Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Ciclo C’

“El fuego del amor”. 20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-)

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “El fuego del amor”. 20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-)

Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. Sin embargo, el amor está siempre en la fuente de toda vida sana, despertando y haciendo crecer lo mejor que hay en nosotros.

Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor, la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.

El amor está en el centro del Evangelio, no como una ley que hay que cumplir disciplinadamente, sino como el «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la Tierra, más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el Profeta de Galilea, Dios está cerca de nosotros buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia de un Dios que no habla de venganza, sino de amor apasionado y de justicia fraterna, es lo más esencial del Evangelio.

Jesús contempla el mundo como lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús sueña con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad que busca apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.

El gran pecado de los seguidores de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (P. Tillich), el alumbramiento de un hombre nuevo movido radicalmente por el fuego del amor y la justicia.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“No he venido a traer paz, sino división.”. Domingo 17 de agosto de 2025. 20º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “No he venido a traer paz, sino división.”. Domingo 17 de agosto de 2025. 20º domingo del Tiempo Ordinario

Leído en Koinonia:

Jeremías 38, 4-6. 8-10: Me engendraste hombre de pleitos para todo el país.
Salmo responsorial: 39:Señor, date prisa en socorrerme.
Hebreos 12, 1-4: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos.
Lucas 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división.

Estamos en camino con Jesús y sus discípulos en su último viaje a Jerusalén, donde sabe que va a morir, y así se lo va diciendo. Esta subida a Jerusalén se alarga en el evangelio de Lucas como en ningún otro, pues aprovecha para situar ahí la mayor parte del material peculiar, sobre todo los discursos, las parábolas y los relatos que conoce por otro lado distinto a Marcos. Las frases que leemos en este domingo aparecen también en el evangelio de Mateo, pero en distinto orden y contexto. Esto hace que el sentido sea algo diverso, pues el contexto forma parte del significado de las frases; pero indica a la vez que muchos dichos de Jesús, como los de cualquier persona, son polivalentes; tienen alcances diversos y aplicaciones distintas según las circunstancias de los lectores u oyentes de los mismos. Así se nos abre también a nosotros el camino y la posibilidad de leerlos, con la libertad de los hijos de Dios, desde nuestra propia situación y para nuestro propósito. No es una traición, sino una fidelidad al Espíritu que inspiró a Jesús y a los evangelistas; pues ellos también se tomaron su libertad para situarlos diversamente y sacar sentidos distintos.

La liturgia, a su vez, nos pone estas frases en otro contexto diverso, al anteponer un episodio de la vida del profeta Jeremías, que suele llamarse “la pasión de Jeremías”; porque le toca sufrir golpes, burlas, acusaciones y prisión en una cisterna llena de fango por causa de la palabra de Dios que tiene que anunciar. El salmo que se nos propone es una súplica y acción de gracias a Dios, porque libra al pobre de la fosa; y parece así reforzar la situación del profeta, y anticipar una situación semejante para las frases del evangelio. Con ello se da un sentido de anuncio de la pasión, que ciertamente parece tener, sobre todo si lo leemos junto con la frase semejante de Marcos 10, 38; pero que no está muy resaltado en Lucas; apenas en la frase del “bautismo” por el que ha de pasar. El resto apunta a las diversas posturas que los hombres toman ante el mensaje de Jesús, como ya le acontecía a Jeremías y a otros profetas. Pero la segunda lectura, que nos presenta a Jesús como modelo germinal y definitivo de nuestra fe, vuelve a insistir en su pasión y cruz, y en la posibilidad de que también los cristianos nos veamos envueltos en la persecución y muerte; y, en todo caso, en la dura lucha contra el pecado, tanto personal como social.

Parece que Jesús cambia aquí radicalmente su mensaje. La Buena Nueva nos parece tan hermosa, tan atenta a los débiles y pequeños, tan llena de amor y solicitud hasta por los pecadores y enemigos, que su mensaje no puede ser otro que el de una gran paz y armonía entre todos los hombres. Eso es lo que proclamaban ya los ángeles en el momento del Nacimiento (Lc 2, 24) y lo que vuelve a proclamar el Resucitado apenas se deja ver por los discípulos atemorizados (Lc 24,20-21). Aquí, sin embargo, Jesús parece decir todo lo contrario. Su mensaje no viene a producir paz y concordia entre todos, sino que lleva a la división incluso entre los miembros más allegados de la familia, padres e hijos, nueras y suegras. Pero no se trata de cualquier mensaje, de cualquier propuesta, sino de la presencia misma del Reino de Dios en sus palabras y sus gestos, en sus milagros y sus actuaciones. No cabe oír esa Buena Nueva del Reino y permanecer neutral o indiferente; no cabe entusiasmarse con Jesús y seguir en lo mismo de siempre. Por eso hay que optar con pasión, hay que tomar decisiones y actuaciones que implican cambios muy radicales en la vida. Por eso nos van a afectar a todos profundamente, más allá incluso de los vínculos familiares, por muy respetables que estos sean. El que no pone por delante a Jesús, incluso sobre su propia familia, no puede ser su discípulo (Lc 14, 26).

El episodio de Jeremías nos pone un triste ejemplo de este sufrimiento que acarrea al profeta su fidelidad a la palabra de Dios, cuando el pueblo y sus líderes no la quieren escuchar. Él tenía que anunciar la destrucción del templo, de la dinastía davídica y de la ciudad de Jerusalén, por no querer someterse a Babilonia en ese momento. Era como poner punto final a las solemnes promesas hechas por Natán y otros profetas a David y a su ciudad capital, Jerusalén. Además, este descendiente de sacerdotes, debe predecir la ruina del templo salomónico. No le gustaban para nada esas desgracias que le tocaba anunciar, y sufrió enormemente por causa de esa misma palabra dura que debía predicar; pero lo que pretendía era precisamente que eso no ocurriera, porque le hacían caso, se convertían y se evitaban esas catástrofes. No logró esa conversión del pueblo, y menos aún de los líderes religiosos y políticos. Más bien logró esa división entre unos y otros, pues hasta entre el alto liderazgo político encuentra opositores y ayudantes, mientras el rey se deja llevar del viento político que sopla en cada momento. Pero la palabra de Dios y su profeta no es un viento cambiante, sino una palabra firme y segura, que exige darle fe y cambiar de mente y de conducta; que pide una opción radical de parte de los oyentes.

Esto mismo y en grado supremo le acontece al oyente de la Palabra que es Jesús. Por eso, el radicalismo con que se expresa en esta ocasión, pues se trata de la urgencia misma del Reino presente. Mateo dice en el pasaje paralelo: “¿cómo es que no son capaces ustedes de interpretar los signos de los tiempos?” (Mt 16, 3). Ver los signos de la gracia de Dios, de la presencia del Reino en las palabras y gestos humanos, en las acciones y hasta maravillas que acontecen en la vida. También en nuestro duro y doloroso presente, pues no existen tiempos sin gracia de Dios, sin presencia y fuerza de su Espíritu en medio de la historia, por oscura que sea. Ciertamente son los santos los que más perciben esto y donde mejor podemos ver los demás esa presencia, misteriosa pero eficaz, de la gracia de Dios en medio de esta empecatada historia humana; pero no faltan mil pequeños gestos, incluso o tal vez precisamente, en pobres y pequeños, en prostitutas y pecadores, en publicanos y hasta en ricos zaqueos y centuriones extranjeros. Hay gestos de solidaridad y simpatía con los pobres y pequeños, con los marginados y despreciados, que nos muestran esa fuerza del Espíritu de Dios y de Jesús actuando ya ese fuego en la tierra. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

17.6.25. Que el fuego arda, que corte la espada. Dom 20 TO (Lc 12, 49; Mt 10, 34)

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en 17.6.25. Que el fuego arda, que corte la espada. Dom 20 TO (Lc 12, 49; Mt 10, 34)

Del blog de Xabier Pikaza:

No  son textos fáciles, ni el de Lucas, que presenta a Jesús como gran fuego  (¡Que prenda la tierra, que arda toda  entera!) ni el paralelo de Mt 10, 34-35 donde Jesús aparece como sembrador de una espada que destruye los pactos de opresión, para que  hombres y mujeres de todos los pueblos podamos vivir en libertad.

