Comentarios desactivados en “Fe sencilla”. Presentación del Señor – A (Lucas 2,22-40)
El relato del nacimiento de Jesús es desconcertante. Según Lucas, Jesús nace en un pueblo en el que no hay sitio para acogerlo. Los pastores lo han tenido que buscar por todo Belén hasta que lo han encontrado en un lugar apartado, recostado en un pesebre, sin más testigos que sus padres.
Al parecer, Lucas siente necesidad de construir un segundo relato en el que el niño sea rescatado del anonimato para ser presentado públicamente. ¿Qué lugar más apropiado que el Templo de Jerusalén para que Jesús sea acogido solemnemente como el Mesías enviado por Dios a su pueblo?
Pero, de nuevo, el relato de Lucas va a ser desconcertante. Cuando los padres se acercan al Templo con el niño, no salen a su encuentro los sumos sacerdotes ni los demás dirigentes religiosos. Dentro de unos años, ellos serán quienes lo entregarán para ser crucificado. Jesús no encuentra acogida en esa religión segura de sí misma y olvidada del sufrimiento de los pobres.
Tampoco vienen a recibirlo los maestros de la Ley que predican sus «tradiciones humanas» en los atrios de aquel Templo. Años más tarde, rechazarán a Jesús por curar enfermos rompiendo la ley del sábado. Jesús no encuentra acogida en doctrinas y tradiciones religiosas que no ayudan a vivir una vida más digna y más sana.
Quienes acogen a Jesús y lo reconocen como Enviado de Dios son dos ancianos de fe sencilla y corazón abierto que han vivido su larga vida esperando la salvación de Dios. Sus nombres parecen sugerir que son personajes simbólicos. El anciano se llama Simeón («El Señor ha escuchado»), la anciana se llama Ana («Regalo»). Ellos representan a tanta gente de fe sencilla que, en todos los pueblos de todos los tiempos, viven con su confianza puesta en Dios.
Los dos pertenecen a los ambientes más sanos de Israel. Son conocidos como el «Grupo de los Pobres de Yahvé». Son gentes que no tienen nada, solo su fe en Dios. No piensan en su fortuna ni en su bienestar. Solo esperan de Dios la «consolación» que necesita su pueblo, la «liberación»que llevan buscando generación tras generación, la «luz» que ilumine las tinieblas en que viven los pueblos de la tierra. Ahora sienten que sus esperanzas se cumplen en Jesús.
Esta fe sencilla que espera de Dios la salvación definitiva es la fe de la mayoría. Una fe poco cultivada, que se concreta casi siempre en oraciones torpes y distraídas, que se formula en expresiones poco ortodoxas, que se despierta sobre todo en momentos difíciles de apuro. Una fe que Dios no tiene ningún problema en entender y acoger.
Comentarios desactivados en La gente va a los templos
Del blog de José Arregi Umbrales de luz:
La gente va a los templos
a saludarme…
¡Qué simples e ignorantes son mis hijos,
que piensan que vivo aislado!
¿Por qué no vienen y me saludan
en la procesión de la vida, donde yo habito,
en las granjas, en las fábricas y en el mercado,
donde aliento a los que ganan el pan con el sudor de su frente?
¿Por qué no vienen y me saludan
en las barracas de los pobres,
y me encuentran bendiciendo a los pobres y necesitados
y secando las lágrimas de las viudas y los huérfanos?
¿Por qué no vienen y me saludan
al borde del camino,
y me encuentran bendiciendo al mendigo que pide pan?
¿Por qué no vienen y me saludan
entre aquéllos que son pisoteados por los orgullosos de alma y poder,
y me contemplan sosteniendo su sufrimiento y derramando compasión?
¿Por qué no vienen y me saludan
entre las mujeres hundidas por la sumisión y la violencia
entre las que me siento para bendecirlas y levantarlas?
Estoy seguro de que nunca pueden echarme de menos
si intentan encontrarme entre el sudor y la lucha por la vida
y en las lágrimas y las tragedias de los pobres.
*
Kushdeva Singh,
físico, místico y activista social indio,
(1902–1985)
Comentarios desactivados en Carta de los fundadores de Císter a los laicos cistercienses del siglo XXI
(Monasterio de la Oliva)
26 enero, fiesta de los fundadores de Císter
Mari Paz López Santos,
Madrid
ECLESALIA, 27/01/23.- Queridos hermanos laicos y laicas cistercienses del siglo XXI: Los nueve siglos que nos separan en el tiempo no deben ser impedimento para que nos sintáis cercanos a vuestra vida de laicos en el mundo, desde el deseo y la búsqueda de Dios a través del carisma cisterciense compartido con las comunidades monásticas a las que estáis vinculados.
Sabemos de los avatares de vuestro mundo y recordamos los tiempos críticos que a nosotros nos tocó vivir. Por eso nos hemos decidido a escribiros esta carta y compartir con vosotros de forma sencilla y coloquial.
¿Qué podemos deciros, queridos hermanos laicos, nosotros, unos monjes de la Edad Media que optaron por volver a la fuente, al espíritu de la Regla de San Benito? La opción nos llevó al bosque de Cîteaux, al Nuevo Monasterio, donde la vida monástica cisterciense creció y se fue expandiendo. No vamos a extendernos en la historia porque seguramente ya la conocéis o en ello os estáis adentrando en todo lo que quedó escrito desde los inicios y que seguramente serán temas de formación e interés para ir conociendo el carisma cisterciense.
A nosotros nos movía un deseo y aunque no conocíamos el camino y mucho menos la meta, ese deseo nos iba impulsando a dar un paso tras otro. Buscábamos la soledad y el silencio que nos permitieran estar atentos en la escucha de la palabra de Dios que habla directamente al corazón. La vida monástica de aquel tiempo se estaba poniendo cada vez más complicada, más llena de normas y riquezas; más escasa en sencillez y humildad; el ruido sustituía al silencio y el poder a la pobreza.
En un mundo revuelto como el que os toca vivir, llama la atención más el silencio que la palabra, como si se mostrara una pieza rara en un museo. En un mundo en donde todo se mide desde el poder del dinero; la sencillez de vida, el compartir y la acogida al otro son valores considerados como excentricidades. En un mundo en donde el silencio da miedo porque deja asomar fantasmas interiores y la soledad no es sana pues la imperante es la del abandono… ¿qué os podemos aconsejar viendo que vuestro deseo es llevar a vuestra vida cotidiana los valores que habéis descubierto en la vida monástica cisterciense? Puede parece casi imposible conociendo la dificultad que entraña la vida monástica, cuanto más, vivir en un entorno ajeno al monasterio.
Nos atrevemos a daros el mismo consejo que nosotros recibimos de nuestro padre San Benito. Nos dijo que había que “hacerse ajeno a la conducta el mundo”. ¡Buen consejo! (RB,IV, 20). No dijo “salirse del mundo”, ni “repudiar al mundo”, o en idioma coloquial siglo XXI: “pasar del mundo”. Tampoco dijo “hacerse ajeno al mundo” sino a su conducta.
El consejo de San Benito no pierde actualidad a través de los siglos. Creemos que es perfectamente válido para los laicos cistercienses que vivís inmersos en el mundo. Pero… ¿cómo se hace eso? estaréis pensando o gritando alarmados. No os preocupéis, él mismo nos dejó escrito el camino: “No anteponer nada al amor de Cristo” (RB, IV, 21).
Así que, queridos nuestros, id al mundo donde vivís: al trabajo, a tomar un café, a la ONG, a recoger a los niños al colegio, al banco, a visitar a la vecina que está enferma, a la ITV, de vacaciones, a misa, a entregar la declaración de Hacienda; en el atasco, en el mercado haciendo la compra, en tu grupo de la Fraternidad; id a regar las plantas, a pasear al nieto, de marcha por la montaña… a la oración de la mañana y al rato de lectio.
Id y volved una y otra vez, cuando el tiempo y vuestras responsabilidades os lo permitan, al monasterio. Compartid oración con la comunidad monástica a la que os sentís unidos. Dejad que os acojan como al mismo Cristo, según dice la Regla.
Rumiad sin prisa, con el gusto del saboreo de un gran alimento, todo lo que quedó escrito a través de los siglos por tantos monjes y monjas cistercienses, para que el carisma pueda tener una expresión viva en el mundo a través de vosotros.
Estad atentos, a la escucha de la palabra que Dios dirige a vuestros corazones, empapándoos de ella hasta haceros ajenos a la conducta del mundo sin dejar el mundo; palabra que os ayudará día a día a no anteponer nada al amor de Cristo, e irá cambiando vuestra mirada hasta que sea la misma mirada de amor compasivo con la que Él nos mira a todos.
¡Ánimo, qué no estáis solos! Os quieren,
Roberto, Alberico y Esteban, Monjes Fundadores de Císter
Comentarios desactivados en Buscando al Dios vivo.
Del blog Amigos de Thomas Merton:
“Pienso que, como la mayor parte de los convertidos, yo me enfrenté con el problema de la «religiosidad» y llegué a un acuerdo con él. Dios no era para mí una hipótesis de trabajo, para rellenar los huecos que dejaba abiertos una visión científica del mundo. Ni era un Dios entronizado en algún sitio del espacio exterior. Ni sentía yo ninguna «necesidad» particular de superficiales rutinas religiosas solo para conservarme contento. Yo diría incluso que, como a la mayoría de los hombres modernos, no me emocionaba mucho el concepto de «ir al cielo» después de chapotear por la vida presente. Al contrario, mi conversión al catolicismo empezó al darme cuenta de la presencia de Dios en esta vida actual, en el mundo y en mí mismo, y de que mi tarea de cristiano era vivir en conciencia plena y vital de esa base de mi ser y del ser del mundo. Los actos y las formas de culto le ayudan a uno a eso, y la Iglesia, con su liturgia y sus sacramentos, nos da medios esenciales de gracia. Pero Dios puede actuar sin esos medios si quiere. Cuando entré en la Iglesia, llegué buscando a Dios, al Dios vivo, y no solo «los consuelos de la religión». Y puedo decir que incluso en el monasterio he sabido poner en su sitio la «religiosidad» que a veces es más un obstáculo que una ayuda. También, por supuesto, admito que siento una profunda simpatía hacia la cultura religiosa tradicional de Occidente, de la que creo estar imbuido. Lo he dicho bastantes veces en este libro y en otros.
