir, la resurrección:

6E79FAF8-C681-4C69-8131-D2F159E0D09F1) Vende lo que tienes… ¿Eso lo dice Jesús sólo de aquellos que le siguen de un modo directo, o debe aplicarse a todos los hombres, fuera y dentro de la Iglesia? ¿Quiénes han de venderlo todo y compartirlo en perspectiva de Iglesia, sólo los curas o frailes y monjas, o todos los cristianos? ¿Cómo puede y debe hacerse pobre la Iglesia de Jesús para ser de esa manera verdaderamente rica?

2) ¿Qué ha de vender‒dar la Iglesia? ¿Qué bienes se han de vender para darlos en limosna, es decir, en gratuidad, sin pagos ni hipotecas?Dejo la pregunta así abierta, pero recordando que se trata de pasar del plano del tener, donde las cosas son ta hykharjonta, aquello que domino y tengo para mí, al plano de la eleêmosynê, lo que es don y regalo gratuito de la vida, aquello que tenemos sin tenerlo, todos, porque lo regalamos. ¿Qué debe vender y regalar la Iglesia: sus propiedades todas, sólo algunas que sobran o también los edificios y vasos sagrados, incluida la catedral de mi pueblo y el Estado Vaticano? ¿Cuáles quedan excluidos?

3) De tener al compartir. El tema de fondo es es el paso de ta hyparkhonta (es decir, de los bienes como algo propio, que uno domina para sí, en un plano de poder y compra‒venta) a la eleêmosynê, que no es la limosna privada y marginal, sino la justicia entendida como experiencia de vida compartida. Dedicamos a este tema un libro J. A. Pagola y un servidor (Entrañable Dios. Las obras de misericordia, Verbo Divino, Estella 2016).

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Mostramos allí con toda claridad que la “limosna” bíblica (que es comunión de vida) no se opone a la justicia, sino que es la justicia verdadera (la tsedaqa). Ciertamente, en un sentido “tenemos” cosas (y así podemos hablar de ta hyparkhonta); pero en otro sentido esos bienes, para que sean de verdad “míos” tienen que hacerse “nuestros”, es decir “eleêmosynè”, amor compartido en gratuidad, la comunidad de la vida como tesoro verdadero, identidad del hombre.

4) Organizar el don. El problema empieza cuando se quiere y se debe “organizar” ese paso de las cosas como posesión a las cosas como don/comunión, es decir, a la limosna, para que no se dilapide sin más, para que no surjan unos aprovechados de turno y empiecen a administrarlo todo (lo de todos) a su servicio particular. Surgen en este contexto muchísimas preguntas: ¿Qué se puede hacer cuando se vende todo y no se tiene nada como posesión propia, egoísta? La Iglesia en su conjunto, en los últimos siglos, ha tenido un miedo total a ese pasaje, y ha defendido la propiedad particular con miedo cerval, a capa y espada. Ciertamente, ella ha sabido y sabe que los bienes tienen una “finalidad social”, al servicio de los pobres… ¿Pero, cómo vivir, producir y compartir en gratuidad, sin el aguijón del egoísmo propio? ¿Cómo dar si ya no queda nada para dar? ¿O una vez que das todo te haces rico?

5) Evangelio sin glosa. Muchos piensan que es mejor no tomar en serio ese evangelio, escucharlo como música celeste que no se aplica en esta tierra, ni en la Iglesia? ¿No será mejor decir que ese evangelio de Lucas (y de Mc y Mt? es un apócrifo engañoso al que no debe hacerse caso. Empezamos con la catedral de mi pueblo: ¿es de verdad casa de todos? ¿Quién la administra así, para que sea casa de todos…? Los conventos y parroquias de mi pueblo, los colegios y hospitales administrados por gente de iglesia… ¿son casa de todos, en gratuidad? ¿Cómo se puede lograr que así sean…? Leer más…

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“Cuando menos lo penséis”. Domingo 19. Ciclo C

domingo, 11 de agosto de 2019
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velasDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

En este mes de vacaciones (al menos en Europa), cuando se repiten los consejos de seguridad y vigilancia, también la liturgia nos invita a vigilar, aunque en cuestiones muy distintas.

