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Archivo para Domingo, 30 de septiembre de 2018

Acoger lo nuevo.

Domingo, 30 de septiembre de 2018

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TE HAS DE ENCONTRAR

Tarde o temprano
te has de encontrar.
No sigas siendo un extraño
en tu heredad.

Vuélcate sobre ti mismo,
abierto de par en par.

Sólo el que sabe enfrentarse
descubrirá la verdad.

Solamente el que se acepta
acogerá a los demás.

Sólo encuentra al Dios oculto
el que se sabe buscar.

*

Pedro Casaldáliga,

***

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:

“Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.”

Jesús respondió:

“No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa...”

*

Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

***

Habla H. Cox de dos concepciones de la personalidad. Una concéntrica, la otra excéntrica. La concepción excéntrica no hemos de entenderla en el sentido de extraña o extravagante, sino como algo que tiene su centro fuera de sí. Es la persona que acoge lo nuevo, lo inesperado, lo que llega de «otra parte». Es la persona abierta al Espíritu, disponible a su «juego», capaz de aceptar los riesgos que comporta. Con la concepción concéntrica, tenemos un mundo encerrado en sí mismo, que no reserva sorpresas, que no va más allá de sus propias posibilidades, caracterizado por la rigidez y por la esclerosis. En la concepción excéntrica tenemos un mundo tocado por la gracia, caracterizado por lo imprevisible y por la llegada de lo imprevisto, con personas todas diferentes, siempre «fuera de los esquemas».

        El error más trágico y más común. Todo lo que no está recogido en los códigos queda descalificado. Todo lo que no pertenece al campo de lo «ya visto» y representa una amenaza para la seguridad, para la regularidad, tiene que ser declarado ilegítimo.

        Todo lo que es diferente ha de ser declarado abusivo. Es una operación que, por desgracia, siempre está de moda. Todo lo que se mueve se vuelve automáticamente sospechoso. Es preciso que mantengamos presente esta terrible posibilidad, a través de la cual buscamos al Espíritu como sospechoso y peligroso y tendemos a meterlo en una ¡aula!

*

A. Pronzato,
Evangelios molestos,
Ediciones Sígueme, Salamanca 1997.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Nadie tiene la exclusiva de Jesús”. 26 Tiempo Ordinario – B (Marcos 9,38-43.45.47-48)

Domingo, 30 de septiembre de 2018

6677d1a5-6eab-44d2-9514-f184ded5f4b6La escena es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que el grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora.

Vienen preocupados. Un exorcista no integrado en el grupo está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: «No es de los nuestros».

Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano sin formar parte de la Iglesia. ¿Es realmente así? ¿Qué piensa Jesús?

Sus primeras palabras son rotundas: «No se lo impidáis». El nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda más allá de la Iglesia establecida y ayude a las gentes a vivir de manera más humana. Nadie ha de verla como una competencia desleal.

Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica. No es rabino de una escuela cerrada, sino Profeta de una salvación abierta a todos. Su Iglesia ha de apoyar su Nombre allí donde es invocado para hacer el bien.

No quiere Jesús que entre sus seguidores se hable de los que son nuestros y de los que no lo son, los de dentro y los de fuera, los que pueden actuar en su nombre y los que no pueden hacerlo. Su modo de ver las cosas es diferente: «El que no está contra nosotros está a favor nuestro».

En la sociedad actual hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano sin pertenecer a la Iglesia. Algunos ni son creyentes, pero están abriendo caminos al reino de Dios y su justicia. Son de los nuestros. Hemos de alegrarnos en vez de mirarlos con resentimiento. Hemos de apoyarlos en vez de descalificar.

Es un error vivir en la Iglesia viendo en todas partes hostilidad y maldad, creyendo ingenuamente que solo nosotros somos portadores del Espíritu de Jesús. Él no nos aprobaría. Nos invita a colaborar con alegría con todos los que viven de manera humana y se preocupan de los más pobres y necesitados.

José Antonio Pagola

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“El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Domingo 30 de septiembre de 2018. Domingo 26º de tiempo ordinario

Domingo, 30 de septiembre de 2018

53-OrdinarioB26 cerezoDe Koinonia:

Números 11, 25-29: ¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta!
Salmo responsorial: 18: Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón.
Santiago 5, 1-6: Vuestra riqueza está corrompida.
Marcos 9, 38-43. 45. 47-48: El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te hace caer, córtatela

Una clave de comprensión para las lecturas de este domingo: «Nadie puede ser excluido del servicio que se realiza en nombre de Dios».

En medio de las tradiciones del pueblo israelita por el desierto, el libro de los Números nos presenta el relato del «reparto» del espíritu de Moisés, entre setenta miembros del pueblo. La intención es que Moisés no tenga que llevar la carga solo. Con esta decisión de Yavé, la responsabilidad queda repartida: cada uno de quienes han recibido «parte» del espíritu que estaba en Moisés debería ser profeta en el pueblo. Ahora bien, tendríamos que atenernos al contexto para intuir qué características implicaba la tarea de estos personajes.

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná y ya se encuentran hastiados: «tenemos el alma seca» (v. 6), «no vemos más que maná» (v. 6b), y con esto viene la tentación de añorar el tiempo de abundancia de comida en Egipto. Por aquí podemos intuir la grave dificultad en que se halla Moisés, ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en Egipto? El desierto es el gran desafío. Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la promesa de una tierra, una libertad, una vida digna, pero que hay que conquistar a precio de privaciones, sacrificios, esfuerzos.

El relato causa admiración porque Yavé monta en cólera… Es un recurso literario para introducir la preocupación de Moisés, que se expresa en una bella oración de intercesión por el pueblo. La solución que plantea Yavé es la adecuada: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés; de esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.

