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domingo, 2 de enero de 2022
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“Una historia en cinco etapas”. Domingo 2º después de Navidad

domingo, 2 de enero de 2022
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imagesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Presupuesto para entender el Prólogo

Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia. Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano, Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén. Esto puede decirse con palabras vulgares, o poéticamente, presentando a la sabiduría como una mujer y contando su historia. Basándonos en diversos textos bíblicos podemos reconstruir esa historia de la Sabiduría.

La historia de la Sabiduría de Dios

1ª etapa: la Sabiduría junto a Dios desde el comienzo (Proverbios 8,22-36).

El Señor me estableció al principio de sus tareas,
al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remotísimo fui formada,
antes de comenzar la tierra.
Antes de los océanos fui engendrada,
antes de los manantiales de las aguas.
Todavía no estaban encajados los montes,
antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba
ni los primeros terrones del orbe.

2ª etapa: la Sabiduría y la creación

Cuando colocaba el cielo, allí estaba yo;
cuando trazaba la bóveda sobre la faz del océano;
cuando sujetaba las nubes en la altura
y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar,
y las aguas no traspasaban su mandato;
cuando asentaba los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano,
todo el tiempo jugaba en su presencia;
jugaba con la bola de la tierra
disfrutaba con los hombres.

Tercera etapa: la Sabiduría se instala en Jerusalén (Eclesiástico, 24).

Por todas partes busqué descanso
y una heredad donde habitar.
Entonces el creador del universo me ordenó,
el creador estableció mi morada:
Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.
En la santa morada, en su presencia ofrecí culto
y en Sión me establecí;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces entre un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos rechacen los consejos de la sabiduría. De hecho, muchos judíos no aceptaban este mensaje. Otro autor presenta a la Sabiduría como una mujer que se queja de no ser escuchada (Proverbios 1,22-25).

Os llamé, y rehusasteis;
extendí mi mano, y no hicisteis caso;
rechazasteis mis consejos,
no aceptasteis mi reprensión.

En resumen: la sabiduría de Dios está junto a él desde el principio, lo acompaña en el momento de la creación, disfruta con los hombres, se establece en Israel. Pero muchos no disfrutan con ella. Prefieren seguir otro camino, no le hacen caso.

La historia de la Palabra

El autor del Prólogo aplicó las ideas anteriores a Jesús, introduciendo algunos cambios. Ante todo, en vez de llamarlo sabiduría de Dios, prefirió llamarlo la Palabra.

Primera etapa: la Palabra junto a Dios

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios;
ella estaba al principio junto a Dios.

Hay una diferencia notable con el texto sobre la Sabiduría. La sabiduría es creada por Dios. La Palabra, no; existe con él desde el principio. Además, el autor del himno es muy sobrio, no se le ocurre decir que la Palabra jugaba en presencia de Dios.

Segunda etapa: la Palabra y la creación

Todo fue hecho mediante ella,
y sin ella no se hizo nada de lo hecho.
Lo que surgió en ella fue la vida,
y la vida era la luz de los hombres;
y la luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no consiguió derrotarla.

Parece un trabalenguas, pero es muy sencillo: todo fue creado por la Palabra de Dios. El sol, la luna, las estrellas, las montañas, el mar…, el mármol, la madera, el cristal… Todo ha sido creado por la Palabra de Dios. Y ella, además de haber creado a los hombres, es también nuestra luz. La única novedad, muy importante, es que desde el principio se entabla una lucha entre la luz y la tiniebla; pero la tiniebla no logra imponerse, no puede derrotarla.

Tercera etapa: el mundo, creado por la Palabra, la ignora.

Hasta ahora todo ha ido bien. Dios y la Palabra pueden estar contentos. De pronto, advierten que la Palabra es ignorada por el mundo.

En el mundo estaba,
y aunque el mundo se hizo mediante ella,
el mundo no la conoció.

El mundo no se refiere aquí a los seres inanimados sino a las personas que ignoran a Dios, no lo adoran, o prescinden de él. En autor del Prólogo piensa en todos los pueblos paganos, que podrían haber conocido al Dios verdadero, pero que habían caído en diversas formas de idolatría.

Cuarta etapa: la Palabra decide instalarse en Israel; su pueblo la rechaza

¿Qué hará la Palabra cuando se vea ignorada por el mundo? Para un judío, la respuesta es clara: refugiarse en Israel, el pueblo elegido, igual que hacía la sabiduría: “Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad”. Eso mismo hace la Palabra, pero se encuentra con una desagradable sorpresa:

Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.

Quinta etapa: la Palabra decide hacerse carne y habitar entre nosotros.

La Palabra ha sufrido dos derrotas: el mundo la ignora, su pueblo la rechaza. ¿Qué haría cualquiera de nosotros en su lugar? Quedarse junto a Dios y olvidarse de todos. Afortunadamente, Dios no es así. La Palabra toma la decisión más asombrosa que se puede imaginar.

Y la Palabra se hizo carne
y puso su tienda entre nosotros
y contemplamos su gloria,
gloria de Hijo único del Padre,
pleno de gracia y de lealtad.
Pues de su plenitud todos hemos recibido
gracia tras gracia.

Del optimismo ingenuo al realismo mágico

La historia de la Sabiduría resulta demasiado optimista. El himno puede parecer muy pesimista. Sin embargo, no lo es. Aunque no sea todo el mundo ni todo Israel, hay un grupo, formado por judíos y paganos, dispuestos a acoger a Jesús, a creer en él. Y ésos, todos nosotros, reciben una enorme recompensa.

Pero a los que la recibieron
los hizo capaces de ser hijos de Dios.

Y este grupo contempla su gloria, y de su plenitud recibe gracia tras gracia.

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2 de Enero de 2022. II Domingo después de Navidad. Ciclo C.

domingo, 2 de enero de 2022
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“El Verbo se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.”

(Jn 1,1-18)

Muy a menudo Dios se nos presenta con una sencillez que nosotros hacemos complicada. Oímos que el Verbo se hizo carne. Y, aunque sepamos qué son los verbos y qué es la carne, la verdad es que parece un misterio bien complicado.

Quizás podemos pararnos a mirar a Jesús como una palabra de Dios. La palabra que pronuncia Dios Padre con su propia voz, se hace real y existe para otros.

Todas las personas que hablamos una lengua no lo hacemos de la misma manera. Hablamos un dialecto (según la zona geográfica), un sociolecto (según la clase social o la edad, por ejemplo), utilizamos un registro más formal o más coloquial. Pero a parte de estas características, hay una manera propia de hablar de cada uno: cada persona usa más unas expresiones y menos otras, repite mucho un término, tiene muletillas… sin ninguna razón. A esto le llamamos “idiolecto”. Es lo más propio de nosotros.

En Jesús escuchamos el idiolecto de Dios. Jesús es la palabra gestada en el interior de Dios, es el deseo de expresión y de comunicación de Dios, el sonido pronunciado por la misma voz de Dios. Es la palabra que queda entre nosotros, que a nuestra vez podemos escuchar, acoger, dejar que haga efecto, que nos impregne, nos despierte, nos remueva, que resuene.

Sabemos bien que las palabras pueden ser dichas sin pensar o salir con la forma que les ha dado pasar un tiempo largo en el corazón. Que pueden alentar o aplastar, humillar o amar, ser dichas para demostrar o para compartir, hacer transparente u ocultar.

La Palabra de Dios, Jesús, es luz, es vida, es gracia, es plenitud para la humanidad.

Oración

Padre, que sepamos pronunciar las palabras de vida que tu Espíritu Santo gesta en nosotras, que sepamos escucharte en la Palabra que has pronunciado en tu Hijo Jesús.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Dios es encarnación.

domingo, 2 de enero de 2022
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babyandjoe_pngDOMINGO 2º DE NAVIDAD (C)

Jn 1,1-18

Por dos veces en este corto tiempo de Navidad nos propone la liturgia este evangelio. Ni en dos ni en diez homilías agotaríamos el contenido de esta página de la Escritura; sin duda la más sublime que se haya escrito nunca. Es imposible de comprender desde la racionalidad. Cualquier explicación que demos, será descabellada, porque solo la vivencia interior nos puede aproximar a lo que quiera decir y nunca a comprender todo su sentido. Lo que intentamos a continuación es dar pautas para superar la tentación de explicarlo.

La frase “y Dios era la Palabra” podría traducirse por un ser divino era el proyecto, puesto que “Theos” no lleva artículo. El cambio de perspectiva, demuestra la dificultad que tenemos para aceptar la encarnación. No terminamos de creer que Dios está en el hombre y hacemos decir al evangelio lo que no dice. Haciendo Dios a Jesús nos dispensamos de aceptar a un Dios fundido con lo humano. Ni Dios tiene que hacerse hombre ni Jesús tiene que hacerse Dios. Por Jesús, podemos llegar a saber lo que es Dios. Pero un Dios que no está ya en la estratosfera, ni en los templos sino en el hombre, en todo ser humano.

