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Infancia: En la Fiesta de la Presentación del Señor.

domingo, 2 de febrero de 2025
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Del blog Nova Bella:

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Miramos el mundo una única vez,

en la infancia.

El resto es memoria.

*

Louise Gluck

***

Cuarenta días después de la Navidad, la Iglesia celebra la fiesta de la Presentación del Señor, acontecimiento del que habla el evangelista Lucas en el capítulo 2. En Oriente, la celebración de esta fiesta se remonta al siglo IV, y desde el año 450 se denomina “Fiesta del Encuentro”, porque Jesús “encuentra” el templo y sus sacerdotes, pero también a Simeón y Ana, figuras del pueblo de Dios. Hacia mediados del siglo V, la fiesta también se celebra en Roma. Con el tiempo, se añadió a esta fiesta la bendición de las velas, para recordar a Jesús “Luz de los Gentiles”.

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Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo

-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

-«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

*

Lucas 2, 22-40

***

Cómo se comporta Simeón ante la grandiosa perspectiva que ve abrirse para su pueblo, en el despuntar de los nuevos tiempos mesiánicos? Con pocas palabras, nos enseña el desprendimiento, la libertad de espíritu y la pureza de corazón.

        Nos enseña cómo afrontar con serenidad ese momento delicado de la vida que es la jubilación. Simeón mira su muerte con serenidad. No le importa tener una parte y un nombre en la incipiente era mesiánica; está contento de que se realice la obra de Dios; con él o sin él, es asunto que carece de importancia.

        El Nunc dimittis no nos sirve sólo para la hora de nuestra muerte o de nuestra jubilación. Nos incita ahora a vivir y a trabajar con este espíritu, a liberar la casa que construimos, pequeña o grande, de modo que podamos dejarla con la serenidad y la paz de Simeón. A vivir con el espíritu de la pascua: con la cintura ceñida, el bastón en la mano, puestas las sandalias, preparados para abrir al mismo Seńor cuando llame a la puerta.

        Para poder hacer esto, es necesario que también nosotros, como el anciano Simeón, ‘estrechemos al niño Jesús en nuestros brazos’. Con él estrechado contra nuestro corazón, todo es más fácil. Simeón mira con tanta serenidad su propia muerte porque sabe que ahora también volverá a encontrar, más allá de la muerte, al mismo Señor y que será un estar todavía con él, de otro modo.

*

R. Cantalamessa,

Los  misterios de Cristo en la vida de la Iglesia,

Edicep, Valencia 1993.

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Hoy se cumple esta Escritura.

domingo, 2 de febrero de 2025
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Hoy celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, pero no nos resistimos a meditar el evangelio que corresponde al IV domingo del Tiempo Ordinario con el que coincide este año:

© Carmelo Blazquez 2013

© Carmelo Blazquez 2013

 

Claridad

Decir el pan, la lucha, el gozo, mel llanto,
el monótono sol, la noche ciega.
Verter la vida en libación de canto,
vino en la paz y sangre en la refriega.

Desnuda al viento mi palabra os llega.
Sobre la plaza de la fiesta canto.
Pido que todos entren en la siega.
Vengo a espantar las fieras del espanto.

Mediterráneamente luminosa
escancio en mi palabra cada cosa,
vaso de luz y agua de verdad.

Si el Verbo se hace carne verdadera,
no creo en la palabra que adultera.
Yo hago profesión de claridad.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

– “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

– “¿No es éste el hijo de José?”

Y Jesús les dijo:

“Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.” Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio.”

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

*

Lucas 4, 21-30

***

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Me parece urgente volver a tomar conciencia de la naturaleza profética de la Iglesia. Fue en Pentecostés cuando nació como pueblo profetice Pero esta vocación significa prestar una atención constante a la venida del Reino de Dios en la historia. Testimonio, palabra y sabiduría son las tres manifestaciones de la cualidad profética de la Iglesia. Ahora bien, en la raíz del testimonio de vida y de la palabra explícita está el «sentido de la fe». Hablar de «sentido de la fe» significa reconocer que cada cristiano, al esforzarse por ser fiel a Cristo y a la inspiración de su Espíritu, recibe una iluminación que le permite discernir lo que debe o no debe hacer. Puede encontrar, en una situación concreta, lo que requiere la fe. Con todo, debe verificar, evidentemente, con los otros eso que intuye.

El profetismo no es una predicción del futuro, sino una lectura honda del presente. A partir de esta lectura, podemos detectar qué palabra y qué acción son urgentes. En una Iglesia que ya no se encuentra en una posición de fuerza en la sociedad, el cristiano vuelve a disponer de la posibilidad de lanzar una propuesta más libre y un testimonio más convincente: dice lo que tiene que decir, expresa lo que considera que está obligado a expresar. Ser profeta hoy podría significar disponer de la libertad de ser una instancia crítica, considerando con desprendimiento las seducciones actuales: individualismo, comodidad, seguridad… La conciencia escatológica que habita en la vocación cristiana debe infundir el valor necesario para ir contracorriente en algunas cuestiones, como la familia y la esfera conyugal.

La respuesta cristiana echa sus raíces en una elevada concepción del ser humano y en la convicción de que no estamos atados a la repetición de lo que siempre es igual: de que es posible la novedad. El cristianismo debe manifestar hoy su capacidad de humanización del hombre, que es la vía de la verdadera divinización.

*

B. Chenu,
«La chiesa popólo di profeti», en Parola spiríto e vita 41 [2000],
238-239.246, passim.

***

 

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“Nadie está solo”. (Lucas 4,21-30)

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9718Todavía hoy se da entre los cristianos un cierto «elitismo religioso» que es indigno de un Dios que es amor infinito. Hay quienes piensan que Dios es un Padre extraño que, aunque tiene millones y millones de hijos e hijas que van naciendo generación tras generación, en realidad solo se preocupa de verdad de sus «preferidos». Dios siempre actúa así: escoge un «pueblo elegido», sea el pueblo de Israel o la Iglesia, y se vuelca totalmente en él, dejando a los demás pueblos y religiones en un cierto abandono.

Más aún. Se ha afirmado con toda tranquilidad que «fuera de la Iglesia no hay salvación», citando frases como la tan conocida de san Cipriano, que, sacada de su contexto, resulta escalofriante: «No puede tener a Dios por Padre el que no tiene a la Iglesia por Madre».

Es cierto que el Concilio Vaticano II ha superado esta visión indigna de Dios afirmando que «él no está lejos de quienes buscan, entre sombras e imágenes, al Dios desconocido, puesto que todos reciben de él la vida, la inspiración y todas las cosas, y el Salvador quiere que todos los hombres se salven» (Lumen gentium 16), pero una cosa son estas afirmaciones conciliares y otra los hábitos mentales que siguen dominando la conciencia de no pocos cristianos.

Hay que decirlo con toda claridad. Dios, que crea a todos por amor, vive volcado sobre todas y cada una de sus criaturas. A todos llama y atrae hacia la felicidad eterna en comunión con él. No ha habido nunca un hombre o una mujer que haya vivido sin que Dios lo haya acompañado desde el fondo de su mismo ser. Allí donde hay un ser humano, cualquiera que sea su religión o su agnosticismo, allí está Dios suscitando su salvación. Su amor no abandona ni discrimina a nadie. Como dice san Pablo: «En Dios no hay acepción de personas» (Romanos 2,11).

Rechazado en su propio pueblo de Nazaret, Jesús recuerda la historia de la viuda de Sarepta y la de Naamán el sirio, ambos extranjeros y paganos, para hacer ver con toda claridad que Dios se preocupa de sus hijos, aunque no pertenezcan al pueblo elegido de Israel. Dios no se ajusta a nuestros esquemas y discriminaciones. Todos son sus hijos e hijas, los que viven en la Iglesia y los que la han dejado. Dios no abandona a nadie.

José Antonio Pagola

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“Mis ojos han visto a tu Salvador”. Domingo 02 de febrero de 2025. Presentación del Señor. Ciclo C

domingo, 2 de febrero de 2025
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13-Presentacion-TO-scaledLeído en Koinonia:

Malaquías 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.
Salmo responsorial: 23: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.
Hebreos 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos
Lucas 2,22-40: Mis ojos han visto a tu Salvador.

El domingo del tiempo ordinario que correspondería celebrar, se ve desplazado en este domingo por la celebración de «La presentación del Señor», fiesta del 2 de febrero. No importa demasiado, porque no estamos en un tiempo «fuerte» del año litúrgico, ni los domingos del llamado «tiempo ordinario», en el que estamos, guardan un sentido mínimo de secuencia que pudiera verse alterada. Aunque hace unas cinco semanas hemos celebrado la navidad, y hace menos de un mes el «bautismo del Señor» –en el que lo dejábamos ya con sus treinta años–, hoy, inesperadamente volvemos atrás, de un día para otro, para poner en el centro de la atención del foco litúrgico al niño Jesús presentado en el templo. Son cosas que la reforma litúrgica conciliar no se atrevió a «racionalizar un poco más». El 2 de febrero no es ningún aniversario histórico de la presentación de Jesús en el templo, de forma que se puede desligar perfectamente de esa fecha y ponerla en un lugar más razonable dentro del desarrollo del «año litúrgico». (Otro tanto pasa a varias fiestas y solemnidades, que nos traen y nos llevan hacia adelante y hacia atrás en el año litúrgico, sin más razón que la mera tradición de las fiestas litúrgicas populares).

Pero eso sería sólo uno de los problemas. Otro, más importante, situado a un nivel más profundo, es la plausibilidad misma de hacer de estas escenas de los evangelios de la infancia una celebración litúrgica tan importante que «vence sobre la celebración del domingo» correspondiente. ¿Estamos seguros de que el hombre y la mujer de hoy se sentirán bien al verse sorprendidos este domingo, al entrar este domingo en la Iglesia y ver girar todo en torno a la escena del niño presentado en el templo? Es bien conocida la escena para los biblistas e incluso para los cristianos laicos asiduos a la catequesis bíblica; ¿pero será una escena susceptible de montar sobre ella un mensaje inteligible para el hombre y la mujer de hoy? ¿O sería mejor que la arquitectura del año litúrgico se montara sobre una visión más amplia, más actual, menos encerrada en las páginas bíblicas? Creemos que sí. Y lo decimos, para no cooperar con nuestro silencio a la sensación falsa de que «aquí no pasa nada», todo está bien en la liturgia de la Iglesia católica, sólo son las personas cristianas descreídas las que van abandonando masivamente —por decenas, o centenas de millones— las que abandonan la práctica de la liturgia dominical.

Para quienes no comparten este punto de vista crítico, montar una homilía «tradicional» no les resultará difícil. Les recomendamos acudir a los comentarios bíblico-litúrgicos oficiales, o a las notas de la misma Biblia, e instalarse y sumergirse en el escenario de la «teología bíblica» propia de los evangelios de la infancia. Los oyentes habituales, ya acostumbrados, aprietan la tecla correspondiente, y son capaces de escuchar con toda naturalidad esa teología de hace casi dos mil años; tiene un encanto propio, que seduce y calma los espíritus. Quienes no gustan de ser retrotraídos al mundo mental de esas argumentaciones y representaciones —principalmente los jóvenes— hace tiempo que han abandonado la liturgia.

En cuanto a la historicidad del relato, de esta escena neotestamentaria, ya sabemos que se trata de una construcción teológica, escrita varias décadas después de cuando pudo tener lugar y, con toda verosimilitud, sin ningún recuerdo histórico de base; está construida toda ella, como es fácil adivinar, en función de reinterpretar al Jesús nazareno muerto en la cruz en el marco de esa visión profética y mesiánica de la que echa mano el texto del evangelio de hoy. Es bien conocido.

Por otra parte la Iglesia católica celebra hoy la Jornada de la Vida Religiosa.

En primer lugar muchos se preguntarán por qué escogieron (ha sido hace bien pocos años) por qué se ha escogido esta fecha-celebración para celebrar en ella la jornada de la vida religiosa. ¿Se preguntarán a quién preguntaron quienes decidieron, o si tales personas que decidieron eran miembros de la vida religiosa o si, al menos, la conocían. Porque todo parece indicar que la naturaleza de la vida religiosa es bien difícil de relacionar con esa escena del evangelio —si es que concebimos la vida religiosa con suficiente rigor—. A quienes quieran aprovechar la ocasión para presentar ante el pueblo de Dios una reflexión sobre ella, les será difícil —o demasiado artificioso— tratar de relacionarla con «la presentación del Señor». Será mejor que cambien los textos, o que sencillamente presenten el tema sin pretender crear una relación artificial con el texto.

La vida religiosa institucionalizada en la Iglesia no arranca desde el principio del cristianismo. Surgió espontáneamente, desinstitucionalizadamente, y fue sólo más tarde cuando se fue institucionalizando. Como tantas otras cosas, acabó no sólo institucionalizada, sino «cautiva» de la institución.