El espíritu que se dona a todas estas personas viene a ser, entonces, profético; es decir, está en función de profetizar. Hay que asumir que esta actividad profética está orientada a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos, a entender lo que hay realmente detrás: Egipto y su abundancia de comida pero con su esclavitud que es lo contrario al plan divino, y lo que está por delante: un desierto inevitable, desafiante, mortal, pero al fin y al cabo, un medio que es necesario asumir para poder llegar a la tierra de la libertad, tierra de promisión. A cualquier persona del pueblo que, entendiendo las cosas así, «catequizara» a sus hermanos en este sentido había que verlo como profeta «autorizado» no porque hubiera estado necesariamente en la tienda del encuentro, sino por estar en comunión con el ideal de Yavé.

Ese parece ser el caso de Eldad y Medad. Ellos no estuvieron en el momento del reparto del espíritu y sin embargo estaban profetizando. Viene la reacción de Josué, el mismo que más tarde se encargará de guiar a su pueblo en los trabajos de conquista y ocupación de la tierra prometida. Josué no entiende todavía que todo el que influya de manera positiva en la conciencia del ser hermano, debe ser considerado profeta, y por eso aconseja a Moisés que lo prohíba (v. 28). Por su parte, Moisés ha captado muy bien que en el trabajo de liberación del pueblo, todos y todas tienen una gran tarea, y responde a Josué con palabras aparentemente duras, pero que en definitiva buscan también abrir la conciencia de su ayudante: «ojalá todo el pueblo fuera profeta» (v. 29); ojalá cada uno asumiera con verdadero empeño la tarea de concientizarse y concientizar a su semejante, a su prójimo, ¿no es eso justamente lo que Dios quiere y espera? A Josué pues, no le preocupaba mucho la necesidad de que cada miembro del pueblo tuviera una conciencia bien formada para continuar hacia adelante por el desierto; le preocupaba más defender lo «oficial», lo «autorizado» por Dios en la tienda del encuentro, es decir lo «instituido», la defensa de «los derechos de Dios».

En la misma línea, nos presenta el evangelio de Marcos para este domingo, una situación semejante con los discípulos de Jesús. Apenas transmitida por Jesús la lección sobre quién es el mayor (Mc 9,33-37), se produce un incidente que tiene que ver con la exclusividad de los miembros del grupo seguidor de Jesús. Juan le cuenta a Jesús que le han impedido a un hombre expulsar demonios en su nombre porque no se trataba de uno de los miembros del grupo (v. 38). No hay una pregunta, cómo hacer en casos semejantes, qué posición asumir, etc. La respuesta de Jesús es sabia, «nadie que obre un milagro en mi nombre puede después hablar mal de mí» (v. 39), y «el que no está contra nosotros, está con nosotros». En la tarea de construcción del reino nadie tiene la exclusiva. Tal vez los discípulos no tenían claro o no recordaban que su pertenencia al grupo de Jesús fue un don de pura gratuidad; ninguno de ellos presentó ante Jesús un concurso de méritos para ser elegido; fue Jesús quien se presentó ante ellos, se les atravesó a cada uno por su camino y los llamó, aun a sabiendas de que no eran ni los mejores ni lo más representativo de su sociedad. En ese sentido también otros y otras pueden seguir siendo llamados. En cada hombre y en cada mujer Dios ha sembrado las semillas del bien; cómo y cuándo esas semillas comienzan a germinar y dar frutos, eso es decisión de cada uno. A veces nos parecemos a Juan y al resto de discípulos, nos ponemos celosos de quienes sin pertenecer a la institución hacen obras mejores que las nuestras. Y sale inevitablemente la frase: «pero ése o ésa es de tal o cual religión, o de tal o cual grupo…». Anteponemos a la vocación universal de hacer el bien y a la práctica del amor, unos intereses mezquinos y unos criterios de autoridad y de exclusividad absolutamente rechazados por Jesús (cf. Mc 9,39)

El diálogo de Jesús con sus discípulos refleja la situación de la comunidad para la cual Marcos escribe su evangelio. Una comunidad quizás muy consciente de lo que eran las exclusiones, pero al mismo tiempo en peligro de ser exclusivista, con una excusa quizás aparentemente sana: «ser o no ser de los nuestros», «ser o no ser del camino», «estar o no estar en el proceso…», y en fin otras talanqueras que pretendidamente intentan justificarse con la excusa de defender la «pureza» de la fe o del «credo» o del «orden» o, en definitiva, de «defender los derechos» de Dios.

Pues bien, cuando se cae en el extremo de «defender» a Dios, o los «derechos» de Dios, lo que se logra en definitiva es minimizar a Dios, ponerlo en ridículo ante el mundo, y la consecuencia más inmediata, la que previó Jesús y quizás la que ya se veía en la primera comunidad, era la del escándalo a los más pequeños. A Jesús le preocupan los «pequeños», no sólo los menores de edad, sino los que apenas empiezan a intuir la dinámica del reino con la subsiguiente imagen de Dios que él propone.

Con todo, a través de los siglos, los peligros de la comunidad primitiva se convierten en hechos reales: cuántos creyentes promotores del bien, de la justicia y de la paz excluidos o en entredicho sólo porque «no eran de los nuestros», cuántos Josués y Juanes empeñados todavía en «defender» una pretendida exclusividad que, por supuesto, nadie posee, con lo cual lo único que logran es escandalizar cada vez más a muchos, haciéndoles creer que Dios es tan pequeño, que puede reducirse a los estrechos límites de un grupo o de una institución, aunque sus adeptos se cuenten por millares.

Si logramos tomar conciencia de que Dios es más grande que un grupo o una institución y que en ningún momento nuestra vocación es la de defender unos supuestos derechos de Dios, sino simplemente servir, ponernos en función de construir el Reino con y desde las múltiples posibilidades que ello implica dada la insondable riqueza del mismo espíritu, entonces jamás se nos ocurrirá pensar si éste o aquél es o no es «de los nuestros», sino mejor… ¡como cooperar más y mejor con aquél o aquélla que tan bien están luchando por construir aquí el Reino! Leer más…

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30.9.18. Si tu mano escandaliza… Una sociedad e iglesia de escándalo

Domingo, 30 de septiembre de 2018

3f6c29f4-9266-4a7e-a30e-5abeaaf95f4cDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 26. Mc 9, 38-48.Dejo a un lado el tema del exorcista no comunitario, para centrarme en el tema del escándalo de los pequeños:

Está en el fondo el motivo de una sociedad e iglesia de fuertes, que se creen capaces de utilizar (escandalizar: hacer caer) a los pequeños, es decir, a los más débiles, los pobres, los niños, en un plano religioso y social, afectivo e incluso sexual.

