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El llevar a los demás el Evangelio es connatural a vivirlo.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º (C)

Lc 10,1-12; 17-20

En el relato se puede apreciar que se trata de un claro reflejo a lo que se practicaba en las primeras comunidades. En ningún evangelio se percibe un grado de organización suficientemente sólida como para llevar a cabo una programación como esta. Por otra parte, los seguidores de Jesús no se enteraron de nada hasta la experiencia pascual.

De todas formas, las recomendaciones son una mina para conocer la estructura de las primeras misiones comunitarias. “De dos en dos, porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el amor exige por lo menos dos para ser vivido y proclamado.

Poneos en camino”. La itinerancia es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar la buena noticia. El anuncio no se puede hacer sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas del mensaje.

Os mando como ovejas en medio de lobos”. Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Esa oposición no impidió el desarrollo de la misión de predicar.

Ni talega ni alforja ni sandalias”. La pobreza es signo del abandono de toda seguridad. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. Tenemos obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

No os detengáis a saludar a nadie por el camino”. No se trata de negar el saludo a nadie. En aquella cultura, el saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar.

Decid primero: ¡Paz! Nuestro concepto de paz no expresa lo esencial. “Salom” no significaba ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno.

Comed y bebed de lo que tengan”. Lo más difícil es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes. Muchos intentos de evangelizar han fracasado por no tener esto en cuenta.

Curad. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal. Curar en este contexto, significa ayudar a un ser humano alcanzar su plenitud. Curar significa alejar de un ser humano de todo lo que le impide ser él. Las mayores carencias no son materiales.

El Reino está cerca”. Ni teología, ni apologética, ni ideología. Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo. El que proclama el Reino de Dios, tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio. No debe exigir nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El sueño de Dios

domingo, 6 de julio de 2025
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Lc 10, 1-20

«El Señor designó a otros 72 y los mandó por delante»

Decía José Enrique Ruiz de Galarreta, que «el sueño de Dios no puede ser la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino que es toda la creación, realizada y perfecta, lo que constituye el sueño de Dios; su proyecto; el Reino». Consecuente con esa idea, José Enrique definía la humanidad en los siguientes términos: «Una comunidad de Hijos queridos por Dios que sólo amándose como hermanos podrá realizarse».

Si concebimos así la historia –como proyecto de Dios– podremos entender dos aspectos cruciales para nuestra vida. El primero, que caminamos hacia esa plenitud individual y colectiva que constituye el Reino, es decir, hacia un mundo libre de las pasiones que lo deshumanizan.

El segundo, que los protagonistas de la última etapa del camino somos nosotros; que Dios ha confiado en nosotros, ha puesto en nuestras manos su proyecto y nos ha dotado de tal grado de inteligencia y de libertad, que tenemos de hecho la capacidad de culminarlo… o malograrlo; de tomar el camino que lleva a la meta… o tomar otro y vernos condenados a vagar por la historia desorientados y sin llegar a ninguna parte.

Y esta disyuntiva es la que nos lleva a Jesús, pues Jesús se sintió enviado por Dios para marcar el rumbo de la humanidad –el Reino–, y porque a su muerte nos envió a nosotros por el mundo para completar su obra: «Como Dios me envió, así os envío yo a vosotros»

Los cristianos somos, por tanto, enviados por Jesús con su misma misión, y nuestra seña de identidad por excelencia es el compromiso con la misión; es decir, con esa tarea apasionante y descomunal de poner nuestro grano de arena en el logro de la plena realización humana.

Creemos, por tanto, que la humanidad tiene un destino, pero también creemos que tiene una gran propensión a equivocarse y necesita buenos guías que le muestren el camino para no perderse; para salvarse del desastre. Desde nuestra perspectiva, los criterios de Jesús son cauce de salvación, aunque no pensamos que esos criterios sean exclusivos de los cristianos, sino que están presentes en muchas personas, religiones y filosofías ajenas a él que las convierte en agentes de salvación.

La diferencia está en que entre los seguidores de Jesús (los que verdaderamente le siguen), estos criterios se convierten en la esencia de todo, en la propia razón de su existencia; en su norma de vida; en el sentido de su vida.

Pero hay varias formas de entender a Jesús; muchas de ellas válidas y la mayoría insuficientes. Unos lo conciben como gran maestro de sabiduría al igual que tantos que ha habido en el mundo, otros, como portador de unos criterios que propician una sociedad más justa e igualitaria, otros, como encarnación de Dios que se hace hombre para abrirnos las puertas de la vida eterna… Otros, finalmente, como el camino a seguir para que el proyecto de Dios, el Reino de Dios, llegue a hacerse realidad: «Yo soy el camino…»

Es probable que conozcan la leyenda de aquel maestro de obra que en plena Edad Media visitaba la sección de cantería en el solar donde se estaba construyendo una catedral. Dice la leyenda que se acercó a uno de los canteros, y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?», y él le respondió: «Estoy tallando este bloque de mármol». Le hizo la misma pregunta a un segundo cantero, y éste le dijo: «Estoy fabricando un capitel». Siguió su camino, y ante la misma pregunta un tercer cantero le respondió: «Estoy construyendo una catedral»… Los tres estaban haciendo lo mismo, pero con una perspectiva y una motivación muy diferentes.

Nuestra catedral es la humanidad y nuestro compromiso llevarla a buen puerto al estilo de Jesús; como la semilla, como la levadura, siendo sal, siendo luz… siendo conscientes de que no estamos tallando un bloque de mármol; que estamos construyendo una catedral; la catedral definitiva.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Si

Fuente Fe Adulta

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Paz a esta casa.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º T.O. (C)

(Lc 10,1-12.17-20)

El binomio bíblico y cristiano más genuino es el de Profeta-rey. En ese sentido, rey es sinónimo de poder económico, ideológico y político. Profeta es quien pronuncia la palabra de perfección en el amor y quien denuncia la manipulación e injusticia del poder, es decir, del rey, del poderoso, del opresor. El/la profeta de Yavé Dios no denuncia ni anuncia desde sí mismo/a, aunque también corre el peligro de hacerlo, sino desde la experiencia del dolor, de la pobreza del pueblo (porque pertenece al pueblo) y desde las exigencias de la justicia que Dios quiere. El/la profeta clama contra el opresor, contra el poderoso, porque no se siente o no quiere sentirse culpable de su ignominia, de sus infamias; le pone al descubierto de su falsedad, de sus argucias, de sus embustes, pero también despierta en los oprimidos, en los dominados, la conciencia de liberación para evitar callejones sin salida, para abrir las puertas que les encierran en sus propios miedos, para acoger y confiar en la Ruah Divina que todo lo llena, todo lo impulsa.

Es posible salir de ese binomio paralizante Profeta-rey si abandonamos el poder opresor, el dominio de unos sobre otros mediante la conversión y la reconciliación. Es lo que simboliza el número 72 que, según la tradición judía, (¡ojalá lo tuvieran en cuenta los genocidas, los corruptos!) corresponde al número de pueblos esparcidos por toda la tierra. ‘Poneos en camino’. ‘La mies es abundante y los obreros pocos’.

La misión es universal. Los/as misioneros/as deben ir de dos en dos, es decir, toda la comunidad cristiana es sinodal, misionera, al servicio de la evangelización de la sociedad, sin triunfalismos, sin etiquetas, con medios pobres, humildes, ‘sin alforja ni sandalias’, en medio de dificultades, en un mundo lacerado por el dolor, la guerra, la pobreza, los egoísmos.

Cuando entréis a una casa decid primero: ‘Paz a esta casa’ y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz”. La casa común, la madre tierra, la creación que se nos regaló para cuidarla, amarla, protegerla de depredadores sin escrúpulos, enviados como corderos en medio de lobos y ‘no os detengáis a saludar a nadie por el camino’; que nada ni nadie os enrede, os desvíe de vuestro propósito, de renunciar a una vida con sentido… La misión es urgente y su contenido lleva siempre un mensaje de paz que proviene del Abbá Dios, de su Palabra. Es, además, una tarea responsabilidad de todos los bautizados, no de ‘sabios ni ricos’.

En la primera lectura Isaías nos recuerda que un insignificante pueblo de repatriados, una comunidad mermada, humillada, escucha de su profeta una palabra de aliento, de esperanza (Is 66,10-14c). El simbolismo del amor filial y maternal habla de Dios, anuncia paz, ensancha la esperanza, aun estando crucificada, y hace sentir una presencia de salvación. En Gaza, Ucrania, Sudán del sur, Haití, Congo, Yemen… pero también en la división entre iguales, entre ciudadanos enfrentados por intereses mezquinos de los dirigentes… se descubre una presencia fuerte y auténtica: ‘Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones’. Esperar, a pesar del horror, una paz que termine con la inhumanidad de sembrar el odio y la muerte.

Con el Papa Francisco la Iglesia se proclama a sí misma como sinodal, en perspectiva misionera y de comunión, poniendo en el centro de su ser la evangelización. En otras palabras, la misión de la Iglesia es la evangelización viviendo la comunión juntos, en sinodalidad. Para ello hay que volver a los orígenes y replantear la estructura ministerial en la Iglesia, de modo que no exista una diferencia perpetuada hasta el concilio vaticano II en la Lumen Gentium cuando afirma que, entre el sacerdocio universal de los fieles y el sacerdocio ministerial «existe una diferencia esencial y no solo de grado», es decir, presupone que existen dos órdenes ontológicos separados [1]: bautizados en un orden inferior y ordenados en el superior.

El evangelio incide precisamente en que es la comunidad el centro de la vida eclesial y no al revés, situando el ministerio en el lugar que le corresponde, el del servicio. ‘Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y proclamad: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios”. El aparato estructural no puede nunca ahogar la espontaneidad del Espíritu.

Sinodalidad es un nuevo Pentecostés que derribó barreras (lenguas, culturas, jerarquías religiosas judías), capacitó a todos para profetizar y convirtió un grupo de personas vulnerables y temerosas en una comunidad de amor y misionera.

Pentecostés es el Espíritu de Dios que nos humaniza, que ‘sacramentaliza’ el cuerpo de los pobres para amar a Dios, es el Espíritu que irrumpe para desacralizar la religión del poder y encarnar la Gracia en lo humano, desde los bienaventurados descartados y los samaritanos misericordiosos.

El clericalismo se resiste porque Pentecostés fue siempre subversivo frente al poder religioso establecido… Jesús no vino para fundar una religión ni para cambiar un clericalismo por otro, que es lo que hacen las ideologías políticas, incluso las eclesiásticas, cuando llegan al poder.

La sinodalidad desafía el «control sacralizado» del clericalismo, desmontando toda una estructura de ritos, lenguaje y sumisión que oculta los abusos de poder, de conciencia, económico y sexual. El clericalismo es una idolatría que, en lugar de liberar lo humano para lo trascendente, lo somete a la inmanencia de un clero que se cree superior al Pueblo de Dios [2].

