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Magda Bennásar: Poseo la unción interior del espíritu.

sábado, 22 de enero de 2022
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Estos días los textos que la comunidad cristiana nos propone hablan tanto del amor, del ser hijxs… que podemos pasar rápido. Pero no, no lo hagas, no te lo pierdas. Aquí está el tesoro. Entrar en esta cueva habitada de nuestra interioridad y escuchar, escuchar y Creer.

Creer que a través de todo el montaje navideño se nos comunica algo: «Si sabéis que él es justo, deducid que todo el que practica la justicia ha nacido de él» (1Jn 2,29). Los textos hablan de nuestro nacimiento, no del de Jesús hace un montón de siglos, sino de nuestro nacimiento en el Espíritu.

Saber es conocer. Si conozco a Dios, sé que la primera característica del que ha nacido de Dios es la práctica de la justicia-amor-compasión. Esta palabra tiene muchos significados y a la hora de nuestros compromisos podemos perdernos parte de su contenido bíblico.

La injusticia es el pecado que consiste en impedir la Vida de la persona porque es rebelión contra Dios cuyo deseo es que toda persona alcance su plenitud. Esto es mucho más que dar pan, evitar la enfermedad, educar… es descubrir, comunicar, que todxs tenemos los mismos derechos como hijxs de la familia de Dios. Cada cual con su Dios, pero la fuente común es sólo una: el amor.

Quien vive como nacido de Dios no comete pecado (injusticia), porque lleva dentro la semilla de Dios. Luego quien no practica la justicia, quien no ama, no es de Dios. Será el amor de obra la prueba visible de que la persona posee la Vida, de que la persona tiene a Dios. Luego la justicia es la conducta y criterio que permite establecer la autenticidad de la experiencia interior (1Jn 14a).

La conducta manifiesta el ser de la persona y muestra a quien damos nuestra adhesión. Una definición de pecado es que es la opción por una ideología (tiniebla) que frustra el proyecto creador al suprimir en las personas la vida o la aspiración a ella, impidiendo la búsqueda de la plenitud.

Por eso titulo esta reflexión «Poseo la unción interior del Espíritu», porque es increíblemente potente nuestra capacidad de dar vida o simplemente enterrar el talento.

Ese talento es la semilla de Dios en nosotrxs. Me duele ver que por orgullo herido o malos entendidos podemos romper la relación (el amor) entre personas, rompiendo así la cadena de bondad y perdón que es nuestra identidad. ¿Es injusticia no perdonar? ¿Es injusticia negarle la palabra a alguien? ¿Es injusticia proyectar en otrxs nuestra tiniebla? Desde estos textos sí es injusticia todo lo que no es amor, que implica y da por supuesto el compartir nuestros bienes con los menos afortunados, sabiendo que bienes son también y sobre todo la inteligencia, la espiritualidad, la cultura, la capacidad creativa que no podemos desaprovechar porque es una prueba más de que somos de la familia de Dios.

Y sobre todo ¿Es injusticia no comunicar la Palabra, dando las herramientas para que la persona la descubra? Es a través de ella que descubrimos nuestra identidad, encontrando así el amor y la plenitud que nada ni nadie puede darnos.

Reconozco que no nos han formado con estas verdades como base de todo. Pero, estamos a tiempo de optar por seguir viviendo desde unas claves u otras.

Me da pena que sólo entendamos, en general una definición de justicia, sin comprenderla en su sentido profundo. Es decir, que si descubrimos la libertad interior, tendremos la fuerza y luz para ser más proféticxs en el anuncio y la denuncia. Vivamos y comuniquemos a las personas que poseemos y poseen esa unción interior del Espíritu. Es el mejor regalo de Reyes que le puedes hacer a alguien.

Seguimos agradeciendo los donativos para Filipinas que mañana por la tarde enviaremos. Hasta ahora 1040 € colectados. Las hermanas de allá no se cansan de agradecer y decirnos que rezan por todos nosotros, los que hemos compartido y los que no.

Feliz Tiempo de Navidad.

Magda Bennásar Oliver, SFCC

Fuente www.espiritualidadintegradoracristiana.es

 

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Este fin de semana de Martin Luther King todavía tengo sueños

jueves, 20 de enero de 2022
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La publicación de hoy (domingo 16 de enero) es del colaborador invitado, el padre Bryan Massingale, profesor de teología que ocupa la cátedra James and Nancy Buckman en ética cristiana aplicada en la Universidad de Fordham, Nueva York. Un sacerdote abiertamente gay, el p. Massingale ha escrito y predicado extensamente sobre justicia racial y también sobre temas LGBTQ. Para una reflexión previa que Massingale escribió para Bondings 2.0, haga clic aquí. Para obtener más cobertura de su defensa de las personas LGBTQ, haga clic aquí.

Un amigo compartió conmigo fotos de su reciente matrimonio con su esposo. Mientras miraba los rostros de la radiante pareja, uno negro, el otro blanco, me dio una nueva perspectiva sobre la lectura del evangelio de hoy. El evangelio de Juan nos dice que la primera señal pública de Jesús del amor de Dios entre nosotros sucedió en una boda. Su primer milagro fue bendecir el amor humano uniéndose a la gozosa celebración. Su primer acto público como Radical Love Incarnate fue multiplicar el amor humano al obsequiar a la pareja con un vino aún mejor del que jamás podrían obtener. Las acciones de Jesús afirmaron que donde se encuentra el amor humano, abunda el amor de Dios.

Este fin de semana celebramos la vida y el ministerio de Martin Luther King, Jr. Es un momento para recordar cómo las personas valientes desafiaron a su nación (¡y a sus iglesias!) por excluir a los hijos de Dios tildándolos de inferiores, tratándolos como extraños, considerándolos como criaturas subhumanas indignas de la decencia básica y no merecedoras de igual justicia. Sin duda, escucharemos grabaciones este fin de semana del sueño de King de una nación donde “la justicia fluya como las aguas, y la rectitud como un impetuoso arroyo”. Es un sueño que es aún más aspiración que realidad.

Es fácil, quizás demasiado fácil, para los miembros de la comunidad LGBTQ ver profundos paralelismos entre nuestros sueños y los de los activistas de derechos civiles de una época que aún está viva en la memoria. A pesar del reconocimiento legal de nuestras relaciones comprometidas y las nuevas protecciones (al menos en los Estados Unidos) contra la discriminación en el empleo y la vivienda, algunos de nosotros todavía debemos luchar por la simple cortesía de ser llamados con nuestros pronombres correctos. Algunos de nosotros tememos por nuestras vidas si salimos de nuestras casas con ropa que refleje nuestra identidad de género. Muchos jóvenes estudiantes queer soportan un aislamiento debilitante y un acoso despiadado en sus escuelas y familias. Muchos sacerdotes y mujeres y hombres religiosos con votos enmascaran su sexualidad por miedo. Y el matrimonio de mis amigos católicos se celebró en una iglesia protestante porque, en palabras de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, “Dios no puede bendecir el pecado”.

A pesar de los logros y avances de los últimos años, la lucha de las personas LGBTQ por la decencia y la igualdad sigue siendo, en palabras del poeta Langston Hughes, “un sueño postergado”.

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El reverendo Martin Luther King, Jr., a la izquierda, con Bayard Rustin  un hombre gay, que fue colega de King y el principal organizador de la histórica Marcha de 1963 en Washington en la que se pronunció el famoso discurso “I have a dream, («Tengo un sueño».

Pero quiero advertir que no se debe avanzar demasiado rápido para ver los profundos paralelismos entre la búsqueda de King por la justicia racial y los esfuerzos LGBTQ por la igualdad de justicia. Porque la triste y difícil verdad es que tantos espacios LGBTQ blancos no dan la bienvenida a la gente queer de color.

La verdad es que muchos en la comunidad LGBTQ verían las fotos de la boda de mis amigos y, en lugar de ver un amor alegre, considerarían su unión con desconcierto, chistes sarcásticos y especulaciones racistas sobre su vida sexual. A demasiados hombres homosexuales negros y mujeres lesbianas se les ha dicho que no somos objetos de deseo amoroso sino solo un gusto exótico o un fetiche. Cuando las personas de color cuentan sus experiencias de acoso racial e injusticia en los espacios LGBTQ, escuchamos que no son la preocupación de esta organización ni los lugares para tal discusión. De hecho, algunos lectores de este blog se preguntarán por qué hablo de Rey y raza en una columna dedicada a reflexiones sobre las lecturas litúrgicas dominicales.

La actitud demasiado frecuente es que hay espacios extraños y espacios negros, y nunca los dos se encontrarán. Demasiadas personas queer de color experimentan los espacios católicos como una magnificación de sus luchas por amarse a sí mismos en un mundo que valora la blancura y la rectitud cuando no lo son.

El evangelio de hoy muestra a Jesús como Amor Radical Encarnado bendiciendo y afirmando el amor humano. El primer milagro de Jesús revela el sueño de Dios para la humanidad, es decir, un mundo donde los seres humanos reconozcan la belleza, la dignidad, el valor y la valía de los demás. Sin embargo, como recordó King cerca del final de su vida, a veces vio que su sueño se convertía en una pesadilla, ya que la nación seguía obstruyendo el acceso de los negros a las cabinas de votación, negando la igualdad de oportunidades educativas y de vivienda, y tratando sus vidas con cruel indiferencia.

Sin embargo, dijo que todavía tenía un sueño: “Sí, yo personalmente soy víctima de sueños diferidos, de esperanzas arruinadas, pero a pesar de eso todavía tengo un sueño, porque sabes, no puedes rendirte en la vida. . Si pierdes la esperanza, de alguna manera pierdes esa vitalidad que mantiene la vida en movimiento, pierdes ese coraje de ser, que te ayuda a seguir a pesar de todo”.

Y así, yo también, todavía tengo sueños. Sueño con un momento en que la comunidad LGBTQ vea el racismo como su problema porque ya es nuestro problema.

Sueño con el día en que dos hombres y dos mujeres puedan presentarse ante nuestra Iglesia, proclamar su amor y bendecirlo en el sacramento del matrimonio.

Sueño con una Iglesia que celebre con entusiasmo los amores entre personas del mismo sexo como encarnaciones del amor de Dios entre nosotros. Sueño con una Iglesia donde los sacerdotes homosexuales y las hermanas lesbianas (¡y, un día, los sacerdotes lesbianas!) sean reconocidos como los líderes santos y fieles que ya somos.

Sueño con un mundo donde los jóvenes queer de Honduras, El Salvador, Ghana y Afganistán puedan salir de su escondite y vivir sin miedo.

Sueño con una Iglesia donde los empleados LGBTQ y los maestros de escuela puedan enseñar a nuestros hijos, servir al pueblo de Dios y afirmar sus vocaciones, sexualidad y amores comprometidos.

Sueño con una comunidad comprometida no solo con el respeto por la diversidad sexual, sino también con la justicia migratoria y la igualdad de derechos de voto.

Sueño con una comunidad LGBTQ que sea tan apasionada por la justicia para las personas trans negras y marrones como por la justicia para los hombres blancos cisgénero.

Sueño con una Iglesia que reclame el Día del Rey como su propia fiesta, y no como algo que celebramos para los negros.

Sueño con una comunidad LGBTQ que adopte su diversa paleta de tonos de piel como un maravilloso reflejo de la propia vida interior de diversidad de Dios.

Y finalmente, sueño con una Iglesia que refleje la alegría del banquete de bodas en Caná, donde las personas de todas las razas, géneros y sexualidades se regocijen ante la presencia del amor, y se comprometan a hacer un mundo donde las personas de todos los géneros y razas vivir la plenitud de vida que Dios desea para todos.

—Fr. Bryan Massingale, January 16, 2022

Fuente New Ways Ministry

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Bodas de Caná 2: Lo que falta a la iglesia, ser fiesta del vino

lunes, 17 de enero de 2022
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Del blog de Xabier Pikaza:

Algunos pensarán que faltan otras cosas. Un Papa de “altura”, mejores obispos, buenos curas, cristianos más eficientes, quizá algo de dinero, instituciones que funcionen… A pesar de ello, mantengo lo dicho: Lo que falta es vino. Hay tuberías y fontaneros, maestre-salas y criados… Pero como dijo la madre de Jesús, hace 2000 años, falta vino.

Hay novios compuestos, hay agua en abundancia,ritos de purificaciones (misas y todo lo demás, con fontaneros añadidos), pero falta el vino, y mientas falta la «cosa»no funciona.

Así lo vio Jesús y, después de haber resuelto el tema de Caná(Jn 2, 1,-13). Tomó a sus discípulos (que eran unos siete), a los que había llamado de entre los seguidores del Bautista, y  subió con ellos a Jerusalén, donde querían celebrar grandes fiestas de Pascua. Pero los sacerdotes habían abandonado la “tarea” que Dios les había encomendado y (¡por hacer algo!)  se dedicaron a crear un emporio de dinero en el templo.

Viendo destruir así la «fiesta de la religión», Jesús Sintió que le crecía por dentro la “ira de Dios” y expulsó a todos los “mercaderes” (compradores y vendedores…) del templo, diciendo “habéis convertido la casa de “mi padre (casa de vino, de fiesta de vida y amor en un emporio de egoísmo, de sometimiento y dinero» (Jn 2, 14-17).

Introducción.

    Así comienza el evangelio. Después de haber presentado  (Jn 1)  el origen “divino/humano” de Jesús y su relación con Juan Bautista y con unos cuantos amigos y los que les invitó a que le siguieran, Jesús viene a Cana para ofrecer vino de reino en unas bodas y sube después a Jerusalén, para echar del templo a unos sacerdotes que habían abandonado la fiesta de Dios y se dedicaban a su «dinero religioso».