A favor de la lectura breve del Evangelio

            El sacerdote puede elegir este domingo entre una lectura breve y otra larga. Dos motivos aconsejan decidirse por la breve: 1) el calor de agosto en Europa y el frío en América; 2) la lectura larga mezcla tres temas, dos de ellos muy distintos, y puede volver un poco locos al predicador y a los predicados. Me limitaré, por tanto, a la breve, con algunas indicaciones finales sobre la larga.

Tres señores muy distintos

            Si se lee el evangelio de forma rápida parece hablar de los mismos personajes: unos criados y su señor. Sin embargo, teniendo en cuenta que los discursos de Jesús los escriben los evangelistas uniendo frases sueltas pronunciadas por él en distintos momentos, cuando se lee el texto con atención encontramos tres señores. Dice así:

            Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

            Aunque comienza dirigiéndose a los criados (que somos nosotros), luego habla de tres clases de señores.

  1. Un señor que vuelve de una boda; los criados tienen que esperarlo y abrirle la puerta.
  2. Un señor que llega no se sabe de dónde; encuentra a los criados esperándole y, lleno de alegría, se pone a servirles.
  3. Un señor que no tiene criados, se entera de que esa noche va a venir un ladrón, y lo espera en vela.

            Lo que une estas tres imágenes tan distintas es la idea de la espera: los criados esperan a su señor (casos 1 y 2), el señor espera al ladrón (caso 3).

            Y todo esto sirve para transmitir la enseñanza más importante: también nosotros debemos estar vigilantes, esperando la llegada del Hijo del Hombre.

El problema psicológico del texto

            Hablar de vigilancia y de esperar la venida del Hijo del Hombre mientras la gente se abanica o piensa en lo que va a hacer cuando termine la misa supone un desafío para el sacerdote. ¿Interesa realmente todo eso? En caso de que interese, ¿se puede pedir una actitud continua de vigilancia, con la cintura ceñida y la lámpara encendida, como dice el evangelio?

            Sería muy bueno que la gente se plantease estas preguntas y respondiese: “No me interesa nada, no pienso nunca en la vuelta de Jesús, y si me dicen que no se trata de que vaya a volver pronto, sino de que puedo morirme en cualquier momento y encontrarme con Él, prefiero no amargarme con la idea de la muerte”.

            Esta respuesta sincera tendría una ventaja: obliga a pensar en lo que representa realmente Jesús en nuestra vida. ¿Alguien a quien queremos mucho, pero que no tenemos prisa ninguna por ver, y cuanto más se retrase el encuentro, mejor? Amistad curiosa, pero muy frecuente entre los cristianos.

Vigilar no significa vivir angustiados

            A pesar de lo anterior, la mayoría de la gente vive a diario el mensaje del evangelio de hoy. Está con el cinturón ceñido y la lámpara encendida. Porque la vigilancia se traduce en el cumplimiento adecuado de sus obligaciones.

            Así queda claro en la continuación del evangelio (la que puede omitirse). En ella, Pedro le pregunta a Jesús si esa parábola del señor y los criados la ha contado por ellos o por todos. Y Jesús le responde con una nueva parábola. Pero ahora no habla solo de un señor y sus criados sino que introduce en medio la figura de un administrador que está al frente de la servidumbre (es clara la referencia a Pedro y a los responsables de la comunidad cristiana).

            Este administrador puede adoptar dos posturas: cumplir bien su obligación con los subordinados, o aprovechar la ausencia del señor para maltratar a los criados y criadas y darse la buena vida. Queda claro que vigilar no consiste en vivir angustiados pensando en la hora de la muerte sino en cumplir bien la tarea que Dios ha encomendado a cada uno. El texto dice así.

            El Señor le respondió:

            ¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.

La primera lectura

            La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría 18, 6-9, ofrece dos posibles puntos de contacto con el evangelio. El texto dice así.

            La noche de la liberación [de Egipto] se les anunció de antemano a nuestros padres, para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban. Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables, pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti. Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada: que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

            Primer punto de contacto: vigilancia esperando la salvación.

            El libro de la Sabiduría piensa en la noche de la liberación de Egipto

            El evangelio, en la salvación que traerá la segunda venida de Jesús.

            En ambos casos se subraya la actitud vigilante de israelitas y cristianos.

            Segundo punto de contacto: solidaridad

            Al momento de salir de Egipto, los israelitas se comprometen a compartir los bienes: serían solidarios en los peligros y en los bienes.

