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En clave profética.

domingo, 19 de noviembre de 2017
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talentsComentario de domingo 19 de noviembre 2017- Mt 25, 14-30

Hoy nos encontramos con una parábola no solo compleja, sino difícil de incorporar a nuestra habitual interpretación de las parábolas de los evangelios. La historia relata un episodio que un hombre rico al irse de viaje reparte sus bienes entre sus siervos con la intención de que los hagan crecer para que a su vuelta pueda ver incrementado su patrimonio. A su regreso premia a quienes han tenido éxito en el negocio y castiga duramente al que por miedo enterró lo recibido y no produjo ganancias a su amo.

Generalmente al interpretar la parábola consideramos que este hombre rico está representando a Dios y que los siervos representan las diferentes respuestas de los creyentes ante los “talentos” recibidos de Dios. Sin embargo, desde esta comprensión nos resulta difícil entender como Jesús puede presentar al Dios del Reino actuando de forma tan dura e inmisericorde con quien no hizo crecer el “talento”. El modo con que frecuentemente resolvemos la dificultad es responsabilizando, del modo de proceder del amo, al siervo que guardo su “talento”. Consideramos que este siervo actuó con negligencia y cobardía y por tanto merece ser castigado.

Seguramente a muchos y a muchas esta explicación nos sigue resultando insuficiente y por eso hoy quisiera proponer un modo diferente de acercarnos al texto. Para ello necesitamos tener en cuenta tanto el contexto literario en el que está incluida la parábola como el social en los que se pueden explicar las interacciones entre los personajes que la protagonizan.

El contexto literario: Mateo presenta esta parábola dentro de un amplio discurso que Jesús dirige a sus discípulos como respuesta a la pregunta que estos le habían formulado sobre el final de los tiempos y su segunda venida (Mt 24,3). Jesús y su grupo están ya en Jerusalén y las palabras del maestro a lo largo de este discurso manifiestan la tensión y la urgencia de tomar una decisión frente a su persona y a su mensaje en el momento culminante de su misión (Mt 23-25) conscientes de que el momento final está cerca, pero llegará de improviso (Mt 25, 24,42).

El fuerte carácter apocalíptico de estos relatos muestra el significado profético que tienen para Jesús su presencia en Jerusalén y lo importante que es para él que su comunidad entienda el momento que está viviendo y lo que espera de ellos. Por esta razón hay que entender la parábola de los talentos más en clave profético-apocalíptica que en clave moral. Lo que se propone no es la valoración ética de los comportamientos de los personajes de la historia, sino la necesidad de actuar con audacia y rapidez para estar preparados/as para el momento en que vuelva el Señor.

El contexto social: Para cualquier habitante del mediterráneo antiguo la conducta del amo y de los dos primeros siervos, sin duda, sería calificada como inmoral. Al contrario que en nuestras sociedades contemporáneas, en las que seguimos considerando que los recursos son ilimitados y que producir riqueza es un bien y por lo tanto es honorable, en aquellas sociedades antiguas se consideraba que cualquier incremento de los bienes que se poseían era inmoral porque los bienes eran limitados y estaban ya repartidos, aunque no siempre de forma justa. Por tanto, si alguien aumentaba su patrimonio significaba que se lo había quitado a otro y era considerado usurero y ladrón. De este modo sería el tercer siervo el que, a los ojos de quienes escuchaban las palabras de Jesús, habría actuado con rectitud, pues habría custodiado honestamente lo que se le había confiado y considerarían abusiva e injusta la reacción del amo.

Visto así, es difícil de entender que Jesús propusiese como buena la actuación del hombre rico y de los dos primeros siervos y criticara la del tercero. Quizá, hay que considerar que el relato está propuesto más por su provocación que por su ejemplaridad. Las actuaciones de los personajes de la historia sirven para poner en evidencia la necesidad de actuar, con inteligencia y prontitud haciendo crecer los dones recibidos de Dios y no conformarse con preservarlos sin mancha para el momento final.

En la actualidad estamos lejos de la mentalidad apocalíptica que hizo comprensible para sus primeros destinatarios esta parábola, pero quizá pueda seguir cuestionando nuestras inercias y llamándonos a activar nuestra fe y nuestra esperanza. Vivimos en un mundo que crece y se desarrolla a gran velocidad, pero con frecuencia vemos como muchos de sus avances no se utilizan en beneficio de toda la humanidad, sino de unos pocos que los utilizan para sus propios intereses. Como creyentes necesitamos activar nuestras energías para hacer posible un mundo más justo y sostenible. Nuestra fe y nuestra esperanza no es un don que hemos de custodiar, sino que ha de ser el motor que nos impulse a cambiar las reglas del juego de este mundo para que todos y todas tengamos un lugar en él.

Carmen Soto Varela,ssj

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¿Ajuste de cuentas?

domingo, 19 de noviembre de 2017
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talento2De blog de Tomás Muro, La verdades libre:

01. ¿AJUSTE DE CUENTAS?

La parábola de los talentos no trata de un ajuste de cuentas de un señor, Dios, muy duro y exigente, que trata de ajustarlas cuentas con sus empleados.

Jesús nunca creyó ni nos presentó a Dios como el señor de esta parábola, que funciona por intereses y rentabilidad. El Dios de Jesús, nuestro Dios es bondad, acogida, compasión y misericordia. Tampoco el Dios de Jesús es un señor duro y rencoroso, que recoge donde no siembra.

02. LOS TALENTOS DE DIOS.

Los bienes, los talentos no son cosas, ni tan siquiera cualidades o capacidades, sino lo que Dios nos regala es su amor y su gracia. Dios nos quiere a todos.

03. EL AMOR SE MULTIPLICA.

Los dos primeros criados de la parábola multiplican lo que Dios les ha dado y ellos han experimentado: el amor. Quien no ama, no construye, más bien se destruye, entierra su vida. Quien no ama, queda fuera, está fuera de sí, fuera de la comunidad, fuera de Dios.

im1675talento_esc04. EL PROBLEMA ES EL MIEDO.

La clave de interpretación de esta parábola es el miedo. 

Tuve miedo … (v 25) dice el tercer criado, porque sabía que eres un hombre duro. Este pobre hombre tenía una imagen de Dios era de un ser duro, justiciero. Curiosa y desgraciadamente se repite la misma expresión de Adán en el paraíso después del pecado: tuve miedo (Gn 3,10). Y también -penosamente- Adán se sigue repitiendo en la historia y hoy: tenemos miedo de Dios, tememos a Dios. Dios es un peligro para muchas personas religiosas.

El problema es el miedo.

Mientras tengamos miedo a Dios no “produciremos” nada de nada, porque el miedo bloquea, paraliza, hace daño.

El amor es fecundo, fértil, abierto, el miedo es una cerrazón egoísta, porque Dios es un peligro…

El tercer criado, el que entierra el denario tiene una visión de un Dios de ese estilo justiciero: ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo?
Pero el Dios de Jesús no es así, es Padre, Dios es amor (1Jn 4,8).

05. EVANGELIZAR ES SEMBRAR AMOR.

Evangelizar, más bien adoctrinar, en el miedo y en el terror ha hecho mucho daño y ha dañado muchas psicologías y personas. Una Iglesia que vive sembrando el pánico es una iglesia muy lejana del evangelio, más bien contraria al evangelio.

El papa Francisco es un hombre que habla de un Dios de amor y habla con sencillez para la gente, para el pueblo sencillo y débil. Esta es la razón por la que es mal visto y perseguido por la gente religiosa partidarios del “palo y tente tieso” de un Dios rencoroso y duro. El papa Francisco cree en el Evangelio, en el Dios Padre, no pocos eclesiásticos creen en el señor duro de la parábola de los talentos.

seeds06. SIERVO BUENO Y FIEL. SIERVO MALVADO.

No se trata de que unos criados fueron buenos gestores de la Kutxa y el tercero un hombre poco rentable.
Uno es siervo bueno y fiel porque siente, percibe en sí la bondad de Dios, se siente querido por Dios. No se trata de rentabilidad económica como en el capitalismo, sino que el asunto es que uno es bueno y fiel porque ha experimentado la bondad de Dios.

La maldad, el siervo malo no es porque haya pecado, sino porque considera a Dios como duro y le tenemos miedo a Dios.

Si no experimentamos bondad en la vida, no podemos multiplicar ni transmitir el amor de Dios.

07. SOLO EL AMOR ES DIGNO DE LA FE.

La gran y única cualidad (talento) cristiana es el amor, el sentirse querido por Dios. El amor es salvífico. El amor de Dios abre la profundidad de nuestro ser.

Podremos tener deficiencias morales, deformaciones pero que nada tienen que ver con lo que Dios piensa del hombre moralmente.

El peligro no es tanto que seamos pobres y débiles, que lo somos, que el peligro radica cuando el fondo de nuestra existencia espiritual nos hacemos orgullosos, cerrados, vacíos de amor (K. Rahner)

El problema no es el pecado, sino la ausencia de amor.

Dios ama siempre y a todos.

 

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«Encender una fe gastada». 32 Tiempo ordinario – A (Mateo 25,1-13)

domingo, 12 de noviembre de 2017
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Mateo 25, 1-13

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus lámparas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue el novio a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo, donde se celebrará el banquete nupcial.

Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para alimentar sus lámparas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite, con el riesgo de que se les apaguen las lámparas.

Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus lámparas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las lámparas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del aceite. ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con Jesús?

¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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“¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!”. Domingo 12 de noviembre de 2017. 32º domingo de tiempo ordinario

domingo, 12 de noviembre de 2017
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55-OrdinarioA32Leído en Koinonia:

Sabiduría 6,12-16:Encuentran la sabiduría los que la buscan.
Salmo responsorial: 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
1Tesalonicenses 4,13-18: 
A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Mateo 25,1-13: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!
En estos domingos «finales» del año litúrgico, los textos nos dirigen una invitación a reflexionar sobre el «fin» de toda existencia. Éste fin es considerado no sólo como la meta en que la vida adquiere realización o acabamiento, sino también como la meta del caminar histórico colectivo del ser humano y de la realidad toda. Semanas para contemplar este aspecto ineludible de nuestras vidas.

La primera lectura, del Libro de la Sabiduría, es un himno que canta los maravillas de la Sabiduría. Ésta sale al encuentro de quienes la buscan, de quienes la aman, y ella misma se muestra. La sabiduría es una cualidad, una manera en que Dios se manifiesta a quienes realmente le buscan. La única condición para que este encuentro se llegue a dar, es estar abierto a la sabiduría, buscarla; como se busca a Dios. (Importante darse cuenta de que la Sabiduría es presentada en este libro como «personificada», pero no «hipostasiada»: la personificación es simplemente una figura literaria, una forma de hablar).

Por su parte Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, intenta responder las dudas de algunos hermanos que han ingresado hace poco a la comunidad. Estos hermanos consideran desfavorecidos a los difuntos porque iban a estar ausentes de la cercana venida del Señor. Pablo reafirma la enseñanza que él recibió. Los que murieron en Jesús estarán presentes con él en el último día. Ellos resucitarán en primer lugar y los que quedemos seremos llevados al Señor. Por que si creemos que Jesús murió y resucitó, Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús, pues para Pablo en el bautismo, expresión de conversión, nos sumergimos en la muerte del Señor para resucitar con él; así mismo quienes murieron con Cristo resucitan con él porque han participado del camino, del seguimiento, y la alegría por continuar anunciando la Utopía de Dios, que llamamos Reino. Terreno difícil para distinguir lo que es sustancia de nuestra fe –o de nuestra esperanza- sin confundirla con una cosmología o mitología del tiempo y de la cultura helenista que no era la de Jesús… teniendo en cuenta que la cosmología o representación de la vida y la muerte en la cultura de la sociedad en que vivió Jesús tampoco son para nosotros «Palabra de Dios»…

El evangelio del día de hoy nos trae la parábola de las diez vírgenes, prudentes y necias, que estaban esperando al novio. No dice a sus novios o a los novios. «El novio» designa a Jesús mismo (Mateo 9, 15). Y recordemos que el reino de Dios también es simbolizado con un banquete de bodas…

La parábola nos enseña que el final de cada persona depende del camino que se escoja, que de alguna manera, la muerte es consecuencia de la vida –prudente o necia- que se ha llevado. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. De esta manera, la lectura del evangelio se enmarca en la preocupación de los cristianos recién convertidos de la comunidad de Tesalónica, Grecia, (los Tesalonicenses), la preocupación por el final de los tiempos.