«… estaba junto a Dios«: Esta frase expresa a la vez dos cosas: Proximidad y distinción. El (pros ton theon) sería: vuelto hacia Dios, volcado sobre Dios. El sentido más aproximado sería: En íntima unión con Dios, fruto de una relación, sin considerarlo absolutamente idéntico a Él. Recordemos que el mismo Jesús dice: «El Padre es mayor que yo». Aunque también dice: «Yo y el Padre somos uno». Para un judío era imposible aceptar otro ser equiparado a Dios. En cambio para los griegos, el peligro estaba en interpretar la existencia de otro ser igual a Dios como politeísmo. La primera comunidad cristiana se desarrolló entre las dos culturas. Y tuvo dificultad para expresar la relación de Jesús con Dios.

En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres”. Otro texto que solemos entender al revés. La ilumina­ción viene precisamente porque ha llegado la Vida. Esta idea va más allá de la mentalidad judía. Para ellos la Ley era la luz que ilumina y salva. Sin luz (Ley) no podía haber vida (salvación). La idea de que la Vida es anterior a la luz es clave para entender el evangelio de Juan. Dios por medio de la Palabra, comunica la Vida, y es esta Vida la que ilumina, la que permite la comprensión de lo que es Jesús y de los que es Dios. Se entiende mal si se quiere ver en Jesús un maestro de verdades que dan vida. Jesús es dador de Vida, porque nos hace descubrir la que el Padre le ha dado a él.

Vino a su casa, pero los suyos no la acogieron. Con frecuencia pasamos por alto esta seria advertencia repetida tres veces. En Jesús se hizo patente Dios, pero a pesar de ello, muy pocos fueron capaces de descubrir esa presencia. Hasta a los más íntimos, que vivieron con él durante años, les costó Dios y ayuda descubrir la realidad de Jesús. Hoy la culpa de que el mundo siga sin reconocer a Jesús la tenemos los que decimos seguirle. Hablamos demasiado de Jesús, pero la verdad es que a la hora de vivir lo que él vivió, dejamos mucho que desear. Si todos los que nos llamamos cristianos lo viviéramos, todo cambiaría.

Pero a cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”. Recibir a Cristo significa creer en él, identificarse con él, repetir la actitud y la relación con Dios que él tuvo. “Les dio poder para ser hijos de Dios” no quiere decir que, desde fuera se haya añadido algo a lo que eran. Se trata del descubrimiento de una realidad que está en todos y cada uno de nosotros. Jn deja muy clara la diferencia entre ser Hijo referido a Jesús y ser hijos, referido a nosotros. Determinar esa diferencia es una de las claves para entender todo el mensaje de Juan. «Subo a mi Padre y vuestro Padre…»

En el AT, el título de hijo de Dios se aplicaba: a) A los ángeles. b) Al rey. c) Al Sumo sacerdote. d) Al pueblo judío en conjunto. Ninguna de estas ideas sirve para comprender lo que Juan quiere decir. Los primeros cristianos “Hijo de Dios” lo entienden en sentido mesiánico, el enviado a cumplir una tarea de salvación. Nada que ver con la generación ni con su identidad sustancial con la divinidad. El mensaje de Juan va más allá de todo lo que podemos encontrar en el AT y en la primera comunidad sobre un Mesías Salvador. Este lenguaje es fruto de setenta años de experiencia mística cristiana y muestra una comprensión de Jesús que no podían tener los apóstoles ni sus primeros seguidores.

A pesar de lo dicho, la raíz de la idea de Hijo que Juan quiere trasmitirnos, hay que buscarla en la Sabiduría de los libros sapienciales. Como veíamos en la primera lectura de hoy, la Sabiduría existía antes de la creación, participaba de la Vida Divina y era el agente de la creación. Esta idea unida a la cristolo­gía mesiánica da origen a la genial visión de Juan: «Hijo de Dios» o simplemente «el Hijo». El ser preexistente, vuelto hacia el Padre, que se hace carne para llevar a cabo el encargo (proyecto) del Padre: hacernos hijos.

Es una nueva perspectiva para entender lo que quiere decir el NT con los conceptos de Padre e Hijo. Para un semita, era verdadero hijo el que obedecía en todo al Padre; el que salía al padre. Cuando a una persona se le quería introducir en el ámbito de la familia se le llamaba hijo. Lo más importante de ser hijo, no es la dependencia biológica, sino actuar como el padre actúa. Que Jesús es Hijo de Dios no lo adivinamos porque comprendamos su naturaleza, sino por ver que actúa como Dios. Nacer de Dios sería actuar como Dios.

Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios”. Juan no da ninguna importancia a la procedencia biológica. Después de dejar clara su preexistencia, comienza su evangelio con el verdadero nacimiento, el del Espíritu. Dice el Bautista: “Yo he visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y permanecía sobre él”. Aquí deja claro que la generación biológica no tiene importancia. Lo que importa es nacer de Dios. A Nicodemo le dice Jesús: “Hay que nacer de agua y de Espíritu”.

Y la Palabra se hizo carne…” Carne es el hombre sometido a su debilidad, pero susceptible de recibir el Espíritu. Carne no es lo contrario de espíritu, sino la posibilidad de que el espíritu se manifieste. En la antropología judía no existía el concepto de alma y cuerpo. Para ellos el ser humano era un todo indivisible; pero se podía descubrir en él distintos aspectos: hombre carne, hombre cuerpo, hombre alma, hombre espíritu. Cuando dice: se hizo carne, quiere decir que la Palabra asumió la totalidad humana hasta lo más bajo del ser humano. La revelación de Dios es una realidad tangible.

La revelación de Dios no es una verdad enseñada sino su misma persona. Al hacerse carne, la Palabra ni dejó de ser Palabra, ni dejó de ser Dios. Al contrario, al hacerse carne la Palabra desarrolla su esencia al máximo. La finalidad de la palabra es comunicar. En la encarnación Dios se comunica de modo insuperable. En la encarnación la Palabra sigue siendo Dios, pero manifestado, Dios-con-nosotros. Todo ser humano de cualquier condición es ahora la nueva localización de la presencia de Dios. Ya no debemos buscar a Dios en la tienda del encuentro ni el templo, sino en el hombre.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La Palabra.

domingo, 2 de enero de 2022
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jesusgivesJn 1, 1-18

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros»

Impresionante el prólogo de Juan. Las imágenes de las tinieblas cerrándose a la Luz, o de Dios acampando entre nosotros, son sencillamente geniales. Y lo más importante del pregón: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer».

En Jesús hemos visto que Dios es Padre, Palabra y Viento; Padre con el que podemos contar, Palabra que nos señala el camino para que no tropecemos, y Viento que nos empuja a sacudirnos la esclavitud a que nos someten las pasiones y tomar las riendas de nuestra vida.

Y esto significa que Dios no es un arcano inaccesible, sino un sembrador que esparce la semilla de la Palabra continuamente y nos alienta en nuestro caminar por la vida. Y saber cómo es Dios para nosotros es a la vez saber cómo es nuestra vida, es fuente de seguridad, estímulo y luz para los seres humanos.

No es la razón la que descubre o se inventa a Dios, sino que el ser humano lo busca porque su naturaleza lo necesita… y lo encuentra porque Él le sale al encuentro. Para los cristianos, ese lugar de encuentro entre Dios y el hombre es Jesús. Dios se manifiesta en Jesús, un hombre. Dicho de otro modo, en un ser humano, Jesús de Nazaret, el cristiano ve a Dios. Como decía Ruiz de Galarreta: «Éste es el quicio fundamental de quien se llame cristiano: creer que Jesús es visibilidad de Dios sin poner en duda su humanidad».

Dios es la perfecta sabiduría, y Jesús es la sabiduría de Dios ofrecida a los seres humanos. Es la sabiduría de vivir con sentido; de llenar la vida de cosas que merecen la pena; cosas que nos marcan el camino de la felicidad. Y no se trata tanto de salvar el alma —si Dios es Abbá el alma está salvada de antemano—, se trata de salvar nuestra vida de la banalidad, de la mediocridad, del sinsentido, del vacío, de la angustia…

Para un cristiano, Jesús es como una luz encendida en la oscuridad que permite caminar sin tropezar. Si entramos en una habitación oscura no podemos avanzar porque nos tropezamos con sillas y mesas, pero si alguien le da al interruptor de la luz, situamos cada cosa en su sitio y podemos movernos por ella con seguridad.

Jesús es la luz.

Pero hace falta creerle. Fiarnos más de sus criterios que los criterios del mundo; admitir en lo más hondo de nuestro ser que es más dichoso el que comparte que el que acapara, el que sirve que el que se deja servir, el misericordioso que el implacable, la víctima que el verdugo, el que abre sus ventanas de par en para a la luz, que el que se encierra a cal y canto en sus tinieblas.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

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Un grito incómodo, que nos saca de nuestras zonas de confort.

domingo, 2 de enero de 2022
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Juan-Bautista-John-Baptist(Jn 1,19-28)

Iniciamos el año con un grito, el de Juan Bautista en el desierto: Preparad el camino al Señor. Un grito es siempre una provocación que reclama atención y pide pasar de la expectación la implicación, de la pasividad al posicionarnos. En este sentido desde este primer versículo, el texto nos recuerda que no podemos contemplar el evangelio nunca desde posturas asépticas o neutrales, sino desde una actitud previa: la del dejarnos afectar. El grito de Juan Bautista es una provocación que nos saca de nuestra zona de confort y nos lleva a preguntarnos cuales son hoy los desiertos donde se hace necesario suscitar condiciones de posibilidad para que la Palabra encarnada de Dios sea reconocida y acogida. Por eso preparar el camino al Señor hoy, en nuestros contextos, pasa por hacernos preguntas incómodas y no quedarnos como comunidades “en lo de siempre” y “con los y las de siempre”.