Puede ser bueno recordar que, hace sólo cincuenta años, hasta el Concilio Vaticano II, hablábamos de la vida religiosa en términos de «la vida de perfección en la Iglesia». Era el «estado de perfección», el más perfecto (poniendo aparte el estado episcopal, del que se decía que era el «estado de perfección adquirida», status perfectionis adquisiate, frente al de los religiosos, que sólo era estado de perfección por adquirir, status perfectionis adquirendae).

Con el Concilio implosionó toda aquella teología y se derrumbó sin dejar rastro, quedó totalmente abandonada, prácticamente de golpe. Comenzó a hablarse de los consejos evangélicos y del «seguimiento de Jesús». Era un nuevo camino, sin retorno; nunca volveríamos atrás.

Ya en el posconcilio surgió la teología de los carismas religiosos: cada «familia espiritual» en la Iglesia se constituye en torno a un carisma fundacional (gracia) otorgadi por Dios al fundador/a, no para él mismo/a, sino como una «gracia trasmisible» destinada a ser compartida con otros y prolongada en la historia mediante la misión de esa familia religiosa. Las congregaciones se volcaron —empujadas por la Iglesia misma— a la tarea de (re)descubrir el carisma de su fundador y su propio carisma. Esta teología de los carismas ha sido una creación realmente feliz y ha prestado un servicio muy interesante a la identidad y misión de las familias espirituales, de las congregaciones religiosas.

Pero podemos decir que ya está superada. Los tiempos han cambiado demasiado. La problemática conciliar ha quedado enteramente desplazada por nuevas cuestiones, muy profundas, que en aquellos tiempos no podían ser captadas ni imaginadas. Hace tiempo ya que la teología de la vida religiosa ha evolucionado hacia planteamientos más profundos y existenciales. La vida religiosa sería fundamentalmente radicalidad. Todos los humanos somos religiosos, tenemos esa dimensión profunda en nuestra existencia; pero hay personas en las que esa dimensión se convierte en central y dominante, hasta el punto de poner entre paréntesis dimensiones muy naturales y «normales» de la vida (matrimonio, paternidad/maternidad, independencia, proyecto familiar, y a veces profesionalidad civil). La vida religiosa se puede identificar por la «liminalidad» que representa en su realización (ese estar en el limen, en el límite de la experiencia religiosa.

Esta perspectiva ha ampliado notablemente el concepto de la vida religiosa, a saber: no se trata de un concepto netamente cristiano, sino profundamente humano; la vida religiosa no sería cristiana (no la fundó Jesús), sino que está presente en muchas religiones y es una realidad de la vida humana, incluso civil (hay formas y estados de vida en los que el sujeto hipoteca aspectos y dimensiones naturales «normales» de su vida, para vivir en la radicalidad del compromiso y de la entrega).

Dentro del cristianismo, la vida religiosa sería el seguimiento radical de Jesús. Y ahí surge una dificultad grave: la forma canónica de la vida religiosa católica no puede identificarse con esa definición, porque está marcada por una fundamental «cautividad institucional»: no pone, no puede poner todo bajo el seguimiento de Jesús; por encima de este seguimiento está en última instancia la autoridad incontestable e incuestionable de la institución eclesiástica. Los institutos religiosos han de ser aprobados canónicamente para existir. Una vez aprobados no son ya una iniciativa libre de seguimiento radical de Jesús, sino una institución canónica de la Iglesia católica, sobre la que siempre pesa la hipoteca de la sumisión a la autoridad eclesiástica, externa a la familia religiosa, por encima incluso de lo que los religiosos en cuestión perciban en conciencia como exigencia de la radicalidad, del seguimiento radical de Jesús. El conflicto de la profecía y la radicalidad de los religiosos frente a las imposiciones de las congregaciones vaticanas (para la vida religiosa o para la doctrina de la fe), lo hemos vivido clamorosamente en las últimas décadas: religiosos que se querían comprometer con los pobres, que elaboraban una teología profética, que renovaban sus constituciones en la línea de la espiritualidad de la liberación… y que no podían hacerlo porque, en Roma, los monseñores de turno —la mayor parte de las veces no religiosos— simplemente lo prohibían. En la iglesia católica la vida religiosa puede ser seguimiento de Jesús sólo hasta donde el derecho canónico lo permite y/o hasta donde la curia vaticana lo consiente, no seguimiento radical-liminal de Jesús. Es una de las reformas profundas pendientes en la Iglesia.

En esta situación, no tiene de extraño que haya muchas formas de «vida radical» fuera de la vida religiosa católica, en el amplio mundo del Pueblo de Dios: personas que entregan radicalmente su vida a causas generosas y desinteresadas, libres de mediaciones institucionales.

Será bueno aprovechar la homilía para exponer con claridad a los fieles, por unos pocos minutos, la naturaleza evangélica de la vida religiosa, y la necesidad de dejarle renovarse liberándola de toda cautividad institucional. Leer más…

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2.2.25.Luz de Dios, no venganza, de Simeón a Simeón, de Judit a María. Meditación de Candelas

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9748Del blog de Xabier Pikaza:

El próximo domingo, 2.2.25 celebramos con la tradición el fin del tiempo de Navidad, la fiesta de la de la paz, vinculando a dos varones y dos mujeres: (a) Por un lado está Simeón “guerrero” de la venganza israelita, con Judit cortando el cuello al enemigo. (b) Por otro lado está Simeón, el anciano de la paz que acoge a Cristo en sus brazos niño diciendo “ahora Señor puedes dejar a tu siervo morir en paz y diciendo a su madre que llevará siempre la espada de Dios en sus entrañas

No es normal que esta fiesta que han celebrado hasta ayer nuestros mayores  se olvide actualmente. Me parece justo retomarla como fiesta de la «candelaria» como día de paz, con el nuevo Simeón y con María, ante Jesús, Candela de paz.

Introducción. La Biblia de las venganzas de Dios. IT

 En la línea de mi postal r puede situarse la oración del Eclesiástico, que recoge testigo de la venganza de Dios:

Sálvanos, Dios del universo, infunde terror a todas las naciones… Despierta la ira, derrama la cólera, doblega al opresor, dispersa al enemigo… Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre; de Israel a quien nombraste tu primogénito; ten compasión de tu ciudad santa, de Jerusalén, lugar de tu reposo (Eclo 36, 1-2. 8-9. 17-18).

En esa línea puede situarse el motivo central de 2 Macabeos 14-15, pero en lugar de Antíoco IV hallamos al rey donde el general perverso cae vencido en el campo de batalla por Judas Macabeo el guerrero de la venganza de Dios. En un contexto semejante aparece Judit, la judía vengadora, que vende y mata (degüella) a Holofernes,  guerrero infernal que que quiere destruir toda la tierra (cf. 2Mac 15,34-36; Jud 13, 9-10; 14, 6-13) [1].

Judit es la nueva la heroína de  Israel, lo mismo que David en otro tiempo, al matar a Goliat y cortar su cabeza (cf 1Sam 17). Pero el tiempo de Judit ya no es tiempo de varones guerreros  como “David (pues no los hay, todos están atemorizados),   de mujeres fuertes que arriesgan su vida y alcanzan victoria con la ayuda del Dios de la venganza que se opone a Nabucodonosor, signo de los reyes opresores del mundo:

 ‒Por un lado está Nabucodonosor que se hace dios sobre la tierra, apareciendo así como enemigo del verdadero de Judá/Jerusalén. A su lado está Holofermes que representa el poder militar casi absoluto de ese rey anti-divino; da la impresión de que no tiene fallo alguno, no hay resquicio de debilidad en su estructura y fuerza combativa.

A otro lado está Judit, la bella y valiente judía que confía en el Dios verdadero y destruye el poder del falso y perversodios del mundo. Frente al poder brutal de los pueblos viene a triunfar la fe superior de la mujer, conforme a un tema expresamente desarrollado en 3 Esdras 3-5: fuerte es el vino, más fuerte el rey (guerrero), pero más fuerte todavía la mujer activa.

De esta forma, reflejando la política del tiempo, el libro nos introduce en la complejidad de los poderes humanos. Lo mismo que David, bello muchacho, venció con su honda frágil al durísimo guerrero Goliat, Judit, viuda bella “pero” religiosa, derrotó con la panoplia de su seducción al invencible general asirio, en el momento de suprema confusión del pueblo, cuando las autoridades de la ciudad simbólica (Betel/Betulia) deciden entregarse al enemigo, si las cosas no mejoran (Jud 7). Ella es la que dicta la más honda lección de teología vengadora  a los judíos sitiados, pidiendo tiempo para realizar suplan. Ellos lo conceden, sin saber de que se trata (Jud 8), un plan que ella (descendiente de Simeón, el vengador antiguo) presenta ante Dios en oración:

Señor Dios de mi padre Simeón a quien pusiste en la mano la espada, para vengar a los extranjeros que violaron la matriz de una virgen para mancharla, que desnudaron sus partes para vergüenza y profanaron su matriz para deshonra; aunque tú habías dicho (no se actúe así! ellos lo hicieron. Por eso entregaste sus jefes a la muerte; y su lecho, envilecido por su engaño, con engaño quedó ensangrentado; heriste a esclavos con sus señores y a los señores con sus tronos. Entregaste sus mujeres al pillaje, sus hijas a la cautividad; y todos sus despojos fueron repartidos entre tus hijos queridos.

            Aquí está los asirios, crecidos en su fuerza, orgullosos por sus caballos y jinetes, ufanos con el vigor de su infantería confiados en sus escudos, lanzas, arcos y hondas; no reconocen que tú eres el Señor que pones fin a las guerras.  Tu nombre es Señor: destruye su poderío con tu fuerza, aplasta con tu cólera su dominio. Porque han decidido profanar tu santuario, manchar el tabernáculo donde descansa tu nombre glorioso, echar abajo con la espada los cuernos de tu altar.  Mira su arrogancia, descarga tu ira sobre sus cabezas,  pon en mi mano de viuda la fuerza para hacer lo que he pensado.

Aplasta por la seducción de mis labios al esclavo con el señor y al señor con su criado;   quebranta su altivez por mano de una mujer.  Pues tu poder no está en el número ni tu imperio en los poderosos; sino que eres Dios de los humildes, defensor de los pequeños, protector de los débiles, animador de los desanimados, salvador de desesperados…  Haz que todo tu pueblo y todas las tribus conozcan y sepan que tú eres el único Dios, Dios de toda fuerza y poder y que no hay nadie que proteja a la raza de Israel fuera de ti (Jud 9, 2-14) [2].

          Judit ha puesto su oración y gesto sobre el trasfondo de una historia de durísimo talión: Simeón y Leví vengaron antaño la “afrenta” de Dina, su hermana, violada/utilizada por Siquem el cananeo. Ellos, Simeón y Leví,  mataron a todos los varones del lugar, después de haberlos engañado y debilitado con astucia, en un gesto que el libro del Génesis condena o, por lo menos, no ensalza (cf. Gen 34, 30-31; 49, 5-7). Pues bien, la nueva teología judía   (cf. Jub 30; Test Leví) rehabilita a Simeón: es bueno vengar con sangre la afrenta de sangre que se hace a los judíos.

         La oración de Judit asume y reelabora aquella saga de la venganza de Simeón actualiza y repetida por Judit, que degüella con engaño al cruel pero simple Holofernes.     Desde este fondo ha de entenderse la oración que vincula el gesto de Simeón y el de Judit. En ese contexto ella define al Señor como Dios de Simeón, Dios de venganza:

 ‒Dios de Simón, Dios de Judit (Jud 9, 2-4).Éste es el Dios de Finés/Pinjás, sacerdote vengador, que mata al hebreo que pacta con la cananea (Núm 25,7-11 y a Ex 2,23).  Este es el Dios de la judía (Judit) que emerge como nuevo Simeón, pidiendo la ayuda de Dios, Señor celoso que protege el honor de su pueblo   para engañar y destruir a los contrarios. Como los hijos mayores de Jacob/Israel (Simeón y Leví) debían vengar, por ley tribal, a la hermana maltratada, así Judit, heroína mayor de Israel, pide a Dios venganza y se dispone a castigar a los extranjeros: matar a sus jefes y herir a esclavos con señores, entregando al pillaje a todas las familias enemigas. Sobre un fondo de fidelidad y celo de Dios, que cuida de la suerte de su pueblo, emerge aquí la más violenta acción de engaño/guerra. El Dios de Judit es salvación por la venganza astuta; es expresión de la debilidad (Judit) hecha más fuerte que la pura fuerza de Holofernes.