Además, en esta misma tradición – en santo Tomás, san Juan de la Cruz, los Padres latinos y griegos – es donde encuentro la más fuerte garantía para ese acceso inmediato y directo a Dios en la vida diaria cristiana, que ha de considerarse no solo como una preparación moral para una existencia celestial, sino, según dice santo Tomás, como el mismo «comienzo de la vida eterna»: incoatio vitae aeternae“.
Comentarios desactivados en Thomas Merton: un monje contemplativo comprometido con La Paz
Hoy se cumplen 108 años del nacimiento de Thomas Merton.
Thomas Merton es un autor norteamericano que admite múltiples lecturas. Es un monje trapense, un maestro espiritual, un hombre de diálogo, un humanista de hondas raíces cristianas, un pensadorque desafió las certezas de su tiempo, un promotor de la paz y la no-violencia, muy crítico consigo mismo y con cuanto le rodeaba.
Desde muy pronto se compromete con la lucha por la paz.Su madre era pacifista y se opuso a que su padre fuera a la guerra, afirmando que eso sería asesinar. Vive años convulsos. Nace en plena Guerra mundial, 1915, en un pueblo del pirineo francés, Prades, y muere en Bangkok en 1968. Su madre muere cuando tiene seis años y diez años más tarde muere su padre dejando en él un gran vacío y orfandad. Vive la II Guerra Mundial, la llamada Guerra Fría, la Guerra del Vietnan (1955-1975), las luchas raciales entre blancos y afroamericanos, el llamado problema negro, y la lucha por los derechos civiles. Admira a Martín Luther King y considera el movimiento dirigido por él como el mayor ejemplo de fe cristiana en acción en toda la historia social de Estados Unidos.
Estudia en la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde se incorpora al movimiento comunista juvenil, participa en mítines y huelgas, pero termina desengañado. Su juventud va a estar caracterizada por la típica bohemia estudiantil pero también participa en todas las publicaciones estudiantiles de la universidad, mostrando que la escritura va a ser una dimensión esencial de su personalidad. Es aquí, en la Universidad de Columbia, donde el Espíritu le mostrará su luz a través de amigos, profesores y lecturas. Lee las Confesiones de San Agustín y la Imitación de Cristo por recomendación de un monje hindú, y otros autores espirituales y autores ingleses como William Blake, Joyce, Gilson y Jacques Maritain. Todos le abren el camino de la fe y contribuyeron a su conversión y su bautismo en la iglesia católica. A los 27 años ingresa en la Abadía trapense de Getsemaní en Kentucky, US (1941), donde vivirá como miembro de la comunidad hasta su muerte. En mayo de 1949 recibe la ordenación sacerdotal.
Desde el silencio y la soledad del monasterio, desde su oración contemplativa, y su gran capacidad para escribir, Merton se convierte en la voz profética que denuncia la injusticia, los falsos dioses: el dinero, el poder, la mentira, la violencia… y clama por la paz en un mundo amenazado por la guerra fría y la guerra nuclear. En el silencio de su celda le asalta la pregunta que Dios hizo a Caín, ¿Dónde está tu hermano? ¿Cómo puedo ser un hombre de paz? ¿Qué es la paz? ¿Qué es la justicia? Busca respuestas a la II Guerra Mundial y observa el mundo en que vive con la mirada crítica del Evangelio.
No se desentendió de los problemas de su tiempo, lo que le ocasionó más de un conflicto con sus superiores, que se preguntaban qué pintaba un monje hablando del peligro nuclear. Intentó comprender lo que sucedía a su alrededor y abrir los ojos a sus contemporáneos. “Estoy de parte de la gente que está harta de la guerra y quiere paz para levantar su país… La tragedia del hombre moderno es que su creatividad, su espiritualidad y su capacidad contemplativa están sofocados por un súper ego que se ha vendido a la tecnología”.
Tras una primera etapa en la abadía en la que escribe textos maravillosos de meditación espiritual y su autobiografía La montaña de los siete círculos a los 33 años, con un éxito extraordinario de best-seller, Merton va a afirmarse en que escribir para él, es el único camino hacia la santidad y escribir se convertirá en un oficio divino y en su segunda naturaleza. En el silencio descubrirá que ser monje es una vocación preeminentemente social, convicción que creció aún más después de 1951 cuando recibe la ciudadanía americana y es nombrado maestro de novicios. El crecimiento social y espiritual de Merton es constante.
A partir de los años sesenta, comienza a involucrarse cada vez más en los temas sociales y en las protestas contra la guerra del Vietnan y la escalada nuclear, la discriminación racial y la lucha por los derechos civiles. Su voz fue una de las de mayor influencia. La gente le escuchaba para encontrar luz en la oscuridad y claridad en medio de la confusión. Escribe sobre la necesidad de la paz frente a la guerra y la violencia. Clama proféticamente por la paz en el mundo y escribe: “Ser contemplativo no supone desentenderse del mundo y de sus problemas. El armarse hasta los dientes, no garantiza la paz (…) Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores”.
Merton anhelaba un mundo nuevo y poner sus talentos a sanar las heridas de ese mundo y lo llevará a cabo desde la Abadía de Getsemaní en Kentucky. En Semillas de destrucción escribe sobre la lucha pacífica contra la segregación y discriminación racial liderada por Martin Luther King. “El negro le ofrece al blanco un mensaje de salvación, pero el blanco está tan enceguecido por su autosuficiencia y su presunción que no reconoce el peligro que corre al ignorar la oferta”.
Gandhi y la no violencia es un dialogo entre dos maestros espirituales, Gandhi y Merton. Ambos están de acuerdo en afirmar que “el camino de la paz es el camino de la verdad, y la mentira, la madre de la violencia. La mentira introduce violencia y desorden en nuestra propia naturaleza. Nos divide contra nosotros mismos, nos hace enemigos de nosotros mismos y de la verdad que está en nosotros. Es de esta división de la que surge el odio y la violencia…”.
Para Merton, la tarea de construir un mundo pacífico es la tarea más importante de su tiempo, pero también la más difícil. “La violencia no cambia nada, pero el amor lo transforma todo. El fin de la no violencia no es el poder sino la verdad”.
Ve la guerra como una tragedia evitable y cree que el problema de resolver el conflicto internacional sin violencia masiva se ha convertido en el problema número uno de su tiempo. Y citando a Kennedy afirma: “Si no terminamos la guerra, la guerra terminará con nosotros”.
En 1962 intenta publicar Paz en tiempos de oscuridad, pero fue vetada por sus superiores. Viene a ser su testamento profético sobre la paz y la guerra. Mucho de lo que se le había prohibido decir, comenzó a decirlo por aquel entonces el papa Juan XXIII y culminó con la publicación de la encíclica Pacem in Terris, en 1963. En ella se manifiesta contra la carrera armamentística y defensor del derecho a la vida como el derecho humano más elemental.
Merton se expresa así: “Me gustaría insistir por encima de todo en una verdad fundamental; que toda guerra nuclear, y, de hecho, la destrucción masiva de ciudades, poblaciones, naciones y culturas, independientemente del medio por el que se lleva a cabo, supone un crimen gravísimo que nos está prohibido, ya no únicamente por ética cristiana, sino por cualquier código moral sensato y serio”.
Merton hizo llegar textos mecanografiados de la obra prohibida a personas importantes e intelectuales de su época como el papa Juan XXIII, el cardenal Montini, Martin Luther King, Kennedy… y a personas participantes en sesiones conciliares. Es llamativo que la única condena especifica promulgada por el Vaticano II en la Gaudium et Spesse exprese en términos semejantes. “Toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras…es un crimen contra Dios y contra la Humanidad que es preciso condenar con fuerza y sin vacilaciones”.
En 1962 es invitado a hacer una oración por la paz en la Cámara de los Representantes de los Estados Unidos en la que entre otras cosas dice: “Señor Omnipotente… escucha compasivo esta oración que asciende a Ti, desde la confusión y la desesperación de un mundo en el que has sido olvidado, en el que no se invoca tu nombre, no se respetan tus leyes y se ignora tu presencia. Ayúdanos a controlar las armas que amenazan con dominarnos. Ayúdanos a emplear nuestra ciencia para la paz y el progreso, no para la guerra y la destrucción. Enséñanos a utilizar la energía nuclear para bendecir a los hijos de nuestros hijos, no para arruinarlos…”.
Le duele la indiferencia y la fe superficial de muchos norteamericanos que viene a ser un ligero barniz bajo grandes apariencias, sin compromiso ni rechazo de la violencia. “Nos guste o no, escribe, tenemos que admitir que ya estamos viviendo de hecho en un mundo postcristiano, es decir, en un mundo en el que los ideales cristianos y las actitudes cristianas se están viendo cada vez más relegados a una minoría. Es inquietante advertir ( …) que ya no solo los no cristianos sino incluso los propios cristianos tienden a pasar por alto la ética evangélica de la no-violencia y el amor, tachándola de sensiblera”.
Y desde una postura de responsabilidad cristiana pregunta, “¿a dónde nos está llevando la carrera armamentística nuclear? ¿Qué queremos hacer con la bomba atómica la menguante minoría cristiana de occidente? ¿Deshacernos de ella o utilizarla contra Rusia?”. Activista por la paz y los Derechos Humanos, Merton intentó abrir los ojos a sus contemporáneos y apoyó el movimiento pacifista y antirracista. Durante sus 20 años en la abadía de Getsemaní, se convirtió en un escritor contemplativo, crítico y en un monje atípico comprometido con la paz. Fue un hombre de fronteras: retirado del mundo, participó al mismo tiempo en la protesta antirracista y anti-Vietnam; místico cristiano y seguidor de Jesús, trata de ser un buen budista.
Thomas Merton y el Dalai Lama en 1968
Durante el último tramo de su vida, crece su interés por las tradiciones orientales de meditación y espiritualidad budista, que influyeron mucho sobre su pensamiento y escritos de los últimos años. Estudia la fe islámica, el misticismo sufí y el budismo zen, enriqueciendo a unos y a otros con su amplio conocimiento de la mística y espiritualidad católicas. Sus exploraciones interreligiosas, no fueron ejercicios académicos sino algo esencial a su apertura a Dios en todo momento, apertura al cambio y a la conversión allí donde pudiera tener lugar. Su apertura a las tradiciones orientales culminó con su viaje a Asia en 1968. Tuvo la oportunidad de visitar al Dalai Lama con quien aprendió técnicas de concentración. Muere en Bangkok (Tailandia) donde asistía a un encuentro interconfesional de superiores monásticos de Oriente.
