Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Ciclo B’

Jesús dormía confiado en medio de la tormenta.

domingo, 20 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Jesús dormía confiado en medio de la tormenta.

LA-TEMPESTAD-e1533436322328-1Mc 4 35-40

Leemos hoy el final del c. 4. Podemos tener la sensación de tomar un tren en marcha sin saber de donde viene ni a donde va. Después de enseñar en Cafarnaúm, dejando clara la reacción de los jefes religiosos, narra Marcos varias parábolas y termina con el relato de la tempestad calmada. Los milagros, llamados de naturaleza, son los que menos visos tienen de responder a hechos reales. Son todo simbolismo.

La Biblia utiliza varias palabras para expresar lo que hoy llamamos milagro. El concepto de milagro que tenemos hoy (hecho en contra de la naturaleza) es reciente. No tiene sentido preguntarnos si los evangelios nos hablan de milagros con este significado. Lo que nos importa es descubrir el sentido de esa manera de hablar. El milagro era un modo de expresarse, comprensible para todos los que vivían en aquel tiempo.

Jesús pide a los discípulos que vayan a la otra orilla. Está haciendo referencia al paso del mar Rojo. Aquel paso les llevó a la tierra prometida. La otra orilla de mar de Galilea era tierra de gentiles. Es una invitación a la universalidad, más allá del ámbito judío, que se opone a la apertura. La primera “tormenta” que se desató en el seno de la comunidad cristiana fue precisamente por el intento de apertura a los paganos.

La tempestad está haciendo referencia a Jonás (fue increpado por el capitán por estar durmiendo mientras ellos estaban muertos de miedo). El mar es, en la Biblia, símbolo del caos, lugar tenebroso de constantes peligros. Dominar el mar era exclusivo de Dios. De ahí podemos sacar la enseñanza simbólica. El mensaje de Jesús tiene que llegar a todos los hombres, pero no se conseguirá si no se abandona la falsa seguridad de pertenecer a un pueblo elegido sino a través de la lucha contra las fuerzas del mal.

Mientras todos estaban muertos de miedo, él dormía… Hay que tener en cuenta que se llamaba también “cabezal” a la especie de almohada donde se colocaba la cabeza de un muerto. Están haciendo clara referencia a una situación pos-pascual. La primera comunidad tiene claro que Jesús está con ellos pero de una manera muy distinta a cuando vivía. Aunque no lo vean, tienen que seguir confiando en su presencia.

¿No te importa que nos hundamos? La necesidad extrema les obliga a pedir ayuda a Jesús como último recurso. Las palabras que le dirigen indican su estado de ánimo. No dudan que Jesús pueda salvarlos, dudan de que esté interesado en hacerlo, lo cual es el colmo de la desconfianza. Es dudar de su amor. Es lo que Jesús reprocha a los discípulos. Siguen necesitando de la acción externa para encontrar la seguridad.

Increpó al viento y dijo al mar: ¡Cállate! Son las mismas palabras que Jesús dirige a los espíritus inmundos. Además en singular, como queriendo personalizar al viento. Recordad que la palabra “ruah” (viento) es la misma que significa espíritu. Viento que perjudica equivale a mal espíritu. El “poder” de Jesús se dirige contra la fuerza del mal, no contra los elementos, que aunque sean hostiles nunca son malos.

¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe? No son preguntas, sino constataciones de una evidencia. Ni confiaban en sí mismos ni confiaban en él. Aquí tenemos otra clave para la reflexión. Confiar en un Dios que está fuera y actuará desde allí nos ha llevado siempre al callejón sin salida del infantilismo religioso. Una vez más queda manifiesto que la fe no es la aceptación de unas verdades teóricas, sino la adhesión confiada a una persona. Jesús les acusa de no confiar ni en Dios ni en él ni en ellos.

¿Quién es este? El miedo y la pregunta final dejan claro que no habían entendido quién era Jesús. El relato no tiene en cuenta que Marcos ya había adelantado varios títulos divinos aplicados a Jesús desde la primera línea de su evangelio: “Orígenes de la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios”. Queda demostrado que no vale una respuesta intelectual. Lo que es Jesús, no hay manera de mostrarlo ni demostrarlo. El descubri­miento tiene que ser experiencia personal de la cercanía de Jesús.

A todos nosotros el evangelio nos invita hoy a cruzar a la otra orilla. Estamos tan seguros en nuestra orilla que no será fácil que nos arriesguemos a cruzar el mar. Ni siquiera estamos convencidos de que exista otra Orilla, más allá de las comodidades y las seguridades que ambicionamos. Sin embargo, nuestra meta está al otro lado del riesgo y del peligro. La falta de confianza sigue siendo la causa de que no nos atrevamos a dar el paso. No terminamos de creer que Él va en nuestra propia barca.

El mensaje de Jesús es que debemos confiar, aunque nos parezca que Dios no se preocupa de nosotros. El enemigo del hombre no es la naturaleza, sino una falsa visión de la misma. La naturaleza es siempre buena. Dios no tiene que rectificar su obra para que los hombres confíen en Él. Flaco favor haría Jesús a sus discípulos si accediera a entrar en la dinámica de un Dios que pone su poder al servicio de los buenos. Jesús les habla de un Dios que se identifica con ellos en todas las circunstancias.

Job plantea una cuestión muy seria, pero la solución que da no es la adecuada. Dios tiene que devolver a Job lo que supuestamente le había quitado para que su fidelidad sea creíble. El Dios en quien Jesús confió fue el Dios escondido, en quien hay que confiar aunque no le veamos actuar. Dios está siempre dormido. Su silencio será siempre absoluto. Ni tiene palabras ni instrumentos para hacer ruido. Mientras no busquemos a Dios en el silencio, nos encontraremos con un ídolo fabricado a medida.

No son las acciones espectaculares de Dios las que nos tienen que llevar a confiar en Él. El maestro Eckhart decía que tomamos a Dios por una vaca de la que podemos sacar leche y queso. Pero también decía: utilizamos a Dios como una vela para buscar algo; y cuando lo encontramos, la tiramos. La idea de un Dios que pone su poder a mi servicio, es nefasta. No se trata de confiar en otro, si no de confiar en que Él está más cerca de mí que yo mismo. Solo si siento a Dios en mí, me sentiré seguro.

Meditación

¿Quién es éste? Nunca podrás saberlo
si en tu vida no reflejas la suya.
Lo importante no es encontrar respuestas
sino vivir la Vida verdadera.
Lo que es Jesús, es lo que tú también eres.
Jesús ha desplegado todas sus posibilidades.
Tú tienes esa tarea aún por hacer.

 

Fray Marcos

Fray Marcos

Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , , ,

Jesús, ese desconocido.

domingo, 20 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Jesús, ese desconocido.

tempestad-calmada¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? (Job 38, 16)

Domingo XII del TO

Mc 4, 35-40

Él dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron:
-Maestro, ¿no te importa que naufraguemos?

De Jesús no tenemos un conocimiento real mientras no le reconozcamos mostrando un cristianismo de acción en nuestras obras. Hasta que, como a Pablo, se nos caigan de los ojos las escamas en Damasco (Hch 1, 18) y trabajemos más que nadie (1 Cor 15, 10) al servicio de los otros. Curada nuestra ceguera física y espiritual, empezaremos a ser verdaderos discípulos suyos y podremos decir con Juan que nos consta que conocemos a Dios y a Jesús si cumplimos sus mandamientos (1 Jn 2, 3), si desplegamos en nosotros y en los demás su vida plenamente.

«Un personaje ante el que la historia no ha sabido nunca ser indiferente, y que por ello entra en la aventura del tercer milenio vivo y controvertido». Es la respuesta que Juan Arias, teólogo y escritor almeriense da al título de su best seller Jesús, ese gran desconocido (Edit. Maeva 2001) El que mayor repercusión ha tenido en la historia de los últimos veinte siglos, que ha condicionado profundamente la vida, el arte, la cultura, las costumbres de más de mil millones de personas que creen en él, explica. Un Jesús que ya Pablo en Colosenses 1, 15 reconocía ser en sus obras, en sus palabras y vida, el «rostro humano de Dios», la «imagen de Dios invisible».

Y que sin embargo, podríamos añadir, uno de los menos considerados por el pensamiento laico en nuestros días. Ya Don Ramón del Valle Inclán puso en boca de uno de los protagonistas de Luces de bohemia con lenguaje de su época, que «la religiosidad de España –y podrían legítimamente derribarse Pirineos- es como la de una tribu en el centro de África».

El telón de esta obra trágico-cómica del desconocimiento se corre ya en el Antiguo Testamento«En mi lecho, por las noches / he buscado al que ama mi alma; / lo busqué, mas no lo hallé» (Cant 3, 1), se lamentaba ya la bienamada en el Cantar de los Cantares. Marcos nos dice que pocos le conocen realmente en su pueblo: «De dónde saca éste todo eso?» «¿No es éste el artesano, el hijo de María?» (Mc 6, 2-3). Natanael, sentado bajo la higuera, le replica a Felipe que de Nazareth no puede salir cosa buena (Jn 1, 46). María Magdalena pensó que era el hortelano al verle detrás de ella, sin reconocerle (Jn 20, 14-15). Los de Emaús caminaron y cenaron con él ignorando su identidad. Y ya en el Cenáculo, los discípulos acaban tomándole por un fantasma.

San Juan de la Cruz lamenta su desorientación en estos versos:

«Entréme donde no supe
y quedeme no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo»

El verdadero conocimiento lo da el amor. Serán los ojos y el corazón de Juan y María de Magdala los que antes, mejor y más profundamente, reconocerán al Jesús resucitado. María, con su «¡Maestro«! (21, 16), Juan  diciéndole a Pedro: «Es el Señor» (Jn 21, 7). Los místicos, empedernidos buscadores de Dios, no han cesado en su búsqueda desde la noche obscura del alma. Ya el monje Simeón, siglo X, se lamentaba: «A menudo veía la luz. A veces se me aparecía en el interior de mí mismo, cuando mi alma poseía paz y el silencio, o bien no aparecía más que a lo lejos, e incluso se escondía del todo».

Como a Job, nos interroga hoy Dios a nosotros: «¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano?» (Job 38, 16). Un entrar o pasear por hontanares y mares que llevan al conocimiento en profundidad de uno mismo, de los otros, de Dios y de Jesús. Quien así vive, es una nueva creatura y nuestro interior se va renovando cada día, como apunta Pablo en 2 Cor 4, 14-17. Simplemente mentalizándonos que para conseguirlo, la mejor imagen de Dios y de Jesús la tenemos en el rostro del hombre, haciendo que la mirada suya y nuestra se fundan «en un divino-humano mutuo abrazo«.

SANDALIAS DE DIOS

No hurtes tus sandalias peregrinas
a mis desnudos pies llenos de llagas.