¿Cómo identificar las necesidades de salvación de las personas que nos rodean en el corazón de nuestros ambientes secularizados y en los que los lenguajes y símbolos religiosos han dejado de significar, pero no por ello exentos de búsqueda de sentido y de anhelo por otro mundo posible? ¿Como universalizar la espiritualidad? Durante siglos espiritualidad y las religiones han ido de la mano como en íntima simbiosis, como si fueran una sola cosa, pero no lo son. La espiritualidad trasciende las religiones y pertenece a toda la humanidad.

El grito de Juan Bautista podemos escucharlo también hoy como el de una humanidad herida que reclama espiritualidad más que religiones. En un mundo donde la mayor pandemia sigue siendo el hambre y la injusta distribución de la riqueza se hace más urgente que nunca una espiritualidad de pan y rosas. Pan para tener de qué vivir (justicia, derechos humanos y sociales: trabajo, vivienda, salud pública y universal, etc) y rosas para entender por qué vivir (reconocimiento, belleza, sentido, gratuidad, trascendencia, etc)

¿Cómo suscitar condiciones de posibilidad que nos lleven a descubrir y gustar que el ser humano y la creación toda estamos habitada por un misterio de Amor, Dignidad y Resiliencia, que no puede ser mercantilizado? ¿Qué nuevos lenguajes, gestos, signos, espacios de cuidados, hemos de poner en práctica para ello? ¿Como echarle paciencia, sabiduría y sensibilidad al acompañamiento de los procesos y a identificar en lo más hondo de los clamores de la humanidad y de la tierra y el clamor de Dios mismo en su encarnación?

Preparar el camino al Señor desde la Betania de nuestras vidas nos supone como a Juan Bautista encarnar nuestras convicciones y creencias en estilos de vida y relaciones que hagan creíble que la esperanza y el amor existen, se hacen históricos y más que respuestas estereotipadas suscitan preguntas y complicidades.

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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Lo realmente real.

domingo, 2 de enero de 2022
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6BD0470D-907B-461A-9443-254AB1AD7986Domingo II de Navidad

2 enero 2022

Jn 1, 1-18

  El himno-prólogo del cuarto evangelio constituye un canto a lo realmente real, que es nombrado con el término Logos (luego traducido como Verbum en latín y Palabra en castellano, con lo que, en cierto sentido, perdió la fuerza de su significado original).

Se trata de un texto que intenta armonizar “mapas” diferentes para hacerlos “confluir” en la creencia en Jesús como “Hijo único” de Dios. Tal intento hace que, por momentos, el texto resulte confuso: si bien afirma que el “Logos” es distinto de Dios, añade, sin embargo, que es Dios. No resulta difícil entender que la fe cristiana leyera el texto en clave trinitaria.

Sin embargo, es posible una lectura previa, no teísta, en la que Logos sería el término para referirse a lo realmente real, Aquello que está más allá de todo nombre. En este sentido, sería un término equiparable a estos otros: Tao, Ser, Consciencia, Vida, Totalidad… Y todos ellos apuntan -no pueden hacer más- a Aquello que es la fuente y el “núcleo” último de todo lo real, Lo que es, Plenitud de vida, de luz y de amor.

El evangelio y la creencia cristiana atribuyen esta plenitud a Jesús, en lo que consistió la más grave herejía para el judaísmo: atribuir a un hombre naturaleza divina. Para el estricto monoteísmo judío resultaba algo aberrante.

De manera similar, el cristianismo considera herética la afirmación según la cual, lo que su creencia afirma sobre la persona de Jesús es válido para todos los seres humanos. Por decirlo de modo más preciso: en todos nosotros se cumple lo que este prólogo afirma de Jesús.

Como en él, nuestra identidad última es el Logos, Plenitud de vida, de luz y de amor. No decimos que nuestro “yo” sea todo eso -el yo es solo una “forma” temporal en la que se está experimentando el Logos-, sino que, más allá de la personalidad particular, nuestra identidad es una con todo lo que es. Solo nos queda caer en la cuenta y vivirnos desde ella.

Con lo cual, se hace manifiesta de modo inmediato una primera “moraleja”: siendo plenitud, ¿cómo nos vivimos habitualmente perdidos en la confusión y el sufrimiento que nacen de su “olvido”?

¿Qué es para mí lo realmente real?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Muro

domingo, 2 de enero de 2022
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Santa María Madre de Dios. Martes 01 de Enero de 2022

sábado, 1 de enero de 2022
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De Koinonia:

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Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

*

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

*

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

*

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre JesúsEn aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

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*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios.

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“Dios encarnado”. Santa María, Madre de Dios – C (Lucas 2,16-21)

sábado, 1 de enero de 2022
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 La Navidad nos obliga a revisar ideas e imágenes que habitualmente tenemos de Dios, pero que nos impiden acercarnos a su verdadero rostro. Dios no se deja aprisionar en nuestros esquemas y moldes de pensamiento. No sigue los caminos que nosotros le marcamos. Dios es imprevisible.

Lo imaginamos fuerte y poderoso, majestuoso y omnipotente, pero él se nos ofrece en la fragilidad de un niño débil, nacido en la más absoluta sencillez y pobreza. Lo colocamos casi siempre en lo extraordinario, prodigioso y sorprendente, pero él se nos presenta en lo cotidiano, en lo normal y ordinario. Lo imaginamos grande y lejano, y él se nos hace pequeño y cercano.

No. Este Dios encarnado en el niño de Belén no es el que nosotros hubiéramos esperado. No está a la altura de lo que nosotros hubiéramos imaginado. Este Dios nos puede decepcionar. Sin embargo, ¿no es precisamente este Dios cercano el que necesitamos junto a nosotros? ¿No es esta cercanía a lo humano la que mejor revela el verdadero misterio de Dios? ¿No se manifiesta en la debilidad de este niño su verdadera grandeza?

La Navidad nos recuerda que la presencia de Dios no responde siempre a nuestras expectativas, pues se nos ofrece donde nosotros menos lo esperamos. Ciertamente hemos de buscarlo en la oración y el silencio, en la superación del egoísmo, en la vida fiel y obediente a su voluntad, pero Dios se nos puede ofrecer cuando quiere y como quiere, incluso en lo más ordinario y común de la vida.

Ahora sabemos que lo podemos encontrar en cualquier ser indefenso y débil que necesita de nuestra acogida. Puede estar en las lágrimas de un niño o en la soledad de un anciano. En el rostro de cualquier hermano podemos descubrir la presencia de ese Dios que ha querido encarnarse en lo humano.

Esta es la fe revolucionaria de la Navidad, el escándalo más grande del cristianismo, expresado de manera lapidaria por Pablo: «Cristo, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos y presentándose como simple hombre» (Filipenses 2,6-7).

El Dios cristiano no es un Dios desencarnado, lejano e inaccesible. Es un Dios encarnado, próximo, cercano. Un Dios al que podemos tocar de alguna manera siempre que tocamos lo humano.


José Antonio Pagola

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Octava de Pascua, la fiesta de María 1.1.22. Santa María, madre de Dios: Iniciadora, Amiga, Hermana (Propuesta mariana para el 2022)

sábado, 1 de enero de 2022
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695635BC-DB17-4541-A1F9-9F2648669EE7Del blog de Xabier Pikaza:

El Año del Señor a.D. (anno Domini) 2022, ha comenzado con la Solemnidad de María, Madre de Dios, a quien la tradición ha llamado Ianua Coeli, Puerta del Cieloy Virgen de Enero, mes de la Puerta del Cielo, Ianua Coeli Dios que es María.

Pero de hecho, siendo la más importante de las fiestas de María (viene del IV d.C.) apenas se conoce, pues, gran parte del mundo católico pasa directamente de la Navidad a la Epifanía (Reyes).

Es una fiesta antigua, reinstaurada tras el Vaticano II y fechada (con el nuevo Ordo Litúrgico) el 1 de Enero, Octava de la Navidad, que solía dedicarse a la Circuncisión de Jesús.

Es importante recuperar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (del siglo IV-V d.C.) y así lo hago insistiendo en tres de sus notas y presentándolas como deseos (propuestas) eclesiales para el año 2022.

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   Ésta es una fiesta poco conocida. Eso se debe, quizá, a que la renovación litúrgica del Vaticano II no ha culminado y al hecho de que los nuevos movimientos apostólicos (como Acción católica, Caritas, HOAC, Cristianos por el Socialismo, Hijas de María, Legión de María, Opus Dei, Cursillos de Cristiandad, Neopentecostales, Neocatecumenales, Focolares, Comunión y Liberación, Comunidad de San Egidio, Legionarios etc.), variados y distintos entre sí, no han creado ni impulsado, que yo sepa, una nueva y verdadera mariología (devoción mariana),  que pueda encarnarse en formas populares.

Por otra parte, el “marianismo” de algunos de algunos movimientos resulta menos evangélico (incluso regresivo), no logra conectar con el movimiento de Reino de Jesús, ni con la nueva misión la Iglesia, en línea de gozo real de la vida, de amor-amistad, en valoración de la mujer, fraternidad y justicia etc.