La parábola es una seria llamada de atención para nosotros. “ustedes velen, porque no saben el día ni la hora“. No dejen que en ningún momento se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. Estén atentos, porque la fiesta de la vida está teniendo lugar ya, ahora mismo. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, con el aceite de la fraternidad, de la caridad mutua. Nuestros corazones llenos así de luz nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los demás, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados, conocerán también el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.

Ciertamente tenemos que aprovechar el momento presente, pero para construir fraternidad, no para buscar de manera egoísta nuestro propio bienestar. Las vírgenes necias pusieron otro aceite en sus lámparas: el que sólo sirve para alumbrar egoístamente nuestro camino. No pudieron entrar en la fiesta de la boda. Y si hubiesen entrado no hubiesen entendido absolutamente nada. En la fiesta de la hermandad los que sólo miran por su propio interés se aburren.

Sería bueno preguntarnos de qué tipo es el aceite que alimenta nuestras lámparas. Sería bueno examinar cómo trabajamos día a día para aumentar la intensidad de nuestro fuego, y de nuestras reservas. ¿O acaso desperdiciamos las ocasiones de crear fraternidad, de amar y servir a los hermanos?

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Dom 12.11.17. El novio tardaba, una noche de amor «dividido»

domingo, 12 de noviembre de 2017
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Del blog de Xabier Pikaza:

%cf%83%ce%ac%cf%81%cf%89%cf%83%ce%b70012Dom 32. Mt 25, 1-13. La liturgia recoge este domingo la parábola de las «diez novias», divididas en dos grupos, cinco eran prudentes, los otras insensatas, todas ellas convocados y esperando a la puerta de la noche del amor

Ésta es una parábola para soñar y pensar, no una historia sucedida así (o que sucederá), una gran voz de esperanza y aviso, para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, llamados al amor en la noche, con riesgo de olvidarlo y olvidarnos, divididos al fin, ante el amor que quiere (y ha de ser) universal.

El mensaje de esta parábola resulta inquietante y, al mismo tiempo, esperanzado, y de esa forma nos sitúa ante uno de los temas centrales de la tradición israelita: Los creyentes (fieles) son jóvenes (vírgenes, muchachas) que han de esperar la llegada del esposo, que es el mismo Dios (Cristo) para celebrar las bodas con lámparas encendidas.

Es una parábola antigua, mil veces leída, escuchada, pintada… Pero sigue siendo sorprendente , pues nos hace pensar de un modo distinto en lo que somos y en aquello que podemos ser, caminantes de amor, más allá de la caída de la tarde, más allá de la muerte, caminantes olvidadizos y miedosos, en un mundo al que acecha la noche final.

No es una alegoría moralista, como la fábula de la hormiga y la cigarra, sino una parábola transformadora y paradójica, que nos sitúa ante la experiencia final de humanidad, ante la capacidad de amor y responsabilidad, ante la llegada de Dios que no ha venido a imponerse desde arriba, sino a encarnarse en el amor y sufrimiento con los hombres y mujeres, compartiendo con ellos su historia de sufrimiento y muerte.

Es nuestra parábola, un termómetro de amor ilusionado pero, al mismo tiempo,arriesgado, ante la división y la lucha por la vida, en la noche.

Mt 25, 1-13

1 Entonces se comparará el reino de los cielos con diez doncellas (vírgenes) que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensats. Las necias, al tomar las lámparas, no tomaron el aceite; 4 pero las sensatas tomaron consigo aceite en alcuzas con las lámparas.

5 Atrasándose el novio, les entró sueño a todas y se durmieron. 6A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el novio, salid a recibirlo! 7 Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. 8 Y las necias dijeron a las sensatas: Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas. 9 Pero las sensatas contestaron: Quizá no haya bastante para vosotras y nosotras, es mejor que vayáis a la tienda y os lo compréis.

10 Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 11 Por fin llegaron también las otras doncellas, diciendo: Señor, señor, ábrenos. 1 Pero él respondió: Os lo aseguro: no os conozco. 13 Velad, por tanto, pues no sabéis el día ni la hora .

Esta parábola se encuentra íntimamente conectada con la anterior (y con todo Mt 24), como indican su primera palabra (tote, entonces: 25, 1 cf. 29, 9. 10. 14, 16. 21. 23. 30. 40), referida a lo que sucederá al final de los tiempos (cf. 24, 45-51), y las palabras finales (velad, pues no sabéis el día ni la hora, 25, 13; cf. 24, 41.

Según esta nueva parábola, el que viene no es el Hijo del Hombre (24, 39), ni un posible ladrón (24, 43), ni el Dueño de casa (24, 45), sino el Esposo prometido de la tradición profética (Oseas Jeremías, Isaías 2 y 3). La historia de la humanidad puede compararse según eso con una celebración de bodas, un camino de maduración en el amor.

Éste es un tema que había destacado Mt 22, 1-10, al reinterpretar la parábola del banquete (Q: Lc 14, 16-24), como parábola de bodas del hijo del Rey. Desde ese fondo puede y debe entenderse narración como parábola (con el efecto sorpresa del rechazo de las necias) y como alegoría (por su forma de dividir a la humanidad en dos mitades, y de entender la meta de la vida como bodas) .

1. Una parábola ya conocida. Elementos básicos (25, 1-4).

Esta narración está contada desde el trasfondo de la historia de Israel… Quizá guarda un recuerdo de Jesús (que se ha referido a las bodas del reino: 9, 14-17). Pero tal como se cuenta parece obra del mismo evangelista (o de su escuela) que ha creado en 24, 45‒25, 46 un gran “retablo” escatológico con temas vinculados a la culminación (o realidad más honda) de la historia. En sí misma, esta parábola se encuentra íntimamente unida al desarrollo precedente, como muestra su forma de presentar a las cinco sensatas (fronimoi, 25, 2-3), en la línea del administrador de 24, 4 (que debía ser fronimos, sensato). Estas dos parábolas (24, 45-51 y 25, 1-13) nos sitúan, pues, ante una visión general de la “inteligencia o sensatez escatológica”, interpretada como buena administración y buen noviazgo, esperanza de bodas:

‒ Las diez muchachas (parzenoi: vírgenes, mujeres núbiles) son signo de una humanidad ya madura para el amor, y así aparecen vinculadas de un modo íntimo con Dios, esperando las Bodas finales de la historia. Ciertamente, en el fondo se encuentra el motivo de Israel como novia/esposa de Yahvé, un motivo presente a lo largo de la Biblia desde los tiempos de Oseas, Jeremías y Ezequiel. Pero, siendo signo de Israel, ellas representan a cada uno de los hombres o mujeres de la humanidad, que debe mantenerse preparados para las bodas de Dios.

Esta imagen de las diez muchachas, cada una con sus luces encendidas ante el esposo, para acompañarle en la procesión de bodas, resulta bien conocida en oriente (incluso en Roma). La palabra lámpara (lampa,j) puede evocar una candela de aceite con mecha pequeña (que se apaga a cualquier golpe de viento), pero quizá se refiere a una antorcha de aceite con mecha de tela resistente al aire. En otra línea, la imagen puede evocar el gran signo israelita de la menorah, candelabro de siete lámparas del santuario .

‒ Aceite. Se conserva en la alcuza de cada persona, como algo propio de ella y es, por tanto, intransferible: Es el don de la existencia, la vida en su sentido más profundo. Hombres y mujeres son “aceite” que alumbra en cuanto se consume, haciéndose luz ante (en) Dios. No son luz para un templo exterior, como el de Jerusalén, sino para el esposo, el mismo Dios. Éste es el signo distintivo más precioso del ser humano: el buen aceite que alumbra. Fuera quedan otros posibles aspectos o valores de tipo social o legal (e incluso religioso), pero los hombres y mujeres son aceite, que han de tener preparado, como una reserva de “vida” ante el esposo.

Pues bien, ese mismo aceite divide a los hombres, de manera que la humanidad puede compararse a cinco muchachas necias y cinco inteligentes, como se cuenta en otras “historias” de ese tipo. En ese contexto, nuestra tiene un fondo y una finalidad parenética, y sirve para insistir en la posibilidad del bien y del mal… y en la exigencia de conversión, con el fin de que, a la postre, todos puedan entrar con el esposo, cuya llegada evoca el límite del tiempo. La división se confirma y ratifica al final, pero se encuentra adelantada por la forma en que aparecen las muchachas: las cinco necias (mwrai.) no se han ocupado del aceite, mientras las sensatas (fro,nimoi) tomaron, con las lámparas una reserva de aceite en la alcuza.

‒ Un noviazgo compartido y distinto para cada una. Estas vírgenes/novias pueden entenderse en sentido personal y/o social. Todas son esposas del único esposo (nymphioi), de manera que su matrimonio ha de interpretarse en clave monogámica, pero en línea trascendente, no de este mundo (en sentido biológico-corporal, pues en ese caso se trataría de un marido polígamo), como sabe desde Oseas la tradición profética, que interpreta al pueblo en su conjunto y a los israelitas en particular como “esposa” de Yahvé.

Según eso, las diez vírgenes tienen un sentido colectivo (todas son la novia, son Israel, son la Iglesia, son la humanidad), pero al mismo tiempo pueden y deben interpretarse en sentido individual, pues cada una es valiosa por sí misma. Un elemento importante de la escena (y quizá poco destacado en las interpretaciones) es el hecho de que aquí no hallamos ninguna novia central, que actuaría como reina, con un cortejo de “vírgenes menores” que serían sus servidoras o damas de compañía (cf. Sal 45, 15-16 y Cant 6, 4-9. En nuestro caso, las diez tienen la misma dignidad, de manera que cada una aparece como esposa principal del novio, y ninguna es pura dama de compañía, pues todas y cada una son reinas .

2. ¡Atrasándose el novio…! Un tiempo de muerte (25, 5). Todas aparecen como amigas, tienen en común el noviazgo y la espera, sin que en principio se distingan (aunque el texto sabe que unas son necias, otras prudentes). No se aclara el motivo de esa distinción, no se habla de un posible pecado de algunas, de manera que no estamos ante un problema de moralidad en el sentido secundario del término, sino de inteligencia humana, de actitud y de respuesta ante la vida.

Como he dicho, en un primer nivel, esa diferencia entre necias e inteligentes parece normal, es un signo o elemento de la propia vida, que hace a los seres humanos distintos. Todas son la humanidad en busca de la plenitud de un Dios que no está ya simbolizado como Padre (Abba) sino como partner, misterioso amigo de las bodas. Todas le esperan, pero unas con inteligencia/previsión (guardan aceite en sus alcuzas), y otras sin ocuparse del aceite, como si las cosas pudieran resolverse en un último momento.

Pues bien, en este contexto se introduce el tema del “retraso” o, quizá mejor, de la tardanza de la parusía o manifestación del novio (croni,zontoj de. tou/ numfi,ou), de la que trataba 24, 34-36. Da la impresión de que las “necias” eran en principio buenas “creyentes”: Esperaban la manifestación inmediata de Cristo, su gran parusía, lo habían dejado todo, confiaban en la llegada del Novio, no tenían que llevar nada, pues el esposo iba a llegar inmediatamente. Pero las cosas han sucedido de otra forma.

