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Norma Castillo: de Montoneros al matrimonio igualitario

sábado, 9 de agosto de 2025
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Norma Castillo, por Gala Abramovich. Imagen: Archivo

Una historia de amor, convicciones, exilios y orgullo.

A los 83 años, Norma Castillo repasa una vida marcada por la militancia, el exilio y un amor inolvidable: su compañera Cachita. Fue la primera lesbiana en casarse en América Latina y hoy, desde un hogar en Chacarita, sigue luchando por la memoria y el futuro. Su historia llega ahora en forma de libro.

Por Lía Ghara

Tiene 83 años, un recorrido joven por la política de los ’70, la historia de un exilio a cuestas y lleva también el orgullo de haber sido la primera lesbiana en casarse en América Latina. Su compañera, Cachita, fue el amor de su vida, con quien recuerda cada beso. “Creo que hasta el último segundo de vida me voy a acordar de esas palabras: ‘Sí, quiero‘”. Desde Corrientes a Barranquilla, desde Montoneros hasta la militancia LGBT+, y hoy su enorme preocupación por la ecología, así transcurre la vida de Norma Castillo.

¿Cómo fue tu recorrido en la política?

–Yo siempre fui evitista, te diría, más que peronista. No tenía ni 10 años cuando ella murió y me acuerdo cómo la lloré. A esa edad ya podía ver y entender las cosas que hacía Eva, y cómo nos cambiaron la vida. Después, más grande, empecé a militar. Me gustaba ir a las marchas, a las actividades, participar. También mucho desde la facultad. Ahí, donde estudiaba yo, se puso muy mal la cosa después del ‘76. Cuando empezó la dictadura en La Plata, se oían tiros toda la noche. No te dejaban dormir, y lo peor era no saber si era un compañero tuyo. La verdad es que ligué poco porque figuraba poco, no estaba en la cúpula. Pero sí me secuestraron dos veces, estuve detenida en un galpón, en el medio del campo, durante dos días. Sospecho que fue entre Magdalena y La Plata. La violencia fue terrible. Después de eso, no nos quedó otra que el exilio. Yo no me quería ir, me faltaba entregar la tesis para recibirme. Ahí, en el Hospital de Niños de La Plata, era un hervidero de compañeros: médicos, enfermeros, enfermeras. Hoy la mayoría están muertos. En La Plata fue una masacre.

Norma junto a Ramona «Cachita» Arévalo, el gran amor de su vida. Foto. S. Freire

Norma, artista plástica, estudió zoología en la ciudad de La Plata, donde comenzó su militancia en el peronismo. La dictadura fue un golpe duro que la obligó a dejar la carrera y, al poco tiempo, la ciudad.

¿Cómo era tu vida en ese momento?

–Yo me había casado con Julio, mi marido de entonces. Tendría unos 32 años cuando decidimos irnos. Trabajaba, estudiaba y hacía cosas que me gustaban. Es gracioso porque, por esa época, fue la primera vez que conocí a Cachita, pero yo estaba tan segura de mi sexualidad que ni siquiera pensaba eso. Si alguien me hubiera dicho que me iba a casar con esa mujer… no sé qué me habría pasado.

«Ser lesbiana es lo más hermoso que me pasó en la vida. Le agradezco a la vida que, aunque un poco tarde, apareció Cachita. Porque yo estaba ciega».

¿Y cómo te diste cuenta de que eras lesbiana?

–Y… como se da cuenta uno cuando salta de una pesadilla. Parece de película. Yo me estaba subiendo al tren con Julio. Nos escapamos por tierra, fuimos subiendo hasta llegar a Colombia, donde nos esperaba la familia de Julio. Cuando me estaba subiendo al tren, Teresa, una amiga cercana, vino a despedirme. Me abrazó y me dijo: “Vos me querés a mí”. ¿Viste cuando te explota la cabeza? No vi más ni tren, ni estación, ni quién era yo. Lo único que sentí fue eso. Empecé a llorar. Julio me gritaba desde el tren. Corrí y me subí. Lloraba, pero con la claridad de que lo que me pasaba era que yo quería enamorarme de una mujer

¿Te habías enamorado de Teresa?</strong

–No, de Teresa no, pero ella fue quien despertó el pensamiento. Me ayudó a darme cuenta de lo que me pasaba. Lo sufrí bastante, no sabía qué hacer, sentía que me iba a volver loca. Aproveché el viaje para llorar. Parecía que estaba triste por la despedida, pero la verdad es que no sabía qué hacer.

La historia de Norma y Cachita nació en el exilio. Cachita también estaba casada, con Pablo, y tenían un niño de dos años. Vivían en Pivijay, Colombia. Dato clave: Pablo, el marido de Cachita, y Julio, el marido de Norma, eran primos.

¿Cómo fue la llegada y el reencuentro con Cachita?

–El día que llegué, mi suegra hizo una fiesta e invitó a todos los parientes. Ahí la conocí, o mejor dicho, la volví a ver. Como era uruguaya, enseguida estuvimos a los abrazos. Pero yo en ese momento nada. Disimulaba, pero estaba muy mal. Nos hicimos muy amigas. Cachita era cerrajera y tenían una cerrajería en el pueblo. Yo daba clases en el colegio. Lo mejor era que teníamos un grupo de mujeres con quienes nos juntábamos siempre a jugar a las cartas.

Norma y Cachita, después de dar el ««. Foto: Sebastián Freire

¿Eran timberas, digamos?

–(Ríe) Timberas, todos los días. Además, cuando era el cumpleaños de alguna, una rumba. Meta ron, caña, cumbia y caderazos. ¡Qué lindo! La pasé demasiado bien. Aunque también estaba muy conflictuada, porque me iba enamorando de Cachita. Estábamos todo el día juntas, encontrábamos momentos para estar solas. Ya había algunos ademanes… de apretarse, de abrazarse, pero no delante de la gente.

¿Cuál de las dos hizo el primer movimiento?

–Fui yo. En una de esas noches de timba, al despedirnos, le di una mordidita suave en la oreja. Ella se fue sin decir nada. Al otro día me dijo que quería hablar conmigo… qué nervios. Aunque no la veía enojada. Pasaron unos días y, cuando nuestros maridos no estaban, quedamos para vernos. Ella, que siempre era tan segura, esa tarde me habló con un hilito de voz: “¿Harías lo mismo que la otra noche?” Y bueno, ahí empezó todo. Después fue una comedia de disimulo.

La salida del clóset fue difícil. En Pivijay, además, estaban rodeadas por la trama familiar. Poco después, Norma enviudó y Cachita se separó. Se mudaron juntas a Barranquilla, donde abrieron el primer bar gay, vivieron su amor de manera abierta, apostaron por la visibilidad y el orgullo, y construyeron una nueva familia dentro de la comunidad.

¿Cómo fue la vida con Cachita?

