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“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.”. Domingo 18 de mayo de 2025. 5º Domingo de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2025
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30-pascuaC5 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…

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18.5.25 Dom 5 Pascua: Nuevo (único) mandamiento: Que os améis unos a otros

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1316Del blog de Xabier Pikaza;

Domingo 5º de Pascua. Este es el domingo del mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”. Es el mandamiento de la vida de Jesús, que “manda/pide” que seamos como él es, que nos amemos unos a los otros.Éste es el mandamiento de la revelación de Dios, de la manifestación  del ser humano, mujer y varón, varón y mujer, padres e hijos, hijos y padres… judíos y gentiles, del norte y del sur… Éste es el único mandamiento de la nueva humanidad, un mandamiento cristiano precisamente por ser humano. Dios no pide que le amemos a él, sino a los hermanos.Éste es el único mandamiento, los diez mandamientos en uno: que os améis, como ama Dios, como Jesús nos dice.

En el AT eran diez, recogidos en Ex 19 y en Dt 5, Pero Jesús empezó resumiéndolos en dos: Amarás a Dios de todo corazón… y amará al prójimo como a tí mismo..

Pero después, haciendo camino, llegado a la última cena, Jesús mismo resumió los diez y los dos en un sólo mandamiento, que es el amor al prójimo, así dice el evangelio de este domingo 5 cuaresma, que es el domingo del amaor:

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros. (Jn 13, 34-35)

Texto clave del NT. Paralelos.

El mandamiento nuevo es sólo uno: amar al prójimo, amor a los demás, como Dios Dios ama, como Cristo ama. Este texto del amor al prójimo como único mandamiento ha sido destacado en los otros dos pasajes fundamentales del NT:

a. Rom 13,, 8-10. Pablo sabe que hay tres mandamientos negativo que condensan todo el AT: No adulterar, no matar no robar (los tres deseos que pone de relieve también el budismo). Pues bien, frente a ellos, sólo hay un mandamiento positivo amar al prójimo como  uno mismo.

b.  Mt 25, 31-46. Sólo hay un mandamiento: dar de comer, de beber, vestir al desnudo, acoger al extranjero, cuidar a enfermos y encarcelado… Ese es el único mandamiento de Cristo….

Único mandamiento… única religión, el prójimo

El Dios de Jesús, Jesús como tal, no manda que le amemos a él por separado… sino que amemos a los demás, porque ellos son Dios, ellos son cristo.

Dios no es egoísta, ni es egoísta a Cristo. No quiere que le amemos a él por separado, que amemos a Cristo… La religión no es amar a Dios, sino amar al prójimo…

Hemos hecho una religión falsa, como gran máquina de amar a Dios… Pues bien, dios no quiere que le amemos a él, sino que amemos a los hermanos, pues ellos son su amor.

Éste es el único mandamiento, los diez en uno, los dos mandamientos en uno, porque «amar a Dios y amar al prójimo» se resume en éste: amáos unos a los otros, porque aquí está Dios y amando al prójimo estáis amando a Dios (y manifestáis en vuestra vida el amor de Dios)

Primera de Juan (1 4)

El mejor comentario de este evangelio lo ofrece la primera carta de Juan (1 Jn), que  ha relacionado de manera muy intensa el amor mutuo (amor interhumano) con el ser de Dios, entendido como amor y de esa forma ha comentado el mandamiento del amor.

Parece que en un determinado momento la comunidad de Juan (es decir, del Discípulo Amado) había sufrido el riesgo del exclusivismo, cerrándose en un tipo de amor puramente interior, entre los miembros del grupo. Pero, más tarde, esa comunidad se ha integrado en la Gran Iglesia, ofreciendo su experiencia y exigencia de amor no sólo a los cristianos sino a todos los hombres y mujeres, entendidos desde Cristo como hermanos y amigos:

[a. A Dios nadie le ha visto]. Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

[b. Hemos conocido y creído. Confesión cristológica]. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.

[b’ Dios es amor. Confesión teológica]. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

[a’. Conclusión y mandamiento]. Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano (1 Jn 4, 7-21).

He dividido el texto en cuatro partes, que voy a comentar. Entre la primera (a) y la última (a’) hay una relación interna: ambas insisten en que Dios nos ha amado primero y vinculan amor a Dios y al prójimo, empleando el argumento de la visibilidad: nadie ha visto a Dios, pero su presencia se ilumina en el amor al prójimo a quien vemos. Las partes intermedias (b y b’) son de tipo más teórico/temático: una vincula el amor con Cristo, la otra con Dios.

a. A Dios nadie le ha visto (Amémonos unos a otros! (1 Jn 4,7-12).

Hemos puesto como título las palabras del final de este pasaje (“a Dios nadie le ha visto…”) donde se retoma y replantea, desde el amor, el argumento básico de Jn 1, 18: “a Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, ése nos lo ha manifestado”. Aquí se refleja un tema central del Antiguo Testamento, que dice: “no te fabricarás escultura, imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos o abajo en la tierra o en los mares por debajo de la tierra” (Dt 5, 8; Ex 20, 4).

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Jesús y Dios. Jesús, nosotros y los otros. Domingo 5º de Pascua. Ciclo C

domingo, 18 de mayo de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos que las ovejas seguían al pastor. Hoy el pastor abandona temporalmente a su rebaño, dejándole un encargo de última hora. Las dos primeras lecturas hablan de las persecuciones presentes y de la gloria futura.

 Lectura del evangelio (Juan 13, 31-33a. 34-35)

El evangelio de hoy, tomado del discurso de Jesús durante la última cena, aborda brevemente dos temas: Jesús y Dios; Jesús, nosotros y los otros. En realidad, el texto del cuarto evangelio incluye entre estos dos temas un tercero: Jesús y los discípulos. Los responsables de la selección no desaprovecharon la ocasión de suprimirlo.

Jesús y Dios. (Puede extrañar que no escriba Jesús y el Padre”, pero en esta primera parte Jesús usa tres veces la palabra “Dios” y nunca “Padre”.)

 Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

Estamos en la noche del Jueves Santo. Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes. Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.”

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.

¿Qué es eso que ha ocurrido ahora y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda lo que dice la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

            Jesús, nosotros y los otros.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

Esta parte, muy conocida, es fácil de entender y muy difícil de practicar. El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad consiste en amar “como yo os he amado”. La idea de que Jesús amaba solo a uno de los discípulos (“el discípulo amado) no es exacta. Amaba a todos, y si a ellos les hubieran preguntado en aquel momento cómo los había amado Jesús dirían que eligiéndolos y soportándolos. Es mucho, pero hay una forma más grande de demostrar el amor: dando la vida por la persona a la que se quiere, como el buen pastor que da la vida por sus ovejas.

Cabe el peligro de concluir: “Si Jesús nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarlo a él”. Sin embargo, el mandamiento nuevo no habla de amar a Jesús, sino de amarnos unos a otros. Esto supone un cambio importante con respecto al libro del Deuteronomio, donde el mandamiento principal es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Jesús, de forma casi polémica, omite la referencia a Dios y habla del amor al prójimo. Y lo mismo que a los israelitas se los reconocía por creer en un solo Dios dentro de un ambiente politeísta, a los cristianos se nos debe reconocer por amarnos unos a otros.

Sin embargo, cuando se conoce la historia de la Iglesia, queda claro que los cristianos nos distinguimos, más que por el amor mutuo, por la capacidad de pelearnos, no solo entre diversas confesiones, sino dentro de la misma. Curiosamente, la situación ha mejorado mucho entre las distintas confesiones, mientras los conflictos abundan dentro de la misma iglesia. Lo cual es comprensible. Es más fácil pelearse con el hermano que vive contigo que con el que ha formado su propia familia y está más lejos.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe. Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).

En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.

            En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.

En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.

Sin título

En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

            En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:

         1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.

         2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.

         3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.

Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

 Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.» Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

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V Domingo de Pascua. 18 mayo, 2025

domingo, 18 de mayo de 2025
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5-Do-PAscua

 

«La señal por la que os reconocerán como discípulos míos…»

(Jn 13, 31-35)

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: «amaos los unos a los otros».

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y a trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de  reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: «la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor».

Como monja trinitaria la redención, el sentirme redimida, el saber a la humanidad redimida, forma parte de nuestra manera particular de vivir en la Iglesia. La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por cada una de nosotras, por cada uno de nosotros.

Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a pesar de nuestros conflictos. Siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor.

Feliz día. Feliz domingo.

Oración

“Tú me conoces y me sondeas,
tú me amas y confías en que el amor será el motor de mi vida,
el amor que tú has puesto en mi corazón
para entregar a mi prójimo
porque si no amo a quien veo,
¿cómo podré amarte a ti, a quien no veo?”

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El amor en la comunidad es sólo el primer paso para que el amor llegue a todos.

domingo, 18 de mayo de 2025
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37794D22-C6A8-438F-8838-1C1958876EA5DOMINGO 5º DE PASCUA (C)

Jn 13,31-35

El domingo pasado nos hablaba de ser “unum” con Dios, con Jesús y con los demás. Hoy nos invita a manifestar esa unidad con nuestras obras. Si descubres esa unidad, no necesitas preceptos ni mandamientos para manifestarla. Si no la descubres, lo que hagas será solo una programación que ni te enriquece ni enriquece a los demás.

Que os améis unos a otros” se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT pueden dar pie a esta interpretación. Amar solo a los nuestros iría en contra del mensaje de Jesús. El texto nos invita a amar como Jesús amó. Está claro que él amó a todos sin distinción.

Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-ágape. Esto es imposible, si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora. No se trata de una programación sino de una vivencia que se manifiesta en la entrega.

El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la seña de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, ‘el amar a Dios’. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación externa con Dios. La nueva, basada en una relación de amor servicio a los demás.

Jesús no propone como ideal el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa.

Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades de plenitud humanas. Amar es la única manera de ser plenamente humano. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, sino que vive el amor y dice: ¡Imitadme!

En esto conocerán que sois discípulos míos. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús propone una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo suyo y hermano de todos los seres humano sin excepción.

La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristianos? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros.