– Vivimos en una sociedad de escándalo…, que utiliza y destruye a los pequeños… Hay un escándalos de gastos militares, de mentiras políticas generalizadas, de riqueza ostentosa que atrae y destruye a los más pequeños… El escándalo de una sociedad espectáculo, hecha para escandalizar… con su resultado de pateras perdidas en los mares, de fronteras cerradas, de miles de muertos.

vivimos en una iglesia de poder social y religioso de escándalo, que se establece desde arriba, en línea jerárquica y “patriarcalista” de dominio, donde los que se creen dotados de un poder legítimo (superiores) utilizan a los más pequeños (los de abajo) en línea económica, afectiva y religiosa y, sobre todo, de “conciencia”, apareciendo y actuando a veces como “terroristas mentales”, diciendo a los demás lo que son y han de ser, utilizando para ello un tipo de “poder de conciencia”.

En ese contexto sitúa el evangelio el gran pecado que consiste en “escandalizar” (utilizar, hacer caer, pervertir) en un plano social y sexual, económico y religioso a los más pequeños, como en un “imperio establecido por la fuerza…”. En ese contexto introduce Jes´s la referencia simbólica a la mano, al pie o al ojo que escandaliza o destruye a los otros, añadiendo que el buen creyente ha de ser capaz de cortar la mano o pie o de arrancar el ojo, a fin de conservarse así “entero” para el Reino (de no destruir a los demás). En esa línea se puede situar el “pecado de la pederastia” que no es sólo de tipo sexual, sino también afectivo y de dominio de vidas y conciencias.

Hay, sin duda, un escándalo individual, propio del “cristiano” autosuficiente, que se justifica y exalta a sí mismo, pero destruye a los otros. Ese cristiano debe, sin duda, cortarse simbólicamcante la mano, el ojo o el pie que escandaliza a los demás (y que le destruye a sí mismo), para seguir de esa manera a Jesús y para hace bien a los pequeños.

Ciertamente, es duro un tipo de pequeño escándalo sexual, con niños, con personas menores… Pero el escándalo al que alude Jesús es también social y de Iglesia. La Iglesia en su conjunto ha de mirarse y ver cémo escandaliza (hace caer) a los pequeños, no sólo dentro de ella, sino fuera (en su entorno social), pues, para ser verdadera, ella ha de estar dispuesta a “arrancarse” muchas de las cosas que parecen muy valiosas:

¿Qué debe cortar la Iglesia para no ser escándalo? Jesús habla de mano, pie, ojo (genitales…), en sentido radical, pero no físico (pues esa mutilación no sería radical, iría en contra de Mc 7, 14-23)? Otras cosas tiene que cortar la iglesia en línea de poder opresor de conciencias, de riqueza escandalosa, de falta de humanidad y de evangelio? Dejo ahora la respuesta para los lectores.

De esa Iglesia que se “automutila” y se vuelve “pequeña” para acompañar y ayudar a los pequeños, haciéndose evangelio y abriendo así un camino de comunión y ayuda mutua con los menores y los pobres (pequeños, alejados), quiere hablar esta postal.

Esta es la iglesia de Jesús que, en vez de “comportarse como un Dios más alto”, utilizando a su servicio a los demás, se hizo pobre entre los pobres, encarnándose en la vida y el camino de los más pequeños, para compartir con ellos el camino y la esperanza del Reino. Buen domingo a todos.

Texto (reducido)

El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar (Mc 9,42).

Si tu mano escandaliza, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie escandaliza, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies al infierno.

Y, si tu ojo escandaliza, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos la infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga (Mc 9, 43.45-48).

Escandalizar, hacer caer a los pequeños

El principio general (Mc 10, 42) hablaba de escandalizar a “uno de estos pequeños que creen en mí”, es decir, de poner tropiezos en el camino de los más débiles, para así hacerles caer. Se refería de esa forma al riesgo de convertir la Iglesia en una sociedad de fuertes/grandes, sin lugar real para los pequeños. Pues bien, las tres concreciones que siguen (escandalizar con la mano, el pie, el ojo) nos sitúan ante el principio del escándalo, que tiene un aspecto interior (yo escandalizo y me destruyo así a mismo) y otro exterior (con el escándalo destruyo a los otros, a quienes utilizo para mi provecho egoísta). Leer más…

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De amigos y enemigos. Domingo 26. Ciclo B

Domingo, 30 de septiembre de 2018

beber-agua-con-bicarbonatoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Jesús enseñaba a menudo a base de frases breves, que se pueden memorizar fácilmente, como “El Hijo del Hombre no ha venido a llamar a los justos sino a los pecadores”. Los evangelistas reunieron más tarde esas frases, agrupándolas por el contenido o por alguna palabra clave que se repetía. En el evangelio de hoy podemos distinguir las siguientes:

1.- “Quien no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Juan le dijo:

Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.

Pero Jesús dijo:

No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.

Juan se presenta muy ufano ante Jesús para contarle lo que han hecho con uno que echaba demonios en su nombre. Jesús, en vez de elogiar esa conducta, les hace caer en la cuenta de que han actuado de forma poco lógica: quien hace un milagro en nombre de Jesús no hablará mal de él. Luego añade una enseñanza general. Frente a la postura de ver enemigos por todas partes, enseña a ver amigos: «Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor.»