Como comunidad de los/as seguidores de Jesús somos llamados/as a liberar, a ser Gracia y don para los demás. Nuestro compromiso se juega en la lucha pacífica por instaurar la paz y la bondad a nuestro alrededor.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

[1] B. Pérez Andreo, teólogo. “Si la curia es un cáncer hay que extirparlo, no reformarlo”.

[2] G. J. Kowalski, teólogo por la UCA. Argentina.

Fuente Fe Adulta

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La verdadera alegría.

domingo, 6 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 6 julio 2025

Lc 10, 1-12. 17-20

En la conclusión de un relato nacido en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, que trataba de regular la forma de vida y de acción de los misioneros itinerantes, se ha colado un dicho de profunda sabiduría acerca de la alegría incondicionada.

Mientras los discípulos vuelven alegres por lo que han conseguido -un poder que somete incluso a los demonios-, Jesús les muestra que el motivo real de la auténtica alegría no tiene que ver con lo que se hace, lo que se tiene, lo que se logra o consigue. La alegría incondicionada no es un estado de ánimo que se halla a merced de las circunstancias o acontecimientos, sino un estado de ser que, como tal, permanece estable e inalterado.

En cuanto estado de ánimo, la alegría (con minúscula) se alterna con la tristeza. Y ambos tienen su lugar y su razón de ser dentro del abanico de los sentimientos humanos. Así los reconocemos, los acogemos y los gestionamos de la manera más constructiva.

Pero aquí se habla de la Alegría (con mayúscula), aquella que constituye nada menos que nuestra identidad más profunda. En el texto se recurre a una expresión acorde con el contexto religioso teísta y mítico: vuestros nombres están inscritos en el cielo.

En las culturas antiguas, el nombre equivalía a la identidad. Por tanto, la afirmación evangélica podría “traducirse” de este modo: estad alegres porque vuestra identidad es eterna. Sea lo que sea que suceda u os ocurra, lo que sois se halla siempre a salvo. Tal comprensión nos hace ver que la auténtica Alegría no requiere ninguna condición: somos Alegría.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La paz no es ausencia de guerra, sino un estado de gracia

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Con la que está cayendo, bueno será que hoy pensemos y oremos un poco por la paz.

Las dos lecturas de hoy: Haré llegar como un río la paz, (Isaías), Llevad la paz por las casas (Evangelio) pueden ayudarnos a pensar, a desearnos y orar por la paz personal, socio-política, eclesial.

01.- Shalom: Paz de Jesús.

Jesús, como buen judío, saludaba con la paz: «shalom«. Deseaba la paz. Todavía hoy los judíos se saludan con la paz: «shalom«. Pero cuando un judío saluda a otro con la paz no le desea sólo que no hagan la guerra. Paz significa algo más que ausencia de guerra.

        Por otra parte, y al mismo tiempo, Jesús desea y siembra la paz. Desde el nacimiento de Jesús amanece la paz. Los pastores escuchan en la noche de Belén: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra: paz.

Jesús confiere salud, paz. A los enfermos les manda en paz: vete en paz. Hoy hemos escuchado cómo Jesús envía a los suyos a transmitir paz: paz a esta casa. Cuando Jesús se hace presente en el desilusionado grupo de creyentes les confiere paz: paz a vosotros. (Jn 20,26). Jesús nos deja su paz: la paz os dejo, mi paz os doy, (Jn 14,20)

02.- ¿Qué paz?

Shalom, la paz de Jesús  no es sólo la mera ausencia de guerra. La paz tampoco es una “victoria”. (La otra cara de la moneda de una victoria es una derrota).

La paz o dejo mi paz os doy, pero no como la da el mundo, (Jn 14,27)

Podríamos decir que vivir en paz es vivir en serenidad y armonía integrando y “poniendo en su sitio y orden” las dimensiones personales y sociales: la libertad, la economía, la etnia, la patria, los bienes, el placer.

Al mismo tiempo la paz brota cuando asumimos las limitaciones personales, la o las enfermedades, incluso la muerte.

03.- La paz: hermosa y difícil tarea.

La paz siempre ha sido y es una tarea difícil. También hoy en día apenas vivimos en paz personal y social. Vivimos permanentemente agitados, en ocasiones en una honda ansiedad, frustrados, decepcionados, en guerra, en conflictos económicos…

Y vivimos así porque nuestra armonía interior se ha desorganizado, porque perseguimos valores y realidades que no son tan importantes como parecen y en cuya consecución estamos dejando, hecha girones parte de nuestra vida interior, esa vida interior que nos equilibra, que nos hace dominar los acontecimientos en lugar de ser vapuleado por ellos.

La ausencia de paz es el resultado y consecuencia de la pérdida de la paz personal.

Si lo más importante en la vida es ser rico (el dinero), la grandeza de la patria norteamericana, rusa, vasca, española o la que fuere… es muy difícil que vivamos en paz personal, social, incluso eclesiástica como estamos viendo estas semanas en el episcopado español.

Nos alejamos de la paz por los criterios que barajamos en la vida.

La ansiedad, la falta de paz, la guerra comienzan en los criterios que empleamos en la vida y transmitimos en la familia, en los parlamentos, en la Iglesia en las aulas, en los medios de comunicación.

Yo no soy político ni entiendo mucho de política ni debo entrar en política partidista, ¿pero en qué cabeza cabe que se pretenda la paz aumentando el presupuesto armamentístico?

¿Cómo amanecerá la paz si nuestra máxima aspiración es ser ricos?

¿Cómo viviremos en paz con el racismo y el desprecio hacia el migrante en nuestra mente?

¿Cómo vamos a vivir en paz si la suprema aspiración es el placer?

04.- La paz interior personal en el plano de la conciencia.

No es menos cierto que la Iglesia, la religión ha transmitido miedo y falta de paz. En la Iglesia se ha jugado demasiado con el pecado, la culpabilidad, la condenación, el remordimiento, la angustia, el escrúpulo, el infierno…

Todo esto ha hecho mucho daño y ha minado paz de muchísimas personas.

¡Y hoy en día, en ciertos sectores de la Iglesia actual se pretende volver a esas posturas!

Los dos grandes problemas que pueden quitarnos la paz y causarnos desasosiego: el pecado y la muerte, encuentran paz en JesuCristo.

05.- Hacia la paz: La paz os dejo mi paz os doy.

Resulta entrañable el regalo de Cristo a los suyos: la Paz os dejo, mi paz os doy.

Ante las grandes potencias e intereses del mundo puede parecer una simpleza hablar y vivir en paz serena, en reconciliación, respeto, solidaridad a fondo, sin embargo la paz está ahí y no en los drones, en los aranceles,

La paz será posible cuando dejemos de pensar como valores fundamentales el dinero, el poder, el prestigio y un largo etcétera de posibilidades semejantes.

Quiera Dios que cesen las guerras actuales y todas las guerras. Pero la paz no es sólo ausencia de la guerra, sino un verdadero estado de gracia, de serenidad, construido en lo más profundo del ser humano.

La paz comienza en la mente y en el corazón del ser humano, en la familia, en la escuela y en la universidad, en los parlamentos…

La paz comienza cuando consideramos al otro como un hermano y no como un extranjero o de otra raza, o de otra religión.

La paz os dejo, mi paz os doy. No como la da el mundo.

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“Predicar la Buena Noticia del Reino con constancia y generosidad”, por Consuelo Vélez

domingo, 6 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XIV Domingo del Tiempo Ordinario 6-07-2025

Jesús envía a los setenta y dos porque el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

La mies es mucha pero faltan obreros. Es una llamada actual también para nosotros hoy

Jesús les previene de la dificultad de la misión. Por eso han de ir «ligeros de equipaje«

La alegría ha de ser por haber anunciado el reino, no por hacer cosas extraordinarias

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confia y realizarla con la prontitud que se necesita

 

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo:

+ «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!». Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: ¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca». Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo:

– «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».

Él les dijo:

+ «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»

(Lucas 10, 1-12.17-20).

El evangelio de Lucas nos presenta a Jesús enviando a los Doce a proclamar el Reino de Dios y a curar, en el capítulo nueve. En este capítulo diez, el envío es a setenta y dos, de dos a dos, delante de sí a todas las ciudades donde él había de ir. En los dos pasajes se ven semejanzas, pero también diferencias. En este segundo texto podemos ver una intencionalidad del evangelista: si el anuncio a Israel se confía a los Doce, aquí el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

Otro dato interesante de este pasaje es la referencia a la mies abundante y la falta de obreros. Se necesitan muchos obreros para anunciar la buena noticia del reino. Es un texto vocacional para anunciar Buenas Noticias en un mundo amplio, necesitado de ellas. Para esta predicación Jesús da unas recomendaciones muy concretas. Es una misión que ha de realizarse en medio del conflicto, porque las fuerzas del anti reino están presentes y a eso han de enfrentarse los enviados. El pasaje termina haciendo referencia a la alegría de los discípulos porque “hasta los demonios se les someten” pero Jesús les dice que no debe ser ese el motivo de la alegría, sino el que “sus nombres estén escritos en el cielo”, es decir, por haber cumplido la misión, por ser portadores de la buena noticia, sin enorgullecerse por ello.

Jesús les dice a sus discípulos que no lleven dinero, ni alforja, ni calzado y no se detengan a saludar a nadie. Todo va encaminado a mostrar la prioridad del anuncio sobre todas las distracciones que pueden retrasarlo. También que “no vayan de casa en casa” sino que entren a las ciudades, es decir, les insiste en este ir más allá de los lugares cercanos para que el evangelio se anuncie en las plazas, en todos los lugares posibles. Les advierte de la posibilidad de no ser recibidos a lo que deben responder con la constancia del anuncio en otros lugares. Diríamos, con nuestras palabras, es un anuncio gratuito y quien no lo escucha se pierde la oportunidad. Pero, por parte del discípulo, ha de seguir adelante con la misión encomendada con gratuidad, sin depender de que sea recibida.

A veces se escuchan demasiados lamentos del mundo como alejado de Dios, de los valores, del bien. Y, sin embargo, en el mundo hay muchas búsquedas, muchos deseos positivos, muchos esfuerzos humanos realizando el devenir histórico. En ese horizonte ha de predicarse la buena noticia de manera significativa, actualizada y generosa. Con seguridad muchos más la acogerían si supiéramos anunciarla.

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confía hoy a nosotros y realizarla con la libertad, desprendimiento, amplitud, sencillez y generosidad suficientes de manera que llegue a muchos y nuestro mundo pueda ser, cada vez, un mundo más justo y en paz.

(Foto tomada de: https://paroquiaamparopvh.org.br/noticia/jesus-envia-seus-discipulos-em-missao)

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Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20 -, por Joseba Kamiruaga Mieza.

domingo, 6 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Del miedo al Covid al miedo a la vacuna, del miedo a la crisis económica al miedo a la guerra. Desde hace años, nos alimentamos de miedos.

La crisis económica, cultural y civilizatoria que estamos viviendo pone de relieve algunas cosas que quizá aún no estaban tan claras.