Que el fuego de Dios arda y queme toda opresión, que su espada corte (rompa) todas las cadenas de unos hombres que encadenan con ellas a otros hombres

| X. Pikaza

LC 12, 49. FUEGO HE VENIDO A PRENDER A LA TIERRA

  • He venido a prender fuego en la tierra (πῦρ ἦλθον βαλεῖν) ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! (τί θέλω εἰ ἤδη ἀνήφθη.)
  • Con  bautismo he de ser bautizado ¡y qué angustia hasta que se cumpla!
  • ¿Pensáis que he venido a traer paz al mundo? No, sino división.
  • Una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres;
  • El padre contra el y el hijo contra el padre,
  •  la madre contra la hija y la hija contra la madre,
  • la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra (Lc 12, 49-53)

Los primeros cristianos, emocionados, sorprendidos, ardientes, concibieron a Jesús como fuego y su obra como incendio de Dios. Nosotros (2025), mientras  gran parte del mundo está ardiendo por guerras, y enfrentamientos económicos e incendios forestales, damos la impresión de que el fuego de Jesús está apagado. Ese fuego ha de quemas todas las estructuras, estructuras y cadenas familiares, económicas, politicas

Hemos construido un cristianismo y una iglesia de   adaptación y sacralización de lo que hay (de la injusticia, opresión social y guerra). Necesitamos  fuego de Dios, para que arda, destruya el mundo antiguo y suscite un mundo verdadero, eso dice Jesús: “He venido a prender fuego…”.  Sin superar (dejar a un lado) el mal del mundo con sus poderes “fácticos”, la iglesia no es fuego de Dios, no es Pentecostés (lenguas de fuego).Éste es un deseo muy hondo de Jesús que se define a sí mismo como fuego de transformación y vida. Él ha dicho en este contexto: “Yo soy fuego de Dios, he venido para que todo el mundo arda” Los evangelios posteriores, empezando por Marcos, matizan e interpretan esa imagen, pero en el fondo sigue estando la experiencia clave de Jesús que  ha venido a prender fuego al mundo, en una línea de muerte y de resurrección: Sólo destruyendo un mundo anterior de pecado, puede crearse y nacer la vida de Dios.

Bautismo de fuego. Esa experiencia está vinculada de un modo especial al bautismo, entendido como culminación de la vida de Jesús que ha recreado el sacramento de Juan (cf. Mc 1, 1-8). En esa línea, conforme al testimonio del Q  (retomado por Mt y Lc), frente al bautismo de Juan, que era en agua para perdón de los pecados, la iglesia más antigua ha definido su “sacramento” (experiencia inicial de Jesús) como bautismo en Espíritu Santo y Fuego (en el Espíritu  de Dios, hecho palabra de Vida).

Así lo ha mostrado Lucas en su relato de Pentecostés (Hch 2), vinculado al Dios de Jesús que recrea a los hombres con sus “lenguas de fuego”, que reposan sobre cada uno de los creyentes, diciendo. No he venido a traer unión, sino división, no he venido a traer paz, sino espada, pero una espada para crear paz, una división para suscitar comunión más alto.

Jesús es signo y presencia de paz (Shalom) de Dios… Pero esa paz no es simple indiferencia, como si dijéramos “todo está bien, es bueno, démonos sin más un gran abrazo, dejando todo como estaba. Jesús inicia un camino de unión universal entre todos los hombres, pero ella exige una gran división, en forma de superación de un tipo de “familia” entendida como institución de opresión y poder de unos sobre otros. Se trata de “separar” aquello que nos parece unido: Padres e hijos, madres e hijas, suegros hermanos… No todo da lo mismo, no todo es igualmente bueno… La muerte y bautismo de Jesús se define aquí como gran incendio: Todo lo malo del mundo tiene que arder y morir para renacer… a la vida de Dios.

Este mundo, tal como está configurado (en   opresión económico-social y lucha por el poder) tiene que arder  y destruirse, para que llegue el nuevo bautismo, para que emerja el evangelio. Universal de comunión de vida Hemos tendido a “bautizar” (cristianizar) todo lo bautizadle, reyes y tiranos,   ejércitos, conquistas, invasiones…, con imposiciones económicas de muerte.

Por eso tiene que arder el fuego de Jesús (no para después, al fin del mundo),  sino ahora, aquí, como incendio histórico de Cristo.Sin que este fuego prenda no podrá haber nuevo nacimiento. Sin que este mundo arda, por los cuatro costados, no podrá darse de verdad iglesia. Este es un fuego de separación (tema que aparece en los 4 evangelios), fuego que separa y quema todo lo que destruye al hombre, para que pueda construirse mejor.

El fuego de Jesús quema para destruir lo malo (la opresión de unos sobre otros)  y recrear lo nuevo en amor y justicia    (cf. Is 43, 19-21), en una línea que ha puesto de relieve el conjunto del evangelio de Juan, de una forma condensada Pablo (Rom 13, 8-9) y especialmente Efesios (Ef 2).

Ese fuego separa y rompe (destruye) a un tipo de relaciones “familiares” (de padres e hijos, de parientes, pueblos y grupos que se aprovechan de su poder para dominar a otros). En esa línea, la iglesia de Jesús tiene  que separarse de un mundo que se cierra en su egoísmo, con deseo de poder de unos sobre otros… Sin esa separación (persecución), sin ese fuego que quema lo malo, no se puede hablar de  comunidad o cuerpo (sôma) de Jesús.

Antiguo Testamento.El fuego está ligado a lo divino como fuerza creadora y destructora.La revelación de Dios, que transciende y fundamenta los principios y poderes normales de la vida, se halla unida repetidamente al fuego. Hay fuego de Dios en la teofanía del Sinaí (Ex 19. 18), lo mismo que en la visión de la zarza ardiendo (Ex 3, 2) y en la nube luminosa (Ex 13, 21-22: Num 14, 14).

-El fuego va unido a las teofanías apocalípticas de Ez 1, 4.13.27 y Dan 7, 10 y, lógicamente, puede adquirir rasgos destructores para aquellos que se oponen al proyecto de Dios, dentro de de este mundo. En ese plano se sitúa el castigo de las antiguas ciudades pervertidas de la hoya del Mar Muerto (Gen 19, 24-25), lo mismo que la séptima plaga de Egipto (Ex 9, 24). Por eso, no es extraño que se diga que del seno de Dios proviene el fuego que devora a los rebeldes (Lev 10, 2) o destruye a los murmuradores de Israel en el desierto (Num 11, 1-3).

-Éste es el fuego que obedece a Elías, profeta (1 Re 18, 38-39; 2 Re 1, 10-12), castigando a los enemigos de Dios o a los mismos israelitas pervertidos (cf. Am 1, 4-7; 2, 5; Os 8, 14; Jer 11, 16; 21, 24; Ez 15, 7, etc.). Pero el fuego de Mt 25, 41 desborda el nivel histórico y debe situarse en una perspectiva escatológica: en el momento final de la historia, cuando Dios realiza el juicio supremo sobre el mundo.

-En esta línea siguen las formulaciones del profeta  Joel, con su visión del fuego que precede y comienza a realizar el juicio (Jl 2, 3; 3, 3). También es importante el fuego en Ez 38, 22; 39, 6, que presenta el fuego como instrumento de la justicia de Dios, que destruye al último enemigo de los justos, Gog y Magog, antes de que surja un mundo  de inocentes, perdonados. Por su parte, Mal 3, 1–3.9 anuncia la venida escatológica de Elías con el fuego de Dios que purifica y prepara la llegada de Dios. Éste es el fuego de Juan Bautista, que habla del Dios que viene a quemar la paja al lado de la era.

– Moisés, zarza ardiente. Conforme a un esquema usual en muchas tradiciones religiosas de oriente y occidente, la manifestación de Dios se encuentra vinculada al fuego: es llama que arde y calienta, como fuerza divina de eternidad. Moisés observó y vio que la zarza ardía en el fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés pensó: Iré, pues, y contemplaré esta gran visión; por qué la zarza no se consume. Cuando Yahvé vio que se acercaba para mirar, lo llamó desde en medio de la zarza diciéndole: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí» (Ex 3, 2-4).

Este pasaje  de Moisés vincula fuego y zarza (árbol y llama), en paradoja que ilustra el sentido del Dos de Israrl. Moisés ha tenido que salir de Egipto y llegar a la montaña sagrada del Sinaí y allí descubre a Dios en la zarza ardiente. Árbol y arbusto son desde antiguo signos religiosos, como aparece en la historia de Abrahán (encina de Moré: Gen 12, 6) y como sabe la tradición religiosa cananea, combatida por los profetas (con culto a las piedras  y árboles sagrado, de Baal y Ashera).

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Echando leña al fuego”. Domingo 20 ciclo C

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “Echando leña al fuego”. Domingo 20 ciclo C

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Dicen que ha sido la ola de calor más larga desde que existen registros, con incendios en España, Francia, Turquía… En este contexto parece de mal gusto que Jesús se presente como un gran pirómano ansioso de pegar fuego al mundo. Y no para ahí la cosa. Los europeos concebimos el mes de agosto como un momento de vacaciones, de descanso, al menos para muchos. Y las lecturas de este domingo no ayudan a descansar. Comienzan hablando del profeta Jeremías, arrojado a un aljibe para que muera (1ª lectura). Sigue la carta a los Hebreos hablando de Jesús, que soportó la cruz, y nos recuerda que todavía no hemos derramado sangre en nuestra lucha con el pecado (2ª lectura). Y el evangelio, al deseo de Jesús de pegar fuego al mundo, añade que no ha venido a traer paz, sino división, incluso en el ámbito más íntimo de la familia.

Después de las enseñanzas de los domingos anteriores, centradas en lo que nosotros debemos hacer, Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.

Presupuesto necesario para entenderlo es conocer la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.

Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.

 La misión: prender fuego

He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo,

El destino: la muerte

Tengo que pasar por un bautismo.

También esta imagen es enigmática, porquebautizar significa normalmente lavar; por ejemplo, los platos se bautizan, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan (y otros muchos judíos desde el profeta Ezequiel) al pecado: en el bautismo, cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva.         El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.