            En el evangelio, Jesús anima a los cristianos a ir más lejos: Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo. (Este punto de contacto sólo se advierte leyendo el comienzo de la lectura larga).

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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. 11 agosto, 2019

domingo, 11 de agosto de 2019
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“Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.”

(Lc 12, 35-40)

Este domingo el Evangelio nos invita a esperar. Pero esta espera tiene que ser activa, expectante. No como quien espera el autobús, sino como quien espera la visita de alguien importante. Es una invitación a estar preparadas, para que no se nos escapen las cosas buenas.

La espera que nos enseña Jesús nada tiene que ver con “mirar al cielo” (cfr. Hch 1, 11). Hacia donde hay que mirar es hacia los hermanos. La espera que nos enseña Jesús tiene que ver con el servicio.

Para relacionarnos con el Dios de Jesús es imprescindible atender a las hermanas, a las personas que nos rodean, sirviendo a quienes lo necesiten. La espiritualidad cristiana es una espiritualidad encarnada por eso el mejor termómetro de nuestra relación con Dios es nuestra vida cotidiana. De nada sirven muchas horas de oración ni haber asistido a misa todos los domingos de nuestra vida si nuestro amor a Dios no se traduce en amor al prójimo.

Pero tampoco vale lo contrario: de nada sirve ser voluntario en tres ONGs si al final llevo una vida vacía porque he desconectado con la Presencia viva de Dios que me habita.

Necesitamos de muchos ratos sentadas a los pies del Maestro para que nuestro “hacer” se depure de todo activismo, de todo afán de protagonismo, de toda apariencia. Pero necesitamos también levantarnos, abandonar el cómodo espacio de intimidad con Dios y volvernos hacia quienes puedan necesitarnos sirviendo.

Jesús, el gran orante, la noche que en que iba a ser entregado, “se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciñó a la cintura. Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies…” (Jn 13, 4-5)

En el itinerario que nos ofrece Jesús, oración y servicio van juntas, no se pueden separar, se alimentan mutuamente y nos hacen crecer armónicamente. Tampoco nuestro cuerpo y nuestro espíritu son dos realidades separadas, si descuidamos nuestro cuerpo o nuestro espíritu nuestra vida se resiente, se enferma.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a vivir con la cintura ceñida para el servicio
y la lámpara de la oración siempre encendida. ¡Amén!”

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios no viene de fuera como ladrón ni como amo exigente.

domingo, 11 de agosto de 2019
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El texto del evangelio de este domingo forma parte de un amplio contexto, que empezaba el domingo pasado con la petición de uno a Jesús: “dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. A partir de ahí, Lc propone una larga conversación con los discípulos que abarca 35 versículos y toca muy diversos temas de difícil armonización. Naturalmente se trata de pensamientos dispersos que el evangelista organiza a su manera para ir aclarando las exigencias de Jesús. Sin duda reflejan la manera de ver la vida de la primera comunidad, como lo demuestra la conciencia de ser un pequeño rebaño.

Que el texto utilice, a veces, el lenguaje escatológico nos puede despistar un poco. También el que nos hable de talegos o tesoros en el cielo que nadie puede robar, o que Dios llegará como un ladrón en la noche, nos puede confundir. Este leguaje mítico a nosotros hoy no nos sirve de nada. Dios no tiene que venir de ninguna parte. Está llamando siempre pero desde dentro. No pretende entrar en nosotros sino salir a nuestra conciencia y manifestarse en nuestras relaciones con los demás. Superemos la idea de un Dios que actúa desde fuera.

El domingo pasado se nos pedía no poner la confianza en las riquezas. Hoy, además, se nos dice en quién hay que poner la confianza para que sea auténtica: no en un dios todopoderoso externo, sino en el hombre creado a su imagen y que tiene al mismo Dios como fundamento. No es pues, cuestión de actos de fe, sino afianzamiento en una actitud que debe atravesar toda nuestra vida. Confiadamen­te, tenemos que poner en marcha todos los recursos de nuestro ser, conscientes de que Dios actúa solo a través de sus criaturas, y que solo a través de cada una de ellas la creación evoluciona. Ayúdate y Dios te ayudará.