El momento es bastante delicado, los nudos se están deshaciendo. También para la Iglesia. Nuestra Iglesia.

Respiramos cristianismo desde que venimos al mundo, estamos inmersos en testimonios artísticos que remiten continuamente al Evangelio, ¡nos importan tanto nuestras fiestas cristianas!

Todo eso es cierto.

Más o menos.

Pero vivir en una sociedad en la que las referencias histórico-culturales siguen remitiendo al Evangelio no significa ser discípulos de aquel Nazareno que se profesaba Maestro y Señor. Y, al final, esto se ha hecho evidente.

Ciertamente, hay amplias zonas del país en las que las parroquias reúnen a mucha gente y se respira una religiosidad popular fuerte y arraigada. Pero, en cuanto se tocan las cuestiones verdaderas del Evangelio, se produce una huida generalizada.

Nos descubrimos egoístas, victimistas, racistas, rabiosos.

Como escribió hace tiempo el Cardenal Ravasi: es el pensamiento cristiano el que está en minoría, no el cristianismo. No es el cristianismo el que está en crisis, sino la forma histórica que ha adoptado en Occidente y que tiene dificultades para hablar de Dios.

He aquí, pues, la pregunta incómoda: ¿sigue existiendo la Iglesia? ¿Quién es la Iglesia? ¿Qué identifica a los discípulos? 

El gran Lucas nos ayuda en este camino, poniendo de relieve las necesidades del discípulo. 

Desde el punto de vista de Jesús, no desde el nuestro. 

Otra historia

Israel creía que el mundo estaba compuesto por setenta y dos naciones: cada año, en el Templo de Jerusalén, se sacrificaban setenta bueyes para la conversión de las naciones paganas.

Jesús envía a todo el mundo, a las setenta y dos naciones, a sus discípulos.

Jesús no se limita a rezar por su conversión. No se lamenta del rumbo que está tomando la historia, del mal giro de los acontecimientos. Actúa: envía discípulos creíbles para proponer a todos un cambio de vida.

Sin duda, es otra historia.

Y es interesante notar un matiz en algunas nuevas traducciones litúrgicas del texto: no se habla de pocos obreros, sino de pocos que trabajan.

Hay muchos obreros, demasiados: presbíteros, religiosas, religiosos, catequistas, laicos comprometidos. Pero ¿cuántos de nosotros, en realidad, tenemos ese fuego que arde dentro por el deseo de anunciar a Cristo? ¿De vivirlo? ¿De hacerlo presente y accesible? ¿Cuántos de nosotros (yo el primero, que soy el primero de los ignorantes) hemos hecho de las palabras del Evangelio nuestro estilo de vida, de modo que seamos creíbles y se nos crea?

Aunque estuviéramos repletos de presbíteros, religiosos y laicos comprometidos, pero no tuviéramos a nadie que trabajara, no cambiaría mucho… Si, al final, no logramos comunicar el amor que hemos descubierto (que estamos buscando, que nos habita, que nos fascina), nos convertimos solo en funcionarios de lo sagrado.

Anunciar, pues. Y eso es difícil.

Hablar de Jesús a los cristianos, ¡terrible! Ya lo saben todo.

Pero se puede hacer. 

Estilo

Los discípulos son enviados de dos en dos, precediendo al Señor.

No debemos convertir a nadie: es Dios quien convierte, es Él quien habita en los corazones.

A nosotros solo nos corresponde preparar el camino.

Somos enviados en pareja: el anuncio no es una actitud carismática de algún gurú, sino una dimensión de comunidad que se construye, un esfuerzo por estar juntos.

Y nos pide que recemos: no para convencer a Dios de que envíe obreros (¡eso es precisamente lo que Él quiere!), sino para convencernos a nosotros, los discípulos, de que nos convirtamos finalmente en evangelizadores.

El anuncio se fecunda con la oración: ¿por qué no convertirnos en terroristas silenciosos del bien, sembrando bendiciones y oraciones secretas allí donde trabajamos?

¿Confiar en el Señor, en lugar de juzgar?

El Señor nos pide que vayamos sin muchos medios, utilizando los instrumentos siempre y solo como instrumentos, yendo a lo esencial. Lo sé, amigas catequistas: el curso de natación o la semana blanca son mil veces más atractivos que vuestra hora de catequesis. Pero vosotras tenéis algo que no se le pide a ningún entrenador: el amor hacia vuestros chicos.

Y nos advierte: «Somos ovejas en medio de lobos», ¡y cuán proféticas se están volviendo estas palabras en nuestro mundo impregnado de ira! Siempre y cuando no nos convirtamos también nosotros en lobitos esperando que los lobos se conviertan.

El Señor nos pide que llevemos la paz, que seamos personas tolerantes, pacificadas. Nadie puede llevar a Dios con la soberbia y la fuerza, la arrogancia del anuncio nos aleja de Dios de manera definitiva.

Por último, el Señor nos pide que permanezcamos, que moremos, que compartamos con autenticidad.

No somos diferentes, no estamos aparte: el cansancio, la ansiedad, las dudas, las alegrías y las esperanzas de nuestros hermanos son de manera precisa las nuestras, exactamente las nuestras. 

¡Alegraos!

Es agotador. Es fatigante, lo sabemos.

También lo sabe Pablo, que, a pesar de convertir la cuenca del Mediterráneo, siente todas las limitaciones de su carácter. También lo sabe Pablo, que nos aclara que el problema no son las reglas (en su caso, la circuncisión), sino ser una nueva criatura. Y nosotros, la Iglesia, por desgracia, somos percibidos como los garantes de las reglas.

Como Isaías, estamos llamados a animar a los exiliados que regresan de Babilonia, a volar alto, a soñar en grande, a construir el sueño de Dios que es la Iglesia. Y paciencia por los resultados que faltan: la nuestra es una época de profecía. Es tiempo de sembrar, no de cosechar.

Entonces podremos experimentar verdaderamente la alegría del anuncio, la alegría de ver que Dios, ¡de verdad!, pasa a través de nuestras pequeñas y balbuceantes palabras, ver que la Palabra se viste con nuestras pequeñas reflexiones.

¡Qué alegría sentimos al ver a otros compartir nuestra misma fe!

Si doce hombres de Galilea incendiaron el mundo con su amor, ¿qué podemos hacer nosotros?

Dejemos de quedarnos estancados en la rutina, superemos los miedos del mundo, no valoremos los resultados como una empresa sagrada: alegrémonos, amigos, nuestros nombres están escritos en los cielos, Dios ya llena nuestros corazones y nos confía el Reino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 6 de julio de 2025

1.- Recorrer con confianza los caminos.

2.- Donde nosotros vemos desiertos, Dios ve oportunidades.

3.- No a la fuerza sino con la humildad.

4.- Operarios de la belleza, cosechadores del bien.

5.- El buen anuncio es por contagio.

6.- La grandeza se mide con el corazón.

7.- Llevar la paz: tarea del evangelizador.

8.- Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Aprendiendo a convertirse en una roca.

lunes, 30 de junio de 2025
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Mike O’Donnell,

La publicación de hoy es de Mike O’Donnell, miembro de Dignity/Washington y profesor de teología.

Las lecturas litúrgicas de hoy para la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo (29  de junio), se pueden encontrar aquí.

Cuando Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?«, los invitó a reflexionar sobre la atractiva percepción pública de su identidad. Los discípulos respondieron con lo que debieron ser los rumores más comunes: «Algunos dicen que Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que Jeremías o uno de los profetas«. En otras palabras, la gente intentaba categorizar a Jesús, encajarlo en narrativas conocidas, darle sentido poniéndole etiquetas conocidas.

Pero entonces Jesús cambió el enfoque: «¿Y ustedes quién dicen que soy yo?«. Ya no se trataba de lo que otros decían. Ahora era personal. «Ustedes han caminado conmigo, han compartido comidas conmigo, han presenciado los milagros, ¿quién dicen que soy?«.

Es Simón Pedro quien habla, dejando de lado el ruido de la especulación y escuchando para decir la verdad: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo«.

Este momento siempre ha sido impactante en las Escrituras, pero al reflexionar sobre él recientemente, no pude evitar ver un paralelismo con la experiencia de la comunidad LGBTQ+. Al igual que Jesús, nosotros también nos debatimos constantemente entre dos cuestiones de identidad: ¿Quiénes dicen ser y quiénes somos realmente?

Ya sabemos lo que mucha gente dice. La sociedad, y desafortunadamente incluso nuestras iglesias y familias a veces, han intentado definirnos con etiquetas dañinas. Nos han llamado «confundidos«, «desordenados» e incluso «intrínsecamente malvados«. Estas palabras son profundamente hirientes. Y cuando se repiten una y otra vez, no se quedan solo en el exterior. Se arraigan en el alma, internalizándose hasta hacerse difíciles de eliminar.

A algunos nos ha costado creer que somos dignos de amor, no solo amor humano, sino amor divino. Otros han pasado años intentando reconciliar su fe con quienes saben que son. Hemos orado por claridad, por sanación, por la capacidad de ser aceptados.

Y así vuelvo a la pregunta de Jesús, no solo a los discípulos, sino a nosotros: «¿Quién dices que eres?«. Y más importante aún: «¿Quién dice Dios que eres?«.

Mi esperanza y oración es que cada persona LGBTQ+ tenga un Simón Pedro en su vida: alguien que pueda trascender el ruido cultural y decir la verdad sobre quién es. Alguien que no se base en viejos prejuicios ni doctrinas trilladas, sino que te vea con ojos de amor y perspicacia espiritual.

Pero si no tienes ese Simón Pedro ahora mismo, si nadie te ha dicho esa verdad últimamente, que sea así:

* ¿Confundido? Quizás tu camino ha sido confuso a veces. Quizás has luchado con tu identidad y tu fe. Pero no te confundas. Estás hecho de manera hermosa y maravillosa, creado a imagen y semejanza de Dios.

* ¿Desordenado? No veo desorden. Veo a alguien que lucha por la plenitud, la verdad y el amor; alguien profundamente ordenado hacia las relaciones, la comunidad y sí, incluso hacia Dios.

* ¿Intrínsecamente malo? ¡Para nada! Llevas dentro una bondad intrínseca que nadie te puede quitar. Eres un hijo amado de Dios.

Cuando Pedro hizo su declaración, Jesús respondió con una profunda afirmación. Lo bendijo y le dijo: «Esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre celestial». En otras palabras, esa verdad —la que trasciende el miedo, la confusión y el prejuicio— no proviene de la opinión humana, sino de la revelación divina.

Jesús entonces llamó a Pedro una roca y prometió que las puertas del infierno no prevalecerían.

Necesitamos ser esa clase de roca. Porque todavía hay voces que dicen hablar en nombre de Dios mientras difunden condenación. Puede que hablen en nombre de la religión, pero no debemos permitir que esas voces ahoguen la verdad. Debemos mantenernos firmes, arraigados en la dignidad, sabiendo que somos amados, llamados y bendecidos.