El Novio no ha llegado en el tiempo que ellas (¡muchísimos cristianos!) pensaban, y de esa forma se retrasa la parusía, en contra de lo que habían esperado Pablo y los conversos de Tesalónica (¡confiaban estar vivos cuando llegara el Cristo!). Pues bien, en contra de eso, nuestra parábola afirma que “todas” se adormilan y duermen (mueren), sin que ello produzca escándalo (a diferencia de 1 Tes 4, 13-18), como supone Hbr 9, 27, que ha acuñado la gran fórmula: Se ha establecido que los hombres mueran una vez…: statutum est hominibus semel mori).

Todas mueren sin que el esposo haya llegado, sin que las bodas hayan podido celebrarse en este mundo. Parece evidente que esa tardanza del novio está evocando el retraso de la “parusía”, un problema que la Iglesia ha debido plantear y resolver con urgencia. En ese contexto de retraso, de tiempo abierto por la preparación de las bodas que se demoran (no ha llegado el Novio) viven y mueren las muchachas, unas bien preparadas (se duermen con la reserva de aceite al lado), otras sin preparación (como si no debieran tener el aceite a punto, como si el Esposo no necesitara que ellas estuvieran preparadas). Al decir que todas se durmieron, parece que se está evocando la muerte universal, como destacan otros textos tardíos del NT (cf. 2 Ped 3, 1-16) .

3. En medio de la noche: ¡llega el Novio! (25, 6-7). Todas las vírgenes (¡todos los cristianos!) saben que habrá bodas, pero algunos viven como si no las hubiera, sin preocuparse del aceite, como suponiendo que habrá siempre a su lado en abundancia, para tomarlo sin más preocupación. El aceite, que las inteligentes conservan en alcuzas para reavivar la lámpara en su momento, representa quizá las buenas obras, la memoria positiva del pasado, el valor de la vida vigilante, con aceite para el esposo a quien saldrán a recibir. Las otras no pueden ir al encuentro del novio sin aceite…

‒ Aceite. Podría suponerse que unas lo han recibido, y otra no. Pero el texto va en contra de esa suposición, pues ha supuesto que ellas mismas, todas, pudieron tomar no sólo lámparas, sino también alcuzas con aceite. Pues bien, unas parecen haber tomado sólo lámparas, como si bastaran; otras, en cambio, tomaron además aceite en las alcuzas (25,4). Éste parece el motivo de fondo, y desde aquí se entiende la división entre las môrai, necias, que han vivido sin previsión, sin otro horizonte que las ocupaciones inmediatas de la vida (cf. 13, 20-22) y las phronimoi, sensatas, que han tomado consigo una reserva de alcuzas de aceite.

Como he dicho, todas son novias de un mismo esposo universal, no simples compañeras/asistentes de una Novia superior a la que irán acompañando en la procesión de bodas. La parábola anterior (24, 45-51) se refería a un esclavo administrador, que estaba por encima, debiendo cuidar de la casa (de la servidumbre) hasta la llegada del amo. Esta parábola, en cambio, supone que todos, varones y/o mujeres, tienen (tenemos) la misma responsabilidad, como muchachas que han de madurar al (ante el) amor de una forma responsable.

4. Ya no es tiempo de compra. Y se cerró la puerta (25, 8-11). Tomada externamente, la parábola es dura. A lo largo de la espera, las muchachas han tenido tiempo para llenar las alcuzas, o incluso para intercambiar el aceite como indicarán, desde otra perspectiva, las parábolas siguientes, y todo el evangelio. Pero, al final, cuando unos y otros se “despierten” del gran sueño y preparen sus lámparas ante el Esposo, no será posible prestarse el aceite, ni podrá comprarlo en los mercados. Habrá terminado el tiempo de los que compran y venden (25, 9), como suponía ya la escena de la “purificación”, cuando Jesús derribó las mesas de los compradores y vendedores del templo (21, 12).

‒ Id a comprar… (25, 9). Así dicen las prudentes. Ésta es una escena y respuesta de humor duro, despiadado, pero propio de una parábola del fin de los tiempos, donde los detalles no se pueden tomar al pie de la letra (como en una alegoría). Las prudentes les dicen que vayan a comprar y el texto supone que de hecho van y lo hacen, aunque vuelven tarde, cuando la puerta de la boda está ya cerrada. Eso significa que hay un caudal de mundo para hacer negocios (¡ellas, unas simples vírgenes que en aquel tiempo no solían manejar dinero!). Leer más…

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“Preparando el examen final”. Domingo 32. Ciclo A.

domingo, 12 de noviembre de 2017
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vigiladDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Se acerca el fin del año (litúrgico)

Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el día 02 de Diciembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32-34º), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto. El evangelio de Marcos termina la enseñanza de Jesús con el discurso sobre el fin del mundo. Quizá a Mateo le pareció un final demasiado sensacionalista y añadió estas tres parábolas, que animan a tomarse la vida muy en serio.

Un viaje mortal a Nueva York

Cuando salieron del aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, aquellos cinco amigos argentinos no sabían lo cerca que estaba su día y su hora. Si lo hubieran sabido, no habrían hecho ese viaje. Pero la muerte los habría sorprendido, más tarde, en cualquier otro sitio y hora. Como aquel matrimonio que salvo la vida al perder el vuelo de Air France que se hundió en el Atlántico, y murió meses después en un accidente de automóvil. “Estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”.

Vigilar no es vivir angustiado

San Luis Gonzaga estaba un día jugando al frontón y le preguntó un compañero: “Hermano Luis, si supieras que ibas a morir dentro de poco, ¿qué harías?” Y él respondió: “Seguir jugando”. ¿Cómo se conjugan la vigilancia y el juego? La parábola de hoy puede ayudarnos a comprenderlo.

La parábola de las diez muchachas

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: “Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.” Pero las sensatas contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.” Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: “Señor, señor, ábrenos. “Pero él respondió: “Os lo aseguro: no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompa­ñaba al novio a recoger a la novia para acompañarlo a la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encon­tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repues­to. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.

Mientras, las diez se han quedado dormidas. Y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.

La conclusión de la parábola es desconcertante: “Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”. Es desconcer­tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. Pero, ¿qué significa esto en la práctica?

Dos interpretaciones posibles

La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.

Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras. Lo que hace falta es estar preparados espiritualmente.

Otra línea no concede una importancia capital al simbolismo del aceite; lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Cosa a la que los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.

La clave de la 1ª lectura

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece una perspectiva muy interesante. Se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de la cinco muchachas.

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que se encuentra sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.

Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: “No os conozco”. La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas.

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Domingo XXXII del Tiempo Ordinario. 12 noviembre, 2017

domingo, 12 de noviembre de 2017
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d-32

“Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite, en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.”

(Mt 25, 1-13)

Si la realidad fuera tan clara y distinta como nos la presenta la parábola de hoy todo sería mucho más sencillo.

La parábola de las vírgenes, como otras muchas de Mateo, divide el mundo entre buenos y malos. No cabe duda de que las necias son quienes no llevaron aceite y se quedaron en la puerta por su propia necedad, pero en la vida cotidiana las cosas son mucho más complejas, nuestro esquema de buenos y malos se cae por su propio peso. Sin embargo, seguimos viviendo como si fuera cierto y nos acabamos creyendo que los “nuestros”, los de nuestro color, los de nuestro partido, los de nuestro equipo, son los buenos, los acertados, frente a los demás, que no les queda más remedio que ser los malos, los equivocados.

En este dualismo solo hay un camino: la violencia. Cada grupo quiere imponer su verdad. Probablemente aquella primitiva comunidad de Mateo se vio en la necesidad de defenderse. Como grupo marginal que era se veía amenazado por todos lo costados. Necesitaba distinguirse y marcar un camino claro y distinto y hasta aquí es comprensible, pero no deja de tener sus peligros. El “buenismo” en nuestra Iglesia ha hecho mucho daño. Cuando la Iglesia ha sido poderosa ha aplastado a quienes eran diferentes.

Creo que en el único lugar donde funciona el esquema de bueno/malo es en el corazón de cada una. Todas las personas somos una mezcla de bueno y malo, luz y oscuridad. Todas llevamos dentro una sensata y una necia. Cuando alimentamos la luz, la oscuridad cede. Si agrandamos el espacio de lo bueno, lo malo empequeñece.

Ojalá esta parábola nos sirva para entrar en nosotras mismas a poner más luz, en lugar de quedarnos a oscuras señalando errores ajenos.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu aceite generoso y sé Tú la llama que ilumine nuestro interior. ¡Amén!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Despertar o seguir dormido, esa es la cuestión.

domingo, 12 de noviembre de 2017
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depositphotos_11203345-stock-photo-man-waking-upMt 25, 1-13

En los tres domingos que quedan vamos a leer todo el capítulo 25 de Mt (el último, antes del relato de la pasión). Los tres episodios que en él se narran (diez doncellas, los talentos y juicio definitivo) siguen siendo advertencias a su comunidad, con el fin de poner en guardia a los cristianos de las consecuencias definitivas de sus actitudes vitales. Dios no puede hacer ya nada. La pelota está en nuestro tejado y depende de nosotros que la juguemos o no, que la juguemos bien o mal. En cualquier caso, pitarán el final del partido.

Los textos de estos últimos domingos de año litúrgico nos invitan a despertar, a estar preparados. Por fortuna, ya no pensamos en ese Dios vengativo que está al acecho para ver como puede cogernos en un renuncio y condenarnos. Ya no se oye la tremenda frase: “Dios te coja confesado”, que es un insulto a Dios y a todo el mensaje de Jesús. Dios no nos espera al final del camino para someternos a un juicio. No, Dios es el principio y está en nosotros todos los instantes de nuestra vida para que podamos llevarla a plenitud.

Hoy no tiene sentido meter miedo: No sabéis el día ni la hora. ¡Temblad! Y eso que, en el ciclo (A) nos libramos de textos apocalípticos, que son todavía más terroríficos. No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés, solo viviendo a tope, se aprende a morir. Aunque solo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo el vivir plenamente ese segundo. La muerte ni quita ni añade nada; el sentido debemos dárselo a la vida, mientras estamos de pie.

Recordad. Después de un año, o más, de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Esta ceremonia no tenía ningún carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes, iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañarían. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.

La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite.

Jesús había dicho: Yo soy la luz del mundo. Y también: vosotros sois la luz del mundo. El ser humano es luz cuando ha desplegado su verdadero ser; es decir, cuando trasciende y va más allá de lo que le pide su simple animalidad. No es que nuestra condición de animales sea algo malo, al contrario, es la base para alcanzar nuestra plenitud, pero si no vamos más allá cercenamos nuestras posibilidades de humanidad.

La primera lectura nos puede ayudar a encontrar el sentido de la parábola. La verdadera Sabiduría es encontrar el sentido de la vida. Dar sentido a la vida es más importante que la vida misma. Ese sentido no viene dado, tenemos que buscarlo. Esa es la tarea específicamente humana. Nuestra vida puede quedar malograda como vida humana. Esa es la advertencia de la parábola. Hay que estar alerta, porque el tiempo pasa. Hay que despertar, porque de lo contrario, perderás la oportunidad de ser tú.

¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta a esta pregunta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre rocaY todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz, son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor, sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser. Ese despliegue constituye la Sabiduría de la que nos hablaba la primera lectura. Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios.

Interpretar la parábola en el sentido de que debemos estar preparados para el día de la muerte, es tergiversar el evangelio. El esperar una venida futura de Jesús, es pura mitología que nos lleva a un callejón sin salida. La parábola no hace especial hincapié en el fin, sino en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Las lámparas deben estar encendidas siempre; si esperamos a prepararlas en el último momento, toda la vida transcurrirá carente de sentido.

Obsesionados por la “salvación eterna” y para el más allá, hemos interpretado esta parábola como una advertencia de preparación para la muerte, o peor aún, para el juicio. Nada más lejos del sentido del relato. Si el aceite es el amor, que hace funcionar la vida cristiana, no podemos pensar en el último día para que tenga sentido. Hay que buscar una interpretación más de acuerdo a todo el mensaje de Jesús.