‒ Dios eterno de venganza (Jud 9,5-6). Eternidad significa continuidad salvadora; el gesto de liberación y venganza, realizado en otro tiempo a través de Simeón, viene a convertirse en paradigma de su acción perpetua (la de antes, la de ahora, la de luego). Por eso, cuando Judit eleva su plegaria ante la omnipotencia y omnisciencia de Dios no se presenta ante algún desconocido, sino ante el Dios de la historia de su pueblo. En este contexto, se expresa la acción del Dios eterno, que diciendo hace las cosas en contra del dios falso, Nabucodonosor/Holofernes que dice y no cumple lo dicho (cf.  2,1-13). Éste es el Dios de la guerra santa, el Dios militar de Sión y de la tradición guerrera de Israel, de la que Judit toma los pensamientos y palabras de su plegaria (cf. Ex 15,1-17 y 1 Rey 18-19).

En ese contexto, los enemigos asirios (en realidad los babilonios) aparecen como anti-Dios, la fuerza estatal divinizada, el poder militar que pretende aparecer como absoluto. Estrictamente hablando, ellos son el ídolo supremo, signo del hombre que se vuelve antivino por la conquista y la venganza. Ellos son el Son pecado siempre repetido: se colocan en lugar de Dios y quieren destruir su santuario/tabernáculo/altar, es decir, los tres signos privilegios de la presencia divina en el mundo, conforme a la visión israelita. Contra ellos emerge el Dios Israelita, representante de una fuerza y venganza más alta:

 ‒Sólo Dios es el Señor, Kyrios de la historia. Este es el Dios que, conforme a la experiencia de la guerra santa (en cita de Ex 15,3 LXX), pone fin a toda guerra; no necesita luchar por medio de un ejército; no se apoya en los soldados y las armas, como los asirios, sino que demuestra su poder a través de la debilidad de Judit, mujer vencedora.

Judit es mediadora de la victoria/venganza de Dios. Ella es débil, una simple viuda(Jud9,9), mujer que debía hallarse sometida a la violencia o prepotencia de otros. No empuña la romphaia o espada cortante de su padre Simeón (9,2); pero tiene buena mano y puede actuar; tiene labios de mentira(apatês) y desea engañar para matar a los perversos. Esto es lo que ofrece a Dios, esto es lo que pone al servicio de su pueblo: una mano de viuda/mujer, una astucia de labios seductores.

En vez de Judit, matando a Holofernes, viene María con la paz de Cristo su hijo

Así lo ha entendido y presentado el evangelio de Lucas en la escena de la purificación/presentación de María y de su hijo. Ella es la nueva Judit (pero con un sentido inverso/adverso). Pero en vez de encontrarse con el patriarca Simeón, héroe de la venganza de Israel, ella se encuentra en el tempo con un anciano de paz, símbolo del verdadero Israel, llamado también Simeón:

22Cuando se cumplieron los días de su purificación,según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor…25Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel…  Le había sido revelado por el Espíritu Santoque no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.  27Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29«Ahora, Señor, según tu promesa,| puedes dejar a tu siervo irse en paz.3 0Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: 32luz para alumbrar a las naciones | y gloria de tu pueblo Israel».33Su padre y su madre estaban admiradospor lo que se decía del niño (Lc 2, 22-33)

  Éstos son los temas princípiales de la escena: Paz para Israel, luz para las naciones…  Éste es el día de la Candela, lluz de Cristo, luz de su madre Israel,  salvación para los pueblos, verdadera purificación…Así lo ratifica Simeón, el israelita piadoso que toma en brazos entonando su canción de despedida:

Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…,porque han visto mis ojos tu Salvación,luz para revelación de los gentiles y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2, 29-32)

 Al decir a Dios que quiere (puede) morir, Simeón hace suya la historia del pueblo de la alianza: Ha cumplido su tarea de vigía mesiánico, ha mantenido por siglos (milenios) la espera y por fin ha visto y ha palpado al portador de la salvación que es Jesús, gloria de Israel y revelación, luz para los gentiles. Todo final es muerte y Simeón que lo conoce, está dispuesto a morir, sabiendo que esa muerte (la del Cristo, la suya como israelita) es para bien/luz de los gentiles y gloria de Israel (las dos cosas van unidas, morir y ser luz para los gentiles).

Por eso, el canto de bendición de Simeón a Dios con el niño en brazos es un culto de amor y vida universal, de israelitas y gentiles a la vez, no de unos contra otros. El anciano Simeón está dispuesto a morir ya, en amor colmado de esperanza, con todo lo que ha hecho y ha sentido a lo largo de los siglos el pueblo israelita, con todo lo que han buscado y sufrido los gentiles.

Con Jesús termina el tiempo del templo, se han cumplido los ritos de preparación particular de Israel, sólo queda el por-venir universal de Dios en Cristo que nace como niño, para empezar la nueva humanidad desde la infancia. Lo que así termina no no es sólo la vida de Simeón; sino una forma de ser israelita; un tipo de templo, una experiencia de historia y nacionalidad particular judía, tal como lo muestra la obra de Lucas (Lucas y Hechos).

Jesús suscita de esa forma una crisis de muerte y nuevo nacimiento, en forma de conocimiento y comunicación, de vida compartida y de resurrección. Para que el camino de las promesas (de la búsqueda de Israel) se cumpla de un modo universal tiene que morir Simeón, pero sigue viviendo en María, la madre de Jesús que asume en su corazón/alma de creyente la vida y destino de todos los hombres, como le dice Simeón, del modo más solemne:

Tu hijo es signo de caída y resurrección de muchos en Israel,una señal controvertida (σημεῖον ἀντιλεγόμενον),y a ti misma una espada atravesará el alma (τὴν ψυχὴν),para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones(ἐκ πολλῶν καρδιῶν διαλογισμοί., cf. Lc 2, 35)

Cristo, Hijo de María, será causa de caída (muerte) y resurrección, de fracaso y cumplimiento del Primer Testamento en el Segundo, de muchos de Israel, a favor o en contra de la Iglesia. No todos se alegrarán de su venida; no todos cantarán ante él, no todos entonarán el himno de muerte del anciano israelita, sino que muchos se alzarán en contra del mesianismo de Dios y perderán al fin su vida (su esperanza). Esta ha sido la experiencia más sangrante de la iglesia antigua, tal como aparece en los evangelios de Marcos y Mateo, tal como la revive Pablo y como Lucas la recoge luego en Hechos. El mismo Jesús que ha venido a ofrecer la paz para Israel se ha convertido en principio de lucha, controversia y muerte para muchos judíos.

Una paz que se alcanza por dolor

 Jesús será bandera o señal discutida; ante ella se alzarán, litigarán unos con (contra) otros, judíos de un tipo y de otro. Lo que antes fue gozosa esperanza (todos se unirán, transformados) viene a convertirse en voz de llanto, profecía de desdichas. Precisamente aquí se inscribe la tarea y respuesta de María. La batalla por Jesús viene a librarse dentro de su alma o psiché de María, que  ilumina por dentro con Cristo, de forma que en ella se expresan los pensamientos de muchos corazones, en camino de sufrimiento y vida de los hombres, a quienes Jesús ilumina con su vida. Leer más…

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Seis imágenes de Jesús. Fiesta de la presentación en el templo. 2 de febrero

domingo, 2 de febrero de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Este año 2025, el 4º domingo del Tiempo Ordinario cede el puesto a la fiesta de la purificación de María y de la presentación de Jesús en el templo. La Presentación recuerda que Dios es el autor de la vida, y se simboliza con la ofrenda del primogénito, de acuerdo con la ley contenida en Éxodo 13,2.11-12. La Purificación, que la mujer, al dar a luz, ha estado en contacto con algo misterioso; ha quedado «impura», aunque no en el sentido de haber hecho algo malo o haber contraído una mancha; tiene que purificarse, como prescribe Levítico 12,1-8.

            Hoy día, nadie entiende que una mujer quede «impura» por haber tenido un hijo y deba ofrecer algo en compensación. En cuanto a la ofrenda del primogénito, aunque el cristiano está convencido de que la vida es don de Dios, no ha sido educado en la necesidad de expresarlo mediante la entrega del primogénito y su posterior rescate.

            Los textos de la liturgia ofrecen seis imágenes complementarias de Jesús. Imaginemos a cinco personajes (Malaquías, un salmista, el autor de la Carta a los Hebreos, el anciano Simeón, la profetisa Ana) que ven entrar al niño en el templo. Cada uno emitirá su opinión sobre cómo lo considera y lo que espera de él.

  1. El mensajero terrible y purificador (Malaquías 3,1-4).

Así dice el Señor:

-«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar –dice el Señor de los ejércitos–. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Las primeras frases encajan muy bien con la fiesta de hoy: la entrada en el templo de Jesús. Pero el tono cambia de repente. No es una venida pacífica y festiva. Viene a purificar a los levitas, responsables del culto, cuyo comportamiento deja mucho que desear. Esta segunda parte sería más fácil relacionarla con la purificación del templo llevada a cabo por Jesús al principio de su vida (según Juan) o al final (según los Sinópticos). La lectura podría interpretarse como anuncio de lo que ocurrirá más tarde. Según Lucas, Jesús solo va dos veces al templo: ahora, cuando niño, y antes de morir, para purificarlo. Aunque Malaquías se dirige a los levitas, nos invita a todos a examinar si hacemos al Señor nuestra ofrenda como es debido.

  1. El rey de la Gloria (Salmo 23)

Este salmo se cantaba probablemente cuando el Arca de la Alianza entraba en el templo. Aplicándolo a Jesús, se repite como un estribillo que él es el Rey de la Gloria.

El Señor, Dios del universo, es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. 

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. R/.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. 

¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios del universo. Él es el Rey de la gloria.  

  1. Un hermano de nuestra carne y sangre (Hebreos 2,14-18)

A diferencia del Salmista, el autor de esta carta subraya la humanidad de Jesús, que lo hace igual a todos nosotros. No es un ángel. Y esa igualdad le permite morir y sufrir, dos cosas esenciales en la vida humana; y con ello, ser compasivo y auxiliar a los que pasan por la prueba del dolor.

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

  1. El que da sentido a mi vida (Simeón)

A través de este anciano perfecto Lucas transmite un mensaje a todos los cristianos: lo único que da sentido a su vida es esperar al Mesías; cuando lo tiene en sus brazos, ya puede morir en paz.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.»

  1. Luz de las naciones, gloria de Israel (Simeón)

«Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Simeón es también profeta y puede revelar algo nuevo Jesús: será luz de las naciones. Un israelita de pura cepa que no se encierra en los privilegios de su pueblo sino que tiene una visión universal. Mensaje muy actual en esta época donde el nacionalismo puede desembocar en el tribalismo. En esta imagen de la luz se basa la fiesta de hoy y el rito complementario de la procesión de las candelas (La Candelaria). La liturgia da un enfoque muy personal a esta idea, relacionando los cirios encendidos con la práctica del bien para «llegar felizmente al esplendor de tu gloria». Sin embargo, las palabras de Simeón (y de Isaías) tienen un alcance universal que no podemos perder de vista.

  1. Una bandera discutida (Simeón a María)

«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Como profeta, Simeón también conoce el futuro de Jesús («será una bandera discutida»). El rey de la Gloria, luz de las naciones, gloria de Israel… no será aceptado por todos. Muchos (la mayor parte del pueblo judío) se le opondrá. Esta oposición la sufrirá también María, a la que una espada traspasará el alma, y, consiguientemente, a todos los cristianos.

  1. El libertador de Israel (Ana)

«Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.»

Curiosamente, la visión más política de Jesús la propone una anciana piadosísima, que ha pasado ochenta y cuatro años (12 x 7) de viudez entre ayunos, oraciones y visitas al templo. Pero, cuando ve a Jesús, «hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel»: liberación de los romanos, destitución de Herodes y de sus descendientes, eliminación de las autoridades injustas. «Para servir al Señor libres de nuestros enemigos», como rezaba Zacarías.

  1. Quienes no dicen nada: Los padres de Jesús.

            Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Lucas tiene mucho interés en presentarlos como judíos piadosos, observantes de la Ley de Moisés. Una forma indirecta de responder a quienes acusan a Jesús y a los cristianos de despreciar las leyes y tradiciones judías. Pero Lucas, cuando Simeón habla del niño como Salvador de todos los pueblos y gloria de Israel, añade un dato desconcertante: «José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño». ¿Cómo pueden admirarse después de lo anunciado por Gabriel a María, después de una concepción y un parto virginales, después de lo que han contado los pastores? Podríamos decir que la admiración procede de ver cómo se acumulan títulos sobre Jesús: Gabriel lo presentó como rey de Israel; el ángel, a los pastores, como «el Salvador, el Mesías, el Señor». Simeón rompe los límites de Israel y lo presenta como «luz de las naciones». Lucas, a través del asombro de José y María pretende que también nosotros nos asombremos de lo mucho que significará ese pequeño niño de cuarenta días.