Hoy, Merton es el máximo exponente del acercamiento entre ascetismo cristiano y la filosofía oriental. Su voz profética es de gran actualidad. Nos recuerda la necesidad vital de cultivar el mundo interior; que la paz es un don y una tarea; que la violencia no cambia nada, pero el amor lo transforma todo. Un buscador de Dios que intentaba descubrir el misterio de su existencia. Su voz profética nos hace conscientes de que en estos tiempos de crisis espiritual y de división entre los pueblos, el diálogo interreligioso es una necesidad urgente, que las religiones están llamadas a construir puentes, recomponer la unidad y a tejer una nueva humanidad fomentando la cultura del dialogo y la solidaridad.
Pilar Concejo
Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Cincinnati, Ohio y Licenciada en Historia Moderna por la Universidad de Valladolid. Ha ejercido la docencia en el Instituto de España en Londres, la Universidad de Ohio Wesleyan en USA y en la universidad San Pablo CEU, de Madrid.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
estremecida, aturdida, vigilante,
expectante… enamorada,
percibiendo cómo avivas en mi pobre corazón
los rescoldos del deseo de otros tiempos.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo,
sintiendo cómo despiertas, con un toque de nostalgia,
mi esperanza que se despereza y abre los ojos,
entre asustada y confiada,
deslumbrada por el agradecimiento.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
enfrentada a las paradojas de esperar lo inesperable,
de amar lo caduco y débil,
de confiar en quien se hace humilde,
de enriquecerse entregándose.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu casa,
con la mirada clavada en tus ojos que me miran
con el anhelo encendido y el deseo en ascuas,
luchando contra mis miedos,
queriendo entrar en tus estancias.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
medio cautiva, medio avergonzada,
a veces pienso que enamorada,
queriendo despojarme de tanto peso, inercia y susto…
para entrar descalza en este espacio y tiempo de gracia.
Aquí estoy, Señor,
en el umbral de tu tiempo y casa,
intentando traspasar la niebla que nos separa,
rogándote que enjugues tú mis lágrimas,
queriendo responder a tu llamada con alegría
y salir de mí misma hacia el alba.
Aquí estoy, Señor,
orientando el cuerpo y el espíritu
hacia el lugar de la promesa que no veo,
aguardando lo que no siempre quiero,
lo que desconozco,
lo que, sin embargo, es mi mayor certeza y anhelo.
Aquí estoy, Señor,
¡Tú sabes cómo, mejor que nadie!
¡No te canses de venir!
¡No te canses de llegar!
¡No te canses de entrar
en nuestras vidas y en nuestras historias!
Yo continuaré aquí, confiando en tu promesa
y anunciando tu presencia.
Comentarios desactivados en “Las bienaventuranzas se han convertido en un bálsamo para mi alma queer”
M. Hakes
La reflexión de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos), el Subdirector del Ministerio Universitario y Director del Instituto de Teología Juvenil en el Colegio de St. Scholastica en Duluth, Minnesota. Su trabajo se centra en ayudar a los estudiantes a profundizar en la espiritualidad, participar en el trabajo de servicio y justicia, y participar en el discernimiento de identidad, valores y vocación.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el cuarto domingo del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.
“Soy una persona queer, trans no binaria”. Qué aterradoras me parecieron esas palabras mientras crecía en una familia cristiana conservadora. Era una frase que arriesgaba todo: mi fe, mi familia, mi futuro. Me coloreó como un paria, como alguien condenado e irredimible. Traté desesperadamente de hacer que esas palabras fueran menos ciertas.
Mucha gente queer tiene historias similares. El ridículo, el distanciamiento y el vitriolo a menudo provenían de las personas que nos rodeaban. Familia, amigos, colegas: personas que se llaman a sí mismas cristianas y hablan desde un lugar equivocado de preocupación o juicio. Nuestra Iglesia y nuestras escrituras a menudo se usaban como espadas en lugar de rejas de arado.
Durante mucho tiempo, no supe lo que es no sentirse roto; saber en cambio a nivel del corazón que soy bueno, amado y digno. Las Bienaventuranzas me parecían metas inalcanzables, aspiraciones de las que me excluía mi extrañeza.
“Bienaventurados los pobres en espíritu… Bienaventurados los que lloran… Bienaventurados los mansos… Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia… Bienaventurados los misericordiosos… Bienaventurados los limpios de corazón… Bienaventurados los pacificadores… Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia… bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros…»
Las Bienaventuranzas se han convertido ahora en un bálsamo para mi alma queer. En palabras de Joseph Tetlow, SJ, “cargan mis penas sin sentido con significado y… hacen que mi dolor esté preñado de poder”. Paso a paso en mi camino de fe, he sido llamado a una entrega más completa al amor incomprensible, transformador y dador de vida de Dios. Dios nos invita a cada uno de nosotros a comenzar el trabajo de no perdernos más en nuestras crucifixiones, sino de encontrar en nuestras heridas fuentes de la gracia más profunda a través de su poder resucitador.
Amir Rabiyah, una poeta trans y discapacitada de dos espíritus queer femme, escribió estas líneas:
“… Mi gente hermosa, soñemos hacia lo que nosotros queremos más allá de la supervivencia
Soñemos con amarnos a nosotros mismos hasta que nos convirtamos en amor una y otra vez mi gente hermosa Puedo saborear nuestra dulce victoria
Mi gente hermosa…”
Para otras personas queer, espero que escuchen en las Bienaventuranzas una afirmación de su viaje. Eres hermosa, buena y amada. Sé que este mundo y nuestra Iglesia no siempre se sienten hospitalarios, y a menudo parece que aquellos con poder para afectar el cambio se sienten cómodos siendo cómplices de la opresión. Si bien el mundo no siempre es seguro, hay personas y lugares seguros, y espero que los encuentres.
Somos más fuertes juntos, ya que nuestra liberación exige nuestra solidaridad. Como escribe Pablo en la segunda lectura de hoy, “… Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios escogió lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte, y Dios escogió lo humilde y despreciado del mundo, los que cuentan por nada, para reducir a nada a los que son algo, para que ningún ser humano se gloríe delante de Dios”. Sigue brillando con tu fabulosa luz queer y juntos «soñemos con lo que queremos más allá de la supervivencia… soñemos con amarnos a nosotros mismos…«
Para aquellos que quieran viajar con nosotros hacia la liberación, sepan que a las personas queer se les recuerda a diario que la elección de vivir abierta y externamente la verdad de quién Dios nos ha creado para ser conlleva un riesgo sustancial. Tómese el tiempo para considerar lo que realmente sabe sobre la comunidad queer y edúquese mejor. Interrogue los sistemas de los que forma parte. Utiliza cualquier poder y privilegio que puedas tener para nuestra liberación colectiva, siempre enraizados en los principios de solidaridad y subsidiariedad. Como nos recuerda hoy el profeta Sofonías, debemos buscar la justicia, buscar la humildad. Recuerda, si no estás escuchando activamente y trabajando en solidaridad con la gente queer por la liberación queer, entonces es probable que seas cómplice de nuestra opresión.
San Francisco de Sales dijo una vez: “sé quien eres y sé así de bien”. A lo que una querida amiga mía, la Hna. Mary Margaret McKenzie, VHM, de bendita memoria, añadió estas sabias palabras: “Pero para ser quien eres, debes saber quién eres. Y eso requiere trabajo duro. Pero empiezas con el amor”.
Nuestro llamado como cristianos es atender las fronteras, las periferias, los márgenes de nuestra sociedad. Estamos llamados a levantarnos y hablar en solidaridad con los más vulnerables, los rechazados, los marginados. Para citar nuevamente a San Francisco de Sales, la razón de vivir es “… recibir y llevar al manso Jesús: en nuestra lengua proclamándolo; en nuestros brazos haciendo buenas obras; sobre nuestros hombros soportando el yugo de la sequedad y la esterilidad tanto en el sentido interior como en el exterior…”.
Hoy, que cada uno de nosotros acepte más plenamente las personas fabulosas y únicas para las que hemos sido creados, que cada uno de nosotros viva un poco más plenamente en lo que somos y en lo que nos estamos convirtiendo, y que cada uno de nosotros escuche profundamente y aprenda de las historias. y experiencias de quienes nos rodean.
Te seguiré donde quiera que Tú vayas
y tu Palabra siempre escucharé.
Serás mi luz, mi vida, mi esperanza,
serás el agua viva de mi fe.
Yo creo en ti, en tu sueño de fraternidad
porque el amor el mundo cambiará,
voy a sembrar contigo la felicidad
en casa, en el trabajo, en mi ciudad.
Será Jesús manantial en el camino
y su Palabra el agua de verdad,
será su amor la fuerza y la alegría,
la luz que nuestros pasos guiará.
Y se unirán a nosotros mil amigos,
compartiremos agua, vida y pan
y viviremos juntos como hermanos,
seremos mensajeros de la paz.
***
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.”
*
Mateo 5,1-12a
***
Entre los diez grupos en que se pueden distribuir y agrupar las diferentes bienaventuranzas bíblicas, sólo una hace referencia a la posesión de bienes materiales. Es lo dicho de aquel padre que, por la fecundidad de su mujer, se encuentra rodeado de un determinado numero de hijos, sanos y robustos, y que, por ello, es honrado y respetado entre sus congéneres. Otras Bienaventuranzas de tipo material no existen. Ni los ricos, ni los poderosos, ni los prepotentes, ni los dominadores, ni mucho menos los vividores, tienen cabida, directamente, en las bienaventuranzas bíblicas, entre el número de los bienaventurados. Ni la riqueza, altamente estimada entre los bienes deseables de la vida del hombre en la mentalidad bíblica veterotestamentaria. Es verdad que pobreza e indigencia nunca tuvieron buena acogida. En cambio, a diferencia de las bienaventuranzas egipcias o griegas, las bienaventuranzas bíblicas nunca consideraron que la riqueza, por si sola, bastase para dar la felicidad. Ni tampoco la gloria, el honor o el prestigio.
