Dom 30.1.22: A fin de despeñarle (Lc 4, 21-30). Del linchamiento «frustrado» de Jesús al «deseado» de Francisco
Del blog de Xabier Pikaza:
He iniciado el tema el domingo pasado (23.1.22), evocando la controversia de Jesús en Nazaret. Lo he retomado el 25.1.22, mostrando el rechazo de Pablo entre su gente. Desde ese fondo comparo aquí el linchamiento «fracasado» de Jesús en Nazaret con el de Francisco («deseado» por algunos en el Vaticano). conforme al tema del evangelio del próximo domingo
Los judíos «establecidos» de Nazaret intentaron despeñar a Jesús conforme a un «ley»bien establecida y estudiada de linchamiento. Todos hablan de gentes del entorno vaticano que quieren linchar a Jesús, a través de una campaña, también bien conocida, de desprestigio y condena mediática.
Ciertamente, la comparación no se puede establecer de forma simplista. Ni Francisco es Jesús. Ni los del Vaticano son los nazarenos que quisieron linchar a Jesús, todos a una, despeñándole desde desde la cresta de su monte. Pero las semejanzas son muchas, como podrá seguir viendo el lector.
Es extraño que los exegetas no hayamos destacado más el lichamiento nazareno de Jesús por despeñamiento, comparándolo con el Jn 10, 31-42, por lapidación. En esto han sido más agudos algunos antropólogos, como R. Girard, que han visto aquí la clave del destino de Jesús.
Quizá el hecho no haya sido histórico, en el sentido positivista del término, pero lo es en el sentido más profundo, como seguiré indicando. Sus «sombras» se alargan hasta el linchamiento mediático de algunos en contra del Papa Francisco. Está en el fondo el tema de que los profetas no son bien recibido en su tierra, con la afirmación convergente de que todos los profetas han sido asesinados.
| X Pikaza Ibarrondo
Controversia y crisis profética (Lc 1, 21- 30)
A Jesús no le mataron en Nazaret, pero su “causa de muerte” siguió pendiente y lo harán en Jerusalén. A Francisco no le han matado ni expulsado del papado,, pero muchos quisieran hacerlo (al menos de un modo simbólico, sin lapidación por linchamiento).
Al fondo de este motivo, esgrime y formula Jesús un eslogan sorprendente: Un profeta no es bien recibido entre su gente y en su tierra. Un eslogan ampliado en una formulación que aparecen en muchos textos judíos y cristianos: Los judíos antiguos mataron a (casi todos) los profetas.
(a) Si Jesús hubiera sido defensor de los intereses del sistema no sería profeta, sino ideólogo al servicio de unos “privilegiados”.
(b) Un verdadero profeta, tiene que defender a todos los pobres (de fuera y dentro de Israel, por encima del sistema); lógicamente, los que viven y medran por su servicio al sistema tienen que “perseguirle” a muerte, pues son peligros peligro para ellos.
(c) En ese fondo se cita la tesis judía de los antiguos «deuteronomistas» (desde el siglo VI a.C. en adelante) según la cual vuestros (nuestros) padres mataron a los profetas. En en fondo, muchos judíos como Jesús pensaban que sus antepasados habían matado a los profetas, es decir, que ser profeta implica un fuerte riesgo de muerte.
Sigan leyendo estas reflexiones quienes quieran plantear el tema desde el evangelio de Lucas.
Texto (Lc 4, 21-30)
Jesús comenzó a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. «Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Pero decían: «¿No es éste el hijo de José?». Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.»
Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarle. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
Difícilmente se podrían haber condensado mejor los momentos de la acción liberadora universal de Jesús, que supera las fronteras “nacionales” de un tipo de judaísmo o iglesia y sistema, y el proyecto de Jesús que se abre a todos, de un modo especial a los extranjeros, como siguen mostrando proféticamente sus palabras, desde la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo, que ofrecieron su ayuda a enfermos extranjeros.
De un modo consecuente, en vez de alegrarse por ello y de tomar las acciones liberadoras de Elías y Eliseo como modelo de la apertura universal de Jesús (que acoge y ofrece salvación a los de fuera: Enfermos e “impuros” sexuales y sociales), sus paisanos de Nazaret le expulsan y quieren asesinarle, conforme a una ley de linchamiento colectivo (cf. Lc 4, 20-29).
No pueden aceptar que Dios cure (trasforme) por igual a nacionales y extraños: no quieren libertad para todos, ni evangelio para aquellos que, a su juicio, no lo merecen (como son los encarcelados y extraños, los oprimidos y “extranjeros” sociales y sexuales). Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y escandalosa actualidad. Es evidente que a los buenos nazarenos del judaísmo establecido les extraña y escandaliza la actitud de Jesús, lo mismo que extraña y escandaliza a muchos hombres del sistema “social” y sacral de la Iglesia la “tímida” pero evidente apertura universal del Papa Francisco.