El amor del que habla el evangelio no es un precepto que puede imponerse, sino la exigencia más profunda de nuestro verdadero ser. Si llegáramos a tomar conciencia de lo que somos, el amor sería espontáneo y nadie podría dejar de amar. La Realidad en la que todos estamos identificados es lo que llamamos Dios y su ágape nos saca de nuestra individualidad y nos integra en el Todo.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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A mí me lo hicísteis.

domingo, 18 de mayo de 2025
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amense los unos a los otrosJn 13, 31-35

«En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os améis los unos a los otros»

El cronista del Génesis nos muestra a Dios insuflando su espíritu en las narices del muñeco de barro, y aunque sólo sea una imagen, nos transmite su voluntad ‒la voluntad de Dios‒ de que el mundo participe de su espíritu; un espíritu que nos capacita para amar y nos capacita también para intuir a Dios en el amor humano.

A veces tratamos de conocer a Dios a base de asertos, con el entendimiento, y ése no es el camino. Sólo podemos acercarnos a Dios desde el corazón. Erich Fromm decía que «la consecuencia lógica de la teología es el misticismo», porque Dios no es objeto de conocimiento. Lo que encuentran los místicos en lo más íntimo de su ser no es comprensión de Dios, sino amor. Describen su experiencia como plenitud absoluta; como la del enamorado al fundir su espíritu con el de su amada. «Que muero porque no muero»… decía Santa Teresa

Jesús ‒rebosante de ese espíritu‒ centra su vida y su enseñanza en el amor, en la entrega, en la misericordia… y no es de extrañar que Juan —tan cercano a él‒ nos brinde hoy la joya que leemos en el evangelio: «En esto conocerán que sois mis discípulos…». No nos conocerán por nuestras conjeturas teológicas o metafísicas (tan doctas como estériles), ni por ser piadosos, ni por frecuentar el templo ni por cosa parecida. Nos conocerán por ser fraternos. Por dar fruto.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Cristiano es quien se siente amado por Dios y responde amando»… Y ya está.

Y es que el sueño de Jesús ‒el Reino‒ es una humanidad de Hijos que sólo amándose como hermanos podrá realizarse. O dicho de otra forma, una comunidad de hermanos que se aman, se perdonan y se ayudan mutuamente. Y una vez más, es de admirar su genialidad al extender las relaciones que se establecen en el seno de la familia al conjunto de la humanidad. En una familia lo obligatorio es siempre mucho menos de lo que se está dispuesto a hacer por los otros, y Jesús nos invita a crear esa familia universal en la que todos nos veamos concernidos por la suerte de los demás.

Mateo expresa esta idea de manera espléndida en la parábola del juicio final que sitúa en el huerto de los olivos justo la víspera de la pasión. Una parábola soberbia, con una escenografía colosal, en la que Jesús resume toda su enseñanza: «Venid benditos de mi Padre… porque tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber. Fui peregrino y me acogisteis. Estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, encarcelado y me asististeis»…

Y este texto nos interpela especialmente porque no tiene nada de abstracto, ni metafórico, ni simbólico, ni oscuro. Es el núcleo más íntimo del mensaje evangélico dicho en el lenguaje más llano que cabe imaginar. Es la norma de vida que, generalizada, cambiaría la faz de la tierra;  que transformaría de tal modo la sociedad, que la convertiría, sin eufemismos, en el Reino de Dios.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Amaos como yo os he amado.

domingo, 18 de mayo de 2025
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VOCACIÓN 67

COMENTARIO AL EVANGELIO Jn 13, 31-33a. 34-35.

18 de mayo de 2025

El Evangelio de este quinto domingo de Pascua hace referencia a un aspecto esencial del legado de Jesús. La escena en la que se desarrolla se sitúa en la Última Cena cuando deja uno de los mensajes más esenciales del cristianismo, no solo en su sentido espiritual sino también humano. Juan es el único Evangelio que no habla de la institución de la Eucaristía en el contexto de la Última Cena; no se centra en el rito sino en el significado y el impacto que pueda tener la integración de este mensaje.

Es curioso que el mensaje del Amor lo verbaliza una vez que Judas ha salido del cenáculo, como indica el texto. En la persona de Judas está simbolizada la traición, la falta de comprensión del auténtico mensaje cristiano, una traición que no siempre es tan descarada, como en este caso, a veces es sibilina y astuta. El mensaje del amor auténtico es incompatible con la incoherencia, con la doble moral, con una vida que ansía status, poder, prestigio, obsesión por el dinero, poseer, dominar, aparentar. Una mente así estructurada nunca va a escuchar, quizá sí oír, el mensaje del amor que nos propone Jesús y el cristianismo.

Jesús les dice que les deja un mandamiento nuevo, por tanto, hay novedad en ese mensaje de amor. Toda la tradición judía basada en la ley de Moisés queda superada y liberada con esta propuesta. No va de un amor exclusivo, solo para amar a las personas de nuestro círculo o situación social, religión, condición, opciones de vida. La novedad del amor de Jesús es de mucho calado y él se sitúa como referente, arquetipo y criterio. “Como yo os he amado”.

Ahora bien, ¿De qué Amor se trata? ¿Qué esencia tiene ese Amor? Se deja ver con mucha nitidez que este amor no es un deber moral, sino que es la vibración más profunda del ser humano, una corriente interna que nos conecta con otros seres semejantes. Estamos hechos de amor gratuito y liberador.

Amaos como yo os he amado”, dos veces repetido en esta breve escena, es una expresión que evoca un movimiento circular, una danza inclusiva, donde los otros, la realidad divina y mi realidad humana se sincronizan para generar un vínculo indestructible. Este amor brota de lo más profundo y sólo tiene vida si sale hacia fuera.  No viene del exterior, ni nadie me lo da, tan solo me hace ser consciente de que es la esencia de nuestra verdadera naturaleza.

Amaos como yo os he amado.  Dice Jesús que el signo de que somos sus discípul@s es la vivencia del amor. Y un amor que nos hace semejantes y nos sitúa en una horizontalidad y simetría que no se puede romper. Jesús nos llama a la circularidad, a una visión nueva de que el amor no es buscar que nos completen porque ya hemos sido diseñados como completos. No somos mitades o cuartos de nadie, sino unidades que peregrinan por esta historia estableciendo vínculos enraizados en un espacio interior donde cohabitan la humanidad y la divinidad entrelazadas. Es verdad que se expresa a través de gestos, palabras, actitudes, pero no para perfeccionar a nadie sino para despertar la consciencia de que todos somos valiosos y tenemos la misma dignidad. No es un amor romántico, acaramelado, sensible, es un amor que sana, libera, empodera y trasciende.

Amaos como yo os he amado. Se trata de un amor que no nace de la carencia sino de la abundancia. Cuando nos necesitamos para completarnos aparece la verticalidad, el dominio de uno sobre otro aunque suele ser más habitual de uno[s] sobre otra[s]; se rompe, entonces, el verdadero vínculo y aparecen todas las necesidades afectivas como un geiser que desestabiliza la vida y la convierte en un ego ansioso que busca equilibrarse por otro ser que de seguridad o al que se pueda dominar.

Amaos como yo os he amado. El amor de Jesús a la humanidad podemos verlo claramente en su vida, en su manera de relacionarse, en sus palabras, gestos, especialmente en su mirada al ser humano como “hijo” independientemente de su ideología, sexo, género, etnia, status social, etc. La mirada de Jesús a la humanidad va al fondo y no a la forma en la que nos ha tocado vivir o que hemos elegido vivir. Es una mirada que percibe la libertad y la capacidad de vivir en comunión y no en dominación.

Si el signo de ser discípul@s de Jesús es la vivencia de su paradigma del amor, no podemos quedarnos impasibles ante todas las personas que sufren, vulnerables, excluidas, fuera de juego. No podemos conformarnos, tampoco, con una iglesia que todavía expresa una imagen más de verticalidad que de horizontalidad, cuya ética del amor es muy potente con los de fuera, pero, a veces, descuida a los de dentro, especialmente a las de dentro. Ojalá en esta nueva etapa de la Iglesia veamos la realidad de una iglesia en igualdad y sinodalidad efectivas, identificada con el amor de Jesús.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Todo otro es no-otro en mí.

domingo, 18 de mayo de 2025
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Amistad-640x427Comentario al evangelio del domingo 18 mayo 2025

Jn 13, 31-35

¿Por qué me resulta tan difícil ver y vivir a la otra persona como no-separada de mí? O de otro modo: ¿qué me hace vivir encapsulado en los límites de mi personaje, ignorando la identidad común que compartimos?

La respuesta la encontramos en el momento evolutivo de nuestra especie y en el proceso de socialización.

Como especie, nos hallamos en una etapa del proceso evolutivo en el que no es fácil desidentificarse de la mente y, en consecuencia, del yo. En esta etapa sigue predominando el estado mental, que nos hace tomar como real solo aquello que la mente puede percibir. Y esta únicamente puede percibirnos como un yo particular, bien delimitado y separado de todo lo que no soy yo. Y donde hay identificación con el yo, hay miedo y tensión, ansiedad, insatisfacción, insaciabilidad y necesidad constante de auto-reafirmación.

Por lo que se refiere al proceso de socialización, es preciso entender que el niño es pura necesidad, en todos los sentidos. En concreto, para lo que aquí nos interesa, es necesidad de reconocimiento, de seguridad y de confianza. Cuando tal necesidad no encuentra respuesta adecuada, surgen de manera inevitable diferentes mecanismos de defensa -desde la agresión a la huida-, corazas de todo tipo, que fácilmente se convierten en una armadura rígida, la cual viene a constituir una segunda personalidad. Desde muy temprano, el niño se identifica con esa armadura porque piensa que, sin ella, corre peligro.

Si a eso se le añade el mensaje que recibe de todo su entorno y que le hace identificarse con su yo particular, se han creado las condiciones perfectas para que la persona se autoperciba como ese mero yo y viva amurallada, de una manera radicalmente egocentrada.