            ¿Por qué han actuado los discípulos de ese modo? Si relacionamos el evangelios con la primera lectura de hoy, el motivo serían los celos. El libro de los Números cuenta que Josué, cuando se entera de que Eldad y Medad están profetizando en el campamento, lo interpreta como un ataque a la dignidad de Moisés y le pide a este que se lo prohíba. La escena recuerda bastante a la del evangelio, con el agravante de que Josué le dice a Moisés que se lo prohíba, mientras que los discípulos se atribuyen el poder de prohibir, sin contar primero con Jesús. El fallo de los discípulos radicaría en ese celo injustificado y algo mezquino.

Sin embargo, conviene tener en cuenta otra posible interpretación. Dos veces justifican los discípulos su conducta aduciendo que ese individuo «no va con nosotros». Según ellos, hay que excluir a todo el que no los acompañe.

Debemos recordar que Jesús era un predicador itinerante, acompañado de los doce, de un grupo de mujeres y de otros discípulos más. Este grupo, muy radical, había renunciado al domicilio estable, a la familia y a las posesiones. En el contexto de esta vida tan dura, de tanta renuncia para seguir a Jesús, se entiende la insistencia de Juan y los discípulos en que ese «no va con nosotros». No ha renunciado al domicilio estable, a la familia, a las posesiones, pero se permite echar demonios en nombre de Jesús.

El relato pudo tener mucha importancia para la iglesia primitiva, ya que en ella se fueron imponiendo las comunidades urbanas, en las que no se renunciaba al domicilio estable, ni a la familia y las posesiones. La tentación de los cristianos itinerantes, con su vida tan dura, era excluir a los otros, a los que «no van con nosotros». Este pasaje les enseña a comportarse con moderación y a tolerar otras formas de vida. Lo esencial no es «ir con nosotros» sino «estar a favor nuestro».

2.-  “Quien os dé a beber un vaso de agua en atención a que sois del Mesías os aseguro que no perderá su paga”.

El episodio anterior terminaba con la enseñanza: “Quién no está contra nosotros está a nuestro favor”. Esta frase da un paso adelante. Habla del que toma una postura positiva ante los seguidores del Mesías, simbolizada en el gesto de dar un vaso de agua.

3.- Dos trampas (dos escándalos) en el camino

En griego, el sentido básico de “escándalo” es el de «trampa», la tendida en el suelo, que hace caer a una persona o a un animal. Si recordamos que la vida cristia­na es un seguimiento de Jesús, un caminar detrás de él, se comprenden los dos peligros de los que habla el evangelio:

 a) Poner trampas a los pequeños

Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de estas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.

Que alguien le ponga una trampa a uno de los pequeños que creen, lo haga caer y se quede descolgado del grupo que sigue a Jesús. Estas palabras resultan enigmáticas, porque no queda claro a quién se dirigen. ¿Quién puede escandalizar? ¿Un cristiano o una persona ajena a la comunidad (escriba, fariseo, saduceo, pagano)? ¿Quiénes son los pequeños que creen: un grupo dentro de la comunidad o todos los cristianos? La historia de la iglesia y la vida corriente demuestran que todos los casos son posibles. El tropiezo puede ponerlo una persona no cristiana, con sus críticas y ataques a Jesús y su mensaje. Pero también cualquier actitud nuestra, cualquier palabra, que aparta a otros del seguimiento de Jesús, de la forma de vida que él propone, cae bajo su condena.

El gran peligro del escándalo no es sólo las revistas porno­gráfica, las películas violentas, la droga, sino tantas cosas que se aceptan con naturalidad dentro de la Iglesia (lujo, vanidad, ambición, prestigio), incluso a los más altos niveles. Los casos de pederastia, que tanto angustian ahora a la iglesia, son un ejemplo actual de ese escándalo de los pequeños que, por ese motivo, como ha recordado recientemente el Papa Francisco, han dejado de creer en Jesús.

Jesús deja muy clara la gravedad del pecado al hablar de la condena que merece: ser arrojado al mar con una enorme piedra atada al cuello. Se refiere a la piedra superior del molino grecorromano, que giraba tirada por un asno, un caballo o un esclavo. Tirar al mar o al río era un castigo especialmente cruel, ya que el cadáver quedaba insepulto, algo terrible en la mentalidad judía y griega.

Estas palabras tan duras plantean un serio problema: ¿carece de perdón el escándalo? ¿No basta el arrepentimiento y la penitencia, ni siquiera de por vida? Negar la posibilidad de perdón iría en contra del evangelio. Pablo, que fue motivo de escándalo para tantos cristianos, no se tiró al mar con una piedra al cuello. Entregó su vida a propagar la fe en Jesús.

b) Ponerme trampas a mí mismo

Y si tu mano derecha te escandaliza (te es ocasión de pecado), córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.

Y si tu pie te escandaliza (te es ocasión de pecado), córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna.

Y si tu ojo te escandaliza (te es ocasión de pecado), sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.

Las diversas posibilidades las enumera Mc hablando de la mano, el pie y el ojo. Jesús piensa en tendencias que surgen del interior de cada uno de nosotros y que debemos controlar con cuidado.

Para dejar clara la gravedad de lo que puede ocurrir, Jesús exhorta a cortar la mano o el pie, o sacarse el ojo. Estas palabras no hay que interpretarlas al pie de la letra, porque después de habernos cortado una mano y un pie, y habernos sacado un ojo, surgirían nuevas tentaciones y necesitaríamos seguir con la otra mano, el otro pie y el otro ojo. Y no entraríamos en la vida mancos, cojos y tuertos, sino ciegos y sin ningún miembro.

En el caso anterior, el castigo era sumergir en el mar; aquí, ir a parar a la gehena, «al fuego inextinguible», «donde el gusano no muere y el fuego no se apaga». La gehena como lugar de castigo se basa en la tradición apocalíptica judía; el gusano y el fuego, en unas palabras del libro de Isaías. A los pintores y a los predicadores les han dado materia abundante de inspiración, a menudo desbocada.