Como dije ayer, el lema y proyecto de Jesús era “convertir el agua en vino”, inaugurando así laverdadera “fiesta de la vida”. Y para ello no tuvo más remedio que subir al templo de Jerusalén con el látigo. Éste es un tema sobre el que vengo pensando desde que, en el 2003, tuve que dejar la enseñanza oficial de teología en una Universidad de la Iglesia. Si Dios me da salud,la Covid 19 lo impide y Mabel sigue acompañando, un comentario al evangelio de Juan. Tengo para ello bastantes materiales, tanto en un libro titulado Fiesta del Pan, fiesta del vino, como en el Diccionario de la Biblia.

Comprenderá el lector amigo que no es momento ni lugar para presentar aquí esos materiales. Me limitaré a evocar algunos de sus elementos centrales. No hará falta decir que el vino no sólo  es un simple licor producido a partir de la uva, sino un signo de la fiesta de la vida, de la vida de la Iglesia.

   El pan es necesario para vivir (se puede vivir a pan y agua, sin fiesta). El vino, en cambio es la fiesta. A no ser que seamos capaces de crear una fiesta mejor de vino y esperanza, de gozo y gratuidad, de enamoramiento y bodas (si nos quedamos en los novios tristes de Jn 2, 1-12, a puro pan y agua, y en los sacerdotes y políticos avaros de Jn 2, 14-17), de puro negocio económico y opresores) la vida humana se seca y muere en unas pocas generaciones.  Esto se nos va. Se nos va la religión, al estilo antiguo, pocos años le queda. Se nos va le economía y la política, sólo le quedan algunos decenios…

Esto de animar la “fiesta de la vida”, en gozo y esperanza, en gratuidad y enamoramiento… esto que llamo “vino” es la verdad y futuro de la vida humana. En esa línea he querido resumir aquí algunas reflexiones (recogiendo algunos apuntes) que he venido publicando en los dos libros arriba indicados y en algunos otros. Buen día de vino para todos.

 1.APUNTES SOBRE EL ANTIGUO TESTAMENTO

 Con el pan y (y el aceite) el signo básico de la sacralidad y abundancia de la tierra es el vino. Tiene un carácter ambiguo: está vinculado al riesgo de embriaguez, pero se utiliza, de un modo especial, en las fiestas y ofrendas del templo. El vino se menciona frecuentemente en las listas de ofrendas que se presentaban a las divinidades en los sepulcros o en los templos del oriente y aparece en los cultos de los dioses del entorno, de  Attis o Mitra , lo mismo que de Dionisio. La famosa «confesión de fe» de Sal 16, 3-4 está vinculada al rechazo de las libaciones paganas: «No ofreceré sus libaciones con mis manos, ni mis labios pronunciarán sus nombres» (el nombre de los dioses a quienes se consagra el vino).

Fiesta del vino. El libro de los Jubileos.

Los israelitas celebraban una fiesta del vino, vinculada a los → Tabernáculos; pero los textos actuales de la Biblia parecen haberla silenciado, quizá para evitar malos entendidos dionisíacos (de embriaguez). Por eso, los grandes catálogos legales (Ex 23, 14-19; 34, 18-23; Dt 16, 1-16; Lev 23) no han transmitido o legislado nada sobre ella. Por otra parte, el relato donde podía haberse trasmitido el origen de la fiesta del vino (Gen 9, 20-27) está dedicado en la Biblia actual a la embriaguez de Noé y al comportamiento de sus hijos. Pero lo que no ha conservado la Biblia oficial o canónica, lo han conservado algunos apócrifos, como el libro de los Jubileos, que tenía un gran influjo en tiempos de Jesús y que cuenta la instauración de la fiesta del vino:

 «En el séptimo septenario de este jubileo, en su primer año, plantó Noé una viña en el monte donde se había posado el arca… Dio fruto al cuarto año, la vendimió ese año, en el mes séptimo guardó su fruto. Hizo así mosto, lo puso en una vasija y lo conservó hasta el quinto año, hasta el primer día del primer mes. Celebró ese día la Fiesta con regocijo e hizo un holocausto al Señor… Colocó toda la grasa en el altar en el que ofrecía el holocausto al Señor y añadió la carne de la ternera, el carnero y las ovejas. Puso encima masa (de harina) con aceite, luego derramó vino en el fuego que había encendido sobre el altar y echó incienso encima, levantando un buen aroma agradable al Señor, su Dios. Se regocijó y bebió de este vino él y sus hijos con gozo» (Jub 7, 1-6).

          Este pasaje del libro de los Jubileos, que los judíos del tiempo de Jesús conocían de memoria,  recoge el nacimiento de la cultura humana tras el diluvio. Este pasaje  conserva la tradición más antigua de Israel en la que Noe aparece como figura paradigmática: patriarca de nueva humanidad, iniciador de las fiestas de Israel, una de las cuales estaba dedicada a la elaboración y bebida del vino nuevo. Aquí se dice que Noé ha elaborado el vino para Dios y así lo derrama cuidadosamente sobre el altar donde, con la grasa de los animales sacrificados y la masa de harina amasada en aceite, se iba consumiendo la carne de los sacrificios.

            La libación de vino va unida al incienso aromático y el humo de la combustión se eleva hacia la altura, siendo recibido por Dios. Sólo después de haber sacralizado las primicias del vino, Noé y sus hijos consumen regocijados el resto, en fiesta de gozo. Por eso, toman ritualmente la bebida que el mismo Dios ha recibido y sacralizado, inaugurando el tiempo del vino, que se repite y actualiza cada año, el primer día del mes primero.

            La cultura antigua ha nacido y se ha desarrollado a partir de la fiesta y gozo del vino,  con los grandes valores (y los grandes riesgos) que ello ha supuesto. Podemos dejar aquí a un lado otros elementos de la fiesta del vino en al AT y en el judaísmo, tato en los grupos un poco “heterodoxos” (los de Qumrán) como en los más ortodoxos que desembocan en la Misná, con el judaísmo rabínico. De todos ellos he tratado con cierta detención en mi libro Fiesta del pan, fiesta del vino.  No es momento de repetir lo allí dicho.

2.ANOTACIONS SOBRE JESUS

DD516C42-ED4B-4F69-94D1-621AD1C62F8F A Jesús le han acusado de comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores(Mt 11, 19; Lc 7, 34). Evidentemente, ha sabido disfrutar del vino y lo ha bebido, en solidaridad con los marginados de su pueblo, ofreciéndoles la promesa y garantía del reino de que podrán terminar celebrando la fiesta del vino en el Reino de Dios. Así lo ha recogido, con toda precisión  uno de los más significativos (¡y más históricos)  de los evangelios, donde Jesús (tras subir a Jerusalén para su obra final)  jura y promete a sus amigos diciendo:

  • «En verdad os digo,
  • ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba nuevo
  • en el reino de Dios» (Mc 14, 25 par).

Éste ha  sido el último brindis de Jesús, el brindis de la última cena, el compromiso final de su vida.  Ha prometido un “reino de vino” para todos, no un reino de ayuno y penitencia, no un reino de ley, con muchos mandamientos…. Les ha prometido una fiesta de bodas. Les ha dicho “no ayunéis”. Les ha dicho: Vestid vuestras mejores vestiduras, vivid de bodas, pues la vida de los creyentes es una boda de amor… No ayunéis, amaos y compartir la vida en amor unos con otros (Mc 2, 18-22).

Éste es uno de los pasajes más enigmáticos y fuerte de Jesús, el más arriesgado de todos. Ha echado del templo a los compradores y vendedores, se ha liberado de todos los “legalistas religiosos” que han convertido la vida en ayuno de ley (al servicio del poder de algunos), y les ha dicho a todos que aprendan a gozar, viviendo de bodas compartidas, abiertas a todos los hombres y mujeres del mundo.

           En esa línea se mantienen y culminan las palabras de la última cena. En un sentido “Jesús ha fracasado”; los “grandes” de su tiempo, centuriones de legión y sacerdotes de templo no han creído en su mensaje, no han aceptado su camino de fiesta universal, y han decidido meterle, porque la vida de los hombres y mujeres no es fiesta de amor abierto a todos, sino ley de sometimiento religioso, político y económico. Y por eso han decidido matarle.

           Pero él, sabiendo que iban a matarle, dejó en herencia, dejó como testamento  la fiesta del Pan y del Vino. La fiesta del pan: (A) Creer en él, en el Dios de su reino, es compartir entre todos el pan, el pan de cada día (Padrenuestro), con el perdón de las deudas…Comer juntos, compartir el pan, esa es la fe del Dios de Jesús, ese es el comienzo de la fiesta de la vida de Jesús.

     Pero él no ha querido que sus amigos se limiten a comer… Ha querido que beban juntos, que compartan la fiesta del vino, del gozo y la belleza de la vida. Desde aquí se entiende su “testamento” de vino:

(a) Tomó una copa (potêrion)…La copa de vino compartido es la señal más honda de amistad, de compromiso de fiesta y comunión de vida, como decía el Sal 116, 5: «Dios es mi  Copa de vino”, Dios es nuestra fiesta.  Así bebe Jesús la última copa, con sus amigos.  No les dejav abandonados, perdidos, sobre un mundo adverso. El mismo vino que bebe con ellos, fruto de la tierra y del trabajo humano, producto de fermentación de la uva, es signo del cuidado de Dios, expresión del valor de la vida, camino de esperanza de amor, de futuro.

(b)  Jesús no les ofrece una sesión de ayuno, hierbas amargas, en plano de sudores, sino el más gozoso y bello producto de la tierra mediterránea: el vino. El vino no es bebida diaria de los pobres, sino que implica riqueza y alegría. En ese sentido, Jesús quiere que sus discípulos puedan vivir en alegría y riqueza, bebiendo ya en este mundo el vino prometido para el Reino (cf. Mc 14, 25).

(c)Y bebieron todos de ella, de la copa, en gesto muy preciso de participación. Por un lado se dice que bebieron todos, por otro que bebieron de la misma copa, compartiendo de esa forma el mismo vino En esta fiesta emerge la más honda exigencia de solidaridad y justicia humana. En sentido estricto, las palabras interpretativas: «esta es la Sangre de mi alianza» (Marcos y Mateo), «es la nueva Alianza en mi Sangre» (Pablo y Lucas), no eran necesarias, pues el gesto en sí resulta elocuente: Jesús, un perseguido, mensajero del reino, amenazado de muerte, ofrece a sus amigos una copa de vino, en signo de solidaridad y esperanza escatológica (como ha destacado Mc 14, 25). Pero ayudan a entender el gesto. Para los israelitas, la sangre es el mayor de todos los tesoros, la sangre es la vida (como dice el libro del Levítico). Jesús les da su propia “invitándoles a vivir” por él y como él, superando así   los pecados y egoísmos del mundo.

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“Vino bueno”, 2º Tiempo ordinario – C (Juan 2,1-11)

domingo, 16 de enero de 2022
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02-TO-CJesús ha sido conocido siempre como el fundador del cristianismo. Hoy, sin embargo, comienza a abrirse paso otra actitud: Jesús es de todos, no solo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la humanidad.

Nadie en Occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones. Nadie ha expresado mejor que él las inquietudes e interrogantes del ser humano. Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas. Nadie se ha acercado al dolor humano de manera tan honda y entrañable. Nadie ha abierto una esperanza tan firme ante el misterio de la muerte y la finitud humana.

Dos mil años nos separan de Jesús, pero su persona y su mensaje siguen atrayendo a muchos. Es verdad que interesa poco en algunos ambientes, pero también es cierto que el paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni amortiguado el eco de su palabra.

Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y trasciende toda religión, para invitar directamente a los hombres y mujeres de hoy a una vida más digna, dichosa y esperanzada.

Los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva. De él recibían un aliento diferente para vivir. Sin él, todo se les volvía de nuevo seco, estéril, apagado. El evangelista Juan redacta el episodio de la boda de Caná para presentar simbólicamente a Jesús como portador de un «vino bueno», capaz de reavivar el espíritu.

Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana. Él puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”. Domingo 16 de enero de 2022. 2º domingo del Tiempo Ordinario.

domingo, 16 de enero de 2022
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10-ordinario2 (C) cerezoDe Koinonia:

Isaías 62, 1-5:La alegría que encuentra el esposo con su esposa.
Salmo responsorial: 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
1Corintios 12, 4-11: El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece.
Juan 2, 1-11: En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos.

La vida de Jesús se desarrolló dentro de la normalidad propia del ambiente cultural y la religiosidad de un judío del primer siglo de nuestra era. Los discípulos descubren a Jesús como un hombre normal, en un ambiente normal y sin ningún tipo de manifestaciones espectaculares o extraordinarias. Esta realidad de una vida normal en Jesús, hace que entre los discípulos y él no haya ningún tipo de distanciamiento, antes por el contrario, una vida verdaderamente humana como la de Jesús, hace que su experiencia del Dios sea más creíble y mucho más accesible a la conciencia y a la vida de los que le escuchan y le siguen. La actitud de Jesús, sin ningún tipo de pretensión, va revelando una nueva imagen y un nuevo concepto de Dios. Dios ha dejado de ser ese ser extraño y lejano, que atemoriza al ser humano, y toma la característica del Dios original de Israel, el Dios que camina con su pueblo.

