Munilla y sus obsesiones: Dice que se vulnera la libertad de la Iglesia para proclamar su doctrina moral
Lo de este esperpento, que da más pena que rabia, roza ya lo delictivo… No sé a qué espera la Fiscalía. Discursos de odio que luego tienen consecuencias:
En el duodécimo episodio de su serie “Sexo con alma y cuerpo”, que parece más bien una secuela del Club de la Comedia, producida junto a la ultraderechista EWTN, José Ignacio Munilla perpetró sus obsesiones acerca de la Homosexualidad y la Transexualidad asegurando que sólo expone la “doctrina de la Iglesia”, arremetiendo contra los desafíos actuales y las supuestas manipulaciones culturales y legislativas que afectan, según él a la libertad religiosa y de educación.
José Ignacio Munilla, para desgracia de sus fieles, aún obispo de Orihuela-Alicante, continúa desarrollando su serie de programas titulada “Sexo con alma y cuerpo”, emitida por la cadena ultracatólica EWTN. En el capítulo número doce, dedicó su intervención a su obsesión particular: la homosexualidad y la transexualidad, dos cuestiones que, según expresó, son de “máxima actualidad”, tanta y que a él le pone tanto, que no puede aguantarse en desbarrar afirmando que han generado “una profunda confusión cultural y legislativa”. Para confusión la tuya… José Ignacio.
El de la mitra comenzó su reflexión recordando la conocida expresión del Papa Francisco: “Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarle?”. Con su proverbial desparpajo, tuvo el valor de afirmar que estas palabras, pronunciadas durante una rueda de prensa a bordo del avión papal, fueron objeto de numerosas tergiversaciones por parte de los medios de comunicación. Munilla explicó que en aquella ocasión, el Santo Padre hizo referencia explícita al Catecismo de la Iglesia Católica y distinguió entre la orientación homosexual y la pertenencia a un lobby con intereses ideológicos concretos.
A partir de esta distinción, el obispo denunció la existencia de un “lobby gay” que, en sus palabras, “impone una ideología de género como pensamiento único” y que ha conseguido convertir a los grandes medios de comunicación en una “policía ideológica” que reprime cualquier forma de disidencia. “Se intenta impedir la libertad de la Iglesia para predicar con claridad el mensaje moral”, afirmó, añadiendo con el victimismo ñoño que le caracteriza, que esta situación configura un “cierto martirio de la verdad moral” en la actualidad. Hay que tener poca vergüenza para que esto lo diga quien se dedicó en San Sebastián a laminar, discriminar y expulsar a quien no opinara como él o simplemente fuera homosexual. De las “terapias de conversión” y los sacerdotes “renacidos”, mejor ni hablamos…
A lo largo de su miserable exposición, Munilla analizó los crueles números 2357, 2358 y 2359 del Catecismo de la Iglesia Católica, donde se expone la discriminación doctrinal sobre la homosexualidad. Cursi com9 él solo, subrayó que la Iglesia no utiliza los términos LGTB, que considera representativos de una ideología concreta, sino que habla de “personas con tendencias homosexuales”. Según él, esta distinción, explicó, es fundamental para no caer en la trampa de identificar al individuo con un colectivo que promueve una visión alternativa del ser humano, por no atreverse a decir que así, están orgullosos de su LGTBIfobia.
Respecto al número 2357, el obispo recalcó la machacona idea de que la doctrina católica distingue entre la tendencia y los actos homosexuales, siendo estos últimos intrínsecamente desordenados. Aclaró que el origen psíquico de la atracción homosexual permanece en gran parte inexplicado, aunque muchos testimonios personales y estudios psicológicos apuntan a heridas afectivas como factor determinante, especialmente en la relación con la figura paterna. Señaló que no existe evidencia de un origen genético de la homosexualidad, y que en la actualidad ya no se sostiene científicamente tal hipótesis. Una manera de justificar el envío de sus neosacerdotes a terapias en tierras valencianas…
Respecto al número 2358, donde el Catecismo llama a acoger con respeto, compasión y delicadeza a las personas con tendencias homosexuales, rechazando toda forma de discriminación injusta, es donde Munilla supura su mayor cinismo. En este punto, con una cara más dura que el cemento armado, dijo que la Iglesia condena la homofobia, entendida como desprecio o violencia hacia estas personas. No obstante, advirtió del uso manipulado del término “homofobia” para etiquetar de forma injusta a quienes no aceptan la ideología de género: “Se fomenta el odio cuando se califica de fóbico un pensamiento que simplemente disiente”, afirmó.