Por poner un ejemplo, el último libro “serio” sobre mariología publicado en castellano es el Nuevo Diccionario, del año 1988. Desde entonces estamos en un desierto, con fugaces espejismos que el viento borra en un momento, y con una mariología a servicio de un poder y de una devoción poco evangélica.

 BD669384-F356-4284-8457-5E17185E35CF Evidentemente, no se puede resolver el tema de un modo general, aunque pienso que puedo ofrecer algunas indicaciones, en la línea de un trabajo publicado en RD sobre la devoción mariana, con la semblanza sobre el Diccionario de Mariología y lo que he dicho ayer sobre el fin de año con María. En ese contexto quiero presentar de nuevo unas ideas tomadas de la entrada “Libertad”, que publique en el diccionario.  Tres son, a mi juicio, los rasgos que puede destacar esta fiesta de Santa María, Madre de Dios, puerta de enero, puerta de renovación cristiana este año 2022:

1.María es, ante todo, iniciadora de Fiesta, como destaca Jn 2, en el relato de las Bodas de Caná. Ella “pone en marcha” la celebración del Reino de Jesús, el paso del agua de las purificaciones penitenciales al vino de la vida. Seguimos en una iglesia más penitencial y legalista que festiva. No proclamamos y vivimos el evangelio como fiesta de vino y libertad. Es como si María no estuviera ya en Caná de Galilea.

2.María es, en segundo lugar, madre-amiga del discípulo amado, amiga de los creyentes de Jesús, como ha puesto de relieve Jn 19, 25-27: Ella forma parte de la “casa del amigo”, de los compañeros de Jesús que tienen en el mundo la tarea de celebrar el amor. Ella parece secuestrada por una iglesia de observantes legales “pietistas”, pero sin humanidad. No parece tampoco que éste sea animadora y amiga de los que aman la vida y la regalan a los otros.

3.María es, finalmente, la hermana más significativa de los hermanos de Jesús, que forman la iglesia, conforme al relato de Pentecostés (Hch 1,12-14). Según el texto de los Hechos ella está entre todos y con todos (apóstoles, parientes de Jesús y las mujeres amigas), como hermana universal, la gran Hermana, como signo de arraiga en la vida y de entrega por la comunión de todos.

          Éstos son mis deseos “marianos” para el 2022, con María, Madre de Dios: (a) que se extienda la fiesta del vino de la vida a todos los “impotentes y oprimidos” afectivos, sociales… (b) Que se extienda la iglesia del “amado”, que se extienda por la Iglesia la comunidad de los aman y son amados. (c) Que triunfe la fraternidad, entre todos, apóstoles, hermanos de Jesús, mujeres… Leer más…

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Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

sábado, 1 de enero de 2022
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santa-maria-madre-de-diosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

            El Señor habló a Moisés:

            Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

«El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.» Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

             Hay personas convencidas de que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Se encuentra en el libro de los Números, capítulo 6, versículos 22-27. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

 Feliz Año Viejo

             La segunda lectura nos hace pensar no en lo que va a venir, sino en lo que ya ha ocurrido, el regalo que Dios nos ha hecho a través de su Jesús, haciéndonos hijos suyos y herederos.

 Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

             En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

            Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

            Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

            Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

             Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

             El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes: empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios; está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores. Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

             La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

 En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

             El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor. La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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01 Enero. Solemnidad de Santa María Madre de Dios

sábado, 1 de enero de 2022
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María guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón”

(Lc 2,16-21)

Comenzamos el año de estas dos maneras: contemplando a María de Nazareth como madre de Jesús, Dios y hombre, y orando por la paz. Si tenemos en cuenta que Jesús es el príncipe de la paz, enseguida nos puede venir la idea de que su madre sería la reina de la paz. Por pura lógica; lógica puramente humana.

Muchas veces se nos olvida que la lógica de Dios va por otra parte muy diferente a la nuestra. Tiene mucho que ver, o todo, mejor dicho, que ver con el amor, la humildad y la sencillez. No se trata de títulos, riquezas, ni de adornos; tampoco de tener ni de hacer. Va más bien por ser, solo y complicadamente: ser y dejarse hacer.

Volvamos de nuevo nuestra mirada hacia María, la mujer bendita de Nazareth. Para ello te propongo una imagen y una canción. La imagen nos sitúa en Israel, concretamente Ain Karen, en el lugar en el que la tradición cristiana ubica el encuentro de María con su prima Isabel. Se trata de una escultura que representa a dos mujeres judías embarazadas, una frente a otra agarrándose con ternura. No hay distinción entre ambas, ni adornos, ni riquezas. Nada indica quién es quién.

En cuanto a la canción, describe ese encuentro y bien podría ser la banda sonora de la imagen anterior: “Risas en el aire, gozo hecho canción; música de encuentro, danza de dos cuerpos al ritmo de un abrazo, dos vidas multiplicadas por el AMOR…”. Ser y dejarse hacer.

Así es María de Nazareth, toda una mujer de paz; la que guarda en su corazón diversos momentos, situaciones, sean buenos o no tan buenos, y no deja que pasen sin más, sino que vuelve a ellos para mirarlos con ternura.

 

Oración

Trinidad Santa, bendícenos y guárdanos;

haz brillar tu rostro sobre nosotras y concédenos tu favor;

muéstranos tu rostro y danos la paz. Amén.


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Año nuevo María madre: Dios está más allá del concepto de Padre y de Madre

sábado, 1 de enero de 2022
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familia tradicionalLc 2, 16-21

Hoy tenemos cuatro frentes abiertos: La circuncisión, la paz, María Madre y el tiempo. Empezaremos hablando de la circuncisión. Era el signo de pertenencia del pueblo judío. Para nosotros es imposible tomar conciencia de lo que la circuncisión significó y sigue significando para un judío. Es mucho más que un rito de iniciación. Significa la seña de identidad religiosa. Debemos desmontar el mito del “pueblo judío”: un examen genético ha demostrado que no hay tal raza judía. Los judíos no vinieron de ninguna parte. Surgieron en la misma Palestina y se fueron aislando del resto. No tienen por padre a Abrahám ni a David. Tampoco es realista hablar de pueblo elegido.

La paz está en boca de todos, pero a nadie le interesa afrontar los retos que plantea. Todos pedimos a Dios que nos libre de la guerra, de los conflictos, de las peleas, pero no estamos dispuestos a exigir en nuestro entorno justicia y libertad que son las condiciones de una auténtica paz. Luchar por la paz haciendo la guerra, garantiza el fracaso. El concepto de guerra preventiva es perverso. El ser humano se puede defender de toda agresión sin tener que luchar contra nada ni contra nadie.

Juan XXIII, en su encíclica “Pacis in terris”, advirtió que la paz será la consecuencia de la Verdad, la Justicia, la Libertad y el amor. Esto lleva consigo tener claro que ningún ser humano es más que otro. Mientras no nos enteremos de esto, mientras haya un solo hombre, grupo o nación que se sienta superior, no podrá haber paz. Esta utopía debía ser el fundamento de toda relación humana. Hay muchas personas que intentamos ser justos, ser amables, ser comprensivos, pero con la condición de que no se ponga en duda nuestra superioridad. Esta postura es de auténtica hipocresía.

Unos buscamos la paz de los cementerios: ¡Que nadie se mueva! ¡Ay de aquel que se atreva a vivir! Ahí están los “vivos” de siempre, impidiendo el más ligero signo de vida a los demás. Otros nos contentamos con la paz romana: todos bajo la bota del imperio. Una paz que responde a la ley del más fuerte, sostenida con las armas. Que mueren personas inocentes, “daños colaterales”. Que quedan seres humanos destrozados, da lo mismo, lo importante es cumplir el objetivo. Paz conseguida gracias a que la inmensa mayoría no tiene capacidad de reivindicar los más elementales derechos y libertades.

La que debíamos buscar todos es la paz-armonía, fruto de la Justicia. Pero el mayor enemigo de la justicia es la legalidad que unos pocos privilegiados imponemos a todos, buscando siempre nuestro provecho. ¿Qué pasaría si las leyes del comercio mundial las hicieran los países más pobres, los que pasan hambre hasta la muerte? El primer objetivo de las grandes coaliciones entre las naciones es defender sus intereses económicos. ¿Contra quién? Es demencial. Y encima tenemos que estar oyendo todos los días que somos los buenos. ¡Qué iba a ser del mundo, si no fuera por nosotros!

María Madre. Es la fiesta más antigua de María que se conoce. Pablo VI la recuperó del olvido. Es bonito empezar el año mirando a María Madre, sobre todo si aprendemos a verla sin capisayos ni abalorios. Se cree que la primera imagen que se tuvo de Dios fue la de Madre. María suple las carencias que conllevaba la idea de un Dios exclusivamente Padre. La maternidad de María es un dogma, definido en Éfeso en el 431. Es interesante constatar que ese dogma tuvo que ser aclarado y en cierto modo limitado, veinte años después por el concilio de Calcedonia (451) afirmando que María era madre de Dios «en cuanto a su humanidad». Seguimos interpretando mal lo que el dogma quiso decir.