La misión: dividir

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

 Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño será una bandera discutida.

Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide a enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.

Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.

La unión de las tres frases

¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.

¿Tiene sentido todo esto para nosotros?

Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días quevenga a nosotros tu reino; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.

El ejemplo de Jesús

Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida es fácil de entender para los antiguos cristianos, conocedores de las Olimpiadas griegas: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.

Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.

Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.

Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Reflexión final

Estas lecturas no han sido elegidas para amargarnos las vacaciones, pero nos ayudan a pensar en los que no tienen vacaciones, en los perseguidos por su fe y sus denuncias, como Jeremías; en los que han elegido un duro y peligroso trabajo de médico, enfermero, asistente social, ayudante de cualquier tipo, arriesgando su vida en Gaza, Ucrania, Siria, Sudán, Congo…; en las familias que se han roto porque uno o varios de sus miembros han decidido seguir a Jesús. Podemos hacer algo más útil que protestar del calor: pedir por ellos.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo XX del Tiempo Ordinario. 17 agosto, 2025

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Domingo XX del Tiempo Ordinario. 17 agosto, 2025

 

He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo ya que arda!”

(Lc 12, 49-59)

El evangelio de hoy nos puede dejar un poco perplejas. Estamos acostumbradas a ver a Jesús curando, predicando y recorriendo aldeas con sus discípulos, ¡y nos encanta verlo así!

En el fondo nos lo imaginamos imperturbable, siempre de buen humor, contento y apacible. Probablemente tuviera mucho de todo esto, pero los evangelios también nos muestran a un Jesús que se enfada, que denuncia, que se entristece.

Jesús no era un “Peter Pan” en un mundo maravilloso, se hizo humano, 100% humano, hasta sentir el cansancio en su cuerpo, la sed en su boca, la tristeza en su alma e incluso el miedo.

Tendemos a pensar que la bondad es neutral y por consiguiente que las personas buenas son las que no molestan. Grave error. La bondad genera conflicto porque se opone a todo lo que deshumaniza. Se opone a esa fuerza real y palpable que atraviesa el mundo: el mal.

El mal, una cierta maldad, nos es más cotidiana de lo que querríamos admitir y ensombrece todas nuestras relaciones… De la misma manera que nuestras casas o nuestra habitación se va llenando de cosas inútiles que se esconden en los armarios. También nuestra casa interior esconde alguna basura, y es con este material con el que Jesús quiere hacer una gran hoguera que arda.

Algunas fiestas populares en torno al fuego tienen su origen en la necesidad de hacer limpieza. La gente de los pueblos y los barrios a provechaba esa fecha para sacar una silla rota o un mueble viejo y con todo eso se hacía una buena hoguera en la que asar unas viandas y disfrutar juntas de la velada.

Hoy podríamos darnos una vuelta por nuestra casa interior y ver qué sobra, qué podemos sacar a la hoguera. Dejemos que Jesús vaya quemando nuestra cizaña.

Oración

Pasa, Trinidad Santa, por el fuego purificador de tu amor nuestras relaciones para que no nos separe ninguna oscuridad.

Amén

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Mantener la vida supone lucha.

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Mantener la vida supone lucha.

DOMINGO 20 (C)

Lc 12,49-53

¿Qué clase de fuego trae Jesús al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases que no es fácil entender. Debemos estar muy atentos a la hora de interpretarlas para no llegar a conclusiones descabelladas.

Como armonizar las frases: no he venido ha traer paz, sino guerra, con aquella otra, la paz os doy, mi paz os dejo. No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista, sino del fuego que purifica.

¿Qué paz?

1.- En primer lugar, la paz romana, que se consigue con violencia. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Podemos descubrir ejemplos de esta paz en nuestro entorno.

2.- La paz justa es la que se da entre los que dialogan y defienden posturas distintas, pero que saben respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de intereses que puede impedir la guerra. Sería una paz positiva, pero no sería paz.

3.- La paz ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es la paz de los cementerios. Es una paz que anula la vida, porque la vida es lucha. Si llegáramos a conseguir esa paz, dejaríamos de vivir, estaríamos ya muertos.

4.- La paz de Jesús es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser. Esta es la autentica paz. Esta armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con Dios y los demás. Es la consecuencia de descubrir tu verdadero ser.

¿Qué guerra?

1.- La guerra para someter al otro, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona. Es el fruto del egoísmo más feroz. Surge siempre que utilizamos la superioridad para anular al otro. Es la guerra más frecuente y dañina.

2.- La guerra que hace el sometido, para salir de su situación. Hay que tener mucho cuidado de no caer en la misma violencia contra la que se lucha. Todo el evangelio es un canto a la no-violencia. Supera la opresión sin entrar en su misma dinámica.

3.- La guerra que se hace a otro porque es auténtico. Esta guerra no debemos provocarla, pero tampoco debemos temerla. No debemos actuar contra el que me molesta porque es mejor que yo, ni debemos dejar de ser humanos por no molestar.

4.- La guerra que debemos hacernos a nosotros mismos (Pablo). Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar mayor humanidad. Todo lo que potencie el egoísmo debemos combatirlo en nosotros.

Con estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar y qué “guerra” debemos aceptar como imprescindible. Debemos estar atentos, porque las diferencias son muy sutiles.

En estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo se ser humano. Debemos afrontar toda nuestra vida como un bautismo, como una inmersión en aguas abismales que en la tradición judía son el signo de lucha y sufrimiento.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

No he venido a traer la paz.

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en No he venido a traer la paz.

Lc 12, 49-53

«He venido a prender fuego a la Tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!»

Jesús crece en el seno de una sociedad de desiguales; de gente aceptada por Dios y gente rechazada por Él. Escucha en la sinagoga que Dios derrama bendiciones sobre los justos y envía calamidades a esa gran mayoría del pueblo que se ve condenada a una vida de miseria y exclusión por causa de sus pecados. Y esta idea de Dios le desconcierta, porque a él se le revuelven las entrañas ante la tragedia de aquella pobre gente rechazada y desalentada. Y se siente cada vez más incómodo dentro de esa fe que los condena de por vida…

Y se acaba rebelando.

Sale de su casa y se echa a los caminos de Galilea a proclamar que Dios no es el juez que nos castiga por nuestros pecados, sino el padre que nos ama como aman las madres. Sabe que esta concepción de Dios choca de bruces con la de los letrados y los fariseos, pero no se arredra ni duda en alimentar un permanente enfrentamiento con ellos que a la postre le costará la vida. Los tres primeros capítulos de Marcos muestran el grado de confrontación que desde el principio provoca con su actitud.

A aquella «chusma maldita que no conoce la Ley» –según expresión de los fariseos– les abre una vía a la esperanza. Les dice que no son unos pobres desgraciados como todos aseguran, sino que poseen la dignidad de hijos de Dios y son herederos de su Reino; que son los más importantes a sus ojos por ser los más necesitados; por delante de los sacerdotes, los doctores y los fariseos.

Y no sólo les habla, sino que cura sus enfermedades, les enseña y se ocupa de ellos como nadie lo había hecho jamás… Para esos míseros, malditos, desarrapados, excluidos, marginados, empecatados, abandonados, ignorados, a veces cojos o ciegos, casi siempre impuros, aquello es el reino de Dios en la Tierra. Ya no hay que esperar más; está allí, junto a ellos.

Y quieren hacerle Rey.

Las autoridades se sienten violentamente agredidas por ese impostor que arrastra tras de sí al pueblo, porque si lo suyo prevalece, todo su poder y su influencia acabarán por desaparecer. Cuando sube a Jerusalén y ven el entusiasmo que suscitan sus palabras, temen que su fuego se transmita a la gente y haga arder la sociedad entera.

Y se conjuran para matarlo.

En definitiva, Jesús declara la guerra a la opresión, a la injusticia, a las leyes injustas, y tienen que matarlo para que su fuego no calcine las estructuras de Israel y a sus dirigentes con ellas. Nosotros en cambio somos gente dócil que convive en muy buena armonía con la sociedad de consumo y la injusticia atroz que ésta provoca; porque una cosa es tener fe en Jesús, y otra, muy distinta, que esa fe altere demasiado nuestro modo de vida o perturbe nuestro estatus…

Y es que, como decía Ruiz de Galarreta: «Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

El Padre contra el hijo.

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en El Padre contra el hijo.

Es claro que la estructura social de Israel en tiempos de Jesús se conformaba por descendencia, por lealtades familiares, por continuidad de tradiciones religiosas, políticas y de orden social. Los hijos varones siguen la norma paterna, las hijas continúan las tareas de sus madres y, si no hay marido, la relación se mantiene entre suegra y nuera.