La venida de Jesús al final de los tiempos, es una imagen escatológica que no podemos tomar al pie de la letra; tiene un significado mucho más profundo. Jesús, con su muerte en la cruz, consumió todo su aceite en una llamarada que sigue iluminándonos. El don total de sí mismo trasformó todo lo humano en divino. Allí culminó su “historia” porque solo permanecerá identificado con Dios, y Dios está fuera del tiempo y del espacio.

Los cristianos cayeron en la trampa de entender la segunda venida de Jesús de una manera temporal. Nosotros seguimos esperando esa segunda venida en la que no se hablará de cruz, sino de gloria para todos. No nos gusta cómo terminó Jesús su paso por la tierra. Esta es la causa por la que hemos inventado un futuro a nuestro gusto para él y para nosotros. Nos sentiríamos muy a gusto si volviera lleno de gloria y nos comunicara a los “buenos” esa misma gloria. Esta visión raquítica, la hacemos desde nuestro falso yo, que nunca aceptará el desaparecer, mucho menos consumirse en beneficio de los demás.

Si de verdad queremos dejar de ser necios y empezar a ser sensatos, debemos desplegar nuestra vida desde otra perspectiva. Tenemos que abandonar todo proyecto de glorificación, sea en este mundo o sea en el otro, y entrar por el camino del servicio a los demás hasta la entrega total. El aceite solo da luz a costa de consumirse. Si aceptamos el programa del evangelio solo porque nos han prometido una “gloria”, la cosa no puede funcionar. Estamos completamente equivocados si pretendemos alzarnos con el santo y la limosna.

Meditación-contemplación

“Yo soy la luz del mundo”.
Su experiencia de Dios, fue su lámpara encendida.
Dentro de ti debes descubrir el aceite.
Si prende, dará luz que alumbrará tus pasos.
Tú eres la lámpara, el aceite y la luz.
Nadie te lo puede prestar, porque es tu propia vida.

Fuente Fe Adulta

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Maestro del amor.

domingo, 12 de noviembre de 2017
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jesus-at-the-door-39617-printSi hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo (Lara Chow)

12 de noviembre, domingo XXXII del TO

Mt 25, 1-13

Como el novio tardaba, les entró el sueño y se durmieron

La interpretación habitual de los dichos y hechos del Jesús evangélico ha sido hecha por la Iglesia tradicional jerárquica a modo de Bolero de Ravel: literalidad repetitiva induciendo a los oyentes hasta el sueño. Y así el pueblo fiel quedó narcotizado durante siglos.

Pero hoy, las vírgenes prudentes han provisto sus lámparas de aceite y entraron con el novio al banquete. Petrushka, de Stravinski, es un paradigma más significativo para nuestros tiempos. Los espectadores se perderán la función si no prestan especial atención a cada compás de la obra. Han de pensar por sí mismos, y hacer una interpretación de los mencionados dichos y hechos a la luz de su realidad personal y social presente. Así, las puertas que dan acceso al banquete del Reino estarán abiertas siempre para todos.

Quienes actúan de este modo son, como se dice de la mirada del poeta Marcos Ana en el retrato que le hizo José Mª Párraga: “Parece atravesar la frontera del lienzo como si fuera una ventana al futuro”.

En una entrevista a la cantante y compositora belga Lara Chow (1970) ésta dijo en una ocasión a un periodista: “Si hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo”, a lo que el entrevistador comentó: “Una alegría, una felicidad que puede ser transmitida al resto del mundo. Yo lo entiendo así, y más o menos, es el pensamiento que yo tengo de Mi Mundo. Toda la felicidad, toda la luz que puedas tener dentro de ti, es contagiosa, se la puedes transmitir a los demás. Sobre todo a esos seres que están faltos de luz, que se sienten solos y oscuros”.

En la película Un sueño posible (2009), del director americano John Lee Hancock el protagonista Granper le dice a Leigh Anne: “Lo que haces me parece fantástico: abrirle tus puertas a ese chico. Cielos, le estás cambiando la vida”. A lo que ésta le responde: “No, él está cambiando la mía”.

Cuando el alma está sedienta del Señor, como canta el Salmo 62, y quienes buscan la sabiduría la encuentran (Sab 6, 12), las vírgenes prudentes, a pesar de haberles entrado el sueño y dormirse (Mt 25, 5), al llegar el novio las despierta y las sienta en la mesa del Reino.

Una lección del Maestro del Amor que, como pelícano amoroso enseña a los hombres su camino. Y al que toda la cristiandad podría aplicar como propias las palabras que Alma escribió de su marido, Mahler, en su diario: “Es el único hombre que puede dar sentido a mi vida, porque supera a todos los que he conocido hasta ahora”.

EL PELÍCANO

“Pie pellicane, Iesu Domine”,
cantó Tomás en uno de sus himnos.
Superas a los hombres
en tu gesto amoroso hacia los hijos;
eres como el pintor que tiñe el lienzo
de tu seno nevado en rojo vivo.

Señor Jesús, pelícano amoroso,
-los dos humanos, y los dos divinos-
eleva a los altares sus heridas
y enseñad a los hombres su camino.

(Naturalia. Los sueños de las criaturas. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

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Lámparas encendidas.

domingo, 12 de noviembre de 2017
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jesus-parabola-10-virgenes-09-parabola_10_verginiMt 25,1-13

El evangelio de hoy es un texto, como mínimo, provocador. En las ocasiones en las que lo he profundizado con otros, sobre todo con jóvenes, ha surgido siempre alguna pregunta por el comportamiento de las llamadas “prudentes” en la parábola. “¿Dónde queda el ser solidario y compartir lo que se tiene?” – preguntan algunos. “¿Esta enseñanza no fomenta el egoísmo?” – cuestionan otros. Si nos quedamos en una primera lectura puede parecer que en el Reino de los cielos no hay cabida para todos o que, si no andamos con cuidado, no se nos perdona un despiste ni se acepta el arrepentimiento. La sabiduría (de la que se habla con entusiasmo en la primera lectura de hoy), relacionada con una postura aparentemente egoísta, no resulta atractiva.

La interpretación más convencional es la escatológica, fundamentada sobre todo en la sentencia final (velad, pues no sabéis el día ni la hora): la figura del novio se identifica con Cristo y se acentúa la invitación a estar preparados para reconocer su presencia y acoger su venida. Adentrándonos en la estructura y composición del texto, encontramos la combinación de dos relatos distintos, fusionados en uno por alguna necesidad pastoral surgida en el seno de la comunidad mateana. Uno de ellos sería el que narra la historia de las jóvenes que celebraron el banquete de bodas con el novio e iría en la línea de parábolas que subrayan la alegría del encuentro, como la de quien halla un tesoro en el campo (13,44) o la del que lo vende todo para comprar una sola perla (13,45). El otro relato sería el que introduce al grupo de quienes no han previsto lo necesario para la fiesta y estaría relacionado con la enseñanza sobre la prudencia/sabiduría o imprudencia/necedad, como en el conflicto con los fariseos (22,15ss).

Esta doble perspectiva nos posibilita sacarle más jugo a la parábola, porque nos recuerda la dimensión de celebración por el encuentro con el novio y de alegría por ser invitados a la fiesta; realidades que, en una lectura rápida, quedan escondidas ante el sinsabor que nos suscita la desesperación de quienes pierden la oportunidad y quedan fuera del banquete.

La realidad es que, desde el inicio del texto, el autor nos hace posicionarnos ante las diez mujeres reconociendo dos grupos absolutamente diferenciados: “cinco eran necias y cinco prudentes”. Nuestra atención se centra en ellas y el símbolo del banquete nupcial pierde fuerza. De hecho, resulta llamativo que se hable del novio, pero no de la novia. Tampoco se nombran otros invitados (aunque sí hay una voz externa que avisa de la llegada del esperado), ni se sabe nada del banquete en sí o de otros preparativos para la fiesta. Es significativo igualmente que se indique el retraso del personaje principal (¡en su propia boda!) y que nos sumerjamos en la narración en una noche profunda que hace que todas (también las prudentes) se duerman.

Desde la perspectiva de los primeros receptores del evangelio de Mateo, en los inicios del cristianismo, podemos captar que están surgiendo dificultades. El retraso de la segunda venida del Mesías, que esperaban inminente, hace dudar a quienes han proclamado su fe en Jesucristo, perdiendo la esperanza y modificando su conducta. Con esta parábola el evangelista los cuestiona. Es el momento de preguntarse sobre qué están, realmente, asentando su esperanza.

Nosotros también podemos hacernos esta pregunta. El texto provoca que, nada más comenzar, tengamos que posicionarnos: ¿en cuál de los dos grupos me encuentro? ¿en cuál de ellos deseo estar? La narración utiliza las lámparas y el aceite como símbolos que marcan la diferencia entre un grupo y otro. Nuestra vida, asentada en la de Quien es la Luz del mundo (Jn 8,12), está llamada a irradiar luz, a iluminar la realidad en la que habitamos, aunque a veces nos envuelva la noche oscura. ¡Vosotros sois la luz del mundo! (5,14).

¿Cómo está mi lámpara? ¿y mi reserva de aceite? ¿de qué modo colaboro para que el Novio pueda celebrar la fiesta? ¿cómo soy luz en medio de tantas noches por las que atraviesa nuestro mundo? Porque la realidad es que todas las jóvenes tenían lámpara. Todas habían sido invitadas a la fiesta. Todas tenían la misma encomienda. El hecho de pertenecer a un grupo o a otro no se les impone desde fuera. Cada uno de los personajes de la parábola, en el fondo, ha sido libre y ha decidido con su actitud (previsora y sabia, o imprudente y descuidada), en qué grupo situarse.

También todos nosotros somos portadores de una lámpara y todos estamos invitados a la fiesta. Podemos alentarnos unos a otros para vivir desde nuestra verdad más profunda, desde la Luz que nos habita, pero, al final, que a nuestra lámpara le falte o no aceite depende de cada una/o, de nuestra responsabilidad, de nuestra previsión, del cuidado delicado y agradecido de todo lo recibido, de la capacidad para sostener la esperanza en las noches, aunque a veces sobrevenga el sueño y… sobre todo, del amor y la alegría que alimentemos en el deseo de encontrarnos, día a día, con el Novio, seguros de que siempre viene. Sólo así seremos luz creíble para otros, alumbraremos -humildemente- alguna oscuridad, y contagiaremos la alegría de sabernos, ¡todos!, invitados a la Fiesta.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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No es lo mismo estar sedado que estar en paz, velad.

domingo, 12 de noviembre de 2017
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si3la04_tmDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. HACIA EL FINAL DEL AÑO LITÚRGICO

Poco a poco vamos llegando al final del año y también del año litúrgico (el 3 de diciembre comenzaremos el nuevo año litúrgico con el primer domingo de adviento). Durante estos tres domingos que nos quedan, las lecturas nos irán hablando del final, del futuro que nos cabe aguardar.

02. HACIA EL FUTURO.

Aunque no lo parezca, la primera lectura de hoy (1ª Tesalonicenses) y el Evangelio tratan de la misma cuestión: el futuro que nos aguarda.

¿Qué nos cabe esperar en la vida y en la muerte?

03. ¿QUÉ PASA CON LOS QUE VAN MURIENDO?

En los primeros años de la vida de la Iglesia: más o menos por los años 40-70.

1ª Tesalonicenses es el escrito más antiguo del NT. La carta data del año 50.

Los cristianos pensaban, creían que el Hijo del Hombre estaba al llegar “cualquier día de estos”, muy pronto. Y cuando llegara el Hijo del Hombre, se acabaría el mundo y nos llevaría con él.

Pero el Hijo del Hombre no viene y entonces el problema que se les plantea en aquella comunidad es cuál es la suerte de los difuntos.