El dogma se definió para confirmar que el fruto del parto de María fue una única persona, contra la tesis nestoriana que afirmaba dos personas en Jesús. Fue una definición cristología, no mariológica. María no era aún motivo de la reflexión teológica. No debemos olvidar que este concilio lo promovió Nestóreo para condenar a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo y por lo tanto que María era, con pleno sentido, madre de Jesús. A punto estuvo de condenarse como herejía el dogma definido.

La expresión «Theotokos» (que pare a Dios) se ha entendido mal, porque no se ha tenido en cuenta el sentido de la palabra en aquel contexto. Es ejemplo de cómo, conservando la palabra, estamos diciendo algo completamente distinto de lo que se quiso definir. En aquella época se creía que la nueva criatura procedía solo del padre. La madre no tenía otra misión que la de ser recipiente donde se desarrollaba la semilla. No se tenía ningún inconveniente en aceptar que alguien pudiera ser hijo de un dios naciendo de una mujer.

En la concepción de Jesús, no podemos mezclar lo biológico y lo divino. Se trata de dos planos de naturaleza distinta que no tienen posibilidad de interferir uno en otro. En el orden espiritual, lo biológico no tiene ninguna importancia. Hay que defender con rotundidad que lo que Jesús fue y significó solo podía ser obra del Espíritu. Eso nadie lo pone en duda. En los relatos del nacimiento y bautismo se ve con claridad: “Concebido por el Espíritu Santo”; “Nacido del Espíritu Santo”; “Ungido por el Espíritu Santo”; “Movido por el Espíritu Santo”; “El Espíritu es el que da vida, la carne no vale nada”.

Lo que estamos celebrando es que María hace presente a Dios (Emmanuel). S. Agustín dice que María fue madre de Dios, no por su relación biológica, sino por haber aceptado el proyecto de Dios. En eso, María puede seguir siendo modelo porque todos tenemos a Dios en el centro de nuestro ser y todos tenemos que dar a luz a Dios (Eckhart). Los primeros padres llamaban a la Iglesia partera, porque su misión era ayudar a los seres humanos a alumbrar a Dios. Dios sigue dándose a todos y cada uno de los hombres. Experimentar ese don es la tarea más importante que puede llevar a cabo un ser humano.

El cuarto tema es el tiempo (Año Nuevo). El comienzo del año nos tiene que hacer pensar en el tiempo y en la eternidad. Como seres construidos de materia, formamos parte del tiempo, del devenir, de la evolución. Pero a la vez, la eternidad, de alguna manera, nos está atravesando. Si camináramos por el tiempo con los ojos bien abiertos, descubriríamos horizontes de eternidad en la misma temporalidad. El concepto de eternidad que manejamos, como algo que está más allá del tiempo, nos está jugando una mala pasada. Alcanzaremos la eternidad sumergiéndonos en la temporalidad hasta el fondo.

En el NT se manejan dos conceptos muy distintos de tiempo. Uno es “Chronos” el tiempo astronómico (la medida del movimiento), que nos permite conectar con la realidad material y sentirnos inmersos en la contingencia. El otro concepto es el “Kairos”, que sería el tiempo psicológico o espiritual. Este nos permite ir más allá de lo temporal y experimentar en cualquier momento lo trascendente, lo divino, la eternidad. Para nuestra mente cartesiana es imposible hacernos a esta idea, pero es la base de la espiritualidad.

 

Meditación

Para saber dónde estoy, debo saber de donde vengo y a donde voy.
El presente consciente incluye el pasado.
El futuro está ya en el presente de la persona despierta.
La figura de María Madre nos ayuda a comprender a Dios.
Dios Padre = poder, autoridad, exigencia; seguridad externa.
Dios Madre = acogida, comprensión, cariño, seguridad interna.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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María arquetipo de una espiritualidad para nuestro tiempo.

sábado, 1 de enero de 2022
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(Definimos arquetipo como prototipo ideal que sirve como ejemplo o pauta para reproducirlo).

Hoy, primer día del año 2022. Empieza un año en nuestro calendario: para la fe, es una continuidad, para el planeta es una millonésima de segundo en el conjunto de los billones de años del Universo. Y aquí estamos, muy puestos en decidir quién es quién en el conjunto de nuestro planeta: Quién toma las decisiones de quién vive y quién se extingue… también en la comunidad cristiana, nuestras decisiones pueden decidir quién se conecta con el Dios Vivo o quién sigue apoyando una religiosidad moribunda.

Y la liturgia de hoy nos viene enmarcada en una gran Bendición o decir-bien, de todo, y ello nos recuerda el deseo y cariño de una madre, lo que necesitamos ser para gestar la nueva humanidad. Empieza así:

…El Señor te bendiga y te proteja,

ilumine su rostro sobre ti

y te conceda su favor;

el Señor se fije en ti,

y te conceda la paz.

(Números 6, 22-27)

El tiempo actual no es muy distinto del de los orígenes del Cristianismo, por su complejidad socio-política y también religiosa.

El Evangelio de Lucas nos cuenta al principio de su relato que un anuncio al sacerdote del templo, Zacarías, no acogido, le deja mudo, porque interrumpe la comunicación con Dios al no fiarse de su Palabra, él, el que rezaba en nombre de todo el pueblo.

Entiendo la mudez también como el que hablando no dice nada, homilías repetitivas… ausencia de profetismo también en los responsables del templo de hoy.

La mudez de Zacarías, contrasta con la fe de su anciana esposa, que se atreve a creer contra toda lógica, y concibe y da a luz a un profeta, el cual, aprendió de su madre a serlo, anunciando con su vida que venía otro a quien él sólo preparaba el camino.

Esta fue la experiencia de Isabel, que recibe la visita inesperada de Miriam de Nazaret que también está gestando la vida que viene del Espíritu- Ruah.

Ellas toman otra ruta, y fecundadas por el Espíritu del Dios vivo, caminan y corren y se abrazan y danzan y denuncian la injusticia, anunciando un tiempo nuevo.

Isabel acoge el anuncio, y también la joven Miriam, quién a diferencia de Zacarías –el cual pide garantías– pregunta con inteligencia y apertura, cómo será aquello, y en ese diálogo –primera escuela de oración cristiana– la mujer de tú a tú con Dios, es la que propicia la presencia humana del Abba: Jesús.

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer… como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: Abbá, Padre. Así que ya no eres siervo sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios (Gal 4,4-7)

Los signos son para que entendamos por dónde anda Abba. Y nos hablan de una cueva, lugar que solemos esconder, tal vez lo identificamos con nuestra sombra, sin saber que ahí está la luz. Y nos hablan de unos astrólogos que siguiendo las estrellas se encuentran con Su estrella. Y nos dicen por dónde ir para encontrarla y por donde no ir.

Está claro, el único camino es el que evitamos.

Evitamos bajar a nuestra cueva, evitamos la intemperie por donde andan los pastores, los que también se dejan acompañar por las estrellas.

¡Qué poco nos gusta la noche! y sin embargo, es en el único espacio donde se pueden contemplar y disfrutar de las estrellas. Sólo que haya una luz artificial, ya brillan menos, y como consecuencia, nos cuesta discernir por dónde seguir.

Y nos dice Lucas, que la señal es encontrar a un niño envuelto en pañales…maravillosa descripción de la humanidad de Dios. Y a una chica: María que conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior (Lc 2,19).

Y yo sugiero que esta es una señal para nuestro mundo vacío de espiritualidad, cansado de una religión casi muda, o a veces, preferentemente muda.

La señal es que al inicio del cristianismo, está UNA MUJER QUE MEDITA.

Ella nos lo dice todo. Este es el arquetipo que hemos obviado y que mientras no lo atendamos y cultivemos, no veremos las estrellas, ni niños en las fronteras, ni mujeres consagrando la vida. Tampoco la madre de Jesús es digna del sacerdocio, por ser mujer (???)

Ella consagra su vida a educar al que nos dará la siguiente clave, la que llena la meditación silenciosa de Vida y futuro:

Al principio ya existía la Palabra, y la palabra era Dios. Ella contenía vida y la vida era la luz para la humanidad: esa luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la ha apagado… a los que la aceptan los hace capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen la adhesión a su persona… (Jn 1, 1ss)

María encuentra en el silencio reflexivo el consuelo, el camino y la fuerza para gestar la Palabra, como nosotros, cuando oramos desde el silencio, escuchando la Palabra que, como en ella, toma la forma del Cristo.

María nos abre el camino, hoy, primer día de un año, que se nos regala, y que es un gran interrogante, para que lo vivamos en plenitud, como hijas de Dios.

Que el Señor nos bendiga y proteja. Que nos ilumine y se fije en nosotrxs para que merezcamos ser llamadxs hijxs de Dios.

La meditación es la llave que abre la puerta a la cueva y que nos conduce a la Fuente. Es en ese silencio donde nos unimos con todas las personas de bien, de todas las religiones y espiritualidades, que han descubierto ahí la vida. Es la gran herramienta que puede enderezar el eje de nuestra vida y el del Planeta. Y, como siempre, todo empieza con una mujer. Feliz Año todas las mujeres, que como María de Nazaret bendecís, consagráis, predicáis, acompañáis la Vida.

¡Feliz y bien-empezado 2022!