–Estando con ella, me atrevía a cualquier cosa. Ella era una muñeca, pero bien aguerrida. Pasamos los mejores años haciendo el amor. Nunca bajó el volumen del amor, de la necesidad de estar cerca. Querernos tanto… eso fue lo mejor de la vida.

¿Cómo viviste ese casamiento histórico?

–Era como un sueño. Los acontecimientos no te dejaban mucho tiempo para pensar. Nosotras luchamos mucho para estar juntas y que se nos reconozca. Ese momento fue vivir el presente, disfrutarlo. Parecía que el mundo se había transformado en comprensión, en logros, en amistad. Venía gente mayor a visitarnos, y cuando veían quiénes eran las novias, no podían creer que eran dos viejas. ¡Yo tenía 67 años! Un dato gracioso: nuestro padrino fue Luis D’Elía. Fue algo maravilloso, indescriptible. El impacto de saber que estábamos casadas, que las mujeres teníamos derechos. Eso fue una época muy linda. Dos o tres presidencias con Cristina y Néstor, donde se pudo luchar, manifestar. No como ahora, que estamos en un momento tan difícil.

¿Te resulta difícil como jubilada?

–Lo más triste que puede haber. No por un mequetrefe que ponga un gobierno autoritario (ya hubo varios), sino porque la gente joven no participa. Somos muy pocos y siempre los mismos los que luchamos. Desde que lo vi, supe que este tipo iba a ganar. A los presidentes como él los pone el poder. Y algo que no se habla mucho: el tema ambiental. Están vendiendo nuestros recursos, respiramos veneno. Muy pocos levantan la voz.

¿Por qué luchás y seguís luchando, Norma?

–Lo hacemos por la gente que viene atrás y por los que quedaron. Desde que me di cuenta de que era lesbiana, nunca quise estar en el clóset. A veces quieren hacernos odiar a nosotros mismos, y a eso hay que ganarle.

¿Estás contenta de ser torta?

–Es lo más hermoso que me pasó en la vida. Le agradezco a la vida que, aunque un poco tarde, apareció Cachita. Porque yo estaba ciega.

¿Qué consejo le darías a la juventud?

–Que le muerdan suavemente la oreja.

Las historias que tiene para contar Norma Castillo son infinitas. Desde el hogar para ancianos donde vive ahora, en el barrio de Chacarita, te recibe con un y la charla no cesa. Acompañada por amistades históricas, reconocida por la militancia, amada por su compañera, Norma, a sus 83 años, está por lanzar un libro que ya se encuentra en preventa. Son también las memorias de Latinoamérica atravesadas por un amor, por las convicciones, la política y el orgullo. Por dos viejas que se amaron y dejaron un camino para los que vendrán.

En noviembre lanzará su autobiografía. De manera exclusiva, SOY ofrece a sus lectores este anticipo:

Los primeros 100 libros estarán disponibles en venta anticipada.

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Fuente Página12

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Matrimonio igualitario en Argentina: 15 años de la ley que fortaleció la democracia

jueves, 17 de julio de 2025
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Tras años de lucha, el movimiento LGBT alcanzó uno de sus logros más importantes con la aprobación del matrimonio igualitario. Argentina fue el primer país de América Latina en tener este derecho y el décimo del mundo. Activistas cuentan su experiencia de militancia y su vida luego del casamiento.

Fuente Agencia Presentes

12 de julio de 2025

Maby Sosa

Edición: Ana Fornaro

La noche del 15 de julio de 2010 fue inolvidable, no sólo para la sanción de la ley que fue de madrugada, sino también por el frío. Argentina se convertía en el primer país de América Latina en tener Matrimonio Igualitario. La aprobación de la ley fue el resultado de más de 30 años de militancia por derechos LGBT y de la decisión política del gobierno encabezado por Cristina Fernández de Kirchner. Fueron Vilma Ibarra y Silvia Ausgburger quienes le pusieron letra al proyecto inicial y Juliana Di Tullio quien presentó el proyecto definitivo (inicialmente presentado por Eduardo Di Pollina). Abrió una serie de acalorados debates dentro del recinto y fuera de él.

Marcelo Ferreyra es militante por los derechos LGBT desde la década del 80. Junto a referentes como Carlos Jáuregui y César Cigliutti militó por los derechos civiles. “En esa época, estábamos en plena pandemia del VIH y veíamos muchísimos casos donde las relaciones al no ser reconocidas legalmente al fallecer uno de los miembros de la pareja, el otro quedaba en la calle. O aparecían los parientes que nunca se habían ocupado del difunto a reclamar propiedades”, recuerda de esas primeras épocas en las que comenzó a tejer el debate por el matrimonio igualitario.

En aquel entonces, recuerda Ferreyra, en la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) tenían otras prioridades pero que “a partir de estas experiencias provenientes del tema de las parejas que enfrentaban el contexto del VIH empezamos a plantearnos que realmente el reconocimiento legal de pareja era un tema necesario”, agrega.

Derechos para todxs

María Rachid, titular de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) recuerda que cuando frente al Congreso de la Nación, se escuchó 33 a 27 votos a favor, la plaza estalló. “De emoción, de alegría, de angustia acumulada por la incertidumbre”, recuerda.

Esa aprobación no pasaba solamente por los derechos concretos que implicaba el matrimonio igualitario, el derecho a dejarle una pensión a tus seres queridos, el derecho a la herencia, a compartir una obra social. Lo principal era el reconocimiento de la igualdad por parte del Estado. Una herramienta clave para seguir trabajando contra la discriminación y la violencia que todavía vive nuestra comunidad y las personas LGBT en Argentina y en el mundo. Sin esa herramienta del mensaje de la igualdad por parte del Estado, es muy difícil construir igualdad real”.

José María Di Bello, militante por los derechos LGBT y protagonista del primer matrimonio igualitario en la Argentina, también destaca la noción de igualdad.La lucha no era por la institución matrimonial, era porque nosotros estábamos en desventaja, en desigualdad. La ley introduce una igualdad jurídica y esa igualdad jurídica impulsa el cambio social y cultural. Que es la transformación más difícil. Es la que por ejemplo ahora tambalea a través de los discursos de odio y del posicionamiento social hacia una derecha conservadora a partir del gobierno

Con la Ley de Matrimonio Igualitario se impulsó después una gran cantidad de posicionamientos y de nuevos derechos o de reconocimiento, restitución de derechos. Dos años después vino la Ley de Identidad de Género, y todo esto tuvo que ver justamente con esa construcción y esa transformación social y cultural que empezó a provocar el matrimonio igualitario”.

Construir nuevas luchas

La noche del 15 de julio estuvo marcada por la incertidumbre luego de un proceso arduo y desgastante que terminó en una alegría infinita, recuerda Martín Canevaro, integrante de 100% Diversidad y Derechos. “Esa aprobación significó que el movimiento LGBTINB+ fuera reconocido como un actor social relevante en nuestro país y se profundizara un proceso de mayor participación política de nuestra comunidad. Pero lo fundamental fue la capacidad de lograr construir consensos plurales y transversales para ampliar derechos”.