Pablo piensa en esta carta da un giro en su pensamiento y trata de alentar la esperanza de aquellos cristianos. Pablo dejará de pensar en términos de tiempo, porque el tiempo cuando llegue el Hijo del Hombre no tiene importancia alguna. Y Pablo pasa a pensar más sencillamente: Seremos en Cristo.

San Pablo fortalece la fe y esperanza de aquellos cristianos -y la nuestra- con la idea de que seremos en Cristo.

04. VELAD

evangelio_190En la parábola de la espera lúcida o adormecida del esposo por parte de aquellas vírgenes no se trata de una cuestión matrimonial, sino que es un mundo de símbolos para la vida eclesial.

Todo ser humano tenemos “instalado en nuestro Windows personal” el problema de la muerte.

Probablemente es el problema más serio que tenemos en la vida: la muerte.

La cultura moderna – postmoderna ha eliminado, adormecido el problema de la muerte, seda la muerte.

De hecho la muerte es el gran tabú de nuestro tiempo. De la muerte no se habla, ni se hace consciente. Se margina el problema de la muerte.

MIEDO A LA MUERTE.

Tenemos miedo a la muerte, lo cual hasta cierto punto es algo natural:

+ Es natural que sintamos miedo al dolor, al sufrimiento, aunque hoy en día con los cuidados paliativos, incluso la sedación, este aspecto queda muy aliviado.

+ Es natural que tengamos miedo a la muerte porque parece que dejamos de existir. Se terminó. Unamuno -y todos- tenía y tenemos nostalgia de existir, existir siempre.

+ Los católicos tienen miedo no tanto a la muerte, sino a condenación, al infierno. Nos han mandado tantas veces al infierno y por cosas tan nimias, que se tiene miedo a morir porque el fracaso y el fuego eterno lo tenemos garantizado.

Quizás por ello sentimos miedo ante la muerte.

05. ESTAD DESPIERTOS: ESTAREMOS CON XTO.

Vivamos serena y lúcidamente, porque SEREMOS EN EL SEÑOR.
Difícil, por no decir imposible, describir como haya de ser la finalización del ser humano. Mejor acallar nuestra curiosidad y descansemos (consolaos) en que estaremos siempre en el Señor. El lugar del hombre es Dios

CUANDO LA IGLESIA SE DESESCATOLOGIZA

Tiene importancia que la Iglesia, tanto la Iglesia institucional, como nosotros, pequeños grupos de fe miremos al futuro y vivamos esperando la llegada del Reino de Dios: justicia, paz, libertad, la venida de Cristo.

Cuando la Iglesia pierde o perdemos el horizonte futuro absoluto y la mirada escatológica, nos instalamos, y esto no es bueno, porque la Iglesia termina sustituyendo a Cristo. Una Iglesia sin apremio hacia el futuro se instala en este mundo: en la “pompa y circunstancia” de este mundo: Estados Pontificios, poder, institucionalización y afincamiento en este mundo.

Cuando nos instalamos nos adormecemos: se está bien aquí, hagamos tres tiendas, (Mt 17,1-8).

Las vírgenes salieron a esperar al esposo. Abraham salió de tierra, Moisés con su pueblo salió de Egipto, los dos de Emaús salieron de Jerusalén en busca de la luz-fe. La Iglesia o sale de sus cuarteles, de sus instalaciones o si no se convertirá en un ghetto, en un coto privado y cerrado.

Mala cosa es que muchas Iglesias locales se preocupen tanto por afirmar la institución y tan poco -o nada- por trabajar contra la injusticia y la corrupción.

SALID AL ENCUENTRO.

 

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«No hacen lo que dicen». 31 Tiempo ordinario – A (Mateo 23,1-12)

domingo, 5 de noviembre de 2017
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299368_254807651207684_183215645033552_814308_3458119_n1Jesús habla con indignación profética. Su discurso, dirigido a la gente y a sus discípulos, es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

«No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder, pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Un ejemplo de vida más evangélica de los dirigentes cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

«Atan cargas pesadas e insoportables y las ponen sobres las espaldas de los hombres; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas». Es cierto. Con frecuencia somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias, pero no les facilitamos la acogida del Evangelio. No somos como Jesús, que se preocupa de hacer ligera su carga, pues es humilde y de corazón sencillo.

«Todo lo hacen para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

«Les gusta el primer puesto y los primeros asientos […] y que les saluden por la calle y los llamen maestros». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

«No os dejéis llamar maestro […] ni preceptor […] porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Preceptor: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes solo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

«No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo». Para Jesús, el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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«No hacen lo que dicen». Domingo 5 de noviembre de 2017. 31º Ordinario

domingo, 5 de noviembre de 2017
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54-ordinarioa31Leído en Koinonia:

Malaquías 1,14b-2,2b.8-10: Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley.
Salmo responsorial: 130: Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.
1Tesalonicenses 2,7b-9.13: Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas.
Mateo 23,1-12: No hacen lo que dicen.

Malaquías es un profeta de la época postexílica, o sea, después de que a finales del siglo VI a.C. el pueblo judío que se hallaba en Babilionia retornara a Jerusalén. Su labor se concentró en cuestionar la política de los exiliados que comenzaron a expropiar a la gente que habitaba las tierras de Palestina y que llevaba allí más de medio siglo. La mayor parte de los exiliados estaban más preocupados por hacer fortuna y ocupar la mayor parte de tierra posible, que por reedificar los fundamentos éticos, sociales y fraternos del nuevo Israel.

Por su parte, los habitantes de la provincia de Judá, Galilea y Samaría se vieron sacudidos por una ola de agresivos repatriados que, disponiendo de cuantiosos capitales, pretendían apoderarse de la tierra tratando a la gente del país como extranjeros. Esta situación echó por tierra la esperanza de muchos profetas que esperaban que Israel hubiera cambiado su proceder después del exilio. Lo peor de todo era que esta manera abusiva y violenta de proceder era liderada por un grupo de levitas que se consideraban los propietarios de la auténtica religión de Israel.

El profeta Malaquías es muy directo en sus denuncias. Utiliza el mismo lenguaje ampuloso y rimbombante de las celebraciones litúrgicas para denunciar las arbitrariedades de la casta sacerdotal que se aprovecha de la ignorancia de la gente humilde de la provincia para cometer toda clase de atropellos. Lo peor de todo es que los que se presentan como baluartes de la Ley, no tengan ni el más mínimo sentido de justicia. No respetar el derecho de los pobres es violar la alianza del Señor, y ésta es una ofensa más grave que cualquier infracción ritual o disciplinaria.

La enseñanza de Jesús se orienta en esta misma dirección y pone en jaque las pretensiones de tantas personas que preocupándose por la ortodoxia descuidan los principios elementales de la justicia.

La catequesis se ha preocupado durante muchos siglos por transmitir la doctrina correcta, y por que la gente muriera como «hijos fieles de la Iglesia». Saber el catecismo, a poder ser de memoria, era muy importante. No apartarse lo más mínimo de «la fe de la Iglesia», era prácticamente lo más valorado. Este interés catequético es legitimo, pero es necesario preguntar: la catequesis que se preocupó tanto por la «doctrina correcta», la llamada «ortodoxia», se preocupó igualmente por la práctica correcta, la llamada «ortopraxis»?

El evangelio de Mateo es directo y tajante. Nos pide aceptar la ortodoxia pero siempre y cuando esté basada y fundamentada en la ortopraxis, es decir, en la práctica de la justicia. Pues, anunciar las doctrinas correctas, que todo el mundo acepta, es muy fácil. Lo difícil es practicarlas. Por eso, urge más revisar nuestras prácticas catequéticas que los sistemas doctrinales.

Durante mucho tiempo nuestra catequesis se limitó, en gran parte, a memorizar preceptos, doctrinas y fórmulas. El evangelio nos pide que, sin olvidar todo esto, nos preocupemos de realizar lo que ellas proponen. Lo fundamental de toda la doctrina cristiana, contenida en el evangelio, es la práctica comunitaria de la caridad expresada en una exigencia irrevocable de justicia. La comunidad cristiana existe para enunciar buenas noticias a la humanidad. Se convierte ella misma en buena noticia cuando transforma las realidades de muerte en caminos hacia la vida en abundancia y no cuando se anuncia a sí misma. Leer más…

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Dom 5. 11. 12. Ni rabinos, ni padres, ni dirigentes. La autoridad de la an-arquía

domingo, 5 de noviembre de 2017
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76446371_49300329Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 31, tiempo ordinario. Mt 23, 1-12. Mt 23 es un capítulo de dura polémica, en el que Jesús (=Mateo) se opone a un tipo de judíos que, a su juicio, quieren convertir la religión en poder,con mandos superiores (rabinos, padre, dirigentes)… Pero, al mismo tiempo, él se opone, aún con más fuerza, a un tipo nuevo de cristianos que quieren expresar el mensaje y vida de Jesús en una forma de autoridad sagrada (jer-arquía) sobre los otros (rechazando de esa forma el evangelio).

En sentido externo, Jesús critica a los escribas y fariseos de un tipo de judaísmo. Pero en sentido más profundo él se eleva en contra de aquellos que, haciéndose pasar por cristianos,no lo son, pues asumen y ejercen en nombre de Cristo un poder que va en contra de Dios. 

iglesia_san_marcos_o_c-jpg_1306973099Éste es un capítulo de intensa y durísima retórica que resulta esencial para entender el evangelio, pues rechaza toda jer-arquía, fundando así una an-arquía superior, que viene del Cristo y se expresa en forma de fraternidad universal.

Más que del judaísmo rabínico de entonces (que tenía, sin duda, sus problemas de poder), Mateo plantea aquí de los riesgos de poder de su grupo cristiano, al que amonesta en nombre de Jesús, para que no convierta el evangelio en principio de dominio sagrado sobre otros.

Sobre esa an-arquía radical se fundará en Mt 28,18 la nueva ex-ousía de la misión cristiana, que es la ousía-esencia que sale de sí misma (ex) para así hacer que otros existan. Sólo allí donde se niega todo poder (an-arquía) puede darse la verdadera ex-ousía, que es autoridad creadora.

1. En la cátedra de Moisés se han sentado… (23, 2-7).

Este pasaje nos sitúa ante un tema clave de la identidad cristiana, en un momento en que la iglesia corre el riesgo de convertir el camino de Jesús en una carrera de honores. Hay cristianos que se sienten superiores y se sientan en sus “cátedras”, diciendo que son de Dios/Moisés, siendo de su propio orgullo:


23 2 En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos; 3 cumplid, por tanto, y guardad todo lo que os digan, pero no hagáis según sus obras, pues dicen y no hacen 4 Pues pesan cargas pesadas (e incapaces de soportar) y las echan a las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas
5 Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres: ensanchan sus filacterias y alargan los flecos; 6 buscan el primer puesto en los banquetes y la primera cátedra en las sinagogas, 7y los saludos en las plazas, y que los hombres le llamen Rabí (Mt 23, 5-7) .

evangelio-de-mateoEl mayor problema que Mateo ha visto en las comunidades es la hipocresía, el hecho de que se eleven en ellas un tipo de vigilantes, imponiendo sobre los pequeños unos cargas y pesos que ellos no soportan. De esa forma condena un riesgo que él advierte en algunas comunidades regidas por escribas y fariseos, donde el purismo (a su juicio falso) de los dirigentes desemboca en la opresión de los pequeños, un pecado que él había destacado en el discurso eclesial (Mt 18), pues no se encuentra sólo en los judíos de fuera, sino también en los cristianos.

Mateo no ha inventado este reproche, sino que lo ha tomado del Q (cf. Lc 11, 46) y especialmente de Mc 12, 38-39, lo que indica que el problema surgió pronto en ciertos grupos, en un tiempo en que muchos cristianos seguían integradas en las sinagogas, y no se habían independizado de ellas, formando así comunidades mixtas. Ni los cristianos habían abandonado del todo las sinagogas judías, ni los judíos de tendencia rabínica se habían cerrado aún de un modo exclusivista, como harán más tarde al condenar a los “minim” o herejes (entre los que estarán después los cristianos) .