Se trata de estar siempre en actitud de búsqueda. Más que en vela, yo diría que hay que estar despiertos. No porque pueda llegar el juicio cuando menos lo esperemos, sino porque la toma de conciencia de la realidad que somos exige una atención a lo que está más allá de los sentidos y no es nada fácil de descubrir. El tesoro está escondido, y hay que “trabajar” para descubrirlo. No se trata de confiar en lo que nosotros podemos alcanzar, sino en que Dios ya nos lo ha dado todo. Ha sido Dios el primero que ha confiado en nosotros en el momento en que ha decidido darse, él mismo, a nosotros, sin limitación ni restricción alguna.

Si hemos descubierto el tesoro que es Dios, no hay lugar para el temor. A las instituciones no les interesa la idea de un Dios que da plena autonomía al ser humano, porque no admite intermediarios. Para ellos es mucho más útil la idea de un dios que premia y castiga, porque en nombre de ese dios pueden controlar a las personas. La mejor manera de conseguir sometimiento es el miedo. Eso lo sabe muy bien cualquier autoridad. El miedo paraliza a la persona, que inmediatamente tiene necesidad de alguien que le ofrece su ayuda, para poder conseguir con gran esfuerzo, aquello que ya poseían plenamente antes de tener miedo.

Cuentan que una madre empezó a meter miedo de la oscuridad a su hijo pequeño. El objetivo era que no llegara nunca tarde a casa. Con el tiempo, el niño fue incapaz de andar solo en la noche. Eso le impedía una serie de actividades y hacía muy difícil desarrollar su vida. Entonces la madre, fabricó un amuleto y dijo al niño: esto te protegerá de la oscuridad. El niño convencido, empezó a caminar en la noche sin ningún problema, confiando en el amuleto que llevaba colgado del cuello. ¡Sin comentario!

Dios no es un ser externo en el que debo confiar, sino en mi propio ser en lo que tiene de  fundamento, que me proporciona todas las posibilidades desde dentro de mí mismo. Esto es lo que significa: “vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino”. El dios araña que necesita chupar la sangre al ser humano no es el Dios de Jesús. El dios del que depende mi futuro no es el Dios de Jesús. El dios que me colmará de favores cuando yo haya cumplido la Ley no es el Dios de Jesús. El Dios de Jesús es don total, incondicional y permanente.

El Padre ha tenido a bien confiaros el Reino. Este es el punto de partida. No tengáis miedo, estad preparados, etc., depende de esta verdad. Si el Reino es el tesoro encontrado, nada ni nadie puede apartarme de él. Todo lo que no sea esa realidad absoluta, que ya poseo, se convierte en calderilla. Nuestra tarea será descubrir el tesoro, todo lo demás vendrá espontáneamente. El Reino es el mismo Dios escondido en lo más hondo de mi ser. Los demás valores, deben estar subordinados al valor supremo que es el Reino.

“Dar el reino”, aplicado a Dios, no tiene el mismo sentido que puede tener en nosotros el verbo dar. Dios no tiene nada que dar. Dios se da él mismo, pero a nosotros se da antes de que nosotros seamos. De ese modo Dios se convierte en el sustrato y fundamento de mi ser. Sin Él, yo no sería nada. Ese don descubierto y vivido es la raíz de todas mis posibilidades de ser. Todo lo que puedo llegar a ser, más allá de mi pura biología, es consecuencia de esa presencia de Dios en mí que me capacita para llegar a ser lo que Él mismo es.

Esa fe-confianza, falta de miedo, no es para un futuro en el más allá. No se trata de que Dios me dé algún día lo que ahora echo de menos. Esta es la gran trampa que utilizan los intermediarios. A ver si me entendéis bien: Dios no tiene futuro. Es un continuo presente. Ese presente es el que tengo que descubrir y en él lo encontraré todo. No se trata de esperar a que Dios me dé tal o cual cosa dentro de unos meses o unos años. El colmo del desatino es esperar que me dé, después de la muerte, lo que no quiso darme aquí.

La idea que tenemos de una vida futura desnaturaliza la vida presente hasta dejarla reducida a una incómoda sala de espera. La preocupación por un más allá nos impide vivir en plenitud el más acá. La vida presente tiene pleno sentido por sí misma. Lo que proyectamos para el futuro, está ya aquí y ahora a nuestro alcance. Aquí y ahora, puedo vivir la eternidad, puesto que puedo conectar con lo que hay de Dios en mí. Aquí y ahora puedo alcanzar mi plenitud, porque teniendo a Dios lo tengo todo.