“A nivel de la sociedad y sus instituciones nos permitió salir del campo del discurso médico que históricamente nos patologizó para pasar al campo de los derechos humanos iniciando un proceso de reconocimiento y valoración social de la diversidad sexual y familiar. Básicamente, redujo los costos sociales de la visibilidad de quienes no respondemos al mandato de la heterocisnorma y mayores de niveles de libertad para expresar la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género, es especial para les jóvenes”, agrega el militante LGBT..

Canevaro se casó con Carlos Álvarez Nazareno el 15 de abril de 2010, dos meses antes de la sanción de la ley. “La sentencia del juez Guillermo Sheibler declaró la inconstitucionalidad de los artículos del viejo Código Civil que se interpretaban como un impedimento y eso implicó la apelación fiscal sobre la fecha pautada para el civil con todos los preparativos que tuvimos que suspender. En aquel momento hacerse visible para presentar un amparo implicaba un nivel de exposición difícil de sostener para la mayoría de las parejas. Es un orgullo para nosotros haber podido realizar ese aporte”, cuenta.

Para Mónica Santino, lesbiana y militante LGBT, la ley “cambió la naturaleza o la forma de mirar nuestros vínculos y nuestras relaciones. No mostraba fotos de vacaciones o se la mostraba mi amiga. Había una cantidad de cuestiones que tenían que ver con esa especie de clandestinidad y lo que hace el matrimonio igualitario es equiparar”.

Y agrega, «poner en blanco una cantidad de relaciones que quizá en algún tiempo habían sido ocultas, sobre todo en las parejas más viejas. Todo eso fue una maravilla, esos años que siguieron entre el 2010 y el 2015. En los primeros días, la sensación era como de haber salido de una zona de clandestinidad». 

La ley también protegió a lxs niñxs

José María Di Bello recuerda además de la igualdad la importancia de la protección jurídica de los hijos que ya muchas parejas, de lesbianas, de gays, de bisexuales, de trans, tenían.

«Decían ‘no porque entonces van a querer adoptar’, pero ya se adoptaba. Hay cientos de miles de parejas que habían adoptado lo que pasa es que jurídicamente quien tenía esa tutela legal sobre ese niñe era una sola de esas dos personas adultas. O sea, si fallecía la persona adulta que tenía la adopción no necesariamente quedaba a cargo de la otra persona, dependía a veces del juzgado. Y en general no pasaba eso, volvían a hogares de niños, y esto es la desprotección jurídica, lo mismo con la obra social, etc. Entonces también ese niño estaba en una situación de desigualdad ante niñxs que eran hijxs de parejas heterosexuales y que habían podido contraer matrimonio y que fueron adoptados por esos matrimonios.»

Besos lesbianos

Con 22 años fuimos con mi compañera al Registro Civil. Nos dijimos cuál era nuestro número favorito. Marian me dijo que era el 13 y el mío era el 5. Bueno, nos casamos el 13 de mayo”, cuenta Rocío. Hace ocho años, su pareja fue la tercera pareja que accedió al matrimonio igualitario en el organismo de Olavarría. Rocío recuerda que fue “hiperromantizado” y que, por lo menos ella, no dimensionaba del todo lo que significa haber accedido a ese derecho. Hasta dos años después, cuando, en la estación de Constitución Marian, su compañera fue detenida por haberla besado.

Agradecemos haber estado casadas en ese momento. Tener esa libreta y la acreditación del vínculo fue una herramienta para decir ‘díganme adónde están trasladando a mi esposa’”, cuenta Rocío. Recuerda a lo lejos el día de la sanción de la ley porque era una adolescente. “Tengo el recuerdo de ver a Norma y Cachita, de esa posibilidad de casarse y de entender que a partir de entonces se podía ‘encajar’”, agrega.

Vivir el amor en igualdad

Cuando decidieron casarse, Mónica Santino y su compañera llevaban 13 años de relación. Querían casarse bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y lo hicieron en noviembre de 2015. “Era como un homenaje, un reconocimiento político a esa voluntad de que tengamos esa ley. También queríamos un marco legal para nuestras hijas».

Para María Rachid, la ley implicó proteger a su familia, a su compañera, y tener un hijo. “No solamente fueron las de matrimonio igualitario, hubo muchas otras leyes importantes para nuestras familias, como la ley de reproducción humana asistida, sin la cual nosotras no hubiéramos podido tener al hermoso hijo que tenemos hoy. Esa igualdad, pero también esos derechos, nos cambiaron la vida. Otra vida posible y hermosa.”

Aunque no creía mucho en el matrimonio, Marcelo Ferreyra se casó en 2013. «Cuando compramos la propiedad donde vivimos estábamos viendo cómo hacer con los papeles y el abogado nos dijo que lo más fácil era casarse”, cuenta riendo. Hoy junto a su marido tienen una nena de tres años y agrega que no sufren ninguna hostilidad por parte de la sociedad. “Yo que vengo de un activismo desde hace 30 años, es un cambio muy fuerte y gratificante”, reflexiona.

No hay estadísticas a nivel nacional sobre el matrimonio igualitario, sí por jurisdicciones. De acuerdo a la Dirección General de Estadística y Censos (GCBA) desde 2010 a 2024 hubo 300 casamientos entre mujeres y 394 entre varones.

Una ley que defender

Los ataques a la comunidad LGBT por parte del gobierno actual fueron muchos. El más violento fue el discurso de Davos en el que relaciona a las personas LGBT con la pedofilia. El discurso fue rechazado por una multitudinaria marcha que se replicó en todo el país. Esta reacción, es según lxs activistxs, la señal de que la sociedad argentina, a pesar de los discursos de odio, saldó el debate con las personas LGBT. «El discurso de Davos fue un quiebre. La sociedad no es boba y yo confío en eso, en una unidad crítica”, dice Rocío. Rachid agrega, “en su momento hubo una sociedad que celebró la aprobación de la ley de matrimonio igualitario y que hoy defiende ese gran logro. No es casual que la primera gran movilización en contra del gobierno de extrema derecha de Javier Milei haya sido en respuesta al discurso de Davos”.

Actividades

-Organizado por  diversas agrupaciones LGBT, el lunes 14 de julio  a las 12:30 habrá un «Libretazo por el amor y la igualdad» frente al Registro Civil, Uruguay  753, CABA.

-A 15 aniversario de la promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario se realizará una charla en el Instituto Patria con la participación de María Rachid, Franco Torchia y Agustín Rossi

 

 

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Murió «Cachita» Arévalo, quien protagonizó el primer matrimonio entre lesbianas de Latinoamérica

viernes, 2 de noviembre de 2018
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68851_LGBT_adultosA los 75 años falleció esta mujer uruguaya, quien junto a su pareja la argentina Norma Castillo, se casó en el año 2010 gracias a un amparo legal, dando impulso a la lucha por la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina.