Lucieron dos en los divinos tuyos.
En los míos,
todos los astros se encendieron.

Tus ojos y los míos,
en cómplice ambiloquio las miraron,
y las miradas tuya y mía se fundieron
en un divino-humano mutuo abrazo.

(SOLILOQUIOS, Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

¿Miedo a la tempestad o a que la barca eclesial siga haciendo aguas?

domingo, 20 de junio de 2021
Comentarios desactivados en ¿Miedo a la tempestad o a que la barca eclesial siga haciendo aguas?

barcao-jesusMarcos (4, 35-41)

En aquellos tiempos, Jesús invitó a sus discípulos a pasar a la otra orilla. No se trataba de remar un poco más lejos, sino de ir a la Decápolis, que se consideraba un lugar muy peligroso. Era territorio pagano, y se creía que no era Yahvé, sino las fuerzas del mal quienes «gobernaban» en aquel lugar y provocaban tempestades en el mar de Galilea.

Hoy, experimentamos algo semejante en la barca eclesial. Intentamos navegar hacia las decápolis actuales pero muchas veces estamos a punto de naufragar.

Echamos la culpa a las tempestades de la sociedad. Por ejemplo, la tempestad que provocan los hombres y mujeres que se burlan del bien común, llenan su caja fuerte con dinero que le corresponde al pueblo y hacen retroceder la laboriosa conquista de los derechos humanos.

Pero, además de las tempestades, nos cuesta mucho reconocer que la propia nave eclesial hace aguas por muchas partes.

Una plaga de termitas voraces va destruyendo la madera de la barca. No es fácil liquidar esta plaga cuando no se fumigan a fondo las termitas del clericalismo, del miedo al diálogo, de la cobardía para atajar con prontitud situaciones lamentables, de la ambición y un largo etcétera.

¿Seguiremos echando incienso para que haga de cortina de humo y no veamos la situación real  que provocan las termitas en muchas parroquias?

Actualmente se habla mucho de sinodalidad y del papel del laicado, pero el diálogo se centra en los grupos y movimientos afines. Cuando otros colectivos piden sentarse en torno a una mesa a dialogar con la jerarquía y que haya un manual de buenas prácticas en la Iglesia, las termitas de la indiferencia se multiplican…, y se pasan los meses esperando un diálogo que no llega.

En fin, si leemos el evangelio de este domingo de manera literal, podemos asombrarnos ante una tempestad calmada.

Si dejamos que la catequesis de este evangelio nos interrogue, podremos fumigar las termitas que hay en la nave y las que hay en nuestra propia vida, sin miedo y con energía. Con la energía de la fe, vivida y compartida.

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Contrastes

domingo, 20 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Contrastes

EE19D6D5-1AD5-4746-84FF-2733B123E0E6Domingo XII del Tiempo Ordinario

20 junio 2021

Mc 4, 35-40

Las imágenes de contrastes suelen ser muy evocadoras de lo que es la condición humana, marcada con el sello de la paradoja.

  El relato de hoy dibuja dos contrastes notables: por un lado, la “gran calma” contrasta con el oleaje huracanado; por otro, la paz de Jesús “dormido” en medio de la tempestad choca con el miedo y la impotencia de los discípulos.

  En nuestra existencia experimentamos todo ello: oleajes de todo tipo, miedo e impotencia. Pero nada de eso niega que somos paz y fortaleza. Es cierto que, por diferentes motivos de nuestra psicobiografía, la paz y la fortaleza han podido quedar “sepultadas” hasta el punto incluso de haber llegado a ignorarlas, por lo que puede ser necesario un trabajo psicológico que las desbloquee. Pero están ahí y, aun con dudas y altibajos, algo en nuestro interior nos lo hace saber. Algo en nosotros sabe que, en lo profundo, somos paz y fortaleza.

Decía que la paradoja constituye el sello de lo humano. Y eso es así porque no hace sino reflejar el “doble nivel” que nos constituye: el de la personalidad (nivel psicológico) y el de la identidad (nivel espiritual o profundo). El primero se caracteriza por la impermanencia y la fragilidad; el segundo, por la estabilidad y la ecuanimidad.

La sabiduría consiste en reconocer ambos niveles y vivirlos de manera armoniosa, lo cual significa desplegar la personalidad en conexión consciente con nuestra identidad. Es vivir los altibajos de la existencia desde el “lugar” de la paz.

En la práctica, eso significa desarrollar la capacidad de tomar distancia de la mente pensante y situarnos en el Testigo ecuánime que observa. Al ser observada, la mente se detiene y entramos en contacto con aquella realidad profunda donde nos reconocemos como plenitud de vida. Las circunstancias difíciles continuarán sucediendo, pero nosotros habremos cambiado de “lugar” y podremos vivirlas de otro modo. Desde este lugar –nuestra identidad–, se desvanecen las “burbujas” mentales de miedo, preocupación o impotencia, se calma el “oleaje” y nos abraza la paz.

¿Desde dónde me vivo habitualmente? ¿Cómo –desde dónde– afronto los “oleajes” que aparecen en mi existencia?

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Jesús ¿está en nuestra barca?

domingo, 20 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Jesús ¿está en nuestra barca?

jespe191Del blog de Tomás Muro, La verdad es Libre:

  1. tempestades en la iglesia. El mar y la noche

Las cuatro veces que aparece en los evangelios el simbolismo de la barca y la tempestad en el lago (Mt 14,22-36; 16, 5-12; Mc 4,36; 6,46) se trata de relatos eclesiales, de dificultades y galernas en la Iglesia naciente y en todo momento histórico de la Iglesia.

  •  La barca es la Iglesia, el arca de Noé, donde se salva el ser humano de los naufragios de la vida. Siempre la barca (de Pedro) ha sido considerada como el símbolo de la Iglesia. La comunidad es esa pequeña chalupa que, a veces, puede navegar a la deriva.
  •  Las tempestades son los problemas, los hundimientos, las rupturas tanto personales como eclesiásticas, las enfermedades, la pandemia, la muerte….
  •  El relato de la tempestad presenta las dificultades por las que atravesaba la Iglesia primitiva en los primeros tiempos en el imperio romano, así como también las galernas internas.
  •  El mar y la noche son símbolos telúricos de peligro, evocan el caos inicial.
  •  Dificultades y tempestades en la vida y en la Iglesia han existido siempre, también hoy. Recordemos las grandes discusiones y rupturas que se han producido en la historia de la Iglesia.

También hoy vivimos entre borrascas y tormentas en la Iglesia. Nuestras propias tormentas personales y sociales. La pandemia es una gran tempestad que azota a la humanidad. El papa Francisco se ve discutido por altas y bajas jerarquías de la Iglesia. Incluso en nuestra propia diócesis las aguas no bajan tranquilas ni mucho menos: marginaciones, divisiones y tristezas embargan a muchos cristianos laicos y sacerdotes. La realidad de nuestra iglesia local es la de una de las tempestades eclesiales que relatan los evangelios.

  1. tenían miedo.

Es normal sentir miedo cuando uno va en una barca que se hunde. Sin embargo no es muy normal que alguien, Jesús, navegue tan tranquilo y dormido en aquella barca que se iba a pique.

Jesús asocia el miedo a la falta de fe (confianza). El enemigo de la confianza, de la fe no es el error, la heterodoxia, sino la falta de confianza. Miedo y fe están en contradicción. Quien confía no teme y quien teme, no confía.

Aquellos discípulos, primeros cristianos, tenían miedo en la sociedad romana, quizás a la persecución, quizás a las ansias de poder de algunos de ellos, la cuestión es que “aquello” se hundía.

También se puede sentir miedo en la vida y en la Iglesia:

+ La educación que recibimos muchas generaciones era no de miedo, sino de pánico al pecado, a la condenación. Una moral que rebosaba pecado, culpabilidad, angustia, escrúpulo. Tal moral y educación infundía pavor.

+ Miedo también  a la intransigencia y fanatismo jerárquico.

+ La pandemia que estamos viviendo es una tempestad que nos infunde miedo, cuando no angustia.

         + Miedo a los propios fracasos, a la enfermedad y, finalmente, a la muerte

  1. El miedo y la angustia paralizan, bloquean.

Cuando sentimos miedo o angustia nos quedamos paralizados. El miedo es una enorme fuerza negativa: miedo a que las cosas cambien, miedo a que me quiten el puesto, miedo a qué nos deparará el futuro en tal situación política, eclesiástica. El miedo, el pánico fundamentalista paraliza a gran parte de la jerarquía. ¿A qué es debido si no, que el papa Francisco encuentre tantas dificultades para dar pequeños pasos hacia una reforma eclesial y de la Curia?

Escribía K. Rahner que el único tuciorismo (opción por una mayor seguridad) permitido hoy en la vida práctica de la Iglesia es el tuciorismo de la audacia.[1] Abrir puertas, caminos y puentes es infinitamente más sensato y noble que seguir cavando trincheras.

Respondiendo a la pregunta ¿qué es el diablo? Decía B. Häring: El diablo es el pesimismo. Abandonarse a la angustia que disminuye las energías; creer que el mal vencerá, vivir esperando siempre lo peor: así es como el diablo tienta hoy … Por desgracia el diablo tiene muchos aliados que solamente se lamentan y no hacen nada por descubrir nuestras fuerzas positivas, no hacen nada por comprender la lucha que en el mundo contemporáneo se lleva a cabo contra los “espíritus malignos” personificados en la violencia y en los abusos de poder.[2]

La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las presiones del miedo. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.

  1. Angustia y confianza

         Resulta casi absurdo que en medio de la galerna Jesús estuviese tan tranquilo durmiendo a popa de la barca. Pero Jesús estaba tranquilo.

(Es evidente que este relato de la tempestad calmada es de tipo simbólico, no se trata de una “mala mar”, sino de un torbellino comunitario-eclesial).

         La angustia es un pavor (miedo) difuso y generalizado ante una realidad imprecisa que hace imposible toda esperanza.

         También nosotros podemos estar angustiados como los discípulos en la barca. También a nosotros nos pueden dominar las fuerzas telúricas del mal.

         Jesús está tranquilo, duerme en pleno “tifón” porque vive confiado en Dios. Frente a la angustia: serenidad, confianza en Dios. La fe no seda, eso es cosa del valium, orfidal y demás… La fe serena. ¿Por qué tener miedo? (No olvidemos que no es lo mismo estar dormido que estar en paz).

estoy callado y tranquilo,

como un niño recién amamantado

que está en brazos de su madre.

(Salmo 131,2)

         ¿Vivo tranquilo y sereno porque Cristo va en mi, en nuestra barca?

  1. Cuando Cristo no está, esto se hunde.

         ¿No te importa que nos hundamos?