Para la lógica del Evangelio de Juan, el Banquete es un tema fundamental en la teología del evangelio de Juan. La teología del banquete se abre con la misión de Jesús en Caná de Galilea, y se cierra con la última Cena, fundamento de la Eucaristía. El Banquete es por tanto un signo mesiánico, donde se anuncia la llegada del Reino y se presenta a Jesús, Soberano del Reino. Es un símbolo fundamental que explica en la cotidianidad la presencia del Reino en medio de la historia.

Las bodas de Caná están en el imaginario de los primeros cristianos y de todo la Iglesia a lo largo de la historia, por ese hecho inolvidable: en lo mejor de la boda, el vino se acaba. ¿Cómo es posible que no se haya previsto esta parte en la fiesta? La acción de Jesús de Nazaret frente a la falta de vino, hará que este relato de las bodas de Caná, quede inmortalizado en la simbología cristiana.

El milagro de las bodas en Caná de Galilea, no es simplemente por la falta de vino. El asunto es otro: el relato tiene que ser entendido en perspectiva de Reino, en dinámica de tiempo mesiánico. El texto indica, que había allí en un lugar de la casa, unas tinajas de piedra vacías, seis en total. El texto hace énfasis en que están vacías. Son tinajas destinadas para contener el agua de la purificación ritual de los creyentes judíos. Pero están secas. Este símbolo, indica la sequedad en que se encuentra el modelo religioso judío. En la visión de los cristianos primeros, que acabaron separándose del judaísmo, la ley judía, antes que ayudar, terminó dificultando la relación de Dios con su pueblo. Les resultaba una ley vacía, sin sentido, que sólo generaba cargas y no posibilitaba la libertad y la alegría. Las tinajas, destinadas a la purificación, eran un símbolo que dominaba la ley antigua. Ese modelo de ley creaba con Dios una relación difícil y frágil, mediatizada por ritos fríos y carentes de sentidos.

No se dice sin embargo que las tinajas estuvieran con agua. Son llenadas cuando Jesús lo ordena. Al estar llenas, las tinajas que no prestaban ya ningún servicio, más bien estorbaban en la vida normal de la gente, permiten una nueva manifestación del proyecto de Jesús: el agua está convertida en vino. ¿Qué nos indica ese signo? La ritualidad, el legalismo, la norma fría y vacía, es trasformada en vino, símbolo de la alegría, del gozo mesiánico, de la fiesta de la llegada del tiempo nuevo del Reino de Dios. Tenemos que acabar en nuestra vida y en la vida comunitaria, con los sistemas religiosos deshumanizantes, para lograr entrar en la dinámica liberadora, incluyente y festiva que Jesús inauguró.

¿Complicada esta interpretación? Efectivamente, es complicada, con la complicación que brota de un texto sofisticado, muy elaborado, con toda una trastienda de alusiones veladas y crípticos mensajes. Leer, proclamar, comentar el evangelio de Juan como si se tratara de una simple y llana historieta de unas bodas, en las que además Jesús funda el sacramento del matrimonio, sin más complicaciones… resultaría una lectura fácil y cómoda, pero sería profundamente carente de veracidad. Aunque sea más laborioso y menos grato, es mejor tratar a nuestros oyentes como adultos, y no ahorrarles la complejidad de unos textos que interpretados directamente a la letra nos llevarían solamente por caminos de fundamentalismo. Leer más…

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16.1.22. Bodas de Caná (Jn 2, 1-11) ¿Qué hace Jesús en las bodas? ¿Qué hace la iglesia?

domingo, 16 de enero de 2022
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Del blog de Xabier Pikaza:

Tres son los signos de la “epifanía” o manifestación de Jesús. (a) La estrella de los “magos” (día de Reyes). (b) Bautismo, nueva creación (dom. 1º). (c) Bodas: “Consagración” del amor (dom 2º)

Hoy me centro en las bodas de Caná, el primero de los signos de Jesús según el evangelio de Juan. En contra de una religión penitencial (con seis hidrias de piedra para el agua) y de otra “espiritualista” (gnóstica, que condenan las bodas humanas), el evangelio de Juan empieza consagrando las bodas como fiesta de encuentro humano de amor con buen vino.            

| X.Pikaza

Introducción y texto evangélico

Las bodas son actualmente campo de disputa en la iglesia: (a) Si son sólo de hombre-mujer, o si son de dos seres humanos, sean varones o mujeres. (b) Si se admiten sólo bodas, o si hay también posibilidades de divorcio. (a) ¿Qué significa invitar a Jesús, es decir, que se hagan bodas por la iglesia de Jesús, en un tiempo como éste, año 2022, donde parece que en España sólo se casan por la iglesia una cuarta parte de los que viven en pareja

            El tema es serio y así lo ha sentido evangelio de Juan. Y por eso, después de hablar de Juan Bautista (Jn 1), es decir, de los temas penitenciales y del agua del bautismo (tema del domingo pasado), pasa a las bodas. La gente, en general, tiende a vivir en pareja, esto es, casarse (crear una familia), pero quizá sin boda formal, y menos con boda por la Iglesia.

 ¿Qué sentido tiene invitar o no invitar a Jesús para las bodas? ¿Para qué tipo de bodas,para todas, incluso para las de amigos del mismo sexo? ¿Qué sentido tiene decir que Jesús aporta el vino? ¿Tiene algo que ver la iglesia con esto?

La mayoría de los lectores de mi blog tendrán ya una respuesta. Yo sólo puedo ofrecerles un planteamiento bíblico, no para resolver los temas de fondo, sino para entenderlos mejor. El tema es pues éste: ¿Puede la iglesia decir algo sobre las bodas? ¿Podemos invitar a un cura para casarnos?

Esta escena de las “bodas” “religiosas”, con la madre de Jesús presente como iniciadora y la transformación del agua de la Ley en vino del Reino, ofrece un signo privilegiado de la Iglesia (el primero, según el evangelio de Juan), y puede (debe) aplicarse muy bien a la “transformación de la vida cristiana”, entendida como experiencia fuerte de evangelio, como signo intenso de una iglesia que ha pasado de las purificaciones legales de un judaísmo de ley a la experiencia de las Bodas Mesiánicas del Reino, con la Nueva Humanidad como Novia del Cordero (cf. Ap 20‒21)[1].

Juan 2, 1-11

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos. En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino.»Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga.»

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua.»Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»

Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.» A sí, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

COMENTARIO

 Al tercer día había una boda en Caná de Galilea (Jn 2, 1) [2].

Había una boda en Caná… Viene al mundo la Palabra de Dios, que es Jesús, y se ha introducido en el contexto de la misión de Juan Bautista y sus discípulos, que se mantenía todavía en un plano de agua, es decir, de purificaciones, en línea de ley (Jn 1). Pero después, cumplido el rito de Juan Bautista, la Palabra de Dios se introduce el escenario concreto de la vida de los hombres y mujeres, en el momento clave de su despliegue, de ley de vida, que una boda, todas las bodas de la historia humana.

La vida humana está hecha de bodas, esto es, de vinculaciones concretas de amor y generación, de atracción mutua y de ley, de hombres y mujeres que se casan, hace “hacen casa”, para vivir, para engendrar, para esperar, para morir… Las bodas revelan y realizan lo más grande (son una especie de centro y latido de la historia humana). Pero ellas pueden terminar y muchas veces terminan siendo lo más triste o pequeño (no logran realizar el amor pleno, no hay en ellas vino de existencia renovada, de fiesta que se abre para siempre a la eucaristía del vino de la vida eterna). Las bodas son lo más grande de la vida humana; pero tal como se celebran en Caná de Galilea son bodas de purificación, de agua de limpieza por los pecados, más que de vida de amor[3].

Y la Madre de Jesús estaba allí (Jn 2, 1)

1611887B-259B-43CC-9B60-28ECC41ADAE7 Esta anotación nos causa sorpresa. Según el evangelio de Juan, podía parecer  que Jesús carecía de padres de la tierra, pues había provenido como pura Palabra de Dios, de la altura de los cielos (Jn 1, 1-18). Después se nos decía casi de pasada que era el hijo de José de Nazaret, en afirmación cuyo sentido concreto no quedaba claro en el texto (Jn 1, 45; cf. 6, 42). Pues bien, de pronto, como indicando algo que es obvio y significativo, el texto alude a la Madre de Jesús y añade que estaba allí (2, 1). Todo nos permite pensar que ella es “signo de Israel”, de la familia judía de Jesús.

Parece claro que esa Madre de Jesús es importante, pues se la conoce por su título (es la Madre, sin más) y no por su nombre (igual que en Jn 19, 26-27, ante la Cruz). Sin duda alguna, ella pertenece al espacio y tiempo de las bodas de la humanidad. No era necesario invitarla, porque las bodas son el paso de una humanidad anterior a la nueva humanidad a la que alude el mismo Adán, en el principio de la creación (Gen 2, 23‒24). Por eso se dice sin más que la madre ¡estaba allí!

Las bodas para para la madre un espacio normal (natural), forman parte de su preocupación y de su historia. No está fuera, como invitada, en actitud pasiva; está muy dentro y, actuando como supervisora, ha de mostrarse atenta a todo lo que pasa; forma parte de la organización, es responsable de todo lo que pasa. Significativamente, José no está, quizá porque ha muerto; quizá porque el Evangelio de Juan no quiere introducir simbólicamente su figura, en un mundo presidido por la madre.

Jesús, en cambio, empieza siendo sólo un invitado, viene de fuera, no pertenece por sí mismo al espacio de bodas: él y sus discípulos parecen formar un mundo aparte, están como de paso. Lógicamente, no se preocupan de los temas de organización, al menos en un primer momento. Esta es la paradoja de la escena: Jesús viene como por casualidad y, sin embargo, luego actúa como responsable verdadero de las viejas y las nuevas bodas de la tierra. En este contexto se vuelven centrales las relaciones entre la madre (que es signo de la humanidad anterior, es decir, del judaísmo de ley, de la esperanza mesiánica) y Jesús (que será el iniciador de las nuevas bodas del Vino del Reino).

La madre es la mujer  que introduce la nueva pascua de Jesús. Ella marca la diferencia entre las antiguas y las nuevas bodas, el paso del agua al vino. Es la mujer de dos mundos, de dos épocas, de dos bodas. Por eso puede ver lo que falta en la boda anterior y decírselo a Jesús.

Y faltando vino la madre de Jesús le dijo: ¡no tienen vino! (2,3).

             Cuidadosamente debemos situar y comentar cada uno de los rasgos de esta frase, pues en ella se contiene como en germen todo lo que sigue: la carencia humana, la atención cuidadosa de la Madre, el gesto creador de Jesús, las nuevas bodas de la Iglesia, tal como pueden y deben ser actualizadas en la vida religiosa.

Lo primero es la carencia:¡faltando el vino! Todas las explicaciones puramente historicistas de ese dato quedan cortas: los novios serían pobres, se habrían descuidado en la hora del aprovisionamiento, habrían llegado (con los discípulos de Jesús) demasiados invitados, diestros bebedores… El mensaje y conjunto de la escena es demasiado importante como para cortarlo a ese nivel[4].

Anticipando un poco lo que sigue, podemos afirmar que la carencia de vino es un elemento constitutivo de la escena. Si Jesús no estuviera allí quizá no se hubiera notado esa falta: ¡Por siglos y siglos los hombres se habían arreglado sin (buen) vino, viviendo a pan y agua, como se decía en Castilla! Sólo ahora, cuando llega Jesús, se nota la carencia y se establece una especie de fuerte desnivel entre lo antiguo (bodas sin vino) y lo nuevo (el posible regalo del Cristo, vivir de pan y vino, como en una Eucaristía perpetua). Se puede sospechar ya desde aquí que los novios antiguos son el agua (en amor de purificación, que nunca limpia ni ama de verdad), y que ellos mismos deben convertirse en vino.

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En vez de ayuno, banquete de bodas. Domingo 2º del Tiempo Ordinario. Ciclo C. Domingo, 16 de enero de 2022

domingo, 16 de enero de 2022
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canc3a1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado leímos el relato del bautismo de Jesús. Si hubiéramos seguido el orden del evangelio de Lucas (base de este ciclo C), hoy deberíamos leer el ayuno de Jesús en el desierto y las tentaciones. Sin embargo, con un salto imprevisible, la liturgia cambia de evangelio y nos traslada a Caná. ¿Por qué?

Las tres epifanías (o “manifestaciones”)

            Para la mayoría de los católicos, solo hay una fiesta de Epifanía, la del 6 de enero: la manifestación de Jesús a los paganos, representados por los magos de oriente. Sin embargo, desde antiguo se celebran otras dos: la manifestación de Jesús en el bautismo (que recordamos el domingo pasado) y su manifestación en las bodas de Caná.

Un comienzo sorprendente

Si recordamos lo que ha contado hasta ahora el cuarto evangelio, el relato de la boda de Caná resulta sorprendente. Juan ha comenzado con un Prólogo solemne, misterioso, sobre la Palabra hecha carne. Sin decir nada sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, lo sitúa junto a Juan Bautista, donde consigue sus primeros discípulos. ¿Qué hará entonces? No se va al desierto a ser tentado por Satanás, como dicen los otros evangelistas. Tampoco marcha a Galilea a predicar la buena noticia. Lo primero que hace Jesús en su vida pública es aceptar la invitación a una boda.