Reflexión final

            En pocas palabras nos da Marcos abundante materia de reflexión y de examen sobre nuestra actitud ante los demás y ante nosotros mismos: ¿excluimos a quienes nos van con nosotros, a quienes consideramos que no viven un cristianismo tan exigente como el nuestro? ¿Valoramos el gesto pequeño de dar un vaso de agua, o nos escudamos en la necesidad de grandes gestos para terminar no haciendo nada? ¿Pongo obstáculos a la fe de la gente sencilla o de los menos importantes dentro de la iglesia? ¿Me voy tendiendo trampas yo mismo que me impiden caminar junto a Jesús?

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Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 30 de septiembre de 2018

Domingo, 30 de septiembre de 2018

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El que no está contra nosotros está a favor nuestro.”

(Mc 9, 38-43.45.47-48)

Esto es algo que muy pocas personas han descubierto en nuestra Iglesia. Por eso cuando nos encontramos con alguien que sabe “sumar”, que sabe incluir, nos quedamos asombradas.

No sé cómo será en otras sociedades, en otras culturas, pero la nuestra, y lo que he podido atisbar de las que nos rodean, nos enseñan a dividir.

Nos pasamos media vida dividiendo y separando. Dividimos y separamos a quienes son de una raza y otra. De una cultura y otra. Una ideología y otra. De una religión y otra. Una orientación sexual y otra.

Y con estas divisiones decidimos quiénes son buenos y quienes son malos. Quiénes son de los nuestros… Los buenos, por supuesto, son siempre los que pertenecen a mi grupo. Los demás que no se atrevan a tocar nada de lo nuestro.

Nos pasa lo mismo en la Iglesia. Nos enfada que la gente se vaya a hacer yoga o zen, queremos que vengan a misa. O en la vida consagrada nos enfada que otras congregaciones tengan vocaciones.

No nos alegramos si la gente no se encuentra con la imagen de Dios que tenemos nosotros. ¡Pobres de nosotros! Nos creemos que Dios es tan estrecho como nuestra mente o nuestro corazón.

Después de más de dos mil años todavía no comprendemos que “quien no está contra nosotros está a favor nuestro”.

Dios no nos quiere a todos iguales: del mismo color, las mismas ideas y las mismas sensibilidades. Si nos quisiera a todas iguales nos habría creado diferentes.

Diferentemente iguales. Sí, así nos quiere Dios. ¿Qué quiere decir esto? Pues que Dios nos quiere igualmente a todos. Seamos como seamos. Hagamos lo que hagamos. A todos nos ama igual, con la misma intensidad.

Somos iguales porque toda persona tiene una dignidad inviolable. Pero somos diferentes, diversos, variados… Porque solo en esa diversidad podemos alcanzar a reflejar lo que Dios es en su Totalidad.

El Dios en el que creemos los cristianos es Trinidad, es diversidad, es relación de diferentes. Por eso nuestra Iglesia solo se parecerá al Reino cuando crezca en pluralidad, inclusión y humildad.

Oración

Trinidad Santa, enséñanos a descubrir que en tu Amor todo ocurre “a favor” nuestro y que solo cuando amamos podemos convertir las diferencias en ventajas

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa 

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Todos son de los nuestros.

Domingo, 30 de septiembre de 2018

ob_d6b70d_koder-la-joieMc 9, 38-48

El texto de hoy es continuación inmediata del que leímos el domingo pasado. Es Juan el que, sin hacer mucho caso a lo que acaba de decir Jesús, salta con una cuestión al margen de lo que se viene tratando en el evangelio. Este texto tiene un significado aún más profundo si recordamos que, es este mismo capítulo (Mc 9,14-29), justo antes del episodio que hemos leído el domingo pasado, se cuenta que los discípulos no pudieron expulsar un demonio.

Una vez más, Jesús tiene que corregir su afán de superioridad. Siguen empeñados en ser ellos los que controlen el naciente movimiento en torno a Jesús. Con el pretexto de celo, buscan afianzar privilegios. Seguramente se trata de un problema, planteado ya en la primitiva comunidad donde se escribe el evangelio. El resto de lo que hemos leído no es un discurso, sino una colección de dichos que pueden remontarse a Jesús.

No es de los nuestros. El texto griego dice: “porque no nos sigue a nosotros”. Este pequeño matiz podría abrirnos una perspectiva nueva en la interpretación. Solo pronunciar esta frase, supone alguna clase de exclusión y una falta de compresión del evangelio. Todo lo que nos hace diferentes como individuos es accidental y anecdótico. Unirnos a un grupo con la intención de ser superiores y más fuertes es un egoísmo amplificado.

Muchas veces me habéis oído hablar de las contradicciones del evangelio; pues hoy lo vemos con toda claridad. (Mt 12,30) dice exactamente lo contrario de lo que acabamos de oír a Mc: “El que no está con nosotros está en contra nuestra, y el que con nosotros no recoge, desparrama.” En Lc encontramos las dos fórmulas, (10,50) y (11,23); así que no hay manera de desempatar. Además, estas palabras de Jesús están en contradicción con lo que él mismo dice en (Mt 7,22) “No hemos profetizado en tu nombre, y no hemos expulsado muchos demonios… Yo les responderé: No os conozco de nada, apartaros de mí, malvados”.

La contradicción es aparente. El mensaje del Jesús no se puede meter en conceptos. La razón necesita crear opuestos para poder explicar la realidad. Solo puede entender lo que es el frio en contraposición con lo que es el calor. Entenderá lo que es el color blanco, solo cuando tenga la idea de negro. La luz solo se puede comprender si tenemos en cuenta la oscuridad. Para poder afirmar algo como verdadero, tenemos que considerar lo opuesto como falso. En el orden espiritual las contradicciones quedan superadas en la unidad.

El que no está conmigo está contra mí, se refiere a que la pertenencia al Reino es una opción personal, no es lo natural, no viene dada por el ADN. Hay que hacer un verdadero esfuerzo por descubrirlo y entrar en él. Recordad las frases del evangelio: “El reino de los cielos padece violencia y solo los esforzados lo arrebatan”; y “estrecha y angosta es la senda que lleva a la vida y pocos dan con ella”. Para entrar en el reino es imprescindible un proceso. Hay que nacer de nuevo, y para ello es preciso morir a lo terreno.