Dado que se trata de un error, no podremos dejar de advertir que algo chirría en nuestro interior. De entrada, no sabremos qué es, pero algo -en particular, el sufrimiento inútil- nos dice que vivimos equivocados. Será necesario todo un proceso de desaprender para poder comprender que, en nuestra identidad, no somos el yo con el que nos habíamos identificado, sino eso que observa o que es consciente de todos los movimientos cambiantes del yo, la consciencia una. Por lo que, al experimentarme como consciencia -llevando la atención a eso que, en “mí”, consciente-, descubro que esa consciencia que soy es lo que son en realidad todos los seres. La luz que brota de ahí contiene un mensaje inequívoco: si todo ser es no-otro de mí, solo acertamos cuando amamos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Necesitamos en la vida amar y ser amados

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1261Del blog de Tomás Muro, la Verdad es Libre:

01.- Conversaciones -Testamento- de despedida de Jesús con los suyos.

Podríamos decir en lenguaje coloquial que el capítulo 13 del evangelio de san Juan constituye como el testamento de Jesús; son como las últimas conversaciones de Jesús con sus discípulos.

Tal vez para enmarcar y comprender bien estas palabras, nos vendría bien recordar, evocar en nuestro interior, las últimas conversaciones y palabras que nos dijeron nuestro padre, nuestra madre, quizás algún hermano o amigo cuando estaban muriendo.

En ese contexto, sabiendo Jesús que iba a pasar de este mundo al Padre, habla con los suyos en una intimidad especial. Hijitos míos. La relación de Jesús con los suyos no es judicial, sino de gran amabilidad: hijitos. El texto tiene un intenso clima cristiano.

Acojamos en nuestra intimidad estas palabras de Jesús.

02.- Amor – Eucaristía.

El relato evangélico de hoy está situado en el contexto de la Última Cena. Curiosamente mientras los tres evangelios sinópticos (Mt, Mc y Lc) colocan la Eucaristía en la Última Cena, san Juan sitúa en la Última Cena no la Eucaristía sino el lavatorio de los pies (servicio) y el amor, el mandamiento del amor. Os doy -os regalo- (don) el amor como modo de vida

03.-  Os doy un Mandamiento Nuevo.

No es que Jesús nos dé o nos imponga una nueva ley distinta de los diez mandamientos.

Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley, que contenían los diez mandamientos.

Jesús no nos impone una nueva ley, sino que nos da, nos regala su amor y nos llama a vivir en el amor: que os améis unos a otros como Él mismo nos ha amado.

04.- Necesitamos amar y ser amados en la vida.

En principio el amor no es una cuestión especialmente religiosa, sino humana. Todos los humanos, creyentes o ateos, necesitamos amar y ser amados.

En la vida podemos vivir sin muchas cosas. Podemos vivir -hemos vivido- sin muchos medios económicos, podemos vivir sin justicia, sin libertad, sin paz… pero no podemos vivir serenamente sin amar y sin ser amados.

05.- Amar en las diversas situaciones  de la vida.

No es sencillo decir, definir lo que es el amor. El amor es una dimensión humana tan hermosa como difícil.

El amor impregna la existencia humana en las más diversas situaciones y momentos de la vida:

* el amor hacia el niño recién nacido es muy importante porque ahí se ventila la acogida y la serenidad en la vida, en el mundo, en la familia de ese niño. Un niño no acogido, no querido lo va a tener muy difícil en su desarrollo humano, psicológico, etc.

* el amor de la juventud es un “tsunami” (valga la expresión) que encauza las fuerzas afectivas, sexuales, de encuentro en la vida…

* el amor en la familia (al menos en nuestra tradición cultural de familia) reviste otras características de abrirnos a la vida, acompañarnos y de protegernos en la vida.

* La amistad reviste otras tonalidades de sintonía, encuentro, ayuda… Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro, (Eclo 6,24).

* En ocasiones el amor es saber perdonar.

06.- El amor no es mera pulsionalidad.

El amor no es mera pulsionalidad, una simple instintividad, ni un fácil sentimentalismo.

A. En la vida, en la persona hay realidades buenas sobre las que hemos de poner razón, sensatez. El alimento, la sexualidad, el placer, la etnia, son realidades buenas: Vio Dios lo que había creado y era bueno… pero hemos de vivirlas con racionalidad.

B. También vivimos momentos pulsionales negativos: viejos conflictos familiares, políticos, odios, etc. Quizás los impulsos negativos nos dominan; ahí es donde hemos de poner también sensatez para que la razón “controle” la pulsionalidad.

Aristóteles fue quien dijo esa distinción en el ser humano: somos animales racionales. Nuestra dimensión corpórea-animal es lo pulsional e instintivo que ha de regular la dimensión racional, espiritual del ser humano

Dar y recibir amor en la vida es realizador de la persona.

07.- Cielos Nuevos y Tierra Nueva.

Hemos escuchado en la lectura del Apocalipsis: Vi unos cielos nuevos y una tierra nueva … donde no habrá ni llanto ni dolor.

Es palpable que no han llegado esos cielos y esa tierra nueva: Ucrania, Rusia, Israel, Gaza, hambre en el mundo, etc.

El amor es una fuerza transformadora. Nada realiza y dinamiza tanto como el amor como la experiencia de que alguien nos ama y ha hecho algo por nosotros.

Noble tarea vivir y sembrar amor, respeto, libertad. Tal es nuestra moral.

08.-  El Amor es el único principio de moral cristiana.

Posiblemente el amor es el único mandato, don, la única ética cristiana. En esto os conocerán que sois mis discípulos…

Amar (apreciar, respetar, valorar) hace bien a todos: a quien ama y a quien es amado.

San Agustín entendió bien a Jesús, cuando dijo aquello de que:

AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS

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«Una comunidad creíble es la que da testimonio del amor de los unos a los otros», por Consuelo Vélez

domingo, 18 de mayo de 2025
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IMG_1284De su blog Fe y Vida:

V Domingo de Pascua 18-05-2025

Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento

La muerte de Jesús que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida

El amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos

El amor mutuo es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven

Después que Judas salió, Jesús dijo:

«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros»

(Juan 13, 31-33a.34-35)

En este capítulo 13 del evangelio de Juan se nos relata el lavatorio de los pies y, posteriormente, el anuncio de la traición de Judas. Justamente con este hecho comienza el texto que se nos pone hoy a consideración. Judas salió de aquella cena y queda Jesús con los discípulos que aún le siguen a los cuales les comunica lo que va a pasar y, además, les va a dejar su testamento. La primera parte se refiere a la pasión que va a vivir en breve, interpretada teológicamente: esa muerte que para sus contemporáneos significa el fin de su misión y el acabar con ese profeta que les incomoda, con la experiencia de la resurrección se convertirá en la gloria del Hijo, en el sí de Dios a su vida, en el vencer la muerte con la vida definitiva en Dios. Todo eso lo expresa con la afirmación de la glorificación del Hijo del hombre y la glorificación de Dios mismo en él.

Este acontecimiento es confiado a sus discípulos, a los suyos, dándoles un mandamiento nuevo. ¿En qué consiste la novedad de este mandamiento? En que el amor que él les pide que se tengan unos a otros, tiene como fundamento el amor que Jesús ha tenido por cada uno de los suyos. Como se puede ver, este mandamiento no es una regla para cumplir, una liturgia para realizar, una prohibición para respetar. Es una experiencia que se hace vida entre Jesús y cada persona y, porque es una experiencia real, se proyecta en el amor mutuo. Además, ese amor es el que permitirá que los demás reconozcan quienes son los discípulos de Jesús y se entusiasmen por vivir lo que ellos viven.

De hecho, un padre de la Iglesia de los primeros tiempos escribió que la gente se admiraba del amor que se profesaban los cristianos entre ellos, diciendo: “miren como se aman” y, precisamente, por ese testimonio se iban añadiendo más creyentes a la comunidad.

Para nosotros que estos días estamos saboreando la experiencia de la resurrección de Jesús, ese mandamiento mantiene toda su actualidad. La gente podrá creer en los frutos de la pascua en la medida que vean comunidades alegres, unidas, servidoras, testigas del amor sincero de unos para con los otros. Que ese amor sea nuestro distintivo, haciendo creíble la presencia de Jesús en medio de la comunidad.

(Foto tomada de: https://www.hablarconjesus.com/meditacion_escrita/camino-de-emaus)

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“Elegir amar”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 18 de mayo de 2025
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imageDe su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¿Qué nos queda?

En el caos que, de tantas formas y de modos diversos, atraviesa nuestras vidas, en la frenesí del cotidiano aturdidor y humillante, en el miedo. ¿Cómo podemos sobrevivir a este tiempo malsano?

Solo una cosa: seguir mirando hacia arriba. Seguir amando.

Porque ser discípulos significa dejarse amar y aprender a amar.

Convertirse en amados, que es uno de los nombres con los que se llamaba a los discípulos del Maestro.

Aquellos que descubren que son amados. Los amados.

Porque creemos en el Dios de Jesús, un Dios feliz que nos quiere felices.

Aprendiendo a amar. Esto da gloria a Dios. 

Gloria

En un mismo párrafo, Jesús habla cinco veces de gloria y glorificación y de cómo, gracias al Padre, está a punto de ser glorificado.

Quizá Jesús piensa que, a pesar de todo, al final su misión tendrá éxito y las cosas, de repente, tomarán otro rumbo. Confiado. Optimista. Incluso embriagado.

Solo que estas palabras las dice durante la última cena, poco antes de ser arrestado. Las dice en el mismo momento en que su destino está marcado. Las dice cuando Judas sale para ir a delatarle.

Jesús insiste, exagera: ahora mismo he sido glorificado, dice.

En el momento más doloroso de la traición, cuando una persona que te ama y te ha seguido te engaña, Jesús afirma que podrá manifestar plenamente su gloria.

¿Pero lo hace?

No, Jesús hace algo extraordinario: mira más allá del presente, ve el vaso medio lleno, no se encierra en sí mismo, deprimido o furioso, por el engaño. Como Judas lo está traicionando, podrá demostrarle que realmente lo quiere.