Una enfermedad cardíaca le arrebató este fin de semana a Norma Castillo su gran amor, la uruguaya Ramona “Cachita” Arévalo, con quien compartió más de 38 años de vida de pareja y se convirtieron en el 2010 en la primera pareja de mujeres de América Latina que contrajo matrimonio. En esa oportunidad ellas lo hicieron gracias a un amparo legal. Sin embargo, su activismo sirvió para darle un mayor impulso al debate sobre la Ley de Matrimonio Igualitario que se daba en ese momento en Argentina.

Además, su lucha fue también importante para visibilizar el afecto entre lesbianas adultas mayores.

Referentes del activismos LGBT de argentina y organismos de la diversidad sexual, recordaron en las redes sociales el fundamental aporte dado por “Cachita” y su hoy viuda en el largo camino hacia la igualdad de derechos que ha conquistado Argentina.

La noticia sobre su deceso fue comunicada por la organización 100% Diversidad y Derechos, que tuiteó: “Acaba de fallecer ‘Cachita’, compañera eterna de Norma, primer matrimonio de mujeres en Latinoamérica. Mucha tristeza y a la vez el recuerdo de que les fue posible el reconocimiento de este amor, en igualdad”.

Entretanto, Esteban Paulón, subsecretario de diversidad sexual de Santa Fe y quien presidía la Federación Argentina LGBT en 2010, publicó en su Twitter: “Se fue Cachita Arévalo, una de las primeras mujeres en contraer #MatrimonioIgulitario en América latina. Gracias por tu visibilidad, tu cariño y tu compromiso Acá nos quedamos honrando tu sueño de un mundo más justo!”.

La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT) también expresó su pesar a través de Twitter. “Lamentamos el fallecimiento de Ramona “Cachita” Arevalo. Junto con Norma Castillo, fueron el primer matrimonio igualitario de mujeres en Argentina en el 2010. Abrazamos a Norma, a su familia, sus amigxs y compañerxs. Agradecemos por años de activismo, de amor y de visibilidad”.

El portal Página 12 de Argentina recuerda que el suyo fue el tercer matrimonio celebrado entre personas del mismo sexo en Argentina –antes de la sanción y la entrada en vigencia de la ley–, el segundo en la ciudad de Buenos Aires y el primero entre mujeres.

Durante la celebración, Castillo definió a su boda como un acto de militancia. “Es por los que vienen. Para que puedan ir al Registro Civil como cualquiera, pedir turno, casarse. Por la igualdad ante la ley, como marca la Constitución de 1853”, había dicho. Las y los invitados a la boda pidieron que Arévalo también compartiera unas palabras. Cachita dudó, porque “una vez que habla ella ya está todo dicho. No hay más que agregar”. Su mujer insistió, y entonces Arévalo dijo: “que salga la ley… Lo que dijo ella también lo acepto, y está dicho”.

A comienzos de 2010, antes de la batalla legislativa por el matrimonio, «Cachita» contó a Página 12 parte de su historia. “Lo mío con Norma se dio naturalmente y cuando me empezó a gustar, no me hice demasiadas preguntas. De todas maneras, tenía dudas sobre lo que le pasaba a ella. Por eso, una noche en que mi marido se fue a visitar a su hermana la llamé para que viniera a mi casa y –al pan, pan y al vino, vino– puse las cosas en su lugar. Aquella fue nuestra primera vez y aún la recuerdo”, contó entonces.

Por su parte, el diario La Nación recordó una entrevista realizada a estas dos mujeres emblemáticas en la lucha LGBT. Ambas se conocieron en 1971 cuando tenían 28 años y estaban casadas con hombres, que a su vez eran primos entre sí. Durante 20 años ocultaron su relación y la hicieron pública una vez que se separó «Cachita» y que Norma quedó viuda.

Ellas esperaron 30 años, 5 meses y 12 días para poder casarse.

https://www.youtube.com/watch?v=8B5x_zwvUX4

Fuente Universogay

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Madre denuncia a Casa de Acogida y a la Seremi de la Mujer por homofobia e irregularidades

lunes, 6 de febrero de 2017
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contraloria-generalLa joven fue expulsada junto a sus hijos de 2 y 6 años de la Casa de Acogida Rebeca Ergas, sólo por haber expresado afecto verbal a otra mujer. La Seremi Metropolitana de la Mujer validó la medida y negó discriminación, sin haber efectuado ninguna investigación. Por ello, la afectada se dirigió a la Contraloría.

Norma Castillo, un madre de dos niños/as, denunció hoy ante la Contraloría General de la República a la Seremi Metropolitana de la Mujer de Equidad y Género y a la “Casa de Acogida Rebeca Ergas” por homofobia y procedimientos irregulares que han dañado severamente su dignidad y a la de sus dos hijos.

Respaldada por el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), Castillo llegó hasta la Contraloría con un escrito de 7 páginas donde relató lo ocurrido, además de aportar videos, cartas y comunicados de la Seremi Metropolitana de la Mujer y de la Casa de Acogida que demuestran discriminación y variadas irregularidades.

Tras ser agredida física y verbalmente por su pareja de distinto sexo, con un intento de ahorcamiento de por medio, en julio del 2016, Castillo buscó ayuda en la Casa de Acogida Rebeca Ergas, donde permaneció hasta el 18 de noviembre pasado junto a sus dos hijos, de 2 y 6 años.

Fui expulsada de la Casa de Acogida por orden de su directora Carena Pérez Martínez, para quien expresar afecto y amistad a otra mujer es una falta de respeto”, denunció Castillo. “Según Pérez ella actuó por el reclamo de una persona y por orden de la Seremi Metropolitana de la Mujer, instancia que jamás se ha contactado conmigo. La Seremi emitió incluso en diciembre pasado un comunicado donde negaba discriminación, sin nunca haber investigado los hechos y sin conocer de manera directa mi versión sobre lo ocurrido, lo cual es muy irregular”, añadió Castillo.

Recordó que “el 6 de diciembre pasado dejé una carta de reclamo en el Ministerio de la Mujer, sin hasta ahora recibir respuesta a las dudas y solicitudes ahí planteadas. Por ello, recurrí a la Contraloría, para que se haga justicia”.

En su carta al Contralor, Castillo señala que “una Casa de Acogida para Mujeres Víctimas de Violencia, que es financiada por el Estado, nace para brindar ayuda, acompañar y garantizar la no discriminación, el trato igualitario y el respeto a la dignidad, en especial para que quienes carecemos de medios económicos para hacer frente a los abusos. En lo que mi respecta, la Casa de Acogida Rebeca Ergas vulneró todos esos principios”.