Magda Bennásar Oliver, SFCC

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

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TEMPUS FUGIT: no todos los contemporáneos somos coetáneos.

sábado, 1 de enero de 2022
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3216003D-9DCF-4AA7-9159-666E142AF299-768x698Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

1.- Feliz año nuevo.

    En primer lugar: feliz tiempo, un año nuevo sereno, una vida tranquila en el Señor.

    Los seres humanos necesitamos fragmentar el tiempo para estructurar la vida, para romper el hastío del eterno retorno. Por eso organizamos el trabajo, las fiestas, las celebraciones.

Posiblemente el primer calendario está ya en el Génesis. Dios crea los astros de los que el hombre se ha servido para medir el tiempo, los ritmos de la vida, el día la noche. Al mismo tiempo encontramos una medición mítica de la semana y del trabajo: el primer día, el segundo, tercero, etc… y el séptimo descansó.

2.- Entre cronómetros y vivencias.

El tiempo: cuestión cultural

El tiempo es una cuestión cultural y comunitaria y ello en dos sentidos:

Todos vivimos al mismo tiempo, aunque no todos los que vivimos el mismo tiempo somos coetáneos. En el siglo XXI hay personas que viven en otra edad, en el siglo XVI, otros se han apuntalado en el XIX, etc. No todos los contemporáneos, somos coetáneos.

Por otra parte, el tiempo es una vivencia común y social de la realidad: trabajamos, celebramos las fiestas en común: los cristianos, el domingo; los judíos, el sábado, el Islam: los viernes.

3.- El telescopio espacial James Webb de la NASA

El día de Navidad se lanzó al espacio desde la Guayana Francesa un gran telescopio en el cohete Ariane 5; es una notable hazaña de ingeniería astronómica, que estará observando el espacio durante unos cinco años y nos ofrecerá muchos datos sobre el origen del Universo (pluriversos), pero al final nos quedará la gran cuestión, ¿quién, cuándo y cómo nació y puso en marcha los espacios siderales? ¿Cómo se produjo el paso de la nada al ser? ¿La materia es eterna?

Admitiendo de buen grado los datos que aportará la ciencia, los cristianos creemos que en el principio del tiempo y del espacio, estabas Tú, Señor, y al final del tiempo y del espacio, también estás tú, Señor. Cristo alfa y omega, principio y fin.

4.- Tiempo cronológico y tiempo vivido

Esta media noche las cadenas de televisión y radio nos han retransmitido con tanta precisión como estupidez las doce campanadas y, matemáticamente nos han dicho que ya estamos en el año 2022.

    Una cosa es el reloj, el cronómetro, las campanadas, el calendario y otra muy distinta el tiempo vivido.

El tiempo cronológico es algo distinto al tiempo vivido. Cuando uno está enfermo el tiempo es “eterno” y no pasa nunca. Cuando estamos sumidos en un problema, un conflicto, el tiempo es infinitamente más largo a cuando estamos en una situación amable, más o menos feliz.

No es lo mismo el tiempo cronológico, que el tiempo vivido.

5.- Tiempo cronológico y tiempo salvífico

Al tiempo vivido serenamente como salvación se le denomina kairós: tiempo salvífico.

El tiempo vivido como salvación tiene una duración amable o, cuando menos, llena de sentido.

6.- María meditaba y guardaba todas las cosas en su corazón.

    No es una cuestión fácil de dilucidar qué es el tiempo. Si no me preguntas, sé lo que es; en cuanto me preguntas, no sé lo que es, decía san Agustín

    Podíamos pensar que el tiempo es una cristalización, una densidad del transcurrir humano. El tiempo en realidad somos nosotros mismos, la memoria, “nuestra alma es el aula del tiempo” (San Agustín).

    María vio y vivió muchos acontecimientos que no entendía, o que seguramente le chocaban mucho, por eso fue la “primera creyente”. Desde el nacimiento de su hijo, Jesús, hasta su muerte (y resurrección), muchas cosas le resultaban chocantes e inexplicables. De ahí que María guardaba todas estas cosas en su corazón y les daría más de cuatro vueltas.

    María guardaba en su corazón lo vivido en el tiempo. La memoria, el corazón son el lugar del tiempo, de lo vivido, del kairós.

7.-  El consuelo del tempo es el mérito.

    Hay expresiones un tanto significativas y algo negativas sobre cómo vivimos el tiempo: “pasatiempos”, “matar el tiempo”.

La fugacidad del tiempo nos causa una cierta desazón, porque vamos perdiendo facultades, envejecemos, se nos olvidan las cosas, por otra parte un refrán dice: “no hay veinte años feos, ni sesenta bonitos”, etc. Quisiéramos amarrar el tiempo, pero no podemos. El tiempo se nos escapa como el agua entre las manos.

    El tiempo pasa rápido, tempus fugit, pero lo realizado queda,permanece. Cuando se vive con intensidad y trabajo, la existencia queda llena de mérito. El consuelo del tiempo es lo realizado, no el éxito, pero sí el mérito de lo realizado.Los minutos y los años pasan, lo vivido y realizado, queda.

8.- Como María.

    En estos días, y en el transcurrir de nuestra vida, tengamos la actitud de María, que meditaba todas estas cosas, guardándolas en su corazón.

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Los ángeles cantan, María medita, se encarna Dios (Vigilia de fin de año)

viernes, 31 de diciembre de 2021
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navidad-nacimiento-del-nino-dios-en-la-gruta-de-la-montanaDel blog de Xabier Pikaza:

Como otros cristianos, durante muchos años, he dedicado unas horas finales del año a evocar en oración  la gracia del año anterior, la tarea de Jesús y  la bendición del Año Nuevo

En ese contexto, este fin de año 2021, ofrezco unas ideas para aquellos que quieran cantar con los ángeles (Lc 2, 14), meditar con María (Lc 2, 19) y encarnarse con Jesús (Jn 1, 14)

El lector interesado puede centrarse en uno de esos textos o contemplar los tres unidos. A los que así hagáis, os deseo con Mabel, y Mikel, mi hermano, que os queráis y cuidéis unos otros, con unos  textos tomados de 40 palabra de Jesús.

1.CANTO DE ÁNGELES.

Gloria a Dios en el Cielo, paz en la tierra a los hombres

Texto: Lucas 2,8-14

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y el ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.»

La palabra ángel es un símbolo “teológico”. No hace falta que “creas” en ángeles-personas, con alas o sin alas, con cuerpo o sin cuerpo, con rostro más o menos masculino o femenino. Quizá no existen ángeles en ese sentido externo con sus nombres y su historia personal. Tengo en mi estantería un bellísimo libro dedicado a los Nombres y Propiedades de los ángeles en hebreo (Porciúncula, Asís 1994); es un gozo releerlo entrando en el imaginario simbólico de los ángeles. Desde ese plano simbólico ha de entenderse este pasaje.

Este evangelio  empieza hablando del Ángel de Dios en singular (melek Yahvé, angelos Kyriou), es decir, del mismo Dios que se hace mensajero y habla con los hombres, guiándoles en el camino, cantando, tocando instrumentos de música y bailando. Pero junto a ese ángel único, que es Dios, que anuncia la Navidad a los pastores (Lc 2, 10-12) se corporaliza y aparece, en la noche de Belén, el inmenso coro (orquesta divina) que canta al Dios hecho niño, repitiendo sin cesar el “gloria”: Gloria a Dios en la altura, paz en la tierra a los hombres, amados de Dios

Estos ángeles músicos, que rodean a Dios y que cantan su grandeza, aparecen con cierta frecuencia en la literatura tardía israelita, no sólo en la canónica (como en el libro de Daniel), sino en la apócrifa (como en los Libros de I Henoc). Ellos forman la corte de Dios, y le rodean y cantan, por miles de millones, como dice a lo largo de casi todas sus páginas el libro del Apocalipsis. Son seres celestes, cuya esencia es la música y cuya forma es la gloria, el fuego y la luz que se expande y rodea al misterio de Dios. Así aparecen aquí en torno al Excelso al que se llama Señor de los Ejércitos (Yahvé Sebaot), que forman un coro incontable de espíritu cantores. Así ensalzan en ese pasaje a Dios y a los hombres:

Gloria a Dios en las alturas. Gloria se dice en griego doxa, aquello que brilla y resplandece, como una luz, una gran claridad. Pero el sentido básico que recibe en este pasaje viene del hebreo, donde gloria se dice kabod, una palabra que está internamente vinculada a quien define en sentido propia. Entendida así, gloria es ante todo la riqueza y el poder, que se expresa en las grandes manifestaciones de los príncipes del mundo, y más propiamente en Dios.

La gloria de Dios se manifiesta en su teofanía, cuando libera a su pueblo victorioso en las aguas del Mar Rojo, y de un modo especial en el Monte Sinaí, cuando despliega su grandeza y revela a los hombres su ley. La misma gloria de Dios, expresada en la Nube que se posa sobre el Tabernáculo, dirige a los hebreos a través del desierto y se posa después y reside en el Templo de Jerusalén, sentado sobre Querubines (Ex 25, 18-21). Gloria es, pues, la dignidad y la grandeza insuperable del Excelso, a quien ningún ser humano puede contemplar sin morir.