A quienes se sienten marginados por la iglesia o repudiados por sus seres queridos, sepan esto: la voz de Jesús sigue hablando hoy. La verdad de quién eres no se encuentra en las etiquetas que otros te asignan, sino en el amor que Dios ya ha derramado en ti. Así que, cuando el mundo se sienta abrumado por el rechazo o el odio, recuerda esta promesa: Tú eres la roca. Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ti.

–Mike O’Donnell, 29 de junio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Seguir a Jesús”. 13 Tiempo ordinario – C (Lucas 9,51-62)

domingo, 29 de junio de 2025
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«Seguir» a Jesús es una metáfora que los discípulos aprendieron por los caminos de Galilea. Para ellos significa en concreto: no perder de vista a Jesús; no quedarse parados lejos de él; caminar, moverse y dar pasos tras él. «Seguir» a Jesús exige una dinámica de movimiento. Por eso el inmovilismo dentro de la Iglesia es una enfermedad mortal: mata la pasión por seguir a Jesús compartiendo su vida, su causa y su destino.

Las primeras generaciones cristianas nunca olvidan que ser cristiano es «seguir» a Jesús y vivir como él. Esto es lo fundamental. Por eso Lucas le da tanta importancia a tres dichos de Jesús.

Primer dicho. A uno que se le acerca decidido a seguirle Jesús le advierte así: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza». El instinto por sobrevivir en medio de la sociedad moderna nos está llevando hoy a los cristianos a buscar seguridad. La jerarquía se afana por recuperar un apoyo social que va decreciendo. Las comunidades cristianas pierden peso y fuerza para influir en el ambiente. No sabemos «dónde reclinar la cabeza». Es el momento de aprender a seguir a Jesús de manera más humilde y vulnerable, pero también más auténtica y real.

Segundo dicho. A uno que le pide ir antes a enterrar a su padre Jesús le dice: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». En la Iglesia vivimos con frecuencia distraídos por costumbres y obligaciones que provienen del pasado, pero no ayudan a generar hoy vida evangélica. Hay pastores que se sienten como «muertos que se dedican a enterrar muertos». Es el momento de volver a Jesús y buscar primero el reino de Dios. Solo así nos colocaremos en la verdadera perspectiva para entender y vivir la fe como quería él.

Tercer dicho. A otro le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». Mirando solo para atrás no es posible anunciar el reino de Dios. Cuando se ahoga la creatividad o se mata la imaginación evangélica, cuando se controla toda novedad como peligrosa y se promueve una religión estática, estamos impidiendo el seguimiento vivo a Jesús. Es el momento de buscar, una vez más, «vino nuevo en odres nuevos». Lo pedía Jesús.

José Antonio Pagola

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«Sólo Jesús edifica la Iglesia». 29 de junio de 2025 S. Pedro y S. Pablo (C) Mateo 16, 13-19

domingo, 29 de junio de 2025
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El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

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«Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos». Domingo 29 de junio de 2025. 13ª semana de tiempo ordinario. Pedro y Pablo, apóstoles

domingo, 29 de junio de 2025
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Leído en Koinonia:

Hechos 12,1-11: Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes
Salmo responsorial: 33:El Señor me libró de todas mis ansias.
2Timoteo 4,6-8.17-18:
Ahora me aguarda la corona merecida
Mateo 16,13-19:
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos

Hoy la Iglesia celebra en su liturgia la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, columnas y apóstoles de la Iglesia.

En la primera lectura nos encontramos con el relato de la liberación de Pedro de la cárcel por obra de un ángel enviado por Dios. Eran tiempos de una persecución devastadora contra aquéllos que habían decidido seguir a Jesús, el Hijo de Dios; tanto así que este tiempo será recordado como la era de oro de la Iglesia, pues incontables mártires, niños y niñas, jóvenes y adultos, dieron testimonio con su sangre de la verdad de Cristo, al no aceptar la religión del imperio romano ni apostatar de su fe en el Señor Jesús.

En la segunda lectura nos encontramos con un pasaje de la despedida del apóstol Pablo a su discípulo amado Timoteo, en el cual le exhorta a dar un buen combate en la fe tal como lo ha hecho él, sin importarle las consecuencias que traiga consigo semejante actitud. Reconoce el apóstol que su fe está puesta en Cristo, quien lo fortalece en los momentos en que se encuentra prisionero en Roma, a la expectativa de lo que vayan a hacer con su vida. Espera la corona merecida y seguirá confiando hasta el final en el Señor, pues él lo seguirá librando de todo mal.

La fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo ofrece la ocasión para reflexionar, a partir del texto evangélico propuesto, sobre la confesión de fe como forma de construcción de la Iglesia.

El relato consta de una doble pregunta de Jesús a sus discípulos con su correspondiente respuesta (vv. 13-16) y de la bienaventuranza de Simón (vv. 17-19).

Las preguntas y respuestas sirven para la separación de dos categorías de personas, según la evaluación que hagan sobre Jesús. De una parte tenemos a la «gente», de la otra a «los discípulos». La gente o «los seres humanos» no captan el sentido auténtico de la actividad de Jesús. Su opinión lo coloca en continuidad con personajes del pasado: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Como Herodes en Mt 14,2 esta valoración puede estar entremezclada de elementos desfavorables.

Por el contrario los discípulos, de quienes Pedro es portavoz, han captado el verdadero significado de la actuación de Jesús. No solamente confiesan que es el Mesías esperado sino también que su mesianismo se origina en su filiación divina, condición que le posibilita transmitir la Vida de Dios, a diferencia de los ídolos muertos. El «Hijo de Dios vivo» se ha hecho presente en la vida de la humanidad, en una comunidad que lo reconoce el «Dios con nosotros» (cf Mt 1,23; 28,20).

Este reconocimiento recibe, a su vez, la proclamación de felicidad y dicha que hace Jesús respecto a sus seguidores de los que Pedro, gracias a su fe, se ha convertido en prototipo e imagen. Frente a la opinión de la gente, Pedro ha aceptado la revelación del Padre a los sencillos y humildes.

La originalidad de su confesión hace de Pedro y de sus compañeros, mensajeros de la fe en medio de un mundo hostil. Más allá de la historicidad sobre el nombre de su padre (aquí, hijo de Jonás, en Juan 21,15 hijo de Juan), en él se pueden detectar los rasgos de Jonás, el profeta que debió llevar la Palabra de Dios a la ciudad hostil y que, en ese intento, corrió el riesgo de ser sumergido en el mar (cf 14,30) y fue liberado de ese peligro mortal (cf 14,31).

En la Asamblea del desierto, Moisés recibió de Dios el don de la Ley (Dt 9,10; 10,4 etc.). Aquí el discípulo recibe el don de la fe en Jesús que lo convierte en elemento apto para la edificación de una nueva Asamblea, el Israel mesiánico, constituida en torno a Jesús como la Asamblea del desierto se constituía en torno a Moisés.

Se realiza entonces para la comunidad lo que se realizaba en el individuo sensato que ha colocado su cimiento sobre la roca de las palabras de Jesús (Mt 7,24-25). Los discípulos que adhieren a Jesús construyen una ciudad inconmovible, a la que no pueden derrotar las fuerzas de la Muerte o del Abismo.

Se crea de esta forma un espacio inexpugnable frente a las potencias del mal, en el que los discípulos no son sólo cimiento sino también administradores: A ellos se les han consignado las llaves y a ellos se les consigna la función judicial de tomar la decisión de aceptar o no la entrada a aquella ciudad: «Atar o desatar». Esta fórmula quiere significar una participación de la comunidad en la autoridad de Jesús.

La proclamación de la fe en Jesús por parte de Pedro, prototipo de los creyentes, es el cimiento inconmovible capaz de superar los embates de las fuerzas del Mal actuantes en la historia humana. Los que la proclaman pueden ofrecer asilo acogedor a quienes están amenazadas por aquellas fuerzas. Pueden también negar ese asilo a los que rechazan el designio salvífico. Leer más…

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29.6.25. Apártate, Satán. La dudosa, difícil y esperada conversión de Pedro (Mc 8, 27-35)

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

La iglesia celebra la conversión de Pablo el 25 de enero, y ciertamente Pablo se convirtió, aunque queda queda pendiente si se convirtió al cristianismo como religión distinta o a otro tipo de judaísmo

La conversión de Pedro, en cambio, resulta más dudosa y hay diversas versiones de ella, pues no queda clara la función de Pedro como primero de los Doce y obispo de Roma, al principio de la iglesia y en la actualidad. Algunos se atreven a decir que Pedro se convirtió a un  Jesús imaginario, para tener poder sobre otros, no para quererles y servirles (tema de fondo del final del evangelio de Juan)

| Xabier Pikaza

Me interesé por el tema leyendo un libro de R. M. Fowler, Let the reader understand (=Que el lector entienda, 1991). Fowler supone (y quizá demuestra) que Pedro estuvo con Jesús, pero sin convertirse, pues queda pendiente el final de Marcos (Mc 16, 1-8), con las mujeres encargadas de convertirle, pero quizá incapaces de lograrlo.

El tema fue tan importante en la iglesia antigua que tanto Mateo, como Lucas y Juan escriben sus evangelios para decir que Pedro al fin se convirtió (como ratifica finalmente 2 Pedro). Si tanto les importa demostrarlo es que quizá no lo tenían claro,  según el texto base de Mc 8, 27-35.

El estudio de esta cuestión nos permite evitar triunfalismo y para situar mejor los riesgos de  un anti-cristianismo no sólo de Pedro, sino de otros, en la historia y actualidad de la iglesia, como intenté mostrar en Comentario de Marcos, donde expongo (y justifico) algunas ideas que. Mi reflexión no es una crítica de Pedro, sino una admirada versión de su camino cristiano,

Texto

  • 27Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo;
  • por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» 28Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».
  • 29Él les preguntó: «Y vosotros, ¿Quién decís que soy?».
  • Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».
  • 30Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. 31Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». 32Se lo explicaba con toda claridad.
  • Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo.33Pero Jesús se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
  • 34Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.35Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá;
  • pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

Mientras van de camino (en tê hodô: 8, 27) por la zona de Cesárea de Felipe, junto a las fuentes del Jordán, Jesús pregunta por su identidad a los discípulos. Algunos opinan que es el mismo Juan Bautista, que ha revivido, como pensaba Herodes con miedo. Es normal que le sigan identificando con el Bautista, como si fuera un continuador de su obra, y no alguien que tiene una tarea diferente y propia.