            Y para ti, ¿quién es Jesús y qué significa?

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02 de Febrero, 2025. Domingo IV del Tiempo Ordinario. La Presentación del Señor.

domingo, 2 de febrero de 2025
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Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto ya tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos…”

(Lc 2, 22-40)

Este domingo viene de la mano de la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo y es, además, el día de la vida consagrada.

El fragmento del evangelio que nos presenta la liturgia de esta fiesta nos muestra a Simeón, un “hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él”. Podemos sentirnos identificadas e identificados con Simeón, ver en él a una persona que espera, o mejor dicho, una persona que tiene esperanza. Dice el texto que aguardaba el consuelo de Israel y el Espíritu Santo moraba en él.

Ojalá fuésemos así todas las consagradas y consagrados, toda persona bautizada. Estoy convencida de que si nuestro anhelo profundo fuese el consuelo de nuestra humanidad y nuestro interior estuviera lleno de la Santa Ruah nuestra Iglesia sería diferente y la vida consagrada muy distinta.

Y lo es cuando te encuentras con alguien que vive así su consagración. Sí, por ahí hay muchos “Simeones”, hombres y mujeres que aguardan con los ojos bien abiertos. Personas que tienen “un algo” que atrae y provoca admiración.

Personas consagradas que desde la sencillez y la cotidianidad dejan en nuestra vida un poquito de Dios. Aquella religiosa que nos enseñó las primeras letras. Quienes nos llevaron de campamentos y acompañaron nuestra adolescencia. Una monja o un religioso que ha sabido escucharnos. A quienes hemos visto orar o les hemos pedido que oren por nosotros o por los nuestros.

Oración

Conduce, Trinidad Santa, a la Vida Consagrada por los caminos de la honradez y la misericordia, llena a las personas consagradas de tu Espíritu para que sean un verdadero Consuelo para la humanidad.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La verdadera salvación no vendrá de fuera, ya la tenemos dentro.

domingo, 2 de febrero de 2025
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maxresdefaultDOMINGO 4º (C)

Lc 4,21-30

Seguimos con el tema del domingo pasado. “Hoy se cumple esta escritura”, pero no va a ser como esperan los de su pueblo. En todos los evangelios se habla de los milagros de Jesús como manifestación de su divinidad pero, a la vez, se critica que pretendan poner en las curaciones la salvación ofrecida por Jesús. Una salvación por el poder de Dios, directo o a través de un intermediario, no tiene sentido. Seguimos arrastrando la idea de un dios todopoderoso que pondrá su poder a mi servicio si cumplo unos requisitos.

Hoy se cumple esa Escritura en cada uno de nosotros. Dios la cumple siempre sin tener que hacer nada. Que se cumpla hoy depende exclusivamente de mí. Por no tener en cuenta estos dos planos, la religión nos ha metido por un callejón sin salida y nos ha hundido en la miseria. Seguimos esperando que Dios haga que me toca hacer a mí. Soy yo el que tengo que preguntarme: ¿cumplo yo hoy esa escritura que acabáis de oír?

La Iglesia, ya desde muy pronto, prefirió potenciar en Jesús la idea de Hijo de Dios y se olvidó de la de Mesías; aunque está claro que en los orígenes querían decir lo mismo. Así, la salvación que se pensaba como acontecimiento que debía darse en la historia, se convirtió en la salvación trascendente y ahistórica para el más allá. El mordiente que encerraba la imagen del Mesías se disolvió como un azucarillo. Jesús ya no necesita hacer presente la liberación desde la historia sino desde la estratosfera de su divinidad.

Hemos leído: “todos le daban su aprobación y se admiraban”. Pero hay una alternativa: El verbo (martyreo) = dar testimonio, que se traduce por “dar su aprobación”, cuando está construido con dativo, significa “testimoniar en contra”. Por otra parte, (thaumazo) = Admirarse, significa también extrañarse. La traducción sería: “todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios”. Así cobra sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la gresca.

La importancia de suprimir la última frase del texto de Isaías queda más clara con la explicación que da hoy Jesús. Tiene que rectificar el texto de Isaías, pero menciona a otros dos profetas que avalan esa aparente mutilación. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La atención a la viuda de Sarepta y Naamán el sirio deja en evidencia la pretensión de salvación exclusiva que los judíos, como pueblo elegido, pretendían.

El evangelista quiere subrayar que este argumento contundente, no solo no les convence, sino que provoca la ira de sus vecinos que se sienten agredidos porque les echa en cara su ceguera. La tradición de Mc, que copia Mt, no hace alusión ni al texto de Isaías ni a Elías y Eliseo. Esto indica la intención de recalcar la oposición de sus paisanos. Los primeros cristianos se esforzaron por proponer a Jesús como continuación del AT aprovechando cualquier resquicio para demostrar que en él “se cumplen las Escrituras”. Jesús sobrepasó, con mucho, todo lo que pudieron insinuar las Escrituras.

¿No es este el hijo de José? La razón para rechazar las pretensiones de Jesús es que es uno del pueblo, conocido de todos. La grandeza de Jesús está en que, siendo uno de tantos, fue capaz de descubrir lo que Dios esperaba de él. Jesús no es un extraterrestre que trae de otro mundo poderes especiales, sino un ser humano que saca de lo hondo de su ser lo que Dios ha puesto en todos. Habla de lo que encontró dentro de sí mismo y nos invita a descubrir y vivir en nosotros lo mismo que él descubrió y vivió.

El primer rechazo que sufre Jesús en Mateo no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a las expectativas del judaísmo oficial, y se enfadan. Cualquier visión que vaya más allá de los intereses del gueto (familia, pueblo, nación) será interpretada como traición a la institución. Las instituciones tienen como primer objetivo la defensa de unos intereses frente los intereses de los demás. Incluso nuestra manera de entender el ecumenismo responde, la mayoría de las veces, a esta dinámica contraria al evangelio.

No pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a librar de la opresión de los romanos y a solucionar todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Al darse cuenta de que no va a ser así, arremeten contra él. El odio es siempre consecuencia de un amor imposible. El evangelista echa mano del AT para demostrar que los profetas ya habían manifestado esa actitud de Dios a favor de los extranjeros. Quiere decir que su mensaje no es contrario ni ajeno a la Escritura.

El Dios de Jesús no puede tener privilegios, ama a todos infinitamente. Dios no nos ama por lo que somos o por lo que hacemos. Dios nos ama por lo que Él es. Ama igual al pobre y al rico, al blanco y al negro, al cristiano y al musulmán, a la prostituta y a la monja de clausura, a Teresa de Calcuta y a Bin Laden. En algún momento de esta escala progresiva nos patinarán las neuronas. Es más de lo que podemos aguantar. Nos pasa lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos convencerá de que debemos amar al que no lo es.

Jesús viene a anunciar una salvación de todas las opresiones. Pero esa salvación no depende de Dios ni de un intermediario sino de cada uno de nosotros. Su salvación no va contra nadie, sino a favor de todos. Ahora bien, no debemos ser ingenuos, lo que es buena noticia para los oprimidos, es mala noticia para los opresores. De ahí que, en tiempo de Jesús, y en todos los tiempos, los que gozan de privilegios se opongan a esa práctica liberadora. Si no estamos dispuestos a liberar al oprimido, somos opresores.

Tenemos que comprender que el opresor no hace mal porque daña al oprimido, sino que hace mal porque se hace daño a sí mismo. El que explota a otro le priva de unos bienes que pueden ser vitales, pero lo grave es que él mismo se está deteriorando como ser humano. El daño que hace le afecta al otro en lo accidental. El daño que se hace a sí mismo le afecta en lo esencial. El que muere por mi culpa puede morir repleto de humanidad; pero yo, al causar su muerte, me hundo en la más absoluta miseria.

¿Hemos caído en la cuenta de que lo único que puede garantizar mi religiosi­dad es el servicio a los demás? ¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no soy nada? Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es una falacia. La única pregunta a la que debo contestar es esta. ¿Amo sin exclusión? Sin amor, nuestra vida cristiana se convertirá en un absurdo.

Meditación

Ignoramos lo que realmente somos.
Tú eres, como Jesús, ungido.
Estás capacitado para la tarea que debes realizar.
Cuando despliegues tu verdadera salvación,
estarás en condiciones de ayudar a otros a encontrarla.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Jesús judío de raza y religión.

domingo, 2 de febrero de 2025
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14bff1f8-1764-4845-9ed2-ca2070c37edbPresentación de Jesús en el templo

Lc 2, 22-40

Los de cerca (*) se alegrarán de saber que esta fiesta se llama en oriente “el encuentro” (Hypapante) en griego. En occidente tomó el nombre de la purificación de María o “la candelaria” porque la ceremonia más vistosa de este día era la procesión de las candelas. En la nueva liturgia se llama “la presentación del Señor”. En esta fiesta se retoma el simbolismo de Epifanía y se recuerda a Jesús como luz de todos los pueblos.

Para comprender los textos debemos recordar que la familia de Jesús procedía de Judea. Nos da pie para sospechar esto los nombres de sus miembros y los numerosos indicios que encontramos en todos los evangelios. Se trasladarían desde Judea en alguna repoblación que se llevó a cabo en Galilea después de las deportaciones.

Que Jesús como primogénito debía ser rescatado y maría como recién parida tenía que purificarse no es noticia; todo judío tenía que cumplir la Ley. Lo único que intenta decirnos es que eran auténticos judíos. Los galileos, por estar lejos, escapaban al control de los oficiales y eran mucho menos estrictos en el cumplimiento de las normas. Seguramente por esa razón insiste el texto en que eran cumplidores de las leyes.

Aunque es muy probable que María y Jesús fueran al templo a los cuarenta días de nacer, no podemos estar seguros de lo que pasó. Parece que, según la Ley, ni Jesús ni María tenían obligación de subir al templo para cumplirla. El relato es teología que intenta presentarnos a Jesús integrado en el pueblo judío. Todo son símbolos, incluidos los dos personajes que aparecen como próximos al templo y esperando la salvación.

En la ley de Moisés estaba prescrito que todo primogénito debía dedicarse al servicio de Dios en el templo. Cuando ese servicio se reservó a la tribu de Leví, los primogénitos debían ser rescatados de la obligación de servir al Señor, pagando 5 siclos de plata. Las ofrendas eran exigidas para la purificación de la madre. Lucas nos advierte que José y María tuvieron que conformarse con la ofrenda de los pobres, un par de tórtolas.

Es inverosímil que un anciano y una profetisa descubrieran en un niño, completamente normal, al salvador esperado por Israel. Pero es interesante lo que Lucas señala: que dos ancianos del pueblo se hubieran pasado la vida esperando y con los ojos bien abiertos para descubrir el menor atisbo de que se acercaba la liberación para el pueblo. No me extraña que Lucas muestre a María y José pasmados ante lo que oían del niño.

Pero la extrañeza carece de lógica, si tomamos por cierto lo que nos había dicho en el capítulo anterior. María tenía que haber dicho a Simeón. Ya lo sabía, yo misma he dado consentimiento para que en mi seno se encarnara el Hijo de Dios. Además, los ángeles y los pastores les habían dicho quién era aquel niño. Una prueba más de que en los relatos de la infancia no tenemos que buscar lógica narrativa, sino impulso teológico.

Simeón va al templo movido por el Espíritu. No solo toda la vida de Jesús la presenta como consecuencia de la actuación del Espíritu, todo lo que sucede a su alrededor está

dirigido por el mismo “Ruah” de Dios que estaba llevando adelante la liberación de su pueblo. La voluntad de Dios se va manifestando y cumpliendo paso a paso. Todo lo que sucede en torno a Jesús tendrá como última consecuencia la iluminación del mundo.

Ana aparece más pegada al AT. Identificada con el Templo que era la columna vertebral de toda la espiritualidad judía. Toda su vida al servicio de la institución que mantenía viva la esperanza de una definitiva liberación. Es muy curioso que proclame la grandeza del niño que va a desbaratar esa misma institución y a proponer algo completamente nuevo, para una relación con Dios absolutamente distinta.

Debemos resaltar que los números que se refieren a la edad de Ana son simbólicos. Se casaban a los 14 (dos veces 7). Siete de casada. 84 (12×7) de viuda. El 12 número de las tribus de Israel y el siete, el número más repetido en la Biblia como signo de plenitud. Fijaros que 14+7+84=105. Esa edad era impensable en aquella época.

¿Qué puede significar para nosotros hoy esta fiesta? Me acuerdo cuando se celebraba con gran solemnidad. Era una de las grandes fiestas del año litúrgico. Hoy tenemos que esperar la carambola de que caiga en domingo para poder hacerle algún caso. Vamos a intentar aprovechar esta oportunidad para acercarnos al Jesús que fue tan niño como todos nosotros y vivió la pertenencia al pueblo judío con toda normalidad.