El seguimiento de Jesús rompe esta “paz” social basada en estas estructuras. El texto de Lucas 12,49-53 es claro. Jesús afirma que viene a traer la “guerra” (.v. 51-52), la ruptura de la familia tradicional y su base como núcleo de una sociedad reglada. Los seguidores de Jesús posiblemente vinieran de tradiciones que exigían respeto y aceptación a las normas sociales. Los padres, madres, suegras… de judíos exigen continuidad en las tradiciones religiosas a sus protegidos y de ellos se esperaba lo mismo. Algunos que seguían a Jesús no podían continuar con ello. Por el contrario, entendían que tanto madres y padres, hijos e hijas, nueras o suegras podían independizarse y buscar modelos de relaciones diferentes. El seguimiento exigía así la transformación de relaciones familiares y sociales. El cristianismo de los orígenes vivió esta situación de manera drástica incluso con persecuciones y muertes. La “paz” entendida como lo contrario al conflicto no era una alternativa especialmente cuando los ideales propuestos por Jesús entraban en juego.

La paz verdadera es otra cosa, está en otro lugar. Es la que ofrece el resucitado: la paz les dejo, mi paz les doy. Es la paz que se simboliza con el fuego del Espíritu, es la paz que permanece en medio de la lucha, es una paz duradera.  Es una paz en la cual la división y la violencia, lejos de opacarla, tienen el potencial incluso de dilatarla. Es una paz que sigue al perdón, a la reconciliación, pero no a un dejar pasar sino un enfrentarse desde la verdad del resucitado, a mirar con sus ojos y a desafiar estructuras extraccionistas. Estamos llamados a vivir en plenitud y eso no hay estructura social, tradición o lealtades capaces de menguarlo. En Cristo, “vivimos, nos movemos y existimos… somos de su descendencia” (Hc 17,28). Así explica Pablo a los atenienses la vida cristiana. Un estilo de relaciones en Cristo, una propuesta de paz verdadera.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Paz o división

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Paz o división

Comentario al evangelio del domingo 17 agosto 2025

Lc 12, 49-53

La existencia humana -como la realidad en su conjunto- se halla atravesada por la paradoja. Porque la naturaleza de lo manifestado -de las formas- es polar. De hecho, sin tal aparente contraste, nos resultaría imposible pensar las cosas. Sabemos de la salud por la enfermedad, del frío por el calor, de la noche por el día, de la alegría por la tristeza…

Pero sucede que, al leer los polos como opuestos irreductibles, la mente se ve perdida en la paradoja, porque le resulta incoherente con lo que suele llamar el “principio de no contradicción”: si algo es “A” no puede ser “B”. Y así lo hemos asumido, hasta que ha llegado la física cuántica y nos ha hecho ver que tal principio, en el campo subatómico, salta por los aires, como se comprueba en la polaridad simultánea onda-partícula.

Los dos polos de todo lo real no son contradictorios, sino complementarios. No puede existir el uno sin el otro. Por eso, la paradoja es una contradicción solo aparente.

La mente no entiende que, si Jesús proclama la paz, aparezca en otra ocasión hablando de división. Y sus comentaristas tratan de justificar sus palabras, dando mil rodeos, sosteniendo cada cual la postura que previamente ha adoptado y aduciendo para ello razones de todo tipo.

La realidad, sin embargo, no es lineal, sino compleja en su sencillez. La paz convive con la división, con el fuego e incluso con la angustia, por decirlo con las imágenes que aparecen en el texto.

¿Cómo vivir la paradoja? Situándonos en aquel “lugar” donde es abrazada y trascendida. Si la paradoja afecta ineludiblemente al mundo de las formas, solo anclándonos en el Fondo que las trasciende, es posible la ecuanimidad o la Paz -ahora con mayúscula- que, al decir de Pablo, “trasciende todo lo que podemos pensar” (Carta a los Filipenses 4,7).


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Fuego en la tierra… ¿Una iglesia que ni divierte ni convierte?

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Fuego en la tierra… ¿Una iglesia que ni divierte ni convierte?

Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- El cristianismo de Jesús es frontal

El evangelio que acabamos es de los que nos puede dejar un poco perplejos. Es un evangelio desconcertante, al menos a primera vista. Que Jesús diga que ha venido a traer fuego, que no ha venido a traer la paz, sino la división, etc. nos resulta chocante.

02.- Fuego.

En la tradición bíblica -y en la vida normal- fuego puede significar criéis, crisol, juicio, (Lc 3, 16-17). Puede significar también el Espíritu de Jesús en la Iglesia. (HH 2,1-13: Pentecostés). Cuando hablamos de fuego puede significar como una fuerza vital, energía  que impulsa al ser humano

En todo caso fuego significa que el evangelio de Jesús no es algo anodino, sino que tiene fuerza; provoca una crisis profunda en la vida socio política, en el esquema religioso judío y en todo esquema religioso. En este sentido el fuego puede causar división, crisis, enfrentamientos.

¿No será este el caso de la fragmentación que se viene produciendo en el seno de la misma Iglesia?

03.- La sal ¿se ha vuelto insípida?

Al hilo de esta consideración, da la impresión de que el cristianismo que anunciamos hoy en día -al menos entre nosotros-, en estas viejas iglesias europeas ya no son las brasas de Emaús, ni el fuego de la zarza ardiendo de Moisés, ni las llamas de fuego de Pentecostés. Este cristianismo que presentamos no causa efecto ni reacción. Probablemente nuestro cristianismo está muy “descafeinado”.

¿La sal se habrá vuelto sosa?

El cristianismo es ya una cuestión doctrinaria, pero no hace arder el corazón (Emaús). Este cristianismo ni divierte ni convierte. Utilizamos la religión pero como quien paga la póliza del seguro o el impuesto de tráfico para circular por la vida y así llegar bien al peaje final de la existencia.

¿A qué se debe -si no- la casi nula presencia del Evangelio, del cristianismo en la vida pública, social, cultural, universitaria / escolar, incluso en la vida personal?

Es de recordar la voluntad -el fuego- del papa Francisco cuando les decía a los jóvenes para animar la vida de la Iglesia. “Hagan ruido”…

04.- La guinda del pastel y el “tío de América”.

J.A.T. Robinson (obispo anglicano (1919-1983) en su libro Sincero para con Dios, comentaba cómo el europeo “ilustrado” del siglo XX se vale y vive “perfectamente” sin la “hipótesis de trabajo” Dios.

En las cuestiones sociales, laborales, políticas, deportivas, etc. vivimos tranquilamente sin Dios. Nos son suficiente los estados, los parlamentos, el Ayuntamiento, las escuelas, los supermercados, los estadios, los cines, etc.

Los actos religiosos se han convertido en un adorno, la “guinda del pastel”, pero con muy escasa transcendencia.

Por otra parte, solamente recurrimos a Dios en las situaciones límite: Vamos a ver si Dios es capaz de curar este cáncer o para ver si soluciona la paz que nosotros, los humanos, no lo hacemos. Para muchas personas Dios es como “el tío de América” a ver si nos soluciona las cosas que nosotros no podemos o no queremos solucionar.

05.- El fuego símbolo del amor.

El fuego es símbolo del amor. Muchas veces vemos lo que amamos. ¿No ardía nuestro corazón?

El cristianismo es fuego que hace arder el corazón.

Él cristianismo no es un entramado de leyes y ritos, sino que es bondad, amor, porque la perfección de Dios es la misericordia.

Algo de todo esto es el fuego, la crisis y el Espíritu de Cristo: He venido a poner fuego en la tierra y ojala estuviera ya ardiendo.

 

Biblia, Espiritualidad, Homofobia/ Transfobia. , , , , , ,

“La paz no es ausencia de conflicto”, por Consuelo Vélez

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “La paz no es ausencia de conflicto”, por Consuelo Vélez

De su blog Fe y Vida:

XX Domingo del Tiempo Ordinario 17-08-2025

Jesús conoce bien las consecuencias que su mensaje trae porque los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división

Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo

La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo

Pidamos la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro

Consuelo Vélez

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

+ «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

(Lucas 12, 49-53)

El reino de Dios es la buena noticia del amor incondicional de Dios a todos, comenzando por los últimos. En primera instancia pensaríamos que es fácil anunciar este mensaje, pero no olvidemos que en los seres humanos también existe la libertad para escoger el egoísmo en lugar del amor, los propios intereses en lugar del bien común. De ahí que Jesús sea muy realista frente a las consecuencias que puede suscitar el mensaje que nos trae. De hecho, los valores del reino confrontan los antivalores que impiden su realización, lo cual suscita la resistencia, el rechazo, la división. Por lo tanto, la misión encomendada es difícil porque supone interpelación y denuncia y esto no es fácil de aceptar. Aunque la intención del discípulo es construir la paz, la unidad, la concordia, no es de extrañar que también tenga que asumir la división, la contradicción, el rechazo. La paz no es ausencia de conflicto sino posibilidad de asumirlo y tener la paciencia histórica para afrontarlo y transformarlo.

Esta fue la suerte que corrió Jesús. Su cruz no fue algo querido por Dios Padre que Jesús tuvo irremediablemente que asumir. Su persecución, crucifixión y muerte fueron consecuencia de sus cuestionamientos y acciones frente a las instituciones religiosas de su tiempo. Jesús denuncia la ley cuando está no se pone al servicio del ser humano. Denuncia el templo cuando se centra en los ritos y no en las personas. No acepta que, en nombre de Dios, se excluya a cualquier ser humano, por la causa que sea. Por todo esto, Jesús incomoda a sus contemporáneos y estos no dudan en matarlo.