Pues bien, la gloria, es decir, la grandeza y poderío, el honor y majestad de Dios se manifiesta de un modo especial, incomparable, en el nacimiento de Jesús, un simple niño. Esta es la paradoja cristiana, la novedad inefable del Dios que no expresa su poderío en el terror sagrado de las convulsiones agónicas del mundo, ni en la lucha y destrucción de los poderes adversarios (en una guerra y victoria escatológica), sino en el nacimiento de un niño, lo más frágil y pequeño de la historia humana, en la línea de aquello que había dicho Is 7, 14, al predecir la revelación de Dios en el niño Emmanuel, Dios con nosotros (cf. Mt 1, 23).

La gloria de los ángeles cantores (¡ejército celeste de paz!) se abre y despliega ante los pastores de Belén, hombres, en general, despreciados. Dios no anuncia la llegada de su Cristo a reyes y sacerdotes, sino a pastores, a quienes dedica la melodía de los ángeles del cielo.

Esos pastores que escuchan el canto de Dios en los campos abierto, fuera del poblado, ellos no tienen que hacer ningún ejercicio de meditación profunda, como los videntes de 1 Henoc 14, que preparan cuidadosamente el ascenso hasta el último círculo de Dios, sino que se limitan a escuchar. No tienen estudios superiores, no son especialistas religiosos, no cumplen las ceremonias sagradas del templo, pero han sido capaces de descubrir la presencia de Dios en el niño, compartiendo el canto de los ángeles.

Y sobre la tierra paz. Los ángeles cantan la gloria de Dios en la altura. Pero, a través, a través de una ampliación que es normal en la Biblia desde el Génesis 1,1-2 (al principio creó Dios los cielos y la tierra) pasan de la altura o cielo de Dios a la tierra de los hombres, traduciendo o expandiendo así gloria en forma de paz.

Ésta es la palabra clave: Paz se dice en griego eirene, palabra de la que viene “irenismo” y que significa concordia, tranquilidad, equilibrio. Pero es más significativa la palabra hebrea que está en su fondo, y que es shalom, que significa más que simple eirene. Shalom es prosperidad, felicidad, seguridad en sentido personal y social, pero es, al mismo tiempo, plenitud vital y personal, en todos los sentidos. No hay nada mayor ni más importante que la paz, pues el mismo Dios es Paz, Shalom, que se expresa y despliega en la vida de los hombres.

La novedad de nuestro canto está en que identifica la paz definitiva con el nacimiento de un niño al que no acogen en Belén, un niño a quien sólo reciben los pastores del campo, no los grandes habitantes de ciudad real de David, o de Jerusalén, la capital de los sacerdotes. Los ángeles de la gloria de Dios anuncian de esa forma la llegada y triunfo paz que se extiende sobre el mundo a través de los hombres y mujeres que son como estos pastores del campo, que vigilan y custodian sus rebaños en la noche.

A los hombres de (la) buena voluntad… Más difícil de traducir es esta última frase, que puede tener dos sentidos. El primero y más conocido consiste en tomar la palabra “buena voluntad” (es decir, la eudokía) como una propiedad de los hombres. Según eso, Dios ofrece su paz a los hombres, a través del niño que nace. Eso significaría en el fondo “paz para los buenos” (y para los malos, por tanto, guerra).

Pero desde una perspectiva bíblica, y en el contexto en que se encuentran los pastores, resulta preferible traducir esa palabra eudokiaa desde su trasfondo semita (en hebreo razôn«), diciendo “paz a los hombres de la buena voluntad de Dios”, es decir, a los hombres a los que Dios ama gozosamente, porque su hijo nace entre ellos. Aquí se expresa, por tanto, la “buena voluntad” de Dios, su gozo más alto, su placer supremo, que consiste en alegrarse y gozar con los hombres.

 El gozo de los ángeles de Dios que cantan anunciando la paz a los hombres es la manifestación suprema de su gloria, es decir, de su kabod más alto. Este pasaje, de tipo hímnico, nos sitúa ante el Dios que se goza con los hombres en la fiesta del nacimiento de su Hijo. Sólo por este gozo de Dios pueden los hombres alegrarse y vivir, compartiendo el misterio del mismo Dios.

2. MEDITACIÓN DE MARÍA

Lucas 2,16-21:

María guardaba todas estas cosas comparándolas en su corazón

 

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Los ángeles cantan (no piensan: Tocan instrumentos, bailan…). María en cambio piensa (esto es, medita): A ella le toca quedarse con el niño: Amamantar, limpiar, cuidad, educar al mismo Hijo de Dios. Por eso, ella tiene que meditar.

Las palabras de 2, 19 (meditaba todas estas cosas…), repetidas en Lc 2, 51 (tras la escena del niño perdido en el templo), muestran a María, Madre de Jesús, como expresión suprema de una fe pensante, de un pensamiento creyente y activo. Su pensamiento está centrado en el niño, que Dios mismo le ha dado (a ella y a José), en la forma de cuidarle.

Las “cosas” en las que María medita son aquí las referentes al nacimiento de Jesús en un campo de rebaños (fuera de Belén, ciudad donde sus “parientes” no le reciben), con el testimonio de los pastores que hablan de la manifestación del Ángel de Dios y el canto del coro de los ángeles (Lc 2, 1-8)…

María, arropada por José, piensa en el niño de descampado, como los miles y miles de niños del suburbio, de la cueva, de las villas barrosas, de la calle, barrida por el frío y por el viento. A María le ha “tocado” una buena: Por eso tiene que pensar en las cosas la vida del niño (de todos los niños del mundo), la tarea inmensa que el mismo Dios le ha confiado (a ella con José). Este pasaje nos sitúa ante la revelación de Dios que se realiza en obras y palabra (gesta y verba), conforme a la teología tradicional de la iglesia, aunque aquí encontramos antes “cosas que son palabras”, como seguiré indicando.

Todas estas cosas son como he dicho las referentes al nacimiento de Jesús. La terminología es básicamente hebrea, pues “cosas” se dice, que en sentido estricto significa “palabras”, es decir, aquello que se dice. Pero, desde el trasfondo del lenguaje hebreo que Lucas está empleando aquí, esas palabras/cosas en las que María medita sondebarim;, de dabar, cosa importante, asunto… . En esa línea, dabar no es la idea que simplemente se piensa, sino la cosa que se hace diciendo.  María piensa estas cosas (debarim),las que tiene que hacer, las que hará su niño; cosas de niño, más importantes que las de Herodes rey, más significativas que la de Augusto emperador.

Guardaba… María conservaba y recreaba “esas cosas”, y así las mantenía, de manera que ellas tenían no sólo una existencia fuera, sino también en su corazón. Eso significa que hay una conexión muy honda entre el mundo exterior y el interior, de manera que no pueden separarse. Pero ella no es simplemente un “depósito” donde se guardan la cosas que han pasado, sino que, al mantenerlas dentro de sí, María las recrea, tiene que cumplirlas, tiene que empezar una vida nueva al servicio del niño, de todos los niños del mundo[1].

Comparándolas También se podría decir “meditándolas”, porque la palabra griega aquí empleada (symbalein, como símbolo) tiene un sentido muy concreto de echar o poner dos cosas, una junto a otra (symballô). De esta forma se evoca un pensar por comparación, poniendo unas al lado de la otras dos o más partes o elementos de un todo, como se hace en el símbolo (que viene de la misma raíz). Esta palabra significa que María comparaba los acontecimientos del nacimiento de Jesús con el conjunto de su experiencia creyente y de la experiencia de su pueblo, como israelita que conocía las promesas de Dios y las palabras de los profetas. María sitúa su tarea de madre de Jesús en el contexto de la tarea de todas las madres, la más importante de todas las obras de la humanidad.

María aparece aquí como la primera “teóloga” en el sentido radical de la palabra, pues “teologar” no es un pensar en abstracto, sino repensar la tradición desde las nuevas circunstancias de la vida, desde su propia experiencia de Jesús. Estamos, pues, ante una meditación y teología de tipo histórico, concreto, reelaborando en la propia vida el proceso de los acontecimientos de la salvación.

En esta línea se mantiene la palabra hebrea tahageh:,meditar de un modo concreto sobre los acontecimientos y tareas de la propia vida, en el sentido incluso físico de “rumiar”, como un pensamiento que no se ha separado del movimiento de labios que se mueven produciendo un sonido característico. Esa es la hagôn omeditación clásica que aparece en la historia israelita, como pensamiento concreto de la vida, experiencia comprometida de vinculación personal con el despliegue de la realidad, y especialmente con la manifestación de Dios.

En su corazón. El lugar propio de esta meditación no es la mente que conoce ideas, sino el corazón que valora y compara experiencias. Así lo indica ya la palabra griega evn th/| kardi,a| auvth/j,, en su corazón (kardi,a) así entendido como “facultad de amar” (es el hogar del sentimiento y del afecto) y también de conocer en profundidad, como dice la bienaventuranza de los “limpios de corazón que verán a Dios” (Mt 5, 7). Cuando el corazón descubre y despliega las cosas con limpieza interior (no puramente externa) se abre a lo divino.