El final del relato es más realista: El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría. Como todos los niños nació como un proyecto y tiene que desarrollándose. Se ha olvidado de todas las maravillas que nos había contado sobre él. Debemos convencernos de que fue un niño completamente normal, que, como todos los niños, tuvo que partir de cero y depender de los demás, para ir completando su personalidad.

En el relato del niño perdido, es más concreto: “Y Jesús iba creciendo en estatura en conocimiento y en gracia ante Dios y los hombres”. Lucas lo tiene claro: Es un niño normal que tiene que recorrer una trayectoria humana exactamente igual que cualquier otro niño. No es esto lo que hemos oído. El haberle divinizado desde antes de nacer, nos ha separado de su humanidad y nos ha despistado en lo que podía tener de ejemplo.

Que Jesús haya desarrollado su infancia en contacto con una religiosidad judía es muy importante a la hora de valorar su trayectoria. Si no hubiera vivido dentro de la fe judía, nunca hubiera llegado a la experiencia que tuvo de Dios. Lo que Jesús nos enseñó no lo sacó de la chistera como si fuera un prestidigitador. Fue su trayectoria religiosa lo que le llevó a la experiencia de Dios que luego se transformó en mensaje.

Todo lo que Jesús nos contó sobre Dios, lo vivió antes como hombre que va alcanzando una plenitud humana. Su propuesta fue precisamente que nosotros teníamos que alcanzar esa misma plenitud. Su objetivo y el nuestro es el mismo: desplegar todo lo que hay de posibilidad humanizadora en cada uno de nosotros. Esa posibilidad de crecer hasta el infinito está disponible gracias a lo que Dios es en cada uno de nosotros.

Con mucha frecuencia la misma religión nos propone unos logros intermedios como meta y nos despista de lo que tenía que ser el punto de llegada de toda trayectoria espiritual, que es lo verdaderamente humano. Todo lo que nos dice la religión, que no sea esta meta, debemos considerarlo como medio para alcanzar ese fin.

(*) Nota de la edición: Cada semana la comunidad de Parquelagos, “los de cerca”, se reúnen para comentar el evangelio y a esa reunión le llaman “El encuentro”.

Fray Marcos

 Fuente Fe Adulta

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Ni lo entendían ni lo aceptaban.

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9729Lc 4, 21-30

«lo llevaron a un barranco del monte sobre el que estaba edificada la ciudad»

Tenemos tendencia a pensar que la vida pública de Jesús tuvo dos etapas muy distintas; la primera gloriosa en Galilea con multitudes que le seguían entusiasmadas, y la segunda dramática en Jerusalén, donde fue sometido a pasión y muerte.

Pero ésta es una percepción errónea, o al menos incompleta, porque la predicación de Jesús estuvo siempre marcada por la incomprensión y el rechazo. Ni sus discípulos más cercanos le entendían, y aunque le seguían fascinados, tuvo que morir para que le entendiesen y creyesen en él. En esta situación, no es difícil imaginar que en muchos momentos Jesús se habría sentido frustrado y fracasado.

¿Pero, por qué no le entendían?…

Pues porque eso era lo natural. Su misión era proclamar a Abbá –el Padre que nos engendra por amor y nos perdona siempre y sin condiciones–, y precisamente en el origen de la misión estaba también el origen del problema; porque Abbá tenía poco que ver con el Dios que proclamaban los doctores y los santos de Israel.

Ambos habían rechazado su mensaje desde el principio y se habían posicionado inequívocamente en su contra. Y no les faltaba razón. Habían consagrado su vida al Dios de Abraham, al Dios de Moisés, en definitiva, al Dios de la Tradición, y aquella nueva doctrina era para ellos la mayor de las imposturas. No les cabía duda de que aquel nazareno que la pregonaba era un farsante; y además un farsante peligroso, porque si triunfaba, ellos —junto a los sacerdotes— serían los más perjudicados.

Pero, aparte de escribas y fariseos, para cualquier israelita la conversión a Abbá suponía abandonar al Dios de sus padres, renunciar a la tradición y lanzarse al vacío; y éste era un plato demasiado fuerte para el que no estaban preparados. Por eso, todo cuanto le oían decir lo amoldaban a la horma de sus tradiciones, y todo acababa interpretándose en clave política. Les entusiasmaba lo de Jesús, pero no podían aceptar que aquello pudiese entrar en conflicto con sus creencias milenarias.

Como decía Ruiz de Galarreta: «Los judíos están dispuestos a aceptar que “Jesús es el Mesías”, pero Jesús les invita a otra aceptación: aceptar que “el Mesías es él”, y no lo que esperaban, sino otra cosa muy distinta…»

La consecuencia fue que sufrió un permanente acoso, que en Nazaret trataron de despeñarlo, que los fariseos le acusaron de blasfemo y de actuar en nombre de Belcebú, que sus familiares se lo quisieron llevar porque pensaban que está loco y que una buena parte de sus seguidores le abandonaron de golpe cuando quisieron proclamarle rey y él se negó.

Cuando subió a Jerusalén por la Pascua, ocurrió que los levitas lo prendieron, los sacerdotes del sanedrín lo condenaron a muerte y los romanos lo crucificaron. Ciertamente no fue un camino de rosas, pero tuvo el coraje de mantener su compromiso hasta el final.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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Mis ojos han visto a tu salvador.

domingo, 2 de febrero de 2025
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Jesús-es-presentado-en-el-temploLc 2,22-40

El 2 de febrero viene cargado de muchas celebraciones. En España y en varios países de Latinoamérica se celebra la Candelaria en honor a María, 40 días después de haber dado a luz. La Vida Consagrada celebra su día, desde que en 1997 Juan Pablo II lo instituyó “para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”. Y celebramos la Presentación del Señor en el templo, que en Oriente se conoce como «Fiesta del Encuentro», porque Jesús «encuentra» el templo y sus sacerdotes, pero también a Simeón y Ana, figuras del pueblo de Dios que hoy nos invitan a cultivar determinadas actitudes.

Yo no lo he llegado a vivir nunca, pero al poner “el Belén” en casa en tiempo de Navidad, en alguna ocasión una de mis hermanas mayores de comunidad me ha recordado que “antes” no se quitaba hasta el día 2 de febrero. “Era cuando terminaba la Navidad…”, me decía.

Me gusta esa tradición popular que se mantuvo hasta no hace tanto tiempo y me asombra la sabiduría sencilla para hacer asociaciones más allá de lo establecido… porque, realmente, la fiesta de la Presentación puede vincularse a todo lo que hemos celebrado en el tiempo de Navidad.

Entonces conmemorábamos el nacimiento de Jesús y hoy celebramos los 40 días (ya sabemos lo simbólico de este número) desde esa fecha. Es pues, en primer lugar, un recordatorio del acontecimiento que cambió la historia: el misterio de la Encarnación, del Dios que se hace ser humano, que acoge absolutamente nuestra humanidad y pasa “como uno de tantos” (cf. Flp 2,7) por el mundo revelándonos que es Dios-con-nosotros. Siempre. En toda circunstancia. Hasta el final. Su fuerza divina se hace debilidad humana para acoger nuestra fragilidad y posibilitarnos la Vida.

En segundo lugar, resuena también la Epifanía, la revelación de este Dios-con-nosotros a todos los pueblos, la manifestación de que la Salvación ofrecida por Dios es universal, para todos. Jesús es presentado ese día 6 de enero como la Luz del mundo y hoy vuelve a repetírsenos en boca de Simeón: “Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

Y, por último, terminamos la Navidad con el Bautismo, en el que se revela el misterio Trinitario al encontrar al Padre y al Espíritu junto a Jesús en un nuevo momento de presentación, esta vez al pueblo sencillo que busca cómo vivir desde Dios y por ello escucha a Juan el Bautista. También en el texto que nos acompaña se hace presente el Espíritu, que moviliza a Simeón y le hace hablar para certificar quién es Jesús, como lo hace el Padre en el momento de ser bautizado.

Toda la simbología del texto está cuidada. Lucas se ha preocupado de desarrollar una historia teológicamente muy completa: el lugar (el Templo de Jerusalén, centro neurálgico del judaísmo), el acento en el cumplimiento de la Ley a través de la ofrenda (para mostrar cómo Jesús queda inserto en su pueblo), el contenido de esa ofrenda (para resaltar la sencillez de la familia de Nazaret, en línea con el humilde nacimiento de Jesús) y la presencia de Simeón y Ana.

Vamos a detenernos en estos personajes, que aparecen únicamente en esta ocasión en el Evangelio y que son paradigmas de paciencia y constancia, de esperanza y oración. También su presencia nos recuerda a la Navidad. En ella veíamos cómo ángeles, pastores o sabios reconocían en ese niño pequeño al Mesías esperado, al Salvador. Hoy son dos ancianos del pueblo quienes lo hacen. Personas que se han pasado la vida esperando, como centinelas, con la mirada puesta en el horizonte, atisbando cada signo de Presencia de Dios, interpretando las esperadas señales de liberación (cf. Is 25,6-10) sin decaer a pesar del paso del tiempo.

A través de ellos, nosotros somos invitados a vivir con unas determinadas actitudes para poder reconocer también al Mesías encarnado en nuestra realidad. Simeón, nos dice Lucas, era “justo y piadoso” que es como decir que era “hombre de Dios”, que había buscado siempre hacer su voluntad y vivir conforme a sus deseos. El Espíritu Santo “estaba con él”… como está con cada uno de nosotros. Simeón le ha sabido escuchar, ha confiado en su palabra y está dispuesto a ponerse en movimiento, en camino, ante ella.

Ana, a quien, a través de todos los datos que se nos ofrecen de ella, podemos reconocerla como representante del pueblo judío (descendiente de Aser, hijo de Jacob, y por tanto, de una de las doce tribus de Israel), “no se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con ayunos y oraciones”. Era, pues, también “mujer de Dios”, que, tras quedarse viuda muy joven, había entregado la vida a su servicio. Ella se convierte, haciendo honor a su rol de profetisa, en vocera de Dios, dando a conocer a todos quién es ese niño.

También nosotros somos invitados a reconocer a Jesús, frágil y pequeño, en medio de nuestra realidad cotidiana y así poder decir: “mis ojos han visto a tu Salvador”. Quizás, para ello, necesitemos abrir bien los ojos y los oídos, y escuchar, como Simeón, la voz de la Ruah discerniendo los signos de su presencia. O quizás nos toque desempolvar nuestras gargantas y superar ciertos miedos para, como Ana, ser capaces de hablar de Él y que muchos otros tengan también la oportunidad de conocerlo.

María, que en el texto escucha la profecía de Simeón sobre el dolor que le conllevará el camino de entrega de su hijo y que se convierte en representante de la comunidad creyente, nos ayudará y acompañará en ello.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Xenofobia como defensa (falsa) de la propia seguridad.

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9716Comentario al evangelio del domingo 2 febrero 2025

Lc 4, 21-30

Lo que irrita a los paisanos de Jesús es la referencia de este a extranjeros -la viuda de Sarepta, el sirio Naamán- que, según la interpretación bíblica de la época, habrían sido “preferidos” de Dios, por encima de los propios necesitados de Israel.

Por más que estemos habituados a ello, no deja de sorprender el modo como revive el espíritu de tribu o de clan, que lleva a idealizar lo propio, en todos los sentidos, mientras se demoniza lo foráneo. La verdad es lo que afirma el propio clan y sus propios derechos deben primar siempre sobre todos los demás. Tras estos posicionamientos, introyectados desde la infancia, no es difícil percibir el miedo ancestral ante la amenaza ajena y, en último término, la inseguridad que explica tanto comportamiento excluyente, condenatorio y xenófobo.

No se niega la necesidad de proteger la propia seguridad. Lo que se cuestiona es que el miedo se erija en criterio último de comportamiento, a la vez que se expande la idea absurda de que la propia seguridad excluye necesariamente la presencia del otro diferente, en una actitud que parece denotar una inseguridad psicológica no resuelta. Es sabido que, para quien vive en la inseguridad y en el miedo, todo lo diferente es percibido como amenaza.

Sin entrar en medidas concretas que sería necesario implementar, lo que parece evidente es que toda actitud xenófoba, de cualquier modo que se la quiera presentar o incluso justificar, nace de un rígida y errónea consciencia de separatividad, que hace ver a los otros como radicalmente “extraños” (extranjeros) para uno mismo. Y que tal actitud solo puede revertirse en la medida en que los humanos, más allá de miedos e inseguridad que habremos de atender, podamos crecer en la consciencia de unidad. En latín hay dos formas de referirse al otro: como “alius” (de ahí, “alienígena”: amenaza) o como “alter” (de ahí, “alteridad”: riqueza). Solo anclados en la consciencia de unidad, será posible ver al otro no como amenaza (“alius”), sino como riqueza (“alter”).