Otros identifican a Jesús con  Elías o con otro profeta, retomando un motivo comienzo del evangelio (Mc 1, 1-7).  Marcos sabe que Jesús no es simplemente un profeta final de conversión y juicio como Elías. Pero la figura de Elías, asociada a la acción de Juan Bautista, y a la esperanza de la gran transformación escatológica, le sigue acompañando hasta el Calvario, donde vuelve a plantearse el tema (cf. 15, 35). Según Marcos, Elías no es Jesús (ni Jesús le ha llamado desde la cruz, sino que ha llamado a Dios: cf. Mc 15, 33-34), pero el recuerdo de Elías le precede (cf. 9, 1-13) y en algún sentido le impulsa y acompaña. Por eso, los que dicen que Jesús es Elías (o un profeta como Elías) no le han conocido todavía plenamente, pero van por buen camino-

Pero  Pedro (=Kephas, ho Petros, con artículo: El Piedra). contesta  ¡Tú eres el Cristo! (8, 29), no un profeta de penitencia, sino un mesías político y social, dispuesto a tomar el mando sobre Israel y sobre las naciones.  En un aspecto, podemos afirmar que Pedro ha visto bien: ha sacado las consecuencias del camino anterior; ha entendido a Jesús como Cristo/Mesías y se muestra dispuesto a seguirle, pero e n una línea social (=militar) de poder, no en la que va tomando Jesús de “milagritos y sanaciones, con mucho  enfermo y loco por medio de Jesús.

Quien habla así es el “Pedro histórico” (del tiempo de la vida de Jesús, cuyo recuerdo se mantiene en las comunidades), pero es también el Pedro de la Iglesia quien, según Marcos, ha visto y confesado a Jesús como Cristo, pero no ha dado el paso para confesarle de verdad como Hijo de Hombre que entrega la vida por los hombres, como animador de un grupo de marginados, de-mentes y mujeres dudosas.

–Al oír eso, Jesús responde pidiendo a todos que se mantengan en silencio (Mc 8, 30). Ha preguntado para escucharles. Ahora les manda que callen, pues lo que Pedro ha dicho sólo puede entenderse haciendo el camino de subida a Jerusalén, para dar la vida por el Reino.   ¡Les manda que no hablen de él a nadie! (hina mêdeni legôsin peri autou; 8, 30). Este silencio que Jesús les pide puede compararse al que ha exigido a los “endemoniados”, que le llamaban “Santo de Dios” (Mc 1, 24), “hijo de Dios” (2, 12) o “hijo de Dios Altísimo (5, 7; cf. 1, 34), pues en sí mismos, desligados de la vida y obra de Jesús, esos títulos pueden tener un fondo “demoníaco”. En esa línea, Jesús pide a sus discípulos que no hablen de él a nadie, pues lo que pueden decir es falso, y va en contra del evangelio, de manera que en vez de ayudar a la causa de Dios la destruye.

Diciendo que Jesús es el Cristo, Pedro quiere decir que es más que Juan Bautista, más que los profetas antiguos, más que los simples exorcistas, con personas de duda identidad Pedro quiere un Cristo que triunfa, que tiene poder… no un Cristo que tiene que morir por amor a los hombres.   Según eso, Marcos nos sitúa ante un Pedro que, para estar de verdad con Jesús “debe” convertirse, aceptando al Cristo que muere por los demás. En el fondo, Pedro sólo quiere a un Cristo que le conceda poder sobre los otros,  un Cristo de dignidad,  poder y dinero…Por eso le critica el evangelio de Marcos, donde Jesús le dice a Pedro: Tú eres muy “piedra” pero poco cristiano.

Este Jesús de Marcos no se opone simplemente a Pedro, como persona, sino al proyecto mesiánico que Pedro ha representado y quiere seguir representando en en la primera Iglesia, un proyecto que choca con el camino de entrega de Jesús, pues en el principio de la Iglesia Pedro no ha reconocido ni acepta el sentido de de la muerte de Jesús, ni ha querido morir con él. Para decirlo con otras palabras, según Marcos Pedro fue un un “cristiano a medias”,alguien que en el fondo rechaza a Jesús, como irá mostrando el resto del evangelio.

Todo nos permite suponer que Pedro y otros discípulos habían visto a Jesús  como Cristo vencedor, un Cristo que no muere… Y así habían seguido pensando tras la muerte de Jesús. No quieren ser seguidores de un crucificado, candidatos a la derrota y crucifixión. Quieren una iglesia gloriosa, no de derrotados. Tanto Pedro como Jesús (ambos conforme a la visión de Marcos) están sacando las consecuencias de lo que Jesús y ellos han hecho hasta el momento. Pedro ha llamado a Jesús “Cristo”, y al hacerlo ha querido resituar su obra en el ámbito de las promesas y esperanzas mesiánicas de Israel.

Pedro dice a Jesús en este pasaje que ha llegado su hora y le pide que se ponga al servicio de un mesianismo triunfante israelita, que empiece ya su obra verdadera de dominio sobre el mundo. Eso es lo que dijo en el tiempo de la historia de Jesús, y lo que ha seguido diciendo en la primera Iglesia. Eso significa que, según Marcos, Pedro no se ha convertido todavía de un modo radical (en línea de evangelio, en línea de Pablo), sino que le ha seguido cerrando en la red de un mesianismo intra-israelita.

Tras la crucifixión de Jesús, Pedro toma el liderazgo del grupo y quiere confesar y presidie el proyecto de Jesús en la línea del mesianismo nacional, triunfante, de Israel; lo que él dice parece bueno, conforme a la esperanza de Israel y a las posibilidades de Jesús, en este contexto de su vida. (b) Pero el verdadero Jesús tiene otro plan y, por eso, pedirá a Pedro y a su gente que se callen, que no lo diga a nadie, pues lo que podrían decir en esa línea es falso.

Por eso, Jesús exige que no hablen a nadie sobre él (8, 30), que se olviden.Éste es uno de los textos más enigmáticos del evangelio. No que es Jesús pida que no hablen de sus milagros o de sus títulos de grandeza, como en casos anteriores  (cf. Mc 1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26). Lo que pide aquí es más radical: ¡Exige a sus discípulos silencio: que no hablen de él (peri autou) en modo alguno, y se lo pide no solo a Pedro, sino a todos (autois)!

Se puede suponer que los del grupo de los Doce de Pedro  han empezado ya a hablar, como si fueran portavoces del proyecto de Jesús, como si supieran decir algo sobre su persona… como si fueran representantes  de una sociedad//iglesia de poder Pues bien, Jesús se lo prohíbe, de un modo terminante. Pueden seguir a su lado, pero sin hablar de él, sin comentar nada de lo que hace. Para que su mensaje siga adelante (y llegue de esa forma el reino), todo tiene que cambiar, todo tiene que ser diferentes, de manera que Jesús debe imponer silencio sobre su persona, hasta que le conozcan de verdad, hasta que “aprendan” a decir y a vivir conforme a su proyecto verdadero de Reino.

Ésta es la mayor descalificación que Jesús puede hacer de sus discípulos. Les ha escogido para que estuvieran con él, para expulsar demonios y para enviarlos a proclamar su Reino (cf. Mc 3, 13-19; 7, 7-13). Pues bien, ahora les manda guardar silencio, como si no fueran fiables, como si fueran incluso peores que los endemoniados, a quienes Jesús también imponía silencio (cf. 1, 9-11; 1, 25.34, etc.).

Este Jesús de Marcos impone silencio a Pedro, es decir, a la Iglesia que Pedro representaba en su momento, una Iglesia vinculada en el fondo al triunfo de Israel, más que al camino de Jesús, con su muerte y su pascua.

El Jesús de Marcos impone silencio a Pedro y a su grupo (que son los Doce), porque no han entendido su mesianismo. Pero (¡y ésta es la novedad!) sigue confiando en ellos: les lleva a su lado, con la esperanza de que un día cambiarán, de modo que puedan entenderle y hablar de verdad en su nombre, no sólo en clave israelita como hacían antes (cf. 6, 6b-13), sino en palabra abierta a todas las naciones (cf. 13, 19; 14, 9) [1].

El mandato de silencio que Jesús impone a Pedro y a los Doce ha de de entenderse desde la perspectiva anterior (antes de la crucifixión de Jesús, pero sobre todo después, al comienzo de la iglesia). Lo mejor que puede hacer este Pedro y esta iglesia d gentes como él es estar callados… no hablar de Jesús, pues hablan mal.

Jesús no quiere que otros le manipulen, ni siquiera sus discípulos, no quiere que Por eso, lo que ahora sigue, el conjunto del evangelio de Marcos es un “evangelio para Pedro” (no un evangelio de Pedro), un evangelio para que Pedro aprenda  y cambie,; un evangelio para que los partidarios de una iglesia como la de Pedro callen y se “conviertan” y pueden abandonar Jerusalén (con su tumba vacía) y seguir y encontrar de verdad a Jesús en Galilea, con las mujeres (Mc 16, 1-8.

En ese contexto, debemos recordar que Pedro y los Doce no fueron tan obtusos y negativos como aquí aparecen; ellos aceptaron a Jesús y le acompañaron, pero de un modo interesado, para obtener así el mando político sobre la iglesia y el mundo, tal como los interpreta Marcos, desde su opción eclesial.

Marcos desea “liberar” a Jesús (al verdadero Jesús) de la mala doctrina legal que le quieren seguir imponiendo Pedro y los Doce. Por eso polemiza con ellos y centra el verdadero mesianismo de Jesús en su camino de muerte, poniendo así de relieve que le mataron los mismos representantes del Israel jerárquico. Ciertamente, Marcos presenta una visión “sesgada” de la historia de Jesús y sus primeros seguidores, pero lo hace desde una perspectiva que (a su juicio, y a juicio de gran parte de la Iglesia posterior) recoge y expresa mejor la identidad de Jesús y la verdad de su proyecto de Reino.

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Fiesta de san Pedro y san Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 Una pareja extraña para una fiesta peculiar

Cuando Pablo tuvo un serio altercado con Pedro en Antioquía de Siria, acusándolo casi de estar traicionando a Jesús, no podía imaginar que la Iglesia terminaría celebrando su recuerdo el mismo día. (Para los interesados, el conflicto lo cuenta el mismo Pablo en la carta a los Gálatas 2,11-21). Pero estoy convencido de que le gustaría la idea: lo que pretende la Iglesia al unirlos en una celebración común no es cantar la gloria de ninguno de los dos sino celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos.

Pedro, el cabecilla

Entre los discípulos de Jesús, Pedro fue sin duda el más lanzado, con el peligro que eso conlleva. Era el cabecilla del grupo, el primero en hablar en cualquier circunstancia, sin miedo a reprender a Jesús cuando anuncia su pasión, sin miedo a llevarle la contraria cuando quiere lavarle los pies o cuando anuncia que todos los traicionarán. El ser tan lanzado lo sitúa también en el lugar más peligroso, y termina negando a Jesús. Pero, como él mismo termina confesando después de la resurrección: «A pesar de todo, tú sabes que te amo». No es raro que Jesús lo viese como el cabecilla natural del grupo después de su muerte.