La vida de discipulado a la que estamos llamados no puede evadir ese camino. Si hay fidelidad a los valores que anunciamos, o en expresión del evangelio de hoy, “traer fuego a la tierra, deseando que arda”, no hemos de extrañarnos que generemos rechazo, persecución, división, enfrentamientos. Se exige, eso sí, una dosis grande de discernimiento para no confundir cualquier división con el anuncio del reino. Pidamos entonces la gracia de no rebajar el evangelio, asumiendo las consecuencias que ello trae, dispuestos a correr la misma suerte que el maestro.

 (Foto tomada de: https://www.servicioskoinonia.org/cerezo/)

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Fuego – San Lucas 12, 49-53 -”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 17 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “Fuego – San Lucas 12, 49-53 -”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Fuego – San Lucas 12, 49-53 –

Jesús vino a traer fuego. Él mismo lo dice.

No es el sentido común, ni la paz de los cementerios. El Evangelio no es un manual para niños buenos, el buenismo ingenuo, melifluo y tontorrón de los tibios con la cabeza inclinada y la voz melosa.

Porque la Palabra tiene que ver con el amor que quema y consume.

Y quien encuentra a Cristo, se incendia el corazón. Y esto, de alguna manera, debería poder vislumbrarse en nuestra pastoral, en nuestras comunidades, en nuestras vidas.

Vidas encendidas. Corazones encendidos. Palabras encendidas.

No violentas ni melosas, no gastadas ni cansadas, no repetitivas.

Porque quienes salvarán a la Iglesia, como escribía el Papa Benedicto, como siempre, serán los santos apasionados y encendidos, celosos de Dios y de su Reino. Y la Iglesia que construiremos, sencillamente, volverá a arder de amor porque estará encendida por Cristo.

Jesús vino a traer el fuego. Con demasiada frecuencia, nuestra fe apenas parece un microondas que calienta una sopa.

¿Será éste el objetivo del itinerario sinodal? ¿Acercarnos a Cristo para reavivar la llama en nosotros?

Entonces, y solo entonces, volveremos a hacer luz.

Luz en estas densas tinieblas.

 Barro

¿Cuándo fue que, sentados sobre nuestras pequeñas certezas adquiridas, bajamos la guardia de tal manera que la sombra prevaleció sobre la luz y se unió a las sombras de otras personas hasta convertirse en un dragón al que miramos con indiferencia, sin miedo ni conciencia, como si fuera un perrito faldero?

 Siempre ha sido así, diréis.

Quizás sea cierto, quizás la fragilidad que llevamos en el corazón sea la raíz de todo mal.

Y es inútil ilusionarse con combatirlo, ese mal, solo con nuestras fuerzas.

Necesitamos un Salvador, hoy más que nunca.

Porque, sumidos en la rutina diaria, nos estamos acostumbrando al mal.

A lo que se manifiesta con la violencia, la ira, la prepotencia, la delincuencia, …

Y lo que es aún más peligroso, a quienes responden a la violencia con santa ira, santa prepotencia, santa ferocidad, apelando a la justicia, justificándose, revistiendo de heroísmo la bilis que finalmente puede salir y envenenar cada palabra, cada juicio.

Estamos jugando con fuego, mucho.

Y los nudos se deshacen.

Dios ya no es el camino que nos lleva a la verdad, para darnos la vida.

Poco más que una referencia ancestral, esgrimida para sostener las diferentes posiciones.

Rabia que desborda, que ciega, que embrutece.

Por fin podemos ser malos sin sentirnos culpables.

Incluso en la Iglesia.

Estamos hundidos en el barro, como Jeremías.

Pero ese barro lo hemos creado nosotros, secando la fuente de agua viva que es Jesús, su Evangelio del reino, su Año de Gracia.

 ¡Desgraciado de mí!

Nacido cerca de Jerusalén, apasionado por Dios y su pueblo, Jeremías pasó su vida convenciendo al rey de Judá y al pueblo de Jerusalén de que no se opusieran al poder naciente de Babilonia.

El inquieto profeta sufrió mucho por esta situación, ya que quería anunciar la paz y tenía que reprender, quería profetizar el bien y veía acercarse la tragedia. Por desgracia, las predicciones de Jeremías se cumplieron; Jerusalén cayó bajo el rey Nabucodonosor y más de ocho mil cabezas de familia fueron deportadas a Babilonia.

Ser discípulos lleva a amar tiernamente a las personas destinatarias del anuncio, ser discípulos significa buscar en uno mismo la verdad para luego ofrecerla a los demás, ser discípulos significa no ser comprendidos precisamente por las personas que amas.

Aunque estemos sumidos en el barro, estamos llamados a gritar desde los tejados el anuncio del Evangelio.

Con la vida.

Es cierto: existe una violencia inherente a la vida.

Pero no es aquella que nos cuentan.

 Lucha

El anuncio del Evangelio es signo de contradicción, el mundo, tan amado por el Padre que dio a su Hijo, vive con fastidio la intromisión divina y prefiere las tinieblas a la luz.

Y el adversario se viste de luz, de sensatez, de buenos propósitos.

De santos propósitos.

Sí, el Evangelio lleva consigo una carga de violencia e incomprensión.

Pero es una violencia sufrida.

Por amor a la verdad, por fidelidad al Evangelio.

 Padre contra hijo

Jesús lo dice hablando de sí mismo, imaginando la evolución que tendrá su mensaje.

Tras la caída de Jerusalén a manos de los romanos y la ruina del Templo, los seguidores del Nazareno serán «excomulgados» por los rabinos, lo que provocará una dolorosa e irreparable fractura dentro de la recién nacida comunidad judeocristiana.

Aún hoy, muchos experimentan la contradicción de descubrir en Cristo una nueva familia, nuevas y duraderas relaciones con hermanos creyentes y, al mismo tiempo, un empobrecimiento de las relaciones y una creciente incomprensión con sus familiares de sangre.

He visto a padres arremeter con dureza, también con dureza sibilina, contra las decisiones radicales de sus hijos que decidían consagrar su vida al Reino.

Pero, sin llegar a estos excesos, creo que también a ti, amigo lector, te ha pasado que has visto cambiar la actitud hacia ti en la oficina o en la escuela precisamente por tu elección evangélica.

Si realmente somos discípulos, debemos contar con algunos contrastes, con algunos esfuerzos adicionales: ninguno de nosotros es más grande que el Maestro: si a Él le persiguieron, también nos perseguirán a nosotros.

Cristo es fuego.

Fuego que quema, que arde, que ilumina, que calienta, que consume.

Cristo es fuego y resplandece en nuestra vida.

Si es con el fuego con lo que se mide el discipulado, los bomberos de la fe pueden estar tranquilos. Por desgracia.

Dejémoslo arder.

Incendiamos el mundo.

De amor.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 17 de agosto de 2025.

1.- Una Iglesia llamada a custodiar el ardor del fuego.

2.- Dios no es neutral, tampoco la Iglesia.

3.- La Iglesia, oyente y discípula de una Palabra que quema.

4.- Decir Evangelio es decir fuego, contradicción y división

5.- Fuego – San Lucas 12, 49-53 –.

***

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

15 de Agosto de 2025. Solemnidad de La Asunción de María.

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en 15 de Agosto de 2025. Solemnidad de La Asunción de María.

1ª LECTURA

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

***

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.

***

2ª LECTURA

1Corintios 15,20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

***

EVANGELIO

Lucas 1,39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia.

Celebramos, pues, una verdad que no es inventada por los hombres. Por la seguridad de una fe verdaderamente católica, sentimos hoy la alegría profunda de que María realmente está en el cielo, no sólo con su espíritu, como están todos nuestros muertos, sino con su cuerpo glorificado ya en esta forma definitiva en que también nosotros vamos a ser glorificados, cuando se cumpla ese dogma de nuestro credo: creo en la resurrección de la carne, en la resurrección de los muertos. Pero lo dejaba Dios ese dogma para actualizarlo en 1900, este siglo tan proclive, tan inclinado al materialismo, como dijo el Papa Pablo VI en el Concilio: “Este Concilio no está hablando de un Dios y de un reino de los cielos, cuando los hombres sólo hablan de reinos de la tierra y de conquistas de la tierra”.

El mensaje, pues, de este día es muy oportuno, porque ese viaje de María en cuerpo y alma al cielo, es el índice más vigoroso a toda la humanidad para decirles que no está en esta tierra el destino del alma y del hombre que busca la verdadera felicidad, que hay un reino de los cielos definitivo, más allá de nuestras vidas, pero que se conquista precisamente trabajando en esta vida, entregándose al cumplimiento de los designios de Dios; así como María hizo de su vida terrenal un cumplimiento exacto, una colaboración íntima con el divino Redentor para salvar al mundo. Y por eso el Concilio Vaticano II, cuando recoge para nuestros días, más recientes todavía, el dogma de la asunción nos dice: “María llevada en cuerpo y alma a los cielo, es allá en el reino definitivo, el modelo y el principio de una Iglesia que ha de ser totalmente glorificada”. (GS 68) Es decir, esta Iglesia que todavía peregrina entre persecuciones y dolores en la tierra, mira a María y en ella contempla su destino inmortal y se anima a sufrir todos los dolores y persecuciones, porque sabe que a través de este dolor, como el dolor de María, Dios está labrando las piedras vivas de aquel templo glorioso en el cual Dios fungirá para siempre toda su majestad y toda su belleza. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

Santa María del Coro, San Sebastián

Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

***

“Rasgos de María”:

Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador.