Ciertamente, todos estos bienes san altamente apreciados y estimadas. Pero nunca han sido considerados como constitutivos de la felicidad humana. Son bienes complementarios, pero no constitutivos.
Sirviéndonos de esta distinción, bienes constitutivos y bienes complementarios, en realidad el mayor bien constitutivo, según nueve de los diez grupos de bienaventuranzas, no es otro que Dios. O dicho de otra forma, la posesión por parte del hombre de todas las actitudes mas genuinas y auténticas relacionadas can la realidad divina: fe en un único Dios (grupo I); plena confianza y esperanza en su acción salvífica (II); respeto profundo, temor y amor (III); confesión humilde de los pecados y deseo de perdón (IV); estima y anticipación activa en el culto y la liturgia del templo (IV); mirada vigilante y escucha atenta a la presencia de Dios en el mundo y en la historia (V); consideración de la Ley como reflejo y testimonio de la manifestación de la acción salvadora de Dios (VI); respetuoso comportamiento ante la justicia (VII) y, finalmente, aceptación humilde de algunas carencias físicas, de un estado de sufrimiento (VIII).
Estamos, como se puede apreciar; ante un conjunto de actitudes religiosas, mediante las cuales las personas toman conciencia de sus incapacidades, limitaciones, y no se cierran orgullosamente en si mismas, sino que reconocen que solo en Dios encuentran su plenitud.
*
A. Mattioli, Beatifudini e Felicita nella Bibbia d’IsraeIe,
Prato I992, 542ss.
Comentarios desactivados en “Contenido inagotable”. 4 Tiempo ordinario – A (Mateo 5,1-12)
Quien se acerca una y otra vez a las bienaventuranzas de Jesús advierte que su contenido es inagotable. Siempre tienen resonancias nuevas. Siempre encontramos en ellas una luz diferente para el momento que estamos viviendo. Así «resuenan» hoy en mí las palabras de Jesús.
Felices los pobres de espíritu, los que saben vivir con poco. Tendrán menos problemas, estarán más atentos a los necesitados y vivirán con más libertad. El día en que lo entendamos seremos más humanos.
Felices los mansos, los que vacían su corazón de violencia y agresividad. Son un regalo para nuestro mundo violento. Cuando todos lo hagamos, podremos convivir en verdadera paz.
Felices los que lloran al ver sufrir a otros. Son gente buena. Con ellos se puede construir un mundo más fraterno y solidario.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, los que no han perdido el deseo de ser más justos ni la voluntad de hacer una sociedad más digna. En ellos alienta lo mejor del espíritu humano.
Felices los misericordiosos, los que saben perdonar en lo hondo de su corazón. Solo Dios conoce su lucha interior y su grandeza. Ellos son los que mejor nos pueden acercar a la reconciliación.
Felices los que mantienen su corazón limpio de odios, engaños e intereses ambiguos. Se puede confiar en ellos para construir el futuro.
Felices los que trabajan por la paz con paciencia y con fe. Sin desalentarse ante los obstáculos y dificultades, y buscando siempre el bien de todos. Los necesitamos para reconstruir la convivencia.
Felices los que son perseguidos por actuar con justicia y responden con mansedumbre a las injurias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien.
Felices los que son insultados, perseguidos y calumniados por seguir fielmente la trayectoria de Jesús. Su sufrimiento no se perderá inútilmente.
Deformaríamos, sin embargo, el sentido de estas bienaventuranzas si no añadiéramos algo que se subraya en cada una de ellas. Con bellas expresiones Jesús pone ante sus ojos a Dios como garante último de la dicha humana. Quienes vivan inspirándose en este programa de vida, un día «serán consolados», «quedarán saciados de justicia», «alcanzarán misericordia», «verán a Dios» y disfrutarán eternamente en su reino.
Sofonías 2,3; 3,12-13: Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde Salmo 145: Dichosos los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos 1 Corintios 1,26-31: Dios ha escogido lo débil del mundo Mateo 5,1-12a:«Estén alegres; su recompensa será grande»
El “Sermón de la Montaña” es uno de los sermones más famosos y recordados de Jesús. Aquí nos detenemos en su introducción, más conocida como “Las Bienaventuranzas”, pues el sermón es mucho más largo, va hasta 7,29 donde concluye diciendo que la gente quedó asombrada de su doctrina “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”.
¿Por qué puede causar asombro esta enseñanza de Jesús? Veamos de cerca las Bienaventuranzas e intentemos una respuesta.
1. “...de ellos es el reino de los cielos”
El reino de Dios (“de los cielos” es el ya conocido circunloquio para evitar “pronunciar el nombre de Dios en vano”) es de los pobres en espíritu y de los perseguidos por causa de la justicia. Quienes no ponen su fe, su confianza y su esperanza en los bienes materiales pero que a la vez son perseguidos porque luchan por la justicia. Ambas condiciones indispensables para que Dios reine. La primera condición es renunciar a la riqueza y a la ambición de riqueza. Esta condición es la puerta de entrada al reino de Dios, pues elimina la raíz de la injusticia, de la acumulación, del éxito individual, de la insolidaridad y del dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza. La segunda condición favorece la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos capaces de hacerles más sencillos y más felices, pero a la vez, suficiente motivo de persecución por parte de quienes se sienten amenazados por tal transformación.
2. “...poseerán en herencia la tierra, serán consolados, serán saciados”
Tres promesas de Dios para pasar de una situación negativa a otra positiva: de la opresión a la liberación, del sufrimiento al consuelo, de la injusticia a la justicia. El reino de Dios abre un horizonte de vida y de esperanza para la humanidad pobre y oprimida. Enciende una luz en medio de la oscuridad. Insiste en la posibilidad de una vida digna y agradable a ser alcanzada por quienes no disfrutan hoy de ella. Vale la pena, en medio de las adversidades, atreverse a soñar en “otro mundo posible”. Salir de la opresión es posible. Salir del sometimiento es posible. Alcanzar la justicia anhelada es posible. Abrir este horizonte de posibilidades, constituye una buena nueva cuando precisamente todo horizonte para la justicia ha sido cerrado. Ver una alternativa de vida digna para todas y para todos, abre caminos de superación y de lucha.
3. “…los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz”
Son las actitudes y los objetivos los que mueven el trabajo para hacer realidad una nueva humanidad. Son los rasgos propios de la comunidad de seguidoras y seguidores de Jesús. Sólo que estas actitudes y rasgos vienen como consecuencia de haber renunciado a la riqueza y a la ambición de riqueza, y de poner toda a la vida en el trabajo por la justicia. Al mismo tiempo son los rasgos de la humanidad nueva que tanto anhelamos y que ya podemos ver en las personas y las comunidades que se esfuerzan por ser misericordiosas, por tener limpios los corazones y por buscar incansablemente la paz. Este es el principal programa de vida de la comunidad discipular: contribuir con la creación de un mundo justo, solidario y feliz. Quienes viven la misericordia, experimentan la misericordia de Dios. Quienes alcanzan la limpieza del corazón ya tienen a Dios en sus vidas. Quienes trabajan por la paz experimentan a Dios como Madre y como Padre. Esta manera de ser, de sentir y de actuar es condición necesaria para testimoniar.
4. “...de la misma manera persiguieron a los profetas”
La comunidad cristiana que asume el estilo de vida que propone las bienaventuranzas choca con la sociedad que vive otro estilo de vida. La comunidad discipular a la que se refiere las bienaventuranzas se convierte en molestia y amenaza para la sociedad. Su testimonio de vida, sus actividades, su espiritualidad mina los cimientos en donde la sociedad injusta se edifica. No es de extrañar entonces las injurias, las persecuciones, las calumnias que buscan debilitar, confundir y destruir a la comunidad fiel. En medio de las hostilidades la comunidad está llamada a resistir, a vencer la angustia y la desesperanza. La alegría y el regocijo en Dios será la fuente del coraje, de la resistencia y de la esperanza. Es el testimonio de los profetas presente en las comunidades que viven intensamente el discipulado.
5. “...bienaventuradas, bienaventurados”
¿A qué “bienaventuranzas” se oponen estas bienaventuranzas? ¿Por qué esta insistencia de Jesús en afirmar las bienaventuranzas? Frente a las bienaventuranzas (o más bien el “éxito”) que promete la sociedad injusta e insolidaria, Jesús proclama ocho veces en donde se encuentra y cuáles son las bienaventuranzas del reino de Dios. La verdadera felicidad se encuentra en una sociedad justa, misericordiosa, pacífica. La sociedad injusta ofrece felicidad en el egoísmo, el éxito personal, la acumulación. El reino de Dios ofrece felicidad en el amor, en la sinceridad, en la sencillez. La sociedad injusta a costa de la infelicidad de la mayoría, crea la felicidad de la minoría. La propuesta de Jesús en el sermón de la montaña es la de eliminar toda opresión y toda injusticia procurando la felicidad y la vida en abundancia para todas y para todos.
La misma lógica propuesta por Mateo, es la que recuerda Pablo a la comunidad de Corinto, donde la fuerza de Dios se concreta en personas que no son fuertes ni sabias en la consideración de la opinión común pero que saben concretar la presencia de Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, para que el “que está orgulloso, esté orgulloso en el Señor”. Leer más…
Comentarios desactivados en Dom 4 TO, 29.1.23. Que la tierra sea hogar de felicidad. Bienaventurados… (Mt 5, 2-4)
Del blog de Xabier Pikaza:
En este momento sólo quiero que la iglesia sea hogar de felicidad… Somos como aquellos de los que hablaba Jesús, midiendo y colando mosquitos, estableciendo diezmos extraños (no evangélicos), de ministerios machos, ordenamientos impuestos, leyes y poderes bien medidos… y olvidamos lo más importante, que es la felicidad (fidelidad, misericordia,la justicia: Mt 23, 23).