El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Quiere decir que del Reino no se excluye a nadie. Todo el que busca el bien del hombre, está a favor del Reino, que predica Jesús. Solo queda fuera el egoísta que rechaza al hombre. La posesión diabólica era el paradigma de toda opresión. Expulsar demonios era el paradigma de toda liberación. En contra de todos los movimientos religiosos de la época, saduceos, fariseos, Qumrán, etc., Jesús anuncia un Dios que es amor y que no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores.

La pretensión de exclusividad, ha hecho polvo las mejores iniciativas religiosas de todos los tiempos. Considerar absoluta cualquier idea de Dios como si fuera definiti­va, es la mejor manera de entrar en el integrismo, fanatismo e intransigen­cia. Monopolizar a Dios, es negarlo. Poner límites a su amor es ridiculizarlo. Nuestra religión ha ido más lejos que ninguna otra en esa pretensión de verdades absolutas y excluyentes. Recordad: fuera de la Iglesia no hay salvación. Fuera de la Iglesia hay salvación. A veces, más que dentro de ella.

En un ocasión en que no los recibieron en Samaría, Santiago y Juan dicen a Jesús: ¿Quieres que mandemos bajar fuego del cielo para que les destruya. Jesús les reprendió; pero algunas traducciones añaden: no sabéis de qué espíritu sois. Seguimos sin enterarnos del espíritu de Jesús. Seguimos pretendiendo defender a Dios, sin darnos cuenta de que estamos defendiendo nuestros intereses más rastreros. No se trata simplemente de tolerar lo malo que hay en los otros. Se trata de apreciar todo lo que hay en los demás de bueno.

Entre el episodio de la primera lectura y el que nos narra el evangelio hay doce siglos de distancia, pero la actitud es idéntica. Desde que se escribió el evangelio hasta hoy, han pasado veinte siglos, y aún no nos hemos movido ni un milímetro. Seguimos esgrimiendo el “no es de los nuestros”. Todo aquel que se atreve a disentir, todo el que piense o actúe de modo diferente sigue excluido. Incluso arremetemos contra todo el que se atreve a pensar.

El espíritu de Jesús va mucho más allá de lo que abarca el cristianismo oficial. Se ha acuñado una frase últimamente: “patrimonio de la humanidad”que se podía aplicar a Jesús sin restricción alguna: Cristo no es de la Iglesia. En realidad, el mensaje de Jesús no se puede encerrar en ninguna iglesia o institución religiosa. Jesús intentó que todas las religiones, incluida la suya, descubriesen que el único objetivo de todas ellas es hacer seres cada vez más humanos. Cualquier religión que no tenga esa meta, es simplemente falsa.

De la misma manera que la mente racional creó el yo individual para garantizar la subsistencia biológica, el ser humano ha ido creando guetos y grupos que potencian ese objetivo de mayor seguridad. Desde la familia a la nación todas las instituciones tienen como objetivo que nos sintamos más seguros gracias a ese egoísmo amplificado. La socialización ha sido un medio muy adecuado para el progreso humano y debe seguir siéndolo, pero puede convertirse en el mayor enemigos del hombres si se utilizad para ir contra los demás.

Tenemos que decirlo con toda claridad. Para los seres humanos ha sido mucho más nefasta la idolatría teísta que el ateísmo. Las mayores barbaridades de la historia se han cometido en nombre de dios. Es un ídolo el dios que hace diferencia entre buenos y malos. Es un ídolo el dios que depende de lo nosotros hagamos para estar de nuestra parte o en contra nuestra. Claro que ese dios nos tranquiliza, porque si él hace eso, está más que justificado que nosotros estemos a favor de los nuestros y en contra de los que no lo son.

Que en el evangelio de Mc, la causa de Jesús no coincida con la causa del grupo de los doce, es un toque de atención para los cristianos de todos los tiempos. Jesús no es monopolio de nadie. Todo el que está a favor del hombre está con Jesús. Todo el que trabaja por la justicia, por la paz, por la libertad, es cristiano. Nada de lo que hace a los hombres más humanos es ajeno a un seguidor de Jesús. Es inquietante que todas las grandes religiones monoteístas hayan sido y siguen siendo causa de las mayores divisiones y guerras.

Meditación

Aunque alguien se empeñe en estar en contra nuestra,
nosotros nunca debemos estar contra nadie.
Mi actitud no debe depender de la actitud el otro
Si aún me cuesta aceptar al otro tal cual es,
es señal de que aún no he comprendido el evangelio.
Estoy esperando que cambie él para sentirme yo bien.
¿Puedo imaginarme que Dios hiciera conmigo lo mismo?

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Universalidad del Evangelio.

Domingo, 30 de septiembre de 2018

circonstance_vie“Prefiero contemplar la naturaleza, y esta contemplación permite acercarse a lo sagrado antes que dominarla” (Frédéric Lenoir)

30 de septiembre. Domingo XXVI del TO

Mc 9, 38-43. 45. 47-48

Jesús respondió: No se lo impidáis. Aquel que haga un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí 

La Biblia de nuestro pueblo hace esta consideración: “La universalidad del Evangelio no se refiere sólo a los destinatarios, sino también a los agentes. Los discípulos de Jesús deberíamos incluso propiciar alianzas o proyectos comunes con quienes, siendo de otras religiones o con quienes no profesan ninguna, dedican su vida al servicio de la Humanidad. Hacer el bien es un evangelio universal”. Un bien y una competencia de todos los cristianos.

Tanto la figura de Jesús como su doctrina tienen mucho que ver con el carácter universal del Evangelio, en el sentido de que su misión es para todos los seres humanos sin distinción. En su primera carta a Timoteo dice que Dios quiere “que todos los hombres se salven” (1 Ti 2, 4). Y que también desea “que el universo, lo celeste y lo terrestre, alcancen su unidad en el Mesías”. El visionario de Patmos escuchó el canto de los veinticuatro Ancianos que con sus cítaras y copas de oro llenas de perfume cantaban un Cántico nuevo al Cordero: “con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación”. Universalidades vinculadas ambas a la esencia del Evangelio. No hacerlo es renunciar al compromiso de servicio de la Humanidad entera.