¿Qué pretende Juan con este comienzo sorprendente? Quiere que nos preguntemos desde el primer momento a qué ha venido Jesús. ¿A curar unos cuantos enfermos? ¿A enseñar una doctrina sublime? ¿A morir por nosotros, como un héroe que se sacrifica por su pueblo? Jesús vino a todo eso y a mucho más. Con él comienza la boda definitiva de Dios y su pueblo, que se celebra con un vino nuevo, maravilloso, superior a cualquier otro.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino.” Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.” Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga.”

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua.” Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.” Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes si lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.”

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

El simbolismo de la boda: 1ª lectura (Is 62,1-5)

           Para los autores bíblicos, el matrimonio es la mejor imagen para simbolizar la relación de Dios con su pueblo. Precisamente porque no es perfecto, porque se pasa del entusiasmo al cansancio, porque se dan momentos buenos y malos, entrega total y mentiras, el matrimonio refleja muy bien la relación de Dios con Israel. Una relación tan plagada de traiciones por parte del pueblo que terminó con el divorcio y el repudio por parte de Dios (simbolizado por la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia).

            Pero el Dios del Antiguo Testamento no conocía el Código de Derecho Canónico y podía permitirse el lujo de volver a casarse con la repudiada. Es lo que promete en un texto de Isaías:

“El que te hizo te tomará por esposa:

su nombre es Señor de los ejércitos.

Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada –dice tu Dios–.

            La primera lectura de hoy, tomada también del libro de Isaías, recoge este tema en la segunda parte.


Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia, y su salvación llamee como antorcha. Los pueblos verán tu justicia, y los reyes tu gloria; te pondrán un nombre nuevo, pronunciado por la boca del Señor. Serás corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios.

Ya no te llamarán «Abandonada», ni a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada», porque el Señor te prefiere a ti, y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

            Para el evangelista, la presencia de Jesús en una boda simboliza la boda definitiva entre Dios e Israel, la que abre una nueva etapa de amor y fidelidad inquebrantables.

El simbolismo del vino

            En el libro de Isaías hay un texto que habría venido como anillo al dedo de primera lectura:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte

un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera;

manjares enjundiosos, vinos generosos”.

            Este es el vino bueno que trae Jesús, mucho mejor que el antiguo. Además, este banquete no se celebra en un pueblecito de Galilea, con pocos invitados. Es un banquete para todos los pueblos. Con ello se amplía la visión. Boda y banquete simbolizan lo que Jesús viene a traer e Israel y a la humanidad: una nueva relación con Dios, marcada por la alegría y la felicidad.

El primer signo de Jesús, gracias a María   

A Juan no le gustan los milagros. No le agrada la gente como Tomás, que exige pruebas para creer. Por eso cuenta muy pocos milagros, y los llama “signos”, para subrayar su aspecto simbólico: Jesús trae la alegría de la nueva relación con Dios (boda de Caná), es el pan de vida (multiplicación de los panes), la luz del mundo (ciego de nacimiento), la resurrección y la vida (Lázaro).

            Pero lo importante de este primer signo es que Jesús lo realiza a disgusto, poniendo excusas de tipo teológico (“todavía no ha llegado mi hora”). Si lo hace es porque lo fuerza su madre, a la que le traen sin cuidado los planes de Dios y la hora de Jesús cuando está en juego que unas personas lo pasen mal. Jesús dijo que “el hombre no está hecho para observar el sábado”; María parece decirle que él no ha venido para observar estrictamente su hora. En realidad no le dice nada. Está convencida de que terminará haciendo lo que ella quiere.

            Juan es el único evangelista que pone a María al pie de la cruz, el único que menciona las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. De ese modo, Juan abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos.

La tercera Epifanía

El final del evangelio justifica por qué se habla de una tercera manifestación de Jesús. “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.” Ahora no es la estrella, ni la voz del cielo, sino Jesús mismo, quien manifiesta su gloria. Debemos pedir a Dios que tenga en nosotros el mismo efecto que en los discípulos: un aumento de fe en él.

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16 de Enero. Domingo II. Tiempo Ordinario

domingo, 16 de enero de 2022
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“Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: -Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.”

(Jn 2, 1-12)

¿No había ningún fariseo en aquella boda?, para que se indignara y le dijera a la gente algo parecido a lo del episodio de la mujer encorvada (“seis días tenéis para venir a curaros…”). Algo así como: -“Otros recipientes tenéis para llenarlos de vino, dejad las tinajas de las purificaciones”.

Desde luego, si en esa casa había seis tinajas para las purificaciones, parece indicar que la gente que vivía allí era religiosa y cumplidora de la Ley. Pero nadie se queja, bueno, Jesús un poco, le dice a su madre que no ha llegado su hora. Todos los demás se callan. Solo abren la boca para beber vino.

Con todo, el gesto de Jesús es osado, casi escandaloso. En lugar de decirles a los siervos que traigan las jarras vacías del vino y las llenen de agua les hace llenar las tinajas de las purificaciones.

Bien pensado poco podría decirnos a nosotros que Jesús convirtió 600 litros de agua en vino, a regañadientes, en una boda. El sentido de ese gesto tiene un algo más. Y creo que los tiros tampoco van por el piadoso empeño de ver aquí el papel de intercesora de María.

El gesto de Jesús

El gesto de Jesús es mucho más subversivo pero se nos pasa desapercibido con tanto vino. Jesús convierte el agua de las purificaciones, de la Ley, en vino de fiesta. Y no para una fiesta religiosa sino para una fiesta “mundana”, humana. En una boda se celebra el amor humano, el inicio de una nueva familia.

Y es ahí donde Jesús transforma el agua de la Ley en vino de boda. El Dios de Antiguo Testamento que se ha cansado de repetir que el Templo se le queda pequeño, se escapa ahora también de la Ley y se mete en nuestras fiestas.

La novedad de Jesús no es que Dios venga a habitar en medio de su pueblo, eso ya era una realidad para el pueblo de Israel. Yahvé tenía su morada en medio de Israel. Israel tenía el Templo y la Ley. La novedad es que Dios en Jesús dice que Él es mucho más que el Templo y la Ley. Que a Dios no le podemos poner unos límites. Él ocupa TODO nuestro espacio, todos nuestros espacios.

Es más, nos está diciendo que Él quiere ser la alegría de nuestras fiestas. El vino abundante, desbordante, esplendido. Dios no quiere que se acabe nuestra fiesta.

Oración

Danos, Trinidad Santa, de ese vino para que nos embriaguemos de la alegría que viene de ti. Que sepamos entrar en la fiesta sin fin de tu Reino. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El agua-Ley limpia por fuera. El vino-amor vivifica desde dentro.

domingo, 16 de enero de 2022
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693d39cd99e5ab83560037a6d04e605aDOMINGO 2º (Boda de Caná) (C)

Jn 2,1-12

Celebramos hoy la tercera manifestación de Jesús que, junto a las otras dos durante siglos, se celebraban el día de Epifanía. El evangelio que hemos leído, entendido literalmente, no tiene ni pies ni cabeza. Es absurdo que Jesús saque de la chistera un regalo para los novios. No, como todos los “milagros” narrados por este evangelista se trata de un signo que nos lleva a realidades profundas y decisivas para nuestra verdadera trasformación interior.

Es impensable que el mayordomo no hubiera previsto el vino suficiente, cuando era su principal cometido. Es difícil de entender que fuera una invitada la que se diera cuenta y se preocupara por solucionar el problema. Tampoco es lógico que sea Jesús el que solucione el problema. No es normal que en una casa particular hubiera seis tinajas de cien litros, dedicadas a las purificaciones. No tiene sentido que el maestresalas increpe al novio por haber dado el vino malo al principio. Era él quien ordenaba qué vino se servía.

El relato no es una crónica de lo sucedido. Es fruto de una minuciosa y larga elaboración. No nos dice ni quiénes eran los novios ni qué relación tienen con Jesús. Lo que normalmente llamamos “el milagro” pasa casi desapercibido. Ni siquiera nos dice cuándo se convierte el agua en vino. Sería imposible separar lo que pudo suceder realmente de los símbolos que envuelven el relato. Pero lo que hoy nos cuenta Juan es teología. La clave para entenderlo es el trasfondo, la “hora” de la glorificación de Jesús en la cruz.

La boda era, desde Oseas, el signo más empleado por los profetas para designar la alianza de Dios con su pueblo. La idea de Dios novio y el pueblo novia se repite una y otra vez en el AT. La boda lleva inseparablemente unida la idea de banquete; símbolo de tiempos mesiánicos. El vino era un elemento inseparable del banquete. En el AT era signo del amor de Dios a su pueblo. La abundancia de vino era la mejor señal del favor de Dios.

La Mujer es un misterio en este relato. Nos aporta un poco de luz la segunda carta del Tarot: la Sacerdotisa. Un mujer madura, pero en plenas facultades, que simboliza lo nuevo, la sabiduría. María no le llama hijo, ni Jesús le llama Madre. María, símbolo de la Alianza que está ya caducada. Jesús y los discípulos son el nuevo pueblo, que están allí de paso. Es completamente inverosímil que María pidiera a Jesús un milagro y menos aún que adelantara la hora de hacerlo. La hora para Juan es siempre la hora de la muerte de Jesús.

El vino es símbolo del amor entre el esposo y la esposa. En la boda, (Antigua Alianza) no existe relación de amor entre Dios y el pueblo. La Madre, por pertenecer a la boda se da cuenta de la falta. María representa al Israel fiel que espera en el Mesías. Jesús nace del verdadero Israel y va a dar cumplimiento a las promesas. El primer paso es mostrarle la carencia: «No tienen vino«. No se dirige al presidente, ni al novio. Se dirige a Jesús, que para Juan es el único que puede aportar la salvación que Israel necesita y espera.

Jesús invita a su madre a desenten­derse del problema. No les toca a ellos intervenir en la alianza caducada. Está indicando la necesidad de romper con el pasado. Ella espera que el Mesías arregle lo ya existente, pero Jesús le hacer ver que aquella realidad no se puede rehabilitar. Jesús aporta una novedad radical. Juan está haciendo referencia a la «hora» (la cruz). Jesús invita a la esperanza, pero la realización no va a ser inmediata. El vino nuevo depende de aquella hora. Anunciar la hora significa que la salvación está cerca.

Haced lo que él os diga. Solo en el contexto de la Alianza, la frase puede cargarse de sentido. El pueblo en el Sinaí había pronunciado la misma frase: «Haremos todo lo que dice el Señor«. También el Faraón dice a los servidores: haced lo que él (José) os diga. Se ve con claridad el trasfondo del relato y lo que quiere significar. Como en el AT, el secreto de las relaciones con Dios está en descubrir su voluntad y cumplirla.

Las tinajas estaban allí colocadas, inmóviles. Se ve el carácter simbólico que van a tener en el relato. El número 6 es signo de lo incompleto. El número de la perfección era el 7. Es el número de las fiestas que relata este evangelio. La séptima será la Pascua. Eran de piedra, como las tablas de la ley. La ley es inmisericorde, sin amor. La ley (imposible de cumplir) es la causa del pecado (falta de amor-vino). Jesús les hace tomar conciencia de que están vacías; es decir, que el sistema de purificación era ineficaz.

Jesús ofrece la verdadera salvación, pero ésta no va a depender de ninguna ley (tinajas). El agua se convertirá en vino fuera de ellas. «Habían sacado el agua«. La nueva purificación no se hará con agua que limpia el exterior, sino con vino que penetra dentro y transforma el interior del hombre. Solo después de beberlo se da cuenta el mayordomo de lo bueno que es. Esta presencia de Dios dentro de uno es la oferta original de Jesús.

Lo que sacan los criados de las tinajas es agua. El mayordomo (clase dirigente) no se enteró de la falta de vino. Significa que los jefes se despreocupan de la situación del pueblo. Les parece normal que no se experimente el amor de Dios, porque esa es la base de su poder. No conoce el don mesiánico, los sirvientes sí. El vino-amor, como don del Espíritu, es el que de verdad purifica, lo único que puede salvar definitivamente.

El vino es de calidad. “Kalos” indica siempre excelencia. El maestresala reconoce que el vino nuevo es superior al que tenían antes. Pero le parece irracional que lo nuevo sea mejor que lo antiguo. Por ello protesta. Lo antiguo debe ser siempre lo mejor. Esta actitud es la que impidió a los jefes religiosos aceptar el mensaje de Jesús. Para ellos la situación pasada era ya definitiva. Toda novedad debe ser integrada en el pasado o aniquilada.

El último versículo es la clave para la interpretación de todo el relato. Nos habla del “primer signo” de una serie que se va a desarrollar durante todo el evangelio. Además, como signo, va a servir de prototi­po y pauta de interpretación para los que seguirán. El objetivo de todos los signos es siempre el mismo: manifestar “su gloria”. Ya sabemos que la única gloria que Jesús admite es el amor de Dios manifestado en él. La gloria de Dios consiste en la nueva relación con el hombre, haciéndole hijo, capaz de amar como Él ama.

Dios se manifiesta en todos los acontecimientos que nos invitan a vivir. Dios no quiere que renunciemos a nada de lo que es verdaderamente humano. Dios quiere que vivamos lo divino en lo que es cotidiano y normal. La idea del sufrimiento y la renuncia como exigencia divina es antievangélica. El mensaje para nosotros hoy es muy simple, pero demoledor. Ni ritos ni abluciones pueden purificar al ser humano. Solo cuando saboree el vino-amor, quedará todo él limpio y purificado. Cuando descubramos a Dios dentro de nosotros seremos capaces de vivir la inmensa alegría que nace de la unidad-amor. Que nadie te engañe. El mejor vino está sin escanciar, está escondido en el centro de ti.