Agregó que “la ausencia de protocolos frente a denuncias, o la existencia de los mismos que no son conocidos por las mujeres que buscamos ayuda en casas de acogida, sumado al hecho de dar credibilidad a unas versiones sobre otras, sin investigaciones de por medio, implica además que el Ministerio y la mencionada Casa de Acogida, no están garantizando seguridad a las mujeres que somos víctimas de violencia, lo cual constituye abandono de deberes y mal uso de recursos públicos”.

Tras ser expulsada de la Casa de Acogida, Norma no ha tenido más alternativa que permanecer junto a sus pequeños hijos en su antiguo hogar, donde vive el sujeto que la agredió físicamente.

“No he podido ir a otra Casa de Acogida relacionada con el Ministerio de la Mujer, pues se me acusa de una falta de respeto y de un abuso que no existe, lo cual me estigmatiza y levanta sospechas sobre mí sólo por ser bisexual. No quiero ir con mis hijos a un lugar donde desconfían de mí, por supuestos abusos que nadie siquiera me ha dicho de que tipo fueron. Cuando he preguntado de qué manera falté supuestamente  el respeto a alguien, nadie del Ministerio y de la Casa de Acogida me han respondido, lo que es otra irregularidad”, finalizó Castillo.

Fuente MOVILH

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Ancianos LGBTI: olvido y soledad marcan sus vidas

miércoles, 5 de octubre de 2016
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68851_LGBT_adultosNi al interior de las mismas organizaciones de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales hay investigaciones, cifras o programas específicos sobre este colectivo, por eso no forman parte de los discursos y tampoco del imaginario social. Su vejez está condicionada a los recursos económicos de los que dispongan, a la posibilidad de una pareja, a familiares cercanos o a la soledad.

Kléver Paredes B.

La sociedad sabe que en algún lado están, pero hablar de este tema incomoda. No importa, aunque es preferible que sigan en su mundo, aquel que no se ve ni escucha.

Hoy, precisamente, cuando en el mundo se celebra el Día Internacional de las Personas de Edad, todavía queda un grupo de ancianos que sigue invisible, que no recibe homenajes ni tampoco aparece en la mayoría de los medios de comunicación. De este grupo de adultos mayores sería bueno conocer -a ciencia cierta- cuántos son, dónde viven, qué piensan; si cuentan con recursos económicos, pareja, descendencia; cuáles son sus aspiraciones, están acompañados o solo viven con la soledad.

Lamentablemente, no se sabe casi nada de ellos ni de ellas: las personas adultas mayores LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales). Por eso no forman parte de los discursos ni del imaginario social.

Todavía cuesta comprender que la orientación sexual no entiende de edades y las personas LGBTI que nacieron en las décadas de los 50, 60 y 70, del siglo pasado, son los viejos invisibles de ahora. Posiblemente, el rechazo, la represión, discriminación, homofobia -por ser como son- fueron las razones para que nunca salieran del clóset.

Hasta hoy, la sociedad no está acostumbrada a tratar con gays y lesbianas mayores que vivan su sexualidad de manera abierta.

Al no tener cifras, datos o estudios sobre este grupo etario, obviamente tampoco son tomados en cuenta -de manera específica- en los programas o proyectos estatales y seccionales. Igual no aparecen con la importancia debida al interior de los colectivos LGBTI de Ecuador.

En relación al siglo pasado, hoy se enfrentan a otros retos. El matrimonio gay es una realidad reciente y muchos de los adultos mayores LGBTI no tienen hijos o parejas legalmente reconocidas. Esto supone una vida en soledad.

Tampoco la vida sexual es la misma que hace unos años. A una mejor salud general se junta una percepción de la sexualidad en términos más sanos y abiertos. Pero estos elementos, que son positivos, conllevan nuevos riesgos.

La Organización Mundial de la Salud advierte un aumento de los casos de sida entre mayores de 45 años. Este colectivo no ha concienciado sobre el uso del condón, ve los riesgos como algo propio de la juventud y acaba contagiado.

A los adultos mayores LGBTI no se los trata de victimizar, pero sí que se entienda que también son sujetos de derechos, como dice el art. 11, numeral 2 de la Constitución de Ecuador (2008): “Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades. Nadie podrá ser discriminado por razones de sexo, identidad de género, orientación sexual. La ley sancionará toda forma de discriminación”.

Apenas en 2013 se realizó el ‘Estudio de caso sobre las condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI en Ecuador’, por parte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y la Comisión de Transición para la Definición de la Institucionalidad Pública que garantice la igualdad entre hombres y mujeres. En el estudio se entrevistó a 2.805 personas de 18 años y más, en las zonas urbanas de Quito, Guayaquil, Portoviejo, Machala, Babahoyo, Ibarra, Santa Elena, Salinas, La Libertad y Manta debido a que en estas ciudades hay organizaciones y colectivos LGBTI. Los resultados reflejan algunos aspectos relacionados con las condiciones de vida y la situación de discriminación, exclusión y violencia.

El 66,7% de los entrevistados correspondió a personas de entre 20 y 34 años y el 0,7% apenas a personas de 60 años en adelante, cifra que no es suficiente para establecer las condiciones de vida de los adultos mayores LGBTI.

Menos aún si tomamos en cuenta que, según el INEC, las personas con más de 60 años de edad en Ecuador superaron en la actualidad la cifra de 1’300.000 habitantes.

Al 1 de octubre de cada año las Naciones Unidas declararon el Día Internacional de las Personas de Edad para concienciar contra la discriminación de las personas mayores. También contra la marginación por parte de las sociedades, personas, prácticas institucionales y la representación mediática, porque se devalúa y excluye a las personas mayores. En el estudio del INEC sobre las condiciones de vida, inclusión social y cumplimiento de derechos humanos de la población LGBTI se determinó que el 58% de los encuestados no está afiliado al Seguro Social y no cuenta con acceso a otro tipo de seguro de salud.

El 77,1% es soltero y el 16,1% declaró vivir en unión libre. De mantenerse esta tendencia a futuro, el tema de cuidado se vuelve uno de los problemas principales.

Del total de la población LGBTI entrevistada, el 70,9% reportó que vivió alguna experiencia de discriminación en su entorno familiar y el 72,1% dijo haber sufrido algún tipo de experiencia de control, el 74,1% alguna imposición, el 65,9% rechazo y el 61,4% violencia.

El estudio demuestra que, en términos de discriminación y violencia, el mayor porcentaje de eventos sucede en los espacios públicos, mientras que los casos de exclusión se producen en mayor medida en espacios privados. En otros países se han realizado estudios como el de la Universidad de la Escuela de Trabajo Social de Washington, que determinó los problemas de salud de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales al ser ignorados de los servicios y políticas. De igual manera, las tasas de discapacidad, angustia física y mental. En América Latina, Argentina permite los matrimonios entre personas del mismo sexo desde el 15 de julio de 2010. Fue el primer país de la región en reconocer este derecho en todo su territorio nacional. Además, fue el décimo en legalizar este tipo de unión a nivel mundial. El debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo comenzó con la campaña nacional por la igualdad jurídica de lesbianas, gays, bisexuales y trans, bajo la consigna ‘Los mismos derechos, con los mismos nombres’. (I)

La crueldad hacia los ancianos viene más de los familiares que de la sociedad

Tengo 68 años. Mi vida de niño, pese a las limitaciones económicas, fue muy, muy feliz. Era un destacado alumno de la escuela. En mi adolescencia empecé a tener giros, a darme cuenta de mi orientación. Con una familia y parientes homofóbicos, esto les causaba terror.