         Jesús callaba, dormía… Es el “silencio de Dios” que calla también ante las tormentas y tempestades.

El papa Pablo VI -tras el asesinato de su amigo, el político Aldo Moro-, en 1978, pronunció una oración que causó un cierto escándalo: Pablo VI le “preguntaba a Dios”: ¿Dónde estaba -Dios- para que aquel asesinato no  Hubiera sucedido? ¿Dónde estaba Dios en el holocausto ante los miles y miles de exterminados? ¿Dónde está Dios ante la pandemia que nos asola?

         En el evangelio queda reflejado que aquellas comunidades sentían que se hundían cuando notaban la ausencia de Cristo, la ausencia de Dios. (Mc 6,46).

  1. ¿Aún no tenéis fe?

         ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?

         Cuando la fe embarga nuestra vida, la tempestad cesa.

         En la vida nos puede pasar “de todo”, nos va a pasar de todo. Está muy bien acudir a la psicología, a la medicina, pero nuestra angustia y miedos cesarán cuando descansemos y confiemos en el Señor.

         Cuando el Señor está ausente, estamos siempre con el agua al cuello.

Cuando Jesús está presente en la barca -aunque sea dormido-, el viento cesa y torna la calma. Una paz profunda embargará nuestra existencia. Es esta una experiencia muy profunda, muy íntima más allá de las doctrinas y normas, más allá de la ortodoxia y preceptos. La serenidad, la calma, el buen sentido acontecen en el fondo de nuestro ser, cuando Cristo navega en nuestra barca, en nuestra vida. ¿Siento que Cristo va en mi barca y nos acompaña como a los dos de Emaús?

Gran parte de las cuestiones eclesiásticas son secundarias, reformables, incluso prescindibles. Las grandes cuestiones de la vida: el sentido, el horizonte absoluto, la muerte, el pecado, hallan serenidad en Cristo.

Quien importa que vaya en la barca es Cristo. Cristo calma nuestra existencia, nuestra angustia, nuestras tempestades. Cristo calmará las tempestades y luchas en el seno de la Iglesia.

Si Cristo estuviera en nuestra Iglesia viviríamos lo que hemos escuchado en el Evangelio:

El viento cesó y vino una gran calma.

[1] K. Rahner,  Escritos de Teología VII, 93.

[2] T. Becket, U. Benedetti, Una comunitá legge il vangelo di Marco, Bologna, Ededb, 1999, 171

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

“No todo es trabajar”. Domingo 11 Tiempo ordinario – B (Marcos 4,26-34)

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en “No todo es trabajar”. Domingo 11 Tiempo ordinario – B (Marcos 4,26-34)

32_11_TO_B_1467536Pocas parábolas pueden provocar mayor rechazo en nuestra cultura del rendimiento, la productividad y la eficacia que esta pequeña parábola en la que Jesús compara el reino de Dios con ese misterioso crecimiento de la semilla, que se produce sin la intervención del sembrador.

Esta parábola, tan olvidada hoy, resalta el contraste entre la espera paciente del sembrador y el crecimiento irresistible de la semilla. Mientras el sembrador duerme, la semilla va germinando y creciendo «ella sola», sin la intervención del agricultor y «sin que él sepa cómo».

Acostumbrados a valorar casi exclusivamente la eficacia y el rendimiento, hemos olvidado que el evangelio habla de fecundidad, no de esfuerzo, pues Jesús entiende que la ley fundamental del crecimiento humano no es el trabajo, sino la acogida de la vida que vamos recibiendo de Dios.

La sociedad actual nos empuja con tal fuerza hacia el trabajo, la actividad y el rendimiento que ya no percibimos hasta qué punto nos empobrecemos cuando todo se reduce a trabajar y ser eficaces.

De hecho, la «lógica de la eficacia» está llevando al hombre contemporáneo a una existencia tensa y agobiada, a un deterioro creciente de sus relaciones con el mundo y las personas, a un vaciamiento interior y a ese «síndrome de inmanencia» (José María Rovira Belloso) donde Dios desaparece poco a poco del horizonte de la persona.

La vida no es solo trabajo y productividad, sino regalo de Dios que hemos de acoger y disfrutar con corazón agradecido. Para ser humana, la persona necesita aprender a estar en la vida no solo desde una actitud productiva, sino también contemplativa. La vida adquiere una dimensión nueva y más profunda cuando acertamos a vivir la experiencia del amor gratuito, creativo y dinamizador de Dios.

Necesitamos aprender a vivir más atentos a todo lo que hay de regalo en la existencia; despertar en nuestro interior el agradecimiento y la alabanza; liberarnos de la pesada «lógica de la eficacia» y abrir en nuestra vida espacios para lo gratuito.

Hemos de agradecer a tantas personas que alegran nuestra vida, y no pasar de largo por tantos paisajes hechos solo para ser contemplados. Saborea la vida como gracia el que se deja querer, el que se deja sorprender por lo bueno de cada día, el que se deja agraciar y bendecir por Dios.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas”. Domingo 13 de junio de 2021. Domingo 11º Ordinario

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en “Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas”. Domingo 13 de junio de 2021. Domingo 11º Ordinario

PLANTAS_GERMINANDODe Koinonia:

Ezequiel 17,22-24: Ensalzo lo árboles humildes.
Salmo responsorial: 91: Es bueno darte gracias, Señor.
2Corintios 5,6-10: En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor.
Marcos 4,26-34: Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

La gran virtud de las parábolas es la de superar los obstáculos más obvios e inmediatos del entendimiento. Una parábola es un arco que se eleva por el aire y cae justo en su objetivo, evadiendo los obstáculos, enfocándose a su meta. Las parábolas de Jesús tienen un efecto similar. Frente a las interpretaciones oscuras y cargadas de sanciones con las que los maestros de la ley solían responder a sus interlocutores, las palabras de Jesús se imponen con una claridad demoledora. Frente a las intrincadas y sofisticadas interpretaciones de los maestros griegos, las enseñanzas de Jesús se presentan con una evidencia incontrovertible. Las palabras de Jesús hablan de la vida cotidiana: el campesino que salva su cosecha; de la persona que al cocinar administra con tino y prudencia la sal. Las palabras del profeta Ezequiel nos hablan del cedro, un árbol excepcional por su longevidad y por la calidad de su madera. Pablo nos hablará del cuerpo, como un domicilio provisional, y sin embargo imprescindible, para alcanzar una residencia permanente en un cuerpo resucitado.

El profeta Ezequiel compara la acción de Dios con la de un campesino que reforesta las cumbres áridas con cedros que se caracterizan por su tamaño excepcional, por la duración de su madera y por su singular belleza. El nuevo Israel será un rebrote joven plantado en lo alto de los montes de Judá; atrás quedaría la soberbia de la monarquía y todos los peligros de su desmesurada avidez de poder. El profeta tiene la esperanza de que su pueblo renazca luego del exilio y su estirpe perdure como lo hacen los cedros que pueden llegar a durar dos mil años.

Las parábolas de Jesús, en cambio, no hablan desde la perspectiva de los árboles grandes, sino de los arbustos que pueden crecer en nuestros jardines sin derribar la casa ni secar las otras hortalizas. La primera parábola habla de la fuerza interna de la semilla, que opera prácticamente sin que el campesino se percate. Si la semilla encuentra las condiciones favorables, florecerá. La labor del campesino se limita a preparar el terreno para que ofrezca esas condiciones que hacen posible el cultivo; a los cuidados indispensables para que la semilla germine y se fortalezca, y a la acción oportuna para cosechar los frutos. De manera semejante opera la acción del cristiano, favoreciendo la implantación de la semilla del Reino.

La homilía podría orientarse también muy justificadamente, más que por esa línea bíblica, por la línea teológica: el tema del Reino, que es el protagonista de las parábolas de Jesús del evangelio de hoy. En realidad sabemos que el tema del Reino fue… la pasión, la manía, el estribillo, la obsesión de Jesús. Por que fue también «Su Causa», la Causa por la que vivió y luchó, la causa por la que fe perseguido, capturado, condenado y ejecutado. Para comprender a Jesús nada hay más importante que tratar de comprender el Reino y la relación de Jesús con él.

[Es importante recordar –sin marcar bien los contrastes históricos caemos en el riesgo de repetir los errores pasados- que el Reino era en realidad un ausente mayor en el cristianismo clásico, incluso en el cristianismo que los hoy día «mayores» aprendimos y vivimos antes del Concilio Vaticano II… En el último milenio de la Iglesia se dio lo que Teófilo Cabestrero denomina «el eclipse del Reino»: la Iglesia prácticamente lo desconoció. Empleaba la palabra, el término, pero confundiéndolo. Típica es la expresión de esta confusión en las palabras del P. Vilariño, jesuita español de principios del siglo XX que sintetizaba su definición de Reino de Dios en aquel triple nivel: el Reino de Dios es el cielo, porque allí es donde Dios puede reinar efectivamente; el Reino de Dios es la Iglesia, porque la Iglesia sería el Reino de Dios en la tierra…; y el Reino de Dios, en tercer lugar, sería la gracia santificante en las almas, pues por medio de ella Dios se hace presente y reina en nuestro interior… Ninguna de estas tres definiciones coincide con lo que el obsesionado Jesús tenía en mente cuando hablaba y soñaba y se exponía por el Reino de Dios…]

Hay que subrayar que el tema del Reino de Dios, su redescubrimiento, a partir de ese citado «eclipse del Reino», es sin duda el tema teológico que más ha transformado a la Iglesia –y a la eclesiología y a la teología toda-. Véase la descripción del «Reinocentrismo» (por ejemplo en el libro Espiritualidad de la Liberación, de Casaldáliga-Vigil, disponible en servicioskoinonia.org/biblioteca) para desarrollar el tema dela transformación de la teología y de la espiritualidad con el re-descubrimiento del tema jesuánico del Reino…

El Reinocentrismo significa la superación del eclesiocentrismo, que se instaló en la Iglesia bien pronto, en contra de la mentalidad de Jesús. Y no es una «nueva teología», sino el pensamiento mismo de Jesús… Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 11 TO. Una tierra preñada de Dios. La buena noticia de Mc 4, 26-29

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Dom 11 TO. Una tierra preñada de Dios. La buena noticia de Mc 4, 26-29

5923FBF4-F400-43A4-A32A-7F3D07883491Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio del domingo consta de dos parábolas de Marcos:  Tierra “preñada” del semen de Dios (4, 26-29); grano de mostaza, la menor de las semillas (4, 30-34).

La segunda (grano de mostaza) ha sido interpretada y reelaborada por Mateo y Lucas. La segunda, en cambio, ha sido silenciada por por Mateo y Lucas pero reelaborada en otra clave por de Juan.