La visita de María a Isabel permite al evangelista Lucas poner en contacto al Bautista y a Jesús, antes incluso de haber nacido. La escena está cargada de una atmósfera muy especial. Las dos van a ser madres. Las dos han sido llamadas a colaborar en el plan de Dios. No hay varones. Zacarías ha quedado mudo. José está sorprendentemente ausente. Las dos mujeres ocupan toda la escena.

María, que ha llegado aprisa desde Nazaret, se convierte en la figura central. Todo gira en torno a ella y a su Hijo. Su imagen brilla con unos rasgos más genuinos que muchos otros que le han sido añadidos a lo largo de los siglos a partir de advocaciones y títulos alejados de los evangelios.

María, «la madre de mi Señor»

Así lo proclama Isabel a gritos y llena del Espíritu Santo. Es cierto: para los seguidores de Jesús, María es antes que nada la Madre de nuestro Señor. De ahí arranca toda su grandeza. Los primeros cristianos nunca separan a María de Jesús. Son inseparables. «Bendecida por Dios entre todas las mujeres», ella nos ofrece a Jesús, «fruto bendito de su vientre».

María, la creyente

Isabel la declara dichosa porque «ha creído». María es grande no simplemente por su maternidad biológica, sino por haber acogido con fe la llamada de Dios a ser Madre del Salvador. Ha sabido escuchar a Dios; ha guardado su Palabra dentro de su corazón; la ha meditado; la ha puesto en práctica cumpliendo fielmente su vocación. María es Madre creyente.

María, la evangelizadora

María ofrece a todos la salvación de Dios, que ha acogido en su propio Hijo. Esa es su gran misión y su servicio. Según el relato, María evangeliza no solo con sus gestos y palabras, sino porque allá a donde va lleva consigo la persona de Jesús y su Espíritu. Esto es lo esencial del acto evangelizador.

María, portadora de alegría

El saludo de María comunica la alegría que brota de su Hijo Jesús. Ella ha sido la primera en escuchar la invitación de Dios: «Alégrate… el Señor está contigo». Ahora, desde una actitud de servicio y de ayuda a quienes la necesitan, María irradia la Buena Noticia de Jesús, el Cristo, al que siempre lleva consigo. Ella es para la Iglesia el mejor modelo de una evangelización gozosa.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

15 de Agosto. Asunción de la Virgen María: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes”

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en 15 de Agosto. Asunción de la Virgen María: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes”

De Koinonia:

Apocalipsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab: Una mujer vestida del sol, la luna por pedestalSe abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario.
Salmo responsorial: 44. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
1Corintios 15,20-27a: Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.
Lucas 1,39-56: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

La primera lectura nos enseña a mostrar las señales con que Dios invita a la esperanza. Aparece la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia (Cristo y los cristianos). La aparición del arca de la alianza de Dios (cf. Nm 10,33-36); 1Sam 4,6-7) señala el hoy de la presencia de Dios en medio de los seres humanos, ya derrotados el pecado y el mal (21,3). Las dos señales que aparecen en el cielo, la mujer y el dragón, deben ser interpretadas por la asamblea litúrgica en el espacio-tiempo. La mujer es el pueblo de Dios; es más, representa la asamblea del pueblo de Dios reunida ya, ahora y aquí, en la Eucaristía dominical. El dragón es el mal, que actúa insertándose en la historia humana, y sobre todo desde los centros de poder (las siete cabezas con siete diademas), para intentar destruir la unidad y la comunión de la asamblea dominical (arroja a la tierra parte de las estrellas). El poder de este mundo se opone al alumbramiento de la mujer (se opone a Cristo) y quiere destruir su fruto (los cristianos). El Cristo elevado y sentado en el Trono de Dios señala la derrota de Satanás. La Iglesia en el desierto, huye del mal y es sostenida por Dios, como Jesús. La glorificación de Cristo, una vez para siempre, es la garantía que nunca jamás nada impedirá que El sea dado a luz por la asamblea eucarística dominical en el hoy, en el espacio-tiempo, hasta su venida en la plenitud de la gloria. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por él y en él.

La segunda lectura nos presenta la afirmación central sobre la resurrección de Cristo y de los muertos: Cristo no es un cadáver que revive, sino que es le Resucitado (el vencedor de la muerte) que causa la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte (la vencedora de la vida) en su propio terreno, la ha destituido (le ha arrebatado todo su poder sobre la vida), a fin de liberar a todos los que estaban bajo su poder. Cristo resucitado garantiza la resurrección de todos los muertos. Conviene notar el paralelismo alternado: por un ser humano, la muerte; por otro ser humano, la resurrección de los muertos; en Adán, todos murieron; en Cristo, todos vivirán. En definitiva, Pablo afirma que el don de la vida se da en la resurrección de Cristo. María, al frente de los que son de Cristo (15,23), goza de la vida de la gloria del Reino y ya celebra la destitución del único y último enemigo: la muerte.

La escena evangélica de hoy se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, en la continuidad del designio de Dios (AT y NT), une teológicamente los relatos paralelos de la infancia de Juan (el último profeta del AT) y de Jesús. Y es el Espíritu quien marca esta continuidad. Toda la escena rebosa de teología, y para que no se pierda ni un ápice, Lucas la concluye con el mutis de María (1,56). En este encuentro, Lucas pone en boca de María este himno judeocristiano (1,47-55), que se inspira en el cántico de Ana (1Sam 2,1-10) y en toda la tradición bíblica (sobre todo de los salmos). Himno que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los «hijos de Sión», «los pobres del Señor», quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos/en ella (1,46-49), por lo que hace en su favor (1,50-53) y, finalmente, por su amor misericordioso a favor de Israel, en conexión con las promesas realizadas y selladas con la bendición de Abraham y a su descendencia (1,54-55). María es también hija de Abraham. Así, en María, en este encuentro entre el AT y el NT, se une la espera con la realización y, al mismo tiempo, se manifiesta la predilección histórica del Señor de Abraham y de María por los pobres de todos los tiempos.

Hoy celebramos la «asunción gloriosa» de María. No se trata de ninguna elevación vertical, de ninguna traslación física, de ningún viaje sideral. No fue ascensión real, física, la «ascensión» de Jesús; mucho menos será asunción física la asunción de María. Esa «asunción gloriosa» es una manera de hablar, que quiere decir algo, algo importante, pero no precisamente un traslado físico, un sentido literal inmediato de las palabras. Podemos –y deberíamos– ser creyentes de hoy, maduros, conscientes del valor simbólico y metafórico de muchas de las expresiones clásicas de nuestra fe. Valor «simbólico», «metafórico», no significa, en absoluto, falta de valor, carencia de sentido, ausencia de contenido. Muy al contrario. Significa que la verdad expresada es una verdad profunda, no susceptible de ser expresada con palabras fáciles, descriptivas, meramente referenciales de lo físico o material.

Nuestra fe expresa que en María Dios ha dignificado a todos los seres humanos, en especial a las mujeres, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. El ser humano había echado a perder los planes de Dios con opresiones, violencias y desigualdades. Dios, en Jesús, llama el mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.

La fiesta de la «asunta», como la llama el pueblo cristiano en muchos lugares de América Latina, nos invita a vivir en el presente el futuro de Dios. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su humilde existencia en el que el amor misericordioso del padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión. María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se manifiesta en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

15.8.25 Leila Marien (Noche/mujer María). Fiesta compartida de musulmanes y cristianos

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en 15.8.25 Leila Marien (Noche/mujer María). Fiesta compartida de musulmanes y cristianos

Del blog de Xabier Pikaza:

14/15. 08.2025. Misterio de Elche, la Madre de Dios. Teología Canónica e Historia  Apócrifa

14/15.8.25. Madre judía del Cristo cristiano

Se vienen publicando entre discusiones de partidos y comunidades, en periódicos y vallas de publicidad, “modelos” de mujeres contrapuestas musulmanas y cristianas (españolas). No voy a entrar ni un segundo en el tema. Contra ese modelo de oposición quiero recordar otro más hondo de comunión, representado por María, Madre de Jesús (Leila Marien) que vincula a musulmanes y cristianos, con el deseo de que un día como hoy (15 de agosto) pueda celebrarse la fiesta común de la Mujer María/Marien entre musulmanes y cristianos.

Ha diferencias entre unos y otros, pero mayores son las semejanzas, representadas por María/Marien, tal como apareen en la Biblia y el Corán, con la tradición cristiana y musulmana. Pienso que ha llegado el momentos de celebrarlas, no con vallas publicitarias de comercio, sino con la vida de las comunidades.

| Xabier Pikaza

INTRODUCCIÓN. CUATRO RECUERDOS

Con Cervantes, de Leila Marien a Zoraida.El año 1984 preparé un largo trabajo sobre la Figura de Leila Marien, la madre de Jesús, en el islam, conforme a la historia del Cautivo y de Zoraida en El Quijote 1 cap 40 (historia que Cervantes reproduce en otras obras como Los baños de Argel, la historia de Leila Marien, madre de Jesús, como modelo de mujer sino como signo de encuentro entre cristianos y musulmanes. Los varones (cristianos y musulmanes) podían enfrentarse en guerra y disputa religiosa y político/económica sin fin. Pero había entre ellos (por encima de ellos) un punto de diálogo y contacto superior, representado por Leila Marian, la mujer María, y por Zoraida, mujer musulmana, capaz de vincular (al menos en principio) a los hombres de las dos religiones.