En esa línea de felicidad comentaré hoy las tres primeras bienaventuranzas del Evangelio de Mateo, dejando para otro día de esta semana las siguientes. Feliz,y santo, acompañado domingo
1ª: Felices los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos
Estos pobres de la bienaventuranza son en griego los pôkhoi, aquellos que no tienen nada, de manera que sólo pueden subsistir por la ayuda o sostén de los demás, es decir, como mendigos. Lc 6, 20 les llamaba simplemente pobres, prometiéndoles la dicha del Reino. Mateo, en cambio, les presenta como pobres de espíritu (tô pneumati) no para negar su carencia material, sino para matizarla desde una perspectiva cristiana:
‒ Pueden ser pobres por voluntad, es decir, por decisión personal. En esa línea destaca Mt 5, 3 la bienaventuranza de aquellos que, pudiendo hacerse o vivir como ricos, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, al servicio de los demás (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11), como Jesús que no fue sólo pobre por condición social (artesano, trabajador desposeído), sino por opción personal, esto es, por decisión creyente: no ha querido ayudar a los pobres desde arriba o por milagro externo (como le dice el diablo de la primera tentación: Mt 4, 1-4), ni quiere “salvarles” desde su más alta autoridad externa (como Job, antes de ser derribado de su altura), sino que se ha “encarnado” (=ha vivido) en la vida de los pobres, compartiendo con ellos su historia de carencias, para iniciar una transformación social y personal, desde lo más bajo, abriendo con los carentes, la marcha el Reino de Dios. Pero la inmensa mayoría son pobres por condicion humana, por necesidad o imposición social, por marginación… A favor de ellos, y con ellos ha promovido Jesús ha promovido un movimiento mesiánico de solidaridad y ayuda, con y por los pobres, para expresar y ofrecer la bienaventuranza de Dios a todos, incluso a los ricos.
Ciertamente, Mateo no ha negado la bienaventuranza de los pobres materiales (a quienes el Jesús de 25, 31-46 llama sus “hermanos más pequeños”), pero ha querido destacar la pobreza por opción de los creyentes que renuncian a la riqueza propia (personal o de Iglesia) a favor de los pobres, para abrir así el camino del Reino desde abajo, en comunión de vida con los excluidos personales y sociales, dentro de la Iglesia, pues en ella sólo pueden construir activamente el camino de Dios y ser felices aquellos que se hacen por voluntad pobres y hermanos de los pobres conforme a la justicia del Reino (cf. Mt 5, 20).
Sin duda,, se puede hablar de ricos que tienen espíritu pobre, de manera que, teniendo muchas riquezas, no se elevan sobre lo demás, sino que les ayudan, aunque desde arriba (como Job antes de su prueba). Pero Jesús no quiere ese tipo de ricos en su Iglesia, no quiere que existan en ella patronos ricos que asisten y ayudan a los otros desde arriba, sino que todos compartan en comunión de amor la vida, unos con todos, desde la pobreza de los más pobres.
En otra línea, esta expresión (pobres de Espíritu) podría referirse a personas que son especialmente indigentes en un plano de espíritu, en decir de conocimientos y de entendimiento. Estos serían aquellos que, en un sentido intelectual, no saben, no entienden, no logran penetrar en los “secretos” de la interpretación rabínica de la ley, siendo así como mendigos espirituales. Pero de ordinario, estos pobres de espíritu suelen ser también pobres “materiales” (mendigos, sin posesiones ni trabajo), hombres y mujeres que, en una sociedad competitiva, quedan en un plano inferior, por ser agresivos y capaces de triunfar en un plano cultural, social o psicológico.
Sea como fuere, estos pobres suelen ser también despreciados por falta de cultura, indigentes económicos, personas sin dignidad, los más pequeños, aquellos que no pueden elevarse sobre los demás imponerles su derecho, la masa de marginados, derrotados, expulsados, sin posibilidades de cambiar por fuerza la historia de los hombres, sometidos a un destino de desprecio y muerte.
Pues bien, con ellos ha venido a vincularse Jesús, no para hacerles orgullosos, capaces de triunfar con violencia sobre los demás, sino para crear una humanidad distinta, fundada en la confianza y en la solidaridad. Sólo desde este principio pueden entenderse las bienaventuranzas que siguen: No habrá justicia ni paz si los hombres no asumen un camino voluntario de pobreza, es decir, de desprendimiento actito y comunicación de bienes (Mt 6, 19).
Conforme a este principio, solo se puede hablar de felicidad humana y especialmente de Iglesia allí donde se empieza situando en el centro del cuidado de la vida a los pobres, en línea de bienaventuranza. Como he dicho, al poner pobres de espíritu allí donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres, Mateo no ha negado la bienaventuranza de la pobreza material, y así sigue hablando en su evangelio de marginados, excluidos y despreciados (cf. Mt 18, 1-14), pero él no quiere que en la Iglesia siga habiendo pobres materiales si es que hay otros que tienen bienes muy abundantes en ella, pues una iglesia donde algunos mueren de hambre mientras otras derrochan riquezas no es iglesia, ni cristiana.
Jesús habla pues de la felicidad de los pobres de cuerpo y espíritu, de bienes materiales y sociales, de aquellos que son “pobres por voluntad de entrega a los demás” con aquellos que son “pobres de espíritu” (de menos recursos y posibilidades), llamados también a ser felices. Es la felicidad de aquellos que, pudiendo enriquecerse a cosa de otros, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad, esto es, por servicio a los demás, como Jesús, que, pudiendo haberse puesto al lado de los ricos, se unió a los pobres, iniciando con ellos un camino de felicidad salvadora (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11). Quien quiera vivir como rico, y ayudar a los pobres solamente desde fuera (quedando siempre arriba) no será en verdad feliz, ni podrá ser cristiano en la línea de Jesús
2ª: Felices los que sufren, porque serán consolados
Lc 6, 21 decía hoi klaiontes nyn, los que actualmente lloran, destacando quizá más el llanto en sí, por cualquier causa que fuere, el dolor que se expresa en forma de lamentación amarga (cf. Mt 2, 18; 26, 75) o grito fuerte de hambre, enfermedad o abandono. Mateo, en cambio, dice hoi penthountes término que parece referirse más en concreto a los que saben sufrir y aún más a los que aceptan el dolor como una forma de maduración (purificación), en línea de catarsis y de ayuda a los demás, no en gesto penitencial de lamentación, sino por felicidad más honda.
El domingo pasado, el evangelio de Mateo nos presentaba a Jesús recorriendo Galilea y anunciado la buena noticia del Reinado de Dios. A partir de hoy, hace que los oyentes se reúnan en un gran auditorio al aire libre, se sienten en torno a Jesús, y escuchen el programa de ese reino de Dios: el “Sermón del monte”, que leeremos los próximos domingos.
Selección del auditorio
Jesús no es un político que quiere ganar votos a todo precio, engañando y haciendo promesas que no cumplirá. Desea dejar claro quiénes sintonizarán con su proyecto y quiénes no. Para que no se llamen a engaño. Y eso lo expone, al principio de todo, en las bienaventuranzas. Es imposible explicar en pocas palabras el sentido de cada una de ellas (quien lo desee puede leer J. L. Sicre, El evangelio de Mateo, pp. 102-112).
Las bienaventuranzas proponen valores desconcertantes
Si Jesús dijera: “Dichoso el que tiene buena salud, el que gana lo suficiente para vivir, el que disfruta con su familia…” no habría necesitado justificar esas afirmaciones. Cualquier persona habría estado de acuerdo. Sin embargo, Jesús proclama dichosa a gente que sufre, llora, es perseguida… Por eso, cada bienaventuranza va seguida de una justificación: «porque de ellos es el reino de los cielos», «porque ellos serán consolados», etc. El premio prometido en la primera y última es «el Reino de los cielos». En realidad, todas las otras se refieren también a ese Reino de Dios, sólo que fijándose en determinados aspectos concretos. Este premio no podemos interpretarlo solo como algo de la otra vida. Comienza a realizarse en esta. Dicho en palabras sencillas, todas esas personas son dichosas porque pueden formar parte de la comunidad cristiana (Reino inicial de los cielos) y, más tarde, del Reino definitivo de Dios.
Las bienaventuranzas no son una carrera de obstáculos
La mención de los pobres, los que lloran, los sufridos… puede crear una sensación de malestar, como si tuviéramos que pasar por todas esas situaciones para formar parte del reinado de Dios. Las bienaventuranzas se nos convierten en una terrible carrera de obstáculos, donde tras cada valla nos espera la siguiente. Sin embargo, las bienaventuranzas son algo muy distinto.
Las bienaventuranzas, ocho puertas para entrar al Reino de Dios
Antonio Barluzzi, el arquitecto italiano que diseñó la Basílica de las bienaventuranzas en 1939, tuvo la bella idea de una planta octogonal, y en cada lado una gran ventana por la que se puede contemplar el paisaje exterior. Sin embargo, las bienaventuranzas no son ventanas para mirar lo que ocurre fuera, sino puertas abiertas por las que se puede entrar a escuchar y seguir a Jesús.
Encima de cada puerta hay una inscripción con la bienaventuranza correspondiente. A veces el sentido del texto resulta discutible (Jesús habló en arameo, luego se tradujo al griego, y ahora lo retraducimos a nuestras lenguas). Vamos a dar una vuelta al edificio, haciéndonos unas preguntas delante de cada puerta. Al final podrás elegir la que te viene mejor para entrar al palacio.
¿Te consideras pobre ante Dios, como el publicano que dice: «Apiádate de mí, Señor, que soy un pecador?» ¿O piensas que tienes muchos méritos y puedes pasarle una factura de todo lo que haces por él? ¿Ambicionas la riqueza, tener cada día más?
¿Te hacen sufrir las injusticias que provocan miles de exiliados y desplazados, paro juvenil, trata de blancas, etc., o te dejan indiferente? ¿Sufres con el dolor ajeno? ¿Experimentas en tu vida el dolor físico, problemas psíquicos, económicos, laborales?
¿Estás convencido de que la mejor respuesta a la violencia es la no-violencia? ¿Qué «el que a espada mata, a espada muere»? En una sociedad donde abunda tanto odio, respondes, como Jesús, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»?
¿Tienes hambre y sed de justicia, es decir, de hacer lo justo, de cumplir la voluntad de Dios, como Jesús, que consideraba su alimento «hacer la voluntad de su Padre».
¿Te compadeces de los enfermos, del que te debe algo, de los pecadores, igual que se compadeció Jesús? ¿O consideras pecadores a los que no piensan y sienten como tú, y les deseas todo el mal del mundo?
¿Eres limpio de corazón en tu relación con los demás, no engañando, defraudando, calumniando ni criticando?