La esperanza cristiana no se basa en lo que Dios me dará sino en que sea capaz de descubrir lo que Dios me está dando. Para que llegue a mí lo que espero, Dios no tiene que hacer nada, ya lo está haciendo. Yo soy el que tiene mucho que hacer, pero en el sentido de tomar conciencia y vivir la verdadera realidad que hay en mí. Por eso hay que estar despiertos. Por eso tenemos que vivir el momento presente, porque es el definitivo, porque en él puedo dar el paso a la experiencia cumbre. Ese sería el momento definitivo de mi vida.

Demostramos falta de confianza, y exceso de miedos, cuando buscamos a toda costa seguridades, sea en el más acá sea para el más allá. El miedo nos impide vivir el presente. Solo vivimos cuando perdemos el miedo. Debemos caminar aunque no tenemos controlado ni el camino ni la meta. Mientras más se acerca a la plenitud un ser humano, más vasto es el horizonte de plenitud que se le abre. Esto, que en sí mismo es un don increíble, a veces lleva a la desesperanza, porque la vida humana es siempre un comienzo.

Meditación

El único objetivo de toda religión debía ser llevarte al interior,
donde te encontrarás con el mismo Dios como centro de tu ser.
Antes de descubrirlo, la confianza es imprescindible.
Nadie tira por la borda las seguridades si no encuentra la total seguridad.
Muchas veces te han dicho que tienes que vender todo lo que tienes.
Pero la realidad es muy tozuda. Nadie da todo por nada.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El Señor es mi pastor

domingo, 11 de agosto de 2019
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moscoforoTengo que creer que hay un camino a través de esto. Que hay una vida especial esperándonos. Las cosas que solían ser.  Marie me hace sentir que hay esperanza (Shakespeare)

11 de agosto 2019. DOMINGO XIX DEL TO

Sal 32

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que se escogió como heredad

Lc 12, 32-48

No temas, pequeño rebaño, que vuestro Padre ha decidido daros el reino 

Juan dice en 10, 9 que Jesús es la puerta del aprisco donde pernocta su rebaño y quien entra por él estará a salvo, pudiendo entrar y salir cuando le apetezca, y encontrar fértiles pastos.

Un aprisco que da cobijo a cuantos lo necesitan, y en el que, cuantos se encuentran en él, están siempre dispuestos a prestarse ayuda.

En la Contraportada de su libro La vida secreta de los árboles, dice Peter Wohlleben: «En los bosques suceden cosas sorprendentes: árboles que se comunican entre sí, árboles que aman y cuidan a sus hijos y a sus viejos enfermos vecinos; árboles sensibles, con emociones, con recuerdo… ¡Increíble, pero cierto!»

Y si los árboles son capaces de realizar estos milagros, ¿de qué no serán capaces las personas? La Naturaleza es así de ejemplar, de generosa y noble. ¿No tendrá también ella sentimientos?

Los seres todos de todo el Universo, formamos ese maravilloso todo de que nos hablan los místicos, y hoy avala la ciencia. Un mismo pastor – ¿la vida, la energía, la luz o la materia? no importa – los pastorean y cuidan.

Los seis versículos del Salmo 22, El Señor es mi pastor, avalan fehacientemente el testimonio de Juan: El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas (vers. 1-3).

En la película El buen pastor, dirigida por Robert de Niro, uno de sus protagonistas expone:

Enviamos al mundo a aquellos que nos dejan, sabiendo que vayan donde vayan, hagan lo que hagan, nunca estarán solos; siempre serán uno de nosotros. Y decimos, pirata, todos para uno ¡Todos para uno!».

El Buen Pastor es una de las primeras iconografías cristianas, y tiene sus orígenes remotos en las representaciones paganas de Hermes Crióforo y de Orfeo.

«Tengo que creer que hay un camino a través de esto, que hay una vida especial esperándonos; las cosas que solían ser. Marie me hace sentir que hay esperanza«, ha dicho Shakespeare en uno de sus dramas.Y el dramaturgo inglés, sabía mucho de estos caminos que nos conducen a feliz destino, a una profunda unión, a una convocatoria que el hombre puede sentir en el corazón.

