
“…y no solamente era menester, la fuerza de los apetitos sensitivos tener amor de su Esposo, sino estar inflamada de amor y con ansias…”
San Juan de la Cruz
El ideal cristiano no puede ser disminuir la intensidad del placer, porque Dios no mutila al hombre, sino que lo quiere sano y fuerte. De hecho “el placer es tanto más grande cuando más pura es la naturaleza y mas sensible el cuerpo” (S.Tomás de Aquino, ST I,98,2).
No podemos entender la alegría de una manera meramente espiritual, sin conexión con nuestro cuerpo, con nuestras necesidades emotivas, con nuestro deseo de placer. Dios , que ama al hombre entero, ama también su gozo terreno, sensible, corpóreo.
Dios ama el placer, la felicidad terrena, el gozo sensible de todos sus hijos e hijas.
Es cierto que Dios permite el sufrimiento por diversos motivos, y que el sufrimiento puede integrarse positivamente en la espiritualidad cristiana. Pero no es menos cierto que lo primero en el querer Divino es el gozo del ser humano (1 timoteo 6,17). Precisamente cada uno de nosotros está llamado a procurar la felicidad de los demás (Dt 15,7-8; Is 58,6-8).
Sin embargo, nadie estará marcado a fuego por este propósito, si no nos convencemos a fondo de que Dios nos ama y desea nuestra felicidad, si no percibimos con íntima gratitud que Dios se complace en nuestro placer y nuestra alegría. Si no renunciamos a torturarnos a nosotros mismos no seremos capaces de buscar la felicidad del otro.
Fray Bernardo.
Valencia.España
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Amor, Placer, San Juan de la Cruz
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