¿Trabajas por la paz, por un mundo más justo, porque domine el buen entendimiento en la familia, en tu ambiente?
¿Te han perseguido o criticado por intentar cumplir lo que Dios quiere?
Cuando critican, insultan, calumnian al papa Francisco y a la Iglesia, ¿le das gracias a Dios, estás alegre y contento por la gran recompensa que recibiremos en el cielo?
Has terminado de rodear el edificio. ¿Cuál es la puerta que más se te adecua para entrar? Quizá haya dos o tres. Si piensas que no hay ninguna, usa la primera: te consideras «interiormente pobre», sin mérito ante Dios. Puedes entrar.
Resumen
Las bienaventuranzas nos dicen qué personas pueden entender y aceptar el mensaje de Jesús, incorporándose a la comunidad cristiana.
Por consiguiente, las bienaventuranzas no son, ante todo, un código de conducta moral que dice: «así tienes que actuar si quieres ser cristiano». Es más bien una exposición de situaciones y de actitudes ante la vida que permiten entender el evangelio y entusiasmarse con las palabras de Jesús.
La bienaventuranza no dice: «Sufre, para poder entrar en el Reino de Dios».
Dice: «Si sufres, no pienses que tu sufrimiento es absurdo; te permite entender el evangelio y seguir a Jesús».
No dice: «Procura que te desposean de tus bienes para actuar de forma no violenta».
Dice: «Si respondes a la violencia con la no violencia, no pienses que eres estúpido, considérate dichoso porque actúas igual que Jesús».
No dice: «Procura que te persigan por ser fiel a Dios».
Dice: «Si te persiguen por ser fiel a Dios, dichoso tú, porque estás dentro del Reino de Dios».
Pero, al tratarse de los valores que estima Jesús, no cabe duda de que las bienaventuranzas se convierten también en un modelo de vida que debemos esforzarnos por imitar. Después de lo que dice Jesús, no podemos permanecer indiferentes ante actitudes como la de prestar ayuda, no violencia, trabajo por la paz, lucha por la justicia, etc. El cristiano debe fomentar esa conducta. Y el resto del Sermón del Monte le enseñará a hacerlo en distintas circunstancias.
1ª Lectura: miedo en vez de alegría (Sofonías 2,3; 3,12-13)
El texto es fruto de unir un versículo del c.2 con dos versículos del c.3. Se exhorta a buscar a Dios, cumplir sus mandatos, buscar la justicia, la moderación, pero con el fin de librarse «el día de la cólera del Señor». Efectivamente, en el c.3 esa cólera acaba con los enemigos y solo subsiste un pueblo pobre y humilde. Las bienaventuranzas coinciden en hablar de un nuevo pueblo de Dios, con las mismas características, pero el punto de partida no es el miedo a la cólera de Dios. Aconsejo no detenerse en esta lectura.
2ª lectura: las bienaventuranzas en Corinto (1 Cor 1,26-31)
En cambio, es muy adecuado el texto de Pablo, que se podría parafrasear: «Bienaventurados lo que no son sabios, ni poderosos, ni aristócratas». «Bienaventurados los que el mundo considera necios, la gente baja y despreciable, la que no cuenta para los demás». Porque ellos podrán unirse a Cristo y formar parte de su comunidad.
Al principio a Jesús le fue bien. Cuando empieza a predicar mucha gente se le acerca, le escucha. Quieren aprender o buscan el alivio para sus enfermedades. Y Jesús recorre Galilea junto con sus primeros discípulos, anunciando y curando.
Con aquellos que dieron una respuesta tan plena e inmediata como la llamada que había recibido. A los mismos que el domingo pasado veíamos dejando inmediatamente las redes (la barca y a su padre) y siguiendo a Jesús.
A ellos se dirige hoy Jesús. Está viendo el gentío que se ha movilizado en torno a él. Y en lugar de dejarse impresionar, o dejar que la fama “se le suba a la cabeza”, lo que hace es tomar una cierta distancia y sentarse.
Se retira un poco y el círculo más íntimo se le acerca, entonces aprovecha para enseñarles. Bien sabe él que el reconocimiento, la fama, el éxito… pueden también confundir a sus discípulos.
Las bienaventuranzas nos enseñan, a las discípulas y discípulos de todos los tiempos, a no confundir la felicidad con el éxito, con una vida fácil o con la ausencia de problemas y dificultades.
Porque, si bien el anuncio de Jesús es una Buena Noticia que trae consigo la felicidad. Esta felicidad es tan honda y plena que ya nada la puede sacar del corazón que la recibe.
Es una felicidad capaz de convivir con la pobreza, el sufrimiento, el llanto, el hambre, las injusticias y hasta la persecución. La felicidad por el Reino de Dios atraviesa toda dificultad, toda oscuridad. No es algo que sucederá después, sino que comienza a suceder precisamente en esas circunstancias donde jamás iríamos a buscarla.
La dicha de la que hablan las bienaventuranzas nos es un bien privado y exclusivo. Como un club de alto renombre, no. Todo lo contrario, es un tesoro para compartir. Que crece en la medida en que más y más gente se une y comparte.
Es la alegría de quienes trabajan juntas por la justicia, el amor, la paz o la dignidad humana de cualquier pequeño grupo oprimido. Y precisamente esa lucha llena de dificultades se convierte en fuente de felicidad.
Oración
Trinidad Santa, condúcenos hasta ese íntimo rincón donde ya germina la felicidad que tú has sembrado en nosotras.
Comentarios desactivados en La plenitud humana depende de lo esencial, no de lo que puedo tener o no tener.
DOMINGO 4º (A)
Mt 5,1-12
Para el que no haya tenido experiencia interior, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Es completamente absurdo decirle al pobre, al que pasa hambre, al que llora, al perseguido: ¡Enhorabuena! Dale gracias a Dios porque algún día se cambiarán las tornas y tú serás como el que ahora te oprime. Intentar explicarlas racionalmente es una quimera. Están más allá de toda lógica. Es el mensaje más provocativo del evangelio y el peor entendido.
Sobre las bienaventuranzas se han dicho las cosas más dispares. Para Gandhi eran la quintaesencia del cristianismo. Para Nietzsche son una maldición ya que atentan contra la dignidad del hombre. ¿A qué se debe esta abismal diferencia? Muy sencillo. Uno habla desde la mística. El otro pretende comprenderlas desde la racionalidad: y desde la razón, y aunque sea la más preclara de los últimos siglos, es imposible entenderlas.
Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer en demagogia para arremeter contra los ricos, o en un espiritualismo que las deja completamente descafeinadas. Se trata del texto que mejor expresa la radicalidad del evangelio. La formulación, un tanto arcaica, impide descubrir su sentido. Lo que quieren decir es que la verdadera humanidad no consiste en buscar el placer sino en desplegarla al máximo.
Mt las coloca en el primer discurso programático de Jesús. No es verosímil que Jesús haya comenzado su predicación con un discurso tan solemne y radical. El escenario del sermón nos indica hasta qué punto lo considera importante. El “monte” está haciendo clara referencia al Sinaí. Jesús, el nuevo Moisés, que promulga la “nueva Ley”. Pero hay una gran diferencia. Las bienaventuranzas no son mandamientos o preceptos. Son simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana.
No tiene importancia que Lucas proponga cuatro y Mateo, nueve. Se podrían proponer ciento, pero bastaría con una para romper los esquemas mentales de cualquier ser humano. Se trata del ser humano que sufre limitaciones materiales o espirituales por caprichos de la naturaleza o por causa de otro, y que unas veces se manifiestan por el hambre y otras por las lágrimas. La circunstancia concreta de cada una no es lo esencial. No tiene importancia explicar cada una por separado. Todas dicen exactamente lo mismo.
La inmensa mayoría de los exégetas están de acuerdo en que las tres primeras de Lucas, recogidas también en Mateo, son las originales e incluso se puede afirmar con cierta probabilidad que se remontan al mismo Jesús. Parece que Mateo las espiritualiza, no solo porque dice pobre de espíritu, y hambre y sed de justicia, sino porque añade: bienaventurados los pacíficos, los limpios de corazón… que nos saca de la materialidad.
La aparente diferencia entre Mateo y Lucas (pobre – pobre de espíritu) desaparece si descubrimos qué significaba, en la Biblia, “pobres” (anawim). Sin este trasfondo bíblico no podemos entender ni una ni otra expresión. Con su despiadada crítica a la sociedad injusta, los profetas Amos, Isaías y Miqueas denuncian una situación que clama al cielo. Los poderosos se enriquecen a costa de los pobres. No es una crítica social, sino religiosa. Pertenecen todos al mismo pueblo cuyo único Señor es Dios; pero los ricos, al esclavizar a los demás, no reconocen su soberanía y se erigen en dueños de los demás.
Después del destierro se habla en la Biblia del resto de Israel, un resto pobre y humilde. Los pobres bíblicos son aquellas personas que, por no tener nada ni nadie en quien confiar, su única escapatoria es confiar en Dios, pero confían. El “resto” bíblico es siempre el oprimido, el marginado, el excluido de la sociedad. No solo incluía a los pobres económicos sino a los social y religiosamente pobres: enfermos, poseídos, impuros, marginados, a quienes parecía que Dios había rechazado.
La diferencia entre pobre sociológico y pobre teológico no tiene sentido, cuando nos referimos a los evangelios. En tiempo de Jesús no había separación posible entre lo religioso y lo social. Las bienaventuranzas no están hablando de la pobreza material voluntaria aceptada por los religiosos a través de un voto. Está hablando de la pobreza impuesta por la injusticia de los poderosos; de los que quisieran salir de su pobreza y no pueden hacerlo. Son los bienaventurados si descubren que nada les puede impedir ser plenamente humanos, a pesar de todas sus limitaciones impuestas.
Otra trampa que debemos evitar al tratar este tema es la de proyectar, para el más allá, la felicidad prometida a los excluidos. Así se ha interpretado muchas veces en el pasado y aún hoy lo he visto en algunas homilías. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Aquí, puede todo ser humano encontrar la paz y la armonía interior que es el paso a una verdadera felicidad, que no puede consistir en el tener y consumir más que los demás, sino en una toma de conciencia de que lo que Dios te da, lo tienes asegurado y no depende de las circunstancias externas.