Yo tenía el trabajo ya compuesto, el año 1984, para la Universidad Pontificia de Salamanca, donde daba clases de Biblia e historia de las religiones. Leila Marien, la madre de Jesús, venía presentarse, desde Cervantes, como punto de partida de un posible diálogo entre cristianos y musulmanes. La respuesta, a mi juicio, no estaba en la guerra (con la batalla de Lepanto (1571) donde lucho Cervantes, sino en un más hondo diálogo de paz protagonizado por mujeres. Así pensaba seguir trabajando,  pero la administración de la Universidad Pontificia de Salamanca me negó el Nihil Obstat para enseñar,, por lo que dejé guardados los folios del trabajo en un cajón (no en PC) donde han seguido durmiendo. Alguna vez los he sacado con intención de organizarlos, pero no he tenido tiempo ni ocasión de hacerlo.

2.1995. Con Tonino M. Diálogo cristiano-musulmán en la India. Fue con ocasión de un curso de Mercedarios en Italia. Estaba enseñando, como readmitido, historia de las religiones en la Pontificia de Salamanca y tuve ocasión de conversar largas horas con Tonino, mercedario sardo, párroco de un santuario popular de la Merced, de origen portugués, en Kérala, sur de la India. El lugar era centro de peregrinaciones donde se juntaban cristianos pobres, con pobres musulmanes y keralenses pre-hindués, herederos de la tradición religiosa  pre-hindú (pre-brahmánica) del sur de la India, donde el signo religioso fundamental era la Gran Madre originaria.

          En aquella zona pobre de riquezas materiales pero rica de tradiciones religiosas, venían a juntarse en torno al santuario de la Madre de Jesús, cristianos pobres, herederos de la misión portuguesa, pre-hindúes del gran pueblo de la tierra y musulmanes pobres, devotos de la Madre de Jesús. El párroco mercedario tenía tres cuestiones pendientes, y de ellas tratamos con mucha extensión y mucho aprovechamiento para mí (no sé si él lo recuerda).

1. Como hablar de la madre-mujer y hermana/amiga de todos, de manera que cada uno pueda acepar el mensaje de fondo (pre-hindúes, musulmanes y cristianos) sin caer en un vulgar sincretismo, pero sin imponer ninguna tradición religiosa sobre las demás…. Cómo abrir espacios de comunión y respeto entre todos, sin dominio de unos sobre otros.

2. Qué signo común religioso utilizar: La eucaristía cristiana? Unas procesiones compartidas, con cánticos…el beso a la imagen de la Virgen de la Merced?  Había un camino de comunión, respeto y libertad para todos, pero la misión no era fácil, sin imposición de unos sobre otros,  sin fácil sincretismo… en medio de una India abierta a la transformación económico-social, con problemas políticos e intereses de lobbyes económicos. He hablado del problema en la actualidad y me han dicho que las cosas están hoy más tensas que en 1995, que es más difícil celebrar fiestas compartidas de humanidad desde el signo de María.

2004. Congreso de diputados de Madrid, tras los atentados del 11M (11 Marzo). Volví a sacar los papeles sobre Islam y cristianismo con Leila Marien cuando me llamaron como Experto en Islam y religiones para una de la reunión de la Comisión del Congreso de Diputados para exponer mi visión y propuesta sobre s sentido socio-religioso las implicaciones del atentado de 11 M 2004, como podrá verse en las Actas del Congreso    Sesión núm. 11 (extraordinaria) celebrada el miércoles, 14 de julio de 2004

   Creo que iba bien preparado  en temas de cultura, historia y religión, pero me encontré envuelto entre preguntas políticas de partido, que han ido creciendo en los últimos 20 años y que se manifiestan, por ejemplo en los carteles sobre la mujer  musulmana y cristiana.

 El año 1918 (02.1.18) escribí un prólogo para el libro de una musulmana española (Yaratullah/María Monturiol, El poder Secreto de María. Fuentes sobre la Madre de Jesús en el Islam. Allí decía, entre otras cosas: Y/M Monturial y otros muchos, musulmanes y/o cristianos, sabemos que María, la Madre de Jesús, es una mujer poderosa, llena de eso que muchos laman Espíritu de Dios, como podrá ver quien retorne a mi postal de aquel día o compre y lea el libro.  Había prometido no volver sobre el tema, pues tengo muchos trabajos pendientes. Pero con ocasión de esas “imágenes” políticas he querido volver sobre el tema.Será un ejercicio de amor y solidaridad hacia los amigos musulmanes, en en unos momentos de prueba para ellos

 Hay muchas cosas que (¡gracias a Dios!) nos distinguen a cristianos y musulmanes, pero la mujer María, Leila Marien, puede vincularnos en amor, conforme a la mejor tradición del Islam.

VISIÓN DE CONJUNTO. LEILA MAREN MARÍA EN EL CORÁN

El islam conoce a María a través de algunos apócrifos judeocristianos, que han recogido y ampliado los relatos de la infancia, especialmente los relacionados con la maternidad virginal de María. Ellos sirven destacar el la obediencia y escucha de María como verdadera musulmana, resaltando, al mismo tiempo, la exigencia y valor de su virginidad, entendida como expresión de fidelidad a Dios y de solidaridad con los hombre y mujeres concretos de la historia.

Signo de dios y de humanidad para el islam

‒ Revelación de Dios por María y por Muhammad. Dios ha revelado su poder por María, haciéndola madre virginal de Jesús, que era portador de su Espíritu y de su Palabra. De esa forma, Dios ha expresado por ella su más honda potencia creadora; por eso, su sometimiento a la acción del Espíritu de Dios y el hecho de que ella será madre virginal de Jesús (por un milagro físico-biológico, sin intervención de varón) son signos fuertes de providencia divina (Corán 3, 33-37), conforme a la palabra de Dios que le dice «Te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo» (Corán 3, 42). Pues bien, de un modo semejante, Dios ha escogido a Muhammad para revelar por medio de él su Corán.

‒ María y Muhammad son receptores de la Palabra de Dios. María ha sido Virgen por milagro especial de Dios, mujer que concibe sin varón… Éste es el “milagro” más importante del Islam, que apenas conoce otros milagros, ni les da importancia (a no ser el de Muhammad que recibe por “milagro” el Corán de Dios. . María ha dado a luz a Jesús, como la tierra primera engendró a Adán. Su virginidad es testimonio privilegiado de la acción de Dios que ejerce su poder sobre la historia (por medio de Gabriel, gran ángel). ‒ Dos milagros, una Navidad… Éstos son los dos “milagros” del Islam: El de María que concibe sin varón, porque recibe en su seno de mujer la “palabra” de Dios; el de Muhammad que recibe la revelación-Palabra de Dios (Corán) sin intervención de cultura humana. En esa línea, María acoge sumisa la palabra de Dios, como verdadera musulmana. De un modo semejante actuará Muhammad, recibiendo de un modo virginal el Corán a través de la revelación del Gabriel.

‒ Jesús-niño defendió milagrosamente (hablando tras haber nacido) la virginidad de su madre, proclamando la grandeza de Dios, y actuó después como su enviado, realizando milagros y anunciando el evangelio para los judíos. Resulta significativa la importancia que el Corán ha dado al Jesús niño, a quien presenta como portador de un mensaje de Dios: conoce las cosas sin necesidad de haber aprendido, hace milagros antes de haber crecido. Así confirma el poder de Dios, que actúa por él, pidiendo sumisión a los judíos (3, 49-53; 19, 27-36).

‒ Jesús-adulto realizó milagros y fue profeta para los judíos: curó a ciegos y leprosos, resucitó muertos, ofreció pan a los hambrientos. Dios quería convertir a los judíos a través de sus milagros (cf. 5, 110-111). Pero estos se han negado, queriendo matar a Jesús. Pues bien, este Jesús rechazado es paradigma o ejemplo para Mahoma, también rechazado por los judíos de Medina. Pero hay una diferencia: Mahoma triunfó, revelando el Corán e instaurando la comunidad de sometidos; Jesús, en cambio, no pudo hacerlo, en el fondo ha fracasado.