El dominico José Fernández Moratiel, aseguró en una entrevista que le hizo El Loco de la Colina, Jesús Quintero:

«No soy, me creo por un contemplativo, pero viviendo en medio de los hombres, con los cuales me siento profundamente unido, pues a la vez los acojo, elegido por el silencio. Esa ha sido la fortuna de mi vida; pero cualquier ser humano puede sentir en su corazón ese llamamiento: ese es el gran impulso y el gran motor de la vida».

En un Cancionero anónimo, este bello Poema que manifiesta la imaginativa concordancia entre los temas humanos y los divinos.

AL FILO DE LOS GALLOS.

Al filo de los gallos viene la aurora;
los temores se alejan como las sombras.
Dios, Padre nuestro;
en tu nombre dormimos y amanecemos.

Como luz nos visitas Rey de los hombres,
como amor que vigila siempre de noche.
Cuando el que duerme,
bajo el signo del sueño prueba la muerte.

Del sueño del pecado nos resucitas
y es señal de tu gracia la luz amiga.
¡Dios que nos velas!
Tú nos sacas por gracia de las tinieblas.

Gloria al Padre y al Hijo, gloria al Espíritu;
al que es paz luz y vida, al Uno y Trino.
Gloria a su nombre
y al misterio divino que nos lo esconde.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Responsables de nuestro tesoro

domingo, 11 de agosto de 2019
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9Lc 12, 32-48

11 de Agosto de 2019

El evangelio de Lucas de este domingo nos presenta un texto lleno de mensajes importantes sobre el seguimiento a Jesús. El contexto de estos versículos es la comprensión del Reinado de Dios y las actitudes incompatibles para percibirlo. Estas palabras se encuadran dentro del viaje de Jesús hacia Jerusalén y nos muestran a un Jesús liderando un nuevo movimiento socio-religioso marcando claramente lo esencial y lo superfluo.

Comienza el texto con una rotunda expresión: a vosotros se os ha dado el Reino. Sin esta conciencia de que somos portadores de este espacio de Dios, es casi imposible situarse desde la confianza y el compromiso con todo lo que supone. El Reino no es lugar al que iremos después de la muerte; como bien dijo Jesús en otro momento: el Reino está dentro de vosotros, por tanto, es un espacio que ya llevamos en nuestra identidad profunda. Sin aceptar esta coordenada no es fácil disponerse para conectar con esta realidad interior.

Inicia el discurso con una serie de indicaciones que van acotando la manera de acceder y tomar consciencia de esta dimensión existencial. Les habla de un claro desapego de las realidades que caducan; precisamente, porque en cualquier momento pueden caducar, cabría esperar un vacío emocional que se incrusta como una gran sombra vital que no permite ver y apoyarse en la Luz. No se trata de no tener cosas sino de usar bien lo que se tiene. Tampoco se trata de despreciar el bienestar sino de priorizar la felicidad a pesar de lo que pueda incomodarnos en la vida. Y, mucho menos, de vivir al margen del mundo sino abrazar al mundo para ver más allá de lo físico y sensible. Porque, efectivamente, según las palabras dichas por Jesús en este texto: donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón. Esta es la clave de la existencia humana y de la felicidad: ser conscientes de cuál es nuestro tesoro, lo que consideramos más valioso porque el corazón va a habitar ahí.  La propuesta evangélica no se refiere al corazón afectivo sino al corazón existencial, ese centro vital desde donde fluyen las hondas e-mociones y dinamismos de la vida auténtica. El corazón es una potencia interior que es capaz de traslucir la vida divina desde la fuente hacia el exterior. Jesús le dedicó una Bienaventuranza, una pieza clave para comprender este espacio de Dios: “Dichosos los que tienen un corazón limpio porque verán a Dios”, según recoge el texto de Mateo.

Continúa el discurso de Jesús con una invitación a estar preparados; ¿Preparados para qué o para quién? Podría interpretarse como una actitud por si nos sorprende la muerte. Quizá se refiera, también, a estar preparados para cuando nos llegue ese momento de consciencia en el que toda nuestra vida se vuelve coherente, clara, fuerte, amarrada en la luz y en la potencialidad de Dios, además de sentirnos seres únicos y necesarios en este mundo. Estar preparados para vivir desde lo esencial, estar preparados para dejar de estar sometidos a las realidades temporales y mirar el misterio humano desde la dignidad que somos y tenemos. Ser como el criado fiel y prudente de la parábola supone ser conscientes de todo cuanto recibimos en cada momento para repartir las raciones a su tiempo; las raciones de justicia, igualdad, paz, perdón, generosidad, esperanza; en definitiva, una mirada nueva e inclusiva a todo aquello y aquellos y aquellas que son diferentes o que puedan cuestionar nuestras creencias y patrones mentales, amenazar a nuestro ego y/o desestabilizar nuestra zona de confort y nuestro estatus.