Esta reflexión nos abre una perspectiva nueva. Ni el pobre ni el rico se pueden considerar aisladamente. La riqueza y la pobreza son dos términos correlativos, no existiría la una sin la otra. Es más, la pobreza es mayor cuanto mayor es la riqueza, y viceversa. Si desaparece la pobreza, desaparecerá la riqueza. Si todos fuésemos igualmente pobres o igualmente ricos no había problema alguno. La irracionalidad de los ricos es que queremos que desaparezca la pobreza manteniendo nosotros nuestra riqueza. La predicación desde esta perspectiva está abocada al fracaso.
Las bienaventuranzas quieren decir: es preferible ser pobre, que ser rico a costa de los demás. Es preferible llorar a hacer llorar al otro. Es preferible pasar hambre a ser la causa de que otros pasen hambre. Dichosos, no por ser pobres, sino por no empobrecer a otro. Dichosos, no por ser oprimidos, sino por no ser opresores. El valor supremo no está en lo externo sino dentro. Hay que elegir entre perseguir el placer sensible o la plenitud humana que se manifiesta en el don.
En todo este asunto podemos descubrir una tremenda paradoja. Si el ser pobre es motivo de dicha, por qué ese empeño en sacar al pobre de la pobreza. Y si la pobreza es una desgracia, por qué la disfrazamos de bienaventuranza. Ahí tenemos la contradicción más radical al intentar explicar racionalmente las bienaventuranzas. El que pasa hambre no es feliz porque un día será saciado. El rico que ríe no es desgraciado porque un día llorará.
Pero por paradójico que pueda parecer, la exaltación de la pobreza que hace Jesús, tiene como objetivo el que deje de haber pobres. En ningún caso puede bendecirse la pobreza. Cualquier clase de pobreza causada por el hombre debe ser combatida como una lacra y la causada por los desastres naturales debe ser compartida y en lo posible paliada. El enemigo del Reino es la ambición, el afán de poder. No podéis servir a Dios y al dinero.
Las bienaventuranzas nos están diciendo que otro mundo es posible. Un mundo que no esté basado en el acaparar sino en el compartir, no en el egoísmo sino en el amor. ¿Puede ser justo que esté pensando en vivir cada vez mejor (entiéndase consumir más), mientras hay personas que mueren por no tener un puñado de arroz que llevarse a la boca? Si no quieres ser cómplice de la injusticia, escoge la pobreza, entendida como no poner el objetivo en consumir. Mientras menos necesites, más rico eres.
Meditación
Dichosos los que se conforman con poco, porque en ellos reina Dios.
Si en vez de acaparar, reparto, entro en el ámbito de lo divino.
Si pongo mi felicidad en el consumir, olvido mi verdadero ser.
Acaparar lo que otros necesitan para vivir, es negarles la vida.
Pero es también impedir la verdadera Vida.
Compartir lo que tengo con el que lo necesita, me hace más humano.
Pero es también dar al otro la posibilidad de hacerse más humano.
Solo hay un camino hacia la plenitud: el servicio.
«Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»
Las bienaventuranzas —pórtico del Reino— son a la par una propuesta de felicidad individual para cada uno, y un estilo de vida capaz de cambiar el mundo. El sueño de Jesús no es la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino la plenitud de la humanidad; y esa tarea, que él inició, es la que hemos aceptado continuar aquellos que nos llamamos cristianos.
Pero para aceptar una tarea es preciso tener fe en quien nos la propone, y esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué significa para mí creer en Jesús?…
El verbo “creer” tiene una primera acepción que lo define como “tener por cierto”. De acuerdo con ella, creer en Jesús es aceptar una serie de asertos propuestos por los teólogos cristianos, como, por ejemplo, “Creo en Jesucristo, su único hijo nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… etc.” Pero esta fe, concebida como simple aceptación de una doctrina o un dogma, puede resultar estéril si no afecta a nuestra vida. Podemos asumir todos los postulados y mandamientos de la Iglesia, y actuar con unos criterios opuestos a los de Jesús.
Pero el verbo creer también tiene otras acepciones. Una de ellas queda definida como “fiarse de”. Por ejemplo, yo creo en mi médico, es decir, me fío de mi médico y me pongo en sus manos para que me abra en canal. Este segundo significado cuadra mucho mejor con la fe en Jesús, y a él nos vamos a atener en esta breve reflexión.
El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me propone un código de felicidad radicalmente distinto e inverosímil: ¿Quieres ser feliz…? —me dice—, pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie.., y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso.
¿Creo en él? ¿Le creo a él? ¿Me fío de él? ¿Estoy dispuesto a vivir compartiendo, perdonando, sembrando la paz, trabajando por la justicia, actuando siempre con sinceridad y sin temor al sufrimiento? ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes?… Decir que sí, que me la juego, que cambio de vida, es tener fe en Jesús; lo demás será otra cosa. Creeré en Jesús si es él quien manda en mis criterios y mis valores; si es él quien da sentido a mi vida; si creo que sus criterios pueden salvar el mundo del desastre y me comprometo con la tarea de hacerlo. Porque la fe no es un privilegio otorgado a unos y vedado a otros, sino el compromiso firme con un modo de vida cuyo único aval es la palabra de Jesús, y cuyo objeto es crear humanidad.
Y ya sabemos que es muy difícil creer hasta el punto de dejarlo todo para seguir sus criterios; que nos da miedo ese compromiso; que no solemos tener tanta fe, pero el Espíritu no descansa, y siguen siendo muchos los que lo hacen, aun a pesar de que hoy está de moda relativizar la importancia de Jesús y proponer recetas y filosofías alternativas que nada tienen que ver con él.
Miguel Ángel Munárriz Casajús
Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí
Comentarios desactivados en Seréis bienaventurados si…
«Las bienaventuranzas son el carnet de identidad del cristiano, que lo identifica como el seguidor de Jesús” (Papa Francisco, en Suecia, el día de Todos los Santos 2016).Si quieres saber lo que Jesús te propone para ser feliz aquí y ahora; si quieres cumplir el plan que Dios Padremadre tuvo al crearte, en las Bienaventuranzas tienes el manual de instrucciones. Si las sigues serás dichoso, bendito y te irás acercando a tu plenitud humana y divina. Te invito a que lo intentes. Pronto verás los frutos.
El domingo pasado el texto evangélico terminaba así: “Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando las enfermedades y dolencias de la gente”. Es un resumen perfecto de la actividad de Jesús en los inicios de su vida pública: predicar y sanar. El texto continúa: …. “y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea y del otro lado del Jordán”.
A continuación de la primera parte narrativa, Mateo coloca el primer discurso de Jesús, el Discurso Evangélico: Las Bienaventuranzas. Y lo primero que hace Mateo es describir con detalle el escenario donde se ubica este discurso. Lo que pretende con ello es prepararnos para escuchar algo muy solemne, algo muy importante. La audiencia numerosa, subida al monte, sentado como maestro, los discípulos se acercan para no perderse nada y Jesús empieza la lección del primer día de curso. Como buen maestro Jesús introduce el programa que va a desarrollar a lo largo de toda su vida.
El discurso de las bienaventuranzas es el preludio, el resumen del estilo de vida que Jesús, el Salvador, proponen a toda la humanidad. Es la síntesis de la propuesta vital que Jesús ofrece a la humanidad sedienta de sentido y necesitada de modelos para orientar sus anhelos existenciales y el logro de la felicidad (plenitud) que busca. Lo que se le ofrece es un programa para ser feliz. Justo lo que la humanidad, en toda época y lugar desea.
Jesús es para nosotros el revelador de Dios. Y Jesús en las Bienaventuranzas nos revela el plan de salvación (liberación, felicidad, plenitud) que Dios ha pensado para la humanidad de todo tiempo y lugar. Dios nos ha creado para que seamos felices. Jesús en las Bienaventuranzas nos muestra el camino para lograrlo.
El camino hacia la felicidad es, a veces, escabroso. El protocolo del proceso a seguir nos recomienda en primer lugar conocer de cerca la vida de Jesús para prepararnos a seguir sus pasos. En los catecismos que estudiábamos en nuestra infancia nos enseñaron que Jesús había venido al mundo para darnos ejemplo de vida. Para conocer bien una vida por dentro hay que imitarla. Hacer lo mismo que él hizo. Ser como Él.
Las Bienaventuranzas son un retrato, un perfil del estilo de vida que Jesús llevó y quiere que nosotros imitemos. Como perfil nos concretiza las características de ese estilo de vida: austeridad, mansedumbre, compasión, justicia, misericordia, sinceridad, humildad, coherencia, apertura, cercanía… En suma, las Bienaventuranzas nos describen el perfil de una “buena persona”, de una persona “muy humana” (honrada, bondadosa y solidaria). El que cumple este perfil es feliz, dichoso. Y la razón de esta felicidad es: porque en ello encuentras a Dios formas parte de su Reino. Las Bienaventuranzas son el camino para descubrir a Dios en ti mismo (tu bondad, tu parte divina) y en los hermanos con quien Dios se identifica y encarna, “a mí me lo hiciste”. Las Bienaventuranzas y el Reino de Dios se dan la mano. En la formulación de cada bienaventuranza hay dos partes: Lo que exige y lo que promete. Exige: imitar el estilo de vida de Jesús, llevar una vida austera (pobre), renunciar a la violencia, com-padecerse con los otros, autenticidad de entrega y disponibilidad, misericordia, justicia etc…Promete: tu plenitud humana y divina (humanidad divina), es decir, el Reinado de Dios en ti. Esto te hace feliz porque has encontrado el tesoro escondido, Dios en ti; porque te pareces a Dios; porque tu vida tiene sentido; porque has hallado razones para vivir.
Aviso para principiantes: Como ves el programa de Jesús es exigente, radical. Pero te puedo asegurar que merece la pena que hagas un esfuerzo, pongas en juego todas tus capacidades y perseveres en la tarea hasta lograrlo. Ten en cuenta estas consejas de vieja: “No se regala nada en la vida”. “La felicidad para quien la trabaja”. Por eso me gusta formular las Bienaventuranzas en condicional: Si quieres ser feliz… Seréis felices si… Si cumples la condición obtendrás lo condicionado. Por último: Al llevarlo a la práctica no te olvides de que no estás solo en el empeño, contigo va el Señor. Dios te ha creado para que seas feliz y te ha dado todo lo que necesitas para serlo. Sólo te falta experimentarlo.