Mateo y Lucas han tenido otras prioridades: La Nueva Ley (Mateo); el mensaje explícito del evangelio (Lucas). De manera mucho más audaz, Marcos se sitúa (y nos sitúa) en un plano anterior, conectando con el mensaje de las grandes religiones y con la esperanza del Antiguo Testamento. Sólo Juan (y en otra línea Pablo) se atreven a seguir su camino.

 Como el lector habrá notada por el título, he querido situar esta parábola a la luz deJuan de la Cruz, conforme a su letrilla/villancico: Del Verbo divino /la virgen preñada / ya va de camino /¡si le dais posada”.

En vez de Verbo (en la línea de Jn 1) he puesto Semen, como en la parábola; en vez de Virgen ha puesto Tierra (también como en la parábola); en vez de “preñada” podía haber puesto “sembrada”, pero la palabra “preñada” se entiende bien en este contexto.

  He presentado esta parábola en Comentario de Marcos.  En vez de insistir en una Iglesia que tiende a volverse “Empresa o multinacional de Reino SL”, con mandos y normas muy precisas, esta parábola nos sitúa ante la semilla de Reino.  Esa semilla es lo que importa, no lo que hagamos nosotros.

Texto:

 Mc 426 Y decía: El reino de Dios es como un hombre que echa simiente en la tierra 27 y duerme y se levanta noche y día y la simiente germina y crece, sin que él sepa cómo. 28 Por sí misma da fruto la tierra: primero tallo, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29 Y cuando el fruto está a punto, (el hombre) envía inmediatamente la hoz, porque ha llegado la siega.

Unos principios para entender la parábola

El texto comienza diciendo que el Reino de Dios se parece a un hombre que siembra semilla en la tierra…

– El hombre sembrador puede ser Jesús (como en Mc 4, 3-9), primer sembrador del evangelio, que no ha venido imponer su Reino, al modo de David, ni a crear estructuras de alta gestión, sino a sembrar… Pero, siendo sembrador, él aparece a la vez como “simiente” (semen, sporos, grano sembrado en la tierra). Ser (hacerse) simiente de Dios, ésa es quizá la tarea o, quizá mejor, la esencia misma de la vida, como ha interpretado esta parábola el Evangelio de Juan (Jn 1, 1-18)

– En otro plano, ese hombre sembrador es el mismo Dios que planta su semilla (=se siembra a sí mismo) en la tierra, y descansa (duerme, se levanta, vuelve a dormir. Jn 1, 1 empezará diciendo que en el principio era la Palabra… para acabar diciendo que la Palabra es “carne”, simiente de humanidad en la tierra (Jn 1, 14). Hacerse simiente es “ser palabra”. Así interpreta nuestra parábola (Mc 4, 26-29) el relato de la creación de Gen 1, reelaborado de cien formar en el AT.  Dios mismo se ha hecho palabra/simiente sembrada en la tierra.

– El sembrador es semilla sembrada en la tierra… En un primer momento parece que esa tierra está “fuera de Dios”. En esa línea, algunos antiguos decían que la tierra es la “materia no divina” en la que Dios se ha sembrado. Se ha sembrado a sí mismo fuera de sí mismo… Así se ha dicho, y quizá sea bueno ese lenguaje. Pero es muy posible que las cosas deban entenderse también de otra manera de modo que  Dios sea sembrado, simiente y tierra de siembra… Destinatarios  de esa siembra de Dios, “Dios encarnado” y enterrado (hecho tierra fecunda de resurrección); eso somos los hombres…

Una primera reacción ante esta parábola podría ser: “tranquilos”, que no cunda el pánico, pues en principio no tenemos nada que hacer, sino dejar que la semilla de Dios sea en nosotros… Simplemente, esta parábola nos dice que aceptemos lo que somos y seamos: Semilla de Dios, en una tierra buena que es el mismo Dios…

Así parece que el sembrador se acuesta y se levanta, día tras día… como si no se preocupara, pues la semilla germinará “por sí misma”. La suerte de Dios (de la vida) está echada. La humanidad (la historia de la vida) está “preñada” de Dios. No vamos en un barco perdido hacia el vacío; somos barco velero de la ruta de Dios. En esa ruta estamos implicados

Algunos discípulos de Jesús (que se sienten trabajadores esenciales del evangelio) han podido pensar que son ellos los que deciden la llegada del Reino; más aún, algunos han podido angustiarse, suponiendo que el Reino depende de lo que hagan… Pues bien, este Jesús de la parábola de Marcos les dice que no se angustian, que no se precipiten: Que navegan en el barco del Padre, que crecen en la tierra de la siembra de Dios. Que la suerte de la vida (de su vida, de la vida de la humanidad entera) está ya decidida, pues ha decidido hacerse y ser simiente de humanidad. Según esta parábola no hay condena de Dios, pues todos somos semilla y camino de Dios.

– Otros discípulos, en cambio, se creen muy eficientes y han creado una “industria de siembra”, eso que he llamado la “Sociedad del Reino SL”. Sí, es una sociedad anónima, esto es, universal… Pero ellos, los jefes de la empresa lo tienen que dirigir y organizar todo. Ellos han corregido de plano a Jesús… No duermen, no descansan, todo depende lo que ellos hagan con la empresa del Reino.

 Análisis de personajes y temas. 

1. Además de ser Dios, el hombre de la parábola (anthropos, ser humano: 4, 26) es Jesús (sembrador principal de Mc cf. 4, 3-9), pero también sus discípulos (en el tiempo de la iglesia), quizá angustiados, porque les parece que el Reino no crece o no llega a su fin, como habían supuesto. Pues bien, este Jesús pascual les dice que no se preocupen.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dos parábolas sobre el reino de Dios. Domingo XI. Ciclo B

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Dos parábolas sobre el reino de Dios. Domingo XI. Ciclo B

arbol-mostaza-semilla-granoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Después de contar cómo se formaba una pequeña comunidad en torno a Jesús, introduce Marcos una serie de parábolas. Algo que el lector esperaba desde hace tiempo, porque el evangelista ha insistido en que Jesús enseñaba, pero no decía qué enseñaba. De ese largo discurso (34 versículos), la liturgia ha elegido dos parábolas y el final del discurso (el resto lo comento en El evangelio de Marcos, Verbo Divino, Estella 2020, 363-367).

El campesino y la tierra

En aquel tiempo decía Jesús a las turbas:

– El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

           Lo que dice esta primera parábola parece una tontería: que el campesino siembra y luego se olvida de lo que ha sembrado hasta llegar el momento de la siega; la que trabaja es la tierra, es ella la que hace crecer los tallos, las espigas y el grano. Eso lo saben todos los galileos que escuchan a Jesús. ¿Dónde radica la novedad de la parábola? En que Jesús compara la actividad del campesino con lo que ocurre en el reino de Dios. También aquí la semilla termina dando fruto sin que el campesino trabaje, mientras duerme.

Y entonces surgen los interrogantes: ¿quién es el campesino?, ¿es Jesús? No parece lógico, porque el campesino de la parábola no sabe lo que ocurre. ¿Son los apóstoles y misioneros que anuncian el evangelio, y este da fruto, aunque ellos no se den cuenta? ¿Quién es la tierra? ¿Es cada cristiano, en el que la semilla va dando fruto mientras el que ha sembrado duerme? En esta línea personal parece pensar la liturgia, y por eso ha elegido el Salmo 91, como indicaré al final.

Cabe otra explicación: la parábola habla del proceso misterioso por el que crece el reino de Dios, la comunidad cristiana, semejante al de la simiente que crece sin que el campesino intervenga ni se dé cuenta. Cuando uno piensa en la forma misteriosa en que la simiente plantada por Jesús y sus discípulos en una región remota y sin importancia del imperio romano terminó produciendo fruto en todos los países del mundo, el sentido de la parábola resulta más claro. Es una invitación a confiar en la acción misteriosa de Dios en la Iglesia y en cada uno de nosotros, renunciando a considerarnos los protagonistas de la historia y a pensar que todo depende de lo que hacemos.

Sin embargo, parece que la parábola resultó demasiado extraña y difícil de entender, y quizá por eso Mateo no la copió. También falta en Lucas, aunque en este caso algunos lo atribuyen a que Lucas usó una primera edición de Marcos que no contenía esta parábola.

La mostaza de Marcos (4,30-32) y el cedro de Ezequiel (Ez 17,22-24)

Dijo también:

– ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas. Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

       La segunda comparación es más clara y de enorme actualidad, sobre todo en muchos países occidentales, donde el cristianismo parece andar de capa caída. Jesús compara a la comunidad cristiana, el reino de Dios en la tierra, con la semilla de mostaza; algo diminuto, pero que, al cabo del tiempo, se convierte en árbol y puede acoger a los pájaros del cielo. No hay que desanimarse si la Iglesia es un arbol pequeño, poco mayor que las hortalizas.

Quien conoce el Antiguo Testamento, advierte que esta parábola recoge una comparación de Ezequiel 17,22-24, modificándola radicalmente. Este profeta se dirige a los judíos de su tiempo, desanimados por tantas desgracias políticas, económicas y religiosas. Para infundirles esperanza, compara al pueblo con un árbol. Pero no con el de la mostaza, sino con un majestuoso cedro, del que Dios arranca un esqueje para plantarlo «en un monte elevado, en la montaña más alta de Israel».

Esto dice el Señor Dios:

– Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas.

        Todo es grandioso en Ezequiel; en el evangelio, todo es modesto. Pero el resultado es el mismo; en ambos árboles pueden anidar los pájaros. La comparación de Ezequiel recuerda la imagen de una Iglesia universal dominante, grandiosa, respetada y admirada por todos. La de Jesús, una comunidad modesta, sin grandes pretensiones, pero alegre de poder acoger a quien la necesite.

En resumen, las dos parábolas se complementan. La primera habla del crecimiento misterioso del reino; la segunda advierte que, a pesar de su crecimiento, no debemos esperar que se convierta en algo grandioso. Pero, aunque sea modesto como la semilla de la mostaza, podrá cumplir su misión de acoger a los pájaros del cielo.

Final del discurso (Mc 4,33-34)

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

           Marcos ha querido cerrar su discurso con una nota sobre el modo de enseñar de Jesús, sin caer en la cuenta de que se contradice. Comienza diciendo que hablaba en parábolas para acomodarse al entender de su auditorio. Pero la gente no debía de entenderlas, porque sus discípulos tenían necesidad de que se las explicara en privado. Podemos decir, resumiendo mucho, que Jesús utilizaba dos tipos de parábolas: las muy fáciles de entender (hijo pródigo, buen samaritano…) y las que pretendían que la gente pensase; si ni siquiera los discípulos encontraban la respuesta, él se las explicaba (estas son la mayoría).