Pablo, el hombre universal

Pero la expansión de la Iglesia primitiva es humanamente inconcebible sin la figura de Pablo. Todos hemos leído su conversión. Lo que muchos no conocen es la revelación que Dios le hizo y en la que él tanto insiste en sus cartas: que la buena noticia de Jesús no era sólo para los judíos sino también para todo el mundo; para judíos y paganos. Es cierto que a mediados del siglo I ya hay cristianos en Roma (a ellos les dirige Pablo su famosa carta), pero si el evangelio se extiende por lo que actualmente es Turquía, Grecia, quizá España, es gracias a la labor de Pablo, que recorrió miles de kilómetros y se expuso a toda clase de peligros por llevar la fe en Jesús «hasta los confines de la tierra».

El enfoque de las lecturas

La liturgia concede especial importancia a Pedro, dedicándole las lecturas primera y tercera (evangelio). A Pablo dedica la segunda. En ambos casos se destacan los aspectos de protección divina y misión.

PEDRO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

1ª lectura: protección divina

Se expresa a través de un sorprendente milagro: Pedro, a pesar de estar encadenado y vigilado por cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, es liberado durante la noche por un ángel.

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenla intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua, Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
Date prisa, levántate.
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
Ponte el cinturón y las sandalias.
Obedeció, y el ángel le dijo:
Échate el manto y sígueme.
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo:
Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.

Resulta imposible no pensar en la liberación de los israelitas de Egipto, cuando el ángel marcha delante de ellos también durante la noche. Esta es la tercera vez que meten a Pedro en la cárcel, y la segunda que lo saca un ángel. Algo que llama la atención, porque otros cristianos no gozan del mismo grado de protección divina: a Esteban lo apedrean, a Santiago lo degüellan, a Pablo lo persiguen a muerte y tienen que descolgarlo en una espuerta… Por otra parte, el mismo Pedro terminará crucificado según la tradición.

Esta primera lectura, que puede provocar una sonrisa escéptica en muchos cristianos actuales, tiene gran valor simbólico. Basta pensar en los últimos Papas, atados con todo tipo de cadenas: geográficas, culturales, económicas (desde el lejano caso Marcinkus hasta los recientes escándalos del IOR), tradiciones que tienen muy poco que ver con el evangelio, y vigilados por multitud de cardenales, obispos y teólogos (más atentos que las cuatro cohortes romanas de Pedro). Buen momento para pedirle a Dios que envíe un ángel a liberar a Francisco.

Evangelio: misión

La misión se cuenta con el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Felipe, que parte de la gran pregunta: ¿quién es Jesús? El pasaje se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente; 2) lo que afirma Pedro; 3) la promesa de Jesús a Pedro.

Lo que piensa la gente

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
― ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
― Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.

Jesús realiza una encuesta: quién dice la gente que es él. Un lector moderno con cierta cultura bíblica pensará que el resultado no puede ser más descorazonador. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, Jeremías o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra».

Al lector moderno le puede resultar interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto…

Sin embargo, cuando se conoce la época de Jesús, la visión anterior resulta inadecuada. En la mentalidad popular, el título de «profeta» tiene fuertes connotaciones políticas; significa que la gente ve a Jesús como un libertador. Flavio Josefo nos ha dejado testimonio de varios «profetas» surgidos por entonces. Su visión es muy negativa, pero interesante:

«Hombre engañadores e impostores, que bajo apariencia de inspiración divina realizaban innovaciones y cambios, induciendo a la multitud a actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si allí Dios les hubiese mostrado los signos de la libertad inminente. Félix envió caballería e infantes contra estos, matando a gran cantidad. Mayor desgracia fue la que trajo sobre los judíos el falso profeta egipcio. Efectivamente, llegó al país un hombre charlatán, que, habiéndose ganado reputación de profeta, reunió a casi treinta mil de los seducidos por él; desde el desierto los llevó al monte de los Olivos, desde donde, según decía, podía penetrar a la fuerza en Jerusalén, vencer a la guarnición romana e imponerse como tirano sobre el pueblo» (Guerra de los Judíos II, 258-263).

Este mentalidad popular del profeta como libertador político es la que comparten los discípulos de Emaús; para ellos, Jesús era «un profeta poderoso en obras y en palabras… nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel» (Lc 24,19-21).

Lo que afirma Pedro

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta:

Él les preguntó:
― Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
― Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás.

Según Mc 8,29, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías». Mt añade «el Hijo de Dios vivo». ¿Aporta algo especial este añadido? Según algunos, Pedro confesaría no sólo la misión salvadora de Jesús (Mesías), sino también su filiación divina (Hijo de Dios). Sin embargo, esta teoría no es tan clara como parece. El rey de Israel -y por tanto el Mesías- era presentado desde antiguo como «Hijo de Dios» o «Hijo del Altísimo». En el fondo, parece que Mateo no añade nada nuevo. En cualquier caso, hay un dato indiscutible: confesar a Jesús como «Hijo de Dios» ya lo habían hecho los discípulos después de verlo caminar sobre las aguas (14,33). Por consiguiente, la novedad no reside aquí, sino en el título de Mesías. En su origen, el Mesías era el rey de Israel, al que se ungía derramando aceite sobre la cabeza. Con el paso del tiempo, especialmente en los siglos II y I a.C., la imagen del Mesías fue adquiriendo rasgos cada vez más sorprendentes, como se advierte en los Salmos 17 y 18 de Salomón (de origen fariseo, no forman parte de la Biblia). De él se esperaba la liberación política de Israel y la instauración de una sociedad de justicia, paz en entrega al Señor.

Por consiguiente, la confesión de Pedro reviste una importancia y novedad enormes. Además, es importante advertir que se sitúa inmediatamente después del episodio de fariseos y saduceos, representantes del judaísmo oficial, que no aceptan a Jesús. Pedro, contra la opinión oficial, ve en Jesús al salvador del pueblo elegido por Dios.

Las promesas de Jesús a Pedro

Jesús le respondió:

― ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Esta tercera parte es exclusiva de Mateo y es la fundamental para la fiesta de hoy. En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: «Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías». Sin embargo, Mateo introduce aquí unas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. Humanamente hablando, Pedro es un hereje o un loco. Para Jesús, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar».

Basándose en este revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la «roca» es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia» se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación («te daré las llaves del Reino de Dios«) se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá«. Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era «el Papa«, ni gozaba de la «infalibilidad pontificia», las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

PABLO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

De Pablo se podrían haber elegido infinidad de textos, dada la abundancia de sus cartas y lo mucho que cuenta de él el libro de los Hechos. La liturgia ha elegido un breve pasaje, muy autobiográfico, de la segunda carta a Timoteo. A punto de morir, Pablo recuerda su intensa actividad apostólica y espera el premio prometido. Al mismo tiempo, es consciente de que siempre contó con la ayuda y la fuerza del Señor. Igual que a Pedro lo liberó milagrosamente, a él lo ha librado también de la boca del león, no milagrosamente, sino después de naufragios, azotes, apedreamientos, hambre y sed.

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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Fiesta Santos Pedro y Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
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“En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”

Mt 16, 13-20

Jesús pregunta a sus discípulos: “-¿Quién dice la gente es el Hijo del Hombre?”  Los discípulos lo reconocen como el Mesías y el Hijo del Dios vivo.

Las dificultades, los fracasos y las crisis nos ayudan a plantearnos la vida y las opciones de una manera seria y decidida. En realidad, nos llevan a esas dos preguntas fundamentales: ¿quién soy?, ¿qué hago aquí? Dos preguntas que no acabamos de cerrar nunca, que crecen y evolucionan con nosotras. Pueden pasar temporadas como dormidas pero despiertan de vez en cuando cuestionando nuestra identidad y nuestra misión.

Jesús, que fue plenamente humano, también se cuestionó, en más de una ocasión, su identidad y su misión. Se preguntaba quién era y qué hacía y por eso preguntaba a sus discípulos: “¿Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Hoy en la fiesta de los santos Pedro y Pablo nos encontramos con un ejemplo de unidad en la diversidad. Ambos fueron apóstoles de Cristo que anunciaron la Buena Noticia de la Resurrección de Cristo, cada uno desde quien era.

Esta fiesta puede ser un impulso para preguntarnos quienes somos en esencia. También para mirar a nuestro alrededor y ver a las demás personas en la esencia que son. Y así formar una Iglesia y una humanidad en la verdad, que es Cristo.

Oremos

Danos, Trinidad Santa, la audacia de confrontarnos y cuestionar lo que somos y lo que hacemos para poder transitar nuestro camino desde la autenticidad. Amén.

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Columnas que siendo tan diferentes sostienen el mismo templo.

domingo, 29 de junio de 2025
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SAN PEDRO Y SAN PABLO

Mt 16,13-19

Hay constancia de que, ya en el s IV, se celebraba una fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. No es fácil descubrir las razones que llevaron a aquellos primeros cristianos a unir en una misma celebración litúrgica, dos figuras tan distintas. Está muy clara la complementariedad de las dos personalidades.

Pedro es la figura más destacada de las personalidades el NT. Su nombre aparece 182 veces. Aun así, sabemos poco de su vida. Muchas referencias de los evangelios son acomodaciones hechas después de que se le consideró cabeza.

Pablo es la persona mejor documentada. Es el único apóstol del que podemos hacer una biografía casi completa. Los Hechos nos cuentan las peripecias del apóstol con precisiones minuciosas. Aunque se presenta como hecho fundamental de su vida la misteriosa caída del caballo, la realidad fue mucho más prosaica.

Después de estar varios años “dando coces contra el aguijón”, un buen día cayó del burro (el caballo no se menciona). Su conversión no supuso ningún cambio de actitud; pasó de ser un fanático fariseo a ser un fanático cristiano. Predicó un Jesús idealizado, poco que ver con el Jesús que Pedro conocía muy bien.

Pedro no pierde ocasión de manifestar su oposición a lo que decía Jesús. Se niega a aceptar un Jesús que tiene que ir a la muerte. En la Cena se opone a que su “jefe” le lave los pies. Un poco más tarde, en el momento más difícil para Jesús, le niega tres veces, que quiere decir que le niega absolutamente, sin paliativos.

Pablo fue un fanático de su religión, aunque desde la perspectiva de la diáspora greco-romana, que tenía su peculiaridad. Por defender el judaísmo se convirtió en perseguidor de todos aquellos que seguían a Cristo, la mayor herejía surgida del judaísmo. También su formación personal fue completamente diferente.

Pedro era simplemente un pescador, sin ninguna preparación, pero testarudo y sincero. Pablo era un intelectual. Había pasado por la universidad, que entonces era el estudio de la Ley. Uno, con su sencillez y espontaneidad judía y el otro, con su agudeza intelectual gentil, construyen la misma y única Iglesia.

Esa dificultad que tuvieron Pedro y Pablo para seguir a Jesús, puede ser de mucha ayuda para nosotros hoy. Pedro, antes de la experiencia pascual, siguió a un Jesús acomodándolo a sus ideales e intereses de buen judío. Pablo, antes de la caída del caballo servía al Dios del AT que estaba a años luz del Dios de Jesús.