Meditación

Con apaños exteriores no puedo llegar a Dios.
Dogmas, ritos y preceptos, o los vivo o están muertos.
Nuestra religión es falsa si no nos da Vida auténtica.
La doctrina será el agua que solo te dará vida
si la bebes y trasformas en lo más hondo de ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Caná: el primer signo.

domingo, 16 de enero de 2022
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Jn 2, 1-12

«Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él»

Cuando se escribe el evangelio de Juan —a finales del siglo primero— hace ya mucho tiempo que los sinópticos están circulando por las comunidades cristianas, lo que significa que los hechos y dichos de Jesús son ya sobradamente conocidos por los fieles. Quizá por esta razón, el cuarto evangelio se plantea como un gran tratado teológico y su estilo es tan distinto del resto de evangelios.

Juan —su comunidad— organiza el evangelio en torno a siete hechos milagrosos sobre los que desarrolla siete mensajes —signos—, con tal carga teológica, que resulta imposible reconstruir lo que realmente sucedió. Además, no tiene ningún empacho en poner sus palabras (las palabras de Juan) en boca de Jesús, lo que significa que los textos que leemos no se corresponden con dichos de Jesús, sino con la elaboración teológica realizada en el seno de sus comunidades.

A veces Juan nos exaspera con su empeño de presentar un Jesús mucho más cercano a una deidad disfrazada, que al hombre verdadero que fascinaba a la gente con sus hechos y sus dichos (no en vano, algunos especialistas descubren en su evangelio no poco elementos gnósticos), pero eso no quita para que los signos que narra nos sigan pareciendo esenciales para una correcta interpretación del mensaje evangélico.

Y este primer signo que nos ofrece es muy sencillo: Jesús es invitado a una boda, se acaba el vino y hace el milagro de convertir el agua ritual en vino de la mejor calidad. Aunque aparentemente es un signo trivial, encierra una trascendencia notable y no es casual que Juan lo sitúe justamente al comienzo de su evangelio.

Y es que nos quiere trasmitir desde el principio la novedad de Jesús, la plenitud que representa. Y lo hace enviándonos un mensaje de fiesta, de abundancia, de felicidad. El Reino no tiene nada que ver con ganarse el cielo a base de renuncias y sacrificios; el Reino es cosecha, es abundancia, es perla preciosa, es tesoro escondido en el campo, es la alegría de quien los encuentra y no duda en venderlo todo por conseguirlo.

Pero hay más, porque se trata un signo sorprendente, casi paradójico, en cuyo texto se dice que «Dios manifestó su gloria»… alegrándoles el día a un puñado de aldeanos que celebraban una boda de pueblo.

El pueblo de Israel — y nosotros exactamente lo mismo— creía manifestar la gloria de Dios construyéndole Templos soberbios, utilizando ornamentos suntuosos, ofreciéndole sacrificios y liturgias solemnes, acatando escrupulosamente la Ley… y Juan les dice —nos dice— que cuando mejor manifestamos la gloria de Dios es cuando somos felices. Como decía Ruiz de Galarreta: «La gloria de Dios es siempre la felicidad de sus hijos».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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El poder de la transformación.

domingo, 16 de enero de 2022
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03Jn 2, 1-11

16 de enero de 2022

El evangelio de este domingo nos regala un texto extremadamente simbólico, muy propio de Juan; un episodio considerado como bisagra que permite un giro entre la introducción del Evangelio y el ministerio público de Jesús. No es muy justo hacer responsable al Evangelio de la historicidad de los acontecimientos, pero sí de lo esencial de su mensaje, más allá de los elementos periféricos que nos pueden enredar en inútiles reflexiones. Este pasaje podría considerarse como una reseña de la gran obra del cristianismo según la perspectiva de Juan.

La escena comienza en Caná, una ciudad pequeña, de gente humilde y agobiada por impuestos. Estamos en la segunda fase de una boda cuando ya la mujer se va a vivir a casa del novio. Solían durar mucho tiempo, tal vez una semana. El detonante de esta historia es que les falta vino, por lo visto muy habitual en estas fiestas y que, en este caso, adquiere una importancia capital. Que se acabara el vino era una prueba de vergüenza y de situación precaria. En cualquier caso, nos encontramos ante un texto que revela un gran poder de transformación en diferentes planos.

El primer plano: del rol a la identidad; Podemos ver claramente el protagonismo que adquiere María en esta historia. María, la madre de Jesús, en un primer momento, aparece separada del grupo de Jesús y sus discípulos. A ella se hace referencia primero, lo que nos puede llevar a suponer que el texto tiene una clara intención inclusiva y de integración de la mujer en el movimiento de Jesús. De hecho, termina el pasaje dejando claro que se fueron todos juntos a Cafarnaúm. Ha llegado, por tanto, el signo de la unidad, todos incluidos y anclados en el nuevo tiempo de Dios.

Es María-mujer la primera que toma la palabra en la escena. No usa su palabra para juzgar, para condenar, para explicar nada. María ejerce su liderazgo personal de una manera libre, con firmeza y proactivamente: “No tienen vino”. Se limita a hacerse cargo de una situación a través de una nueva mirada, una mirada integradora, más desarrollada en lo femenino, nada egocéntrica, vislumbrando una realidad de carencia para conducirla a la plenitud-ABUNDANCIA. La confianza en su hijo, creer en su capacidad de transformación, en su talento, en su potencial, hace que la situación cambie por completo.

Jesús se dirige a su madre denominándola como “mujer”, igual que en el momento de la cruz. Sin duda, María no es reconocida por su rol sino por su identidad…¡¡cuánto hay que aprender de esta escena!! …y su rol queda redefinido, “transformado” no ya por la maternidad biológica sino por su función profética, histórica, social, al servicio de un nuevo modo de existir. María empuja hacia la transformación desde una osadía extraordinaria, empoderada y consciente de su papel en la historia; arraigada en la historia humana introduce los nuevos tiempos y una nueva visión de la humanidad.

El segundo plano: de la carencia a la abundancia; sería el milagro de Jesús en sí mismo como signo de transformación. Supone una ruptura clara del movimiento de Jesus con respecto al judaísmo; un judaísmo en decadencia y radicalizado hasta el extremo. Vuelve la fuerza de la palabra de María para contribuir a esta transformación que cambia el curso de la historia: “haced lo que él os diga”. Las 6 tinajas eran un símbolo del carácter judío de la población de Galilea. Puesta ya la confianza en Jesús, nos introduce a todos los oyentes en la nueva ruta del cristianismo como una nueva forma de vivir en la que la “abundancia” no es solo un sentimiento sino una manera de situarnos ante la vida.

Vivir anclados en la carencia, en lo que nos falta, en lo que no somos, nos convierte en personas frustradas, ansiosas por completar lo que no tenemos o no creemos ser; nos lleva a colocar la referencia en otras realidades-personas para compensar ese vacío existencial. María nos vincula a Jesús para que avancemos desde lo que realmente somos en nuestro plano más profundo. En realidad, el verdadero milagro no es tanto transformar nada sino conectarnos a nuestra verdadera naturaleza donde todo es abundancia y plenitud.

El tercer plano: del tiempo humano al tiempo de Dios. Ya aparece en las primeras palabras del texto al situar este pasaje al “tercer día”. Sabemos que esta expresión bíblica es un signo pascual, es decir, nos ubica en el tiempo de la trascendencia de la historia. Cuando Jesús entiende que ha llegado su “hora” nos introduce en el tiempo de Dios fluyendo la auténtica vida simbolizada en el mejor vino que se podría tener. Ahora es la abundancia, la plenitud, la alegría de encontrar el verdadero sentido y significado de la vida, lo que se convierte en signo de nuestro vínculo con la Divinidad; la conexión entre el Cielo y la Tierra sincroniza la humanidad y la Divinidad generando un derroche de Amor que justifica el valor de lo que somos.

Ser conscientes de nuestra dignidad y conectar con la dignidad de todos los seres humanos tiene unas tremendas consecuencias éticas que serían la verdadera transformación de nuestro planeta: la consecuencia de leer la realidad personal, social, eclesial, con anchura, sin egos, con altura, sin sesgos, con hondura, sin ligerezas; la consecuencia de hacer posible, de una vez, que las mujeres dejemos de ser las “mujeres de” para ser “mujeres con” en conexión con el liderazgo de María; la consecuencia de aprender a mirar, por dentro y por fuera, desde la posibilidad, la abundancia, y no desde los límites y los vértices de la vida.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

 Fuente Fe Adulta

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Alegría

domingo, 16 de enero de 2022
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callealegria-blog_imagenDomingo II del Tiempo Ordinario

16 enero 2022

“La alegría es señal inequívoca de que la vida triunfa”, escribía el filósofo Henri Bergson. Y no parece casual que el “primer signo” que el evangelio de Juan atribuye a Jesús tenga que ver justamente con esa actitud vital.

La alegría es el primer fruto natural de la vida que no ha sido bloqueada, porque es una con ella. Sin negar nuestra vulnerabilidad, que explica los altibajos emocionales y condicionamientos de todo tipo con los que nos vemos obligados a lidiar en nuestra existencia cotidiana, la alegría se sitúa en un “lugar” que se halla siempre a salvo. Porque es una realidad transpersonal.

Ello significa que no se trata de “algo” que podemos (o no) tener; no es una “cualidad” que hayamos de conquistar. Es lo que somos en nuestra identidad profunda. Y podemos experimentarla como un anhelo que busca fluir a través de nuestra persona.

Puede ocurrir, sin embargo, que nos vivamos desconectados de ella, debido a dos factores que se alimentan mutuamente. Por un lado, hemos podido crecer con carencias o dolencias de todo tipo -físicas, económicas, psicológicas, relacionales…- que siguen pesándonos y, en mayor o menor medida, nos mantienen atrapados en la tristeza, la decepción, la angustia, el enfado, el resentimiento o incluso la apatía. Por otro, en relación con lo vivido, nuestra mente ha podido generar un modo de funcionar alejado de la vida y de la verdad de lo que somos, dando lugar a patrones de pensamiento erróneos y a creencias irracionales que, en última instancia, son la fuente de nuestra desdicha.

Redescubrir la alegría que somos y reconectar con ella requiere un trabajo de “limpieza” o “higiene mental”, que no consiste únicamente en modificar unas creencias (irracionales) por otras (más ajustadas), sino en tomar distancia de la mente porque aprendemos a vivir en “otro lugar”: en la atención. en el no-pensamiento (el «no-saber», del que han hablado siempre los sabios), en el no-juicio, en el silencio de la mente…, en el Testigo.

Así como la mente es el lugar del razonamiento y necesitamos utilizarla para desenvolvernos adecuadamente en nuestra vida cotidiana, el Testigo es el lugar de la Comprensión que, más allá de los recurrentes y cansinos mensajes mentales, nos permite entrar en contacto y vivir en conexión con lo que realmente somos. Con lo cual, venimos a descubrir que el camino para descubrir y vivir nuestra verdad pasa por el silencio de la mente.

Cuando la mente se silencia, fluye la alegría, de la misma manera que fluye la gratitud. Es por esto que, tal como reza el dicho, no necesitas nada para ser feliz; en cambio, necesitas algo para estar triste.

¿Qué me da resultado para conectar con la alegría?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El sistema eclesiástico se ha quedado sin vino, sin amor

domingo, 16 de enero de 2022
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6D89C307-307F-4177-80AC-03ECA3F1BEB7bodascana-asombro400Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- v 1. BODA EN CANÁ DE GALILEA

    El signo de las bodas de Caná es como el primer paso de la actividad de Jesús en su vida adulta.

    Había una boda

Toda boda, el matrimonio hace referencia siempre al amor, a la vida. En toda boda, que sea tal, hay amor y vida.

Dios amaba a su pueblo, a la humanidad. La relación entre Dios y su pueblo era vivida como una comunicación de bondad y amor: boda.

La imagen de la boda, del amor está muy presente en los profetas y en el mundo bíblico a la hora de anunciar los tiempos del Mesías. A esta relación de amor en el lenguaje bíblico se le llamaba: “Alianza”.

Dios quiere, ama, y es siempre fiel al pueblo, al ser humano.

Dios no nos manda(ley), nos quiere.

02.- v 3 Faltó el vino

Vamos a convenir en que esto de que faltó el vino es una ficción literaria del evangelista, porque “no es posible” que en una boda judía falte el vino.

El vino es el símbolo del espíritu y del amor. El pueblo de Israel se quedó sin espíritu, sin amor, únicamente vivían de la ley. El judaísmo terminó por entender y vivir la religión como un entramado de normas y ritos sin alma, sin vida y sin espíritu, sin amor. Se quedaron solamente con las tinajas (las tinajas eran de piedra, porque el barro contamina el agua. Que las tinajas fuesen de piedra hace referencia a las piedras del Sinaí, al decálogo, la ley). La religión judía terminó siendo un “carrefour” de leyes y preceptos. ¿Como nosotros, como como nuestra Iglesia?

En muchas de las actitudes de nuestras parroquias e instituciones eclesiásticas no hay espíritu, hay estructuras, servilismo, leyes, miedo, ritos, cumplimiento, pero no hay alma ni amor.

Para ser católico no hace falta amar, basta con cumplir. El católico cumple, el cristiano ama.