Precisamente porque está a punto de ser asesinado, podrá manifestar a todos los hombres cuánto los ama, cuánto nos ama, cuán seria es su amor. En la traición de Judas vemos la medida del amor de Jesús. 

Judas

Judas se ha perdido, cierto, verdad.

¿Pero el Señor no ha venido precisamente a salvar a los que estaban perdidos?

¿No es la perdición, precisamente, el lugar teológico de la salvación?

¿No nos salvan precisamente porque antes nos hemos perdido?

Con Judas, Jesús podrá demostrar cuál es la medida del amor de Dios: la ausencia de medida.

Todo hombre que toma conciencia de sí mismo se pregunta: ¿estoy perdido o salvado?

Jesús responde: estás perdido, y estás salvado.

Los Apóstoles no entienden, como no entendieron el gesto del lavatorio de los pies.

Pedro, poco después, dirá que está dispuesto a dar la vida por Jesús.

Pedro, ahora, se toma a sí mismo por Dios, quiere salvarlo.

Jesús le recordará que es él quien da la vida por sus discípulos.

Un gallo cantará, recordándole a Pedro su límite. No por causa de Dios debe morir, sino con Él.

Todo lo que puede hacer el discípulo es imitar al Maestro, no sustituirlo.

Jesús habla de su gloria, una gloria que consiste en manifestar cuánto nos ama.

Y nos pide que hagamos lo mismo.

La gloria es poder demostrar el propio amor.

Un amor sano, centrado, luminoso, concreto, humilde, oblativo, fecundo, respetuoso, liberador, libre.

¿Y si, en lugar de pasar la vida mendigando aplausos, pidiendo reconocimiento, haciendo pesar el dolor del pequeño pirómano que hay en nosotros, empezáramos a querer amar? 

Amaos

Entre Judas y Pedro, los otros evangelistas sitúan la Última Cena.

Juan omite el relato de la cena para sustituirlo por el lavado de los pies: la liturgia es falsa si no se convierte en servicio al hermano débil. Juan se atreve a más: entre las dos traiciones y las dos salvaciones (Judas es salvado del mal, Pedro del falso bien) inserta el único mandamiento del amor.

Jesús nos pide que nos amemos (amarme a mí, amarte a ti,…) del amor con el que Él nos ha amado.

Corrige a los otros evangelistas. El mayor mandamiento no es amar a Dios y al prójimo.

Sino amar al prójimo con el amor que recibimos de Dios. Amar con el amor de Dios.

De su amor, con su amor. No con el amor de la simpatía, de la elección, del esfuerzo, de la virtud.

Con el amor que, procedente de Cristo, puede llenar nuestro corazón para luego fluir hacia el corazón de los demás.

No puedo amar a las personas antipáticas, ni a las que me hacen daño. Solo el amor que viene de Dios, un amor teológico, me permite amar por encima de los sentimientos y las emociones. 

Señales y signos

Debemos ser conocidos por el amor.

No por las devociones, no por las oraciones, no por las señales externas, no por la organización caritativa, sino por el amor. El amor es lo que más debe importar en la Iglesia.

Que sea verdadero, que sea libre, que se haga evidente.

No teórico, no vinculado (te amo si), no humoral.

Un amor más grande que da vida. Porque a veces el amor mortifica.

Un amor en equilibrio entre emoción y elección, entre énfasis y voluntad, que se vuelva concreto y activo, tolerante y paciente, auténtico y accesible, que sepa manifestarse en el momento de la prueba y del engaño.

¿Quieres glorificar a Dios?

Déjate amar.

Aprende a amar.

Elige amar.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el V Domingo de Pascua, 18 de mayo de 2025

1. – El amor hace despertar la esperanza.

2.- Mendigos de amor.

3.- El arte de amar. 

3.- Qué amor.

5.- Dejarse amar para conocer la verdad.

6.- La medida del amor

7.- Elegir amar – Comentario al Evangelio de San Juan 13,31-33.34-35 –.

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“Porque el CORDERO los pastoreará” –Y nuestro nuevo Papa también lo hará

lunes, 12 de mayo de 2025
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IMG_1214La publicación de hoy es de Michaelangelo Allocca, colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Cuarto Domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.

¿Te has parado a pensar alguna vez en lo cansados que los humanos debemos estar del Espíritu Santo? Yo mismo tengo esta sensación con frecuencia al interactuar con las Escrituras de diversas maneras, y como hombre gay, miembro de un grupo que a menudo se siente incómodo en la Iglesia. Gran parte de la Biblia me parece un esfuerzo incesante de Dios por decirnos: “Amen a TODOS. ¿Es eso confuso o poco claro?”. Y nosotros, los humanos, decimos: «Oh, no, vale, lo entendemos… Pero… ¿no te refieres a ‘… todos, excepto…’ o ‘todos, a menos que…’?. Y Dios, con la mano en la frente y un profundo suspiro, dice: “Bien. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Las lecturas litúrgicas de hoy ilustran maravillosamente este punto: tres de las cuatro están llenas de ovejas. Solo el primero, de los Hechos, carece de seres lanudos de cuatro patas, y he aquí que, al contener solo humanos, está —en contraste con los otros tres— lleno de división, facciones, denigración y exclusión. Los propios apóstoles y su audiencia muestran el patrón de un mundo —y, lamentablemente, de una Iglesia— que insiste en ver todo en términos de judío o gentil, limpio o impuro, gay o heterosexual, ciudadano o extranjero, cis o trans, etc.

IMG_1217Este conjunto de lecturas del leccionario coincide fortuitamente, recordando cómo el Papa Francisco quería que los obispos fueran «pastores con olor a oveja«, y él mismo olía a oveja. Nuestro nuevo Papa, León XIV, claramente ha adquirido este aroma en las últimas décadas. La imagen de ovejas versus humanos en estas escrituras ilumina lo que a menudo hacemos y el esfuerzo que Dios realiza para que mejoremos. Recorramos el prado de estos textos y luego volvamos al Pastor en Roma.

El Evangelio de Juan nos ofrece la representación arquetípica que Jesús hizo de sí mismo como el Buen Pastor, origen del término «pastor«, que simplemente significa «pastor» en latín. Jesús afirma que sus ovejas le son entregadas por el Padre, con quien es uno, y que, por lo tanto, esta unidad se extiende también a nosotros. Muchas otras imágenes que Jesús usa en Juan hablan de la necesidad de permanecer conectados con Él y, a través de Él, con Dios Padre/Madre y entre nosotros.

Esta cercanía —el «estilo de Dios«, como solía llamarlo el Papa Francisco— es, por supuesto, lo que los papas difuntos entendían por el «olor«, que se percibe por la proximidad. Y cuando Jesús habla de sus ovejas, nunca habla de diferencias ni divisiones entre ellas, sino de un gran rebaño: inclusivo, como siempre lo es. La única vez que se mencionaron divisiones —ovejas vs. cabras—, en Mateo 25:31-46, la metáfora se basaba en cómo tratábamos a los demás, no en divisiones superficiales como la raza, el género o la sexualidad.

IMG_1219Papa Francisco

La lectura del Apocalipsis ofrece un giro interesante a la imagen de la unidad del rebaño: aquí Jesús es oveja pastor. Él es el Cordero de Dios, y se nos dice, en una imagen impactante de cercanía y unidad, que el Cordero será en realidad nuestro pastor. A Juan el Revelador también se le dice que los mártires que ve han «lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero«. Esta es una imagen aún más vívida, incluso ligeramente perturbadora, de la unidad con Jesús; una vez más, una unidad que no conoce divisiones, facciones ni segregación; todos han sido lavados en la Sangre.

El salmo de hoy simplemente nos muestra a nosotros, las ovejas del rebaño de Dios, cantando con alegría nuestra presencia en el rebaño divino.

Pero ¿dónde encaja la historia de los Hechos en la imagen del pastoreo? No se ve ninguna oveja en ella, lo cual quizás sea el problema. Frente a esas criaturas proverbialmente homogéneas, vemos a los humanos en su humanidad más estereotípicamente divisiva. Todos son catalogados, etiquetados y encasillados (por el narrador, por los apóstoles y por sus oponentes), hasta el punto de llegar a la sutileza entre «judíos» y «conversos al judaísmo«. Los enemigos celosos y hostiles de Pedro y Bernabé son etiquetados como «los judíos«, como si Pedro y Bernabé (por no hablar de Jesús) no fueran judíos también. Y Pedro responde a sus ataques verbales con: «Tuvieron su oportunidad, la desperdiciamos, ahora llevaremos a Jesús a los gentiles«.

Este lenguaje y pensamiento divisivos y excluyentes resulta aún más irónico cuando nos damos cuenta de que Hechos nos muestra a la primera generación post-Jesús enfrentándose una y otra vez a la pregunta: «¿Se supone que debemos incluir a todos o ser un movimiento solo para judíos?«. El ángel de Dios (en Hechos 8) literalmente lanza a Felipe contra un gentil etíope, quien finalmente dice: «¿Me bautizarías ya?«. Pero esto no fue suficiente. En Hechos 10, el Espíritu Santo lanza de nuevo a un apóstol, Pedro, literalmente a la casa de un centurión romano gentil, quien, de igual manera, termina rogando por el bautismo para toda su familia. De nuevo, en Hechos 15, todos los apóstoles discuten acaloradamente sobre si Jesús, cuando dijo «haced discípulos de TODAS las naciones», todavía les permitía excluir, o al menos degradar, a algunas naciones.

IMG_1221El futuro Papa León XIV pastoreando al pueblo en Perú

El «¡Todos! ¡Todos! ¡Todos!» de Francisco (o, según la audiencia, «¡Tutti! ¡Tutti! ¡Tutti!«) demostró que escuchó (quizás mejor que los apóstoles) y se esforzó por vivir el mensaje de «un solo rebaño, un solo pastor, que acoge e incluye a todos» en estas lecturas.

Hace años trabajé con agustinos en Chicago que conocieron al futuro León XIV como su superior religioso y dieron testimonio de su «olor a oveja«. Una amiga también escuchó de sus compañeras Hermanas de la Misericordia en Perú cuánto lo amaban como pastor y lo cercano que era a ellas.