Cada vez que sentía lo que quería y deseaba prefería cerrar la puerta y llegar hasta ahí; en esa lucha constante pasé mi adolescencia. Bajé el rendimiento en el colegio y tuve mis primeras experiencias satisfactorias. Tengo un hermano mayor que era el ‘machazo’ y cada vez que podía me decía “habla como hombre”. Yo sufría con ese entorno, nunca tuve un amigo o un familiar para decirle “esto me pasa”. Tenía una bella madre, pero no sé si me hubiera entendido. Busqué ayuda en la religión, pero nada de eso funcionó.

Yo tenía claro que debía salir adelante y logré sacar algunos títulos. He tenido novias y relaciones con ellas cuando trabajaba, pero rehuí al matrimonio. Lo que yo sentía me lo reprimía, tenía que ser como los demás. En el Quito de aquel entonces no había lugares donde conocer a otras personas, solo yo, en mis adentros, sabía lo que quería. A los 45 años recién conocí una discoteca gay y nuevos amigos. En mi familia nunca tocamos el tema: si soy o no gay. Así llegué a esta edad y veo que ahora es cuando uno necesita más ese afecto y compañía. A uno le toca irse adaptando y tratando de que la vida sea más llevadera porque sabemos que los años que se avecinan tendrán sus complicaciones.

Tengo la suerte de ser jubilado, de tener un recurso económico para afrontar la vida. A pesar de que no estoy tan viejito, sí noto que al subir a un bus me ceden el asiento. No me parece que la sociedad esté tan en contra de los viejos, sino más bien veo que hay crueldad por parte de los familiares porque los hijos a veces dan la espalda, se lanzan la pelotita para que el otro cuide al anciano, y más cuando solo piensan en los bienes materiales. Si es pobre es peor; es un problema; y lo único que le espera es consumirse mucho antes de lo que pudo haber sido.

Yo imagino el resto de mi vejez tranquila: si no tuviera un compañero afectivo pagaría a alguien para que me cuidase en una casa de una planta donde pudiera salir a la huerta o al jardín y con mucha salud mental. Tener a alguien con quién conversar es importante. Espero que mi entorno sea con lo necesario, con una casita, los alimentos necesarios, con atención de salud sin depender de nadie porque, cuando se recurre a otro, la felicidad ya no está en nuestras manos. Ese es el umbral de la infelicidad. Yo leí alguna vez que los viejitos esquimales, cuando presienten que van a morir, salen de su iglú (casa) y se van caminando hasta donde puedan encontrarse con su muerte. Yo no me iría así, pero cuando ya no pueda depender de mí, quisiera dejar este mundo para siempre. (O)

Primer centro para jubilados LGBT del mundo funciona en Argentina

En Argentina funciona el primer centro de retiro para adultos mayores LGBT del mundo, sin ser discriminados ni señalados. Se llama Centro de Jubilados Puerta Abierta y fue una iniciativa de una mujer gay. Funciona como lugar de encuentro de hombres y mujeres que conversan, acompañados por psicólogos, y organizan actividades como viajes, talleres de teatro, cine debate, bailes y festejos de cumpleaños.

Su presidenta, Norma Castillo, señala: “Es una forma de visibilizar nuestro orgullo por la elección de vida que nos hace felices”, según la publicación del portal Latitud Gay de Argentina. “Ojalá llegue el día en que podamos ir a cualquier centro de jubilados y no sentirnos como si fuéramos raras. El centro Puerta Abierta es una forma de visibilizar nuestro orgullo por la elección de vida que nos hace felices, donde podemos compartir nuestras experiencias y sentir que no somos las únicas a las que les pasa. Somos como una familia”. Puerta Abierta es un espacio cultural que funciona desde hace 16 años, en el barrio porteño de San Cristóbal, y desde hace seis que también sirve como lugar de encuentro para el centro de jubilados. El espacio está abierto a todas las personas, aunque se aclara lo de la diversidad sexual porque no está culturalmente implícito.

En Argentina, hay unos seis millones de personas jubiladas, según estadísticas oficiales de la Administración Nacional de la Seguridad Social. Puerta Abierta tuvo una presencia fuerte por la ley de Matrimonio Igualitario (26.618), aprobada en 2010. (I)

Fuente El Telégrafo.com

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Abre sus puertas el primer centro para mayores LGTB de Argentina

viernes, 15 de enero de 2016
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33046_norma-castillo-ramona-cachita-arevaloEl centro cultural Puerta Abierta acogerá las reuniones y actividades orientadas al encuentro de la ciudadanía LGTBI de edad en Buenos Aires. Una iniciativa impulsada por la activista argentina Norma Castillo que permitirá que las personas del colectivo compartan experiencias mientras recibien una atención ajustada a sus necesidades.

En la actualidad, haber llegado a una edad avanzada siendo LGTBI supone haber superado -y en ocasiones es mejor utilizar »haber sobrevivido»– a décadas de invisibilidad social, al rechazo de tu entorno y al impacto en la salud que la intersección de todas estas discriminaciones motiva en muchas partes del mundo.

Por eso, en la paulatina pero creciente preocupación a las minorías sexuales y de género hacen falta programas que permitan la atención específica de las personas mayores LGTBI que a la vez apuntalen las bases del cuidado ajustado a las necesidades del colectivo.

Gracias a proyectos como el Centro de Mayores de la Fundación 26D en Madrid o Puerta Abierta, impulsado recientemente en Buenos Aires, hombres y mujeres homo, bi, trans e intersexuales de edad avanzada pueden compartir sus experiencias vitales, pues debemos recordar que en sus años de juventud las redes de comunicación entre la comunidad LGTBI fueron muy reducidas y, en muchos casos, clandestinas.

Apoyo común, asistencia profesional e independencia

El espacio, ubicado en la calle Alberti del barrio porteño de San Cristóbal y en funcionamiento desde hace 16 años, ha iniciado un plan para que hombres y mujeres del colectvo conversen, acompañados por psicólogos, y organicen actividades como viajes, talleres de teatro, cine debate, bailes y festejos de sus cumpleaños y fechas señaladas.

Su presidenta, la activista jubilada Norma Castillo, nombrada ‘Personalidad Destacada de los Derechos Humanos’ por el gobierno porteño el año pasado, ha explicado que »el espacio está abierto a todas las personas, aunque se aclara lo de la diversidad sexual porque no está culturalmente implícito”.