Parece que los discípulos no comprenden bien toda esta lección y Pedro pregunta a quién va dirigido este mensaje. Un mensaje tan directo les haría muy responsables de vivirlo y aún no han soltado el lastre de la mentalidad judía; una visión en la que la salvación es un premio y no una gestión del acto creador en cada ser humano como podemos interpretar en las palabras de Jesús: os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Esa salvación que ya está en cada ser creado y que somos responsables de encarnarla en lo concreto de la vida.

Concluye el texto con una convicción profunda de Jesús: a quien se le dio mucho, se le podrá exigir mucho; y a quien se le confió mucho, se le podrá pedir más. Quienes somos conscientes de esta revelación somos responsables de aprender a negociar estas luces y tesoros interiores para que el Reinado de Dios, la nueva Humanidad en palabras de Pablo, no sea una quimera, una utopía, una ideología, algo que vendrá, sino nuestro presente arraigados en lo que somos y en el Dios que nos va sosteniendo en cada momento de la vida.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Un tesoro inagotable

domingo, 11 de agosto de 2019
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4822_sun_heart_autumn_leaf_39379Domingo XIX del Tiempo Ordinario

11 agosto 2019

Lc 12, 32-48

Los sabios han utilizado la metáfora del tesoro escondido para aludir a la comprensión –hallazgo– de nuestra verdadera identidad. Han hablado también de la urgencia de despertar del sueño en el que estamos dormidos y de recordar nuestra verdad olvidada.

Sueño y olvido son la causa de nuestra ignorancia y la fuente de todo sufrimiento. Porque nos introducen en una consciencia de separatividad, en la que tomamos como realidad lo que solo es una representación mental, olvidando Aquello –lo único realmente real– que lo sostiene y de donde está brotando.

Es algo equivalente a mirar las imágenes de una película olvidando o ignorando la pantalla en la que aparecen. Fascinados por las imágenes con las que nos hemos identificado, olvidamos que todas ellas son solo formas pasajeras y que lo único permanente y estable es la pantalla en la que se muestran.

“Nuestro nacimiento no es sino un sueño y un olvido”, afirmaba el poeta William Wordsworth. Y ahí seguimos, dormidos y olvidados, perdidos en la creencia de la separación y encapsulados en la creencia del yo separado.

La sabiduría es una llamada a comprender. No a pensar –el pensamiento no podrá conducirnos a la comprensión–, sino a indagar qué es Aquello que en nosotros es consciente, Aquello –lo único– que no es un objeto más dentro del mundo de la representación.

Solo comprender despierta. Una comprensión que no es conceptual, sino vivencial, experiencial, y que es fruto de la indagación directa. Ella nos introducirá en un camino de desapropiación –“vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder”–porque hemos comprendido que somos “un tesoro inagotable, adonde no se acercan los ladrones no roe la polilla”.

Esto es lo que somos, Plenitud a la que nada le falta, como cantaba Teresa de Jesús: “Quien a Dios tiene, nada le falta; solo Dios basta”. Sabiendo que Dios no es un Ente separado que nos completaría desde fuera, sino el estado de presencia que constituye nuestra identidad.

Entre tanto, la Vida seguirá siendo maestra que intentará por todos los medios enseñarnos lo que somos, recurriendo incluso a experiencias de crisis que, en algún momento, consigan sacarnos de nuestra creencia errónea de separación e iluminen la comprensión de que somos uno con ella. Ahí radica todo el aprendizaje: no eres un yo separado que tiene vida, sino la Vida misma que se está experimentando temporalmente en esa forma o persona.

No te extrañes que, de pronto, la vida te detenga y te “siente” porque quiere hablarte y no le habías hecho caso. Y te hablará. Te recordará cosas que tal vez habías olvidado. Y te abrazará. Y en ese abrazo te dirá que solo has venido a vivir. No a pelear, ni a ganar, ni a saldar ninguna deuda. Solo a vivir.

¿Vivo en el sueño de la ignorancia o crezco en comprensión?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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