Rezo para que nuestro nuevo pastor continúe demostrando lo que Dios nos sigue enseñando, por mucho que lo olvidemos.

—Michaelangelo Allocca, 11 de mayo de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Volver a Jesús”. 4 Pascua – C (Juan 10, 27-30)

domingo, 11 de mayo de 2025
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jesus-buen-pastor

Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que ningún bienestar logra ocultar.

El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas, sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas, esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.

Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos. Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor» capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.

Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios. Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.

Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).

Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo tomara no sé qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?

José Antonio Pagola

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“Yo doy la vida eterna a mis ovejas”. Domingo 11 de mayo de 2025. 4º Domingo de Pascua

domingo, 11 de mayo de 2025
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29-pascuaC4 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 13, 14. 43-52: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.
Salmo responsorial: 99: Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Apocalipsis 7, 9. 14b-17: El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Juan 10, 27-30: Yo doy la vida eterna a mis ovejas.

La primera lectura nos presenta hoy a Pablo y Bernabé en todo su apogeo evangelizador, donde se puede comprobar el proceso que va recorriendo la expansión del Evangelio. Por una parte, el espacio físico desde donde se proclama la Buena Nueva es la misma sinagoga judía; el medio es, naturalmente, la misma Escritura antigua, desde donde se proclaman las promesas y se confirman con el anuncio de la muerte y resurrección de Jesús como cumplimiento de ellas. Esto quiere decir que los destinatarios originales son los israelitas; así lo formula Pablo y lo corroboran los demás apóstoles. Hay, ciertamente, acogida del nuevo mensaje por parte de muchos, pero también hay rechazos hasta violentos a la predicación de Pablo y, antes de él, a las Pedro y los demás. El rechazo oficial no se queda sólo en no aceptar el mensaje; incluye también la expulsión de la sinagoga y las amenazas a quienes siendo judíos se hayan convertido al nuevo camino y pretendan asistir por cualquier circunstancia a la sinagoga.

Todo esto nos sirve para hacernos una idea de las dificultades que tuvo que afrontar el anuncio del Evangelio en sus orígenes, y la forma como Pablo, llamado con tanta razón “el apóstol de los gentiles”, va abriendo paso para que el evangelio de Jesús sea anunciado y conocido por todo el mundo, sin importar fronteras, razas ni clases sociales.

Ese es otro de los efectos de la resurrección de Jesús: el conocimiento, por parte de todos los seres humanos, de la Buena Noticia del amor de Dios, que en Jesús ha rescatado a toda la humanidad y la ha puesto bajo el amparo y la guía de un solo Padre de todos, el Padre de Jesús.

En consonancia con ello, la visión apocalíptica que Juan nos describe en la segunda lectura no deja de ser una visión poéticp-simbólico-fantástica. Quiere dar a hacer conocer la nueva idea de Dios que Jesús nos revela en el Nuevo Testamento: su Padre es el Dios Padre de todos los hombres y mujeres, sin excepción alguna. Todos son recibidos en la nueva realidad instaurada por el Cordero, ya que en él han sido superadas todas las fronteras que los humanos fueron construyendo para vivir separados y divididos. Ya no habrá división ni rechazo, porque en Jesucristo todos hemos sido recibidos como hermanos. El Cordero inmolado será el pastor que conducirá hacia fuentes de aguas vivas a todos los elegidos… No cabe duda de que las imágenes poéticas que utiliza el texto nos quedan muy lejos (son de hace casi veinte siglos).

El evangelio nos trae apenas cuatro versículos de uno de los capítulos más elaborados de Juan. Nada de palabras directas de Jesús, ni siquiera de palabras históricas, sino pura teología joánica, en un contexto cultural y filosófico muy determinado. Leerlas, tomarlas, escucharlas en directo, sin filtros, como si fueran palabras de nuestro mismo contexto, y dichas por Jesús mismo… sería un error.

En definitiva, la homilía de este domingo podría orientarse por alguna de estas tres opciones:

a) Los pastores en la Iglesia. En ésta, como en toda comunidad humana, siempre ha habido un rol de dirigencia y/o de organización; todos los que ejercen algún “ministerio” (servicio) o alguna autoridad son de alguna manera “pastores” de los demás. Esa labor “pastoral”, lógicamente, ha de tomar ejemplo de las características del “buen pastor” Jesús: que no se sirve de las ovejas, sino que da la vida por ellas. Bastará glosar todas estas características.

Este tema puede prolongarse –si es oportuno para el auditorio- en el tema de los ministerios en la Iglesia: su estado actual, la posibilidad de cambiar, la necesidad de encontrar nuevas formas, la crisis de algunas formas actuales, etc.

b) Las vocaciones al ministerio pastoral. Se ha escogido este domingo en muchos países para la celebración de la “Jornada mundial de oración por las vocaciones”, lo cual es muy bueno, con tal de que no se dé la impresión de que “las vocaciones” son sólo las sacerdotales o a la vida religiosa, y se aclare que «todos tenemos vocación», y que «todas las vocaciones son importantes», también la laical (y mucho), y que «para cada uno, la mejor vocación es la suya». Lo pastoral, por lo demás, no debe ser identificado como sacerdotal: todos estamos llamados a ser “pastores” de otros: en la familia, en el vecindario, en la comunidad humana… todos podemos asumir responsabilidad sobre nuestros hermanos, especialmente los más débiles, o los que está solos o necesitados, todos podemos/debemos ser pastores unos de otros.

c) Jesús, “el” buen pastor y el pastor universal. De hecho, en el evangelio de Juan el tema no es la bondad del pastor Jesús, sino su autenticidad, frente a otros “pastores” o mediadores divinos, que serían falsos… Algo así como el tema de la “unicidad” de Jesús como salvador. ¿Jesús es el “pastor único de nuestras almas”? ¿”No hay otro nombre” en el que podamos ser salvos? (Hch 4,12). Es el tema del pluralismo religioso, y la relectura del cristianismo entero que esa nueva visión teológica exige. No es un tema para cualquier auditorio, pero sí es un tema que debería estar presente en la cabeza de todo el que hable al pueblo sobre «el» buen Pastor Jesús, aunque no vaya a tocar el tema explícitamente. El amor y el entusiasmo espiritual no justifican el decir muchas cosas que no son tan ciertas, que ya no debemos seguir diciendo. Donde se pueda, será bueno abrir la visión de nuestros hermanos y hermanas respecto a la presencia y la acción salvadora de Dios, más allá de una interpretación estrecha y chauvinista del “un solo rebaño y un solo pastor”. Leer más…

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11.5.25 Dom 5 pascua. Buen Pastor León XIV, tras (con) Benito y Francisco

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1209Del blog de Xabier Pikaza:

Ha venido tras Benito XVI y Francisco, este domingo 5 Pascua,  fiesta del Buen Pastor. Quizá el tema pendiente de Francisco fue encontrar “pastores” para  comunidades sinodales; a su juicio, pues el mayor peligro de la iglesia era el clericalismo: ¡Qué gran pueblo, si hubiera pastores buenos!

Por eso, Francisco eligió a Prevost como ojeador y animador de pastores (Prefecto Congregación de obispos)… y los cardenales han elegido a Prevost prior pastorum,  primero en la fila de pastores.

Francisco conoció el problema,  pero era SJ, con su especial estilo de eficiencia misionera y apostólica, y un tipo de obediencia eficaz y ejemplar, pero de origen y estilo menos cristiano; por venir de un capitán como Ignacio, buen soldado, pero menos ejercitado en compañías de evangelio.

Han sido precisamente los promotores de un tipo de autoridad y obediencia menos cristiana (cardenales de Reforma  Gregoriana (siglo XI-XII), poco petrinos  y paulinos, los que le han amargado al fin la vida. Ha hecho lo que ha podido, lo ha hecho muy bien, y ha muerto a tiempo. Bendito seas, Francisco.

Comunidades sinodales benedictinas y franciscanas a la vez

 IMG_1222El tema de las comunidades sinodales cristianas no  es la “obediencia” vinculada al poder, sino la obediencia de hypakouein (ob-adire) de escucharse unos a otros. Sólo donde están oran (dialogan>) dos o tres (es decir varios), donde se escuchan y deciden todos, no uno solo: Mt 18) puede escucharse al Dios de Jesús.

Eso lo sabía Francisco, pero como SJ y heredero de una iglesia “gregoriana” (reforma del siglo X-XI d.C.) le costaba articularlo. Por eso, tal como  estaban los pastores en ciertos ambientes, su camino sinodal no podía tener mucho recorrido. Pero él lo inició, e hizo bien, y ahora está Leon XIV.

   Lo que parecía que no iba con Francisco puede ir con León, y así lo dije en la postal anterior. León viene de atrás, del siglo IV, de Agustín. León hizo su tesis doctoral en el Angelicum, un lugar de diálogo, de sinodalidad, sobre el prior en las comunidades de tipo agustiniano. Así lo puse hace dos días en mi postal de saludo a Francisco.

Hoy 11.5.25, domingo del Buen pastor, según Jn 10 tenemos que seguir de obligado con el tema. A mi juicio, no hay en el estudio de la Biblia y en un tipo de “misticismo” sacerdotal un tema más manipulado que éste del Buen Pastor…  Jesús fundó la iglesia, con su vida y con su amor hasta la muerte. Pero no resolvió el tema de los pastores, atados y bien atados, para las comunidades sinodales.

Ni las comunidades del Cuarto Evangelio, ni las de Mateo, ni las comunidades sinodales que quería Francisco necesitan “pastores”, según el uso ordinario de ese término (que, por lo demás  es poco evangélico). Volveré a ello otro día, tendrá que volver León XIV.

Parece una buena línea papal: Tras Benito XVI y Francisco ha llegado  León…. Así quiero verle hoy, en línea de pastores, retomando los motivos de la “regula” de  Agustín (por ser agustino y por haber dedicado al tema su tesis doctoral). Así lo mostraré a continuación, retomando y asumiendo  motivos de San Benito y de san Francisco, que representan dos modelos de comunidad más importantes de la iglesia de occidente: el Benedictino y el Franciscano. Pienso que en esa línea avanzará León, con Benito y Francisco.