La dificultad que los dos experimentaron para aceptar la figura de Jesús, hace más creíble la sincera adhesión a su persona. No sirve de nada seguir a Jesús sin haberse identificado con él. Solo después de haber superado nuestros prejuicios, estaremos preparados para aceptar el verdadero mensaje de Jesús.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

domingo, 29 de junio de 2025
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Mt 16,18 «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia«. Fragmento del Codex Sinaiticus.

Aunque es casi imposible, para leer la Palabra con una cierta novedad hay que escapar de las interpretaciones que hemos oído desde siempre porque, con frecuencia, se ajustan poco al evangelio. Una de ellas es la que dice que estamos asentados sobre la roca de Pedro y que la Iglesia siempre estará ahí. Discutible.

Lo que dice el texto que hemos leído es algo de esto: el llamado Simón, es su nombre, recibe el sobrenombre de Pedro (Petros): piedra arrojadiza, un canto del camino, un guijarro (roca, por su parte se dice lithos). Aunque adherido a Jesús, Pedro es  terco y cerril para entender los mecanismos del reino: así es Pedro. Y Jesús dice que SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA.

Es decir, la Iglesia de Jesús se asienta sobre la debilidad de Pedro (y la nuestra). Y si no se hunde es porque Jesús la sostiene porque si no fuera así, hace ya tiempo que esto se hubiera acabado. Es un milagro que la Iglesia perdure cuando está basada sobre el frágil cimiento que somos nosotros. La fuerza de Jesús es la que sostiene a la comunidad cristiana. Sostenidos por él.

Esto tiene unas consecuencias decisivas para nuestra manera de entender la fe:

· Humildad: es preciso aceptar la debilidad de la Iglesia con humildad. El papa León ha pedido a los cristianos que seamos más humildes. Que, a estas alturas, andemos gloriándonos de que somos tantos y tales indica que nos cuesta entender lo básico del evangelio.

· Confianza: nuestra evidente debilidad remite a la confianza en Jesús que ha de traducirse en confianza en los hermanos. Sin esa doble confianza no puede persistir la fe de la Iglesia. Una fe asentada en la desconfianza es camino sin salida.

· Futuro: mirar hacia atrás es la manera de poner en peligro la pervivencia de la Iglesia. Y eso por la sencilla razón de que el evangelio mira al futuro, no al pasado. Una fe anclada en el pasado es un peligro para la Iglesia.

No creamos que una vivencia de la fe asentada en estas certezas se vuelve irrelevante. Todo lo contrario: la actividad social y de mediación del Papa León en estos primeros pasos de su pontificado nos hace ver que la Iglesia, si se apoya en los valores del evangelio, puede hacer una gran contribución a la mejora de la sociedad. El evangelio, no lo dudemos, es terapéutico.

Hace ya años que el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer profetizó: «Nuestra Iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres». Pues bien, oremos y trabajemos por la justicia. Por esas sendas la comunidad cristiana se hace fuerte y tiene un horizonte ante ella.

Fidel Aizpurúa Donazar

29 de junio de 2025

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¿Quién es Jesús para mí?

domingo, 29 de junio de 2025
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Mateo 16, 13-19

¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

El evangelio de hoy puede dejarnos tres invitaciones:

La primera a seguir caminando conscientes de Quien camina con nosotros

Imaginarnos a Jesús caminando con sus discípulos es algo fácil porque se repite más de una vez en los evangelios. Jesús que se queda atrás, que les adelanta, que habla o va callado, pero que se interesa por lo que van hablando “por el camino” “¿De qué discutíais por el camino?” A los que iban peleándose por ser los primeros… (Mc 9, 33) o “¿De qué venís hablando?” A los desilusionados y atemorizados discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Hoy, llegando a una región considerada extranjera, Jesús se vuelve a interesar, no solo por lo que hablan por el camino sino por lo que “escuchan” mientras van de camino. Y en este caso les hace una pregunta concreta, ¿qué escucháis y que decís de mí? Abriendo con ellos un dialogo serio y vital.

Y es que muchas veces, no hay que buscar espacios o tiempos especiales, distintos, solitarios… es en la vida ordinaria, en lo que vivimos y en nuestras relaciones con los demás donde nuestras palabras, nuestras conversaciones y certezas adquieren peso y hondura.

El texto nos invita a seguir caminando, a hacernos conscientes de lo que hablamos, como espejo de lo que vivimos, por el camino de la vida. Conscientes de que mientras vamos caminando, Jesús camina con nosotros. Podemos no reconocerle como los de Emaús, durante algún trecho del camino, pero si ponemos atención terminaremos por reconocerle en multitud de signos, personas y situaciones.

La segunda invitación, a tomarnos en serio la pregunta que nos hace Jesús

Una vez conscientes de su presencia a nuestro lado, sentimos que nos invita a escuchar y tomarnos en serio sus preguntas. Quizá de entrada nos descoloquen, no nos pregunta de qué hablamos o que nos pasa, como a los de Emaús, sino por Él mismo.

¿Qué hemos oído que se dice de Él? Y esta pregunta es relativamente fácil, basta con repetir lo que hemos oído, incluso lo que nos imaginamos viendo a la gente. Hoy se oyen quizá demasiadas afirmaciones gratuitas sobre lo que dice la gente de Jesús. ¿Cuál serían las nuestras?

Pero Jesús no nos deja tranquilos tras esta lista de opiniones de otros. Y formula la pregunta definitiva, y tú, y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Intuimos que la fuerza de la pregunta ha cambiado. Ahora nos está pidiendo mirarnos por dentro, ¿qué hay en mí con respecto a Jesús? ¿Cuál es mi experiencia de caminar con Él a lo largo de mi vida? Tomarnos su pregunta en serio no es repetir una respuesta de catecismo, aquello que aprendimos, que es dogmáticamente correcto… Vislumbramos que Jesús va por otro sitio. Eso entienden sus discípulos, que sienten que la pregunta es personal, para cada uno, incluso para cada etapa de la propia vida. Que hay cosas en la vida que no se consensuan en grupo, que cada uno las descubre según su propia experiencia en la relación con Jesús. Por eso Pedro se lanza a hablar, a poner en palabras lo que él piensa de Jesús, su identidad profunda, su importancia… «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Hoy se nos invita a mirar a Jesús que camina a nuestro lado y a mirarnos por dentro, ¿cómo es mi experiencia de Jesús? En tantos años que camino con Él, ¿qué supone su vida, su presencia a mi lado, en mi vida? ¿Cómo contestaríamos a eso hoy? ¿Seremos capaces de mojarnos o seguiremos intentando escapar repitiendo lo que “otros dicen” por muy teólogos o profesores que sean, lo que dice mi grupo cristiano…? ¿Nos animamos a verbalizar lo que hoy es Jesús para nosotros?

Porque no nos sirve de nada repetir formulas hechas, si no tenemos sucesivas experiencias de encuentro personal con Jesús que transformen nuestra vida. ¿De qué sirve aprender de memoria quien es Jesús, si lo conocemos de oídas? ¿En qué espacios y tiempos gestamos la respuesta a esa pregunta? ¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

La tercera, a escuchar la reacción de Jesús, y abrirnos a la acción del Espíritu que cambia nuestra vida

La respuesta de Pedro, para un judío de su tiempo, es algo novedoso, una imagen distinta de Mesías a la que enseñaban en la sinagoga, a la que esperaba el pueblo, el mesías triunfante, poderoso… Una imagen nueva de Dios que cambia no solo sus ideas, sino su forma de vivir. Pedro se juega su vida, la pone en manos de Jesús en su respuesta. La reacción de Jesús puede sorprendernos. No le dice que bien piensas Pedro, cuánto sabes, que bien te expresas. No, le llama feliz, bienaventurado, porque su respuesta no es suya, es del Espíritu. Eso no es fruto de tu trabajo, te lo ha revelado mi Padre. Y por eso te daré un nombre nuevo y una misión nueva.

Las primeras comunidades han visto siempre en este texto la acción directa de Jesús que cambia a Pedro de nombre y le da una misión en su naciente Iglesia, la de guiar y sostener la fe de sus hermanos, la de perdonar y unir… la de las “llaves”. Y al mismo tiempo le asegura que “el poder del maligno”, pongámosle también otros nombres hoy, no le derrotará. Pero no olvidemos la sombra de la cruz que tanto rechazo le ha producido a Pedro al tener que entrelazarla con Jesús, mesías, Hijo de Dios. (Mt 16, 23-28, Mc 8, 33) Y es que todo es acción del Espíritu. Este cambio en Pedro y en nosotros.

¿Nos hemos abierto a esta acción del Espíritu? Sin ella no podremos conocer ni nombrar a Jesús, pero tampoco podemos reconocernos o sentirnos nombrarnos a nosotros mismos. No podremos descubrirnos como hijos y hermanos, como personas amadas y enviadas a construir el reino, a abrir y cerrar puertas a los demás… la pregunta y la contestación no es solo para Pedro. Hoy todos de alguna forma somos reconocidos, nombrados y enviados si nos abrimos a la acción del Espíritu y nos dejamos cambiar el nombre viejo, ese aprendido y defendido, por un nombre nuevo, desconocido, realizado por el Espíritu mientras vamos caminando con Jesús.

Que este domingo tengamos el coraje de abrirnos al Espíritu, abandonar la seguridad de respuestas “hechas” y expresar de verdad lo que pensamos y sentimos, lo que nos hace felices o desgraciados… y eso nos llevará, como a Pedro, a recibir un nombre y una misión nueva, a renovar y cambiar nuestra vida. Que puede empezar a ser más complicada o a tener más cercana la sombra de la cruz, pero que sin duda será más plena y feliz, como toda vida en el Espíritu. Y esto, no lo olvidemos, es un don de Dios.

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Lo que se halla en juego

domingo, 29 de junio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 29 junio 2025

Lc 9, 51-62

El carácter hiperbólico -tan del gusto oriental- de las respuestas que el evangelista pone en boca de Jesús tiene una finalidad manifiesta: subrayar la prioridad absoluta de lo que se halla en juego. Carece, por tanto, de sentido una lectura literalista que se apresura a sacar conclusiones que poco o nada tienen que ver con el sentido del texto.

¿Y qué es exactamente lo que se halla en juego, aquello que hace relegar a un segundo plano valores tan importantes con enterrar a los muertos o ni siquiera despedirse de la propia familia?

El propio Jesús parece que se refería a ello con una expresión polisémica, absolutamente nuclear y característica del evangelio: el “Reino de Dios”. Con tal expresión se alude, tanto a la urgencia de construir un “mundo nuevo”, caracterizado por la vivencia de la fraternidad -uno de los ejes de todo el mensaje de Jesús-, como a la comprensión de lo que realmente somos -el “tesoro escondido” del que habla en sus parábolas-.

Una (inapropiada) lectura literalista se enreda al entrar en comparaciones entre los valores que aparecen en el relato. Pero el mensaje no va por ahí. Lo prioritario -viene a decir- es que llegues a comprender lo que realmente eres… y todo lo demás “se te dará por añadidura”.