Los cristianos de Mateo no habían instituido todavía un cuerpo separado de dirigentes, con mandos exclusivos,pues los cristianos siguen conviviendo, al menos en parte, con otros judíos. Pues bien, en contra del testimonio de Jesús, algunas comunidades rabínicas, a las que se encuentran asociados los cristianos, están creando (conforme a las acusaciones de Mateo) un sistema de honores,tomando el poder como signo de Dios.

‒ Poder de apariencia: “Hacen las cosas para ser vistos” (23, 5). Antes, en un contexto donde todos, en general, eran judíos, no había que acentuar los distintivos exteriores. Pero ahora algunos sienten la necesidad de decir con sus vestidos de “presidentes” que son mejores que los demás, vistiéndose de un modo distinto, para que los otros les vean, creando así una competición por el aspecto externo.

‒ Poder de presidencia: “Buscan los primeros asientos en los banquetes y las primeras cátedras en las sinagogas” (23, 6).Surge así una religión hecha de autoridad en las comidas y reuniones, en las que, más que el diálogo personal y la ayuda mutua (comunicación entre iguales, desde los más pequeños, como había puesto de relieve Mt 18), importa un tipo de estratificación social. Ciertamente, éste es un riesgo de muchas comunidades instituidas (no sólo judías y cristianas), y así puede verse en grupos religiosos de diverso tipo, pues la crítica de Mateo se dirige no sólo a los escribas/fariseos, dirigentes de las comunidades judías en general, sino, y sobre todo, a los cristianos .

En contra del mensaje de Jesús, la dinámica del poder está empezando a introducirse en las comunidades de sus seguidores, de manera que el mismo evangelio puede hacerse fuente y signo de distinción y jerarquización social, en un contexto donde empiezan dominan elementos económico/políticos (primeros puestos en comidas y reuniones). De esa forma, los que ocupan las primeras cátedras (como los obispos posteriores) tienden a convertirse en referencia fundamental de Dios, como una expresión de su poder sobre los otros (es decir, sobre los más pequeños), en contra de la norma central del juicio (25, 31-46).Evidentemente, este Jesús no aceptaría la iglesia posterior de obispos con primeras cátedras.

‒ Honor y poder social: “Y los saludos en las plazas, y que los hombres les llamen Rabí” (23, 7). Poder significa honor y afirmación pública en la sociedad antigua, un reconocimiento que tiene tanta importancia como la riqueza económica, con la que se vincula (cf. 6, 19-34 y 19, 16-30). Éste no es sólo un tema de pequeña moralidad para administradores eclesiales, sino un problema básico de institución comunitaria. De esa manera, el mensaje mesiánico, dirigido a los pobres y excluidos, a los que Jesús ha querido ofrecer toda la dignidad (cf. Mt 18), se convierte en un medio para el establecimiento de nuevas y más hondas desigualdades, fundadas en motivos religiosos .

Mateo no condena el buen judaísmo de la honradez y devoción profunda, ni el buen cristianismo del seguimiento de Jesús, sino un mal judaísmo y un cristianismo con jerarcas ansiosos de poder. Leer más…

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Dos malos ejemplos y uno bueno. Domingo 31. Ciclo A

domingo, 5 de noviembre de 2017
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a_burke_8Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Los protagonistas de las tres lecturas (hoy tendré también en cuenta la segunda) son las personas que deberían estar al servicio de la comunidad. Unos se portan mal con Dios y con el prójimo; Pablo se entrega por completo a sus cristianos.

 El mal ejemplo de los sacerdotes (1ª lectura)

 La primera lectura nos traslada a Judá en el siglo IV a.C. Por entonces, los judíos están sometidos al imperio persa. No tienen rey, sólo un gobernador, y los sacerdotes gozan cada vez de mayor poder y autoridad. Pero no lo ejercen como correspondería. Contra ellos se alza este profeta anónimo (Malaquías no es nombre propio sino título; significa “mi mensajero”). Las acusaciones que hace a los sacerdotes son muy duras, pero parecen muy genéricas: no dar gloria a Dios, no obedecerle, no guardar sus caminos, hacer tropezar a muchos. Si la liturgia no hubiese mutilado el texto, quedarían claras algunas de las cosas con las que los sacerdotes desprecian a Dios: ofreciendo sobre el altar pan manchado, animales ciegos, cojos, enfermos o incluso robados. En definitiva, no dan importancia al altar ni a lo que se ofrece a Dios.

 Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14-2, 2b. 8-10

«Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones -dice el Señor de los ejércitos. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes. Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre -dice el Señor de los ejércitos-, os enviaré mi maldición. Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví -dice el Señor de los ejércitos-. Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos, y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley. ¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?»

 El mal ejemplo de los escribas y fariseos (evangelio)

 En los domingos anteriores leíamos diversos enfrentamientos de grupos religiosos judíos con Jesús. Ahora le toca a él contraatacar. Y lo hace con un discurso muy extenso, del que hoy sólo se lee la primera parte, dirigido contra los escribas y fariseos, los principales representantes religiosos de los judíos después del año 70 (cuando los romanos incendiaron el templo de Jerusalén, los sacerdotes pasaron a segundo plano porque no podían ejercer su función cultual).

Los escribas eran los especialistas en la Ley de Moisés, algo así como nuestros canonistas y moralistas. Los fariseos eran los seglares piadosos, que se esforzaban sobre todo por cumplir las normas de pureza y por pagar el diezmo incluso de lo más pequeño.

           Ni buen ejemplo ni buena enseñanza

 En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 

 El discurso comienza con una afirmación llena de ironía. Aparentemente distingue entre lo que dicen y lo que hacen. Lo que dicen es bueno, lo que hacen… es que no hacen nada. Sin embargo, esta afirmación hay que matizarla teniendo en cuenta el resto del evangelio. Entonces se advierte que Jesús no está de acuerdo con la enseñanza de escribas y fariseos, porque en otras ocasiones ha mostrado su desacuerdo con ellos, e incluso ha puesto en guardia a los discípulos contra su doctrina («la levadura de los escribas y fariseos»). Así lo demuestra la referencia a su enseñanza: toda ella se resume en agobiar a la gente con cargas pesadas, que ellos no se molestan en empujar ni con el dedo. Por consiguiente, la única forma adecuada de interpretar las palabras iniciales es la ironía. Jesús está en desacuerdo con la conducta de escribas y fariseos, y también con su enseñanza.

 Filacterias y alzacuellos, borlas y colorines

 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

El discurso sigue con el mismo enfoque irónico. Después de afirmar que «no hacen», dice que hacen muchas cosas, pero todas para llamar la atención. Y se detiene en algo a lo que Jesús daba mucha importancia: la forma de vestir.

Las filacterias eran pequeñas cajas forradas de pergamino o de piel negra de vaca que contienen tiras de pergamino en las que están escritos cuatro textos bíblicos (Dt 11,13-22; 6,4-9; Ex 13,11-16; Ex 13,2-10). Desde los trece años, durante la oración de la mañana en los días laborables, el israelita varón se ponía una sobre la cabeza y otra en el brazo izquierdo, pronunciando estas palabras: «Bendito seas, Yahvé, Dios, Rey del Universo, que nos has santificado por tus mandamientos y que nos has ordenado llevar tus filacterias». Mateo alude a una costumbre de los judíos beatos, que llevaban las filacterias todo el día y agrandaban las borlas para hacerlas más visibles.

El origen de las borlas se remonta a Nm 15,38s: «Di a los israelitas: Haceos borlas y cosedlas con hilo violeta a la franja de vuestros vestidos. Cuando las veáis, os recordarán los mandamientos del Señor y os ayudarán a cumplirlos sin ceder a los caprichos del corazón y de los ojos, que os suelen seducir». Los judíos beatos agrandaban esas borlas que llamar la atención. Escribas y fariseos caen en estos defectos, a los que se añaden otros detalles de presunción.

            Ni maestro, ni padre

            Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo, que no quiere limitarse a ironizar, sino que desea evitar los mismos peligros en la comunidad cristiana, termina esta parte introductoria exhortando a evitar todo título honorí­fico: maes­tro, padre, consejero. En su opinión, no se trata de una cuestión secundaria: el uso de estos títulos equivale a introducir dife­rencias dentro de la comunidad, olvidando que todos somos igua­les: todos herma­nos, todos hijos del mismo Padre. Más aún, esos títulos signifi­can desposeer a Dios y al Mesías de la dignidad exclusiva que les pertenece, para atribuírsela a simples hombres. Por eso, frente al deseo de aparentar de escri­bas y fariseos, el principio que debe regir entre los cristianos es que «el más grande de vosotros será servidor vuestro». Y el que no esté dispuesto a aceptarlo, que se atenga a las consecuen­cias: «A quien se eleva, lo abajarán, y a quien se abaja, lo elevarán».

            Una anécdota que viene a cuento

 Me contaban hace poco que un compañero fue a visitar a un cardenal. Cometió el tremendo error de llamarle “Reverencia” (título de un obispo) en vez de “Eminencia”. Al interesado se le mudó la cara ante tamaña ofensa. Y mi compañero no consiguió lo que pedía. Lógico.

El buen ejemplo de Pablo (2ª lectura)

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Oscar Romero, un buen ejemplo

Por pura casualidad, y sin que sirva de precedente, la segunda lectura de hoy se puede relacionar con las otras dos. Frente al mal ejemplo de desinterés, autoritarismo, vanidad y presunción, Pablo ofrece un ejemplo de entrega absoluta a los cristianos de Tesalónica, como una madre, trabajando día y noche para no resultarles gravoso.

Hermanos:
Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

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Domingo XXXI. 05 Noviembre, 2017

domingo, 5 de noviembre de 2017
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“Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque unos solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo.”

(Mt 23, 1-12)

Muchas veces me he preguntado si este fragmento del evangelio está en todas las biblias o solamente en algunas. Y me viene a la memoria una conversación que tuve hace años con un amigo. Algo le comentaba yo del evangelio, le decía que había cosas que no entendía y le preguntaba si a él no le pasaba lo mismo. Me contestó bromeando: No, yo las páginas que no entiendo o no me gustan las arranco y problema resuelto.

Aquella broma me hizo reír entonces, pero también me ha hecho pensar en más de una ocasión ya que tristemente a la Biblia le hemos hecho decir lo que hemos querido y también hemos silenciado aquello que nos ha interesado. Así, resaltando unas cosas y callando otras, hemos deformado profundamente el Rostro de Dios que vino a mostrarnos Jesús.

El evangelio de hoy es un vivo ejemplo. ¡Madre mía, cómo nos hemos llenado de títulos en la Iglesia! ¿Qué cara se le pondría a Jesús si escuchase lo de “eminencia”, “ilustrísimo”, “santo padre”, “excelentísimo”…? ¡Lo de maestro, padre o jefe es una nimiedad!

No vale decir que esto no tiene importancia, porque sí la tiene. El lenguaje es poderoso. No es lo mismo llamar a alguien “padre” que llamarle “hermano”. Tampoco es lo mismo acercarse a los demás con corazón de “jefe” o “superior” que hacerlo “como uno más”.

Cada momento histórico aporta sus tesoros y sus sombras y el poder de la Iglesia es una sombra muy alargada. Desde luego, gracias al inmenso poder que durante siglos ha ostentado la Iglesia como institución es mucho por lo que los cristianos tenemos que pedir perdón.

Porque hemos subido muy arriba, ahora la bajada se nos hace más penosa y difícil. Pero nos viene bien. La profunda crisis de vocaciones no es por culpa de la sociedad. Ni es por la falta de compromiso de los jóvenes de hoy. Es un crisol que volverá a colocarnos en el lugar que nos corresponde de la misma manera que ha sucedido en otras grandes crisis.