COMUNIDAD SINODAL BENEDICTINA, ANIMACIÓN “ABACIAL

IMG_1230Hay un tipo benedictino de familia religiosa donde se resalta la figura de Dios-Padre (Cristo-Padre) que, expresada en el Abad, que garantiza la unidad y camino cristiano de reunidos en comunidad. Parece que Benito quiso superar el riesgo de los monjes solitarios, giróvagos y errantes de aquel tiempo que entendían el proceso de Jesús como un giro de búsqueda individual, conforme a las inspiraciones y caprichos de cada uno. Para ello vino a establecer el monasterio; una casa estable, donde los hermanos puedan vivir en común y alabar a Dios como familia dirigida y animada por un padre espiritual, un Abad que se presenta como guía y modelo en el camino de Jesús:

El Abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras su nombre de superior. Porque, en efecto, la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio, ya que es designado con su sobrenombre, según lo que dice el Apóstol: «Habéis recibido el espíritu de adopción filial que nos permite gritar: ¡Abba!: ¡Padre! (Rom 8,15). Por tanto, el Abad no ha de enseñar, establecer o mandar cosa alguna que se desvíe de los preceptos del Señor, sino que tanto sus mandatos como su doctrina deben penetrar en los corazones como si fuera una levadura de la justicia divina…

Por tanto, cuando alguien acepta el título de Abad, debe enseñar a sus discípulos de esta manera; queremos decir que mostrará todo lo que es recto y santo más a través de su manera personal de proceder que con sus palabras… (Regla 2)

La casa cristiana sirve para formar una familia donde los hermanos, que aparecen como «discípulos» (aprendices, hijos), van progresando en el camino del seguimiento. Por eso necesitan siempre un «padre«: alguien que les guíe con doctrina-ejemplo, expresando así en concreto sobre el mundo (a nivel monasterio) el don de la paternidad de Dios que se desvela por medio de Jesús, el Cristo.

El Abad, es por tanto, un signo humano de la autoridad paterna de Dios. Su acción no puede interpretarse en términos de fuerza o sujeción del mundo: no tiene que obligar, no se coloca por encima de los otros… Simplemente les ofrece su modelo y les enseña a actualizarlo en el camino de alabanza y de fraternidad que traza el evangelio. De esa forma suscita una familia que se encuentra centrada en la oración compartida y que se expande luego al mundo, formando así un hogar donde se acoge a los que llegan, van y pasan.

El monasterio benedictino, la iglesia benedictina es una,  es casa de alabanza. El Abad no congrega a sus discípulos en torno a su persona, no les coacciona en ningún modo con un tipo de poder que él tuviera como propio: el Abad conduce a todos ante el Cristo y allí, en unión con ello, comparte el misterio de los hijos de Dios que se vinculan a través de la alabanza. Los monjes son hermanos porque cantan y oran juntos. Ciertamente trabajan en común y comparten los bienes que el trabajo ha producido. Pero especialmente se unen para orar es así como descubren y actualizan sobre el mundo el gran misterio de la gloria de un Dios a quien se acoge con la vida, se celebra con la acción y se engrandece con el canto.

Sólo de esa forma la iglesia benedictina puede convertirse en casa de acogida: «a todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérseles como a Cristo, porque él lo dirá un día: era peregrino y me hospedasteis» (Regla 53; cf Mt 25,35). La familia ante Dios se convierte así en familia para los hombres: lugar donde se recibe a los que pasan, «sobre todo a los extranjeros» (Ibid), es decir, a los que no tienen familia ni hogar sobre la tierra, a los perdidos, exilados, marginados de este mundo. El «ejemplo paterno» del Abad que convoca a los discípulos, haciéndoles «hermanos«, les da capacidad para ampliar las fronteras de la casa, extendiendo así la familia religiosa hacia los hombres que están necesitados.

 COMUNIDAD SINODAL FRANCISCANA. ANIMADOR FRATERNO

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 Francisco no quería un   Abad-padre que instruya y guía desde Dios a los «hijos«. Lo que hallamos con lo que él quería eran unos hermanos  reunidos, iguales entre sí, que «nombran ministros» al servicio de todos hermanos. Estrictamente hablando los ministros franciscanos  carecen de «autoridad«: no están encargados de velar por el crecimiento espiritual de la comunidad. Por encima de todos (de hermanos y ministros) sólo Dios es Padre-Madre: un Dios que les sostiene en el camino radical de la pobreza y de la entrega de la vida. En este sentido recordamos unos textos que son fundamentales:

Y nadie sea llamado prior (príor, el que va primero), más todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro (cf Jn 13,14) (Regla primera 6,3)

Y dondequiera que estén y se encuentren unos con otros, los hermanos condúzcanse mutuamente con familiaridad entre sí. Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal (cf 1 Tes 2,7), ¿Cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual? (Regla segunda 6,7-8).

Francisco ha querido iniciar, y ha organizado por medio de sus reglas, un modelo insuperable de fraternidad de menores: sólo aquellos que saben ser pequeños y así están absolutamente desprendidos de todo egoísmo y superioridad  (en pobreza radical) puede vivir como hermanos. No les une ningún bien material: ni honores, ni poderes, ni riqueza. Les vincula simplemente el amor de Jesucristo que les capacita para descubrir ya en esta tierra, el misterio divino de la fraternidad universal.

Esa fraternidad se concreta de modo especial en los grupos de hermanos menores que viven conforme a la regla. Como indica el texto ya citado (Regla segunda 6,7-8), los hermanos se encuentran vinculados a través de un afecto cuasi maternal: cada religioso es como madre que debe cuidar a los demás como si fueran hijos suyos, nacidos de su misma entraña. Así lo viene a mostrar de una manera impresionante la Regla para los eremitorios:

«los que quieran llevar vida religiosa en eremitorios, sean tres hermanos o a lo más cuatro; dos sean madres y tengan dos hijos o, al menos, uno». Los que hacen de madre cuiden del hijo (o de los hijos): asístanles en todo, a fin de que así vayan creciendo en vida interna, para que puedan orar tranquilos, resguardados, apoyados en el afecto de los otros. Pero, pasado algún tiempo, se invertirán las funciones y aquellos que hicieron de hijos actuarán como madres de los otros, creando para ellos un hogar de oración, para que también estos consigan su más hondo crecimiento en Cristo (Regla Erem. 1-10)(43).

 Significativamente se vincula la imagen de la madre y de los hijos con la vivencia radical de la hermandad: sólo pueden ser hermanos aquellos que se aman como madres-hijos, dentro de un espacio de comunicación donde los papeles pueden siempre intercambiarse (los que hicieron de madres harán después de hijos y viceversa). Difícilmente se podría haber hallado un modelo más profundo de fraternidad ni un tipo de vida evangélicamente más liberada.

Desde aquí resulta normal que Francisco haya expandido su experiencia de familia hacia el espacio más extenso de los mismos animales, los vivientes y las cosas (o elementos) de este cosmos. Si Dios es Padre-Madre podrá hablarse también del hermano-lobo y serán hermanos el sol y las estrellas, el fuego, el agua, el viento y todas las restantes creaturas que acompañan al hombre en su camino de muerte y pascua. De esta forma, la familia religiosa se ha venido a convertir para Francisco en punto de partida (o centro de condensación) de una fraternidad universal que se expande a todo el cosmos.

 Esta experiencia se traduce en la manera en que los religosos deben comportarse con el resto de los hombres. Francisco no construye un monasterio grande donde pueda recibir a  todos los que pasan. Tampoco le hace falta. El y sus hermanos viven en el centro del mundo: compartiendo la pobreza de los pobres, mendigando así con ellos y expresando la actitud del Cristo que llega hasta los más pobres, leprosos y perdidos de la tierra. En este aspecto, Francisco ha suscitado sobre el mundo una especie de familia de pequeños que se encarnan en la necesidad del mundo, para compartir así el camino de la vida con aquellos que están necesitados (seguirá).

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Las ovejas, el pastor y los ladrones. Domingo 4º de Pascua. Ciclo C

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1158Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen

El evangelio del 4º domingo de Pascua se dedica, en los tres ciclos, a recordar a Jesús como buen pastor. Pero el capítulo 10 del cuarto evangelio es tan largo (42 versículos) que la liturgia ha seleccionado unos pocos para cada ciclo. Al C le ha tocado un fragmento tan breve que no se entiende bien si no se conoce lo anterior.

Un debate largo y complicado (el c.10 de san Juan)

            La parábola del buen pastor y el debate siguiente no tienen nada de románticos. A Jesús estuvieron a punto de costarle la vida y tuvo que huir al otro lado del Jordán.

            Comienza contando una extraña parábola a propósito de ladrones y bandidos que intentan robar el rebaño sin entrar por la puerta, saltando la tapia. El pastor entra por la puerta, conoce a las ovejas por su nombre y ellas lo siguen confiadas, mientras que de los ladrones no se fían. Cuando termina de contarla, los presentesno entendieron de qué les hablaba.

Jesús, en vez de aclarar las cosas, las complica. Al principio dice que él es la puerta del redil; luego, que es el buen pastor; y lo importante no es que conduce al rebaño a buenos pastos, sino que da la vida por las ovejas, porque tiene el poder de darla y de recuperarla. Y en medio introduce nuevos personajes: su Padre, que me conoce y al que yo conozco”, y otras ovejas que no son de este redil.

La conclusión a la que llegan muchos de los oyentes no extraña demasiado: “Está loco de remate. ¿Por qué lo escucháis? (literalmente:tiene un demonio y delira). El autor del cuarto evangelio disfruta irritando al lector y casi poniéndolo en contra de Jesús.