«Es bueno darte gracias, Señor» (Salmo 91)

         Tanto si la semilla germina y da fruto en cada uno de nosotros o en toda la Iglesia, la respuesta al evangelio debe ser la acción de gracias. El salmo usa también una imagen vegetal, aunque no habla del cedro ni de la mostaza, sino de la palmera. Como ella, el justo «en la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso».

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Domingo XI del Tiempo Ordinario. 13 de junio de 2021

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Domingo XI del Tiempo Ordinario. 13 de junio de 2021

89EC5EF5-5219-428D-920D-A21DFD0AD4E1

 

“A sus discípulos se lo explicaba todo en privado”

(Mc 4, 26-34)

Al abrir la biblia por la cita de hoy lo primero que leemos es este enunciado: Parábola del grano que crece por sí sólo. El subconsciente de cada cual es muy peculiar pero si el tuyo es de los que saltan disparados para protestar, no tardará en salirte un “¡sí, claro!”. Vamos, que no te parece muy convincente eso de que crezca por sí sólo.

Pues bien, ¿cuántas veces has escuchado o leído que nos tenemos que hacer como niños? Con esta, una más.

Si jugando con un niño haces que, por ejemplo, un muñeco le hable, en un primer momento se sorprenderá pero acto seguido te dirá “has sido tú”. Reconoce que alguien mayor que él ha hecho que el muñeco le hable. Luego, agradecido, incluso él imitará ese gesto que le acabas de enseñar y lo hará con otros niños.

Algo así podríamos hacer en nuestra cotidianidad. No me refiero a hacer cosas extraordinarias y ponernos medallas, qué va, aunque nos encanta. Me refiero a la actitud del niño: sorprendernos con lo que ocurre en el momento presente, es decir, estar despiertas y atentas al ahora, reconocer que lo que vivimos no es mérito nuestro sino que nos viene de Dios, alguien infinitamente más grande que nosotras, y así, llenas de gratitud, imitar entre las demás ese pequeño gesto que nos ha hecho sonreír.

Verás que así el grano sí que crece por sí sólo. Con gratitud y pequeños gestos. Una vez que una hermana acababa de sembrar unas semillas, una noche al acostarse se acordó que no las había regado y un rato después escuchó que comenzaba a llover. Dijo “gracias, Señor, por encargarte tú de regar ahora”… y vaya si crecieron.

Oración

Jesús de Nazaret, Maestro, no dejes de enseñarnos en el Silencio. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

¡Deja crecer la semilla que hay en ti!

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en ¡Deja crecer la semilla que hay en ti!

manos-tierraMc 4, 26-34

Todos los exégetas están de acuerdo en que el “Reino de Dios” es el centro de la predicación de Jesús. Lo difícil es concretar en que consiste esa realidad tan escurridiza. La verdad es que no se puede concretar, porque no es nada concreto. Tal vez por eso encontramos en los evangelios tantos apuntes desconcertantes sobre esa misteriosa realidad. Sobre todo en parábolas, que nos van indicando distintas perspectivas para que vayamos intuyendo lo que puede esconderse en esa expresión tan simple.

Podíamos decir que es un ámbito que abarca a la vez materia y espíritu. Todo el follón que se armó el primer cristianismo a la hora de concretar la figura de Jesús, nos lo armamos nosotros a la hora de definir qué significa ser cristiano. El Reino es, a la vez, una realidad divina que ya está en cada uno de nosotros y una realidad humana, terrena, que se tiene que manifestar en nuestra existencia de cada día. Ni es Dios en sí mismo ni se puede identificar con ninguna situación política, social o religiosa.

No debemos caer en la simplicidad ingenua de identificarlo con la Iglesia. Como dice el evangelio: “no está aquí ni está allí”. Tampoco está solamente dentro de cada uno de nosotros. Si está dentro, siempre se manifestará fuera. Esa ambivalencia de dentro y fuera, de divino y humano, es lo que nos impide poder encerrarlo en conceptos que no pueden expresar realidades aparentemente contradictorias. Para nuestra tranquilidad debemos recordar que no se trata de comprender sino de vivir y ese es otro cantar.

Las parábolas no se pueden expli­car. Solo una actitud vital adecuada puede ser la respuesta a cada una. Como nuestra actitud espiritual va cambiando, la parábola me va diciendo cosas distintas a medida que avanzo en mi camino. Tampoco las dos parábolas de hoy necesitan aclaración alguna. Todos sabemos lo que es una semilla y cómo se desarrolla. Si acaso, recordar que la semilla de mostaza es tan pequeña que es casi imperceptible a simple vista. Por eso es tan adecuada para precisar la fuerza del Reino.

El crecimiento de la planta no es consecuencia de una acción externa sino consecuencia de una evolución de los elementos que ya estaban en ella. Este aspecto es muy importante por dos razones: 1ª porque nos advierte de que lo importante no viene de fuera; 2ª porque nos obliga a aceptar que no es algo estático sino un proceso que no tiene fin, porque su meta es el mismo Dios. El Reino que es Dios está ya ahí, en cada uno y en todos a la vez. Nuestra tarea no es producir el Reino, sino hacerlo visible.

Las dos parábolas tienen doble lectura. Se pueden aplicar a cada persona, en cuanto está en este mundo para evolucionar hasta la plenitud que debe alcanzar durante su vida. Y también se puede aplicar a las comunidades y a la humanidad en su conjunto. Hoy estamos muy familiarizados con el concepto de evolución y podemos entender que la obligación de todo ser humano es avanzar hacia una plenitud de humanidad.

Tampoco podemos pensar en una meta preconcebida. Desde lo que cada uno es, en el núcleo de su ser, debe desplegar todas las posibilidades sin pretender saber de antemano a donde le llevará la experiencia de vivir. En la vida espiritual es ruinoso el prefijar metas. Se trata de desplegar una Vida y como tal, es imprevisible, porque es una respuesta interna imprevisible. No pretendas ninguna meta, simplemente camina.

En cada una de las dos parábolas se quiere destacar un aspecto de esa realidad potencial dentro de cada semilla. En el grano de trigo se quiere destacar su vitalidad, es decir, la potencia interna que tiene para desarrollarse por sí misma. En el grano de mostaza se quiere destacar la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la planta que de ella surge. Parece imposible que, de una semilla apenas perceptible, surja en muy poco tiempo una planta de gran porte, donde pueden hacer su nido las aves.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos si, de verdad, hemos descubierto y aceptado el Reino de Dios y si le hemos rodeado de unas condiciones mínimas indispensables para que pueda desplegar su propia energía. Si no se ha desarrollado, la culpa no será de la semilla, sino nuestra. La semilla se desarrolla por sí sola, pero necesita humedad, luz, temperatura y nutrientes para poder desplegar su vitalidad latente. La semilla con su fuerza está en cada uno, solo espera una oportunidad.

No somos nosotros los que desarrollamos el Reino. Es el Reino quien se desarrolla en nosotros. Incluso los que tenemos como tarea hacer que el Reino se desarrolle en los demás, olvidamos ese dato fundamental. No tenemos paciencia para dejar tranquila la semilla, o intentamos tirar de la plantita en cuanto asoma y en vez de ayudarla a crecer la desarraigamos, o la damos por perdida antes de que haya tenido tiempo de germinar.

Puede frustrarnos el ansia de producir fruto sin haber pasado por las etapas de crecer como tallo, luego la espiga y por fin el fruto. La vida espiritual tiene su ritmo y hay que procurar seguir los pasos por su orden. La mayoría de las veces nos desanimamos porque no vemos inmediatamente los frutos. Cada paso que demos es un logro y en él ya podemos apreciar el fruto. Si tomas conciencia de tu verdadero ser, estás en camino.

El Reino no es ninguna realidad distinta de Dios. Él está en nosotros como semilla que está sembrada en cada uno de nosotros. El Reino de Dios no es nada que podamos ver o tocar. Es una realidad espiri­tual más allá del tiempo y del espacio. Está a la vez en todas partes y siempre. Si está o no está en nosotros lo descubriremos, mirando las obras. Si mi relación con los demás es adecuada a mi verdadero ser, demostrará que el Reino está en mí. Si es inadecuada, demostrará que el Reino no se ha desarrollado.

Jesús experimentó dentro de sí mismo esa Realidad y la manifestó en su vida. Toda su predicación consistió en proclamar esa posibilidad. El Reino de Dios está dentro de nosotros pero puede que no lo hayamos descubierto. Jesús hace referencia a esa Realidad. Creo que, aún hoy, nos empeñamos en identifi­car el Reino de Dios con situaciones externas. La lucha por el Reino tiene que hacerse dentro de nosotros mismos.

 

Meditación

El Reino de los cielos no se parece a nada.
Solo tú puedes descubrirlo y mantenerlo.
Dios en ti será siempre único e irrepetible.
La manera de manifestarlo será siempre original.
El Reino nunca será el fruto de una programación.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Creer en Jesús.

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Creer en Jesús.

xcomentario-31-julio-jpg-pagespeed-ic-n_cxhnd-57DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

Los hombres creen gustosamente aquello que se acomoda a sus deseos (Julio César)

Mc 4, 26-34

En la parábola de la vitalidad de la semilla, dijo Jesús: “El reinado de Dios es como es como un hombre que sembró un campo, de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo y la tierra produce fruto por sí misma: primero el tallo, luego las espiga, y después el grano en la espiga; en cuanto el grano madura, mete la hoz, porque ha llegado la siega”

El tema de estas parábolas, la de la semilla y la del grano de mostaza, es el proceso dinámico y paradójico del reino; con la primera se resalta su fuerza vital: crece progresivamente en el silencio, desapercibido, más allá de los éxitos y fracasos humanos, pues es Dios es Dios mismo quien la hace crecer.

Esto no niega la participación humana, pues en la parábola se habla de la siembra y de la siega que realiza el agricultor.

 

Con la segunda se plantea su carácter paradójico, aparentemente se trata de algo insignificante, pero una vez en movimiento, no tiene fronteras, estando abierto a todo.

Dicha parábola es un mensaje de ánimo y de esperanza, no solamente para los discípulos de aquel entonces, sino también para nosotros, los discípulos de ahora.

Se trata de una invitación a trabajar en los asuntos del reino, confiando nuestros esfuerzos en el poder de Dios, y con estos versículos concluye Marcos su presentación de Jesús como Maestro.

La expresión “conforme a lo que podían comprender” no se refiere solo al aspecto intelectual sino también a la disposición para acoger a la palabra.

En toda parábola existe un mensaje para la vida: Creer en Jesús es considerar como muy buenas y provechosas las enseñanzas del Maestro, no solamente para la vida de los cristianos, sino también para cuantos pertenecen a cualquiera otra religión.

Hay una hipótesis sobre la religión, que puede incomodar tanto a ateos como a creyentes, pues su universalidad hace pensar que está inscrita en el cerebro humano (gracias a la selección natural) porque cumple alguna función que ayudó a los creyentes a sobrevivir.

