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La Iglesia de algunos obispos y cardenales ni divierte ni convierte

Domingo, 18 de agosto de 2019

untitledDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. El cristianismo de Jesús es frontal

El evangelio que acabamos de escuchar es un conjunto de sentencias recopiladas por San Lucas desde la memoria de Jesús para los  primeros tiempos de la comunidad cristiana.

Es un evangelio desconcertante, al menos a primera vista. Que Jesús diga que ha venido a traer fuego, que no ha venido a traer la paz, sino la división, etc. nos resulta desconcertante.

  1. Fuego.

En la tradición bíblica fuego puede significar tres realidades:

  1. Crisis, juicio. (Lc 3, 16-17: el juicio que anuncia Juan Bautista).
  2. El Espíritu de Jesús en la Iglesia. (HH 2,1-13: Pentecostés). Es como una fuerza vital que impulsa al ser humano
  3. El fuego de la persecución que el cristianismo iba a desencadenar contra la Iglesia por parte del mundo judío y del mundo romano.

En cualquiera de los tres casos significa que el Espíritu del evangelio de Jesús no es algo anodino, sino que tiene fuerza, provoca un juicio profundo al esquema religioso judío y a todo esquema religioso. Ese juicio profundo, ese poner en tela de juicio los esquemas puede acarrear persecución y un bautismo de sangre, que comenzó ya con Jesús y continúa cuando Ellacuría o los misioneros asesinados en un país de misión -o no misión- por amar y defender la verdad y el evangelio.

Al hilo de esta consideración, da la impresión de que el cristianismo que anunciamos hoy en día en muchas diócesis ya no produce ningún efecto ni reacción. Probablemente nuestro cristianismo está muy aguado si no se ha convertido en una cuestión inmobiliaria. El cristianismo es ya una cuestión doctrinaria, pero no vital.

Entre la nobleza frontal de Cristo y los contenidos y modos en que ha caído la Iglesia, sobre todo la europea e hispana, hay diferencias abismales. No es menos cierto, que en estos momentos las cosas van cambiando, al menos con el papa Francisco, y parece haber una voluntad de ir arrinconando protocolos, de sanear curias, IOR, costumbres y carrerismos

Pero el cristianismo que circula en nuestros ámbitos, al menos diocesanos y de muchas otras diócesis hispanas, ya no causa reacción, no es significativo. Esta Iglesia ni divierte ni convierte. Robinson (obispo anglicano) en su libro Sincero para con Dios, decía que el cristianismo había terminado por ser la “guinda del pastel” que no vale, no es lo más mínimo relevante para nuestras vidas, para nuestra sociedad, los problemas socio.políticos. ¿La Iglesia española, la iglesia vasca “juega” algún papel mínimamente relevante en el momento político actual?: en la crisis, en la pacificación de nuestro pueblo, etc. Nuestra fe está domesticada.  Lo más triste es que la sal se ha vuelto insípida.

El mensaje de Cristo no trae una falsa paz. El cristianismo no es neutro, pues porque no todo da igual, ni se puede vivir en un falso irenismo, una falsa paz.

Incluso pareciera que en la Iglesia ya no tenemos ni criterios. Cuando una persona piensa y desde el evangelio y la verdad defiende noblemente su pensamiento, ese tal es de admirar. Cuando un Obispo, un teólogo es criticado por defender noblemente sus posiciones cristianas, esa es una postura evangélica, aunque no posea la verdad absoluta o incluso tengan aspectos criticables.

Ojalá si el cristianismo, la Iglesia prendiera fuego, causara crisis, cuestionara y removiera los fondos de nuestra antropología racial, de nuestra comodidad capitalista, de una iglesia atrincherada.

  1. Nos hacen falta tres cualidades: lucidez, bondad diálogo.

Lucidez.

Hemos de ser conscientes y lúcidos en la vida. Padres, profesores, catequistas, médicos, psicólogos, políticos, teólogos, personas con responsabilidad en la Iglesia, etc. Hemos de ser conscientes y lúcidos: vivir con las lámparas encendidas.

Esta lucidez no se le puede pedir a una entidad bancaria capitalista, ni a un partido, ni a un funcionario del obispado, pero sí a una mujer y un hombre que amen la verdad para ser penetrantes para ver y analizar los momentos, los problemas, los valores, las situaciones para caminar hacia la verdad.

Diálogo.

La segunda actitud es la de diálogo. El diálogo es siempre difícil y lento, pero es educativo y realizador.

El fanático es un bastión pulsional de “su” verdad, y defiende ese fortín agrediendo a cañonazos a todo el que tenga otra visión de la vida, de la nación, de la economía, de la teología o de la cultura, de la religión o de la parroquia. Todos nos damos cuenta de que  las dictaduras y fanatismos crean más problemas de los que resuelven y, además, hacen daño.

La vida es plural y compleja, no es uniforme. Las personas, los pueblos y las iglesias somos diversos: blancos y negros, de una cultura y otra, hombres y mujeres, con unos valores y otros, diversas tradiciones cristianas y religiosas. En la vida pueden darse muchas opciones plurales, válidas y respetables. Uno se abre a la vida desde su pertenencia a un pueblo, otro desde su pertenencia a una clase social. Y son posturas válidas. Uno puede sentirse centrado en el pensamiento cristiano y otro no. Unos seguimos una tradición cristiana, teológica: el Vaticano II, otros siguen otras tradiciones, pero no nos impongan una, la que ustedes creen que es la verdad absoluta.

Los fascismos ciertamente tienen una mística, ejercen un gran atractivo de orden, disciplina, en las dictaduras hay orden, “no pasada nada, etc…”. Pero los totalitarismos políticos y eclesiásticos crean y dejan más problemas de los que resuelven.

Hace unos días, el viernes 9 de agosto, el papa Francisco decía en una entrevista al periódico italiana La Stampa y refiriéndose a Salvini, ministro del interior de Italia, decía que: Estoy preocupado porque escuchamos discursos que se parecen a los de Hitler en 1934. Y esos discursos se escuchan también en ámbitos eclesiásticos.

La vida es plural y diversa y hemos de saber acogerla y acogernos y dialogar, que no es lo mismo que simplemente hablar. Dialogar significa que fluya la sensatez, el logos, la voluntad de entendimiento. Y en todo caso, hemos de pensar y respetar.

Se trata de ser oteadores del horizonte de la Verdad y de la Esperanza: como el padre del hijo pródigo, salgamos todos los días a las colinas de la verde esperanza por si entre todos vamos haciendo caminos para todos, caminos que nos lleven a una unidad respetuosa y plural.

Bondad

         Hace bien ver y escuchar cómo el actual obispo de Roma, Francisco, en casi todas sus homilías, catequesis del “ángelus”, discursos, hace alusión a la bondad y misericordia de Dios. A la Iglesia católica casi se le había olvidado que Dios es bueno. La perfección de Dios es la misericordia, no la tiranía.

         Una verdad defendida “a palo y tente tieso” hace más daño que bien. No se puede, no es sano restregar la verdad por la cara. Decía Benedicto: Caritas in veritate: caridad y bondad en la verdad. Una verdad utilizada sin bondad es una bofetada

  1. Conclusión

Algo de todo esto es el fuego, la crisis y el Espíritu que Cristo ha venido a poner en la tierra y ojala estuviera ya ardiendo: lucidez, diálogo y bondad.

 

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