Si usted no da una limosna en su vida, si no visita un enfermo, si no dedica tiempo y energías a los demás, moral y canónicamente nadie le podrá decir nada, nadie le dirá nada. Pero como no cumpla con la normativa, con la ley eclesiástica, como se desvíe un ápice de las rúbricas litúrgicas, o de las normas morales de natalidad, etc., probablemente le dirán que se está descarriando de la Iglesia, si no le amenazan con la condenación.

    En Caná, en Israel faltó el amor, y hoy el entramado eclesiástico está carente de espíritu, de libertad, de audacia, de amor.

    Menos mal que Francisco trata de corregir el rumbo eclesiástico hacia lo eclesial y hacia las bodas de Caná.

03.- vv 2.3 En la boda de Caná está presente la madre de Jesús y también los discípulos: la asamblea cristiana, la Iglesia

La familia se constituye en torno al amor. Se trata ahora de la nueva familia de Jesús: su madre y sus hermanos (discípulos).

Es curioso que el evangelio de Juan solamente mencione dos veces a María y Jesús no llama a María “madre”, sino “mujer”. (Ni tan siqueira aparece el nombre de María en el evangelio de Juan). Ahora en Caná: “Mujer, no ha llegado mi hora” y al pie de la cruz: “mujer ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26-27)

La mujer, la nueva Eva como creación de la nueva vida. Las bodas de Caná como “encuentro” de amor. (En la cruz está el discípulo al que Jesús tanto quería).

La nueva familia de Jesús se constituye no por las tinajas, por las piedras de la ley, sino por el amor.

Hay iglesia donde hay amor, lo demás es una agencia de servicios litúrgicos.

En algunas diócesis (iglesias locales) como la nuestra,  esto se ve claramente. Se cuida toda la tramoya litúrgica, la adoración perpetua al santísimo, la normativa moral, pero no tenemos espíritu, vino, amor.

    No tienen, no tenemos vino, tono vital.

04.- v 4. No ha llegado mi hora

    El tema de la “hora” es en portante en Juan: aparece veintitantas veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático, porque la hora llega cuando Jesús va a morir: sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre… (Jn 13,1). Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. (Jn 19,27).

    En el evangelio de San Juan la comunidad cristiana, la Iglesia nace al pie de la cruz donde reciben la redención, el Espíritu, el bautismo (agua y sangre).

    En tiempos de tristezas y desánimos eclesiásticos, volvamos la mirada personal y eclesial a la hora del Señor, a la redención y al amor.

05.- v 6 Había seis tinajas de piedra – las llenaron de agua.

El mundo religioso del AT se había quedado exhausto y sin vida, pues lo habían reducido todo a piedras (las tablas del la ley del Sinaí) y agua (ritos sin vida).

El número 6 (tinajas) significa la imperfección. El número perfecto es 7. [1] Aquel pueblo se había quedado con 6 piedras, que evocan imperfectamente las piedras de la ley del Sinaí.

La restauración del cristianismo (de la Iglesia) no vendrá por la ley más rígida, por la involución y castigo que ya lleva décadas navegando en la Iglesia (probablemente desde la muerte de Pablo VI hasta el papa Francisco).

La recuperación de la Iglesia vendrá por el amor.

06.- v 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino.

JesuCristo transforma la religión en fe y vida. Ya no sirve la vieja Alianza, el viejo vino. La Alianza de Cristo es nueva. Es la sustitución de la vieja Alianza. JesuCristo cambia el cumplimiento por la confianza, la ley por la libertad, el agua en amor. Jesús cambia la dureza, el cilicio por el buen vino en el espíritu.

En el restauracionismo que se nos quiere imponer, no volvamos a la vieja Alianza, no volvamos a la esclavitud de Egipto. Cristo es la nueva alianza de amor y libertad.

07.- v 11-12 Con las bodas de Caná Jesús comienza sus signos. Creció la fe de sus discípulos.

Por este signo –por el amor- creció la fe de sus discípulos. El creyente y toda comunidad crece en la fe y como persona por el amor.

El signo (el milagro) no es magia. El signo es que Cristo cambia la ley (tinajas: piedra) y la el rito (agua) por un nuevo vino, es decir por el amor. El signo es que estamos llamados a la libertad y al amor, no a la ley. Uno no cree en un prestidigitador, sí creemos en el amor y en quien ama.

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son en sí. El estilo del evangelio de Juan es hermosamente simbólico. El evangelio de Juan está construido a partir de un hecho y un largo discurso o “catequesis” que explica el hecho simbólico:

Agua / samaritana (Jn 4),

Multiplicación de los panes / pan de Vida (Jn 6), Ceguera / luz: yo soy (Jn 9)

Cuando alguien te enseñe las estrellas, no te quedes mirando el dedo

08.- v 5 Haced lo que él os diga.

María, presente en el amor de aquellas bodas, les dice a los sirvientes: haced lo que Él os diga.

Solamente habrá espíritu, nuevo vino, amor en la Iglesia y en la sociedad si hacemos lo que Él nos dice y lo que Él nos dice es servicio y amor.

Haced lo que él os diga.

[1] El número 666 es la suprema imperfección, la bestia – el antiCristo (Ap 13,18): por tres veces -el 6- no llega a la perfección.

 

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Mujeres bíblicas: Una colección de mujeres para hombres y mujeresUna colección de mujeres para hombres y mujeres

lunes, 10 de enero de 2022
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Coleccion-Mujeres-Biblicas-San-Pablo_2289980983_15108946_660x371Recomendamos vivamente el blog Mujeres bíblicas, y , si podéis, comprar los libros de esta colección:

«Con ayuda de un grupo de exegetas de primer orden los libros de la colección extraen los elementos más significativos de los textos elegidos, a veces sobre un personaje femenino específico, y otras veces sobre conceptos que tiene que ver con la mirada bíblica sobre las mujeres y sobre la fe de las mujeres, que es lo más importante»

Hace tiempo que teníamos ganas de que compartir todo lo que los estudios bíblicos actuales están sacando a la luz sobre las figuras femeninas de la Biblia. Teníamos ganas que la comunidad cristiana pudiera tener acceso a ellos, pudiera leerlo y contrastar en una lectura creyente la vida de esta memoria de nuestra tradición que ha sido invisibilizada a lo largo de los siglos. Estos libros de pequeño formato son como las minitartas que hay en las pastelerías. Una bomba de sabor concentrada en un pequeño espacio.

Con ayuda de un grupo de exegetas de primer orden los libros de la colección extraen los elementos más significativos de los textos elegidos, a veces sobre un personaje femenino específico, y otras veces sobre conceptos que tiene que ver con la mirada bíblica sobre las mujeres y sobre la fe de las mujeres, que es lo más importante. Desde una perspectiva hermenéutica feminista y con un lenguaje sencillo, pero riguroso, cada teóloga, describe, critíca y reconstruye el texto, que en algunas ocasiones está tan usado que ha perdido su significado original. Evidencian, así, lecturas que no corresponden a la intención original de los textos. Y subrayan algunas claves de comprensión en la lectura de los textos sagrados, desarrollando la dimensión inclusiva de la Escritura.

Cuatro libros de los 30 soñados ya han dado a luz este año y puedes encontrarlos en las librerías o en https://sanpablo.es . Dos referidos al Antiguo Testamento y dos al Nuevo Testamento. De esta manera comprendemos nuestra tradición a la vez que rescatamos la propiamente cristiana de la mano de las primeras creyentes. Los libros no siempre profundizan en un personaje concreto. A veces el libro está basado en un texto bíblico en concreto y la perspectiva que el autor bíblico quiso darle a ese personaje en ese momento concreto. Otras veces se centra en una mujer en concreto tomando distintas fuentes bíblicas para profundizar en ella. Otras veces la exegeta ha elegido un concepto relacionado con el imaginario femenino, para analizarlo, degustarlo y ver cuáles son las influencias culturales que dificultan una lectura inclusiva.

Con la colección Mujeres Bíblicas queremos diseñar el marco de comprensión bíblico de la colección donde la experiencia de fe de las mujeres de nuestra tradición tenga un espacio y se visibilice. Se trata de compensar la ausencia de la tradición espiritual femenina que ha quedado oculta tras una lectura sesgada de la Biblia.

Cada teóloga que participa está especializada en una parte de la biblia que en esta pequeña píldora exegética desgrana y muestra desde sus trabajos investigativos.

Un equipo de veinte mujeres teólogas que están colaborando en la colección. Con estilos diferentes a la hora de escribir describir y recrear el texto bíblico. Unas aplican la hermenéutica crítica desde el análisis del texto con ayuda de otras disciplinas académicas, por ejemplo “María de Betania” de Mercedes Navarro. Otras utilizan la hermenéutica imaginativa, narrando en primera persona lo que el texto bíblico nos quiere transmitir de la fe del personaje, por ejemplo “Agar. En tí” de Pilar Yuste. Otras se centrarán más en la experiencia religiosa y su actualización para nuestras vidas, por ejemplo “La hemorroísa” de Elisa Estévez.

Diversidad de accesos a la Biblia, para distintas sensibilidades y momentos. Esta creatividad construye sabiduría teológica en colectivo, porque la reflexión teológica es más rica si se hace en comunidad. Amplia la mirada del creyente y le da más posibilidades para interiorizar mejor la Palabra de Dios.

Renovar el imaginario bíblico

La colección Mujeres Bíblicas va acompañada de una imagen de portada relacionada con el texto. El objetivo de estas portadas es acompañar la relectura creativa de los textos con un imaginario visual diferente al que tenemos sobre las mujeres de la biblia.

Cuando buscamos por ejemplo en internet los nombres de mujeres bíblicas nos salen imágenes que corresponden a un imaginario femenino francamente machista: algunas de rodillas, otras suplicando, otras llorando, otras calladas… Sin embargo, cuando acudimos al texto bíblico sin prejuicios, muchas veces descubrimos un personaje bíblico completamente diferente, con una intensa vida interior se muestra como Dios fortalece la vida de las personas. Son mujeres fuertes que son capaces de enfrentar las dificultades de sus contextos históricos desde la valentía que les infunde su fe en Dios.

Por eso las imágenes diseñadas se concentran en aquellos momentos de las historias donde se pueda entrever una actitud, una decisión, una acción y nos muestra a la mujer creyente y valiente que hay en cada una de ellas. No se trata de imágenes realistas, propio del imaginario preconciliar, sino de un lenguaje simbólico que evoque una conexión entre la espiritualidad del personaje bíblico y la del lector o lectora.

Tampoco son mujeres bellas, pues no es el valor físico el que la hace ser un personaje bíblico, sino su fortaleza de fe. Con ello se quiere incidir en las miles de ocasiones que las imágenes de las mujeres creyentes han sido transformadas a favor del estereotipo machista de la belleza femenina, perdiendo así su fuerza creyente.

Las mujeres de estos libros son diversas físicamente, inquietan y evocan una diversidad de identidades y de espiritualidad. La colección propone combinar palabra escrita e imagen, dos lenguajes que hoy van siempre juntos. Pensamos con palabras e imágenes, que menos que acompañar el texto bíblico con imágenes también renovadas.

Para empezar a leer esta colección lo mejor es empezar por dos textos introductorios para iniciarse en una lectura feminista de la Biblia:

– “Las Mujeres en la Biblia Hebrea de Ianire Angulo: 

Un buen decorado es fundamental en una obra de teatro, pues nos ayuda a comprender la trama y advertir mejor los matices de los personajes. Este libro pretende ofrecer el escenario fundamental de las mujeres en la Biblia hebrea para, en él, situar a las protagonistas femeninas del Antiguo Testamento.

– “Las discípulas de Jesús de Isabel Gómez-Acebo:

No hay duda de que algunas discípulas de Jesús tuvieron mucho protagonismo a la hora de su muerte y resurrección. Los textos afirman que las mujeres lo siguieron desde Galilea. El propósito de este libro es descubrir, en medio de los silencios, cómo realizaron el discipulado siguiendo los pasos marcados por su Maestro.

Luego, podemos seguir con

– «Noemí (Una vida en proceso)«, de Dolores Aleixandre:

Noemí y Rut son dos mujeres libres, sabias y valientes que, a pesar de sus diferencias de edad, religión, cultura y procedencia, viven juntas una historia de complicidad y de apoyo mutuo. Juntas viven un tránsito de la carencia, la esterilidad y la muerte, a la fecundidad y la vida.

– «María de Betania«, por Mercedes Navarro: 

María de Betania es un personaje clave en el evangelio de Juan. Ella unge a Jesús los pies. Es un gesto osado, criticado y expuesto, pero Jesús reconoce su enorme valor. Propone una antropología corporal pascual en la que el placer y los sentidos tienen un papel destacado.

–  «La mujer que tocó a Jesús», de María Elisa Estévez López y

– «Agar«, de Pilar Yuste Cabello.

A ellas se unirán, con próximos títulos, otras teólogas como Ana Unzú, Carmen Picó, Carmen Soto, Carmen Bernabé, Mariola López Villanueva, Junkal Guevara, Elisa Estévez,  Estela Aldave y la propia Silvia Martínez Cano, sobre figuras tan variadas como la hemorroísa, Agar, Débora, Marta de Betania o Tamar

 

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“¿Para qué creer?”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 9 de enero de 2022
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Bautismo_C

Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 09 de enero de 2022. Bautismo del Señor

domingo, 9 de enero de 2022
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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9.1.22 Domingo del Bautismo. Nacer de Dios, ser en Dios. Crisis de bautismo en la iglesia

domingo, 9 de enero de 2022
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86C0FC36-F34A-48BB-91E4-E3818E03BA2EDel blog de Xabier Pikaza:

La navidad (Nacimiento de Jesús: 25.12.2021) y la epifanía (su manifestación a las naciones:6.1.21) culmina este Domingo del Bautismo (6.1.22), cuando Dios dice a Jesús “tú eres mi hijo” (Lc 3, 21-22). El nacimiento de Jesús sólo es Navidad si desemboca de esa forma en el Bautismo (Dios «reconoce» a Jesús y le confía la tarea de «crear» una Iglesia o comunidad de renacidos). Pues bien, en este contexto, esta mañana (8.1.22) me han impactado y descolocado especialmente tres noticias de la página inicial de RD (Religión digiral):

1. El Gobierno de España ha propuesto un obispo especial para las fuerzas militares, y él se ha defendido diciendo que eso no es “necesariamente negativo”. No entiendo, quizá se trata de una “excusatio non petita”, pero me da la impresión de que por ahí se mantiene un pasado,  no se crea nueva iglesia.