De mi libro Naturalia, Los sueños de las criaturas, el siguiente Poema:

SOÑARON

Soñaron que eran dioses y lo eran,
en cada criatura reflejados.

Eran divinos seres encarnados,
que tierra, mar y aire les parieran

¡Qué Olimpo y qué florón si conocieran l
a estirpe celestial que les dio cuna!

¿Quién soñaba por ti ¿el sol? ¿la luna?

Poco importa si fue el sueño o el hado,
lo importante es que todo fue soñado.

Soñaban Tierra y Cielo: ¡qué fortuna!

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La fuerza de lo oculto.

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en La fuerza de lo oculto.

germogliMarcos 4, 26-34

13 de junio de 2021

El evangelio de este domingo propone dos parábolas muy sugerentes que nos revelan aspectos esenciales sobre cómo se manifiesta el reinado de Dios en nuestra vida. Jesús prefiere anunciar con parábolas la realidad del reinado de Dios como pedagogía para comprender mejor su mensaje. No es un lenguaje inventado por Jesús, ya los rabinos usaban las parábolas para explicar algún punto de la doctrina o sentido de algún pasaje de la Escritura. La diferencia es que Jesús convierte las mismas parábolas en enseñanza para hacer que el oyente se sumerja en ella y conecte con la misma esencia de su mensaje y no con su literatura.

Estas parábolas se encuadran en el capítulo 4 del evangelio de Marcos, cuyo objetivo es “enseñar” en qué consiste la novedad del mensaje de Jesús con respecto al judaísmo. Es un capítulo especial en cuanto a la palabra pronunciada por Jesús ya que parece que es en el que más habla; su palabra se va convirtiendo en una provocación para situarse ante un Dios que va liberando la religión de lo que no es esencial.

A través de escenas comprensibles de la vida ordinaria, pretende revelar lo incomprensible para movilizar a muchas mentes llenas de prejuicios, ideas prestadas, patrones esclavizantes, dogmatizados y, en algunas ocasiones, rígidos. Jesús no entra en dialécticas teológicas y metafísicas para mostrar y demostrar su verdad, sino que utiliza un método más sereno, sin agresividad y despertando reacción interna en los oyentes, aun reconociendo la realidad de sus destinatarios.

Comienza el relato con una comparación, en boca de Jesús, no para explicar teológicamente lo que es el Reino sino cómo actúa en lo profundo del ser humano. No es casual que lo compare con una semilla que crece por sí sola, un crecimiento que no podemos controlar ni manipular porque pertenece a otro plano. Esta es la primera línea discontinua con respecto al judaísmo radical de entonces y a ese mismo judaísmo, casi inconsciente, que puede seguir presente hoy en nuestra manera de vivir la fe.

Con esta comparación pone de manifiesto que “lo de Dios” es un dinamismo que se escapa a nuestra percepción racional necesitada de cuantificar, sumar, restar, ampliar, clasificar, controlar… El reinado de Dios pertenece a otras categorías porque es un dinamismo que necesita de nuestra percepción espiritual. No se trata tanto de comprender sino de conectar con esta corriente que trasciende nuestra existencia y que es su mismo origen. El reinado de Dios, por tanto, no es un lugar, no ocupa espacio, no tiene tiempo, ni volumen, ni es reservado para aquellos que cumplen fielmente todo cuanto hay que hacer para “salvarse”. No es una conquista que llega por nuestros méritos, no es un premio, ni propiedad de una élite elegida.

El reinado de Dios es el mismo dinamismo divino que se manifiesta en lo humano que, en nuestra existencia, coge volumen, espacio, tiempo y presencia a través de nuestra humanidad. Jesús no lo puede explicar mejor: es una semilla que crece por sí sola, imperceptible, pero pujante, como potencia transformadora, primero como raíz, a través de la que fluye la verdadera naturaleza que somos.

Sería interesante que viviéramos con más conexión a este grano de mostaza, oculto a nuestros sentidos, revelado a nuestra conciencia interior, y que nos hace ser ramas tan grandes que a su sombra anidan los pájaros. Este es el verdadero signo del reinado de Dios: cuando hacemos presente nuestra capacidad de comunión con el género humano a través del respeto a la dignidad de todo cuanto existe. Lo demás se dará por añadidura.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

Mari Fe Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Confianza y liberación

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Confianza y liberación

Sombra-y-luz-300x298Domingo XI del Tiempo Ordinario

13 junio 2021

Mc 4, 26-34

La sabiduría –o comprensión profunda de lo que somos– es fuente de confianza y de liberación. A eso apuntan las parábolas de Jesús y el mensaje de todas las personas sabias que, de mil maneras, proclaman de manera insistente: confiad y liberaos.

          La confianza nace de la certeza de que, en el nivel profundo –al que se refería Jesús con la imagen del “Reino de Dios”–, todo está bien. Con frecuencia, los sucesos cotidianos parecen nublarlo. Porque, en el nivel de las formas, todo es impermanente. Y la impermanencia implica dolor –pérdidas, incertidumbre, temor…–, que se convierte en una burbuja de sufrimiento incesante en cuanto nos identificamos con la “forma” de nuestro yo.

          El mensaje de Jesús viene a decir: lo realmente real –el “tesoro escondido”– no son las formas, que tendremos que atender, sino el “reino de Dios”, es decir, aquello que constituye el “Fondo” de todo lo que es y, por tanto, nuestra verdadera identidad. Las formas cambian, nacen y mueren, aparecen y desaparecen; el Fondo permanece siembre estable. Las formas son percibidas por los sentidos y por la mente; el Fondo se hace manifiesto en el silencio de la mente, de manera inmediata y autoevidente, cuando nos abrimos a experimentar “Aquello” que queda cuando no ponemos pensamiento.

          Por eso, el mensaje de confianza es una llamada a la liberación, como si se nos dijera: liberaos de la ignorancia que os ciega y os oprime. La ignorancia o desconocimiento de aquello que realmente somos es la fuente de todo sufrimiento mental, porque como dijera el propio Jesús, en el evangelio de Tomás (logion 67), “quien lo conoce todo, pero no se conoce a sí mismo, no conoce nada”.

       Sin duda, habremos de trabajar por liberarnos y liberar a las personas de un sinfín de esclavitudes que nos atenazan y atemorizan en el mundo de las formas. Pero ojalá no olvidemos que la liberación radical es aquella que nos saca de la ignorancia acerca de lo que realmente somos. Ojalá podamos experimentar que, más allá del yo (o ego), nuestra verdadera identidad es transpersonal.

      Al conectar conscientemente con ella, ahí encontramos la plenitud: unificación, armonía, gratuidad, desapropiación, amor, paz, confianza, libertad, creatividad, compromiso… No ha cambiado nada, pero todo se ha modificado. De modo que bien podrían aplicarse aquí las sabias palabras de Simone Weil: “La perfección es impersonal [transpersonal]. La persona en nosotros es la parte del error”.

¿Qué lugar ocupa la confianza en mi vida cotidiana? ¿Dónde se asienta y cómo la experimento?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Sembrar Vida: Noble tarea.

domingo, 13 de junio de 2021
Comentarios desactivados en Sembrar Vida: Noble tarea.

porta15ordADel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LA SEMILLA Y LA VIDA.

Hemos escuchado dos breves parábolas, que nos hablan de la semilla.

Las semillas, a su vez, nos hablan de vida. Los evangelios están llenos de referencia a la vida. Jesús sana, es pan de vida, agua de vida, multiplica los panes (solidaridad), rehabilita, perdona, etc.

Un grano de trigo, un grano de mostaza son semillas humildes, pequeñas, pero llenas de vida. La vida de la semilla es callada, silenciosa, paciente: va creciendo poco a poco: duermas o veles, de día o de noche, la semilla sigue creciendo, desarrollando toda su vitalidad.

La vitalidad de la semilla no depende del trabajo humano, de los esfuerzos humanos. La semilla está llena de vida en sí misma. La vitalidad la da Dios, no nosotros.

Es valioso todo pequeño gesto de vida: un pequeño trabajo bien hecho, un servicio o ayuda, una limosna, es sembrar vida.

02. LAS PRISAS DE LA EFICACIA. PACIENCIA HISTÓRICA

Los tiempos y los ritmos de vida han cambiado mucho. Nosotros estamos muy distantes de la quietud y calma del mundo rural, casi no sabemos lo que es una semilla y “pensamos” que el trigo y la harina crecen en Eroski.

Por otra parte hoy predomina la eficacia, la prisa, cuando no la ansiedad. La eficacia siempre tiene prisa. Queremos que el trigo salga en quince días. Pero las cosas de la vida requieren tiempo, calma y sabiduría.

En la vida hay que tener paciencia. Paciencia en la educación, paciencia en la historia y recorridos personales.

Es inútil que tiremos de la espiga de trigo, de la planta, porque no va a crecer ni antes, ni mejor y, con toda seguridad la vamos a destrozar o arrancar. La semilla, la planta, las flores, los árboles no crecen a tirones ni con saltos espectaculares, sino poco a poco, humildemente.

03. SIEMBRA Y ESPERANZA.

Cuando se siembra es porque se espera la cosecha. Nadie siembra por sembrar o para pasar el rato. Se siembra para crear vida: Toda siembra supone que hay que saber esperar (esperanza) con calma y paciencia.

Cuesta tiempo que un grano de trigo vuelva a ser espiga. Cuesta mucho tiempo, dedicación y, a veces, sufrimiento, educar un niño, un adolescente. No tengamos urgencias morales, ni precipitaciones en las conversiones, en los cambios personales, sociales, políticos, teológicos, pastorales, etc. porque nos puede invadir la ansiedad, y la ansiedad puede generar miedo, angustia, lo cual puede llevarnos a pretender solucionar las cosas con una insaciable prisa y avidez.

04. NOBLE TAREA LA DE SEMBRAR.

Es importante sembrar, propagar la semilla en la familia, en los colegios, en la cultura. Ahí queda depositada en el barro humano, en la tierra. Es vida, ya brotará. Pero hay que tener paciencia histórica. Seguramente que nos despistaremos en la vida, la juventud no está en la Iglesia, etc. Habremos de echar manos de la parábola del trigo y la cizaña, (Mt 13,24-30). No tengamos prisas, menos tengamos ansiedades, ni descalifiquemos a la gente. La semilla dará fruto.

La semilla es buena, está llena de vida. El barro que somos, la tierra también es buena. La lluvia fecunda la tierra.

Como descienden de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, (Isaías 58,10).