El primer principio es la formulación cristológica del Sermón de la Montaña. Jesús encarna la espiritualidad común a todas las religiones. Toda religión entiende la vida santa como libertad frente a las necesidades. En esto, un discípulo de Cristo es también “discípulo ” de Buda, y viceversa. Como ésta es una espiritualidad universal, se sigue que cualquier rama del cristianismo que no se la apropie deja de ser una vía de salvación o religión universal y, a fortiori, la religión de Cristo.

En su obra El poder de la alegría, Frédéric Lenoir escribe esta consideración: “El amor no se limita a la relación con el prójimo. El vínculo de comunión no se limita a las relaciones interpersonales. Los griegos se referían a la idea de “aceptar el mundo” de manera armoniosa. No ir a destiempo. Inscribirse en el círculo de la vida. Participar en la sinfonía, sin ser el instrumento disonante. Aceptar el mundo es entrar en consonancia con los que nos son próximos, con la ciudad, con la naturaleza, con el cosmos. Es negarse a destruir y saquear el planeta, el mantener unas relaciones respetuosas con todos los seres sensibles”.

Un cristianismo que haya renunciado a la predicación y la práctica de las bienaventuranzas como ideal utópico no será un cristianismo profético y estará fuera de lugar. Ésta es la crisis de significado o la falta de orientación de las que hoy nos lamentamos la mayoría de nosotros. En realidad, el italiano Francisco de Asís (1182-1226), santo, diácono y fundador de la Orden Franciscana, el Maestro Eckhart Hochheim (1260-1328), dominico alemán, teólogo y místico, Thomas Merton (1915-1968), monje trapense, poeta y místico y Bede Griffithts (1906-1993), monje y místico benedictino que vivió en el sur de la India, etc. etc. etc, son extraños hoy para la mayoría de los cristianos. Y, sin embargo, todos ellos fueron auténticos cristianos universales, capaces de proclamar la Buena Nueva para toda persona en el mundo que tiene sed del Agua de la Vida. Jesús no tiene inconveniente en hablar con la mujer samaritana, pecadora y no judía, y compartir con ella su agua viva.

“Prefiero contemplar la naturaleza, y esta contemplación permite acercarse a lo sagrado antes que dominarla”, dice Frédéric Lenoir, dándonos a entender que lo trascendental es estar más allá de las propias creencias y doctrinas. Y Jesús replica a los discípulos, que negaban la potestad taumatúrgica a un exorcista anónimo que no era de los suyos diciéndoles: “No se lo impidáis. Aquel que haga un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. (Mc 9, 39).

“Quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás” (Jn 4, 14)

TRAVELLING

Vino sonoro y silencioso al mundo
guiado por la brújula del Viento,
con alpargatas líricas de esparto,
con estruendosas voces y silencios.

Sembraba música de flor y amores
en el paisaje de los Evangelios. 

(EVANGÉLICO CUARTETO.
Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

 Fuente Fe Adulta

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¡Ni tú… ni vosotros!

Domingo, 30 de septiembre de 2018

cn26tn-bbEn el Antiguo Testamento ya tenían problemas por la mala comprensión que tiene el ser humano para mirar a los otros como iguales. Diría que es casi una enfermedad endémica a través de los siglos: cuando nos vemos reunidos en grupo, con un nombre, siempre el mismo, “yo-nosotros”, y miramos hacia fuera y vemos al “tú-vosotros” como algo ajeno.

Es una patología que parece venir inscrita en el ADN humano, girando en algún gen loco que se resiste a reinventarse.

Ahí tenemos a Moisés reprendiendo a Josué, su mano derecha, que se siente potente como para inducir a su jefe a gestionar quien puede o no profetizar. La actitud de apropiarse de lo que el Espíritu da gratis a quien quiere, hace clamar a Moisés: “¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Seños y profetizara!”.(Núm 11, 25-29)

También Jesús tuvo que lidiar con el mismo tema en la versión de hacer el bien al prójimo: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, pero, como no viene con nosotros, hemos tratado de impedírselo”. Era Juan, el discípulo que tuvo que recostarse en el pecho de Jesús para saber cómo latía su corazón y aprender que late por quien hace el bien, le conozca o no. Y late también por quien no lo hace pero, con paciencia infinita e incalculable, espera que antes o después se una a los que ponen el Amor en el primer puesto de prioridades.

Imagino la mirada de Jesús y un cierto aire cansino en su voz: “No se lo impidáis…”. Sus radicales palabras nos previenen de lo que sería mejor para quienes en algún momento podamos sentirnos como propietarios, gestores o administradores de lo que el Espíritu quiere hacer en la vida de cada persona.

No olvidemos aquello de que “el viento sopla donde quiere, y oyes su rumor, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu”. Lo escribe Juan, ya maduro en la vida del Espíritu, cuando escribe su evangelio (Jn 3, 8). Entendió desde el corazón el mensaje de Jesús. Lo hizo suyo y nos lo dejo bien escrito, inspirado por el Espíritu para que otros nazcan al Espíritu.

Revisemos, personal y comunitariamente, no demos todo por hecho. ¿A quiénes considero de los nuestros? ¿A quiénes digo: ni tú… ni vosotros sois de los nuestros? ¿A quién dejo fuera? ¿A quiénes encierro en estereotipos o en guetos?

Más aún. ¿Qué hago con mi mano, con mi pie y con mi ojo? ¿Escandalizo al que se me acerca apartándole de un manotazo o dándole un puntapié? ¿Le echo una mirada de esas que invisibilizan o matan?

No dijo Jesús nada de la boca, pero mejor callar y entrar sin lengua en el Reino de Dios antes que soltar dardos en forma de palabras contra quienes no considero “de los míos”.