Ahora bien, esa tarea prioritaria requiere motivación firme y dedicación constante, consciente además de que se te podrán caer todos los apoyos: no te quedará ni “una piedra donde poder reclinar la cabeza”. El camino que conduce a la comprensión de lo que somos nos irá desnudando de todo aquello que habíamos ido colocando en un primer plano. Y es justamente esa experiencia de desnudez la que nos hará anclarnos en lo realmente, aquello que somos en profundidad, lo que nunca nació y nunca morirá. Esto es lo que se halle en juego, ya que, como dijera el mismo Jesús en otra ocasión, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida(Mt 16,26).

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Apacienta -apacienta- mis ovejas

domingo, 29 de junio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. TENEMOS VIVA MEMORIA DEL PRIMADO.

En nuestra vida hemos conocido el pontificado de varios papas y todavía tenemos reciente el recuerdo de la muerte del papa Francisco y la elección del papa León. Tales acontecimientos nos sitúan de modo más vivo ante la cuestión del Primado romano.

Vayamos un poco más allá del frívolo y periodístico tratamiento que hacemos de estas cosas: que si el papa viste así, calza de tal manera, si vive aquí o allá, si es progresista o conservador…

02. ¿EL PAPA UN JEFE DE ESTADO O UN PASTOR DEL REBAÑO DE JESUCRISTO?

Hemos escuchado en el evangelio el texto en el que Jesús elige a Pedro, -la fe de Pedro- como roca de la Iglesia.

Al final del evangelio de San Juan y a las preguntas de Jesús a Pedro sobre si le amaba. Pedro, ¿me amas? Jesús le responde a Pedro: apaciente mis ovejas. Y en otro momento Jesús le dice a Pedro: confirma a tus hermanos en la fe, (Lc 22,32).

Por los recorridos históricos el obispo de Roma ha pasado a ser un jefe de estado, pero la misión de Pedro, del papa, es la de ser un buen pastor que apacienta la Iglesia y nos anima y confirma en la fe.

Jesús no pensó en un jefe de estado, en un jefe de gobierno, sino en un Pastor que apacienta y anima la fe del pueblo de Dios.

03. PEDRO.

En la época del NT y en los primeros momentos la iglesia iba naciendo y creciendo remontándose a varias tradiciones vinculadas a un lugar geográfico concreto, y referidas a la autoridad de determinados apóstoles.

La autoridad de estos apóstoles servía para legitimar una visión teológica, un modo eclesial. Así las tradiciones más importantes invocaban la autoridad de Pablo, Pedro, Tomás, Juan, Santiago, etc… Durante algunos años estas diversas tradiciones convivieron y se fecundaron unas a otras, pero:

con el tiempo la tradición más directamente vinculada a Pedro asimiló o desplazó, al menos en occidente, a las demás tradiciones apostólicas, convirtiéndose en la tradición hegemónica, frente otras corrientes, consideradas como heterodoxas, y que por esta razón han tenido menos influencia en la historia posterior de la Iglesia

GUIJARRO, S., en: Pedro en la Iglesia Primitiva, p 17.

El obispo de Roma fue pronto primado de los obispos, el Papa de la cristiandad. A lo largo de la historia, el ministerio del Papa ha sido responsable directo de los cristianos de la diócesis de Roma, catalizador de la comunión de las Iglesia locales, impulsor de la unidad ecuménica,

03. PEDRO Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA.

La función del Sucesor de Pedro es el servicio de la unidad en la fe, que algo de eso es lo que le dijo Jesús a Pedro: apacienta, ayuda a tus hermanos en la fe.

Pablo VI fue muy consciente de la misión del papa de mantener la unidad de la Iglesia y se lamentaba cuando decía que -sin embargo- el papado es motivo de diferencias y enfrentamientos.

El ministerio de Pedro ha desembocado en -fórmulas siempre humanas- el Romano Pontífice que es para «confirmar a los hermanos en la fe» y para ayudar a hacer y vivir en unidad.

Por otra parte, mantener la unidad no es tarea fácil. El papa Francisco supo y sufrió mucho por esto y marchó de este mundo sin haber podido desplegar la diversidad, sin ver el pluralismo cristiano-eclesial, sin adaptar la Iglesia a las nuevas situaciones y problemas de la historia.

04. UNA PALABRA ECUMÉNICA

El papa Francisco, siendo arzobispo de Buenos Aires, era el delegado de ecumenismo en la Conferencia Episcopal argentina. Ya papa, Francisco dijo: tendremos mucho que aprender sobre el primado de las Iglesias ortodoxas.

Hoy la sede de Roma no puede esperar, en la pacífica

posesión de su autocomprensión tradicional, que las demás Iglesias lleguen a reconocer el poder dogmáticamente legítimo del Obispo de Roma. La sede de Pedro habrá de hacer grandes esfuerzos para llegar a un acuerdo en esta cuestión.

En defensa de esta postura hay que decir que no se puede justificar todas y cada una de las potestades de las que los papas se han hecho poseedores a lo largo de los siglos, no se puede justificar que estas potestades formen parte clara y necesariamente de la esencia dogmática del ministerio de Pedro. (Rahner, K.).

05. SAN PABLO

El 29 de junio celebramos la fiesta de los santos Pedro y Pablo. Pero dicho esto, no es menos cierto que, al final, solamente es la fiesta de San Pedro. S Pablo queda en un segundo plano, si no olvidado.

Sin embargo S Pablo fue el que llevó el cristianismo adelante y quien extendió el cristianismo al mundo pagano tanto geográfica como culturalmente.

Posiblemente si no hubiese existido “un” S Pablo, el cristianismo habría terminado siendo una secta judía más.

San Pablo es el que abrió un cristianismo judío en su origen a un cristianismo universal, abierto, libre.

06. CURSUM CONSUMMAVI ET FIDEM SERVAVI (2TIMOTEO).

Hemos escuchado en la segunda lectura un hermoso párrafo de la 2 Timoteo.

Las cartas a Tito y 1 y 2 Timoteo (cartas pastorales) son más tardías que San Pablo. Cuando se escriben estas cartas Pedro y Pablo habían muerto martirizados en Roma el año 67. Estas cartas son de tradición paulina, datan de finales del siglo I y evocan -“recuerdan”- un Pablo anciano que ha terminado el curso de su vida, ha combatido bien, ha conservado la fe y confía en el Señor también al final de su vida.

Tal vez esta pueda ser la actitud de algunos (muchos o pocos) de nosotros. Hemos recorrido el camino de la vida, hemos trabajado y conservado la fe. Hemos crecido y vivido el evangelio en el tono vital del concilio Vaticano II.

Previsiblemente no veremos muchos cambios, novedades. Ni las esperamos tampoco. Seguiremos la eclesiología de San Juan: permaneced en lo que os enseñé desde el comienzo: permaneced en mi amor. Para nosotros la mirada está en el Señor, en el Reino de Dios.

Esto no es pesimismo, sino esperanza.

He librado un buen combate, he dado fin a mi carrera, he conservado la fe. Ahora me queda esperar la corona, el final en JesuCristo. (2 Tim 4,7).

ORACIÓN DE LO

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«Pidamos por la reforma y conversión del Papado para ser una Iglesia sinodal», por Consuelo Vélez

domingo, 29 de junio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Fiesta de San Pedro y San Pablo, Apóstoles 29-05-2025

El evangelio de hoy expresa lo que Pedro será en la Iglesia católica: garante de unidad, de sucesión apostólica, de continuidad de la fe

A Pablo por su dedicación total a la predicación, su testimonio constante, se le considerara al mismo nivel que Pedro

Actualmente es urgente una reforma del Papado, como ya lo había señalado el papa Francisco y el Documento final del Sínodo de la Sinodalidad, para que ese ministerio sea testimonio de servicio e inclusión, con menos señales de Iglesia imperial y más de Iglesia de Jesucristo

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

+ «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».

Ellos le respondieron:

– «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».

+ «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió:

– «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Y Jesús le dijo:

– «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo»

(Mateo 16, 13-19)

Este domingo coincide con la fiesta de San Pedro y San Pablo a los que la Iglesia considera fundamentales en el despliegue de la Iglesia, cada uno con características propias. El evangelio de hoy se refiere a Pedro y su confesión de fe. Seguramente este texto es post pascual, es decir, Pedro confiesa a Jesús como Cristo después de la experiencia de la resurrección. Pero esto no significa que su protagonismo no se refleje en todos los evangelios desde el inicio de su seguimiento de Jesús, al ser, muchas veces, vocero de los Doce y ocupar el primer lugar en diversas circunstancias. Además, este evangelio expresa lo que Pedro será en la Iglesia católica: garante de unidad, de sucesión apostólica, es decir, de continuidad de la misma fe.

Por su parte Pablo no formó parte de los Doce, sino que tiene la experiencia de Jesús unos 3 o 4 años después de los acontecimientos pascuales. Pero su dedicación total a la predicación, su testimonio constante, hizo que con el tiempo se le considerara al mismo nivel que Pedro.

De hecho, el libro de los Hechos de los Apóstoles dedica la primera parte a Pedro y la segunda parte a Pablo, y relata hechos similares de los dos, mostrando su importancia en el desarrollo de la Iglesia. Según los datos de este libro, se encontraron dos veces en Jerusalén y una en Antioquía, donde mostraron diferencias.

Se cree que Pedro fue asesinado en Roma por el año 64. De Pablo se dice lo mismo, aunque los datos no son muy precisos. Los primeros cristianos que conmemoraban a sus compañeros mártires, juntaron a Pedro y Pablo en la fiesta del 29 de junio, en el que se celebraba la inauguración del templo de Quirino, considerado fundador de Roma; para decir que Roma estaba fundada con la sangre de Pedro y Pablo. Lo interesante es que ellos son ejemplo de la unidad en la diversidad y así debería ser nuestra iglesia para que en verdad quepan “todos, todos, todos”, como decía el Papa Francisco y ha repetido el Papa León XIV.

Precisamente con la elección del nuevo Papa y las celebraciones litúrgicas a las que asistimos el mes pasado del inicio de este pontificado, hemos podido ver cómo se organiza la Iglesia católica y de qué manera el Papa es continuador de estos Apóstoles, piedras vivas, de la Iglesia. De todas maneras, está por realizarse una reforma del Papado, como ya lo había señalado el papa Francisco y el Documento final del Sínodo de la Sinodalidad, para que ese ministerio fundamental sea testimonio de servicio e inclusión, con más descentralización, más sinodalidad, más austeridad, reflejando más el ardor misionero de los primeros apóstoles y menos el poder y organización de una iglesia con las mismas características del Imperio. Pidamos por la reforma del Papado y de la organización eclesial para ser verdaderamente una iglesia sinodal.

(Foto tomada de: https://corazoneucaristicodejesus.blogspot.com/2011/06/pedro-y-pablo.html)

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