Decía Martin Luther King (1929-1968), líder del movimiento de liberación de los negros que “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol” Martin Luther King

SEMBREMOS VIDA

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Hacer memoria de Jesús”. Cuerpo y Sangre de Cristo – B (Marcos 14,12-16.22-26)

domingo, 6 de junio de 2021
Comentarios desactivados en “Hacer memoria de Jesús”. Cuerpo y Sangre de Cristo – B (Marcos 14,12-16.22-26)

corpus_bJesús crea un clima especial en la cena de despedida que comparte con los suyos la víspera de su ejecución. Sabe que es la última. Ya no volverá a sentarse a la mesa con ellos hasta la fiesta final junto al Padre. Quiere dejar bien grabado en su recuerdo lo que ha sido siempre su vida: pasión por Dios y entrega total a todos.

Esa noche lo vive todo con tal intensidad que, al repartirles el pan y distribuirles el vino, les viene a decir estas palabras memorables: «Así soy yo. Os doy mi vida entera. Mirad: este pan es mi cuerpo roto por vosotros; este vino es mi sangre derramada por todos. No me olvidéis nunca. Haced esto en memoria mía. Recordadme así: totalmente entregado a vosotros. Esto alimentará vuestras vidas».

Para Jesús es el momento de la verdad. En esa cena se reafirma en su decisión de ir hasta el final en su fidelidad al proyecto de Dios. Seguirá siempre del lado de los débiles, morirá enfrentándose a quienes desean otra religión y otro Dios olvidado del sufrimiento de la gente. Dará su vida sin pensar en sí mismo. Confía en el Padre. Lo dejará todo en sus manos.

Celebrar la eucaristía es hacer memoria de este Jesús, grabando dentro de nosotros cómo vivió él hasta el final. Reafirmarnos en nuestra opción por vivir siguiendo sus pasos. Tomar en nuestras manos nuestra vida para intentar vivirla hasta las últimas consecuencias.

Celebrar la eucaristía es, sobre todo, decir como él: «Esta vida mía no la quiero guardar exclusivamente para mí. No la quiero acaparar solo para mi propio interés. Quiero pasar por esta tierra reproduciendo en mí algo de lo que él vivió. Sin encerrarme en mi egoísmo; contribuyendo desde mi entorno y mi pequeñez a hacer un mundo más humano».

Es fácil hacer de la eucaristía otra cosa muy distinta de lo que es. Basta con ir a misa a cumplir una obligación, olvidando lo que Jesús vivió en la última cena. Basta con comulgar pensando solo en nuestro bienestar interior. Basta con salir de la iglesia sin decidirnos nunca a vivir de manera más entregada.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre”. Domingo 06 de junio de 2021. Cuerpo y Sangre de Cristo.

domingo, 6 de junio de 2021
Comentarios desactivados en “Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre”. Domingo 06 de junio de 2021. Cuerpo y Sangre de Cristo.

36-corpusB cerezoLeído en Koinonia:

Éxodo 24,3-8: Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros.
Salmo responsorial: 115: Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Hebreos 9,11-15: La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia.
Marcos 14,12-16.22-26: Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre.

Situada entre dos mares, con sus dos puertos, Corinto era el centro más importante del archipiélago griego, encrucijada de culturas y razas, a mitad de camino entre Oriente y Occidente.

Su población estaba compuesta por doscientos mil hombres libres y cuatrocientos mil esclavos. Dicen que Corinto tenía ocho kms. de recinto amurallado, veintitrés templos, cinco supermercados, una plaza central y dos teatros, uno de ellos capaz para veintidós mil espectadores. En Corinto se daban cita los vicios típicos de los grandes puertos. La ociosidad de los marineros y la afluencia de turistas, llegados de todas partes, la habían convertido en una especie de capital de «Las Vegas» del Mundo Mediterráneo. “Vivir como un corintio” era sinónimo de depravación; “corintia” era el término universalmente empleado para designar a las prostitutas, y ya puede uno imaginarse lo que significaba “corintizar”.

En Corinto, cuya población era muy heterogénea (griegos, romanos, judíos y orientales) se veneraban todos los dioses del Panteón griego. Sobre todos, Afrodita, cuyo templo estaba asistido por mil prostitutas.

Hacia el año 50 de nuestra era llegó a esta ciudad Pablo de Tarso. Tras predicar el Evangelio fundó una comunidad cristiana. Durante dieciocho meses permaneció como animador de la misma. Sus feligreses pertenecían a las clases populares (pobres y esclavos), pero también los había de entre la gente notable, por su cultura y por su dinero. Nació así una de las comunidades cristianas primitivas más conflictivas.

Cuando Pablo, por exigencias de su trabajo misionero, se marchó de Corinto, se declaró en su seno una verdadera lucha de clases que se manifestaba vergonzosamente en la celebración de la Eucaristía. Los nuevos cristianos, ricos y pobres, libres y esclavos, convivían, pero no compartían; eran insolidarios. A la hora de celebrar la Eucaristía (por aquel entonces se trataba simplemente de comer juntos recordando a Jesús) se reunían todos, pero cada uno formaba un grupo con los de su clase social, de modo que “mientras unos pasaban hambre, los otros se emborrachaban” (1 Cor 11,l7ss). (¡Qué actual es todo esto!).

Desde Éfeso, Pablo les dirigió una dura carta para recordarles qué era aquello de la Eucaristía, lo que Jesús hizo la noche antes de ser entregado a la muerte, cuando, «mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. 23Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias, se la pasó y todos bebieron. 24Y les dijo: Esto es la sangre de la alianza mía que se derrama por todos».

Sería malentender a Jesús que lo que estaba haciendo era mandar ir a misa y comulgar, un rito que en nada complica la vida. Rito que no sirve para nada si, antes de misa, no se toma el pan -símbolo de nuestra persona, nuestros bienes, nuestra vida entera- y se parte, como Jesús, para repartirlo y compartirlo con los que son nuestros prójimos cotidianos.

[Impresiona visitar las iglesias y comprobar la diversidad de clases sociales que alojan. Todas tienen cabida en ellas, sin que se les exija nada a cambio. El rico entra rico y el pobre, pobre, y salen los dos igual que entran. En circunstancias similares a las que concurren en muchas misas dominicales, Pablo dijo a los feligreses de Corinto: “Es imposible comer así la cena del Señor”. Dicho de otro modo, “así no vale la eucaristía”, pues la cena del Señor iguala a todos los comensales en la vida, y comulgar exige, para que el rito no sea una farsa, partir, repartir y compartir.

La lucha de clases, como en Corinto, se ha instalado en nuestras eucaristías. Y donde ésta existe no puede ni debe celebrarse la cena del Señor. Los israelitas en el desierto comprendieron bien que la alianza entre Dios y el pueblo los comprometía a cumplir lo que pide el Señor, sus mandamientos. Jesús, antes de partir, celebra la nueva alianza con su pueblo y le deja un único mandamiento, el del amor sin fronteras. Éste es el requisito para celebrar la eucaristía: acabar con todo signo de división y desigualdad entre los que la celebran].

Habrá que recuperar, por tanto, el significado profundo del rito que Jesús realiza. «La sangre que se derrama por ustedes» significa la muerte violenta que Jesús habría de padecer como expresión de su amor al ser humano; «beber de la copa» lleva consigo aceptar la muerte de Jesús y comprometerse con él y como él a dar la vida, si fuese necesario, por los otros. Y esto es lo que se expresa en la eucaristía; ésta es la nueva alianza, un compromiso de amor a los demás hasta la muerte. Quien no entiende así la eucaristía, se ha quedado en un puro rito que para nada sirve.

Una mala interpretación de las palabras de Jesús ha identificado el pan con su cuerpo y el vino con su sangre, llegándose a hablar del milagro de la «transustanciación o conversión del pan en el cuerpo y del vino en la sangre de Cristo». Los teólogos, por lo demás, se las ven y se las desean para explicar este misterio. Como si esto fuera lo importante de aquel rito inicial. El significado de aquellas palabras es bien diferente: «En la cena, Jesús ofrece el pan («tomad) y explica que es su cuerpo. En la cultura judía «cuerpo» (en gr. soma) significaba la persona en cuanto identidad, presencia y actividad; en consecuencia, al invitar a tomar el pan/cuerpo, invita Jesús a asimilarse a él, a aceptar su persona y actividad histórica como norma de vida; él mismo da la fuerza para ello, al hacer pan/alimento. El efecto que produce el pan en la vida humana es el que produce Jesús en sus discípulos. El evangelista no indica que los discípulos coman el pan, pues todavía no se han asimilado a Jesús, no han digerido su forma de ser y de vivir, haciéndola vida de sus vidas. Al contrario que el pan, Jesús da la copa sin decir nada y, en cambio, se afirma explícitamente que «todos bebieron de ella». Después de darla a beber, Jesús dice que «ésa es la sangre de la alianza que se derrama por todos». La sangre que se derrama significa la muerte violenta o, mejor, la persona en cuanto sufre tal género de muerte. «Beber de la copa» significa, por tanto, aceptar la muerte de Jesús y comprometerse, como él, a no desistir de la actividad salvadora (representada por el pan) por temor ni siquiera a la muerte. «Comer el pan» y «beber la copa» son actos inseparables; es decir, que no se puede aceptar la vida de Jesús sin aceptar su entrega hasta el fin, y que el compromiso de quien sigue a Jesús incluye una entrega como la suya. Éste es el verdadero significado de la eucaristía. Tal vez nosotros la hayamos reducido al misterio -por lo demás bastante difícil de entender y explicar- de la conversión del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

«Todos los domingos, en nuestra parroquia, juntos van a misa los trabajadores y los propietarios. Si todos reciben la gracia de Dios, esto no lo entiende ni Santa Lucía ni este servidor». Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

6.56.21. Corpus Christi: Comunión de los Santos y Caridad (= Cáritas)

domingo, 6 de junio de 2021
Comentarios desactivados en 6.56.21. Corpus Christi: Comunión de los Santos y Caridad (= Cáritas)

2707216D-DF28-4D02-8D4C-C93BE133A35E-768x492Del blog de Xabier Pikaza:

El tema lo ha planteado A. Cañizares, Cardenal de Valencia: «El esplendor del Corpus no puede ser otro que la caridad y la solidaridad  para con los pobres» (RD 5.6.21). Él ha ha ratificado así la identidad cristiana de esta fiesta, que yo había expuesto ayer al referirme al Corpus de los cuerpos abyectos y/o inadecuados.