Oración

No nos dejes seguir cayendo en la tentación de dejarnos llamar con títulos y sentirnos mejores y superiores que los demás. Bendice, Trinidad Santa, a nuestra Iglesia, a cada persona cristiana, con el don de la humildad. ¡Amén!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Nadie es más que nadie.

domingo, 5 de noviembre de 2017
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tin-mung-mt-231-12Mt 23, 1-12

Sigue el mismo discurso. Después de las controversias, Mt sigue hablando para su comunidad y poniendo en boca de Jesús lo que quiere decir él a aquellos cristianos. Su intención es hacer ver la diferencia entre el antiguo Israel y la nueva comunidad. En el relato de hoy, Jesús no habla a los fariseos, sino a la gente y a sus discípulos. Mt pide a su comunidad que no caiga en los mismos errores que critica. Su preocupación está justificada, porque el cristianismo cayó muy pronto en un fariseísmo peor que el judío.

Nos llevaría demasiado tiempo el explicar cada una de las frases que hemos leído. Vamos a revisar solo algunas. La verdad es que hoy no se necesita ninguna exégesis especializada. Se entiende todo perfectamente. Otra cosa es, que nos interese, de verdad, seguir las directrices del evangelio. De muchos, que se encuentran hoy sentados en cátedras, se podía decir lo mismo que el evangelio dice a los fariseos. ¡Qué poco han cambiado las cosas! El texto sigue teniendo hoy una rabiosa actualidad.

El ambiente reflejado en este texto, no es el del tiempo de Jesús, sino el de la comunidad de Mt. Los furibundos ataques contra los fariseos que aparecen en los evangelios, seguramente no corresponden a Jesús, sino a una situación que comienza a partir de la destrucción del Templo en el año 70. Fue entonces cuando, desaparecido el sacerdocio y el culto, los fariseos se hicieron con el absoluto control del judaísmo e impusieron a todos su manera de pensar. Solo entonces decidieron expulsar del judaísmo a los cristianos y declararles formalmente herejes.

Lo que reflejan los evangelios es la reacción de los cristianos contra esos fariseos, que se mantuvo a través de los siglos. En el texto de hoy encontramos dos pistas para descubrir que esas palabras no las dijo Jesús: a) Nunca pudo decir que el único Señor era él mismo. b) La denominación de “hermanos”, que el evangelista pone en boca de Jesús, fue un distintivo de la primera comunidad cristiana. El saber que no lo dijo Jesús no resta un ápice la importancia de la advertencia a aquellas primeras comunidades.

Ellos no hacen lo que dicen. No es exacto que los fariseos fueran por definición “fariseos”. Eran cumplidores, pero su rigorismo en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Pero el engaño mayor consistía en exigirles, en nombre de Dios, unas prácticas que no les podían traer salvación, porque solo eran preceptos humanos.

Cargan a la gente con fardos pesados e insoportables. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley, según algunos, todos tenían la misma importancia. En ese fárrago de prescripciones, la vida humana quedaba aprisionada y las personas sumidas en una frustración alienante. Recordemos que Jesús había dicho: “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, solo caben dos salidas: En la medida que la alcances, la soberbia. Soy más que los demás y puedo mirarlos por encima del hombro. En la medida que no la alcanzas, la simulación. Lo que los demás piensen de mí es más importante que lo que soy realmente. De ahí el afán por exagerar todos los signos externos de religiosidad. Muchos cristianos de hoy estamos en esa misma dinámica.

Vosotros, en cambio… Aquí tenemos la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. Esto es lo que quiere dejar claro Mt. El mensaje central del evangelio consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio incondicional a los demás. Cuando Jn habla del pecado del mundo, se refiere siempre al oprimir o al dejarse oprimir.

“No os dejéis llamar maestros, no llaméis a nadie padre, no os dejéis llamar jefes”. ¡Qué poco dura lo auténtico! Seguramente ya se empezaba a estructurar la comunidad y ya había, en aquella época, quien quería ser más que los demás. Los seres humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de justificar el estar pon encima de los demás y de alguna manera utilizarlos en beneficio propio.

El primero entre vosotros será vuestro servidor. Jesús exige lo que él vivió. El mismo Jesús comenta en otro lugar: “lo mismo que el Hijo de hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Recordad que cuando Jn dice “dar su vida”, no emplea “zoe” ni “bios”, sino “psiques”. No está hablando de la vida biológica, que entregó en la cruz, sino de la vida psicológica (propiamente humana) que pone al servicio de los demás durante toda su andadura.

Ciertamente, a primera vista el principal reproche se hace a los superiores. A ello nos empuja también la primera lectura. Sin duda ninguna la jerarquía debía hacer un serio examen de conciencia partiendo de estas palabras del evangelio y de otras que van en la misma dirección, pero los títulos se los damos nosotros. Una vez más debemos recordar que Jesús no lanza sus diatribas contra la autoridad, sino contra la autoridad que se ejerce como poder. El que quiera ser primero que sea el último y el servidor de todos.

La Iglesia empezó muy pronto a organizarse copiando en su estructura el organigrama del imperio. Poco a poco, le fue dando más importancia al poder, y terminó sacralizándolo, en contra del evangelio. Una vez que entró por esa dinámica, no ha visto la manera de salir de ella. Desde la Edad Media, se han alzado en todas las épocas voces en contra de la estructura de poder (jerarquía) de la Iglesia Romana. Nadie ha sido capaz de emprender con éxito esa renovación. Juan Pablo I lo anunció, pero no vivió para realizarla.

No toda la culpa la tienen los superiores. Un examen cuidadoso de la psicología humana, nos llevará a descubrir, que somos los inferiores los que tendemos a buscar el refugio de otras personas en las que depositamos la confianza para encontrar seguridad, a cambio de que nos liberen de las responsa­bilidades, aunque eso suponga un cierto grado de sumisión. La carga de que me libero parece mayor de la que supone la sumisión. Esta es la trampa, porque actuando de esta manera renunciamos a la libertad responsable.

Obedecer órdenes no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo, a tu auténtico ser. Lo que Dios quiere de ti, te lo está diciendo Él desde dentro de ti mismo. Entre Dios y tú no puede haber intermediarios. Todo el que quiera doblegar tu voluntad en nombre de Dios, te está engañando. Es verdad que nunca podremos alcanzar la plenitud en soledad, pero los demás, todos los demás, tienen que ayudarme a descubrir el camino de esa plenitud, mostrándome el camino para alcanzarla o indicándome los errores que me lo puedan impedir.

Meditación

En el orden espiritual, nadie es más que nadie.
Todo lo que somos se lo debemos a Dios.
Y Dios da a todos lo mismo porque se da Él mismo.
La energía para caminar ya la tengo.
Falta saber en qué dirección tengo que orientar mis pasos.
El que ya ha subido a la cumbre, puede mostrarme las dificultades.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dieta de Silencio

domingo, 5 de noviembre de 2017
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20111028103515e423ddSi tu palabra no es mejor que tu silencio, guarda silencio (Proverbio indio)

5 de noviembre, domingo XXXI del TO

Mt 23, 1-12

Lo que os digan ponedlo por obra, pero no los imitéis; pues dicen y no hacen

Un decir y hacer evangélico que ha de manifestarse en obras para realmente serlo. El americano Jack Kornfield (1945), escritor y maestro del budismo vipassana, resalta la idea de que dichas obras han de explicitarse en el quehacer de cada día. En su sugerente libro “Después del éxtasis, la colada”, escribe: “La verdadera tarea de la vida espiritual no se halla en lugares lejanos o extraños estados de consciencia: está aquí, en el presente”.

El profeta Malaquías, como Jesús, critica duramente a los escribas y fariseos, a las clases dirigentes de su tiempo por su hipocresía y el modo interesado de realizar su ministerio. El profeta, en siglo V a. C., lanza un duro ataque a los sacerdotes de su época por lo mal que realizan el culto y el mal ejemplo que dan en su vida. Buscan su propia gloria en vez de la de Dios: “Pero vosotros os apartasteis del camino, hicisteis tropezar a muchos con vuestras instrucciones, invalidasteis y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley, invalidasteis la alianza con Leví”. (Mal 2, 8-9). Aunque el ataque a letrados y fariseos tenga más de caricatura que de retrato, Jesús les reprocha su afán de ostentación y de no cumplir lo que enseñan.

El escándalo provocado por su predicación entre los jerarcas judíos podría ser comparado con el producido entre el público por tantas obras musicales o literarias como, por ejemplo, la primera representación de La consagración de la primavera del ruso Igor Stravinski en 1913 o Histoire d’O, de la francesa por Dominique Aury en 1974.

Hoy nuestras jerarquías -tanto religiosas como políticas, con raras y loables excepciones- siguen mereciendo el azote de las palabras que el profeta les dedicó 460 años antes de Cristo. Un olvido del pueblo que ya el cardenal de París, Emmanuel Suhard, lo lamentó en su carta de Cuaresma de 1949: “Existe un muro que separa la Iglesia de la gente. Ese muro hay que derribarlo para devolver a Cristo a la gente”Un triste y secular muro que impide unir la calle con el Templo.

El Lama vietnamita Thich Nhat Hanh, puso también de manifiesto la necesidad del decir y el hacer, cuando dijo: “He sido monje durante 65 años, y lo que he encontrado es que no hay religión, ni filosofía, ni ideología más alta que la humanidad; con solidaridad y fraternidad, todo es posible”.

El versículo 3 de Mateo “Lo que os digan ponedlo por obra, pero no los imitéis; pues dicen y no hacen”, y el proverbio indio Si tu palabra no es mejor que tu silencio, guarda silencio”, lo dejan igualmente bien claro.

En nuestro Poema El lecho de Procusto, encabezado por Mt 5-20 “Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de Dios”, se relata la triste historia de este bandido y posadero griego, talibán fundamentalista que asesinaba sin piedad a cuantos no fueran de su misma medida y pensamiento.

EL LECHO DE PROCUSTO

Jesús reconduce la Ley a su último objetivo:
servicio a la vida, a la justicia,
al amor, y a la verdad.

Un Torquemada griego laico y primitivo.
Un talibán fundamentalista,
para el que todo
cuanto no se ajustaba al angosto y rígido lecho de su mente
acababa despiadadamente mutilado.

Y la historia se reescribe.
Visionarios de vía estrecha, elegidos
por no se sabe bien qué demiurgo.
Se consideran gestores responsables
de pastorear las ideas ajenas,
no cesando en su celoso empeño
hasta encerrarlas –velis nolis–
en el redil, de sus certezas personales.

Un discurrir oscuro
por el angosto Cañón del Colorado,
condenado a la horca inexorable
de sus estrechas y rígidas creencias:
Caballeros de la armadura oxidada,
Jinetes del Apocalipsis.
Como Narcisos
ya irredentos acaban ellos y sus fieles
ahogados en el fondo del cauce de sí mismos.

(EVANGÉLICO CUARTETO. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Se acerca el final.

domingo, 5 de noviembre de 2017
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tissot-chief-priests-ask-jesus-by-what-authority-741x524_1_Se acerca el final del año litúrgico y se acerca también el final de Jesús, el final del tiempo que le queda para desenmascarar la mentira, el orgullo, el dominio de los poderosos hacia los más débiles, todo en nombre de Dios.

Se acentúa por momentos la tensión entre Jesús y sus adversarios; ellos no van a cesar en su acoso hasta encontrar la manera de acusarle formalmente. Jesús no dejará de tensar la cuerda porque no puede traicionar el propósito de su vida.

A pesar de que todos buscan la fidelidad al mismo Dios, los caminos escogidos son contradictorios, porque los fariseos ponen el énfasis en el cumplimiento de la ley y sus más de seiscientos preceptos, mientras que Jesús basa su enseñanza en el amor a Dios y al prójimo.

Después de sus choques frontales con los distintos grupos representativos del judaísmo, Jesús se dirige a sus discípulos y a las multitudes para expresar su opinión sobre la fidelidad-infidelidad del pueblo de Israel para con su Dios.