También a muchos nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos, para los buenos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen al sistema del “buen capitalismo” (como dicen otros). Así añadimos que las “divisiones” y fronteras siguen siendo para defender el buen sistema de los “nazarenos” (de una iglesia y sociedad establecida frente al riesgo los de otros grupos sociales y raciales, sexuales y culturales, empezando incluso por las mujeres.
Pues bien, en contra de eso, este pasaje de Jesús (con la actitud inicial del Papa Francisco) empieza mostrando que, para ser verdadera, la libertad ha de ser universal, abriendo estructuras de comunicación y vida, de acogida y de misión salvadora para todos, sin cerrarse en una iglesia propia del sistema establecido. Si Jesús quiere ser de verdad profeta no puede ser bien recibido por su “pueblo”. Desde aquí ha de entenderse la continuación del pasaje.
Todos daban testimonio sobre ély estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca. Y (pero) decían: –¿No es este el hijo de José? (Lc 4, 22)
Los nazarenos parecen admirarse por las palabras de gracia que Jesús ha proclamado, como empiezan haciendo muchos hombres del sistema de la Iglesia, en especial entre sus clérigos del “orden vaticano”. Pero pronto descubrimos que esa admiración esconde una condena. Admiran a Jesús, pero le rechazan. Admiran a Francisco, pero les molesta su actitud abierta a todos, en contra del sistema.
Ciertamente, los nazarenos (judíos del sistema) aceptaban entonces y siguen aceptando ahora la palabras de gracia (logoi tês kharitos) de Jesús; pero les parece esas palabras y esa gracia sólo valen para ellos, no para los de fuera, los paganos del tiempo de Elías y Eliseo, los enfermos e impuros del mensaje de Jesús, los emigrantes y exilados, los homosexuales y excluidos del sistema a quienes quiere dirigirse hoy Francisco.
Es fácil amar a los demás y perdonar, siempre que ello no ponga en riesgo los privilegios del sistema nazareno o vaticano. En esa línea, los nazarenos del tiempo de Jesús descubren que las palabras de gracia de Jesús (gracia que él ofrece a todos) se vuelven amenazadoras para ellos, pues les hacen perder sus privilegios, ya que ahora todos son privilegiados.
Una aceptación sesgada de Jesús y los profetas
En esa línea, los nazarenos preguntan con admiración: «¿No es ese el hijo de José?». Ciertamente, saben que es hijo de José (en plano legal, nacional). Por eso, su pregunta no es para que respondamos «sí» y de esa manera ratifiquemos el origen familiar de Jesús, sino para que le distingamos de José, que a los ojos de esos nazarenos tenía que haber sido un buen “luchador” nacional, un partidario de la separación entre los “buenos” israelitas legales y los malos extranjeros. Por eso, la pregunta puede sonar de esta manera: «¿Cómo siendo hijo de José puede este Jesús comportarse como hace?».
Jesús inicia un camino de apertura universal que le separa de los buenos “nazarenos”, que quieren «capitalizar» la gracia de Dios sea para ellos. mientras que y la justicia o venganza de Dios caiga sobre los de fuera.
En este contexto se sitúa el refrán de Jesús que les responde diciendo, «un profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24), porque el profeta, si lo es de verdad, debe proclamar la gracia de Dios para todos (rompiendo así el monopolio de los nazarenos legales y de unos “fieles del sistema vaticano”, que parecen colocarse por encima del evangelio). Por eso, en general, los profetas verdaderos han sido y son asesinados, como seguían diciendo muchísimos judíos (y cristianos) desde el siglo VI a.C. en adelante. Leer más…
Del blog 


(Lc 4, 14-30)
Domingo IV del Tiempo Ordinario
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
El programa inclusivo de Jesús

El significado de la realidad de una epifanía, puede ser muy amplio. En la literatura, una escritora como Clarice Lispector, escribe muchos de sus cuentos alrededor de pequeñas o mayores epifanías que se cuelan en nuestros caminos cotidianos, transformando la vida o al menos llamando a esa transformación. El diccionario define la palabra como: manifestación, aparición o revelación… Manifestación, revelación ¿de qué o de quién? ¿Cómo ocurre, cuándo ocurre? ¿Ante quién se produce?
Fran Rossi Szpylczyn
Autorretrato del Padre William Hart McNichols
Uno de los rasgos más escandalosos e insoportables de la conducta de Jesús es su defensa decidida de los pobres. Una y otra vez, los cristianos tratamos de escamotear algo que es esencial en su actuación.
Leído en Koinonia:
Del blog de Xabier Pikaza:
Del blog 
DOMINGO III (C)

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