Dando suelta a su victimismo de sacristía, denunció la supuesta “creciente persecución legislativa” contra defensores de las delictivas “terapias de conversión”, a los que califica de “profesionales de la psicología y el acompañamiento espiritual que ofrecen ayuda a quienes desean vivir en coherencia con su fe”. En muchos países, lloriqueó, estos recursos están siendo restringidos o prohibidos, vulnerando la libertad de conciencia y el derecho al acompañamiento. También arremetió contra los “falsos recursos de misericordia” que, bajo una apariencia pastoral, justifican comportamientos contrarios a la enseñanza moral de la Iglesia: “No se puede negar la verdad moral en nombre de la caridad”, vomitó, desconociendo que Jesús le fustigaría con la parábola del Buen Samaritano, donde la Caridad del “impuro” samaritano se impone a la supuesta verdad moral de la Ley del Doctor y del sacerdote .
Y para terminar el salivazo, en relación con el número 2359, que propone la castidad como camino de santidad para las personas homosexuales, el obispo aseguró que “la Iglesia les orienta hacia la felicidad y la santidad”. La vivencia de la castidad, afirmó, es un camino de “aceptación de la cruz” y de integración de las propias heridas en un proceso de crecimiento espiritual sostenido por la gracia de Dios. Munilla insistió en que “se puede ser gay y santo”, siempre que se viva en fidelidad al Evangelio y en búsqueda sincera de la voluntad de Dios. Lo que está claro es que se puede ser obispo sin ser cristiano…
En la segunda parte del programa, el obispo se lanzó a condenar la cuestión de la transexualidad, haciendo una feroz crítica a la legislación vigente en España. Sin datos que lo corrobores, porque es falso y mintiendo como un bellaco, afirmó que la Ley Trans ha generado una “auténtica epidemia de disforia de género”, especialmente entre menores, alimentada por una enseñanza ideológica en los colegios que introduce a los niños en cuestiones de identidad sexual desde edades tempranas. Calificó esta práctica de “violencia psicológica” contra la infancia.
Haciendo causa común con el TERFismo patrio, citó el caso de un grupo de madres transexcluyentes pertenecientes a la asociación Amanda, que protestaron públicamente contra los intentos de hormonación de sus hijas, utilizando el lema “Contra las hormonas, aquí están las leonas”. Munilla denunció la “intromisión del Estado” en la patria potestad de los padres, señalando que en algunos casos se amenaza incluso con retirarla a quienes no acepten el proceso de cambio de sexo en sus hijos.
Mentira, tras mentira, advirtió del daño irreversible que pueden causar las intervenciones hormonales y quirúrgicas en menores, cuando muchas veces los problemas de identidad se resuelven de forma natural con el paso del tiempo. Mencionó además la alta incidencia de trastornos como el autismo entre quienes sufren disforia de género, y criticó la falta de evaluación médica rigurosa antes de iniciar tratamientos de cambio de sexo.
Munilla afirmó que en España se está viviendo una intromisión especialmente grave en el ámbito educativo, y tergiversó maliciosamente la frase pronunciada por quien la ministra de Educación del Gobierno socialista Isabel Celáa: “De ninguna de las maneras cabe decir que los hijos son de sus padres”, contraponiendo que, “Obviamente, los hijos son de Dios, no son propiedad de los padres, pero, ciertamente, de quien no son es del Estado” y criticó que, según su enfermiza desmemoria asistimos al creciente intervencionismo estatal que limita el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones, exactamente lo que hizo el Franquismo con el aplauso y la necesaria connivencia cómplice De la Iglesia Católica…
Finalmente, mencionó el infumable y transexcluyente libro Nadie nace en un cuerpo equivocado, escrito por los catedráticos José Errasti y Marino Pérez Álvarez, como ejemplo de crítica académica a la supuesta actual deriva ideológica. Aunque considera que no es una obra de carácter religioso, destacó su relevancia en la denuncia de la instrumentalización de ciertas heridas personales o desequilibrios psicológicos, como el autismo, para justificar una ingeniería social de gran alcance.
El señor Munilla concluyó su intervención instando a los fieles a leer los números 2357, 2358 y 2359 del Catecismo, si quieren r3forzar su LGTBIfobia y agradeció la “claridad” con la que la Iglesia, especialmente a través del “magisterio” de Juan Pablo II ( el que bendecía al delincuente abusador, drogadicto pero financiador vaticano Marcial Maciel, del que no vio ninguno de sus crímenes), ha proclamado “la verdad antropológica y el sentido del amor humano” frente a las ideologías contemporáneas.
Lo terrible es que no se pida la verificación de la edad para ver estos vídeos…
Fuente Canal de YouTube En ti confío/Fachosfera
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