2. Otro obispo ha tomado “posesión” de una Diócesis cercana, y algunos piensan que con eso se ilumina el futuro del cristianismo, mientras el 50% de la “gente-gente”, que hace unos era (se decía)100% cristiana está dejando de bautizar a los hijos. Ese es el tema. 

3. Otro obispo, nombrado también para una diócesis en discusión, por «salida» del obispo anterior ha dicho que “la manera en que ha salido es lamentable». No sé por qué. Como dicen en 1º de sociología, el problema de una institución no es cómo entras, sino cómo puedes salir… y actualmente, en ciertos lugares, estamos más en salidas de iglesia que en entradas.

Desde ese fondo, ésta víspera del bautismo de Jesús que es el culmen de la Navidad, nacimiento de la Iglesia, he querido reflexionar sobre el bautismo, en una iglesia está dejando de bautizar, quizá porque no vienen, quizá porque ella no les busca ni invita. El panorama parece triste, pero creo que en el fondoes esperanzador. Puede nacer una nueva iglesia.

| X Pikaza Ibarrondo

1.El bautismo se ha vuelto un problema en países de “arraigo” cristiano, como España

Hace unos años bautizaba a todos, prácticamente a todos los nacidos. Hoy está bautizando a poco más que a la mitad. Se podrían “buscar” culpas:

-El bautismo era un “hecho social”, no un acontecimiento espiritual, de comunidad creyente, una experiencia de renacimiento. Ahora que ese hecho ha perdido relevancia social la gente-gente está dejando de bautizar a sus hijos.

Por otra parte, la Iglesia había relegado en parte el bautismo al trastero de los edificios parroquiales, como celebración privada, de unos pocos familiares, con “padrinos” traídos a lazo… De un modo  lógico, ahora que la pertenencia eclesial ha perdido el sentido que antes tenía (y nadie-nadie cree que los no bautizados van al limbo o al infierno, o están en pecado) mucha gente está dejando de bautizar a los hijos y de educarles en cristiano (¡ellos verán cuando se hagan mayores! Y evidentemente la mayoría no ven). La vida es corta, los garbanzos caros, los temas urgentes son otros ¿para qué bautizarse?

     Por eso, mientras sigue habiendo cristianos, nos vamos entreteniendo con obispos castrenses, sí o no, con el poder social de los obispos… y con los posibles escándalos de obispos  que dejan el episcopado por crisis de otro tipo y de obispos que acceden al episcopado con declaraciones que a la gente-gente no le suenan

     En ese contexto me he animado a retomar y re-escribir para este blog un par de paginitas tomadas en parte de mi teología de la Biblia (la Palabra hace carne). Mañana es el día del bautismo. Para mí es un día grande, uno de los mayores días de la Iglesia. Quizá sería bueno empezar por el bautismo, no por los obispos.

   Yo me atrevería a decir: “Si uno quiere ser obispo” (animador de una comunidad de seguidores de Jesús) empiece haciendo cristianos. ¿Cómo hacerlo hoy, año 2022, cuando muchos cristianos están dejando de ofrecer el bautismo a sus hijos? ¿Habrá que empezar casi de cero? Buen día a todos.

 2.Comunidad de renacidos. Nacer por bautismo

La Iglesia no es una comunidad de nacimiento físico o raza, como otras religiones, ni un estado político‒militar, fundado en el poder de algunas, o en la riqueza de otros, sino una comunión de “renacidos”, es decir, de personas “re-nacidas”, que tienen la experiencia de “haber nacido de “ y de vivir en él.   Éste es el tema: La iglesia es una comunidad de bautizados, que tienen la experiencia de “haber nacido” de Dios, a ejemplo de Jesús, y de vivir en una comunidad de “renacidos” a la vida en Dios.

No tomo por tanto el bautismo como rito de una iglesia particular, sino como signo del “nacimiento superior” de todos los cristianos, que no se vinculan por biología o raza, ni por presión político‒económica (o militar), sino por asociación voluntaria de fidelidad (de fe en el Dios de Jesús, que es fe de unos en otros) … En ese sentido, los creyentes‒bautizados de la Iglesia se integran entre sí como iniciados, renacidos en un grupo que les acoge y sella como “hijos de Dios”, en la línea del bautismo de Jesús (Mc 1, 9‒11) o del mandato pascual de Mt 28, 16‒20 (bautismo en la trinidad).

El arquetipo inicial de la Iglesia cristiana como tal es el bautismo, como expresión de un nacimiento superior, universal, de hombres y mujeres, de pueblos y razas, como iniciación mesiánica universal, que tiene un precedente en el judaísmo, pero que lo desborda. Los judíos “nacían” biológicamente por pertenencia a un pueblo (judío es el hijo de una judía) y ratificaban ese nacimiento por la circuncisión realizada en familia y por unas leyes de tipo alimenticio, sexual y social. Por el contrario, los cristianos no nacen, sino que se hacen por re-nacimiento, por integración personal, ratificada por el bautismo, que no se realiza en pequeña familia, sino en la comunidad de los cristianos, sin más exigencia o compromiso que la fidelidad mutua de todos los hermanos, dentro de un espacio de vida entendida como regalo y experiencia de comunicación humana, en línea de Jesús.

 3.Prehistoria judía.Bautismo en el Jordán

Las casas de los judíos puros (ricos) teníanpiscinas purificatorias (miqvot), para «limpiarse» a través de bautismos rituales. Los esenios de Qumrán se bautizaban al menos una vez al día, para la comida pura (cf. 1Q 5, 11-14). Había también hemero-bautistas, como Bano, que se purificaban cada día (incluso varias veces), para estar limpios ante Dios, compartiendo la pureza del principio de la creación. En aquel tiempo había surgido además la figura y mensaje de Juan Bautista, que anunciaba e impartir un bautismo, para purificación de los pecados (cf. cap 13‒14)[1].

Pues bien, en un momento dado, Jesús fue a bautizarse, haciéndose discípulo de Juan. Abandonó la familia, dejó el trabajo como tekton y se integró en una intensa “escuela bautismal”, asentada en el río Jordán, que era límite de la tierra prometida. Superando así la cultura social del entorno, en unión con Juan Bautista, Jesús pensó que el orden socio‒sacral de este mundo acaba, y que todo termina con un juicio de Dios, que hará posible la nueva entrada de los verdaderos israelitas, que cruzarán el Jordán, como en tiempos de Josué (cf. Jos 1-6) y podrán vivir en la Tierra Prometida. En ese contexto se inscribe su bautismo, con su gran novedad:

 Y sucedió entonces que llegó Jesús, de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio los cielos rasgados y al Espíritu descendiendo sobre él como paloma. Se oyó entonces una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido (Mc 1, 9-11).

El bautismo fue expresión de su “estado naciente”, es decir, de su nuevo nacimiento mesiánico, para el Reino de Dios, que trazó una ruptura respecto a lo anterior, definiendo su nueva opción mesiánico‒profética al servicio de la presencia creadora de Dios:

Iniciación y promesa mesiánica. Así lo ha destacado la tradición cuando afirma que vio los cielos abiertos y escuchó la voz de Dios Padre diciéndole ¡tú eres mi Hijo! y confiándole su tarea creadora y/o salvadora (¡por medio del Espíritu Santo!). Ciertamente, esa escena (cf. Mc 1, 9-11 par.), ha sido recreada por la Iglesia, pero en su fondo hay un gesto histórico firme, que anticipa la acción posterior de Jesús, vinculada a la promesa del Hijo de David: “Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo” (2 Sam 7, 14), tal como ha sido proclamada por Sal 2, 7: “Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado”.

Inversión, cumplimiento profético y revelación mesiánica. El bautismo es la visualización y celebración comunitaria de esa experiencia de inversión, en la que viene a revelarse un Dios que actúa a contrapelo de un tipo de egoísmo humano. Precisamente allí donde, habiendo llegado al fin de su mensaje apocalíptico, Juan se había colocado ante una meta de juicio y destrucción de la humanidad anterior, Jesús experimentó y descubrió su vocación davídica, como impulso y llamada mesiánica de Reino, como si aquello que Juan anunciaba se hubiera cumplido, de tal forma que allí donde todo había terminado (ha llegado el juicio) vino a comenzar de otra manera todo, en línea de vida y no de muerte[2].

‒ Nacimiento de Dios, para su Reino. No fue un proceso racionalista en plano objetivo, algo que se puede demostrar por argumentos, sino una “intuición” vital, un acontecimiento que recompuso las coordenadas de su imaginación y de su voluntad, su forma de estar en el mundo y su decisión de transformarlo. En ese sentido decimos que el bautismo de Jesús fue un signo de su “vocación”, una llamada que Jesús ha “recibido” y acogido en lo más profundo de su ser. En un momento crucial de su vida, él escuchó la voz de Dios que le llamaba Hijo y sintió la experiencia del Espíritu, confiándole su tarea de Reino.

Es difícil trazar suposiciones de tipo psicológico sobre lo que Jesús sintió en el bautismo, pero es evidente que, al recibirlo, él se vinculó con los “pecadores” de su pueblo, con su carga de trabajo y/o falta de trabajo, como tekton, artesano galileo (Mc 6,1‒5), en una sociedad que se desintegraba. Venía a bautizarse para asumir el camino de Juan, quizá para “despedirse” del Dios de las promesas fracasadas, como Elías sobre el Horeb (1 Rey 19). Pero el Dios de su fe más profunda, vinculada a su tradición familiar mesiánica, el Dios de sus deseos más hondos, le salió al encuentro tras (en) el agua, en la brisa del Espíritu, y escuchó una voz que decía: ¡Tú eres mi Hijo Querido, en ti me he complacido!

La primera voz del Cielo (de Dios) no es ya Soy el que soy, Yahvé; (cf. Ex 3, 14 9), sino la afirmación engendradora del Dios Padre, que sale de sí y suscita al otro (a su Hijo), diciéndole ¡Tú eres! Un tipo de judaísmo había partido del Yo Soy de Dios como misterio incognoscible. El evangelio en cambio se fundamenta y expresa en el descubrimiento del Dios que es en sí mismo diciendo Tú Eres. Dios no empieza asegurando su dominio, sino dando ser al otro; no es un Yo soy en mí, sino un Yo soy para y contigo, diciendoTú eres mi Hijo. En el origen de la vida no está un Yo-Soy, planeando por encima de las cosas, ni la voz del hombre angustiado pidiendo la ayuda de Dios o de los dioses, sino la Palabra (Dios) que dice ¡Tú eres mi hijoquerido! (jhjd, agapêtos), y la respuesta del Hijo (Jesús), como Oyente original de esa Palabra[3].

4. Bautismo cristiano. Nacimiento personal y eclesial

                      Al asumir como propio el bautismo (signo fundante) de Jesús, reinterpretado desde la experiencia de su muerte, la iglesia ha ratificado su opción fundacional, definiéndose a sí misma como nuevo pueblo, por gracia de Dios, por inmersión creyente de sus miembros. No sabemos quién fue el primero en impartirlo, quizá Pedro (cf. Hech 3, 38). Tampoco sabemos si al principio entraban todos en el agua o bastaba el «bautismo en el Espíritu», como renovación interior. Sea como fuere, el bautismo vino a convertirse en paradigma de iniciación y pertenencia cristiana: la primera institución o sacramento visible y escondido, público y privado, paradigma) de los seguidores de Jesús, como signo de renacimiento personal y eclesial, como nueva creación (en cada bautizado se actualiza la misma experiencia de Jesús), para todos los pueblos.

 ‒ Bautismo escatológico y pascual. Por un lado, el bautismo mantiene a los creyentes en continuidad con Juan Bautista y su judaísmo. Pero, al mismo tiempo, expresa y expande la experiencia de la vida, muerte y pascua de Jesús, en cuyo nombre se bautizan sus seguidores, identificándose con él, ya en este mundo, sin esperar la llegada del Reino futuro, pues el Reino ha comenzado aquí, es la vida de Cristo en los creyentes.

Iniciación y demarcación. Quienes lo reciben renacen, insertándose en la vida, muerte y resurrección de Jesús, por obra de Dios Padre en el Espíritu (cf. Rom 6). De esa forma se distinguen y definen los creyentes, como indicará la fórmula trinitaria de Mt 28, 16-20 (en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu: cf. cap. 20), que les introduce creyentes en el espacio total del Dios de Cristo.

Entendido así, el bautismo supera la división de naciones, estados sociales y sexos, como sabe Gal 3, 28, retomando un pasaje clave de la liturgia: «ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, macho ni hembra…». La circuncisión discriminaba, como signo en la carne del sexo masculino, a judíos de los no judíos, a varones de las mujeres… Por el contrario, el bautismo es el mismo para varones y mujeres, libres y esclavo, judíos y gentiles, como sacramento de nuevo nacimiento personal en la comunidad de los creyentes.