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Presentación: encuentro con Dios en la debilidad

domingo, 2 de febrero de 2025
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resizeimag-5-2Del blog de Tomás Muro, la Verdad es libre:

01.- Fiesta del encuentro. Un canto a la debilidad humana

En la tradición eclesial oriental (iglesias ortodoxas) esta fiesta de la Presentación es llamada del “Encuentro”. Jesús es presentado al Señor y se encuentra con Dios siguiendo la tradición de su pueblo.

El relato de la presentación de Jesús en el templo es un canto a la debilidad humana.

Se trata de un encuentro amable y humilde: una pobre familia: la de Jesús, un niño, dos ancianos: Simeón y Ana…

Simeón da gracias a Dios porque sus ojos han visto la salvación…

Ana también da gracias a Dios por aquel niño…

Los “grandes” del Templo no están presentes, ni los sacerdotes, ni saduceos, fariseos, etc. (Se irán haciendo presentes hasta la crucifixión).

San  Lucas nos presenta a Jesús ante o con el aval de los dirigentes religiosos, sino ante dos personas ancianas, Simeón y Ana, prototipo de la “fe de los sencillos”.

La fe sencilla de Simeón y Ana representan a todo hombre y mujer de cualquier tiempo y lugar que tienen un corazón abierto para encontrarse con Dios y para propiciar acogida a los hermanos.

02.-Encontrarse con Dios en la vida

        En los años conciliares (Vaticano II) se desarrolló una hermosa teología del encuentro con Dios. JesuCristo es el sacramento del encuentro del  hombre con Dios. La Iglesia es el “lugar” del encuentro con Cristo.

Ser cristiano es encontrarse amablemente con Dios en la vida.

        El encuentro con Dios acontece no con grandes alharacas, hierofanías, concentraciones, manifestaciones, sino que –seguramente- se da en el silencio y la quietud de la vida: a veces en la ancianidad como Simeón y Ana, quizás en la enfermedad en la debilidad, en los momentos de tomar decisiones…

         El encuentro con Dios es luz y salvación. Mis ojos han visto la salvación luz… La luz se hace en nuestra existencia en el encuentro con Dios.

03.- Propiciar encuentros

        La fiesta de la Presentación, el cristianismo es como una llamada a propiciar también encuentros entre las personas, los pueblos, las culturas. (Toda cultura puede ser reflejo de la Palabra, de Cristo).

        Mariann Edgard Budde (obispa episcopaliana) respondía a Trump con toda razón que la grandeza y la “edad de oro” de un país no son ni lo más importante de la vida y mucho menos se logran a costa del desprecio de la dignidad de tantos seres humanos emigrantes y pueblos.

        La patria, ninguna patria está por encima de una sola persona.

04.-Luz para alumbrar a las naciones.

        La Presentación es también una fiesta llena de luz. El anciano Simeón dice de Jesús que es luz para alumbrar a las naciones.

        Podríamos pensar con afecto que la Presentación de Jesús, su humanidad, lo humano de Jesús, se encuentra con el misterio de Dios, si bien Jesús, poco a poco, habrá de ir adentrándose y ganando intimidad con Dios Padre, para que en Él, en JesuCristo se exprese el misterio de Dios. Jesús iba creciendo en sabiduría y en gracia…

05.- hora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz…

        Una vez que el anciano Simeón ve y acoge a JesuCristo, prorrumpe en ese canto lleno de nostalgia: Ahora Señor, Según tu promesa, puedes dejar ir a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador.

        Desde el encuentro y acogida de Cristo en nuestra vida, vemos la luz y el horizonte de nuestra vida y de nuestra muerte.

        El anciano Simeón y muchos de nosotros -también ancianos- podemos descansar en la salvación del Señor, esperamos y confiamos en el Señor. La ancianidad es una buena atalaya desde la que podemos observar la vida. Hemos visto mucho, hemos vivido mucho. El consuelo del tiempo vivido y por vivir es que hemos visto al salvador, luz de la humanidad…

        La gracia y amistad de Dios permanecían en Jesús.

        Que esa luz y esa gracia permanezcan también y alienten nuestra existencia.

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«Un Jesús que sigue las costumbres de su tiempo, pero desde la novedad del Espíritu». por Consuelo Vélez

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9721De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio de la Fiesta de la Presentación del Señor 02-02-2025

Jesús es la luz para iluminar a las gentes pero es una luz que no está libre de contradicciones.

La profetisa Ana hablaba del niño a los que esperaban la salvación. Las mujeres tienen toda la capacidad y, de hecho, la realizan, de hablar de Dios, de predicar, de enseñar, de comunicar la buena noticia del reino, aunque canónicamente continúen existiendo restricciones para ello, por el hecho de ser mujeres

La iglesia hoy también celebra la fiesta de la Virgen de la Candelaria y desde 1997, instituida por Juan Pablo II, la Jornada Mundial de la vida consagrada para pedir por esta vocación específica

Hoy más que nunca, se necesita pedir para la vida consagrada la capacidad de renovarse “a fondo”, no simplemente cambiando estructuras organizativas sino pidiéndole al espíritu audacia y creatividad para dar testimonio de un seguimiento “significativo” en estos tiempos actuales

Y, cuando llegó el día de su purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor; además ofrecieron el sacrificio que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba la liberación de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo. Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor. Conducido, por el mismo Espíritu, se dirigió al templo.

Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 

Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar que tu sirviente muera en paz porque mis ojos han visto a tu salvación, que has dispuesto ante todos los pueblos como luz para iluminar a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel.

El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, la madre:

Mira, este niño está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será signo de contradicción y así se manifestarán claramente los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón.

Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, casada en su juventud había vivido con su marido siete años, desde entonces había permanecido viuda y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos. Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos esperaban la liberación de Jerusalén.

Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba.

(Lucas 2, 22-40)

El texto de hoy nos presenta a los padres de Jesús cumpliendo con los ritos religiosos de su tiempo al llevar al niño Jesús al templo para el rito de purificación. En realidad, no era obligación hacerlo, sin embargo, Lucas nos presenta el relato, buscando tal vez, mostrar la encarnación de Jesús en su cultura con todas las consecuencias. Pero lo interesante del relato es que no nos transmite el rito en sí, ni la presencia de los sacerdotes -autoridades oficiales del Templo., sino lo que pasa con dos personajes, un varón y una mujer -como acostumbra presentar el evangelista Lucas muchas veces en su evangelio-, los dos hablando sobre el Niño, inaugurando así el nuevo momento que significa la presencia de Jesús para la humanidad.

El primer personaje es Simeón al cual lo describe Lucas como un hombre honrado y piadoso que espera la liberación de Israel y es guiado por el Espíritu Santo. Simeón está encarnando esos tiempos nuevos del Espíritu que llegan con Jesús. Se convierte en un actor protagonista que no solo toma al Niño en sus brazos, sino que lo bendice afirmando que con Él ha llegado la salvación esperada. Por eso dice que Jesús es “Luz para iluminar a las gentes y gloria del pueblo de Israel”. Las palabras que luego le dirige a María dan la idea del camino de contradicción que supone creer en Jesús, interpelando a los suyos, develando la verdad del corazón humano donde en lugar de misericordia y compasión -como lo proclamará Jesús- habita el cumplimiento legalista y externo. Finaliza diciéndole a María que una espada le atravesará su corazón, palabras que hay que entender bien para no asimilarlas a la capacidad de aguante y sufrimiento de las mujeres -lo que ha llevado a tanto silencio y sacrificio por parte ellas, favoreciendo así una violencia resignada frente a la realidad que viven. Por el contrario, son palabras dirigidas a todo el discipulado, del que María, como hemos dicho otras veces, es la primera discípula, porque el seguimiento de Jesús implica enfrentar las fuerzas del anti reino y eso supone valentía y coraje para transformarlas.

El segundo personaje es la profetisa Ana quien no habla directamente a los padres de Jesús y Lucas la describe con rasgos que, siendo muy valiosos, -oración y ayuno- pueden prestarse a favorecer esa actitud callada y entregada de las mujeres, como lo dijimos antes. Pero lo interesante es fijarnos en la segunda parte donde dice que hablaba del niño a los que esperaban la salvación. Por eso se le considera profetisa y este rasgo conviene destacarlo más. Las mujeres tienen toda la capacidad y, de hecho, la realizan, de hablar de Dios, de predicar, de enseñar, de comunicar la buena noticia del reino, aunque canónicamente continúen existiendo restricciones para ello, por el hecho de ser mujeres.

El texto termina refiriéndose al crecimiento natural de Jesús, explicitando la sabiduría que va fortaleciéndose al vivir en la presencia de Dios.

Por esa proclamación de Jesús como luz de las gentes, la iglesia celebra también la fiesta de la Virgen de la Candelaria y desde 1997, instituida por Juan Pablo II, la Jornada Mundial de la vida consagrada para pedir por esta vocación específica. Hoy más que nunca, se necesita pedir para la vida consagrada la capacidad de renovarse “a fondo”, no simplemente cambiando estructuras organizativas sino pidiéndole al espíritu audacia y creatividad para dar testimonio de un seguimiento “significativo en estos tiempos actuales.

(Foto tomada de: https://www.morninglightint.com/elementor-5946/)

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“Presentación del Señor en el Templo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 2 de febrero de 2025
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IMG_9641De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla:

Comentario a la lectura evangélica (Lucas 2, 22-40) de la Misa del IV Domingo del Tiempo Ordinario –
2 febrero 2025
-. Presentación del Señor.

Iluminados

Antiguamente, en este día se bendecían las velas que servían para iluminar nuestras iglesias cuando aún no existía la iluminación eléctrica. Y este día, también hoy, representa un momento importante para las personas consagradas que renuevan su adhesión total a Cristo, la donación de sí mismas al Padre, gesto recordado por la presentación de Jesús en el templo.

Y el valor de esta celebración ha quedado tan grabado en la memoria de la liturgia que este año, al caer en domingo, acaba sustituyéndola.

Es una fiesta que recuerda la Navidad que acaba de terminar, una fiesta con sabor sagrado que huele a incienso: con la imaginación volvemos a ver las altas columnas que sostenían el pórtico de Salomón y los amplios patios pavimentados que conducían a la zona más sagrada del Templo de Jerusalén.

María y José, un joven matrimonio de Galilea asustado, ocho días después del nacimiento de su primogénito, cumplieron el precepto de la Ley de la circuncisión, signo fuerte en la carne que testimonia la pertenencia del Pueblo de Israel al Dios revelado a Moisés.

Un signo que consagra toda vida al Dios que la dio.

Hermosa historia.

Obedientes

Me fascina este gesto de María y José, gesto de obediencia a la tradición, de respeto a las Leyes de Israel. Ellos saben bien que ese niño es mucho más que un primogénito para ser consagrado, saben y acaban de experimentar el misterio infinito que lo habita.

Podrían pensar que es superior a las Leyes, que no tiene necesidad de ellas porque tienen en sus brazos a aquel que dio la Ley y que, misteriosamente, decidió hacerse hombre. En cambio, no, van al Templo como cualquier otra pareja, realizan ese gesto sin hacerse demasiadas preguntas.

Es conmovedor imaginar al matrimonio de Nazaret paseando tímidamente por los amplios espacios del Templo reconstruido, entre el ir y venir de la gente atareada, las oraciones dichas en voz alta, el olor acre del incienso mezclado con carne quemada…

Están allí para realizar un gesto de obediencia según la Ley mosaica: una ofrenda que hay que hacer para redimir al primogénito, un rito que nos recuerda que la vida pertenece a Dios y que hay que reconocerlo como don de ella.

Jesús obedece la Ley, Dios se somete a las tradiciones de los hombres. En obediencia quiere cambiar las reglas, siguiendo la tradición quiere devolver vitalidad y sentido a los gestos de su pueblo.

Donado

Jesús es ofrecido al Padre, es entregado inmediatamente y ese gesto se repetirá infinitas veces en su vida luminosa. Jesús es y sigue siendo un don, se hace don al Padre que lo da como don a la humanidad.

Y en esta lógica del don, hoy deseamos con fuerza hacer de nuestra pequeña vida una ofrenda a Dios. La hemos recibido de Él, queremos dársela: que lo que somos sea útil a la realización del Reino. Que nos ayude a hacer de cada gesto, de cada día, un acto consciente de amor hacia Dios y su plan de salvación…

El mismo Jesús se comportará de la misma manera, sin rechazar las prescripciones rituales, sin ponerse por encima de la tradición religiosa de su pueblo, sin ser anarquista sino viviendo las normas de la Torá con autenticidad y verdad.