También señala que la iniciativa que impulsa es necesaria para que algún día deje de serlo. En sus palabras:

Ojalá llegue el día en que podamos ir a cualquier centro de jubilados y no sentirnos como si fuéramos raras. […] Yo tengo 73 años y como la mayoría de los que vienen a Puerta Abierta tuve un pasado hetero y formé una familia, pero un día me animé a decir lo que me pasaba. Somos de una generación que creció con la idea de que era un horror ver a un hombre con otro hombre, que era algo que se debía castigar. Y sacarte de la cabeza esos prejuicios tan instalados no es fácil, pero hacerlo acompañados es mejor.”

A Norma Castillo y su mujer Ramona ‘Cachita’ Arévalo las conocimos en la campaña ‘Soy quien quiero ser’ del canal dirigido a las personas mayores Acua Mayor.

En una emocionante pieza de algo más de un minuto, Norma y Cachita, juntas desde hace 35 años, nos cuentan su historia de amor, que fue reconocida finalmente por el estado argentino después de la aprobación de su ley de matrimonio igualitario.

Como salta a la vista, ambas continuan involucradas en la visibilización de historias como la suya, para demostrar que si están juntas y enamoradas desde hace más de tres décadas, ¿por qué alguna vez fue ésto visto como algo vergonzoso?

Vídeo: ‘Soy quien quiero ser’ – Nora y Ramona

Vía Redacción Chueca

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La diversidad sexual y las desigualdades de género en la vejez

lunes, 19 de octubre de 2015
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normaycachita«La diversidad sexual no tiene edad»

«Ellos viven menos, pero con menor discapacidad»

Feminización de la población adulta mayor

«En la vejez las mujeres tenemos más enfermedades crónicas y discapacitantes que los varones. Enviudamos y es muy difícil generar nuevas parejas, en cambio los varones mueren estando casados o en un uniones de hecho».

Las desigualdades sociales que sufren las mujeres y que se potencian en la vejez, la invisibilización de las personas mayores del colectivo lésbico, gay, trans y bisexual y los prejuicios en torno a la sexualidad fueron analizados, entre otros temas, por especialistas nacionales y extranjeros durante el Primer Seminario Internacional sobre Género y Diversidad Sexual en la Vejez.

«Quisimos visibilizar estos temas, que se vean porque existen, ponerlos en agenda y ocuparnos. Las mujeres vivimos más tiempo que los varones pero en peores condiciones porque hemos sido un subgrupo vulnerado a lo largo de toda la vida y esto se potencia en la vejez», manifestó la titular de la Dirección Nacional de Políticas para Adultas Mayores (DINAPAM), Mónica Roqué.

En declaraciones al Diario Popular, Roqué destacó «las mujeres somos quienes cuidamos pero luego no tenemos quien nos cuide. En la vejez tenemos más enfermedades crónicas y discapacitantes que los varones. Enviudamos y es muy difícil generar nuevas parejas, en cambio los varones mueren estando casados o en un uniones de hecho«.

También señaló que si bien «en nuestro país (Argentina) las mujeres mayores tienen cobertura previsional gracias a la moratoria (conocida como jubilación de ama de casa)» pero ellas reciben «una remuneración inferior a los varones porque ellos sí tuvieron trabajo formal» y mayores aportes. Estas desigualdades socio culturales, afirmó, «pone a las mujeres mayores en situación de vulnerabilidad».

Asimismo se visibilizó la problemática de las personas mayores del colectivo lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales (LGBTI), quienes enfrentan «un doble prejuicio«. Primero, porque mantener una sexualidad activa aún «es tabú» en la vejez; y segundo, porque «no se asocia la diversidad sexual» con esas edades, sino solo «con la juventud».

La especialista resaltó que el tratamiento de esta temática fue posible «gracias a que en Argentina se proclamó la Ley 26.618 de Matrimonio Igualitario y la Ley 26.743 de Identidad de Género». Asimismo recordó la reciente sanción de la ley de cupo laboral mínimo, de al menos 1%, para las personas trans y travestis en la administración pública de la provincia de Buenos Aires.

Cabe destacar que la DINAPAM trabaja conjuntamente con la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgénero de Argentina (ATTTA) dictando cursos de cuidadores/as domiciliarios. .

El Primer Seminario Internacional sobre Género y Diversidad Sexual en la Vejez, realizado durante tres jornadas, fue organizado por la DINAPAM, de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social y la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

La actividad se enmarca dentro de la 4º Campaña Nacional de Buen Trato hacia las Personas Mayores. Este año, el lema es «La diversidad sexual no tiene edad».

En el seminario expusieron la Dra. Sandra Huenchuan, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL); la Dra. Guita Debertm de la Universidad Provincial de Campinas, Brasil; el Dr. Brian de Vries, de la Universidad de San Francisco, Chicago; la Dra. Toni Antonucci, del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, Estados Unidos; la Dra. Anna Freixas Farré, de la Universidad de Córdoba, España; la Dra. María Victoria Zunzunegui, de la Universite de Montreal, Canadá; la Dra. Susan Somers, presidenta de la Red Internacional de Prevención del Abuso y Maltrato a las Personas Mayores; el Dr. Alexandre Kalache, presidente del Centro Internacional de Longevidad de Brasil; la Dra. Lía Daichman, presidenta del Centro Internacional de Longevidad de Argentina; el Dr. Ricardo Iacub, de la Facultad de Psicología de la UBA; entre otros. .

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) indican que en el año 2010 se registraron un total de 4,1 millones de personas de 65 años y más: 2,4 millones son mujeres y 1,7 millones varones.

La Directora Nacional de Políticas para Adultos Mayores, Mónica Roqué, destacó que la sobrevida de las mujeres está relacionada a cuestiones culturales: asisten más a los médicos, previenen enfermedades y cumplen los tratamientos. De esta forma «algunas patologías se vuelven crónicas o producen discapacidad, pero no nos matan», resaltó.

En cambio, los varones, por un mandato cultural machista, consideran que «son el sexo fuerte, no se tienen que enfermar, sino solo trabajar»; por lo que asisten tardíamente a los centros de salud.

Respecto a la situación conyugal, en la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores se detalla que el 73% de los varones se encuentran unidos o casados mientras que entre las mujeres prevalece el matrimonio en un 40% y la viudez, 38%. En tanto, entre el grupo de 75 años y más, seis de cada 10 mujeres se declaran viudas, mientras que entre los varones esta situación afecta a algo más de dos de cada 10 hombres. .

Norma Castillo, presidenta del centro de jubilados Lésbico, Gay, Trans, Bisexual e Intersexual (LGTBI) «Puerta Abierta a la Diversidad» manifestó que junto a su esposa Ramona «Cachita» Arévalo «estamos contentas de contribuir en algo».