Cuando tengamos dudas sobre lo imprevisible e impredecible del movimiento del Espíritu, volvamos al centro, al corazón de Pentecostés. Nos remite a los tiempos antiguos indicando que ya se habló de ello con profética visión de futuro: “Derramaré mi Espíritu sobre todo mortal y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. Y también sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu…”. (Hch 2, 17-18). Me ha refrescado ver que no hace distingos: hijos e hijas, jóvenes y ancianos; siervos y siervas.

Escuchemos al Espíritu que nos dice: “Tened paz unos con otros” (Mc 9, 50).

Mari Paz López Santos

Fuente Fe Adulta

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Buenos y malos hay en todas partes.

Domingo, 30 de septiembre de 2018

cristo-cerezo-720_560x280Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

BUENOS Y MALOS HAY EN TODAS PARTES.

Personas honradas, buenas y otras que no lo son las ha habido y las hay en todo grupo humano, ideología, en todas las religiones e iglesias.

Personas que intentan expulsar los demonios del paro, de la droga, del racismo, de la injusticia, del totalitarismo, etc. las hay también dentro y fuera de la Iglesia.

Sin embargo ya desde el comienzo, desde los primeros discípulos, hay personas religiosas a las que les molesta que gente que no pertenece a la Iglesia, expulse demonios: hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Uno que no era de los nuestros, es decir uno que no pertenecía al mundo religioso, también había expulsado algún diablo: alguna corrupción, algún abuso de poder, había trabajado contra la droga, el paro, etc.

El texto es claramente eclesial. Ya en el grupo de Jesús y en la comunidad naciente comienzan los eternos líos de que estos “son de los nuestros”, los otros no, estos son de los “oficiales y seguros” del partido y estos otros de la Teología de la Liberación y medio herejes. Estos son comunistas y estos otros de la Iglesia. Estos son católicos y aquellos ortodoxos o de otras religiones.

La Iglesia es una comunidad abierta a todos.

El pluralismo y la diversidad, la libertad y la apertura de mente son también cristianas.

Los no creyentes, los que no militan en la Iglesia también pueden ser -son- “buena gente” que tratan de hacer el bien.

02. ¿DENTRO O FUERA DE LA IGLESIA?

15345579293_2c71259d7aMuchos cristianos nos sentimos cercanos a JesuCristo, creemos en Él, al menos intentamos vivir y seguir al Señor. Pero al mismo tiempo, vivimos en tensión y distanciados de determinadas instituciones y personas eclesiásticas.

Jesús se opone a la mentalidad de “ghetto”, de cerrazón. Ya desde el comienzo de la Iglesia se dio el fanatismo, el fundamentalismo, la intransigencia. Hoy también en nuestra iglesia hay grupos y tendencias intransigentes, sectarios, que además se creen los puros, los auténticos y la élite de la iglesia. Son grupos combativos con todos los que no piensan y viven como ellos. (El fanático -puesto que no piensa, no tiene razón-, embiste, topa).

Jesús no quiere entre sus discípulos gente cerrada, intolerante y mucho menos, gente excluyente, que se considere con el monopolio de la verdad y los demás, además son malos.

Para Jesús todo el que hace el bien, todo el que libera a las gentes de opresiones y sufrimientos, esté en el grupo que esté, sea de la religión que sea, sea de la tendencia teológica que sea y tenga las creencias que tenga, merece respeto y nuestra acogida, sin más.
El evangelio de Jesús no es una religión excluyente, acoge a toda persona que busca el bien, sea de la ideología que sea.

“Se trata de ser capaces de percibir el Reino fuera de la Iglesia, en los que luchan incluso contra ella, fuera de mi pequeño círculo de identidad particular. ¡Somos tan propensos a crear partidos y a excluir a los otros dentro de la misma Iglesia!”. (Javier Garrido).

03. SER CREYENTE.

No es lo mismo ser creyente, tener fe, que ser bueno.

No es lo mismo fe que moral

Ser creyente, tener fe es confiar, fiarse de Dios y confiar en Él y en la vida. Ser cristiano ese vivir serenamente en la bondad de Dios, confiar en la bondad de Dios.

Como consecuencia trataremos, intentaremos vivir lo más honestamente posible, pero sin hacernos muchas ilusiones de que lo “vayamos a hacerlo bien”.

Sigamos a S Felipe de Neri, que decía a los suyos: sed buenos, si podéis. La historia de la humanidad, la historia de la salvación y la historia de la Iglesia están llenas de grandes pecadores: desde Adán y Eva, el rey David, Magdalena, Pedro, etc. fueron grandes creyentes y grandes pecadores.

Podemos ser profundamente pecadores y profundamente creyentes. Precisamente quien es consciente de su pecado, puede llegar a ser gran creyente. En el fondo esta es la experiencia de Lutero, de todo el mundo protestante, que es una gran tradición cristiana.

04. LO DECISIVO ES EL REINO.

Lo decisivo no es “mi grupo”, ni mi “ghetto eclesiástico”, ni mi ideología, ni tan siquiera las iglesias, lo decisivo es el “Reino de Dios para todo ser humano”: reino de justicia, de amor y paz.

En el seno de la Iglesia hay salvación, hay carismas, gentes honestas, sacerdotes honestos y honrados, padres y madres creyentes, misioneros, tareas de Cáritas, catequistas, voluntarios, vida contemplativa, publicanos y “zaqueos”, “hijos pródigos” y “magdalenas”.

Las “plantillas” de la iglesia y del Reino de Dios no coinciden. No es lo mismo la Iglesia que el Reino de Dios. El Reino de Dios es infinitamente más amplio y hermoso que lo eclesiástico. La instancia crítica y última no es la Iglesia, sino el Reino.

Y fuera de los “límites jurídicos” de lo eclesiástico, también hay Iglesia y salvación.

Santo Tomás decía que, la verdad, la diga quien la diga, viene del Espíritu Santo, viene de Dios. Jesús dijo lo mismo de otra manera del bien: el bien, lo haga quien lo haga, viene de Dios.

El humanismo del Evangelio termina por acoger a todos.

Fuera de la salvación, no hay Iglesia.

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