El gesto de ir al Templo nos anima a vivir nuestra fe por los caminos seguros de la tradición, recorriendo la experiencia que coaguló la experiencia de los discípulos en torno a momentos muy específicos, celebrando la presencia del Señor en la vida también a través de signos muy concretos, como los sacramentos.

Con demasiada frecuencia, quienes intentan vivir su fe con mayor intensidad y verdad se sienten “mejor” que quienes la viven sin mucho involucramiento. La tentación, sin embargo, es construir una fe que mira desde arriba y menosprecia las devociones, las tradiciones y los caminos habituales hacia la santidad.

No debemos ignorarlos ni evitarlos, sugieren María y José, sino llenarlos de verdad.

Transfigurados

El viejo Simeón ve al recién nacido y comprende.

En la espléndida oración que Lucas nos refiere, ve en aquel niño la luz que ilumina a todo hombre, la luz de las naciones.

En realidad, Jesús no emana luz, no tiene ninguna característica que lo distinga de cualquier otro niño. Ningún milagro, ningún discurso alentador, ningún gesto milagroso: sólo un niño durmiendo felizmente en los brazos de su madre.

La luz está en el corazón de Simeón. En su mirada.

Así es la fe: también nosotros estamos llamados a ver con los ojos del corazón, a comprender que todo está iluminado. ¡Y cuánta luz necesitamos hoy! De una clave interpretativa que nos ayude a ver más allá, por encima y por dentro de la evidencia desalentadora de una sociedad replegada sobre sí misma.

En los primeros tiempos del cristianismo, los seguidores del Nazareno eran llamados, entre otras cosas, “iluminados”.

¡Y sólo Dios sabe cuánta luz necesita este mundo! Traemos luz porque estamos iluminados, como las velas que bendecimos hoy.

Simeón

Jesús es llevado al Templo para ser circuncidado: es signo de obediencia a la Ley por parte de sus padres que no se sienten diferentes ni mejores, sino pertenecientes a un pueblo rico en tradiciones religiosas que quieren respetar. En el momento de la ofrenda del primogénito a Dios, María y José se encuentran con el anciano y desanimado Simeón.

Simeón es el símbolo de la fidelidad del Pueblo de Israel que espera con confianza la llegada del Mesías. Lleva toda su vida subiendo al Templo esperando ver al Mesías. Lucas nos hace comprender su interioridad su cansancio, que es el cansancio de tantas personas que encontramos cada día.

Simeón es el símbolo de la profunda angustia de todo hombre, porque la vida es deseo insatisfecho, la vida es camino, la vida es espera.

Esperando la luz, la salvación, algún sentido que pueda desenredar la maraña de nuestras preocupaciones y de nuestros “por qué”.

Es bella la oración intensa de Simeón que finalmente ve lo esperado: ahora está pleno, satisfecho, ahora ha comprendido, ahora puede marchar, ahora todo vuelve.

Unos pocos minutos son suficientes para dar sentido y luz a una vida de sufrimiento… Unos pocos minutos para dar luz a una vida de espera…

Que el Señor nos conceda, en el transcurso de nuestra vida, al menos unos pocos minutos… que concedió a Simeón.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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“¿Qué hay de tóxico en cierto cristianismo?”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 29 de enero de 2025
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IMG_9572De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla:

Mejor ser cristiano sin decirlo que proclamarlo sin serlo
-San Ignacio de Antioquía, + 108 d.C., mártir y obispo-.

Me imagino que el abuso espiritual es una forma concreta del abuso de poder. Cuando se produce un abuso espiritual, la persona que pide ayuda se convierte en víctima en manos de un manipulador-verdugo que, de hecho, abusa del poder que se le ha concedido y arruina la vida de la persona que se le ha confiado.

La persona abusada sufre, siente miedo, ira, depresión, pero se le dice que el sufrimiento es parte del proceso de curación, que ésta es la voluntad de Dios, que debe ofrecer su sufrimiento en expiación por faltas no especificadas, que debe abrazar su cruz. Luego se calla y sigue adelante. También porque el abusador explica que su relación no se debe contar a nadie, que los demás no la entenderían.

Imagino, también, que no existe un perfil de víctima ideal. Todos estamos potencialmente en riesgo. Pero está claro que cuanto más frágil es la persona, más necesita encontrar apoyo espiritual, mayor es la posibilidad de caer en manos de un abusador. Quizás los únicos que están a salvo son aquellos que sospechan de todos, que nunca confían, mientras que cuanto más buena y abierta es la persona a los demás, más propensa pueda ser a entrar en esta diabólica situación. Me supongo que los abusadores son muy inteligentes para saber encontrar el lado débil de la persona en dificultad. Una persona en búsqueda, una persona que sufre y está dispuesta a abrir su corazón para buscar respuestas y alivio, puede caer más fácilmente en las trampas del abuso.

Los expertos suelen hablar de dos grandes tipos de abusadores. Está el abusador de buena fe. El que está convencido de que está haciendo el bien de la persona, el que se siente el salvador de la patria. En realidad es una persona que tiene una gran necesidad de los demás, que une a quienes le rodean a sí mismo porque no podría vivir sin ello. En realidad, aunque sea de «buena fe«, es una persona muy problemática. Y, en el otro extremo, estaría el narcisista perverso. Una mala persona, perfectamente consciente de lo que hace. Quiere el control total de la persona que tiene delante. Quiere manipular su conciencia, suscitar admiración, consenso y aplausos hacia él, llegando incluso al abuso sexual. Los dos tipos de abuso están estrechamente relacionados. Primero se toma el control del corazón, de la mente y después se controla incluso el cuerpo.

Entre los extremos, entre la «buena fe» y lo perverso, también puede estar la persona hiper-egocéntrica que tiene una gran neurosis y que, para calmar su ansiedad, utiliza su propia imagen para calmar su narcisismo. No le gusta la competencia de gente brillante, se rodea de seguidores, sólo quiere destacar su propia imagen. Incluso en el ámbito eclesial se confunde visibilidad con eficacia apostólica y la eficacia apostólica con los link (aplauso, visualizaciones, seguidores…).

Es necesario mantener un nivel alto de atención. También porque aquellas personas que tienen la responsabilidad de la guía espiritual deben dejar de lado la tentación de ser fascinantes y atractivos a toda costa. Ya hemos visto demasiados maestros espirituales que abusan de su encanto espiritual, intelectual,…, para otras cosas más espurias e inconfesables que nada tienen que ver con el servicio evangélico.

Desde la distancia de mi desconocimiento sobre la materia, hablar de abuso espiritual significa aventurarse en un terreno complejo. El abuso espiritual deforma, arruina, bloquea e inhibe el anuncio del Evangelio. Es una herramienta diabólica que algunos cristianos utilizan sin darse cuenta del daño que esto hace al anuncio de la salvación. Y, tan complejo, hablar sobre una religiosidad tóxica. Una religiosidad tóxica hasta puede parecer un oxímoron pero yo creo que es una triste realidad que se extiende a lo largo de los siglos y la historia de la comunidad cristiana.

Pero otro aspecto a tener en cuenta, y que es el motivo más directo de mi reflexión, es el de un cierto cristianismo tóxico. En ello me gustaría centrarme con algún detenimiento.

En lenguaje médico, una toxina es una sustancia que es nociva para un organismo vivo y pone en peligro su existencia. Se puede decir que un organismo sano es capaz de resistir la presencia de algunas sustancias tóxicas de forma proporcional al grado de salud que se disfruta y durante un tiempo limitado. Si la presencia de toxinas se vuelve predominante o se prolonga demasiado, puede poner en riesgo la propia supervivencia del organismo o provocar deterioros permanentes que reducen su rendimiento y calidad de vida.

¿Se puede trasladar la metáfora de la toxina a la vida espiritual de la Iglesia cristiana?

Yo creo que sí. Y seguramente un ejemplo de ello son ciertos episodios de abuso de conciencia, espiritual, etc. Es a la vez cierto y preocupante observar cuán enfermizas y enfermas son algunas experiencias de fe. Y creo que se puede hablar de patologías en ciertas experiencias cristianas de la fe. De hecho, el estado de enfermedad a menudo está entrelazado con la dinámica espiritual de la vida.

¿Cuáles son los patógenos prevalentes? ¿Cuáles son los patógenos recurrentes? ¿Es posible identificar al menos las principales cepas y elaborar una reflexión que no tenga la ambición de prescribir terapias fáciles, pero que al menos sugiera una primera evaluación?

Mirando hacia atrás, mirando alrededor y mirando hacia dentro, creo que la clave para detectar “perfeccionismos tóxicos”, “ambientes tóxicos”, “factores tóxicos”, “signos de infección”…, está precisamente en volver la mirada a Jesucristo (“poner los ojos fijos en Jesús Hebreos 12, 2-11) o en poner delante de nuestros ojos la Buena Nueva o el Evangelio del Reino de Dios. (Mateo 4, 17).

Yo creo que no existe una era poscristiana para quienes tienen fe. La nuestra es una época que tiene un régimen cambiado, un régimen global -cultural, social, político, jurídico, estético- que no está inspirado en el cristianismo. Es decir, una época que ya no es de cristiandad. Un cierto cristianismo ya ha acabado. Y tampoco pienso que debemos pensar en ello con nostalgia, ni debemos trabajar a tiempo y a destiempo, a toda costa, para salvar algunos restos de ese cristianismo.

Como también nos recuerda a menudo el Papa Francisco, estamos en un cambio de era (Evangelii Gaudium) y no podemos evitar preguntarnos con qué cristianismo podemos seguir creyendo hoy. Aquí está el gran desafío.

¿Con qué cristianismo podemos seguir creyendo hoy?

Son muchos los países en los que cierto populismo de derecha explota el elemento religioso como verdadero cemento cultural, como base identitaria de la comunidad nacional. Vemos el regreso de una visión formalista y culturalista de la religión, como un fenómeno formador de identidad y quizás excluyente. Incluso en el nivel político, un simplismo preocupante gana y se afirma en la muy compleja realidad de nuestro mundo globalizado.

¿Y qué decir del lema: Dios… Patria… Familia? En muchos sectores se ha afirmado, con razón, que ese lema es una blasfemia. Si hablamos de «Dios«, ¿nos referimos al Dios que nos dio a Jesús de Nazaret en los Evangelios? Jesús afirmó una distinción radical: «Dad al César lo que es del César, pero dad a Dios lo que es de Dios» (Mc 12, 17). ¿Y será la “Patria” ese alma sagrada de un país de fronteras inviolables? Ya en el Deuteronomio, escrito hace 2500 años, se le dice a Moisés que Dios: «ama al extranjero y dale pan y vestido» (Dt 10, 18). Y sería más prudente guardar silencio sobre la «Familia«. ¿De qué modelo familiar necesita nuestro mundo marcado por la cultura de la incertidumbre? Estas tres palabras juntas sólo generan confusión, e incluso perturbación, y debemos esperar que no sean la propuesta ideológica para gobernar un país.

Como decía antes, yo creo que, incluso detrás de ciertos episodios de abuso de conciencia, espiritual, etc., hay un cristianismo tóxico. Y digo “tóxico” porque es un cristianismo sin el Evangelio de Jesucristo.

¿Cómo se manifiesta el Reino de Dios?

¿Quién fue Jesús de Nazaret? ¿Cómo hizo presente a Dios? No fue un hombre poderoso de este mundo, no se presentó como dueño de la Ley, no se identificó con los justos, no se centró ante todo en el universalismo de la culpa y del pecado.

Anunció insistentemente que el “Reino de Dios” ya estaba presente. ¿Y cómo lo manifestó? Con su humanidad. Escuchó el grito de los pobres, de los enfermos, de las víctimas.

En su ‘compasión‘ no sólo nos mostró una opción de vida sino que hizo presente a Dios, lo inaccesible. Nos mostró quién es Dios. Por eso se identificó con los hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los enfermos, los desnudos, los prisioneros: «Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Abrió el camino a una fraternidad verdaderamente universal. Por lo tanto, Dios ‘reina‘ cuando nosotros, los discípulos, buscamos sanar creativamente este mundo enfermo, cuando vivimos y afirmamos la primacía de la compasión. Aquí está el rostro encarnado, histórico, samaritano y social de un cristiano.

Discernir e identificar resueltamente las “toxinas”

A partir del Evangelio, las “toxinas” de ciertas propuestas con marchamo cristiano y eclesial parecen evidentes. Y es evidente que aquellos que no están en sintonía con el Reino de Jesús están en sintonía consigo mismos y quizás con otros intereses. El discípulo cristiano o está en sintonía con Cristo o explota e instrumentaliza la «religión» a su servicio. Tenemos suficiente historia a nuestras espaldas para afirmar que sólo la compasión hace progresar a la humanidad. Que sin la ética del altruismo faltan las bases de una verdadera civilización. Que sin la práctica del servicio samaritano, tal y como se desprende del lavatorio de los pies que San Juan relata como paradigmático en la última cena, se vacía la fe cristiana por mucho ornamento eclesial que tenga.