El ataque es frontal, sin tapujos, directo a quienes se hacen con la autoridad, dominan y subyugan. No quiere Jesús de ninguna manera que sus seguidores vayan por ese camino de hipocresía. En ningún momento niega que las autoridades hayan conservado la Alianza que Dios hizo con su pueblo a través de Moisés. Lo que critica no es lo que dicen sino lo que hacen.

Es un ataque frontal al patriarcado, que se erige como autoridad máxima buscando los privilegios y los primeros puestos a costa de los demás. Esta manera de vivir la religión no ha de ser la de la comunidad de Jesús. Nadie tiene derecho a cargar pesos en las espaldas de los demás mientras que “ellos” se saltan las normas a su antojo. Nadie es superior a nadie, y por tanto el vivir de cara afuera aparentando, buscando el reconocimiento y el elogio de los demás es duramente criticado.

Pero Jesús sobre todo remarca el que no nos dejemos obnubilar por el “saber” teórico de alguien dejándole las riendas de nuestra vida. Si todos somos herman@s tenemos la responsabilidad de compartir los “bienes”, sin alzar a nadie por encima de l@s dem@s.

¡Qué fácil es seguir a un gurú y dejarme guiar en lugar de tomar las riendas de mi seguimiento de Jesús y personalizar mi fe! Claro que a tod@s nos ayuda que personas con estudios nos vayan clarificando aspectos de nuestra vida espiritual; lo que no tiene sentido es que el seguirles a “ell@s” sustituya nuestra oración personal y nuestro compromiso en comunidad.

Tanto a los hombres como a las mujeres nos cuesta romper con esa lacra del patriarcado que nos destruye a tod@s. El discipulado de iguales es lo que Jesús intentó inculcar entre los suyos y se destruyó en los primeros años del cristianismo.

Ni padre, ni maestro, ni preceptor ni intermediario. Nada de todo esto sirve en la comunidad cristiana. Hermanos y hermanas aunque nos pueda sonar un poco extraño. Compañer@s de camino, que quiere decir aquellos con quienes comparto el pan, en todas sus diferentes formas.

A Pablo, en la segunda lectura, se le escapa el ramalazo patriarcal (aunque ese versículo no se leerá en la Misa): “Y aunque podríamos haber dejado sentir nuestra autoridad como apóstoles de Cristo (…) nos comportamos afablemente con vosotros como una madre que cuida de sus hijos con amor”. 1 Tes 2, 7  (El texto en negrita es lo que oiremos).

Como si el ser testigo de la Resurrección de Jesús, (por cierto Pablo no lo fue), confiriera una autoridad por encima del resto de miembros de la comunidad. Jesús dice o por lo menos así lo recoge la comunidad de Mateo: “El mayor de vosotros será el que sirva a los demás. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. (Mateo 23: 11)

Creo que a su comentario de un comportamiento cariñoso como el de una madre con sus hijos Jesús le habría dicho: Has hecho lo que te correspondía como miembro de la comunidad cristiana, ni más ni menos. ¡Qué menos se puede esperar de quien sirve la Palabra!

Estar sentado en la cátedra de Moisés, no nos da garantía de nada. Es vivir sencillamente esos valores a los que Jesús nos invita, lo que nos hace ser auténtic@s, gozar de verdad y no perder la esperanza en medio de tanta apariencia y falsedad.

Se acerca el final de este recorrido evangélico que hacemos cada año. No dejemos que nos pase por encima una vez más. Que su mensaje nos sacuda por dentro y nos de la paz y la armonía que necesitamos.

Carmen Notario

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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En la Iglesia todos sois hermanos.

domingo, 5 de noviembre de 2017
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tablas-de-la-leya56Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. DIVERSOS MODOS ECLESIALES YA EN EL NUEVO TESTAMENTO.

El grupo de Jesús, la Iglesia naciente nunca fue de un modo unitario, la iglesia era una pero no uniforme. Los uniformes (una – forma) pertenecen a otros ámbitos deportivos, militares, majorettes, comparsas de carnavales etc. pero no a la Iglesia

o Las comunidades de san Pablo tenían un tono carismático: cimentadas siempre en el Señor Jesús, se organizaban conforme a los carismas, las cualidades de los cristianos.

o Las comunidades de la tradición de san Juan sufrieron mucho principalmente por la ruptura con el mundo judío y por el gnosticismo que estaba empapando el naciente cristianismo. Por ello estas comunidades eran más bien grupos cerrados. A modo de ejemplo, estas comunidades de Juan “se parecerían” a las iglesias perseguidas en los países del telón de acero de los años 1950-60, “iglesias del silencio”.

o Las comunidades de las cartas Pastorales (1 y 2 Timoteo y Tito) eran comunidades que a fines del siglo I, comienzos del II, echaban de menos la presencia de Pablo y tratan de estructurarse para continuar en la historia. De ahí que comiencen a hablar ya de presbíteros, diáconos y obispos, que habrían de garantizar la continuidad.

o La Iglesia de la tradición de Mateo era una comunidad que se entendía como una fraternidad: TODOS VOSOTROS SOIS HERMANOS.

La iglesia de Jesús tiene algunas características constantes en todos estos modelos eclesiales:

o Una iglesia basada no en el poder, sino en el SERVICIO. Tras el lavatorio de los pies, Jesús les invita a los a suyos a Haced vosotros lo mismo, (Jn 13).

o A los cristianos les conocieron no por una espléndida retransmisión televisiva, sino por cómo se amaban (AMOR), (Jn 13,35).

o La Iglesia que se refleja en el evangelio de Mateo es una FRATERNIDAD. Y eso que Mateo es el único evangelio que recoge aquel texto sobre Pedro: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, (Mt 16,18). Sin embargo la iglesia de Mateo es una comunidad de hermanos, de iguales.

La unidad de la Iglesia no reclama uniformidad. La Iglesia es una en la diversidad, en la pluralidad:

La Iglesia de Cristo, según el Nuevo Testamento, no es una Iglesia de unitarismo centralista e igualitarismo –y menos totalitario-. No conoce la uniformidad, sin alegría ni libertad, de una organización única o de tipo único de unidad. No entra en la esencia de la Iglesia ni el culto uniforme, ni la disciplina uniforme, ni la teología uniforme. Apoyándose en Efe 4,4-6 se podría más bien afirmar lo contrario.

Pluralidad en el culto: un solo Dios, un solo Bautismo, una sola Eucaristía, pero pueblos distintos, comunidades distintas, lenguas distintas, ritos y formas de piedad distintas, cantos y ornamentos distintos, distintas oraciones y, en este sentido, iglesias distintas. Pluralidad también en la teología: Un solo Dios, un solo Señor, una sola fe y una sola esperanza, pero distintas teologías, distintos sistemas, distintos estilos de pensar, aparatos conceptuales y terminologías, distintas escuelas, tradición y tendencias en la investigación, distintas universidades y distintos teólogos y, en este sentido, una vez más, distintas iglesias. Pluralidad finalmente también en el orden eclesiástico: un solo Dios, un solo Señor, un solo Espíritu, un solo cuerpo, pero diversas ordenaciones de vida, diversas estructuras de derecho, diversas naciones y tradiciones, diversos usos y costumbres y sistemas de administración y así finalmente, también en este sentido, distintas iglesias. 

La verdad es una, pero las formas y formulaciones en que se expresan, pueden ser varias y variadas.

/ ANACRONISMO

La palabra “anacrónico – anacronismo” es de origen griego y significa “fuera del tiempo”, fuera de tiempo”, (a – cronos).

Hoy en día no pocos católicos se lamentan de que se nombren obispos de mentalidad y actividad tridentinas, que muchos curas, nuevos movimientos religiosos, congregaciones religiosas, laicos, son ultraconservadores. Muchos sueñan con una iglesia uniforme. Pero la Iglesia, como los pueblos y culturas es plural y diversa.

Se están recuperando “latines”, campanillas, roquetes, palios, bandejas, paños, ritos ya casi olvidados, parece como si hacer la genuflexión al comulgar fuese índice de ser mejor cristiano, etc, etc.

En el evangelio hemos escuchado: Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Uno se queda un tanto pensativo y me surge la nostalgia de que:

¡ya quisiéramos obispos y curas tridentinos!

TRENTO UN CONCILIO POTENTE.

concilio-de-trentoEl Concilio de Trento fue un concilio potente, serio, con una gran teología, creó un estilo sacerdotal que ha dado grandes frutos y un gran estilo de vida sacerdotal, el cardenal Bérulle, el cura de Ars, la escuela de San Sulpicio, la gran tradición sacerdotal del seminario de Vitoria.

Lo que no está ocurriendo es que hoy en día -entre otras cosas- es que muchos obispos, curas, movimientos religiosos y laicos, puenteando el tiempo (el kairós), el espíritu y el tono del Vaticano II pretenden -supuestamente- remontarse a Trento, pero no porque estimen y amen el espíritu de aquel concilio, sino porque allí encuentran un arsenal para dinamitar el espíritu moderno del Vaticano II, al mismo tiempo que encuentran las piedras necesarias para construir “bunkers ideológico-religiosos”.+

03. UNA COMUNIDAD DE HERMANOS ES UNA COMUNIDAD DE IGUALES.

En la familia los hermanos son iguales. Todos somos hijos de Dios, por tanto hermanos, por tanto iguales.

comunidadfeLas diferencias y grados no son evangélicas y menos si tales diferencias provienen de distinciones de poder. Las distinciones que admite Jesús son las del servicio. En el evangelio de Mateo (20,17-28) aparece ya la tentación del poder en la familia de los Zebedeos: que estos dos hijos se sienten a tu derecha e izquierda… Entre vosotros no ha de ser así, como entre los políticos, sino que ha de ser de servicio: el que quiera ser el mayor que sea vuestro servidor…

Vistas las cosas desde el mundo eclesiástico, no, pero vistas desde Jesús, todos los que queremos seguir al Señor, todos somos iguales, hermanos.

Somos cristianos e iglesia en tanto en cuanto tratamos de ser hermanos, nos ayudamos y servimos (lavatorio de los pies, Jn 13) . Una Iglesia que viva en una pre – tensión (búsqueda previa) del poder, está -estamos- muy lejos de ser la Iglesia del Señor.

Difícilmente podemos ser una comunidad de hermanos en una iglesia de estructuras de poder.


04. ES HERMOSO SER Y VIVIR COMO HERMANOS.

3755462557_0b4aab0541_m¡Qué hermoso y alegre es que los hermanos vivan unidos!, dice el salmo 133. Es una gran verdad que la experimentamos en la vida familiar y en espacios de amistad, de convivencia.

Sin embargo y por desgracia es difícil decir esto del ámbito eclesial. En la Iglesia hay malestar, que significa: estar mal. En nuestra propia diócesis, en nuestra propia iglesia local, el clima es difícil, duro y de tristeza, al menos para muchos de nosotros. La comunión, la fraternidad eclesial se ha resquebrajado. Si el papa Francisco está viviendo en un fuego cruzado, ¿qué podemos esperar los demás?

La comunión eclesial no se logra por sometimiento, por dominación. Somos hermanos porque tenemos todos, -todos-, un mismo Padre. El que nos une es el Padre, lo mismo que nos ocurre en la vida: quienes nos unen a los hermanos son los padres: padre y madre. Cuando van muriendo los padres parece como que, un poco por ley de vida, los hermanos nos disgregamos.

La fraternidad, la unidad eclesial la crea el Espíritu del Señor. Es el espíritu del Señor el que nos une. Es decir, vivimos unidos no por imposición normativa, sino porque todos tenemos el tono vital de Cristo: servicio, paz, libertad.

Quien nos une en el Señor Jesús es Dios Padre, no otros poderes intermedios. La unidad y comunión es de la comunidad con el Señor no es cosa del “orden público eclesiástico”. Los “mandos intermedios” también son comunidad y no han de desgajarse de ella, ni del Señor.

Volvamos la mirada al Evangelio y hagamos nuestro que:

TODOS VOSOTROS SOIS HERMANOS

 

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