En esa dirección profundizo hoy (6.6.21), presentando una teología de conjunto del Corpus, fiesta que nació en la Edad Media a partir de la experiencia sacramental de la “comunión de los santos”,  que está desembocando ahora (siglo XXI) en línea de Caridad (el Corpus se está convirtiendo en día de Cáritas o Solidaridad universal)

Al ritmo y rapidez del cambio de los últimos años (tras el Vaticano II), la fiesta del Corpus, centrada en procesiones y ostensorios del Santísimo, corre el riesgo de desaparecer muy pronto. Soy testigo de ese cambio y pienso que, para no perderse entre la insignificancia y folklore, esta fiesta ha de volver a sus raíces de Comunión de los Santos,siendo lo que es, celebración del Amor Concreto, la acogida y  ayuda, la acción de gracias y la liturgia del amor integral, de mirada y manos unidas, de casa y familia, de apuesta por la vida y resurrección de todos, por encima de la muerte.

Buen día a quien siga leyendo para quiera entender y recrear esta fiesta, desde el principio de la Iglesia.     

Introducción. Fiesta del Corpus

Esta es una fiesta católica “medieval y barroca”: Empieza Comienza en el siglo XIII, se extiende en el XIV y triunfa en el XVI,  en parte como reacción contra el protestantismo, convirtiéndose en la Fiesta del Barroco Católico por excelente: Es fiesta de la Eucaristía (Cuerpo y Sangre de Cristo), signo y sacramento de la “carne de Dios”, la Comunión de los Santos, de todos los hombres y mujeres, amados de Dios, presencia de su misterio.

            En los siglos anteriores (lo mismo que en las Iglesias ortodoxas de oriente) esta fiesta no había sido necesaria, pues lo que en ella se celebra era ya el “corazón” del misterio cristiano: Comunión orante y real de los creyentes, en apertura a todos los hombres y mujeres, que son (somos) comunión corporal de la vida de Dios.  Pero cuando faltó ese “amor real”, de cuerpo y comunión de vida, se hizo necesaria esta fiesta, separada de la vida , centrada en el signode la eucaristía.

            Avanzando en esa línea, entre los siglos XVI al XX ésta ha sido quizá la fiesta más importante de la cristiandad católica, fiesta y procesión del “ostensorio”, con el “pan” sacramentado de Cristo paseado por las calles en tono de gran celebración. Ésta ha sido (por poner unos ejemplos) la fiesta de Toledo y Sevilla, de Cuzco y México, de Quito, Valencia y el Cebreiro etc.

Ha sido la fiesta de cientos y miles de ciudades (de Europa católica y América Latina), con alfombras de flores en el suelo, con el “techo” engalanado de las calles, con infantes que bailan, clero y soldados que desfilan, autoridades civiles y reyes en los estrados de las plazas, ante las catedrales, la fiesta del “Dios Rico”, mientras los niños pobres miraban con envidia desde las callejas laterales.

            Pero en los últimos años está dejando de ser lo que era. Hay menos procesiones, menos, presidentes y jefes de gobierno, de manera que en algunos lugares la misma fiesta de la Eucaristía en la Calle se ha convertido casi en folclore de exaltación grupal más que experiencia religiosa.Pero son muchos los que están descubriendo de nuevo esta fiesta en el sentido original de “comunión real de los santos”,de solidaridad y caridad, como decía A. Cañizares.

Personalmente, por un lado, lamento ese cambio, pues vengo de Corpus popular de Euskadi y Galicia, de América Latina y de Castilla… Pero, al mismo tiempo, me alegro de que esta fiesta se esté convirtiendo en Día de Cáritas, perdiendo  su aire victorioso de fiesta-procesión de grupo, en torno al Señor Sacramentado, para retomar su espíritu más hondo del principio de la Iglesia, cuando no existía esta fiesta como tal, pero se ponía más de relieve la Comunión de los Santos, es decir, la comunicación de pan y vida, de sangre y amor de todos los “santos”, no los de de altar, sino los hombres y mujeres “santificados” por el amor de Dios en Cristo.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

La sangre y el pan. Fiesta del Corpus Christi. Ciclo B.

domingo, 6 de junio de 2021
Comentarios desactivados en La sangre y el pan. Fiesta del Corpus Christi. Ciclo B.

corpuschristiDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Esta fiesta comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino. Las lecturas, sin restar importancia a estos aspectos, centran la atención en el compromiso del cristiano con Dios, sellado con el sacrificio del cuerpo y la sangre de Cristo.

1ª lectura: la sangre y la antigua alianza (Éxodo 24,3-8)

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: «Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

       La lectura cuenta el momento culminante de la experiencia de los israelitas en el monte Sinaí. Después de escuchar la proclamación de la voluntad de Dios (el decálogo y el código de la alianza), manifiesta su voluntad de cumplirla: «Haremos todo lo que el Señor nos dice».

            En una mentalidad moderna, poco amante de símbolos, esas palabras habrían bastado. El hombre antiguo no era igual. Un pacto tan serio requería un símbolo potente. Y no hay cosa más expresiva que la sangre, en la que radica la vida. Siglos más tarde, algunos caballeros medievales sellaban un pacto haciéndose un corte en el antebrazo y mezclando la sangre. Naturalmente, Dios no puede sellar una alianza con los hombres mediante ese rito. Por muchos antropomorfismos que usen los autores bíblicos al hablar de Dios, él no tiene un brazo que cortarse ni una sangre que mezclar. Tampoco se puede pedir a todos los israelitas que se hagan un corte y den un poco de sangre. Se recurre entonces al siguiente simbolismo: Dios queda representado por un altar, y la sangre no será de dioses ni de hombres, sino de vacas. Al matarlas, la mitad de la sangre se derrama sobre el altar. Se expresa con ello el compromiso que Dios contrae con su pueblo. La otra mitad se recoge en vasijas, pero antes de rociar con ella al pueblo, se vuelve a leer el documento de la alianza (Éxodo 20-23), y el pueblo asiente de nuevo: «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»

            Pero en la antigüedad hay también otra forma, incluso más frecuente, de sellar una alianza: comiendo juntos los interesados. Esta modalidad también aparece en el relato del Éxodo (pero ha sido omitida por la liturgia). Después de la ceremonia de la sangre con todo el pueblo, Moisés, Aarón, Nadab, Abihú y los setenta dirigentes de Israel suben al monte, donde comen y beben ante el Señor (Éxodo 24,9-11). Esta segunda modalidad será esencial para entender el evangelio.

2ª lectura: la sangre, el perdón y la nueva alianza (Hebreos 9,11-15)

               Como diría un cínico, los buenos propósitos nunca se cumplen. En el caso de los israelita llevaría razón. El propósito de obedecer a Dios y hacer lo que él manda no lo llevaron a la práctica a menudo. Surgía entonces la necesidad de expiar por esos pecados, incluso los involuntarios. Y la sangre vuelve a adquirir gran importancia. Ya que en ella radica la vida, es lo mejor que se puede ofrecer a Dios para conseguir su perdón. Pero el Dios de Israel no exige víctimas humanas. La sangre será de animales puros: machos cabríos, becerros, toros, vacas, corderos, tórtolas, pichones.

            El autor de la carta a los Hebreos contrasta esta práctica antigua con la de Jesús, que se ofrece a sí mismo como sacrificio sin mancha. Con ello, no sólo nos consigue el perdón sino que, al mismo tiempo, sella con su sangre una nueva alianza entre Dios y nosotros.

Hermanos: Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado. No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna. Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Evangelio: pan, vino y nueva alianza (Marcos 14-12-16. 22-26)

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él envió a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.» Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.» Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

          La acción de Jesús en la Cena de Pascua reúne las dos formas de sellar una alianza que comentamos en la primera lectura, pero invirtiendo el orden. Se comienza por la comida, se termina aludiendo a la sangre de la nueva alianza. Aparte de esto hay diferencias notables. Los discípulos no comen en presencia de Dios, comen con Jesús, comen el pan que él les da, no la carne de animales sacrificados; y el vino que beben significa algo muy distinto a lo que bebieron las autoridades de Israel: anticipa la sangre de Jesús derramada por todos.

            ¿Dónde radica la diferencia principal entre la antigua y la nueva alianza? En que la antigua no cuesta nada a nadie; basta matar unos animales para obtener su sangre. La nueva, en cambio, supone un sacrificio personal, el sacrificio supremo de entregar la propia vida, la propia carne y sangre.

            Pero no podemos quedarnos en la simple referencia al pan y al vino, al cuerpo y la sangre. Para Jesús son la forma simbólica de sellar nuestro compromiso con Dios, por el que nos obligamos a cumplir su voluntad.

            El cuarto evangelio, que no cuenta la institución de la Eucaristía, pone en este momento en boca de Jesús un largo discurso en el que insiste, por activa y por pasiva, en que observemos sus mandamientos, mejor dicho, su único mandamiento: que nos amemos los unos a los otros.

            Si la celebración del Corpus Christi se limita a una expresión devota de nuestra devoción a la Eucaristía o, peor aún, si se convierte en simple fiesta de interés turístico, no cumple su auténtico sentido. Es fácil lanzar flores a la custodia por la calle; lo difícil es tratar bien a las personas que nos encontramos por la calle.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo” 6 de junio de 2021

domingo, 6 de junio de 2021
Comentarios desactivados en “Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo” 6 de junio de 2021

5E81D418-AF9D-44C0-BC19-BA24EF315473

Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio…

cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron.

(Mc 14, 12-16.22-26)

Hoy celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y esta fiesta puede ayudarnos a hacer un pequeño examen de conciencia, puede ser una llamada de atención, un reclamo.

Como seres humanos que somos tenemos que buscar siempre un equilibrio ya que nuestra tendencia a los extremos es grande. Hoy podemos quedarnos tranquilamente adorando el Pan y el Vino al tiempo que olvidamos el sufrimiento de la humanidad con lo cual nos estaríamos alejando del verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Cristo.

Jesús no nos dejó su Cuerpo y su Sangre para contemplarlos, sino para comerlo y beberla. Para “tragarlo”. Tragar el Cuerpo y la Sangre de Jesús significa querer ser UNO con Él y con su manera de vivir.

Cuando comulgamos estamos diciendo públicamente que queremos vivir como vivió Jesús. Que creemos en el Dios que anunció y que estamos dispuestas a acompañarlo hasta las últimas consecuencias.

El Pan y el Vino son, nada más y nada menos, el signo de la entrega amorosa que vendrá después de la Cena. El Pan y el Vino son el Cuerpo entregado y la Sangre derramada en una muerte violenta, injusta y maldita.

Cuando tomamos el Pan y el Vino de la Eucaristía no solamente nos unimos a quienes en nuestro mundo sufren y entregan sus vidas, sino que expresamos de una manera pública que nosotras estamos dispuestas a sufrir y a entregar nuestras vidas por amor.

Por eso el Cuerpo y la Sangre de Cristo apenas se pueden adorar porque una voz nos recuerda que no podemos quedarnos mirando al cielo, o al Pan o al Vino, sino que tenemos que ir y hacer lo mismo.

Oración

Trinidad Santa, haznos valientes para asumir el compromiso que nos reclaman el Pan y el Vino de tu Reino.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.