Comentarios desactivados en Para vivir con sabiduría.
IV Domingo del Tiempo Ordinario
29 enero 2023
Mt 5, 1-12
Si en el evangelio de Lucas (6,20-23) las bienaventuranzas se referían a situaciones -de pobreza, de hambre, de llanto-, Mateo las transforma en actitudes, es decir, en opciones sabias que garantizan vivir con acierto y sentido.
En concreto, cada una de las ocho bienaventuranzas recogidas en este evangelio aborda y responde a un cuestionamiento humano fundamental: seguridad, dolor, fuerza, deseos, amor, paz, coherencia, fidelidad. Siguiendo el orden de las mismas, podrían enumerarse, de modo sintético, tanto los cuestionamientos como las respuestas que proponen:
1ª ¿Dónde pones tu seguridad? Serás feliz cuando comprendas que no eres el yo; cuando no te identifiques ni te reduzcas a él.
2ª ¿Qué haces con el dolor, el tuyo y el de los demás? Serás feliz cuando te reconcilies con la realidad del dolor y lo vivas con sabiduría.
3ª ¿Dónde sitúas la fuerza? Serás feliz cuando no pretendas controlar todo.
4ª ¿Qué haces con los deseos? Serás feliz cuando te liberes del apego.
5ª ¿Para qué vives? ¿Para el amor o para tu propio gusto y tu propia imagen? Serás feliz cuando vivas el amor y la entrega.
6ª ¿Dónde encuentras la paz?, ¿cómo la construyes? Serás feliz cuando encuentres en ti el lugar de la paz.
7ª ¿Eres coherente con tu vida?, ¿eres una persona íntegra? Serás feliz cuando vivas en transparencia.
8ª ¿Qué guía tu vida: la fidelidad o la conveniencia? Serás feliz cuando seas fiel a ti mismo/a.
Es significativa la convergencia de las personas sabias a la hora de formular sus propuestas. Hasta el punto de llegar a utilizar las mismas palabras. No es extraño: toda propuesta sabia nace de la comprensión. No de un mero “entender” mental o conceptual, sino del “comprender” experiencial o vivencial que nace del silencio de la mente y, gracias a él, del saboreo de lo que somos.
Solo la comprensión puede orientar nuestra vida. Por cierto, el término “orientar” significa guiar hacia oriente, hacia el este, es decir, al lugar de la luz. Por eso es el camino que nos permite “volver a casa”.
Comentarios desactivados en ¿Bienaventurados o dionisíacos.? La bondad genera serena felicidad .
Del blog de Tomás Muro, la Verdad es libre:
01. – Contexto del texto de las bienaventuranzas.
El evangelio de San Mateo está compuesto para cristianos provenientes del mundo judío, por tanto de cultura y religión de origen judío (Antiguo Testamento). Los cristianos que escuchaban las palabras de este Evangelio conocían perfectamente la ley, el Sinaí, Moisés, el Éxodo, la Alianza etc.
Los judíos consideraban los cinco primeros libros de la Biblia (Pentateuco – Torá) como la ley sagrada de la tradición israelita. Por eso San Mateo compone en su evangelio cinco solemnes discursos, de los cuales el primer discurso está formado por las bienaventuranzas.
De ahí que Mateo sitúe las bienaventuranzas en un monte, en un nuevo Sinaí, con un nuevo legislador, ya no Moisés, sino JesuCristo, y brota un nuevo “decálogo”, que no son leyes, sino Evangelio. [1]
Las bienaventuranzas son seguramente la enseñanza más genuina de Jesús. En las bienaventuranzas estamos en el centro del pensamiento y en las mismas palabras de Jesús.
02.- Queremos ser felices, pero…
Cuestiones terminológicas y exegéticas aparte, lo primero que Cristo desea para el ser humano es: que seamos felices, dichosos, bienaventurados.
La primera cuestión cristiana no es, pues, religiosa: cumple con los preceptos, ni ética: sé bueno, ni teórico-dogmática: tienes que aceptar este jeroglífico teológico.
La primera cuestión es: sé feliz: bienaventurado.
San Agustín formuló en sus Confesiones aquello de que: no soy sólo yo, ni siquiera unos cuantos los que deseamos ser felices, sino absolutamente todo el mundo. [2]
Todo ser humano quiere –queremos- ser dichosos, felices.
La nostalgia de felicidad ya estaba en el ser humano cuando Dios modeló con sus manos y su aliento vital el barro humano.
Todos queremos ser felices. Es evidente. Y esto lo podemos constatar especialmente cuando pecamos, [3]
03.- Lo que pasa es que no conseguimos ser felices.
No es lo mismo felicidad que placer.
Queremos, pero no conseguimos ser felices en la vida.
Tal vez no conseguimos ser felices porque confundimos felicidad con placer.
El placer y la felicidad son valiosos en la vida, pero no son lo mismo ni van a la vez.
Hay momentos y situaciones en la vida en las que se da un gran placer, pero no conllevan ni nos llevan a la beatitud, a la felicidad. No hay que decir muchas palabras para comprender tales situaciones.
Y hay circunstancias que no suponen placer, pero implican una gran serenidad y felicidad. Cuidar un enfermo, ayudar en un trabajo, afrontar un problema familiar, social, etc. no son situaciones especialmente placenteras, pero conducen a vivir en paz y serenidad.
El consumismo en el que vivimos, los planes de economía del capitalismo van enfocados al placer, pero no terminan en la felicidad del ser humano
Ahora bien, ¿dónde o cómo lograr ser felices? ¿Hacia dónde dirigimos la mirada y nuestros pasos?
04.- Las Bienaventuranzas suponen una inversión de los valores que manejamos habitualmente en la vida
También podemos buscar la felicidad en las bienaventuranzas.
Las bienaventuranzas suponen una inversión de los valores con los que funcionaba la sociedad en tiempos de Jesús y nuestra sociedad.
JesuCristo entiende que la bienaventuranza está en las personas y modos de vida considerados insignificantes y desgraciados.
Ahora bien la riqueza, el vivir en la injusticia, los comportamientos y violentos, los que odian, los perseguidores pueden vivir en situaciones de placer, pero ahí no está la felicidad.
Jesús siendo rico, se hizo pobre, se despojó de ser Dios, fue honrado, limpio en la vida, trabajó por la justicia al defender y sanar a los débiles, tuvo misericordia.
Seremos felices y bienaventurados si somos sencillos, si “jugamos limpio” en nuestras relaciones y tareas de todo tipo; seremos bienaventurados si somos pobres-libres, si trabajamos por la paz también en nuestro pueblo, por la justicia. La felicidad –bienaventurados- está en la bondad, en la misericordia, en la paz, en la honradez.
Seguramente que muchos tenéis ya esta experiencia. ¿No hemos tenido etapas de escasez, de persecución por causa de la justicia, no ha sufrido el pueblo a causa de la dictadura político – económica o de la persecución eclesiástica?, ¿Muchas veces y muchas personas habéis sido honrados cuando las circunstancias invitaban a no serlo y sin embargo sin embargo seguido las bienaventuranzas y ello –las bienaventuranza- nos ha causado una profunda paz y serenidad interior?
05.- Estrambote eclesial.
¿Y si continuáramos soñando con una iglesia de las bienaventuranzas?
Porque nos puede pasar dentro de la Iglesia aquello del refrán: consejos vendo que para mí no tengo. Sería bienaventurado y cristiano vivir en una iglesia de misericordia, donde se juega limpio en todos sus criterios y procedimientos: una iglesia cuya primera visión fuesen los débiles y pobres, una iglesia de bondad y misericordia, donde se jugara limpio en los nombramientos, en las valoraciones de las personas, de las corrientes de pensamiento, una iglesia que trabajara por la paz
Bienaventurados seremos, Señor.
[1] De ahí que durante los dos capítulos siguiente Mateo utilice un “juego literario” y escribe: “se os dijo en el AT … pero yo os digo”
[2] San Agustín, Confesiones X, 21.
[3] La manzana de Adán y Eva no es otra cosa que una nostalgia de felicidad, de ser como dioses.
Comentarios desactivados en «La señal de la Cruz», por Isabel Gómez Acebo
19.01.2023
Un jesuita suizo le escribió a un amigo diciéndole que había estado en Kiev y que se había quedado gratamente sorprendido cuando vio que los transeúntes hacían la señal de la cruz cuando pasaban delante de la catedral. Yo recuerdo cuando era niña que nos santiguábamos cuando salíamos de casa, al entrar a bañarnos en el Cantábrico en una playa con olas o al empezar un examen. Era una manera seminconsciente de rogar a Dios para que no nos pasara nada o que nos echara una mano a la hora de paliar nuestra ignorancia
Por eso me gusta cuando los deportistas al empezar una carrera o un partido hacen la señal de la cruz y cuando ganan miran al cielo en agradecimiento. La mayoría provienen de América del Sur donde estas costumbres siguen vigentes. Desconozco si son practicantes, pero tengo la seguridad de que en esos momentos piensan en Dios. Será posible que cuando truena llamen a Santa Bárbara y en otros momentos de su vida no se acuerden, pero con esos actos nos ofrecen un testimonio de su fe
El jesuita, en su carta al amigo, le decía que no sería una mala costumbre al empezar el año que al pasar delante de una iglesia hiciera la señal de la cruz. No es tan difícil como aprender inglés, ir al gimnasio o perder kilos que suelen ser las intenciones con las que empezamos en enero. Pero soy consciente de que es más fácil recordar a Dios en el interior de nuestro corazón que hacer un acto externo delante de otras personas. Nos da vergüenza porque no queremos que nos tachen de beatos o de fachas y negamos nuestra condición de cristianos.
Me han venido a la mente las tres negaciones de Pedro ante los criados y la profecía de Jesús cuando le dijo que cantaría el gallo tras haberle negado tres veces ¿Estaremos también nosotros negando al Dios encarnado?
Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.
Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.
El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.
Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada.
no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.
Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.
Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.
Nuevos Miembros
Para unirse a este grupo es necesario REGISTRARSE y OBLIGATORIO dejar en el FORO un primer mensaje de saludo y presentación al resto de miembros.
Por favor, no lo olvidéis, ni tampoco indicar vuestros motivos en las solicitudes de incorporación.
Comentarios recientes