Abordar la diversidad sexual en la vejez «era un tema que se necesitaba y se va a seguir necesitando porque apenas estamos comenzado» a derrumbar los prejuicios, sostuvo Castillo. «Cuando nos casamos, todo el mundo se quedó boquiabierto porque nadie espera que fuésemos personas mayores. Cuando se habla de amor, solo se piensa en jóvenes», recordó.

Norma y Cachita se casaron el 9 de abril de 2010 habiendo conseguido la habilitación de la Justicia. En julio de ese año se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario. «Nos dijeron que ayudamos mucho porque cuando se hablaba (de homosexualidad) se decían cosas horribles, pecaminosas, y de repente nos casamos nosotras tras 30 años de estar juntas. La gente se quedó sorprendida», destacó. «Cuando éramos chicas, la palabra lesbiana no se pronunciaba. Me habían impuesto de tal manera el modelo heterosexual que hasta los 35 años era homofóbica. Cuando me di cuenta lo que me pasaba, me quería morir. Sufrí mucho porque la gente te decía «degenerada», «maldita», de todo. Pero tuve la suerte de encontrar a Cachita y salimos adelante», contó.

Por su parte, Jorge Giacosa, quien fue miembro del Frente de Liberación Homosexual (agrupación que funcionó en los 70) sostuvo que «es fantástico que se haya tomado este tema». «Nunca nos hubiéramos imaginado vivir este momento», comentó. «En los 70 militaba para que los demás no pasaran todo el sufrimiento por el que pasé. Y ahora es al revés, milito para que a mis pares les pase todo lo maravilloso que a mí me pasa. Es un momento de oro», destacó Jorge, quien se casó con Javier en marzo pasado.

Fuente Diario Popular

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Envejecimiento LGBT, entre la falta de visibilización y los prejuicios

jueves, 9 de julio de 2015
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68851_LGBT_adultosNorma Castillo y Ramona Arévalo, estandartes del activismo LGBT entre las personas mayores.

El envejecimiento de personas homosexuales y trans es por lo general más complejo debido a la falta de contención familiar, la historia de ocultamiento que la persona atravesó durante su vida y la dificultad de compartir hoy con sus pares su identidad, afirmaron especialistas.

“La mujeres y varones homosexuales que hoy son personas mayores han crecido en sociedades donde había un gran ocultamiento de estas realidades, generando, por ejemplo, vínculos familiares con muchos puntos oscuros, indicó a Télam el psicogerontólogo Ricardo Iacub.

El especialista describió que son clásicas estas historias de tías o tíos solteros, que tuvieron una amiga o amigo que nunca pudieron presentar como pareja, y de quienes se sabe poco y nada de su vida íntima”. “Hay también un temor permanente a ser descubiertos y esto, en muchos casos, vuelve a las personas cada vez ensimismadas. Años atrás se decía que las personas homosexuales tenían mayor tendencia a la paranoia; hoy sabemos que no se trata de algo biológico, sino que se relaciona con la forma en la que muchos de ellos tuvieron que vivir”, sostuvo.

Iacub, titular de la cátedra de Tercer Edad de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, afirmó que “aunque hoy se reconoce una sociedad más diversa e inclusiva, los mayores crecieron en otros contextos entonces, aunque su medio hoy sea más amigable, la autorrepresión sigue siendo muy fuerte. “También sucede que quienes habían blanqueado su orientación sexual, si deben ingresar a una residencia geriátrica, vuelven a ocultarlo por temor a ser discriminados”, mencionó. “Por el contrario -expresó Iacub- quienes pudieron ‘salir del closet’, armar sus redes, compartir sus parejas con sus familias y construir en libertad sus identidades tienen envejecimientos exitosos, e incluso, hay estudios que revelan que afrontan mejor la vejez que los heterosexuales porque ya han atravesado situaciones más complejas a lo largo de su vida.

En el mismo sentido, Mónica Roqué, responsable de la Dirección Nacional de Adultos Mayores (DINAPAM), sostuvo que “si la persona mayor es invisible para la sociedad, el o la mayor homosexual tiene una invisibilización todavía peor. “Se trata de personas que se tuvieron que ocultar toda su vida, ocultar sus parejas, sus deseos, y entonces van quedando en soledad, porque no tienen ese entorno familiar que, mejor o peor, contiene a la persona mayor”, definió.

Por este motivo, la DINAPAM lanzó la cuarta Campaña Nacional de Buen Trato Hacia los Mayores con el eje puesto en la Diversidad Sexual.

“Durante todo este año estuvimos trabajando con Norma Castillo y Ramona Arévalo (las primeras mujeres lesbianas que contrajeron matrimonio), ambas mayores de 70 años, en diferentes centros de jubilados y espacios comunitarios para visibilizar esta realidad”, describió la funcionaria. Roqué describió que la experiencia fue dura al principio porque nadie quiere hablar de estos temas, sin embargo, con el correr del tiempo las personas mayores comenzaron al menos a contar tal o cual caso familiar, pero aún cuesta, por eso hay que insistir”. La funcionaria destacó que “en este sentido las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género han sido no sólo restitutiva de derechos, sino que instalaron la temática en todos los ámbitos.

Envejecer siendo trans tiene otras particularidades, en principio es poco común porque la mayoría de las personas trans muere entre los 35 y los 40 años“, afirmó Malva Solís, una mujer trans de 90 años, que ha militado toda su vida por la igualdad de derechos de la diversidad sexual.

Malva nació en Chile y llegó a la Argentina a los 17 años, escapando de los prejuicios y la persecución que había en su patria, pero aquí no encontró un escenario muy diferente. “Fuimos perseguidas, apresadas, maltratadas. La vida de las mujeres trans es muy difícil. Durante muchos años sólo se podía trabajar de prostituta, pero una vez que el cuerpo ya no es valorado, quedamos solas, sin familias y en la calle, aseveró.

La histórica militante aseguró que a partir de la Ley de Identidad de Género siento que la sociedad empezó a conocernos, ni siquiera por el tema del cambio de DNI, porque de hecho yo ni lo cambié todavía, pero se empezó a hablar de nosotras, a decir quiénes éramos, a darnos voz“.

Malva reside hoy en una residencia de larga estadía del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación: “Cuando recién ingresé me trataban con indiferencia, no me lo decían pero creo que pensaban que iba a andar haciéndome la loca, de habitación en habitación, porque está ese prejuicio hacia la persona trans”, afirmó. “Sin embargo, a medida que me empezaron a conocer me fueron aceptando cada vez más y hoy me siento completamente integrada. La mayoría de las veces los prejuicios se construyen por el miedo a lo desconocido”, concluyó.

La Campaña Nacional del Buen Trato Hacia los Mayores incluirá afiches, debates y charlas en los ámbitos donde las personas mayores realizan actividades, así como en ámbitos con población de todas las edades.

Fuente: Télam, vía SentidoG

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