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“Bautismo de Jesús”. Ciclo C

domingo, 9 de enero de 2022
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20160WDel blog  El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 

Un ejercicio sencillo y una sorpresa

            Imagina todo lo que has hecho o te ha ocurrido desde que tenías doce años hasta los treinta (suponiendo que hayas llegado a esa edad). Si pones la lista por escrito necesitarás más de una página. Si la desarrollas con detalle, saldrá un libro.

            La sorpresa consiste es que de Jesús no sabemos nada durante casi veinte años. Según Lucas, cuando subió al templo con sus padres tenía doce años de edad; cuando se bautiza, “unos treinta años”. ¿Qué ha ocurrido mientras tanto? No sabemos nada. Cualquier teoría que se proponga es pura imaginación.

            Este silencio de los evangelistas resulta muy llamativo. Podían haber contado cosas interesantes de aquellos años: de Nazaret, con sus peculiares casas excavadas en la tierra; de la capital de la región, Séforis, a sólo 5 km de distancia, atacada por los romanos cuando Jesús era niño, y cuya población terminó vendida como esclavos; de la construcción de la nueva capital de la región, Tiberias, en la orilla del lago de Galilea, empresa que se terminó cuando Jesús tenía poco más de veinte años. Nada de esto se cuenta; a los evange­listas no les interesa escribir la biografía de su protagonista.

            Pero más llamativo que el silencio de los evangelistas es el silencio de Dios. Al profeta Samuel lo llamó cuando era un niño (según Flavio Josefo tenía doce años); a Jeremías, cuando era un muchacho y se sentía incapaz de llevar a cabo su misión; a Isaías, con unos veinte años. ¿Por qué espera hasta que Jesús tiene “unos treinta años”, edad muy avanzada para aquella época? No lo sabemos. “Los caminos de Dios no son nuestros caminos”. Buscando explicaciones humanas, podríamos decir que Isaías y Jeremías tenían como misión transmitir lo que Dios les dijese; Jesús, en cambio, además de esto formará un grupo de seguidores, será para ellos un maestro, “un rabí”, y esto no puede serlo a los veinte años. Pero esto no soluciona el problema. Seguimos sin saber qué hizo Jesús durante tantos años. Para los evangelistas, lo importante comienza con el bautismo.

El bautismo de Jesús

            Es uno de los momentos en que más duro se hace el silencio. ¿Por qué Jesús decide ir al Jordán? ¿Cómo se enteró de lo que hacía y decía Juan Bautista? ¿Por qué le interesa tanto? Ningún evangelista lo dice. La versión de Lucas es la siguiente:

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.”

            En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”

            Lucas sigue muy de cerca al relato de Marcos, pero añade dos detalles de interés: 1) Jesús se bautiza, “en un bautismo general”; con ello sugiere la estrecha relación de Jesús con las demás personas; 2) la venida del Espíritu tiene lugar “mientras oraba”, porque Lucas tiene especial interés en presentar a Jesús rezando en los momentos fundamentales de su vida, para que nos sirva de ejemplo a los cristianos.

            Por lo demás, Lucas se atiene a los dos elementos esenciales: el Espíritu y la voz del cielo.

            La venida del Espíritu tiene especial importancia, porque entre algunos rabinos existía la idea de que el Espíritu había dejado de comunicarse después de Esdras (siglo V a.C.). Ahora, al venir sobre Jesús, se inaugura una etapa nueva en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. Porque ese Espíritu que viene sobre Jesús es el mismo con el que él nos bautizará, según las palabras de Juan Bautista.

            La voz del cielo. A un oyente judío, las palabras «Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» le recuerdan dos textos con sentido muy distinto. El Sal 2,7: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy», e Isaías 42,1: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero». El primer texto habla del rey, que en el momento de su entronización recibía el título de hijo de Dios por su especial relación con él. El segundo se refiere a un personaje que salva al pueblo a través del sufrimiento y con enorme paciencia. Lucas quiere evocarnos las dos ideas: dignidad de Jesús y salvación a través del sufrimiento.

            El lector del evangelio podrá sentirse en algún momento escandalizado por las cosas que hace y dice Jesús, que terminarán costándole la muerte, pero debe recordar que no es un blasfemo ni un hereje, sino el hijo de Dios guiado por el Espíritu.

El programa futuro de Jesús

            Pero las palabras del cielo no sólo hablan de la dignidad de Jesús, le trazan también un programa. Es lo que indica la primera lectura de este domingo, tomada del libro de Isaías (42,1-4.6-7).

Así dice el Señor: Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas.

            El programa indica, ante todo, lo que no hará: gritar, clamar, vocear, que equivale a amenazar y condenar; quebrar la caña cascada y apagar el pabilo vacilante, símbolos de seres peligrosos o débiles, que es preferible eliminar (basta pensar en Leví, el recaudador de impuestos, la mujer sorprendida en adulterio, la prostituta…).

            Dice luego lo que hará: promover e implantar el derecho, o, dicho de otra forma, abrir los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión; estas imágenes se refieren probablemente a la actividad del rey persa Ciro, del que espera el profeta la liberación de los pueblos sometidos por Babilonia; aplicadas a Jesús tienen un sentido distinto, más global y profundo, que incluye la liberación espiritual y personal.

            El programa incluye también cómo se comportará: «no vacilará ni se quebrará». Su misión no será sencilla ni bien acogida por todos. Abundarán las críticas y las condenas, sobre todo por parte de las autoridades religiosas judías (escribas, fariseos, sumos sacerdotes). Pero en todo momento se mantendrá firme, hasta la muerte.

Misión cumplida: pasó haciendo el bien

            La segunda lectura, de los Hechos de los Apóstoles, Pedro, dirigiéndose al centurión Cornelio y a su familia, resumen en estas pocas palabras la actividad de Jesús.

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»

            Un buen ejemplo para vivir nuestro bautismo.

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09 de Enero. Bautismo del Señor. Ciclo C

domingo, 9 de enero de 2022
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“Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración

Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús.

domingo, 9 de enero de 2022
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DOMINGO 1º BAUTISMO DE JESÚS (C)

Lc 3,15-22

Comenzamos el “tiempo ordinario”. El bautismo es el primer acontecimiento que los evangelios nos narran de la vida de Jesús. Es además, el más significativo desde su nacimiento hasta su muerte. Lo importante no es el hecho en sí, sino la carga simbólica que el relato encierra. El bautismo y las tentaciones hablan de la profunda transformación que produjo en él una experiencia que se pudo prolongar durante años. Jesús descubrió el sentido de su vida, lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para los demás.

Los cuatro evangelistas resaltan la importancia que tuvo para Jesús el encuentro con Juan el Bautista y el descubrimiento de su misión. A pesar de que es un reconoci­miento de cierta dependencia de Jesús con relación a Juan. Ningún relato nos ha llegado de los discípulos de Juan. Todo lo que sabemos de él lo conocemos a través de los escritos cristianos. Si a pesar de que se podía interpretar como una subordinación, lo han narrado todos los evangelistas, quiere decir que tiene grandes posibilidades muy de ser histórico.

Celebramos hoy el verdadero nacimiento de Jesús. Él mismo nos dijo que el nacimiento del agua y del Espíritu era lo importante. Si seguimos celebrando con mayor énfasis el nacimiento carnal, es que no hemos entendido el mensaje evangélico. Nuestra religión sigue empeñada en que busquemos a Dios donde no está. Dios no está en lo que podemos percibir por los sentidos. Dios está en lo hondo del ser y allí tenemos que descubrirlo. El bautismo de Jesús tiene un hondo calado porque nos lanza más allá de lo sensible.

Lucas no da ninguna importancia al hecho físico. Destaca los símbolos: Cielo abierto, bajada del Espíritu y voz del Padre. Imágenes que en el AT están relacionadas con el Mesías. Se trata de una teofanía. Según aquella mentalidad, Dios está en los cielos y tiene que venir de allí. Abrirse los cielos es señal de que Dios se acerca a los hombres. Esa venida tiene que ser descrita de una manera sensible para poder ser percibida. Lo importante no es lo que sucedió fuera, sino lo que vivió Jesús dentro de sí mismo.

El gran protagonista de la liturgia de hoy es el Espíritu. En las tres lecturas se hace referencia directa a él. En el NT el Espíritu es entendido a través de Jesús; y a la vez, Jesús es entendido a través del Espíritu. Esto indica hasta qué punto se consideran mutuamente implicados. Comprenderemos esto mejor si damos un repaso a la relación de Jesús con el Espíritu en los evangelios, aunque no en todos los casos  “espíritu” significa lo mismo.

Marcos:      1,10 Vio rasgarse los cielos y al Espíritu descender sobre él.

                   1,12 El Espíritu lo impulsó hacia el desierto.

Mateo:        3,16 Se abrieron los cielos y vio el Espíritu de Dios que bajaba como paloma.

Lucas:         3,22 El Espíritu Santo bajó sobre él en forma corporal como una paloma.

                   4,1 Jesús salió del Jordán lleno del Espíritu Santo.

                   4,14 Jesús, lleno de la fuerza del Espíritu, regresó a Galilea.

                   4,18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Juan:          1,32 Yo he visto que el Espíritu que bajaba del cielo y permanecía sobre él.

                   1,33 Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu, es quien bautiza con E. S. y fuego.

                   3,5 Nadie puede entrar en el Reino, si no nace del agua y del Espíritu.

                   6,63 El Espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada.

 

Hay que recordar que estamos hablando de la experiencia de Jesús como ser humano, no de la segunda o de la tercera persona de la Trinidad. Lo que de verdad nos debe importar a nosotros es el descubrimiento de la relación de Dios para con él, como ser humano, y la respuesta que el hombre Jesús dio a esa toma de conciencia. Lo singular de esa relación es la respuesta de Jesús a esa presencia de Dios-Espíritu en él. El bautismo no es la prueba de la divinidad de Jesús, sino la prueba de una verdadera humanidad.

En el discurso de Juan en la última cena, Jesús hace referencia al Espíritu que les enviará, pero también les dice que no les dejará huérfanos. Esas dos expresiones hacen referencia a la misma realidad. También dice que el Padre y él vendrán y harán morada en aquel que le ama. Jesús se siente identificado con Dios, que es Espíritu. No tenemos datos para poder adentrarnos en la psicología de Jesús, pero los evangelios no dejan ninguna duda sobre la relación de Jesús con Dios. Fue una relación mucho más que personal. Se atreve a llamarle Abba, (papá) cosa inusitada en aquella época y aún en la nuestra.

Todo el mensaje de Jesús se reduce a manifestar su experiencia de Dios. El único objetivo de su predica­ción fue que también nosotros lleguemos a esa misma experiencia. La comunicación de Jesús con su «Abba«, no fue a través de los sentidos ni a través de un órgano portentoso. Se comunicaba con Dios como nos podemos comunicar cualquiera de nosotros. Tenemos que descartar cualquier privilegio en este sentido. A través de la oración, de la contemplación, el Hombre Jesús descubrió quién era Dios para él. En este caso, Lucas dice que esa manifestación de Dios en Jesús se produjo “mientras oraba”.

El descubrimiento de esa presencia nace sencillamente de su concien­cia de criatura. Dios como creador está en la base de todo ser creado, constituyéndolo en ser. Yo soy yo porque soy de Dios. Todo lo que tengo de positivo me lo está comunicando Dios; es el mismo ser de Dios en mí. Solo una cosa me diferencia de Dios: mis limitaciones. Esas sí son mías y hacen que yo no sea Dios, ni criatura alguna pueda identificarse absolutamente con Dios. Lo importante para nosotros es intentar descubrir lo que pasó en el interior de Jesús y ver hasta qué punto podemos nosotros aproximarnos a esa misma experiencia.

La experiencia de Dios que tuvo Jesús no fue un chispazo que sucedió en un instante. Más bien tenemos que pensar en una toma de conciencia progresiva que le fue acercando a lo que después intentó transmitir a los discípulos. Los evangelios no dejan lugar a duda sobre la dificultad que tuvieron los primeros seguidores de Jesús para entender esto. Eran todos judíos y la religiosidad judía estaba basada en la Ley y el templo, es decir, en una relación puramente externa con Dios. Para nosotros esto es muy importante. Una toma de conciencia de nuestro verdadero ser no puede producirse de la noche a la mañana.

¿Cómo interpretaron los primeros cristianos, todos judíos, este relato? Dios, desde el cielo, manda su Espíritu sobre Jesús. Para ellos Hijo de Dios y ungido era lo mismo. Hijo de Dios era el rey, una vez ungido; el sumo sacerdote, también ungido; el pueblo elegido por Dios. Lo más contrario a la religión judía era la idea de otro Dios o un Hijo de Dios. ¿Cómo debemos interpretar nosotros esa interpretación? Hoy tenemos conocimientos suficientes para recuperar el sentido de los textos y salir de una mitología que nos ha despistado durante siglos. Jesús es hijo de Dios porque salió al Padre, imitó en todo al Padre, le hizo presente en todo lo que hacía. Pero entonces también yo puedo ser hijo como lo fue Jesús.

Meditación

Jesús nació del Agua y del Espíritu.
Este segundo nacimiento dará a luz mi verdadero ser.
Ya está en mí, pero tengo que descubrirlo.
No te identifiques con tus limitaciones.
Tus fallos son carencias, pero tú eres lo positivo que hay en ti.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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