El debate no termina aquí. Continúa en invierno, en la fiesta de la Dedicación del templo, mientras Jesús pasea por el pórtico de Salomón. Las autoridades judías (este es el sentido frecuente de “los judíos” en el cuarto evangelio) lo rodean y le piden que diga claramente si es el Mesías. Jesús responde que ya se lo ha dicho y que no creen en él. Y continúa ofreciendo el ejemplo tan distinto de sus ovejas, que es el texto de este domingo.

Las ovejas, el pastor, los ladrones y el padre del pastor (Juan 10,27-30)

En aquel tiempo, dijo Jesús: Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre.  Yo y el Padre somos uno.

Las ovejas. El pasaje no comienza hablando del pastor, como sería lógico, sino de mis ovejas, las que escuchan la voz de Jesús y lo siguen, a diferencia de las autoridades judías, que no creen en él. La escucha y el seguimiento convierten a las ovejas en propiedad de Jesús, son mías. El cristiano no puede considerarse dueño de sí mismo. Como decía Pablo: Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor.

Una lectura precipitada del capítulo puede producir la impresión de que hay personas predestinadas por Dios a seguir a Jesús y otras predestinadas a negarlo. Pero esta contraposición hay que entenderla a partir de lo dicho en el prólogo del evangelio: Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron; pero a quienes lo recibieron les concedió convertirse en hijos de Dios. La aceptación y el seguimiento de Jesús no excluyen la libertad humana.

El pastor. En la parábola inicial el pastor llega al rebaño, le abren la puerta y saca a las ovejas. ¿A dónde las lleva? No se dice. Recordando el salmo 22 (“El Señor es mi pastor”), podríamos completar: “en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas”. Pero Jesús introduce un cambio capital: las lleva ala vida eterna. Algo que se realiza no solo después de la muerte, sino ya en este mundo. La fe en Jesús da una dimensión nueva a la existencia de quien cree en él.

Los ladrones. La parábola comienza hablando de ellos. Aquí no se los menciona expresamente, pero son los que intentan arrebatar a las ovejas de las manos de Jesús. En el contexto del evangelio serían los fariseos y demás autoridades que se oponen a que la gente lo siga. En la iglesia de finales del siglo I serían loscristianos que niegan que Jesús sea el Mesías y el hijo de Dios (a los que se denuncia en la 1ª carta de Juan). En cualquier caso, no tendrán éxito, no podrán “arrebatarlas de mi mano”. El salmo 22, hablando desde la perspectiva de la oveja, dice algo parecido: Aunque atraviese cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo”. 

El Padre. Estas frases finales son las más desconcertantes. ¿Por qué introduce Jesús la figura del Padre? A primera vista, más que ayudar, estorban y confunden al lector. La clave podría estar de nuevo en el salmo 22 y en Ezequiel 34, donde el pastor es Dios. ¿Tiene derecho Jesús a presentarse como pastor? ¿No está usurpando el puesto de Dios? Jesús, al arrogarse el título y la función, deja claro que no elimina al Padre. Yo y el Padre somos uno. La reacción del auditorio es más dura en este caso: cogieron piedras para apedrearlo. De aquí nace un debate sobre su presunta blasfemia y Jesús terminará huyendo al otro lado del Jordán (esto no se lee en la liturgia).

Síntesis: ¿Qué nos dice este breve pasaje hoy día?

1) Lo esencial del cristiano es creer en Jesús y seguirlo. Algo que no es absurdo recordar, porque mucha gente piensa que lo importante es practicar una serie de normas y cumplir con determinados ritos. Todo eso tiene que basarse en una relación personal con Jesús.

2) Confianza en él. En otros momentos del capítulo se subraya su bondad, que culmina en dar la vida. Aquí la fuerza recae en que él no permitirá que nadie arrebate a las ovejas de su mano. Lo cual no significa que nos veamos libres de dificultades, como han dejado claro las dos primeras lecturas de este domingo.

3) Conocimiento de Jesús. Como en tantos otros pasajes del evangelio, se indica su estrecha relación con el Padre, hasta llegar casi a la identificación. Más adelante, en el discurso de la cena, dirá Jesús a Felipe: El que me ha visto ha visto al Padre. Algo que sigue resultando escandaloso a muchos cristianos, como lo fue para muchos judíos de su época.

Insultos y expulsión (Hechos de los apóstoles 13,14. 43-52).

            La liturgia ha omitido los versículos 15-42, provocando algo absurdo. Al final del v.14 se dice Pablo y Bernabé tomaron asiento; e inmediatamente se añade que muchos judíos y prosélitos se fueron con ellos. Entonces, ¿para qué toman asiento?

            Si no hubieran mutilado el texto habría quedado claro que se sientan para tomar parte en la liturgia del sábado. Al cabo de un rato, les invitan a hablar, y Pablo hace un resumen muy rápido de la historia de Israel para terminar hablando de Jesús. Ahora se comprende que, al terminar la ceremonia, muchos judíos y prosélitos se fueran con los apóstoles. Pero, al cabo de una semana, cuando vuelven a la sinagoga, la situación será muy distinta. Los judíos responden a Pablo y Bernabé con insultos. Más tarde los expulsan del territorio. Dentro de lo que cabe, tuvieron suerte. Más adelante apedrearán a Pablo hasta darlo por muerto.

            En la dinámica del libro de los Hechos este episodio es fundamental porque abre una nueva etapa de predicación del evangelio a los paganos. Sin embargo, la palabras “sabed que nos dedicamos a los gentiles” no debemos interpretarlas como un corte radical de Pablo con el judaísmo. Siempre que llegue a una ciudad, lo primero que hará es acudir a la sinagoga y anunciar a Jesús a los judíos.

En aquellos días, Pablo y Bernabé desde Perge siguieron hasta Antioquia de Pisidia; el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Muchos judíos y prosélitos practicantes se fueron con Pablo y Bernabé, que siguieron hablando con ellos, exhortándolos a ser fieles a la gracia de Dios.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra de Dios. Al ver el gentío, a los judíos les dio mucha envidia y respondían con insultos a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron sin contemplaciones:

– Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra”.

Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas y devotas y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron del territorio. Ellos sacudieron el polvo de los pies, como protesta contra la ciudad, y se fueron a Iconio. Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Martirio y victoria (Apocalipsis 7,9.14b-17)

            Cuando el cristianismo comenzó a difundirse por el imperio, encontró pronto la oposición de las autoridades romanas y de la gente sencilla. Veían a los cristianos como gente impía, que daba culto a un solo dios en vez de a muchos, inmoral, enemiga del emperador, al que no querían reconocer como Señor, etc. El punto final en bastantes casos fue la muerte, como ocurrió a Pedro, Pablo y a los otros durante la persecución de Nerón (lo que cuenta el historiador romano Tácito impresiona por la crueldad con que se los asesinó). Sin embargo, la lectura del Apocalipsis no se centra en sus sufrimientos sino en su victoria.

            Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y uno de los ancianos me dijo: 

            – Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero. Por eso están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo. El que se sienta en el trono acampará entre ellos. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugara las lágrimas de sus ojos.

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IV Domingo de Pascua. 11 mayo, 2025

domingo, 11 de mayo de 2025
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“Yo y el Padre somos uno.”

(Jn 10, 27-30)

Oímos a Jesús continuamente repetir: El Padre está en mí y yo en el Padre (Jn 10, 38). Yo estoy en el Padre y el Padre en mí (Jn 14, 11).

Nos está llamando a participar en la experiencia de ser Uno con el Padre. En el yo de Jesús estamos todos. Jesús al encarnarse participa de nuestra naturaleza humana, y nos enseña que lo divino se ha manifestado en lo humano y que en lo humano se reconoce lo divino.

En Jesús no cabe el individualismo. Es el Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad. Jesús, con su muerte, nos abre el camino de la totalidad. Nuestra forma humana es la individuación, nuestro proceso para ser uno con Jesús y el Padre, es vaciarnos de nosotras. A medida que crecemos y caminamos hacia el hondón, hacia ese centro que somos, nos encontramos con quien nos habita y descubrimos la pluralidad como manera de ser y vivir.

Nosotras, personas cuyo ejemplo es la Trinidad, estamos llamadas a vivir en la comunión, desalojando todo ego y abriendo espacios y tiempos para los demás. Pluralidad, diversidad en la totalidad. Jesús y el Padre son uno, porque el Padre se vacía en el Hijo y el Hijo, en el Padre.

“Que todos sean uno como, como Tú Padre estás en mí y yo en Ti, que también ellos en nosotros sean uno (Jn 17, 21.22.23)

No solo nos habla de comunión entre los humanos, que seamos uno, sino que seamos uno como ellos. Nos envía a beber a la fuente, a Dios, donde él bebe continuamente. Nos habla de participar del ser mismo de Dios.

Oración

Unifica nuestro ser disperso,
para que podamos ser Uno en Ti y con toda la humanidad,
para que las diferencias nos unan
y Tú lo seas Todo en Todos.”

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Debemos superar toda imagen que nos lleve a una relación externa con Jesús.

domingo, 11 de mayo de 2025
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IMG_1104DOMINGO 4º DE PASCUA (C)

Jn 10,27-30

Para poder entender el texto hoy, hay que tener en cuenta todo el discurso que sigue a la curación del ciego de nacimiento: Jesús como puerta, Jesús como pastor. El pastor modelo da la Vida a las ovejas. Dar la Vida no significa dejarse matar, sino matarse por los demás.

No se trata solo de oír a Jesús, se trata de escucharle. Escucharle significa acercarse sin prejuicios y aceptar lo que nos dice, aunque suponga cambiar nuestras conviccio­nes.  Seguirle es estar dispuesto a darse a los demás como él. No basta escuchar, hay que vivir.

Jesús no nos pide ser borregos sino personas responsables de sí mismos y de los demás.

Y yo les doy Vida definitiva. Se trata de la misma Vida que Jesús ha recibido de Dios. La consecuencia primera de seguirle es alcanzar esa Vida del Espíritu. Lo que pasó en Jesús tiene que pasar en mí. Como modelo de pastor, defiende a los suyos con todo su ser, no pasarán a manos de ladrones. Ponerse en manos de Jesús equivale a estar en las de Dios.