Aunque la cristiandad ya pasó, seguimos estando llamados a creer en el Evangelio de Jesús para identificarnos con Él. Él mismo es el “Evangelio”. Este es el factor crucial y discriminante para nosotros. He aquí el fuego que mantendrá viva y fuerte la fe de la minoridad que marcará el futuro del cristianismo. Y esa minoridad sabe bien que Jesús no fue el Rey de la gloria… sino que eligió no bajar de la cruz para convencer a nadie del verdadero significado de su realeza.

Jesús se identificó así con el dolor de todas las víctimas inocentes, cruelmente sacrificadas en el anonimato más dramático. Los cristianos, siguiendo a Jesús, están llamados a tener los ojos bien abiertos para mirar cara a cara la injusticia y el absurdo del sufrimiento inocente. Aquí está el rostro de su «mística«. Una mística de los ojos abiertos.

No nos debe preocupar salvar los restos de una cristiandad que pasó a mayor gloria. Pero sí debemos aprender y saber discernir e identificar decididamente ciertas «toxinas» prepotentes, presuntuosas y narcisistas de una cierta presentación y experiencia del cristianismo en las antípodas del Evangelio y del Reino de Dios.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”

martes, 28 de enero de 2025
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IMG_9697La reflexión de hoy es de Yunuen Trujillo, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, están disponibles aquí.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y a predicar un año de gracia del Señor.” Lucas 4:18-19

Hoy es el primer domingo después de la toma de posesión presidencial de los Estados Unidos en 2025. Muchos de ustedes pueden sentirse confundidos, asustados, molestos o incluso desesperados. Escribo esta reflexión con mis hermanos transgénero e indocumentados especialmente en mi corazón y mente.

Las lecturas de hoy son exactamente lo que necesitamos en este momento porque nos recuerdan verdades fundamentales a las que la sociedad, y nosotros mismos, debemos aferrarnos ahora más que nunca. La primera verdad fundamental proviene de la segunda lectura de hoy. Pablo le dice a la iglesia primitiva, y a nosotros, que a pesar de nuestras diferencias, todos somos parte de un solo cuerpo. Cada uno de nosotros es importante y necesario; en nuestra diversidad radica nuestra fuerza, y todos pertenecemos unos a otros.

“Porque todos fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” 1 Corintios 12:13

Pablo también nos recuerda que las partes del cuerpo que a menudo se consideran “más débiles o menos honorables” deben ser tratadas con mayor honor. Esto hace eco de un principio bien establecido de la doctrina católica: la opción preferencial por los pobres y vulnerables. Todos pertenecemos unos a otros, y ahora más que nunca, debemos cuidarnos unos a otros como si cuidáramos una parte de nuestro propio cuerpo. Debemos estar al lado de los más vulnerables en este momento.

Esta verdad fundamental es nuestra vocación cristiana y la misión de Jesús. En el Evangelio de hoy, Lucas nos recuerda que Jesús vino a liberar a los oprimidos y a llevar la buena noticia a los pobres. En la ley judía, el Año del Jubileo era un momento en el que se liberaba a los esclavos, se perdonaban las deudas y se devolvía la tierra a sus dueños originales, actos que simbolizaban la reconciliación y la justicia. La liberación de Jesús es doble. Es una liberación espiritual que nos recuerda que todos somos hijos de Dios, creados a imagen de Dios y dotados de dignidad inherente. También es una liberación social que nos llama a apoyarnos unos a otros en tiempos difíciles y a luchar por la justicia social, recordando a los que están en el poder que las categorías utilizadas para marginarnos y separarnos ya no nos impedirán amarnos y protegernos unos a otros.

Esta liberación no es principalmente política, pero a menudo resulta en victorias sociales. Aquellos que buscan marginarnos solo tienen éxito si estamos divididos. Nuestras luchas interseccionales están interconectadas: “Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros comparten su alegría”.

Pero, ¿cómo vivimos nuestra misión cristiana en estos tiempos? La primera lectura de hoy nos da una pista:

“No estén tristes ni lloren. Vayan, coman manjares y beban bebidas dulces, y repartan porciones a los que no tenían nada preparado; porque hoy es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis hoy, porque el regocijo en el Señor será vuestra fuerza”. Nehemías 8:8-10

Este no es el momento de perder la esperanza. Quienes tienen esperanza deben compartirla con los demás. Debemos resistir la tentación de caer en la desesperación, que es exactamente lo que quieren los poderes opresores. En cambio, debemos recordar quiénes somos: hijos de Dios.

Díganlo conmigo: “Soy un hijo de Dios. He heredado la misión y el sello profético de Jesús. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Dios me ha ungido para traer buenas nuevas a los pobres. Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”. Ahora, más que nunca, debemos liberarnos unos a otros y defendernos, en nuestras propias comunidades, contextos y dentro de nuestras propias posibilidades, unos a otros, tanto dentro como fuera de la comunidad LGBTQ+. Somos un solo cuerpo. Debemos tener la valentía de líderes como la obispa episcopal Mariann Budde, quien dijo la verdad al poder y se puso de pie por la misericordia esta semana, creando un efecto dominó de esperanza en todos nosotros.

Les dejo con la oración de esta semana, traducida del español, de la serie de libros titulada Diálogos Semanales con Jesús:

Querido Jesús, qué difícil es predecir el futuro. No tengo idea de lo que sucederá ni de cómo se verán afectados mis hermanos, pero quiero seguir tus pasos. Muéstrame lo que quieres de mí en este momento. Dame tu Espíritu Santo, el mismo Espíritu que te llenó cuando comenzaste tu misión, y permíteme servir y amar como lo haces Tú. Amén.

—Yunuen Trujillo, 26 de enero de 2025

Yunuen Trujillo, miembro de la Junta Directiva del Ministerio New Ways, será panelista en un próximo evento de Zoom titulado Conversations in the Spirit: Understanding and Honoring the Lived Experience of Our LGBTQ+ Catholic Siblings, Parents, Family, Priests, and Allies,” (“Conversaciones en el Espíritu: Entendiendo y honrando la experiencia vivida de nuestros hermanos, padres, familiares, sacerdotes y aliados católicos LGBTQ+), patrocinado por la Association of U.S. Catholic Priests. (Asociación de Sacerdotes Católicos de EE. UU.).

El evento es en honor a la fallecida Alana Chen, una joven lesbiana católica que se suicidó después de recibir consejos negativos de los ministros de la iglesia.

El evento se llevará a cabo el miércoles 5 de febrero de 2025, de 3:00 a 4:30 p. m., hora del este de EE. UU.

Entre los panelistas se encuentran el padre Bryan Massingale, teólogo y sacerdote abiertamente gay; Joyce Calvo, madre de Alana Chen, y el obispo John Stowe, OFM, Conv., obispo de Lexington, Kentucky.

Para obtener más información, haga clic aquí.

Para volver a inscribirse, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido… Para dar libertad a los oprimidos.

domingo, 26 de enero de 2025
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Una llamada a la entrega, al compromiso de seguirle sólo a Él:

*

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Preguntas para subir y bajar el monte Carmelo

(A Gustavo Gutiérrez,
maestro espiritual
en los altiplanos de la Liberación,
por su itinerario latinoamericano
Beber en su propio pozo).

«Por aquí ya no hay camino».
¿Hasta dónde no lo habrá?
Si no tenemos su vino
¿la chicha no servirá?

¿Llegarán a ver el día
cuantos con nosotros van?
¿Cómo haremos compañía
si no tenemos ni pan?

¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo,
si subís y no bajáis?

¿Sanarán viejas heridas
las alcuzas de la ley?
¿Son banderas o son vidas
las batallas de este Rey?

¿Es la curia o es la calle
donde grana la misión?
Si dejáis que el Viento calle
¿qué oiréis en la oración?

Si no oís la voz del Viento
¿qué palabra llevaréis?
¿Que daréis por sacramento
si no os dais en lo que deis?

Si cedéis ante el Imperio
la Esperanza y la Verdad
¿quién proclamará el misterio
de la entera Libertad?

Si el Señor es Pan y Vino
y el Camino por do andáis,
si al andar se hace camino
¿qué caminos esperáis?

(Desde la Amazonia brasileña,
en tiempos de probación
y de invencible esperanza criolla).

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la espera. Sal terrae, 1986

***

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendio por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista.

Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.”

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

–  “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oir.”

*

Lucas 1, 1-4; 4, 14-21

***

El anuncio del Mesías va dirigido antes que nada a los afligidos. En primer lugar, dispone a los humildes por estar humillados; después, a los abatidos, a los que tienen roto el corazón por las penas; a continuación, se dirige a las cárceles para gritar a los prisioneros la libertad, para abrir los cepos de los atados. El Mesías no distingue entre culpables e inocentes, sino que proclama en su tiempo una amnistía general, que afecta, naturalmente, a los siervos, a los esclavos vendidos.

A Jesús le correspondió leer un sábado estos versículos de Isaías en la sinagoga. Fue en Nazaret, como nos cuenta el evangelio de Lucas. Leyó ante su gente estos versículos plenos de poder y anunciadores de la llegada de grandes cambios. Cuando acabó la lectura declaró que aquellas palabras de Isaías se habían vuelto urgentes, actuales, a través de él, Jesús. Él era el ungido de Dios, el Mesías venido a cumplir en el presente las profecías pendientes. Los presentes se quedaron estupefactos y, después, reaccionaron con hostilidad, expulsándole. Para ellos, era una blasfemia que un hombre se pudiera declarar mesías.

Ahora bien, por encima de esto, estaban espantados por el anuncio de que los versículos de Isaías pudieran cumplirse verdaderamente en su tiempo. Aunque una persona de fe pueda pedir a Dios que venga su Reino y se haga su voluntad, no por ello estará dispuesta a acoger el primero y la segunda. Aquí está el Mesías que consuela a los humildes y a los abatidos y libera a los prisioneros y a los siervos de sus cepos.

Estos versículos de Isaías, como muchos otros, ponen a prueba a las personas de fe: ¿están dispuestas a resistir la venida, el cumplimiento de los tiempos anunciados? Al final, pocos están dispuestos a creer que los versículos de Isaías son actuales. Pocos se comportarían de una manera diferente a los habitantes de Nazaret. Sin embargo, cada generación pasa rozando al Mesías, y corresponde sólo a los creyentes allanar su llegada.

*

Erri de Luca,
Ora prima,
Magnano 1997, pp. 75-77, passim.

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“La primera mirada”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9592La primera mirada de Jesús no se dirige al pecado de las personas, sino al sufrimiento que arruina sus vidas. Lo primero que toca su corazón no es el pecado, sino el dolor, la opresión y la humillación que padecen hombres y mujeres. Nuestro mayor pecado consiste precisamente en cerrarnos al sufrimiento de los demás para pensar solo en el propio bienestar.

Jesús se siente «ungido por el Espíritu» de un Dios que se preocupa de los que sufren. Es ese Espíritu el que lo empuja a dedicar su vida entera a liberar, aliviar, sanar, perdonar: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor».

Este programa de Jesús no ha sido siempre el de los cristianos. La teología cristiana ha dirigido más su atención al pecado de las criaturas que a su sufrimiento. El conocido teólogo Johann Baptist Metz ha denunciado repetidamente este grave desplazamiento: «La doctrina cristiana de la salvación ha dramatizado demasiado el problema del pecado, mientras ha relativizado el problema del sufrimiento». Es así. Muchas veces la preocupación por el dolor humano ha quedado atenuada por la atención a la redención del pecado.

Los cristianos no creemos en cualquier Dios, sino en el Dios atento al sufrimiento humano. Frente a la «mística de ojos cerrados», propia de la espiritualidad del Oriente, volcada sobre todo en la atención a lo interior, el que sigue a Jesús se siente llamado a cultivar una «mística de ojos abiertos» y una espiritualidad de responsabilidad absoluta para atender al dolor de los que sufren.

Al cristiano verdaderamente espiritual –«ungido por el Espíritu»– se le encuentra, lo mismo que a Jesús, junto a los desvalidos y humillados. Lo que le caracteriza no es tanto la comunicación íntima con el Ser supremo cuanto el amor a un Dios Padre que lo envía hacia los seres más pobres y abandonados. Como ha recordado el cardenal Martini, en estos tiempos de globalización, el cristianismo ha de globalizar la atención al sufrimiento de los pobres de la Tierra.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 26 de enero de 2025. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 26 de enero de 2025
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios. Leer más…

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