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Parroquias en Ciudad de México: espacios seguros para creyentes LGBT+

viernes, 4 de julio de 2025

Del blog de Oswaldo Gallo Cor ad cor:

Parroquias en Ciudad de México: espacios seguros para creyentes LGBT+


La experiencia de las ‘misas por la inclusión‘ contra la discriminación del colectivo

En la práctica, la Iglesia católica sigue siendo un espacio muy hostil para las personas homosexuales, y mucho peor para las personas trans. Basta leer los comentarios de tantos católicos en redes sociales para darse cuenta del odio tan visceral que se nos tiene

La situación es peor en casas de formación: miles de seminaristas, religiosos, religiosas y sacerdotes homosexuales tienen que esconder su identidad para cuidar su vocación. Si dicen su verdad, lo pueden perder todo. La hipocresía se ha institucionalizado

Que haya comunidades religiosas y parroquiales que se presenten como espacios seguros donde creyentes LGBT+ pueden profundizar en su vida de fe y alimentarse de los sacramentos se trata de una iniciativa en sintonía con el magisterio de la Iglesia, en sintonía con los principios más básicos de la pastoral cristiana

 

El papa Benedicto XVI escribió la condena más enérgica contra la violencia y la criminalización de la homosexualidad: “Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas —escribió en 1983, cuando era cardenal—. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por lo demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones” (Homosexualitatis problema §1). El documento está repleto de imprecisiones antropológicas sobre la homosexualidad, pero su valor radica en el pasaje antes citado. El magisterio de la Iglesia, desde el pontificado de san Juan Pablo II, condena tajantemente la violencia contra las personas homosexuales.

En la práctica, la Iglesia católica sigue siendo un espacio muy hostil para las personas homosexuales, y mucho peor para las personas trans. Basta leer los comentarios de tantos católicos en redes sociales para darse cuenta del odio tan visceral que se nos tiene. Bajo la condescendencia de “amar al pecador pero aborrecer el pecado” las personas homosexuales y trans tenemos que ocultar nuestra identidad en las comunidades católicas para no ser objeto de burlas, intentos de “conversión” o violencia en cualquiera de sus tipos. La situación es peor en casas de formación: miles de seminaristas, religiosos, religiosas y sacerdotes homosexuales tienen que esconder su identidad para cuidar su vocación. Si dicen su verdad, lo pueden perder todo. La hipocresía se ha institucionalizado.

Pero el magisterio de la Iglesia no sólo condena la violencia contra las personas homosexuales. También exhorta a crear y sostener comunidades de acompañamiento para ellas. Los obispos, en comunión con el papa Francisco, así lo manifestaron en el Documento final del Sínodo de 2018: “En muchas comunidades cristianas ya existen caminos de acompañamiento en la fe de personas homosexuales: el Sínodo recomienda facilitar esos caminos. En ellos se ayuda a las personas a leer su propia historia; a adherirse con libertad y responsabilidad a la propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de la comunidad y a discernir las mejores formas para que esto tenga lugar” (§150).

Misas por la inclusión, con monseñor Acero

En Ciudad de México hace algunos años surgió una iniciativa laical para acompañar a creyentes LGBT+. Más de uno se preguntará por qué es necesario esto si todos somos bienvenidos en la Iglesia… y la verdad es que no. Los casos de discriminación y violencia contra creyentes LGBT+ son prácticas de lo más comunes en las parroquias. Por eso, que haya comunidades religiosas y parroquiales que se presenten como espacios seguros donde creyentes LGBT+ pueden profundizar en su vida de fe y alimentarse de los sacramentos se trata de una iniciativa en sintonía con el magisterio de la Iglesia, en sintonía con los principios más básicos de la pastoral cristiana. Baste un ejemplo: desde 2023 la Iglesia permite que personas trans y parejas homosexuales puedan ser padrinos o madrinas en bodas y bautismos. En la realidad, es un auténtico viacrucis encontrar sacerdotes dispuestos a aceptar esta normativa.

Fieles a la verdad, en Ciudad de México los padres jesuitas, los misioneros redentoristas, los frailes carmelitas descalzos, los agustinos asuncionistas y no pocos curas diocesanos y congregaciones religiosas como las carmelitas misioneras de Santa Teresa, con la anuencia del arzobispado, forman parte de una pastoral dedicada a atender a creyentes LGBT+. Su objetivo responde al llamado que hicieron los padres y madres sinodales en 2024 cuando, después de deplorar la exclusión de creyentes por su sexualidad, concluyeron que “debemos aprender de nuevo del Evangelio que el cuidado de las relaciones no es una estrategia o una herramienta para una mayor eficacia organizativa, sino que es la forma en que Dios Padre se ha revelado en Jesús y en el Espíritu” (§50).

Participantes en las misas por la inclusión

La manifestación más evidente de este trabajo pastoral lo constituyen lasmisas por la inclusión”. Se trata de la celebración dominical de la eucaristía en distintas parroquias en las que se ora por el fin de la violencia y la discriminación contra personas LGBT+. Contrario a lo que pudiera pensarse, no son misas para creyentes LGBT+, sino misas en las que se ora por la inclusión real de creyentes LGBT+ en la vida eclesial y en la realidad social. Estas celebraciones han atraído a no pocos jóvenes de otras religiones que han recibido el bautismo o han retomado su vida de fe. El altar del Señor se convierte así en el espacio por antonomasia de la vida comunitaria, sin importar identidades de género ni orientaciones sexuales. La eucaristía es incluyente o no es eucaristía.

Mientras la homosexualidad siga siendo un delito en 62 países y un motivo de condena de muerte en 12 de ellos, y mientras sigan ocurriendo episodios de discriminación y violencia contra personas LGBT+, es imperativo trabajar en el desarrollo de la enseñanza de la Iglesia sobre cuestiones antropológicas tan complejas como éstas

Mientras la homosexualidad siga siendo un delito en 62 países y un motivo de condena de muerte en 12 de ellos, y mientras sigan ocurriendo episodios de discriminación y violencia contra personas LGBT+, es imperativo trabajar en el desarrollo de la enseñanza de la Iglesia sobre cuestiones antropológicas tan complejas como éstas. Queda mucho camino por recorrer para convencer a tantos de que las personas homosexuales y trans no constituimos una amenaza para la familia y la sociedad. En esto la Iglesia ha esparcido muchos prejuicios. Toca ahora caminar en la Verdad.

Fuente Religión Digital

 

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