En este contexto es quizá más significativa la expresión hebrea: be-libba., en su corazón. Ciertamente, la palabra leb, corazón evoca en primer lugar el órgano físico vinculado con la respiración y la sangre; pero en sentido simbólico, alude al hombre entero en su capacidad de amar y pensar, de sentir y conocer en el sentido más profundo de la palabra. El corazón vincula al hombre con Dios, y con los demás hombres, para conocimiento y comunión de vida, aunque se puede convertir y se convierte también a veces en lugar de malos pensamiento y deseos.

El corazón de María es el lugar en el que Dios mismo viene a expresar el sentido de su revelación, es la sede de la palabra y del conocimiento salvador, vinculado de un modo especial con Jesús niño, que depende por un lado de ella, siendo por otro la expresión más honda del misterio de Dios. Significativamente este pasaje nos pone ante un corazón/pensamiento de mujer, que “medita” sobre Dios, deliberando y pensando con amor de madre en la suerte de su hijo.

3. LA PALABRA DE DIOS SE HIZO CARNE (Jn 1, 14)

Y habitó entre nosotros

Jn 1, 9-14: La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Los ángeles cantaban, sin más preocupación que la música de Dios. María meditaba con la gran preocupación y gozo que Dios les había dado (a ella y a José, en forma de niño)… Finalmente queda, en otro plano, el Dios que se ha hecho carne en el niño. El Dios que lo sabe y tiene todo, que tiene que aprender a ser niño, a ser hombre-persona, al servicio de todos. En la vigilia de esta noche, tras habernos puesto en el lugar de los ángeles (cantando) y en el de María (meditando), tenemos que ponernos en el lugar de Dios: Como si fuéramos Dios, como si tuviéramos que hacernos hombres.

Esta afirmación (Dios se hizo carne) constituye el centro de identidad del cristianismo (frente a griegos y judíos) al afirmar que el Logos que era Dios en el principio se hizo carne en la historia de los hombres. No es una sentencia para discutir. Aceptada o no. ella ha de ser bien situada desde la perspectiva del Dios que se encarna, que nace y vive en (con) los hombres. Leer más…

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Hallan un anillo de la época romana con la imagen de Jesús el Buen Pastor

miércoles, 29 de diciembre de 2021
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3F83AF28-B899-4528-8AA8-E3BB062DD61FLa pieza, excepcional, sería la primera prueba de una comunidad cristiana en Oriente

La joya, de oro y con una piedra preciosa incrustada, fue encontrada en el fondo del mar Mediterráneo por arqueólogos israelíes

Los cristianos llamados primitivos, los de los primeros siglos, cuando el cristianismo era una religión semi clandestina y perseguida, representaban a Jesús como un pastorcillo, que llevaba una oveja sobre los hombros

La pieza es parte del hallazgo submarino de un tesoro mayor que incluye monedas de plata romanas y medievales. El cálculo de los especialistas es que datan del siglo III.

Arqueólogos israelíes hallaron un anillo con la imagen de Jesús como pastor en los primeros tiempos del cristianismo. Está hecho de oro y la representación tallada sobre piedras preciosas verdes.

Los investigadores se encontraron con este tesoro frente a lo que fue alguna vez elpuerto de Cesarea, cuna de las primeras comunidades cristianas. Junto a él, figuras de la época romana y cientos de monedas de plata y bronce procedentes de dos barcos naufragados en el siglo VI y XVII.

Los cristianos llamados primitivos, los de los primeros siglos, cuando el cristianismo era una religión semi clandestina y perseguida, representaban a Jesús como un pastorcillo, que llevaba una oveja sobre los hombros.

1F1DAF52-5D14-4F1E-8D2D-39A40B2581E3La imagen inicial de Jesús, que iría cambiando con el tiempo, era la de un joven, el buen pastor, cargando un cordero. Según algunos, esta representación de Cristo era también una imitación de Apolo, como una forma de eludir la censura romana.

Es por eso que el descubrimiento de esta joya tiene gran significación histórica, ya que de verificarse su autenticidad confirmaría que esa era la representación de Jesús para los primeros cristianos. En el anillo, la figura de Cristo está tallada sobre una piedra preciosa verde.

La pieza es parte del hallazgo submarino de un tesoro mayor que incluye monedas de plata romanas y medievales. El cálculo de los especialistas es que datan del siglo III.

Tras el anuncio de este descubrimiento por parte de las autoridades israelíes, Robert Kool, jefe del departamento de monedas del país, dijo que el anillo es una pieza “excepcional” y que posiblemente el conjunto hallado provenga de “un barco romano originario de Italia” debido al “estilo” de algunos de los artículos encontrados.

En los Evangelios, los libros que relatan la vida de Jesús en el Nuevo Testamento, Cristo se presenta a sí mismo como el pastor que protege a su rebaño de fieles. Y una de sus parábolas más conocidas apela justamente a esa imagen.

El tesoro fue descubierto por un grupo de arqueólogos de la Unidad de Arqueología Marina de Israel como resultado de una exploración submarina de dos meses en la zona. Entre las piezas encontradas, además del anillo y las monedas, hay campanas, clavos, cerámicas, figurillas y un ancla de hierro. Todo fruto de naufragios ocurridos hace 1.700 años aproximadamente frente a la costa de Israel en proximidades del antiguo puerto de Cesarea ubicado a 45 kilómetros de Tel Aviv.

Imágenes similares a la de Jesús que aparece grabada en el anillo recién descubierto fueron halladas en las catacumbas en las que se refugiaban los cristianos en tiempos de la persecución por los romanos.

417A8EC0-6A36-4B5A-9A2F-244258956B3C-768x506Cesarea fue una zona de gran actividad de la Iglesia cristiana primitiva -la de los primeros años tras la muerte de Jesús hasta comienzos del siglo IV cuando el culto cristiano fue legalizado (el Edicto de tolerancia es del año 313)-; allí se implantó una de las primeras comunidades de seguidores de Jesús y fue en esa ciudad donde el apóstol Pablo bautizó a Cornelio el Centurión, primer gentil (no judío) en convertirse al cristianismo.

Desde ese punto la religión cristiana empezó a difundirse por todo el mundo, en un proceso de expansión sostenida y exitosa. Aquella comunidad primitiva tuvo un fuerte impulso evangelizador y se expandió por todo el mundo entonces conocido. El propio Pablo fue un incansable viajero. El hallazgo del anillo sería una confirmación más de estas características de la región.

Israel es escenario de frecuentes hallazgos arqueológicos de connotaciones bíblicas, tanto relacionables con el Antiguo como con el Nuevo Testamento. Uno de los hallazgos más importantes del ultimo medio siglo, es el de la ciudad de Magdala, de donde era originaria María Magdalena, la seguidora de Jesús, un personaje clave de los Evangelios. Puerto sobre el Mar de Galilea, Magdala era una ciudad muy importante y económicamente desarrollada en los tiempos de Jesús.

Fuente Religión Digital

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“Pautas para educar en la Fe en familia”. Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52)

domingo, 26 de diciembre de 2021
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Es mucho lo que se puede hacer. En primer lugar, preocuparse de que el hijo reciba una educación religiosa en el colegio y tome parte en la catequesis parroquial. Luego, seguir de cerca esa educación que está recibiendo fuera del hogar, conocerla y colaborar desde casa apoyando y estimulando al hijo. En el hogar, actuar sin complejos, sin esconder o disimular la propia fe. Esto es importante para los hijos.

Nuestra conducta transmite una imagen de Dios

A través de su conducta, sin darse cuenta, transmiten una imagen de Dios a sus hijos. La experiencia de unos padres autoritarios y controladores va transmitiendo la imagen de un Dios legislador, juez vigilante y castigador. La experiencia de unos padres despreocupados y permisivos, ajenos a los hijos, va transmitiendo la sensación de un Dios indiferente hacia todo lo nuestro, un Dios como inexistente. Pero si los hijos viven con sus padres una relación de confianza, comunicación y comprensión, la imagen de un Dios Padre se va interiorizando de una manera positiva y enriquecedora en sus conciencias.

En la educación en la fe, lo decisivo es el ejemplo

Que los hijos puedan encontrar en su propio hogar «modelos de identificación», que no les sea difícil saber como quién deberían comportarse para vivir su fe de manera sana, gozosa y responsable. Solo desde una vida coherente con la fe se puede hablar a los hijos con autoridad. Este testimonio de vida cristiana es particularmente importante en el momento en que los hijos, ya adolescentes o jóvenes, van encontrando en su mundo otros modelos de identificación y otras claves para entender y vivir la vida.

No todas las actuaciones de los padres garantizan una educación sana de la fe

No basta, por ejemplo, crear hábitos de cualquier manera, repetir gestos mecánicamente, obligar a ciertas conductas, imponer la imitación… Solo se interioriza lo que se experimenta como bueno. Se aprende a creer en Dios cuando, a nuestra manera, tenemos la experiencia de un Dios bueno. La fe se aprende viviéndola gozosamente. Por eso educan en una fe sana los padres que viven su fe compartiéndola gozosamente con sus hijos.

José Antonio Pagola, Dejar entrar en casa a Jesús
PPC, Madrid 2018, 79-80

 

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“Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros”. Domingo 26 de diciembre de 2021. Sagrada Familia

domingo, 26 de diciembre de 2021
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06-sagradafamilia (C) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127, 1-2. 3. 4-5: Dichosos los que temen al Señor.
Colosenses 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor.
Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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