Yo y el Padre somos lo Uno. Es la frase que mejor refleja la conciencia que la comunidad tenía de Jesús. No tiene sentido pensar que esa frase exprese su conciencia de ser Dios. Para nosotros, tiene más importancia si caemos en la cuenta de que fue la experiencia de la comunidad de Juan, la que llegó a la conclusión de que Jesús estaba identificado con Dios.

La Vulgata no dice “somos unus” sino unum (neutro). Nos está lanzando más allá de todo lenguaje. Jesús dice que él y el Padre no se distinguen en nada, pero tampoco se distingue de su origen, ninguna otra criatura. Lo que Jesús dijo, lo puede decir cualquiera. No se puede ir más allá. El lenguaje humano, no da más de sí. Lo único que cabe es el silencio.

El Maestro Eckhart llegó a decir que Dios se aniquila para identificarse con nosotros y que el hombre tiene que anonadarse para ser uno con Dios. La simplicidad de las matemáticas nos puede ayudar. 1 + 1 siempre serán 2. Pero 1 x 1 = 1. Si el resultado de 1 x 1 lo vuelvo a multiplicar por 1, seguirá resultando 1. La unidad con Dios nos hace uno con Él y con todos.

Jesús llegó a una experiencia de unidad total con Dios. Ya no había ninguna diferencia entre lo que era él y lo que era Dios en él. Para dar sentido a una adhesión a su persona, se muestra él totalmente volcado sobre el Padre. Relacionarnos con Jesús es relacionarnos con Dios. Por eso el Jesús que predicó el Reino de Dios, se convirtió en objeto de predicación.

Si nos empeñamos en aferrarnos a la imagen de Dios como ente separado, que está en alguna parte fuera del mundo y de nosotros, será imposible entender la unidad entre Jesús y Dios. Jesús es UNO, no con otro ser que tiene una identidad distinta a la suya sino con el fundamento absoluto de su ser y de todos los seres. La homooúsios del dogma.

Si Jesús promete la Vida al que le escuche, quiere decir que les ofrece la misma Vida que él ha recibido del Padre. Por eso se puede hablar de una identificación absoluta con el Padre. Recordemos las palabras de Juan en el discurso del pan de vida: «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí«.

Schillebeeckx dijo: “Si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría Dios; si pudiera quitar de mí lo que hay de Dios, quedaría nada”. Eckhar dijo: “si pudiera quitar de mí lo que hay de mí, quedaría nada”. 1×0=0. Ni yo puedo existir sin Dios ni Dios puede existir sin mí.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Visibilidad de Dios.

domingo, 11 de mayo de 2025
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catedral-del-buen-pastorJn 10, 27-30

«Yo y el Padre somos uno»

La reiteración de Juan en proclamar la identidad entre Jesús y el Padre –«yo y el Padre somos uno»–, acabó por imponer en la Iglesia una cristología descendente muy distinta a la primera cristología formulada en Hechos. De la expresión más primitiva usada por Pedro para enunciar la divinidad de Jesús: «Dios estaba con él», pasamos a esta otra mucho más elaborada proclamada por Juan: «El Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios».

Estos dos enunciados tan distintos reflejan la evolución histórica que experimentó la forma de entender la naturaleza divina de Jesús. Algunos cristianos nos sentimos más cómodos con la ambigüedad de la fórmula usada por Pedro. La fórmula de Juan nos da vértigo y tendemos a reducirla al mensaje básico que encierra: En Jesús hemos conocido a Dios… El propio Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, expresa esta idea de forma clara y terminante: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre»… Excelente noticia.

Podemos admirar a Jesús como lo han hecho tantos personajes no cristianos a lo largo de la historia, podemos aceptarlo como maestro de sabiduría, podemos quedar fascinados por su personalidad, valentía e independencia de juicio como quedaron fascinados los que le siguieron… y podemos creer en él, es decir, creer que sus hechos y sus dichos son reflejo fidedigno de Dios…

Juan es capaz de hacer formidables síntesis de la fe de los testigos, y sería una gran necedad no reconocer la importancia de su evangelio. No obstante, resulta difícil sentirse cómodo con el Jesús que nos presenta, pues esa imagen de hombre que lo sabe todo, que recorre Judea y Galilea prodigando discursos teológicos para sabios en lugar de contar parábolas para gente sencilla, que no se conmueve, que no está sometido a tentación y no se aterra ante la inminencia de la muerte en cruz, dista mucho del hombre verdadero en el que creemos.

Creemos en el Jesús que se siente necesitado del bautismo de Juan, que hace teología contando parábolas sencillas a gente sencilla, que antepone la persona a la Ley, que se conmueve ante el sufrimiento y se indigna ante la injusticia, que toca leprosos y come con pecadores, que responde con aplomo a los ataques de los santos de Israel… Que desplanta a los notables de Jericó por atender al jefe de los publicanos y a un mendigo ciego, que expulsa a los mercaderes del Templo, que no se arruga ante los constantes embates de los poderosos de Jerusalén, que se juega la vida y la pierde por salvar a una adúltera desconocida, que organiza una cena para despedirse de sus amigos porque sabe que lo van a matar, que lava los pies, que no se escabulle, que se angustia en Getsemaní y perdona a quienes le crucifican en el Calvario…

A Juan le debemos la fe en Jesús visibilidad de Dios, una gran deuda, pero quizás esta fe resulte más reconfortante mirando al hombre verdadero y fascinante que nos presentan los sinópticos.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

 Fuente Fe Adulta

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Pastores y ovejas: una imagen peligrosa.

domingo, 11 de mayo de 2025
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El evangelio que leemos hoy es muy breve, apenas 5 renglones, pero la interpretación de este texto puede llevarnos a comportamientos poco evangélicos. No podemos contemplar a un pastor que lleva en sus hombros a una ovejita, como nos han mostrado multitud de estampas y obras de arte, sin reconocer la fuerza que tiene esta imagen.

En la Biblia encontramos abundantes alusiones a los pastores. Estos textos nos ayudan a tener presente un abanico de buenos comportamientos: cuidar, acompañar, preservar del peligro, proteger, etc. Por ejemplo, Moisés comenzó siendo pastor de un rebaño y más tarde fue el pastor -prototipo- que condujo al pueblo a la liberación. Algo similar ocurrió con el joven David: Dios eligió a David su siervo, lo sacó de los apriscos del rebaño… para que apacentase a su pueblo…, él los apacentaba con rectitud de corazón, con la pericia de sus manos los guiaba (Salmo 77, 70-72)

Y, al contrario, hay textos que nos avisan del riesgo de conducir el rebaño con crueldad y violencia, no buscar a las ovejas perdidas, no curar a las enfermas, etc.  Lo podemos recordar leyendo Ezequiel 34.

¿Cuál era la situación de los pastores en tiempos de Jesús? A diario se veían rebaños pastando en los campos. El oficio de pastor se consideraba despreciable, solían ejercerlo personas pobres y marginadas. Estaba mal pagado, por eso era frecuente que los pastores robaran un cordero para alimentar a su familia, lo que les acarreó fama de ladrones.

Jesús rompió los esquemas, identificándose con la figura del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y arriesga su vida por ellas; las ovejas le conocen y reconocen su voz, etc. Denunció la postura de los falsos pastores de Israel, igual que habían hecho los profetas que le precedieron.

¿Qué provocaron estas palabras en sus oyentes? Que la gente tomara piedras para apedrearlo. La escena del texto de hoy transcurre entre dos situaciones de violencia, verbal y física. A Jesús no le quedó otra salida que poner tierra por medio e irse al otro lado del Jordán.

Miramos ahora nuestra realidad eclesial: Al denominar a los sacerdotes y a la jerarquía “pastores”, se nos ha relegado a los hombres y mujeres laicos al papel de ovejas del rebaño. En consecuencia, se nos pide escuchar y obedecer a estos pastores, hasta el punto de que a muchas personas se les ha anulado la conciencia, porque se ha impuesto la voz y el deseo del pastor (o los malos deseos). Esto sigue presente en la Iglesia y hay que seguir denunciándolo.

¿Qué aporta una oveja a su rebaño? ¿Qué aportamos a la Iglesia, si nos consideramos ovejas? Hoy, tenemos el riesgo de que la imagen de las ovejas de un rebaño nos evoque un grupo de animales con las cabezas bajas, comiendo hierba, dejándose guiar por un pastor que azuza a los perros para reconducir a cada oveja que pretenda alejarse del rebaño… El pastor es el dueño y señor que hace y deshace, porque su trabajo consiste en conducir a unos animales que no saben guiarse a sí mismos.

Hay imágenes bíblicas que sirven para sostener el clericalismo, concebido como pastoreo y ejercicio de poder. Es hora de trabajar con nuevas imágenes que impulsen la corresponsabilidad de laicas y laicos.

Podemos sacar conclusiones…

Miramos hacia el Vaticano: Cuando se suba esta reflexión a la web, se estará celebrando el Cónclave. ¿Serán conscientes los 133 cardenales de que en la elección del Papa no interviene ni una sola mujer, aunque somos mayoría en la presencia y en el trabajo eclesial?

En los días previos a la elección, los cardenales han dialogado sobre el perfil que debe tener el “Pastor”. ¿No hay mujeres significativas en la Iglesia que sean portavoces de los miles y miles de mujeres a las que representan?

¿El motivo de no tener en cuenta a las mujeres es “porque siempre se ha hecho así”? En este caso, la Historia de la Iglesia nos demuestra que se han corregido muchos errores que se cometieron en numerosos cónclaves. Por ejemplo, se han controlado graves injerencias políticas o se ha marcado un ritmo en la elección (no olvidemos que en un cónclave se tardó casi tres años en elegir al papa).  Esos errores no se repetirán. Se pueden seguir corrigiendo errores.

¿O el motivo de no escuchar a las mujeres es porque sólo los “pastores”, varones, mayores y célibes, reciben las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Es tan selectiva la inspiración divina que solo se dirige a los varones, y deja a un lado a las mujeres, aunque seamos mayoría en la evangelización en la Iglesia?

Podemos seguir sacando conclusiones…

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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