Jesús nace del Espíritu de Dios (según palabra Gabriel) por medio de María (cf. 2, 87.252; 5, 110; 16, 2.102 etc.); lo mismo que el Corán ha nacido (ha sido revelado) por Gabriel, a través de Muhammad. Pero ni Jesús vale en sí mismo, ni María, ni Muhammad. Es único grande es Dios. María se ha limitado a escuchar la Palabra de Dios, obedeciendo de un modo sumiso, de forma que por sí misma nada puede. Pero en su sentido más profundo, Jesús es sólo una función de Dios (no encarnación de Dios). Por eso, cuanto más se acentúe su grandeza (es Palabra o Espíritu divino), más desaparece su persona, más se niega su aportación humana; el único que importa

Mujer creyente, no madre de Dios ni diosa En ese contexto defiende el islam la virginidad de María, como signo de una intervención directa de Dios y como expresión de su receptividad y sumisión creyente. Por eso, los musulmanes pueden aceptar y aceptan el discurso de algunos apócrifos cristianos (concepción y nacimiento milagroso, sin varón; milagros del Jesús niño que habla y defiende a su madre…), pero no encarnación radical de Dios.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Asunción.

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Asunción.

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Misa vespertina de la vigilia

Para que una verdad sea proclamada dogma por la Iglesia católica es preciso que tenga un fundamento bíblico. En el caso de la Asunción de la Virgen es casi misión imposible, porque ningún texto del Nuevo Testamento cuenta su muerte ni su asunción. Sin embargo, con buena voluntad se encuentra un mensaje muy actual en las lecturas, especialmente en esta época de pandemia. Me limito a las de la misa de la vigilia, que me resultan más sugerentes.

El premio merecido de María (Lucas 11,27-28)

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso:

– «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

El dicho popular: «Bendita sea la madre que te parió» tiene en el ambiente de Jesús una formulación más completa: «Bendito sea el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron». Nuestro dicho se limita al momento del parto; el que le dirige a Jesús una mujer desconocida tiene en cuenta los meses de gestación y los años de crianza. Es todo el cuerpo de la madre, vientre y pechos, lo que recibe la bendición.

Y esta es la relación con la fiesta: el cuerpo y alma de María, tan estrechamente unidos a Jesús, debían ser glorificados, igual que él. Si echamos la vista atrás, la vida de María no fue un camino de rosas. El anciano Simeón le anunció que una espada le traspasaría el alma. Y el primero en clavársela fue su propio hijo, que a los doce años se quedó en Jerusalén sin decirles nada. «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?». «Porque tengo que estar en las cosas de mi Padre». Y eso supondrá para María un sufrimiento continuo desde que comienza la actividad pública de Jesús. Oír que a su hijo lo acusaban de endemoniado, de comilón y borracho, de amigo de ladrones y prostitutas, de blasfemo… para terminar muriendo de la manera más infame. El cuerpo y el alma de María merecían una compensación. Esa glorificación es lo que celebramos hoy.

El premio inmerecido de todos nosotros (1 Corintios 15,54-57)

El destino de María es válido para todos nosotros, aunque por motivos muy distintos. Pablo alude al primer pecado: la ley de no comer del árbol de la vida provocó el pecado y, como consecuencia, la muerte. Pero de todo ello nos ha liberado Jesucristo, y la última palabra no la tiene la muerte sino la inmortalidad.

Hermanos:

Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

En esta larga etapa de pandemia, donde la muerte se ha hecho tan cercana y tantos cuerpos han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de la enfermedad, la fiesta de la asunción nos anima y consuela sabiendo que «esto corruptible se revestirá de incorrupción, y esto mortal de inmoralidad».

Un complemento poético (1 Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2)

La misa de una solemnidad debe tener tres lecturas, la primera del Antiguo Testamento. Recordando que en las letanías se invoca a María como Arca de la alianza (Foederis arca), se pensó que el texto más adecuado para esta fiesta era el que describe la entrada del arca de la alianza en Jerusalén (el templo todavía no estaba construido). De la misma forma solemne y alegre entraría María en el cielo.

 En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

José Luis Sicre

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Solemnidad de la Asunción de María. 15 de Agosto de 2025

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Solemnidad de la Asunción de María. 15 de Agosto de 2025

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

(Lc 1, 39-56)

El evangelio de la solemnidad de la Asunción de María nos coloca en una de las escenas más alegres y llenas de color de todo el Evangelio.

El encuentro de estas dos mujeres, que están gestando en sus entrañas las más grandes promesas de Dios para la humanidad, es un canto eterno de esperanza.

Todo es tan incipiente y oculto que es difícil creer en ello, pero el encuentro de las dos experiencias deja fuera de juego a las dudas.

Isabel escucha la voz de María y la vida salta dentro de ella. Más tarde el Evangelio acabará con otro saludo, con otra voz la de Jesús que también hará saltar la vida en el corazón de María Magdalena. Podemos decir que la historia de Jesús empieza y termina (comenzando) con un salto. Primero saltó Juan, más tarde saltó María Magdalena. Son saltos de alegría y de vida porque es eso lo que nos regala Dios por medio de Jesús.

Y María aceptó ser cómplice de Dios en toda esta aventura. Dijo hágase e hizo de su vida un continuo espacio para los planes de Dios. Se atrevió con lo inesperado e incluso con lo imposible. Se puso en camino y se hizo abrazo con Isabel. Ellas dos no enseñan a ser abrazo, prolongación del abrazo que es Dios Trinidad. En ese encuentro estrecho somos la más bella imagen de nuestro Creador.

Oremos

Trinidad Santa, Abrazo Tierno, que seamos portadoras y transmisoras de abrazos, que llevemos la sorpresa de tu mensaje que hace saltar de alegría y transforma la soledad en compañía. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

María pudo identificarse totalmente con Dios porque lo divino estaba en ella desde el principio.

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en María pudo identificarse totalmente con Dios porque lo divino estaba en ella desde el principio.

Lc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos confundirlas.

De María real, con garantías de historici­dad, no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los doce primeros años de su vida. El padre en aquel tiempo se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres, hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios que, solo a través de las categorías femeninas, podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar sus privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir en lo hondo de todo ser, la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todo y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también el mismo Dios.

Lo que queremos expresar en esta fiesta, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente también en el cuerpo, a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total. Esa plenitud consiste en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la misma para todos. “Cielos” significa lo divino.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados al cielo pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han abandonado esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá como continuación del más acá nos ha metido en un callejón sin salida; y muchos se encuentran muy a gusto en él.

Cuando hablamos de Jesús y de María, debemos hacer una distinción. Por ser seres humanos históricos y reales, sí podemos hablar de ellos con propiedad desde la perspectiva terrena. Pero cuando tratamos de expresar lo divino que hay en ellos, nos encontramos con el mismo problema de Dios. No podemos hablar de esa conexión con lo divino si no es por medio de metáforas y signos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Dar a luz a Dios en el mundo.

viernes, 15 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en Dar a luz a Dios en el mundo.

Lc 2,40: María y Jesús en Nazaret, por el estadounidense William Hole (1846-1917 )- Library of Congress Catalog.


EVANGELIO 15 DE AGOSTO 2025

Lc 1, 39-56

Celebramos la fiesta de la Asunción de María. Una fiesta con connotaciones tan populares como universales. Una fiesta en la que celebramos cómo María se abre a la Buena Noticia de Dios en su vida, pasando de la perplejidad y el temor a la disponibilidad y la confianza.

María es a la vez que la madre y educadora de Jesús, su discípula. Con Él conoce el misterio del reino y se adentra en su realización histórica, lo cual hace de ella una mujer siempre en camino, solidaria y en permanente desinstalación. María es la mujer del fiat, pero su , no fue un neutro ni ingenuo, sino que conllevó muchos noes. El Magníficat no es un canto de sumisión sino de esperanza y rebeldía comprometida por otro mundo posible, en el que no prime la ley del más fuerte, sino la ley del amor. Un mundo donde sea posible una paz desarmada y desarmante, como no recuerda León XIV.

María en su pequeñez se hace disponible a la acción del Espíritu para dar a luz a Dios en el mundo. Su prima Isabel, la madre del profeta Juan Bautista, es testigo y cómplice con ella de esta esperanza. A ambas la fe las ha hecho fecundas. En la fiesta de la Asunción la iglesia reconoce a María como la primera creyente, madre y discípula incondicional de su Hijo y por eso a su lado para siempre en la plenitud del Reino.

También hoy en nuestro mundo muchas mujeres atraviesan serranías (dificultades, fronteras, etc.) para poner en el centro la dignidad y el cuidado de la vida y lo hacen en sororidad, desde el apoyo mutuo y la solidaridad de género. Son las “guardianas” y defensoras de la vida en las situaciones más amenazadas. Ellas como María de Nazaret e Isabel están también colaborando a dar a luz a Dios en el mundo hoy, hecho resistencia, esperanza y sentido contra todo pronóstico, en medio de tantas situaciones de violencia e injusticia.

El Magníficat se sigue actualizando en nuestro mundo allá donde una mujer empujada por la fuerza del amor antepone la dignidad y el valor de la vida más vulnerada frente a los discursos y prácticas de odio, frente a la crueldad de los mercados y los ejércitos o la banalización del mal. Ellas hacen posible lo imposible y a menudo claman y agradecen a Dios con nombres y acentos distintos. Ellas visitan hoy nuestros barrios y pueblos movidas por el sueño de un futuro para sus familias trayendo esperanzas y vida nueva. Han venido para quedarse y nos urgen a seguir recreando el Magníficat y derribar juntas prejuicios, muros y fronteras que impiden que el reino sea. ¿Las reconocemos?

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.